.Ch -nonum "Personajes" Zorvun (65 años), Morzif (51), Maef (37), Ged (58), Orafe (32), Taw (64), Shurta (43), Sashava (71), Sedrios (83), Boron (34), Kaldaka (40), Pik (40), Atok (33), Maltagwa (61), Lumon (36), Dashvara (23), Makarva (25), Arvara (39), Miflin (20), Kodarah (20), Zamoy (20), Alta (35), Tsu (42 años), Atsan Is Fadul (22), Sirk Is Rhad (30), Shokr Is Set (53), Sinta, prima de Alta (18), Myhraïn, prima de Alta (19), Watsy, hermana de Boron (17), Shkarah, hija de Ged (23), Dwin, nieta de Sashava (20), Aligra (19), Shivara (6), Yira (20), Raxifar de Akinoa (28), Zefrek de Shalussi (22) .P "Saijits:" Los saijits (conjunto de veinte razas humanoides) tienen una vida media de 120 años. .P "Medidas:" Una milla diumciliana equivale a 1.5 kilómetros. Un paso equivale a 0.7 metros. Un pie equivale a 0.3 metros. .Ch -nonum "La Isla Pirata" .\" 16/11/2016 Un cuchillo raspaba la madera en el silencio tranquilo de la tarde. Junto al parapeto de piedra de donde se podía ver toda la ciudad pirata, los Xalyas holgazaneaban después de haberse pasado el día trabajando con los isleños. Arvara y el capitán, tumbados boca arriba sobre la hierba, disfrutaban de los últimos rayos de sol durmiendo. Sentada al pie de un roble, Shkarah, la hija de Ged, le enseñaba a Shivara a hacer nudos marineros y Makarva se había acercado para escuchar las lecciones con evidente interés. Instalado en los peldaños de la casa de Atasiag, Lumon conversaba tranquilamente con el Gran Sabio Shokr Is Set. .P Dashvara sonrió mientras seguía esculpiendo. El Gran Sabio no había tardado ni dos días en convertirse en el nuevo shaard del clan por unánime consenso. No era tan instruido como Maloven sobre algunas materias, pero desde luego sabía contar historias y resultaba vivificante oírlo citar moralejas de los antiguos sabios estepeños. Cuando prestaba atención a sus palabras, Dashvara se sentía transportado de vuelta a la estepa y se olvidaba por un momento de todo. .D Dash —soltó de pronto Tsu. .P El drow estaba sentado junto a él, en el parapeto. Tenía la mirada perdida en el horizonte. Las nubes llameaban como espadas de fuego en el poniente y hacían brillar sus ojos rojizos. Tras un silencio, Dashvara enarcó una ceja, interrogante. .D ¿Sí, Tsu? .D Estaba pensando —murmuró él sin apartar los ojos del océano—. ¿Crees que soy el primer drow xalya de la historia? .P Una sonrisa había aparecido en su rostro. Dashvara se echó a reír quedamente. .D Es probable. De la misma forma en que yo soy el primer señor xalya de la historia en tener a todo un clan metido en una isla perdida en medio del Océano Caminante. .P Tsu le echó una ojeada divertida. .D Supongo, entonces, que mi rareza puede ser aceptada sin problemas. .P Dashvara percibió una leve duda en su voz y lo miró con sorpresa. .D Pues claro que es aceptada. Ya conoces una de las máximas de nuestro Dahars: si tú aceptas nuestras Aves Eternas, nosotros aceptamos la tuya. Que uno sea drow, calvo o idiota poco importa. .D Claro —murmuró Tsu. La serenidad se reflejó en su rostro habitualmente inexpresivo mientras volvía a contemplar las nubes cada vez más oscuras. .P Dashvara meneó la cabeza y volvió a su pieza de madera. Tras un rato, le dio un último retoque y lanzó: .D ¡Shivara! .P El pequeño se levantó de un bote y dejó a Shkarah en medio de la explicación de un nudo. .D Sigue, por favor —le suplicó Makarva a la joven—. Esto es fascinante. .P Con una sonrisa entre complacida y burlona, Shkarah continuó mientras Shivara echaba a correr hacia Dashvara. .D ¿La has acabado? ¿La has acabado? —preguntó Shivara, dando brincos. .P Dashvara alzó una mano. .D Paciencia, pequeño Xalya. Deberías haberle dado las gracias a Shkarah por sus lecciones antes de salir corriendo como un ilawatelko. .P Shivara abrió la boca y se ruborizó. .D Entonces… ¿no voy a tener la peonza? .P Dashvara sonrió. .D ¿Para qué diablos la he estado haciendo si no es para dártela, pequeño demonio? .P Le tendió el juguete y los ojos de Shivara se agrandaron de excitación. La examinó unos instantes antes de alejarse unos pasos. La posó sobre el parapeto y la hizo girar. .Sm -t penso Muy mala idea , gruñó Dashvara, abalanzándose. Se movió demasiado tarde: la peonza pasó por encima del borde. Shivara se quedó boquiabierto y pálido. .D P-perdón —tartamudeó. .D ¡Shivara! —ladró Morzif, anonadado, a unos pasos de ahí. .P Shivara quiso subirse al parapeto para ver adónde había caído la peonza y Dashvara lo agarró con un gruñido. .D Una cosa es tirar una peonza, hijo, y otro tirarse con ella. —Echó un vistazo hacia abajo e hizo una mueca—. Demonios, creo que le has dado de pleno. .D ¿A qué, Dash? —inquirió Zamoy, curioso. Estaba sentado con sus hermanos y con las primas de Alta un poco más lejos pero por lo visto todos se habían fijado en la tontería que acababa de hacer Shivara. .P Dashvara cruzó la mirada de un hombre vestido con atuendos oscuros que subía la rampa hacia la casa. Hizo otra mueca y al fin contestó: .D A Atasiag. .P De hecho, este se estaba masajeando la cabeza. Realmente había tenido mala suerte. Dashvara habló en voz alta: .D ¿Estás bien, Eminencia? .P Iba acompañado por Yira así como de Zaon y Len, dos de sus ladrones más leales. Los gemelos alzaban miradas contrariadas hacia los Xalyas. Sin contestar, Atasiag siguió caminando y Dashvara estiró a Shivara de la mano para acercarse a la parte superior de la rampa. Cuando alcanzó la explanada de su casa, el titiaka tenía una expresión severa. .D ¿Tratando de asesinarme con peonzas, Filósofo? .D ¿Yo? Bah. El pequeño sólo estaba ensayando. Digo, ensayando la peonza para jugar —precisó—. Ejem. ¿Te ha dolido? .P Atasiag puso los ojos en blanco y tendió el juguete al niño. .D Confío en que será la última vez que te entrenas al lanzamiento de peonzas, hijo. .P Shivara recogió su peonza, rojo como una garfia. Antes de que se alejara, Dashvara lo retuvo. .D Hey, pequeño. No te vas así como así. Discúlpate. .P Shivara tragó saliva. .D Perdón, Eminencia —soltó con precipitación—. No quería tirarte la peonza. Se me escapó. Perdón. .P Puso una cara realmente compungida. Atasiag sonrió y le despeinó el cabello. .D Perdonado. Mientras no vuelva a ocurrir. .P Shivara sonrió de oreja a oreja y asintió. Echó a correr hacia un sitio más seguro para hacer girar su peonza. .D ¿Qué tal el día, Eminencia? —preguntó Dashvara. .P Atasiag se encogió de hombros. .D Tranquilo. Las reuniones con los piratas son incluso más aburridas que las del Consejo. Quitando algún puñal que se hinca en la mesa para el espectáculo y alguna conversación que no tiene gran cosa que ver con los negocios… es todo un blablá idealista. Sólo se vuelven un poco razonables cuando hablan de cosas de Matswad propiamente dichas. Que si hay que agrandar el muelle, que si hay que mejorar las defensas, que si las licencias de caza son demasiado permisivas… Lo peor es que no se ponen nunca de acuerdo, así que siempre salgo de esas reuniones con la impresión de no haber hecho nada. Pero qué importa, al fin y al cabo, es su isla. Que hagan lo que quieran con ella. Yo ya les he advertido de que, mientras sólo ataquen barcos esclavistas, la Hermandad del Sueño seguirá apoyándolos. En el fondo, son buena gente. ¿Qué, Filósofo? ¿No vas a hacerme la pregunta? .P Dashvara lo miró, desconcertado. Y entonces recordó que últimamente, cada vez que volvía Atasiag del puerto, le preguntaba si ya tenía una idea de cuándo iban a salir de la isla y zarpar para Dazbon. Resopló. .D Sinceramente, ¿para qué preguntarte? Ya conozco la respuesta. Algún día, Filósofo, algún día. O: Paciencia, Filósofo. No me acoses, Filósofo. Ya está bien, Filósofo. Me estás hartando, Filósofo… .P Atasiag rió, los ojos de Yira sonrieron y Dashvara calló, entre divertido y exasperado. .D Puedes llegar a ser bastante desesperante, Filósofo —confesó Atasiag—. Pero te aseguro que si me hicieras la pregunta hoy, la respuesta variaría un poco. .P Dashvara sintió su corazón dar un bote. Echó un vistazo a su pueblo antes de mirar a Atasiag con ojos ansiosos. .D ¿De verdad? Entonces… ¿cuándo vamos a salir de la isla? .D Zarparás para Dazbon pasado mañana, Filósofo. .P Dashvara silbó entre dientes y enseguida una sonrisa iluminó su rostro. Algún Xalya hizo eco de la respuesta y pronto todos se enteraron de la noticia. .D Diablos, Eminencia. Y… ¿nos vamos todos juntos? Quiero decir, ¿tú vienes con nosotros? .P Atasiag sonrió. .D ¿Y qué si fuera el caso? .P Dashvara enarcó una ceja. .D Bueno… me alegraría, por supuesto. Y me alegraría aún más si te fueras con nosotros a la estepa. De verdad —insistió con desenfado—, te vendría bien galopar un poco por las llanuras y dejar atrás por un momento tus historias de esclavos, ladrones y piratas… .P La carcajada serena de Atasiag lo interrumpió. .D Me temo que eso es imposible. Tengo demasiados asuntos pendientes. Entre ellos, regresar a Titiaka en cuanto Lanamiag se recupere del todo y devolver a todos esos jóvenes a sus familias. Sólo espero que el viaje a Dazbon no empeore el estado de Lan. .P Dashvara puso cara molesta. .D ¿Está mejor? —preguntó. No sabía gran cosa de los dos jóvenes Legítimos: ambos vivían en el ala norte de la casa con sus compañeros y no salían de ahí. Atasiag les había avisado de que estaban en una isla de piratas y que estos no les tenían mucho aprecio a los ciudadanos titiakas. Según Lessi, Kuriag Dikaksunora se pasaba el día leyendo libros que le prestaba su generoso anfitrión. En cuanto a Fayrah, velaba a Lanamiag Korfú día y noche sin apenas salir del cuarto. .D Mejor, creo —contestó Atasiag—. Pero todavía no se ha levantado. Bueno, ¿puedes avisarle tú a Kuriag? Tengo que poner en orden unos cuantos asuntos antes de zarpar. Si pasa cualquier cosa o si Kuriag tiene preguntas, dile que estaré en mi despacho. .P Se alejó hacia la casa y Shokr Is Set y Lumon se apartaron para dejarlos pasar a él y a sus dos ladrones. Dashvara se giró hacia Yira. Adivinaba que ella también se alegraba de salir de aquella isla, aunque tal vez no exactamente por las mismas razones: Matswad era donde había pasado su infancia, pero también donde ella y su maestro nigromante habían estado a punto de morir en un incendio. .D Sabía que insistiendo un poco tu padre acabaría por decidirse —comentó. Los ojos de Yira sonrieron. Con dulzura, tomó a la pequeña sursha por la cintura y se giró hacia su pueblo. Los Xalyas estaban de excelente humor, incluso Aligra sonreía, y la exaltación de Zamoy había logrado sacar al capitán de su sopor. .D ¡Hey, Miflin! —soltaba el Calvo—. No olvides componer una oda sobre la épica partida de los Xalyas. .D ¡Eso! —apoyó Makarva desde el roble, y con voz altisonante declamó—: Y salieron montados los Xalyas en un barco de tres mástiles. .D Eso no rima, Mak —observó el Poeta. Estaba sentado con el diccionario del Barrigón: parecía que se lo estaba intentando aprender de memoria. Ya iba por la mitad. .D Es verdad que no rima, Mak —se burló Zamoy—. Oye, hermano, ¿cómo va esa oda a las princesas más hermosas de la estepa? .D Va —carraspeó Miflin. Y sonrió—. Os la recitaré esta misma noche. .D ¡Más te vale! —bromeó Myhraïn. .P Mientras seguían charlando y alegrándose de la partida, Dashvara se alejó con Yira hacia la casa con la intención de ir a avisar a Kuriag del próximo viaje. A saber por qué Atasiag le había pedido a él que lo hiciera. No había hablado con el muchacho desde que había desembarcado en Matswad un mes atrás. .D ¡Dash! —soltó de pronto la voz del capitán. Dashvara se volvió y lo vio acercarse a los peldaños de la casa—. ¿Ya le has preguntado por lo de los caballos? .P Dashvara se atusó la barba y negó con la cabeza. .D Debería, ¿verdad? .D Bueno. No se pierde nada por preguntar, ¿no? Si él no quiere ayudarnos a comprarlos, pues qué remedio. Siempre podemos hacer como dice el Akinoa, esperar que pase el invierno y recorrer la estepa andando rezando por que los Esimeos no nos capturen en camino. Si resulta que el clan de los Honyrs está dispuesto a aceptarnos, no nos pasaremos mucho tiempo sin monturas —sonrió—: según Nube, tienen los mejores caballos de la estepa. .D Nuestro joven compañero tiene tendencia a exagerar un poco —intervino Shokr Is Set, acercándose con Lumon. Una sonrisa bromista iluminó el rostro del Gran Sabio cuando añadió—: Pero, en este caso, tiene bastante razón. .P Dashvara echó una mirada hacia los Xalyas en busca de Sirk Is Rhad. El Honyr estaba sentado junto a Boron el Plácido. Curiosamente, parecía conseguir sacar al Plácido de su tranquilo silencio más que ninguno. Dashvara sonrió y prometió: .D Le preguntaré a Atasiag por los caballos, capitán. Pero sólo una vez. No voy a insistirle o acabará pensando que soy más empalagoso que sus seguidores de Titiaka —bromeó. .P Entró en la casa con Yira y dejó el aire cálido del crepúsculo atrás. Técnicamente, quedaba ya apenas un mes para el invierno, pero en Matswad parecía que las estaciones no afectaban tanto. Yira decía que era porque la tierra y la roca despedían unas energías naturales que calentaban el aire. Desde luego, los piratas no habían podido elegir mejor sitio para vivir. Lo único que incomodaba a Dashvara era saber que Matswad era una isla y que para salir de ella… no le quedaba más remedio que volver a subirse a un barco. .D ¿Así que la reunión ha sido aburrida? —preguntó mientras recorrían un pasillo. .D Tediosa —resopló Yira—. Menos mal que me llevé tus cartas marineras. Len y yo hemos echado como unas diez partidas de xalyanas. En cambio, su hermano Zaon no quiso. Me temo que no le gustan las nuevas reglas que impusisteis al juego de las republicanas. .D Ja, un conservador, ¿eh? —se burló Dashvara—. Pues mándalo a la Frontera unos años, seguro que acaba cambiando de idea… .P Unas voces en la cocina lo acallaron. .D ¿Aldek? ¿Estás de broma? —exclamaba Zaadma. .D Bueno, tú me has dicho que proponga un nombre —protestaba la voz de Rokuish—. Aldek no suena mal. .P Entraron en la cocina y encontraron a Zaadma arrodillada delante de sus tiestos mientras Rokuish, sentado a la mesa, ayudaba al tío Serl y a Wassag y Yorlen a cortar verduras para la cena. .D ¡Oh! —soltó Zaadma al verlos entrar—. Dashvara, dile a Rok que deje de intentar darle un nombre shalussi a mi hijo. ¡Ahora quiere llamarlo Aldek! ¡Es feísimo! No estoy contra los nombres shalussis. Rokuish suena bien. Pero Aldek, Odek, Walek, Fushek… nada más oírlos me chirrían los dientes. .P Rokuish se encogió de hombros y le dedicó una sonrisa a Dashvara. .D Ella quiere llamarlo Méliskren. Así se llamaba su profesor de alquimia… Pero a mí me parece horrible. Y a Wassag también, ¿verdad? .D Digamos que suena muy republicano —sonrió el Lobo, con los ojos brillantes, mientras cortaba una cebolla. .D Ya ves, Dash —continuó Rokuish—. Sólo espero que nuestro hijo, o hija, sea comprensivo el día en que le expliquemos por qué no tiene un nombre… .D Más comprensivo tendrá que ser el día en que le expliquemos que ha nacido en una isla pirata —lo cortó Zaadma. Se acarició el vientre embarazado con una mueca contrariada. .D Eso tal vez pueda evitarse —intervino Dashvara con ligereza—. ¿No os habéis enterado? Atasiag dice que zarpamos pasado mañana. .P Por un segundo, todos se quedaron en suspenso. Entonces, Zaadma estalló de alegría, tiró un tiesto, gritó de horror y se apresuró a recuperar la tierra… .D ¿Pasado mañana? —repitió la republicana—. Oh… ¡por la Divinidad! ¿Y yo qué voy a hacer con mis plantas? .D Las que no puedas llevarte, las traeremos mañana al viejo Sharas —aseguró Yira con tono sereno—. No te preocupes. Él es un gran botánico. Tú misma lo dijiste. Sabrá ocuparse de ellas tan bien como tú. .D ¿Yo dije que era botánico? ¡Es un antiguo pirata! —protestó Zaadma. .P La republicana estaba aún más exaltada de lo habitual, observó Dashvara con un resoplido. Cuando vio a Yira tratar de tranquilizarla, admiró su paciencia y le dedicó un discreto saludo antes de apresurarse a cruzar la sala y recorrer otro pasillo. Salió al patio interior y lo atravesó pasando junto a la puerta cerrada del cuarto de Lanamiag antes de meterse en el ala norte. Apenas se adentró en esta, oyó rumores de voces que provenían de una habitación. .D Casi, pero no —decía la voz tranquila del joven Kuriag Dikaksunora—. A ver, te has olvidado de multiplicar. La pérdida de energía es mucho mayor. Por eso el sortilegio de invocación es tan peligroso: porque fusionas energías y las remodulas. Si no se tiene muchísima práctica, cualquier fusión consumiría tu tallo energético hasta el riesgo de apatía. .D Buf. —Dashvara sonrió al reconocer la voz de Lessi—. ¿No me digas que tú serías capaz de invocar algo? .D ¿Yo? No… Lo intenté en la Universidad, pero nunca me ha llamado mucho la invocación. Aunque la teoría es emocionante. —Hubo un silencio—. Ejem. Estábamos calculando, Lessi. .P Dashvara vaciló antes de acercarse a la puerta abierta. Encontró a los dos jóvenes tendidos sobre una alfombra, con un cuaderno y varios libros delante. Zraliprat, el esclavo de Kuriag, estaba sentado en una esquina, adormecido. Al ver al Legítimo hundir los labios en los de la estepeña, se apresuró a dar unos toques a la puerta y ellos se sobresaltaron violentamente. .D Perdón por interrumpiros —carraspeó—. Sólo vengo a deciros que vamos a zarpar para Dazbon pasado mañana. Y de ahí, vosotros viajaréis a Titiaka. Atasiag me pidió que te avisara. Él está en su despacho. .P Como Kuriag y Lessi se lo habían quedado mirando, enmudecidos, Dashvara agitó nerviosamente la cabeza a modo de saludo e iba a marcharse cuando el Legítimo se levantó soltando: .D Espera, no te vayas. .P Dashvara se detuvo y enarcó una ceja, expectante. Tras un silencio, Kuriag observó: .D Sigues llevando el uniforme de Atasiag Peykat. Creía que él iba a liberaros. .P Dashvara bajó una mirada hacia su túnica y el elegante dragón rojo bordado sobre ella. Se encogió de hombros. .D En Dazbon nos liberará. Atasiag se dejó el contrasello en Titiaka —explicó con una sonrisilla irónica. .P El joven Legítimo asintió, meditativo. Tras otro silencio, Dashvara suspiró. .Bpenso ¿Vas a dejarme aquí esperando hasta la mañana, extranjero? .Epenso Iba a darle las buenas noches cuando Kuriag dijo con suavidad: .D Entonces… ¿vas a volver a la estepa con tu pueblo? .P Con cierta sorpresa, Dashvara creyó adivinar un destello mezcla de alegría y decepción en sus ojos. .D Así es —contestó con firmeza. .P Kuriag vaciló. .D Bien. Espero que encontréis un hogar pacífico y feliz junto a los Honyrs. .P Dashvara lo miró con asombro. .D Gracias. .D Bien —repitió Kuriag. Se aclaró la garganta—. Puedes irte. .P Ante su tono autoritario, Dashvara sonrió con sorna y Kuriag se ruborizó. .D Quiero decir… .D Ya —lo cortó Dashvara—. Gracias por darme permiso para retirarme, Excelencia. .P Inclinó burlonamente la cabeza y se marchó, dejando al Legítimo con una expresión confusa. Ciudadanos, suspiró. Se fue directo hacia el despacho de Atasiag, aunque con pocas esperanzas. Encontró a los gemelos conversando ante la puerta y los saludó. .D ¿Puedo pasar? —preguntó. .D Cobra está más bien ocupado —contestó Zaon—. Pero, si es urgente, llama de todos modos. .P Tras dudar un segundo, Dashvara llamó y, cuando oyó la voz de Atasiag, empujó la puerta. El titiaka estaba sentado a su escritorio, redactando una carta. .D ¿Qué pasa, Filósofo? —inquirió, sin apenas levantar los ojos. .P Dashvara cerró la puerta y apoyó las manos sobre el respaldo de una silla, molesto. No le gustaba pedirle más favores a Atasiag pero… .D Verás, Eminencia —empezó—. Cuando lleguemos a Dazbon, mi pueblo se va a encontrar sin un denario y, por consiguiente, no vamos a tener dinero ni para pagar armas, ni para pagar víveres ni… caballos. Y verás, Eminencia —continuó, cada vez más nervioso—. Oí decir en Titiaka que los amos, al liberar a sus esclavos, se aseguraban de que estos no se… quedaran sin nada. .P Atasiag lo observaba ahora con una mueca profundamente divertida. .D Y tú quieres que yo te compre caballos, armas y víveres para que tu pueblo no se quede «sin nada», ¿eh? .P Dashvara se ruborizó y maldijo al capitán. ¿Por qué siempre tenía que ser él el que se ocupara de todas las tareas fastidiosas? .D Te estaríamos… muy agradecidos —respondió—. Y si quieres que hagamos algo para devolverte el favor, lo haremos. Simplemente no estamos dispuestos a quedarnos a trabajar en Dazbon durante diez años para pagarnos unos caballos estepeños. Son caros. .D Y tanto que son caros —comentó Atasiag, posando la pluma—. No se vende un buen caballo por menos de setenta escudos. Te haré una confesión, Filósofo. Esperaba que algún día me vinieras con esta historia. Por desgracia, aún no he encontrado ninguna solución así que… por el momento os sugiero que sigáis sirviéndome como guardias personales durante un tiempo y yo seguiré manteniéndoos hasta que se me ocurra algo. ¿Estamos de acuerdo? .P Difícilmente podía haber un trato más vago, pero al menos Atasiag no había rechazado la propuesta. Dashvara asintió. .D Estamos de acuerdo. Lo que no entiendo es cómo vamos a seguir sirviéndote como guardias personales en Dazbon. Se supone que en la República no hay esclavos. .D Tonterías —replicó Atasiag mientras untaba la pluma en el tintero—. Lo que no se tolera es que un republicano tenga esclavos. Yo soy titiaka de toda la vida. Os dejaré al servicio de Lanamiag, Kuriag y los otros dos estudiantes. Los protegeréis hasta que los entregue a sus familias. ¿Qué te parece? .D Me parece estupendo. ¿Vas a pedir un rescate por ellos? .D No. Por supuesto que no. —Cobra enseñó una sonrisa levemente culpable—. Los llevo a Dazbon a petición suya: ellos temen que sus familias se opongan al partido que han elegido y yo les voy a ayudar a casarse en un templo ciliano a escondidas. Creo que Kuriag ha empezado a considerarme como a un benefactor. Es el heredero de los Dikaksunora. No voy a echar a perder una relación tan prometedora por unos miles de escudos. .P .Bpenso Unos miles de escudos que podrían pagarnos nuestros caballos… .Epenso Dashvara acalló el pensamiento y asintió con la cabeza. .D ¿De modo que crees poder volver a Titiaka sin que se te eche encima el Consejo? .D Lo creo —afirmó alegremente Atasiag—. Como te dije, Faag Yordark es ahora el gobernador provisional de Titiaka y tiene todo el apoyo de la Guardia Ragaïl. Y los Yordark saben que yo siempre les he sido leal. Se asegurarán de que el pequeño jefe de los corsarios no se les vaya de las manos. Y ahora ve, Filósofo. Estoy escribiendo una carta urgente. Un momento —agregó cuando Dashvara tendía ya una mano hacia la manilla. .D ¿Sí, Eminencia? .P Atasiag lo miró, pensativo. .D ¿Qué te ha parecido la estancia en Matswad? .P Dashvara le devolvió una mirada desconcertada. ¿A qué venía esa pregunta? .D La estancia… Bueno. Ha sido agradable —admitió—. Los piratas son menos piratas de lo que pensaba. Y tienen un modo de vida bastante parecido al de los Xalyas… en más pacífico, claro: a ellos no les atacan los nadros rojos ni los escama-nefandos. .P Una leve sonrisa estiró los labios de Atasiag. .D Me alegro de que te haya parecido agradable. Ahora, tienes a todo un clan, Filósofo. Se os han unido seis mujeres xalyas. Un pequeño lanzador de peonzas… Y, encima, todo parece indicar que quieres llevarte a mi hija. .P Dashvara agrandó los ojos. Y sonrió con ironía. .D Tú te llevaste a mi hermana —replicó. .P Atasiag arqueó las cejas, divertido. .D Bueno, después de todo, somos familia. .P Dashvara le devolvió una mirada burlona. .D Diablos. Al final me lo voy a creer. Pero, no me engañas: un verdadero padre habría pagado los caballos y los víveres y… Es broma, Eminencia —rió ante su expresión exasperada—. Te prometo que no volveré a sacar el tema hasta pasado un tiempo razonable. Al fin y al cabo, Shokr Is Set dice que cuanto más presionas a un burro, más lento va. .D Pues sigue escuchando a tu Gran Sabio y déjame en paz, Filósofo. De verdad que la carta es urgente. .D Buenas noches, Eminencia. .D Buenas noches. .P Dashvara abrió la puerta y salió al pasillo con una leve esperanza de que los Xalyas volverían a la estepa montados en caballos. .P Len y Zaon se habían sentado a una pequeña mesa, en el ancho corredor, y un candelabro encendido iluminaba sus rostros pálidos. El uno afilaba sus dagas; el otro cosía un bolsillo interior en una túnica. Ambos ternians eran tan idénticos que a Dashvara todavía le costaba diferenciarlos cuando los veía de lejos. Al pasar junto a ellos, preguntó con tono amigable: .D ¿Es cierto que no te gustan las xalyanas, Zaon? .P El ladrón pasó la aguja por la tela antes de explicar: .D Soy de tradiciones. .D Los Xalyas también lo somos, pero las vamos acumulando —bromeó Dashvara. Vaciló antes de inquirir—: ¿Por qué nunca venís a cenar con nosotros? ¿Es que mis hermanos y yo somos demasiado ruidosos? .P Ambos sonrieron. .D Un poco —reconoció Len—. Pero no es por eso. Preferimos comer solos. .D Somos de tradiciones —repitió Zaon con una sonrisilla ladeada. .P Dashvara enarcó una ceja y se encogió de hombros. .D Está bien. Pero que sepáis que, si os apetece pasaros por la cocina, no vamos a tiraros peonzas a la cabeza. Buenas noches. .P Le dieron ellos también las buenas noches y Dashvara se dirigía ya hacia la cocina cuando, proveniente de esta, resonó un fuerte estornudo, seguido de un estruendo de risas y un: .D ¡Que te condenen, Calvo, ese era mi plato! .D ¡Vamos, Pelambrudo, no te enfades! Si te crees que esas cosas se pueden controlar —protestaba Zamoy. .D ¡Yo quiero oír la oda de Miflin! —exigieron en un coro de voces Myhraïn y Sinta. .D ¡Queremos la oda! ¡Queremos la oda! —gritaron unos vozarrones. .P Dashvara rió interiormente mientras empujaba la puerta. .Bpenso Por el Liadirlá, sí que somos ruidosos… .Epenso .salto Salieron de Matswad tras numerosas despedidas. Las mujeres xalyas dejaron a sus amigos con grandes aspavientos y bromas ligeras. Aquellos tres años en Matswad los habían pasado sensiblemente mejor que los hombres xalyas: habían aprendido a hacer redes de pesca, a limpiar pescado, a cazar… e incluso confesaron que algunas piratas les habían enseñado a luchar. Pero, para alivio de todos, juraron que jamás habían participado en actos de piratería. .P La única en subir directamente a bordo fue Aligra. Aquel mes pasado junto a su clan había transformado positivamente a la joven: aunque seguía con su aire un poco lunático, sonreía con más facilidad y su Ave Eterna vengativa parecía haberse calmado con el buen tiempo de Matswad. Para colmo, no le había vuelto a soltar ninguna acusación a Dashvara y hasta parecía haberlo aceptado como señor. .P .Bpenso Incluso empiezo a aceptarme yo como tal .Epenso , sonrió Dashvara. Se avanzó sobre el muelle y le dio un apretón de manos a un isleño grandote y sonriente con el que había trabajado construyendo casas para los nuevos refugiados. .D Un placer haberte conocido, Skansh —le soltó. .D Lo mismo digo —dijo el otro con una gran sonrisa—. Ojalá podáis volver a vuestra tierra, Xalyas. .D Gracias. ¿Tú no vas a volver a la tuya? .P Skansh venía de una tribu sureña. El caito negó con la cabeza. .D ¿Para qué? No me queda nada ahí. Los diumcilianos arrasaron con todo y tengo a mi hijo trabajando en las minas, allá en Titiaka. —Se encogió de hombros—. Condenada vida. He decidido meterme a pirata. Ya sabes. Para impartir justicia, como hiciste tú en la Arena. .P Dashvara sintió cierta pesadumbre al imaginarse a ese buen hombre asaltando barcos, pero entendía su decisión. Asintió. .D Te deseo suerte, amigo. .P Estrechó las manos de varios isleños más antes de subir a bordo con sus hermanos. Cuando el barco de Atasiag zarpó, Dashvara miró alejarse la hermosa isla con una mezcla de nostalgia y alivio. Era curioso constatar lo mucho que le costaba siempre despedirse de los sitios. Incluso le había costado despedirse de la Frontera. Sonrió con ironía. Hacía apenas dos meses sus hermanos y él seguían metidos en el barro, rodeados de mílfidas, borwergs y orcos y, ahora… Posó una mirada en el océano profundo y misterioso y se ensombreció. Ahora estaban rodeados de agua. .P Apoyado contra el borde junto con Makarva, le echó un vistazo al saco que había posado a sus pies. .D ¿Qué, Tah? —murmuró—. ¿Contento de salir de la isla de los malvados piratas? .P Tahisrán resopló mentalmente. .P .Bdm Bastante .Edm , admitió. .Bdm A ti te podrán haber parecido simpáticos, pero es que a ti no te encerraron durante dos años en una caja para pedirte que les hablases del futuro. .Edm .P Dashvara hizo una mueca compasiva. La pobre sombra se había pasado casi todo el mes metida en la casa de Atasiag sin atreverse a salir. Una vez había dado una vuelta por los bosques aledaños y, al toparse con un cazador, se había asustado tanto que había huido hasta la otra punta de la isla y había tardado dos días en regresar. Realmente parecía traumada por su experiencia pasada. .D Bah, Tah. Anímate. En Dazbon tendrás otra vez toda la libertad del mundo para reanudar tus paseos nocturnos. .P .Bdm Si yo estoy muy animado, justamente .Edm , replicó Tahisrán. .Bdm Sólo espero no tener nunca que subirme otra vez a un barco. .Edm .P Dashvara miró las aguas traicioneras con un temor sordo. .D Y yo —confesó. Le echó una ojeada burlona a Makarva—. Supongo que tú, en cambio, echarás de menos el mar, ¿eh, Mak? .P Este tenía la mirada fija en la isla que se alejaba. Se encogió de hombros. .D No tanto como crees. Al fin y al cabo, no soy marinero. Soy estepeño —sonrió, y añadió con aire absorto—: ¿Sabes cuál es mi nuevo sueño? .P Dashvara puso los ojos en blanco. .D Tú y tus sueños. Eres peor que el Rey Soñador. ¿Y bien? ¿Cuál es tu nuevo sueño? .P Makarva alzó la mirada hacia el cielo azul con una leve sonrisa. .D Cabalgar otra vez. Volver a tener mi caballo y conocerlo como conocía a Bailarín. .P Dashvara asintió, emocionado, y pensó en su propia yegua Lusombra caída en manos de los Esimeos. .D Ese es un sueño que todo buen Xalya entendería. .P Makarva le echó una mirada curiosa. .D ¿Y tú, Dash? ¿Cuál es tu sueño? .P Dashvara reflexionó unos instantes. ¿Cuál era su sueño? ¿Volver a la estepa y fundar de nuevo el clan de los Xalyas? Era uno de los muchos sueños que tenía, sí. Pero no el principal. .D ¿Mi sueño, Mak? —dijo al fin—. Nada más sencillo: mi sueño es cumplir los sueños de mi clan. .P Makarva pareció sobrecogido. .D Vaya… —Meneó la cabeza y enseñó de pronto una sonrisa de lobo—. Pues tendremos que hacer una lista con todos nuestros sueños, a ver si el señor de los Xalyas consigue cumplirlos. .D No te burles —protestó Dashvara, divertido. .D No me burlo —aseguró Makarva, más serio—. Sólo me parece que tu sueño… lo tenemos un poco todos, ¿no? Somos un clan, Dash. Todos queremos ver cumplidos los sueños de todo el mundo. Así que sé sincero. ¿Cuál es realmente el sueño que querrías ver cumplido ahora? .P Dashvara le echó una mirada aburrida y, tras otra reflexión, contestó la verdad: .D Llegar a Dazbon. No quiero acabar ahogado en el fondo del mar. .P Su amigo resopló y le dio una palmada en el brazo, sonriente. .D Tienes cada idea, Dash. Te doy mi palabra que, dentro de siete días, desembarcaremos y pondremos los pies sobre la tierra. .D Ya. Pero, si se hundiese ahora el barco, ¿qué harías? —replicó Dashvara—. No hay bastantes botes para meter a tantas personas. Y ahí abajo debe de haber un montón de pies de profundidad. Y monstruos de todo tipo. Y morir ahogado es una muerte asquerosamente horri… —Makarva le dio un empellón con un gruñido exasperado y Dashvara rió—. Está bien, ya me callo. Pero ¿a que es inquietante? .D Lo que es inquietante es tu imaginación —retrucó Makarva, apoyándose de espaldas al borde. Tras un silencio, agregó—: Mira. Raxifar está hablando con el capitán. .P Dashvara se giró para ver al gran Akinoa junto a la proa. El capitán Zorvun era uno de los pocos Xalyas que habían hecho un pequeño esfuerzo para comunicar con Raxifar y Zefrek… en realidad, el único aparte de Dashvara, Lumon y Shokr Is Set. Vio al Shalussi, solo, apoyado sobre el borde junto al castillo de popa. Tenía la mirada perdida hacia el norte. .P Dashvara frunció el ceño. .D Mira que son cabezotas los Xalyas. Nosotros también matamos a guerreros akinoa y shalussis. Matamos al abuelo de Raxifar. Y, a pesar de todo, él me salvó la vida. Y nuestros hermanos siguen mirándolo como si fuera el peor asesino del mundo. Por el Liadirlá —meneó la cabeza—, ¿tan duro es dejar el pasado atrás? .P Makarva hizo una mueca. Se rascó el cuello. Y no contestó. .P .Bpenso Cabezotas .Epenso , suspiró Dashvara. .Ch "Dignidad, Confianza y Fraternidad" .\" 17/11/2016 Al principio, el viaje en barco fue espantoso. Se mareó la mitad de los Xalyas, Dashvara incluido, y este pasó los tres primeros días aturdido y pálido como la nieve, convencido de que el clan de los Xalyas acabaría finalmente muriendo en el fondo del mar. Al tercer día, estaba jarreando afuera y él se había acurrucado en su hamaca tratando vanamente de dormir cuando, de pronto, Rokuish apareció por el dormitorio gritando: .D ¡Tsu! ¡Tsu! Zaadma está… Zaadma está… ¡Tsu! .P El pobre Shalussi estaba muerto de miedo y Dashvara sonrió al ver al drow coger su neceser y salir corriendo hacia otro de los dormitorios. Según supo luego Dashvara, trasladaron a la republicana a la cabina de Atasiag. Se oyeron sus gritos por todo el barco. Shkarah y Dwin salieron a ayudarla y los Xalyas se quedaron expectantes y tensos. La espera fue interminable pero, cuando se oyó un llanto de recién nacido, todos se pusieron a sonreír. Tras un buen rato oyendo berridos, empezaron a resoplar. Orafe graznó: .D Vamos a pasar un viaje de lo más tranquilo… .P Estaban ya hartos de oír al recién nacido cuando Rokuish reapareció por el dormitorio, rojo de alegría. .D ¡Tres potrillos! —exclamó—. Por mi madre, ¡son tres! Son unas niñas. ¡Unas niñas! .P La increíble noticia arrancó ruidosas carcajadas. Tratando de ignorar el mareo, Dashvara salió de su hamaca y le dio un fuerte abrazo fraternal al Shalussi bramando: .D Trillizas, demonios, Rok. ¡Ahora sí que vais a tener un problema con los nombres! ¿No habrá entre ellas dos calvas y una pelambruda, por casualidad? .P Rokuish negó con la cabeza. .D Qué va. Son una preciosidad… .D ¿Qué tal está Zaadma? .D Escandalizada. El médico de Matswad dijo que sólo iba a ser uno. Y que vendría dentro de varias semanas. Pero está contenta. Eso creo. Yo al menos lo estoy —rió—. Diablos sí que lo estoy. Voy a volver junto a ella. .P Dashvara asintió con una ancha sonrisa mientras el joven Shalussi echaba a correr de vuelta a la cabina de Atasiag. Era toda una alegría ver a su viejo amigo tan feliz. Cuando se giró y advirtió los rostros sonrientes de Raxifar y Zefrek, concluyó que había ciertos acontecimientos que cualquier clan podía entender. .D Bueno —espiró, de buen humor—. Esto ha sido más extenuante que perseguir a una banda de orquillos. .D Y lo que nos queda —lanzó Ged con una leve sonrisa—. Esas criaturas no nos van a dejar dormir en todo el viaje. .P El maestro armero sabía de qué hablaba: había sido padre de cuatro hijos. De estos, sólo la joven Dwin seguía viva. Mientras volvía a su hamaca, Dashvara recordó la imagen de sus otros tres hijos luchando junto al señor Vifkan. Los había visto morir. También recordó que, años atrás, tras la muerte de su propio hijo en patrullas, Zorvun había elegido al mayor de los tres para formarlo como capitán. Tantos sueños habían muerto aquel día… .P .Bpenso Deja ya de pensar en el pasado, Dash .Epenso , se recriminó con paciencia. .Bpenso No sirve de nada. .Epenso .P El pronóstico de Ged se cumplió: las tres nuevas criaturas no dejaron de berrear durante los días siguientes y Rokuish pasó una vez a disculparse y a quejarse, afirmando que los potros verdaderos no metían tanto ruido. .D Van camino de ser tan parlanchinas como mi mujer —resopló antes de marcharse a visitar a las tres escandalosas. .P Tardaron días en ponerse de acuerdo con los nombres y finalmente, para asombro de los Xalyas, decidieron preguntarles a ellos su opinión. A Rokuish se lo veía ya más que harto del tema. Las primas de Alta se animaron enseguida y propusieron nombrarlas como tres antiguas princesas de los Antiguos Reyes. Les gustó la idea a los padres y las Trillizas fueron al fin llamadas Rahilma, Aodorma y Sizinma, que en oy'vat significaba «Dignidad», «Confianza» y «Fraternidad». Tener a tres pequeñas Shalussis republicanas con el lema del Dahars xalya como nombre hizo que más de uno se detuviera a reflexionar. Por la tarde, al haberse instalado todos los Xalyas en la proa a disfrutar un poco del sol, se pusieron a comentar el caso y el Gran Sabio Shokr Is Set pronunció: .D Myhraïn y Sinta han tenido una buena idea. Puede, tal vez, que este sea un paso simbólico hacia la paz estepeña. He observado a ese joven Shalussi. Es un hombre recto y bueno. No es un salvaje ni un .Sm zok —dijo, soltándole una mirada elocuente a Sirk Is Rhad—. Creo que deberías proponerle entrar en nuestro clan, Dashvara. .P Este jadeó, tan atónito como los demás. .D ¿Qué? .P El Honyr sonrió y su rostro se arrugó todavía más. .D Es una simple sugestión. ¿Qué opináis los demás? .P Dashvara observó los rostros de sus hermanos con curiosidad y poco a poco entendió la estrategia del Honyr. El objetivo principal no era hacer entrar a Rokuish en el clan sino conseguir que los Xalyas aceptasen que un Shalussi podía ser digno del Dahars. Desde luego, en algunas cosas el nuevo shaard era más astuto que el antiguo. El capitán tomó la palabra el primero con una voz tranquila: .D Es un hombre al que yo llamaría hermano sin vacilar. .P Dashvara vio a varios asentir con la cabeza. Maef, quien siempre era muy tajante en sus decisiones, aprobó: .D Yo estoy a favor de la propuesta. .D Y yo —apoyó Lumon. .D Y yo, diablos —se animó Zamoy—. Me encantaría tener a unas Trillizas como hermanas. .P Sonrieron y pronto todos dieron su acuerdo. Al fin, se giraron hacia Dashvara, expectantes. .D ¿Y tú, sîzan? —preguntó Atsan Is Fadul. .P Dashvara alzó las manos, sonriente. .D Yo hace ya tiempo que lo llamo hermano. Estoy dispuesto a preguntárselo —declaró—. Pero, sinceramente, dudo de que acepte. No creo que Zaadma quiera volver a la estepa. .D Pregúntaselo de todas formas —replicó Zorvun—. A lo mejor algún día cambia de opinión. .P De pronto, se veía a los Xalyas ansiosos por saber qué diría Rokuish. Dashvara disimuló mal una sonrisa y se levantó. Se inclinó respetuosamente ante su naâsga, quien había estado observando la escena con curiosidad, y se alejó cruzando la cubierta. La cabina de Atasiag estaba abierta y encontró al Shalussi sentado en el suelo, acunando a dos de sus hijas mientras Zaadma amamantaba a una. Sentado a su escritorio, Atasiag escribía en un libro, absorto. Dashvara sonrió levemente cuando lo vio alzar la cabeza. El pobre titiaka tenía ojeras profundas. .D Buenos días, Eminencia. Hola, Zaadma. Hola, Rokuish. Espero que Rahilma, Aodorma y Sizinma estén bien. .P Zaadma resopló sin contestar, manifestando su cansancio. .D Al menos ahora se han callado —susurró Rokuish. .P Dashvara observó a las pequeñas criaturas unos segundos antes de soltar: .D ¿Puedo hablar contigo un momento? .P El Shalussi enarcó una ceja pero asintió y se levantó. Salieron a la cubierta y se aproximaron a un borde para no molestar a los marineros. Dashvara abrió la boca, vaciló y, al ver que Rokuish lo miraba, cada vez más perplejo, se decidió a ir al grano. .D Verás, Rok. Lo hemos estado pensando y a mis hermanos y a mí nos gustaría que… Quiero decir, sería un honor si… Diablos, quiero decir que me encantaría que aceptaras formar parte de nuestro clan. .P La boca de Rokuish se abrió poco a poco hasta que se quedó boquiabierto. .D ¿Yo? —resolló. Al ver a Dashvara asentir, el Shalussi resopló y se rascó la cabeza, anonadado—. Wow. ¿Estás hablando en serio? Por mi madre —murmuró—. No sé qué decir. Me siento… muy honrado. .P Dashvara vio venir el rechazo y trató de suavizar la cosa: .D Puedes perfectamente decir que no sin ofender a nadie, Rok. Lo entendería. Zaadma es republicana. Tú eres shalussi. Puede parecer raro, en esas circunstancias, que los Xalyas queramos adoptaros. Simplemente… consideramos que vuestras Aves Eternas son hermanas a las nuestras. Y que aceptes o rechaces, eso no lo cambiará. Pero… estaría muy feliz si aceptases. Todos lo estaríamos. .P Rokuish bajó la mirada, enmudecido. Al fin, rompió el silencio. .D Zaadma quiere fundar otra herboristería en Dazbon. Como su padre murió hace unos meses… ya no teme que le complique la vida. .P Dashvara asintió y, pese a que la respuesta no lo sorprendía, no pudo evitar sentir cierta decepción. La disimuló. .D Entonces os deseo toda la suerte del mundo, a ti y a tu familia. .D Gracias —susurró el Shalussi—. No me malinterpretes. Tus hermanos son encantadores. Bueno, algunos más que otros —sonrió—. Pero los respeto a todos. No quisiera que se tomaran mal… .D No se lo tomarán mal —aseguró Dashvara—. De verdad, no te preocupes por eso. —Le dio unos golpecitos en el brazo—. Te echaré de menos cuando nos vayamos a la estepa, hermano. .P Rokuish se turbó. .D Si no fuera por Zaadma y mis potrillos… te acompañaría —afirmó—. Intentaría ayudar a Zefrek y liberar a mi madre y a mis hermanos. Pero… es que ni siquiera soy un guerrero. .D Los liberaremos nosotros —dijo Dashvara con un súbito impulso. Sonrió ante la mueca de asombro del Shalussi—. Es verdad que prefiero luchar contra los nadros rojos que contra los saijits pero… que los Esimeos esclavicen a sus pueblos vecinos no me agrada más que a ti. Te prometo que, si siguen vivos, Menara, Andrek, tu madre y tus demás hermanos serán liberados. No sé cuándo, pero lo serán. .P Rokuish lo agarró por la manga con el entrecejo fruncido. .D Oye, Dash, déjate de promesas heroicas. ¿Es que te vas a meter en territorio esimeo para liberarlos? .D No me quedará más remedio que meterme en su territorio de todas formas —replicó Dashvara—. Si es verdad que los Esimeos han esclavizado a los pueblos shalussis, ahora toda la parte sur de la estepa es territorio esimeo. .P Rokuish palideció. .D Cierto. Sinceramente, no sé por qué queréis meteros otra vez ahí, Dash. ¿Por qué no os quedáis en Dazbon? Maltagwa podría ayudarle a Zaadma con sus plantas. Ella dice que es un buen herborista. Y Alta y yo podríamos trabajar en unas caballerizas. Y tú podrías fundar un taller de carpintería o… .D Rok —rió Dashvara, interrumpiéndolo—. ¿De verdad nos ves a los Xalyas vivir en una ciudad como Dazbon? Nosotros somos estepeños. Sabemos cabalgar en la estepa. Sabemos matar monstruos. Pero no sabemos nada de dinero, ni de leyes republicanas, ni queremos saber nada de eso. Somos unos ignorantes de la civilización y orgullosos de serlo —bromeó. .P El Shalussi suspiró y pareció resignarse. .D Por el norte de la estepa no tendrás mucha madera que esculpir —comentó—. Dicen que es todo llanuras y hierba. .P Dashvara sonrió con todos sus dientes. .D Cierto. Esculpiré huesos de Esimeos. .P Rokuish puso cara asqueada. En ese instante, un berrido resonó en la cabina de Atasiag, seguido de otro. Y de otro. Pronto hubo un coro de lloros y Zaadma se desesperó: .D ¡Que el Dragón Blanco os amordace a las tres! .D Por mi madre —gimió Rokuish. .P Dashvara lo vio echar a correr hacia la cabina y se carcajeó por lo bajo. Se encaminaba hacia la proa cuando la voz de un marinero cubrió los berridos de Dignidad, Confianza y Fraternidad: .D ¡Tierra a la vista! .P Todos los Xalyas se levantaron y se agolparon junto al borde para intentar ver lo que, poco a poco, se convirtió en unos acantilados. Dashvara se inclinó junto a Yira, entrecerrando los ojos. En lontananza, vio dos líneas blancas brillar bajo el sol. Una debía de ser la Gran Cascada de Dazbon. Y la otra las Escaleras. .Sm -t penso Tierra , sonrió Dashvara. Al fin. Y lo mejor era que esta vez tenía la feliz impresión de que jamás volvería a abandonarla. .D ¿Ha rechazado, no? —preguntó de pronto Zamoy, a su izquierda. .P Dashvara observó las miradas atentas de sus hermanos antes de contestar: .D Bueno. Él ya tiene a su pequeño clan que va camino de meter más ruido que el nuestro… —Sonrió, burlón—. Me temo que ya está bastante ocupado con su Dignidad, su Confianza y su Fraternidad. Si le añadiésemos a los Trillizos, las makarvadas de Makarva y las filosofadas mías, se volvería loco. Aceptemos su decisión con comprensión, hermanos, y deseémosle buena suerte. .P Sintió la aprobación de los Xalyas y se relajó. .Bpenso Finalmente, a este paso, van a acabar aceptando a Zefrek y a Raxifar y hasta, quién sabe, pedir que se conviertan en Xalyas también. .Epenso Sonrió y una oleada de afecto hacia su pueblo lo invadió. .salto Desembarcaron a lo largo del dique del puerto de Dazbon en medio de un griterío de voces de marineros, pescadores y paseantes republicanos. Los Xalyas esperaron en la cubierta con impaciencia a que los marineros colocasen la pasarela y empezaron a bajar a tierra. La mayoría llevaba sus sacos casi vacíos. Pero todos llevaban el corazón lleno de esperanza, sonrió Dashvara. .D Filósofo. .P Dashvara acababa de posar el pie sobre el dique y, algo mareado, se giró hacia el barco para ver que Atasiag cruzaba la pasarela justo detrás de él. Iba vestido como un ciudadano titiaka, con el bastón de mando en la mano. Según le había explicado, actuaría como un simple comerciante titiaka, ya que al fin y al cabo es lo que era, y se hospedaría con toda su servidumbre en el albergue de .Sm -t nomlieu La Perla Blanca en el Distrito de Otoño. Como su mandato como magistrado había acabado y no había asistido a ninguna elección en Titiaka, había insistido desde el principio del viaje para que Dashvara se fuera acostumbrando a llamarlo otra cosa que «Eminencia». Dashvara había acabado confesándole que una vez que tomaba una costumbre le costaba mucho rectificar… La mirada venenosa de Atasiag lo había hecho rectificar. .D Espera aquí con los demás —dijo al fin Atasiag tras pasear la mirada por el puerto animado—. Voy a ir a pagar al registrador del puerto. Serl, ¿me acompañas? Luego, Filósofo, descargaréis los barriles de vino al almacén. .D ¿Qué almacén? —se sorprendió Dashvara. .D El almacén que voy a alquilar para el vino —explicó Atasiag con tranquilidad—. Y no mareéis mucho los toneles… Son delicados. .P Dashvara enarcó una ceja y lo miró alejarse con el tío Serl hacia un pequeño edificio de donde salió en ese preciso instante un enorme caito vestido con estrafalarios atuendos. Lo vio alzar las manos de manera exagerada y darle un vigoroso apretón de manos a Atasiag. Por lo visto se conocían. .P Esperaron tal vez media hora, sentados entre redes de pesca y toneles, antes de que el tío Serl regresase solo y les diera instrucciones para ir descargando los cincuenta barriles que había en el barco. Todos pesaban malditamente, pero algunos no parecían contener vino y, al no ver señal de los doce Hermanos del Sueño que habían estado viajando con ellos, Dashvara acabó por entender dónde se habían metido. La artimaña le hizo gracia a más de un Xalya y Dafys, el guardián sibilio, les pidió secamente que se contuvieran un poco. Fueron haciendo rodar los barriles por la calle tan delicadamente como pudieron y los metieron en un pequeño almacén. El tío Serl les indicó el lugar exacto donde colocarlos y, cuando estuvieron todos, cerró el almacén con llave, dedicó una amplia sonrisa a los Xalyas y señaló el barco. .D Ahora sólo os falta sacar las pertenencias de Su Eminen… quiero decir, de Atasiag Peykat y de los demás: las transportarán unas carrozas al albergue. Yo me quedaré aquí. Tiene que pasar la inspección del puerto para verificar la mercancía. .P Dashvara intercambió una mirada alarmada con el capitán. Más le valía al inspector del puerto no ser tan puntilloso como el Quisquilloso de la Frontera… A menos, claro, que fuera él también un miembro de la Hermandad del Sueño. Se encogió de hombros y regresó con los demás junto al barco de Atasiag donde los esperaban las mujeres xalyas con el pequeño Shivara, Sedrios y Sashava. Estaba llegando a ellos cuando, de pronto, una masa se interpuso en su camino y una voz profunda pronunció: .D Dashvara de Xalya. .P Este alzó la mirada hacia Raxifar con una mueca interrogante. El Akinoa parecía molesto. .D Me marcho. .P Dashvara lo miró, anonadado. .D ¿Qué? .D Me marcho a la estepa. .D Yo también me marcho —lanzó Zefrek, acercándose—. No tengo por qué soportar las idioteces de ese ciudadano titiaka más tiempo. No soy su esclavo. .P Dashvara resopló y miró al Akinoa y al Shalussi con cara contrariada. .D No tenéis dinero ni para compraros armas —objetó—. Por favor, no os marchéis. Él nos comprará caballos. No hace falta que trabajéis para él. Nosotros lo haremos. Te debo un enorme favor, Raxifar. Y tú, Zefrek, ¿es que pretendes meterte en la estepa andando para que te pillen los Esimeos y te esclavicen como a los demás? No os marchéis —insistió—. Os lo pido por favor. .P Raxifar enarcó sus cejas. Zefrek frunció el ceño. .D Los tuyos no quieren que nos quedemos —dijo este último—. Y yo no quiero quedarme. .P Dashvara gruñó y se giró hacia los Xalyas, que escuchaban la conversación a una distancia prudente. Declaró: .D Xalyas. Deseo que Raxifar y Zefrek se queden con nosotros. Los ayudaremos como a nuestros hermanos. ¿Alguien tiene una objeción? .P Sólo se oyó el fuerte rumor del puerto. Dashvara suspiró. .D Bueno. Pues asunto arreglado. Os prometo, Raxifar y Zefrek, que volveréis a la estepa con vuestros pueblos con caballos y armas. .D ¿A qué se debe tanta generosidad? —inquirió Zefrek con una mezcla de burla y recelo. .P Dashvara miró el rostro del joven Shalussi. Ahora vestía mejor ropa que cuando había corrido a asesinarlo en Matswad y, exceptuando los collares de oro que llevaba su padre, se parecía inquietantemente a este. .D No se trata de generosidad —dijo al fin—, sino de justicia. Vosotros también merecéis volver a la estepa vivos después de todo lo que hemos pasado. Y solos no lo conseguiréis. Entonces, ¿vais a quedaros? .P Tras una vacilación, Zefrek asintió. .D Me quedaré —aceptó, como si hiciera una concesión—. De momento. .P Raxifar tenía los ojos clavados en los de Dashvara cuando agitó la cabeza afirmativamente. Dashvara les sonrió a ambos. .D No sabéis cuánto me alegro. Bueno. —Llamó la atención de los Xalyas—. A bordo otra vez, hermanos. Hay que sacar los cofres de las cabinas. .P Se dirigió hacia la pasarela esperando que el problema con Raxifar y Zefrek estuviera lo suficientemente resuelto… de momento. .Ch "La bendición de Cili" .P Vaciaron la cabina de Atasiag y, mientras tanto, Rokuish y Zaadma salieron al muelle con sus criaturas dormidas. Cuando entraron en la cabina del capitán, encontraron a Fayrah dándole un jarabe a Lanamiag Korfú. Kuriag estaba ahí también, con sus dos compañeros, plegando un vendaje usado. Un destello preocupado destellaba en sus ojos y Dashvara se inquietó. ¿Acaso la herida del joven Korfú se estaba curando mal? Era la primera vez en aquel mes que volvía a ver a Lanamiag y su aspecto no le pareció muy alentador. Según sabía, uno de los Unitarios le había hundido una espada en el vientre. Por suerte, Kuriag y sus dos amigos eran estudiantes en medicina y se habían encargado de él muy rápido, logrando apartarlo de la muerte a base de sortilegios y cataplasmas. Pero este último viaje, por lo visto, no le había hecho ningún bien. Ni tampoco a Fayrah, observó Dashvara con el corazón encogido. Su hermana estaba más delgada que antes y su palidez lo asustó un poco. .Bpenso Al final voy a tener que sacarla a la fuerza para que tome un poco el aire y se olvide de tanta preocupación .Epenso , pensó. Cuando se encontró ante su mirada interrogante, se dio cuenta de que se había quedado de pie, junto a la puerta. Espabiló y explicó: .D Venimos a por vuestras cosas. .P Se pusieron manos a la obra sin que les contestasen. Lanamiag tenía los ojos cerrados cuando habían entrado, pero desgraciadamente los abrió justo cuando Dashvara pasaba cerca de la cama a recoger una caja de libros que Kuriag había querido llevarse de Matswad. La expresión que torció entonces su rostro los alarmó a todos. .D ¡Lan! —murmuró Fayrah, inclinándose hacia él. .D Ese… salvaje —articuló Lanamiag. .P Dashvara suspiró. Sólo faltaba que el Legítimo se exaltase y su estado empeorase por su culpa… Bajo la mirada suplicante de Fayrah, se apresuró a levantar la caja y a salir de la cabina. Encontró a Atasiag en el dique, junto a dos grandes carrozas y vio que los Xalyas estaban ayudando a los dos cocheros a montar todos los trastos en la parte superior de uno de los vehículos. Su mirada fue atraída instantáneamente por los caballos. Eran robustos, de buena raza… pero no eran estepeños. .P .Bpenso ¿Y qué más da que lo sean, Dash? Esos no van a ser los que Atasiag te va a comprar. .Epenso .P Vio que el enorme caito conocido de Atasiag todavía seguía conversando con éste junto a la pasarela. Era muy sonriente y ruidoso y hacía grandes ademanes. Al pasar junto a ellos, Dashvara se fijó en que no hablaban en lengua común. Tampoco era ryscodrense. Ni diumciliano. .D ¡Filósofo! —lo llamó de pronto Atasiag—. Ven aquí. Te presento a Asmoan de Gravia. De Agoskura —especificó—. Es un viejo amigo mío y un gran erudito. Encontrármelo aquí ha sido una de esas agradables sorpresas que uno no se lleva más que de ciento en viento. .D ¡Como dicen en mi tierra, las sorpresas son regalos de la vida! —exclamó Asmoan, radiante. Tenía un acento horrible. .P Atasiag sonrió. .D Asmoan investiga sobre las creencias paganas del norte. Le interesaría saber más cosas sobre vuestra Ave Eterna y, ya que él me ha invitado tan generosamente esta noche al teatro, yo le he prometido que mañana tendrá a tres de vosotros a su disposición para contestar a sus preguntas. Elígelos tú y mándalos a la Gran Biblioteca a las diez de la mañana. ¿Me has oído? .P Tragándose su sorpresa a duras penas, Dashvara contestó: .D Sí. .P Observó al agoskureño con curiosidad. Llevaba pantalones azules ajustados, una camisa verde chillona con un elegante cuello blanco y un sombrero negro adornado con perlas. De sus orejas, colgaban unos pendientes azules que eran todo menos discretos. .D No se le mira así a la gente, Filósofo —masculló Atasiag con el ceño fruncido—. En fin. Me temo que voy a necesitar una buena siesta para estar en forma esta noche —añadió, dirigiéndose a Asmoan con tono ligero. .P El erudito soltó una carcajada ruidosa. .D ¡Esta vez no te dormirás, amigo mío! La tropa del Srad Andal es excelente. .D Los ryscodrenses son famosos por sus dotes artísticas —reconoció Atasiag—. Estoy impaciente por ver sus hazañas. .D Y las disfrutarás —aseguró Asmoan—. Entonces, nos vemos esta noche. Creo que voy a seguir tu ejemplo y echar una siesta. ¡No sabes cuánto me alegro de que nos hayamos encontrado! .P Riendo con alegría, le dio unos golpecitos amistosos sobre el hombro. Dashvara vio a ambos amigos despedirse calurosamente antes de que el gran agoskureño se alejara con andar presto y se fundiera entre la multitud que iba y venía por el amplio muelle. .D Bien —suspiró Atasiag con una sonrisa complacida—. Otra cosa, Filósofo. Por desgracia mi licencia de armas no se extiende a mis sirvientes. Tendría que comprar una para cada uno… y me saldría caro. Así que sólo te la he comprado a ti. Y a Yira —agregó, realizando un gesto con la barbilla. Dashvara se sobresaltó al ver que la sursha acababa de detenerse junto a ellos. Con un destello divertido en sus ojos rasgados, esta le tendió dos sables envainados. Dashvara los reconoció al tomarlos: eran los mismos que habían estado utilizando los Xalyas en Titiaka. Apenas se los hubo atado al cinturón, Atasiag le tendió un papel—. Es una copia de la licencia. Guárdala bien. —Se giró entonces hacia los demás y llamó—: Wassag, Dafys, Boron, Arvara. Venid. Vais a transportar al muchacho herido hasta la carroza. .P El transbordo se hizo rápido. Transportaron a Lanamiag sobre una litera y lo instalaron tan cuidadosamente como pudieron en los banquillos del coche. Por fortuna, el jarabe parecía haber sumido al Legítimo en un sueño profundo. Mientras tanto, Zaadma y Rokuish se subieron en la otra carroza y la primera anunció alegremente desde la ventanilla: .D De momento nos instalaremos en el .Sm -t nomlieu Dragón de Oro . No dudéis en pasaros por ahí. Y procurad que Atasiag no se pase de la raya. Sé lo insoportable que puede ser a veces. Será un buen hombre, pero es un titiaka hasta la médula y da órdenes como un maldito jefe Shalussi —sonrió. .P Rokuish y ella los saludaron y los Xalyas contestaron amistosamente. .D ¡Cuidad de nuestras hermanitas! —soltó Miflin con una ancha sonrisa. .D ¡Eso! Y que sigan berreando en verso como el Poeta, se les da bien —bromeó Zamoy. .P El cochero arreó a los caballos y la carroza se alejó por la calle del puerto. Tras intercambiar una breve conversación con el capitán del barco, Atasiag se subió a la otra carroza con sus hijas y los jóvenes titiakas y, finalmente, ellos también se pusieron en marcha, seguidos de los estepeños. .P El cielo azul de la tarde se había ido nublando y un viento frío se había levantado. Todos los paseantes se arrebujaban en sus capas y sus rostros apenas se columbraban bajo los sombreros republicanos de ala ancha. En un rincón de su mente, Dashvara se pilló echando de menos los cálidos vientos de Matswad. .P .Bpenso Ja. Pues tendrás que ir acostumbrándote al frío, señor de la estepa, porque, si recuerdas, tu hogar no es precisamente cálido en invierno… .Epenso .P Tras asegurarse de que todos los Xalyas estaban siguiendo la carroza, se dedicó a observar la capital republicana. Esta no había cambiado gran cosa en tres años: olía mal, las calles principales seguían abarrotadas de gente de todo tipo y los edificios continuaban siendo tan imponentes como los recordaba. Dazbon respiraba una libertad que no había en Titiaka pero, al mismo tiempo, se notaba más pobreza que en la capital federada. Mientras la carroza recorría una calle del Distrito de Otoño, Dashvara vio a dos músicos callejeros tocando la guitarra y cantando al aire libre mientras una niña recogía las monedas. Más tarde, avistó a un grupo de hombres, sentados en una plaza, con pintas de no haber probado bocado en varios días. Cuando reconoció a uno de ellos, por poco no se detuvo en seco. Eran esclavos de Titiaka, entendió, atónito. No los conocía personalmente, pero los había visto más de una vez junto a la plaza de la Arena, limpiando el empedrado. Eran esclavos públicos del Consejo y, a todas luces, habían huido durante la Revuelta Unitaria. Por el momento no parecían muy satisfechos con su nueva vida. .P El albergue de .Sm -t nomlieu La Perla Blanca se situaba en el fondo de una ancha calle que desembocaba directamente en las Escaleras. Entraron en un gran patio lleno de carros en el momento en que empezaba a llover. La regularidad de las tormentas a finales de la tarde tampoco había cambiado, dedujo Dashvara con un mohín. .P El lugar donde pretendía hospedarse Atasiag Peykat no debía de ser precisamente barato. El edificio parecía un verdadero castillo. La entrada principal tenía una escalinata imperial con dos estatuas de leones y dos guardias apostados a ambos lados de la puerta. Cuando Dashvara siguió a toda la tropa adentro con los cofres, se encontró con una enorme sala de recepción con espléndidos jarrones, tapices y alfombras. .P .Bpenso Esa maldita serpiente podría haber estado ahorrando para comprarnos un caballo en vez de meternos en un albergue de reyes .Epenso , refunfuñó Dashvara. Los Xalyas se agitaban, inquietos ante aquel despilfarro de riquezas. .P Mientras Atasiag conversaba con el propietario de .Sm -t nomlieu La Perla Blanca , un encargado condujo amablemente a los demás al piso superior y los hizo pasar a un amplio salón. .D Estas son vuestras habitaciones —declaró con voz jovial—. Venid, traed al enfermo por aquí. Ahí está el pasillo hacia los cuartos. .P Mientras Wassag, Dafys, Boron y Arvara le pisaban los talones con la litera, seguidos de los titiakas, los Xalyas que se quedaron atrás posaron todos los cofres e intercambiaron miradas de puro asombro. El salón era majestuoso. Había varios biombos, cuadros magníficos, sofás, butacas y dos enormes chimeneas… El capitán silbó. .D Demonios con nuestro amo. .P Varios rieron entre dientes. El encargado volvió al de unos minutos. .D Oye, buen hombre —le soltó el capitán—. ¿Y nosotros dónde nos metemos? .P El empleado sonrió. Tenía cara de ir feliz por la vida. .D Sois sirvientes de Atasiag Peykat, ¿verdad? Normalmente los sirvientes no son tan numerosos y duermen en el pasillo, pero… como sois tantos, pensé que lo mejor era instalaros aquí, en el salón. Ahí está la pila de jergones. Colocadlas como gustéis y si faltan pedid más. Pondremos los biombos delante, así, si vuestro amo recibe visitas, no les molestará. .P Dashvara lo miró con extrañeza. .D ¿Por aquí se hospedan muchos titiakas? .P El encargado resopló asintiendo. .D Bastantes. La verdad que la mayoría de los comerciantes titiakas. —Golpeó ambas manos—. Os dejaré instalaros. Si vuestro amo necesita cualquier cosa, no dudéis en bajar a la recepción para llamarme a mí o a algún colega. Mi nombre es Dilen. Buenas tardes. .P Lo saludaron y, en cuanto se marchó, se pusieron a colocar los jergones y los biombos. Estaban en ello cuando llegó Atasiag silbando una alegre melodía. Pasó delante de sus miradas sorprendidas y, al llegar junto al pasillo de los cuartos, se volvió. .D ¿Qué os parece vuestro nuevo hogar, Xalyas? .P Lo preguntaba con voz ligera. Estaba de buen humor. Dashvara carraspeó. .D Más bien grande. Se te ve de buen humor. .P Atasiag sonrió. .D ¿De verdad? Bueno. Es que tengo varias razones para estar de buen humor. Primero, me encuentro con un viejo amigo al que no veía desde hacía casi diez años. Luego me encuentro en .Sm -t nomlieu La Perla Blanca con un mensajero de los Yordark que me ha dado más de una buena noticia… Y, para colmo, he recibido una nota de Sheroda diciéndome que acepta venir conmigo esta noche al teatro. Sí, Filósofo. Estoy de muy buen humor. Instalaos para la noche. Yira me acompañará al teatro. ¿Quieres venir, Filósofo? .P Dashvara le devolvió una mirada burlona. .D ¿Me estás pidiendo mi opinión? .P Atasiag se encogió de hombros, sonriente. .D Bueno, en realidad, me gustaría que vinieras. Así podrás darme tus impresiones sobre la tropa del Srad Andal. Son artistas famosos. Sería una pena que te perdieras su representación. .P Dashvara puso cara reflexiva. .D Oh, en ese caso, si tanto te apetece, iré, Eminenci… amo —rectificó con un resoplido aburrido. .D Más te vale acostumbrarte ya de una vez —se burló Atasiag—. Que me llamaras Eminencia cuando ya no soy magistrado podría ser considerado… una falta de humildad por mi parte. Y los republicanos serían capaces de confundirme con un Legítimo o quién sabe. Cuando suenen las ocho, despertadme. Saldremos a las nueve. El espectáculo empieza a las diez y tengo que pasar por casa de Sheroda a recogerla. A los demás os deseo ya unas muy buenas noches. .P Les dedicó una ancha sonrisa antes de alejarse silbando por el pasillo. Dashvara meneó la cabeza, asombrado. A pesar de sus sesenta y tantos años, en aquel momento Atasiag parecía, más que un cabecilla de ladrones o un amo de esclavos, un joven enamorado ansioso de nuevas aventuras. .P .Bpenso Bueno… Supongo que después de tantas tensiones y tanto trabajo para sacarnos de Titiaka y restablecer su reputación, nuestro generoso padre se merecía un poco de descanso. .Epenso .P Con una sonrisa entre irónica y divertida, Dashvara se sentó en uno de los cómodos sofás y dejó el saco de Tahisrán a su lado. .D ¿Vas a salir esta noche? —le preguntó. .P La sombra sonrió mentalmente. .P .Bdm Y tanto, estoy tan harto del barco que podría andar durante días sin parar .Edm , contestó. .P Dashvara tuvo que reconocer que le pasaba un poco lo mismo: todavía tenía la impresión de que la habitación daba tumbos como un navío. .P Pasaron la tarde jugando a las katutas y los propios empleados del albergue les subieron la cena. Las garfias no eran tan buenas como las del tío Serl ni de lejos pero, habituados como estaban a comerlas frías y sin nada, los Condenados no protestaron. Las mujeres xalyas fueron menos comprensivas y los Honyrs, como de costumbre, esperaron a que todos hubieran comido para cenar a su vez en un respetuoso silencio. .P Cuando, a las ocho, Wassag fue a despertar a Atasiag, este ya estaba despierto y listo para partir. El problema era que aún quedaban dos horas para el espectáculo, pero declaró que le apetecía dar un paseo por Dazbon y, al verlo salir sin esperarlos, Dashvara y Yira se apresuraron a ceñirse otra vez los sables y a seguirlo fuera de .Sm -t nomlieu La Perla Blanca . .P Afuera ya no llovía. Había anochecido hacía tiempo y las Escaleras, casi vacías, estaban iluminadas por una hilera de linternas. Dashvara rió entre dientes mientras caminaban a varios pasos detrás de Atasiag. .D Anda como un potro feliz —comentó—. ¿Alguna vez lo habías visto así? .P Yira se rió por lo bajo. .D Estaba igual la última vez que fuimos a Dazbon. Creo que, en el fondo, se siente más libre y le gusta. A pesar de ser titiaka, tiene más alma de republicano. .D ¿Qué estáis murmurando atrás? —soltó Atasiag. Dejó que lo alcanzasen y agregó—: ¿Habéis visto el Templo del Ojo? Está maravilloso de noche con todas esas luces. En realidad —dijo—, me gustaría ver Dazbon desde arriba. Hace casi tres años que no la veía. .P Dio media vuelta en las Escaleras y empezó a ascender. Dashvara resopló pero lo siguió. Pasaron otra vez ante .Sm -t nomlieu La Perla Blanca . Unos peldaños más arriba, Atasiag se detuvo. .D Me gustaría que estuviera Sheroda conmigo para ver esto. Pero claro —reflexionó en voz alta—, no es educado pasar por su casa demasiado pronto. Y no creo que le apetezca subir todas estas escaleras. .P Tras sus cavilaciones, siguió subiendo y Dashvara se carcajeó por lo bajo. .D ¿No te estarás burlando, Filósofo? —preguntó Atasiag con tono tranquilo, sin detenerse. .D En absoluto. A mí también me apetece ver Dazbon desde arriba —admitió. .D Ja. Pues claro que te apetece: es una vista magnífica. .P Ascendió con más rapidez y a Dashvara lo impresionó su energía. A mitad de las Escaleras, ambos estaban resollando, pero Atasiag apenas deceleró. La pequeña sursha parecía sostener el ritmo sin esfuerzo aunque, cuando llegaron arriba, Dashvara la oyó resoplar con ellos. Cuando se giró al fin hacia la ciudad, se quedó sin habla. Dazbon era como un mar de luces y tejados que descendía hacia el océano. Una Gema a medias visible entre las nubes iluminaba las aguas de los canales en medio de las tinieblas. Apoyando su bastón de mando sobre el último peldaño, Atasiag se irguió ante la ciudad como si hubiese venido a conquistarla. .D Contemplad la capital republicana —pronunció—. No es tan ordenada ni tan perfecta como Titiaka, pero es hermosa en su desorden. .P Se sumió en un silencio contemplativo y Dashvara no se atrevió a interrumpirlo. El estruendo del agua de la Gran Cascada resonaba no muy lejos de donde se encontraban. Cuando vio a Yira estremecerse bajo las corrientes frías del viento, se acercó para abrazarla y los ojos de ella sonrieron. En ese instante, Dashvara lamentó no poder mandar a Atasiag a protegerse solo. Deseaba pasar la noche junto a su naâsga. Al recordar los felices paseos por los bosques aledaños a la ciudad pirata, su corazón se aceleró. Si tan sólo pudieran ser totalmente libres ya de una vez… De pronto, Atasiag se dio la vuelta. Dashvara no pudo adivinar su expresión en la oscuridad. Tras un instante, el federado rompió el silencio. .D ¿Has visto ya la Gran Cascada desde cerca, Filósofo? Venid —soltó, sin esperar su respuesta. .P Arriba de las Escaleras, había un largo paseo empedrado completamente desierto y tan sólo tuvieron que seguirlo hacia el este para aproximarse a la cascada. Pronto toparon con una balaustrada de piedra que continuaba en un estrecho recoveco, pasando detrás de la cortina de agua. El paseo parecía seguir del otro lado del río, pero Atasiag no fue más allá y Dashvara se apoyó contra la rampa para echar un vistazo prudente hacia abajo. Gracias a la luz de la Gema, pudo ver cómo el agua descendía y descendía hasta abajo, atronadora como un lejano brizzia destrozando troncos. .D Es… impresionante —confesó Dashvara. .Sm -t penso Da hasta vértigo , completó para sí. .P Estaba admirando la cortina de agua cuando, de pronto, Yira dio un respingo y se apartó del borde con brusquedad. .D Por la Serenidad, padre… ¿Qué estás tramando? .P Su voz denotaba exasperación. Dashvara se giró en el momento en que un rayo tenue de luz destelló en la mano de Atasiag. Había sacado su linterna ladrona. Y, en la otra mano, llevaba una especie de lazo rojo. Dashvara frunció el ceño. .D ¿Qué estás haciendo, Eminencia? —preguntó, desconfiado. .P Atasiag le tendió el lazo a Yira y contestó con voz tranquila: .D No me mires así, Filósofo. Simplemente voy a casaros. .P Por un momento, Dashvara creyó haber oído mal. El estruendo de la cascada debía de haber deformado sus palabras, decidió. Atasiag lo desengañó cuando precisó: .D Voy a casaros según la tradición titiaka, bajo la bendición de Cili. .D ¿Bajo la bendición de…? —Dashvara resopló, recobrándose—. Oye, Eminencia, ¿estás de broma? Ya estamos casados desde hace un mes… .D Según tu tradición —lo cortó él—, no según la de Yira. Ella es ciliana. La unión corporal no prueba nada ante Cili. .P La sursha carraspeó. .D Yo… .D Eres ciliana —repitió Atasiag con viveza—. Y, siento veniros con bobadas religiosas, pero yo soy un buen ciliano y me parece importante que mi hija esté casada según unas reglas que yo considero válidas. .D Así que que nuestras Aves Eternas vuelen juntas, eso, para ti, no es válido —concluyó Dashvara con cierta irritación. .D No lo suficiente. .P Dashvara le puso cara aburrida. Atasiag retomó: .D Sé que teóricamente un trabajador no puede casarse, pero estoy dispuesto a hacer una excepción y encargarme yo mismo de una ceremonia básica. Y ahora deja de protestar, Filósofo, y coge esto. .P Dashvara se encogió de hombros y aceptó el lazo negro que le tendía Atasiag. Aquella situación le parecía ridícula pero, como buen Xalya, trató de entenderla y llegó a la conclusión de que sin duda no le parecería tan ridícula si creyera que, sin la bendición de Cili, la pareja estaba condenada al fracaso. .Bpenso Como si ya no tuviera suficiente con las tradiciones xalyas .Epenso , resopló. Pero no emitió ninguna queja cuando Atasiag les pidió que se anudaran los lazos alrededor de una mano. Yira eligió quitarse el guante de la izquierda, ya que la otra mano era puro hueso y energía mórtica y, como había podido comprobar Dashvara, se necesitaban como cinco minutos para deshacer todos los nudos que mantenían el guante donde estaba. Atasiag acabó de anudar él mismo los lazos con la presteza de un sacerdote ciliano y dijo: .D Yira. Quítate el embozo. .P La sursha suspiró pero se lo quitó con su mano libre. Su larga cabellera blanca se arremolinó con el viento y, bajo la tenue luz de la linterna ladrona, su parte muerto-viviente brilló, envuelta en energía. Ante una sonrisa molesta que parecía decir algo así como «no ha sido idea mía», Dashvara puso los ojos en blanco y abrió la boca. .D Cállate, Filósofo. .P Dashvara cerró la boca sin emitir un sonido. .P Con expresión solemne, Atasiag posó una mano sobre las suyas, anudadas, y empezó a recitar un poema religioso en diumciliano que hablaba de fe, de confianza y felicidad. Cuando terminó, se alejó hasta la balaustrada y alargó un brazo hasta tocar el agua. .D ¿Es también costumbre tirarse por la cascada? —gruñó Dashvara. .P Yira rió entre dientes, pero Atasiag volvió sano y salvo y les mojó la frente y las manos antes de declarar todavía en diumciliano: .D Cili bendice vuestra unión, Yira Peykat y Dashvara de Xalya. Si el amor es verdadero, la hará feliz en Háreka y eterna en su reino. .P Sonrió, apagó la linterna ladrona y declaró en lengua común: .D Debo admitir que al principio tenía mis reservas, pero ahora sé que Cili os creó el uno para el otro. —Pese a que estaba de espaldas a la luz de la Gema, Dashvara adivinó su ancha sonrisa—. Bueno, muchachos, ahora estáis casados oficialmente. Espero que hayáis disfrutado de las vistas. Vayamos a casa de Sheroda. No sea que lleguemos tarde después de haber salido tan pronto. .P El titiaka salió de detrás de la cascada y se alejó por el paseo, entre las sombras, silbando alegremente. Dashvara meneó la cabeza con una sonrisa. .D Tu padre no dejará de sorprenderme. Pero ¿sabes? me alegro de que haya hecho esto. .D ¿De verdad? —se sorprendió Yira—. Pero si tú no eres ciliano. .D No —admitió Dashvara—. Pero no es realmente la bendición de Cili lo que nos ha dado, naâsga… sino la suya. —Marcó una pausa y apuntó—: Claro que hubiera preferido que nos bendijera con cuarenta caballos. .P Yira se carcajeó y, sonriente, Dashvara la ayudó a ponerse otra vez el velo. Acto seguido, se metieron los lazos matrimoniales en los bolsillos y se apresuraron a seguir a Atasiag porque, al fin y al cabo, eran sus guardaespaldas y se suponía que estaban ahí para protegerlo. .Ch "El teatro republicano" .\" 18/11/2016 El reencuentro con Sheroda no fue tan desagradable como había temido Dashvara. Cuando llegaron ante el portal de su nueva casa, la Suprema apenas les echó una mirada a él y a Yira antes de aceptar el brazo de Atasiag y encaminarse hacia el teatro con el andar de una reina. Resultaba desconcertante pensar que, en realidad, aquella mujer no era del todo saijit sino una shijan que podía transformarse en un monstruo con dientes azules afilados y ojos monstruosos… Nervioso, Dashvara se esforzó por apartar aquella imagen turbadora de su mente y siguió a la pareja echando ojeadas prudentes a su alrededor. En cuanto se habían metido en el Distrito del Dragón, las calles se habían llenado de gente y de las tabernas bulliciosas se entraba y salía en un vaivén casi continuo. .P El Teatro se situaba, según había explicado Atasiag, justo delante de la Gran Biblioteca y muy cerca del Hospital. Cuando llegaron ante el alto edificio, Dashvara no pudo reprimir una mueca inquieta. Desde luego, si alguien quería asesinar a una persona entre la multitud que se agolpaba ahí, lo tenía más bien fácil. .P .Bpenso ¿Acaso te preocupa que Atasiag muera o temes quedarte sin tus cuarenta caballos, Dash? .Epenso Desechó aquella pregunta con brusquedad y se obligó a calmarse. ¿Quién diablos iba a querer matar a Atasiag Peykat en Dazbon de todas formas? .D ¡Asmoan! —exclamó de pronto el titiaka, alzando su bastón de mando. .P El gran caito agoskureño estaba cerca de la puerta y saludó a su amigo con un gesto de la mano. Tardaron un buen rato en llegar hasta él. .D ¡No sabía que los republicanos fueran tan asiduos al teatro! —soltó con una gran sonrisa, mientras estrechaba la mano de Atasiag—. Espero que vayas a presentarme a la hermosa dama que te acompaña. .D Faltaría más —rió Atasiag—. Ella es Sheroda. Sheroda, te presento a Asmoan de Gravia. .P Con el bullicio, Dashvara no alcanzó a oír la respuesta murmurada de Sheroda. Enarcó una ceja al ver el destello de admiración que iluminó los ojos de Asmoan. .D .Sm -t erare Mawer , ¡el placer es mío! —pronunció—. El simple hecho de estar con vosotros, amigos míos, vale el mejor espectáculo. Pero entremos, estaremos más tranquilos en los palcos. .P Dashvara lo miró, atónito. ¿Estaba soñando o el grandullón agoskureño acababa de pronunciar una maldición en oy'vat? Meneó la cabeza, apartando su desconcierto, y se dedicó a seguir a Atasiag adentro del teatro. Un miliciano los detuvo brevemente, pidiéndoles que enseñaran la licencia de armas, pero pronto se encaminaron escaleras arriba hasta un pequeño balcón interior que daba sobre una enorme sala con bancos y un amplio escenario en el fondo. .P Atasiag, Sheroda y Asmoan tomaron asiento en el palco y ambos amigos se pusieron a conversar animadamente. Saltaban de un tema a otro con rapidez. Hablaron de la vida en Agoskura y de la República de Dazbon. Asmoan se emocionó contando lo bien que estaba organizada la Gran Biblioteca y Dashvara se enteró de que llevaba ya dos semanas en Dazbon, hospedado por el mismísimo archivista de la biblioteca republicana, y de que tenía planeado quedarse todo el invierno hasta la primavera. .D ¡Y tú, amigo mío! —soltó de pronto el agoskureño—. Entonces ¿dices que tu casa en Titiaka no se quemó? .D No, se chamuscó un poco, pero nada irreparable —aseguró Atasiag—. Mi contramaestre ya ha iniciado la rehabilitación. .D Me alegro —sonrió el investigador—. No sabes el susto que me llevé cuando me enteré de lo de la Revuelta. Y oye, ¿vas a volver ahí? .D En cuanto se cure uno de mis huéspedes. Cuando nos fuimos de Titiaka, un pobre muchacho quedó herido. Pero está ya fuera de peligro. Y en cuanto volvamos, Sheroda y yo nos casaremos. Los Yordark me han propuesto un excelente cargo en Titiaka. Si todo va bien, seré Administrador del Tesoro del Consejo antes de que acabe el año —anunció con evidente satisfacción. .P Asmoan dio varias palmas como si fuera a ponerse a bailar la dianka. .D ¡Estupendo! Entonces espero poder verte a menudo estos días. Me paso horas metido en la biblioteca. Confío en ti para sacarme de mi montaña de libros. .D ¡Te doy mi palabra! —clamó Atasiag—. No te irás de Dazbon sin conocer todas sus maravillas. ¿Qué te parece si mañana te pasas por .Sm -t nomlieu La Perla Blanca a la hora de cenar? .D Me parecería fantástico. Si tu prometida no tiene inconvenientes —apuntó Asmoan. .D En absoluto —sonrió Sheroda—. Yo no me hospedo en .Sm -t nomlieu La Perla Blanca . Y mañana estaré muy ocupada con otros asuntos. .P Asmoan había adoptado de pronto una expresión fascinada. .D Claro. Lo entiendo perfectamente. Espero sin embargo volver a veros pronto. No sabía que hubiera… mujeres tan estupendas en Dazbon. .D ¡Asmoan! —lo previno Atasiag, entre enojado y sobrecogido. .D ¿Qué? —sonrió el agoskureño con desenfado—. Oh, ya sé que vosotros, los titiakas, pasáis por tremendas metáforas para loar las bellezas. Disculpa mi bastedad, reina mía. Por cierto, Atasiag, yo todavía no he ido a visitar a nuestra familia. ¿Tienes intenciones de ir tú? .P Atasiag hizo una mueca, como si el tema lo molestara. .D Hace como tres años que no voy a visitar a nuestros parientes —confesó—. Nuestra relación es más bien… fría. .D ¿De verdad? —se extrañó Asmoan. .D De verdad. —Y recostándose en su asiento con desenfado, soltó en voz baja—: Ya sabes cómo son. Conservadores y poco abiertos. Y yo soy más saijit de lo que a ellos les gustaría. Incluso soy ciliano. Para ellos eso es ya un signo grave de decadencia. En serio. Un día, Sarga se rió de mí a carcajadas cuando me vio salir de un templo ciliano en Dazbon. Ni que ellos fueran menos ridículos con sus alabanzas a la Vida y a la Sreda. Somos demonios y orgullosos de serlo, dicen. Venga ya. Se creen más que los saijits cuando en realidad los demonios somos igualitos a ellos… .P Frunció el ceño, siseó entre dientes y se giró de golpe hacia Dashvara. Este había estado escuchando la conversación, cada vez más perplejo. ¿De qué parientes estaban hablando? ¿Y qué era esa historia de demonios? Cruzó los ojos de Atasiag y un brillo en ellos lo estremeció hasta los tuétanos. .D Filósofo —susurró—. Tú no has oído nada, ¿verdad? .P Dashvara vio a Asmoan y a Sheroda mirarlo también y su corazón empezó a martillear contra su pecho. .P .Bpenso Cuidado, Dash. Creo que has escuchado algo que no deberías haber escuchado. Si tomas al pie de la letra lo que ha dicho Atasiag, Asmoan y él son demonios. A saber lo que significa eso, pero está claro que, si Sheroda es un monstruo, ¿por qué no iba a serlo Atasiag también, eh? Oh, diablos… ¿Y por qué iba a serlo? Oh, diablos. Esto debe de ser una mala broma. Estoy desvariando o… .Epenso .D Filósofo —repitió Atasiag, levantándose de su asiento. Dashvara alzó una mirada aprensiva hacia él—. He sido un bocazas. Por favor, simplemente repite estas palabras: no he oído nada, amo. Repítelas. .P Dashvara le echó una ojeada a Yira y la vio tensa pero no sorprendida. Sintiendo una súbita amenaza flotar sobre él, asintió sin más dilaciones. .D No he oído nada, amo. Nada de nada. .D Bien. —Atasiag volvió a sentarse y suspiró—. Estoy tan habituado a decir cualquier cosa delante de mis trabajadores que luego se me escapan tonterías. A menos que sea la edad. O mi estupidez nata. Perdón, Asmoan. Es la primera vez que meto la pata tan a fondo. .P Asmoan seguía mirando a Dashvara con un leve brillo de desconfianza pero readoptó su sonrisa y aseguró: .D Parece un buen muchacho. No creo que se vaya de la lengua. Tranquilo, confío en ti ciegamente, Atasiag. Yo no lo mandaré matar. Además, parece que su compañera ya sabía algo sobre el tema… ¡Vamos, tranquilo! Todo el mundo mete la pata. Olvídate de eso de momento. ¡Ah! —exclamó alegremente—. Ya comienza el espectáculo. .P Dashvara se sentía lívido. Notó la mano tranquila de Yira posarse sobre su brazo, pero apenas se apaciguó. Estuvo tentado de preguntarle si era cierto lo que había oído y luego recordó que no había oído nada de nada y probó a poner la mente en blanco. No lo consiguió. Los pensamientos se arremolinaban en su cabeza, absurdos y aterradores. Que dos tipos tan normales como Atasiag y Asmoan pudieran no ser saijits daba que pensar. Quién sabe, a lo mejor Dazbon estaba llena de demonios y shijans caminando por sus calles… Sonrió con sarcasmo. .P .Bpenso Me temo que esta noche vas a tener pesadillas, Dash. .Epenso .P Unos músicos junto al escenario empezaron a tocar y el teatro se quedó poco a poco en silencio. Dashvara apenas miró el principio del espectáculo con los bailarines y luego no consiguió concentrarse en las palabras de los actores. La gente reía, pero él no sabía por qué. Asmoan, Sheroda y Atasiag soltaban de cuando en cuando comentarios sobre la función. Al cabo, Dashvara se cansó de estar de pie y se sentó en el suelo, entre las sombras del palco. .D Al diablo con la tropa del Srad Andal —gruñó por lo bajo. .D Dash —susurró Yira, agachándose. Sus ojos brillaban de inquietud—. ¿Estás bien? .D No del todo. .P Le dolía la cabeza, tal vez de pensar una y otra vez que tenía a tres monstruos sentados en sus asientos delante de las narices. Y de pensar que Fayrah y Lessi tenían a un padre demonio. Y de pensar que él y su pueblo lo estaban sirviendo y… y… .D Oh, naâsga —suspiró, tomándole la mano—. Estoy bien. Estoy bien —repitió—. Es sólo que… Pero qué importa. Vamos, mientras me dé los cuarenta caballos, como si estuviese sirviendo a un dragón, ¿no? O a una mílfida. O a… Bah. —Inspiró hondo para tranquilizarse—. Estoy perfectamente, naâsga. Perfectamente. .P Le besó la frente y volvió a levantarse con ella. Advirtió la mirada intensa de Sheroda antes de que esta se girara otra vez hacia los actores. En ese momento, haciendo eco al público, Asmoan soltó una ruidosa carcajada. Dashvara suspiró. .D Tú… ¿lo sabes desde hace mucho? —murmuró. .P Yira se encogió de hombros. .D Desde hace años. Pero no es muy importante. .D Nooo —concedió Dashvara con sorna—. Claro que no es importante. Es una nimiedad. No sé ni por qué me pongo en este estado. Con los años me estoy volviendo cada vez más sensible… .P Yira le dio un suave empellón, ahogando una risa. .D Dash, no estoy bromeando. Para nosotros no es importante. .P Entre las sombras del palco, Dashvara miró sus ojos oscuros y sonrió. Se sentía de pronto casi tranquilo. Casi. .D Tienes razón. Contigo, naâsga, podría estar rodeado de monstruos que no me importaría. .D Porque yo soy el peor de todos, ¿verdad? —se burló Yira. .P Dashvara resopló. .D Intentaba ser romántico, Yira. Bah. Este teatro empieza a ser agobiante. ¿Cuánto queda para que los actores se callen? .D ¿Cuánto queda para que tú te calles, Filósofo? —replicó Atasiag, soltándole desde su asiento una mirada entre burlona y exasperada. .P Dashvara hizo una mueca al percatarse de que ya no estaban hablando tan bajo y calló sabiamente. Tras largo rato, el primer acto acabó y Asmoan y Atasiag se pusieron a comentar el arte de los actores mientras que Sheroda parecía estar aburriéndose mortalmente. Poco después pasó un empleado del teatro con un carro lleno de botellas. .D ¿Deseáis beber algo? —les preguntó. .D Por supuesto —asintió Atasiag—. ¿Has probado ya el licor de sigria, Asmoan? ¿No? Pues esta noche lo vas a probar: es de lo mejor de Dazbon. Invito yo. ¿Y tú, Sheroda? ¿Nada? ¿De verdad? Bueno. Pues serán dos licores de sigria. .D Eso es un detta, señor —dijo el empleado. .P Atasiag le dio la moneda a Dashvara y este, como buen esclavo que era, se la entregó al republicano, recogió los vasos y se los tendió al titiaka y al agoskureño. Cuando Asmoan aceptó el suyo, Dashvara sintió una repentina descarga y dio un bote hacia atrás con el corazón desbocado y los ojos agrandados. Que no lo iba a matar, había dicho. Venga ya… .D Asmoan —gruñó Atasiag—. ¿Qué demonios haces? .P Un brillo divertido y culpable destellaba en los ojos del investigador. .D Dime, ¿nunca has hecho experimentos? —inquirió. .P Atasiag frunció el ceño. .D No. .D ¿De verdad? ¿Jamás de los jamases? Lo suponía. Aunque, teniéndolos tan a mano, la tentación debe de ser fuerte… .D Para ti lo sería, tal vez. Pero yo no soy un científico y no siento ninguna tentación —aseguró Atasiag con voz cortante. .P Asmoan se encogió de hombros, no le dio más vueltas al tema y se concentró en el segundo acto que acababa de empezar. Dashvara retrocedió en el palco tanto como pudo. .D ¿Qué te ha hecho? —preguntó Yira en un murmullo. Parecía inquieta. .D No lo sé —admitió Dashvara—. Ha sido como… una descarga. Son celmistas, ¿verdad? .P Yira sacudió la cabeza. .D No tengo ni idea de lo que son. Sólo sé que… .D Que no es importante —completó Dashvara con ironía. .D No. Quería decir que sólo vi una vez su verdadera forma —cuchicheó tan bajo que Dashvara apenas la oyó. .P Este sintió un escalofrío recorrerlo. .D Así que se transforman. .P Yira no contestó. Cuando Dashvara siguió la dirección de su mirada y vio a Atasiag fulminarlos con los ojos, carraspeó en silencio y decidió callarse para el resto de la noche. Total, tenía la impresión de que ya había aprendido demasiadas cosas aquel día. Más que demasiadas. .P La velada se le hizo interminable. Cuando oyó al fin al público aplaudir el tercer acto, estaba bostezando y lamentando no haber echado una siesta como Atasiag a la tarde. Los espectadores se fueron levantando de sus asientos y Dashvara salió de su inmovilidad con la impresión de haber sido aplastado por un brizzia. .D Filósofo, ¿me estás escuchando? .P Dashvara se sobresaltó y se dio cuenta de que los tres monstruitos se habían levantado y acercado a la salida del palco. Atasiag lo miraba con paciencia. .D Te he preguntado que qué te ha parecido el espectáculo. .P Dashvara resopló. .D Largo. .P Atasiag enarcó una ceja y esperó unos segundos más antes de soltar con cara decepcionada: .D ¿Eso es todo? .P Dashvara hizo una mueca. .D Sí. Bueno… es que no estaba muy atento. No sé qué de un reino, unas princesas feas y un zopenco que quiere casarse para heredar. —Se encogió de hombros y apuntó—: Me gustó mucho la música durante las pausas. .P Atasiag levantó los ojos al cielo, Asmoan se carcajeó y los labios de Sheroda se curvaron. .D Espero —sonrió Atasiag— que la opinión del que escriba en la gaceta de Dazbon sobre este espectáculo sea un poco más favorable. Anda, salgamos de aquí. Sheroda —añadió mientras se dirigían hacia las escaleras—, has estado muy callada esta noche. ¿Es que no te ha agradado el teatro? .D En cierto modo, creo que opino un poco como el estepeño, Atasiag —confesó la Suprema—. Aunque no niego que los actores eran muy buenos. Y si estoy un poco callada, simplemente es porque estoy cansada. .D Entonces te acompañaré directo a tu casa. ¿Quieres que haga venir una carroza? .P Sheroda se carcajeó por lo bajo. .D Mi casa está apenas a diez minutos andando, querido. No seas ridículo. .D Ya… Entiendo. Y oye, ¿seguro que no quieres que te deje a Wassag y a Yorlen para que cuiden de ti? Son unos muchachos muy serviciales y… .D No necesito que nadie me cuide, Atasiag —lo cortó Sheroda con suavidad—. Y tampoco necesito esclavos. A ver cuándo se te mete eso en la cabeza. .P El titiaka se ruborizó levemente. .D Claro. Perdón si te he insultado, querida. .D No, si ya me estoy acostumbrando a tus manías —se burló Sheroda—. Simplemente tú acostúmbrate a las mías. .P Dashvara percibió la sonrisa sumamente divertida de Asmoan de Gravia mientras salían. Afuera, un viento frío barrió su cansancio y lo espabiló de golpe. .D Bueno, amigos míos —soltó el agoskureño—. De aquí me voy directo a la Gran Biblioteca a dormir entre mis libros. Ha sido un placer, qué digo, una alegría, pasar esta velada con vosotros. Nos vemos mañana, Atasiag. .P Mientras su amigo le contestaba, Dashvara paseó una mirada a su alrededor. Era ya muy tarde y casi todas las tabernas de la plaza estaban cerradas. La mayoría de los espectadores se marchaba ya, dispersándose por las calles entre una bruma fría y densa. La luz del Hospital apenas se distinguía. .P Mientras la alta silueta de Asmoan se alejaba hacia la Gran Biblioteca, Atasiag y Sheroda tomaron el camino de vuelta. .D Ja. ¿Has visto al viejo Naskag Nelkantas, querida? —decía el federado con ligereza—. Está aviejado: a lo mejor no lo has reconocido. Estaba sentado unos palcos más lejos. Ha intentado saludarme. Ese perro traidor. —Rió entre dientes—. Debe de estar desesperado en su exilio. Todo el mundo sabe cuánto le repugnan los republicanos. Pues si cree que yo le voy a hacer favores, puede esperar sentado. .P Dashvara recordó que los Legítimos Nelkantas habían sido exiliados por ayudar a los Unitarios a levantarse. Mientras Atasiag seguía hablando, dejó de escucharlo: sus intrigas no le interesaban ni un grano de arena. .P Estaban llegando al Templo del Ojo cuando, sin previo aviso, Yira se detuvo y se tambaleó. Asombrado, Dashvara tendió una mano… y la recuperó de milagro cuando ella cayó de bruces. El terror lo invadió como una ola petrificante. .D ¿Yira? ¡Yira! .Ch "La cueva misteriosa" .D ¡Yira! —exclamó Dashvara, aterrado. Antes de que cayera al suelo, la tomó entre sus brazos, preso del pánico. Los ojos de la pequeña sursha estaban cerrados. .P Atasiag se agachó junto a él con cara ensombrecida. .D Ha abusado de sus energías. No le quites el embozo, idiota. .D No se lo he quitado. ¿Qué quieres decir con que ha abusado de sus energías? .D Estaba utilizando sortilegios para disimular a Asmoan lo de… ya sabes qué. Ya le dije que era remoto que se diera cuenta pero… En fin, se ha agotado, eso es todo. Algún día me matará del susto. Sigamos avanzando. .P Algo tembloroso, Dashvara levantó a la sursha y siguió a Atasiag y a Sheroda por las calles del Distrito del Dragón con ganas ya de volver junto con sus hermanos. Aquel día estaba compitiendo con los más turbadores de su vida. Había pasado toda la mañana en un barco, medio mareado, se había deslomado descargando barriles con ladrones dentro, se había casado, había descubierto que su amo era un demonio y ahora Yira se desmayaba… .D ¿Y qué pasaría si él la descubriera? —preguntó de pronto—. Al fin y al cabo, si él y tú sois… lo que no he oído, no debería asustarlo demasiado verla. .P Ya se estaban metiendo en la calle de Sheroda, junto a un canal. Atasiag se detuvo y lo miró con cara sombría. .D Te equivocas. Yo no soy como los de mi calaña. Por lo general, somos unos fervientes detractores de… esa energía —murmuró, señalando a Yira—. Si la descubrieran… prefiero no pensar en qué pasaría. Sigamos. .P Le dio la espalda y Dashvara lo contempló con los ojos agrandados. .D Oh… diablos —maldijo. Y siguió avanzando. .P Llegaron ante el portal, Sheroda lo abrió y Atasiag alzó una mano para pedirle a Dashvara que esperara fuera. Este gruñó y se sentó en el umbral sin soltar a Yira. A saber lo que tramaba ahora ese demonio. Tardó una eternidad en volver a abrir la puerta y, cuando lo hizo, iba vestido con atuendos oscuros republicanos y con un pañuelo negro ajustado alrededor de la cabeza. .D Dámela. La llevaré a un cuarto y Sheroda cuidará de ella. Tranquilo, mañana a la mañana estará como nueva —prometió. .P A regañadientes, Dashvara le dio a Yira y Atasiag desapareció por una puerta del corredor. Pronto volvió a aparecer, salió y cerró detrás de él. .D Sígueme. .P Dashvara frunció el ceño pero lo siguió. .D ¿Adónde vamos ahora? .P Atasiag no contestó y la aprensión empezó a vibrar en el corazón de Dashvara. Recordaba muy nítidamente las palabras de Asmoan. .Sm -t paroles Yo no lo mandaré matar . Lo había dicho con tal tranquilidad… Pero era absurdo pensar que Atasiag pudiese querer matarlo por lo que había oído: al fin y al cabo también sabía que Sheroda era una shijan y él había dado por sentado que Dashvara no hablaría de ello. Y, por supuesto, Dashvara había guardado el secreto. Además, él iba armado con dos sables mientras que Atasiag tan sólo debía de llevar una daga escondida y poco más. Claro que, si eran magos, a lo mejor tenía otras técnicas para defenderse… .P .Bpenso Francamente, Dash, deja de pensar disparates. Conoces a Atasiag. Sea un demonio o no, sabes que no sería capaz de matarte. .Epenso .P Cuando se metieron en una callejuela completamente desierta, Dashvara empezó a preocuparse. Rompió al fin el silencio. .D Maldita sea, Eminencia. ¿Vas a decirme adónde vamos? .P Atasiag giró levemente la cabeza y se encogió de hombros. .D Quiero enseñarte algo. .P Dashvara se detuvo, nervioso. .D Muy bien. Pero dime antes qué es eso que quieres enseñarme. .P Atasiag se giró en la estrecha calle. Lo poco que se podía ver de su rostro estaba sumido en las sombras. .D Estás asustado. .P Su voz sonaba decepcionada. Dashvara hizo una mueca. .D No. Sólo tengo dudas. Es un poco natural. .D No lo es. Soy tu amo: deberías confiar en mí —retrucó Atasiag. Dashvara reprimió mal una risa sarcástica. Tras un silencio, el titiaka añadió—: Y ahora no confías en mí. Me sorprendes, Filósofo. .P Dashvara rió entre dientes. .D Tú me has sorprendido más a mí esta noche, Eminencia. Si dudo es porque simplemente no tengo ni idea de qué es eso de ser un… ya sabes. Tal vez lo que me hayan enseñado sobre esas criaturas en la estepa sean sólo mentiras, pero la palabra no suena muy halagadora de todas formas. .P Sintió que Atasiag se acercaba y retrocedió un paso. El titiaka se paró. .D Esto es ridículo, Filósofo. Sigo siendo el de siempre. ¿Quieres ver lo que soy realmente? Pues adelante. Acércate. Te lo enseñaré. No es nada del otro mundo. Los cambios físicos son mínimos. Acércate —ordenó. .P Dashvara inspiró hondo, se tragó sus aprensiones y se acercó. Atasiag encendió muy levemente su linterna y Dashvara pudo de pronto ver sus ojos rojos como la sangre y sus pupilas negras reducidas a unas rendijas. Con una mano, el demonio apartó el pañuelo negro de su rostro y unas marcas más oscuras que la noche aparecieron, nítidas en su cara de humano. .D ¿Satisfecho? —soltó. .P Dashvara vio sus dientes afilados, pero no se arredró. El tono de Atasiag rezumaba una clara irritación. Y también había un deje de expectación y miedo. Y cómo no iba a sentir miedo: le estaba enseñando a Dashvara algo que probablemente lo hubiera condenado a muerte en una ciudad saijit. Dudaba de que Dazbon admitiese bien a los monstruos que se transformaran así. Pese a que, según él, los cambios fueran «mínimos», el aspecto de su amo era bastante escalofriante. .Bpenso Pero con lo habituado que estás ya a ver cosas extrañas, Dash, no debería asustarte. .Epenso Tragó saliva. .D Satisfecho —murmuró—. Perdón, Eminencia. .P Atasiag enarcó una ceja. Sus marcas desaparecieron y sus ojos, clavados en los de Dashvara, volvieron a ser castaños oscuros. Apagó la linterna ladrona. .D Entonces, ¿confías en mí? .P Dashvara asintió sin dudarlo. .D Sí. .D Bien —suspiró Atasiag. Parecía aliviado. .D Bueno… ¿qué querías enseñarme? .D No seas impaciente. —Dashvara notó un claro cambio de tono en su voz: esta había vuelto a ser más alegre y ligera—. Sígueme y lo verás. .P Lo siguió sin poder evitar hacerse una inquietante pregunta: ¿qué habría hecho Atasiag si él hubiera salido corriendo o si hubiese desenvainado los sables? Bien recordaba que, al ver a la shijan transformada, su primer reflejo había sido buscar sus armas. Luego había intentado huir pero el hechizo de la shijan se lo había impedido… A lo mejor Atasiag tenía poderes parecidos y simplemente los utilizaba en casos de extrema necesidad. ¿Quién sabe? Sinceramente, Dashvara prefería no averiguarlo jamás. .P Dejó sus elucubraciones a un lado mientras Atasiag se detenía junto a un muro, casi al final del callejón. Lo vio agacharse y estirar algo pero en la oscuridad fue incapaz de adivinar el qué. .D Adentro —murmuró el ladrón. .P Dashvara se agachó junto a él y comprobó que se encontraba ahora ante una especie de pequeño túnel abierto. Despedía un olor poco recomendable. Pero de todas formas Dashvara se adentró a gatas, bajando una especie de rampa. Se encontró en las tinieblas más totales. Con cierto alivio, sintió que Atasiag lo seguía. El titiaka cerró la puerta antes de encender la linterna ladrona e iluminar tenuemente el túnel. Este era angosto pero, al de unos pasos, el techo se hacía más alto, permitiéndoles suficiente espacio para mantenerse de pie. Llegaron a una encrucijada y Dashvara se detuvo, interrogante. .D Por aquí —susurró Atasiag. .P Pasó delante, eligiendo un túnel que se iba estrechando y se agachó otra vez. Dashvara gateó detrás de él, cada vez más perplejo. ¿Adónde diablos le estaba guiando esa serpiente? .P Tras largo rato, empezó a oír un ruido regular que lo hizo fruncir el ceño. Llegaron ante unas escaleras viejas de madera que subían. Estaban llenas de polvo. Una vez arriba, se encontraron ante una pequeña puerta. Atasiag pasó una mano por la cerradura y pareció concentrarse antes de empujarla. .P Lo que descubrió dejó a Dashvara todavía más desconcertado. Estaban otra vez fuera, en… ¿una cueva? Aquel rumor fuerte era el océano, entendió. Atasiag cerró la puerta detrás de ellos, intensificó la luz de su linterna y declaró con una ancha sonrisa: .D Esta es la Cueva del Canto Negro. Estamos en los Acantilados de los Huesos. .P Un eco solemne retumbó en la gruta. Dashvara carraspeó en silencio. .D ¿Y? —preguntó. .D Esta cueva me ha salvado la vida más de una vez —admitió Atasiag. Realizó un gesto para que lo siguiese—. Con cuidado. Hay medusas de roca que viven por aquí. Si las pisas, son resbaladizas y encima se te agarran al pie. .D Fantástico —replicó Dashvara mientras lo seguía con pies de plomo—. Dime, Eminencia, ¿no me habrás traído aquí simplemente para que vea una maldita cueva con medusas? .D ¿Y qué si fuera el caso? —Se giró y sonrió al ver la cara fúnebre de Dashvara—. En realidad, te he traído aquí para entregarte algo que te va a interesar. .P Dashvara resopló. Mientras caminaban por entre estalagmitas de roca, se fijó en que estas tenían incrustadas numerosas pequeñas piedras que emitían una luz suave. Se sorprendió contemplándolas, embelesado. .D ¿Conoce Yira este lugar? —preguntó. .P Atasiag negó con la cabeza. .D No. Esta cueva la utilizaba más antes. Hace como cinco años que no entraba aquí. Espero que nada haya cambiado. —Dio unos pasos y se inclinó por encima de una estalagmita partida. Para asombro de Dashvara, metió la mano dentro de un agujero que había en el centro y retiró un objeto. Una botella. Dashvara se carcajeó. .D Esta noche no paras de sorprenderme, Eminencia. Entre tu arrebato ciliano, tu metedura de pata y la botella, me tienes suspenso. .D Cógela y deja de hablar. .P Dashvara la cogió. El cristal estaba helado. Aceptó también la linterna e iluminó a Atasiag mientras este seguía trasteando en el hueco de la estalagmita. Sacó una pequeña caja y se la metió en el bolsillo. Se alejó hasta otra estalagmita y se agachó para agarrar del fino hueco de una pared algo que sonaba a madera. .D Ayúdame a sacar esto, Filósofo —resolló. .P Dashvara posó la botella y la linterna en el suelo y forcejeó con él, cada vez más curioso. Metieron un escándalo por toda la cueva. Cuando retiraron al fin el arcón, silbó entre dientes. .D ¿Vas a hacerme creer que tú metiste eso ahí solito? .D Me ayudó Lisag. Mi hijo menor —explicó. .P Dashvara estudió su rostro con sorpresa mientras Atasiag se pasaba una mano sobre la frente empapada de sudor. Vaciló antes de observar: .D Jamás hablas de tus hijos. .P Atasiag alzó bruscamente la cabeza y Dashvara se ruborizó al darse cuenta de que se estaba metiendo donde no lo llamaban. Señaló el arcón e iba a preguntar si acaso llevaba ahí a algún cadáver de escama-nefando dentro cuando, de golpe, la luz de la linterna se apagó. Atasiag siseó. .D ¿Dónde diablos has dejado la linterna? .D En el suelo. Debe de estar por aquí… .D Una linterna ladrona jamás se apaga tan rápido sola. ¿Te has sentado encima? .D No —murmuró Dashvara—. Maldita sea, no la encuentro. —Se tensó—. Oigo ruidos. .P De hecho, se oían chasquidos extraños y silbidos no muy lejanos. Atasiag gruñó. .D Eso no son medusas. .P Lo oyó levantarse y Dashvara agrandó los ojos en la oscuridad. La luz de las pequeñas piedras no iluminaba lo suficiente para lograr ver algo más allá de las propias estalagmitas. .D Oye, Eminencia, ten cuidado —graznó—. Podrías golpearte con algo… —Oyó un sonido bajo pero agudo que no le dijo nada bueno—. ¿Qué ha sido eso? .P Se levantó muy poco a poco, alzando las manos para evitar chocarse con las rocas de la pared. Luego, desenvainó un sable. Oyó los pasos precipitados de Atasiag. ¿Cómo diablos hacía para estar corriendo en aquella oscuridad? .D Filósofo. Ayúdame a transportar el arcón. Nos vamos de aquí. .D ¿Qué son? —inquirió Dashvara mientras envainaba el sable. .D Kraokdals. Por alguna razón han subido de los túneles inferiores. Normalmente viven en los Subterráneos. Deben de haberse instalado hace poco. Por la Serenidad, muévete. No querrás cruzarte con ellos. .D ¿Y la linterna? .D La tenía una medusa de roca. Son unas malditas ladronas —masculló y resopló por el esfuerzo cuando levantaron el arcón. .D Si tienes… la… linterna —resolló Dashvara—, ¿por qué no la enciendes? .P Hubo un silencio y entonces Atasiag dijo: .D Cierto. Total, los kraokdals son ciegos así que no creo que los atraiga. Voy a posar el arcón un momento. .P Posaron otra vez el arcón y pronto la luz de la linterna volvió a iluminar la cueva. En un segundo, Dashvara se fijó en tres detalles: en que Atasiag estaba de nuevo transformado en demonio, en que varias masas deformes de color verde brillante se deslizaban por el suelo rocoso y, finalmente, en que una gran criatura semibípeda y verdosa acababa de aparecer por un túnel a una veintena de pasos. El gruñido que emitió la bestia no lo espantó tanto como sus enormes garras y colmillos. .P Al segundo siguiente, Dashvara estaba con los sables en mano. .D ¡Deja el arcón, Eminencia! —gruñó—. Vayámonos de aquí. .P Atasiag sacudió la cabeza. .D Entonces volvámoslo a meter en el agujero. Las medusas serían capaces de robar lo que hay dentro. .P Por un instante, Dashvara lo miró con los ojos abiertos como platos. De pronto, el kraokdal dio un golpe contra la roca y se abalanzó hacia ellos. Que eran ciegos, decía. Y un infierno. Dashvara se apartó de la pared con brusquedad. Al ver que Atasiag vacilaba, gritó: .D ¡Atrás, maldito loco! .P Sin pensárselo más, volvió junto a Atasiag y lo adelantó para arremeter contra la bestia. Evitó de milagro un zarpazo gracias a una pequeña estalagmita: esta emitió un estruendo cuando estalló en mil pedazos. Sólo faltaba ahora que la cueva se desmoronase sobre ellos. Estaba a punto de recibir un nuevo ataque de la bestia cuando, para asombro suyo, el kraokdal se detuvo y giró su cabeza hacia Atasiag. No tenía ojos: sólo un enorme morro con dientes y pelos. ¡Y menudas garras tenía! Dashvara aprovechó su vacilación y, sin dilaciones, hundió los sables en la garganta del monstruo. Evitó otro zarpazo y retrocedió precipitadamente mientras el kraokdal aullaba, atragantado, y trataba de atacarlo. Tras unos bramidos ahogados, la bestia se derrumbó. Las medusas de roca se apartaron de golpe para evitar ser aplastadas. Viniendo del túnel de donde había salido la criatura, se oyeron nuevos gruñidos. .D ¡Oye, Eminencia! —bufó Dashvara—, ahora sí que nos vamos. .P Los ojos rojos de Atasiag se clavaron en los suyos. .D Tenemos tiempo. Sacaremos el arcón de aquí. .P Dashvara siseó, contrariado, e iba a protestar pero Atasiag insistió: .D Venga, ¡date prisa! .P Dashvara lo maldijo mentalmente pero obedeció: envainó los sables, recogió una extremidad del arcón y ambos empezaron a trastabillar por la cueva. Los gruñidos se intensificaban y Dashvara temía que en cualquier momento se encontrasen rodeados por esas criaturas. En tal caso, les auguraba poca probabilidad para salir de ahí. Mira que era cabezota ese loco con su caja… .P Alcanzaron la puerta y posaron el arcón. Atasiag empujó las manos contra el batiente de madera y Dashvara adivinó que estaba haciendo algún truco de magia. .Sm -t penso ¿No podría haberla dejado abierta? pensó. Súbitamente, los kraokdals se pusieron a aullar. Habían debido de oír los gritos de dolor de su compañero. .D Rápido —dijo Atasiag, tirando al fin de la puerta. .D Es inútil —tartamudeó Dashvara mientras cargaba otra vez con el arcón. Los kraokdals estaban ya casi sobre ellos y como él les daba la espalda para llevar la maldita caja no iba ni a poder mirar la muerte a la cara… .D ¡Al suelo! —bramó de pronto Atasiag. .P Dashvara dejó caer el arcón y rodó sobre el suelo de roca. Una gran piedra se estrelló contra el batiente abierto de la puerta. ¡Sólo faltaba que les tirasen proyectiles! Estaba intentando sacar sus sables cuando una maldita medusa se le agarró al pecho y otra a la pierna. Sin lograr deshacerse de ellas, se levantó y, cuando vio a un kraokdal tirarse sobre él, se despidió de la vida. Por un feliz azar, la bestia resbaló sobre una masa de medusas y cayó de bruces ante Dashvara. Este acabó de desenvainar uno de los sables y le dio un golpe mortal en la cabeza antes de abalanzarse hacia la puerta. Alcanzó el batiente y se detuvo junto a Atasiag en el momento en que otra criatura aparecía entre las sombras de dos estalagmitas, corriendo hacia ellos. No dio crédito a sus ojos cuando vio al titiaka, de rodillas, en el umbral, tratando de estirar el arcón fuera de la cueva. .P .Bpenso Está completamente loco… .Epenso .P Varias medusas estaban subiéndosele por las piernas, pero las ignoró y dejó los sables en el descansillo antes de agarrar el asa para juntar su esfuerzo al de Atasiag. Tiró de todas sus fuerzas. .P Y el arcón se movió al fin: cayó por las escaleras armando un escándalo. La linterna se apagó, pero Dashvara se apresuró de todas formas a cerrar la puerta ante las narices del kraokdal. Se oyó un golpe tremendo del otro lado de la puerta. El kraokdal iba a romperla, se lamentó. .D Oh, Liadirlá —gruñó. Recogió sus sables en la oscuridad—: Eminencia, vuelve a encender la linterna, ¿quieres? —Frunció el ceño y giró levemente la cabeza—. ¿Eminencia? .P Entonces entendió que Su Eminencia se había caído por las escaleras con el arcón. .Ch "Demonios y embajadas" .D F-Filósofo. Oh… Cili misericordiosa. Me duele todo. .P Tras envainar maquinalmente los sables en la oscuridad y bajar las escaleras con cautela, Dashvara llegó al fin abajo y percibió los suaves resoplidos de Atasiag. El kraokdal había dejado de golpear la puerta. .D Pues claro que te duele todo —masculló Dashvara—. Es un milagro que sigas vivo después de una caída así. Cómo se te ocurre arriesgar nuestras vidas por un maldito arcón, Eminencia… ¿Dónde está la linterna? —preguntó. .P Al fin, la luz iluminó el corredor. Atasiag estaba sentado sobre el arcón, masajeándose el hombro y la cabeza. Tenía sangre sobre esta. .D Tienes un aspecto horrible —se alarmó Dashvara. .D Habla por ti. Con esas medusas, pareces sacado del mismísimo bestiario de monstruos. .P Mira quién habló, pensó Dashvara, mirando los ojos rojizos y las marcas negras brillantes de Atasiag. Pensándolo bien, era un milagro que Atasiag no estuviese en peor estado después de haber bajado rodando por aquellas escaleras. .D La piel de demonio es más resistente que la de un saijit —explicó Atasiag, como adivinando sus pensamientos. .P Dashvara dejó escapar un sonido gutural indefinible y, tras asegurarse de que la herida de Atasiag era superficial, se ocupó de deshacerse de sus medusas. Una a una, las fue lanzando escaleras arriba. Tal vez serían capaces de pasar por la rendija de la puerta para retornar a su hogar. .D Mucho mejor —suspiró Dashvara, aliviado—. Espero que tu arcón haya merecido el esfuerzo. Deberíamos alejarnos antes de que los kraokdals vuelvan y rompan la puerta. .P Atasiag sacudió la cabeza. .D La puerta está encantada: los kraokdals no podrán romperla. O eso espero. De todas formas, podemos transportar el contenido y dejar el arcón aquí de momento. Será más rápido. Ya lo haré sacar por mis muchachos un día de estos. —Se levantó—. Abre la tapa. Toma, aquí está la llave. .P Dashvara tomó la llave y abrió el arcón. Había tres sacos. Tras echar un vistazo al primero, resopló, anonadado. .D He arriesgado la vida por unos malditos libros. .D Son libros valiosos —retrucó Atasiag—. Algunos son ejemplares únicos y el más barato no vale menos de cien dragones. Tal vez te interese saber que uno de ellos ha sido escrito por un Antiguo Rey de la estepa. —Al oírlo, Dashvara agrandó los ojos, asombrado—. Como lo oyes. ¿Ves ese sable de ahí? —añadió. .P Dashvara se inclinó para coger el arma por la vaina. De hecho, era un sable. Y, como pudo comprobar, la hoja era tan negra como el carbón. .D Es como el sable de Yira —observó, sorprendido. .D Acero negro —aprobó Atasiag—. Es un metal poco común, tan ligero y resistente como el mítico acero de sethrag. Ambos sables pertenecieron al mismo rey. Si te fijas, en la empuñadura está inscrito el lema de su familia así como su nombre, un tal Siranaga, que fue… .D Sé quién fue —lo cortó Dashvara, incrédulo—. Siranaga el Aventurero. Fue un Antiguo Rey que decidió partir en busca de un mito y no regresó. ¿Este arcón le pertenece? .D No, para nada. El arcón me lo regalaron unos amigos en Agoskura cuando me fui de ahí. Desde entonces, lo uso para meter objetos valiosos que no necesito —sonrió—. Los sables me los vendió un comerciante algo apurado por un precio irrisorio. Era agoskureño y no reconoció el nombre de Siranaga grabado en las hojas. No entendió que acababa de venderme una verdadera reliquia. —Sus ojos chispearon—. Me quedé con su diario por el mismo precio. Está escrito en oy'vat, así que jamás pude leerlo correctamente. Aquí está —dijo, sacando un viejo cuaderno de entre los libros—. Está relativamente en buen estado. Los Antiguos Reyes de tu estepa usaban papel de calidad. .P Se lo tendió a Dashvara y este, posando el sable negro, aceptó el diario con una mezcla de respeto e incomodidad. Gracias a la luz de la linterna, pudo leer las letras del título, escritas a mano: .Sm -t titulo "Meditaciones de un estepeño" . Iba firmado «Siranaga de Rorsy». .D ¿Por qué lo compraste? .D ¿Me encuentro con el diario de un rey y voy a dejarlo en manos de un comerciante que ni sabe lo que vende? —Atasiag rió—. No soy un erudito ni un científico como Asmoan, pero sé reconocer el valor de un objeto. Podría revenderlo a un museo de Dazbon por más de doscientos dragones. Al principio, pensé regalarle este libro a Asmoan… pero creo que hay una persona que tiene más derecho que él a leerlo. —Marcó una pausa y Dashvara alzó la mirada del diario para percatarse de que el titiaka lo observaba con una pequeña sonrisa—. Desde ahora, este sable y este diario te pertenecen, Dashvara de Xalya. Haz con ellos lo que creas conveniente. .P Dashvara no supo qué decir. Ya tenía sables, y libros sobre los Antiguos Reyes los había leído a montones, pero el simple hecho de que Atasiag hubiese pensado en regalarle aquello significó mucho para él. Era un poco como si, en ese instante, estuviera reconociendo que era más Xalya que esclavo. Se inclinó como cualquier Xalya se hubiera inclinado en esas circunstancias. .D Acepto el regalo y te doy las gracias, Atasiag Peykat. .P El titiaka agitó suavemente la cabeza, sonriente. .D Gracias a ti, hijo mío. Sólo lamento no poder sacarte caballos del arcón. .P Dashvara se carcajeó, porque acababa de pensar exactamente lo mismo. .D No cabrían en estos túneles —bromeó y señaló los tres sacos—. ¿Qué hay ahí dentro? .P Atasiag puso cara burlona. .D Cosas mías. Lo llevaremos a casa de Sheroda. No me fío ni una garfia de los empleados de .Sm -t nomlieu La Perla Blanca . .P Dashvara se encogió de hombros y cargó con los dos primeros sacos. Atasiag se colgó el otro al cinturón emitiendo un gruñido de dolor al erguirse. .D Malditos kraokdals… .salto Al día siguiente, lo primero que quiso hacer Dashvara fue dirigirse a casa de Sheroda y asegurarse de que Yira estaba bien. Sin embargo, Atasiag tenía otros planes. Primero, Dashvara tuvo que mandar a tres voluntarios a hablar con Asmoan de Gravia, como prometido: fueron finalmente Miflin, Lumon y Sedrios el Viejo. No le gustaba la idea de mandar a su gente a charlar con un demonio sin que ni siquiera supiese que lo era, pero no se le ocurrió cómo podría negarse sin complicar las cosas. A continuación, escoltó a Atasiag hasta la Casa Mercante, una especie de lujosa taberna donde se reunían los comerciantes para vender y comprar artículos. Ahí Atasiag dio los buenos días a varios conocidos y se instaló a una mesa con un republicano, que era hermano, según Dashvara entendió, de un importante patricio. .P Tras unas educadas preguntas, ambos se pusieron a hablar de precios. Arrimado a un muro, Dashvara los escuchaba a medias y dejaba de cuando en cuando vagar su mirada por las mesas apartadas del local. .D ¡Es vino de la Comarca Azul, amigo mío! —protestaba Atasiag Peykat—. El mejor vino de toda la costa oeste. No sé si sabrás que en Titiaka un tesoro así se vende a treinta dragones el barril, ¡mínimo! Sé de un compatriota mío algo impulsivo que decapitó a su esclavo al instante por haber derramado un vaso de ese vino. En Dazbon, con las tasas, treinta y dos por barril es una ganga. Yo te ofrezco aún mejor: toda la mercancía, con los sacos de hierbas incluidos, por mil doscientos. Es un precio más que generoso. .P El patricio agitó suavemente su vaso de vino y, sorpresivamente, dejó de regatear: .D ¡Que así sea! Te lo compro todo. Seguro que mi hermano estará encantado. .P Atasiag sonrió. .D Sabrá apreciar el vino y las hierbas, si es tan conocedor como he oído. .P Ambos estaban satisfechos. El patricio le invitó a la Fiesta de la Constitución, la semana siguiente, Atasiag aceptó, firmaron papeles y se despidieron. El resto de la mañana lo pasaron los Xalyas cargando con los barriles de vino y transportándolos a casa de los Parvel, en el Distrito Bello. Cuando regresaron al albergue de .Sm -t nomlieu La Perla Blanca , estaban reventados. Miflin, Lumon y Sedrios ya habían vuelto, así como Yira, constató Dashvara con alivio. La sursha estaba en plena conversación con las primas de Alta y Dashvara creyó oír la palabra «estoque» antes de que la ruidosa llegada de la tropa de Xalyas ahogara las demás conversaciones. .D ¡De la que te has librado, Poeta! —exclamó Zamoy, dándole un coscorrón a su hermano—. ¡Hemos sufrido más que los burros de Symjablás! .D Pues ya me habría gustado estar con vosotros —replicó Miflin—. Ese agoskureño me ha puesto de los nervios. Nos ha acribillado a preguntas. No acabo de entender cómo un tipo que llega de tan lejos puede estar tan interesado en nuestra cultura. .D ¿Qué tanto ha preguntado? —inquirió el capitán. .D Cosas sobre el Ave Eterna, principalmente —contestó Lumon—. Y sobre cómo cayeron los Antiguos Reyes. —Sonrió con sorna—. Nos ha preguntado si la Torre del Ave Eterna existía. .P Varios resoplaron y el capitán soltó una risita. .D ¿Y qué le habéis contestado? .D Que la habíamos visto de lejos —dijo Miflin—. Le hemos tenido que explicar que los Esimeos eran unos canallas y que no nos dejaban pasar para ir a verla de cerca. El muy loco dice que tiene pensado ir. .P Dashvara se atragantó con su saliva. .D ¿Quiere ir a la estepa? .D Ajá —afirmó el Poeta con una ancha sonrisa—. Dijo que estaba dispuesto a pagarse una escolta. Pero, cuando le dijimos que sí, sí, y que necesitaríamos como cuarenta caballos, armas y víveres, dijo que se lo pensaría. Me temo que no tiene dinero para tanto. .P Dashvara no pudo evitar sonreír. .D Si tan sólo pudiésemos encontrar a tres o cuatro Asmoan más, estaríamos en la estepa en menos de una semana. .P Su afirmación arrancó sonrisas a unos cuantos. El capitán puso los ojos en blanco. .D Es difícil encontrar a dos locos que vayan a un mismo sitio —reflexionó—. Pero, si Asmoan quiere ver esa torre, a lo mejor Atasiag le echa una mano… .P La esperanza de los Xalyas iba subiendo como una flecha. Dashvara tuvo la certidumbre de que no tardarían tanto como había previsto en salir de Dazbon. Encontrarían un método, fuese cual fuese. .P Aquella tarde, Atasiag reapareció de quién sabe dónde y le pidió a Dashvara que lo acompañara a la embajada de Titiaka. Esta se encontraba en el Distrito del Dragón, junto al mar. Cuando llegaron, el portal estaba guardado por tres guardias ragaïls. .D Atasiag Peykat —se presentó el titiaka—. He recibido esta invitación del gran embajador. .P Uno de los Ragaïls echó un vistazo al documento, se lo tendió a otro, quien lo examinó atentamente y asintió. .D Podéis pasar, señor Peykat —dijo el primero—. Lamento informaros de que no se admiten armas en el recinto sin previa autorización. El guardia que lo acompaña deberá entregar las armas o esperar fuera. .P Atasiag frunció el ceño. .D Esperará aquí —decidió. .P Dashvara vio al titiaka desaparecer al cerrarse el portal detrás de ellos. Tras mirar a los Ragaïls con una mueca paciente, cruzó la calle y se sentó en el tercer peldaño de las escaleras de una casa. La espera fue larga. Una suerte que tuviese aún metido el diario de Siranaga debajo de su uniforme. .P En realidad, como pudo comprobarlo al leer las primeras páginas, no era un diario sino unas memorias. El Antiguo Rey empezaba hablando de sus primeros años de vida y de sus primeras impresiones sobre la familia real. Pese a haber leído libros de aquella época a montones, Dashvara se sorprendió del estilo crudo con que explicaba Siranaga los conflictos familiares. El príncipe se lamentaba de la decadencia moral de la capital del reino y de las traiciones cada vez más frecuentes de los primos de la familia real. Describía su ascensión al trono con más ironía que ilusión, preguntándose hora tras hora en qué personas podía confiar y en quiénes no. .P .Bm -t lecture La familia perdió su cohesión .Em , escribía. .Bm -t lecture Moría lentamente y siguió muriendo durante mi reinado. Nada pude hacer por aplacar las rencillas, ni pude descubrir un remedio a nuestra maldición. Cuando nació mi quinto hijo, Shaotara, en el tercer año del Halcón, albergué la esperanza de que el Ave Eterna renaciera de sus cenizas y junto a él nuestro reino. De los doce hijos que tuve, sólo él nació despierto y bendecido por el Liadirlá. Lo eduqué desde niño e hice venir a los shaards más competentes de las cuatro esquinas de la estepa. Lo mandé a estudiar tres años a la República de Dazbon y viajó luego hasta la lejana Agoskura. Pensé que jamás regresaría, pero volvió y tan fiel a nuestra familia como siempre. Rápidamente constaté que mi hijo Shaotara se había vuelto un hombre seguro e independiente, listo para el liderazgo. Lo nombré capitán de mis ejércitos del oeste y aplastó con eficacia las revueltas de los Esimeos y los Shalussis. Lo recompensé con tierras y autoricé su casamiento con la princesa Aodorma. Apenas dos meses después, el capitán Shaotara obtuvo la rendición de los Amystorb y los Xalyas cuando estos pretendieron traicionarnos. Todos los pueblos de la estepa celebraban su nombre. En ningún momento, vino a reclamarme la corona, ¡gran prueba de su lealtad al Ave Eterna de la familia! Decidí hacerlo rey tres años después del nacimiento de su primer hijo, cuyo Liadirlá también latía despierto. Shaotara asumió su nueva posición con mayor habilidad que yo lo hice jamás. Los bárbaros fueron de nuevo expulsados o sometidos y el comercio con la República prosperaba cada día. Venían de todo el mundo a comprar sal de nuestros salares, salbrónix, plata y oro de nuestras minas, herramientas de nuestras fábricas. Rócdinfer había vuelto a ser un reino feliz. ¡Y he aquí que mis propios hijos se atreven a volverse contra un hermano! Odlokara, mi hijo primogénito, no solamente pidió apoyo a varios señores de la estepa sino que además se alió con los Esimeos. ¡Ojalá nunca sientas, lector, deseos de asesinar a uno de tus propios hijos como yo los sentí en aquellos días! Odlokara juró matar a todos los bendecidos de nuestra familia. Los Esimeos lo convirtieron a su religión de muerte y, como ellos, nos llamaba demonios… .Em .P Dashvara se estremeció. Con cada página que leía se sentía más confuso. Según las demás versiones que había leído, Shaotara era un tirano y Odlokara el Sangriento había aprovechado la hostilidad de los señores de la estepa para levantarlos contra su hermano. Odlokara había muerto combatiendo y se decía que Shaotara había logrado huir con su esposa y sus hijos. Sin embargo, según Siranaga, Shaotara fue apresado y decapitado por uno de sus propios hermanos. Seguían páginas explicando cómo Siranaga había decidido partir de la estepa junto con sus hijos más jóvenes. El señor de los Amystorb logró hacerlo prisionero, mató a sus vástagos y pidió un rescate para Siranaga. La princesa Aodorma pagó la cantidad y ambos pudieron salir de la estepa. El final del libro hablaba de cómo se habían instalado él y su nuera en Agoskura y continuaba con meditaciones varias sobre el verdadero suicidio que habían perpetrado sus hijos y los señores de la estepa. Acababa con una exclamación amarga: .Bm -t lecture ¡Que el Ave Eterna vele sobre ti, pobre estepa amada que tuve que ver morir! .Em .P Dashvara inspiró y espabiló. ¿Cuántas horas llevaba sentado en su peldaño, absorto en su lectura? Volvió a guardarse el libro y alzó la vista hacia el portal de la embajada. Los tres guardias seguían ahí, hablando entre ellos de vez en cuando, comiendo garfias fritas y siguiendo con la mirada a los viandantes. .P Cuando dieron las seis campanadas, Dashvara empezó a inquietarse seriamente. Vio a otros tres guardias salir de la embajada para relevar a los anteriores. Algo tenía que haberle pasado, se dijo. Quién sabe, tal vez el embajador era un Dikaksunora o un Korfú o un simple enemigo de Atasiag Peykat y… .P El portal se abrió de repente y Atasiag Peykat salió, llevando un buen montón de papeles, con el bastón bajo el brazo. Dashvara se levantó de un bote y cruzó la calle. .D Empezaba a pensar que te habían secuestrado —le soltó. .P Atasiag le puso los papeles entre las manos, contestando: .D Aún no hemos terminado la vuelta. .P Dashvara lo siguió con un gruñido. .D ¿Qué tanto has estado haciendo en la embajada, si se puede saber? .D Enviando cartas, negociando con el embajador y más cosas que te aburrirían a más no poder si te las contase. Por ahí —dijo, señalando una calle con su bastón. .P Tuvieron que pasar por el banco y por la casa de un conocido de Atasiag antes de poder regresar al fin al albergue. Cuando llegaron, Asmoan de Gravia ya estaba ahí, inmerso en una conversación animada con Kuriag Dikaksunora y Lessi. Se habían instalado a una mesa y parecían estar esperando a Atasiag Peykat para empezar a cenar. Atasiag sonrió mientras Asmoan se levantaba para ir a saludarlo. .D ¡Amigo mío! Olvidé los horarios de los titiakas y vine a la hora de la cena agoskureña. Espero que no me lo tengas en cuenta. .D En absoluto —aseguró Atasiag—. Soy yo quien debería disculparme. Me alegro de que hayas podido conocer al joven Dikaksunora. .D ¡Y yo! —rió el agoskureño—. Adivina: es un aficionado a las culturas del norte como yo. Siento que ya nos llevamos de maravilla. .P Kuriag compuso una expresión muy formal. .D No puedo negar que la conversación de tu amigo es fascinante, Atasiag. .D Entonces proseguid, caballeros, no quisiera interrumpiros —clamó Atasiag mientras se sentaba a la mesa. .P Los Xalyas estaban silenciosos detrás de los biombos. La mayoría dormitaba después de una tarde pasada visitando la ciudad. Yira estaba sentada junto a Zamoy y Lumon, jugando a las katutas. Tras echar un vistazo a la partida, Dashvara frunció el ceño y le dio un empujón a una de las fichas del Calvo, que amenazaba al Grillo, la ficha más vulnerable de Yira. .D Mucho mejor así —determinó mientras Zamoy y Lumon protestaban—. ¿Qué pasa? A mi naâsga no se la ataca, hermanos. .D Eso no es jugar limpio —le reprochó Yira, divertida. .D Boh —relativizó Dashvara, burlón. .D La vida real —dijo Zamoy, volviendo a poner la ficha en su sitio— es cruel y no perdona. Despídete de tu Grillo, princesa de los Xalyas. .P Yira levantó dos dedos, a modo de saludo eterno. Dashvara puso los ojos en blanco y, tras observar el juego durante un rato, se dedicó a releer trozos de las memorias de Siranaga. Había algo que lo molestaba en ese libro. En particular la frecuencia con la que aparecían las palabras «bendecido» y «demonios». De no haber conocido a dos demonios de verdad la víspera, probablemente habría achacado aquello a un estilo metafórico. Pero ahora ya no estaba tan seguro. Claro que sólo pensar que los Antiguos Reyes de la estepa habían sido demonios le parecía tan ridículo… Porque significaba que los Xalyas descendían de unos monstruos. .P .Bpenso Pensándolo bien, esa podría ser una razón por la cual Asmoan de Gravia se interesa tanto por nosotros… .Epenso Dashvara hizo una mueca. .Bpenso Disparates, Dash. Los Antiguos Reyes no eran demonios. De ser así, lo habríamos sabido. Que los Esimeos los llamaran demonios no significa nada. .Epenso Apostaba a que esos hijos del Dios de la Muerte eran capaces de llamar así a todos los que no adoraban a su dios. .P Con esta certidumbre en mente, aguzó el oído y escuchó la conversación de los extranjeros, detrás de los biombos. Fayrah se les había unido y ahora hablaban de la Revuelta de Titiaka y de la herida de Lanamiag Korfú. Según dijo su hermana, aquella tarde el joven Korfú se encontraba mucho mejor. .D Esta misma tarde he recibido un mensaje del Gran Sacerdote —decía Atasiag—. Os da su bendición y dice que mandará con diligencia a un sacerdote de Cili para consagrar vuestra unión. Se celebrará la ceremonia dentro de una semana. Esta es la lista de los invitados. ¿Qué os parece? .D Larga —resopló Kuriag—. Creía que sería una ceremonia privada. .D Y lo será. Pero sería un error diplomático de nuestra parte no invitar a nuestros aliados. .D Nuestros aliados —repitió el Legítimo. Carraspeó y observó con tono divertido—: Veo que no has invitado a los Nelkantas. .D ¿Debería haberlo hecho? —rió Atasiag. .D Mm… Uno de los hijos de los Nelkantas es un buen amigo mío. .D Excelente, siempre puedes invitarlo a él —propuso Atasiag—. ¿Cuál es su nombre? .P Dashvara dejó de escucharlos cuando el pequeño Shivara se allegó a él y le murmuró al oído: .D ¿Puedo preguntar algo? .P Dashvara enarcó las cejas, sonriente. .D Claro, hijo mío, pregunta. .P El niño se mordió el labio antes de inclinarse otra vez hacia el oído de Dashvara. .D ¿Es verdad que a mi padre lo azotaron? .P Dashvara resopló. .D Sí. —Shivara abrió la boca y Dashvara se le adelantó—: Basta con verlo para creerlo, ¿no? Oye, pequeño. ¿Te gusta esta ciudad? .P El pequeño Xalya hizo una mueca. .D No sé. Igual. ¿Por qué azotaron a mi…? .D ¿Quieres dar una vuelta? —lo interrumpió Dashvara, levantándose—. Conozco un lugar ideal para jugar a la peonza. .P El niño enseguida se animó y, bajo las miradas divertidas de los Xalyas, ambos salieron de ahí. Dashvara ignoró completamente la pregunta muda de Atasiag Peykat cuando pasaron junto a la mesa. .P .Bpenso Este es un asunto de Xalyas, federado. No te entrometas. .Epenso .Ch "Enemigos que dejan de ser enemigos" .D ¿Me vas a contar la historia, verdad? —preguntó Shivara, cuando ya bajaban las Escaleras. El niño daba brincos, aferrándose a su peonza con una mano. .P Dashvara le echó una ojeada de leve reproche. .D Eres un pequeño demonio, Shivara. Baja con cuidado, no vaya a ser que te caigas y te devuelva a tu padre en cinco trozos. .P Lo agarró de la mano y siguieron bajando las Escaleras hasta el Distrito del Dragón. Pese a haberse pasado todo el día dando vueltas por la ciudad, permanecer encerrado en el albergue con unos titiakas parloteando incesantemente no le llamaba mucho. Además, tenía pensado visitar a varias personas. Sin embargo, antes tenía que explicarle ciertas cosas a Shivara. Cuando llegaron a la Plaza de la Libertad, se sentó en el borde de una fuente desocupada. Pese a haber bastantes grupos sentados en las fuentes y los peldaños de la plaza, esta estaba bastante tranquila. Por una vez, el cielo seguía relativamente despejado y el sol del atardecer lo iluminaba aún. .D Siéntate, pequeño. .P Shivara se sentó a su lado, muy formalmente. Era un niño sosegado, pero no siempre muy atento. Por eso le hizo gracia a Dashvara cuando se cruzó con sus ojos ávidos. .D Vamos a ver. ¿Alguien te ha contado ya la historia de los Xalyas? .P El niño se encogió de hombros, balanceando los pies. .D El shaard cuenta muchas historias. .D Sí, pero no muchas sobre los Xalyas. Shokr Is Set fue honyr antes que xalya. Conoce historias muy antiguas sobre los Antiguos Reyes y los señores de la estepa. Pero yo te estoy hablando de nuestra historia reciente. De por qué los Xalyas hemos vivido tres años fuera de la estepa. De por qué somos tan pocos. .P Cuando vio la curiosidad pintarse en el rostro de Shivara, supo que Morzif no le había comentado nada de eso. Sin duda el Herrero debía de pensar que esas cosas no se contaban a un niño de seis años. Dashvara no compartía su opinión. Así que decidió narrarle en orden los sucesos de los últimos años, insistiendo en que, si habían abandonado la estepa, había sido contra su voluntad y, si su padre había sido azotado, había sido por culpa de los esclavistas titiakas. Lo impresionó la seriedad con que Shivara lo escuchaba. .D Pronto volveremos a la estepa —concluyó Dashvara—. Te encantará el lugar. Nos esperan épocas difíciles, pero sobreviviremos. Y sin duda viviremos más felices ahí que en estas tierras de salvajes —sonrió—. Ya lo verás. .P Shivara asintió con aire convencido. De pronto, detrás de ellos, una voz burlona soltó: .D Jamás conseguiréis cruzar el territorio esimeo. .P Sobrecogido, Dashvara se giró para ver a un hombre fornido, de barba hirsuta y cara estepeña. Llevaba el uniforme de los bomberos de Dazbon. Su expresión era un muro de mármol. Dashvara se levantó lentamente de la fuente. Lo reconocía, se percató, asombrado. .D Walek de Shalussi —articuló—. La última vez que nos separamos te proclamaste jefe de tu pueblo. .P El Shalussi asintió con desgana. .D La última vez que te vi estabas a un paso de la muerte —replicó. .D He saludado la muerte de muy cerca estos últimos años —aseguró Dashvara—. De modo que los Esimeos atacaron tu aldea. .P Walek escupió en el empedrado de la plaza. .D Esos perros nos esclavizaron a todos. Nos metieron en sus campos de cultivo, al oeste. Escapé, pero de milagro. Pensaba ir a Dazbon y reunir a algunos Shalussis para liberar a nuestro clan. Pero no hay verdaderos Shalussis en esta maldita ciudad. Son todos unos cobardes. .P Su voz vibraba de desprecio. Dashvara levantó los ojos al cielo. ¿Cómo podía esperar Walek que unos Shalussis que vivían en Dazbon tal vez desde hacía generaciones se fueran a molestar en arriesgarse la vida contra los Esimeos? El pequeño Shivara dejó escapar: .D Padre dice que todos los Shalussis son unos gallinas. .P Dashvara resopló, reprimiendo mal una sonrisa. .D Hey, pequeño. Tu padre generaliza. Mira Rokuish. Es un buen tipo. .D Pues mi padre dice que Rokuish es un gallina —insistió Shivara—. Y Zefrek también. Dice que si hubiese tenido más agallas no se habría convertido en pirat… .P Rápido como el viento, Dashvara le dio un coscorrón. .D Cállate, anda. .D ¿Zefrek? —repitió Walek, con un brillo extraño en los ojos. Las palabras del pequeño Xalya no parecían haberlo ofendido—. ¿Zefrek de Shalussi está en Dazbon? .D Lo está —afirmó Dashvara—. Y yo que tú no me acercaría a él después de lo que le hiciste. Ahora tendrás que disculparme, pero este jovencito y yo tenemos que marcharnos. Buenas tardes. .P Tras un intercambio de miradas medio hostil medio indiferente, Dashvara tomó la mano de Shivara y se alejaron hacia el sur. Volver a encontrarse con Walek le había ensombrecido el humor. .D ¿Quién era ese? —preguntó Shivara. .D Es o más bien era un guerrero shalussi —explicó Dashvara—. Atacó nuestro torreón. .P El niño inspiró bruscamente. .D ¡Es un enemigo! .D Ya no lo es. Se ha quedado sin jefe al que obedecer. Y se ha quedado sin pueblo. Tal vez sea injusto diciendo esto pero… bien merecido se lo tenía —murmuró Dashvara. .D ¿Adónde vamos ahora? .D A saludar a un viejo conocido. Espero que siga viviendo en el mismo sitio. .P Cuando llegó ante la casa de Aydin Kohor, había luces en las ventanas. Era ya casi de noche y las calles se estaban llenando de sombras. Llamó a la puerta y fue a abrir un joven ternian vestido con una larga túnica negra. Su rostro más pálido que la muerte daba escalofríos. .D ¿Sí? .P Dashvara se aclaró la garganta. .D ¿Sigue viviendo aquí un tal Aydin Kohor? .P El joven asintió lentamente, escudriñándolo. .D Está cenando. ¿Quién eres? .D Dashvara de Xalya. No quisiera molestar. Simplemente me gustaría que le dieras esto de mi parte. —Tendió una figurina de madera blanca representando un dragón: se había pasado todo el mes perfeccionándola y era, de lejos, la obra de arte que mejor le había salido hasta ahora. .P El desconocido observó la figurina, pero no la cogió. Se apartó de la puerta. .D Pasa. Mi padre nos habló de ti. Sin duda le alegrará recibir ese objeto de tus propias manos. Yo soy Traolgan. .P Dashvara entró, le estrechó la mano y volvió a estremecerse al notar la frialdad de su piel. De pronto, se oyó un ruido sordo contra las tablas del suelo y Dashvara vio la peonza rodar hasta los pies del ternian. Shivara puso cara temerosa y se aferró a la manga de Dashvara mientras Traolgan se agachaba para recoger el juguete. .D Creo que esto es tuyo —le dijo al niño, tendiéndoselo. .P El niño recogió la peonza sin una palabra. Parecía haberse quedado sin habla. Dashvara carraspeó. .D Se dice gracias, Shivara. .P El niño asintió con la cabeza, como si eso bastara para repetir la palabra. Bajo la mirada exasperada de Dashvara, farfulló: .D Gracias. .P El ternian sonrió levemente antes de conducirlos al salón. Ahí, se encontraban sentados Aydin Kohor con su esposa y el viejo Tildrin. De aspecto, ambos ternians no habían cambiado nada, si acaso el viejo ladrón tenía algún mechón de pelo menos. Dashvara se inclinó ante los tres. .D Siento interrumpir vuestra cena. Sólo quería… .D ¡Dashvara de Xalya! —exclamó el curandero, anonadado—. ¡Por el Dragón Blanco! Esto sí que es una sorpresa. .P Se levantó y, sonriente, rodeó la mesa para estrecharle la mano. Dashvara le tendió el dragón esculpido. .D Ya sé que tu esposa lo habría hecho mucho mejor pero… bueno, pensé que te gustaría de todas formas. .P Aydin estaba de buen humor y Tildrin, quien confirmó ser el padre del curandero, sonreía con todos los dientes que le quedaban. La esposa, de gran belleza pese a ser una ternian, saludó alegremente a ambos Xalyas elogiando la figurina esculpida y les propuso unirse a ellos para la cena. Sólo entonces Dashvara se dio cuenta de que no había cenado aún. .D Es muy amable, pero no quisiera molestaros… .D ¡No nos molestas en absoluto! —aseguró Aydin—. Nos compensarás contándonos una historia. .D ¿Una… historia? .D Tu historia —precisó el ternian—. Viendo todo lo que te pasó en Dazbon en unos pocos días, supongo que en tres años te habrás encontrado con el mismísimo Dragón Blanco y matado a diez mil enemigos. .P Dashvara se carcajeó. .D Contando los hormigueros que erradicábamos en el barracón de la Frontera, tal vez… Está bien, acepto. Pero no podré quedarme mucho tiempo. .P Shivara y él tomaron asiento y, mientras engullían con apetito un plato de sopa exquisita, Dashvara resumió sus andanzas por la Federación de Diumcili, omitiendo las partes más desagradables para no cortarles la digestión. .D ¿Y los Hermanos de la Perla? —preguntó Tildrin, ansioso—. ¿Están todavía en Titiaka? .D Llegaron a Dazbon hace unas semanas, según tengo entendido. .P El ladrón arrepentido suspiró. .D Ya ni siquiera pasan a verme. .D Estarán ocupados —los excusó Dashvara, aunque no pensó menos que podrían haberse molestado en pasar a saludar a su antiguo compañero—. Se pasarán seguramente en cuanto puedan. A saber qué granujas andarán persiguiendo ahora. —Se percató de que Shivara se había quedado profundamente dormido en su silla—. ¿Y Hadriks? —preguntó—. ¿Entró en el Bastión? .D Er… —La mueca de Aydin le hizo alzar una ceja—. Hadriks. —Meneó la cabeza suspirando—. Sí, fue al primer curso del Bastión. Pero no le renovaron la beca a pesar de que el muchacho tenía buen nivel. Ya sabes lo impulsivo que puede ser ese joven: se puso a un hijo patricio en su contra y poco a poco la cosa fue empeorando. Dejó de ir a clases. Cuando me enteré, le advertí de que se jugaba la beca y no me escuchó. Fue a los exámenes finales pero suspendió. Puedes imaginarte cómo se sintió el chaval después de eso. —Se encogió de hombros—. Decidió meterse a marinero, así, de la noche a la mañana. Lo malo es que era ya demasiado mayor para empezar de grumete. No duró ni tres meses. En fin. Desde entonces, va encadenando trabajos de aquí para allá. La última vez que lo vi, fue cuando pasó por aquí para decirme que se marchaba a Rocavita, para la vendimia. De eso hace dos meses. Pobre muchacho. .P Estaba claro que Aydin no estaba muy satisfecho con las actuaciones del muchacho. A Dashvara tampoco le pareció una vida tan trágica. Entre pasarse varios años rodeado de magos locos y pasarse otros tantos alternando de trabajo, prefería lo segundo. Salvo si ese trabajo era ser marinero en un barco, agregó para sí. Sin embargo, cuando compartió su opinión, Aydin argumentó que Hadriks «valía más» y que su experiencia en el Bastión lo había desanimado y convertido en un muchacho inestable. .D Si cambiaba de trabajo, es porque lo echaban, en la mayoría de los casos —explicó el ternian—. Estuvo incluso en la cárcel durante un mes, por haber participado en la revuelta de obreros del puerto, hace un año. No sé qué le ha ocurrido a ese muchacho. Ya intenté convencerlo para que al menos se quedara conmigo para seguir fabricando mágaras. Pero dijo que no volvería a fabricar una mágara en su vida. En fin —suspiró—. Supongo que con los años se volverá más sensato. .P Dashvara asintió y dijo: .D Que el Ave Eterna vele sobre ese muchacho. Y sobre todos vosotros —añadió—. Es ya muy tarde y Shivara debería ya estar en su jergón. Será mejor que volvamos. .P Tras saludar a todos, cogió a Shivara en brazos y salió a la noche sin que el niño abriera siquiera los ojos. Las calles se habían cubierto de niebla, pero por lo menos aquella noche no había habido tormenta. .P Estaba ya cerca del Templo del Ojo cuando la voz de Tahisrán penetró en su mente como un relámpago: .P .Bdm ¡Al fin te encuentro! El capitán me mandó en tu busca. Me ha pedido que te dijera que han arrestado a Atasiag Peykat. .Edm .P Dashvara se detuvo en seco, helado. .D ¿Qué? .Ch "Un pirata enjaulado y un Señor de recados" Dashvara e giró en la pequeña plaza desierta, buscando la sombra entre las sombras, en vano. Tahisrán repitió con más lentitud: .P .Bdm Que Atasiag Peykat ha sido arrestado. .Edm .D Eso ya lo he pillado —replicó Dashvara—. ¿Pero por quién? .P .Bdm ¡Por la milicia republicana! .Edm , explicó la sombra con tono ligero. .Bdm Vino un tal Maestre, un humano grande y gordo, rodeado de ballesteros, y le dijeron que por favor los acompañase. Lo han metido en la cárcel. Lo he visto con mis propios ojos. Han dejado a Atasiag en su celda, cerca de una cámara de torturas. .Edm .D Ave Eterna —murmuró Dashvara. .P La sombra continuó animadamente: .P .Bdm Me dijo Atasiag que averiguáramos de qué lo acusaban, porque al parecer los jueces no explican nada a los acusados, y también quiere que, mañana a la mañana, cojas un paquete de cartas azules que tiene en su cuarto, y que lo lleves al número doce de la Calle de los Olivos. Dijo que tan sólo dijeras que el paquete viene de Atasiag y que no entraras por nada del mundo dentro de la casa. Creo que eso es todo .Edm , concluyó tras una vacilación. .P Agarrando firmemente a Shivara, Dashvara se puso a caminar más rápido, cruzó un puente, subió las Escaleras y no tardó en pasar el umbral de .Sm -t nomlieu La Perla Blanca . .P .Bdm ¡Ah! .Edm , dijo detrás de él Tahisrán. .Bdm Ahora que me acuerdo, también dijo que en su cuarto había una pequeña bolsa con dinero para seguir pagando el hospedaje. Y, diablos, se me olvidaba: dijo que escondieras en la casa de Sheroda algún objeto que tiene en su cuarto debajo del tercer tablón partiendo desde el fondo. Una bolsa llena de pólvora blanca. Y un energigamómetro, creo que dijo. Una especie de detectatrampas. Al parecer, son ilegales en Dazbon. .Edm .P Dashvara agitó la cabeza con paciencia, saludó al empleado del albergue de lujo y subió las escaleras. En el salón, los Xalyas estaban inquietos. El capitán lo acogió con aire fatalista: .D ¡Lo que nos faltaba! ¿Te lo ha dicho todo Tah? .P Asintiendo en silencio, Dashvara fue a posar con cuidado al niño en su jergón. .D ¿Adónde lo has llevado? —preguntó Morzif. .D A pasearse por la ciudad y, de paso, le he dado una lección de historia —sonrió Dashvara. .P El Herrero hizo una mueca pero no replicó. Con un amplio ademán, Sashava masculló: .D Pues has hecho algo más productivo que estos: no han parado de desesperarse porque se creen que sin Su Eminencia no somos capaces de encontrar caballos. ¿Adónde ha ido a parar la dignidad xalya? —bramó. .P Varios Xalyas refunfuñaron por lo bajo, otros levantaron los ojos al cielo y Aligra intervino: .D No podemos dejar a Atasiag en la cárcel después de lo que ha hecho por nosotros. .P Que aquella afirmación viniera de Aligra hizo reflexionar a más de uno sobre la cuestión: ella era una de las menos dadas a reconocer las cualidades de los extranjeros. Dashvara asintió el primero. .D Aligra tiene razón, por supuesto. Sacaremos a Atasiag de esa cárcel, sea como sea. .D Ese titiaka ha esclavizado tu Ave Eterna —refunfuñó Sashava—. Tu padre habría rebanado el cuello a cualquiera que se hubiese atrevido a darle una orden, exceptuando a su esposa. .P Dashvara se armó de paciencia: estaba más que acostumbrado a las reacciones acaloradas del Cascarrabias. El capitán Zorvun le dijo a este con voz diplomática: .D Amigo mío, entiendo que tengas prisas por ir a la estepa: todos las tenemos. Pero no quita que ese titiaka, como dices, nos ha alojado y alimentado durante un mes en su isla, nos ha llevado a Dazbon en su propio barco y nos hospeda ahora a todos a cambio de bien poco. .D Por no mencionar que es el padre adoptivo de Yira —apuntó Dashvara—. Le debemos respeto y más que eso. —Sashava el Cascarrabias se encogió de hombros, sin parecer querer contestar. Entonces, Dashvara frunció el ceño—. Por cierto, ¿dónde está Yira? .D Kuriag Dikaksunora se ha marchado a la embajada de Titiaka —lo informó el capitán—. Y Yira y Wassag lo han acompañado. El chaval dijo que no descansaría hasta solucionar el problema de Atasiag. No creo que consiga gran cosa a estas horas, pero me alegra comprobar que al menos mi yerno es tozudo —apreció. .P Dashvara sonrió. .D ¿Y el agoskureño? .D Se fue al mismo tiempo, pero a su biblioteca. Dijo que se pasaría por aquí mañana a por novedades. —Sus ojos oscuros sonrieron—. Una de las ventajas con esta historia es que Atasiag no podrá mandarnos a transportar barriles por media ciudad —bromeó y añadió de buen humor—: Venga, a la cama, Xalyas. .P Dashvara siguió el tropel de Xalyas y se instaló en su jergón. Se le ocurrían unas cuantas razones por las que Atasiag había podido ser arrestado. Por ladrón, por contrabandista, por colaborador de piratas… Lo extraño es que Atasiag se hubiese dejado pillar. Aún estaba despierto cuando oyó la puerta abrirse, unos murmullos y unos pasos ligeros. Segundos después, Yira se tendía junto a él. Dashvara le rozó la mano con los labios antes de abrazarla y susurrarle: .D ¿Ha conseguido algo el Legítimo? .D No gran cosa —admitió la sursha—. Pero dice que mañana irá directo al Tribunal. —Tras un silencio, añadió muy bajo—: Tahisrán dijo que velaría por él. .P Dashvara entendió que hablaba de Atasiag. .D Estará bien —murmuró—. Esa serpiente siempre sale indemne. .D Mmpf —suspiró Yira, dubitativa—. Buenas noches, Dash. .D Buenas noches, naâsga. .salto Aquella noche, Dashvara soñó con kraokdals con ojos rojos y demoníacos. Se iba paseando entre ellos, rezando por que no le hicieran caso. Y, de pronto, se interponía uno en su camino y alzaba dos sables negros gruñendo: .Bm -t paroles La estepa murió por vuestra culpa. Vosotros, los señores de la estepa, acabasteis con mi familia. ¡Vosotros sois los traidores! Yo, Siranaga de Rorsy, Rey de Rócdinfer, Príncipe de la Arena, ¡te condeno a muerte, Dashvara de Xalya! .Em Dashvara intentaba hacerle entrar en razón al rey, pero todo resultaba inútil: el demonio se abalanzaba sobre él. Sacaba entonces sus propios sables, que brillaban como la arena de Bladhy bajo el sol, y comenzaba la lucha. En un momento, Dashvara estuvo a punto de morir, pero una vocecita exasperada rechazó ese final. Con un golpe seco, Dashvara decapitó al Antiguo Rey y masculló: .Bm -t paroles Fueron los Esimeos. Fueron los Esimeos… .Em .P Lo repitió así varias veces hasta que se dio cuenta de que estaba despierto. Abrió los ojos y se encontró con la mirada insondable de Sirk Is Rhad, sentado junto a un biombo. Dashvara se levantó estirándose. No vio a Yira por ningún sitio, pero no se sorprendió: la sursha apenas necesitaba dormir más que unas pocas horas. El Honyr y él salieron juntos a desayunar. .D ¿Una pesadilla? —preguntó Sirk Is Rhad. .P Dashvara se encogió de hombros. .D He matado a un Antiguo Rey convertido en monstruo. Bah, es por el libro que leí ayer. El de Siranaga. Es tan distinto de los libros que leí en el Torreón… .D ¿De verdad? —se interesó el Honyr—. ¿En qué se distingue? .P Mientras se servían el desayuno, Dashvara se le puso a resumir el contenido. No le habló de sus teorías sobre los demonios: probablemente serían falsas y de todas formas había llegado a la conclusión de que poco importaba que fueran ciertas. Al cabo, el Honyr se encogió de hombros y empezó a comer su desayuno. Tragó, marcó una pausa y concluyó: .D Como decía mi abuelo, cada hombre cuenta las cosas a su manera. A saber lo que pasó realmente. .P Dashvara decidió seguir el ejemplo de Sirk Is Rhad y olvidarse de ese libro. Al percibir una melodía de flautas en el exterior, dejó al Honyr y salió al patio del albergue. Encontró a Tsu sentado en un pequeño muro, tocando su instrumento. Cuando se instaló a su lado, el drow lo saludó con un movimiento de cabeza sin dejar de tocar. El viento fresco de la mañana arrastraba las notas Escaleras arriba. Acababa de amanecer, pero ya pasaban por estas artesanos, obreros, mensajeros y mozos de cuerda con enormes sacos. Adolescentes con uniformes simples de estudiante subían los peldaños, dirigiéndose con cara dormida hacia la Ciudadela. Con todo, pese a la actividad de la ciudad, una extraña serenidad se apoderó de Dashvara. Serenidad que se fue al traste cuando recordó que tenía cosas que hacer. .D Daría mi Ave Eterna por estar en la estepa —dejó escapar. .P Tsu apartó los labios de su flauta. Su expresión reflejaba, como siempre, muy poco. .D Cuanto más se acerca uno al hogar, más lo desea —dijo con suavidad. .P Dashvara le echó una mirada pensativa. .D Cierto —aprobó y se levantó con energía—. De momento, preocupémonos de lo más urgente. Tengo que ir a entregar unas cartas. Incluso en prisión Atasiag me hace trabajar —se lamentó, sonriente. .P Tsu propuso acompañarlo y ambos volvieron al albergue para ir a recoger el paquete de cartas azules y los objetos ilegales en el cuarto de Atasiag. El interior de este estaba ordenado y no tardaron en encontrar lo que buscaban. Lo que no encontró Dashvara fue la pequeña bolsa con dinero de la que le había hablado Tahisrán. ¿Se habría equivocado Atasiag o bien estaba buscando mal? .P Decidiendo que se preocuparían del asunto más tarde, salió con Tsu y, tras explicar adónde iban a los Xalyas ya despiertos, se dirigieron primero a la casa de Sheroda a dejar la bolsa de pólvora blanca y el energigamómetro o como se llamara ese extraño objeto. No les abrió la shijan sino Azune. Al ver a la semi-elfa aparecer en el umbral, Dashvara dio un leve respingo. .D ¿Sorprendido de verme, estepeño? —sonrió Azune. La republicana llevaba un elegante vestido verde que no le pegaba nada. Es decir, le iba bien, pero hasta entonces Dashvara siempre la había visto con atuendos oscuros y sencillos. .D Ligeramente —admitió—. No sé si te habrás enterado de… .D Sí —lo cortó Azune—. Atasiag. Regresamos ayer de Twach. Nos hemos enterado esta noche. Un acontecimiento desafortunado —dijo, pero su manera de decirlo parecía contradictoria, como si le hicieran gracia las miserias de Atasiag. .P Dashvara frunció el ceño. .D ¿Sabes de qué lo acusan? .D Ni idea. Pero me temo que en esto no podremos seros de mucha ayuda. Por cierto, si buscabais a Sheroda, mal lo tenéis. No quiere ver a nadie. Está de pésimo humor. .P Dashvara alzó una ceja ante su tono burlón. .D Veníamos a dejar unos objetos en su casa. Objetos que podrían comprometer a Atasiag si la milicia los encuentra en su cuarto. .D ¿Y queréis dejarlos en casa de Sheroda? —Azune puso cara incrédula—. También podrían perjudicarla a ella, ¿no lo ha pensado Atasiag? .P Dashvara reprimió a medias un suspiro exasperado. .D No me compliques las cosas. Yo sólo hago de intermediario. .P La republicana puso los ojos en blanco. .D Está bien. Dadme eso. Lo esconderé. .P Tomó el saco y la mágara ocultada debajo de un trapo. Dashvara observó con tono casual: .D Pareces alegrarte de que Atasiag haya sido arrestado, republicana. .P Azune se encogió de hombros. .D No es que me alegre pero, qué quieres, tampoco me inspira mucha compasión. Ese hombre es un ladrón, un mentiroso y un maldito avaro. Un poco de prisión no puede venirle mal… —Marcó una pausa y los miró a ambos con curiosidad—. ¿Y vosotros, qué vais a hacer ahora? .P Dashvara resopló. .Bpenso Seguir viviendo, ¿y tú? .Epenso , pensó. No le agradaba la falta de gratitud de Azune. Al fin y al cabo, gracias a la ayuda de Atasiag, los Hermanos de la Perla habían conseguido cumplir con su sueño, acabar con el mayor tráfico de esclavos de la República y mandar a la cárcel a importantes personalidades implicadas. Claro que, para ello, seguramente habían debido de cumplir más de un trabajo para Atasiag, pero… .D No lo sabemos aún —replicó al fin—. Por cierto, ayer pasé por casa de Aydin. Tildrin se preguntaba dónde estabais. .P La republicana puso cara culpable. .D Intentaré pasar a saludarlo esta tarde. .D ¿Tan ocupados están los Hermanos de la Perla? —se sorprendió Dashvara. .P La republicana se hizo reservada. .D Tenemos a un nuevo mecenas. .P Así que el futuro de su anterior mecenas la traía sin cuidado, carraspeó Dashvara mentalmente. .D En realidad —retomó Azune, más bajo todavía—, la Hermandad de la Perla fue disuelta. Rowyn y yo nos hemos incorporado a otra… organización. .P Dashvara la observó con curiosidad. .D Dicho así parece bastante misterioso. .P Azune sonrió. .D No es nada ilegal —aseguró—. Pero prefiero no hablar de ello. .D Has dicho Rowyn y tú. ¿Y Kroon? .D Oh. —Azune sonrió esta vez anchamente—. Decidió acabar con la gran mentira de su vida y decir a su familia que seguía vivo. Sus padres y hermanos viven en el campo —explicó—. Kroon siempre temió que no lo reaceptaran por… bueno, por no poder andar. .D Menuda bobada —dejó escapar Dashvara, incrédulo. .D Siempre estuvo algo traumado, pero finalmente Rowyn lo convenció para que fuera a visitar a los suyos. Fuimos los tres. Cuando lo vio, su padre lo llamó idiota por haber tardado tanto en volver —rió. .P Dashvara no pudo menos que alegrarse de la noticia: ese monje-dragón era tal vez más insoportable aún que Sashava, pero le caía bien, en el fondo. Tras desearle suerte a Azune con sus nuevos misteriosos trabajos, se marchó con Tsu hacia el número doce de la Calle de los Olivos. Primero, tuvieron que preguntar a un miliciano por dónde caía la calle, a lo cual el miliciano contestó amablemente que se situaba en el Distrito de Kwata, cerca del Templo de la Salvación y de la Gran Cascada. Al fin, encontraron la casa y la puerta, metida en un patio interior, arriba de una escalinata. El número doce había sido grabado chapuceramente en la madera misma. Todas las ventanas estaban tapiadas con tablas de madera. Cualquiera hubiera jurado que la casa estaba vacía. Tras intercambiar una mirada indefinible con el drow, Dashvara se adelantó y llamó al espeso batiente. .P No se oyó nada. Esperaron un largo rato antes de que volviera a llamar. Sólo cuando Dashvara empezaba a preguntarse si Atasiag o Tahisrán no habían metido la pata diciendo el número, se oyó un ruido metálico de cadenas. .P La puerta se abrió y Dashvara escudriñó la oscuridad. Vio a un chaval humano, moreno y delgado, apoyarse contra el marco de la puerta y mirarlo de arriba abajo con descaro. .D Buenos días, caballeros —lanzó con desenfado—. Siento deciros que hay una fuerte probabilidad de que os hayáis equivocado de puerta. .D Teóricamente no —repuso Dashvara—. Este es el número doce de la Calle de los Olivos, ¿verdad? —Alzó el paquete de cartas azules—. Me mandaron que trajera esto. .P Los ojos del adolescente brillaron de curiosidad. .Ch "Un juramento de muerte eterna" El muchacho del número doce tendió la mano y cogió el paquete. .D ¿De parte de…? .D Atasiag Peykat. .P El chaval suspiró y abrió la boca para llamar: .D ¡Sarga! —Ladeó la cabeza, aguzando el oído, y puso los ojos en blanco—. ¡Sarga! ¿Conoces a un tipo llamado Atasiag Peykat? Es que soy nuevo por aquí —les explicó a ellos con tono normal. .P Se oyeron ruidos de pasos y, finalmente, una hobbit, vestida como las típicas verduleras del mercado, apareció junto al chaval con una mano sobre la cadera y una expresión fruncida. .D ¿Qué pasa? ¿Quiénes son estos? .D Traen un montón de cartas de un tal Atasiag Peykat —resumió el chaval. .D Dame eso —gruñó Sarga, arrebatándole el paquete de las manos. Con ojos entornados, observó a Dashvara y a Tsu. Como estos hacían ya ademán de irse, los retuvo soltando—: ¡Un segundo! ¿Sabéis dónde reside ese condenado Atasiag? .P Dashvara le dedicó una sonrisa irónica. .D En la cárcel. .P Sarga agrandó los ojos como platos. .D Diablos. .D Ese Atasiag —intervino el chaval moreno con tono tranquilo—, ¿no será ese titiaka-agoskureño-esclavista del que me hablaste, verdad? .P Sarga agitó una mano para acallarlo y señaló a Dashvara con el índice: .D ¡Vosotros! No os vayáis. ¿Quiénes sois? Vuestros nombres. .P Dashvara ya había bajado la pequeña escalinata hasta el patio. El tono imperativo de esa hobbit lo invitaba, más que a contestar, a salir de ahí sin una palabra. Le miró a Tsu antes de responder: .D Somos sirvientes de Atasiag Peykat. .D Mmpf. Vuestros nombres —insistió Sarga. .P Dashvara se encogió de hombros. .D Dashvara y Tsu. De Xalya. Venimos de la estepa. .D ¡Un placer! —intervino el chaval moreno, realizando una extraña reverencia—. Yo soy Api. Y esta es Sarga… ¡Au! —protestó cuando la hobbit le dio una colleja—. ¿Qué? Es natural que, si ellos se presentan, nos presentemos nosotros, ¿o me he perdido algo? .D Ellos son .Sm ellos y nosotros somos .Sm nosotros —subrayó Sarga entre dientes. .D Eso es verdad —aprobó Api, animado. .D Cállate. .P El tal Api sonreía con burla. Sólo entonces Dashvara recordó dónde había oído ya el nombre de Sarga. En boca misma de Atasiag, cuando había metido la pata hablando de demonios. Oh, diablos… De pronto, sintió grandes ansias de marcharse. .D El placer es mío, Api y Sarga. Que paséis un buen día —les lanzó con rapidez. Se inclinó y les dio la espalda. .D ¡Igualmente! —le replicó el chaval. .D ¿Y qué hace Atasiag en la cárcel? —preguntó Sarga, alzando la voz. .P Dashvara se giró a medias, encogiéndose de hombros. .D Lo arrestaron anoche. Todavía no sabemos por qué. .P Los dejaron ahí y regresaron al albergue. Cuando llegaron, se encontraron con que Kuriag Dikaksunora ya se había ido a luchar valientemente contra los jueces. Los Xalyas, sentados afuera, en el patio, disfrutaban del sol y escuchaban con evidente deleite las palabras de Shokr Is Set. El Gran Sabio les estaba contando un cuento tradicional que hasta los bárbaros debían de conocer, pero ese Honyr tenía un don para contar historias y Dashvara no tardó en quedar atrapado por su narración sobre estrellas caídas del cielo, estepeños valientes y sabios filósofos. .P Hacia el mediodía, se instalaban ya para comer en las cocinas cuando les vino el tal Dilen que les había acogido en el albergue el primer día. Se acercó con cara molesta. .D Disculpad, pero el propietario me manda deciros que vuestro amo no ha pagado aún el hospedaje de las últimas tres noches y que agradecería recibir al menos un vale. .P Las miradas aburridas que recibió lo pusieron aún más nervioso. El capitán Zorvun se levantó de su asiento, replicando con solemnidad: .D Pues dile al propietario que no se preocupe, que Atasiag Peykat pagará con creces. Es un ciudadano de Titiaka, y uno grande. Sabrá recompensar a tu amo por cuidar de sus esclavos. Y ahora que no nos importunen más con esas historias. .P Dilen asintió. Apenas salió de las cocinas, los Xalyas estallaron de risa. .D ¡Brindemos por nuestro capitán! —exclamó Zamoy, alzando su vaso de agua. .P Alabaron la ocurrencia de Zorvun y fueron hasta a convencer a un cocinero para que se les uniera con algún buen queso y unas botellas de vino para festejar el cumpleaños de los Trillizos, que ni cumplían ese día ni habían festejado su día de nacimiento en toda su vida, pero qué importaba: como bien decía Makarva, se trataba de integrarse en las costumbres republicanas. .P De vuelta a las habitaciones, Dashvara intentó de nuevo buscar la bolsa de dinero en el cuarto de Atasiag, pero fue todo en vano. Una suerte que el capitán parecía haber convencido al propietario para que los dejaran tranquilos. Sólo cuando regresó al salón cayó en la cuenta de que había un estepeño al que no había visto aquella mañana: Zefrek de Shalussi. Extraño, ¿verdad? Se giró hacia Raxifar. El gran Akinoa se había puesto a echar la siesta después de la comida, siguiendo el ejemplo de la mayoría de los Xalyas. Viendo a Lumon sentado en una silla, perdido en sus pensamientos, se sentó junto a él y le dijo: .D Hey, Arquero. ¿Has visto a Zefrek esta mañana? .P El Arquero frunció el ceño, meditó y negó con la cabeza. .D No. .D ¡Yo lo vi! —intervino Shivara alegremente, sentado en el suelo con su peonza. .D ¿En serio? ¿Salió? .P El niño asintió. .D Me desperté de noche, porque tenía sed, y lo vi salir. .D ¿Salió directamente? .P Shivara se mordió los labios, como tratando de recordar. .D No, dio unas vueltas —dijo al fin. Señaló el corredor—. Fue por ahí como un zonámbulo. Mi papá era zonámbulo… Mi padre adoptivo —rectificó enseguida. Su mirada se hizo huidiza y retomó su juego, dándole vueltas a su peonza. .P Dashvara dejó escapar un siseo bajo y Lumon lo miró con curiosidad. .D No has encontrado el dinero en el cuarto de Atasiag… ¿Crees que el Shalussi lo cogió? .P Dashvara suspiró. .D Me gustaría creer que no. Dudo de que en esa bolsa hubiera suficiente para comprarse un caballo, un sable y víveres. Si la robó, es que es idiota. .D Es un Shalussi —replicó Lumon con una sonrisilla bromista. .P Dashvara le devolvió una sonrisa ladeada. .D Diablos. Rokuish va a resultar ser el único Shalussi honrado. Pero no vayamos a acusar antes de tiempo —determinó. .P Fue a echar la siesta con los demás y se puso luego a jugar a las katutas con Lumon y los Trillizos. Ni Zefrek, ni Kuriag, ni Yira aparecieron. Estaban con la quinta partida cuando oyeron pisadas lentas por el pasillo. Al ver a Lanamiag Korfú entrar en el salón, quedaron sobrecogidos. Más que un humano parecía un fantasma sostenido en pie los demonios sabían cómo. .P La mirada del Legítimo se posó sobre cada Xalya con un desprecio evidente. Sus ojos refulgieron cuando reconoció a Dashvara como al asesino de su padre. Sin embargo, no se dirigió hacia él sino hacia su antiguo esclavo: Raxifar. El Akinoa se irguió ante él con los brazos cruzados. Fue difícil evaluar qué mirada, de los dos, emanaba más desdén. .D Miserable traidor —dijo el Korfú con sorprendente firmeza—. Si tuviera una espada, te decapitaría aquí mismo. .P Dashvara espiró de sorpresa. Se preguntó hasta qué punto se daba cuenta el Legítimo de lo ridícula que sonaba su afirmación. Apenas podía tenerse en pie y estaba rodeado de guerreros estepeños. Su orgullo de ciudadano titiaka, más que inspirarle respeto, le arrancó una mueca de mofa. .D ¡Lan! —exclamó una voz. Con una expresión entre enojada y exasperada, Fayrah se precipitó por el corredor y alcanzó al Korfú—. Cili misericordiosa, deja de decir bobadas y vuelve a tumbarte. .P Lanamiag meneó la cabeza con lentitud y se giró esta vez hacia Dashvara. Este le sostuvo la mirada con un rostro impenetrable. .D Lan… —cuchicheó Fayrah, cada vez más alterada. .D Juro —dijo Lanamiag con fuerza—, juro por el honor de mi familia que acabaré con tu pueblo. Salvaje. Lo juro ante Cili y ante mis ancestros. .P Dashvara captó la mirada suplicante de Fayrah y trató de no caldearse. .D Volvédmelo a decir cuando estéis en condiciones de sostener una espada… y de alinear dos pensamientos cuerdos. Excelencia —se burló. .P La pálida piel de Lanamiag se cubrió de placas rojas y Dashvara hizo una mueca bajo la mirada fulminante de Fayrah. .D No lo provoques —le lanzó su hermana—. Aún está muy débil. .D Estoy bien —replicó el Legítimo con brusquedad—. Y, si no tuviera a esos bárbaros tan cerca, me repondría mucho más rápido. ¿Dónde está ese Dikaksunora? .D Fue al Tribunal, Excelencia —contestó Wassag con su habitual tono humilde. .D ¿Así que Atasiag Peykat realmente fue enviado a prisión? .D Digamos que mucho me temo que es cierto, Excelencia. .D ¿Ya se conoce la causa? .D Aún no, Excelencia. .D Mmpf. ¡Ve a buscarme papel y tinta! —ordenó—. He de escribir a la embajada. .P Diciendo esto, se desinteresó de los estepeños y regresó a su cuarto, guiado por Fayrah. El rostro de esta reflejaba inquietud y determinación. .D Es una buena pieza —comentó Zamoy—. Me hubiera dicho lo que a ti, Dash, y le habría dado una buena patada. .D No me rebajaré a pegar a un enfermo —replicó Dashvara con desenfado. Recordando que Lanamiag Korfú ya le había dado una somanta de palos cuando él mismo estaba enfermo, sonrió con ironía y avanzó una ficha en el tablero. .P Kuriag y Yira acabaron por regresar en medio de la séptima partida de katutas. Ante las miradas interrogantes de los Xalyas, Kuriag agitó la cabeza y declaró con voz no muy segura: .D El asunto va avanzando. .P Eso fue todo. Tras desearles una buena tarde, fue a encerrarse en su cuarto. Echándole una ojeada divertida al capitán, Dashvara comentó: .D Tu yerno se explica como un libro abierto. .D Tal vez tu naâsga pueda iluminarnos —repuso Zorvun, girándose hacia Yira. .P La sursha se encogió de hombros. .D Algo está haciendo. Pero no sé muy bien el qué. Ha ido a la embajada, al Tribunal, a la cárcel y a la Gran Biblioteca. Estuvo hablando tres horas con Atasiag y otras tantas con Asmoan de Gravia. Al menos parece que tiene ideas. .D ¿Y dónde has estado tú? —inquirió Dashvara—. Te fuiste antes que Kuriag. De hecho, antes que todos. .D No antes que todos —lo corrigió la sursha. .P Dashvara asintió, entendiendo. .D Zefrek —murmuró—. ¿Lo seguiste? .P Los ojos de Yira se redujeron a una fina rendija. .D No pude evitarlo. Se conducía de una manera extraña. Estaba nervioso. Lo vi entrar en el cuarto de Atasiag. .D ¡El ladrón! —exclamó Zamoy. .D Malditos Shalussis —gruñó Dashvara. .D ¿Y por qué no nos despertaste? —preguntó el capitán. .D Porque quería saber adónde iba —contestó simplemente la sursha—. Me he llevado una sorpresa cuando he visto que alguien lo estaba esperando abajo, en el patio del albergue. Al principio, parecía como si se fueran a saltar al cuello para morderse. Pero luego se han puesto a hablar largo y tendido. No he podido oír lo que decían. Al de un buen rato, he visto al otro arrodillarse ante Zefrek. .D Costumbres shalussis —escupió Orafe el Gruñón—. Deberías haberle cortado la garganta cuando intentó matarte, Dash. .P Dashvara se había quedado suspenso. .D Walek —reflexionó en voz alta—. Debe de ser él. Nos lo encontramos anoche, Shivara y yo. Aunque no me explico cómo ese bárbaro engreído puede haber aceptado a Zefrek como jefe… ¿Sabes qué hicieron después? —le preguntó a Yira. .P La sursha puso cara molesta. .D No lo sé. En ese instante me mostré y le dije a Zefrek que devolviera el dinero robado. .D ¿Lo devolvió? .D Sí. Incluso se disculpó por marcharse sin avisar y me pidió que te dijera que no olvidará nunca la ayuda de los Xalyas. Dijo que iba a reunir a su pueblo y que, para ello, necesitaba dinero. Entonces, decidí darle la mitad de lo que había en la bolsa. Veinte dragones. .D Nuestra señora de la estepa es generosa —observó Orafe con burla. .P Dashvara lo fulminó con la mirada y el Gruñón alzó las manos con cara inocente. .D Nos cambia de la anterior, yo no digo nada —se defendió. .D ¿Y qué diablos piensa hacer ese Shalussi con veinte dragones? —intervino Alta—. Como mucho se saca un sable simple. .P Kodarah dejó escapar una risita irónica y dijo: .D Lo podrá usar para cargarse a Walek cuando ese intente otra vez venderlo a los civilizados. .P Los Xalyas se pusieron a comentar el suceso todos a la vez y Dashvara meneó la cabeza, ensimismado. Entendía el acto de Zefrek, pero… .D Podría habérmelo explicado de viva voz —gruñó—. Le habría dado incluso la otra mitad de la bolsa si me hubiese convencido de sus intenciones. .P Raxifar intervino con voz profunda: .D Que os esté agradecido no significa que confíe en vosotros. La desconfianza entre nuestros clanes parece ser una enfermedad incurable. .P Dashvara entendió que no solamente lo decía por Zefrek sino también por los Xalyas. .D Las cosas pueden cambiar —replicó. .P Raxifar echó un vistazo a los estepeños del salón. Algunos lo miraban con cara no muy amable. Sacudió la cabeza y, sin responder, salió de las habitaciones con andar tranquilo. .D Ese Akinoa se cree mejor que nosotros —refunfuñó Zamoy. .D Y tal vez lo sea —intervino Shokr Is Set. .P Algunos Xalyas le devolvieron miradas confusas. Sin atreverse a darle la razón, Dashvara se concentró de nuevo en el juego de katutas. .Ch "La Torre del Ave Eterna" Aquella misma tarde, llegó un agente diplomático titiaka al albergue, respaldado de guardias ragaïls, para acompañar la litera de Lanamiag Korfú hasta la embajada. Al ver entrar a tanto titiaka armado, los Xalyas se apartaron hasta el lado opuesto del salón con un temor sordo. Estaban en la República, cierto, pero Dashvara dudaba de que la milicia fuera a intervenir si a los Ragaïls les daba por conducirlos a la embajada a la fuerza: al fin y al cabo, oficialmente, seguían estando marcados, eran propiedad de un comerciante titiaka y dependían de la Federación. .P Lanamiag Korfú se marchó, pero no Fayrah. Cuando el agente diplomático y sus soldados dejaron el lugar, Kuriag Dikaksunora parecía estar animado. Al preguntarle Dashvara la causa de su cambio de humor, el joven Legítimo se ruborizó y explicó: .D Atasiag no tardará en salir. Confío en ello. Os lo… aclararé más adelante. .P Dashvara se encogió de hombros. .D Mientras salga, los pormenores me traen sin cuidado. .P Kuriag asintió y regresó a los cuartos. En cambio, Fayrah se había sentado a la mesa con cara ensombrecida. Al percatarse de que su hermano la miraba, interrogante, dejó escapar un gruñido de exasperación poco propio de ella. .D Es Lan —dijo—. A veces puede ser una persona formidable. Y otras veces es más idiota que un troll. Le he intentado convencer de que olvide el pasado. Pero no me hace caso. Y lo peor es que entiendo que quiera vengarse. Tú hiciste lo mismo con Nanda de Shalussi. .P Dashvara no contestó. Myhraïn, la prima mayor de Alta, intervino con sorna: .D De modo que, si ese extranjero matara a tu hermano, tú «lo entenderías», ¿verdad? .D ¡No! —replicó Fayrah, sobresaltada—. Claro que no. .D Pues ha amenazado con matarnos a todos —apuntó Sinta, la prima menor. .D Está enfermo, no pensaba lo que decía… .D Te aseguro que lo pensaba —replicó Dashvara con calma—. Pero no importa. Mientras él vuelva a Titiaka y nosotros a nuestra estepa, no habrá derramamiento de sangre. —Vaciló—. Recuerda que aún puedes cambiar de opinión si… .D No —retrucó Fayrah con tono rotundo. Y se levantó—. Voy a ir a la embajada. .P Dashvara se tragó un suspiro y asintió. .D Te acompaño. .P La acompañó y, en menos de una hora, estaba en el camino de vuelta, andando solo por las calles del Dragón. El cielo se había cubierto de nubes grises y una llovizna fría empezaba a empaparlo entero. Para despedirse, Fayrah tan sólo había soltado un «lo siento» que Dashvara no acababa de comprender. Así que, sin saber muy bien qué contestarle, se había contentado con darle un fuerte abrazo fraternal y devolverle el saco con sus pertenencias. Deseaba de todo corazón que Fayrah no estuviera cometiendo un terrible error. .D Vaya, vaya —soltó de pronto una voz a su derecha—. ¿Repartiendo más cartas para el señor Peykat? .P Dashvara se giró y vio a ese chaval moreno, Api, del número doce de la Calle de los Olivos. Llevaba una larga capa negra, pero no se había puesto la capucha y sus mechones, hundidos, se pegaban a su rostro desordenadamente. Un demonio, se dijo Dashvara con un estremecimiento. Lo saludó, sin contestar a la chanza. .D ¿Así que tú tampoco eres republicano? —le preguntó. .D ¿Yo? No. Vengo del este. De hecho, sólo llevo unas semanas en Dazbon. .D ¿Viajas solo? —se extrañó Dashvara. El chaval, pese a la seguridad con la que hablaba, no debía de tener más de quince años. .D ¿Tan raro resulta? Dime —añadió, mientras reanudaban la marcha por la calle—, ¿cómo es que acabaste sirviendo a Atasiag Peykat? .P Dashvara no sintió ningún reparo en contestarle: .D Los bárbaros nos capturaron y los titiakas nos esclavizaron. De eso hace más de tres años. .D ¿De modo que Atasiag os compró? .P La idea parecía hacerle gracia. Dashvara matizó: .D Fuimos un regalo del Consejo de Titiaka. Pero, gracias a la Revuelta, nos escapamos y ahora vamos a volver a la estepa. .D Qué práctico entonces que Atasiag haya sido encarcelado nada más llegar a Dazbon —observó Api con burla. .P Dashvara frunció el ceño. .D No tan práctico. Resolvimos que, si seguíamos sirviéndolo durante un tiempo, nos compraría caballos. De todas formas, parece ser que saldrá dentro de poco. .D ¿Oh? —Un brillo pensativo pasó por los ojos de Api—. ¿De modo que lo acusaron en falso? .D Ni idea. ¿Por qué te interesa tanto el destino de ese hombre si no lo conocías antes? .D Por curiosidad —contestó simplemente el chaval—. Por cierto, un tal Asmoan vino a casa de Sarga este mediodía. ¿Lo conoces, verdad? .P Dashvara sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y, cuando se cruzó con la mirada inteligente del chaval, recordó con qué tipo de criatura estaba hablando. .D Lo conozco —asintió el Xalya. .D Mm. No paró de hablarnos de tu pueblo durante toda la comida —continuó Api—. Y nos contó maravillas de vuestra Ave Eterna. Dijo que teníais una Torre… por así decirlo, divina. .P Dashvara puso los ojos en blanco. .D Hablas de la Torre del Ave Eterna, ¿verdad? Esa torre nunca fue nuestra. Perteneció a los Antiguos Reyes. Y está en territorio esimeo desde hace muchas décadas. .D Perteneció a vuestros ancestros —replicó Api—. Ancestros que compartían semejanzas con Asmoan. .P Dashvara se detuvo bajo la lluvia. Semejanzas, se repitió. ¿Semejanzas tales como que eran demonios como él? Fulminó a Api con la mirada. .D ¿Adónde quieres ir a parar, chaval? .P Api se metió las manos en los bolsillos de su capa. .D Asmoan quiere ir a ver esa torre. .D Lo sé. Y le dijimos que, si estaba dispuesto a pagarnos el viaje, nosotros lo guiaríamos hasta ella. Dijo que se lo pensaría. .D Ya se lo ha pensado —sonrió Api. .P Dashvara lo miró con el corazón latiéndole de pronto más aprisa. .D ¿Y? —gruñó. .P El joven demonio se colocó la capucha con una exasperante tranquilidad. .D Va a pagar —dijo entonces—. Es decir, va a pagar su parte. El titiaka pagará la otra. .P Dashvara dejó escapar un silbido de incredulidad. .D ¿Atasiag va a pagarnos los caballos? .D No —replicó Api—. Él no. El otro. El elfo. .P El asombro dejó paso al completo desconcierto. .D ¿Kuriag Dikaksunora? —murmuró Dashvara—. Y… ¿por qué? .P Se dibujó una sonrisa en el rostro semiescondido de Api. .D El elfo os lo dirá. .P Con estas palabras, el demonio se inclinó profundamente y se alejó por otra calle con rapidez. .Ch "Negocios" Kuriag Dikaksunora tardó tres días más en decirles qué estaba tramando. Cuando, al fin, se enteraron, no fue gracias a Kuriag sino a Asmoan, quien al venir a comer, dejó escapar de pronto un: .D ¿Para cuándo habéis decidido partir, Excelencia? .P El elfo disimuló mal una mueca. .D Aún no lo sé. Una semana, tal vez. Mañana, Atasiag saldrá de prisión y se realizará la boda. El sacerdote de Cili llegará esta misma noche. Le he reservado el mejor cuarto de este albergue. .D ¿Ya has… realizado la compra? —preguntó el agoskureño con tiento. .P El Legítimo se aclaró la garganta y le miró a Lessi antes de asentir. .D Sí. Mañana mandaré a los Xalyas a elegir los caballos… Supongo que se las arreglarán mejor que nadie. .P Todos estaban escuchándolos y aquellas palabras hicieron alzar la cabeza bruscamente a más de uno. Dashvara se levantó con lentitud. .D Er… Disculpad un momento. ¿Quién va a darnos el dinero para comprar esos caballos? .P El Legítimo lo miró con desafío. .D Yo. .P Dashvara asintió. Aquello concordaba con lo que había dicho Api. .D ¿Qué es lo que pides a cambio? .P Esta vez, el Dikaksunora se ruborizó y desvió la mirada antes de fijarla de nuevo en el señor de los Xalyas. .D Vuestro servicio —contestó. .P Dashvara enarcó una ceja. .D Esa es una respuesta vaga. .P Lentamente, el elfo dejó su cuchara en el plato vacío. .D ¿Puedo hablar contigo a solas? .D Faltaría más. .P Tras compartir una mirada expectante con sus compañeros, Dashvara siguió al Legítimo hasta su cuarto. La cama estaba cubierta de libros. Cerró la puerta detrás de él y se cruzó de brazos, esperando explicaciones. .P Kuriag pareció ganar en confianza mientras cruzaba el cuarto hasta la ventana. Soltó con voz firme: .D Atasiag os prometió que os liberaría y os compraría todo lo necesario para llegar sanos y salvos a vuestro hogar, pero él mismo, en la cárcel, me confesó que de momento no podía permitirse gastarse tal cantidad de dinero. Su negocio, como comprenderás, está siendo atacado de todas partes, incluso desde dentro. Lo han acusado de estar relacionado con una organización ilegal de intercambio de bienes, y según él las pruebas presentadas tan sólo pudieron salir de miembros importantes de la Hermandad del Sueño. Su mejor vía de escape es volver a Titiaka. Los Yordark están de su lado. Y yo también. Le he prometido que, si volvía a Titiaka, le prestaría mi voz en el Consejo por espacio de un año. Y le he ofrecido pagarle la fianza para que sea libre de regresar a la Federación. Una vez ahí, decidan lo que decidan los jueces republicanos, no podrán hacerle nada, si acaso prohibirle la entrada a Dazbon. .P Dashvara lo escuchó de principio a fin y soltó: .D Le pagas la fianza a Atasiag Peykat. Y cumples su promesa con tu propio dinero. No sé si he de desconfiar de tanta generosidad o arrodillarme para darte las gracias. .P Kuriag Dikaksunora se rebulló. .D No será necesario que te arrodilles. Con la fianza… también os he comprado a vosotros. .P Por un segundo, Dashvara creyó haber oído mal. Luego no supo si tomarse aquello en serio o echarse a reír de tamaña burla. .D Os liberaré —se apresuró a decir Kuriag, antes de que a Dashvara se le ocurriera decir algo—. Simplemente, no estoy preparado para volver a Titiaka. No con todo lo ocurrido. Necesito tiempo para recapacitar y… pensé que un viaje a la estepa me cambiaría las ideas. Conoceré la tierra de mi… de mi naâsga —sonrió con timidez—, y a cambio de vuestra protección obtendréis no solamente caballos y armas sino también mi apoyo desde Titiaka… cuando regrese. .D Un viaje a Rócdinfer para cambiarse las ideas —repitió Dashvara, y se carcajeó—. Debo admitir que me has sorprendido. ¿Para qué demonios nos has comprado a Atasiag? Simplemente pagándonos los caballos y los sables, te habrías ganado nuestra protección para el viaje. .P Kuriag suspiró levemente. .D Bueno. Se trata, básicamente, de una cuestión política. Si me marchara a la estepa sin escolta oficial, crearía un escándalo en Titiaka. Un Legítimo viaja con sus sirvientes. No podría marcharme así, sin más. Sería… .D Un escándalo —completó Dashvara, pensativo. .D Sí. .D Y, dime, ¿no causaría más escándalo si supieran que estás comprando el esclavo que mató a Rayeshag Korfú? .P Kuriag se encogió de hombros. .D Ninguno. Según se cuenta, tú sólo estabas defendiendo a tu amo. En realidad, tu valor como guardia aumentó después de lo de la Arena. Gowel Alfodrog, el embajador, me contó que Rishag Kondister le propuso a Atasiag comprarte por seiscientos escudos. Y Faag Yordark subió el precio a mil. .P Dashvara resopló, sin dar crédito a lo que oía. ¿Acaso se había perdido algo? .D Estos titiakas están locos. .P Kuriag Dikaksunora esbozó una sonrisa. .D Oficialmente, yo te he comprado por mil quinientos. Aunque a los demás los he comprado sólo por trescientos. Salvo a los Honyrs: Faag Yordark no los quería vender por menos de quinientos cada uno. Y a Raxifar… bueno, a Raxifar lo compré por bastante más —carraspeó—. En cualquier caso, se trata de un gasto del todo razonable, dada la fortuna de mi familia. —Su sonrisa se ensanchó ante la expresión superada de Dashvara—. Al fin y al cabo, eres el Resucitado y el último Rey del Ave Eterna. .P .Bpenso Y supongo que te alegras de ser el amo de tan ilustre personaje .Epenso , masculló Dashvara para sus adentros. .D Estupendo —dijo—. De modo que nosotros te llevamos de paseo por la estepa, rezando por que los Esimeos no nos caigan encima, y luego te llevamos de vuelta. Y ahí se acabó la historia, ¿verdad? .D Exacto. .P Dashvara asintió. .D Entonces estamos de acuerdo. .D Sólo una cosa más —apuntó Kuriag, con voz indecisa—. Será necesario que paséis por la embajada… esta misma tarde por ejemplo… para oficializar la venta. .P Dashvara lo miró con fijeza. .D En eso ya no estamos tan de acuerdo —masculló—. ¿Vais a marcarnos? .P Kuriag desvió nerviosamente la mirada. .D Es necesario, como comprenderás… .D Y un infierno —lo cortó Dashvara con viveza—. Arréglatelas para oficializar la venta como quieras, pero no con esas marcas. .P Irritado, abrió la puerta y salió del cuarto. Asmoan ya se había marchado y Lessi palideció cuando vio la expresión de Dashvara. Ella estaba enterada de todo, entendió. Su irritación cayó de pronto como un saco de plomo. Se sentó a la mesa y soltó: .D El Dikaksunora nos promete caballos y armas a cambio de que lo escoltemos a la estepa. .P Todos lo miraron con curiosidad. .D Eso parece una buena noticia —comentó el capitán, con el tono de quien está ya listo para escuchar el lado problemático del asunto. .D Lo es. .D Ya. ¿Entonces por qué tienes cara de haberte cruzado con una manada de Esimeos, hijo mío? .P Dashvara suspiró y echó una mirada hacia el corredor. Kuriag Dikaksunora había cerrado la puerta. No: la había dejado entornada. Puso los ojos en blanco y lanzó: .D Para poder hacer ese viaje, tu yerno necesita o cree necesitar decir a todo el mundo que nosotros, sus acompañantes, somos esclavos suyos. Algo que ha hecho sin consultarnos, claro. Nos ha comprado a Atasiag a cambio de su libertad bajo fianza. Y esperad, que hay más, porque incluso ha comprado los Honyrs a los Yordark y Raxifar al Korfú. Para festejarlo, ahora quiere hacernos marcar en la embajada. .P Un largo silencio siguió sus palabras. Makarva dejó escapar una carcajada incrédula. Y otros lo imitaron. Orafe bramó: .D ¡Va a marcarse su madre! Yo no me meto en esa embajada ni muerto. .P El capitán se levantó del sofá, remangándose el uniforme con calma. .D Creo que es hora de que tenga otra buena charla con mi yerno. .P Dashvara lo vio alejarse por el corredor y llamar a la puerta entornada con delicadeza. Segundos después, esta se cerró detrás de él. .D No puedo creerlo —dijo Zamoy tras un silencio—. Ese tipo no tiene ni mi edad. ¿Y quiere ahora que lo llamemos amo? .D Nooo, con Excelencia será suficiente —rió Dashvara con sarcasmo. .P Esperaron con cierta inquietud a que volviera el capitán. Tardó una eternidad, pero finalmente salió junto con Kuriag Dikaksunora. Este último tenía una expresión indecisa; el capitán en cambio parecía plenamente satisfecho. Se acercó y dijo: .D Xalyas, no es una maldita marca lo que nos va a separar de la estepa. —Posó una mano paternal sobre el hombro del Legítimo—. Una pequeña marca en el brazo a cambio de la estepa. No es mal negocio. Todos a la embajada. .P Dashvara se quedó de piedra. Vale, Kuriag era un buen tipo, tenía un Ave Eterna respetable y seguramente cumpliría con su palabra pero… diablos, era un Dikaksunora, un titiaka y el hijo del Maestro esclavista. Como habría dicho Sashava, ¿dónde se había quedado la dignidad xalya? .P Al reiterar la orden, el capitán obtuvo que los demás Xalyas se movieran a regañadientes de sus sitios. Dashvara no se movió ni un ápice. .D Dashvara —le soltó el capitán con paciencia, desde la puerta de entrada—. Kuriag no nos traicionará. Me lo dice mi Ave Eterna. Venga, ¿qué importa una maldita marca? .P Dashvara cruzó la mirada de Yira. Al verla asentir imperceptiblemente, como para animarlo, él suspiró y se levantó. .D Raxifar, será mejor que vayamos. .P El Akinoa tampoco se había movido. .D Una pequeña marca —insistió Dashvara—. Ya tenemos dos. Una más no nos matará. .P Tras unos segundos, sin una palabra y con el rostro impenetrable, el gran negro se incorporó. Bien. Dashvara echó un último vistazo a las mujeres xalyas antes de seguir a sus hermanos y a Kuriag. .P Afuera, diluviaba. El tiempo que cruzaran el Distrito del Dragón y llegaran a la embajada, sus uniformes se les pegaban al cuerpo y sus botas chasqueaban. Kuriag, por supuesto, iba bien resguardado debajo de un paraguas, regalo, según dijo, del embajador. .P Tras echar un breve vistazo al documento que les tendió el Legítimo, los Ragaïls les abrieron el portal y los estepeños pasaron adentro. Enseguida, Dashvara tuvo la impresión de haber vuelto a Titiaka. El gran edificio blanco con cristaleras, las dos fuentes y los jardines le recordaban con fuerza a la capital diumciliana. La presencia de los Ragaïls lo puso nervioso. Había al menos una veintena en la parte cubierta del patio. El destello inquieto en los ojos del capitán lo intranquilizó todavía más. De todos los estepeños ahí presentes, Dashvara era el único en ir armado. .D Por aquí —les señaló un Ragaïl. .P Pasaron por una pequeña puerta lateral, a una sala vacía, donde, tras aguardar un rato, aparecieron tres funcionarios, uno con el tan esperado contrasello de Atasiag Peykat, otro con el de los Korfú y otro con el de los Yordark. Se pusieron en línea y los funcionarios les depositaron el contrasello antes de que otro llegara y les imprimiese el sello de los Dikaksunora en el brazo: un ave azul que irónicamente le recordaba a Dashvara al Ave Eterna. .P Cuando el producto se introdujo en su piel, sintió además del habitual picor una extraña descarga que le llenó el brazo de hormigueo. Sólo faltaba ahora que los hubiesen envenenado o algo, pensó, inquieto. .D Todo lo que sintáis es normal —declaró el funcionario con cara complacida, al notar la sorpresa de los estepeños—. Para estas tecnologías, los Dikaksunora siempre han sido adelantados con respecto a las demás familias Legítimas. Usan sellos multifuncionales. .P No se extendió sobre esas «funciones» y, en ese momento, a Dashvara lo último que le apetecía era oírlo hablar de estas. Al fin, los hicieron pasar a otra sala, donde dos jóvenes Ragaïls les trajeron una pila de uniformes con los colores azules y blancos de los Dikaksunora. Tres sastres se dedicaron a recortar y ponerlos todos a medida. Dashvara tenía realmente la inquietante impresión de haber retrocedido meses y estar de vuelta en Titiaka. Cuando toda esta transformación llegó a su fin y salieron al patio, ya no llovía y los charcos brillaban bajo los rayos tímidos del sol. .D ¿De verdad son tan buenos luchadores como dices? —preguntó una voz. .P Erguido en la escalinata principal de la embajada, un hombre obeso con una larga melena rizada contemplaba a los estepeños con esa típica mirada evaluadora de los ciudadanos titiakas a la que Dashvara estaba más que acostumbrado. Al lado de ese mastodonte, Kuriag Dikaksunora parecía un niño. .D Son muy buenos —afirmó el elfo—. Y no puedo desear mejores guías que ellos para adentrarme en la estepa. .D ¡Ah! Has nacido con el espíritu aventurero, muchacho. Pero te entiendo perfectamente. Si fuese más joven, probablemente te habría acompañado. Viajar abre la mente. Aunque me temo que no has elegido el lugar más seguro para tu primer gran viaje. .D No será mi primer gran viaje —aseguró Kuriag—. Ya he viajado a Ryscodra. En la capital, no puedes pasearte por las calles sin estar rodeado de una buena escolta o te asaltan y te dejan muerto por robarte lo que tienes en la faltriquera. .D ¡Por la Serenidad! —se espantó el embajador, aunque probablemente debía de saber ya todo eso—. Pero no te entretendré más. No quisiera retrasar los preparativos para la boda. .D De hecho, aún tengo que dar la bienvenida al sacerdote. —Kuriag se inclinó ante el embajador—. No puedo más que estarte agradecido por haberme facilitado el uso de tus palomas mensajeras y de tus sirvientes. .D Y yo me siento honrado de haber tenido la oportunidad de siquiera ayudarte, Excelencia. .P Con su cuerpo difícilmente podía inclinarse, pero lo intentó de todas formas. Tras unas cuantas frases formales más, Kuriag Dikaksunora bajó la escalinata y pasó ante sus nuevos sirvientes con la prestancia de un joven Legítimo. Tras una vacilación, los estepeños lo siguieron hasta el portal. Tan sólo cuando lo cruzaron Dashvara empezó a relajarse. Volvían a estar en territorio republicano. Al fin. .Ch "Las alas de un Xalya" .D Este tiene la pezuña estropeada —observó Alta. .D ¡Ah, no, hombre, no! —protestó el vendedor—. Es la forma habitual de esta raza. Con esas pezuñas, corren más rápido que el viento. .D El viento es muy voluble —replicó Alta—. Tan pronto como galopa, se para. Este .Sm no nos lo llevamos. .P Dashvara apoyó el rechazo negando con la cabeza en silencio. El vendedor suspiró. Empezaba a entender que a Alta no se le pasaba ni el más mínimo defecto. .P Metió el mal caballo en su compartimento y se dirigió al fondo de las cuadras. Lumon llegaba corriendo detrás de ellos. Les informó: .D A nosotros nos quedan aún seis caballos. ¿Qué tal os va a vosotros? .D Diez —contestó Dashvara. .D Alta es peor que el Quisquilloso —explicó Miflin, sonriente. .D Pues Sirk Is Rhad no es mejor —sonrió Lumon—. Atsan y él no solamente tienen que hablar con el vendedor para decidirse: también tienen que hablar con el caballo. .P Dashvara y los Trillizos se carcajearon amablemente pero Alta razonó: .D Un caballo no se elige así como así. Dudo de que nos dé tiempo a elegirlos todos hoy. .D Sobre todo si tenemos que ir a esa boda —suspiró Dashvara. .D Dijo que no sería necesario que estuviéramos todos ahí —recordó Miflin con tono elocuente. .P Dashvara miró al Poeta con una mueca burlona. .D Creía que te gustaban las fiestas, Poeta. Además, las que se casan son la hija del capitán y la hermana de tu señor. ¿No irás a perderte el evento? .P Miflin estaba buscando algún argumento para librarse cuando Alta los interrumpió, exclamando: .D ¡Este tiene mucho mejor aspecto! .P El rostro del vendedor de caballos reflejó alivio. Cuando Dashvara posó los ojos sobre el nuevo caballo, ladeó la cabeza con una extraña impresión de reconocimiento. Tras examinar el animal de arriba abajo, Alta declaró: .D Este caballo es nuestro. .D ¡Una maravillosa elección, señores! —se alegró el vendedor. .D Ya… —carraspeó Alta y se giró hacia sus hermanos—. Quería decir que este caballo nos pertenecía. En Xalya. Debieron de venderlo los bárbaros. .P Sobrecogido, Dashvara se acercó al caballo y, al fin, lo reconoció. Era Soleante, el caballo de Boron. Parecía estar en buena forma. La expresión del comerciante reflejaba ahora concentración, como si tratara de saber si eso podía elevar el precio de la venta. .D Antaño tenía mejor aspecto —dejó escapar Alta—. Anda desnutrido. .D ¡Desnutrido! —exclamó el vendedor, indignado—. ¡Cuido de estas bestias noche y día y les doy la mejor avena…! .D Dime —le cortó Alta—. ¿Dónde compraste este caballo? .P El republicano se apaciguó enseguida. .D Me lo vendió un patricio —fanfarroneó—. Es un caballo estepeño de la mejor raza, fuerte y resistente como una montaña. Puede aguantar muy largos viajes y apenas se cansa. .D Conozco las cualidades de los caballos estepeños —aseguró Alta—. ¿Tiene a más de este tipo? .D Tres más, señor. Y alguno más estepeño no menos increíble. ¿Queréis verlos? .P Desapareció en una intersección de sus vastas caballerizas y regresó con cinco caballos y tres mozos de cuadra. Dashvara reconoció tan sólo a la yegua, por su singular pelaje: esa había pertenecido a un oficial de su padre. Tras estudiar los caballos estepeños con detenimiento, Alta pareció satisfecho por todos, y acabó por aceptar a otros cuatro que eran caballos medio estepeños. Llegó entonces el regateo, del que Alta salió bien parado: en total, pagaron menos de ochocientos dragones para los diez caballos y los llevaron a las caballerizas del albergue. El grupo de Sirk Is Rhad acababa de llegar con los siete caballos restantes y el lugar empezaba a estar abarrotado. Boron reconoció a Soleante al instante y su placidez se mezcló de una viva emoción que lo hizo derramar alguna lágrima. Dashvara y sus compañeros le dieron unas palmadas en el hombro, alegrándose de su buena suerte. Mientras se ocupaba de probar y ajustar una silla recién comprada sobre una yegua alazana, Dashvara no dejó de pensar en Lusombra. Al percatarse de ello, le murmuró a su nueva montura una disculpa al oído y agregó: .D A ti te llamaré Amanecer. Iremos a la estepa juntos. Y te hablaré de Lusombra. Estoy seguro de que te habrías llevado bien con ella. .P Al echar una mirada a su alrededor y ver a su pueblo ocupándose de tanto caballo estepeño, el corazón de Dashvara se hinchó de alegría. El asunto iba más que bien. .P Una voz conocida fuera del edificio le arrancó una sonrisa y, alejándose de Amanecer, asomó la cabeza por el portón abierto. Ahí, en el patio del albergue, estaba Atasiag Peykat, formando un círculo con otros titiakas, con su bastón de mando y una expresión de gran serenidad. Entre los presentes, estaba por supuesto Kuriag Dikaksunora, vestido aún con su habitual túnica blanca. Su rostro reflejaba una intensa felicidad. Los demás titiakas le soltaban bromas en diumciliano, todas típicas chanzas para el futuro casado. .D ¡Y encima os vais de luna de miel a la estepa! —exclamó un joven con tono animado. .D La novia es ni más ni menos una princesa estepeña, al fin y al cabo —intervino otro, inclinándose ante el Dikaksunora—. Y los rumores dicen que es de gran belleza. .D Su corazón es más grande todavía —replicó Kuriag con firmeza y se ruborizó cuando varios rieron. .D Auguro ya mucha felicidad en vuestra vida, Excelencia —dijo uno que llevaba el símbolo de los Yordark—. No sé si os comenté que mi hermano mayor, Faag, tiene una alta opinión sobre vos. .D Er… sí, creo que ya lo ha hecho, gracias —sonrió Kuriag, ligeramente incómodo. .D Vaya. ¿Y cuánto tiempo pensáis hacer durar vuestra luna de miel? —preguntó el Yordark. .D Aún no lo he decidido —admitió Kuriag Dikaksunora—. Pero no estaré nunca del todo ausente del Consejo, ya que dejaré a Atasiag Peykat como representante en mi puesto mientras dure mi viaje. .D ¿Efectuasteis ya los trámites de herencia? —se extrañó un miembro de los Shoveda. .D Absolutamente todos —asintió Kuriag—. Debo decir que no lo hubiera conseguido sin la ayuda de los Alfodrog y los Yordark, así como de mi madre. .P Un joven pelirrojo vaciló antes de comentar: .D Es una lástima que ningún miembro de vuestra familia próxima vaya a poder acudir a vuestra boda, ¿salvo error…? .D Mi madre me dio su bendición por carta —aseguró Kuriag—. Pero el duelo que aún pesa sobre nosotros le impidió tomar el barco. Además, mis hermanos menores necesitan apoyo moral para… reponerse de nuestra pérdida. .P Los rostros se cubrieron de comprensión y conmiseración. .D Una gran pérdida para toda la Federación —pronunció solemnemente el Shoveda. .D Terrible —aprobó el pelirrojo—. Jamás podremos agradecer lo suficiente las grandes hazañas de vuestro padre, Excelencia. Engrandecieron nuestra patria. .P Kuriag Dikaksunora desvió la mirada hacia el suelo y Dashvara vio sus labios apretados, que podían señalar tanto tristeza como tensión. .D ¡Por el amor de Cili! —exclamó Atasiag—. No nos entristezcamos en este día de fiesta. La felicidad de nuestro joven amigo alegrará sin duda el espíritu de su progenitor, allá donde esté. .D Tiene mucha razón, señor Peykat —se apresuró a decir el joven Yordark. .D Y no estará de más que dejemos a Su Excelencia un pequeño respiro antes del gran acontecimiento. .D ¡Muy cierto! —aprobó el Shoveda. .D Os veremos en el templo, Excelencia —se despidió el pelirrojo. .P Pronto se alejaron y tan sólo quedaron Atasiag Peykat y Kuriag Dikaksunora en el patio. Dashvara se atrevió al fin a acercarse. .D Ya tenemos los cuarenta y cinco caballos, como prometido —anunció—. Todos sanos y de raza estepeña en mayor o menor grado. —Saludó a Atasiag con un ademán—. ¿Qué tal tu estancia en la cárcel, Eminencia? .P Atasiag sonrió, estudiándolo con la mirada. .D Agotador. No he parado de recibir visitas «excepcionales», ya que generalmente no están permitidas las visitas. Además de las visitas de Tahisrán, claro. .P Dashvara enarcó una ceja, sorprendido, al oírlo hablar de la sombra en presencia del Dikaksunora. Sin embargo, este parecía saber de quién estaban hablando. Se encogió de hombros. .D Incluso encerrado has estado haciendo negocios, por lo que veo. .P Atasiag asintió con calma. .D Y más de uno. Espero que tratéis a vuestro nuevo amo tan bien como me tratasteis a mí —añadió, medio burlón medio sincero. .P Su vista se alzó, más allá de donde estaba Dashvara, y este se percató de que, uno a uno, los Xalyas habían ido saliendo de las caballerizas. .D Lo trataremos como se merece —replicó Dashvara. .D Me parece correcto —intervino Kuriag, antes de que Atasiag opinara nada más—. Gracias por haberos ocupado de los caballos: habéis sido eficaces. Morzif y Ged llegaron con las armas hace un par de horas. Dicen que no son las mejores del mundo, pero que servirán. .P Dashvara asintió. Atok ya le había contado todo eso, y más: al parecer, iban a ir armados hasta los dientes, con sables, lanzas, arcos, carcajes repletos y hasta armaduras de cuero. Movido por un impulso de honestidad, le tendió a Kuriag la bolsa de dinero que este le había dado a la mañana. .D Nos sobraron ciento y pico dragones —explicó. .P El elfo esbozó una sonrisa. .D Quedaos con el dinero. Para vuestros caprichos. Aún tengo unos asuntos administrativos que resolver y no partiremos hasta dentro de una semana. Seguro que le encontraréis buen uso. Si no tenéis ninguna pregunta, iré a cambiarme para la boda. .P Inclinó levemente la cabeza y Dashvara le correspondió con más brusquedad, tal vez porque la prodigalidad del Dikaksunora comenzaba a hacerlo sentirse molesto. Lo siguió con la mirada mientras el Legítimo subía la escalinata y entraba en el albergue. .D Bueno, Filósofo —dijo Atasiag—. Ya tienes tus caballos y tus armas. Supongo que estarás satisfecho. .P Dashvara sonrió pero contestó: .D Lo estaré aún más cuando salgamos de Dazbon. Adivino que nos echarás de menos —añadió con ligereza. .P Atasiag puso cara burlonamente pensativa. .D Mm… Tal vez —admitió. Paseó una mirada rápida por los rostros de los Xalyas antes de añadir—: Zarparé esta misma tarde para Titiaka, después de la ceremonia. Tengo que asegurarme de que todo está en orden en el Consejo antes de que Kuriag salga a cazar leyendas. Así que nuestros caminos se separan aquí. .P Dashvara asintió y, con el corazón emocionado, dio un paso hacia delante y le dio un fuerte abrazo al titiaka. .P .Bpenso Estás abrazando un demonio, Dash .Epenso , pensó súbitamente, anonadado. .P ¿Pero qué importaba? Pese a todo, Atasiag había ayudado a su pueblo. .D Sí —carraspeó Atasiag cuando Dashvara se apartó—. Creo que os echaré de menos. .P Sus ojos brillaban un poco. Agitó suavemente la cabeza y dio un paso hacia atrás antes de inclinarse. .D Ha sido un placer conocerte, señor de los Xalyas. Cuida de Yira, ¿eh? —Marcó una pausa mientras Dashvara asentía y añadió con tiento—: Por cierto… si no os importa, ¿podríais hacerme un último favor? Tengo unas cuantas pertenencias que quisiera llevar al barco. Algunas pesan bastante. Como el… famoso arcón. .P Dashvara sonrió y, tras echar una mirada interrogante a sus compañeros y ver las expresiones divertidas de estos, asintió. .D Cuenta con nosotros, Eminencia. .salto Finalmente, tan sólo diez Xalyas asistieron a la boda y, a petición expresa de Kuriag, Dashvara fue uno de ellos. El Templo de Cili donde se desarrollaba la ceremonia se situaba en la embajada. No le encantaba la idea de meterse de nuevo en ese lugar pero… el que pagaba mandaba, ¿verdad? .P Lo primero que le maravilló fue la cantidad de titiakas que Kuriag Dikaksunora había conseguido reunir en tan poco tiempo. O más bien la cantidad de titiakas que se habían por así decirlo invitado a la fiesta, con claras intenciones de hacerse amigo del nuevo jefe de familia de los Dikaksunora. Reconoció algunas caras, pero la mayoría le eran desconocidas. .P La ceremonia, en esencia, no se diferenció mucho de la que había protagonizado Atasiag Peykat al casarlos a Yira y a él. El problema es que se alargó mucho más que esta última. De pie, en el fondo de la sala, Dashvara escuchó el interminable sermón del sacerdote de Cili reprimiendo suspiros de impaciencia. Hubiera jurado que el sacerdote recitó el Libro Sagrado entero antes de regar los lazos de las dos parejas con agua pura. Lanamiag Korfú estaba aún algo pálido, pero se erguía con más energía y se comportó con Fayrah como un perfecto caballero, enrollando los lazos y luego arrodillándose y besando la mano de su esposa como si hubiera ensayado el gesto mil veces. A su lado, a Kuriag se lo notaba más joven e inexperto. Una vez la ceremonia acabada, empezaron los músicos a tocar canciones alegres y los invitados pasaron al gran patio de la embajada para disfrutar del banquete. Dashvara se abstuvo de moverse durante todo aquel festejo, deseoso de evitar cualquier conflicto con Lanamiag Korfú. Este estaba inmerso en su mundo de dicha y ni siquiera pareció verlo cuando pasó a escasos pasos de donde se encontraba. Atasiag no tardó en despedirse calurosamente de Lessi y Yira y subirse con Lanamiag y Fayrah en un bote prestado de la embajada que los conduciría directamente a su barco personal y de ahí zarparían rumbo a Titiaka. Fayrah abrazó a Lessi, pero no pareció acordarse de los guardias xalyas, agrupados fuera del muelle. Tan sólo cuando el barco ya estaba alejándose, su hermana alzó la vista, alzó una mano a medias… y se levantó, haciendo balancearse el bote. .D ¡Que el Ave Eterna te proteja, sîzan! —gritó. .P Sonriente, Dashvara realizó un gesto de cabeza y la saludó. No supo por qué, en ese momento, le vinieron recuerdos de su niñez, cuando aún tan sólo era un crío y corría junto con Fayrah y su pequeño hermano Showag por la hierba o recorría los pasadizos secretos del Torreón… El barco estaba ya lejos cuando murmuró: .D Nunca dejarás de ser una Xalya, sîzin. .P O al menos eso esperaba. .Ch "El huérfano de los orcos" .\" 08/05/2017 Con los preparativos del viaje, la semana siguiente pasó volando. Al estar Kuriag Dikaksunora muy ocupado escribiendo y contestando cartas y respondiendo a invitaciones de titiakas y republicanos de la ciudad, los Xalyas se ocuparon como quien dice de todo. De todas formas, ellos eran los que mejor conocían las necesidades para viajar por la estepa. .P Para ponerse en forma, retomaron un entrenamiento intensivo en el patio del albergue, manejando sables, arcos y lanzas. Cuando Kuriag les propuso entrenarse con los Ragaïls de la embajada, rechazaron en rotundo. Esos guerreros-magos le traían a Dashvara muy malos recuerdos de la Revuelta. .P La víspera de la partida, Dashvara, los Trillizos, Lumon, Boron y Makarva fueron a visitar a Zaadma y Rokuish al .Sm -t nomlieu Dragón de Oro para dejarles los ciento y algo dragones que les habían sobrado y, de paso, ver cómo iban creciendo Rahilma, Aodorma y Sizinma. Ni Zaadma ni Rokuish protestaron mucho antes de aceptar el dinero, y menos cuando Dashvara les aseguró que en la estepa no lo iban a necesitar. .D Nuestras primas parecen haberse calmado desde la última vez —observó Zamoy, acercándose a la gran cuna donde las tres criaturas dormían. .D Rahilma y Aodorma, sí —dijo Zaadma—. Pero Sizinma sigue igual de insoportable. .D Debe de ser la reencarnación de Miflin —concluyó el Calvo. El Poeta le dio un codazo en plenas costillas—. ¡Au! .D ¿Qué tal va el proyecto de la herboristería? —inquirió Makarva. .P Zaadma suspiró ruidosamente. .D ¡Buah! Esta ciudad se está convirtiendo en un infierno. Ahora resulta que es necesario tener un diploma de la Ciudadela para abrir una herboristería. Estamos planteándonos instalarnos en Twach. ¡Ahí al menos todavía te dejan vivir sin necesitar un diploma! Está a medio día de viaje de aquí en carreta, no sería tanto jaleo. Y con este dinero que nos habéis traído, ahora no me cabe duda de que saldremos adelante, aun con estas tres condenadas diablillas —sonrió. .P Cenaron con ellos en el cuarto de la taberna y, al despedirse, Dashvara creyó oportuno renovar su oferta a la pareja. .D Si algún día os da por volver a la estepa, nuestro clan os recibirá con gran alegría —les dijo. .P Rokuish sonrió, emocionado, y se levantó para estrecharle la mano. .D Gracias, hermano. Aquí lo mismo: si alguno de vosotros decide viajar a la República, que no se olvide de pasar a visitarnos. —Le palmeó el hombro con una expresión profundamente conmovida—. Sé prudente y que la suerte te sonría. .P Casi le dio la impresión a Dashvara que se despedía de él para siempre. Tal vez fuera cierto. Sobre todo si los Esimeos los pillaban de camino. Apartando esos pensamientos, salió de la taberna con sus hermanos y echó una mirada sombría al cielo tormentoso antes de ponerse la capucha de su nueva capa y echarse a la calle bajo el aguacero. Estaban caminando en silencio por las calles de Dazbon cuando, de pronto, Zamoy gritó: .D ¡Hermanos! .P Todos se sobresaltaron y lo miraron, alarmados. .D ¿Qué pasa? —le preguntaron. .P Debajo de su capucha azul oscura, Zamoy sonrió con todos sus dientes y exclamó: .D ¡Que mañana nos vamos a casa! .P Dejó escapar un grito de victoria y salió corriendo con el Pelambrudo, rumbo a .Sm -t nomlieu La Perla Blanca . Dashvara intercambió una sonrisa con sus compañeros y reanudaron la marcha bajo la lluvia. Se iban a casa, sí, aunque, interiormente, no podía dejar de pensar en los Esimeos. Se toparían con ellos en camino sin la menor duda. .P .Bpenso Pero eso no significa que no podremos pasar .Epenso , pensó mientras caminaba. .Bpenso Los veneradores de la Muerte no tienen por qué saber que esos guardias estepeños con uniforme titiaka son Xalyas… ¿verdad? .Epenso Mostró una sonrisa torva. .Bpenso No hasta que se lo gritemos a la cara. .Epenso .salto Cuando, a la mañana siguiente, los estepeños montaron sus caballos y salieron del albergue, siguiendo a Kuriag Dikaksunora, sus corazones vibraban de alegría. Iban cargados de provisiones, de armas y, sobre todo, de esperanza. Se les enfrió un poco el ánimo cuando, ya saliendo de la ciudad, vieron a doce Ragaïls acercarse al grupo. Por un instante, Dashvara temió que vinieran con problemas, pero Kuriag tan sólo los saludó como si esperase el encuentro y reanudó la marcha al trote. Percibiendo la ojeada interrogante del capitán, Dashvara suspiró y taloneó a Amanecer para alcanzar al Legítimo. Carraspeó. .D Excelencia. .P El joven elfo giró levemente la cabeza. No cabalgaba mal, pero se veía así y todo que no era un jinete aguerrido. .D ¿Sí? —replicó con cierta tensión. .P Dashvara esbozó una sonrisa. .D No hace falta que agarres tanto las riendas. Relájate. A nadie le gusta llevar a un mono inquieto sobre el lomo. .P Kuriag apretó los labios pero, en vez de ofenderse y mandarlo a plantar hierba al desierto, le hizo caso. Intentó justificarse: .D En Titiaka apenas cabalgaba. .D Se nota —aseguró Dashvara con mofa no disimulada. Recibió la ojeada molesta del Legítimo y le sonrió antes de hacer una mueca y preguntar—: ¿Por qué contratar a Ragaïls? .P Kuriag frunció el ceño. No contestó de inmediato. .D No los he contratado yo —dijo al fin—. Es Faag Yordark quien me los manda para mi protección. No he podido rechazar. .P .Bpenso ¿En serio? .Epenso , pensó Dashvara. .Bpenso ¿O es que te asusta que los Xalyas te dejemos plantado? .Epenso .P Pero acalló sus dudas. Además, la respuesta de Kuriag podía ser cierta. Al fin y al cabo, a los Yordark tampoco les interesaba que el nuevo jefe Dikaksunora se perdiera para siempre en la estepa de Rócdinfer. .P .Bpenso Y recuerda, Dash, que a nosotros tampoco nos interesa que Kuriag desconfíe de los Xalyas… .Epenso .P Con una punta de exasperación, Kuriag añadió: .D Djamin es uno de los mejores capitanes ragaïls de Diumcili y se prestó voluntario para acompañarnos. Es un honor tenerlo entre nosotros… Espero que no surjan inútiles riñas. .P Dashvara puso los ojos en blanco y, como el dicho capitán ragaïl se acercaba a su vez en su montura, aseguró: .D Me ocuparé de controlar a los míos, Excelencia. .P Y se dejó distanciar para dejar sitio a Djamin. Este no le dio mala impresión. Era un humano maduro, de tez bronceada como los estepeños y, de no ser por sus ojos azules, hubiera podido confundirse con un Xalya. Intercambió con él un gesto seco de cabeza antes de dejarse distanciar. Siguió observándolo unos instantes mientras él hablaba con Kuriag y entonces regresó junto a un Zorvun impaciente de tener nuevas. Le explicó a este la presencia de los Ragaïls y el capitán asintió, pensativo. .D Supongo que la compañía era previsible —comentó. .P Estaban llegando ya al Camino del Dragón y, al notar que el ritmo ralentizaba, Dashvara alargó el cuello. Avistó a dos saijits esperando al borde de este, con una montura. Reconoció enseguida a la alta silueta del caito. Era Asmoan, el científico agoskureño, el entusiasta del Ave Eterna… y el demonio. A su lado, cargado de dos sacos bien abultados, con una expresión que alternaba entre el hartazgo y la burla, estaba Api, el chaval moreno. Dashvara enarcó una ceja reprimiendo un suspiro. Y bueno, finalmente iban a tener que viajar no solamente con doce Ragaïls sino también con uno no, .Sm dos demonios. .D ¡Buenos días! —exclamó Asmoan—. Perdonadme el contratiempo, tengo un pequeño problema: mi caballo ya va demasiado cargado ¡y no sé dónde poner la carga más pesada! —Posó una mano elocuente sobre el hombro del chaval—. Es Api, mi asistente. .P Kuriag pronto solucionó el problema de los sacos que llevaba el muchacho haciéndolos cargar sobre otra montura. Preocupándose entonces por el asistente, preguntó: .D ¿Alguien que no le importe llevarlo? .P Habría acabado antes ordenando. Los Xalyas se miraron. Los Ragaïls se rascaron la cabeza o hicieron como que no habían oído. Y Dashvara carraspeó. .D Irá conmigo. .P Tampoco era plan de que Kuriag colocara al demonio en la montura de una de las Xalyas. El joven enseñó todos sus dientes y se inclinó. .D Será un placer viajar contigo. Por cierto —añadió, mientras Dashvara le agarraba del brazo para ayudarlo a izarse—, una vez me subí a un dragón pero nunca he montado sobre un cab… ¡Demonios! —resopló—. Se está más alto de lo que creía. .D Agárrate bien —replicó Dashvara. .P El muchacho se agarró y pronto se reanudó la marcha, a ritmo más bien lento. Los republicanos que pasaban por ahí se detenían a mirar el desfile de caballos con curiosidad. Api preguntó: .D ¿O sea que estos son los famosos caballos estepeños? .P Dashvara gruñó en asentimiento. Api retomó: .D Asmoan dice que en unos días estaremos ya en la estepa, pero que habrá que cruzar unos túneles. Los túneles de Aïgstia. Un verdadero laberinto, dijo. Según le contaron, claro, porque él no conoce la zona. Espero que sepáis adónde vais, vosotros, porque no me fío ni un pelo de los mapas de ese científico. .P Dashvara, sentado delante de él, reprimió un suspiro. .D Procuraremos no perdernos —aseguró. .P Hubo un silencio y entonces un alegre: .D Pues estupendo. Caray, no voy a echar de menos Dazbon —opinó—. Aunque las llanuras vacías tampoco son mi lugar favorito, pero entre eso y las marismas de Ariltuán creo que prefiero lo primero. .P Dashvara enarcó una ceja. .D ¿Estuviste en Ariltuán? .D Sí, ¿por qué? —replicó el chaval con natural vivacidad. .P Dashvara meneó la cabeza. .D Mis hermanos y yo estuvimos guardando las fronteras de Diumcili junto a las marismas durante tres años —explicó. .D Vaya —dejó escapar Api, suspenso. .P Dashvara se humedeció los labios. .D ¿Puedo preguntarte cómo saliste tú vivo de ahí? .D Oh. Pues fácil —contestó el chaval—. Mi madre adoptiva me dijo: largo de aquí o te estrangulo, pequeño demonio. Y me fui corriendo antes de que me estrangulara. .P Zamoy, quien cabalgaba cerca, silbó entre dientes. .D Simpática. .D ¡Y lo era! —aseguró Api, riendo—. Yo, en cambio, soy un verdadero demonio. Es verdad. Los orcos me recogieron como a un hijo suyo y yo tan sólo conseguí sacarlos de quicio. ¡No era ni capaz de trepar a los árboles sin caerme media docena de veces al día! Así que en cuanto cumplí los nueve, me dijo mi madre: vete y búscate la vida en el gran mundo. Han pasado seis años y sigo buscando —bromeó. .P Preguntándose hasta qué punto su historia era cierta, Dashvara intercambió una mirada divertida con Zamoy y este carraspeó: .D Quieres decir que te criaste con orcos. .D Ajá —confirmó Api con naturalidad—. En realidad, eran orcos de las marismas. .P No dijo más y Dashvara respiró, más tranquilo. Había temido que el chaval fuera a romperle los oídos durante todo el viaje con historias inventadas. O tal vez no fueran inventadas, quién sabe. Pero, entonces, el chaval retomó: .D Siempre me acordaré de Shifi. Era mi mejor amigo. Y el que mejor trepaba a los árboles. .P Como nadie contestaba, escondido en su saco, Tahisrán intervino: .P .Bdm Dash, pregúntale adónde fue después de marcharse de las marismas. Tengo curiosidad. .Edm .P Dashvara suspiró e hizo el encargo. Adivinó el encogimiento de hombros de Api. .D Un poco al azar —contestó—. Me fui hacia el levante y acabé en una ciudad llamada Ied. Tardé una semana entera en atreverme a entrar, porque no había visto nada semejante. Tantas casas y tanta gente rara. Los que más me asustaban eran los que tenían la piel blanca, ¡imagínate el susto que me llevé la primera vez que me lavé y me vi en un espejo! —rió—. Total —prosiguió— que conocí ahí a un tipo que me enseñó la lengua común del oeste y un montón de otras cosas. Venía del desierto de Bladhy —explicó—, y me contó muchas maravillas del desierto y de la estepa, así que me dije: un día, me iré al oeste. Y aquí me tenéis. .P Dashvara meneó la cabeza con lentitud. .D ¿Sabes, muchacho? No has elegido la mejor época para viajar por la estepa. Está plagada de Esimeos. .D Pero… son saijits, ¿verdad? —preguntó el muchacho, confuso. .P Dashvara esbozó una sonrisa torva. .D En teoría. .P Hubo un silencio. .D En breve, ¿cómo son esos Esimeos? —inquirió el chaval. .D Miserables —contestó Zamoy enseguida. .D ¡Perversos! —añadió Makarva desde atrás. .D Traidores como serpientes —escupió Aligra. .P Atsan Is Fadul agregó con calma: .D Los Esimeos veneran la Muerte y la ciencia. .P Para exasperación de Dashvara, el joven demonio se rebullía en la montura para girarse hacia los que contestaban. La respuesta de Atsan le arrancó un leve sobresalto y Dashvara sintió sus brazos aferrarse con un poco más de fuerza a su cintura. Sin embargo, su tono era ligero cuando dijo: .D Ya veo. ¿Y no se supone que la Torre del Ave Eterna está rodeada de Esimeos? .D Exacto —confirmó Dashvara con tranquilidad. .P Esperó la siguiente pregunta, que imaginó ser un: ¿cómo, entonces, tenéis pensado escoltar al científico y al Legítimo hasta ahí sin que os masacren? Pero la pregunta no vino. El muchacho debía de haberse quedado pensativo. .P A medida que se alejaban de Dazbon aceleraron el ritmo. Pese a que el día era soleado, los azotaba un viento persistente y frío. Uno de los inconvenientes de tener a ese joven demonio sobre su caballo era que Dashvara ya no se atrevía a acercarse a Yira. Probablemente Atasiag tuviera razón diciendo que era remoto que alguien percibiera la energía mórtica de su naâsga pero, como no sabía de qué eran capaces los demonios, la duda lo mantuvo alejado. .P Llegaron a Rocavita antes del mediodía. La simple vista de la villa sobre la alta colina le rememoró a Dashvara la interminable noche que había pasado ahí tres años atrás para salvar a las mujeres xalyas, atravesando catacumbas y alcantarillas… Lo cierto era que en su memoria se había llevado una imagen oscura de Rocavita, pero al verla de nuevo tuvo que reconocer que aquellas casas blancas apiñadas rodeadas de viñas tenían su encanto. .P Pese a todo, cuando llegaron a la plaza mayor de la villa y Kuriag ordenó una pequeña pausa, Dashvara reprimió un suspiro impaciente. Si empezaban a hacer pausas cada par de horas, no iban a llegar a la estepa hasta la primavera… Al ver dirigirse al Legítimo hacia una taberna junto con su esposa, Asmoan y el capitán ragaïl, Dashvara mandó a Atok que los siguiera a modo de guardaespaldas. No era plan que le pasara algo a Kuriag antes incluso de salir de la república. Los demás aguardaron en la plaza y aprovecharon para comer. No dijeron casi una palabra, no sólo por respeto a los Honyrs sino también por la presencia de los once guerreros de élite titiakas instalados no muy lejos. Los dos grupos no se dijeron nada pero intercambiaron miradas evaluadoras, no hostiles pero claramente desconfiadas. De un lado los guardias opresores, del otro los esclavos que volvían a su estepa… .D El viaje promete —murmuró Dashvara. .P Api le echó una mirada curiosa. Tumbado sobre los adoquines de la plaza con aire muy relajado, el joven demonio había sacado varios higos alargados y los mascaba con energía. No había pronunciado casi una sola palabra desde su historia sobre los orcos. Tenía una extraña forma de mirar con descaro a todo el mundo, con un brillo burlón, como si le hiciera gracia el mínimo detalle. .D ¿Cómo se llama el del saco? —preguntó de pronto. .P Dashvara maldijo interiormente. Diablos. ¿Habría hablado la sombra demasiado alto? Echó una viva ojeada a los Ragaïls, esperando que no hubieran oído la pregunta… .D ¿Ese? —dijo una vocecita—. Es Tah. .P Dashvara giró de nuevo la cabeza para ver al pequeño Shivara acercarse con la peonza en la mano. Suspiró ruidosamente y no fue el único. .D Tah —repitió Api. .D Tah —confirmó el niño y se detuvo mirando el higo con intriga antes de preguntar—: ¿Qué es eso? .P El demonio sonrió. .D ¿Esto? Mi mentor las llamaba amulikas —contestó—. Es fruta del este. La fruta de las dos Rosas, la llaman algunos. Lo malo es que se me están acabando. ¿Quieres una? .P Le dio una y Shivara se acuclilló a su lado, metiéndose la fruta entre los dientes. .D ¡Es duro! .D Pues claro, es fruta seca. Hay que masticar. ¿Te gusta? .P Shivara esperó unos instantes antes de asentir. Dashvara advirtió la leve tensión de Morzif, sentado algo más lejos, y esbozó una sonrisa no del todo tranquila. .P .Bpenso Si supieras, buen Herrero, que el chaval no sólo fue criado por orcos sino que además es un demonio, no dejarías que tu hijo se le acercara. .Epenso .P Sin embargo, pese a su extraño comportamiento y sus aún más extraños orígenes, Api no parecía ser mala persona. .P .Bpenso Cuidado, Dash. Al final acabarás siendo más confiado que Arvara y creerás que hasta Todakwa de Esimea puede ser buena gente. .Epenso .P El pensamiento lo turbó. ¿Cuántas veces había soñado y repetido el nombre de Todakwa en su mente? ¿Cuántas veces había jurado matarlos, a él y a Lifdor de Shalussi? Eran los únicos cabecillas que quedaban en pie, según sabía. .P .Bpenso Pero tú ya no persigues una venganza .Epenso , se recordó. .Bpenso Lo importante ahora es que tu clan acepte a los Honyrs y renazca de sus cenizas. .Epenso .P Para cuando dejó de darle vueltas a sus proyectos, el pequeño Shivara ya se había tragado dos amulikas. Ahora el demonio le estaba contando no sé qué de hadas y castillos, y más de un Xalya escuchaba. .D Para que luego digan que las leyendas no son ciertas —resoplaba—. ¡Las hadas existen! La prueba es que esa ternian a la que conocí salvó a una en los Subterráneos, una casi tan jovencita como tú. Llevaba un vestido blanco como la espuma y vivía en una torre sin haber visto jamás el sol ni haber hablado casi con nadie. ¿Te imaginas? Y, de pronto, un día… .P Súbitamente, Api se interrumpió y se enderezó sobre los adoquines. .D ¡Ah! Creo que el viaje continúa —declaró, animado. .P De hecho, los extranjeros acababan de salir de la taberna junto con Lessi. Al fin. Los Xalyas se movieron con impaciencia y Dashvara agarraba ya las riendas de Amanecer, preparándose a montarla, cuando Kuriag lo llamó. Suspiró y acudió estirando a su montura detrás. .D Me gustaría presentarte formalmente al capitán Djamin —explicó Kuriag—. Este es Dashvara, el señor de los Xalyas. Y este es Zorvun, su capitán… y mi suegro —añadió con una sonrisa entre divertida y molesta. .P El capitán ragaïl y los dos Xalyas intercambiaron saludos formales mientras se miraban a los ojos. .D Mis hombres y yo —dijo el Ragaïl— juntaremos nuestro esfuerzo al vuestro para asegurar la protección del Legítimo Dikaksunora y su esposa en esas tierras salvajes. .P Dashvara asintió sin una palabra y Zorvun replicó: .D Será un honor, er… viajar con la guardia de élite diumciliana. .P .Bpenso Sí, menudo honor… .Epenso .P Dashvara volvió a aprobar inclinando secamente la cabeza y ahí acabó el primer intercambio. Fue algo frío, pero hubiera podido ser peor. Remontaron a caballo y pronto dejaron Rocavita atrás. Recorrieron durante un rato el camino bordeado de campos antes de avistar la abertura negra que conducía a los túneles de Aïgstia. En teoría, por culpa de los rodeos y la escasa luz de las linternas, incluso tomando atajos por donde no podían pasar las carretas, tardarían tres días enteros en cruzar esos túneles. Eso si todo iba bien. Y, luego, a saber con lo que se encontraban. .Ch "La huida" .\" 22/03/2018 La travesía de los túneles de Aïgstia los ensombreció a todos y a los Xalyas más impacientes llegó a enervarlos seriamente. La oscuridad, la impresión claustrofóbica y la proximidad obligada con los Ragaïls arrancaban expresiones tensas e inquietas e imponían un silencio tan sólo interrumpido por los cascos de los caballos, las botas de los guerreros y algún que otro comentario. Los únicos en hablar animadamente eran Kuriag y Asmoan. Durante las pausas y aun durante la marcha, se enfrascaban en largas conversaciones. Según Lessi, hablaban de cosas variadas, pero el Ave Eterna y los Antiguos Reyes eran temas recurrentes. .D Tengo la impresión de haberme casado con un shaard —resopló Lessi al segundo día, divertida. .P Así que, aprovechando, Zorvun le propuso a su hija que viajara junto a ellos y así Lessi pudo escuchar las historias rocambolescas de Api. El tercer día, en un momento en que andaban todos por un túnel irregular teniendo cuidado con que no se tropezaran los caballos, Dashvara preguntó: .D Di, chaval. Eso de que montaste sobre un dragón, ¿es cierto? .P Api caminaba unos pasos detrás y llevaba un rato en silencio, como ensimismado. Alzó la cabeza y sonrió. .D Pues claro. Y uno grande. .P Dashvara le dedicó una mueca escéptica y se volvió para mirar bien por donde andaba. Entonces, Api apuntó alegremente: .D Se encontraba en plena Ied, en realidad cerca de los muelles, donde los Palacios Abandonados. Era un dragón magnífico, cubierto de cuernos y escamas azules. Me he subido a él muchísimas veces. Sobre todo porque desde el morro se podía saltar para zambullirse en el mar directo. Era divertido. —Marcó una pausa—. ¿He mencionado que era de piedra? .P Dashvara reprimió una risotada. .D No, pero empezaba a olérmelo —aseguró. .P Puso los ojos en blanco y siguieron en silencio. No mucho después, llegaron al final del atajo y desembocaron en el camino principal. Ahí, el túnel era más ancho, más alto y, sobre todo, estaba mucho mejor cuidado. Giraron a la derecha. De ahí, según el mapa que llevaba Asmoan, les quedaba menos de media hora antes de ver el sol. Dashvara aceleraba el ritmo inconscientemente y lo desaceleraba cada vez que se aproximaba demasiado a los dos Ragaïls que abrían la marcha con sus linternas. Entornó de pronto los ojos. Eso… ¿era una luz o un reflejo de las linternas? .P No pudo determinarlo porque en ese instante una sombra pasó ante sus ojos… .P .Bdm ¡Dash! .Edm , exclamó Tahisrán con voz horrorizada. .Bdm ¡Hay una carreta fuera del túnel! Y he oído un grito. No me he atrevido a acercarme. Hay demasiada luz. .Edm .P Dashvara se detuvo en seco y ordenó en un bramido: .D ¡Alto! .P Los dos Ragaïls de delante se giraron, sorprendidos, y él explicó: .D La salida está cerca. Habría que mandar unos centinelas para ver si está todo seguro. Podría haber problemas. .P Ambos Ragaïls intercambiaron una mirada y se encogieron de hombros. Uno propuso: .D Puedo ir yo. .D Te acompaño —decidió Dashvara—. Lumon, coge tu arco y ven conmigo. Los demás, seguid avanzando despacio y permaneced atentos. .D Voy contigo —intervino Makarva desde detrás—. Ya sé que resucitas y todo lo que quieras, Dash, pero, si te pasa algo, mi Ave Eterna morirá de vergüenza. .P Dashvara no protestó: le dejó las riendas de Amanecer a Zamoy y el Ragaïl, el Arquero, Mak y él se alejaron con rapidez por el túnel, seguidos discretamente por la sombra. .P .Bdm No parecía que se oyeran choques de espada .Edm , añadió Tah. .P No dijo más, probablemente porque no tenía más detalles que dar. La luz fue haciéndose cada vez más intensa y finalmente salieron del túnel. La primera sensación que tuvo Dashvara fue la de liberación. La segunda, la del horror. Porque acababa de avistar una carreta volcada y a una criatura bípeda y escamosa que intentaba alcanzar a una saijit aterrada, subida a un saliente de piedra del profundo cañón rocoso. Esta ni siquiera vio a las cuatro siluetas que salían del túnel: su mirada buscaba febrilmente una asidera para seguir escalando la roca. .D Nadros rojos —escupió Makarva, desenvainando los sables. .P Dashvara barrió el lugar y se sintió aliviado al no ver a más nadros. Agarrando a su vez los sables, lanzó: .D Atraigámoslo lejos del túnel. Si explota, podría dañarlo. Ragaïl, no te muevas de aquí. .P Los tres Xalyas se alejaron con rapidez, rodeando la carreta. Delante de esta, pudieron ver el cuerpo sin vida de otra mujer, con una ballesta descargada a su lado. El caballo había debido de liberarse y salir disparado… probablemente perseguido por el resto de la manada de nadros, entendió Dashvara con un escalofrío. .P En cuanto estuvieron lo suficientemente lejos en el corredor rocoso, Lumon disparó con su arco. Le dio en una escama del cuello y, aunque no lo hirió, lo distrajo y la atención del monstruo se desvió de la estepeña subida a las rocas. Los Xalyas se distanciaron los unos de los otros. Si tan sólo tuviesen aceite-frío para impedir que explotara una vez muerto… Maltagwa había fabricado lo suficiente para rellenar una cantimplora, pero no la tenían precisamente a mano ahora. Cabía la posibilidad de intentar distraer a la criatura hasta que uno de los tres regresara con la cantimplora, claro, pero lo más sencillo sería matarla y que cayera en un lugar más ancho del corredor. .D ¡Ven, dragonzuelo! —dijo Dashvara agitando su sable negro en dirección de la bestia—. No seas cobarde. .P Fue cobarde a medias. Tras verse acorralado de tres sitios, el nadro rojo emitió un potente rugido y se abalanzó hacia Makarva, que estaba en medio del camino que llevaba fuera del desfiladero. Los nadros rojos eran monstruos y no se distinguían por su inteligencia, pero ahí el instinto de supervivencia y el alejamiento de la manada imperaron. .D ¡Apártate! —lanzó Dashvara. .P Makarva se apartó de golpe y el nadro rojo, en vez de escaparse, se arredró emitiendo repetidos rugidos para llamar a sus congéneres. Dashvara meneó la cabeza, sin entender. Se suponía que el dragonzuelo debería haber salido corriendo a por su manada. A menos que… Cuando el nadro se giró y se abalanzó esta vez hacia el Ragaïl y la entrada del túnel, Dashvara sintió la sangre helársele en las venas. .D ¡Por el Liadirlá, la manada está en el túnel principal! —bufó. .P Y esta vez embistió, no ya para distraer a la bestia para que se fuera sino para detenerla antes de que llegara al túnel. Que explotara en el desfiladero siempre sería menos grave que que explotara en el túnel. Antes de que hubiera podido pensar mucho, tenía los sables hundidos entre las escamas de la bestia. Cayó, arrastrado por el peso y maldijo, retirando los sables y volviéndolos a hundir en las piernas y las garras. Era triste, pero el nadro tendría que esperarse un poco antes de morir. Dejando a la criatura rugiendo, dolorida e inútil, Dashvara liberó sus sables y salió corriendo hacia el túnel gritando: .D ¡Salid todos! ¡Ahora! .P Los primeros Xalyas no tardaron en salir, montando a caballo. Api se había subido al de Tsu. .D ¡Tenemos nadros rojos detrás! —informó Orafe. .D Y a uno delante —replicó Dashvara, señalándolo. .D ¿Andan cerca? —inquirió Lumon. .D ¡Pisándonos los talones! —graznó el Gruñón—. Deberíamos haberlos oído llegar, pero nada. Estos túneles deben de estar encantados o no me lo explico. .D La rocaleón ensordece el ruido —comentó Tsu. .P Varios lo miraron con sorpresa. Siempre se les olvidaba que el drow no había sido xalya toda su vida ni mucho menos y que había ido a la universidad de Titiaka durante años. El Pelambrudo resopló: .D ¡En cualquier caso, los Ragaïls están en primera línea! .P Dashvara esbozó una sonrisa torva. .D Pues a ver si sus trucos de mago les sirven contra los nadros. .D Muchachos: salgamos del desfiladero —los apremió Sashava. .P Dashvara asintió, agarró las riendas de Amanecer, montó y se posicionó entre el nadro moribundo y la expedición, de suerte que esta tuvo que pasar a la izquierda de la carreta. Le alcanzaron rugidos provenientes del túnel y, cuando vio a Kuriag salir junto con Asmoan con los ojos agrandados, reprimió una sonrisa insana. .Bpenso Bienvenido a la estepa, Excelencia… .Epenso El elfo detuvo su caballo y preguntó: .D ¿Quién es esa mujer? .P Dashvara enarcó una ceja. Vaya. Se había olvidado completamente de la estepeña encaramada en las rocas. Alzó una mirada hacia ella y la vio igual de aterrada ahora que unos minutos antes. Tenía unos treinta años, rasgos estepeños, atuendos coloridos… Ropa shalussi, consideró Dashvara. Acercó la montura a la pared rocosa. .D ¡No temas! —le soltó—. Ya puedes bajar de ahí. .P La Shalussi vaciló. Dashvara insistió, impaciente: .D Hay otros nadros rojos por la zona: no deberías quedarte aquí. La otra mujer y tú os dirigíais hacia Dazbon, ¿verdad? —Lo había deducido por la posición de la carreta. Meneó la cabeza—. Nosotros vamos en sentido contrario, pero de todas formas con la manada de nadros rojos que está en los túneles no te aconsejo tomar esa dirección. Er… ¿No vas a bajar? .P La estepeña, sin una palabra, comenzó a bajar de la pared rocosa. Con una ojeada, Dashvara constató que Kuriag se había quedado a mirarla y resopló. .D ¡Siga, Excelencia! No se detenga. Ya me ocupo de ella. .P El joven elfo tragó saliva pero asintió y se alejó por el desfiladero. El tiempo que la Shalussi aterrizara al fin en el suelo, Dashvara ya había levantado a la mujer muerta para pasársela a Arvara. La Shalussi se alisó la ropa con una mano nerviosa y sus ojos se deslizaron hacia su compañera. Dashvara carraspeó. .D Siento que hayamos llegado tarde para ella. Supongo que querrás darle un entierro digno. ¿Hay algo valioso en tu carreta, mujer shalussi? .P La estepeña frunció el ceño. Negó con la cabeza. .D No —suspiró—. Sólo… —Se mordió el labio y, subiéndose a la carreta, movió un lienzo y descubrió a una niña de unos cuatro años que se había quedado escondida ahí. La cogió entre sus brazos. Dashvara asintió, alegrándose de que al menos hubiesen llegado a tiempo para salvar a dos almas. .D Boron —lanzó—. Llévatelas. .P El Plácido asintió y ayudó a madre e hija a subirse al caballo. Dashvara suspiró ruidosamente y volteó su montura. Más de un Xalya se había quedado atrás a ayudar a los Ragaïls en la retirada, entre los cuales Zorvun, por supuesto. El problema era que luchar en un túnel no era práctico. Y menos cuando… .P Se oyó una explosión y Dashvara se puso lívido. Diablos, diablos, diablos. Giró bruscamente la cabeza, pero el nadro moribundo seguía viviendo. La explosión había venido de dentro del túnel. Se metió con Amanecer adentro. El estruendo de rugidos se mezclaba a los bramidos de los guerreros. Que la rocaleón ensordecía el ruido, decía Tsu… Pues menos mal. Dashvara bufó: .D ¡Retirada! ¡No los matéis! .P Pero sabía que era difícil pedirles algo semejante cuando los nadros rojos, ellos, no tenían tantos reparos. Otra explosión hizo temblar el túnel y una lluvia de polvo los cegó. Entonces, la voz de Djamin vociferó: .D ¡Retirada! .P .Bpenso Ya era hora… .Epenso .P Dashvara salió otra vez del túnel para no cortar el paso y se alejó al trote rápido, seguido de cerca por los demás. Un estruendo de explosiones puso a Amanecer al galope y Dashvara tuvo que controlar su impulso. ¡Por el Ave Eterna! Si el túnel había quedado en pie después de eso, se comía las botas. .P El desfiladero no era muy largo y pronto desembocaron en la estepa. Ante él, se extendían llanuras interminables cubiertas de hierba. La emoción comenzó a invadirlo pero enseguida su alegría fue reemplazada por el deber del momento: de un vistazo se aseguró de que estaban todos ahí sanos y salvos, volteó a Amanecer y oyó a Zorvun mascullar: .D Serán idiotas… .P Dashvara apostó a que hablaba de los Ragaïls. Vio a estos últimos ponerse en formación ante el desfiladero. .P .Bpenso Mucha disciplina y mucha magia, pero luego no son capaces de correr cuando hay que correr. .Epenso .P El caballo del capitán ragaïl trotó hasta la altura de Kuriag y Dashvara se acercó con Zorvun. El joven Legítimo asentía con la cabeza, sombrío. Alcanzándolos, Dashvara comentó con calma: .D Dejadme adivinarlo: el túnel se ha venido abajo. .P Djamin se aclaró la garganta. .D Es posible —admitió. .P Dashvara sonrió con sorna. .D Los comerciantes no se podrán quejar: dejamos detrás de nosotros un camino sólido y seguro. Ni un troll se atreverá a pasar por un camino tan bien guardado. .P Vio al capitán ragaïl apretar los dientes y a Kuriag mirarlo con una mezcla de incomodidad e incredulidad. Dashvara apostó a que de haber sido los Xalyas y no los Ragaïls los que hubiesen provocado el accidente estos no habrían sido tan comprensivos. Como defensa para ellos, era cierto que en Diumcili no se encontraban nadros rojos. Con paciencia forzada, Djamin retrucó: .D No será difícil volver a abrir la ruta. De momento, alegrémonos de que sigamos todos vivos. .P Dashvara lo miró con burla pero tan sólo replicó: .D Será mejor que nos alejemos de aquí antes de que caiga la noche. .P Sólo cuando taloneaba su caballo, pensó en Tah y, de pronto inquieto, preguntó a sus hermanos por él. Fue Api quien contestó palmeando su saco abultado: .D Todo en orden. .P Dashvara enarcó una ceja al percibir cómo la sombra confirmaba mentalmente, divertida. Bueno, suspiró. No había sido la llegada tranquila que esperaba, pero por fin estaban en la estepa. Echó un vistazo a su alrededor. Unos cuantos Xalyas tenían los ojos fijos en el horizonte. Algunos miraban hacia el noreste, directamente hacia Xalya. .P .Bpenso Qué extraño, ¿verdad, hermanos? .Epenso , murmuró para sí, irguiéndose sobre Amanecer. .Bpenso Volvemos a una estepa en la que hemos pasado casi toda nuestra vida y parece casi como si no la hubiéramos visto en veinte años. Sólo tres años. Tres años y tantas cosas han cambiado… .Epenso .P .Bpenso Pero hemos vuelto. .Epenso .P Sonrió con la mirada perdida en las lejanas colinas y llanuras. Oyó unos cascos de caballo muy cercanos. Yira se detuvo a su derecha. Sobre su embozo, sus ojos negros lo observaban con intensidad. .D Así que esta es tu estepa, Dashvara de Xalya. .P Dashvara sonrió, le cogió la mano izquierda enguantada y la besó con dulzura. .D Es tan mía como tuya, naâsga —murmuró. Volvió su mirada hacia las llanuras y meneó la cabeza—. Tal vez te parezca un poco vacía al principio, pero hay más en ella de lo que uno ve. La estepa —realizó un amplio ademán—, hay que sentirla. .P Los ojos de Yira sonrieron y, tras unos segundos, se giraron ellos también hacia el inmenso horizonte. Comentó: .D Es como un océano. Sólo que, en vez de olas, hay colinas y, en vez de barcos, hay caballos. .P Dashvara se atragantó al ver comparar su estepa con el mar. .D Pero los caballos no zozobran, naâsga. Cabalgan sobre tierra firme. La estepa es franca y sencilla. Quitando, por supuesto, las serpientes rojas, los nadros, los escama-nefandos, los Esimeos… —enumeró. Yira resopló, divertida, y Dashvara agregó—: Pero me alegra que te parezca como un océano si… eso te hace sentir más como en casa. .P Yira ladeó la cabeza y sus ojos destellaron, aún sonrientes. .D Soy un alma nómada. Allá donde vaya mi corazón está mi casa. .P Dashvara tragó saliva, emocionado, y asintió sabiendo que ninguna palabra hubiera podido expresar su alegría de saber que su naâsga se encontraba a su lado, en su hogar, en su estepa. Se giraba de nuevo hacia esta, ensimismado, cuando una voz llamó: .D ¡Dash! .P Dashvara se giró para ver a Zamoy acercarse al trote. El Calvo se detuvo y explicó: .D La mujer shalussi dice ser una esclava fugada de Esimea. Cuando le hemos dicho que éramos Xalyas, por poco se desmaya. ¿Qué hacemos con ella? .P Dashvara se encogió de hombros. .D Dile que nosotros, al contrario que su pueblo, no acostumbramos matar a gente inocente y que… .D Dash —protestó Yira. .D Y que la señora de los Xalyas decidirá de su suerte —terminó Dashvara con una sonrisilla. .P La sursha lo miró con los ojos entornados, resopló y dijo: .D Creo que de momento le corresponde más a Kuriag Dikaksunora decidir. .P Dashvara enarcó una ceja. .D Diablos, es verdad. Iré a preguntar a nuestro amo lo que opina. .P Resultó, sin embargo, que Kuriag precisamente estaba hablando ahora con la Shalussi y, cuando llegó Dashvara, oyó al Legítimo declarar: .D Con mi protección, los Esimeos no osarán ponerte la mano encima. .D Te prestaré ropa —intervino Lessi con voz suave—. Nadie podrá confundirte con una esclava. ¿Qué dices? .P La mujer shalussi los miraba con expresión de puro asombro. Soltando la mano de su hija, se arrodilló ante ellos diciendo: .D Nos habéis salvado la vida a mi hija y a mí. He sido esclava durante muchos años, pero nunca he servido a un amo que lo mereciera. Si de alguna manera puedo seros útil, yo, Hezaé, lo haré. .P Kuriag asentía, sin saber qué contestar. Lessi sonrió. .D Será un placer tenerte a mi lado. .P La estepeña se levantaba ya y Dashvara intervino: .D ¿Puedo preguntarte, Hezaé, de qué zona de Esimea vienes? .P La Shalussi giró la cabeza hacia él y su expresión se hizo medrosa. .D Estuve viviendo muchos años en Aralika, la Villa de la Torre. Pero hace dos años nos trasladaron a mí y a mi hermana más al sur. Donde el antiguo pueblo de Lifdor. .P De modo que Lifdor también había caído en las redes de los Esimeos, dedujo Dashvara. Toda la estepa había caído. Quedaba por esperar que los Honyrs, ellos, no lo habían hecho. Comentó: .D Dos años. Eso significa que estabas aún en el pueblo principal de Todakwa cuando cayó el torreón de los Xalyas. .P Hezaé asintió y, ante el oído atento de los Xalyas, dijo: .D Vi llegar a los esclavos xalyas. Eran niños y mujeres en su mayoría. Algunos… los sacrificaron para su dios. .P Una oleada de odio y horror se apoderó de Dashvara nada más imaginarse a los Esimeos sacrificando a niños xalyas para su estúpido Dios de la Muerte. Su puño derecho apretó con fuerza el pomo de su sable. .D Pero dejaron con vida al resto —intervino Alta con una pizca de esperanza. .P Hezaé realizó un leve movimiento de cabeza. .D Sí. Pero no puedo deciros cuántos eran. Tan sólo vi a un puñado. Veréis, yo trabajaba en una granja de las cercanías y raramente iba a la ciudad. .P Ciudad, se repitió Dashvara. ¿Cuántos habitantes había en esa villa llamada Aralika? Recordaba que el shaard Maloven le había dicho que las tierras esimeas eran el lugar más poblado de la estepa, dado que también eran las tierras más ricas y cultivables. Cinco años atrás, los oficiales xalyas estimaban que vivían ahí dos mil almas. Pero eso era sin contar a los esclavos que habían sido arrancados de sus hogares desde entonces. .P La conversación con la Shalussi los puso lúgubres a todos y, cuando se pusieron en marcha para alejarse del desfiladero, apenas intercambiaron palabras. No faltaba mucho para que oscureciera y el capitán ragaïl no tardó en dar la orden de detenerse. Mientras se montaba el campamento y se encendían antorchas, varios Xalyas cavaron la tumba para la hermana de Hezaé. La cavaron aprisa y en silencio y Dashvara apostó a que más de uno pensó: ¿acaso los Shalussis cavaron siquiera un foso para nuestros hermanos caídos en Xalya? No, seguramente no lo habían hecho. Pero también era cierto que aquella Shalussi, esclava desde hacía muchos años, no tenía la culpa. .P Una vez acabada la tarea, no se demoraron y, desde la otra punta del campamento, Dashvara divisó a las siluetas de sus hermanos que se alejaban con presteza, dejando a Hezaé llorar a solas su pérdida. Inspiró hondo el aire frío de la noche y, con una mano suave, acarició el hocico de Amanecer. La yegua resopló suavemente de placer. El encuentro con los nadros rojos la había tenido nerviosa durante largo tiempo, pero ahora que Dashvara la estaba cuidando como a una reina, había recobrado entera serenidad. Sonrió y siguió cepillándola diciendo: .D Jamás dejaré que una de esas criaturas te haga daño, .Sm -t erare daâra . No debes temerlas. Lusombra no las temía: las miraba a los ojos. Volteaba como un ave. Y nunca jamás dejé que la hirieran. .P Y así, solo con sus pensamientos y con su yegua, le murmuraba palabras suaves a esta cuando se fijó en una alta silueta maciza que se acercaba. Era Raxifar. Apenas se le veía el rostro en la oscuridad. El Akinoa se detuvo a unos pasos. .D Xalya —lo saludó con voz profunda. .P Dashvara hizo un educado gesto de cabeza sin dejar de cepillar su caballo. .D Raxifar. .P Desde donde estaban, se oían las voces apagadas de los Xalyas, arrebujados en sus mantas, inhabitualmente absortos. Aprovechando el espacio, los Ragaïls se habían instalado algo más lejos. En cuanto a las tiendas del capitán ragaïl, de Kuriag y de Asmoan, se alzaban entre ambos grupos. La primera tenía los colores rojos de la guardia titiaka, la segunda era blanca adornada con el dibujo azul del pájaro de los Dikaksunora, y la tercera, la del agoskureño, era de un vivo naranja. .Bpenso Con semejante discreción, nos veo saludar a los Esimeos mañana al alba… .Epenso .D Voy a marcharme —declaró el Akinoa tras un silencio. .P Dashvara detuvo su tarea, pero con calma, y dejó que Amanecer se alejara suavemente para pastar hierba. Asintió. .D Lo sé. ¿Se lo has dicho al titiaka? .P La luz de una antorcha cercana iluminó la sonrisa burlona de Raxifar. No, no se lo había dicho. Dashvara puso los ojos en blanco. .D Te daremos víveres y lo que necesites —prometió—. Y cubriremos tu partida para que ningún Ragaïl te vea. .P Raxifar inclinó levemente la cabeza. .D Si logro encontrar a mi pueblo, Xalya, puedes contar conmigo para liberar al tuyo de las garras esimeas. .P Dashvara sonrió, conmovido. .D Gracias, Raxifar. Aunque de momento no sé muy bien cómo vamos a hacerlo. Pero lo haremos. Créeme que ayudaré también como pueda a todos los tuyos que cayeron en manos esimeas. Sólo… siento que he de devolverle el favor a Kuriag Dikaksunora antes de meterme de cabeza en el asunto. .P Raxifar asintió pensativamente. .D Entiendo. Ese extranjero no tiene mal corazón. Pero difícilmente perdonará del todo lo que le hice a su padre. No consigo entender cómo es que todavía no me ha cortado la cabeza. .P Intercambiaron sonrisas tétricas. Dashvara pronunció con solemnidad: .D .Sm Ayshat , Raxifar de Akinoa. Gracias por haber viajado con nosotros hasta aquí… y por haberme salvado la vida. No sé si algún día nuestros pueblos conseguirán convivir después de todo lo ocurrido pero… sin duda te has ganado el respeto de los Xalyas. En particular el mío. .P Raxifar sonrió. .D Akinoa respeta las almas que defienden sus valores y, por ello, no puedo más que responder con el mismo respeto —replicó. .P Dashvara resopló y bromeó: .D Pues ojalá los Esimeos siguieran el ejemplo. .P Ambos regresaron al campamento y, procurando no atraer la atención de los Ragaïls, consiguieron rellenar un saco de víveres y dos cantimploras. Como era probable que, en cuanto se descubriera la desaparición del Akinoa, los Ragaïls decidieran darle caza, se aseguraron de que el caballo de Raxifar estuviera en buenas condiciones para aguantar la huida. La mayoría de los Xalyas no fue hasta saludar al estepeño negro de viva voz, pero la hostilidad había desaparecido. Con el tiempo, empezaban a ser tolerantes, sonrió Dashvara. .P La Gema había recorrido ya un buen trozo de cielo y acababan de cambiar el turno de guardia cuando Raxifar se levantó y Dashvara hizo otro tanto. No se oía, en el campamento, más que un silencio sepulcral. Se alejaron hasta el caballo del Akinoa y ambos se apretaron vigorosamente la mano. Aquel saludo decía más que mil palabras. Dashvara le susurró: .D Que el Ave Eterna te guíe. .D Que Akinoa os dé fuerzas a ti y a tu pueblo —replicó Raxifar con voz igual de baja. .P Estiró las riendas del caballo y se alejó, pasando por delante de Sirk Is Rhad, quien montaba la guardia al este del campamento. El Akinoa se perdía ya en la oscuridad de la noche cuando el Honyr murmuró: .D ¿Crees que encontrará a su pueblo libre, sîzan? .P Dashvara meneó la cabeza con una leve esperanza en el corazón. .D No lo sé —contestó—. Pero, si los Akinoa también fueron sometidos, significa que los Esimeos lo tienen todo. Absolutamente todo. .D Salvo las tierras del norte —apuntó Sirk Is Rhad. .P Dashvara asintió en silencio. Salvo las tierras del norte, donde vivían los Honyrs. Esas tierras, colindantes con las de los Xalyas, eran casi tan desérticas como el desierto de Bladhy. Pero seguía siendo la estepa. .P .Bpenso Y probablemente se convertirá en tu hogar estos próximos años, si es que consigues deshacerte honorablemente del Legítimo. .Epenso .P Pero, antes, había que hacerle caso al Dikaksunora, aplacar su curiosidad y la de Asmoan… Dashvara tan sólo esperaba que no lamentaría no haber hecho como Raxifar aquella noche y haberse marchado de tapadillo con sus hermanos y las mujeres xalyas. El tiempo lo diría. .Ch "Lamastá" .\" 27/03/2018 No tardó en hacerse el descubrimiento, a la mañana, de que faltaba, entre los Xalyas, la gran cabeza negra del Akinoa. Los Ragaïls estaban nerviosos; Djamin, irritado. Los Xalyas no podían evitar sonreír con sorna. Se preparaban ya a partir, esperando la orden de Kuriag, cuando se acercó el capitán ragaïl diciendo: .D Su Excelencia quisiera hablar contigo en su tienda, Dashvara de Xalya. .P Dashvara hizo una mueca pero asintió. .D Enseguida voy. .P Acabó de colocarle la silla a Amanecer, le acarició el hocico y advirtió el brillo enojado en los ojos de Djamin. Dashvara sabía que, de haber estado en Titiaka, se habría llevado una somanta de palos por falta de diligencia. Pero aquí, en la estepa, el capitán ragaïl no se atrevía a tratarlo como al esclavo que era. .Bpenso ¿No le tendrás miedo a una treintena de salvajes estepeños, extranjero? .Epenso , se burló Dashvara mentalmente. Y, dedicándole un saludo seco, se alejó hacia la tienda. Para contrariedad suya, Djamin lo siguió. Lessi había salido y adentro tan sólo se encontraban Zraliprat, el esclavo de infancia de Kuriag, y este mismo. Sentado sobre un cojín, el Legítimo tenía cara de no estar contento. .D Ah —dijo, cuando lo vio entrar—. Por favor, capitán. Déjanos solos. .D ¿Estáis seguro, Excelencia? —vaciló Djamin. .P Kuriag asintió firmemente y, cuando el capitán ragaïl se marchó a regañadientes, dejó el libro que tenía sobre las rodillas y se levantó. .D No sé cómo tomármelo —admitió, alterado—. Le perdoné la vida, le compré un caballo, le permití que viajara conmigo hasta la estepa… ¿y Raxifar me lo paga así? ¿Huyendo como una rata? ¿Acaso así funciona el honor estepeño? .P Dashvara lo observó. El joven elfo estaba más herido que enfadado. Meneó la cabeza, suspirando. .D Escucha, Excelencia… .D No, tú me vas a escuchar a mí —lo interrumpió vivamente el Legítimo—. Sé que tú y los tuyos le ayudasteis a huir. No voy a perseguirlo. Porque, si lo recapturase, no podría más que castigarlo con la muerte. Entiéndelo. Yo no quiero perjudicar a nadie. Pero después de todo lo que he hecho por vosotros… esperaba un poco más de respeto y de reconocimiento. .P Dashvara asintió en silencio. Kuriag tenía razón. Desde su punto de vista, los había comprado por un precio elevado, los había ayudado a llegar a la estepa armados y con monturas, algo que los Xalyas no habrían conseguido más que rompiéndose la espalda durante años en Dazbon; en definitiva, les había hecho un enorme regalo a cambio de una lealtad supuestamente temporal… pero absoluta. .P Dashvara bajó la mirada hacia su brazo derecho, donde tenía escondida la marca del ave de los Dikaksunora. Volvió a asentir y dijo: .D Tienes toda la razón, Excelencia. Mis disculpas. Raxifar pensó que, dados sus pasados actos, era mejor que se fuera solo en busca de su pueblo. Avisarte hubiera sido también traicionarlo a él. Y él me salvó la vida en Titiaka. Como ves, el Ave Eterna no puede volar a dos sitios distintos a la vez. Pero ahora ha vuelto hacia ti, Kuriag Dikaksunora. Si crees que merezco un castigo por mi silencio, lo aceptaré. .P Kuriag le devolvió una mirada turbada. Hizo un ademán nervioso. .D No voy a castigarte. .P Dashvara sonrió levemente. .D Y por ello mereces más mi respeto, Excelencia. .D ¿En serio? —replicó el joven Legítimo—. ¿Tanto para que la próxima noche no os digáis: «puesto que el amo novato no castiga, nos vamos nosotros también»? .P La sonrisa de Dashvara se ensanchó. .D Tanto —aseguró—. Lo cual no significa que pueda tener mis reservas en cuanto al destino de tu viaje. Quieres que nos metamos en territorio esimeo. Crees tal vez que tu sola presencia impedirá que los Esimeos nos salten encima. Yo no estoy tan seguro. .P Kuriag se encogió de hombros. .D Los Esimeos han tenido más de un trato con mi padre y siguen comerciando con mi familia. No se atreverán a «saltarnos encima». Vosotros estáis bajo mi protección. Sé un poco cómo razonan los Esimeos. Mientras seáis guardias míos, no se atreverán a tocaros. .D Asumiendo eso —carraspeó Dashvara—, ¿y nuestras mujeres? Ellas no llevan la marca. Estaría mucho más tranquilo si las dejáramos en un lugar seguro. .P Kuriag frunció el ceño. .D ¿Un lugar seguro? ¿Dónde? .P Dashvara vaciló y se lanzó: .D Al norte. Con los Honyrs. En cuanto pasemos el territorio esimeo, no necesitaríamos acompañarlas todos. Y apenas os retrasaría el viaje. .P Kuriag se había ensombrecido. .D Rodear así Esimea iba a atraer sospechas —objetó. Marcó una pausa vacilante y pronunció—: Tomaré en cuenta tu propuesta, Dashvara de Xalya. Puedes irte. .D ¿Irme a ver a los Honyrs? —replicó Dashvara con ligereza. Y se carcajeó ante la expresión alarmada del Legítimo—. Era una broma, Excelencia. No me fugaré, descuida. .P Inclinó brevemente la cabeza y salió de la tienda. Afuera, sus hermanos lo recibieron con miradas interrogantes, Zorvun lo escudriñó y Dashvara se encogió de hombros con diversión. .D Me temo que ahora los Ragaïls no nos van a quitar ojo. .P Varios resoplaron. Orafe gruñó: .D Nada nuevo bajo el sol. .P Dashvara no estaba tan seguro: estaba claro que la burla no le había sentado bien al capitán ragaïl. Por haberlo observado durante el viaje en los túneles, Dashvara se hacía una imagen de él parecida a la de Faag Yordark: un hombre pragmático, razonable, estricto… y titiaka hasta la médula. Soportaba mal la libertad de la que gozaban los Xalyas bajo la tutela de Kuriag porque simplemente esta iba en contra de la tradición. Hasta ahora se había contentado con ignorarlos. Pero Dashvara bien adivinaba, al ver a sus hermanos, que la vuelta a la estepa los hacía sentirse más libres que nunca… Cualquier día eran capaces de olvidar que seguían siendo esclavos, verían a los Ragaïls como intrusos, surgiría un altercado… y Dashvara prefería no imaginarse el desenlace. .P Iban a ocuparse de reempaquetar la tienda de Kuriag cuando Zorvun lo detuvo. .D Dash. ¿Le has hablado de los Honyrs y…? —Al ver a Dashvara asentir con la cabeza, el capitán se interrumpió e inquirió, expectante—: ¿Y? .P Dashvara carraspeó. .D No sé si era el mejor momento para hablarle de ello —admitió—, pero dijo que lo tomaría en cuenta. .P Zorvun hizo una mueca y meneó la cabeza, contrariado. .D Tomarlo en cuenta no basta. Hablaré con él —decidió. .P Dashvara esbozó una sonrisa mientras se alejaba para ayudar a sus hermanos. Que el nuevo amo fuera el yerno del capitán tenía sus ventajas: ahora este no le insistía como cuando quería transmitir mensajes a Atasiag. Pensaba tener cierta influencia sobre Kuriag. Y tal vez la tuviera. El problema era que el capitán ragaïl también la tenía. .P De ahí que, para inquietud de los estepeños, cuando se pusieron en marcha, fueron rumbo al norte, hacia el pueblo de Lifdor. Bajo el cielo plomizo, un viento frío y persistente barría la hierba y se inmiscuía entre las ropas y las armaduras de los Xalyas. El invierno estaba a las puertas de la estepa. .P Cruzaron un río y se adentraron en una zona con colinas algo más altas. No había un solo árbol en toda esa vasta extensión de tierras casi desérticas. Pasaron cerca de una manada de caballos salvajes y hacia el mediodía avistaron una choza y un rebaño de ovejas del que cuidaba una niña Shalussi. Desde lo alto de la colina, se quedó mirando con fijeza la línea de jinetes que avanzaba. Para entonces, el cielo se había despejado por completo pero el viento seguía soplando, igual de insistente. .P Quedaba aún una hora para llegar al pueblo de Lifdor, según Asmoan, cuando divisaron a tres guerreros a caballo detenidos al otro lado de un ancho río poco profundo. Era el río Bakhia, que nacía en el monte del mismo nombre, en tierra xalya, y desembocaba en el océano Caminante. Atravesaba todas las tierras Shalussis. O al menos, lo que quedaba de ellas, rectificó Dashvara. .P Los guerreros eran, a todas luces, esimeos: al contrario que los Shalussis o Akinoa, llevaban uniforme, un uniforme azul oscuro y negro. Según su cultura, el negro simbolizaba la muerte y el azul la inmortalidad de su dios. Enseguida, Dashvara sintió subir la tensión en el grupo, entre los Ragaïls, pero sobre todo entre los Xalyas. .P .Bpenso Calmémonos, hermanos, .Epenso pensó con el corazón lúgubre. .Bpenso Hoy no toca combatir. .Epenso .P Se detuvieron a cierta distancia y los tres jinetes esimeos cruzaron el río. Antes de que Kuriag tomara la palabra, el que iba en medio saludó: .D Bienvenido a Esimea, Kuriag Dikaksunora. .P Se dirigió directamente al Legítimo, sin vacilar. Incluso había pronunciado su nombre. Dashvara frunció el ceño. Ciertamente, el atuendo más bien refinado del joven elfo lo hacía destacar entre tanto guerrero con armadura, y los Esimeos conocían el blasón del tan famoso Maestro pero… aun así no dejaba de resultarle extraña la acogida. Era como si ya estuvieran al corriente de la llegada del Legítimo. Y tal vez fuera el caso, se dijo. Al fin y al cabo, parecía lógico informar a Todakwa de la visita del mismísimo heredero de Menfag Dikaksunora. .P Cercado de un lado por los Xalyas y del otro por los Ragaïls, Kuriag Dikaksunora realizó un cortés gesto de cabeza. .D Gracias. .P El Esimeo se presentó: .D Mi nombre es Ashiwa de Esimea, hermano de Todakwa de Esimea. Mi hermano y señor se siente honrado por vuestra visita a nuestras tierras y ha ordenado que sus súbditos hagamos todo lo posible por que vos y vuestra esposa os sintáis a gusto. .P Dashvara se había quedado pálido. De modo que ese hombre en librea de soldado era nada menos que un hermano menor de Todakwa. Rechinó discretamente los dientes y, por un instante, se cruzó con la mirada del Esimeo. Sólo fue un instante, un segundo escaso, pero Dashvara estuvo seguro de ver en el fondo de los ojos de Ashiwa un destello de miedo. Sin sorpresas, porque todos los Xalyas debían de estar mirándolo ahora con ojos criminales. Dashvara no lo envidiaba. .D Gracias —repitió Kuriag. .P Ashiwa de Esimea tragó saliva. .D Si os conviene, os escoltaré hasta Lamastá, la villa más cercana de nuestras tierras. Hasta hace poco, pertenecía a un salvaje llamado Lifdor. Cualquier mercader podrá asegurarle que en unos años toda la zona ha cambiado mucho, y a mejor. En parte gracias a la ayuda de vuestro padre —apuntó, halagüeño. .P Kuriag inclinó de nuevo la cabeza y la procesión volvió a ponerse en marcha. El Ave Eterna de Dashvara bullía por dentro. La afabilidad de Ashiwa de Esimea le parecía una ilusión cruel. .P .Bpenso Ya sabes cómo son los Esimeos, Dash: son peores que las serpientes rojas. Te sonríen y traicionan. Nos traicionaron uniéndose a los salvajes para acabar con nuestro pueblo. Acabaron con los shaards de la estepa y, con ellos, con la sabiduría de los Antiguos Reyes. Si decidieron no exterminarnos, no fue por clemencia: fue porque pensaron que ya no éramos una amenaza. Y ciertamente… ¿acaso lo somos? .Epenso .P Sus dudas se dispararon cuando avistaron la ciudad de Lamastá. No era una ciudad como Titiaka, pero era más que un pueblo estepeño. Ahí, construidas a lo largo del río e incluso sobre la pequeña colina colindante, se apiñaban tal vez cien edificios. Había chozas, pero también casas de piedra, y, sobre la colina, se estaba construyendo un pequeño templo esimeo con arquitectura claramente titiaka. Lamastá vibraba de animación. El corazón de Dashvara, él, se encogía de confusión. .P .Bpenso Y bueno, .Epenso se dijo mientras la procesión avanzaba hacia la villa, .Bpenso ¿pensabas que la estepa estaba muriéndose? Pues mira, Dash, ¿qué ven tus ojos ahora? Vida, paz y riqueza. Aterrador, ¿verdad? Tú que pensabas llegar con tus hermanos a unas tierras devastadas y vacías, ¡contempla el poder de los Esimeos! .Epenso .P Como hubiera dicho Siranaga, en sus memorias: Rócdinfer había vuelto a ser un reino feliz. O al menos, ese era el aspecto que daba. Y, extrañamente, constatarlo le hacía sentirse a Dashvara a la vez asombrado, intimidado e indignado. .P Varias veces sintió que Kuriag les echaba a él y a sus hermanos ojeadas inquietas. ¿Acaso temía que fueran a perder los nervios? Bueno. Pues que no temiera nada de momento: todos estaban demasiado apabullados por la grandeza esimea. Y es que, si Lamastá era así, ¿cómo sería Aralika, la Villa de la Torre? .P .Bpenso Todo esto, lo han construido los esclavos, .Epenso pensó. Tal vez incluso hubiesen trabajado ahí los Xalyas que sobrevivieron. Dashvara fulminó con la mirada las casas y los habitantes de Lamastá. Los Esimeos no habían logrado ninguna maravilla: su reino flotaba sobre un mar de sangre. Como el de Shaotara y Siranaga. Como el de los Antiguos Reyes. .P La historia se repite. Sólo que ahora ya no había señores de la estepa, los salvajes estaban sometidos, los Honyrs vivían aislados en el norte… .P .Bpenso Y nosotros no somos más que treinta y cinco Xalyas esclavos de Diumcili, .Epenso terminó el espíritu sombrío de Dashvara. .Bpenso Veintitrés guerreros. Cinco mujeres piratas. Una fanática del Ave Eterna. Una esposa titiaka. Un lisiado. Un médico. Y un señor de la estepa con su naâsga y su sombra. .Epenso Sus labios se torcieron cuando agregó: .Bpenso Y un niño de seis años. Siendo realista, Dash: por ahora el pequeño Shivara tiene tantas posibilidades como nosotros de salvar a los Xalyas prisioneros y salir vivo de esta. .Epenso .P Su mirada se había posado sobre un grupo de guardias esimeos que patrullaba la periferia de la villa. Su oído percibía la respiración ruidosa de los Xalyas. Maef resoplaba como un caballo. Tanto que parecía que le iba a dar un mal. Zorvun extendió la mano para apretarle el hombro y murmurarle algo. Tal vez gracias a eso Maef no estalló, pero sus ojos no dejaron de soltar relámpagos de furia. Api lo observaba con el rabillo del ojo, no ya con su habitual burla sino con una mezcla de admiración y aprensión. .P Tras recorrer la calle principal, se detuvieron ante un edificio de piedra, probablemente levantado a partir de alguna construcción anterior de los señores de la estepa. El capitán ragaïl dio la orden de desmontar. Dashvara desmontó. Y sus hermanos tras él, a regañadientes. Estaba claro que todos tenían ganas de talonear sus caballos y salir de ahí a rienda suelta. Era eso o sacar los sables para desfogarse. Sin embargo, no habían hecho todo ese viaje para acabar muriendo tontamente. Así que refrenaron sus impulsos. .P Ashiwa de Esimea invitó a Kuriag, a Lessi y a Asmoan adentro del edificio y dejó que pasaran a su vez Djamin y otros dos Ragaïls, así como Api y una Hezaé vestida con ropa titiaka… pero eso fue todo. Cuando Dashvara se acercó a la puerta, uno de los guardias esimeos se interpuso diciendo: .D Las caballerizas están detrás del edificio. .P Dashvara lo fulminó con los ojos. El Esimeo era más alto que él pero más joven: aguantó mal su mirada, desvió la suya, se rebulló y entonces, desde el interior, Kuriag intervino: .D Entre estas cuatro paredes estaré a salvo, tranquilo. Seguid las consignas y no habrá ningún problema. .P Dashvara permaneció imperturbable. ¿Que no habrá ningún problema, decía? Diablos, en tal caso, ¿para qué preocuparse? Hizo un gesto seco de cabeza, dio media vuelta y retomó las riendas de Amanecer. Si Kuriag confiaba en los Esimeos, si creía que no los iban a traicionar, allá él. Ya era bastante que lo habían seguido hasta meterse en una villa esimea y ser acogidos por un hermano del nuevo reyezuelo de la estepa nada menos. Ahora, lo único que podía hacer Dashvara era asegurarse de que, si los Esimeos sacaban los sables, los Xalyas estuvieran preparados. Y, de momento, lo estaban de sobra. .P Fueron a las dichas caballerizas, que eran en realidad meros cercos sin cobertizo. Apenas entraron en uno de estos, Orafe le soltó un gruñido a un mozo de cuadra que se había acercado, servicial, a su caballo. A partir de ahí, ningún muchacho se atrevió a molestarlos. Cuando terminaron de mimar a las bestias, se instalaron junto a la barrera a comer ellos también, barriendo con miradas atentas su alrededor. Los tres Honyrs seguían murmurándoles a sus caballos. Apoyado en la barrera, Dashvara contemplaba las siluetas que se movían sobre el tejado del templo lejano. Se oían los martillazos desde ahí. ¿Habría Xalyas entre esos obreros? ¿Habría Xalyas entre las voces distantes que se oían por el pueblo? .P .Bpenso No lo averiguarás si no te mueves de aquí. .Epenso .P Echó una ojeada a los Ragaïls. Estos habían dejado sus caballos en otro cerco y se mantenían alerta, pero hablaban con mayor tranquilidad que de costumbre, como si la inquietud de los Xalyas al verse rodeados de Esimeos les infundiera mayor calma. .P .Bdm ¿Dash? ¿Estás ahí, verdad? .Edm , preguntó de pronto Tahisrán. .P La sombra seguía metida en el saco de Api. Dashvara se acercó discretamente. .D No puedes salir —le murmuró—. Esto está lleno de ojos. .P .Bdm Lo sé .Edm , replicó Tahisrán con ánimo. .Bdm Total, no puedo técnicamente salir: este saco no es como el tuyo, va atado con hebilla. Y lo peor es que está lleno de trastos. Si lo vieras… Juraría que incluso le quedan restos de comida vieja de varios meses. Menos mal que a mí los malos olores me traen sin cuidado… Oye, Dash. .Edm .D ¿Mm? —respondió Dashvara. .P Se había vuelto a apoyar contra la barrera, junto a Coparena, el caballo de Tsu. Aquel día, el joven demonio había viajado con el drow. Una curiosa elección, puesto que Tsu no era de los que eran capaces de hablar mucho tiempo seguido con un muchacho parlanchín como Api. Notó la excitación de Tahisrán y alzó una ceja, intrigado, antes de acercarse y acariciar el hocico del caballo de Tsu. .D ¿Te pasa algo, Tah? —preguntó. .P .Bdm No te lo vas a creer .Edm , sonrió la sombra. .Bdm ¿Recuerdas lo que contó Api en Rocavita? ¿Lo de la niña perdida en una torre de los Subterráneos? Al principio, me dije que era imposible que pudiera ser ella pero… ayer superé mis temores y hablé largo y tendido con Api, en la tienda de Asmoan. Él no la conoció personalmente pero… ¡ahora estoy seguro de que es ella! .Edm .P Dashvara se sentía confuso. .D ¿Ella? Espera, ¿quién es «ella»? —Y antes de que Tahisrán explicara, cayó en la cuenta y resopló—: Caray. Ahora recuerdo. .P De hecho, lo recordaba. El primer día en que lo había conocido, en Rocavita, Tahisrán le había contado que, años atrás, había conocido a una niña perdida muy lejos de ahí, había viajado en vano en busca de sus padres y, al regresar, no había encontrado ya a la niña y la había dado por muerta. Y al parecer Api le había convencido de que seguía viva. Dashvara meneó la cabeza y cruzó los ojos dulces y negros del caballo. .D Ese chaval cuenta muchas historias, Tah. ¿Cómo puedes estar seguro de que no se lo ha inventado todo? .P Percibió la negación brusca de la sombra. .P .Bdm Es imposible. Dio demasiados detalles. La niña sobrevivió .Edm , afirmó. .P Su alegría era evidente y Dashvara esbozó una sonrisa. .D Pues me alegro, Tah. De veras. .P Adivinó la curiosidad en los ojos del caballo. Este no debía de entender muy bien por qué le estaba llamando Tah cuando su nombre de toda la vida había sido Coparena. Su sonrisa se ensanchó, le palmeó el hocico e iba a preguntarle a Tah qué opinaba él de Api y Asmoan, más que nada para averiguar si estaba al corriente de que ambos eran demonios, cuando oyó de pronto un rugido: .D ¡Yodara! .P Hubo un silencio estupefacto. Dashvara volteó sobre sí mismo con las manos agarradas al pomo de sus sables. ¿Qué…? .P Lo que vio lo dejó paralizado. Un guerrero en librea esimea se había detenido a varios pasos con los ojos abiertos como platos. Guerrero esimeo, sí, era un guerrero esimeo. Pero también era un Xalya. .P .Bpenso Y un antiguo oficial del señor mi padre, .Epenso recordó la mente pasmada de Dashvara. .P No supo cómo reaccionar a semejante encuentro. Lo cierto era que, durante unos instantes, ninguno de sus hermanos fue capaz de hablar. Cuando Ged se levantó, Dashvara recordó que Yodara y él eran hermanos de sangre. .D ¿Her… hermano? —jadeó el maestro armero, acercándose con incredulidad. .P El oficial xalya estaba lívido pero, cuando Ged rompió el silencio, balbuceó: .D Ave Eterna. ¿Estoy soñando? .P Ged resopló, sonrió, ambos se carcajearon y terminaron dándose un abrazo bien fuerte bajo las miradas fruncidas de los Ragaïls y las sonrisas alegres de los Xalyas. No todos los días se volvía a encontrar a un buen oficial xalya, aunque la simple idea de que ahora estuviera trabajando para los Esimeos transformó la sonrisa de Dashvara en una mueca vacilante. .P .Bpenso ¿Y qué quieres que hiciera? .Epenso , le replicó una vocecita sarcástica. .Bpenso ¿Quitarse la vida, tal vez? ¿Resistir hasta morir como lo hizo tu señor padre? No se habría arreglado nada con eso. .Epenso .P Al ver que la tropa xalya se levantaba a saludar al oficial, Dashvara salió del cerco y se le unió Yira con expresión intrigada. Al acercarse, oyó a Ged decir en oy'vat: .D Y al fin hemos vuelto, hermano. No tan libres como quisiéramos, pero lo seremos pronto. .D ¡Mi viejo amigo! —exclamó Zorvun, riendo quedamente. .P Yodara agrandó unos ojos ya humedecidos y resopló, incrédulo: .D ¡Capitán Zorvun! .P Los Xalyas se apartaron para dejar pasar al capitán y ambos se estrecharon vigorosamente la mano. .D Ese uniforme te queda fatal —se burló el capitán. .D El tuyo no es mucho mejor —replicó Yodara, sonriente, pero su sonrisa se desvaneció cuando añadió, alterado—: Esto es como en un sueño. Más de una vez, en estos tres años, he creído volverme loco. Y me digo que a lo mejor es que estoy alucinando… Y la pequeña Shkarah —agregó, emocionado, tomándole la mano a su sobrina con expresión incrédula—. Es tan extraño y tan bueno a la vez volver a veros. Te alegrará saber, Shkarah, que tus primos siguen vivos. Trabajan en Aralika junto con Maeya. Al menos era cierto hace tres años. No los he vuelto a ver desde entonces… —Meneó la cabeza con tristeza—. A veces me digo que mi Ave Eterna ha perdido toda esperanza. Vuela a ras del suelo. Eso si es que vuela —suspiró—. Si me viera ahora el señor de los Xalyas me cortaría la cabeza por traidor. .D De eso no estoy tan seguro —intervino Dashvara en voz alta. .P Arvara se apartó y Yodara frunció el ceño, parpadeó y su tez se volvió pálida otra vez. .D Ave Eterna —articuló—. ¿Dashvara? .P Este sonrió y asintió, señalando a la tropa con un vago ademán. .D Me han nombrado señor, así que intento serlo. .D Hace más que intentarlo —aseguró Zorvun con ojos chispeantes de diversión. .P Yodara lo observó con intensidad. .Bpenso Me evalúa .Epenso , entendió Dashvara. Si esperaba encontrarse con una réplica del señor Vifkan, se iba a llevar una gran decepción… Carraspeó. .D Me alegra verte, Yodara. Recuerdo que mi padre te tenía en gran estima. .P Yodara inclinó la cabeza. .D No siempre compartíamos la misma visión, pero él siempre escuchaba mi opinión y la de sus demás oficiales antes de tomar una decisión. .P Decisión que a veces iba en contra de toda cordura, completó Dashvara mentalmente. Esbozó una sonrisa. .D En eso procuraré hacer como él. De modo —continuó— que los Esimeos han separado las familias. .D Más que separado —consideró Yodara, tomando un tono más práctico—. Nos han esclavizado hasta volvernos locos. Según sé, a la mayoría los han metido a hacer tareas domésticas o a cuidar ganado en Aralika. Creo que soy el único al que decidieron usar como guardia. Y, aun con esas, no me permiten llevar sables. Ni tampoco hablar en oy'vat —añadió en lengua sabia con una sonrisa torva que se torció aún más cuando dijo—: De todas formas sois los primeros Xalyas con los que hablo desde hace tres años. Ojalá pudiera huir. Pero, si lo hiciera, sacrificarían a un miembro de mi familia. Si desobedezco, los castigarán. Los Esimeos conocen el corazón de los Xalyas —confesó con amargura—. Son magos negros. Saben cómo manejarnos. .P Se cruzó de nuevo con los ojos de Dashvara y agachó nerviosamente la cabeza, evidenciando por primera vez la vergüenza que lo carcomía por dentro. Dashvara estaba buscando algo que contestar para aplacar su tormento cuando Yodara dejó escapar con voz ahogada: .D Sé que, si algún día vuelvo a ver a mis hijos, no me atreveré a mirarlos a la cara. .P Ged suspiró y lo reconfortó dándole una suave palmada. Dashvara reconoció con calma: .D Estos tres años han sido duros para todos nosotros. Pero ahora hay esperanza. .D ¿En serio? —retrucó Yodara con cierta viveza—. ¿Cuál? Mi hermano dice que también sois esclavos. Sois una treintena. Los guerreros esimeos son centenas. Y, aparte de vosotros, apostaría a que no hay más de una quincena de hombres xalyas en la estepa. El clan ha muerto. No quiero faltarte al respeto, Dashvara de Xalya. Yo era uno de los primeros en admirar la constancia y tozudez de tu padre. Pero hay que ser realista. Los Esimeos se reirían a carcajadas si sacaras ahora tus sables para liberar a tu pueblo, mi señor. Sólo digo lo que pienso. .P Dashvara oyó a varios resoplar. Zamoy gruñó: .D Si se empieza así de optimista, no llegaremos a ninguna parte. .P Se elevaron las voces, pero más de uno, en vez de apoyar o rebatir la afirmación de Yodara, le preguntó ansiosamente por tal o cual familiar, si por fortuna lo había visto vivo en Aralika antes de partir a Lamastá… Yodara intentaba responder como podía a la oleada de preguntas cuando se oyó de pronto una voz seca desgarrar el aire. Los Xalyas se giraron todos hacia una patrulla esimea que se acercaba entre los cercos. El jefe de la patrulla acababa de ladrar algo en lengua galka, el dialecto esimeo. Dashvara la había aprendido de pequeño gracias a Maloven, pero según este su nivel dejaba mucho que desear. Aun así, era obvio que el guardia esimeo acababa de soltarle una orden a Yodara. Ahora no se oían más que el viento y los lejanos martillazos en el tejado del templo. .P El rostro del Esimeo se deformó y repitió la orden. Esta vez Dashvara entendió un «acércate» seguido de un apelativo probablemente bastante despectivo. Con inquietud, Ged le agarró del brazo a Yodara pero este se liberó, hizo un claro ademán hacia sus hermanos para pedirles que no intervinieran y se acercó al jefe de patrulla. Este le gritó algo a la cara y el oficial xalya apretó los puños y agachó la cabeza murmurando unas palabras en galka… Interrumpiéndolo, el guerrero esimeo le dio un empujón y le siseó algo. Yodara asintió prestamente y se alejó de ahí. Tan sólo echó una mirada hacia atrás. Y esa mirada la dedicó a Dashvara, medio desafiante, medio suplicante, como diciéndole «ni se te ocurra mandar a mis hijos a la tumba como lo habría hecho tu padre». La impotencia lo aplastaba desde hacía tres años. No era de extrañar, en tal caso, que su moral anduviera por los suelos y que estuviera listo para defender lo poco que le quedaba: la vida de sus hijos, aunque estos estuvieran en manos de los Esimeos. Y, sin embargo, cuando Yodara desvió la mirada, Dashvara creyó adivinar en sus ojos un brillo de esperanza. .P El capitán Zorvun alzó una mano para animar a los Xalyas a retroceder y dejar pasar a la patrulla esimea. Los fulminaron con miradas tan criminales que hasta el jefe aceleró el paso para alejarse lo antes posible de ahí. Junto al cerco de enfrente, los Ragaïls, impasibles, no se perdían ni una pizca de la escena. Dashvara suspiró y Zorvun le hizo eco, deteniéndose a su lado. .D Parece ser que la vida en la estepa ha sido más devastadora que la vida en la Frontera —murmuró con voz ronca. .P Dashvara tendió una mano hacia Yira y apretó la suya con dulzura mientras le contestaba a Zorvun: .D Tal vez, capitán. Pero un Ave Eterna puede curarse. Al menos un poco. .P Zorvun meneó tristemente la cabeza. .D Tal vez, hijo. El día en que deje de recibir golpes… —Asintió con la mirada perdida—. Tal vez un poco. .Ch "El Corazón de la Estepa" .\" 31/03/2018 Los primeros albores del día siguiente pillaron a los Xalyas profundamente dormidos junto a la barrera del cerco. Los Esimeos les habían ofrecido pasar la noche en distintas casas de la villa, pero ellos habían rechazado la oferta. Era infinitamente mejor dormir al raso en compañía de sus caballos y sus hermanos que divididos en casas esimeas, por más que estas tuvieran «estufas» y todo lo que quisieran. Los Ragaïls, ellos, habían pasado la noche en la veranda del edificio, a unas decenas de pasos escasos. .P Dashvara bostezó, enderezándose. Sirk Is Rhad mascaba su desayuno mientras vigilaba los alrededores con ojos vivaces. Se unió a él frotándose unas manos ateridas. ¡Ojalá pudieran haberse traído esas extrañas energías cálidas que poblaban la isla de Matswad! .P Sus hermanos ya espabilaban y el pequeño campamento se animó de voces. Makarva y Zamoy aprovecharon el tiempo libre para echar una partida rápida de xalyanas, Miflin consultaba su diccionario con aire soñador y paseaba de cuando en cuando sus ojos por el paisaje estepeño, Lumon afilaba unas dagas… Todos se ocupaban ahí como en la Frontera y, sin embargo, nada podía ocultar la agitación interior general. .P Cuando apareció el capitán Djamin, ya estaban todos listos para ponerse en marcha, si es que iban a algún sitio aquel día. El Ragaïl confirmó, declarando: .D Su Excelencia reanudará el viaje dentro de una hora. Estaos preparados. .D Ya lo estamos —aseguró Dashvara, saliendo del cerco—. ¿De modo que vamos a Aralika directos? .P Djamin asintió. .D Si vamos a buen ritmo, llegaremos ahí al anochecer. —Paseó una mirada crítica por los guerreros estepeños y agregó—: Por cierto, parece ser que el túnel de Aïgstia no se vino abajo. Los Esimeos ya han mandado a trabajadores para despejar la zona. Como puedes ver, no ha sido para tanto, señor de los Xalyas. .P Su voz rezumaba diversión. Dashvara puso los ojos en blanco sin contestar y, dándole la espalda, el capitán ragaïl se alejó hacia sus hombres. Cuando retomaron el viaje, una hora y media después, lo hicieron escoltados por una patrulla de guerreros esimeos, entre los cuales estaba Ashiwa de Esimea. Empezaban a ser un grupo numeroso, y peligrosamente dividido. Dashvara apostó a que más de un Xalya se imaginó volteando el caballo y saliendo galopando rumbo al noreste. Pero no podían, porque debían un favor a Kuriag, porque los demás guerreros habrían matado a más de uno durante la huida, porque, en fin, su señor no les había ordenado que huyeran. .P La estepa, en aquella región, estaba cubierta de hierba verde y, hacia el mediodía, comenzaron a verse con cada vez más frecuencia chozas, rebaños y ganaderos. Pasó una tormenta por el norte, pero no les afectó a ellos: las nubes negras se alejaban, raudas, hacia el noreste. Dejaron, sin embargo, una tierra embarrada a la que los jinetes llegaron cuando ya el sol se inclinaba seriamente hacia el oeste. Dashvara tenía sus dudas de que pudieran llegar a Aralika antes de que se marchara el sol. .P Una extraña bruma los envolvía ahora y, junto a la oscuridad creciente, daba al avance de la tropa un toque sobrenatural. No se oía el mínimo murmullo, tan sólo los cascos de los caballos, sus resoplidos y la respiración de una sesentena de almas. .D Huele a muerto —dijo de pronto Api. .P Aquel día, viajaba sobre su propio caballo, un caballo prestado por Ashiwa, por fortuna bastante apacible, pues el joven demonio no tenía ni idea de montar. .P Un leve escalofrío recorrió Dashvara al oírlo. Asmoan repitió: .D ¿A muerto? .P El muchacho confirmó tragando saliva: .D A muerto. .P Dashvara no percibió nada más que un fuerte olor a tierra mojada y a caballo. Intercambió una mirada inquieta con Makarva y oyó detrás a Zamoy mascullar en oy'vat: .D Serán los Esimeos. Apestan. .P Cayó la noche y encendieron las linternas, pero a través de la bruma estas apenas iluminaban. Finalmente, se oyeron unos «¡alto!» delante de la procesión, detuvieron los caballos y Zorvun pronto fue a informarse. Regresó diciendo: .D Nos paramos aquí para la noche. Aún quedan unas tres horas de cabalgata para llegar a Aralika. Según dice esa serpiente esimea. .D Podríamos estar a doscientos pasos de la ciudad que no nos enteraríamos —gruñó Sashava, hundiendo sus muletas en el barro mientras escudriñaba las sombras densas—. Podrían matarnos como perros si quisieran. .D Y todo porque el titiaka quiere ver una maldita torre —refunfuñó Orafe el Gruñón, malhumorado. .P Se instalaron para la noche. No fue tarea fácil montar las tiendas en la oscuridad brumosa y menos encontrar un lugar donde no embarrarse por completo. Aprovecharon la excusa del barro para alejar unos pasos más su campamento del de los Ragaïls. Un silencio relativo reinaba sobre todos. Y Dashvara, recostado sobre su gruesa capa, meditaba. .P Quedaban tres horas para llegar a Aralika, y tres días para alcanzar las tierras de los Honyrs a buen ritmo. La mayoría de sus caballos tenían sangre estepeña, eran robustos, tenían un aguante inigualable y aun después de un día de viaje hubieran podido seguir durante horas. .P Kuriag había ignorado su propuesta para poner a los Xalyas más vulnerables lejos del alcance esimeo. Si al menos lo hubiese convocado en su tienda para aplacar sus inquietudes, si al menos le hubiese dado argumentos, pero no: el Legítimo estaba demasiado ocupado hablando con Ashiwa de Esimea y Asmoan de Gravia para hacerle caso. ¿Demasiado ocupado, o temeroso de enfrentarse a Dashvara y a su suegro? Ambas cosas, tal vez. .P En cualquier caso, el silencio de Kuriag y la proximidad de Aralika avivaban las dudas de Dashvara. Repasó mentalmente sus posibilidades: podía levantarse y exigir hablar con el Legítimo, podía traicionarlo y huir con sus hermanos y podía seguir siéndole leal y meterse en la ciudad de Todakwa rezando por que no ocurriera ninguna desgracia. O podía hacer una mezcla de esas tres opciones. .P Con el corazón latiéndole más rápido que de costumbre, agitado, murmuró: .D ¿Tah? .P La sombra había vuelto a su saco. Asomó la cabeza. En la oscuridad, incluso a unos escasos palmos de distancia, Dashvara apenas la vislumbró. .P .Bdm ¿Qué pasa, Dash? .Edm , preguntó. .P Dashvara se humedeció los labios. .D ¿Podrías hacer pasar un mensaje a mis hermanos sin que se entere nadie más que ellos? —murmuró. .P Tahisrán silbó por lo bajo. .P .Bdm ¡Claro! .Edm , aseguró, intrigado. .Bdm ¿Qué mensaje? .Edm .P Dashvara inspiró y declaró en un cuchicheo: .D Este: permaneced tranquilos, seguid actuando con naturalidad. A mitad del primer turno de guardia, saldrán de aquí rumbo al este y luego al norte —inspiró y listó—: Sinta, Myhraïn, Watsy, Shkarah, Dwin, Aligra, Maef, Zamoy, Atok, Morzif, Shivara, Atsan Is Fadul y Shokr Is Set. Si alguien protesta, diles que es una orden. .P La sombra permaneció un instante en un silencio sobrecogido. .P .Bdm ¿Crees que es prudente? .Edm , preguntó al cabo. .P Dashvara suspiró. .D No lo sé. Pero, de todas formas, somos tan pocos que unos guerreros arriba, abajo… ¿Qué diferencia? Sólo falta asegurarse de que los Ragaïls no se percatarán de nada hasta el amanecer. .P Tahisrán asintió mentalmente, vacilante. .P .Bdm ¿Y el titiaka? Se enfadará. .Edm .P Dashvara hizo una mueca. .D De eso ya me ocuparé en su momento. .P Y así se hizo. Tahisrán fue el héroe de aquella huida. Difundió mensajes, dio de beber sedantes a los caballos de los Ragaïls y, en un par de horas, la huida inminente tenía toda la pinta de ir bien encaminada. El hecho de que Zorvun no hubiese puesto ninguna pega a la idea había reconfortado a Dashvara más de lo que hubiera admitido. Sabía que la huida tendría consecuencias, degradaría sus relaciones con el Legítimo y pondría en mala posición a los Xalyas que se quedaban… Pero no dejaba de parecerle preferible a meter al clan entero en plena Aralika sin que siquiera los Honyrs estuvieran al corriente de que ambos pueblos compartían la misma Ave Eterna. .P Al fin, llegó la hora tan esperada y, sin embargo, Dashvara no dio la orden. Debía de ser cerca de la medianoche y Yira seguía sin aparecer. La había visto entrar en la tienda de Kuriag y Lessi para cenar con ellos. Dashvara no se había extrañado, pues Lessi y ella eran buenas amigas y solían conversar juntas. Con todo, su ausencia le estropeaba los planes. Y es que había proyectado pedirle que ella también se marchara. Nervioso, susurró: .D Tah, ¿puedes ir a ver qué hace? .P La sombra no necesitó que le explicara de quién hablaba: se alejó, invisible entre las sombras. Y regresó al de un rato murmurando mentalmente: .P .Bdm Ya viene. .Edm .P De hecho, la sursha apareció al de poco y se tumbó junto a Dashvara cuchicheando de buen humor: .D ¿Qué andas tramando? .P Dashvara se aclaró la garganta en silencio y se lo explicó. Pese a la oscuridad casi completa, sintió el cuerpo menudo de su naâsga tensarse entre sus brazos. Replicó: .D Ni hablar. Yo me quedo. Y no sé si me acaba de convencer esa huida. Tú mismo me dijiste una vez que dividir el clan nunca era una buena idea. .D Esta vez se trata de dividirlo para que se una a los Honyrs, naâsga —argumentó Dashvara. Hubo un silencio y reconoció—: Me sentiría mucho más tranquilo si los acompañaras. Sólo serán unos días. Tranquila, la marca de Kuriag nos protegerá en Aralika. Nadie se atreverá a tocarnos. Simplemente no puedo dejar al titiaka plantado así como así. Si me quedo, él verá mi buena disposición para devolverle los favores, estoy seguro. Tú misma lo conoces y conoces a Lessi. —Como oía el enésimo suspiro de la sursha, aseguró—: De veras, naâsga, no haré nada absurdo. Ya me conoces. .P Yira resopló con suavidad. .D Precisamente. .P Dashvara le besó la frente. Estaba todo tan oscuro que se atrevió a quitarle el embozo. Por un momento, Yira respondió a su abrazo sin decir una palabra. Entonces, se apartó ligeramente y murmuró: .D ¿Estás seguro de que quieres que me vaya, Dash? .P A Dashvara se le encogió el corazón y apretó a su naâsga con más fuerza antes de susurrar: .D Sí. Por favor. Los Honyrs son nuestra única salvación. Diles que Dashvara de Xalya perdona sus faltas pasadas. Tú eres la señora de los Xalyas. Te escucharán. .P Yira suspiró. .D Si tú lo dices… .P Durante un largo silencio, ninguno de los dos hizo movimiento alguno para apartarse. Finalmente, Yira volvió a ponerse el embozo y susurró: .D ¿Crees… que Todakwa te guarda rencor por ser quien eres? .P Dashvara puso los ojos en blanco. .D Más razón tengo yo de odiarlo, pero no temas, naâsga: no voy a tirarme en la boca del lobo. Sólo voy a verlo de más cerca y, como llevo correa, esa serpiente no se molestará en morderme. —Su tono bromista se quebró y tragó saliva cuando confesó—: Oh, Liadirlá, no quiero que te vayas. .P Estaba ya revisando su plan cuando, con voz serena, Yira murmuró: .D Nuestras Aves Eternas vuelan juntas… pero tienes razón. Tal vez pueda ayudarte mejor yendo a ver a los Honyrs. Ayudaré a los demás a ocultarnos con mis sortilegios y… —La sursha calló y pasó una mano suave por la mejilla barbuda de Dashvara cuchicheando—: Ni se te ocurra morir, señor de la estepa. .P Él sonrió. .D Algún día se me ocurrirá. Pero no antes de que pasen cien años, si es posible —bromeó. Le besó la mano y agregó en un murmullo—: Cuídate, naâsga. Que sepas que mi Ave Eterna te acompaña allá donde estés. Nos vemos pronto —prometió. .P Su naâsga se apartó suavemente y, por un momento, ambos escucharon el silencio del campamento. Entonces, él hizo una señal, Tahisrán transmitió la orden y la huida se puso en marcha. Con el corazón suspenso, Dashvara vio unas siluetas borrosas levantarse y alejarse una a una. Cerró los ojos y aguzó el oído. Incluso los caballos fueron discretos, gracias en parte a que Tahisrán y Yira ayudaron a apagar el ruido con sortilegios armónicos. Al de unos minutos, como Dashvara ya no oía nada, abrió de nuevo los ojos. Vio una oscuridad casi completa, tan sólo interrumpida por las luces difusas de las linternas en la bruma. Nadie había dado la alarma. Sonrió. Finalmente, los Xalyas iban a resultar ser tan silenciosos y traicioneros como los Esimeos. .P Cerró de nuevo los ojos, dejando escapar el aire de sus pulmones. Largo rato estuvo calculando la distancia que podrían recorrer los fugitivos antes de que asomara el sol. ¿Les daría tiempo a salir de las tierras esimeas? ¿Encontrarían a los Honyrs? ¿O se toparían antes con alguna manada de nadros rojos hambrienta? Al cabo, agotado, se sermoneó por dar inútiles vueltas a las mismas preocupaciones, se concentró en su respiración y cayó en un sueño agitado. Soñó. Estaba de vuelta en Titiaka, aparecía el rostro negro de Faag Yordark y lo retaba a luchar en duelo con él. Exasperado, sin sacar sus dos sables negros, Dashvara le daba la espalda al titiaka y descubría con estupefacción a una criatura enorme y maciza irguiéndose ante él. Bramó: ¡Brizziaaa! Enseguida, se sintió mareado y sudoroso. La tierra danzaba ante sus ojos. Perdió el equilibrio. Su naâsga lo ayudó a tenerse en pie, soltó un sortilegio lleno de mariposas de luz y el brizzia se hizo cada vez más pequeño hasta convertirse en un mero monstruito del tamaño de un gato. Dashvara sonrió en el sueño. Gracias, naâsga… .P Un dolor agudo en el costado lo despertó. .D ¡Levanta! —ladraba una voz. .P Dashvara pestañeó e, instintivamente, alzó unas manos para protegerse. No le sirvió. Lo zarandearon varias siluetas y lo arrastraron por la tierra antes siquiera de que entendiera vagamente que lo que estaba pasando ya no era un sueño. .P Cuando los Ragaïls dejaron de arrastrarlo, se encontró ante la tienda de Kuriag Dikaksunora, desarmado y embarrado, bajo la mirada aterrada del Legítimo. .P .Bpenso Creo, Dash, que deberías haber huido tú también… .Epenso .P Trató de enderezarse pero la mano firme que agarraba su pescuezo lo impidió levantarse. Carraspeó. .D Si me dejáis explicároslo, Excelencia… .P Recibió un guantazo en la cabeza de parte de uno de los Ragaïls. Calló. La expresión de Kuriag ahora se había cerrado y no expresaba más que desdén. .D No hay nada que explicar —replicó con voz seca, ligeramente trémula—. No has cumplido con tu palabra, Dashvara de Xalya. Mi padre te habría decapitado aquí mismo sin vacilar. —Marcó una pausa—. ¿Quién de vosotros ha drogado las monturas de los Ragaïls? —Los demás Xalyas bullían por dentro, rodeados tanto por los guardias titiakas como por los Esimeos. Ninguno contestó. Observado por todos, Kuriag trató de no perder su compostura y ordenó con voz firme—: Maniatad a este guerrero. —Y como veía que Dashvara abría la boca, añadió—: Y amordazadlo. .P La bruma se había levantado y el cielo estaba poblado de tonalidades doradas y rosadas. Dashvara suspiró pero no resistió cuando los Ragaïls lo maniataron y amordazaron sin miramientos. Kuriag discutía vivamente con el capitán Djamin. Se habían alejado algo, pero Dashvara consiguió entender que el primero le estaba echando en cara al segundo la falta de vigilancia de sus hombres. ¿Cómo diablos habían podido salir del campamento catorce personas con sus respectivas monturas y no ser vistas ni oídas por los centinelas? Djamin estaba confundido, trataba de explicarse… Dashvara sonrió detrás de su mordaza. El gran capitán ragaïl, ¡burlado por unos esclavos salvajes! ¿Quién lo hubiera imaginado? Pero su sonrisa pronto se transformó en una mueca tensa. Esperaba que Kuriag se diera cuenta de que, si se habían quedado veinte Xalyas en el campamento, era porque seguían con intenciones de servirlo hasta pagar la deuda. No había faltado a su palabra. O al menos no del todo, rectificó Dashvara con toda honestidad. .P Para indignación suya, Kuriag mandó a cuatro Ragaïls en pos de los fugitivos tomándoles prestados los caballos a los Xalyas. Le robaron a Amanecer y a él lo pusieron, maniatado y amordazado, sobre un caballo sedado. Retomaron la marcha hacia Aralika. Hacía buen día y Dashvara estimó que Yira y los demás debían de andar ya a más de treinta millas de ahí. Dudaba de que los Ragaïls fueran a encontrar a los fugitivos, aun ayudados por los Esimeos. Pero nunca se sabía… .P Avistaron la punta de la Torre del Ave Eterna tiempo antes de llegar a Aralika, ubicada al final de una interminable pendiente cubierta de hierba. Crecían, de aquí para allá, algunos arbustos y, a lo lejos, se divisaban algunos árboles a orillas del río Fadul, el río más largo de la estepa. Era el mismo que pasaba junto al torreón xalya, sólo que en Esimea era ya más ancho y en verano no se secaba casi por completo como en Xalya. .P La ciudad despertó en Dashvara un sentimiento de asombro. Como patrulla, en la estepa, jamás había viajado más allá de sus tierras. Por eso, ver Rocavita por primera vez lo había llenado de maravilla. Dazbon lo había aturdido por su tamaño y sus callejuelas laberínticas, Titiaka por su organización y su belleza. Aralika lo embelesó por su arrogancia. .P Todo estaba hecho con piedra blanca de las montañas de Padria, a semejanza de la Pluma, la Torre del Ave Eterna, que se alzaba, sabia, elegante, dominando la ciudad con sus piedras viejas de muchos siglos. .P Kark Is Set, murmuró Dashvara para sus adentros, fascinado. El Corazón de la Estepa. Ese era el nombre que habían dado a su villa principal los Antiguos Reyes. Se decía que la Pluma que en ella se alzaba había sido construida sobre los restos de Nabakaji, el primer shaard y el que teóricamente había hablado primero del Ave Eterna. En su interior, se habían acumulado durante siglos conocimientos y sabiduría, y desde lo alto de la aguja, según decían los libros, podía verse la estepa entera. A Dashvara le entraron ganas de comprobarlo. .P .Bpenso Que Kuriag me condene a muerte si quiere, pero no antes de que haya visto esa torre. ¡Liadirlá que he de ver con mis propios ojos lo que vieron los Antiguos Reyes! .Epenso .P La emoción lo embargaba. Casi se había olvidado de que iba maniatado, amordazado y vigilado por varios Ragaïls. .P Cuanto más se acercaban, más le parecía que la ciudad iba ganando en amplitud. Había enormes cercos con caballos estepeños, patrullas en la periferia, esclavos atareados, huertos, caminos adoquinados, y hasta un mercado animado. Rodearon este bajo las miradas curiosas de los habitantes y llegaron ante un edificio suntuoso, decorado con columnas y estatuas. Toda una comitiva había salido a acoger al Legítimo de Titiaka. Un hombre arrebujado en una gruesa capa azul oscura se encontraba en lo alto de la escalinata que llevaba al pequeño palacio. Dashvara se había quedado con la mirada fija en ese rostro tatuado. Jamás lo había visto, pero era fácil adivinar que ese hombre pálido, tatuado y de mediana edad era Todakwa. El rey de la Muerte. .P Un cántico se elevó en lengua galka para dar la bienvenida al ilustre invitado. Todakwa bajó la escalinata con una ancha sonrisa y, cuando Kuriag desmontó, lo acogió con aparente alegría. Su voz era ligera y Dashvara, colocado casi en la cola de la procesión, no alcanzó a oír más que alguna palabra suelta. .P .Bpenso De modo que esto es lo que has hecho de Kark Is Set .Epenso , murmuró Dashvara para sí, sondeando su alrededor. .Bpenso Una ciudad moderna, activa y comerciante. Te felicitaría, serpiente esimea, si no supiera que lo conseguiste a costa de la sangre y la libertad de gente inocente. .Epenso .P Kuriag acabó por seguir a Todakwa adentro del palacio, junto con Lessi, dos Ragaïls y… sorpresivamente, también pidió a Zorvun y a Arvara que lo acompañaran. A los demás los instalaron prestamente en un edificio contiguo. Más de un sirviente esimeo le echó una mirada curiosa a Dashvara mientras este avanzaba rodeado de Ragaïls hasta una espaciosa habitación llena de jergones. No le quitaron la mordaza y Dashvara no intentó quitársela: se sentó con calma sobre uno de los jergones y no pudo evitar soltarle al capitán Djamin una mirada burlona. Este meneó la cabeza con exasperación pero no comentó nada: simplemente ordenó que nadie se moviera de ahí y salió del edificio. Dashvara sonrió detrás de su mordaza. Ese Ragaïl, pese a todo, empezaba a caerle bien. Hubiera podido castigarlo personalmente y Kuriag no habría podido más que aprobarlo. Pero, por alguna razón, Djamin prefería no intervenir más de lo necesario. .P Dashvara se recostó tamborileando con sus dedos y tan tranquilo lo vieron sus hermanos que debieron de pensar que lo tenía todo controlado. Pues ojalá fuera cierto, suspiró. .P Pasó el tiempo. Alta le ayudó a liberarse las manos pero, cuando intentó quitarle la mordaza, Dashvara se negó. No lo hizo tanto por no saltarse la orden de Kuriag como por no tener que hablar con sus hermanos del tema. Su rechazo hizo que todos intercambiaran miradas elocuentes. Lumon carraspeó. .D ¿Vas a estar así toda la tarde? .P Dashvara se encogió de hombros. Makarva meneó la cabeza y, levantando los ojos al cielo, lanzó: .D No seas ridículo, Dash. Anda, deja que te quite la mordaza. .P Pese a que Dashvara volvió a negarse con un gesto seco, su amigo insistió y, finalmente, entre Miflin y Makarva, consiguieron quitársela. .D ¡Venga, abre la boca, primo! —lo animó el Poeta, divertido. .P Quisieron sacarle el trapo de la boca a la fuerza como se le quita un palo a un perro. Dashvara los fulminó con la mirada. Resopló y escupió el trapo. .D Está bien —gruñó—. ¿Qué queréis que os diga? He hecho lo que consideraba correcto. .P Makarva sonrió. .D Ya lo sabemos, Dash. Y todos pensamos aquí que hiciste lo correcto, ¿verdad, hermanos? Te aseguro que, si el titiaka se atreve a ponerte la mano encima, no le vamos a dejar. .P Le palmeó el hombro. Dashvara suspiró. .D A menos que os diga que le dejéis, espero. .P Makarva hizo una mueca y no fue el único. Ged admitió: .D Eso ya es pedirnos demasiado, muchacho. No vamos a dejar que te castigue como a un vulgar ladrón. .P Dashvara puso los ojos en blanco y replicó: .D En Titiaka, Lanamiag Korfú ya me dio una somanta de palos. .P Resoplaron. .D No es lo mismo —intervino Shurta—. En Titiaka, no teníamos ni la esperanza de poder huir. Aquí la tenemos. .P Los Xalyas aprobaron. Dashvara apuntó: .D Aún estamos en deuda con ese titiaka, os recuerdo. .D Buaj —gruñó Orafe—. De no ser por su padre no habríamos acabado fuera de la estepa. Yo veo más su generosidad como una indemnización. .P Aquello generó sonrisas y una oleada de aprobación. Dashvara meneó la cabeza, poco convencido. Kuriag no tenía la culpa de que su padre hubiera sido el mayor esclavista de la costa del Océano Caminante. .P Se habían quedado tres Ragaïls en la sala y no dejaban de echarles ojeadas fruncidas, molestos de no entender nada de lo que decían. Dashvara los ignoró durante toda la tarde. Se dedicó a echar la siesta, porque aquella noche apenas había podido pegar ojo. Cuando despertó, se apuntó a jugar a las katutas con Makarva, Miflin y Kodarah. El regreso del capitán Zorvun y de Arvara los pilló en plena celebración: Makarva había perdido. .D ¡Bueno, bueno! —dijo Zorvun avanzándose en la sala—. Veo que nuestros jóvenes aprovechan bien el tiempo. .D Como niños —aseguró Sedrios el Viejo desde una esquina con una sonrisa burlona. .D ¿Y bien? —lanzó Dashvara, dejando de quiñarle a Mak—. Supongo que ya le has rebanado la cabeza a Todakwa, ¿verdad? .P El capitán puso los ojos en blanco. .D Te dejaré el honor, creo. Seguro que lo haces mejor que yo. Traigo buenas noticias —declaró—: los Ragaïls no han dado con nuestros hermanos y creo que a estas alturas tienen buenas probabilidades de salir de tierras esimeas intactos. .P Se oyeron suspiros de alivio, aunque Dashvara se contuvo de cantar victoria aún. El capitán agregó: .D Por cierto, Dash, mi yerno quiere verte. —Asintiendo, Dashvara se levantó. Antes de que saliera de ahí, Zorvun lo retuvo un instante. Sus ojos brillaron cuando murmuró—: Kuriag está de nuestra parte, hijo. Pero es titiaka. Tiene una reputación que defender. Muéstrale que aún le eres leal y con un poco de suerte este asunto no irá mucho más lejos. .P Pero irá así y todo algo más lejos, entendió Dashvara. Asintió de nuevo. .D Supongo que sigue de malhumor. .P Zorvun hizo una mueca rascándose la barba. .D Ese muchacho parece incapaz de enfadarse de veras. Está más bien deprimido, diría. Aunque la idea de visitar la Torre mañana le ha alegrado un poco la cara. Parece más xalya que nosotros —bromeó y lo animó—: Venga, ve. .P Dashvara salió de ahí y un sirviente esimeo lo condujo hasta las habitaciones de Kuriag: estaban justo al lado. Antes de que llamara a la puerta, el sirviente vaciló y preguntó con ojos ansiosos: .D ¿Es cierto que eres Dashvara de Xalya, el último señor de la estepa? .P Dashvara lo escudriñó. El sirviente era estepeño del este. Un Shalussi, tal vez. No debía de tener más de dieciséis años. Hizo una mueca. .D Con suerte, no seré el último —replicó. .P Llamó él mismo a la puerta, con firmeza. Se oyó un silencio. Y entonces una voz dijo: .D Pasen. .P Dashvara entró y cerró detrás de él antes de pasear una mirada por la sala. Era lujosa. Nada que ver con las habitaciones del torreón de Xalya. Provenientes de un cuarto contiguo, se oían las voces apagadas de Lessi y Hezaé. Con su habitual expresión mansa y humilde, Zraliprat se movía en silencio por el salón guardando las cosas de su amo. Dashvara se preguntaba a veces si algún día siquiera se le había ocurrido a ese muchacho dejar de ser esclavo. No recordaba haberlo oído nunca pronunciar más de unas palabras seguidas. Se cruzó con su mirada oscura y creyó percibir un destello de reproche. Mi amo está en ese estado por tu culpa, parecía decirle. Dashvara giró la cabeza hacia Kuriag. Sentado en un sofá ante una gran chimenea encendida, el elfo observaba el fuego con cara absorta. Parecía incluso más joven de lo que era, pensó Dashvara. .P Se acercó, vacilante, en silencio. Sus botas ensuciaron la alfombra e hizo una mueca de disculpa. Vaya. Se detuvo. Kuriag seguía sin decir nada. Por lo visto iba a tener que romper el silencio él. Abrió la boca, aún pensando en qué podía decirle. Entonces, vio sobre una mesilla su cinturón con los dos sables que le habían quitado los Ragaïls. Tendió una mano y cogió la vaina del sable negro de Siranaga. Kuriag se sobresaltó y agrandó los ojos del susto. Temiendo tal vez que el señor de los Xalyas se hubiera vuelto loco, Zraliprat se preparó a gritar pero Kuriag alzó una mano para detenerlo. Reprimiendo una sonrisa, Dashvara jugueteó con el arma diciendo con incontenible respeto: .D Este sable perteneció a Siranaga, el último Antiguo Rey de la estepa. Y sigue en tan buen estado como si lo hubiesen forjado ayer —murmuró, desenvainándolo a medias. La volvió a envainar con un gesto seco—. En su hoja está inscrito «atsan is fadul», Salvadora de vidas. Un nombre extraño para un arma, ¿verdad? .P Cruzó la mirada intensa de Kuriag Dikaksunora y, tras otro silencio en el que tan sólo se oyó el fuego crepitar, carraspeó, dejó el sable y fue a agacharse junto a la chimenea. Un agradable calor lo iba envolviendo poco a poco. Inspiró. .D Te aseguro que mis hermanos y yo saldaremos nuestra deuda con más eficacia sabiendo que parte de nuestro pueblo está ahora a salvo, cabalgando hacia las tierras de los Honyrs. He hecho lo que me ha dictado mi Ave Eterna. Supongo que fue un error no hablarte de ello antes. Te aseguro que no quería burlarme de ti y me duele haber traicionado tu confianza. He dañado tu reputación. Probablemente los Esimeos se hayan reído a tus espaldas por tener tan mal domados a tus esclavos. —Hizo una mueca sarcástica y concluyó con sinceridad—: Estoy dispuesto a restablecer tu reputación como sea. Incluso estaría dispuesto a mucho más si… me ayudaras, Kuriag Dikaksunora. .P La luz del fuego danzaba sobre el rostro sobrecogido del joven elfo. Giró la mirada hacia el sable negro, en la mesilla, y repitió articulando: .D ¿Ayudarte? ¿No es acaso lo que vengo haciendo desde que os compré, Dashvara de Xalya? .P Ahí, Dashvara se ruborizó. Liadirlá, y cuánta razón tenía ese extranjero. Espiró ruidosamente. .D Eso has hecho —admitió—. Sin embargo… mi pueblo sigue esclavizado por Todakwa. La riqueza de Esimea se basa en el comercio con Diumcili, principalmente en las relaciones comerciales con tu familia, ¿verdad? Tienes influencia. Y yo estaría dispuesto a todo para que mi pueblo estuviera de nuevo libre y a salvo lejos de aquí. —Había alzado la voz con fervor y la controló cuando agregó—: Podemos llegar a un acuerdo. ¿Es acaso pedir demasiado? .P Kuriag había fruncido levemente el ceño, intrigado. Meneó la cabeza. .D Admitiendo que sea capaz de convencer a Todakwa de que libere a tu pueblo, ¿qué me darías tú a cambio? ¿Tu lealtad? .P Su voz rezumaba ironía y desengaño. Dashvara lo observó un instante y respondió por una pregunta: .D Dime, ¿por qué te interesa tanto el Ave Eterna? .P Kuriag parpadeó y adoptó una expresión ensimismada. .D Bueno… Supongo que sin Maloven jamás me habría interesado tanto por ella. —Se mordió el labio y confesó—: Siento que mi vida siempre ha sido dictada por objetivos absurdos. Soy esclavo de la tradición titiaka, y eso no siempre es mejor que ser trabajador. No cuando a uno no le atraen ni las fiestas, ni los negocios, ni el juego… —Se encogió de hombros y sus ojos destellaron—. Cuando conocí al shaard Maloven, me di cuenta de que el mundo era mucho más hermoso de lo que creía. Cada vez que iba a la Universidad y me cruzaba a la gente en la calle, pensaba: cada persona tiene una vida, unos pensamientos, un carácter, unos sueños… Y pensaba que, algunos siendo más pobres que yo, incluso esclavos, conseguían ser más felices. Y otros lo eran menos. Y me entraban ganas de ayudarlos. De preguntarles qué es lo que un pobre loco como yo podía hacer para cumplir sus sueños. —Puso los ojos en blanco—. Pero siempre acababa echándome para atrás. Por cobardía, supongo. Y también porque probablemente no hubiera podido hacer gran cosa por ellos, de todos modos. Y tal vez me equivocaba. —Marcó una pausa y asintió para sí—: Eso es lo que más me impactó en las enseñanzas de Maloven. Aprendí a unir mis propias aspiraciones a las de los demás. El Ave Eterna… es un conjunto de conceptos. Un molde que se adapta para que un grupo de saijits pueda convivir. Y eso es también lo que admiro en tu pueblo, Dashvara de Xalya. Su diversidad y su unidad. Su tolerancia. Su confianza. Por eso decidí ayudarte. Quiero que tu pueblo, el de Maloven, sea libre. Que todos los pueblos lo sean. .P Dashvara se quedó mirándolo, profundamente impresionado. Kuriag tragó saliva y se sonrojó. .D Dicho así suena idealista y vanidoso, ¿verdad? Maloven era capaz de darle un tono mucho más solemne a… .P Calló de golpe cuando vio al señor de la estepa pasarse una rápida mano por los ojos. Bajo la expresión atónita del Legítimo, Dashvara resopló, realizó un brusco ademán y se levantó. .D Que el Liadirlá te bendiga, Kuriag —pronunció con voz ronca—. Si hay… algo que pueda hacer para que no pienses que soy un salvaje ingrato, sólo tienes que pedir. .P El joven titiaka vaciló, abrió la boca, la volvió a cerrar y entonces se levantó a su vez, nervioso. .D ¿Qué tal ya si… er… me informaras previamente de tus decisiones? .P Dashvara esbozó una sonrisa y se inclinó. .D Por mi Ave Eterna y el de mi pueblo, lo juro. Siempre y cuando me sea posible. .P Kuriag asintió y dijo, como justificándose: .D Lo de esta mañana me ha puesto en una posición delicada con los Ragaïls. He intentado no dar muchos detalles pero… apuesto a que Garag ya ha mandado una paloma mensajera a mi madre explicando todo el caso. .P Dashvara enarcó una ceja. .D ¿Garag? .D Oh. Un primo lejano mío —explicó el titiaka—. Se instaló como diplomático en el puerto de Ergaika. Está a unas setenta millas de aquí, y decidió viajar a Aralika para acogerme y darme los parabienes. Hacía años que no lo veía. No te caería bien —apuntó con una mueca entre molesta y divertida. .P Dashvara sintió un escalofrío. ¿Ergaika? Recordaba haber oído ese nombre, pero pensaba que era un mero pueblo costeño del suroeste, no que fuera un verdadero puerto. Carraspeó. .D Y supongo que habrá venido con más Ragaïls. .P Kuriag puso los ojos en blanco. .D En realidad, no. Garag contrata a sus propios hombres. Son mercenarios ryscodrenses, en su mayoría. .P Calló y retomó con tono vacilante: .D Mañana voy a ir a visitar la Torre con Asmoan y… me gustaría que me acompañaras. .P Dashvara asintió y trató de disimular su expectación con una mueca amable y a la vez burlona. .D Como quieras, Excelencia —contestó. .P Se inclinó e hizo un ademán para recuperar los sables pero, para sorpresa suya, Kuriag se lo adelantó y examinó el sable de Siranaga con curiosidad. Dashvara esperó pacientemente. Entonces, el elfo le devolvió las armas. .D ¿Dónde lo encontraste? .P Dashvara esbozó una sonrisa. .D Atasiag me lo regaló. Su Eminencia tiene de esas sorpresas. .P Kuriag había fruncido el ceño. Meditativo, hundió la mano en su bolsillo y sacó una gran llave dorada. Meneó la cabeza. .D ¿Sabes lo que es esto? .P Dashvara se encogió de hombros. .D Una llave. .P El Legítimo sonrió anchamente. .D Y una muy especial. Es una reliquia. Un objeto encantado. Me la ha prestado Asmoan para que la examine. Tiene inscripciones en oy'vat. Asmoan piensa que Siranaga huyó a Agoskura con ella hace doscientos años y cree que la puerta se encuentra en la Torre. Aún no le hemos mencionado nada sobre el tema al jefe esimeo. Tal vez debería. .P Dashvara se había quedado suspenso, contemplando la llave con fascinación. Vaciló y tendió una mano. .D ¿Puedo? .P Kuriag le dejó la llave y Dashvara la examinó. Era particularmente grande, con un asa redonda repleta de motivos e inscripciones. Se percibía una viva energía en su interior. .D Lessi dice que los signos son del oy'vat antiguo —intervino Kuriag tras un silencio—. Asmoan lo descifró. Al parecer, pone… —Rebuscó en su otro bolsillo, desplegó una hoja y leyó—: Llave de la Cámara del Ave Eterna. Y luego vienen palabras sueltas: Conocimiento, Muerte, Amor, Estrella y Sombra. Asmoan dice que podrían referirse a la leyenda de los Cinco Shaards Desaparecidos. .P Dashvara alzó bruscamente la cabeza, cada vez más asombrado. Se contaba que esos cinco shaards habían salido a buscar una estrella y no habían vuelto, pero… .D ¿Cómo diablos Asmoan conoce esa leyenda? ¿Es que en Agoskura tienen una biblioteca dedicada a los Antiguos Reyes? .P La simple idea le parecía absurda. ¿Por qué unos agoskureños iban a interesarse por la historia de un pueblo lejano desaparecido desde hacía dos siglos? .D No lo sé —admitió Kuriag—. Asmoan dice que tenía unos libros que hablaban del tema. Pero no los ha traído en el viaje. .P Dashvara empezó a entenderlo a medias. Si los Antiguos Reyes habían sido demonios y estos formaban una comunidad reducida, era lógico pensar que su historia había sido recuperada por otros de su misma calaña, fueran estos descendientes o no. De ahí el interés de Asmoan. Eso considerando que los Antiguos Reyes de verdad habían sido demonios. .P Meneó la cabeza, confuso, y devolvió la llave al Legítimo. .D ¿Sabes, Excelencia? Creo que sería más prudente no hablar de esto a Todakwa. Me extrañaría que fuera a permitir abrir una cámara en presencia de extranjeros. .P Kuriag asintió. .D Tienes razón. .P Hubo silencio. Dashvara carraspeó. .D Ya que dije que te consultaría antes… Me sentiría más tranquilo si apostara ante tu puerta a dos Xalyas. Supongo que Todakwa no tiene interés en que te pase algo pero… por si las moscas, ya sabes. Nunca le des la espalda a un Esimeo —citó con tono sabio. .P Kuriag sonrió y asintió con la cabeza, aceptando la propuesta. Con ella, implícitamente, aceptaba de nuevo la lealtad de los Xalyas. Dashvara se inclinó con sincero respeto. .D Buenas noches, Excelencia. .P Salió de ahí y, cuando regresó al gran cuarto y vio a sus hermanos girarse hacia él, expectantes, sonrió. ¿Esperaban acaso verlo volver medio desmayado y con la espalda ensangrentada? Declaró: .D Cuarenta azotes y ni un rasguño. .P Su mentira arrancó anchas sonrisas. Sentándose en su jergón, agregó alegremente para Zorvun: .D Tu hija se ha casado con un verdadero Xalya, capitán. Nuestro buen amo está decidido a ayudarnos a liberar a nuestro pueblo. —Bostezó y concluyó—: Y, con un poco de suerte, gracias a él el señor de la estepa podrá seguir haciendo el vago y el filósofo. —Sonrió—. Vivan los extranjeros. .Ch "La Pluma" .\" 03/04/2018 A la mañana siguiente, Dashvara despertó de un sueño profundo sacudido por Makarva. .D ¡Despierta, Daaaash! Te vas a perder la torre. .P .Bpenso La torre, .Epenso se repitió, medio despierto. ¿La torre? Por un instante, pensó que Mak le hablaba de la ficha de la Torre en las katutas. Entonces cayó en la cuenta y se enderezó de golpe. .D ¡La torre! —exclamó. .P Se levantó y se apresuró a abrocharse el cinturón y la capa de guardia. Sus hermanos también se preparaban, pues se suponía que, aun si no les permitían entrar a todos en la torre, tenían que proteger al titiaka. Iba a salir del cuarto con rapidez con toda la tropa cuando se fijó en que Sedrios, Sashava, Taw y Zorvun se hacían los perezosos. Enarcó una ceja y el último explicó: .D Id sin nosotros. No creo que Kuriag vaya a echar en falta a cuatro viejos. .P Dashvara le devolvió una ojeada de mofa. .P .Bpenso Viejo, y un infierno, capitán .Epenso , pensó. .Bpenso Lo que quieres es tener tiempo libre para buscar a Xalyas por la ciudad. .Epenso .P No se demoró: saludó a los viejos y salió del edificio. El sol se había levantado hacía tal vez una hora y la calle estaba animada con esclavos atareados y habitantes curiosos. Guiado por los Esimeos, Kuriag Dikaksunora ya se alejaba hacia la torre, en compañía de Asmoan, Lessi, Api y seis Ragaïls. Dashvara hizo una mueca. A eso tampoco se le podía llamar llegar tarde, ¿verdad? Cuando echó a correr para alcanzar al Legítimo, los Xalyas lo siguieron. Los recibió la mirada entre reprobadora y burlona del capitán ragaïl, así como el «¡buenos días!» alegre de Api. Dashvara le sonrió a este último y recuperó el aliento. .P La procesión era ridículamente numerosa. Kuriag avanzaba entre Todakwa y el que, por sus atuendos titiakas, debía de ser Garag, su primo diplomático. Los seguían los mercenarios ryscodrenses de este último, así como una buena tropa de soldados esimeos. Cuanto más se acercaban a la Torre del Ave Eterna, más imponente le parecía esta a Dashvara. En un momento, creyó ver a Todakwa echarles una ojeada a los Xalyas y detener su mirada sobre él. Sin embargo, cuando Dashvara se giró, el jefe esimeo había retomado su sonrisa y le hablaba animadamente a Kuriag con su voz ligera y tranquila. .P .Bpenso Siempre lo mismo .Epenso , pensó, sombrío. .Bpenso Siempre que uno cree encontrarse con un diablo, este parece menos diablo de lo que es… Y, aun así, Todakwa debe de ser uno de los peores asesinos que hay en la estepa. .Epenso .P Su corazón reclamaba justicia a gritos, pero su razón lo maniató a la fuerza. .P Llegaron al fin al pie de la torre. Unos guardias abrieron uno de los grandes batientes y Dashvara se avanzó dejando a sus hermanos detrás. Una pequeña escalinata lo llevó a una plataforma y de ahí a la puerta. Kuriag lo recibió con un gesto de cabeza y le murmuró: .D Todakwa dice que no hay cámaras en la torre, que sólo está la sala de abajo con las escaleras. .P Dashvara enarcó una ceja y, al pasar el umbral, se preguntó si era Todakwa el que mentía o eran los libros del torreón de Xalya los que se inventaban historias. Pues, según estos, sí que existía una cámara: la cripta de Nabakaji, enterrada debajo de la torre. Dashvara siempre había creído en su existencia. Y que Todakwa no hubiera oído hablar de ella teniéndola tan cerca le parecía poco probable. .D Impresionante —murmuró Kuriag, maravillado. .P Y tanto, pensó Dashvara mientras contemplaba su alrededor. Lo impresionante era que la torre siguiese en pie pese a que los Esimeos hubiesen mostrado siempre un profundo desprecio a todo lo relativo al Ave Eterna. Lo que no había sobrevivido, sin embargo, era el resto: las supuestas estanterías con los cientos de libros y objetos valiosos, la famosa mesa triangular, las pilas de pergaminos de las que hablaban las historias… de todo eso no quedaba nada. La sala, vacía, era una simple habitación circular, cubierta de azulejos desvaídos y rodeada de estatuillas ruinosas. Quitando el camino que guiaba hacia las escaleras, parecía que no había pasado ahí nadie en años. .D Skâra no perdona —comentó Todakwa en lengua común—. Incluso los edificios sagrados se hacen polvo con el tiempo. .P El Esimeo se había quedado junto a la entrada, con los brazos cruzados. Era más alto que Dashvara, pero sensiblemente más delgado, como si de tanto adorar a su Dios de la Muerte, este lo hubiese recompensado convirtiéndolo en silueta esquelética. .P .Bpenso Antes te harás polvo tú que la Pluma, Esimeo .Epenso , le espetó Dashvara mentalmente. .P No es que le interesaran especialmente los dibujos desvaídos y las estatuillas rotas, pero aprovechó que Kuriag se avanzaba a admirarlas para alejarse de Todakwa. Reconoció más de una escena representada en los muros y Lessi fue explicándole a Kuriag algunas de ellas. Otras se las tuvo que explicar Dashvara, aunque este lo hizo distraídamente y sin perder de vista en ningún momento al Esimeo. .D ¿Y estos, quiénes son? —preguntó Kuriag, señalando una hilera de pequeñas figuras, con una espada en una mano y en la otra un pergamino. .P Dashvara apenas les echó una ojeada antes de contestar: .D Los dieciséis señores de la estepa que juraron lealtad a no sé qué rey hace… unos siglos. .P Percibió el leve carraspeo de Kuriag. .D ¿Podrías ser más preciso? .P Dashvara parpadeó y resopló, haciendo un esfuerzo de memoria. .D Marbugara el Prudente. Hace unos quinientos y pico años. Lo típico: hubo una guerra, una traición, una paz… Esas cosas no solían quedárseme en la cabeza —admitió. .P En ese momento, Asmoan soltó una exclamación de maravilla y Kuriag se apresuró a ir a ver el nuevo hallazgo. Dashvara suspiró. A decir verdad, a él lo único que le interesaba de esa torre era la parte de arriba: quería comprobar si realmente se veía toda la estepa desde la punta de la Pluma. Así que, cuando Kuriag preguntó a ver quién se animaba a subir, fue con alivio y excitación que se dirigió hacia las escaleras. La ascensión fue larga. La torre medía unos doscientos pies y los peldaños no estaban todos en buen estado. Dashvara llegó el primero. Y lo que vio lo dejó arrobado. Es decir, lo que veía era la estepa, pero era aún más impresionante vista desde arriba. O al menos, diferente, como si uno se hubiera convertido de pronto en pájaro y se hubiera paralizado en pleno vuelo. Se acercó al borde de piedra blanca y contempló lo que, antaño, habían sido los dominios de los Antiguos Reyes. Oyó voces detrás, pero no se giró. Sus ojos se habían quedado clavados en una dirección: la del torreón de Xalya. La vasta extensión de pastos verdes se iba haciendo cada vez más rojiza y pobre a medida que se alejaba de Esimea hacia el este. Las suaves colinas impedían ver más allá de unas cuarenta millas. .D Los libros mienten —murmuró. .P La estepa no se veía toda entera. Era lógico: desde Xalya, tampoco se veía la Torre a menos que viajaras al extremo oeste en un día diáfano. Dashvara casi siempre había patrullado del lado este, por donde venían las manadas de nadros rojos, y podía contar con los dedos de una mano las veces que había avistado la punta de la Pluma. Una vez, cuando no tenía aún diez inviernos, su señor padre lo había llevado hasta los límites de las tierras y se la había señalado diciendo con su voz profunda: .Bparoles Contempla, hijo, la torre que dio la vida a nuestro Dahars. .Eparoles Y, al pronunciar esas palabras, Vifkan se había girado sobre su montura y había alzado la vista hacia el sureste, hacia el Monte Bakhia. Dashvara recordaba que, en aquel momento, se había preguntado, confuso, de qué torre hablaba su padre, si de esa aguja blanca que apenas se veía en el horizonte o del monte macizo que se alzaba entre la estepa y el desierto de Bladhy. Con cierta sorpresa, erguido junto al borde de la torre, Dashvara creyó entonces distinguir la cima del monte, en lontananza. Entre los antiguos pueblos de la estepa, se decía que el Monte Bakhia era el pilar de la esperanza. De pronto, tuvo la extraña corazonada de que, si conseguía que su pueblo alcanzara aquel monte, sería libre para siempre. .D Las tierras que se ven son las que de verdad merecen la pena —dijo de pronto una voz tranquila. .P Dashvara aterrizó de golpe en la realidad y se tensó. Se giró levemente. Todos estaban en el lado opuesto, contemplando las montañas del norte y el oeste. Todos salvo Todakwa. El Esimeo, cercado de dos guardias, se había detenido a unos pasos y lo miraba a él, con un destello de curiosidad y cautela, como se mira a una fiera impredecible. Con la mandíbula rígida, Dashvara dudó en contestar hasta que preguntó súbitamente: .D Entonces, ¿por qué? ¿Por qué habernos masacrado si nuestras tierras no merecían la pena? .P No pudo ahogar del todo la amargura y la ira en su voz. El rostro pálido de Todakwa se animó de una sonrisa razonable. .D Los señores de la estepa eran un veneno para Rócdinfer. Con ellos, la estepa se moría. Conmigo, renace, grande y moderna. .P Dashvara le devolvió una mirada impávida. .Bpenso Habla como si yo no fuera hijo y heredero de Vifkan de Xalya .Epenso , se dio cuenta. .Bpenso Como si el último señor de la estepa hubiera muerto hace tres años. .Epenso Hizo una mueca sarcástica. .D ¿Moderna? ¿Qué es moderno para ti, Todakwa de Esimea? ¿Un pueblo lleno de esclavos? —Sonrió, sardónico—. Pues vaya basura de modernidad. .P Brilló un destello burlón en los ojos de Todakwa. .D Mi sistema es parecido al de los diumcilianos —replicó—. Y, contrariamente a ellos, aquí sólo tenemos esclavos bárbaros. —Dashvara lo fulminó con la mirada. Todakwa sonrió—. Tengo entendido que te has creado una pequeña reputación vengando a tu antiguo amo de una traición en Titiaka. Yo que tú no aspiraría a mucho más, joven Xalya. Sírvele bien a Kuriag Dikaksunora y olvídate del pasado. No querrás que tu pueblo sufra más de lo que ha sufrido ya. .P Todakwa jugueteó con un collar lleno de huesos y, dando por terminada la conversación, se alejó con andar desenfadado. Por un momento, Dashvara no reaccionó. Entonces, comenzó a sofocar interiormente, reprimiendo mal las ganas que tenía de tirarse sobre ese diablo. Apretó con fuerza el pomo de sus sables, se cruzó con los ojos atentos de los dos guardias esimeos y gruñó con voz profunda: .D Ojalá te lleve el viento y te despeñes de esta torre, Todakwa. Sería la primera y última vez que tu Ave Eterna volaría un poco. .P Había hablado bien alto y todos, en la torre, oyeron sus palabras. Advirtió las expresiones alarmadas de Kuriag y Lessi, la cara helada de Garag, el rostro burlón de Todakwa… El único que no parecía haberle hecho caso era Api, quien miraba hacia el norte con aire soñador. El capitán Djamin intervino espetándolo con tono de aviso: .D ¡Suelta esos sables, guerrero! .P Dashvara los soltó. Ni siquiera los había desenvainado, pero el gesto había dado muy mala imagen, entendió. Kuriag se adelantó nervioso, protestando con reproche: .D Cálmate, Dashvara. Mis disculpas, Todakwa. Mi guardia será castigado por sus palabras en cuanto bajemos de la torre. Sé que no tenía intenciones de sacar las armas. .P Todakwa asintió, pensativo. .D Tengo entendido que según la tradición diumciliana el agraviado puede proponer un castigo, ¿verdad? .P Kuriag abrió la boca, suspenso. .D En efecto, así es. ¿Tenéis… er… acaso alguna sugerencia? .P Todakwa meditó. Dashvara se maldijo mil veces por haber abierto la boca. .Bpenso Brillante, Dash. Si no fuera por Kuriag, Todakwa ya te habría decapitado, ¿sabes? Ahora a saber cómo tu amo se las arregla para salvarte y salvar su imagen. .Epenso El Esimeo pensó finalmente en voz alta: .D Vuestro esclavo ha deseado mi muerte. Creo que ambos coincidiremos en que esa es una falta grave. Con todo el respeto que os debo, Excelencia, sé que tenéis ciertas dificultades para dominar a vuestra nueva guardia. Me gustaría ayudaros. Y, para ello, creo que sería deseable que me permitierais disponer enteramente de este salvaje durante unos días. .P Kuriag se humedeció los labios, pálido. .D Disponer —repitió—. Ya. Entiendo. Siempre y cuando no sufra daños físicos irreparables, me parece correcto. .P Dashvara lo miró, incrédulo. ¿Correcto? ¿ .Sm -ns Correcto ? Anoche, había estado a punto de considerar al Legítimo como a un hermano, ¿y ahora este aceptaba ponerlo en manos de su peor enemigo? Todakwa inclinó la cabeza. .D Gracias por vuestra confianza, Excelencia. No os arrepentiréis. .P .Sm -t penso Maldito, maldito, maldito… Dejaron la cima de la torre para meterse de nuevo en las escaleras, el capitán Djamin no se despegó de Dashvara y este no despegó los labios durante toda la bajada. Cuando llegaron abajo y pasaron el umbral, los esperaba una bonita muchedumbre venida a curiosear, pues no todos los días venía a visitarlos un Legítimo de Titiaka. Y así, se veían a los habitantes arropados con las habituales largas túnicas esimeas, blancas en su mayoría, alargando el cuello para ver al rico extranjero. Había también gente con el rostro cubierto de tatuajes y vestida con túnicas negras y azules: esos eran los sacerdotes-muertos, los sirvientes de Skâra. Se contaba que tenían poderes sobre la Muerte y que, al vestirse con esa túnica, dejaban de estar del todo vivos. Nada más verlos, Dashvara sintió un escalofrío recorrerlo y se burló de sí mismo. ¿Acaso no tenía a una naâsga medio muertoviviente? Esos magos no eran más que saijits de carne y hueso. .P Desvió la mirada y se cruzó con la de sus hermanos. Estos se encontraban apelotonados junto al muro de la torre. Dio un paso hacia ellos y… la mano del capitán ragaïl lo agarró del brazo con firmeza. Dashvara suspiró y, con una simple expresión, hizo saber a los Xalyas que había pasado algo pero que no se preocupasen. .P Fue entonces cuando avistó el caballo. Lo hubiera reconocido en cualquier parte. Su pelaje negro, sus ojos, su hocico, todo decía que era ella. Con el corazón latiéndole más aprisa, murmuró con un jadeo conmocionado: .D Lusombra. .P Parecía estar en buena salud. Una mujer con túnica negra la montaba. Era ya de edad madura, pero era hermosa y despedía una fuerte seguridad en sí misma. Cuando la vio apearse e inclinar la cabeza ante Kuriag Dikaksunora, entendió por las palabras que logró captar que era la esposa de Todakwa. De modo que era ahora una Esimea la que cuidaba de Lusombra. Bueno… Hubiera podido ser peor. Hubiera podido ser Todakwa en persona. .D Pensándolo bien —dijo de pronto Todakwa mientras la muchedumbre se hacía cada vez más densa—, de momento, vuestro esclavo se quedará en esta plaza. Delante de la Torre del Ave Eterna. Lo ataremos al Pilar de Skâra. Antes de domar, hay que amansar, Excelencia. Y no hay mejor método para amansar a un salvaje orgulloso que dándole una buena dosis de humildad. .P Realizó un gesto y Dashvara vio a Kuriag a punto de protestar… Pero entonces Garag le murmuró algo al oído y su joven primo se tragó sus objeciones. Tal vez porque temía estropear los negocios de su familia o dar una imagen de amo demasiado compasivo. Y tal vez también porque prefería dejarle a Todakwa la responsabilidad de aquel asunto. En cualquier caso, bajo la mirada cada vez más encandilada de los Xalyas, Kuriag dio su aprobación, los Ragaïls desarmaron a Dashvara y este fue llevado junto a una especie de obelisco de piedra. Le quitaron la capa, lo ataron con una argolla al cuello y ahí se quedó el señor de la estepa, encadenado al Pilar de la Muerte y atravesado de mil ojos curiosos. .P Todakwa no dijo ni una palabra, pero Dashvara oyó a gente murmurar: ¡es el hijo de Vifkan de Xalya! No lo decían con reverencia sino más bien con burla. Dashvara les devolvió a todos una mirada firme y desapasionada y, advirtiendo que Makarva había conseguido llegar hasta él pese a los guardias esimeos, le lanzó con ligereza: .D Todo va bien, sîzan. Sólo tengo que amansarme un poco. .P Los Xalyas fueron empujados hacia atrás, Orafe bramó algo y varios hermanos tuvieron que tranquilizarlo. Dashvara suspiró. Ya empezaba a lamentar no haber huido con su naâsga la otra noche. .P Kuriag y Todakwa no tardaron en alejarse con sus guardias, dejando tan sólo a dos soldados a cargo del pilar para asegurarse de que nada indeseable ocurriese. Y, en vez de seguir a las personalidades, buena parte de los presentes se quedó en la plaza, entre ellos unos cuantos esclavos. Por lo visto, el hijo de Vifkan de Xalya suscitaba más interés. .D ¡Asesino cobarde! —gritó súbitamente una mujer shalussi—. ¡Mataste a Nanda atacándolo a traición! .D ¡A muerte! —se desgañitó otra mujer. .P Siguieron condenas, blasfemias al Ave Eterna y burlas contra los Xalyas, que degeneraron cuando alguien tiró una piedra que le dio en plena armadura a Dashvara. Este dejó escapar un resoplido y masculló: .D Que os condenen, salvajes… .D ¡Ya basta! —bramó un soldado—. ¡No tiréis más piedras! .P Los exaltados necesitaron que los dos soldados se interpusieran con no poco valor entre el lapidado y ellos y sacaran los sables para finalmente acatar la orden. Más que dolorido por las piedras, Dashvara se sentía perplejo. ¿A qué venía ese ataque de ira? Vale, había matado a Nanda de Shalussi a traición y entendía que los que lo habían conocido quisieran vengarlo. También entendía que lo despreciaran a él por todo lo que representaba, el pasado, las expulsiones, los Antiguos Reyes… Sin embargo, ¿acaso los Esimeos no habían actuado igual o peor esclavizándolos? ¿Acaso no veían que, en la práctica, él no era más que un guerrero encadenado que llevaba tres años sin ver la estepa y que ni siquiera había mandado nunca nada en Xalya? .P Poco a poco, la gente de la plaza fue dispersándose, la calma regresó y los dos guardias esimeos, más tranquilos, fueron a sentarse sobre un banco de piedra, algo alejados. Algunos niños se habían quedado mirando al encadenado con curiosidad. Masajeándose un brazo dolorido, Dashvara se sentó sobre un saliente del Pilar de Skâra, tan cómodamente como se lo permitían el anillo de hierro al cuello y la cadena más bien corta. Todo el obelisco, incluso la parte inferior, estaba cubierto de signos galkas esculpidos. Una de las frases decía: la Muerte es ama de nuestra vida, la mano de la justicia y el equilibrio del tiempo. Dashvara leyó las palabras con curiosidad. A decir verdad, jamás se había interesado por entender la religión esimea. Siempre le había parecido enfermiza, lúgubre y peligrosa, y es que ¿qué mente cuerda sería capaz de adorar la muerte en lugar de la vida? Sin embargo, por lo que leía en aquel obelisco, parecía casi como si Skâra, la Muerte, fuese la causa de la vida, la que la regulaba y velaba sobre ella. No dejaba de parecerle absurdo, pero tuvo que reconocer que adorar a Skâra desde ese punto de vista resultaba menos inquietante. .P Un perro cachorro interrumpió sus pensamientos cuando vino a olisquearlo moviendo el rabo con ánimo. Divertido, Dashvara tendió una mano hacia su largo pelaje color arena y comentó: .D A veces me pregunto por qué los saijits se complican tanto la vida. Con lo fácil que es vivir, ¿eh? —le sonrió al cachorro. .D ¡Narak! —dijo de pronto uno de los niños que se habían quedado en la plaza. .P El cachorro se giró hacia él pero no se movió. Narak significaba Arena en galka, recordó Dashvara. El pequeño amo del perro se acercó aún más y volvió a llamar en lengua galka: .D ¡Arena, ven! .P Esta vez, Narak salió disparado hacia el niño, pero este, en vez de alejarse, miró al Xalya con atención. Como no decía nada ni se marchaba, Dashvara preguntó en lengua esimea: .D ¿Cuántos meses tiene? .P El niño esimeo echó una mirada a sus compañeros que se habían quedado un poco atrás antes de contestar: .D Cinco. Yo tengo ocho. .P Dashvara sonrió. .D Años, supongo. .P El niño asintió con seriedad. .D Yo vivo ahí, en esa casa —dijo, señalándola—. Soy el mayor de mis hermanos. Pero yo no trabajo porque soy esimeo. Mi mejor amigo, Adrara, tiene diez años y él sí que trabaja. Y a él también lo llevaron al pilar una vez, porque se le escaparon unas ovejas. ¿A ti también se te han escapado ovejas? .P Dashvara enarcó las cejas, a la vez con diversión y con una tristeza ahogada. Porque Adrara era un nombre xalya y sabía que uno de los hijos de Yodara se llamaba así. .D Y muchas, me temo —contestó en lengua común—. ¿Sabes hablar el común, verdad? —El niño asintió y Dashvara sonrió—. Bien. Dime, hombrecillo —retomó—. Ese amigo tuyo… ¿le hicieron daño? .P El niño negó con la cabeza. .D Le pegaron pero dijo que no dolía. Dice que a los Xalyas no les duele nada. Oye, parece que Narak te ha tomado cariño —sonrió al ver al cachorro sentarse sobre las botas de Dashvara—. Me lo regaló mi padre. Viene de Titiaka. Porque mi padre trabaja en el puerto y cada vez que vuelve trae un montón de regalos. .P Sus cuatro jóvenes compañeros se habían acercado y ahora escuchaban la conversación con interés. Una chicuela preguntó: .D ¿Te duele? .P Se refería al collar. Dashvara esbozó una débil sonrisa. .D No. Al parecer, a los Xalyas no nos duele nada. Por cierto, jovencito —añadió para el chaval—. Si le vuelves a ver a Adrara, ¿podrías decirle que su señor lo saluda a él y a su familia y que su padre anda en buena salud? —Como el niño asentía, intrigado por la comisión, agregó—: Y que la esperanza es la mejor arma de todas. Es importante. .P Dudaba de que fuera a repetir con exactitud sus palabras, pero no tenía mejor mensajero al alcance de la mano. Hubiera querido hacerle más preguntas para averiguar aproximadamente cuántos Xalyas seguían viviendo en la estepa pero, por desgracia, uno de los guerreros esimeos había acabado por levantarse y dispersó a los pequeños lanzando: .D Venga, niños, no os quedéis aquí. No se les habla a los del Pilar. .P La chiquillada se despidió, el niño mayor tomó al cachorro en brazos y Dashvara se encontró solo otra vez. Nadie volvió a dirigirle la palabra en toda la mañana. Veía pasar a estepeños, extranjeros, ganaderos, mercaderes, perros y… hasta vio un ilawatelko. Cuando vio al pequeño venado seguir obedientemente a una joven esimea, se quedó maravillado. Nunca se le había ocurrido que los ilawatelkos pudieran ser domesticados. .P Hacia la media tarde, vino un grupo de esimeos conducido por Ashiwa. El hermano menor de Todakwa se detuvo un instante a observarlo a unos pasos de distancia antes de ordenar: .D Liberadlo. .P Dashvara miró, extrañado, al guerrero que se acercaba para quitarle la argolla. ¿En serio el castigo ya había acabado? .D Mi hermano y señor quiere hablar contigo —explicó Ashiwa. .P Dashvara estuvo tentado de replicarle que no, gracias, que prefería quedarse en el Pilar de la Muerte. Pero calló sabiamente. Lo empujaron para guiarlo a través de la plaza y lo llevaron al pequeño palacio de Todakwa. .P El lugar estaba animado con numerosos sacerdotes-muertos, novicios en túnica roja, guardias y criados. Atravesaron la amplia entrada, pasaron por un patio interior y de ahí desembocaron en un jardín cubierto de flores invernales. Todas eran de color azul, salvo las rosas, que eran negras. Los colores, las estatuas, los símbolos dibujados en el suelo… Todo, en aquel palacio, recordaba la presencia de Skâra. .P Avanzando cercado de los guardias esimeos, Dashvara avistó a Todakwa sentado en una silla junto con Kuriag, Garag y varios rostros estepeños que no conocía. Parecían haberse instalado ahí para la merienda, aprovechando el día más bien clemente. Estaban enfrascados en una conversación y Todakwa estalló de una risa clara antes de seguir la dirección de la mirada de Kuriag. Su sonrisa no se borró, al contrario. .D ¡Ah! Ya viene el señor esclavo. Espero que hayas disfrutado del día en el Pilar. .P Dashvara se tragó una réplica mordaz y se giró hacia Kuriag. La expresión vacilante del Legítimo no le dio buena espina. Todakwa retomó: .D Te alegrará saber que Su Excelencia y su esposa me han convencido para que les venda a tu pueblo con el fin de liberarlo. .P El corazón de Dashvara dio un salto. Contuvo su respiración y trató de permanecer imperturbable, consciente de que una veintena de pares de ojos lo observaba. Como no decía nada, Todakwa prosiguió: .D De momento, Su Excelencia no se ha decidido a aceptar mis condiciones. Ciento ochenta esclavos, aunque muchos sean muy jóvenes, costarían cerca de veinte mil dragones. .P Dashvara no pudo contener un jadeo ahogado. ¿Ciento ochenta? Liadirlá, ¿había oído bien? ¿Realmente habían sobrevivido .Sm ciento ochenta Xalyas? De acuerdo, habían muerto más de la mitad en el torreón pero… sólo pensar que había tanto Xalya vivo le subió la moral como una flecha. Entonces, le llegó la segunda parte de la frase e hizo una mueca. Veinte mil dragones eran muchos. Se cruzó con la mirada de Kuriag y vio cómo este la desviaba, molesto. Dashvara confirmó para sí, sombrío: veinte mil dragones eran demasiados. .D No dudo de que Su Excelencia podría pagar tal cantidad —comentó Todakwa con una sonrisa respetuosa hacia el Legítimo—. Sin embargo, he propuesto rebajar el precio a cinco mil dragones. No tengo inconveniente en dejar partir a tu pueblo. .P Dashvara no pudo más que mirarlo con incredulidad. Meneó la cabeza, cauteloso. .D ¿Qué artimaña es esta, Todakwa? ¿Vas a dejar marchar a ciento ochenta hijos del Ave Eterna así, sin cortarles la cabeza antes? .P Todakwa esbozó una pálida sonrisa y Kuriag carraspeó, levantándose. .D Quisiera hablar con Dashvara un momento a solas, si me disculpáis. .P Como un titiaka civilizado y cortés, Todakwa se levantó al mismo tiempo que Garag. Kuriag se alejó señalando una avenida de piedra blanca bordeada de flores azules. Dashvara lo siguió con presteza. En cuanto estuvieron fuera del alcance de los demás, masculló: .D Si esos ciento ochenta Xalyas fueran guerreros, no lo dudaría un segundo: saldríamos de aquí a la fuerza. Pero no lo son —razonó—. Si existe una forma de devolverles la libertad y la dignidad sin que haya derramamiento de sangre… Sé que cinco mil dragones es mucho. Pero estoy dispuesto a devolvértelo aunque tardara toda una vida —juró. .P Kuriag meneó suavemente la cabeza. .D No te preocupes por el dinero. Puedo pagar cinco mil —aseguró—. El problema no es ese. .P Dashvara enarcó una ceja. .D ¿Ah, no? .D No —suspiró el joven elfo. Echó una ojeada nerviosa a su primo, que no lo perdía de vista desde su asiento, y se aclaró la garganta—. Mira. No me fío de Todakwa. .P Dashvara sonrió anchamente. .D Enhorabuena, Excelencia. .P Kuriag puso los ojos en blanco y explicó: .D Si comprara a tu pueblo ahora, tendría que llevármelo en barco. A Titiaka. Según el acuerdo no puedo liberaros en la estepa. De modo que… si os vais antes, los Esimeos y… mi primo y los Ragaïls considerarán que os estáis fugando. Una vez que estéis fuera de la estepa, Todakwa se compromete a no llevar a cabo ninguna represalia por el pasado. Pero no podéis volver a la estepa. .P Le echó una mirada de disculpa a Dashvara y este, para sorpresa suya, resopló con ironía. .D Y eso es lo que dice el acuerdo, ¿eh? Todakwa libera a mi pueblo para mandarlo a la capital de los esclavos. Tal vez piense que una vez en Titiaka tu madre te hará entrar en razón y te convencerá para que nos vendas a todos —aventuró—. Entonces sí que habrías hecho un buen negocio, Excelencia. Ciento ochenta esclavos por cinco mil dragones… Una ganga. La verdad, no acabo de entender muy bien cómo es que Todakwa ha bajado tanto el precio. .P Bajo su mirada interrogante, Kuriag hizo una mueca y se puso a andar por la avenida, alejándose aún más por el jardín. .D En realidad, lo ha bajado a cambio de unos acuerdos comerciales y… no sólo eso —admitió, nervioso—. De hecho, a cambio de tu pueblo, Todakwa desearía… ejem… comprarte a ti. .P Dashvara parpadeó, atónito. .D A mí —repitió. .P Kuriag se había ruborizado. .D Sí… Por eso no he aceptado todavía. Entre otras razones. Todakwa dice que será compasivo y parece sincero pero… bueno. No sé si rechazar y ver si puedo quitar esa condición o… No sé. No se me dan muy bien los negocios y Garag no me ayuda precisamente —confesó—. Todos piensan que soy un idiota que se deja manipular por sus esclavos. .P Su mirada era clara: le pedía consejo a Dashvara. Este se rebulló. Caray, ¿y ahora qué le decía? ¿Que a él tampoco se le daban bien los negocios? Se atusó la barba, meditativo. Entonces, sonrió. .D Voy a decir una tontería. Pero, si aceptas, Todakwa pensará que el asunto está zanjado y tendremos más tiempo para planear la huida. .P Kuriag se lo quedó mirando, vacilante. .D Quieres decir… ¿que tu pueblo no saldría de la estepa? .P Dashvara resopló. .D No. La estepa es grande. Si nos fuéramos al norte, con los Honyrs, Todakwa nos dejaría en paz. Por no decir que le ahorraríamos unas cuantas invasiones de nadros rojos y escama-nefandos. .P Kuriag hizo una mueca, poco convencido. .D ¿Y tú? Todakwa no te dejará huir tan fácilmente. .D Estoy dispuesto a sacrificar mi libertad y mi vida por mi pueblo, Kuriag —sonrió Dashvara. Y como un destello de tristeza pasaba por los ojos del Legítimo, agregó—: No sé lo que Todakwa pretende hacer conmigo. Tal vez sólo desee sacrificarme a su dios. .D ¿Sólo? —repitió Kuriag con voz ahogada. .P Dashvara se encogió de hombros con tranquilidad. .D Según he oído, los Esimeos tardan semanas en preparar una ceremonia de esas. Me daría tiempo para intentar algo. Tahisrán podría ayudarme. Nadie sabe que está aquí. Y… bueno, antes de pensar en eso, mi pueblo tiene que conseguir escapar sin que los Esimeos los vuelvan a traer al redil. De nada sirve adelantar las cosas. .P Kuriag asintió, inquieto. Dashvara trataba de imaginarse algún modo de sacar eficazmente a los ciento ochenta Xalyas de Esimea sin que las guardias esimeas los cercaran enseguida. De momento, andaba escaso de ideas. .P .Bpenso Tu señor padre habría encontrado ya una solución .Epenso , se exhortó, devanándose los sesos. .Bpenso Tal vez no la mejor, pero él al menos no vacilaba tanto, Dash. Tú piensas demasiado. Tanto filosofar en la Frontera te ha quitado confianza… .Epenso .P El Legítimo carraspeó, arrancándolo a sus pensamientos. .D Entonces… ¿acepto? .P Dashvara se lo pensó. Cuantos más días pasaran, más probabilidad había de que Shokr Is Set y Yira hubiesen llegado a un acuerdo con los Honyrs. Y, en tal caso, podían contar tal vez con el respaldo de más de cien Ladrones de la Estepa que ayudarían a los esclavos xalyas a alcanzar el norte sanos y salvos. .P Asintió para sí e iba a contestar que, si podía, esperara unos días antes de aceptar, cuando de pronto surgió de detrás de una cabaña una silueta encapuchada con un arco y una flecha a punto de ser disparada. Dashvara reaccionó rápido como el relámpago. Sin pensarlo siquiera, cubrió a Kuriag en el momento en que el asesino disparaba. Un dolor agudo lo impactó, pero en su repentina furia lo olvidó y salió corriendo detrás del arquero. Este había dejado caer su arco y se precipitaba ahora hacia el pequeño muro con obvias intenciones de saltar por encima, hacia la calle. Saltó y Dashvara lo siguió como pudo. Aquello lo retrasó, pero no perdió de vista al encapuchado y, al aterrizar en la calle, se abalanzó hacia la distante silueta a punto de doblar una esquina. Avistó a un Ragaïl que salía de las caballerizas a unos escasos pasos del asesino y le bramó: .D ¡Detén a ese hombre! .P El Ragaïl, sorprendido, lo intentó pese a todo, pero el maldito se le escurrió de las manos y siguió corriendo cuesta abajo, por una calle que iba directamente hacia la ruidosa plaza del mercado, llena de animales, tenderetes y caravanas. Ave Eterna… Si el arquero lograba fundirse entre la gente, lo iban a tener difícil para encontrarlo… Dashvara siseó y redobló sus esfuerzos junto con el Ragaïl. Tuvieron un golpe de suerte, pues precisamente varios Xalyas se encontraban en la bocacalle, curioseando sin atreverse a meterse de pleno en el mercado… Dashvara tonó: .D ¡Hermanos! .P Estaba todavía lejos para que lo oyeran distintamente, pero señaló al fugitivo elocuentemente, y Arvara, el que se encontraba más cerca, consiguió interponerse entre el asesino y su escapatoria. Este trató de escabullirse por la izquierda, vio que no podía, volteó, pasó por entre las patas de un burro, el capitán Zorvun le cortó el paso y, ya viéndose arrinconado, el asesino comenzó a trepar por la gotera de una casa. No le faltaban agallas. Dashvara lo alcanzó antes que Zorvun y Arvara. Le agarró una pierna, lo tiró al suelo, evitó un golpe de daga, lo desarmó e iba a empotrarle la cabeza contra la piedra del muro cuando, bruscamente, como en una pesadilla, le vinieron en mente los ojos implacables de Sheroda. .P .Bparoles Has matado .Eparoles , le decían. .Bparoles ¡Eres culpable! .Eparoles .P Dashvara le asestó al asesino un rápido pero preciso golpe en la cabeza y este se desplomó, inconsciente; su capucha se deslizó, desvelando el rostro de una joven estepeña. Joven pero matona, resopló. Y jadeó. .D Maldita sea. .P Desvió la mirada hacia la flecha. Se le había plantado en el brazo derecho y este temblaba violentamente. Los Xalyas se precipitaban hacia él. .D Que la condenen —bufó Zorvun—. ¿Ha sido esa salvaje la que te ha disparado la flecha? .P Dashvara hizo una mueca, sin responder. .D ¡Dashvara! .P El grito le vino de lejos, como en un sueño. Se giró y, entre el vocerío y las túnicas blancas y negras que se acercaban, vio el rostro de Kuriag deformado por el horror. El Legítimo corrió hacia él, rodeado de Ragaïls. .D Cili misericordiosa… ¿Estás bien? .P Dashvara asintió. .D Sí. —Se sostuvo el brazo derecho y, con un gruñido, echó una mirada fulminante al asesino inconsciente—. Una estepeña —dijo, casi con tono sorprendido—. ¿Por qué una estepeña iba a querer matarte? .P Kuriag puso cara de total desconcierto. Sus ojos se posaron sobre la mujer y no se despegaron de ahí, como hipnotizados. Toda una tropa de guardias, Xalyas, Ragaïls, Esimeos, se apelotonaban ya en la zona. Todakwa y Garag insistieron en llevarle a Kuriag adentro para evitar más malas sorpresas y el primero dijo: .D Os presento mis más sinceras disculpas, Excelencia. Reforzaré la guardia de inmediato y se encontrará al culpable que está detrás de esto, si lo hay. Descuide, los mejores médicos de Esimea cuidarán de Dashvara. No se preocupe. .P Dashvara los oía a medias y apenas se enteró cuando se alejaron. Ahora su brazo le ardía como si se lo estuvieran quemando en una hoguera, su vista se le emborronaba… .D Podría haber sido peor —consideró el capitán, inspeccionando la herida con rapidez—. No dejaré que los médicos esimeos te toquen. Tsu te curará. .P Dashvara asintió torpemente. El dolor apenas le permitía respirar. .D C-capitán —farfulló—. Tengo la impresión de que esto ya lo he vivido. .D No, hombre, tranquilo —replicó Zorvun—. Has vivido cosas mucho peores. Tal vez tardes unas semanas en recuperar del todo el uso del brazo, pero… .P Resopló profundamente cuando Dashvara perdió el equilibrio y entre Arvara y él lo sostuvieron, gruñendo. Entonces, una voz entre las que sonaban, borrosas y discordantes, alrededor de la asesina, los alcanzó: .D ¡ .Sm -ns -t erare Skâra shalé ! Este frasco tiene veneno de serpiente roja. .P El capitán se puso lívido. Y Dashvara al fin entendió la sensación familiar, las punzadas violentas, la impresión de que todo el cuerpo se le agarrotaba… Dejó escapar una carcajada baja que sonó más a un estertor. .D Es… irónico —resolló—. Supongo… que era mi destino. —Consiguiendo erguirse un poco, le palmeó el hombro a Zorvun—. Cuida de nuestro pueblo, capitán. Haz que sea libre… .P Zorvun lo agarró de los hombros con brusquedad. .D Hijo, no —murmuró con los ojos brillantes—. No me hagas esto ahora. .P Dashvara esbozó una sonrisa trémula. .D Menuda… tontería, ¿eh? Las serpientes rojas son mi maldición. Tal vez sea el espíritu de… la serpiente que maté, aquel día, en el pueblo de Nanda. Hasta las serpientes reclaman venganza. Son igual de estúpidas que los saijits. Igual de crueles. Y no tienen plumas. —Se rió ante la afirmación ridícula y, como el dolor crecía y crecía en su interior, expandiéndose con el veneno, inspiró entrecortadamente—. No es tan terrible, capitán. Voy a morir en la estepa, como un buen Xalya. Quiero ir hasta… la torre —decidió con una súbita ansia—. Por favor, hermanos, guiadme hasta la torre. Ahora —insistió—. Por favor… .P Su voz se quebró, pero sus hermanos le hicieron caso. Arvara medio lo levantó y lo ayudó a avanzar lentamente entre un público del que Dashvara tan sólo distinguía rasgos borrosos. Un dolor lancinante y enloquecedor invadía su mente a oleadas. Apenas se dio cuenta de que, al llegar a la torre, lo seguía una multitud. .P Nadie se interpuso cuando un Xalya empujó uno de los batientes de la puerta y entraron en la sala circular. Arvara dejó de sostenerlo y Dashvara titubeó hasta llegar ante la estatua del Ave Eterna. Era pequeña, modesta, sin pretensiones, como una mera tórtola de piedra cubierta de colores azules resquebrajados. Durante la primera visita, apenas se había fijado en ella. Ahora, fue como quien dice lo único que vio nítido en aquella sala. .P Tendió una mano hacia el ave, la tocó y sonrió, respirando agitadamente. Apenas hizo caso de las voces de sus hermanos, que entraban en la torre como un remolino. Una extraña serenidad lo invadía. .D Dash… —decía la voz ahogada de Makarva detrás de él—. Deja al menos que miremos la herida. A lo mejor se puede hacer algo. Tsu es un gran médico… .P Sus palabras fueron acogidas por un terrible silencio. Todo el mundo sabía que el veneno de serpiente roja no tenía antídoto. Dashvara inspiró y se giró hacia su pueblo. No estaban ahí sólo sus hermanos de la Frontera: reconoció otros rostros, mujeres xalyas, y jóvenes que, cuando había caído Xalya, no eran más que mocosos y ahora eran casi hombres. Verlos a todos juntos le arrancó una sonrisa emocionada. .D Mi naâsga me va a estrangular muerto cuando se entere —graznó—. A menos… que consiga revivirme. —Sonrió y, al ver las expresiones tensas y lúgubres de sus hermanos, luchó por no ser contagiado por su tristeza. Zorvun tenía pinta particularmente devastada. Con gran calma, añadió para este—: Mi señor padre no tiene por qué saberlo pero… has sido el mejor padre que he tenido, capitán. —Inspiró una bocanada de aire ante una oleada de dolor, se giró hacia su pueblo y, con voz más firme, tonó—: ¡Xalyas! Todakwa ha aceptado liberaros a todos gracias a la intervención de Kuriag Dikaksunora. Ese titiaka es un Xalya en el alma. Espero… que se lo agradezcáis. —Titubeó. Hubiera querido decir más. Hubiera querido hablar con su pueblo. Pero el dolor le impedía continuar. Inspiró—. Que el Ave Eterna os bendiga a todos. Y, ahora, dejadme —ordenó con brusquedad—. Salid de aquí. .P Hubo un largo silencio. Nadie obedeció. Dashvara siseó, exasperado, y les dio la espalda para volverse hacia el Ave Eterna. .D Dejadme —repitió—. Fuera. Dejadme solo hasta mañana. Es una orden. .P Por un momento, no se oyó nada. Entonces, hubo un suspiro y se oyeron los pasos de Zorvun alejarse con sus hermanos. .P Cuando la puerta se cerró y el silencio regresó, se sentó sobre los azulejos fríos del suelo y se recostó contra el pedestal del Ave Eterna. Dejó escapar todo el aire de sus pulmones. Era curioso, pero tenía la impresión de que su mente se iba aclarando, como si la crisis ya hubiese pasado. .P .Bpenso La calma antes de la muerte .Epenso , pensó. .Bpenso Mi consciencia está tranquila. He hecho todo lo que estaba en mis manos para salvar a mi pueblo. He salvado a Kuriag. Y él salvará a los Xalyas. Que el Dahars viva mil años más… .Epenso .P Con serenidad, dejó su mente vagar sin objetivo, preparándose a una muerte que tanto había combatido y temido. ¿Qué decía Maloven ya sobre la muerte? Que era un paso hacia la nada. Una vez muerto, volvías a la nada y dejabas de ser. Y, en tal caso, ¿para qué preocuparse de ella? ¿Para qué adorarla como hacían los Esimeos? En ella, no había ni pensamientos, ni deseos, ni hambre, ni tristeza, ni honor, ni historia. La muerte sólo existía para los vivos. .P Extrañamente reconfortado por estos pensamientos, Dashvara trataba de no pensar en sus hermanos, ni en Yira, ni en su pueblo. Trataba de olvidar que, así como su propio corazón dejaría de sentir, el de su naâsga se quebraría de dolor. .P .Bpenso La vida es dolor y alegría. Mientras no sea sólo dolor, siempre es mejor que la nada .Epenso , razonó. .P Estuvo largo rato en la misma posición, sin moverse, tornando a reflexionar sobre problemas existenciales del Ave Eterna cuando un súbito pensamiento lo hizo espabilar un poco. Frunció el ceño. ¿Cómo diablos el arquero le había alcanzado el brazo derecho? El izquierdo habría sido más lógico: en el momento del disparo, este debía de haberse situado justo ante Kuriag. Pero el derecho… No le había dado tiempo a cubrir al Legítimo del todo. Eso significaba que o bien el arquero tenía muy mala puntería o… Dashvara tragó saliva con una extraña sensación en el cuerpo. O bien significaba que lo habían intentado asesinar .Sm a él . .P Inspiró hondo, abrió los ojos y barrió la sala con una mirada desconcertada. Reinaba un profundo silencio en toda la torre, como si el exterior hubiese dejado de existir. Se imaginó que la torre había echado a volar, atravesaba la estepa e iba a posarse lejos de Esimea, sobre el Monte Bakhia, libre y orgullosa… .P Sonrió y bajó la vista hacia su brazo. Alguien le había cortado la flecha y ahora tan sólo se veía un fino palo en medio de una manga llena de sangre. No sentía ya esas oleadas de dolor infernal. Su respiración se había calmado. Sus ojos veían otra vez con claridad… ¿Habría muerto ya sin enterarse? .D Liadirlá —murmuró entonces con una súbita exaltación. .P ¡La muerte existía! .Ch "Un fénix siempre renace" .\" 09/04/2018 Sí, tal vez la muerte existiera, pero pronto se fijó Dashvara en que su brazo seguía haciéndole daño y que, en verdad, seguía vivo y bien vivo. Necesitó más tiempo para aceptar el hecho de que, por lo pronto, no parecía que fuera a morirse. Y otro rato más para que se le borrara la sonrisa incrédula que iluminaba su rostro. .D Estoy vivo —susurró. .P No se atrevía a decirlo demasiado alto, como si la constatación pudiera dejar de ser cierta de un momento a otro. Y es que las serpientes rojas eran tan traicioneras como los Esimeos y quién sabe cómo funcionaba su veneno. Sabía que era letal… y también sabía que era muy difícil obtener ese veneno. Dudaba de que una simple estepeña vengativa hubiera podido conseguirlo. Alguien debía de habérselo dado o vendido. ¿Pero quién? Por más que trataba de encontrar un nombre, Dashvara no daba con ninguno. Bueno, ciertamente, se le ocurrían varios, pero todos tenían buenas razones para no matarlo. A Todakwa no le interesaba enfriar su relación con Kuriag. A los Shalussis esclavos no les interesaba atraer la cólera de Todakwa. En Dazbon, Lanamiag Korfú había jurado acabar con los Xalyas para vengar la muerte de su padre, pero se suponía que había vuelto a Titiaka con Fayrah y dudaba de que se atreviera a poner en práctica algo que pudiera entristecer a su esposa. En definitiva, Dashvara fue incapaz de afirmar con seguridad cuál de esos tres grupos había sido el culpable: los Esimeos, los Shalussis o los titiakas. .P Meneó la cabeza y se levantó. De nada servía darle más vueltas: el caso era que estaba vivo y que la asesina había fallado. Se dirigió hacia la puerta y una sonrisa fue estirando sus labios al imaginarse la cara que pondrían sus hermanos cuando la abriese. Tendió una mano hacia el pomo… y se detuvo. .P .Bpenso Un momento .Epenso , pensó. Retrocedió un paso y la excitación fue invadiéndolo mientras iba floreciendo en su mente una idea absolutamente genial: ¿y si hacía creer a Todakwa que había muerto? Un muerto era libre, no era esclavo de nadie, ¡a un muerto lo dejaban en paz! .P Reteniendo una carcajada, se apartó de la puerta y comenzó a planear. Primero, necesitaba conseguir transmitir un mensaje al capitán sin que se enteraran los Esimeos. Y no había, en esas circunstancias, mejor mensajero que Tahisrán. Con un poco de suerte, asomaría su nariz durante la noche por alguna de las aspilleras. La sombra era curiosa por naturaleza… y Dashvara apostó a que los Xalyas la animarían a que fuera a echar un vistazo dentro de la torre. Si por fortuna no se equivocaba y si por fortuna los Esimeos respetaban el deseo del señor de los Xalyas de reposar en paz en la Pluma hasta la mañana… y si por fortuna existía realmente esa cripta de Nabakaji y podía esconderse en ella el tiempo que encontrara un medio para evadirse… entonces, sí, tal vez su plan funcionase. Aunque tanto «por fortuna» lo inquietó un poco. Tenía la impresión de estar apilando demasiadas piedras cojas. .P Aun así, merecía la pena intentarlo. .P Aún pasaba luz por las estrechas aspilleras, pero era cada vez menos intensa y Dashvara la necesitaba para buscar la entrada de la cripta. Ojalá los libros de Xalya no mintieran… Se agachó y sondeó los azulejos del suelo y las estatuas del muro con rapidez antes de examinarlo todo con cada vez más ahínco. Como la luz declinaba seriamente, comenzó a tantear con las manos, buscando algún agujero que pudiera servir de cerradura. Estaba en ello cuando oyó un resoplido mental. .P .Bdm ¿Dash? .Edm .P Invadido por el alivio, Dashvara giró la cabeza y murmuró alegremente: .D Hola, Tah. .P Divisó a la sombra. Avanzaba paso a paso en la oscuridad creciente, obviamente incrédula. .P .Bdm ¿No has muerto? .Edm .P Dashvara sonrió con tranquilidad. .D Precisamente, sí, he muerto. O eso es lo que vamos a hacerles creer a los Esimeos. Por lo demás, estoy bastante en forma, si no fuera por esta maldita flecha. ¿Cómo están los Xalyas? .P Tahisrán emitió un sonido mental ahogado. .P .Bdm ¿Quieres decir que todo esto ha sido teatro? ¿Que la flecha no estaba envenenada? .Edm .P Dashvara puso los ojos en blanco. .D Qué va. Lo estaba. Pero ¿desde cuándo el veneno de serpiente roja puede matar a un señor de la estepa? —Sonrió anchamente y repitió, más serio—: ¿Cómo están los Xalyas, Tah? .P La sombra carraspeó y se sentó sobre los azulejos. Dashvara seguía tanteando el suelo. .P .Bdm Pues cómo van a estar .Edm , suspiró Tahisrán. .Bdm Tristes. .Edm .P Dashvara asintió para sí y la sombra agregó: .P .Bdm Oye, Dash. Espero que no vayas a pedirme que no les diga que estás vivo. Sería una canallada… ¿Qué estás haciendo? .Edm , preguntó, intrigado. .P Dashvara se enderezó, resoplando. .D Buscando la cripta. Kuriag tiene la llave. Es dorada, con signos dibujados… Si me la pudieras traer ahora… .P .Bdm ¿Robándosela? .Edm , replicó Tahisrán, reacio. .P Dashvara hizo una mueca y miró en su dirección. Vaciló y entonces se lanzó: .D Te explicaré el plan. El caso es convencer a Todakwa de que estoy muerto. Mi pueblo pedirá que se permita llevar mi cadáver hasta el pie del Monte Bakhia, como lo dicta la tradición… Bueno, en realidad, no existe tal tradición, pero Todakwa se lo tragará: sabe que ese monte es sagrado para nosotros. Si Kuriag consigue convencer a Todakwa para que deje ir a mi pueblo, problema resuelto: se transporta el cadáver, yo me escondo en la cripta y, cuando hayan pasado, digamos, tres días y mi pueblo esté ya lejos de Esimea, me evadiré de la torre sin que nadie se entere. .P Asintió, convencido y excitado por la idea. Tahisrán se rebulló y se movió de sitio. .P .Bdm ¿Qué cadáver? .Edm , preguntó. .P Dashvara realizó un vago ademán. .D Qué importa. Se construye, se le añade un poco de carne podrida de lo que sea, y apestará igual que si fuera un cadáver real. .P .Bdm Mmpf. ¿Y, según tú, Todakwa no exigirá verte muerto? .Edm .P La pregunta le arrancó a Dashvara una mueca molesta. .D Puede salir mal —admitió—. Pero todo, en esta vida, puede salir mal. La ventaja es que, si funciona, Kuriag no quedará mal del todo y yo tendré más probabilidades de salir vivo. Es decir, muerto pero vivo —apuntó con suma diversión—. Pero para llevar a cabo el plan… te necesito, Tah. .P La sombra no contestó de inmediato. Tras un instante, Dashvara percibió su sonrisa mental. .P .Bdm Me alegra que estés vivo, Dash. Pues claro que voy a ayudarte. Voy a traerte esa llave. Pero será mejor que le diga todo a Kuriag… .Edm .D No —lo cortó Dashvara—. Sólo si no consigues encontrar la llave… Verás, Kuriag no sabe mentir. Todakwa vería enseguida que hay algo raro. Cuéntale el plan al capitán y a Sashava. Sólo a ellos. Si el capitán considera necesario decirlo a los demás, que lo haga pero… no creo que sea una buena idea decírselo a… todos mis hermanos. Sólo lo justo para que tapen la vista a los demás mientras ocultan mi cadáver. La cuestión es encontrar una manera de convencer sin mostrar. Y pedirle a Kuriag que haga respetar la tradición xalya: ningún extranjero ha de ver el rostro del último señor de la estepa —pronunció con una sonrisilla—. No mientras este esté muerto. Y si Todakwa insiste en verme antes de salir… siempre puedo hacer de cadáver durante un rato hasta que… .P Interrumpió de golpe sus divagaciones cuando su mano acertó a tocar un pequeño agujero al pie de la estatua del Ave Eterna. Lo tanteó y meneó la cabeza, mascullando: .D No veo ni un cascajo, pero esta podría ser la entrada. .P Sintió una ligera energía a su lado. Tahisrán se había acercado. Surgió de pronto una luz tan tenue como las mariposas de luz que invocaba su naâsga y Dashvara pudo ver cinco dedos negros sosteniéndola… Tragándose el susto, inspeccionó el agujero con rapidez. La luz desapareció. .P .Bdm Vaya .Edm , gruñó Tahisrán. .Bdm Nunca se me han dado bien las armonías. .Edm .P Dashvara sonrió. .D No importa. Trae la llave y ya veremos si entra. .P Sin contestar, Tahisrán se acercó más aún y comentó al fin: .P .Bdm Seré mal armónico, pero soy buen perceptista. Y es curioso… Este agujero tiene una forma extraña. .Edm Tras un silencio, resopló mentalmente. .Bdm Hay un sortilegio ahí dentro. Uno bastante sutil. Y complejo. .Edm .P Dashvara enarcó una ceja. Según Kuriag, la llave dorada estaba encantada. No era de extrañar, en tal caso, que la cerradura también lo estuviera. Lo que no le acababa de cuadrar era que los Antiguos Reyes usaran aberturas mágicas, con lo poco que les gustaba la magia… .P .Bpenso Y qué sabrás tú sobre los Antiguos Reyes, Dash, si ignorabas incluso que eran demonios. Los libros no tienen por qué contar verdades. .Epenso .P Se atusó la barba un momento y, finalmente, espabiló. .D Entonces, ¿me traes esa llave, Tah? .P La sombra emitió un sonido divertido. El enigma de aquella cerradura parecía haberlo animado. .P .Bdm Enseguida vuelvo .Edm , prometió. .P Y se marchó. No bien se hubo ido, Dashvara lamentó no haberle pedido que le trajera alguna herramienta para quitarse la punta de la flecha. Jamás se había quitado una solo y dudaba de que pudiera hacerlo pero… hacerle venir a Tsu podía levantar sospechas. .P .Bpenso Al mismo tiempo, si te desangras aquí, Dash, no vas a tener que fingir lo del cadáver. .Epenso .P Puso los ojos en blanco y, echando otro vistazo a su herida, hizo una mueca. No tenía ni un cuchillo para cortar la manga empapada de sangre y retirar la armadura de cuero. Intentó despegarla de la piel… y renunció casi de inmediato. Era inútil y sólo conseguía empeorar el dolor. El tiempo que regresara Tahisrán, se había quedado sentado al pie del Ave Eterna, junto a la cerradura, mareado, exasperado y sediento. Su moral subió un poco cuando la sombra le puso la llave dorada en la palma de la mano. .D Gracias, Tah —murmuró—. Qué haría sin ti… .P .Bdm Pues probablemente habrías salido de la torre y ahora no estarían todos llorando tu muerte .Edm , le replicó Tahisrán. .P Dashvara tragó saliva. Vaya. Tahisrán tenía razón, en cierto modo, pero… Sin contestar, se enderezó pesadamente y, agarrando la llave con firmeza, iba a introducirla en la cerradura cuando Tahisrán insistió: .P .Bdm ¿Sabes, Dash? Los Xalyas están montando la guardia afuera… Y es posible que se extrañen de que no haya salido ya a decirles… si has muerto o no. Deberías dejarlos entrar. Al menos a Tsu. Estás herido. Tu plan no funcionará si vas dejando un reguero de sangre allá donde vayas. .Edm .P Dashvara frunció el ceño, caviló y asintió, cansado. Una vez más, Tahisrán tenía razón. .D Está bien —cedió—. Habla con el capitán y déjalo entrar con Tsu. .P Percibió la sonrisa aliviada de Tahisrán. .P .Bdm Voy volando. .Edm .P Dashvara meneó la cabeza y se guardó la llave. Más rápido de lo que esperaba, la puerta de la torre se abrió y varias siluetas entraron. Más de dos, constató con cierta exasperación. El capitán iba primero, con una vela encendida. Miflin cerró la puerta. En total, había entrado una buena decena. Al notar la sombra a su derecha, Dashvara masculló en un susurro: .D Discreto, y un cuerno. .P Tahisrán emitió un gruñido inocente y burlón. Entonces, mientras el capitán avanzaba, entornando los ojos, tratando de ver en la oscuridad, Dashvara soltó con voz de ultratumba: .D El Ave Eterna de Nabakaji os saluda, Xalyas. .P Los vio tensarse y se carcajeó por lo bajo, levantándose. .D ¿Alguien tiene una cantimplora? Me muero de sed, hermanos. Y, por cierto, la flecha esta, Tsu, si no te importa quitármela… .P Las palabras de Dashvara generaron resoplidos, comentarios, maldiciones y bendiciones. Tsu pronto estuvo a su lado y lo instó a tumbarse para poder curarlo. Mandó a Miflin a por agua, Arvara se vio asignar la tarea de mantener a Dashvara inmóvil cuando el drow comenzara la operación y, mientras tanto, el capitán, agachado junto a él, comentaba: .D Tah nos ha explicado tu plan. Sinceramente, Dash, no creo que funcione. Todakwa es un Esimeo. Un mago de la Muerte. Quién sabe, tal vez incluso sea capaz de saber de lejos que el cadáver que nos vamos a llevar no es el tuyo. Y levantaríamos sospechas enseguida, ya conoces a tu pueblo… .P Tsu le palpó el brazo a Dashvara y este emitió un gruñido sordo, dejando de escuchar al capitán. Diablos, cómo dolía… Alguien le tendió un cinturón y lo mordió. La operación se realizó tan silenciosamente como se pudo. Mientras Tsu cacharreaba con su brazo e iba llenando cuencos de sangre, Dashvara trataba de centrar su mente en otra cosa. Su plan de salir de Aralika bajo forma de cadáver le iba pareciendo cada vez más descabellado y, al mismo tiempo, no se le ocurría ninguno mejor. Enviar a su pueblo a salvo al monte Bakhia bajo la protección de Kuriag hubiera sido una gran jugada. .P Como se sentía desfallecer, temió perder consciencia, se quitó con esfuerzo el cinturón de la boca y graznó: .D Capitán… .P Este se había quedado a su lado, sosteniéndole el brazo sano a modo de apoyo. Su expresión se animó cuando oyó a Dashvara. .D ¿Sí, hijo? .P Dashvara apretó los dientes, inspiró y soltó: .D Coge la llave que tengo en mi bolsillo. Y abre la puerta de la cripta. Tahisrán te enseñará dónde está. A lo mejor… hay algo interesante dentro. .P Un relámpago de dolor le arrancó un grito ahogado y se apresuró a morder de nuevo el cinturón. Zorvun asentía, mirándolo con asombro. .D ¿La cripta? —murmuró mientras rebuscaba en su bolsillo—. ¿La cripta de Nabakaji? .P Dashvara asintió en silencio y el capitán sacó la llave. En ese momento, Tsu dijo con voz cargada de tensión: .D Voy a sacártela, Dash. Lumon, ¿puedes sujetarlo también? Aguanta. .P Dashvara resopló y se le escapó el cinturón. Contestó con voz rígida y a la vez irónica: .D Qué más da si muero. Ya he resucitado dos veces y dicen que no hay dos sin tres… —Jadeó entrecortadamente con ojos lacrimosos y febriles—. Oh, Lia-dir-lá… ¿La vas a sacar ya? .P Divisó la mirada sombría de Tsu. El drow recogió el cinturón y volvió a metérselo en la boca replicando: .D Deja de hablar, señor de la estepa. .P El señor de la estepa dejó de hablar. Es más, cuando Tsu comenzó a retirar la punta de la flecha, su mente echó a volar como un ave y dejó de pensar. La oscuridad lo aplastó. .Ch "Criptas y planes" Cuando recobró consciencia, tardó un tiempo interminable en siquiera preocuparse un poco por recordar quién era y dónde estaba. Se sentía fatal. Después de haber sobrevivido a uno de los venenos presuntamente más letales, ¿iba acaso a morir por una maldita flecha en el brazo? A menos que aquel fuego que lo carcomía ahora fuera efecto secundario de un veneno que, de todas formas, debería haberlo matado. Fuera como fuera, Tsu era un gran médico y Dashvara confiaba en que haría todo lo posible para que no se le fuera el señor de la estepa a la tumba. .P El tiempo pasaba y su mente seguía ahogada y desbaratada como si se hubiera zambullido en un mar de agua hirviendo. Sabía que seguía en la torre, que lo habían instalado sobre un jergón bastante cómodo y que, pese al frío que debía de hacer afuera, sofocaba de calor. .P Se enteraba muy vagamente de lo que pasaba a su alrededor pero, cuando trataba de recordar, se le escapaba la realidad, el dolor de cabeza empeoraba y acababa rápidamente por olvidar cuanto lo rodeaba. Cuando, al fin, despertó con la mente algo más lúcida y se rebulló, desorientado, sobre su jergón, era de día, pero no supo determinar qué día. Bien hubiera podido haber pasado el invierno entero que no se habría dado cuenta. .P Apenas se enderezó, Boron, que se había instalado a un paso escaso como un velador silencioso, alzó la cabeza y le sonrió. La expresión interrogante del Plácido hablaba más que su lengua. Dashvara le correspondió con una mueca sonriente y cansada. .D Creo que empiezo a revivir —aseguró. .P De hecho, su mente ya no estaba tan embotada ni le ardía todo el cuerpo. Tan sólo estaba cansado. Echó un simple vistazo a su brazo vendado antes de pasear la mirada por la sala de la torre. Estaba desierta, pero la puerta, entornada, dejaba entrar el murmullo tranquilo de conversaciones. Reconoció la voz ligera de Makarva, así como la voz más profunda y estentórea de Orafe. Tras frotarse los ojos, preguntó: .D ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que entré aquí? .D Tres días —contestó Boron—. Anoche cayó la fiebre y llevas medio día durmiendo. Estuviste ardiendo como una fogata, pero ahora Tsu dice que estás fuera de peligro. ¿Un poco de agua? .P Dashvara aceptó y luego volvió a tumbarse, mareado. .D ¿Le han sacado la verdad a la asesina? —preguntó al de un rato. .P Boron hizo una mueca y vaciló. .D Al parecer, no ha podido decir nada. Un Esimeo del palacio nos explicó que le cortaron la lengua hace unos años por rebelión. —Dashvara frunció la nariz y el Plácido agregó con evidente incomodidad—: Aquella noche… algunos perdieron los nervios. Intentaron meterse en el edificio donde los Esimeos guardaban prisionera a la asesina… No pasó nada grave —aseguró enseguida ante los ojos alarmados de Dashvara—. De todos modos, al alba, la ejecutaron los propios Esimeos. —Marcó una pausa y, molesto, rectificó—: Es decir, no pasó nada .Sm muy grave, en gran parte gracias a que el titiaka se interpuso. .P Dashvara enarcó una ceja. .D ¿Se interpuso? —repitió, anonadado—. ¿Kuriag? .P Nada más imaginarse al joven elfo cortándoles el paso a una banda de Xalyas enfurecidos, palideció. .D Usó un sortilegio extraño —afirmó Boron—. Yo estaba detrás y no noté nada, pero Miflin dice que tuvo algo que ver con las marcas que nos pusieron en el brazo. Dice que se quedaron un momento como paralizados. Al final, nos rodearon y tuvimos que tirar las armas. —Se encogió de hombros—. Supongo que el titiaka evitó que pasara ahí una tragedia. Aunque más de uno anda mosqueado con él por lo que hizo. —Meneó la cabeza—. Sea como sea, el muchacho no es mal tipo. Incluso vino aquí a ayudar a Tsu para curarte cuando se enteró de que seguías vivo. —Suspiró—: Si tan sólo pudiéramos salir ya de esta ciudad… .P Calló, como extenuado de haber hablado tanto de un golpe. Dashvara se quedó meditabundo, a la vez aliviado de que no hubiera sucedido nada desastroso durante su delirio y exasperado por el cansancio que le impedía concentrarse en nada muy complicado. .D ¿Y la cripta? —preguntó al fin. .P Los ojos de Boron centellearon. .D La abrimos. —Bajo los ojos ansiosos de Dashvara, bajó la voz y dijo con inusual excitación—: Está llena de armas, Dash. El capitán ha dicho que de momento no las toquemos… Pero he podido verlas. Son viejas, pero están en buen estado. Todas pertenecieron a los Antiguos Reyes. .P Dashvara sonrió, pero su sonrisa se desvaneció poco a poco. Vale, tenían armas. Pero sus hermanos ya las tenían. Y armar a los jóvenes xalyas esclavos de Aralika para abrirse paso entre los soldados esimeos hubiera sido condenarlos a muerte. Definitivamente, necesitaban un plan bien elaborado para salir de esa. A menos que Kuriag hubiese renegociado con Todakwa. En tal caso… demonios, en tal caso estaba dispuesto a entregarle los sables al Legítimo y a hacerlo señor de los Xalyas. Y a más que eso. Como adivinando sus pensamientos, Boron añadió en voz baja: .D Y hay otra buena noticia. En esa cripta, hay un túnel que se abre con la misma llave mágica. Tah lo encontró. .D ¿Un túnel? —repitió Dashvara, sobrecogido. .D Ajá. Es un túnel algo estrecho, pero se puede pasar. Según Tah, desemboca en la casa de unos esimeos, en las afueras de Aralika. El capitán dice que a lo mejor nos puede venir bien. .P .Bpenso Y tanto que nos puede venir bien .Epenso , pensó Dashvara, animado. Vale, hubiera sido mejor que el túnel desembocara aún más lejos pero… fuera como fuera, podía darles la ventaja de la sorpresa. Boron sonrió y se levantó. .D Tsu dijo que lo avisara cuando despertaras. Enseguida vuelvo. .P Dashvara asintió y, desde su jergón, vio al Plácido alejarse con andar silencioso hasta la salida. Cerró los ojos, los abrió, trató de luchar contra el cansancio y… no lo consiguió. Sin casi darse cuenta, se sumió en un profundo sueño reparador. Tuvo un sueño placentero de esos que antaño tenía regularmente: estaba sentado sobre la hierba rala de Xalya acompañado de Lusombra y Amanecer y, con el corazón henchido de paz, hablaba a sus caballos con suavidad, bajo el inmenso cielo estepeño… .P Despertó al oír un creciente barullo afuera. Una sola linterna posada sobre la estatua del Ave Eterna iluminaba tenuemente el interior de la torre. Era de noche. La puerta estaba entornada y percibió justo a tiempo la silueta de Lumon mientras este salía, tal vez averiguar a qué venía tanto ruido. Y, ciertamente, ¿a qué venía? .P Con el ceño fruncido, intrigado, Dashvara quiso enderezarse cuando, sin querer, movió el brazo derecho y un dolor agudo lo dejó paralizado durante unos segundos. Oh, diablos… El capitán tal vez tuviera razón diciendo que había pasado por cosas mucho peores pero… diablos, no por eso dolía menos. Resopló, recobrando el aliento. Con cierto esfuerzo, consiguió sentarse, agarró una jarra de leche con su mano izquierda y tomó largos tragos antes de hacerle caso al plato lleno de verduras raras que habían dejado a su lado. ¿Sería comida típica de Esimea? En cualquier caso, le supo a demonios. Estaba masticando, dudando de si escupir o qué, cuando, fijándose en que el barullo aumentaba, dejó aliviado la comida con intenciones de saciar su curiosidad… Sin embargo, no bien amagó levantarse, una cabeza calva asomó por la puerta. Era Miflin. El Poeta agrandó los ojos cuando lo vio sentado en su jergón y sonrió anchamente antes de exclamar: .D ¡Dash! ¡Estás despierto! —Pasó adentro soltando alegremente—: Adivina lo que ha pasado. .P Dashvara lo miró, intrigado. Aventuró, burlón: .D Un nadro rojo se ha tragado a Todakwa. .P Miflin se carcajeó. .D Ya podría ser cierto. No. Al parecer, los pueblos de Nanda y Lifdor se han sublevado. Apuesto mis pelos a que Zefrek está detrás de todo esto. .P Dashvara parpadeó, anonadado. ¿Que los Shalussis se habían .Sm sublevado ? .D Liadirlá, ¿hablas en serio? .P Miflin sonrió anchamente pero fue Makarva quien contestó, entrando en tromba: .D ¡Y tan en serio que los Esimeos están en pie de guerra! —Sonrió—. ¿Qué tal anda el Rey del Ave Eterna? .P Dashvara se encogió de hombros. .D Vivo y con la cabeza al fin más o menos clara. ¿Qué ha pasado exactamente? .P Miflin explicó de corrido: .D Tsu y el titiaka cuidaron de ti, reviviste y ahora Todakwa no se atreve a ponerte la mano encima porque todos piensan que Skâra te ha bendecido. ¿No es maravilloso? .P Dashvara esperaba más bien explicaciones sobre los Shalussis, pero la respuesta del Poeta le arrancó una mueca de asombro. ¿Que Skâra lo había bendecido? ¿En serio? Makarva teorizó: .D Más bien diría que es el Ave Eterna de esta torre la que te ha protegido. .D Venga ya —se burló Miflin—. El Ave Eterna no hace milagros, Mak. .D No —concedió este—, pero se dice que sólo los Antiguos Reyes eran capaces de sobrevivir al veneno de serpiente roja. Y Dashvara ha sobrevivido. Es como si el Ave Eterna de la Torre lo hubiera adoptado. No soy el único en decirlo. .P Miflin le echó una mirada burlona a Dashvara. .D Mak piensa que eres divino, Dash. .P Makarva le dio un empellón fraternal protestando: .D ¿Y qué si lo pienso? .D Divino o no —intervino Dashvara, divertido—, no creo que a Todakwa le haga mucha gracia la situación. De un lado Zefrek, del otro los Xalyas… .P Y tal vez Raxifar de Akinoa, añadió mentalmente. Miflin aprobó con alegría triunfal: .D ¡Estará echando humo! .P Dashvara asintió con una sonrisa torva. .D Esto comienza a tener buen aspecto —admitió—. Pero no os fiéis, hermanos. Los Esimeos ya nos la jugaron antes. Y seguimos atrapados en su reino. .P Makarva y Miflin asintieron y el primero aseguró: .D No te preocupes: dormimos como los gatos. Además, ahora que has sido bendecido por Skâra no se van a atrever a tocarnos. .P Dashvara puso cara escéptica, Miflin le dio un codazo a Makarva y abría la boca para soltar alguna burla cuando apareció Tsu por la puerta. Por un instante, el drow mostró una pizca de exasperación, como si lo molestara que los dos jóvenes Xalyas estuvieran hablando con su paciente, pero entonces retomó un semblante inexpresivo y tranquilo y se acercó diciendo: .D Te cambiaré el vendaje. Veo que aún no has comido todo —observó frunciendo el ceño—. Deberías acabártelo. Son ogrollas traídas de la misma Titiaka. Son excelentes. .D Ogrollas —repitió Dashvara en un murmullo ahogado. ¿Desde cuándo se comían ogrollas en la estepa?—. ¿Tienen algo que ver con los ogros? No, porque saben a dem… A-a-au —inspiró de golpe fulminando su brazo con los ojos. .D Procura no mover el brazo, ¿quieres? —masculló el drow con sequedad—. Necesita reposo absoluto durante al menos dos semanas. Lo digo en serio. Espera, traeré agua hervida. Te vendrá bien una infusión. .D Ya la traigo yo —intervino Miflin. .P Dashvara suspiró suavemente. Dos semanas. Por lo visto, iba a tener al médico detrás durante más tiempo que la última vez que había resucitado. Percibió la sonrisa burlona de Makarva y puso los ojos en blanco. En fin… .D Ayshat, Tsu —pronunció. .P El drow, ya agachado junto a él, lo miró con sus ojos rojizos, enarcó una ceja, se encogió de hombros como diciendo que no había por qué dar las gracias y se dispuso a quitarle el vendaje. Dashvara sonrió interiormente. Skâra y un cuerno, pensó. Si a alguien había que bendecir ahí, no era a él: era al drow. .salto En los tres días siguientes, Dashvara no salió de la torre bajo orden expresa de Tsu… y del capitán. ¿Habría adivinado Zorvun que Kuriag podía no haber sido el blanco de aquel asesinato? Quién sabe. El caso es que, mientras Dashvara estuviera en la torre «protegido» por el Ave Eterna y por Skâra, los Xalyas tenían una razón sagrada para impedir la entrada de los Esimeos en ella y, por consiguiente, de guardar a su alcance las armas de la cripta. .P De modo que Dashvara hacía de enfermo obediente y pasaba largas horas arriba de la torre, contemplando la estepa. Miraba hacia el noreste, no hacia Xalya, sino hacia la tierra de los Honyrs. Hacia su naâsga. Por instantes, casi creía ver sus ojos negros dibujarse mágicamente ante él. Pero, la mayor parte del tiempo, lo que veía eran las casas blancas de Aralika, los huertos y las manadas de caballos y rebaños de ovejas, quizá cuidados por algún niño xalya. El río Fadul, bordeado de arbustos y piedras, venía serpenteando con sus aguas claras y centelleantes desde el noreste. Y más allá de aquel río, a mitad de camino entre Esimea y Xalya, se extendía un mar de arbustos de color rosáceo y blanco. Los Xalyas la llamaban la Pradera de la Muerte, porque cuatro décadas atrás habían ganado ahí una batalla sangrienta contra los Akinoa. Bueno… ganado era un decir, pues habían perdido en aquel lugar a más hombres que en todas las décadas siguientes. Eso sí, habían permitido salvar el torreón Nayul de las garras salvajes… total para que este cayera un lustro después con una nueva batalla que había acabado en derrota para los hijos del Ave Eterna. Se decía que, desde entonces, en la Pradera, los arbustos rosáceos sangraban sangre hermana y los blancos gritaban venganza… .P .Bpenso Tanta muerte absurda. .Epenso .P En silencio, Dashvara se recostó en su silla y alzó la mirada hacia un cielo completamente azul. .D Tanta muerte absurda —repitió por lo bajo. ¿Y total para qué? Para que los Esimeos acabaran dominando la estepa con el apoyo de una federación extranjera que vivía a muchas millas de ahí. ¿Había realidad más absurda? .P El ruido de unos pasos en la escalera interrumpió sus pensamientos. Bajó la vista, oyó una respiración jadeante y pronto vio aparecer la cara del capitán, roja por el esfuerzo. Nada más llegar, resopló: .D Diablos, Dash… Algún día me matarás. —Resolló, recuperando el aliento ante la mirada divertida de Dashvara, y anunció—: Traigo noticias. .P Dashvara se levantó, señalándole la silla con la mano izquierda: .D Prioridad a los viejos, capitán. .P Este puso los ojos en blanco e ignoró la invitación, declarando: .D Los Shalussis han tomado control de sus antiguos pueblos y los Esimeos van a mandar a unos doscientos guerreros a recuperarlos. Eso dejaría otros tantos Esimeos dispuestos a defender Aralika. Es una buena ocasión para salir de esta ciudad con todos —afirmó—. Si conseguimos alejarnos lo suficiente, no se atreverán a seguirnos. .P Dashvara asintió, excitado por la perspectiva. .D ¿Cuándo se marchan esos doscientos? .D Mañana —contestó el capitán—. Probablemente no lleguen a Lamastá hasta el día siguiente… Podemos marcharnos durante esa noche y bordear el río. Si dan media vuelta para detenernos… lo tendríamos mal —admitió—. Pero no tendría sentido dar media vuelta y dejar a los Shalussis más tiempo para organizarse. No se trata de una sublevación anodina —aseguró—. Zefrek sabe lo que hace. No sé cómo se las ha arreglado pero, al parecer, ha armado a su gente hasta los dientes. Según Garag, los dazbonienses han debido de venderles armas a precio bajo. Ese federado no ha parado de echar veneno contra los republicanos durante toda la comida. Dice incluso que mandará a unos mercenarios ryscodrenses que tiene en Ergaika para ayudar a los Esimeos a aplastar la rebelión… —Meneó la cabeza con una mueca de disgusto—. Ese diplomático no me cae nada bien. .D ¿Los Xalyas ya están al corriente? —preguntó Dashvara. .D No de los pormenores. Los pondré al corriente. Pero te recuerdo que sigues siendo el señor, hijo. Tú debes dar las órdenes. .P Dashvara enarcó una ceja burlona. .D A la orden, capitán. Me gusta tu plan. Aunque sigo pensando que el del cadáver no estaba tan mal. —Sonrió anchamente y, recobrando seriedad, preguntó—: ¿Qué hacemos con las armas de la cripta? .P El capitán hizo una mueca. .D Propongo sacarlas por el túnel y esconderlas en nuestras alforjas. No creo que sea una buena idea dárselas a esos muchachos tan pronto. A algunos los instruí un poco en Xalya y conocen los rudimentos… pero a los que tienen menos de catorce años no les dejaría un sable entre las manos a menos que sea absolutamente necesario. .D Sin duda —aprobó Dashvara. .P Se rascó nerviosamente el cuello, demasiado consciente de que aquella huida podía acabar en una verdadera sangría. Si usaban el túnel para que pasaran todos, podrían llegar a las afueras sin que nadie los viera. El inconveniente era que iban a necesitar lo menos una hora para que pasaran todos, si no más, y cabía el riesgo de que los Esimeos los pillaran apelotonados en un mismo sitio y los mataran como a perros. O que el alba los sorprendiera demasiado pronto. .P Meneó la cabeza. .D ¿Y tu yerno? —preguntó. .D Of —suspiró el capitán. Se dejó caer sobre la silla soltando—: El muchacho no es tonto, pero anda más perdido que un cachorro. Menos mal que decidió viajar a la estepa antes de volver a Titiaka o esos ciudadanos se lo habrían comido vivo desde el principio. .P Dashvara resopló, meditativo. Aún no le había hablado de la cripta al Legítimo. Él la había podido visitar la víspera, volviendo a tomar prestada la llave dorada so pretexto de que estaba «buscando la entrada de la cripta de Nabakaji». Kuriag y Asmoan, según Tah, no sospechaban que ya la había encontrado hacía una semana. Y, hasta ahora, había sido mejor así. Sin embargo… ¿acaso no le había prometido a Kuriag Dikaksunora que le informaría de todas sus decisiones en la medida de lo posible? .P .Bpenso Pues adelante, díselo, Dash .Epenso , se burló. .Bpenso Dile que pretendes marcharte con tu pueblo por un túnel escondido bajo la Pluma. Se quedará sin saber qué hacer, se pondrá nervioso y, en cualquier caso, los Esimeos lo tomarán por idiota redomado por haber perdido tan pronto a sus doscientos Xalyas recién adquiridos. .Epenso .P De hecho, por lo que sabía, Kuriag había conseguido al fin quedarse con los Xalyas de Esimea a cambio de la promesa de denegarles el derecho a asentarse en la estepa como un pueblo libre. La condición era indignante, pero Dashvara entendía que era la mejor que había podido encontrar el joven elfo para al menos quitarle poder a Todakwa sobre su pueblo. Y albergaba la esperanza de que, estando Kuriag con ellos, los Esimeos se lo pensarían dos veces antes de abalanzarse sobre sus nuevos esclavos. .P .Bpenso Sea como sea, se lo prometiste, Dash. Le prometiste informarlo. .Epenso .P Y, después de todo lo que había hecho, se merecía mil veces que lo informara. Su Ave Eterna le instigaba pues a hablarle a Kuriag Dikaksunora. Tenía que hablarle de la cripta y enseñársela… ¿tal vez una vez que hubieran escondido las armas? Entonces, ya poco le quedaría por ver. Quitando las pilas desordenadas de sables, lanzas y escudos y quitando el túnel escondido, la cripta le había parecido de lo más común: era una simple sala rectangular con un ataúd de piedra en medio. Nadie se había atrevido a tocar la tapa, incluido Dashvara, aunque este había consumido una vela entera inspeccionando los escritos en antiguo oy'vat grabados en ella. En su mayoría eran máximas que Maloven le había repetido a saciedad durante su infancia, aunque no todas. Una frase lo había impactado en especial; decía: .P .Blecture Muerte al hombre que arrastra a sus hermanos a una muerte segura. .Electure .P Aquellas palabras le habían quitado varias horas de sueño y aún seguían atormentándolo. Y es que, cada vez que las recordaba, no podía dejar de pensar en su señor padre y en cómo este había mandado a su pueblo a la muerte. Aunque, al mismo tiempo, se autoburlaba pues, al caer Xalya, ¿no había estado él mismo convencido de que Vifkan de Xalya había hecho lo correcto, de que había seguido su Ave Eterna luchando hasta la muerte y de que había condenado a su hijo a una vida deshonrosa forzándolo a huir? .P Qué lejos quedaban aquellos tiempos y, pese a todo, los guardaba tan vívidos en su mente… Tras un silencio, se fijó en la mirada curiosa del capitán y meneó la cabeza resoplando. .D Inquietudes de un filósofo —explicó. .P Se giró y apoyó sobre el borde de la torre, mirando esta vez hacia el sureste y las tierras shalussis. Creyó ver columnas de humo elevarse tras las colinas a lo lejos. ¿Casas en fuego? Probablemente. Vaciló antes de decidirse a preguntar: .D ¿Crees que nuestro Dahars sigue siendo el mismo que antaño, capitán? .P Esperó con impaciencia y aprensión la respuesta de Zorvun. Lo oyó levantarse de la silla, acercarse y apoyarse a su vez en la almena. El capitán contempló con él las columnas de humo antes de contestar al fin: .D En Titiaka, si recuerdas, repetiste unas palabras de Maloven. «No son las plumas las que importan, sino la fuerza que las sostiene.» —Dashvara esbozó una sonrisa, recordando, y el capitán concluyó—: Tal vez las plumas hayan cambiado un poco… sin duda, han cambiado las de todos y es natural. Pero la fuerza, ella, no ha cambiado, Dashvara. Sigue siendo la misma. .P Dashvara lo creyó y asintió, aliviado. Zorvun agregó con voz más ligera: .D Deberías bajar. Te vendrá bien una cena de verdad, sin esos platos raros que te da Tsu. Tanto tener la cabeza en las nubes te hace pensar como un shaard. Y no es práctico tener que subir todas estas escaleras para ir a hacerle una visita al Rey Inmortal. .P Dashvara puso los ojos en blanco y se despegó de la almena suspirando: .D Tienes razón. Mi cabeza es mi perdición. Si pudiera cambiármela, me la cambiaba por la de Maef. Él al menos siempre tiene las ideas claras. .D Demasiado, diría —resopló el capitán, divertido. .P Mientras se dirigían hacia las escaleras, Dashvara afirmó: .D Hablaré con Kuriag. Hay que avisarlo de que nos vamos. .P El capitán hizo una mueca, vaciló y acabó por admitir: .D Creo que ya se lo huele. —Bajo la mirada sorprendida de Dashvara, explicó parcamente—: Mi hija. Lee en mi mente como en un libro abierto. .P Dashvara sonrió. .D Razón de más para hablar con él entonces. No vaya a ser que se nos mosquee el amo. Tal vez incluso le apetezca venir con nosotros —agregó con suma diversión. .P El capitán asintió con un brillo absorto en los ojos. .D ¡Ojalá! Lo trataría como a un hijo. .P Y así, con una tranquilidad medio fingida, el uno tal vez pensando en el futuro de su hija, el otro en el de su pueblo, ambos Xalyas emprendieron la bajada de la torre de los Antiguos Reyes. .Ch "Libertad" .\" 17/04/2018 Lo que no había previsto el capitán era que Todakwa invitaría a Kuriag Dikaksunora a formar parte de los espectadores que observarían lo bien que los Esimeos aplastaban la revuelta shalussi. Kuriag, cómo no, se había sentido obligado a aceptar y había decidido aprovechar la ocasión para mandar a todos sus nuevos esclavos al puerto de Ergaika: tenía pensado separarse de ellos a medio camino mientras que él seguiría el viaje hasta Lamastá. Dashvara se había enterado por Api: el Legítimo ni siquiera había considerado necesario pasarse a informarlo directamente. La noticia lo había dejado atónito. ¿Por qué diablos iba a moverse Todakwa por lo que al parecer él mismo había llamado «un motín de salvajes con machetes»? Bueno, tal vez porque quería mostrarle al titiaka lo bien que se las ingeniaban sus hombres para acabar con las revueltas. En cualquier caso, Aralika despertó muy pronto aquella mañana y los primeros rayos de sol encontraron a Su Excelencia bajo la llovizna matutina, revestida de una armadura de escamas de sowna sin estrenar y rodeada de Ragaïls y Xalyas. Viendo el ajetreo de la Plaza Mayor desde una aspillera de la torre, Dashvara suspiró. ¿Para qué hacer planes, si estos siempre acababan yéndose al traste? .P No se iban a ir tan al traste, de todos modos: la huida aún iba a tener lugar. Sólo que en vez de huir de Aralika, huirían de un campamento lleno de soldados con los sentidos alertas y armados hasta los dientes… .D ¡Dash! —murmuró una voz. .P Dashvara desvió la mirada de la aspillera y vio a Miflin hacerle un gesto acompañado de una ancha sonrisa. .Sm -t penso Al fin , suspiró, aliviado. Habían logrado esconder las armas. Bajó las escaleras hasta la sala animada. .D ¿Están todas? —preguntó. .D Los escudos más grandes no —admitió el Poeta—. Esos los hemos escondido en el túnel, por si algún día… ya sabes. Pero no ha quedado ni un sable y las lanzas están todas en la litera. Vas a ir subido sobre un arsenal infernal, primo —rió. .P Dashvara echó un vistazo a la litera que los Xalyas habían pedido la víspera para transportar al señor de la estepa herido… No es que le hiciera mucha ilusión tener que viajar en litera en vez de montar sobre Amanecer, pero reconocía que era un método perfecto para esconder las armas… Había sido idea de Lumon: el Arquero siempre tenía buenas ideas. El problema era que el cacharro iba a pesar una tonelada. .P Makarva lo tomó del hombro izquierdo, invitándolo a acercarse. .D ¡Hemos puesto cojines y todo para que te sientas cómodo, mi señor! —lanzó su amigo con burla entusiasta—. Vas a estar como un rey. .P Dashvara puso los ojos en blanco. Qué remedio. Inspeccionó de una ojeada la litera para asegurarse de que las armas estaban bien ocultas y entonces se subió y se sentó con una ancha sonrisa. .D Como una princesa —declaró. .P Su apreciación generó carcajadas, que se tornaron en gruñidos cuando varios levantaron la litera. Orafe soltó: .D Buah. Creía que iba a pesar más. .D Son las ogrollas, que lo han dejado flaco como una lanza —deploró Kodarah, burlón. .P Sonriente, Dashvara se recostó entre los cojines escuchando los comentarios de sus hermanos y lanzó de buen humor: .D ¡Adelante, hermanos, al galope! No nos quedemos rezagados o los Esimeos pensarán que somos unos vagos. .P Sus palabras generaron resoplidos. Sashava replicó: .D Intenta hacer el enfermo, Dash. O nuestro pueblo pensará mal de ti. Makarva, corre las cortinas. Es mejor que no lo vean. Andando, muchachos. .P El Cascarrabias agitó su muleta para animar a la tropa, los batientes de la torre se abrieron y la litera salió. Escondido en su cómoda alcoba, Dashvara se centró en los ruidos que percibía: resoplidos y cascos de caballo, voces, órdenes gritadas… La salida de Aralika fue interminable. En un momento, quiso echar una ojeada afuera y alguien le dio un manotazo. Diablos, suspiró. .P Tras cruzar el río, el avance fue terriblemente monótono. Por suerte, Dashvara le había tomado prestada una caja de libros a Kuriag Dikaksunora. Había comenzado uno sobre la historia de la universidad de Titiaka pero se aburrió enseguida y pasó a otro volumen. Este contaba la vida de una orden religiosa de Cili que mandaba misionarios a sitios tan lejanos como el norteño Imperio de Iskamangra… El tema no es que le interesara mucho, pero al menos lo entendía y siguió leyendo, cómodamente instalado en su asiento de princesa mientras sus hermanos lo transportaban… ¡Lo que había que hacer por unas lanzas! .P La idea de tener a todo el pueblo xalya superviviente siguiendo aquella litera lo tenía tan emocionado que interrumpía regularmente su lectura y más de una vez se retuvo en el último momento de correr las cortinas para asegurarse de que estaba ahí su pueblo, vivo y de camino hacia la libertad. .P O hacia la muerte. .P Apretó los dientes, exasperado. .P .Bpenso Pues sí que vas a animar a tu pueblo con esas, Dash. Lee a tus misionarios y deja de pensar. .Epenso .P Siguió su propio consejo y acabó atrapado por la vida de esos religiosos cilianos que desembarcaban en tierras lejanas sin siquiera saber con qué iban a encontrarse. Al mediodía, hicieron una pausa y la mano oscura de Tsu pasó entre las cortinas para darle la comida. Ogrollas. Dashvara tragó saliva con una mueca, que se convirtió en sonrisilla cuando advirtió que, del otro lado, una mano humana había deslizado un generoso trozo de queso en el interior de la litera. Se lo comió todo y, acto seguido, echó la siesta como un buen Xalya. Cuando despertó, ya habían reanudado la marcha y una lluvia fuerte tamborileaba contra la tierra. Lo ideal para una huida, masculló Dashvara interiormente: iban a resbalar y espatarrarse cada dos pasos y los Esimeos los volverían a coger embarrados, reventados y ridiculizados. .P .Bpenso Liadirlá… a veces desearía poder dejar de pensar. .Epenso .P Recibió una gota de agua en la coronilla y alzó la vista. La tela de arriba no era del todo impermeable, por lo visto. Pronto el goteo se convirtió en un chorro continuo y Dashvara tuvo que cambiar de sitio y volver a poner todos los libros en la caja. Tras colocarse la capucha azul, pacientó, cada vez más hundido. Entonces, comenzó a soplar el viento y, en una ráfaga, la tela salió despedida. Dashvara no pudo evitar una ruidosa carcajada. Orafe gruñó, Miflin chasqueó la lengua y un niño xalya gritó a través del estruendo de la lluvia: .D ¡El señor! ¡Veo al señor! .P Dashvara sintió cómo cientos de ojos se giraban hacia él. Les dirigió una sonrisa emocionada y una inclinación de cabeza. No pudo ver muy bien sus reacciones por culpa de la lluvia y, para decepción suya, sus hermanos fueron rápidos: pronto recuperaron la tela principal y volvieron a ponerla sin casi tener que pararse. .P Cuando acamparon para la noche, había dejado de llover, pero el viento seguía soplando con tozudez. Alguien descorrió la cortina poco después de que fuera posada la litera y Dashvara lanzó en oy'vat: .D No me iréis a dejar encerrado aquí toda la noche, ¿verdad? Estoy hundido como un pez. —Se tragó las palabras ya pronunciadas al reconocer a Kuriag—. Vaya, Excelencia —resopló en común. .P Con cuidado de no mover el brazo derecho, salió de la litera irguiéndose. Kuriag carraspeó, echó una ojeada rápida a los Xalyas que los observaban con el rabillo del ojo mientras se atareaban y dijo: .D Tengo que hablar contigo seriamente. .D Por supuesto —aceptó Dashvara. Y, advirtiendo la mueca contrariada del capitán, soltó bien alto—: Me siento mucho mejor ahora que a la mañana. Si sigo metido ahí como un moribundo, acabaré realmente muriéndome. De aburrimiento. .P Nadie protestó. Al fin y al cabo, lo esencial era que hubieran sacado la litera. Fingir estar más enfermo de lo que estaba no servía para aplacar las sospechas de los Esimeos ni contribuía a subir la moral de los Xalyas. Y esta última era fundamental. Así que procuró mantenerse bien firme, fuerte y sereno… .Bpenso Como hacía mi señor padre .Epenso , pensó con ironía. .P Al no estar aún montada su tienda, el elfo señaló una de las numerosas colinas desérticas de aquella zona y ambos se alejaron, vigilados tanto por los Xalyas como por los Esimeos. En cuanto estuvieron fuera del alcance de oídos indiscretos, Kuriag soltó a bocajarro: .D Sé que vais a intentar marcharos. No sé cómo ni hacia dónde, pero lo sé. Y te advierto de que los Esimeos también lo saben. .P Casi parecía disculparse. Dashvara se encogió de hombros y gruñó de dolor al mover el brazo. Replicó: .D Estupendo. Todos lo saben y todos saben que lo saben. ¿Dónde está el problema? .P El Legítimo frunció el ceño y Dashvara sonrió, concluyendo: .D Escuchas tu Ave Eterna, Kuriag, e ignoras que lo haces. Que sepas que nos estás ayudando a escapar. De no ser así, nos habrías dividido y habrías pedido a Garag que escoltara a los Xalyas desarmados directamente a Ergaika. Pero no lo has hecho. Tú mismo nos estás guiando hacia la huida, Excelencia. Y, al mismo tiempo —meneó la cabeza con tristeza—, sigues prisionero de tus obligaciones. Debes mantener la reputación de tu familia, sus acuerdos comerciales… y seguir apoyando al pueblo esimeo al que apoyó tu padre. Pero también podrías hacer algo diferente. He estado pensando estos últimos días, y no me cabe duda ahora que Todakwa no dejará por nada del mundo que los Xalyas nos instalemos libremente en la estepa. Y nosotros queremos quedarnos. Así que… lucharemos para quedarnos. Y no perderemos. No si podemos aliarnos con los Shalussis y los Akinoa y tener el respaldo de los Honyrs. Esimea temblará —afirmó con voz baja y profunda—. No me mires así, Kuriag. Mi Ave Eterna odia la guerra. La odia de veras. Pero esto no es una guerra. Es luchar por nuestra vida. Por nuestro clan. Por nuestra estepa y nuestra libertad. No quiero derramar más sangre, quitando tal vez la de Todakwa, pero las cosas son como son, Excelencia. No puedo cambiar la mente retorcida de los Esimeos. Y no puedo renunciar a la libertad. Así que, entre tanto absurdo, elijo la esperanza. Elijo los sables, Excelencia. Y ahora… te toca a ti decidir de qué lado estás. —El elfo lo miraba con los ojos agrandados. Dashvara terminó—: Todakwa traicionó la tregua que acordó con mi padre. Es un traidor. Y no hay deshonra en traicionar a un traidor. Si nos ayudas… si impides que Titiaka intervenga en esto, juro por mi vida que, una vez ganada la paz, pondré en tus manos mi Ave Eterna. Sé que te lo debo. .P Carraspeó, volvió a mover el brazo sin querer y masculló una imprecación por lo bajo. Kuriag tenía una expresión mezcla de miedo, tristeza y amargura. .D No me debes nada —dijo al fin en un murmullo—. Me salvaste la vida. .P Dashvara recordó lo de la asesina e hizo una mueca. No, no se la había salvado precisamente pero, en el momento, se le ocurrió no desengañarlo. .Bpenso Eres peor que una serpiente esimea, Dash… .Epenso .D Tal vez —replicó—. O tal vez no. Quién sabe a quién apuntaba esa estepeña, Excelencia. .P Kuriag se irguió, atónito. .D ¿Quieres decir que quiso matarte a ti? .D Ni idea —confesó Dashvara—. De todas formas, qué importa ahora. Estoy vivo, estás vivo: queda por saber de qué lado quieres seguir vivo. .P Kuriag se mordió la mejilla, inquieto. .D Ya… De modo que… —Se rascó la cabeza—. No sé, Dashvara, estoy metido en un verdadero lío. Yo quería visitar torreones, quería ver los antiguos monumentos de los Antiguos Reyes… Pero Lessi tiene razón. Los saijits no son mejores aquí que en Titiaka. .P Dashvara se preguntó si lo decía por él o por otras personas. Fue sabio y no preguntó. Entendía que Kuriag necesitara tiempo para decidir entre mandar al cuerno a los Esimeos —y los acuerdos de su familia— y seguir el camino recto que le hubiera aconsejado Atasiag muy probablemente. El problema era que ya no quedaba tiempo. .D Los Shalussis —dijo entonces Kuriag, ensimismado. Alzó unos ojos turbados hacia Dashvara—. ¿Dices que vais a aliaros a ellos? .P Dashvara no pudo evitar echar una ojeada molesta a su alrededor antes de asentir. .D Ese el plan. Es decir… eso es lo que el capitán, Lumon y yo tenemos pensado hacer. Todavía no les hemos dicho nada al resto. No sé cómo se lo tomarán. Pero es la mejor vía de escape, y desde luego los Esimeos no se lo esperarán: los Shalussis siempre han sido nuestros enemigos más mortales. Es nuestra mejor carta —aseguró—. Las tierras de los Honyrs quedan demasiado lejos. No tenemos suficientes caballos. Los Esimeos nos cercarían antes de llegar. .P Kuriag se humedeció los labios. .D ¿Y si los Shalussis no quieren aliarse? .P Dashvara sacudió la cabeza. .D Si es Zefrek el que lidera la rebelión, se aliará. No lo dudo. .P Kuriag asintió, inspiró y espiró diciendo: .D Entonces… te deseo buena suerte, Dashvara de Xalya. Pero, como te dije ya una vez, desapruebo todo conflicto. Desaprobaré que saques las armas. Y desaprobaré que los Esimeos saquen las suyas. Seré tal vez ingenuo diciendo esto, pero prefiero serlo a ver mis manos manchadas de sangre. Eso lo tengo bien claro. Lessi también —añadió con una débil sonrisa—. Ella y yo tenemos la misma visión del mundo. La misma Ave Eterna. Pero sé que no todos tienen la suerte de poder mantener un Ave Eterna así intacta. Así que… ojalá Cili guíe tu alma, Dashvara. Eres libre. .P Por un instante, Dashvara asintió sin pillar del todo el significado de esas últimas palabras. Enarcó entonces una ceja. .D ¿Libre? .D Te libero —afirmó Kuriag, ruborizándose—. No sé a quién quería matar esa asesina, pero no importa. Te interpusiste. Y esa es una razón de peso para liberarte. Nadie podrá negarlo. Aunque… supongo que de todas formas ya te considerabas un hombre libre. .P Dashvara sonrió. .D No me consideraré libre hasta que mi pueblo lo sea. Pero eso no sólo depende de ti, Kuriag. Depende de esto —dio una palmada firme sobre el pomo de su sable— y de hasta qué punto seré capaz de subir el ánimo de un pueblo destrozado —confesó con un escalofrío. .P Kuriag emitió un sonido ahogado. El joven elfo mostraba ahora una actitud distanciada, como si imaginara ya que todo aquel asunto iba a acabar muy mal y no se atreviera tampoco a impedir que Dashvara se metiera de cabeza en los infiernos. .D Entiendo —murmuró el Legítimo—. Supongo… que es mejor que no sepa nada más. En realidad, ya sé demasiado. .P Dashvara vaciló. .D Cierto —concedió. Rebuscó en su bolsillo y le devolvió la llave dorada—. Asmoan tenía razón. Hay una cripta en la Pluma. Se abre desde el pedestal del Ave Eterna. Ahí abajo encontrarás la tumba del primer shaard de la estepa. En ella… leerás sabias palabras que sin duda serán de tu gusto, Excelencia. —Kuriag lo miraba con asombro. El Xalya dio un paso hacia atrás—. Que sepas… que siempre serás bienvenido en mi clan, si algún día vuelves en busca de torreones y Aves Eternas… —sonrió— o si algún día deseas quedarte para siempre. Ya sabes. Nuestro Dahars no es tan distinto al tuyo, te lo aseguro. —Hubo un silencio y, antes de que Kuriag respondiera, Dashvara soltó—: Buenas noches, Excelencia. .P Tampoco le dejó contestar entonces: inclinó la cabeza con respeto, dio media vuelta y regresó al campamento de los Xalyas. El cielo se estaba oscureciendo muy rápido y, cuando terminó de cenar, ya había anochecido del todo. La suerte estaba con ellos: no habría ni Gema, ni Luna, ni Vela para iluminar a los Esimeos aquella noche. Tan sólo las estrellas. .P Durante la cena, Dashvara no dejó de echar ojeadas hacia su pueblo y este le correspondía, como esperando que hiciera algo… ¿que les dijera algo, tal vez? ¿Y qué iba a decirles? ¿Que tuvieran coraje? ¿Que ahora que estaba él los salvaría a todos? Ja, más pretencioso imposible. .P Sus hermanos habían sido más eficaces reanudando lazos con el pueblo perdido. Miflin y Kodarah habían reencontrado a su madre, Sedrios a su nieto, Lumon a su prometida y Kaldaka a su hijo… Todos habían recuperado a familiares, Dashvara incluido. Pero, por alguna tonta razón, en vez de ir a verlos, se quedaba sentado, cada vez más nervioso y seguro de que, si abría la boca, daría a su pueblo la imagen de un filósofo loco y no la de un líder capaz. Interrumpiendo su crisis de confianza, Zorvun soltó: .D Ve a hablarles, Dashvara. Creo que lo necesitan tanto como tú. .P Este no se hizo de rogar, aunque, cuando se levantó, optó por acercarse de refilón, sin meterse de pleno entre su gente. .D Nos rondas como si no supieras si somos nadros u ovejas —se burló de pronto una voz. .P Dashvara se giró y, a la luz de las antorchas, distinguió a un joven xalya que, pese a sus siete años menos, tenía un curioso parecido. Soltó una carcajada exclamando, incrédulo: .D ¡Ave Eterna, Tinan, hermano! .P No eran hermanos de sangre, pero habían crecido juntos en el torreón pese a la diferencia de edad. Tinan, como hijo de oficial, había comenzado a salir de patrulla con Zorvun desde muy joven y Dashvara solía verlo como a un hermano pequeño más. Quisieron estrecharse la mano pero se vieron ante un problema tonto: Dashvara aún tenía entablada la derecha y Tinan tenía el brazo izquierdo amputado. Pusieron los ojos en blanco y Dashvara le dio una fuerte palmada en el hombro asegurando: .D Más bien nadros y no ovejas. No te imaginas lo intimidante que puede llegar a ser todo un campamento de Xalyas. Aterrador. .P Tinan sonrió anchamente y los que se encontraban al lado lo imitaron. A partir de ahí Dashvara dejó de rondar y se metió de pleno entre su gente; estrechó manos vigorosas, revolvió cabellos de niños curiosos y contestó a las preguntas desordenadas: .D Ya casi está curado, gracias —aseguró, hablando del brazo—. ¿Diumcili? Bah. Pues lo que os habrán contado los demás. Un país de civilizados. Lo peor de todo fue el viaje en barco. Ah —sonrió al oír a alguien hablar de sus dos muertes—, las resurrecciones, sí, menuda historia, ¿eh? Todo empezó con la serpiente roja que maté en el pueblo de Nanda. Desde entonces, su espíritu se ha empeñado en acecharme. Pero dejé los malos espíritus en la Pluma definitivamente… Y ahora el Ave Eterna me sonríe. Pero contadme vosotros cómo os han ido estos años con los Esimeos. .P La simple mención de sus antiguos amos ensombreció a más de uno. Las narraciones fluyeron y, a su vez, Dashvara escuchó sus historias. Habían sido en su mayoría esclavizados primero por los Akinoa y Shalussis para ser vendidos casi inmediatamente a los Esimeos a cambio de víveres, caballos y oro… oro para los incorregibles Shalussis. El abuso de sus amos, el trabajo en las minas, las prohibiciones, la deshumanización que había sufrido su pueblo durante aquellos tres años lo indignaron hasta tal punto que no pudo contener bufidos y maldiciones. .D Mataron a mi hermano Namozara a latigazos —intervino en común un joven de unos doce años. .D Qué va, él se murió solo —replicó una prima de Dashvara—. Lo dejaron a mitad de camino de Xalya a Aralika porque no podía avanzar. .D Porque lo frieron a latigazos —insistió el primero—. Y, cuando llegamos, murieron diecinueve por Skâra. ¿O no? Todo porque somos Xalyas. Porque somos el pueblo maldito. .D No estamos malditos, Yuk —replicó la prima. .D Los sacerdotes dicen que sí —retrucó el muchacho—. Y que por eso ya no tenemos torreón. Y que Skâra… .D ¿Y tú vas y te crees todo lo que las túnicas negras te dicen, chaval? —se burló Miflin. .P El niño alzó la cabeza, mirándolo con confusión. .D ¿No? .P Lo dijo con vacilación en la voz, a modo interrogante. Los Xalyas adultos resoplaron, Miflin le dio un coscorrón amistoso a Yuk y Dashvara meneó la cabeza, inquieto. ¿Hasta qué punto los Esimeos habían logrado adoctrinar a los niños xalyas? Según le acababan de contar, durante aquellos tres años todos los que trabajaban en la ciudad misma habían tenido que asistir a al menos una oración diaria en honor a Skâra so pena de castigo. Y estaba claro que, para Yuk, Skâra no era una divinidad extranjera. Tal vez incluso le fuera ahora más familiar que el concepto del Dahars. Sólo pensar en ello le daba escalofríos. .D Malditos, y tal vez lo estemos —dejó entonces escapar la madre de Miflin con amargura—. ¡Ojalá Vifkan de Xalya siguiera vivo! Su muerte nos quitó la vida a todos. .P Varios aprobaron sombríamente y, sentado junto a su pueblo, Dashvara… calló. Siendo franco, ¿acaso podía pretender reemplazar a su señor padre? No. No tenía el mismo carisma ni la misma experiencia. No era, en verdad, más que un simple soldado algo instruido que había pasado su vida pensando y no mandando, dudando y no decidiendo. Se sabía incapaz de inspirar la misma confianza que el anterior señor de la estepa. Y, sin embargo… Advirtió, al otro lado del círculo, la mirada expectante del capitán y entendió… entendió que, pese a todo, su pueblo deseaba que alguien retomara las riendas. Y el poder de la tradición reclamaba que fuera él. Carraspeó y se levantó. Su movimiento acalló las conversaciones y un silencio ¿respetuoso? ¿evaluador? se instaló entre los Xalyas. Dashvara volvió a aclararse la garganta. Liadirlá, qué mal se le daba esto… Se lanzó al fin: .D Xalyas. Quisiera deciros que… me alegro de veros al fin a todos y… Veréis, no os voy a engañar: sé que me falta experiencia en esto. No soy como mi señor padre y, ciertamente, tampoco tengo intenciones de serlo. Sea como sea, creedme que, como Xalya, ansío más que cualquier otra cosa el bien de nuestro pueblo. Por eso, os pido… sólo os pido que confiéis en mis decisiones y en las del capitán. Nuestro objetivo no es mandaros a la muerte sino a la vida. .P Hubo un silencio y Dashvara se retuvo de rebullirse. .Bpenso Ya está, Dash, te has precipitado exigiéndoles su confianza cuando apenas acabas de reencontrarte con ellos. El líder perfecto. Se nota que eres hijo de tu padre… .Epenso .P Entonces, Tinan intervino con voz firme y fervorosa: .D Aunque fuera a la muerte, yo te seguiría, mi señor. En Aralika, lo perdimos todo. Hasta nuestra dignidad. La muerte no me asusta. Sólo quiero venganza. .P Aquello generó de inmediato una oleada vehemente de apoyo y confianza. Con cierta incomodidad, Dashvara se preguntó hacia quién iba dirigido ese apoyo, si hacia él o hacia Tinan. .P .Bpenso Venganza .Epenso , se repitió con un escalofrío. .P La sola palabra rezumaba todo el sufrimiento por las vejaciones padecidas durante esos tres años. Rezumaba esperanza. .P .Bpenso Y sangre, Dash. Tu pueblo está sediento de sangre. .Epenso .P Y bueno, siendo realistas, ¿acaso él no lo estaba? Vaciló y se dijo: no. Sí, deseaba quedarse en la estepa, deseaba acabar con el reino esimeo y con Todakwa. Deseaba justicia. Pero por nada del mundo estaba dispuesto a mandar a la muerte a su pueblo por ella. .P Sin embargo, no era aquel el momento adecuado para tratar de calmar los ánimos. Ya estaba bien que estuvieran caldeados: hubiera sido peor que estuvieran alicaídos y desesperanzados. Así que tan sólo replicó en voz alta: .D El Ave Eterna vuelve a volar para todos nosotros y, con vuestra ayuda, haré todo lo que pueda por que no caiga otra vez. —Como veía a muchos asentir, concluyó—: Y ahora descansad y manteneos listos para partir. Repartiremos las armas según se ha planeado. No las mostréis y, por el Ave Eterna, que nadie use la suya sin permiso expreso. Hacerlo podría mandarnos a todos a la tumba. .P Paseó una mirada por las caras apenas iluminadas por la luz de las antorchas. Todos parecían tan jóvenes… Incluso lo eran la mayor parte de las mujeres a las que los Esimeos habían perdonado la vida. Muy pocas, entre ellas, sabían manejar un sable y, sin embargo, Dashvara no vio ni un rostro que expresara temor: tras tres años de esclavitud, ardían de ganas de arrojarse hacia cualquier camino que las llevara hacia la libertad. .P Inclinó la cabeza y, en vez de volver a sentarse, salió del círculo mientras este, a su vez, se desparramaba. Pronto se le unió Makarva soltando: .D No se te da tan mal como crees, Dash. .P Este puso los ojos en blanco. Su amigo siempre había tenido esa asombrosa capacidad para adivinar el estado de ánimo de sus hermanos, y el suyo más que el de ningún otro. .D Si tú lo dices —replicó Dashvara, rascándose el cuello—. Entonces, ¿estás listo para la cabalgata? .D Por supuesto —aseguró Makarva con un leve suspiro. .P El plan era sencillo: aprovecharían la oscuridad de la noche para escabullirse sin olvidar mostrar que estaban armados para que los Esimeos se lo pensaran dos veces antes de atacarlos y prefirieran esperar al alba para hacerlo. Mientras tanto, Makarva y Alta cabalgarían hasta Lamastá pidiendo ver a Zefrek de Shalussi y le ofrecerían el apoyo de los Xalyas a cambio de poder refugiarse detrás de sus líneas. Dashvara estaba seguro de que Zefrek aceptaría. Y, si no lo aceptaba… siempre les quedaba la opción de seguir avanzando rumbo al este, dejando a los Shalussis entre los Esimeos y ellos. Lo que sí sabía con certidumbre era que Zefrek no lucharía contra los Xalyas teniendo a un enemigo más fuerte a sus puertas. .P Apenas hablaron durante las dos horas siguientes. Los vigilantes esimeos pasaban cada vez más a menudo alrededor del campamento xalya. Los Ragaïls se habían instalado frente a la tienda de Kuriag Dikaksunora y, aunque algunos dormían, otros tan sólo fingían hacerlo. .P .Bpenso Todos están esperando. .Epenso .P Tumbado sobre su capa, junto a la litera, Dashvara echó una mirada hacia su saco. Estaba casi vacío. A saber dónde se había metido Tahisrán ahora. Probablemente en la tienda del agoskureño, a conversar con Api: esos dos se llevaban de maravilla. .P Tan sólo se oía el chisporroteo de las antorchas y el viento cuando Atok se deslizó a su lado y murmuró: .D Todo en orden, mi señor. .P Dashvara asintió, dejó de manosear el pomo del sable de Siranaga y, sin vacilar más, se levantó. Los Xalyas siguieron el movimiento y, casi al mismo tiempo, las antorchas que había alrededor del campamento xalya se apagaron. La oscuridad los envolvía casi por completo mientras agarraban sus sacos, sus armas y riendas y tomaban la dirección del este. La alarma se dio enseguida. .P Primero se oyeron gritos en galka y entonces alguien sopló en el cuerno de guerra. Fue un sonido tan estremecedor y tan potente que, por un instante, Dashvara temió que los Esimeos realmente fueran a arriesgarse a combatirlos en plena noche. Tal vez tuvieran magias de luz como las que hacían los Ragaïls. No lo había pensado antes pero de todas formas no les quedaba otra que seguir alejándose, así que bramó a su pueblo: .D ¡No os quedéis atrás! Avanzad. Y en silencio. .P La huida se transformó en una carrera jadeante. Dashvara, subido ahora sobre Amanecer, acechaba los movimientos en el campamento esimeo. Los guerreros habían formado ya una línea defensiva, pero de momento no parecían querer lanzar un ataque. A los Ragaïls, en cambio, no los vio por ningún sitio. El capitán Djamin debía de haberse quedado junto al Legítimo. .P Bajaban la colina y más de uno tropezó, cayó en el barro y tuvo que volver a levantarse. Los más jóvenes tenían por orden mantenerse siempre delante; los Xalyas armados cerraban la marcha, algunos a pie, otros subidos sobre sus monturas. Estas, turbadas por la fuerte alarma, poco acostumbradas a tener que cabalgar de noche, se agitaban y relinchaban por lo bajo, pero nada que un jinete aguerrido no pudiera remediar. Alta y los Honyrs habían hecho un excelente trabajo eligiéndolas. .P Los primeros Xalyas alcanzaban ya la siguiente colina cuando Dashvara vio un caballo atravesar las líneas de las antorchas del campamento y zambullirse en la noche, hacia ellos. Enarcó las cejas. ¿Un mensajero esimeo, tal vez? No tenía pinta, por cómo galopaba… Entonces, cayó en la cuenta y refunfuñó: .D Ese idiota va a conseguir que se le tuerza una pata al caballo. .P Era Api, sin lugar a dudas. Cuando el joven demonio los alcanzó, Alta tuvo que intervenir para cogerle las riendas y tirar sobre ellas hasta que la montura se detuviera. El muchacho dejó escapar alegremente: .D Mawer, no se me da tan mal, ¿habéis visto? .P Alta masculló algo sobre jinetes inconscientes. Acercándose sobre Amanecer, Dashvara le espetó al demonio: .D ¿Se puede saber qué estás haciendo, chaval? .P Sólo faltaba que los Esimeos tomaran la excusa de recuperar al muchacho para abalanzarse sobre ellos. No consiguió ver su rostro, pero adivinó que sonreía cuando contestó: .D Llevo a una sombra a cuestas. Tengo curiosidad: ¿adónde vais? .P Dashvara alzó los ojos al cielo constelado gruñendo: .D Esos son asuntos nuestros. —Echó otra ojeada hacia el campamento esimeo y lanzó—: ¡Alta, Mak! Podéis iros. No parecen ir a atacar y, cuanto antes os marchéis, antes podremos recibir ayuda. .D Si es que la recibimos —masculló Makarva. El plan de marcharse a ver a los Shalussis no le encantaba, a todas luces, pero Dashvara sabía que, de entre todos, Alta y él eran los que mejor harían de diplomáticos. Al menos, al contrario que otros, eran capaces de controlar sus impulsos. .P Ambos Xalyas saludaron y, mientras se alejaban al trote en la noche, Api soltó: .D Recibir ayuda, ¿eh? Así que los Honyrs están cerca. .P Dashvara resopló. .D Yo que tú volvería al campamento, Api. Esto no es un juego. Si los Esimeos te pillan en medio, son capaces de confundirte con un Xalya y arrancarte la cabeza. .D Qué emocionante —retrucó Api con evidente burla—. Si me lo permites, gran señor inmortal, me quedaré a tu lado y velaré por tu sombra. ¿Qué me dices? .P Dashvara volvió a resoplar. .D Que es ridículo. Tahisrán sabe cuidar de sí mismo. Repito: por tu bien, vuelve al campamento —le gruñó. .P Taloneó a Amanecer y comenzó a bajar la siguiente colina. Al de un rato, se giró y creyó adivinar la silueta de Api siguiendo la tropa. Reprimió una imprecación que convirtió en un brusco suspiro. Malditos demonios. .P Durante la hora siguiente, el avance cobró un ritmo más regular. Nadie, ni incluso los niños más jóvenes, emitía queja alguna. Caminaban en silencio subiendo y bajando las colinas desérticas de las antiguas tierras de Lifdor, apenas iluminados por las estrellas. .P Los jinetes xalyas seguían el avance de lejos, formando un vasto círculo alrededor para asegurarse de que ningún destacamento esimeo los tomara por sorpresa. No hubiera sido tan remoto que los Esimeos hubiesen mandado a su caballería a rodearlos. Sin embargo, pasaba el tiempo y nadie dio alarma alguna. Tampoco era sorprendente. Al fin y al cabo, Todakwa como mucho podía ofrecerse a recuperar los esclavos perdidos, pero no se atrevería a masacrarlos. No sin previa autorización de Kuriag. Y Dashvara sabía de sobra que el Legítimo jamás daría semejante autorización. .P Pese a todo, Todakwa también podía tomar medidas a espaldas de Kuriag. Era un Esimeo. Era una serpiente traicionera. Y Dashvara desconfiaba. Por eso, aunque aliarse a los Shalussis significaba comprometerse en un bando, seguía pensando que era más seguro que atravesar media estepa con doscientas personas sin víveres suficientes y sin caballos… Los Esimeos tan sólo habrían tenido que esperar a verlos debilitados, mostrarse y sacrificarlos a su condenado dios sin que el buen amo titiaka se enterara de nada. .P Avanzaron hacia el este, con el objetivo de burlar la vigilancia de los Esimeos y hacerles creer que se dirigían hacia Xalya. Sin embargo, al de un rato, el capitán ordenó un cambio de rumbo hacia el sur. Ahora, Dashvara caminaba junto a su pueblo estirando las riendas de Amanecer. El brazo derecho le ardía. Las pomadas de Tsu no adormecían ya casi el dolor y tan sólo la oscuridad lograba disimular sus muecas tensas. .D Mi señor —soltó una voz a su izquierda. Dashvara giró la cabeza—. ¿Puedo preguntar por qué nos dirigimos hacia el sur? .P Era el joven Tinan. Dashvara carraspeó en silencio. .D Puedes. Nos dirigimos hacia el sur porque ahí se encuentra un aliado. .P Hubo un silencio. .D ¿Un… aliado? —vaciló Tinan. .D Ajá, un aliado —afirmó Dashvara con desenfado—. Zefrek de Shalussi, hijo de Nanda de Shalussi. .P Su respuesta generó resoplidos y murmullos. Ya conocían la historia del asesinato de Nanda, así como el reencuentro con Zefrek en la isla de Matswad… pero hasta ahora ignoraban que el capitán y él los guiaban hacia Lamastá. Más de uno debió de pensar: ahora entiendo adónde se han ido Alta y Makarva. Y otros debieron de pensar: ahora entiendo por qué ha dicho nuestro nuevo señor que no es como Vifkan de Xalya. Tinan inspiró ruidosamente. .D Un Shalussi —escupió con voz temblorosa—. Los Shalussis también nos mataron en Xalya. ¡Te arrojaron piedras en Aralika! Son salvajes. Son enemigos. .P Dashvara tuvo la impresión de escucharse a él mismo unos años atrás. Liadirlá, qué ingenuas le parecían ahora esas palabras. Fuera como fuera, la protesta vivaz del joven Xalya no fue muy de su gusto. Replicó: .D .Sm Fueron enemigos. Los tiempos cambian, Tinan. Ellos también fueron esclavizados. Tú mismo debiste convivir con ellos, supongo. Y viste… no son demonios. .P Se oyó un resoplido divertido: algo más lejos, Api masculló algo en voz baja, tal vez para Tahisrán. Con voz ahogada, Tinan protestó: .D Pero… perdón, mi señor, pero ¿por qué no vamos hacia el norte, hacia el pueblo de los Ladrones de la Estepa? El capitán dijo que nos ayudarían. .P Dashvara suspiró ruidosamente. .D Y nos ayudarán. Pero de momento están demasiado lejos para que lleguemos ahí dada nuestra situación, sîzan. Los Shalussis son nuestra mejor opción. El capitán también lo piensa, no son delirios míos, tranquilo. .P No pudo evitar dejar traspasar una punta de exasperación en su voz. Le molestaba que Tinan intentara poner en tela de juicio sus decisiones, no tanto porque le quitaba legitimidad entre su gente sino porque no hacía más que añadir dudas a la montaña de dudas que tenía ya metidas en la cabeza. Como adivinando que su intervención no era muy bienvenida, Tinan se aclaró la garganta. .D De acuerdo, mi señor. Sólo trataba de entender. .P Dashvara hizo una mueca en la oscuridad, a la vez molesto y burlón. ¿Había dicho «de acuerdo»? ¿En serio? No recordaba que nunca un oficial de su señor padre le hubiera dicho a este «de acuerdo», como si hubiera podido no estar de acuerdo. .P .Bpenso Mil demonios, Dash, te fijas en cada detalle más ridículo… Tú que no querías ser señor, ¿ahora te vas a ofender porque te traten más como a un hermano que como a un señor de la estepa? Liadirlá, deja de intentar imitar a Vifkan, baja de tu pedestal y alégrate ya de que el joven Xalya esté dispuesto a considerar a un Shalussi como a un aliado… Eso es ya todo un logro. .Epenso .P Meneó la cabeza y respondió al fin: .D Lo sé, sîzan. Y yo os lo habría explicado mejor… de no ser porque teníamos a los Esimeos espiándonos. Tranquilo. Todo saldrá bien. .P La conversación se quedó ahí. Aún se oían murmullos entre los Xalyas, pero ninguno puso más objeciones. Casi era sorprendente. ¿Sería porque estaban demasiado cansados? ¿O que los Shalussis, finalmente, no les inspiraban tanto odio ciego? A menos que fuera porque estaban acostumbrados a ser mandados y deseaban confiar en él y en el capitán. Una mezcla de todo eso, quizá. .P Siguieron avanzando durante horas bajo el cielo estrellado. Rodearon una granja y un terreno lleno de arbustos, pero aparte de eso el camino que tomaban era sencillo: sólo había que seguir todo recto, a veces por extensiones llanas, otras veces por pequeñas colinas de suelo más o menos regular. En aquel ancho e inmenso campo, tan sólo se oían los susurros del viento y los pasos sigilosos de doscientos Xalyas. .P Estaban cruzando una gran llanura y los centinelas se habían acercado, no viendo peligro alguno, cuando avistaron de pronto una luz en la oscuridad. Dashvara no fue de los primeros en verla, pues, apeado, con el brazo que le dolía cada vez más con tanto movimiento y aún algo debilitado, no andaba ni muy fino ni muy al tanto de lo que pasaba a su alrededor. Empezaba a marearse y todo. Si tan sólo esa asesina hubiera tenido mala puntería y le hubiese clavado la flecha a Todakwa… .P Alzó la cabeza cuando oyó la voz del capitán tonar: .D ¡Alto! .P Dashvara frunció el ceño, se detuvo con el resto y sintió sus piernas flaquear. Inspiró, apretó los dientes y, como Amanecer llevaba a dos niños medio dormidos y no se atrevía total a subirse sin ayuda, dejó las riendas en una mano al azar y se acercó a pie a la cabeza de fila a ver qué pasaba. .P Fue entonces cuando vio la luz, en la lejanía. Hacia el sureste, determinó, tras echar una ojeada a las constelaciones. En realidad, había varias luces. .D … granja —decía la voz de Lumon, desde lo alto de su montura—. Hay demasiadas luces. .D Diablos, ¡y se acercan! —siseó Pik. .P Hubo un silencio en que los Xalyas observaron las luces y entonces Lumon preguntó: .D ¿Cómo sabes que se acercan? No lo veo tan claro —admitió. .D Es que es de noche —bromeó Miflin—. Si tú no ves, Arquero, menos vamos a ver nosotros. .D A mí también me parece que se acercan —intervino Kodarah. .P Hubo unos murmullos, unos aprobando, otros negando. Dashvara se golpeó sin querer contra el costado de un caballo y jadeó de dolor. Liadirlá… El Poeta lanzó: .D ¿Dash? ¿Estás por aquí? No veo ni un cascajo… .D Aquí, abajo —se localizó Dashvara, espirando y maldiciendo su brazo—. Yo tampoco veo gran cosa y menos desde abajo. Tal vez sea una buena idea que alguno se acerque a las colinas, a ver si consigue ver algo más desde ahí… ¿Lumon? .P El Arquero respondió enseguida: .D Voy. .P Arreó el caballo y se alejó en la oscuridad. Esperaron con impaciencia y agotamiento. .P .Bpenso Si son los Esimeos, la hemos liado. Si son los Shalussis… tal vez no tanto. .Epenso .P Dashvara trató de no dejar rienda suelta ni a su esperanza ni a sus enormes dudas. Entonces, el capitán rompió el silencio diciendo: .D Se acercan. Y rápido. .P Dashvara asintió. Esa era la impresión que daba. El problema era que no les daba tiempo a llegar a las colinas corriendo. Así que bramó órdenes de crear una línea con los que llevaban lanza o sable y los niños y los desarmados se colocaron detrás. El tiempo que regresara Lumon, las luces lejanas se habían convertido en antorchas y un trueno de cascos se dirigía directamente hacia ellos. .D ¡Son unos cuarenta! —informó el Arquero, deteniendo su montura. .P Más de uno resopló y se elevaron voces ahogadas entre los Xalyas. Cuarenta, ha dicho cuarenta, repetían. Cuarenta jinetes. Dashvara sentía la inquietud de su pueblo aumentar de segundo en segundo. Y es que ellos eran unos ochenta armados, pero la mayoría no había combatido en la vida. .P Esperaron con el corazón encogido; entonces, en medio de un mar de tensión, Sashava el Cascarrabias declaró: .D Empieza a clarear. .P Era cierto. El cielo, hacia el este, ya no estaba tan oscuro como hacía un momento. Y eso les permitió ver las túnicas claras y los cascos de cuero de los jinetes que se acercaban. No llevaban uniformes esimeos. Dashvara sonrió de puro alivio y el capitán murmuró: .D Shalussis. .P Dashvara asintió. Lo eran. Y lo mejor de todo era que llevaban a modo de estandarte una bandera negra. No blanca: negra. El color de la paz. .Ch "Rebeldes" .\" 26/04/2018 Apenas intercambiaron palabras con los jinetes shalussis: uno de ellos los informó de que estaban patrullando la zona y de que habían recibido órdenes de escoltarlos hasta Lamastá. Makarva iba con ellos y añadió detalles. Al parecer, Alta se había quedado a organizar la llegada de los Xalyas después de que Zefrek prometiera que estos serían bien acogidos. Orafe no pudo evitar comentar en voz alta: .D Pues que sepa ese Shalussi que, como nos tienda una trampa, le arrancaré los ojos, la lengua y la cabeza. En ese orden. .D ¡Y yo, por el Liadirlá! —apoyó Maef. .P Ambos se atrajeron la mirada fulminante del capitán, la mueca tensa de Dashvara y la expresión ofendida de los salvajes… Percatándose de que había abierto demasiado la boca, Orafe se rebulló, carraspeó y desvió los ojos, cruzándose de brazos nerviosamente. Maef, él, se quedó tan pancho: al fin y al cabo, debía de pensar, sólo había hablado su corazón. Dashvara suspiró. .P .Bpenso Y ahí va la diplomacia de los Xalyas en todo su esplendor… .Epenso .P Estaban agotados pero, como dormir entre dos ejércitos no llamaba especialmente a nadie, continuaron la marcha escoltados por la patrulla shalussi. Llegaron a Lamastá hacia la media tarde, reventados y con una única idea en mente: caer dormidos y no abrir los ojos hasta la mañana siguiente. Y fue lo que hicieron todos. Dashvara el primero. ¿Desde cuándo un Xalya era capaz de cerrar los ojos y dormir con un Shalussi armado a escasos pasos de él? Bueno… a veces la fatiga adormecía las enemistades más ancestrales. Así que, tras instalarse medio despiertos en un refugio con un techo más o menos impermeable, los Xalyas dejaron que los salvajes velaran sobre ellos y sus caballos. .P Dashvara despertó oyendo arrullos de pájaros. Abrió los ojos y se encontró cara a cara con una paloma. Esta estaba metida en una pequeña jaula circular. Un niño tal vez de la edad de Shivara, acuclillado junto a esta, le estaba intentando acariciar el plumaje al ave pasando un dedo entre los barrotes con cara muy atenta. El resto de los Xalyas, en su mayoría, estaba ya despierto. .P .Bpenso Y el señor de la estepa mientras tanto durmiendo como un bodún perezoso. .Epenso .P Dashvara se frotó los ojos, echó un vistazo a su brazo y constató que Tsu le había cambiado el vendaje mientras dormía. Tan profundo estaba que ni se habría enterado si un caballo esimeo hubiese venido a patearlo. .P Se enderezó sobre la tierra batida del refugio, barrió el lugar con los ojos y se fijó en que un grupo de niños xalyas instalado cerca le echaba miradas curiosas. No a él, se percató: a su brazo remangado. A las tres marcas que llevaba. Les puso cara cómica y, con un ademán hacia las marcas, soltó con desenfado: .D Bonitos tatuajes, ¿verdad? Buenos días, muchachos. .P Estos le contestaron con cierta timidez, como si no se atreviesen a hablarle. Dashvara puso los ojos en blanco y, tras echar un vistazo y asegurarse de que todo parecía estar relativamente tranquilo por el pueblo, se fijó en el plato de ogrollas, hizo una mueca y lanzó: .D Si alguien consigue encontrarme algo decente para desayunar os cuento una historia que sólo los descendientes del Ave Eterna recuerdan ya. .P Para alegría suya, enseguida se animaron a encontrarle algo que comer además de las ogrollas y, tras instalarse ante esa tropa de niños, comenzó a narrar la historia sobre el lobo buscado por sus hermanos, esa misma que había contado a Atasiag en Titiaka aquel otoño, sólo que esta vez la contó con más efecto teatral, añadiendo diálogos y onomatopeyas. Logró arrancar risas y expresiones embelesadas y boquiabiertas, incluso a los de más edad, quienes ya debían de haber oído aquel cuento más de una vez. Terminó así: .D Entonces el lobo solitario pensó: Liadirlá, ¡afortunado de mí que vuelven a encontrarme! Y, por primera vez desde hace años, aulló con sus hermanos: ¡AAAUUUU! —Alzó un índice como los niños se carcajeaban ante la demostración—. Eso significa en la lengua de los lobos: ¡viva la manada! Y dijo aún más: ¡AAUUUUUUUU! Que significa, eso ya lo sabéis: dignidad, confianza y… .D ¡Fraternidad! —exclamaron varios, contentos de saberse el final. .P Dashvara sonrió. .D Vosotros también sois unos lobos xalyas —concluyó—. ¿Os ha gustado la historia? .P Sí, les había gustado, y lo demostraron con grandes sonrisas y un barullo escandaloso entremezclado con aullidos más o menos conseguidos. Makarva llegó a su lado con una expresión entre burlona y divertida. .D Ya van apuntando maneras de Xalya —comentó señalando a los niños ruidosos con la barbilla y retomó con voz más baja pero no menos tranquila—: Por cierto, Dash. No es por nada, pero tenemos a un ejército a nuestras puertas. Hay reunión de jefes. .P Dashvara hizo una mueca y asintió. .D Voy. .P Makarva le ayudó a atarse el cinturón con los sables, se puso la capa azul de los Dikaksunora, revolvió el cabello del niño de la paloma, que se le había puesto en medio, saludó a su joven compañía y a los demás Xalyas que se habían quedado en el refugio y salió de este con su viejo amigo. .P Hacía buen día, algo ventoso y nublado, pero pocos días no lo eran en la estepa. Dashvara paseó una mirada atenta por el poblado mientras seguía a Makarva cuesta arriba. Después de haber visto Aralika, Lamastá parecía poca cosa en comparación; las calles eran imprecisas, los rebaños se paseaban libremente y el único edificio mayor era el templo esimeo en construcción. Sin embargo, durante la revuelta este había sufrido numerosos daños y Zefrek había decidido refugiarse al pie de la colina, en una pequeña casa de piedra rodeada de guerreros shalussis. Estos los miraron con reserva cuando se acercaron. Con voz tranquila, Dashvara se presentó: .D Dashvara de Xalya. Zefrek… .D Entrad —lo cortó uno de los Shalussis. .P Se hizo a un lado sin abandonar su expresión altiva y Dashvara reprimió una mueca antes de avanzar junto con Makarva hacia la puerta abierta. Sin grandes sorpresas, constató que el capitán y Sashava ya estaban ahí, conversando con Zefrek y otros Shalussis. Cuando vio el rostro de Yodara en medio de todas esas caras severas, no pudo evitar sonreír. Así que el oficial había salido vivo de la revuelta. Su sonrisa se congeló y transformó en un rostro impasible cuando sus ojos se posaron en una figura sentada ante la gran mesa. Apenas lo había visto tres años atrás, pero lo hubiera reconocido en cualquier sitio. Lifdor. Sus labios formaron el nombre en un siseo mudo. Lifdor de Shalussi había sobrevivido. .P .Bpenso Lifdor, Qwadris y Nanda, del clan de los Shalussis. Shiltapi, del clan de los Akinoa. Todakwa, del clan de los Esimeos. .Epenso .P Las palabras resonaron en su mente con la voz profunda y severa de su padre. .P .Bpenso Lifdor de Shalussi. Asesino, ladrón, asesino… .Epenso .P Aún recordaba su rostro sonriente y fiero cuando había encadenado a su pueblo y robado sus caballos. Aún recordaba con nitidez su grito de guerra salvaje y la patada victoriosa que le había dado a un oficial xalya muerto en pleno campo de batalla… La mano vigorosa del capitán sobre su hombro izquierdo lo espabiló. Sólo entonces se fijó en que su mano izquierda había agarrado el pomo de su sable y comenzaba a sacarlo… .D Dashvara —lo urgió Zorvun con voz tensa y baja—. Vuelve al mundo real, ¿quieres? .P Con cierto esfuerzo, Dashvara desvió al fin la mirada de la expresión burlona de Lifdor y se cruzó con los ojos oscuros del capitán. Se maldijo interiormente por haberse dejado llevar por sus impulsos de esa manera tan poco racional. .P .Bpenso ¿Y les llamas salvajes a ellos, Dash? .Epenso se espetó con ironía. .P Envainó del todo el sable y percibió el carraspeo de Zefrek. El joven jefe Shalussi se adelantó. .D Bienvenido a Lamastá, Dashvara de Xalya. Es un placer acoger a tu pueblo entre mis filas. .P Tendió la mano. Oh, diablos, maldita sea la manía de estrecharse las manos… Dashvara movió la suya y se la estrechó. Zefrek se la sacudió con vigor, probablemente sin malas intenciones, pero a Dashvara le saltaron las lágrimas a los ojos por el dolor, jadeó y el Shalussi lo soltó con cara de disculpa. .D Vaya, lo siento, había olvidado que… .D Estoy bien —aseguró Dashvara resoplando—. Estoy bien —repitió. .Bpenso Liadirlá, menuda imagen de señor de la estepa les estás dando a tus anfitriones… .Epenso Inspiró y agregó—: Gracias por acoger a mi pueblo, Zefrek. Veo que has estado eficaz desde la última vez que nos vimos. Er… Bueno. ¿Cómo va el asunto con los Esimeos? .P Zefrek se encogió de hombros. .D Confiamos en que los echaremos para atrás. .P Dashvara asintió y dedicó los siguientes momentos a escuchar a los guerreros shalussis, no sin fijarse en que los Xalyas eran relegados a ser más espectadores que actores de todo aquel jaleo… .P .Bpenso Espectadores, pero luego bien que tendremos que sacar los sables para ayudarlos. Bueno, salvo yo, que me contentaré con hacerle caso a Tsu y comer ogrollas. .Epenso .P No dejó de notar cómo la nueva posición y poder de Zefrek había producido en este un cambio radical. Menos receloso, más confiado, el hijo de Nanda dirigía su pequeña tropa de rebeldes con aires de saber de qué estaba hablando, como si no hubiera pasado los tres últimos años ganándose el pan como un miserable pirata de tres al cuarto. A su lado, Lifdor trataba visiblemente de hacer de guía experimentado y Zefrek acogía sus consejos con respeto pero considerándolos como eso, consejos, y no órdenes. El guerrero veterano parecía tomarse su posición inferior con paciencia, seguramente porque quien había traído las armas y había dirigido hasta ahora la revuelta había sido Zefrek y no él. Pese a las ganas de quitárselo de la vista, Dashvara tenía que reconocer que probablemente Lifdor no tuviese el mismo espíritu envenenado que Todakwa: era un Shalussi y, al igual que los Xalyas, sin duda debía de tener sentido del honor. Era, en definitiva, un maldito salvaje capaz de matar por oro pero al que nunca se le habría ocurrido esclavizar toda la estepa y mucho menos comerciar con extranjeros tan lejanos. .P Mientras los cinco Xalyas asistían silenciosamente al plan de defensa, vinieron regularmente mensajeros a informar del avance del ejército esimeo. Por lo visto, este no se había dado mucha prisa en avanzar, probablemente porque esperaba refuerzos y porque no quería provocar inútilmente a los Shalussis sabiendo que estos tenían prisioneros a unos cuantos de los suyos, incluido a Ashiwa de Esimea, hermano de Todakwa. Lifdor consideraba muy posible que un destacamento tratase de cruzar el río para cercar el pueblo y cortar toda posible huida. Dashvara estaba de acuerdo en que cercarían el pueblo, pero dudaba de que fuera porque temieran una huida; más bien debían de temer que los rebeldes recibieran más ayuda de Dazbon por el sur. Sin embargo, durante toda la conversación, ningún Shalussi mencionó a los dazbonienses. Finalmente, quién sabe, tal vez estos no supieran aún si intervenir en las relaciones entre Esimea y Diumcili y se habían contentado con armar jaleo. Más jaleo. Como si no hubiera ya bastante. No era de extrañar que los Antiguos Reyes hubieran llamado aquella tierra la Roca de los Infiernos. Y, sin embargo, no era como si vivieran ahí mil tribus: ahora eran básicamente sólo cuatro grandes clanes, más los Honyrs… Sólo pensar en que iban a volver a desgarrarse unos a otros puso a Dashvara profundamente sombrío. A saber por qué el destino se ensañaba con sus vidas. .P Un cambio de tono en la voz de Zefrek le hizo girar la cabeza de nuevo hacia él. .D … armas suficientes —decía—, teniendo en cuenta que tenemos a más hombres duchos en el arte de la guerra que no poseen armas adecuadas. Como he podido comprobar, hay personas en vuestro pueblo armadas y que no han sido casi entrenadas. Me preguntaba si aceptaríais cedernos esas armas temporalmente. Se trata de defender Lamastá lo mejor que podamos. .P Aquello le sentó a Dashvara como una patada. ¿Que cediera armas a los Shalussis? ¿Pero Zefrek se lo pedía en serio? Con brusquedad, se obligó a reprimir cualquier respuesta impulsiva y razonó. Técnicamente, Zefrek tenía razón: era mejor que esas armas estuvieran en manos de expertos que de unos adolescentes aterrados, aunque la idea de cederlas no dejaba de parecerle arriesgada y desmoralizadora. Echó una ojeada hacia Zorvun y Sashava. Mientras que este último fulminaba a Zefrek con los ojos, a punto de estallar, el capitán asintió ligeramente. Dashvara suspiró para sus adentros y, bajo la mirada atenta de la decena de guerreros shalussis, se cruzó de brazos asintiendo con calma y lanzó: .D Tendréis las armas. .P Zefrek sonrió. .D Gracias. .P En su leve sonrisa, Dashvara creyó leer un: ¿ves, señor de los Xalyas?, tu pueblo apenas tiene guerreros que valgan y ni siquiera tú estás en condición de combatir: te guste o no, ahora soy yo el que manda. .Bpenso Pues claro, y los ilawatelkos vuelan. .Epenso Dashvara hizo una leve mueca sardónica y retrucó: .D De nada. Son armas de los Antiguos Reyes. Confío en que los que las usen derramarán sangre asesina y salvarán vidas inocentes. .P Sus palabras fueron acogidas por expresiones impasibles. Tal vez alguno vio en ellas algún reproche. Sin embargo, en ese instante, Dashvara no pensaba tanto en las acciones pasadas de los Shalussis como en que esas armas, con lo viejas que eran, sin duda también debían de haber defendido asesinos y derramado la sangre de inocentes. Un sable no tenía más amo que el que lo empuñaba. .P No tardaron en poner fin a la reunión y, cuando el capitán salió de la casa con prisas, Dashvara, Yodara, Sashava y Makarva lo siguieron. No olvidaron ralentizar el ritmo para no dejar atrás al Cascarrabias. .D Esto es el colmo —mascullaba este avanzando con sus muletas—. En cuanto repelan a los Esimeos, se nos tirarán encima y no tendremos con qué defendernos. .D Antes deben repeler a los Esimeos —replicó el capitán sin detenerse—. Esos diablos traerán refuerzos de Ergaika y más caballería de Aralika. Pongamos unos setecientos en total. El ejército de Zefrek apenas tiene doscientos. Y por muy hábiles que sean combatiendo, les falta organización. De todas formas, dudo de que Zefrek se nos tire encima, amigo mío. Yo que él, antes me preocuparía de mi propia gente. Un jinete ha de controlar su caballo antes de poder dirigirlo. .P De vuelta al refugio, el capitán se ocupó de recolectar las armas y Dashvara tomó a Makarva aparte, arrancándole a este una mueca intrigada. .D ¿Qué pasa, Dash? .P Este vaciló porque sabía que su idea no iba a ser muy bien acogida. Echó un vistazo a las nubes, al camino polvoriento, a los rostros xalyas que escuchaban atentamente las órdenes del capitán, y al fin se lanzó: .D Mira, Mak… Me gustaría que alguien saliera de aquí rumbo al norte a avisar a mi naâsga de nuestra posición. .P Su amigo enseguida puso cara sombría. .D ¿No me lo estarás pidiendo a mí? —Soltó un resoplido descontento—. Dash, sólo somos veinte guerreros, los Esimeos van a atacarnos ¿y quieres que os deje atrás? Podrías mandar a cualquier otro… .D Bueno, vale, ¿y a quién? —replicó Dashvara con calma. .P Makarva frunció el ceño y se encogió de hombros. .D Yo qué sé, a cualquiera. A Atok. Él nunca se queja. .P Al contrario que otros, completó Dashvara. Le dedicó una sonrisa burlona a su amigo y asintió. .D Está bien. Voy a… .D Yo puedo ir —intervino de pronto una voz, interrumpiéndolo. .P Sorprendido, Dashvara se giró y puso los ojos en blanco al ver que el joven Tinan había estado escuchando la conversación. El adolescente agregó con seriedad: .D Tengo el brazo amputado de todas formas, no podré jamás ser un guerrero de verdad… Pero soy un buen jinete. Y quiero ayudar. .P Su expresión llena de esperanza y deseo de mostrarse útil le arrancó a Dashvara una oleada de afecto. Vaciló un momento, porque la idea de mandar a Tinan solo por la estepa lo inquietaba… .D Te acompaño, amigo —dijo entonces la voz alegre de Api. El joven demonio había surgido por una ventana. Pasó adentro del refugio con un salto de acróbata agregando—: La perspectiva de quedarme atrapado en este pueblo no me llama nada. Y yo también soy un buen jinete —bromeó. Giró unos ojos grises chispeantes hacia Dashvara—. ¿Tenemos que transmitir algún mensaje especial? .P Dashvara examinó su rostro animado y meneó la cabeza. Y dale con el demonio… .D Está bien —aceptó—. Iréis los dos. Contadle a Yira todo lo ocurrido y decidle que estamos todos bien, que los Shalussis son nuestros aliados y que los Esimeos tardarán probablemente un rato en decidirse a hacer algo porque los Shalussis tienen prisionero al hermano de Todakwa. .P Tinan asintió con los ojos brillantes. .D Transmitiré el mensaje, mi señor. Gracias por confiar en mí. .P Dashvara esbozó una sonrisa y le dio una palmada en el hombro. .D Gracias a ti, sîzan. Más te vale tener cuidado. —Se apartó agregando—: Rodead la zona cuanto podáis por el este y luego cabalgad hacia el norte. Si no encontráis a los Honyrs, cabe esperar que ellos os encuentren a vosotros. Suerte. .D ¡Suerte a vosotros también! —sonrió Api—. Me temo que la necesitaréis más que nosotros. ¡Arreando, compañero! —le dijo a Tinan. .P Tras recoger algunos víveres, los dos adolescentes no tardaron en subirse a unas monturas, aunque no fue hasta que Zefrek diera su autorización cuando los guerreros shalussis los dejaron al fin salir de Lamastá. Subido a la colina del templo, Dashvara observó a los dos jinetes galopar hacia el este hasta que estos se convirtieran en meros puntos negros. Entonces, se giró hacia el norte, hacia donde miraban ya la mayoría de los Xalyas que habían subido ahí a ver. A ver el enjambre oscuro formado por los centenares de esimeos que acababan de instalarse en una altura, a unas cinco millas de Lamastá. .P Dashvara sintió una inquietante familiaridad con todo aquello. Los Esimeos, el cerco inminente, la espera… ¡todo era tan semejante a lo que había vivido tres años atrás! Sin embargo, al contrario que entonces, no tenían torreón, pero tenían aliados. Eran todos esclavos rebeldes, poco importaba que fueran descendientes de los Antiguos Reyes o de las tribus salvajes. Todos buscaban lo mismo: su libertad. .P .Bpenso Y la encontraremos, de una manera u otra .Epenso , se prometió Dashvara con fervor. .P Desviándose del enemigo, sus ojos se perdieron hacia el noreste, hacia la vasta estepa sencilla, viva y pacífica que los Ladrones de la Estepa —y los Xalyas— amaban como a una madre. .D .Sm -t erare Mâ Sêt —murmuró en oy'vat para sí llamando a la estepa y susurró aún más bajo como una plegaria—: Haz que tu tierra se vuelva barro y agujas bajo los pies de tus asesinos. .Ch "El poder de Skâra" .\" 01/05/2018 Ni se formaron agujas bajo los pies de los Esimeos ni llovió una gota de agua durante los tres días siguientes. El tiempo era clemente y el ejército esimeo aguardaba con paciencia a que los rebeldes se rindieran. Todakwa había advertido de que, si Ashiwa padecía maltratos, sufrirían la cólera de Skâra doblemente y que el castigo máximo sólo se aplicaría a los líderes de la revuelta mientras los Shalussis se rindieran a tiempo. Pese a la aplastante superioridad esimea, su insidiosa respuesta no había hecho más que avivar la rabia de los Shalussis. .P En medio de la tempestad, el capitán y Dashvara habían dado órdenes de minimizar el contacto con los Shalussis para evitar tensiones. Así, los Xalyas trataban de no involucrarse demasiado, ayudaban en las tareas diarias, recogían agua del río, alimentaban y ordeñaban el ganado y, en fin, hacían básicamente lo mismo que en Aralika, sólo que ahora trabajaban para unos salvajes y no para los adoradores de la Muerte… Aunque la mejora era mínima, era alentadora. Como decían los sabios estepeños, cuando se está en el fondo de un pozo, no se puede bajar más. .P Un creciente trueno de cascos hizo desviar la mirada a Dashvara de las lejanas tiendas esimeas. Acababa de regresar una patrulla shalussi del este y, desde la colina del templo en ruinas, pudo ver al jinete en cabeza de fila apearse con rapidez de su montura y entrar en el cuartel general de Zefrek. .P .Bpenso Noticias y más noticias, y a los Xalyas no nos informan de nada .Epenso , refunfuñó Dashvara para sus adentros. .P Por suerte, tenía a Tahisrán. De no ser por él, no se habría enterado ni de la mitad de lo que pasaba en Lamastá y menos de lo que se tramaba detrás de las líneas esimeas. La sombra era capaz de deslizarse un poco por todas partes, aunque aún nunca se había atrevido a acercarse a las tiendas de los sacerdotes de la muerte cuando estos estaban despiertos, de ahí que no pudiera decir gran cosa sobre las intenciones del jefe esimeo. Cuando, la víspera, Miflin sugirió que le clavara un puñal a Todakwa mientras dormía, Tah se había horrorizado y, aunque el Poeta aseguró a todo el mundo que sólo había estado bromeando, la sombra se había quedado muy meditativa y, al anochecer, se había largado a dar un paseo y no había vuelto a aparecer desde entonces. Raras veces Dashvara había visto a Miflin tan avergonzado. Algunos opinaban que Tah había ido a matar a Todakwa y lo habían pillado, otros que se había marchado para siempre… Conociéndolo, Dashvara más bien apostaba a que se había ido simple y llanamente a dar un largo paseo, tal vez haciendo un rodeo para ver a Kuriag. Según Tah, el joven Dikaksunora, como digno alumno de Maloven, andaba desesperado buscando un remedio pacífico al conflicto. Pues ojalá lo encontrara, pero Dashvara dudaba mucho de que el desprecio ancestral que enfrentaba a todos esos clanes pudiera ser barrido con sentido común. .D ¡Dash! —exclamó de pronto Kodarah—. ¿Has visto eso? .P Siguiendo la mirada del Pelambrudo, Dashvara volvió a interesarse por el campamento esimeo. Algo ahí se estaba moviendo. .P Se acercó al muro de escombros y oteó en lontananza junto con Kodarah y Lumon. Frunció el ceño. Parecía como si… .D Malditos —siseó un Shalussi no muy lejos de donde estaban—. Malditos, malditos, malditos… .P Y tan malditos, aprobó Dashvara sombríamente. Los Esimeos estaban alineando esclavos shalussis ante sus líneas. Los guerreros los adelantaron lo suficiente para mostrarlos bien a los rebeldes. Entonces, se detuvieron y esperaron. Dashvara meneó la cabeza, desconcertado. .D ¿Qué pretenden? ¿Que les entreguemos a Ashiwa a cambio de esos esclavos? .P Lumon guardó la mirada fija en los ocho Shalussis durante unos instantes más antes de afirmar: .D No son esclavos. Son rebeldes. Creo reconocer a uno. Son de la patrulla que defendía la vía del sur. .P Dashvara hizo una mueca y prefirió no preguntarse qué le había sucedido al resto de la patrulla… aunque tampoco albergó gran esperanza para los supervivientes. Como se iban agolpando los espectadores en la colina, los Esimeos determinaron que ya tenían suficiente público y, uno a uno, hicieron arrodillarse a los ocho prisioneros. Un sacerdote-muerto que había llegado entretanto pasó detrás de los prisioneros y, posando la mano sobre cada cabeza, iba clamando palabras que apenas se percibían desde la distancia pero que no sonaban menos terribles. Entonces, inexplicablemente, uno de los prisioneros se derrumbó, agitado de convulsiones y gritando de dolor. Pronto lo siguieron los demás. Al de unos instantes, ninguno de los ocho prisioneros se movía. Los Esimeos regresaron a su campamento dejando ocho cuerpos atrás y un silencio helado. .P ¿Estarían aún vivos? Dos Shalussis fueron a comprobarlo y desde la distancia todos adivinaron la verdad por sus gestos: los prisioneros habían muerto. El sacerdote los había matado con sus cánticos. Skâra, la mismísima Muerte, les había robado la vida a manos de su sirviente. Ante tal demostración de poder, el temor hacia el Dios de la Muerte encogió todos los corazones de Lamastá, incluido el de Dashvara. .D No era más que un burdo espectáculo —escupió este sin embargo en voz alta mientras bajaba la colina del templo rodeado de Xalyas—. Han debido de envenenarlos antes. .P Más de un Xalya asintió pero ninguno pareció creérselo del todo, y menos los muchachos que habían sido esclavos en Aralika: todos ellos se mostraron muy afectados por lo sucedido. Cuando Dashvara pilló a uno de ellos murmurando una plegaria en galka, le echó una mirada incrédula y el chaval se puso rojo como una garfia. .P .Bpenso Liadirlá qué han hecho los Esimeos con nuestro pueblo… .Epenso , se lamentó. .P Al pie de la colina, se estaba formando un numeroso y ruidoso grupo de Shalussis. Sobre el vocerío, uno tonó con gestos bruscos: .D ¡Arrasemos con el templo! ¡Enseñémosles a esas ratas que no nos asusta su Dios! .P Su bramido vengativo fue acompañado de un trueno aprobador y, en unos instantes, sin siquiera ir a consultar a Zefrek o Lifdor, decenas de Shalussis se encaminaban de vuelta colina arriba con herramientas de todo tipo. El resto del día lo dedicaron a destrozar con ánimo el templo de Skâra y a usar los escombros para levantar obstáculos alrededor del pueblo. Al atardecer, enterraron a los ocho Shalussis asesinados arriba de la colina y Zefrek dirigió en persona la ceremonia junto con Lifdor. De lejos, Dashvara y sus hermanos los vieron pasar uno a uno para ofrecer sus respetos a los muertos y regalarles objetos de la vida corriente que habían caracterizado sus vidas de alguna forma u otra. Cuando poco faltaba ya para que se diera por terminado el rito, Dashvara se levantó. .D Dash —carraspeó Makarva—. ¿Adónde vas? .P Dashvara se fijó en las miradas curiosas de los Xalyas y se encogió de hombros. .D A hacer el Xalya —contestó. .P Y se alejó colina arriba. No dio ni unos pasos antes de que una buena decena de Xalyas lo siguiera. Primero, las miradas de los Shalussis que repararon en ellos fueron recelosas, luego curiosas y, cuando Dashvara llegó ante las tumbas, se agachó y posó el Ave Eterna de madera sobre uno de los montículos de tierra, se hicieron vacilantes, sorprendidas pero no hostiles, pues entendían que su gesto no pretendía más que enseñar respeto. Así, tanto Zefrek como Lifdor realizaron movimientos de cabeza en señal de agradecimiento. Dashvara reprimió un resoplido. .P .Bpenso Esto no lo hago para ti, Lifdor .Epenso , masculló para sus adentros. .P Y entonces se preguntó ciertamente por qué rendía así homenaje a unos Shalussis que tal vez hubiesen participado a la caída del torreón xalya. Tal vez por la simple muerte, se dijo. Tal vez porque simplemente morir de esa forma, indefenso, prisionero, ante los ojos impotentes de su propio pueblo, era una de las peores muertes posibles. Y le inspiraba tal rabia contra los Esimeos que aquellos ocho hombres muertos le resultaban en ese instante casi hermanos. Casi. .P Iba a levantarse y dejar a los Shalussis atrás cuando vio a un chicuelo xalya agacharse a su vez junto a él y posar una pluma al lado de su figurina. Se llamaba Jokuey y, según sabía, había sido hijo de una familia de pastores de cabras. Al contrario que otros niños, apenas metía ruido en el refugio, pero en esos cuatro días siempre se había acordado de darle de comer a su preciada paloma enjaulada. Dashvara esbozó una sonrisa y revolvió el cabello grasiento del niño antes de levantarlo con el brazo sano loándolo: .D Tu Ave Eterna ya empieza a entender el Dahars de tu pueblo, pequeño. .P El chicuelo no respondió pero no dejó de mirar su pluma ofrecida por encima del hombro de su portador mientras se alejaban. No bien hubo dado diez pasos, movido por una súbita inspiración, con el corazón encendido, Dashvara se giró hacia los rostros de los Shalussis y tronó: .D ¡Hombres de la estepa! —Su voz profunda desgarró el aire—. Los Esimeos pagarán todas estas muertes. ¡Y sus líderes asesinos lo pagarán con su vida! Ellos creen que son los amos de este lugar. Los Antiguos Reyes pensaban lo mismo y acabaron muy mal. Esas serpientes aún no han entendido que nadie ha de reinar en la estepa. Ningún clan tiene derecho a esclavizar a otro como lo ha hecho Esimea. Y, si los Esimeos no lo entienden, ¡se lo enseñaremos nosotros por las armas! .P Se giró hacia Zefrek y Lifdor de Shalussi y concluyó: .D Si no atacamos ahora, ellos lo harán. .P Ambos Shalussis intercambiaron miradas. Entre los demás, se elevó un gruñido que resultó ser más bien aprobador aunque los Xalyas no dejaron de adoptar una formación levemente defensiva por si las moscas; Boron cargó con un pequeño Jokuey cuyas cejas se habían fruncido por tanto escándalo. .P Finalmente, Lifdor reaccionó antes que Zefrek. El grandullón se acercó a Dashvara sin aprensión y declaró con calma: .D Siento decirlo pero tu propuesta demuestra tu inexperiencia, joven Xalya. Atacar ahora sería un error táctico. .P Dashvara enarcó una ceja y replicó: .D ¿En serio? Pues a mí me parece que es el momento ideal para ganar tiempo. Hay que molestarlos. Hay que estorbarlos lo suficiente para impedir que lancen una gran ofensiva antes de que nos lleguen los refuerzos. .P Y antes de que la moral caiga por los suelos, completó para sí. Lifdor emitió un carraspeo burlón. .D ¿Los refuerzos? —repitió—. ¿No estarás hablando de los Ladrones de la Estepa? Ese pueblo jamás se ha metido en ninguna guerra. No vendrán. .D Vendrán. .P No había sido Dashvara quien había hablado esta vez sino Sirk Is Rhad, el único Honyr que se había quedado entre los Xalyas. Su rostro, deformado por la cicatriz, reflejaba una confianza inquebrantable. .D Mi pueblo vendrá y se unirá al clan de los Xalyas —afirmó. .P Se elevaron voces un poco por todas partes. Lifdor alzó una mano para calmar los ánimos y su solo gesto tuvo efecto. .D Aunque vinieran —dijo el jefe Shalussi con menos burla que antes—, no creo que pasen de cien guerreros. Y corrígeme si me equivoco pero tengo entendido que los Ladrones de la Estepa tienen prohibido luchar contra los saijits. .P Aquello generó una mezcla de sonrisas burlonas y expresiones curiosas. Sirk Is Rhad puso los ojos en blanco. .D Nuestra Ave Eterna nos prohíbe matar sin conocer previamente los actos de nuestra víctima —admitió—. Pero te aseguro que, si alguien intenta robarnos nuestro ganado, no se irá sin haber probado nuestra justicia. Por algo los extranjeros nos llaman los mejores guerreros de la estepa. .P Su voz no sonó arrogante, más bien franca, pero Dashvara estuvo seguro de que más de un Shalussi sintió ganas de comprobar en aquel instante tal aseveración. Zefrek intervino: .D Unas pequeñas maniobras de diversión no pueden venir mal. ¿Tienes pensado algún ataque en especial? .P Dashvara afirmó con la cabeza. .D Básicamente, atacar las avanzadillas, quedarnos con sus armas… y recuperar el control de la vía sur. .P Zefrek asintió, convencido. .D ¿Quieres encargarte? .P Dashvara sonrió. .D Será un placer. .D Me uno a la partida —intervino una voz entre los Shalussis. .P Dashvara se giró, vio el rostro barbudo moreno del que había hablado y ladeó la cabeza. Le resultaba familiar. Entonces, cayó en la cuenta y su sonrisa se ensanchó. Era Andrek de Shalussi, el hermano mayor de Rokuish. No es que le hubiera caído muy bien tres años atrás, le había parecido un hombre impulsivo y de ideas fijas, pero el tiempo los había cambiado a ambos. Tal vez a mejor. Así que inclinó solemnemente la cabeza. .D Cualquier ayuda es bienvenida. .P Y ciertamente muy bienvenida pues, ahora que eran sólo dieciocho Xalyas armados, sin sus aliados lo tenían mal para conseguir nada. Pero, como esperaba, los Shalussis estaban de humor sociable aquel día, sólo tenían una idea en mente: vengar a sus hermanos muertos. .salto Después de cuatro días de inactividad, Amanecer estiraba del bocado, ansiosa por salir al galope, pero Dashvara la retenía con firmeza. Con todas las energías curativas que le había metido Tsu esas dos últimas semanas en el brazo herido, este estaba casi curado y, pese a las consignas del drow, Dashvara confiaba en que, en caso de necesitarlo, sería capaz de luchar y usar al menos un sable. .P El sol poniente ya enrojecía el cielo cuando la tropa de jinetes, compuesta de una quincena de Xalyas y de una treintena de Shalussis, alcanzó los Meandros Rocosos del río Bakhia, al suroeste de Lamastá. Hicieron un rodeo para llegar desde el sur y, cuando el cielo oscureció, salieron de entre las colinas y avistaron la fogata de la avanzadilla esimea. Según los espías de Zefrek, eran una veintena. Dashvara no esperó a organizar ni planear. Tras observar unos instantes el campamento, tan sólo lanzó en voz queda pero profunda: .D Recordad: cuantos más prisioneros hagamos mejor. A por ellos, estepeños. .P Y lanzaron el ataque. Estaban ya a mitad de camino cuando un centinela dio la alarma. No por ello llegaron menos al campamento pillando a sus víctimas por sorpresa entre bramidos, gritos y un trueno de cascos. Los Esimeos reaccionaron realizando una formación de defensa desesperada, pero unos cuantos quedaron separados y el ataque duró un suspiro: los Xalyas los arrinconaron alrededor de la fogata y, con un sable inmaculado en la mano, Dashvara bramó: .D ¡Rendíos, posad las armas y os perdonaremos la vida! .P Los rostros de los Esimeos, iluminados por el fuego, reflejaron un brillo de esperanza. No tardaron en rendirse todos. Dos de ellos habían recibido heridas leves. El resto estaba indemne. Los despojaron de todas sus pertenencias, armas, mantas, caballos y víveres. .D ¿Y el centinela? —soltó Andrek. .P Dashvara echó una mirada hacia la estepa oscura y respondió con una pizca de diversión: .D Que corra y explique lo ocurrido a Todakwa. .P La vuelta a Lamastá se hizo bordeando el río por la orilla sur. Pese a que el camino fuera más directo, era de noche y llevaban a prisioneros, con lo que tardaron lo mismo o más que a la ida. Cuando avistaron las luces lejanas de Lamastá y del campamento esimeo, un valiente trató de escapar. Habiéndose liberado quién sabe cómo de la cuerda que lo maniataba, se abalanzó hacia el río… y no llegó a él con la cabeza sobre los hombros. Cuando Dashvara oyó el silbido de sable y el chasquido de agua, hizo una mueca pero no comentó nada. Sobre todo porque el Shalussi que había actuado era padre de uno de los ocho asesinados aquel día… Difícilmente podía hablarle de clemencia y tacto y sólo cabía esperar que aquello calmaría al menos un poco su dolor. .P En cualquier caso, el trato recibido por el evadido convenció a los demás prisioneros de que más les valía comportarse y llegaron a Lamastá sin más incidentes. El éxito de la excursión fue acogido con alegría y pronto fueron redistribuidas armas y caballos. Aunque fueron respetadas las vidas de los prisioneros, los Shalussis los maltrataron todo lo que pudieron escupiéndoles insultos y blasfemando contra Skâra. Pese a todo, no los tocaron. Por ley tácita, reconocían que era Dashvara quien, como líder de la expedición, tenía derecho de vida sobre ellos. El problema era que, con eso, Dashvara también tenía la obligación de encargarse de alimentarlos si decidía dejarlos con vida… y los Shalussis ahí no tenían por qué ayudarlo. .P .Bpenso Pues morirán de hambre si llega el caso pero no los mataré yo con mis sables .Epenso , decidió Dashvara. .P Y, así, ordenó que llevaran a los dieciocho prisioneros a una casa de piedra y ahí fueron encerrados. Se dirigían de vuelta al refugio cuando el capitán Zorvun se le acercó. No había participado en la salida, pues se había pasado todo el día dando lecciones de lucha al pueblo xalya y tanta actividad lo había agotado. .D Enhorabuena —le dijo, saludándolo. .P Dashvara sonrió. .D Gracias, capitán. Ha sido bastante fácil. Los pillamos por sorpresa. .D Mm… Una pena que no lo haya visto —admitió Zorvun—. ¿Qué vas a hacer con los prisioneros? .P Dashvara resopló y, al entrar en el refugio, dijo: .D De momento, interrogar al cabecilla y poco más. —Y, respondiendo a una pregunta implícita del capitán, afirmó—: No voy a matarlos. Eso sería seguirles el juego a Todakwa y a Skâra. Nosotros no somos así. .P Zorvun asintió, pensativo. .D Me parece correcto. .P Dashvara aceptó con una sonrisa el cuenco de leche que le tendía el joven Yuk y bebió mientras el capitán agregaba: .D Por cierto, Dashvara. Tahisrán ha vuelto. Y dice que los Esimeos han localizado un grupo numeroso de gente dirigiéndose hacia aquí desde el noreste. .P Dashvara casi se atragantó con la leche. Miró al capitán con los ojos redondos y el corazón acelerado. .D ¿A cuánta distancia? .P Fue Tahisrán quien contestó por voz mental: .P .Bdm A dos días. Es decir, a uno ahora. Kuriag te pide que por favor salgas de inmediato de Lamastá hacia el este, que te separes de los rebeldes y que te unas a los Honyrs. Dice que, si conseguís alejaros lo suficiente, Todakwa no irá a por vosotros. .Edm .P La sombra no puso mucha convicción en su voz y Dashvara supo por qué cuando agregó: .P .Bdm Sospecho que Todakwa sabe que de alguna forma Kuriag consigue comunicar contigo, Dash. No creo que conozca mi existencia pero… me da a mí que las informaciones que le da al muchacho están sesgadas. No creo que los Esimeos tengan pensado dejaros salir de Lamastá. .Edm .P Dashvara meneó la cabeza y le devolvió el cuenco vacío a Yuk diciendo: .D Aunque nos dejaran huir, abandonar a los Shalussis ahora sería una canallada. Lo cual no quita que de alguna forma habrá que liberar la vía hacia el noreste. .P Pese al cansancio, la excitación lo encandilaba todo entero. Pensar que su naâsga estaba tan cerca y constatar que realmente Shokr Is Set había conseguido mover a los Ladrones de la Estepa en favor de su pueblo… era el mejor regalo que hubiera podido pedir en aquellos instantes. Giró sus ojos hacia la forma oscura que se dibujaba entre otras sombras y la luz vacilante de una antorcha y sonrió, feliz. .D Gracias, Tah. Eres un campeón. ¿Sabes que el Poeta ha estado todo este tiempo más inquieto que Pik porque pensaba que te habías ido a matar a Todakwa y te habían pillado? .D Buaj, no pensaba que lo haría de verdad —protestó Miflin, acercándose con una mueca molesta—. Me preocupaba que se hubiera enfadado conmigo, eso es todo. .P Dashvara percibió la sonrisa de Tah y los dejó a ambos conversar mientras se alejaba hacia su jergón. Estaba agotado y el brazo había comenzado a quemarle de nuevo. Por eso, cuando se acercó Tsu, dejó que inspeccionara su herida sin protestar. Esta ya estaba cerrada, aunque no del todo cicatrizada. Dashvara comenzó a sentir esa sensación de paz que lo invadía cada vez que Tsu soltaba sus sortilegios curativos. Por unos instantes, luchó contra el sueño, pensando en los Esimeos que cernían el pueblo, pensando en sus nuevos prisioneros, en la relación más amigable que había empezado a surgir entre Xalyas y Shalussis y, por supuesto, en su naâsga. Su voz suave resonaba en su cabeza como si realmente le estuviera hablando. Antes de que el cansancio se sobrepusiera a todo el resto, la oyó susurrar en su mente: .P .Bparoles No porque no me veas no estoy cerca de ti. .Eparoles .Ch "La reina de la Muerte" .\" 04/05/2018 Lamastá amaneció con estruendos de cuerno y gritos caóticos. Dashvara espabiló de inmediato y, olvidando su brazo, lo movió de tal suerte que le arrancó una mueca de dolor, pero sin más: ya no le hacía ver las estrellas ni lo doblegaba en dos. Mientras los Xalyas se agitaban en el refugio, se abrochó el cinturón y la capa y se ponía las botas cuando Alta apareció apartando el telón de la entrada y vociferó: .D ¡La infantería esimea ha avanzado por el norte! Están instalando sus malditas catapultas. .P Dashvara hizo una mueca. Por lo visto, Todakwa había perdido la esperanza de que Lamastá se rindiera sola e iba a forzar la situación, comenzando con sus máquinas infernales. La pérdida de su avanzadilla del suroeste debía de haberlo irritado… .P Súbitamente los sobresaltó a todos un ruido estrepitoso semejante al de un nadro rojo muerto explotando. Por un instante, Dashvara permaneció inmóvil. Intercambió una mirada llena de confusión con sus hermanos. .D Liadirlá, ¿qué ha sido eso? —resopló Orafe. .P Para sorpresa de los guerreros, fue Lariya, la madre de Miflin, la que soltó con amargura: .D Discos explosivos. —Al fijarse en que todos la miraban, asombrados, carraspeó y explicó—: Hace un tiempo, oí decirle a un sacerdote-muerto que andaban perfeccionando un arma nueva inventada por la mismísima Daeya, la esposa de Todakwa. Es una alquimista poderosa. Y hermosa y fría como la Muerte. .P Dashvara se estremeció, rememorando el rostro pálido y tatuado de la esposa de Todakwa. Tan sólo la había visto una vez, pero recordaba bien la completa serenidad que se desprendía de ella. La serenidad de la Muerte. .P .Bpenso Cuando pienso que esa bruja de Skâra cabalga ahora sobre Lusombra… .Epenso .P Al oír otra explosión, emitió un gruñido y se dirigió afuera sin una palabra. El tiempo que los Xalyas se acercaran a las afueras de Lamastá, decenas de proyectiles mágicos explosivos habían sido arrojados ya. Unos cuantos explotaban en el aire o no alcanzaban siquiera la aldea, pero algunos dieron con los muros de escombros, los desestabilizaron, derrumbaron y estropearon las zanjas que se habían cavado a ambos lados de la colina. Uno llegó incluso a golpear una casa y creó tal boquete en ella que Dashvara se quedó un rato mirando el agujero con los ojos agrandados antes de que otra explosión lo sacara de su estupefacción. .D Deberíamos alejar a los caballos —consideró Alta. .P Tenía razón: los caballos de los cercos olían el peligro y se arremolinaban, angustiados, ante el ruido inusual. Cuando uno logró saltar por encima de la barrera, los Xalyas se apresuraron a ayudar a los Shalussis a calmar el alboroto, aunque a duras penas lo consiguieron. Los Esimeos debían de estar pasándoselo en grande viéndolos agitarse desde la lejanía… Durante toda la mañana, esos malditos no pararon de usar sus catapultas, arrojando rocas, sacos de polvo ardiente o discos explosivos según el humor del momento. Cuando un proyectil reventó una cabaña y por poco quemó vivos a una familia entera, unos Shalussis indignados quisieron lanzarse a caballo contra las máquinas. Afortunadamente, Lifdor intervino a tiempo haciéndoles entrar en razón: una carga en esa situación habría sido una sangría, habrían perdido hombres y caballos tontamente y total para poca cosa. Las catapultas, al fin y al cabo, provocaban más caos y humaredas que reales bajas, pues se habían refugiado todos fuera de su alcance. Además, cuando los ataques amainaron, aprovecharon los escombros de piedra de casas periféricas dañadas para reforzar las defensas. Estas comenzaban a parecerse a verdaderas barricadas y, tras largas horas de estrépitos y estruendos, constatar que finalmente Lamastá seguía orgullosamente en pie levantó el ánimo de todos. .P .Bpenso Falta saber cuánto durará .Epenso , pensó Dashvara mientras acariciaba el hocico de Amanecer por encima de la barrera del cerco. .P Bajo su mano helada por el viento invernal, Amanecer emitió un resoplido y agitó suavemente la cabeza alborotando su crin blanca recién cepillada antes de inclinarse hacia un brote de hierba al pie de la barrera. Ahora, los caballos estaban tranquilos y varios Xalyas se ocupaban de mimarlos y darles agua, mentalmente exhaustos después de la estresante mañana. En el aire, flotaba aún una ligera humareda mezclada a un fuerte olor a quemado y a polvo. Tras la revuelta shalussi y las explosiones de Daeya, la bella Lamastá de Lifdor ofrecía un aspecto desordenado y ruinoso. Pero qué importaba, las casas podían ser levantadas de nuevo. Lo importante era que nadie había muerto aquel día. .P .Bpenso Aún .Epenso , se dijo Dashvara sombríamente. .P Apartándose del cerco, echó una ojeada hacia el refugio cercano de los Xalyas. Las mujeres se atareaban, al igual que los hombres y los muchachos: sacudían el polvo omnipresente, traían cubos de agua del río, emplumaban flechas y se cuidaban mutuamente. Tan sólo verlos así, y oír sus voces y sentir esa familiaridad pasada revivir, le produjo a Dashvara en ese instante un respeto incondicional hacia su pueblo. Los Xalyas hubieran parecido del todo ajenos al asedio de no ser por las frecuentes ojeadas que soltaban, como presas acechadas, hacia el cielo polvoriento y traicionero. ¿Temían acaso un nuevo ataque de catapultas o bien un nuevo invento aún más terrible de Daeya de Esimea? .P Dashvara percibió entonces un rumor que se elevaba por la aldea y se detuvo con el corazón temeroso y esperanzado al mismo tiempo. Su lado optimista le hacía ya ver acercarse a los guerreros honyr guiados por su naâsga mientras que su lado pesimista le decía: ya está, Dash, estamos condenados, Todakwa nos ataca. Sin embargo, no sonó ningún cuerno de alarma. Ansioso de nuevas, iba a dirigirse hacia el barullo con sus hermanos cuando, viendo al joven Yuk aparecer corriendo, saltando de escombro en escombro, enarcó una ceja interrogante y el rostro del muchacho se animó de entusiasmo. .D ¿A que no sabéis lo que ocurre? ¡Los Esimeos nos han rodeado! —exclamó, deteniendo su carrera ante los guerreros xalyas—. Cruzaron el río esta noche y las patrullas de Zefrek no vieron nada. Doscientos jinetes lo menos, según Lifdor. ¡Y sé aún más cosas! —añadió mientras Dashvara y sus hermanos imprecaban entre dientes—. Al parecer, los Esimeos también atacaron un pueblo al este de aquí. ¡Y los aplastaron como a ratas! Eso ha dicho uno que se llama Fushek y que acaba de llegar. Está herido y Zefrek dice que a ver si puede el drow ocuparse de él. Yo sé quién es Fushek. Un amigo mío de Aralika me dijo que era un gran maestro de armas y que estos tres años estuvo viviendo en el desierto sin agua y sin comida, buscando el momento oportuno para regresar y liberar a su pueblo y… .P Lumon le revolvió el cabello a modo de agradecimiento por la información y los guerreros xalyas dejaron de hacerle caso. Algunos se alejaron enseguida hacia el río para comprobar las palabras de Yuk sobre la caballería esimea; el capitán se había quedado absorto en sus pensamientos y una prima de Dashvara le recriminaba al muchacho por fisgonear solo entre los Shalussis… Yuk resopló ruidosamente por toda respuesta y Dashvara le dio un suave coscorrón. .D Un poco de respeto, chaval. Atok, avísale a Tsu, ¿quieres? Capitán —agregó y realizó un gesto de cabeza hacia Sashava y Yodara con expresión expectante—. ¿Qué opináis vosotros de todo esto? .P Zorvun espiró largamente. .D Primero, que Zefrek haría bien en respaldarse de gente competente. Segundo, que, como Todakwa lance el ataque esta misma tarde, dudo de que aguantemos más de dos o tres días, como máximo. Ellos tienen más caballería que nosotros, más munición, más hombres, más de todo. Esas barricadas apenas los retrasarán y Todakwa lo sabe. .P Nada nuevo, pero aquello pintaba efectivamente bastante mal, reconoció Dashvara para sus adentros. .D ¿Y entonces a qué espera para lanzar la ofensiva? —gruñó Orafe. .D Sobre todo si sabe que los Honyrs están de camino —comentó Miflin—. Debería darse prisa. .P Apenas hubo hablado el Poeta, Dashvara se fijó en que tanto Taw como Ged mudaban ligeramente de expresión, como si aún no tuvieran muy claro que los Honyrs fueran realmente a venir en su ayuda. Y bueno, ¿quién podía achacarles su desconfianza? Los Ladrones de la Estepa, al fin y al cabo, siempre habían sido percibidos por los Xalyas como un pueblo esquivo, lleno de secretos y todo menos sociable con los demás clanes. Pese a todo, tras escuchar las historias de Shokr Is Set, Dashvara había entendido que ambos pueblos eran, en el fondo, muy semejantes y confiaba en el nuevo shaard y en Yira para que animaran a los Honyrs a al menos ayudarlos a salir vivos de esta. Opinó: .D Todakwa es un hombre muy teatral. No me extrañaría que quisiera hacer de esta revuelta una lección para sus esclavos. Nos ha cortado la vía de escape tomando el pueblo de Nanda… Lo único que le queda ahora es atacar. .P .Bpenso Y derramar sangre rebelde por doquier .Epenso , agregó para sí con el corazón lúgubre. .Bpenso A menos que Kuriag logre minimizar los daños y consiga que nos perdonen la vida pese a todo… pero hay límites. Puede que Todakwa esté dispuesto a mucho para ganarse los favores de Kuriag, pero no a mostrarse débil. Tal vez clemente… pero no débil. .Epenso .P Reprimió un resoplido. .P .Bpenso ¿Pensando ya en rendiciones, Dash? .Epenso , se espetó. .Bpenso Una cosa es que no seas tan burro como tu señor padre y otra que empieces a batir las alas al menor ruido. Huir o rendirse ahora sería tirarse en la boca del lobo. .Epenso .P En ese momento, se cruzó con los ojos oscuros de Zorvun y se dio cuenta de que se estaba mesando la barba con nerviosismo. Detuvo su gesto, molesto, y el capitán carraspeó. .D Vayamos a ver a Zefrek —sugirió. Dashvara asintió y, al ponerse en marcha por la calle polvorienta, el capitán agregó bajando la voz—: ¿Sabes? Deberías mostrarte un poco más… qué sé yo, irritado de que el pirata no te mantenga informado. Empieza a ser insultante. .P Dashvara hizo una mueca. .D Lo es —convino—. Se me ha ocurrido que tal vez Zefrek piense que hacernos más caso sería perjudicial para su carisma. .P El capitán dejó escapar una carcajada baja. .D Zefrek está perdiendo apoyo entre los suyos por otras razones más evidentes —aseguró—. Ese muchacho podría ser un buen líder, pero le falta experiencia. Y, en una situación como esta, se entiende que un guerrero prefiera seguirle a un veterano y no a un novato. .P Dashvara asintió, sombrío. .D Hablas de Lifdor. .D Ajá —confirmó Zorvun—. Ese hombre perdió su reputación resignándose a ser esclavizado, pero ahora la está recuperando y… sinceramente, si consigue poner un poco de orden en su pueblo, no puede venirnos mal. .P Dashvara no replicó. Prefería no hablar de Lifdor. Su solo nombre lo ponía tenso. Pese a no tener entera confianza en Zefrek, hubiera preferido que este no acabara delegando las decisiones a ese cabecilla salvaje. .P Cuando alcanzaron el cuartel general de los Shalussis, el ambiente seguía agitado y la llegada de los Xalyas pasó mayormente desapercibida. La cólera y la inquietud vibraban en el aire. Nada de extrañar, pues aquellos Shalussis tenían compañeros y familiares en el pueblo de Nanda y ahora debían de estar preguntándose qué habían hecho con ellos los Esimeos. Un hombre macizo de pelo entrecano se encontraba sentado afuera del refugio de Zefrek, con un virote aún metido en la pierna y la ropa ensangrentada. En ese momento, Dashvara lo oyó rechazar la manta que le tendían con un ademán brusco e insistir con voz profunda: .D No pude verlo todo. Estaba patrullando la zona norte. El tiempo que cabalgara hacia el poblado los muy malditos ya habían arrasado con todo. De haber estado ahí desde el principio, habría luchado hasta la última gota de sangre, no lo dudéis. .P Mientras los Shalussis siseaban maldiciones contra los Esimeos, Dashvara detalló el rostro de Fushek con curiosidad. El maestro de armas de Nanda estaba sensiblemente más flaco que la última vez que lo había visto y la rebelión, la herida y la huida a caballo lo habían dejado claramente reventado, pero no dejaba de desprender una potente fuerza de rectitud y confianza en sí mismo. Recordando la paliza que le había dado Fushek la primera vez que habían luchado con espadas de entrenamiento, Dashvara pensó con diversión que, por más que admirasen los extranjeros la elegancia del combate xalya cuerpo a cuerpo, el de los Shalussis era, sinceramente hablando, más práctico y menos arriesgado. .D Tú —dijo de pronto Fushek. .P El repentino silencio que siguió aquella palabra arrancó a Dashvara a sus pensamientos. Se fijó entonces en que el maestro de armas se había levantado pese a su herida y lo fulminaba ahora directamente con la mirada. Sus labios lograron destensarse para escupir: .D Xalya traidor asesino. Mataste a Nanda de Shalussi, ¿y te atreves a acercarte a estos hombres honorables? —Su voz reflejaba ira e incredulidad. Desenvainó de golpe el sable rugiendo—: ¡Deberías estar muerto! .P Dashvara sintió a sus hermanos tensarse y posar las manos en el pomo de sus sables. Alarmado, realizó un gesto brusco. .D Calmaos, hermanos. No hará nada —aseguró en común. .P En ese instante vio cómo, alertado por las voces, Zefrek salía del cuartel con presteza. El joven Shalussi analizó la situación de un vistazo y se adelantó interviniendo: .D ¡Fushek! Los Xalyas están aquí luchando por la libertad igual que nosotros. .P Los ojos de Fushek refulgieron. .D Su propio hijo —gruñó con voz ronca—. ¿Su propio hijo es capaz de luchar lado a lado con el asesino de su padre? Si al menos lo hubiera matado en un duelo, ¡pero no! —Agitó su sable con rabia hacia Dashvara—. Este hombre se hizo pasar por un Shalussi. Durante dos semanas estuvo en mi pueblo fingiendo como una serpiente para atacar a Nanda a traición con la ayuda de una ramera. —Escupió esta vez de veras hacia Dashvara, airado—. Los Xalyas son incapaces de aceptar una derrota y no merecen la misericordia que les dimos. Con la muerte de Nanda vinieron todas las desgracias. La muerte de inocentes. Sucia rata xalya —graznó—. Tal vez muera luchando contra los Esimeos, pero jamás aceptaré luchar junto a una escoria como esta. Antes muerto que aliado a un canalla. —Sus labios se torcieron—. ¿Lo veis? Ni siquiera es capaz de defenderse y de explicar cómo un guerrero pudo rebajarse a semejante villanía. .P Dashvara se retuvo de poner los ojos en blanco o de devolverle una expresión de incredulidad y se esforzó por permanecer impasible. Por lo visto, tanto sol del desierto no le había venido bien a ese buen hombre, pensó, tratando de relajarse. Echó una rápida ojeada circundante. Los Shalussis, amigables a la mañana, parecían haber cambiado completamente su posición y ahora lo miraban con desprecio. Sin siquiera rozar el pomo de sus sables, muy consciente de que sus hermanos y él estaban en muy mala postura así rodeados, Dashvara replicó: .D Reconozco que fue una villanía, Fushek. Aunque Zaadma en esto no tuvo nada que ver… —Fushek emitió un resoplido despectivo y Dashvara vaciló. Consideró explicar que todo eso lo había hecho para seguir las órdenes de su señor padre aunque significara ir en contra de su propia Ave Eterna. Pero se retuvo. Los Shalussis podían verlo como a un canalla si les apetecía pero no como a un hijo que limpiaba su honor sobre el de su propio padre. Finalmente, concluyó—: El pasado es el pasado. Nuestros clanes fueron enemigos pero ya no tienen por qué serlo. Estos tres últimos años todos hemos sufrido por culpa de los Esimeos. Y me parece que de momento Todakwa es un problema más urgente. .D Sin duda —intervino Lifdor. Cercado de sus hombres más leales, el jefe shalussi dio unos pasos hacia delante—. Aunque, teniendo en cuenta que tienes tan sólo a dieciocho guerreros y nosotros a doscientos veinte… tu presencia no nos ayuda mayormente. La hospitalidad de Zefrek tiene sus límites. Tu pueblo está usando nuestros víveres, distrae a mis hombres y no trabaja lo suficiente. Quitando a vuestro médico —realizó un gesto con la barbilla señalando al drow que se aproximaba con tiento a Fushek—, los demás son un peso muerto para Lamastá. Opino que deberían participar ellos también en la defensa. .P Dashvara se quedó mirándolo con una mezcla de irritación y asombro. .D ¿Y con qué armas? —replicó. .D Con piedras, escombros… Ya improvisaría algo —aseguró el jefe Shalussi—. Dada su inexperiencia, no representarían una gran ayuda, pero podrían usarse a los niños más rápidos para recuperar flechas y mandar mensajes. .P Dashvara tensó la mandíbula. ¿De veras le sugería meter a unos niños en pleno campo de batalla a recuperar flechas? Reprimió un gruñido sordo. .P .Bpenso Este Shalussi se ha creído que los Xalyas somos, como dirían los federados, carne de Condenado. Maldito granuja. .Epenso .P La respuesta era sencilla, así que no vaciló y meneó la cabeza diciendo: .D Lo siento, pero me niego a que uses a mi pueblo de esa forma, Lifdor. .P Los ojos del jefe Shalussi sonrieron con burla. .D Lo imaginaba. Bueno. Ya que es así, no verás inconveniente en volver al refugio que Zefrek os prestó y a dejarnos discutir tranquilamente entre miembros del clan. .P Dashvara reprimió una mueca al verse así despachado y asintió, fingiendo una calma que no sentía para nada. .D Por supuesto —dijo. .P Le echó una ojeada al rostro sombrío de Zefrek, se cruzó con la mirada aún más sombría de Fushek y, sin más dilaciones, inclinó secamente la cabeza, les dio la espalda y se marchó con sus hermanos de vuelta al refugio sintiendo pesar sobre él la renovada hostilidad de los Shalussis. La conversación había sido un verdadero desastre. No sólo no había conseguido proponerles algún plan de negociación para seguir retrasando el ataque de Todakwa sino que además Lifdor le había dejado claro delante de sus hombres que los Xalyas estaban ahí por gracia suya y que estaban mejor callados. Y Dashvara no había podido más que agachar la cabeza. Suspiró para sus adentros. .P .Bpenso Liadirlá, que vengan pronto los Honyrs… .Epenso .P Un vistazo a sus hermanos lo informó de que el cambio de actitud de Lifdor los tenía igual de inquietos. Salvo a uno: para asombro suyo, vio que el capitán sonreía. Ante la expresión interrogante de Dashvara, Zorvun lanzó: .D Alegrémonos, muchachos. Lifdor nos ha dado la excusa perfecta para no luchar en el frente. Eso nos va a dar tiempo para pensar. Y el tiempo, hijo, es la mejor arma del hombre desarmado. .P Le palmeó el hombro a Dashvara y este carraspeó y esbozó una sonrisa. .D Tu optimismo me tranquiliza, capitán. Aunque, francamente, ando escaso de ideas —admitió, deteniéndose ante el refugio—. Esto no es una típica riña de clanes donde se mueren unos pocos, se roba algún botín y se hacen las paces. Todakwa tiene apoyo de Titiaka, un ejército bien armado, más los explosivos y demás… No va a negociar. .P El capitán pasó adentro del refugio replicando: .D No descartemos posibilidades. Aún tenemos a su hermano como prisionero, más dieciocho guerreros esimeos, que siempre es algo. Mientras estén en Lamastá, Todakwa no se atreverá a forzar demasiado. .D Pero tampoco se retirará —apuntó Yodara—. Ni aun con los Honyrs. No se irá sin haber ahogado la rebelión. .D Y menos teniendo a los federados detrás apoyándolo —concedió Sashava, y alzó una muleta para golpetearle la pantorrilla a Dashvara diciendo—: Si quieres mi opinión, muchacho, deberíamos asegurarnos de que los Honyrs están de camino y, si lo están, intentar abrir una brecha hasta ellos. No conseguiremos nada quedándonos aquí soportando a esa gentuza shalussi. .P Dashvara asintió, del todo de acuerdo, y se giró hacia los Xalyas que se encontraban en el refugio; algunos los miraban de reojo, otros con descarada expectación… Dashvara tragó saliva. Un día, hacía tiempo, su padre le había dicho que un buen señor debía ser capaz de aplacar los temores de su pueblo y permitirle que entendiera sus acciones. Recordaba que entonces le había preguntado que para qué debían entender nada pues ¿no eran acaso hombres de un mismo Dahars? ¿No debían acaso lealtad a su señor de todos modos? El señor Vifkan había asentido solemnemente contestándole: .Bparoles Por supuesto que me deben lealtad, pero la lealtad se afirma con la confianza, hijo. El señor xalya dirige el Dahars de su pueblo y ha de mostrarse fuerte. Ha de mostrar en todo momento que es el digno reflejo de las Aves Eternas de su pueblo. .Eparoles .P El digno reflejo… Y bueno, Dashvara comprendía ahora lo duro que resultaba tomar decisiones para un pueblo entero. Y comprendía que no había nacido para ello. Porque de lo contrario no estaría ahí inmóvil y mudo ante su gente, con el corazón latiéndole de indecisión y temor y con vergonzosas ganas de salir de ahí al galope… ¿verdad? Deseaba hacer todo lo posible por su pueblo, por supuesto, pero como un hombre, como el que siempre había sido, no como un señor cuyo papel estaba lejos de entender y que, se suponía, debía sacar de un agujero de muerte a todo un pueblo vivo y con el Dahars intacto. .P Makarva se deslizó ante él con expresión inquieta. .D ¿Dash? ¿Te encuentras bien? .P Dashvara le devolvió a su amigo una mirada absorta, masculló algo ininteligible a modo de asentimiento, hizo un vago ademán incómodo, dio media vuelta y salió del refugio. .P .Bpenso Maldito cobarde. .Epenso .P Se dirigió hacia el cerco de los caballos a grandes zancadas gruñendo en su interior: .P .Bpenso Peor que eso. Un idiota. Si te asusta tu propio pueblo, señor de la estepa, vuelve a Matswad, hazte pirata y dedícate a abordar barcos y liberar a esclavos. Esos no te asustarán, porque no los conoces, ¿verdad? Porque no esperan que hagas nada por ellos. .Epenso .P Resopló ruidosamente y, apoyándose sobre la barrera, intercambió una mirada con Amanecer. La yegua se acercó y lo empujó suavemente con el hocico mientras Dashvara pasaba una mano por la crin blanca, entre sus dos orejas. .D Tienes razón, .Sm -t erare daâra —le dijo en oy'vat tras un silencio—. No hay nada peor que tener a un filósofo como señor. .P El caballo pareció sonreírle y una voz, detrás, soltó con tono divertido: .D Por supuesto que lo hay. Tener a un muchacho inconsciente cegado por el poder sería mucho peor. —Poniendo los ojos en blanco, Dashvara se giró para ver al capitán acercarse y agregar—: O un hombre capaz de enviar a unos niños a recuperar flechas perdidas. O un hombre incapaz de dudar de sus propias acciones en un momento en que es vital hacerlo. —Se arrimó a la barrera y concluyó con un movimiento de cabeza—: ¿Lo ves? Los Xalyas no podemos quejarnos de señor. .P Dashvara se encogió de hombros. .D Pues seré el único en quejarme, entonces. —Hizo una mueca meditativa bajo la mirada interrogante del capitán—. Verás… No puedo dejar de pensar que mi señor padre habría hecho las cosas con más acierto. Él no habría aceptado la hospitalidad de Zefrek, habría atravesado la estepa, lo sé, y, aunque hubieran muerto algunos durante el viaje, otros probablemente habrían sobrevivido. Y habríamos caminado directo hacia el monte Bakhia. —Esbozó una sonrisa—. En la Torre del Ave Eterna, me dije que si llegábamos a aquel monte estaríamos salvados. Es algo en lo que no paro de pensar últimamente —confesó. El capitán enarcó una ceja y Dashvara hizo una mueca molesta—. Sé que es una tontería… ¿Qué diablos vamos a hacer en ese monte? Morirnos de hambre, a lo sumo. Pero mi instinto sigue diciéndome que debemos ir hasta ese monte. .P De hecho, la persistencia con que pensaba en el tema lo había llegado a inquietar. Era como si hubiera puesto toda su esperanza en un gran montón de tierra y roca… un montón que era en cierto modo sagrado para los Xalyas, pero un simple monte al fin y al cabo. El capitán recibió sus palabras con cara intrigada. .D Quién sabe —meditó—. Tal vez tu instinto no vaya mal encaminado. No seré yo quien te diga que no hagas caso al instinto. Aunque, como decía mi padre, no dejes que el futuro te ciegue. Seguimos en Lamastá rodeados de Esimeos… —Su mirada se perdió más allá de Dashvara y este lo vio entornar los ojos con interés mientras terminaba—: Y parece que hay novedades. .P Dashvara se giró y vio que Andrek de Shalussi se acercaba a ellos a buen ritmo. El hermano de Rokuish rodeó el cerco y se detuvo a unos pasos de ambos Xalyas soltando sin ceremonias: .D Ha llegado un mensajero de Todakwa. Propone un encuentro diplomático y Lifdor y Zefrek están dispuestos a aceptarlo. Pero Todakwa exige la presencia del… —Sus labios se transformaron en una mueca burlona cuando pronunció—: señor de la estepa. .P Dashvara frunció el ceño. ¿Un encuentro diplomático? Conociendo a los Esimeos, aquello le apestó a trampa. .D ¿Dónde es el encuentro? —preguntó. .P Andrek señaló el noreste. .D Cuando salga Zefrek, tocará el cuerno. .P Se aprestaba ya a marcharse cuando el capitán soltó: .D Espera. ¿Cuántos hombres pueden acompañarlo? .P Andrek se encogió de hombro. .D Nadie lo ha especificado, pero… siendo un encuentro diplomático, supongo que no conviene llevar a demasiados. Además, no creo que Zefrek permita que le ocurra nada a vuestro jefe. —Vaciló y sus ojos alternaron entre ambos dos veces antes de añadir—: Por lo que ha dicho el mensajero, va a haber otros invitados en ese encuentro. .P Dashvara se irguió ante la buena noticia y sonrió. .D Gracias. .P Andrek realizó un gesto seco de cabeza y se marchó. Dashvara lo vio alejarse con una mezcla de impaciencia e inquietud. Otros invitados… Sin duda debían de ser los Honyrs. O bien los Akinoa, se corrigió. Meneó la cabeza y, antes de que el capitán comentara nada, soltó con ánimo: .D Pensándolo bien, no creo que sea una trampa, y eso significa que no va a haber ataque hoy. Es una buena noticia. —Marcó una pausa, pensativo—. Tengo curiosidad por saber qué quiere decirnos Todakwa. .P Chasqueó la lengua para Amanecer y, tras abrir la puerta del cerco, agarró las riendas de su caballo. Ni siquiera necesitó ayuda para subirse a su lomo, prueba de que su brazo comenzaba a no ser del todo inútil. .D Espero que no tendrás en mente ir solo —carraspeó el capitán tras observar sus tejemanejes en silencio. .P Dashvara estiró de las riendas y vaciló antes de confesar: .D Mno. Avisa a Lumon y a Sirk Is Rhad. Me acompañarán. —Como el capitán hacía una mueca, obviamente disgustado de que tuviera previsto respaldarse de tan sólo dos hombres, Dashvara apuntó—: De momento, hay más peligro dentro de Lamastá que fuera. Y si Todakwa tiene planeada una trampa… —se encogió de hombros— ya estamos dentro de una, ¿no? Volveré vivo, capitán, te lo prometo. .P Zorvun tenía el ceño fruncido pero acabó por asentir. .D Más te vale. .P Y desapareció refugio adentro para avisar al Arquero y al Honyr. Zefrek no tardó en hacer sonar el cuerno y casi todos los Xalyas y Shalussis asistieron a la partida de la pequeña comitiva. Eran diecinueve en total. Dieciséis guerreros, Zefrek, una sabia shalussi llamada Meyda, y el señor de la estepa. Lifdor se había quedado en Lamastá de jefe de rescate, tal vez secretamente esperando que Todakwa se cargara a Zefrek para reemplazar a este del todo… o no. Quién sabe lo que cabía en la mente de ese Shalussi. Quizá no pensamientos tan retorcidos. Quizá. Pero Dashvara no se fiaba ni un pelo. .P Mientras cabalgaban por la llana extensión de hierba hacia un ala del ejército esimeo, Zefrek se posicionó junto a él. Aquellos tres días no le habían venido bien. Tenía el rostro tenso y nervudo, los ojos rodeados de ojeras… De haber visto a un Xalya con ese aspecto Dashvara no habría podido más que decirle: vete a dormir, hermano. Con esas pintas, inspiraría en los Esimeos más lástima y burla que temor. Incluso Dashvara sentía lástima. El joven pirata se había creído muy inteligente consiguiendo armas de los dazbonienses, había iniciado la rebelión, había recuperado el territorio shalussi en unos días… Hasta entonces tan sólo habían sido victorias aplastantes, y ahora que veía la derrota acercarse ante el poder esimeo, las lealtades aflojaban, la confianza se resquebrajaba… y Zefrek se hundía. .P Dashvara reprimió una mueca compasiva. Le resultaba estúpidamente reconfortante ver que, aunque él no tuviera experiencia de jefe, Zefrek la tenía aún menos. .P El Shalussi entonces rompió el silencio. .D Cuando has hablado con Fushek… no le has dado la verdadera razón por la cual mataste a mi padre. .P Dashvara no dijo nada y Zefrek continuó: .D El deber del hijo también es esencial entre los Shalussis. El mío debería haber sido el de matarte a ti. Pero no lo hice. .D Lo intentaste —replicó Dashvara con un deje de diversión en la voz. .P Zefrek hizo una mueca. .D Sí. Pero de una manera que me avergüenza hoy. El pasado es el pasado, como bien dices… —Dashvara asintió con calma y Zefrek agregó—: pero también es presente. Fushek tiene razón. Mi honor depende de esta venganza. Traicioné a mi padre cuando prometí no matarte y cuando me alié a los Xalyas. .P Marcó una pausa y Dashvara le echó una mirada confusa. ¿Adónde quería ir a parar hablándole con tal franqueza? .D Tengo curiosidad —admitió Zefrek—. ¿Qué habrías hecho en mi lugar? .P Dashvara enarcó una ceja. .D ¿Si hubieras matado a mi padre y me hubieras perdonado la vida por intentar quitarte la tuya? —El joven pirata asintió y Dashvara lo meditó un instante. Se encogió de hombros y le dedicó una sonrisa sardónica—. Dedicarme a pensar en otras cosas, como hacer todo lo posible por salvar a mi pueblo y liberarlo de las garras esimeas… Arreglar los problemas de mi pueblo antes que los míos. Por curiosidad, ¿qué habrías hecho tú si tu padre te hubiera ordenado matar al jefe Xalya y a sus hijos después de que los Xalyas hubieran arrasado con tu clan? .P Los ojos cansados de Zefrek destellaron. Permaneció en silencio un rato antes de contestar: .D Ni siquiera habría necesitado una orden expresa. .P Dashvara asintió y la conversación acabó ahí. No habían resuelto absolutamente nada… pero al menos había quedado claro a los oídos de quienes los rodeaban que el problema de honor que los enfrentaba era de esos difícilmente entendibles: ambos tenían razón de haber actuado como habían actuado y ambos habían decidido hacer las paces… De momento, la alianza seguía en pie, que era lo principal. .P Llegaron al pie de una pequeña elevación. Era el punto de encuentro, a una distancia supuestamente equidistante de ambos bandos. Mientras ascendían la colina, Dashvara no pudo dejar de notar que, en realidad, se situaba sensiblemente más cerca del campamento esimeo. .P Ya se encontraba ahí Todakwa con su guardia personal, así como Kuriag Dikaksunora con los Ragaïls. Al llegar arriba de la colina, Dashvara sondeó sus alrededores y pudo ver aproximarse desde el noreste a una línea de jinetes. No eran más de setenta. De lejos, hubieran podido parecer esimeos, dado que iban todos de negro. Pero llevaban un pañuelo que les cubría la cara y ya sólo la manera de montar los identificaba como a Ladrones de la Estepa. Verlos al fin de verdad le hizo olvidar a Dashvara el número más bien reducido de jinetes e intercambió con Lumon y Sirk Is Rhad una ancha sonrisa esperanzada antes de girarse de nuevo para seguir el avance de los Honyrs. En cabeza de fila, iban dos jinetes, uno corpulento, otro delgado. Dashvara fijó sus ojos en este último sintiendo una rayo de emoción brotar en su pecho. Era Yira, ¿verdad? Tenía que serlo. Sí, ¡lo era! Su corazón lo confirmó antes que sus ojos. Por un momento, se olvidó completamente de Todakwa y, adivinando que los Esimeos no los dejarían acercarse más de lo aceptable, cabalgó a su encuentro. Le parecía que habían pasado meses desde que no había visto a su naâsga. Cuando esta se apeó con Shokr Is Set, él hizo otro tanto y se adelantó hacia los Honyrs con una ancha sonrisa. .D ¡Mil veces bien hallados! —dijo en oy'vat con voz profunda. .P Shokr Is Set replicó: .D Más bien hallados si hubiéramos llegado antes. Y no somos muchos… Pero los que estamos venimos con ganas de ayudar. .D Gracias a ti, Gran Sabio —dijo Dashvara, emocionado—. Y a todos vosotros por haber venido —agregó, inclinándose hacia los jinetes que se habían quedado unos pasos más atrás. .D ¡De nada, Dash! —replicó con voz fuerte Zamoy, burlón, mientras los Honyrs respondían ceremoniosamente inclinando a su vez la cabeza desde sus monturas—. Al parecer, nos hiciste otra makarvada en Aralika. Liadirlá, ¡lo que quieres es matarnos de un susto, primo! ¿Qué tal van mis hermanos? .D Todos están bien —aseguró Dashvara y volvió a inclinarse hacia los Honyrs—. Que el Ave Eterna os bendiga. .P Observó a los Honyrs con la misma intensidad con la que ellos lo observaban a él; era la primera vez que veía a tanto Ladrón de la Estepa. De ellos, se desprendía ese mismo misterio legendario que, de niño, Dashvara había admirado en aquel pueblo. Y no era sólo por los paños negros: montaban con el orgullo de unos reyes estepeños… y a la vez parecían sombras del pasado. Trató de adivinar pese a los rostros cubiertos si había entre esos guerreros algún cabecilla dispuesto a tomar la palabra, alguien que hiciera de representante… pero ninguno habló. Así que retomó: .D Honyrs, tenéis toda mi gratitud por haber acogido a las mujeres xalyas que viajaron hasta vuestras tierras. Hubiera preferido que nuestro encuentro se realizara en un sitio más tranquilo pero… Bueno, espero que podamos intercambiar pronto más palabras. —Avistando entonces al adolescente que se acercaba estirando las riendas de su caballo con su única mano agregó sonriente—: Buen trabajo, Tinan. .P El joven Xalya se ruborizó de satisfacción. Dashvara buscó a Api de una ojeada, pero no lo vio por ningún sitio y, decidiendo que se preocuparía más tarde de ese demonio, se giró al fin hacia Yira. Los ojos de esta sondeaban a los Esimeos con una extraña intensidad pero, cuando Dashvara se aproximó, la sursha alzó la mirada hacia él, y la bajó con diversión cuando este se inclinó con respeto y besó su mano enguantada. .D Ayshat, naâsga. Mil veces gracias porque has vuelto sana y salva trayendo la esperanza contigo —dijo en común. .P Yira puso los ojos en blanco y murmuró: .D Me he sentido como una muertoviviente sin ti, Dashvara de Xalya. .P Dashvara agrandó los ojos y se echó a reír. .D Cuidado, naâsga, eso es humor xalya —le advirtió. Le besó la frente tapada por el pañuelo negro y susurró—: Yo sí que me he sentido un muertoviviente sin ti. Tu ausencia es peor que el veneno de serpiente roja —aseguró—. Pero ahora revivo. Queda por saber para cuánto tiempo —confesó con desenfado y se giró hacia los Esimeos apuntando—: Ahora tengo esperanza. A lo mejor le cae un caballo del cielo a Todakwa y deja de marearnos. Sería perfecto. .P Yira se carcajeó por lo bajo con una ligera tensión. Ahora todos tenían los ojos fijos en Todakwa. El jefe esimeo ya había entablado conversación con Zefrek y lo normal habría sido unirse… pero Dashvara no se acercó enseguida. Dejó a su caballo a manos de sus hermanos y aprovechó el momento para preguntar lo básico: .D Gran Sabio. ¿A cuántos días a caballo se encuentra el territorio honyr? .D A unos cinco días yendo rápido —contestó Shokr Is Set. .P .Bpenso Cinco .Epenso , se repitió Dashvara. .D ¿Cuántos más crees que estarían dispuestos a tomar las armas? .P Shokr Is Set le echó una curiosa mirada. .D No lo sé —admitió—. Considerando el poco tiempo que teníamos para convencerlos y sabiendo que no es fácil llegar a todas las familias del clan… cincuenta y seis voluntarios es más de lo que esperaba en un principio. También es cierto que en invierno no tienen mucho más que hacer. Pero es comprensible que muchos guerreros no hayan querido dejar sus tierras sin protección. .P O sea que difícilmente iban a sacar a muchos más, completó Dashvara, asintiendo. No se desilusionó. Que cincuenta y seis Honyrs hubieran estado dispuestos a salir de sus tierras para ayudar a un pueblo del Ave Eterna al que hasta ahora habían visto con malos ojos era ya bastante milagroso. Shokr Is Set debía de haber sido realmente convincente. Y su naâsga también. .P Dashvara observó los gestos de Todakwa y Zefrek durante unos instantes antes de inspirar y soltar: .D Pues allá vamos. .P Y, con andar tranquilo, avanzó junto con Shokr Is Set y Yira hacia la reunión. Al aproximarse, sus ojos se cruzaron con los de Todakwa. Le dirigió una mirada desafiante y burlona. .P .Bpenso Como nos tiendas una trampa ahora, rata muerta, vas a conocer a Skâra en persona… .Epenso .Ch "El Pacto" .\" 10/05/2018 .D De lo contrario, no tendré más remedio que mandar a mi ejército contra Lamastá —decía Todakwa. .P Dashvara se detuvo a unos pasos de Zefrek. Este tenía el ceño fruncido. .D Tu hermano está en perfecta salud —replicó al fin el Shalussi—. Así como los demás prisioneros, incluidos los dieciocho esimeos capturados la noche pasada. La palabra de un Shalussi no miente. —Le echó una simple ojeada a Dashvara y agregó—: Estoy dispuesto a intercambiar a vuestros prisioneros por los nuestros, pero en el caso de los Esimeos de anoche la decisión recae en Dashvara de Xalya. Fue él quien llevó a cabo la captura. .P Dashvara reprimió un gruñido incrédulo. ¿Así que hablando de canjes de prisioneros, eh? No viendo mejor ocasión de deshacerse de esos Esimeos capturados, contestó: .D Acepto el canje. .P Todakwa aprobó el canje a su vez con cara de estar haciéndoles un favor. Zefrek mandó de inmediato a uno de sus hombres a liberar a los prisioneros y Dashvara se apartó para llamar a Tinan: .D Síguelo y diles a todos que de momento todo va bien. .P Tinan asintió y se apresuró a obedecer. Bien. Un problema menos. Ahora venía la cuestión de Ashiwa y el sitio, adivinó Dashvara. Ante un leve gesto de Todakwa, tres chavales esimeos acercaron un imponente sillón adornado y el jefe esimeo se sentó como un reyezuelo mientras lo arropaban con un gran manto blanco y tan puro que parecía no haber sido usado en la vida. Que se sentara cuando los demás permanecían de pie le pareció a Dashvara fuera de lugar. Otros habrían creído mostrar signos de debilidad actuando de esa forma… pero Todakwa era un Esimeo, tenía otra manera de pensar y Dashvara apostó a que su objetivo era afirmar su autoridad y destacar como el pequeño gerifalte de aquella reunión. .D La rebelión ilegítima que has llevado a cabo, Zefrek —pronunció desde su asiento— ha ocasionado muertes entre los míos. Difícilmente voy a poder perdonar tamaño agravio, pero hoy me encuentro en disposiciones de ser clemente. Lo mejor que podéis hacer es rendiros, evacuar Lamastá y abandonar la estepa cuanto antes. .D No es lo que hemos venido a hacer, Todakwa —replicó Zefrek con la voz tensa. .D No —concedió el Esimeo—. Pero si abrís los ojos veréis que mi ejército es mayor que el vuestro, que Titiaka está dispuesta a mandar a más hombres suyos, que las armas que nos pueda proporcionar son más eficientes que las de la República y que esta no os está ayudando… Si quisiera, podría haceros desaparecer como un grano de sal en el agua, .Sm en cualquier momento . —Unió sus manos debajo de las holgadas mangas de su túnica azul inmortal y les mostró una leve sonrisa mientras sus ojos vivaces los detallaban a todos con calma—. ¿Sabéis lo que veo, estepeños? Veo a unos jefes de tribus primitivas enfrentados a una civilización moderna e incapaces de aceptar que han de someterse a ella por el propio bien de sus pueblos. Los Xalyas perdisteis mucho de lo que los Antiguos Reyes os enseñaron. Los Shalussis nunca fuisteis más que pastores incultos que no verán nunca más allá de su rebaño… Vuestra meta es la derrota. Es quedaros atrás por miedo a ser vencidos y no os dais cuenta de que ya habéis perdido. Esimea, ella, está devolviendo la vida a la estepa. Y seguirá creciendo, no importa cuántos obstáculos se alcen en su camino. .P .Bpenso Y se lo cree, el muy maldito… .Epenso Dashvara le enseñó una sonrisa de fiera y saltó antes que todos con tono mordaz: .D Devolvernos la vida, ¿eh? Pues siento decirte que tu civilización moderna no llegará a ninguna parte, Todakwa. —Echó una ojeada tensa hacia los Ragaïls y Kuriag antes de afirmar—: Diumcili te está usando. Te vende ilusiones de riqueza y mientras tanto saca el oro y el salbrónix de tus minas, devora tu ganado… Acabará devorando a tu pueblo y tu modernidad. Ni los Antiguos Reyes consiguieron destrozar la estepa como lo estás haciendo. Quieres crecer, dices —resopló con sarcasmo—. Supongo que ya sabes que aquel que crece mucho cae de más alto y se hace más daño. .P La sonrisa de Todakwa se había ensanchado, haciéndose realmente odiosa. .D Mm. Una vez conversé con Vifkan de Xalya, hace tal vez ocho o diez años —comentó con calma—. Un hombre recto, rígido y obcecado… No tenía más ambición que la de seguir viviendo como siempre había vivido. Él y su padre antes que él condenaron a tu clan. Una lástima que hayas elegido el mismo camino. A estas alturas, tú y tu pueblo podríais estar a salvo, a bordo de un barco con destino a Titiaka. Pero elegiste la guerra. .D Elegí la libertad —retrucó Dashvara con un bramido sordo—. De no ser por tu ejército, Todakwa, de no ser por los esclavos a los que sometiste y que desean liberarse, hace tiempo que me habría ido a una zona de la estepa donde no se oye hablar de tu asquerosa modernidad ni de tu gloriosa Skâra. Y que sepas, Todakwa —agregó con rabia—, que mi padre no condenó a mi clan. Lo condenasteis vosotros atacándolo. Abusas de tu poder como lo hicieron antaño los señores de la estepa y los Antiguos Reyes contra los más débiles. Pero tú actúas diferente. En vez de echar a las tribus vecinas, las esclavizas, adoctrinas a los niños, los obligas a adorar una divinidad que no es suya, deformas nuestro Dahars envenenándolo poco a poco… Si crees haberlo conseguido, te equivocas. Mi pueblo sigue siendo fiel al Ave Eterna. .P Todakwa enarcó las cejas con cara poco impresionada. .D Permíteme que lo dude —contestó—. Puedo asegurarte que tienes entre tu gente a jóvenes que piensan en galka, rezan en galka y sueñan en galka. El poder de Skâra es mayor que el del Ave Eterna, Dashvara. Porque va más allá de nuestra comprensión saijit. Por eso tiene mayor impacto en los jóvenes: porque ellos creen en la vida y la muerte antes de comprenderlas. .P Dashvara no supo qué contestar a eso. Era consciente de que se había dejado llevar por las palabras insultantes de Todakwa y se recriminó por ello. Si se habían reunido ahí no era para convencerse mutuamente de sus buenos ideales, no era para venderse divinidades ni soltarse pullas, era para encontrar una salida satisfactoria al bloqueo de Lamastá. .P Tras un breve silencio, Todakwa agregó: .D Un conflicto ahora no nos conviene a ninguno. Los diumcilianos creen que los dazbonienses seguirán aportándoos apoyo si lográis asentaros y, aunque la ayuda republicana ha sido más bien burlesca hasta ahora, un conflicto mayor entre la República y la Federación podría tener resultados desastrosos en la estepa si no resolvemos esto civilizadamente. Nos quedan pues dos opciones: o aplasto la revuelta y ninguno de nosotros puede dudar de mi victoria, o bien os propongo una rendición, pero como de momento no habéis parado de rechazar esta, Kuriag Dikaksunora aquí presente me ha sugerido proponeros una tercera opción. .P Dashvara enarcó una ceja y se giró hacia Kuriag. Al ver la atención centrarse en él, el joven titiaka se humedeció los labios. Su rostro estaba casi tan blanco como el majestuoso manto de Todakwa. .D Veréis… —carraspeó el titiaka, rompiendo al fin el silencio, y tomó un tono más ceremonioso cuando continuó—: El Consejo de Titiaka ha ordenado mandar refuerzos federados a Ergaika. Llegarán dentro de unos días. El Consejo reconoce que estas tierras son de Esimea y ha condenado la revuelta considerándola como una revuelta de esclavos. Así pues —prosiguió, igual de formal—, vuestras pretensiones son ilegítimas y no son aceptadas ni por Esimea ni por sus aliados. El sentido común requiere que toméis en cuenta que vuestra situación es insostenible. Yo, Kuriag Dikaksunora, como amo de esclavos implicados en la revuelta y como miembro oficial del Consejo de Titiaka, os pido, tanto a los Shalussis como a los Xalyas, que consideréis lo siguiente. —Se aclaró la garganta y, pese a que todo lo que decía le estaba sentando como una patada, Dashvara reprimió mal una sonrisa al verlo tan molesto—. Esimea está dispuesta a perdonar la vida de los rebeldes, a reconocer la existencia de los clanes Shalussi y Xalya y a atribuirles derechos. A cambio, los líderes de estos clanes deberán jurar lealtad a Esimea, acogerse bajo su ala como vasallos y… —Los resoplidos de Dashvara, Zefrek y la sabia shalussi le arrancaron una mueca y se apresuró a concluir—: y someterse a ciertas obligaciones a cambio de unos derechos, todos detallados en… er… el acuerdo aquí escrito. .P Tendió un rollo de papel que un joven esimeo cogió y transmitió, no a Dashvara, sino a Zefrek. Dashvara humeaba. Un acuerdo de vasallaje. ¡Kuriag les estaba vendiendo un acuerdo de vasallaje! Estaba tan pasmado que tardó un rato en fijarse en que Zefrek miraba el pergamino con real incomodidad. El joven Shalussi carraspeó y le tendió el papel. Dashvara lo cogió y, echando un vistazo a la larga lista de condiciones y parloteos, entendió que Zefrek no se la había leído. Simplemente porque no sabía leer. .P .Bpenso Afortunado de él .Epenso , suspiró. .P Leer aquel pergamino iba a ser una real tortura. Ya tan sólo echarle un vistazo era vergonzoso. La mirada burlona de Todakwa no ayudaba. Hubiera querido tirarle a la cara no el pergamino sino una librería entera. Y sin embargo… ¿acaso les quedaba otra opción? Dejando escapar un ruido atragantado y ronco, Dashvara se preparó a leer en voz alta, en consideración por Zefrek, pero se lo pensó mejor. Yira leía asomando la cabeza a su lado… Dashvara desvió la mirada de la hoja y la volvió a enrollar. .D Necesitaremos tres días para examinar esta propuesta. .P Todakwa puso los ojos en blanco. .D Dos días —replicó—. Al alba del Día del Alkanshé, me daréis vuestra respuesta y entregaréis a Ashiwa. Si no lo entregáis vivo y saludable, Skâra pesará sobre vuestras cabezas. .P Dashvara frunció el ceño sin contestar. La sabia shalussi pronunció: .D La muerte pesa sobre las cabezas de todos y la perfidia jamás ha sido buena amiga de la naturaleza. Las tormentas y la sequía acabarán con tu imperio si no tienes cuidado, Todakwa. .P El jefe esimeo esbozó una sonrisa. .D Eso lo decidirá Skâra, pues en ella todo nace y todo muere. —Se levantó y se giró hacia Shokr Is Set—. Doy permiso para que los Ladrones de la Estepa entren en Lamastá si ese es su deseo. Sin embargo, de entrar, estaréis comunicando vuestro apoyo a los Xalyas y deberéis sufrir las consecuencias de la decisión de Dashvara de Xalya. Tengo entendido que venís con intenciones de unir ambos clanes… El vasallaje se extendería pues a los Ladrones de la Estepa si llega a ser aceptado. .P Dashvara siseó interiormente. .Bpenso ¿Matando dos pájaros de una flecha, rata? .Epenso Replicó: .D Los Honyrs no han jurado aún lealtad alguna hacia mí. .P Todakwa inclinó irónicamente la cabeza a modo de saludo y realizó un ademán. .D Que Skâra os ilumine el sendero correcto y os alimente de su sabiduría. .P .Bpenso Que tu Ave Eterna se desplume y se chamusque en el infierno… .Epenso .P Dashvara se mordió la lengua y respondió con una breve y seca inclinación cortés. La reunión terminó. Zefrek estaba rojo de ira. La sabia shalussi tenía los labios apretados en una fina línea de descontento, Shokr Is Set estaba sombrío… .P .Bpenso ¡Al diablo con la serpiente! .Epenso , rabió Dashvara mientras volvía a subirse a Amanecer. .Ch "Yuk" Los Honyrs decidieron pasar y entrar en Lamastá, detalle del que ya no se preocupaba mucho Dashvara, pues había llegado a la conclusión de que, tarde o temprano, no le quedaría otra que aceptar el acuerdo de Todakwa si quería que los Xalyas no desaparecieran del mapa y, en esas circunstancias, no iba a aceptar nunca que los Honyrs le jurasen lealtad a un condenado vasallo de una maldita serpiente muerta. .P Llegaron a Lamastá sin que se diera casi cuenta del trayecto. Su mente bullía. Y el pergamino en su puño derecho le pesaba como un yunque. Contuvo sus ganas de reducirlo a migajas mientras se apeaba ante el refugio y dejaba que un muchacho guiara a Amanecer hasta el cerco. Los Xalyas lo rodearon y saludaron con sonrisas de bienvenida a Shokr Is Set, a Yira y a los Honyrs recién llegados. El capitán Zorvun se detuvo ante Dashvara y, al ver que este vacilaba, enarcó una ceja y observó: .D La reunión ha sido corta. Y algo en tu cara me dice que la cosa no ha ido bien. .D ¿Van a lanzar el ataque? —preguntó Shurta. .P Dashvara hizo una mueca y negó con la cabeza. .D No. Qué va. Todakwa está demostrando ser un diablo cuerdo. Er… Es hora de ir a conversar con Zefrek y Lifdor sobre este… asunto. Tenemos dos días para pensarlo. .D ¿Pensar el qué? —preguntó Zorvun con tiento. .P Dashvara lo miró a los ojos y tosió delicadamente. .D ¿Recuerdas lo que me dijiste en Titiaka sobre el pragmatismo y el orgullo? Bueno… Creo que nos conviene considerar la propuesta de Todakwa —afirmó y levantó por un instante el pergamino agregando—: Mientras les leo esto a los Shalussis, por favor acoged y acomodad a los Honyrs lo mejor posible. Su venida honra a su pueblo y hace honor al nuestro. .P Inclinó la cabeza y se fue alejando hacia el cuartel general. Varios hermanos, muertos de curiosidad, lo siguieron. .D ¿De qué endemoniada propuesta hablas? —preguntó Sashava, resollando con sus muletas porque iban a buen ritmo. .P Dashvara acortó sus pasos y explicó parcamente: .D La serpiente quiere un juramento de vasallaje. .P Más de uno se quedó boquiabierto. Zorvun resopló, incrédulo. Los Xalyas recién llegados no habían sido aún informados y ahora se mostraron igual de asombrados. Aligra mostraba una cara lúgubre digna de un cuento de terror —el Liadirlá sabía por qué no se había quedado con las demás mujeres xalyas en territorio honyr. Zamoy fue el primero en reaccionar: .D ¡Será maldito el diablo! .P El Calvo sofocó de indignación y no dijo más. El asombro los enmudecía a todos. Estaban ya llegando al cuartel general cuando Lumon preguntó: .D ¿En qué consiste ese vasallaje exactamente? .P Dashvara meneó la cabeza. .D No lo sé. El pergamino lo explica en detalle. He decidido no precipitarme en rechazarlo. Esto es idea de Kuriag. A Todakwa simplemente le ha gustado… No dudo de que habrá impuesto sus propias condiciones de todas formas. .P Esta vez, al llegar al cuartel general, no fueron rechazados y Dashvara pasó adentro con el capitán, Yira, Yodara, Lumon y Sashava. Ya se encontraba ahí toda la cúpula shalussi, la cual dada su variedad de origen era numerosa. Una veintena de cabecillas ya estaba ahí voceando en un barullo atronador. Dashvara se detuvo, los observó expectante y, poco a poco, la algarabía se calmó y las miradas se giraron hacia él. Cuando se hubo instalado un silencio relativo, desplegó el pergamino pronunciando: .D Todakwa nos ha sugerido examinar su propuesta. Si os parece bien, os leeré en voz alta las condiciones y luego las comentamos por separado si lo consideráis más apropiado. .P Zefrek intervino: .D Creo que en este caso ambos clanes estamos interesados en una discusión conjunta. .P Los cabecillas asintieron uno a uno con más o menos ganas y Dashvara comenzó a leer. El principio era una parrafada de presentación del acuerdo, con palabras técnicas que, Dashvara lo sabía, no debieron de entender ni la mitad de los Shalussis ahí presentes. Incluso él no entendía todas esas frases enrevesadas… Aquel texto tenía que venir de la mente de un estudioso… y dudaba de que fuera de Kuriag Dikaksunora. ¿De su primo diplomático, entonces, tal vez? Quién sabe. En cualquier caso, la serie de condiciones comenzó sin sorpresas: Todakwa reclamaba lealtad absoluta, permiso de leva en caso de guerra, libertad de circulación esimea en los territorios de cada clan, prescribía ciertas prohibiciones y se reservaba imponer más reglas de carácter menor en lo relativo a la caza, la ganadería y un largo etcétera, sin posibilidad de rechazo por parte de los vasallos, aunque estos podían «apelar». También imponía respetar la presencia de sacerdotes-muertos para educar y mantener la gloria de Skâra. Denegaba explícitamente el derecho a Lifdor de encabezar el clan de los Shalussis y exigía un único cabecilla que representara a ambos clanes. A cambio de todo eso, se comprometía a venir en ayuda de sus vasallos cuando estos lo necesitasen, a rebajar los precios en función de sus posibilidades y a asegurar el respeto de su cultura e identidad en el seno de la nueva potencia estepeña… .D Nueva potencia estepeña —escupió Sashava—. ¡Arrastraría gustoso a esa serpiente esimea por toda la estepa! .D Déjate. Su sangre envenenaría la tierra —gruñó el capitán con ira contenida. .P Dashvara terminó el apartado y finalizó con un: .D Los depositantes de las firmas siguientes aceptan el acuerdo y se comprometen a acatarlo en los próximos doce años. .P Zorvun enarcó una ceja. .D ¿Doce años? —repitió. .P Dashvara se encogió de hombros. .D Supongo que será para que no se nos ocurra rebelarnos antes y esperemos formalmente a que se acabe el plazo. .D Lo cual no sucederá de todos modos —graznó Lifdor—. No vamos a aceptar semejante humillación. .P Varios apoyaron su punto de vista con vehemencia, pero otros no parecían para nada tan decididos. Al fin y al cabo, aquello representaba una victoria con respecto a la esclavitud que habían vivido hasta ahora. El acuerdo, en fin, los seducía visiblemente. .P Una vez más, los Xalyas hicieron más de espectadores que de actores en la conversación que siguió la lectura del pacto. Las voces se encandilaron. Los que argumentaban a favor del vasallaje eran tratados de cobardes y traidores y estos a su vez llamaban insensatos y estúpidos a los que persistían en enfrentarse a un ejército creciente de Esimeos que por fin proponía liberar a sus mujeres e hijos esclavizados y dejarlos relativamente en paz. .D ¡Los Esimeos nos temen! —bramaba uno de barba grisácea y voz potente—. Si no nos atacan es porque saben que sus sortilegios no pueden nada contra un buen golpe de sable. Somos guerreros y ellos unas simples gallinas. ¡Impongamos nuestro propio pacto! .D Podemos añadir condiciones —comentó Zefrek tamborileando sobre la mesa. .D No valen las condiciones —replicó Lifdor—. Mi honor me prohíbe tajantemente considerar siquiera hacer un pacto de vasallaje con esa escoria. .P Su aseveración acabó en un trueno estentóreo, que obtuvo numerosos ecos. Dashvara se frotó la frente fruncida por tanto ruido. Trataba, en vano, de pescar algún comentario constructivo entre las voces caóticas que se alzaban. A su oído, Zorvun comentó: .D Esto me recuerda a cuando festejábamos carreras de caballo en Xalya. .P Los labios de Dashvara se curvaron. Aunque su sonrisa se torció cuando pensó que la fiesta que se estaba montando ahora amenazaba con acabar a tortas. Tras esperar unos segundos más, Dashvara meneó la cabeza y declaró a sus hermanos: .D Hoy no llegaremos a nada. El sol no tardará en marcharse. Será mejor que volvamos al refugio y compartamos la cena con los Honyrs. .P Zorvun aprobó pero dijo: .D Me quedaré aquí un rato más. Tengo curiosidad por saber qué opina Zefrek de todo esto. .P Dashvara se encogió de hombros y, dejando ahí al capitán, se encaminó con los demás hacia la salida tras soltar un rápido saludo general al que apenas contestaron los cabecillas. .P .Bpenso Ni que no hubiésemos tenido ya bastante barullo a la mañana con los discos explosivos… Será mejor que los Shalussis se vayan a dormir y consulten con sus sueños antes de tomar una decisión precipitada. .Epenso .P Dashvara se sentía más inquieto aún que unas horas atrás, por la simple razón que la propuesta de Todakwa amenazaba con desgarrar tanto a los Shalussis como a los Xalyas entre los que se alegraban de aceptar un rayo de luz a cambio de unos grilletes y los que deseaban conquistar su libertad y morir llevando a cabo una venganza honorable. Y, sinceramente, algo en Dashvara, tal vez el cansancio, la cordura, el amor a su pueblo o quién sabe, le hacía tender hacia los primeros. .P .Bpenso Siempre estaremos en medida de rebelarnos si Todakwa no respeta el pacto .Epenso , pensaba por un lado. .P Aunque otra vocecita se burlaba de él: .P .Bpenso ¿No te estarás contentando con poco, Dash? Ya no buscas libertad, ni venganza, ni justicia. Tu única preocupación es salvar a tu pueblo de la muerte y de la esclavitud completa y hasta te sientes agradecido de la intervención de Kuriag… .Epenso .P Se pasó toda la velada con la cabeza hecha un lío. Los Xalyas compartieron con alegría sus pocos víveres con los Ladrones de la Estepa y estos a su vez compartieron una especie de pastel con leche que arrancó comentarios entusiastas, pronto acallados para no molestar a los Honyrs mientras comían en su ritual silencio. Ya habían acabado de cenar hacía un rato cuando una pandilla de cinco adolescentes regresó adentro ruidosamente, rodeando a un Yuk cuya ropa estaba completamente hundida y embarrada. La madre de Miflin resopló, levantándose. .D Ave Eterna, ¿dónde estabais? Quítate esa camisa, Yuk, está hecha un asco. ¿Qué demonios te ha pasado? .D ¡Se ha caído, el muy torpe! —rió uno de los compañeros. .P El muchacho, él, no contestó y, para asombro de todos, se abrió un camino entre la pandilla a la velocidad del relámpago e intentó escapar. No lo consiguió: el capitán Zorvun, que andaba por la entrada conversando con Yodara, lo agarró del pescuezo. .D ¡Hey! ¿Adónde vas, chaval? .P Alertado por la cara profundamente alterada de Yuk, Dashvara dejó a un lado sus meditaciones sobre el pacto y siguió la escena con curiosidad. Ante la pregunta del capitán, el niño no pronunció una palabra. Zorvun frunció el ceño y Lariya los alcanzó, obviamente molesta por el comportamiento del joven xalya pero no sólo por él: al ver a dos de los chavales que habían acompañado a este reírse por lo bajo, Dashvara se ensombreció, adivinando lo ocurrido. .D Venga —suspiró Lariya—. Quítate esa camisa, la lavaré. .D ¡No! —replicó Yuk, moviéndose bruscamente. Si Zorvun no lo hubiese tenido bien agarrado, habría salido disparado hacia la salida. .P Ante el incomprensible rechazo, Lariya se adelantó y lo forzó a quitársela. Yuk no resistió, pero su rostro pasó a sonrojarse furiosamente. Y pronto todos entendieron por qué. Su torso estaba cubierto de tatuajes. Tatuajes de Skâra con motivos y signos galkas claramente identificables por sus colores negros y azules. .P La sorpresa los sobrecogió a todos y Yuk la aprovechó. Con las mejillas empapadas de lágrimas y los ojos abiertos como platos, se liberó de una sacudida y salió a la carrera del refugio. Los demás no reaccionaron de inmediato hasta que, finalmente, se elevaron resoplidos y comentarios y, por encima de estos, Orafe bramó: .D ¡Maldigo a los Esimeos y escupo en todos sus muertos! .P Por las miradas cómplices que intercambiaron los dos chavales que se habían reído antes, Dashvara dedujo que estos conocían ya el secreto de Yuk y que lo habían estado mareando por ello. Se quedó bien con sus caras y decidió que se ocuparía personalmente de darles una lección que no olvidarían en sus vidas. .P .Bpenso Cualquiera diría que Todakwa me ha devuelto a unos demonios esimeos en vez de a unos Xalyas .Epenso , masculló, disgustado. .P Makarva había salido a la noche en busca del chaval. Al de unos minutos, regresó con una expresión inquieta en el rostro. .D No lo encuentro. A saber dónde se habrá metido. .P Preocupados, otros se levantaban para salir a buscarlo cuando se oyó de pronto afuera un grito sonoro, de alarma o protesta, Dashvara no supo determinarlo, pero el ruido de cascos que vino después le dio muy, muy mala espina. Llegaba a la entrada cuando la voz estentórea del capitán desgarró la noche: .D ¡Vuelve aquí, insensato! .P Se lo decía a Yuk. Sólo que este ya se estaba alejando a caballo hacia las sombras nocturnas y tan sólo debió de oírlo de lejos. No le hizo caso de todas formas: siguió cabalgando. Dashvara siseó una imprecación y salió corriendo hacia el cerco. Más de uno tuvo la misma idea al mismo tiempo y Dashvara frenó antes de ordenar: .D ¡Boron, Alta! Vuestros caballos son los más rápidos. Traed al muchacho. .P Instantes después, el Plácido y Alta galopaban hacia las afueras de Lamastá, hacia el norte. Hacia el campamento esimeo. Dashvara espiró bruscamente. Sólo pensar que Yuk pudiera imaginar que estaría más seguro ahí que con su pueblo le hacía sentirse fatal. Sobre todo porque la culpa ahí no era de Yuk sino del resto, de la suya, por despreciar a Skâra y sus ritos, por condenar a los sacerdotes-muertos y sus prácticas, por denigrar todo lo que habían aprendido los jóvenes xalyas aquellos últimos tres años entre las manos esimeas. Vale, a Dashvara aquella Divinidad le inspiraba temor y desprecio, simplemente por ser esimea, porque sus adoradores le eran hostiles… El problema era que los jóvenes habían sentido ese desprecio. De ahí que algunos estuvieran listos a enseñar a sus mayores que para ellos Skâra no era nada, incluso aunque no fuera cierto; y de ahí que otros, con la Divinidad marcada al rojo vivo en la mente, incluso tatuados por los sacerdotes-muertos, se hubieran estado muriendo de vergüenza en silencio. Y, como gran señor de la estepa ciego y estúpido, Dashvara no había visto nada. .P .Bpenso Fantástico, Dash. No tienes nada que envidiarle al rey de los ciegos. Fíjate que esta gente es ante todo humana como tú. Está unida gracias a la tolerancia y confianza que reinan entre nosotros. Y en eso le has fallado a Yuk. Les hemos fallado estrepitosamente a todos nuestros jóvenes. .Epenso .P Se frotó la frente con cansancio y las palabras de Todakwa volvieron a resonar en su mente: .Bparoles tienes entre tu gente a jóvenes que piensan en galka, rezan en galka y sueñan en galka… .Eparoles Cierto. Era cierto. Sus sacerdotes-muertos habían logrado algo impensable. Algo que hubiera hecho revolcarse a su señor padre en su tumba. .P .Bpenso Buah. A estas alturas el señor Vifkan ya se habría muerto de horror por todo lo ocurrido. .Epenso .P Sintió una mano coger suavemente la suya y respondió con dulzura, volviendo los ojos hacia los de su naâsga. .D ¿En qué estás pensando? —le preguntó esta, curiosa. .P Dashvara echó una ojeada a su alrededor. Estaban a medio camino entre el refugio y el cerco de caballos y los Xalyas vagaban y hablaban a media voz, sondeando la oscuridad y esperando el regreso del muchacho. Los Honyrs se habían quedado casi todos dentro, preparándose a dormir después de un día agotador. Aún no había tenido la oportunidad de hablar realmente con ellos aparte de las habituales fórmulas de cortesía y poco más. Sin duda debían de estar preguntándose si no habían caído en una especie de trampa metiéndose en Lamastá a defender a un pueblo medio muerto que, total, estaba considerando traicionar una de las bases más esenciales de su Ave Eterna y someterse a Todakwa. Suspiró. .D En mil cosas distintas —admitió al fin—. Todakwa. Los Shalussis. Los Honyrs. Mi pueblo. Y mi estupidez… Como decía Maloven, quien quiere abarcarlo todo acaba abarcando aire. .P Yira emitió un suave resoplido divertido. .D ¿Intentas abarcar tu estupidez? —se burló. .P Dashvara sonrió y argumentó: .D Antes de remediarla es preciso entenderla. .P Cogió a su naâsga por la cintura y oteó con ella la oscuridad. Sobre la colina de la aldea, se veía una línea entera de antorchas encendidas y se adivinaba de cuando en cuando la silueta de un centinela shalussi. Que Boron y Alta tardaran tanto comenzaba a preocuparlo seriamente. .D Dash —dijo de pronto Yira rompiendo el silencio relativo de la noche—. Dime… ¿qué piensas de ese pacto? .P Dashvara hizo una mueca. .D No lo sé —confesó—. A veces me parece la vía correcta, otras veces una locura… Sinceramente, no lo sé. Desconfío de Todakwa, como es natural. .P Percibió el asentimiento de Yira. .D Tal vez Todakwa no esté haciendo eso únicamente para contentar a Kuriag Dikaksunora —meditó. .P Dashvara enarcó una ceja y la miró con sorpresa. .D ¿Qué quieres decir? .D Mm… Bueno. Si yo fuera Todakwa, ahora quienes más deberían preocuparme serían los federados. Van a mandar soldados a la estepa y créeme que cuando el Consejo de Titiaka manda soldados no los vuelve a traer para casa tan pronto. Avasallando a los Xalyas y los Shalussis, Todakwa se asegura de que no solamente no debilitaréis su propio clan sino que lo ayudaréis en caso de… —se encogió de hombros— potenciales invasiones indeseables. .P Dashvara se la quedó mirando, asombrado. Al cabo, jadeó. .D Caray. —Sonrió anchamente—. Eres la digna hija de Atasiag Peykat, naâsga. Se te da bien todo esto. .P La luz de una antorcha iluminó los ojos divertidos de Yira. .D No tan bien como a mi padre —aseguró—. Pero, de tanto escucharlo, alguna lección se me ha quedado. .P Dashvara esbozó una sonrisa, alegrándose otra vez de tenerla de nuevo a su lado pese a la situación. Estaba meditando sobre sus palabras cuando Miflin anunció de lejos: .D ¡Ya vuelven! .P Se oían cascos de caballo acercarse. Ansioso, Dashvara sondeó la oscuridad y, cuando al fin vio a los jinetes, sintió un escalofrío que nada tenía que ver con el frío de la noche. Sí, Alta y Boron volvían… pero sin Yuk. .Ch "Un Xalya no se rinde" Alta se apeó de un bote. .D Demasiado tarde, ha pasado las líneas —resolló atropelladamente—. Lo siento. —Tenía cara atormentada. Sus hermanos trataron de consolarlo pese a su propia decepción y nerviosismo y Alta exclamó—: ¡El Liadirlá guarde a ese muchacho! Si hubiese forzado más a mi Alrahila tal vez habría llegado… pero hacerlo en esta oscuridad era una locura. Ese muchacho… Diablos. Si los Esimeos llegan a hacerle daño… .D No lo harán —aseguró el capitán con voz calmada—. Están esperando una respuesta para lo del pacto. Sería absurdo meter cizaña. .D Los Esimeos son absurdos —graznó Orafe—. ¡Ya sólo por haber marcado a un niño como a un objeto…! —Sofocó y bramó—: ¡Diablos malnacidos! .P Más de un Shalussi se había acercado a ver qué ocurría y curioseaba alrededor. Dashvara alzó una mano. .D Tranquilos, hermanos. El capitán tiene razón: no le harán daño. Y mañana iré en persona a recuperarlo. —Previendo protestas, alzó la otra mano, alegrándose de paso de que ya no le doliera el gesto, y declaró—: Me siento personalmente responsable de este incidente. Además, como bien dice el capitán, mientras lo del pacto esté pendiente, no habrá derramamiento de sangre. Todakwa respetará la tregua. .D Como la respetó hace tres años, ¿no? —replicó Zamoy con sarcasmo. .P Dashvara hizo una mueca y se topó con expresiones escépticas. Insistió: .D Eso fue diferente. Mirad, soy el primero en desconfiar de esa serpiente, pero en este caso no le interesa el conflicto. Quiere paz con los clanes de la estepa. .D ¡Paz y un cuerno! —protestó Zamoy—. ¡Nos quiere sometidos, Dash! Quiere humillarnos. .P Orafe le dio un codazo y el Calvo resopló, pero calló. Hubo un profundo silencio en el que Dashvara pilló la indirecta de sus hermanos: ellos lo seguirían decidiera lo que decidiera. Ahora entendían los riesgos mejor que nunca y lo que estaba en juego: el futuro de doscientos Xalyas. Pero, si Dashvara consideraba el riesgo necesario, se lanzarían a la batalla cuerpo y alma. .P .Bpenso Y no sabéis hasta qué punto os temo por ello, hermanos… .Epenso .P Dashvara inspiró y rompió al fin el silencio. .D Hoy ha sido un día muy largo. Mañana será un nuevo día. E iluminará sin duda mi cabeza con ideas más constructivas que las que tengo ahora, así que… os deseo a todos buenas noches, hermanos. .P Le contestaron y todos menos los vigilantes regresaron adentro a instalarse en sus jergones improvisados y apagar las antorchas. Como todas las noches, Tsu volvió a usar sus ungüentos y sortilegios sobre su brazo y, mientras el drow trabajaba, Dashvara observó un silencio absorto. Finalmente, pese a las energías que empezaban abotagar su mente, trató de espabilar y soltó: .D Tsu. —El drow alzó la cabeza enarcando levemente una ceja interrogante antes de retomar su trabajo. Dashvara vaciló—. ¿Qué tal va Fushek? .D No muy bien —confesó Tsu—. Le quité el virote y ha perdido mucha sangre. Pero vivirá, creo. Es un hombre fuerte. .P Dashvara asintió, alegrándose pese a la acogida más bien hostil que le había reservado ese Shalussi. .D Bien —murmuró. Y entonces giró la cabeza hacia el saco abultado y lanzó—: ¿Tah? ¿Estás durmiendo? Estaba pensando… .P La sombra se lo adelantó interrumpiéndolo con un carraspeo burlón. .P .Bdm Que si puedo ir a ver si todo le va bien al muchacho, ¿verdad? Voy. .Edm .P Dashvara sonrió. .D Gracias, Tah. Gracias de corazón. .P La sombra le respondió con una sonrisa mental, salió de su saco a la luz tenue del refugio y desapareció en un completo silencio. En la sala tan sólo se oían ya murmullos, carraspeos y alguna tos. Tsu se apartó. .D Listo. ¿Sabes, Dash? Cuanto más piensas, más te estresas, y cuanto más te estresas, más tardará en curarse la herida y tendré que sacarte otra vez esas ogrollas. .P En sus ojos se adivinaba un ligero destello bromista. Dashvara lo miró con diversión. .D Si no me das ya de esa porquería es porque se te han acabado, confiesa. .P Tsu meneó la cabeza y una leve sonrisa animó su rostro oscuro de drow. .D Bah, duerme ya —le dijo. .P Se levantó y Dashvara le deseó buenas noches. Gracias a las energías esenciáticas, se ahorró un mal rato intentando conciliar el sueño: abrazado a su naâsga, cayó pesadamente dormido. .salto Despertó después de haberse pasado horas o tal vez días subiendo y subiendo el monte Bakhia hasta el cielo. Se enderezó en su jergón desechando los últimos retazos de su sueño agotador. Su naâsga no estaba a su lado y el refugio estaba más bien vacío: tan sólo se encontraba una joven mujer instalada junto a la entrada con los niños más jóvenes del grupo. Dashvara se cruzó con su mirada y meneó la cabeza resoplando. .D Er… Buenos días, Morgara. ¿Dónde diablos está la gente? .D No quisimos despertarte —explicó ella—. Los demás están afuera. ¿No oyes el barullo? Zefrek y Lifdor se van a batir en duelo. .P Dashvara estaba poniéndose las botas pero al oír eso alzó bruscamente la cabeza. ¿Que se iban a batir en duelo? ¿En serio? Emitió un gruñido despectivo, luego una carcajada incrédula y al fin acabó de ponerse las botas, se abrochó prestamente el cinturón, agarró la capa y se dirigió hacia la salida dando los buenos días a la chiquillería. Apenas salió, el frío lo azotó. Se arrebujó en la capa echando una simple ojeada hacia el cielo plomizo antes de interesarse por la numerosa tropa que se había congregado para el duelo: este tenía lugar en uno de los cercos contiguos al de los caballos xalyas y honyrs y unos cuantos de su pueblo se habían colocado sobre las barreras para intentar ver sobre las cabezas shalussis sin necesidad de mezclarse a estas. Mientras que una tranquila algarabía reinaba entre los espectadores xalyas, entre los Shalussis era diferente: vociferaban como animales. .P Mientras se acercaba, sobre la barahúnda, Dashvara creyó percibir un choque sordo, como el producido por un sable chocando contra un escudo. Allegándose al capitán, preguntó: .D ¿Y por qué se supone que hacen eso exactamente? .P Zorvun resopló, apartándose de la barrera con tranquilidad. .D Asuntos de salvajes. Por cierto, Dash. Adivina de quién es el caballo que se llevó Yuk anoche. .P Dashvara agrandó los ojos, alarmado. .D ¿No era nuestro? .P Zorvun suspiró. .D No. Era honyr. .P Dashvara palideció. Oh, diablos. No era muy difícil imaginarse el estado de ánimo de su propietario. Y menos conociendo el apego que les tenían a sus caballos los Honyrs: así como los Xalyas cuidaban de sus monturas como a amigas del alma, los Honyrs las cuidaban como a verdaderas diosas. .D Están intentando ser comprensivos —aseguró Zorvun, acercando el rostro para hacerse oír pese al follón que estaban montando los Shalussis—. Pero ese caballo… hay que recuperarlo sea como sea. .P Dashvara asintió. .D Y tanto. ¿Dónde está el Honyr? ¿Has intentado tranquilizarlo? .D Pues claro. Pero no estaría de más que lo tranquilizaras tú también. Es el grandullón aquel con el cinturón rojo. Es el padre de Sirk Is Rhad. No ha querido dar su nombre. .P Dashvara detalló al hombre. Conociendo el desprecio inicial que le tenía Sirk Is Rhad a todos los «zoks», adivinó que su padre no debía de ser un ejemplo de tolerancia tampoco. Se le acercó y, mientras avanzaba, los Honyrs le devolvieron miradas graves. Desde luego no parecían estar disfrutando tanto del duelo como los Xalyas, y menos como los Shalussis. Se detuvo ante el padre de Sirk Is Rhad y fue al grano: .D Te presento mis disculpas, Honyr. Tu caballo te será devuelto lo antes posible. Trataré de compensar este… er… —Estuvo a punto de decir «percance» pero se lo pensó mejor y dijo—: esta desgracia. .P Un estruendo de gritos y cantos se elevó entre los Shalussis. Dashvara resopló y, girándose de nuevo hacia los Honyrs, alzó la voz agregando: .D Por otro lado, os prometo a todos que, si acepto ese pacto, Todakwa tendrá que dejaros volver a vuestras tierras sin impedimento alguno. De eso no debéis preocuparos. .P El padre de Sirk Is Rhad lo fulminaba con el ceño fruncido. .D Primero me robaste a mi hijo —pronunció en un ladrido—, luego mi caballo… ¿Cuál será la próxima sorpresa? .P Dashvara frunció el ceño a su vez, tenso. .P .Bpenso Y bueno, Dash, ¿acaso pensabas que todos aquí venían a jurarte lealtad y a morir a cambio del perdón hacia su pueblo por lo que hizo Sifiara el Traidor? Gran iluso. A veces pareces tan ingenuo como Maloven. .Epenso .P Se relajó a la fuerza y afirmó: .D Te equivocas. Si deseas que tu hijo vuelva al norte, que así sea. No tengo derecho alguno a interferir en una decisión como esa. —El Honyr lo observaba como intentando adivinar si aquel zok estaba siéndole sincero. Dashvara dio un paso hacia atrás y agregó para todos los Honyrs—: El Gran Sabio me contó la historia de vuestro clan y me dijo que algunos de vosotros acogeríais con alivio el perdón de parte de un señor de la estepa y… teniendo en cuenta que muy probablemente sea el único que queda vivo, me gustaría aprovechar para expresaros en persona ese perdón, aunque no creo que mi palabra tenga mucho valor pero… como último señor de la estepa, aseguro a todo aquel que siga poniéndolo en duda que la traición de Sifiara no tiene ya razón de avergonzar a sus descendientes. Un hombre ya tiene suficiente con avergonzarse de sus propios errores como para avergonzarse de los hechos de todos sus antepasados. .P Calló y sólo entonces se dio cuenta de que, ahora, no solamente lo escuchaban los Honyrs sino también los Xalyas. El barullo se había alejado. El duelo había acabado. Y Dashvara se había perdido el resultado. Trató de adivinarlo según el alboroto que recordaba haber oído, en vano. Pero bah, ¿quién podía haber ganado? Lifdor muy probablemente. Era un guerrero veterano. .P Se inclinó ante los Honyrs sin saber muy bien si debía esperar una respuesta a su discurso… Entonces, el padre de Sirk Is Rhad pronunció: .D Tus palabras son bien recibidas. Respeto el deseo de nuestro Gran Sabio y valoro la estima que ha despertado en ti. Pero, como comprenderás, nuestra historia nos ha enseñado mucho. Y por ello, mi pueblo jamás aceptará renacer junto a un clan dispuesto a renunciar a su Ave Eterna bajo el yugo esimeo. .P Su voz era pausada, inflexible, pero no hostil. Dashvara asintió con el corazón encogido. Por lo visto, aquel Honyr tenía una influencia evidente en su clan. Inspiró y reconoció: .D No puedo sentirme herido por tu acusación. —Al contrario que otros, notó de reojo, viendo el rostro de los Xalyas—. Ni tampoco puedo verla como una real acusación. El Ave Eterna no es una montaña inalterable. Así como la vuestra ha sacado lecciones de vuestro pasado lejano, la nuestra las ha sacado de un pasado más reciente, pero no menos duro. Si he de aceptar el yugo esimeo, será porque habré considerado que no hacerlo sería mandar a mi pueblo a una matanza. Como dijo Nabakaji: muerte al hombre que arrastra a sus hermanos a una muerte segura. .P El padre de Sirk Is Rhad le devolvió una mirada indescifrable y respondió: .D Las desavenencias que tuve con el señor Vifkan en el pasado no se borran con el tiempo. Sin embargo, el Gran Sabio dice que su hijo tiene un Ave Eterna más parecida a la nuestra. He venido a comprobarlo. .P Dashvara enarcó una ceja, preguntándose qué era lo que, en tal caso, aquel Honyr esperaba que hiciera, pues estaba claro que ni aprobaría que lanzara a su pueblo a la muerte ni vería digno de un señor que este agachara la cabeza ante unos zoks que habían destruido la antigua estepa. No sabiendo muy bien qué responderle, realizó un ademán y dijo con tono afable: .D Pues siéntete libre de comprobar todo lo que quieras, buen hombre. Mientras tanto, nuestro hogar es vuestro hogar. .P Se inclinó, el Honyr hizo otro tanto y Dashvara se reunió con sus hermanos. Hizo un gesto con la barbilla hacia el cerco del duelo y preguntó: .D ¿Ha muerto? .P Zamoy se carcajeó. .D ¡Qué va! El pirata es un caballero. Lo ha dejado con vida. .P Dashvara se sobresaltó, sorprendido. .D ¿Ha ganado Zefrek? .D Por un golpe de suerte —confirmó Lumon mientras los demás se ponían a comentar animadamente el duelo. .P Aquello lo sobrecogió. Por un lado era una buena noticia y por otro no tanto. Lo bueno era que Zefrek tendía a todas luces por un arreglo más pacífico del bloqueo: debía de pensar que el pacto le otorgaría la legitimidad oficial de la que carecía y es que, en verdad, lo que más debía de preocuparlo ahora eran las disensiones entre su propia gente y las historias de venganzas internas de su clan. Lo malo era que de estas últimas podían salir mal parados todos, porque si los Shalussis comenzaban a darse de tortas en plena Lamastá… los Xalyas tendrían que tomar partido o salir volando y aceptar el pacto sin posible renegociación. .P Dashvara giró la cabeza en varias direcciones, con el ceño fruncido, cada vez más agitado. .D ¿Dónde está Yira? .P Varios la buscaron con los ojos con él, en vano. Un temor sordo invadió a Dashvara. ¿No habría ido sola a buscar a Yuk, verdad? O bien, quién sabe, tal vez algún Shalussi la hubiera pillado rondando de noche por el pueblo y… Entonces, para gran alivio suyo, la vio. La sursha acababa de aparecer al final de la calle principal del pueblo, en compañía de Shokr Is Set. Todos los miraron acercarse con curiosidad. Antes de que nadie pudiera preguntar nada, Shokr Is Set declaró: .D Hemos estado hablando con Ashiwa de Esimea. Pienso que deberíamos convencer a Zefrek de que lo libere ahora mismo. .P Dashvara frunció el ceño, extrañado. ¿Liberar a Ashiwa incluso antes de haber aceptado el pacto? Y bueno, ¿por qué no? A estas alturas, de poco les iba a servir, aceptaran o rechazaran el pacto, y con su hermano libre, Todakwa no podría negarse a devolverles el favor entregándoles a Yuk. Así que dio por bueno el consejo del Gran Sabio sin vacilar y prometió: .D En cuanto se calmen los Shalussis, iré a verlo. .P Sólo que los Shalussis se negaron a dejarlos pasar al cuartel general: «ya os harán mandar», decían. .Bpenso Ni que fuéramos súbditos suyos .Epenso , bufó Dashvara mientras regresaba al refugio echando humo. .P Pero no les quedaba más remedio que esperar, así que aguardó con impaciencia. Desayunó frugalmente y, tras ocuparse de Amanecer, dedicó su mañana a esculpir un pequeño caballo de madera mientras lo iban informando de lo que sucedía en el pueblo. Tah no había vuelto, y aquello lo tenía algo preocupado pero podía ser, como decía Yira, que el sol lo hubiera pillado en pleno campamento esimeo y no se hubiera atrevido a cruzar el terreno de hierba rala que lo separaba de Lamastá. O que se hubiera quedado a hablar con Api. Por lo que sabía, el joven demonio había sido reaceptado en el campamento gracias a la intervención de Asmoan de Gravia. Ese muchacho sortudo parecía poder moverse con casi tanta libertad como una sombra. .P Hubo al menos dos duelos más entre los Shalussis aquella mañana y más de una disputa encandilada por las calles. Los Xalyas que se alejaron a curiosear le dijeron todos lo mismo: Zefrek seguía encerrado en el cuartel general, reunido con los cabecillas. Algunos decían que había sido asesinado, otros que había huido y aun otros, inspirados por la vieja sabia shalussi, creían que era el Elegido de su clan, que por haber viajado era un hombre culto y que, de un modo u otro, llevaría al fin la paz y la libertad a sus familias… En fin, que Lamastá se desgarraba bajo la mirada lejana del ejército esimeo y los guerreros shalussis, igual de desinformados que los Xalyas, se pasaron toda la mañana inquietos y enfurecidos, exaltados y expectantes. De ahí que en unas horas surgieran más encontronazos con los Xalyas que en todos los días anteriores: para empezar, varios Shalussis, tras aceptar que los Xalyas ordeñaran su ganado, se negaron a dejarles parte de la leche como de costumbre y la reclamaron entera para ellos diciendo que los diablos «no necesitaban comer»; otros se negaron a siquiera dejar que trabajaran ya para ellos y más de uno los tanteó con insultos no ya encubiertos sino claros como el agua… Teniendo en cuenta que los Shalussis no tenían esos reparos con los muertos ajenos como los Akinoa, sus palabras reventaron a más de un Xalya por dentro. Pero, para asombro de Dashvara, ninguno se saltó sus órdenes de no caer en las provocaciones. Ni siquiera Maef. Algo que Dashvara no hubiera creído posible. Desde luego, su pueblo comenzaba a desarrollar un autocontrol admirable. .P Fuera como fuera, el acuerdo tácito de respeto mutuo se fue al traste, la alianza se tambaleó y a punto estuvo de desmoronarse del todo cuando, hacia el mediodía, cuatro Shalussis les vinieron hasta el refugio arrastrando a un muchacho y diciendo que «esta rata vuestra» les había robado un queso. Estaban fuera de sí. .D ¡Sabéis que no mataremos a unos niños y los mandáis a robarnos! —bramaba uno—. Hijos de rata… Ahora que tenéis a los Honyrs lamiéndoos las botas, pensáis que estáis a salvo, ¿eh? Pues os equivocáis. Este es territorio shalussi. Si empezáis a pasaros de la raya, ¡os mataremos de hambre y os cortaremos las patas! .P Le dio un violento empujón al presunto ladronzuelo, el cual se espatarró a los pies de su señor conteniendo las lágrimas como un campeón. Dashvara lo agarró de un brazo y lo levantó sin esfuerzo. .D Dime, pequeño. ¿De verdad has intentado coger un queso que no era tuyo? .P El niño negó con la cabeza sin atreverse a hablar. Su movimiento generó renovadas imprecaciones por parte de los Shalussis que arrancaron a Dashvara una mueca de agobio. Incapaz de determinar quién mentía, presentó de todos modos sus disculpas con tono hosco y la historia acabó ahí, por fortuna. .P Siguió con una mirada sombría a los cuatro protestones que se alejaban con andares de rey. La renovada hostilidad de los Shalussis lo tenía profundamente turbado. Hasta ahora, estos habían tratado a los Xalyas con relativa clemencia y compasión… pero la llegada de los Honyrs había dado un vuelco a la situación. ¿Sería acaso porque temían que los Xalyas se unieran a los Ladrones de la Estepa? Con esa unión, los Shalussis se convertirían en el clan más débil de Rócdinfer, quitando quizá a los Akinoa… y la perspectiva los asustaba. Al contrario que a Todakwa: él, no movería un dedo para impedir dicha unión mientras Dashvara aceptara el vasallaje, pues precisamente le vendría de maravilla tener al fin cierta influencia sobre los Honyrs. Pero a los Shalussis… más les hubiera convenido que el señor de la estepa estuviera enterrado a cincuenta palmos bajo tierra. .P .Bpenso Pues que intenten enterrarme .Epenso , masculló para sus adentros. Cuando perdió a los cuatro Shalussis de vista, escupió en voz alta: .D Shalussis. No cambiarán nunca. —Le revolvió el cabello al niño ladrón sin pedirle cuentas y le confesó a Zorvun—: O Zefrek de verdad está muerto o nos está ninguneando adrede. .P Resultó ser lo segundo pues, a la tarde, cuando ya Dashvara se estaba preparando para ir a informar a los cabecillas shalussis de que, puesto que era así, los Xalyas tomarían sus decisiones sin consultar a nadie, llegó un mensajero a anunciar que Zefrek lo invitaba a reunirse con él al norte de la aldea. .D Más raudo que un bodún —comentó Dashvara con sorna, alegrándose de todas formas. .P El joven mensajero se contentó con poner cara de incomprensión. Dashvara estaba listo. Junto con una decena de hermanos, se alejó hacia el norte. Viéndolo, Sirk Is Rhad se apresuró a separarse del grupo honyr y a unirse a ellos, obviamente decidido a mostrar a su padre quién era su verdadero señor ahí. Dashvara no pudo evitar dedicarle una sonrisa fraternal pese a la mirada sombría que sin duda debía de echarles el padre en ese momento. .P El cielo se había descubierto y un sol frío iluminaba ahora Lamastá con sus rayos. Al norte de la aldea, junto a las barricadas de escombros, se encontraba un numeroso grupo de jinetes. El denso polvo levantado por sus monturas se mezclaba a los hálitos cálidos que manaban de sus bocas en el aire invernal. No se oían voces, si acaso algún murmullo entremezclado con los resoplidos de los caballos. Se preparaban para ir a algún sitio, sin duda. Quedaba por saber si con las armas desenvainadas o la cabeza gacha. .P Dashvara avistó a Zefrek y se acercó con andar firme y ojos cautelosos. Se fijó en el vendaje medio oculto que el pirata llevaba en la muñeca, probablemente herida durante el duelo de la mañana. Por lo demás, parecía mucho más en forma que la víspera y respiraba confianza en sí mismo a espuertas. El duelo le había sido saludable. .D Zefrek de Shalussi —lo saludó con voz profunda. .D Dashvara de Xalya —replicó el jefe shalussi, sin apearse—. Perdón por no haberte invitado a la reunión esta mañana pero, como comprenderás, tenía que tratar asuntos que sólo concernían al clan. Los hemos zanjado al fin y hemos reflexionado también largo y tendido sobre el pacto propuesto por Todakwa… Supongo que vosotros habréis hecho lo mismo y me gustaría conocer tu conclusión sobre el tema. .P Dashvara barrió los rostros shalussis con vivacidad y sondeó la expresión de Zefrek tratando de adivinar precisamente cuál era .Sm su conclusión sobre el tema. Al cabo, contestó con franqueza: .D Todo depende de la vuestra. Si aceptáis, no tendremos más remedio que aceptar también. .P Su respuesta arrancó a Zefrek una mueca divertida. .D Cierto —concedió—. ¿Y si he decidido rechazar? .P Dashvara frunció el ceño. .Bpenso ¿Jugando conmigo, pirata? .Epenso Se encogió de hombros. .D Si rechazas, será porque sabes que obtendrás en breve más ayuda de Dazbon. .P La sonrisa de Zefrek se ensanchó. Sí, estaba jugando con él, confirmó Dashvara sin inmutarse. Estaba claro que ya había tomado una decisión. .D No sólo podrían ayudarnos los republicanos —replicó el jefe Shalussi—. También están los Akinoa. .P Sobrecogido, Dashvara entornó los ojos, observándolo con detenimiento. .D ¿Tienes noticias de Raxifar? .P El Shalussi asintió con calma. .D Atacó las minas del norte con una veintena de hombres y mujeres de su pueblo. —Bajo la mirada asombrada de los Xalyas, detalló—: Al parecer, los mineros eran casi todos Akinoa. Los salvó y, como los perseguían y no tenían caballos, se atrincheraron en el torreón Nayul al noreste de Aralika. Y ahí siguen. .P Dashvara resopló. Por lo visto Raxifar se encontraba en una situación tan delicada como la suya… .D ¿Cómo te enteraste? .D Por un mensajero esimeo —contestó Zefrek—. Todakwa debió de pensar que la noticia nos invitaría a aceptar más rápidamente el pacto. .P Dashvara se preguntó qué otras noticias podía estar escondiéndole aquel pirata y con una sonrisa sardónica replicó: .D Qué amable. Dejémonos de rodeos, Zefrek de Shalussi: ¿vas a aceptar el pacto, sí o no? .P Zefrek intercambió una mirada con sus compañeros antes de asentir. .D Imponiendo nuevas condiciones de las que deseo hablar con Todakwa en privado. Pero sí, considero que el pacto nos será ventajoso. He decidido entregar a Ashiwa ahora y hablar con Todakwa. Te invito a que me acompañes. .P Dashvara tardó unos segundos en asimilar su respuesta, aunque lo hizo sin sorpresas. Sentía dolorosamente la falta de poder de los Xalyas en aquel asunto. .D Sea —dijo con voz ronca—. Más le vale a Todakwa respetar su palabra. Enseguida voy. .P Saludó y le dio la espalda con cierta brusquedad. Regresó a la zona xalya con el corazón pesado y rodeado de silencio. Apenas de vuelta, declaró a todos con voz fuerte: .D Xalyas, nos rendimos. Recogedlo todo y preparaos para salir de Lamastá. No vamos a quedarnos en este antro shalussi más de lo necesario. .P Todos obedecieron con presteza sin comentar una sola vez la decisión de Dashvara. Tampoco debían de querer reflexionar demasiado sobre ella: al fin y al cabo, el señor decidía lo mejor, ¿verdad? Dashvara suspiró. .P .Bpenso Deja de quejarte de tus responsabilidades, Dash: se supone que te criaron para aguantarlas. .Epenso .P Se subió al lomo de Amanecer y le palmeó el cuello con dulzura. La voz de su padre resurgió de la muerte en aquel instante y resonó en su mente con la fuerza de un martillo: ¡un Xalya no se rinde!, tronaba. Y la voz más suave y pausada de Maloven le susurró: .Bparoles Rendirse ante lo inevitable no es rendirse, sino actuar con sabiduría. .Eparoles Los labios de Dashvara se curvaron en una mueca irónica. .P .Bpenso ¿Rendirse? Y un infierno. Un Xalya no se rinde: firma pactos. .Epenso .Ch "Reminiscencias" .\" 18/05/2018 La acogida de Todakwa fue pomposa e innecesariamente paternal. Ni siquiera habló casi con los jefes derrotados: tras asegurarse de que Ashiwa no había sufrido tortura alguna, Todakwa envió enseguida carretas enteras de comida y leña a Lamastá por compasión por los hambrientos vencidos y, antes incluso de que se firmara nada, entró con su ejército en el pueblo y asentó su propio cuartel general en lo alto de la colina para pasar la noche. .P Como consecuencia, las calles estaban llenas a rebosar de guardias esimeos, los Shalussis no se apartaban de sus fogatas y los Xalyas se quedaron amontonados en su refugio junto con los Honyrs sin atreverse a salir. No tenían noticias de Tah, ni de Kuriag, ni tampoco de los Akinoa. Y de Yuk muy poco sabían: cuando Dashvara había pedido recuperarlo, Todakwa, con evidente burla, había contestado que él no le impedía volver, que de momento el muchacho estaba a cargo de los sacerdotes-muertos y que deseaba quedarse con ellos. El caballo del cabecilla honyr tampoco lo habían recuperado: al parecer había salido al galope hacia el norte y nadie había sido capaz de alcanzarlo. Dashvara había repetido sus disculpas, cada vez más avergonzado y molesto por lo ocurrido: aquel estúpido incidente tenía al padre de Sirk Is Rhad inevitablemente malhumorado y Dashvara no podía más que entenderlo. En fin… al menos aquella noche se acostaron sin una pizca de hambre. Todakwa debía de creerse eso de que los corazones se conquistaban saciando estómagos. .P La aceptación oficial del pacto se hizo al día siguiente, en presencia de todos. Era el Día del Alkanshé, una fecha sagrada para los Esimeos, y es que al parecer, durante el Alkanshé, todo conflicto estaba prohibido porque se festejaba el Renacer de Skâra y todos debían cantar y bailar en su honor. Varios chavales xalyas habían intentado explicarle a Dashvara cómo era eso de que la Muerte podía renacer, pero había resultado que ni ellos, tras tres años de oraciones, lo alcanzaban a entender. .P .Bpenso Tranquilo, Dash, .Epenso se lanzó mientras desayunaba ricamente. .Bpenso Pronto tendrás a un sacerdote-muerto a tu lado de sol a sol para explicártelo todo en detalle. .Epenso .P Afuera, ya se oían ruidos de instrumentos y voces animadas. Sus hermanos desayunaban a su lado, menos ruidosos que normalmente. No estaban lúgubres tampoco, más bien inquietos por conocer el futuro. En cuanto a los Honyrs, no habían probado un bocado de la comida ofrecida por Todakwa: usaban sus propias provisiones, despreciando seguramente en silencio que los Xalyas la aceptasen sin escrúpulo alguno. .P .Bpenso Bah, ¿no se supone que los amos dan de comer a sus esclavos? .Epenso , rió interiormente Dashvara, sardónico. .P La lección la tenía bien aprendida de Diumcili: todo lo que pudiera venirle bien a su pueblo era bienvenido. No había nada honorable en morirse de hambre teniendo unas deliciosas tortas al alcance de la mano. ¿Acaso habría pensado igual hace tres años? No, desde luego que no. Hace tres años habría rugido como un nadro, sintiendo su Ave Eterna atacada. Esbozó una sonrisa. A veces lamentaba haber perdido esa pureza tozuda de su adolescencia. Y, sin embargo, con ella jamás habría sobrevivido a la Frontera, jamás habría aceptado ser esclavo de Atasiag ni habría matado a Rayeshag Korfú a traición y jamás habría vuelto a la estepa. Lo cual no significaba que ahora se alegrase especialmente de inclinar la cabeza ante Todakwa… pero en un clan tan pequeño la supervivencia y el sentido común premiaban. .D ¡Hey, Filósofo! Con tanto pensar te vas a perder la ceremonia —le lanzó Makarva, burlón. .P Sus hermanos ya se estaban levantando. .D No se atreverían a empezar sin mí —replicó Dashvara con una sonrisa de lobo—. Sólo espero que no se alargue. La modernidad tiene la mala costumbre de alargar las cosas inútiles. .D Sea como sea, hoy irás vestido como el señor de los Xalyas —intervino una voz alegre detrás de él. .P Dashvara se giró con las cejas enarcadas y vio a varias mujeres xalyas acercarse llevando una larga tela oscura entre las manos. Se levantó con el corazón acelerado. ¿Eso podía ser que fuera…? .D ¿El shelshamí? —murmuró, atónito. .P Era el pañuelo negro que su padre vestía en las ceremonias y en los encuentros pacíficos con los demás clanes. Lo hubiera reconocido en cualquier sitio: tenía las mismas decoraciones en los bordes y una pequeña perla blanca, regalo de Dakia, que el señor Vifkan colocaba contra su pecho, oculta a las miradas extranjeras. Jadeó. .D ¿C-cómo…? Quiero decir, ¿cómo es que los Esimeos no…? .D Tu madre me lo dio para que lo escondiera —explicó su tía Lariya—. Y me dijo que el día en que te lo devolviera habrías cumplido con tu misión. .P Dashvara sintió un escalofrío y apartó la mano de la tela con el semblante grave. .D Entonces, no puedo ponérmelo. No mientras Lifdor y Todakwa sigan vivos. .P Vio los ojos de Lariya sonreír y un destello ardiente y desafiante brillar en ellos mientras se adelantaba desplegando la tela. .D Antes de que el sol renazca habrás salvado a tu pueblo —pronunció con calma solemnidad, cubriéndolo con el shelshamí—. Si has de matar a Todakwa, mátalo. Haz justicia. Salva el orgullo de tu pueblo. Te lo pido yo, Lariya, hermana de Dakia de Xalya. Esa serpiente nos robó nuestra dignidad. Si hemos de morir para recuperarla, que así sea. De todas formas, nuestros muertos no se levantarán de nuevo, mi señor. Nuestro clan agoniza. Y nuestro orgullo… sólo tu acero puede curarlo, Dashvara de Xalya. .P Ayudada por otras mujeres, Lariya había acabado de vestir a su señor con el pañuelo negro. Sus palabras habían dejado a Dashvara pasmado, turbado, arrebatado… No esperaba una salida como esa. Y, dadas las expresiones sobrecogidas de sus hermanos, adivinó que ellos tampoco. Por un instante, se vio atrapado por su propio pueblo. Él quería hacer lo mejor para este y resultaba que este no le pedía paz ni amor: le pedía justicia y venganza. .P Como había dicho Lumon un día, estaban todos muertos en vida y su pueblo esclavizado tan sólo había seguido viviendo por desesperanza completa. Pero ahora que recuperaban a un señor, deseaban que este los devolviera a la vida, aunque fuera para morir al minuto siguiente. .P .Bpenso Desean que mueras, Dash .Epenso , entendió con un escalofrío. .Bpenso Desean más la muerte de Todakwa que la vida de su clan, porque piensan que este ya está muerto. .Epenso .P .Bpenso Menuda locura. .Epenso .P .Bpenso Pero es tu pueblo, Dash, y lo entiendes, admítelo, entiendes su deseo de venganza porque una parte de ti mismo se muere de ponerla en práctica. .Epenso .P .Bpenso Pero no lo harás. .Epenso .P Como adivinando sus pensamientos, los ojos de Lariya fulgieron. .D Sólo tu acero puede salvar el Dahars de tu pueblo —insistió. .P Y con qué confianza y firmeza lo decía… A la vez conmovido y aterrado, Dashvara se inclinó ante su tía y las demás Xalyas y dijo: .D Haré lo que mi Ave Eterna me dicte que haga, .Sm -t erare sîzinez , y mis sables cumplirán con su deber. Pero en el lugar y el momento adecuados. La impaciencia es el enemigo del cazador. —Sonrió ante las miradas graves pero decididas de los jóvenes xalyas y tomó la mano de Lariya para apretarla con dulzura—. Gracias por haber guardado el shelshamí, tía Lariya. Trataré de llevarlo con tanta dignidad como lo llevó mi señor padre. .P La madre de los Trillizos vaciló pero pareció considerar que sus palabras habían tenido todo el efecto deseado pues no insistió y tan sólo dijo: .D Que nuestro Dahars te guíe, mi señor. .P Afortunadamente Lariya no era tan impetuosa y autoritaria como lo había sido su hermana y confiaba en que sus palabras bastarían para que su señor entendiese que la vida de su pueblo no debía de ser un obstáculo a su deber. El problema era que para Dashvara más que un obstáculo hasta ahora su pueblo había sido un objetivo… además de un escudo que lo protegía de sus propios impulsos. Deber, deber, se repitió con irritación. ¿Quién mejor que él podía entender su deber real? .Sm -t penso El Dahars de tu pueblo , le dijo una vocecita. Pero se suponía que, según la tradición, era el propio señor el que lo representaba. De modo que, hiciese lo que hiciese, su pueblo lo seguiría, ¿verdad? Según la tradición, lo seguiría hasta la muerte o hasta la humillación más brutal. Tal era el poder del señor de la estepa. Y tal era lo que Atasiag había llamado fanatismo del Ave Eterna. .P .Bpenso Alégrate, Dash: si tuvieses a cinco mil Xalyas bajo tu mando, toda la estepa estaría a tus pies… .Epenso .P Reprimió una oleada de autoburla y echó una ojeada a su pueblo. Sus hermanos lo miraban con extraña fascinación. Tenían cara de haber visto un fantasma debajo de ese shelshamí. ¿El fantasma de su padre, tal vez? .P .Bpenso Pues no os engañéis, hermanos. No es el señor Vifkan el que tenéis delante: sólo soy yo. .Epenso .P Resonó un cuerno afuera, retomado por otros. Era la hora. Con una tranquilidad que lo sorprendió, Dashvara tendió una mano para tomar la de su naâsga, la besó sintiendo claramente su turbación y echó una última mirada a su pueblo antes de soltar: .D En marcha. .P Y salieron todos del refugio. .P Los Esimeos habían estado activos aquella mañana: habían limpiado las calles de escombros, las habían incluso decorado con banderolas azules y blancas. El blanco simbolizaba el renacer de Skâra; el azul, su inmortalidad. Y, con todo esto, Dashvara seguía preguntándose: ¿cómo se podía ser inmortal y renacer? Los Esimeos y sus historias disparatadas… .P Echó una simple mirada hacia atrás para comprobar que los Honyrs habían decidido aceptar la invitación y seguirlos hasta el lugar de la ceremonia. Diablos, hubiera dado sus sables por saber qué era lo que esos hombres habían venido a buscar realmente. .P La ceremonia tendría lugar en las afueras del pueblo. Las músicas se habían apagado y ahora todos esperaban la llegada de Todakwa. Dashvara hizo detenerse a los Xalyas antes de que se metieran de pleno entre los Esimeos. Más de uno los observaba con descaro. Pese a todo, no se apreciaba contra ellos ese desprecio ancestral que les profesaban los Shalussis, sino más bien una mezcla de curiosidad y compasión. Sí, compasión. Tal vez porque lo que veían sus ojos era a un grupo inofensivo de mujeres y niños defendidos por un puñado de guerreros deshonrados y por un jefe arropado en su shelshamí tradicional que se agarraba estoicamente a su Dahars y su Ave Eterna mientras caminaba hacia su propio abismo. .P .Bpenso Podéis quedaros con vuestra hipócrita compasión, Esimeos .Epenso , siseó Dashvara mentalmente. .P Cuando llegó Zefrek con sus hombres, el ambiente se tensó. Esimeos y Shalussis se enfrentaban con ojos asesinos. Esos eran los verdaderos rivales de la estepa ahora. Resultaba extraño constatar que los Xalyas ya no representaban, en aquel lugar, más que un grupillo secundario de estepeños venidos de una edad pasada. Al igual que los Honyrs. .P Tras la llegada de Zefrek, Todakwa no tardó en aparecer con su séquito y los de su pueblo lo aclamaron inclinándose profundamente hasta el suelo mientras pronunciaban unas palabras en galka. Con aquella oleada de arrodillados, el campo de visión se liberó y Dashvara pudo ver claramente al jefe esimeo detenerse ante un gran pabellón blanco. Lo acompañaba su esposa, así como su hermano Ashiwa, pero no había ni rastro de Kuriag Dikaksunora. Volvían ya a levantarse los Esimeos cuando Dashvara avistó a un sacerdote-muerto cubierto de tatuajes que se aproximaba a los Xalyas. Se inclinó levemente ante él y dijo en galka: .D Paz en tu vida, Dashvara de Xalya. —Y añadió en común—: Por aquí. .P Se lo dijo con tono educado, haciéndole un gesto para invitarlo a seguirlo antes de abrirle el camino entre los Esimeos. Dashvara aspiró suavemente el aire frío de la mañana y se adelantó, cercado de Yira, Arvara y Makarva. Los demás tenían orden de no moverse de ahí a menos que las cosas se torcieran. .P Los Esimeos observaron a los vencidos en silencio mientras estos se acercaban al pabellón. Llegado ante este, Dashvara dirigió un gesto seco de cabeza hacia Zefrek y echó un vistazo a la mesa con los pergaminos antes de girarse hacia Todakwa. El jefe de Esimea hablaba en voz baja con su esposa. El primero sonreía, traicionando su jovialidad; al contrario, Daeya reflejaba en su rostro pálido surcado de tatuajes una serenidad ausente. Parecía como si lo que pasara a su alrededor no la afectara, como si estuviera más allá del mundo de los vivos. Y, sin embargo, bien que se había molestado en inventar esos discos explosivos para golpear Lamastá… .P Girándose hacia los dos jefes estepeños, Todakwa realizó un gesto de bienvenida. .D El Alkanshé despierta hoy con un cielo claro y soleado. Espero que la noche os haya sido agradable. .P Dashvara se contuvo de poner los ojos en blanco y, asintiendo sin decir nada, paseó la mirada por los numerosos sacerdotes-muertos que los rodeaban. Se fijó en una pequeña silueta que trataba de esconderse detrás de la túnica negra de uno de ellos. .P Era Yuk. .P El muchacho tenía la mirada clavada en el suelo y estaba tan pálido que parecía a punto de desmayarse. Su cabeza había sido rapada de nuevo, tal vez en honor del Alkanshé, y llevaba una túnica gris que le llegaba hasta los pies. Alzó la vista, se cruzó con la mirada de Dashvara, jadeó y el sacerdote-muerto que estaba a su lado lo atrapó del pescuezo antes de murmurarle algo al oído. Sus palabras lo tranquilizaron de inmediato y Yuk se quedó quieto como una estatua. No volvió a levantar la vista. .P Entretanto, Todakwa y Zefrek habían acabado con sus fórmulas de cortesía y Dashvara no había despegado los labios, contentándose con menear la cabeza emitiendo gruñidos sin prestar real atención. Finalmente, se interesaron por los pergaminos de la mesa. Zefrek firmó con su nombre —con toda probabilidad alguien debía de haberle enseñado a hacerlo la víspera— y se arrodilló ante Todakwa jurándole lealtad. Dashvara se tomó su tiempo. Releyó el pacto de principio a fin y cuando llegó al final frunció el ceño. Con voz seca, leyó: .D En calidad de propietaria del firmante, la familia Dikaksunora se reserva el derecho a poner fin al pacto en cualquier momento y a recuperar el poder sobre sus bienes. —Dejó escapar un bufido y posó el pergamino sobre la mesa con un gesto brusco—. Eso no estaba en el pacto inicial. ¿Qué significa esto? .P Percibió la leve mueca de Todakwa pero no fue él quien contestó, sino una voz a sus espaldas. .D Significa que los Xalyas seguís siendo propiedad de los Dikaksunora. .P Cuando Dashvara vio a la alta silueta despegarse de los Esimeos y rodear la mesa, sintió su sangre helársele en las venas. Ese rostro… Liadirlá, ese rostro lo conocía. Había sido el primer extranjero al que había odiado con toda su alma. El enviado de Menfag Dikaksunora. El amo de Tsu y el que había obligado a este a torturarlo en Dazbon. .D Arviyag —bufó por lo bajo. .P Escupió el nombre con desprecio e incredulidad. El elegante titiaka le mostró una leve sonrisa fría. .D Debes de tener un corazón más negro que un pozo, Dashvara de Xalya. Kuriag Dikaksunora os compró para que lo protegierais y guiarais en la estepa, ¿correcto? Os dio armas, caballos, víveres y dinero. Y, a cambio, pedía simplemente lealtad. ¡Lealtad! —rió. Su risa se apagó tan pronto como vino—. Déjame que te resuma tus hazañas, Xalya. Te burlaste de tu amo repetidamente, simulaste salvarlo, te hiciste pasar por un resucitado y traicionaste la confianza de tu amo sin escrúpulo alguno fugándote, enfrentándote con sus aliados y sin preocuparte lo más mínimo por el hombre que te compró por mil quinientos dragones. —Su frase acabó en un ladrido. Chasqueó la lengua con disgusto—. No aprendiste nada estos años. De haber sido esclavo mío, habrías acabado en una fosa con la espalda ensangrentada suplicando por que acortara tu vida, Xalya. .P Lo seguían varios hombres forzudos, así como su leal sirviente, Paopag, y… Garag Dikaksunora, el diplomático. Viéndolos así juntos, estaba claro que Garag y Arviyag compartían rasgos familiares, sólo que el primero era claramente un semi-elfo mientras que a Arviyag apenas se le notaban rasgos de elfo. Este último posó ambas manos sobre la mesa sin desviar sus ojos penetrantes de Dashvara. .D Tal vez no debería haberte perdonado la vida aquel día. .P Dashvara luchaba interiormente por no sacar sus sables y rebanarle la cabeza a esa víbora. Replicó: .D Tal vez. ¿Dónde está Kuriag? .P Un brillo peligroso pasó por los ojos de Arviyag. .D ¿Dónde está Kuriag? —repitió—. ¿Ahora te preocupas por él? ¿En serio? .P Dashvara frunció el ceño, súbitamente inquieto. .D ¿Le ha pasado algo malo? .P Vio a Arviyag intercambiar una sonrisa burlona con Garag y tamborilear sobre la mesa. Que todos los Esimeos y Shalussis estuvieran ahí escuchando no parecía molestarlo. .D Este pacto entre los Esimeos y los Xalyas es inútil —dijo al fin—. Y Todakwa comparte mi opinión en esto: si no os unís a los Ladrones de la Estepa, vuestro… ¿clan? —sonrió con sorna— no vivirá. No tiene ganado, no tiene víveres, ni armas, ni caballos. No sobrevivirá al invierno. Y Kuriag no os vendrá en ayuda: sois esclavos fugitivos. —Realizó un ademán vago volviéndose hacia Dashvara con ojos de depredador—. Sin ayuda, estáis perdidos. .P Dashvara tensó la mandíbula. ¿A qué venía ese teatro? De modo que, sin grandes sorpresas, Todakwa no estaba dispuesto a pactar nada si no se unía a los Honyrs… Y Arviyag contaba con que no lo haría, ¿pero para qué? ¿Para devolverle a Kuriag sus esclavos fugados y atraerse su buena voluntad? A menos que le hubiera pasado algo a Kuriag. En tal caso… a saber a quién «pertenecían» los Xalyas ahora. La sola idea de que el joven elfo hubiera podido ser asesinado lo sobrecogió, entristeció y, extrañamente, avergonzó, pues de no haber huido de los Esimeos, tal vez lo habría podido salvar. Ignorando las palabras de Arviyag, repitió: .D ¿Dónde está Kuriag? .P Arviyag puso los ojos en blanco. .D Y dale. Tu amo está en plena ronda turística con su amigo agoskureño. Cabalgando de torreón en torreón. No le convenía estar presente hoy. Tu influencia sobre él ha demostrado ser muy negativa. .P Dashvara suspiró de alivio. Bueno, al menos Kuriag estaba bien. Tras pasear rápidamente los ojos sobre Daeya, Todakwa, Garag y Arviyag, realizó un ademán tranquilo. .D Y bueno, ¿cuál es vuestro plan entonces? ¿Degollarnos? No dudo de que lo conseguiréis, aunque de paso nos llevaríamos algunas cabezas vuestras también. Tal vez no muchas —reconoció con calma—. Pero no será por no intentarlo. .P Arviyag emitió una carcajada. .D ¡Así habló el bárbaro! .P Se irguió, cogiendo con ambas manos los bordes de su elegante chaquetón titiaka. Su vestidura le hacía parecer todavía más delgado de lo que estaba. Recordaba a uno de esos dandis salidos del Casino Bello de Titiaka. Sólo le faltaba el bastón. .P De reojo, Dashvara calculó las distancias… .P .Bparoles Sólo tu acero puede salvar el Dahars de tu pueblo. .Eparoles .P Sus ojos de cazador buscaban presas para su acero. Pero su mente no dejaba de repetirle: aún no, Dash, aún hay esperanza… .D Condenaros a muerte sería una posibilidad —contestó Arviyag con ligereza—. Pero no creo que Todakwa apreciara que se realizara tal matanza en un día sagrado como este. —Inclinó la cabeza hacia el jefe esimeo y agregó—: Por otro lado, somos gente civilizada, Xalya, y preferimos matar a los culpables. Y en este asunto… mucho me temo que el que ha de pagar el precio es el líder. .P Dashvara enarcó las cejas. .D Sabias palabras —aprobó—. De modo que, según tú, debería hacerme el civilizado y suplicarle a Kuriag Dikaksunora que me corte la garganta. .P Arviyag sonrió. .D Por ejemplo. Sería un avance. Pero con que te la corte alguno de mis hombres el problema se arreglaría… .D ¿En serio lo piensas? —lo interrumpió Dashvara con vivacidad—. ¿En serio piensas que el problema se arreglaría con matar al señor de los Xalyas? Tocadme y tendréis a cien Xalyas enfurecidos dispuestos a morir para vengarme. .P Arviyag le devolvió una expresión burlona. .D Oh. Así que tanto te adora tu gente. .P Dashvara sintió a Makarva agitarse y posó una mano tranquilizadora sobre su brazo mientras le soltaba al titiaka una mirada venenosa. Se giró hacia Todakwa y bramó: .D ¡Esimeo! Acepté el pacto propuesto. Modificarlo ahora es saltarse las reglas. .P Todakwa había estado observando el intercambio con interés. Meneó la cabeza con una expresión que pretendía ser apaciguadora. .D Sois esclavos de los Dikaksunora, Dashvara de Xalya. Lo que propuse era un pacto teórico con la condición implícita de aliar a los Honyrs en mis dominios. Pero parece ser que ni ellos quieren apoyarte ni los Dikaksunora desean liberaros, de modo que… vuestro futuro depende de estos. No me siento con el derecho a interferir en este asunto. Fuisteis vendidos y comprados y la ley de propiedad vale más que todo el resto. .P .Bpenso Al infierno con tus leyes modernas .Epenso , siseó Dashvara interiormente. Le echó un vistazo a Zefrek, pero este ya le había jurado lealtad a Todakwa y había regresado junto a su gente. Su mensaje era claro: no intervendría y, como hombre de honor, acataría el pacto que acababa de aceptar. Dashvara trató de permanecer tranquilo bajo los ojos claros de Daeya de Esimea que lo observaban con fijeza. En verdad, comenzaba a sentirse realmente al borde del abismo. .D ¿Y Raxifar de Akinoa? —preguntó tras un silencio tenso. .P Todakwa levantó los ojos al cielo. .D Kuriag aceptó entregármelo por los daños ocasionados. Su sangre sacrificada alimentará Skâra muy pronto. .P Dashvara espiró y cerró brevemente los ojos. .Bpenso Liadirlá, dame fuerzas… .Epenso No podía creer que Kuriag hubiera accedido a mandar a Raxifar a la muerte. Aunque… no había que olvidar que aquel Akinoa había asesinado a su padre. La clemencia de Kuriag había sido admirable, pero tal vez su familia le había hecho cambiar de opinión. Diablos. Ciertamente, teniendo a parientes tales como Garag y Arviyag, y tomando en cuenta que Kuriag, pese a sus grandes principios, era bastante influenciable… ese joven elfo era capaz de dar cualquier orden si lo convencían de que era lo mejor que podía hacer. Y si, al alejarse de Lamastá, había dejado a sus primos a cargo… .P .Bpenso Que la arena los entierre .Epenso , rabió. .P La voz de Todakwa interrumpió sus pensamientos. Se había girado hacia su pueblo, pronunciando una oración en galka hacia su gente, a la cual esta respondió en un coro profundo, entonando una canción. La melodía triste del principio tomó pronto un tono más alegre y más rápido. Dashvara no tenía ni idea de cuánto duraría, pero estaba claro que Todakwa había dado por terminada la ceremonia del pacto e iniciado la fiesta del Alkanshé. Echó una mirada hacia Yira, Makarva y Arvara. Los tres se la devolvieron con los ojos brillantes de inquietud. Yira murmuró: .D Tenemos que encontrar a Kuriag. .P Dashvara había pensado en la huida, en la lucha a muerte, en las súplicas humillantes, pero no había pensado en que Kuriag podía serles ya de alguna ayuda. Sin embargo, su naâsga estaba en lo cierto: Kuriag jamás se atrevería a condenar al pueblo de su esposa teniéndolo delante. El problema era que no tenían ni idea de dónde podía estar ahora. De torreón en torreón… ¡Bueno! Había al menos una decena de monumentos de los Antiguos Reyes por la zona. .P A unos pasos de distancia, Arviyag conversaba con Garag… Dashvara dio un paso hacia atrás. Nadie lo miró. Frunció el ceño y se giró hacia Yuk. El muchacho seguía contemplando sus pies mientras cantaba pero, como alertado por un sexto sentido, alzó en ese momento la vista hacia su señor. Dashvara le hizo un gesto para que se acercara. Tan ocupado estaba su vecino el sacerdote-muerto cantando que no se fijó cuando el muchacho se apartó. Al principio, sus movimientos eran vacilantes pero, tal vez leyendo no más que perdón y amistad en los ojos de Dashvara, se envalentonó, se allegó e incluso dejó de cantar para preguntar: .D ¿Es verdad que ese extranjero va a matarte? .P Lo decía con tono de conmiseración y solidaridad, como entendiendo que Dashvara era tal vez su señor pero también era igualito a él, un esclavo, y que no podía hacer nada para evitarlo. Dashvara le devolvió una sonrisa feroz. .D Que lo intente. Menudo susto nos has pegado a todos marchándote como un ilawatelko. Venga, volvamos con los demás. .P Pero Yuk se hizo reservado y, cabizbajo, negó enérgicamente con la cabeza. .D No puedo —dijo. .P Dashvara se armó de paciencia. .D Claro que puedes. Unos tatuajes no significan nada, muchacho. Yo también tengo tatuajes, ¿los ves? —Se remangó el brazo derecho para enseñarle las marcas—. Son pintura. Colores. Nada más. .D Eso es mentira —replicó Yuk, arredrándose—. Si te pusieron esos tatuajes es porque te compraron. Y a mí lo mismo. Me compró Skâra. Soy de Skâra. Y no puedo irme porque, si no, Ella me castigará. .P Lo decía con desafío y firmeza. Dashvara lo contempló, sobrecogido. .D Espera —le dijo, agarrando a Yuk del brazo cuando este hizo ademán de alejarse. Y mirándolo a los ojos, afirmó—: Sea. Eres de Skâra. Ningún problema, ¿me oyes? Ninguno. Yo sólo quiero que vuelvas con nosotros. Porque tú eres un Xalya, Yuk. Un Xalya de Skâra si quieres, pero un Xalya en el corazón. .P Yuk apretó los labios sin decir nada. Dashvara agregó: .D Imagino que no es fácil para ti elegir. Pero que sepas que tu pueblo espera que vuelvas. Un hermano vuelve a su manada para ayudarla. Y tú has de ayudarla, porque te necesita, Yuk. No debes odiar a los sacerdotes-muertos ni a Skâra para ser un Xalya. Sólo debes seguir tu Ave Eterna. .P Yuk pareció estar pensándolo, pero Dashvara no tenía tiempo para dejarlo meditar, así que simplemente lo empujó con suavidad. El chaval no se resistió y, al fin, se alejaron hasta su pueblo entre dos filas de Esimeos que seguían cantando. Fueron acogidos con viva inquietud, porque aunque los Xalyas no habían podido captar toda la conversación, habían oído lo suficiente para entender que las cosas habían ido mal. Dashvara resumió de todas formas brevemente lo ocurrido con voz neutra y casi desenfadada: .D Todakwa será una serpiente, pero en este caso los extranjeros se llevan la palma: no quieren que firme ningún pacto porque, naturalmente, somos esclavos suyos. .P En su interior, no podía dejar de pensar que era ya un milagro que siguiesen todos vivos. Un hombre más impetuoso que Arviyag los habría mandado matar a todos la víspera y el Liadirlá sabía lo fácil que habría sido encerrarlos en el refugio y quemarlos vivos a todos. Pero Arviyag y Garag eran hombres pragmáticos, tal vez el primero incluso más que el segundo, y por lo visto no iban a tomar decisiones precipitadas. .P .Bpenso Lo cual no significa que no vayan a mandarnos a la muerte en un futuro próximo .Epenso , meditó. .P El canto de los Esimeos terminó en ese instante y un sacerdote-muerto clamó unas palabras en galka. Los hijos de Skâra rompieron sus líneas y, guiados por Todakwa y su esposa, se dirigieron hacia el río a rebozar sus brazos con lodo, para purificarse tal vez, Dashvara no lo sabía. A medida que los ruidos de tambores y clamores amainaban, sus ojos dejaron de observar la procesión festiva y se fijaron en los Esimeos armados que no participaban en ella. Y también se fijó en el considerable número de mercenarios extranjeros que las líneas esimeas le habían ocultado antes. Estaba la veintena de ryscodrenses de Garag, por supuesto, pero también había otros guerreros, tal vez unos ochenta, que a todas luces estaban al servicio de Arviyag. Todos eran sibilios y se notaban sobre su piel grisácea ligeras placas oscurecidas provocadas por el aire seco y frío de la estepa. Tanto sus rostros impenetrables como su pose y su vestimenta austera despedían esa indiferencia y ese «espíritu mercenario» que Dashvara había visto ya repetidas veces en la Frontera. Eran, en fin, hombres recuperados tal vez de las galeras, de la piratería, de la miseria, que habían sido entrenados para matar por una paga. .D Los sibilios de las islas de Skasna —graznó la voz de Tsu a su lado—. Hace ocho años, Menfag Dikaksunora les prometió dejar en libertad a sus familias a cambio de sus servicios a vida. Por lo visto, ahora han pasado a servir a Arviyag. .P Pronunció el nombre de su antiguo amo con una voz terriblemente neutra. Dashvara contempló a los sibilios con cierta solidaridad y su opinión sobre ellos mejoró, aunque no por ello le parecieron menos peligrosos, al contrario. .D Los Honyrs se están marchando —dijo de pronto Lumon. .P Dashvara no se giró para verlos alejarse: sus ojos miraban a Arviyag y Garag acercarse a ellos con andar desesperadamente lento. ¿Habrían tomado alguna decisión? Con expresión azorada y avergonzada, Sirk Is Rhad se colocó ante él y se inclinó. .D Permíteme que hable con mi padre, sîzan. Sé que puedo convencerlo de que nos ayude. .P Dashvara meneó la cabeza con tristeza. .D Ayudarnos atraería más problemas que ventajas para los Honyrs, sîzan. Tu padre está siendo prudente, eso es todo. .D Está siendo un cobarde —siseó Sirk Is Rhad y, tras un breve silencio, admitió—: Me ha ordenado que lo siga. .D Entonces, síguelo —dijo Dashvara. Ante la cara desafiante del Honyr, sonrió y posó una mano fraternal sobre su hombro—. De nada sirve tirarse por un abismo si no puedes salvar a quienes ya están metidos en él. He perdonado a tu pueblo y confío en que los Honyrs harán pervivir nuestro Dahars. Y que tú lo defenderás pase lo que pase, hasta la muerte, pero en tus tierras, sîzan, no aquí. Tinan —llamó—. Acompáñalo hasta los cercos y dile a su padre que de ahora en adelante Amanecer le pertenece. —Como Sirk Is Rhad agrandaba los ojos y comenzaba a protestar, lo detuvo—: Prefiero ver a mi caballo en manos de un hermano que en manos de un extranjero. Y ahora ve. Nandrivá, sîzan —insistió pidiéndole por favor—. Nandrivá. .P La orden de su señor sumada a la de su padre lo hicieron desistir: Sirk Is Rhad se inclinó movido por un ligero temblor y pronunció por lo bajo: .D Mi Ave Eterna morirá contigo, sîzan. No antes ni después. .P Y con estas palabras se alejó a buen paso con Tinan hacia los Honyrs que regresaban a por sus caballos, al otro lado del pueblo. Arviyag y Garag seguían acercándose sin darse prisas. Meneando la cabeza, Shokr Is Set suspiró en oy'vat: .D Kark Is Tork tiene un Ave Eterna orgullosa. .P Así que ese era su nombre… Dashvara se encogió de hombros. .D Deseaba salvar a su hijo. Respeto su deseo y su prudencia. Al fin y al cabo, no nos conocemos. .P Percibió de reojo la curiosa mirada que le echó el Gran Sabio. Dashvara se preguntó si, de pedirle que él también se marchara, le obedecería. Su intuición le dijo que no. Y, en cierta forma, se alegraba de tenerlo a su lado. Desde luego, no le faltaban los consejeros: el capitán, con su espíritu pragmático, orgulloso y racional; Yodara con sus consejos prácticos y más detallistas; Shokr Is Set con su sabiduría; y… su pueblo, que aquella misma mañana le había aconsejado que sacara los sables y se enfrentase a Todakwa. Un consejo que una parte de Dashvara ardía por llevar a la práctica. Sólo que el jefe esimeo jamás aceptaría un duelo: era un sacerdote, no un guerrero y, además, luchar contra un enemigo ya derrotado no tenía sentido. Por consiguiente, la única forma de cumplir con el deseo de Lariya era proceder como lo había hecho con Nanda: matarlo a traición. Y así acabaría el pueblo xalya, cubierto de deshonor y vengado… Y sin embargo, cuanto más lo pensaba más le parecía que hacerle caso a su pueblo en esto, incluso al borde de la muerte, era un error. Porque matar a Todakwa ahora significaría dejar la estepa a los titiakas. .P Arviyag y Garag se allegaban, rodeados de guardaespaldas. Ambos estaban de buen humor y conversaban con tono desenfadado en un idioma que sonaba parecido al dialecto diumciliano de Titiaka pero del que Dashvara no entendió una sola palabra. Intercambió ojeadas pacientes con sus hermanos. Tsu tenía sus ojos rojos fijos en Arviyag. No parecía estar escuchando lo que decía este, pese a que probablemente él sí que era capaz de entenderlo. Algo en su rostro petrificado le dijo a Dashvara que se había quedado atascado rememorando su vida pasada. .P Arviyag calló al fin, se detuvo y bajó la mirada hacia Tsu. Sus ojos destellaron. .D Siempre tan jovial, Drow. —Sonrió—. Es irónico que, después de haberte dejado marchar, vuelvas finalmente a ser de la misma familia. Y me alegro. La misión que nos encomienda Cili ya viene escrita al nacer. Y tú, Drow, naciste para servirme. .P Tendió una mano y le hizo una señal para que se acercara. La expresión de Tsu era un bloque de piedra. De hecho, parecía haberse convertido enteramente en piedra pues no se movió incluso cuando Arviyag frunció el ceño. .D ¿No obedeces a tu antiguo amo, Drow? Tal vez sea la sorpresa de verme. Acerca —ordenó. .P Tsu no se movió. Dashvara intervino: .D Se acercará cuando hayas explicado qué es lo que pretendes hacer en ausencia de nuestro amo. .P Arviyag esgrimió una ancha sonrisa antes de ladrar: .D ¡Traédmelo! .P Dos sibilios se acercaron a los Xalyas sin aprensión alguna. .Bpenso Serán malditos… .Epenso , siseó Dashvara. Antes de que agarraran a Tsu, quiso interponerse, pero el drow, saliendo de su inmovilidad, lo apartó con firmeza y se adelantó igual de inexpresivo que los sibilios que lo escoltaban. Estos le quitaron una daga que tenía en la bota y, sin necesidad, lo empujaron bruscamente hacia delante. Tsu logró recuperar el equilibrio y, para dolor de Dashvara y probablemente de todos sus hermanos, lo vieron agachar la cabeza e inclinarse muy bajo pronunciando: .D Perdón, .Sm khazag . .P Arviyag no pareció enfadarse por la lenta reacción del drow pues tan sólo le sonrió con aire pensativo y se giró hacia Garag para comentar algo en su dialecto antes de soltarle a Tsu unas palabras en la misma lengua. El drow asintió y dio una respuesta breve que arrancó una mueca de satisfacción a su antiguo amo. Dashvara contemplaba la escena con la quijada tan tensa que empezaba a punzarle la cabeza. .P .Bpenso Yo sí que te pido perdón, Tsu .Epenso , suspiró. .Bpenso Por no ser capaz de mantener nuestro orgullo y nuestra vida a la par. Perdón y mil veces perdón. Debiste haberte marchado con los drows de Shjak y con esa reina de quien me diste el medallón de la suerte. .Epenso .P Su corazón sangraba de ver a Tsu postrarse ante un hombre que durante años lo había hecho odiarse a sí mismo por lo que era, que lo había convertido en torturador y lo había traumatizado de por vida. Él, que nunca había conocido la libertad, había tenido la mala suerte de caer con un pueblo de humanos estepeños que arrastraba, como él, las marcas malditas en sus brazos. .P Precisamente cuando estaba pensando en las marcas, sintió una súbita punzada en el brazo que le arrancó un jadeo de sorpresa. Y no fue el único: sus hermanos soltaron al mismo tiempo resoplidos y gruñidos y más de uno se agarró el brazo al nivel de la marca de los Dikaksunora… Dashvara siseó y sus ojos se giraron de inmediato hacia Arviyag. Al ver la expresión satisfecha de este, entendió lo ocurrido. De algún modo, ese granuja había usado el mismo truco que Kuriag para impedir que sus hermanos en Aralika mataran a la asesina. Sólo que esta vez no había realizado ningún sortilegio… ¿o tal vez sí? .P Dashvara echó un vistazo a la mano de Arviyag, no la que tenía libre sino la que estaba metida en el bolsillo de su chaquetón. Guardaba algo ahí, apostó. Algo, alguna condenada mágara… .D Esos trucos son limitados —cuchicheó Yira, adivinando el problema—. Sólo está intentando amedrentaros. .P ¿En serio? Pues bueno, lo había conseguido. Diablos que sí lo había conseguido. El corazón de Dashvara latía a toda prisa, no sabía si por la sorpresa, por la magia o por la aprensión. ¡Si tan sólo pudiera arrancarse aquella marca! Pero estaba arraigada en su brazo como si formara ya parte de su propio cuerpo. .P Inspiró para calmarse y fulminó a Arviyag con la mirada. El titiaka tenía ahora una expresión desaprobadora. Declaró con voz severa: .D Kuriag Dikaksunora pretendía liberaros al terminar su vuelta por la estepa. Pero la ambición del reyezuelo xalya no tiene límites. Quiso que su amo se ridiculizara ante un jefe estepeño comprando ciento ochenta salvajes. Ciento ochenta —repitió con evidente burla—. ¿Y qué quería el reyezuelo que hiciera con ellos? ¡Que los liberase! Porque sabía que su amo era un muchacho aún influenciable que no sabía decir «no». Pero esta vez, su amo siguió los buenos consejos y dijo «no». Y el reyezuelo huyó en plena noche con ciento ochenta mujeres y niños —se mofó—. ¡Y se unió a una rebelión! Como quien dice, sin armas, sin caballos y sin guerreros. Una anécdota digna de un cuento de hadas, de no ser porque el reyezuelo había olvidado entretanto que las traiciones se pagan, y muy caro. .P Su sonrisa se había tornado en un mueca desenfadada. Agregó: .D Traedlo. .P Los Xalyas reaccionaron de golpe, posicionándose ante Dashvara. Este gruñó: .D Tranquilos, Xalyas. Ya tendréis todo el tiempo de tiraros sobre esa serpiente si osa saltarse la paz del Alkanshé de su anfitrión. .P Habló bien alto, para que Arviyag lo oyera, y se abrió un camino entre su pueblo reacio para acercarse a los sibilios y a la rata extranjera. Le quitaron los sables pero lo dejaron adelantarse sin empellones, hasta que uno tendió una mano hacia él, señalándolo que se detuviera. Garag le estaba comentando algo a Arviyag en su dialecto. Apenas calló, Dashvara tomó la palabra pronunciando: .D Estoy dispuesto a pagar por mi huida en nombre de mi pueblo entero. Sin embargo, me temo que sólo mi amo puede decidir el castigo apropiado. .P Arviyag puso los ojos en blanco y dio unos pasos adelante con calma, rodeándolo, mientras decía: .D ¿Recuerdas, orgulloso Xalya, en qué estado te dejó el Drow hace tres años? ¿O tal vez lo olvidaste? No lo creo. Los dedales de interrogatorio arrasaron con tus ideales puros e inquebrantables. Te quebraron. Y eso es algo que ningún hombre olvida. —Dashvara no pudo evitar volver a sentir la oleada de impotencia y desesperación que lo había vencido aquel día maldito. Se estremeció muy ligeramente. Y notó un deje de satisfacción cuando el titiaka confirmó—: Algo de lo que jamás se cura. Aullaste como un perro herido en tu lengua salvaje. Y luego hablaste. Traicionaste a tu pueblo por tu vida. ¿Y ahora vas a hacerme creer que estás dispuesto a .Sm morir por tu pueblo? ¿En serio? Después de haber demostrado que tienes más alma de esclavo que de señor, después de haberte arrastrado por el suelo para salvar tu vida, ¿me estás vendiendo tu orgullo y tu sacrificio? .P Emitió un resoplido de mofa y, sin previo aviso, lo agarró del brazo derecho, justo al nivel de la herida aún no del todo cicatrizada, y apretó. Un dolor agudo le arrancó a Dashvara un profundo y entrecortado jadeo. Titubeó, sin aliento. Liberándolo, Arviyag se detuvo ante él y lo observó con una mezcla de desinterés y burla. Los Xalyas contemplaban la escena como una manada de nadros enfurecidos y petrificados al mismo tiempo, conscientes de que sacar los sables sería condenarse y romper la tregua del Alkanshé. Dashvara no había recuperado aún el aliento cuando Arviyag agregó: .D Crees que tu amo te salvará el pellejo otra vez. Y probablemente lo haga. Pero, cuando te salve, Xalya, salvará a un esclavo leal y sumiso, no a un salvaje rebelde e inútil. Y de eso me aseguraré personalmente. .P Dashvara le devolvió una mirada furibunda. Con qué gusto le habría demostrado lo muy salvaje y rebelde que se sentía en ese instante… Sin embargo, se controló, porque en las palabras de Arviyag vio una pizca de esperanza: el titiaka acababa de confesar que no se atrevería a matarlo… O tal vez no quería hacerlo, simplemente. Al fin y al cabo, ¿qué le impedía matarlo? ¿Kuriag? El joven elfo conocía los límites de aguante de los amos titiakas tradicionales y mal podría haber reprochado a sus primos que despacharan a un esclavo fugitivo, y aún menos si este se mostraba insolente y desobediente al ser recapturado. Por consiguiente, si Arviyag lo dejaba con vida, era porque esperaba sacar algo de él. .P .Bpenso Quizá quiera divertirse contigo una vez más, Dash. .Epenso .P Su corazón se encogió en un puño y a la vez llameó de rabia. .P .Bpenso Ese diablo quiere matarte por dentro. .Epenso .P Quedaba por saber por qué. ¿Tal vez por simple entretenimiento? .P .Bpenso Bah. Sé positivo, Dash: mientras los ojos de la víbora estén puestos en ti, no morderá a tu pueblo. Sólo tienes que ofrecerle un bonito espectáculo de humildad para que se quede saciado. .Epenso .P Como Dashvara no despegaba los labios, Arviyag no tardó en apartarse y alzar una mano. Ordenó a sus guerreros sibilios: .D ¡Llevadlos a todos al campamento! Confiscad las armas y los caballos. Y a este, llevadlo a mi tienda personal —lanzó, hablando de Dashvara. Encadenó con un gesto hacia Tsu agregando simplemente un—: Drow. .P Le pedía que lo siguiera. Tsu obedeció y se alejó detrás de Arviyag y Garag. Sus ojos rojos parecían dos diamantes de hielo. Cuando se cruzó con su mirada, Dashvara trató de dedicarle una expresión lo más tranquilizadora posible. Al fin y al cabo, de momento lo único que habían hecho era caer de nuevo entre las redes diumcilianas. .P Por un instante, temió que los Xalyas fueran a resistirse a entregar las armas. Sin embargo, cuando asintió con la cabeza a la pregunta muda y el capitán entregó sus sables, los demás lo imitaron en silencio o con simples resoplidos de despecho. En ningún momento los sibilios de Skasna mostraron burla o agrado al desarmarlos, pero sí una indiferencia fría mezclada de empujones injustificados. Ocho años al servicio de los Dikaksunora debía de haberlos vuelto idiotas, masculló Dashvara entre dientes al ver a uno registrar a un niño de diez años. A menos que ya lo fueran antes. .P No tardaron en ponerse todos en marcha alejándose de los Esimeos y Shalussis y, mientras caminaba rodeado de sibilios, Dashvara apostó a que Lariya y Aligra debían de estar maldiciéndolo por dentro. ¿Qué clase de señor les había tocado en suerte que consideraba más importante la vida de su pueblo que su honor? ¡Señor deshonrado que echa al suelo su Ave Eterna y condena las nuestras!, debían de pensar. ¡Insensato que cree que un extranjero al que llama amo vendrá a salvarnos! Loco que se humilla por nosotros ante unos extranjeros… .P .Bpenso Y me humillaré todo lo que tenga que humillarme, Xalyas .Epenso , pensó Dashvara. .Bpenso Y lucharé todo lo que tenga que luchar, hasta humillándome si hace falta. Después de tres años de esclavitud en tierras lejanas, no será la impaciencia ni el orgullo los que me hagan cometer los mismos errores que mi padre. Tal vez cometa otros. Pero no dejaré de luchar por salvaros, Xalyas. Y eso mismo estoy haciendo aunque no lo parezca. .Epenso .P O al menos intentaba convencerse de ello. Porque, así como no le cabía duda de que provocar a Arviyag hubiera sido simplemente una actitud suicida, seguirle la corriente tal vez lo fuera también. .Ch "Carrera hacia el poniente" Los federados habían establecido su campamento a orillas del río, al oeste de Lamastá, y en él se ajetreaban entre las tiendas decenas de trabajadores de toda clase y raza. Todos vestían un uniforme azul con motivos dorados y muchos llevaban un cinturón negro que los designaba como a esclavos recientes. Al oír a un sibilio ladrar órdenes gesticulando, Dashvara comprendió que aquellos trabajadores ni siquiera sabían hablar el común. Supuso que venían de tierras aisladas, aunque fue incapaz de determinar de dónde. Sin duda Tsu lo habría adivinado con sólo echarles un vistazo. El drow tenía sobrada experiencia en el tema. .P Mientras que a los demás Xalyas los instalaron junto al campamento, a Dashvara lo guiaron entre las tiendas hasta un gran pabellón igual de grande que el que habían levantado los Esimeos para su fiesta, sólo que en este aparecían dibujados numerosos motivos azules representando el ave de los Dikaksunora junto a una flor dorada, símbolo personal de Arviyag. .P No lo hicieron entrar en el pabellón propiamente dicho, sino que lo metieron en una pequeña tienda contigua y, sin sorpresas, lo ataron con grilletes a un pesado arcón. Y ahí lo dejaron, bajo la mirada desapasionada de un sibilio que montaba la guardia junto a la entrada. Su guardián tenía toda la pinta de ir a darle tanta conversación como una roca. Suspirando, Dashvara trató de encontrar una posición cómoda y, no encontrándola, volvió a suspirar, cruzó las piernas y dejó de moverse. .P A todas luces, Arviyag no tenía prisas por hablar con él, porque en las horas siguientes no dio señales de vida y Dashvara las pasó en esa misma postura, aguzando el oído y escuchando los ruidos del campamento. Cuanto más pasaba el tiempo, más cavilaba sobre la posibilidad de que Arviyag estuviese esperando a que el Alkanshé acabara para poder sacar el sable y ejecutar a los Xalyas sin ofender a los Esimeos. ¿Los ejecutaría a todos? ¿O sólo a los guerreros? O bien tan sólo al líder, como había dicho. ¿Y cómo reaccionaría su pueblo? .P .Bpenso Vengándote, Dash. .Epenso .P Y meneó la cabeza, sarcástico. .P .Bpenso ¿Sin sables? ¿En serio piensas que son tan suicidas? No. Teniendo a un pueblo al que defender, lo defenderían. Tratarían de huir. Y acabarían probablemente igual de mal. .Epenso .P Suspiró. .P .Bpenso Siempre imaginando lo peor, Dash. Piensa en Kuriag. Él es tu última salvación. El hijo de quien envenenó toda la costa del Océano Caminante. El leal alumno de Maloven. Y el que tenía hasta ahora un Ave Eterna intacta. Veamos si la tiene tan intacta cuando regrese y se encuentre con doscientos cadáveres del Ave Eterna. .Epenso .P Resopló y sus grilletes rechinaron y le mordieron las muñecas. Sus pensamientos se arremolinaban y se enquistaban en una angustia creciente que no tenía sólo que ver con su pueblo, no, también tenía que ver con él y Arviyag. Con el miedo que le inspiraba ese hombre. Había temido la muerte, los brizzias de la Frontera, la pérdida de su pueblo… pero aquel miedo era diferente. Era un miedo marcado en su memoria al rojo vivo. Y con él venía aquella vergüenza que nunca había logrado superar del todo pese a saber racionalmente que un hombre torturado raras veces se mantenía firme. Probablemente su señor padre lo habría hecho. Pero él no. Y por culpa de ello se sentía desenmascarado ante Arviyag, se sentía indefenso porque esa serpiente había visto que, en realidad, el señor de los Xalyas no era más que un cobarde y, peor aún, un esclavo quebrado. .P .Bpenso ¿Puedes dejar de pensar bobadas? .Epenso , se espetó. .Bpenso Arviyag te torturó, Dash. No eres un Ave Eterna de hierro, eres un hombre. Y Arviyag también lo es. También comete errores. Piensa en ello. También comete errores .Epenso , se repitió. .P Afuera, había anochecido, bisbiseaban los grillos, murmuraba el agua del río, susurraba el viento contra la tela de la tienda y Arviyag seguía sin aparecer. A esas alturas, Dashvara se había puesto a lamentar que Yira los hubiera acompañado: se tildaba de egoísta por haberse enamorado de un alma tan hermosa y haberle pedido que se metiera en su clan para verlo morir en la estepa dos meses más tarde. O para verlo retornar a Titiaka igual de esclavo que antes. .P .Bpenso Vaya, Dash, ¿has olvidado que, cuando estabas en Titiaka, deseaste más de una vez abandonar tu libertad sólo por quedarte con tu naâsga? Vivías bien. Atasiag te daba todo lo que necesitabas salvo libertad. Kuriag estaba incluso dispuesto a dártela entera. La única condición era marcharse de la estepa. Sólo eso. Sólo despedirse para siempre de la madre que te vio nacer. Sólo exiliar a tu clan y matarlo por dentro. .Epenso .P Humectó sus labios secos. Su lengua estaba sedienta. Y la posición era tan incómoda que sus frecuentes movimientos por tratar de mejorarla agitaban los grilletes fijados en el arcón y estos hendían su carne provocándole un vivo escozor. .P Estaba todo a oscuras con excepción de la luz de la antorcha que brillaba en el exterior. Con los párpados cada vez más pesados, sus ojos seguían el oleaje hipnotizante de las llamas cuando vieron de pronto una sombra pasar por delante de ellas. Por un instante, no le dio importancia, creyó que habían sido sus propios párpados los que se habían cerrado, pero entonces sintió una leve corriente de aire y oyó un murmullo. .D Dash… .P Dashvara entornó los ojos y giró la cabeza en varias direcciones antes de soltar: .D ¿Tah? .P Pero lo que había oído no era una voz mental, era una voz de saijit. Se trató de estúpido por no haberla reconocido de inmediato. .D Naâsga —jadeó por lo bajo, súbitamente inquieto—. No deberías… .D Chsss… —lo silenció Yira, acuclillándose a su lado—. Creo haber averiguado dónde está Kuriag. He oído a uno de los secretarios de Garag mencionar el torreón de Amystorb. Y Alta dice que eso cae por el oeste. Voy a ir a buscarlo. Y tú vas a venir conmigo —afirmó—. Arviyag no te tocará. .P Dashvara agrandó los ojos en la oscuridad, incrédulo. .D ¿Qué? .P Yira acababa de tocar los grilletes y se dedicó a liberarlo amainando el ruido con sortilegios. A saber cómo había conseguido robar la llave… Dashvara meneó la cabeza. .D Naâsga —cuchicheó—. No puedo… .D Tu pueblo no sabe nada —lo interrumpió Yira aún más bajo—: no podrán castigarlo más de lo que lo están castigando ya. Confía en mí. Ven —insistió. .P Dashvara no protestó más. Huir con Yira era arriesgado, pero la idea era mil veces más atractiva que quedarse en aquella tienda esperando a que Arviyag volviera a usar sus dedales de tortura sobre él… utilizando quizá a Tsu por segunda vez. La sola posibilidad lo espantaba. No, era mejor marcharse y esperar que llegaran a encontrar a Kuriag antes de que Arviyag los encontrase a ellos. .P Liberado de sus grilletes, se subió el shelshamí hasta cubrirse el rostro y siguió a Yira en una oscuridad antinatural. Estaban rodeados de sombras armónicas, entendió. Quedaba por saber si esos trucos serían suficientes para burlar la vigilancia esimea… .P En vez de pasar por la entrada ante el guardián, pasaron por detrás, rasgando la tienda. El campamento estaba relativamente silencioso en comparación con el ruido lejano de tambores que se percibía en Lamastá. Una luz más brillante que las demás atrajo la atención de Dashvara. Entre las tiendas, avistó cuatro largas líneas de siluetas recostadas y su corazón se heló. Por un horrible instante se imaginó que Arviyag los había matado a todos… pero entonces percibió movimientos y respiró de alivio al ver que su pueblo seguía vivo y bien vivo. Vigilado y encadenado pero vivo. Por lo visto su pueblo había pasado un día bastante más espantoso que él… Bruscamente, Yira lo estiró de la manga y Dashvara la siguió, controlando mal su rabia. Aún se estaba preguntando si finalmente no debería haberse quedado cuando se encontraron fuera del campamento sin que nadie, al parecer, los hubiera visto. .P Bordearon la orilla del río, donde los árboles y arbustos les taparon pronto la vista del campamento y de Lamastá. Durante un buen rato no dijeron nada y tan sólo caminaron en la oscuridad. Entonces, Dashvara soltó: .D Naâsga… —Sintió que Yira aminoraba el paso—. ¿Cómo encontraste la llave? .D Mm… —dijo ella, divertida—. Un juego de niños. Se la robé al guardián. El problema es que podría darse cuenta de ello en cualquier momento. .P Dashvara resopló, agitando la cabeza. .D No sé si ha sido una buena idea… .D ¿Preferías quedarte y dejar que Arviyag te torturara? —replicó Yira—. Sé lo que planeaba. Ese hombre… —su voz se puso a temblar— le estuvo hablando a Tsu. No he podido oír lo que decían. Pero Tsu estaba… muy afectado. Sobre todo cuando Arviyag le dio ese estuche negro. El pobre drow se arrojó a sus pies. De verdad, Dash. Tsu… él que siempre es tan tranquilo y tan reservado… Por la Serenidad, mis ojos no creían lo que estaban viendo —admitió con voz susurrante. .P Dashvara tenía el corazón en un puño. Recordaba con todo detalle el estuche negro donde guardaba antaño Tsu los dedales de tortura… .D Esa serpiente —siseó. Ahogó un gruñido, se calmó, o al menos lo intentó, y lanzó—: Necesitamos caballos. .D Zefrek nos los va a dar —aseguró Yira y, percibiendo el asombro de Dashvara, explicó—: Le di los trescientos dragones que me dejó mi padre. .P Dashvara pestañeó, pasmado. .D ¿Atasiag te dejó trescientos dragones? .D Ajá. No pensaba que fuera a necesitarlos, pero el capitán dice que con los Shalussis es una técnica que funciona siempre. Y ha funcionado —declaró recuperando cierto ánimo. .P Dashvara frunció el ceño. .D El capitán —repitió—. El capitán está al corriente, entonces. .P Yira vaciló. .D Sí… Y Alta también. Sólo ellos, creo. Y Sashava. .P O sea todos, dedujo Dashvara. Se encogió de hombros. .D Mientras Arviyag no la tome con ellos… .P La simple idea de que su huida pudiera atraer represalias sobre su pueblo lo tenía extremadamente tenso. Sólo esperaba que Arviyag se centrara en perseguirlo a él. .P Interrumpiendo sus pensamientos, Yira lo agarró del brazo para detenerlo y se agacharon. Estaban ya tal vez a unos seiscientos pasos del campamento titiaka, se habían alejado del río y los árboles habían dejado paso a arbustos. Más allá, se extendía la inmensa llanura del Kawalsh, que separaba Lamastá del océano y de las dunas de Ergaika. Preguntó: .D ¿Y estás segura de que Kuriag está en los dominios de Amystorb? .P Percibió el suspiro de su naâsga. .D No —admitió—. Eso es lo que le entendí al secretario. Podría estar equivocada, pero es lógico que estén en el oeste. Es la zona más segura. Todo el resto podría estar plagado de rebeldes shalussis, o de nadros rojos o… Bueno, no creo que sus primos dejaran marcharse a Kuriag a una zona más peligrosa, ¿verdad? .P Dashvara resopló. .D No —convino—, a menos que pretendan deshacerse de él. Aquella asesina… todavía no sabemos a quién quería matar. .P Aquello pareció sobrecoger a Yira. .D Vaya —carraspeó, divertida—. Tú también empiezas a pensar como Atasiag Peykat, Dash. .P Dashvara puso los ojos en blanco. .D Me estoy civilizando. Pese a mí. ¿Este es el punto de encuentro? .D Está un poco más lejos. ¿Ves algo tú? .P Yira se había enderezado ligeramente. Dashvara sondeó la oscuridad. Un viento invernal silbaba a su oído. Soplaba del este, constató con alivio. Eso les sería muy ventajoso: el viento llevaría cualquier ruido traicionero lejos de los oídos enemigos y los alertaría a ellos de sus perseguidores. Además, aquella noche la Gema estaba bien visible en el cielo e iluminaría su camino a través del Kawalsh. .P .Bpenso El Ave Eterna de los señores de la estepa me acompaña .Epenso , se alegró. O al menos no lo había abandonado del todo… Meneó la cabeza. No veía señal alguna de centinela en la zona. .D Vamos —dijo al fin. .P Se levantaron y siguieron avanzando entre los arbustos. No tardaron en localizar a los caballos. Estaban ensillados, frescos y… maravillas de la vida, tenían cantimploras llenas de agua. Dashvara se apresuró a apartar por un instante el shelshamí de su rostro para beber antes de dar una vuelta lenta sobre sí mismo. No parecía haber nadie por los alrededores. Y, sin embargo, hubiera apostado a que sí lo había. Acarició suavemente el hocico de su montura y entonces, con mayor asombro, se percató de que conocía al caballo. ¡Era Amanecer! La sorpresa dejó lugar a la confusión. ¿Acaso Tinan no había podido transmitir su mensaje a Kark Is Tork? ¿Acaso este había rechazado el caballo? ¿Y cómo es que Zefrek lo tenía en su posesión si…? .P Resopló. .D ¿Hemos comprado a nuestros propios caballos? .D Lifdor y su gente han robado caballos al azar para escapar y seguir con la rebelión —explicó Yira—. Y, antes de que los confiscaran los titiakas, Zefrek ha aprovechado de la confusión para esconder a estos dos entre los suyos. .D Cuatro —rectificó una voz entre las sombras—. Cuatro caballos. Cuatro jinetes. .P Dashvara se giró, atónito. .D ¡Sîzan! —exclamó. ¿Qué demonios hacía ahí Sirk Is Rhad? El Honyr estiraba a su caballo, acercándose, y no iba solo. Cuando reconoció a Tinan como al cuarto jinete, Dashvara resopló—. ¿Y me vais a hacer creer que Todakwa no se ha enterado de esto? .D Tal vez lo haya hecho —confesó Yira mientras agarraba las riendas de su montura—. Pero de momento no parece querer ayudar a los titiakas a recuperar a sus esclavos. .P Dashvara sonrió. .D Diablos. Esa es una buena noticia. —Inspiró—. Propongo cabalgar directo hacia el oeste. Creo recordar dónde se encuentra el torreón de Amystorb. Nunca he ido ahí pero, por fortuna, Maloven me metió los mapas en la cabeza a martillazos… —Calló de pronto al oír gritos lejanos provenientes del campamento. Oh, no, demonios… ¿tan pronto? Imprecó—. Mawer… Será mejor que nos movamos. .P Guiaron a los caballos fuera de los arbustos antes de montarlos y tomar la dirección del oeste. Iban a un trote regular, no queriendo fatigar a sus monturas. Con un poco de suerte, el tiempo que los titiakas los rastrearan, habrían ganado suficiente terreno. Dashvara soltaba regulares vistazos hacia atrás, esperando ver surgir la luz de las antorchas en cualquier momento. Y no se equivocó. Al de un rato, consiguió verlas en la lejanía. Les llevaban tal vez dos millas. Tal vez menos. Era difícil calcular las distancias en la oscuridad. .P Cruzaron un pequeño río a la luz de la Gema y la pequeña ondulación de terreno les hizo perder de vista a sus perseguidores. Aprovecharon para acelerar el ritmo durante un buen trecho remontando el arroyo antes de desmontar para hacer descansar a los caballos. Ahora, las antorchas de los perseguidores estaban a tres buenas millas. .P Pese a que el viento seguía soplando y agarrotándolos de frío, en la vasta extensión de hierba, todo estaba desierto y tranquilo. Tan sólo se veía de cuando en cuando alguna nube de insectos luminosos que se elevaban en la noche y volvían a posarse unos pasos más lejos. .D Son las alurhiás —dijo Tinan con voz serena, hablándole a Yira. El muchacho caminaba junto a ella, a unos pasos detrás de Dashvara y Sirk Is Rhad, y el viento arrastraba sus palabras—. En oy'vat, significa mensajeras de paz. Huyen las primeras cuando se acercan manadas de nadros rojos o escama-nefandos. En Xalya, sabíamos leer en sus movimientos y, gracias a ellas, podíamos adivinar dónde estaban los nadros rojos antes de que atacaran nuestros rebaños. Cuando se te posan sobre la mano, significa que eres digno de confianza y que tu Ave Eterna no tiene malos pensamientos. Y es cierto. A Boron se le posaban sobre la mano cada dos por tres. .P Dashvara sonrió al recordarlo. Aunque que se le posaran tanto las alurhiás al Plácido se debía más a su falta de reacción que a historias de buenos o malos pensamientos, la creencia no dejaba de tener su encanto. Los murmullos de Tinan y Yira se perdieron en la distancia y Dashvara apenas los alcanzaba ya a oír. Sirk Is Rhad caminaba a su lado, sondeando la noche. De reojo, Dashvara lo estudió y se preguntó por enésima vez: ¿por qué ha vuelto? Finalmente, rompió el silencio. .D Sirk Is Rhad —pronunció—. Me alegro de que hayas vuelto y agradezco tu ayuda. Pero pienso que ahora deberías volver con los Honyrs. .P A la luz de la Gema, vio al estepeño suspirar y negar con la cabeza. Dashvara insistió: .D Viniendo conmigo no conseguirás más que esclavizarte como yo. Mi Ave Eterna te debe más de lo que piensas. Y te debería aún más si me hicieras un último favor. —Se humedeció los labios y se lanzó en un murmullo—: Llévate a Tinan. Es al único al que puedes salvar. Y es un muchacho listo. A falta de heredero directo… lo designo a él como a señor de los Xalyas. Eres testigo, sîzan. Si muero o si vuelvo a Titiaka, confío en ti para decírselo. .P La petición había salido de su boca espontáneamente. Adivinó la sorpresa de Sirk Is Rhad. ¿Tal vez lo sorprendiera que eligiera a un muchacho de dieciséis años al que no había visto siquiera aquellos últimos tres años? Bueno, como decía Maloven, conoce al niño y conocerás al hombre. A Tinan lo conocía como a un hermano de sangre: no era sensible como Makarva, no era impulsivo como Zamoy, ni perezoso como Kodarah. Era joven, cierto, pero Dashvara intuía en él más alma de señor que en sí mismo. Su elección, en definitiva, le parecía más que acertada. .D Tienes mi palabra —dijo al fin el Honyr. Por un momento, tan sólo se oyeron los silbidos del viento. Entonces agregó—: Mi padre se ha marchado con otro caballo. Me ha pedido que te dé las gracias por tu regalo pero dice que no puede aceptarlo porque no se siente merecedor de tal honor. Te aseguro que no había ironía en sus palabras. .P Dashvara asintió lentamente sin acabar de entender a qué clase de honor se refería. .D Te creo —dijo sin embargo. .D Sé que se siente culpable por dejarte atrás —retomó Sirk Is Rhad tras un silencio—. Y te pido otra vez perdón en su nombre, sîzan. Y en nombre de mi pueblo. Mi pueblo te ha fallado. Y ha fallado a su Ave Eterna condenando al último señor de la estepa… —Inspiró—. Tal vez no lo veas, sîzan, pero lo que va a perder mi pueblo, lo que está abandonando, es la esperanza. A partir de ahora no será ya más que un clan muerto, perdonado por un señor al que abandonaron… La peor de las traiciones no la hizo Sifiara de Rorsy —susurró—. La hizo mi padre. .P Dashvara meneó la cabeza e iba a protestar contra su injusta condena pero Sirk Is Rhad continuó: .D Le he dicho a Kark Is Tork que, si deja atrás al señor de la estepa, también tendrá que dejar atrás a su propio hijo. Él me ha contestado que siguiera a mi Ave Eterna. Y a eso he venido, sîzan. No pensaba volver a mi pueblo porque es mi pueblo el que ha de venir a ti. Sin embargo, si deseas que ponga a salvo al muchacho, lo haré. Me ocuparé de él. Pero sólo me iré si me dices que no hay esperanza. .P Dashvara quedó un momento sobrecogido. .Bpenso Vaya, Dash, a saber lo que has hecho para que este hombre haya pasado de despreciarte a estar dispuesto a todo por ti. El Ave Eterna Xalya debe de desteñir… Pero bueno, Dash .Epenso , se recriminó interiormente. .Bpenso ¿Acaso te burlas de quienes te ofrecen su lealtad? .Epenso .P En realidad, muy lejos estaba de burlarse; más bien lo hacía sentirse aún más apabullado. .D Esperanza —repitió. Detuvo a Amanecer y echó un vistazo a las luces que seguían persiguiéndolos. Estas habían ganado bastante terreno. Suspiró, sombrío—. Esperanza, sí que la hay. Pero no en mí, sîzan, sino en Kuriag Dikaksunora. Seré un señor de la estepa, pero él es el heredero de una familia infinitamente más poderosa. Nuestras creencias, nuestros valores, no pueden abrir la jaula en la que está metido el clan. La fuerza bruta le sería fatal, así que agachará las orejas y esperará que el muchacho titiaka use su llave para liberarlo… o se lo lleve encerrado hasta la Federación. —Se subió a Amanecer tratando de mover lo menos posible su brazo y concluyó—: La realidad es esta, sîzan. Como decía un sabio estepeño, si eres menos fuerte que tu enemigo, aprende a ser débil y no obstinado: tu derrota será menos violenta. Y ahora elige: o salvas a mi heredero o… —una sonrisa sardónica estiró sus labios— vienes a humillarte conmigo. .P Apenas esperó una respuesta. Enseguida, llamó: .D ¡Tinan! Síguele a Sirk Is Rhad, vaya adonde vaya. Es una orden. ¿Me has oído? .P Percibió en la oscuridad la silueta del muchacho y su respuesta vino con un deje de confusión: .D Sí, mi señor. .D Estupendo. Y ahora avancemos. Con un poco de suerte al amanecer conseguiremos avistar el torreón. .P Subieron todos otra vez a caballo y continuaron cabalgando. De momento lo mejor que podían hacer era seguir remontando el riachuelo y esperar que no se equivocaban de camino. Lo bueno era que sus perseguidores perdían tiempo tanteando y rastreándolos en la oscuridad y que sus caballos tal vez no tuvieran tanto aguante como los suyos. Lo malo era que también muy probablemente los acompañara algún guía esimeo o shalussi que los conduciría con mucho mejor acierto de lo que podía hacer Dashvara al no conocer este la zona más que por unos mapas que no estudiaba desde hacía tal vez más de seis años. .P Había pasado ya más de la mitad de la noche cuando Sirk Is Rhad lanzó: .D No me dejas mucha elección, sîzan. .P Dashvara asintió con una leve sonrisa y replicó: .D Cruza el arroyo y sigue el camino del norte. Con un poco de suerte no verán vuestras huellas hasta la mañana. .D ¿Qué…? —jadeó Tinan—. No lo entiendo… .P Dashvara replicó: .D Buen viaje, hermanos. Que el Ave Eterna guíe vuestro camino. Especialmente el tuyo, Tinan. .P Taloneó su caballo y, a medida que Yira y él iban dejando atrás al Honyr y a Tinan, sintió crecer en él una extraña y consoladora esperanza. Tinan iba a salvarse, junto con las cinco mujeres xalyas y el pequeño Shivara que se habían quedado con los Honyrs. Tinan iba a quedarse en la estepa. Y seguiría habiendo un señor en ella, mal les pese a Todakwa y a los extranjeros… Meneó la cabeza, sonriente. No supo muy bien explicarse por qué aquella idea lo llenaba de paz. .P .Bpenso Hipócrita. ¿En serio no sabes explicártelo? Te lo explicaré, Dash: simplemente has pensado que, teniendo a un segundo señor de la estepa, el primero no tiene por qué comportarse como tal, ¿eh? .Epenso .P Dashvara suspiró largamente, pero no dejó de sentirse curiosamente ligero. Las luces, atrás, seguían ganando terreno. .P .Bpenso Mientras nos pillen antes las luces del alba que aquellas, tendremos la posibilidad de avistar el torreón y galopar hacia él… .Epenso .P Cuando el cielo comenzó a azularse, sus perseguidores se hallaban sensiblemente más cerca. Ellos no habían tenido que perder tiempo asegurándose de que remontaban el riachuelo: sabían dónde estaba. Por eso, viéndolos tan cerca, Dashvara había ido poco a poco descentrándose, imaginándose que los capturaban. Que los mataban. Y su esperanza se iba tornando en una insoportable y desenfadada fatalidad. .D ¡Dash! —gritó Yira unos pasos delante—. ¿Ese es el torreón? .P A Dashvara le dio un bote el corazón. Dejó de vigilar a sus perseguidores y miró con ansia lo que Yira le señalaba. Ahí, a lo lejos entre las sombras de la madrugada, tal vez a unas cinco millas, se alzaba una estructura de piedra ruinosa. Dashvara estiró de las riendas e hizo una mueca pensativa con los ojos brillantes fijos en la torre. .D No podría asegurarlo —confesó—. Pero podría ser. .P Dieron de beber a sus monturas y bebieron a su vez antes de reanudar la marcha. Estaban agotados. Incluida Yira pues, pese a no necesitar dormir tanto, había usado más armonías de la cuenta para moverse en el campamento titiaka sin que la vieran, y aún no se había recuperado del todo. Por fortuna, no habían forzado demasiado a sus caballos hasta ahora y, pese a haber trotado toda la noche, aún parecían quedarles algo de energía. Y tendrían que demostrarlo, entendió Dashvara, echando una ojeada hacia atrás: sus perseguidores habían acelerado el ritmo. .D A este paso, nos pillarán antes de que alcancemos la torre —calculó en voz alta. Yira le devolvió una mirada inquieta y Dashvara sonrió—. Ahora vas a ver de qué son capaces los caballos estepeños, naâsga. No te preocupes: confía en tu yegua. La mía la guiará. .P Palmeó el cuello de Amanecer y le dijo con voz potente: .D Demuestra que eres la reina de la estepa, .Sm -t erare daâra . ¡Oahey! .P Y la carrera comenzó. El terreno subía ligeramente pero era regular. Dashvara y Yira mantuvieron un trote rápido durante un rato hasta que sus perseguidores, ya viéndolos sin dificultad en el amanecer naciente, empujaron sus monturas al galope. Eran una veintena y no todos eran sibilios de Arviyag ni mucho menos. Diez lo eran. Pero los otros diez eran Esimeos, a todas luces, e iban delante, contentos de enseñar a esos hijos del mar que sus caballos eran mejores, que eran mejores jinetes y que la estepa era su tierra. Al de un rato, los tuvieron a menos de media milla… y la torre aún estaba a varias centenas de pasos. Dashvara escudriñó esta. Se veían caballos y tiendas junto a las ruinas, y un estandarte. Un estandarte blanco. El de los Dikaksunora, con suerte. .D ¡Galopa, Amanecer! —exclamó Dashvara en oy'vat, levantándose sobre los estribos—. ¡Galopa como el viento! .P Amanecer se enardeció y se impulsó. En aquel momento nada tuvo que envidiarle a Lusombra: cruzaba la estepa en un estruendo de cascos, con la elegancia y la seguridad de una verdadera reina. Los caballos de los titiakas eran rápidos… pero Dashvara confiaba en Amanecer para ganar aquella carrera. Para asegurarse, siguió animándola y loándola y, por no ser menos, la yegua de Yira la seguía de cerca. Sólo esperaba que su naâsga, poco acostumbrada a cabalgar, se fiase del instinto de su montura. .D ¡ .Sm -ns -t erare Arigá rhad kab, dawana is set ! —gritó—. ¡ .Sm -ns -t erare Liá Liadirlá kab ! .P ¡Galopa como el viento, reina de la estepa, vuela como el Liadirlá! .P Llegaron al pequeño torreón de Amystorb habiendo distanciado a los Esimeos. Dashvara dejó que Amanecer bajara el ritmo a su antojo mientras sondeaba el lugar. Además de los doce Ragaïls, había ahí una veintena de sibilios armados, constató con un escalofrío. La llegada de esos dos jinetes perseguidos había revuelto y despertado a todo el mundo. Avistó la gran silueta forzuda de Asmoan de Gravia saliendo de su tienda naranja y vio a un Ragaïl repeler al joven Api para que no saliera del campamento a curiosear. Pero no vio a Kuriag Dikaksunora. Sin embargo, dada la presencia de los Ragaïls, tenía que estar ahí sin lugar a dudas. .P Se apeó de un salto y le acarició el hocico a Amanecer murmurándole al oído: .D Ayshat, Amanecer. El alma de la estepa vibra en tu corazón. Que te bendiga mil veces… .D ¿Qué significa esto? —bramó una voz. .P Dashvara se giró y se encontró con el capitán Djamin. El Ragaïl tenía una expresión severa. No hostil, pues era difícil mostrarse hostil con un hombre que no llevaba ni armas. Pero estaba claro que volver a verlo no le alegraba la mañana. Al fin y al cabo, desde que se conocían, Dashvara no había hecho más que burlarse de su vigilancia. .P Y había llegado la hora de hacer enmienda. .P Ante unos Ragaïls que se acercaban con cada vez menos aprensión al constatar que no había peligro alguno, Dashvara se apartó de Amanecer. Y, apartando a la vez su orgullo, se puso de rodillas sobre la tierra estepeña y pronunció bien alto: .D He venido a presentar mis disculpas a mi amo, Kuriag Dikaksunora, y a suplicarle misericordia para mi pueblo. .Ch "La mensajera" .\" 30/05/2018 El capitán ragaïl reaccionó primero frunciendo el ceño, escéptico, y luego se encogió de hombros y, sin contestar siquiera, lanzó a uno de sus hombres: .D Ve a avisar a Su Excelencia. .D Lo he oído —replicó entonces una voz entre los soldados. .P Estos se apartaron y Kuriag Dikaksunora se adelantó. Lo seguían Lessi, Zraliprat, Asmoan y Api. El joven elfo iba abrigado con una espesa capa de pieles y, al costado, llevaba una daga. Una daga, se repitió Dashvara, incrédulo. ¿Desde cuándo el pacífico Dikaksunora llevaba armas? Kuriag se cruzó con sus ojos antes de girarse hacia los jinetes que habían perseguido a Dashvara y que llegaban en ese instante en un potente trueno, levantando una densa polvareda. Entre los Esimeos, estaba Ashiwa, el hermano de Todakwa, se fijó Dashvara. Uno de los sibilios exclamó desde su caballo: .D ¡Mis respetos, Excelencia! Este hombre se ha fugado del campamento de mi amo con ayuda de esa mujer. Los venimos siguiendo desde Lamastá. Y pensamos que otros dos han tomado la dirección norte. .P Kuriag asintió lentamente. Su expresión más bien impasible no tranquilizó a Dashvara. El sibilio se apeó. .D Con vuestro permiso, Excelencia. Arviyag me ordenó que lo trajera de vuelta. .P Kuriag frunció el ceño. .D He visto aquí todo lo que quería visitar y pensaba volver ya a Lamastá. Puedes regresar e informar a Arviyag de ello, soldado. Mis hombres se ocuparán de los otros dos fugitivos. Y de estos. .P El rostro del sibilio, pese a su natural inexpresividad, reflejó cierto rencor cuando sus ojos se posaron sobre Dashvara, como si fuese culpa de este que no hubiera pegado ojo durante toda la noche… y en cierto modo lo era. Asintió secamente. .D Sí, Excelencia. Sin embargo, nos han informado de que esa mujer no es vuestra esclava sino una emancipada. Se adentró en la mismísima tienda de nuestro amo. Sus actos reclaman castigo. Pido permiso para llevármela. .P Dashvara se tensó y se tragó a medias un gruñido ronco, girándose hacia Kuriag. Este inspiró. .D Yira es la hija adoptiva de un buen amigo mío de Titiaka. Confío en Arviyag para que lo tome en cuenta. .P Dashvara se quedó pasmado y, más que eso, indignado. ¿En serio le estaba dando Kuriag autorización a ese sibilio para que se llevase a Yira? Se levantó bruscamente, interponiéndose entre su naâsga y los sibilios. .D ¡Ni se os ocurra tocarla! —bramó—. Es una ciudadana. .D Es una emancipada —replicó Kuriag. Su tono seco pilló a Dashvara desprevenido. Lo suavizó ligeramente cuando agregó—: Arviyag se contentará con pedirle una indemnización a Atasiag Peykat. .P Dashvara resopló. .D ¡Pues que lo haga! Pero no se llevará a Yira. .P Kuriag lo observó con unos ojos exasperados. .D Me temo que estás en una mala postura para exigir nada, Dashvara de Xalya. .P .Bpenso Diablos, diablos, diablos… .Epenso Dashvara sintió la mano de Yira posarse sobre la suya. Se la apretó. Esto sí que no lo había previsto. Se suponía que Yira era una amiga íntima de Lessi y se llevaba bien con Kuriag. ¿Por qué diablos este dejaba que se la llevaran? .Bpenso Para castigarte, Dash. Para enseñarte que te has portado mal… .Epenso ¡Ojalá pudiera explicarle las consecuencias de lo que suponía dejar a Yira en manos de los hombres de Arviyag! Al ver que tres sibilios se le acercaban, se apresuró a lanzar: .D Arviyag tiene a todo mi pueblo encadenado. Os lo suplico, Excelencia. No sabe de qué es capaz ese hombre. Si me permitís hablaros en privado… .P El propio capitán ragaïl lo interrumpió agarrándolo del brazo junto con uno de sus hombres, apartándolo a la fuerza de Yira. Y como los sibilios agarraban a esta, Dashvara jadeó, quedó bloqueada una ristra de maldiciones en su garganta, y balbuceó un moribundo: .D Liadirlá… .P Cuando quisieron quitarle los guantes para maniatarla, Yira se resistió debatiéndose y soltando un caos armónico, los Ragaïls deshicieron sus sortilegios y Dashvara estalló en maldiciones. Tuvo la cordura de maldecir en oy'vat. Cuando finalmente le quitaron a la sursha el guante derecho y desvelaron la mano de huesos, cayó sobre el torreón de Amystorb un silencio de puro estupor. Dashvara lo aprovechó. Su mente en efervescencia espabiló lo suficiente para percatarse de que los dos Ragaïls que lo agarraban se habían quedado igual de atónitos ante el espectáculo que los demás. De un estirón, se liberó y se abalanzó hacia Amanecer, evitó el brazo de un sibilio, agarró el cuello de la yegua y se subió tan rápido que el dolor punzó en su brazo, pero apenas se dio cuenta de ello. Sus ojos estaban posados únicamente en Yira. Tendió su mano hacia ella y… dos sibilios que estaban en su camino lo agarraron y aprovecharon que aún no había logrado equilibrarse para estirar sobre él. Dashvara cayó pesadamente al suelo y el dolor invadió su mente en una explosión. Oyó a Amanecer relinchar, sorprendida, y la sintió frotar el hocico contra su hombro, como para asegurarse de que no estaba herido. ¿Herido? Sí. Lo estaba mortalmente. Su corazón había estallado en mil pedazos. Porque tenía la seguridad de que, el tiempo que consiguiera enderezarse de nuevo, Yira estaría muerta. Muerta. .D ¡Arazmihá! —exclamó de pronto una voz. .P El grito encontró eco en otras gargantas. Dashvara logró al fin alzar la cabeza y lo que vio lo dejó boquiabierto. Su naâsga había desvelado su cabello blanco y su rostro mórtico como desafiando la muerte y tanto los Esimeos que acompañaban a Kuriag como los que habían venido persiguiéndolos habían reaccionado no con horror sino con evidente maravilla. La prueba era que varios habían caído de rodillas y seguían clamando: .D ¡Arazmihá! .P Si recordaba bien Dashvara sus clases de galka, la palabra significaba «la mensajera». Y no cualquier mensajera, adivinó con asombro. La habían tomado por la mensajera de Skâra. .P La reacción de los Esimeos confundió aún más a los sibilios y titiakas. Los primeros se habían arredrado con espanto mientras que los Ragaïls, más firmes, trataban de evaluar fríamente la situación. Ni se atrevían a ejecutar a la muertoviviente ni se atrevían a acercársele. Con el rabillo del ojo, Dashvara vio cómo varios se habían posicionado ante Kuriag Dikaksunora, temiendo tal vez que Yira pudiera convertirse en un peligro real para su protegido. Asmoan tenía los ojos brillantes enrojecidos y una expresión de horror en el semblante. Lessi estaba muy pálida y movía los labios como murmurando una plegaria a Cili. En cuanto a Kuriag… el joven elfo parecía haber recibido un yunque en la cabeza. .D Hey —le murmuró entonces una voz cercana—. ¿Tú lo sabías, verdad? .P Api se había agachado junto a Dashvara. Este tenía la impresión de que un brizzia le había aplastado el brazo derecho. Gruñó. .D Es mi esposa. Claro que lo sabía, chaval. .P Api sonrió debajo de su capucha. .D Claro —repitió—. Y Atasiag también, supongo. .P Dashvara puso los ojos en blanco, entendiendo adónde quería ir a parar ese joven demonio. Que Atasiag hubiera adoptado a una niña nigromante cuando los demonios abominaban las artes de la muerte era… .D Interesante —dijo Api al no recibir respuesta inmediata. Sí, interesante cuando menos, completó Dashvara. Por no decir que aquello podía atraerle serios problemas a Atasiag cuando la noticia volara hacia Titiaka. El muchacho agregó—: Pues tu esposa tiene una suerte de mil demonios. Esos adoradores de la muerte están literalmente extasiados. .P Por toda respuesta, Dashvara gruñó, enderezándose pese al dolor. Le cogió el hocico a Amanecer con ambas manos mientras esta piafaba, inquieta, y le murmuró suavemente: .D Tranquila, .Sm -t erare daâra . Todo va bien. .D Todo va bien —aprobó Api con ligera burla. .P Amable, el joven demonio le tendió una mano para ayudarlo a levantarse. Dashvara vaciló, mirándolo con extrañeza. .Bpenso Le he hablado a Amanecer en oy'vat y ese muchacho me ha contestado en común… De verdad voy a acabar por creerme que los demonios saben hablar la lengua sabia de los Antiguos Reyes. .Epenso Meneando la cabeza, ignoró la ayuda de Api mascullando un «no estoy herido, chaval» y prefirió levantarse agarrándose al cuello inclinado de Amanecer. No estaba herido, de hecho, o eso creía, pero estaba muerto de cansancio y toda la agitación en su entorno no lo ayudaba a centrarse. Una vez de pie, sin embargo, toda su atención se fijó en su naâsga. La mirada de esta reflejaba una mezcla de asombro, inquietud y miedo y, cuando se cruzó con ella, Dashvara hizo una mueca, adivinando que ninguno de los dos tenía la menor idea de cómo manejar la situación. Dio un paso hacia Yira, pero se detuvo al ver a Ashiwa de Esimea en persona arrodillarse ante ella. El Esimeo dijo algo, pero lo hizo en galka y Dashvara no logró entenderlo. Y, obviamente, su naâsga menos. Pero, diablos, ¿cómo imaginarse que la mensajera de Skâra desconocería la lengua de sus adoradores? Dashvara reprimió un resoplido y giró la cabeza hacia los Ragaïls. El capitán Djamin se había reunido con Kuriag y le hablaba en voz baja y agitada mientras el joven seguía con los ojos clavados en la magia negra y azulada que vibraba en el rostro de Yira. Negro para la muerte y azul para la inmortalidad, pensó Dashvara, maravillado. .D Loada sea Skâra —murmuró. .P Loada cien mil veces, se dijo, respirando entrecortadamente. Porque sus creyentes acababan de salvarle la vida a Yira. Al menos de momento. .P La estupefacción fue dando lugar poco a poco a reacciones varias. Los Esimeos, acercándose de rodillas, hablaban todos a la vez, transportados, en una algarabía en galka de plegarias, peticiones y bendiciones a la Mensajera. Y Ashiwa, como hermano de Todakwa, no demostró menos fe ni fervor. Al fin y al cabo, todo en la imagen que desprendía Yira les señalaba que era sin lugar a dudas una mensajera de Skâra. Los sibilios, por su parte, se habían reagrupado y echaban miradas interrogantes a Kuriag Dikaksunora y al capitán ragaïl, esperando su intervención. Y esta no vino. En su lugar, fue Ashiwa quien, percatándose de que su gente estaba dando la nota y que Yira no contestaba probablemente porque no entendía el galka, se levantó, se inclinó hacia la mensajera y pronunció en común: .D Permíteme, Arazmihá, gozar del honor de guiarte hasta nuestros señores Todakwa y Daeya para que puedas entregarles el Mensaje. .P El mensaje, se repitió Dashvara, confuso. Liadirlá… ¿qué mensaje? En ese instante, dos Ragaïls le cortaron la visión, lo agarraron y medio lo arrastraron lejos de ahí. Dashvara no protestó. Ahora que Yira se encontraba a salvo, ya nada lo inquietaba más que dormir. Dormir. Sí, ojalá hubiera podido dormir durante todo el día. Pero no le dejaron. Tras meterlo en una tienda —la de Kuriag—, lo registraron, le quitaron el shelshamí, lo arrodillaron y, aferrándolo, uno le golpeó el puño contra el vientre sacándole todo el aire de los pulmones. .D Esto por haberte burlado de nosotros, Xalya —le masculló el Ragaïl. Y, posando la mano sobre su cabeza, la chocó sin mucha fuerza contra la tierra agregando—: Como levantes la cabeza, estrenarás mi látigo. .P Dashvara tampoco protestó ahí. Los Ragaïls se mostraban más clementes de lo que hubiera sospechado. Tal vez a ellos también les inspirase lástima. Al fin y al cabo, la Compasión era una de las Gracias de Cili y esos soldados de élite eran buenos cilianos… .P En esa postura estaba seguro de quedarse dormido en escasos minutos. Por desgracia, Kuriag llegó demasiado pronto. Oyó su voz junto a la entrada de la tienda. Oyó cascos de caballo. Y oyó gritos varios que le hicieron entender que los federados estaban levantando el campamento. Finalmente, percibió ruidos de pasos en la tienda y un Ragaïl lo estiró de los pelos para que se enderezara. Dashvara alzó los ojos hacia Kuriag. La expresión de este no le dijo nada bueno. El joven elfo comenzaba a estar más que harto de las sorpresas que le reservaban sus esclavos. .D Lo sabías —lanzó con tono entre incrédulo, asqueado y acusador—. ¿Atasiag lo sabe? .P Dashvara meneó pesadamente la cabeza y respondió un parco: .D No. .P Kuriag chasqueó la lengua, agitado, acercándose a él. .D Dime la verdad, Xalya —exigió—. ¿Atasiag lo sabe? .P Dashvara inspiró con calma y lo miró a los ojos. .D Atasiag fue mi amo antes que tú. Aunque lo supiera, no lo traicionaría. Pero te aseguro que él no sabía que Yira usaba las artes de Skâra —mintió. .P Un brillo contrariado pasó por los ojos de Kuriag. Sus manos se abrían y cerraban en forma de puño. Dashvara reprimió una mueca burlona. .P .Bpenso ¿Qué, Excelencia? ¿Tenemos ganas de usar el látigo? Pues adelante, úsalo. Demostrarás que tu Ave Eterna no es tan pacífica como decías. .Epenso .P Kuriag debió de ver la burla en su expresión pues emitió un resoplido y graznó: .D Sigue burlándote de mí, Dashvara, y sabrás lo que significa tener un amo titiaka. .P Dashvara sintió una oleada de decepción y tristeza al oírlo. .D No me burlo de ti, Excelen… .D Silencio —lo cortó Kuriag. Y realizó un brusco ademán—. Creí erróneamente que el Ave Eterna era un ideal, un modo de vida hacia una civilización de paz y tolerancia. Me engañaste, Xalya. El Ave Eterna es un engaño. Una estafa. Murió con los Antiguos Reyes. —Meneó la cabeza y rectificó—: Murió con Maloven. Pero la esencia, la energía que vibraba en los Antiguos Reyes, murió con ellos. Y no regresó ni regresará nunca a tu clan. .P Dashvara frunció el ceño. La energía que vibraba en los Antiguos Reyes… Los demonios, entendió con un escalofrío. Kuriag se refería a los demonios. ¿Le habría hablado de ello Asmoan? A todas luces. Pero no parecía haberle contado todo. En especial, no parecía haberle hablado literalmente de demonios. De lo contrario, si hubieran descubierto que los Xalyas eran descendientes de demonios… el Liadirlá sabía lo que habría pensado su benevolente amo, pero desde luego no habría empleado la palabra «paz» o «tolerancia». .P Como el silencio se alargaba, Dashvara luchó contra el cansancio y trató de encontrar una respuesta. ¿Que el Ave Eterna era una estafa? ¿Un engaño? Jadeó y dejó escapar: .D Eso es… absurdo, Excelencia. .P Recibió una dura colleja de parte de un Ragaïl. Kuriag alzó una mano para invitar a este a la moderación. .D ¿Absurdo? —repitió el titiaka entonces—. No lo es. De hecho, la realidad es esta: los Xalyas renegaron del Ave Eterna hace dos siglos. Traicionaron a su rey con otros pueblos de la estepa. Como este de Amystorb —dijo, señalando vagamente la dirección del torreón—. Condenasteis el reino a desaparecer. Os matasteis entre vosotros. Y si no lo hacéis ahora es porque no podéis hacerlo. Porque, si mandas ahora a tu pueblo a luchar, se extinguirá para siempre. No porque desees no luchar. No porque no seas capaz de matar. Antes de huir dijiste que elegías la esperanza y que elegías los sables, pero pronto te diste cuenta de que eras demasiado débil. Y de que tu única esperanza aquí… era yo. .P Sus ojos verdes se giraron hacia él con una mezcla de desafío y autoridad. Agregó: .D Entiendo ahora que me equivoqué contigo, Dashvara. Quieres salvar a tu pueblo y no existe nada más para ti. Respeto tus sentimientos. Pero no respeto tus maneras. Traicionaste mi confianza una y otra vez y demostraste no ser capaz de ocuparte mejor que yo de tu clan. Y para colmo huyes del campamento de Arviyag y Garag suplicándome ayuda cuando les ordené expresamente a mis primos que se encargaran de vosotros durante mi ausencia. ¿Acaso pensaste que Arviyag estaba castigando a tu pueblo sin mi consentimiento? .P Dashvara le devolvió una mirada de puro asombro y otra oleada de tristeza mezcla de culpa y temor le encogió el corazón. .P .Bpenso ¿Qué esperabas? .Epenso , se gruñó. .Bpenso ¿Que después de haberte reído de él ante todo el mundo varias veces te lo perdonaría con sólo arrodillarte ante él? No sólo has perdido su confianza, Dash. También has atacado su dignidad. Su familia lo está poniendo derecho y no serás tú quien cure su Ave Eterna porque eres tú el que se la ha apuñalado. .Epenso .P Suspiró en silencio y, con sinceridad, admitió: .D Lo pensé, Excelencia. Con todo mi respeto, lo pensé. Lo siento. .P Ambos se miraron a los ojos hasta que Dashvara bajara la vista pensando: .Bpenso Siento que ninguno de los dos podamos liberarnos de lo que somos. .Epenso .D No finjas —dijo entonces Kuriag con viveza rompiendo el silencio—. No finjas una sumisión que no sientes. .P Dashvara no pudo evitar soltar un resoplido divertido. .D Te aseguro que la siento, Excelencia. La siento y la padezco pero la padecería mucho más si dejaras a mi pueblo en manos de Arviyag. .D Entonces tal vez es lo que debería hacer —replicó Kuriag con evidente irritación—. Para domar un caballo, se empieza atándolo muy corto antes de darle más libertad, ¿no es cierto? .P Dashvara, sin mirarlo, no contestó. .P .Bpenso No, federado. Para domar un caballo antes hay que dejarlo correr. .Epenso Tragó saliva. .Bpenso De modo que ya no quieres liberarnos. Nos quieres para ti solito, ¿verdad? Porque tu familia te ha dicho: ya basta. Porque realmente te has creído que los Xalyas somos incapaces de arreglárnoslas. Porque somos un pueblo perdido y abandonado que no tiene ni un «Ave Eterna» vibrando dentro. ¿Acaso has olvidado lo que te enseñó Maloven, Kuriag? El Ave Eterna no es una estafa, no es una energía, es una estrella guía que brilla en todos los corazones. .Epenso .P Le hubiera gustado decírselo, pero Kuriag no le dio tiempo. Con tono tenso y saturado, ordenó: .D Sacadlo de aquí. Dentro de media hora nos pondremos en marcha. .P Los Ragaïls levantaron a Dashvara y lo sacaron de la tienda. No lo maniataron, era inútil. Simplemente lo recondujeron junto a Amanecer y uno le dijo: .D Siéntate aquí y espera a que se dé la orden de partida. .P Dashvara asintió sin despegar los labios, tranquilizó a Amanecer, relajó la silla y el arnés y, pese a su cansancio, siguió cuidándola dándole de beber antes de hacerla tumbarse. Se recostó al fin contra ella echando un vistazo a su alrededor. La mayoría de las tiendas estaban ya plegadas, los sibilios ensillaban sus monturas y algunos estepeños se habían adelantado para abrir la marcha. A lo lejos, atravesando la llanura hacia el sureste, se avistaban todavía las lejanas siluetas de una decena de jinetes. Eran Ashiwa y sus hombres. Y, sin lugar a dudas, se habían llevado a Yira. Dashvara no dejó de sentir un dolor sordo pese a saber que su naâsga estaba más a salvo con los Esimeos que con los federados. Dudaba de que Todakwa y su esposa fueran a mostrarse tan crédulos como Ashiwa pero… .P .Bpenso Pero la respetarán de todas formas .Epenso , afirmó mentalmente. .P Hubiera apostado sus sables. .Sm -t penso Sables que no tienes, Dash , se recordó, bajando la vista. Sus ojos se posaron sobre las marcas rojas en sus muñecas y maldijo a Arviyag. Le volvió en mente la expresión satisfecha de su rostro, tres años atrás, cuando había aparecido en la sala de tortura y había escuchado el informe de Paopag. Lo que había pasado entonces se embrollaba en la mente de Dashvara, pero recordaba que, en un momento, el comerciante titiaka había posado la mano sobre su cabeza diciendo con ligereza: .Bparoles Vivirás, muchacho. Vivirás y servirás a la Federación. .Eparoles Y había tenido razón: durante tres años Dashvara había servido a la Federación. Y todo indicaba que tendría que seguir sirviéndola. A menos que alguna bendecida serpiente roja mordiera a Garag y a Arviyag. A menos que Kuriag cambiara de opinión… Dashvara suspiró y se frotó los ojos, agotado. La luz de la mañana apenas calentaba la tierra y aún seguía soplando el viento, arrastrando nubes dispersas por el cielo a gran velocidad. El viento venía ahora directamente del desierto de Bladhy y el aire, cargado de una niebla de arena, era seco y frío. Pero no le impidió a Dashvara sumirse pronto en un sueño profundo. .P Soñó con que estaba caminando por la estepa, no la del Kawalsh, sino la de Xalya. La hierba rala se convertía en tierra seca y arena, los arbustos desaparecían y el torreón de Xalya, a lo lejos, estaba igual de hermoso que siempre. Estaba solo. No había en aquella vasta extensión de tierra nada más que aire, distancia e inmensidad. Entonces, la voz de su padre lo llamó desde atrás: .D .Bm Contempla, hijo, la tierra donde naciste. Respétala porque es tuya y le perteneces. .Em .P Dashvara quiso darse la vuelta pero, por alguna extraña razón, no pudo, así que siguió avanzando. .D .Bm Los salvajes te robaron la tierra —agregó su señor padre con evidente rabia—. Los salvajes y extranjeros invadieron la estepa y mataron a mi pueblo. A tu pueblo. —Su voz se hizo cada vez más fuerte mientras decía—: Mátalos a todos, hijo. MÁTALOS. .Em .P .Bm ¡DESHÓNRALOS! .Em .P El grito fue tan potente que Dashvara despertó con la impresión de tener a una manada de mílfidas gritándole al oído. Se sostuvo la cabeza, jadeando: .D Oh, Liadirlá… .P Recibió un leve golpe de bota y, al alzar la vista, vio al capitán Djamin mirarlo con expectación. .D ¿Malos sueños? —soltó este. .P Abotagado aún de sopor, Dashvara hizo una mueca y se encogió de hombros. .D Sueños estúpidos. .P El capitán Djamin enarcó las cejas y lanzó con calma: .D Levanta. Ya nos vamos. .P Dashvara asintió y se levantó al mismo tiempo que Amanecer, fijándose en que el cielo ahora estaba del todo iluminado y que había pasado una buena hora desde que se había quedado dormido con ese sueño tonto. .P .Bpenso Deshónralos .Epenso , se repitió. .Bpenso Claro, ¿y con qué quieres que lo haga, mi señor? ¿Escupiéndoles a la cara? Ni tú sabes lo que harías si estuvieras en mi lugar, padre. Sin sables, sin hombres, sin dignidad… Morir así te asustaba tanto que preferiste morir llevando a tus hermanos contigo. No te condeno. Tal vez mi Ave Eterna se agarre demasiado a la esperanza. Pero la tuya se agarraba demasiado al orgullo. .Epenso .P Se percató de que el capitán ragaïl lo observaba con curiosidad. .D ¿Pensando en una nueva escapada, Xalya? .P El tono era burlón pero amable. Dashvara esbozó una sonrisa. .D No —admitió—. Pensando en el sueño estúpido. .P Agarró la cantimplora y bebió de ella antes de preocuparse de Amanecer. La mayor parte de la gente ya se alejaba a caballo, tomando la dirección este. ¿Este?, se repitió Dashvara, frunciendo el ceño. Lamastá estaba al sureste. El capitán Djamin se acababa de subir a su propia montura cuando dijo: .D ¿Puedo preguntar en qué consistía ese sueño estúpido? .P Dashvara le echó una ojeada sorprendida y estuvo a punto de preguntarle a ver si los esclavos también tenían obligación de contar sus sueños, pero recapacitó y se encogió de hombros antes de subirse a Amanecer. .D Es tan sencillo como que iba andando por la estepa y que mi padre me iba diciendo: mátalos a todos. Me dijo lo mismo unas horas antes de morir. Y el caso es que todavía no los he matado a todos. .P El capitán Djamin había fruncido el ceño. Estaban en la cola de la procesión. Delante de ellos, cabalgaban hombres suyos. Kuriag Dikaksunora estaba casi en cabeza de fila junto a su esposa. Tras un silencio, el Ragaïl interrogó con calma: .D ¿A quiénes? .P Dashvara puso los ojos en blanco. .P .Bpenso ¿Por qué diablos le estás contando esto a ese extranjero, Dash? Porque el cansancio te hace pensar como un nadro rojo. O porque necesitas simplemente hablar de algo. O hablar de ello con cualquiera. O tal vez no con cualquiera. Hasta ahora Djamin siempre ha demostrado ser un hombre honorable, le tienes respeto y… vas tú y le cuentas historias de matarlos a todos. Muy fino, Dash. A lo mejor te manda maniatar por si las moscas, ¿sabes? .Epenso .P Carraspeó y contestó: .D En el sueño, no lo especificaba. Pero, de todas formas, capitán, era un sueño estúpido, como digo. Nada más. .P El capitán no replicó. Al de un momento, observó: .D Es una perla valiosa. .P Dashvara enarcó una ceja y vio entonces que el Ragaïl le tendía el shelshamí. ¿En serio se lo estaba devolviendo? Sin duda ignoraba lo que representaba. Con una mezcla de extrañeza y avidez, lo recuperó. .D Gracias. Es una perla del desierto. .P Era cierto: su madre la había encontrado cuando aún vivía como una nómada xalya comerciando con las tribus de Bladhy. Y se la había ofrecido a su esposo años más tarde. Casi era extraño que no le hubiese regalado un cráneo en su lugar, pensó con cierta ironía. Tal vez Dakia de Xalya no fuera tan macabra de joven. .P Impasible, Djamin no dijo nada más y Dashvara se colocó el pañuelo negro con presteza. Cabalgaron durante largo rato en silencio, cruzaron el arroyo y avanzaron hacia las interminables colinas desnudas que poblaban la región entre Aralika y Lamastá. ¿Sería una especie de atajo para llegar a esta última? No lo parecía. Más bien parecía que estuvieran viajando hacia la primera. El cielo, azul de madrugada, se estaba cubriendo de nubes y un viento helador azotaba a Dashvara. Lo heló hasta los huesos pero, por lo menos, barrió su cansancio. No tardó la lluvia en caer sobre ellos, acompañada de rayos y truenos ensordecedores. Un sibilio señaló a voces a través de la lluvia un árbol solitario que había prendido fuego y Dashvara, fascinado, recordó en ese instante las palabras de la sabia Shalussi: .Bparoles Las tormentas y la sequía acabarán con tu imperio si no tienes cuidado, Todakwa. .Eparoles De reojo, vio al capitán Djamin persignarse en nombre de Cili. .P La tormenta no duró: pasó casi tan rápido como un relámpago y dejó una estepa apenas más húmeda y un aire diáfano y sereno. Los titiakas y sus esclavos remontaron a caballo echando regulares ojeadas al árbol que seguía llameando en la lejanía. Ahora, se dirigían hacia el noreste, se fijó Dashvara. Aprovechando que el capitán Djamin avanzaba a poca distancia, le soltó: .D No vamos a Lamastá, ¿verdad? .P El Ragaïl le echó un vistazo desde su caballo y respondió un simple: .D No. .P Realizaron varias pausas durante el día y compraron leche a un grupo de pastores esimeos, pero Dashvara no fue invitado a beber ni a comer. No se quejó. Estaba de todas formas tan cansado que ni sentía el hambre ni sentía el frío. Hasta le costaba percatarse de su cansancio. Hacia el atardecer, se detuvieron al pie de una colina donde se alzaba una antigua atalaya shalussi y montaron las tiendas. Olvidado del resto que se atareaba, Dashvara se ocupó como pudo de Amanecer, le murmuró al oído palabras dulces y la acarició mientras recitaba en oy'vat: .Bl -t verse .It Cabalga, hermano, cabalga, .It que el sol luzca en tu camino .It y abra las puertas cerradas .It a tu Ave Eterna en su nido. .It En tu tierra y corazón, .It traza tu propio destino, .It y honra a tu clan por tu amor, .It con la fuerza de tu espíritu. .It Cabalga, hermano, cabalga, .It hacia el cruel enemigo. .It Si quiere robarme el alma, .It mis sables serán mi grito. .El .P Hablaba con suavidad y su voz traicionaba más tristeza que vehemencia. Repitió en un susurro: .D Y honra a tu clan por tu amor, con la fuerza de tu espíritu. Amor no me falta, Amanecer —murmuró, acariciándola entre ambas orejas mientras ella posaba su gran cabeza sobre sus rodillas—. Ni me falta valor. Ni me falta el Ave Eterna pese a lo que diga Kuriag. Lo que me falta es… .P Sus ojos se alzaron hacia los sibilios y Ragaïls pero apenas se fijaron en estos sino que fueron más allá, hacia los rayos de sol que iluminaban aún el cielo hacia el poniente. Suspiró y volvió a bajar la vista hacia su yegua con una media sonrisa melancólica. .D Lo que me faltan son doscientas perlas como tú. Un estepeño sin caballo es un ave sin alas. .D Bonita frase —dijo la voz de Api. Dashvara se sobresaltó. El joven demonio se acercaba a él con un bol. Se lo tendió y, como Dashvara tardaba en reaccionar, agregó—: Un hombre sin comida es un saco de huesos. .P Dashvara hizo una mueca divertida y aceptó el bol. .D Gracias. .D No me las des a mí. Es Djamin el que me ha pedido que te lo traiga. —Se agachó mientras Dashvara engullía la cena y lo observó un momento antes de añadir—: Es curioso el oy'vat. Tan distinto del tajal y al mismo tiempo tan parecido. Un poco más y seré capaz de hablarlo. .P Dashvara le devolvió una mirada absorta antes de dejar el bol vacío y preguntar: .D ¿Qué es el tajal? .P Api sonrió con aire misterioso y burlón. .D .Sm La lengua —contestó, insistiendo en ambas palabras—. El oy'vat sale de ella. Pero es mucho más suave y menos gutural y… tal vez algo más sencilla. Sí, creo que lo es. Aprender el tajal es un verdadero infierno. Por eso le pedí a mi mentor que me enseñara. —Soltó unos leves gruñidos como si se le hubiera atascado algo en la garganta y sonrió anchamente—. Acabo de decirte buenas noches. .P Dashvara se lo quedó mirando con asombro, pues de hecho creía haber reconocido en ese extraño sonido gutural un simple «Taú srin». Meneó la cabeza. .D Demonios. .P Api se echó a reír levantándose con el bol vacío en la mano y repitió en común: .D Buenas noches. .P Dashvara asintió y, mientras el demonio se alejaba en las sombras crecientes del crepúsculo, murmuró: .D .Sm -t erare Taú srin , chaval. .P Aquella noche, volvió a tener el mismo sueño, en peor, pues a la voz de su padre se mezcló la imagen de los ojos amarillos de Sheroda, quien le repetía «eres culpable, ¡has matado!», y sumado a los «mátalos a todos» de su padre, se le armó tal jaleo en la cabeza que despertó al de poco de dormirse con la respiración entrecortada y no pegó ojo en lo que quedaba de noche. .P Sus ojos contemplaron largo tiempo las estrellas, como hacía antaño en el patio de la casa de Atasiag, sólo que aquella noche no lo acompañaba Yira. La constelación del Escorpión no se veía: era invierno y, en invierno, desaparecía. Hacia la medianoche, las estrellas fueron tragadas por las nubes y, en una calma completa, cayeron los primeros copos de nieve. Habían tardado en llegar. Era mal signo. Como decía el dicho: «Si son los copos tardíos, el invierno será largo y frío». Arropado en su capa y arrebujado contra Amanecer, Dashvara escuchó el silencio del campamento y trató en vano de conciliar el sueño otra vez. Su mente parecía haber olvidado cómo dormir. .P Poco antes de que amaneciera, un murmullo turbó su inalterable vigilia. Frunció el ceño y… volvió a oír un murmullo. .P .Bdm Dash, ¿estás despierto? .Edm .P Dashvara sonrió. .D Tah —susurró—. ¿Estás aquí? .P Por un momento, creyó haber soñado la voz mental, pero entonces la sombra le confirmó: .P .Bdm Sí. No sabes qué lío .Edm , suspiró. .Bdm Acabo de volver del campamento donde están los demás. Están justo por allá, a unas colinas de distancia. Me han preguntado por ti y les he dicho que estabas bien. Ellos, en cambio… bueno, aparte de los más jóvenes, están todos maniatados y… creo que han azotado a más de uno pero… apenas he podido hablar con ellos porque los titiakas tenían encendidas unas cuantas antorchas alrededor. .Edm .P Dashvara se estremeció al oír sus palabras. Maniatados. Azotados. Y Kuriag estaba al corriente. Sí, seguramente lo estaba, ¿verdad? Y estaba dejando a Arviyag maltratar a sus esclavos para domarlos en su propia tierra. .D ¿Y Tsu? —murmuró. .P .Bdm ¿Tsu? No lo he visto .Edm , admitió la sombra, y resopló mentalmente mascullando: .Bdm No me gusta la nieve. Da cosquillas peor que la lluvia. .Edm .P Alarmada por la agitación de Tah, Amanecer alzó la cabeza. Dashvara tranquilizó su yegua de un gesto antes de preguntar en voz baja y curiosa: .D ¿Dónde has estado todo este tiempo? .P .Bdm Oh, bueno… .Edm , carraspeó Tahisrán. .Bdm Es complicado. Fui en busca de Yuk y lo encontré pero no pude hablar con él porque lo metieron en las tiendas de los sacerdotes-muertos. Así que luego fui a ver a Api. Y resulta que estaba con Asmoan, Kuriag y sus dos primos y… .Edm Vaciló. .Bdm Oí algo que no debí oír. Algo sobre el pacto. .Edm .P Dashvara hizo una mueca. .D Oíste que Arviyag y Garag lo invalidarían para los Xalyas —adivinó sombríamente. .P .Bdm Ajá .Edm , afirmó la sombra, molesta. .Bdm Kuriag no quería que os avisara porque temía que fuerais a intentar huir. Me dijo que no os convenía huir, pero no me explicó por qué y… Bueno, resulta que el alba me pilló en el campamento esimeo, me metí en el saco de Api y… Buah, cuando desperté, estaba cabalgando por la estepa visitando tumbas y torreones. Api dice que se fijó “a medias” en que estaba dentro de su saco. Mmpf, .Edm gruñó. .P Dashvara no pudo evitar esbozar una sonrisa al imaginarse la sorpresa de Tahisrán al despertarse. Este agregó con tono relativista: .P .Bdm Supongo que de día de todas formas difícilmente podría haber vuelto a Lamastá sin que nadie me viera. La estepa es mala tierra para las sombras. .Edm .P Dashvara asintió. .D Gracias por haber ido a ver a mi pueblo, Tah. Arviyag pagará caro lo que le está haciendo —afirmó y, dándose cuenta de que había alzado ligeramente la voz, la bajó murmurando sin vínculo aparente—: Los Esimeos se han llevado a Yira. .P Percibió el asentimiento de la sombra así como su inquietud. .P .Bdm Lo sé. Api me ha contado lo ocurrido. .Edm .P Hubo un silencio. Los copos de nieve seguían cayendo. El cielo, aunque cubierto, empezaba a perder su oscuridad. Yira, pensó Dashvara con una súbita oleada de angustia. Se le acababa de ocurrir una idea horrible. ¿Y si Yira no se encontraba finalmente tan a salvo con los Esimeos? ¿Y si…? Lo asaltó la imagen de su naâsga sacrificada para mayor gloria de Skâra y un tremor lo recorrió entero. Al fin y al cabo, ¿qué sabía él de los Esimeos y su Divinidad? Nada. Tal vez tras transmitir su mensaje, la Arazmihá moriría y… Dejó escapar un jadeo exhausto. .D ¿Por qué? —Se enderezó, con el corazón acelerado, antes de volver a tumbarse apretando inconscientemente la perla del shelshamí en su puño—. Mi Ave Eterna va a morir, Tah —murmuró—. Me siento como si estuviera cabalgando hacia la Muerte perseguido por unos monstruos. Estoy malditamente atrapado. Sé lo que Arviyag quiere hacer de mí y no sé cómo impedírselo. Pero eso no es lo peor. Si le llega a ocurrir algo a mi naâsga, mi muerte será la más horrible de todas. .P Se había quedado con los ojos muy abiertos, contemplando las sombras con la impresión de que una serpiente roja se había deslizado hasta su corazón para morderlo. Fuese por la fatiga o la constante lucha interior, se sentía al borde de perder la cordura, un poco como aquel día en que Atasiag lo había conducido a casa de Sheroda… Sólo que esta vez le duró bastante más. De nada sirvieron los consuelos de Tah: le resbalaron como agua sobre un cristal. Apenas se alumbró el día, desayunó maquinalmente lo que le trajo Api y lo único que consiguió hacer correctamente fue ensillar a Amanecer y subirse a ella para continuar el viaje. Los Ragaïls, los sibilios, los hombres que se habían reunido desde Lamastá… todos le parecían salidos de un mundo irreal y espantoso. .P .Bpenso Estás perdiendo los estribos, Dash .Epenso , le decía una vocecita exasperada. .Bpenso Recapacita: no estás maniatado, nadie te ha torturado aún y ¿por qué lo harían? Kuriag no es como Arviyag. Él os protegerá a todos… .Epenso .P .Bpenso Protegernos y un cuerno .Epenso , se replicó con viveza. .P .Bpenso Bah. Lo que te pasa es que estás muerto de miedo. Por culpa de los dedales. Confiesa, .Epenso se burló con un siseo mental. .P Sus propios pensamientos lo tenían tan ocupado que fue Amanecer quien se encargó de seguir la procesión sin ayuda de su jinete. .P Al anochecer, cuando se asentó de nuevo el campamento y Dashvara oteaba de lejos a su pueblo que avanzaba a pie por la estepa, vino Api a darle la cena de nuevo y esta vez le dijo alegremente: .D Parece ser que tu esposa está creando gran revuelo por Aralika. Todakwa va a hacer una gran fiesta dentro de dos semanas y ha invitado a Kuriag para las despedidas. .P Dashvara se lo quedó mirando un momento, como atontado, antes de soltar: .D ¿Yira está bien? .P Api lo observó con curiosidad. .D Sí. No sé gran cosa —admitió—. Sólo que Todakwa la tiene en un pedestal. Oye, Dashvara, ¿sabes qué? Tienes una pinta horrible. ¿Cuánto tiempo hace que no duermes? .P Dashvara hizo una mueca. .D He dormido un poco sobre el caballo. Creo. .D ¿En serio? —se maravilló Api—. ¿Puedes dormir sobre un caballo? Yo dormí sobre un dragón… ¡pero un caballo! .P Estaba impresionado. Dashvara gruñó y realizó un leve ademán antes de interesarse por su bol. Estaba aún masticando sin mucho ánimo cuando oyó ruidos de botas sobre la tierra y una voz seca que dijo: .D Mi amo quiere verte. .P Sin sorprenderse, Dashvara alzó unos ojos doloridos hacia el rostro grisáceo e impertérrito del sibilio. Era el mismo que había liderado la persecución. Al no recibir una respuesta inmediata, dos sibilios lo agarraron y Dashvara abandonó su bol, levantándose. Bajo la mirada fruncida e inquieta de Api, se alejó, echando un último vistazo a su yegua, que pastaba tranquilamente unos pasos más lejos, buscando hierba entre la nieve. La vio alzar la cabeza hacia él y chasqueó suavemente la lengua, no para llamarla, sino para decirle que no se preocupase, que siguiese pastando. .P .Bpenso De momento no puedes ayudarme, dulce mía. .Epenso .P Pronto dejó de poder verla por culpa de las tiendas, trabajadores y caballos. Lo que pudo ver, en cambio, fueron los Xalyas, a los que los sibilios estaban instalando y maniatando en varias líneas para la noche. Sólo los niños más jóvenes se libraban de tantas precauciones y uno de ellos, al reconocer a Dashvara, quiso acercarse pero su madre lo llamó duramente con un deje de miedo en la voz. En cuanto a los guerreros xalyas, levantaron todos la cabeza hacia él en un mismo movimiento expectante. Zamoy alargó el cuello. El capitán Zorvun puso cara aliviada e inquieta al mismo tiempo. Y, ante tanto ojo, Dashvara trató de parecer más enérgico de lo que se sentía. Intentó caminar erguido y con firmeza e incluso desenfado… Pero en cuanto los sibilios lo metieron dentro de una gran tienda y vio la mesa colocada en medio, su corazón terminó de helarse y perdió su compostura. Sobre esa mesa, había cuerdas. Y detrás de ella, estaba Tsu, remangado y con un estuche negro en la mano. .P En el rostro pétreo del drow, sus ojos fulgían, aterrados. Dashvara se sintió bruscamente sumergido por una oleada de recuerdos más vívidos que nunca. El dolor. La impotencia. El terror. La muerte… El dolor, se repitió, mareado. Y se puso a temblar de pies a cabeza. .P .Bpenso Tu pluma no va a levantarse de esto, Dash… .Epenso .Ch "Un dios falso" .\" 04/06/2018 Si lo hubieran metido en el hogar de un brizzia o en un nido de arpías, no se habría sentido tan aterrorizado. Aquel estuche, aquellos dedales, eran en ese instante para Dashvara mil veces peor que la muerte. .P Su reacción no fue planeada ni lo más mínimo, le salió natural: dio media vuelta e intentó echar a correr. Apenas amagó el movimiento, los sibilios lo agarraron y empujaron más adentro, hacia la mesa. Dashvara se debatió, igual que se había debatido aquel día en Dazbon. Todo en vano. Le desnudaron el torso, lo ataron firmemente a la mesa y sólo entonces se apartaron, dejándole ver a Paopag, a Tsu… y el estuche. .D No creas que hago esto por el placer de atormentarte, hijo —le dijo entonces la voz de Arviyag desde una esquina en que no podía verlo—. Si tanto me interesas es porque hay gente en la Federación que sigue convencida de que el Ave Eterna es más fuerte que Cili y que tú eres el Rey. El verdadero Rey Inmortal que ha resurgido de la muerte ya dos veces. ¿Qué disparates, verdad? Pero la realidad es que tienes a no menos de mil quinientos seguidores en Titiaka y que, para acabar con esa locura, vas a tener que decir públicamente que eres un rey falso de un dios falso. Y para que suene bien convincente… te lo voy a meter en la cabeza hasta que te lo creas tú también. ¿De acuerdo? —terminó con tono tranquilo, como si le preguntara cualquier banalidad. .P Dashvara asimiló sus palabras muy lentamente. Su cansancio no le ayudaba. Ni el terror que lo embargaba. Pero no sintió menos una oleada de asombro e incomprensión. ¿Mil quinientos seguidores? ¿En Titiaka? ¿De dónde se sacaba Arviyag tamaño desvarío? .D Un momento —gruñó—. Yo nunca he querido convertir a nadie. Esos seguidores… —Jadeó profundamente tendido sobre la mesa—. Yo no tengo nada que ver con eso. Yo no soy un rey. Y el Ave Eterna no es ningún dios. Eso ya lo tengo metido en la cabeza. No es necesario… no es necesario —repitió, aturdido, y consiguió acabar con su frase farfullando—: a-abrir eso. .P Hablaba del estuche. Desvió la mirada de este, mareado, y la paseó por los rostros de los sibilios y de Paopag; intentó girar el cuello en vano para ver a Arviyag e insistió: .D No es necesario. .P Hubo un silencio. Dashvara vio que los ojos rojos de Tsu brillaban. ¿Cómo lo habría convencido Arviyag? Amenazando con tomarla con los demás Xalyas seguramente. .D Tal vez —convino al fin el comerciante titiaka con tono pensativo—. Sí, tal vez no sea necesario. —Marcó una pausa—. Tengo curiosidad. ¿Realmente tanto te asustan unos dedales? Lo pregunto en serio. Nunca he probado. .P Su tono era burlón y a la vez curioso. Dashvara tensó la mandíbula y, tratando de superar el miedo tetanizante que amenazaba con apoderarse de él cada vez que volvía a mirar ese maldito estuche, replicó: .D Nada te impide probarlo. .P Arviyag chasqueó la lengua. Dashvara lo oyó moverse detrás de él y sintió su mano posarse sobre el brazo derecho, inspeccionando la herida causada por la flecha envenenada. El titiaka se apartó al de unos instantes y apareció ante los ojos de Dashvara retomando: .D No me has contestado. ¿Qué es lo que te asusta? ¿El dolor? ¿La muerte? Tranquilo, no voy a matarte. Ese poder está en manos de Kuriag y yo no voy a convertirte en un mártir. Sólo quiero que no me decepciones cuando la delegación de Titiaka llegue a Aralika y te vea. Quiero que te muestres como lo que eres: el cabecilla fugitivo de un clan que ha vuelto arrastrándose hacia su amo. .P Dashvara no se inmutó cuando aseguró con voz neutra: .D Eso lo tengo muy asumido. .P Arviyag lo miró a los ojos y le dedicó una mueca desaprobadora cuando afirmó: .D Pero no lo suficiente. Tsu —dijo—, espero que no hayas perdido práctica. —Dio un paso hacia atrás invitando al drow a acercarse—. Es todo tuyo. .P Dashvara miró con los ojos agrandados a Tsu posar el estuche negro y abrirlo. Protestó, agitándose sobre la mesa: .D No es necesario, Arviyag. Sabes que no lo es. Soy un esclavo y lo asumo. Puedo dar mi palabra de que no volveré a huir. .D Eso no tiene importancia —aseguró Arviyag con paciencia—: son los mil quinientos seguidores titiakas que la tienen. Puedes huir todo lo que quieras una vez que hayas renegado de tu dios falso, pero dudo de que lo intentes después de esto. Pese a todo, le he prometido a tu amo que no seré demasiado duro contigo… —Puso los ojos en blanco—. Y cumpliré. .P Agregó para Tsu unas palabras en un dialecto diumciliano y este asintió en silencio. Un sibilio se avanzó para amordazar a Dashvara y este lo fulminó con la mirada a falta de poder hablar. Al fin, el sibilio se apartó y Dashvara pudo ver a Tsu colocarse los dedales en los dedos… se los puso .Sm todos con una rapidez asombrosa y con aún más rapidez los posó sobre sí mismo, sobre su cabeza, sin vacilación alguna y… .D ¡No! —gritó Arviyag. .P Horrorizado, Dashvara hubiera bramado aún más alto de no ser por la mordaza. Por suerte había dos sibilios justo al lado y reaccionaron con prontitud apartándole los dedales del cráneo antes de que el drow tuviera tiempo de crear ningún sortilegio. .P .Bpenso ¡Maldita sea, drow! ¿Te has vuelto loco? .Epenso .P Sí, se había vuelto loco. Su boca escupía ahora palabras ininteligibles y sus ojos rojos fulgían, perturbados. Jamás Dashvara lo había visto así. Arviyag lanzó una orden seca, obviamente contrariado, y los dos sibilios que agarraban a Tsu arrastraron a este fuera de la tienda después de haberle quitado los dedales. Arviyag intercambió unas palabras en diumciliano con Paopag y, entonces, pasó la cabeza por la entrada de la tienda y ladró: .D ¡Darigat! Entra. .P El tal Darigat entró. No era un sibilio, sino uno de los trabajadores de cinturón negro. Un esclavo reciente. Era un elfo rubio de alta estatura y piel dorada, tal vez un elfocano, y al ver a Dashvara tendido sobre la mesa su rostro tembló ligeramente. Se inclinó ante su amo soltando un interrogante: .D ¿ .Sm -ns Khazag ? .P Su voz era suave y melodiosa. Arviyag le ordenó: .D Encárgate de este hombre. Paopag: no olvides repetir las lecciones. Mañana, llegaremos a Aralika. El viaje será un respiro para el Xalya. Trabajad bien. .P Y con esas palabras, salió sin siquiera echarle otro vistazo a Dashvara, el cual comenzaba a marearse seriamente. Esperaba que no fueran a castigar a Tsu con demasiada dureza. Y esperaba que Paopag fuera a ser clemente y no sería tan exigente como Arviyag. Y, mientras esperaba, su cuerpo se empapaba de sudor pese al frío, su pecho se levantaba precipitadamente y sus ojos febriles contemplaban a Darigat mientras este se colocaba los dedales. Vistas su presteza y seguridad, no era la primera vez que se los ponía. No llevaba más de un año al servicio de Arviyag y ya había tenido que recurrir a ellos… Cuando los vio acercar, Dashvara emitió un gemido ahogado por la mordaza. .salto .Bm .D ¿Es… peranza? —murmuró. .D No —le decía una voz—, no hay esperanza si no haces lo que yo te digo. No hay perdón. .P Y otra voz más profunda le recordó: los nadros rojos no perdonan, hijo: devoran. Agrandó los ojos. ¿Capitán? ¿Ese había sido el capitán? No. Era imposible. El señor de la estepa luchó por llenar sus pulmones de aire. Le ardían. Le ardía todo el cuerpo. .D La estepa está muriendo —graznó con horror—. Se desgarra. La veo. Está temblando. Está temblando. Hermanos… El mundo está cayendo. El cielo… ¡El cielo! El Ave Eterna… .D No vuela —le dijo la voz con suavidad—. No vuela porque ya no existe. .D No existe —repitió el señor de la estepa—. El Ave Eterna no existe. Sí existe —protestó de pronto. .P Un dolor atroz lo sacudió entero y la voz razonó: .D No existe. .P El señor de la estepa lloraba. .D No existe —repitió—. Me mintieron. No existe. .P Lo atravesaron varias descargas, sus ojos se secaron y su mente volvió a zambullirse profundamente en un mar de abulia. .D Dime —le dijo la voz—. ¿Quién eres? .P El señor de la estepa no contestó de inmediato. Al fin, balbuceó: .D Dash. Soy Dash. .D ¿Y tu amo? .D La estepa —farfulló. .P Una nueva descarga de sufrimiento lo atravesó y lo dejó convulsionándose en un mundo oscuro. Esa era una descarga mayor. Se había equivocado, entendió. Intentó pensar y recordar la lección. Dio al fin con la respuesta y la jadeó: .D Kuriag… Mi amo. Por favor… Nandrivá… .P Pedir por favor, a menos que fuera por usar la lengua salvaje, le mereció una nueva descarga. No sabía cuánto tiempo llevaba así. Días. Semanas. Una eternidad. Ya no le importaba. Sólo quería que el suplicio acabase pronto. Pero no acababa… No acabaría nunca, entendió. Nunca. .Em .salto .D ¿Qué le habéis hecho? .P El miedo y la consternación vibraban en aquella voz. Sentado en un jergón, Dashvara alzó lentamente la cabeza y vio un rostro distinto. Es decir, distinto a los que solía ver desde que había empezado a no existir. Eso se decía interiormente: que había empezado a no existir. Era lo poco que conseguía decirse. Tragó saliva al reconocer al fin al recién llegado. Era el amo. .D Ni un solo latigazo durante nuestra ausencia, Excelencia —aseguró Arviyag. A ese también hacía tiempo que no lo veía, se fijó Dashvara. Un odio impotente lo invadió mientras el elegante titiaka añadía—: No os dará problemas en un buen rato, os doy mi palabra. Y, en todo caso, está preparado para ver al sacerdote y a sus testigos. Esta historia de Ave Eterna caerá por sí sola después de esto —afirmó. .P Hablaba con satisfacción. Sus ojos se posaron sobre Dashvara y este le devolvió una mirada apática. No conseguía sentir realmente nada. El odio se había esfumado tan pronto como había llegado. .D Levanta —le dijo Paopag. .P Esa era la voz de las lecciones y las descargas. Echándole una mirada a Paopag como buscando confirmación, Dashvara se levantó. Le flojeaban las piernas. Se sentía como una pluma muerta suspendida en el tiempo. Parte de él ardía de deseos de hacerle preguntas a Kuriag, de hablar de su naâsga, de sus hermanos, del Ave Eterna… pero el simple pensamiento de sacar la palabra «Liadirlá» lo aterrorizaba. La impotencia lo encadenaba y, tras haber apabullado tanto sus pensamientos, ahora simplemente los borraba, los barría lejos. .D Dejadnos solos —ordenó de pronto Kuriag. .P Arviyag vaciló. .D Lo desaconsejaría, Excelencia. Deje al menos que se quede Paopag. .D He dicho: dejadnos solos —insistió Kuriag, testarudo. .P Al instante siguiente, Dashvara vio a Paopag alejarse, la puerta se cerró y se encontró en la sala, solo, ante su amo. Sintió angustia y desconcierto ante la nueva situación y su corazón se aceleró, pero no se movió. El joven elfo lo contemplaba con el rostro pálido a la luz de la linterna. El silencio se alargaba y Dashvara apenas se daba cuenta de ello. Comenzaba a marearse y empezaban a aparecer puntos negros en su visión. Al cabo, no le quedó más remedio que apoyarse torpemente contra el muro y volver a sentarse sobre su jergón. Un jadeo rompió el silencio. .D Lo siento tanto… .P La voz de Kuriag se quebró. El titiaka se allegó a su lado y, al ver que Dashvara no se inmutaba, se atrevió a posar una mano sobre su frente. Dashvara esperó la descarga sin moverse, pero esta no vino. En su lugar, sintió un ligero flujo de energía que lo tanteaba. Y vio la expresión del elfo contraerse en una mueca de confusión. Al cabo, retiró la mano y se apartó como asustado. .D No sabía que… Quiero decir… Lo sabía pero… No imaginé… Oh, Cili misericordiosa. Esto lo hago por mi familia —murmuró con tono culpable—. Lo hago por Titiaka. La Federación no puede permitirse tener más disensiones de las que ya tiene. Me… entiendes, ¿verdad? Yo no quería hacerte daño. Lo siento —repitió. .P Sus palabras fueron para Dashvara como granos de arena que se perdían en el desierto. Lo entendía, claro que lo entendía. Pero le traía sin cuidado. Sacudido de un leve espasmo, dejó al fin escapar con torpeza: .D El Ave… Ave Eterna no… existe. .P Kuriag se mordió los labios y no dijo nada. Tras otro largo silencio, se levantó y aseguró: .D Te repondrás. .P Dashvara le devolvió la mirada con los ojos secos y la expresión imperturbable. Se sentía a mil leguas de ahí. En otro mundo. En otra realidad. .P Apenas se enteró cuando Kuriag salió. En cambio, cuando Paopag y Darigat regresaron y vio los dedales tenderse sobre él, fijó toda su atención en estos. No sentía ya terror ante ellos, o al menos había aprendido a asumirlo. Los sufría como se sufre un frío horrible, sin siquiera darse cuenta de que ya no estaba atado, de que la puerta no estaba cerrada con llave y de que hubiera podido intentar huir. Tan sólo intentarlo… Pero no había esperanza. .Ch "Los hijos del Ave Eterna" .\" 06/06/2018 La tierra temblaba bajo sus pies. Los cinco cabecillas salvajes se acercaban a él con el sable desenvainado. No había piedad en los ojos de ninguno. Sólo muerte. Qwadris le dio el primer tajo y se desvaneció en la niebla oscura que poblaba la estepa. Shiltapi, el gran negro Akinoa, fue el siguiente. Levantó su hacha enseñando sus dientes amarillos y, sin pronunciar sonido alguno, la abatió. En ese momento, Dashvara pensó, confuso: .P .Bpenso Te mataron los Shalussis. Raxifar me mintió. ¡Estás vivo! .Epenso .P Sintió entonces, viniendo de detrás, la hoja fría de Nanda de Shalussi aplicarse contra su garganta. .P .Bpenso Eso es justicia .Epenso , reconoció con calma. .Bpenso Yo te hice lo mismo. .Epenso .P Cuando desapareció Nanda y Dashvara murió por tercera vez, le tocó a Lifdor de Shalussi acercarse a él; pero cuanto más se acercaba, menos se lo veía y, finalmente, el salvaje desapareció antes siquiera de que pudiera alcanzar a Dashvara. Ya no quedaba, en esa estepa muerta y oscura, más que la silueta tatuada de Todakwa, el hijo de la Muerte. En un silencio suspenso, el Esimeo abrió la boca y una voz de ultratumba resonó en la mente de Dashvara: .D Vuestra meta es la derrota. La civilización gana, el pasado pierde. .D Pierde… —decía el eco. .D El Ave Eterna no existe. .D Pierde, pierde… .P De pronto, la tierra se puso a temblar emitiendo un ruido chirriante y el rostro de Todakwa se transformó en una calavera que iba aumentando y aumentando de tamaño, acercando su boca de muerte hacia Dashvara, hacia la estepa, hacia todo lo que lo rodeaba… .P Dashvara despertó en un sobresalto. Al contrario que las demás noches, ni Paopag había pasado a hablarle ni Darigat había venido con sus dedales. No por ello se libraba de las pesadillas, ni mucho menos. Desde que Paopag lo había dejado, se había despertado lo menos una decena de veces, sudoroso, agotado, angustiado, rodeado de oscuridad y de silencio. Tal vez ni siquiera fuera de noche. No tenía forma de saberlo más que por la comida que le traían… y a veces no siempre recordaba haber comido. El tiempo se le embrollaba y dejaba de tener sentido. .P Aquella vez, sin embargo, la puerta se había abierto y una luz iluminaba ahora el cuarto. Sólo había ahí un jergón, dos sillas y una mesa robusta. En el marco de la puerta, Dashvara consiguió distinguir varias siluetas. Reconoció la de Paopag y una mezcla de angustia y alivio, de odio y apego, se apoderó de él. .D Paopag —pronunció con voz lenta, enderezándose torpemente. .P Sus movimientos, saturados de energía ajena a su cuerpo, eran torpes y patosos, al igual que su mente. Sin embargo, ahora notaba una ligera mejoría, debida seguramente a que aquella noche no había recibido visitas. .P Con andar titubeante, se dirigió hacia la mesa, como de costumbre. Para sorpresa suya, Paopag lo detuvo con una mano. .D No, hijo. Hoy vamos a tratarte como a un príncipe. Ven. .P Lo cogió del brazo con suavidad, como a un niño perdido, y Dashvara se dejó llevar sin preguntas. Ni siquiera se le ocurrió que pudiera hacerlas. .P No dejó de sentir desconcierto cuando Paopag le señaló que se metiera en una tina que varios trabajadores estaban llenando de agua. Dashvara obedeció y el agua caliente lo revivió. Al menos un poco. Cuando salió de la tina, le volvieron a dar la camisa, la túnica, la armadura de cuero y la capa azul de los Dikaksunora. Incluso le devolvieron el shelshamí. En su abotagamiento, Dashvara sintió una pizca de ironía. Acababan de destruir al señor de los Xalyas y esos extranjeros seguían vistiéndolo con el pañuelo del liderazgo. Era ridículo. .P Paopag lo inspeccionó de pies a cabeza y le sonrió. .D Listo. ¿Recuerdas las lecciones? .P Dashvara asintió e iba a soltarle el rollo como siempre pero Paopag lo detuvo con diversión. .D Confío en ti para impresionar a nuestros invitados. Andando. .P Dashvara lo siguió fuera de la sala. Subieron escaleras. Y, por primera vez, vio la luz del día. Es decir, por primera vez desde que… Bueno, ¿desde que era Dash, el esclavo de Paopag? De Kuriag, rectificó con un tremor. Kuriag, no Paopag. .D Dash —dijo de pronto la voz de Paopag. .P Dashvara se percató de que se había parado en medio de un pasillo sin darse cuenta. Reanudó la marcha. Finalmente, desembocaron en un salón en el que se oían ruidos de cubiertos y voces. Tras ver a Kuriag en cabeza de mesa, Dashvara dejó de interesarse por las caras. No veía a Yira, no veía a ningún Xalya: lo demás era polvo para sus ojos. .P Paopag lo detuvo de un gesto y ambos esperaron. Dashvara ya no se mareaba tanto y constatarlo retuvo toda su atención hasta que, de pronto, Paopag lo empujó suavemente hacia delante. Los comensales se habían girado hacia ellos y lo escudriñaban con descaro. Un pequeño rayo de lucidez le hizo entender que tenía que hacer algo. .P .Bpenso Las lecciones .Epenso , pensó. .Bpenso Tienes que repetirlas. .Epenso .P Y las repitió con lentitud, estremeciéndose porque en su imaginación su cuerpo seguía recibiendo descargas y seguía sufriendo. El sentido se le escapaba, para él ya no eran más que sonidos. Aunque, en el fondo, sabía que en otra vida habría palidecido de haber escuchado a cualquier Xalya renegar del Ave Eterna de esa manera pero… ya no era un Xalya, no era ni siquiera un hombre. Era un esclavo. No había acabado su cuarta frase cuando, para desconcierto suyo, un comensal lo interrumpió carcajeándose: .D ¿Y este hombre es al que adoran dos mil ciudadanos? ¡Cualquier profeta en Titiaka lo supera! .P Se oyeron risas. Un titiaka humano de mediana edad intervino: .D Confieso que estoy decepcionado. Pero tal vez las maneras de este salvaje sean debidas a que se siente intimidado. .P Las carcajadas barrieron la mesa. .D ¡Intimidado! A lo mejor —convino Arviyag con una leve sonrisa mientras se elevaban comentarios bromistas. .P En aquella comitiva, sólo dos personas no mostraban ni pizca de jovialidad aparte de Dashvara: Kuriag y Paopag. El primero estaba pálido. El segundo parecía impaciente y observaba a Dashvara con atención. Este se había girado hacia él, aturdido. Su apatismo iba siendo reemplazado poco a poco por una sensación de ansiedad y su respiración se precipitó. Deseaba volver a la sala con la mesa y el jergón. Deseaba silencio. Deseaba que Paopag lo sacara de ahí. Pero no se atrevía a pedir. .D ¡Y bien! —dijo entonces Kuriag. Su voz tembló ligeramente y carraspeó para afirmarla—. Nos dices que ese cuento del Ave Eterna no son más que fantasías. Eso significa que tú y tu pueblo os equivocasteis y venís equivocándoos desde hace siglos. Cili todopoderosa castiga a los paganos. Y un buen titiaka ha de aplicar su Ley. .P Dashvara asintió. Mientras tanto, Paopag se había acercado a él y lo ayudó a arrodillarse murmurándole: .D Cili todopoderosa… .P Era el principio de la lección. Dashvara la recitó tratando esta vez de no comerse las palabras. .D Cili todopoderosa, arranca de esta alma la araña de sombras que la envilece. Por la Serenidad, perdóname. Por la Cortesía, perdóname. Por la Discreción, perdóname. Por la Constancia, perdóname. Por la Paciencia, perdóname. Por el Sacrificio, perdóname. Por la Dignidad, perdóname. Por la Fortaleza, perdóname. Por la Simpatía, perdóname. Por la Humildad, perdóname. Por la Compasión, perdóname. Por las Once Gracias que enaltecen tu gloria, acoge tu… acoge a tu súbdito y haz que las gracias… que las desgracias caigan sobre mi alma si rompo tu Ley. .P Calló, bloqueándose de pronto. Le había salido fatal, pensó. Había fallado dos veces al menos. Y algo le decía que no había terminado, que le faltaba una frase, y mientras se devanaba los sesos para encontrarla, sintió una mano posarse sobre su shelshamí y una voz profunda decir: .D Cili todopoderosa es clemente con la ignorancia y acepta tu arrepentimiento. .P Era un sacerdote de Cili, que se había levantado de la mesa para perdonarlo. Dashvara sintió una leve energía tantearlo y, cuando alzó la cabeza, creyó ver un destello de comprensión y compasión en los ojos del sacerdote. El alivio lo invadió al comprobar que no le importaba a ese sacerdote que no hubiera recitado la lección entera. .D Levántate, criatura de Cili. Sirve bien a tu amo y Cili estará satisfecha. .P Dashvara se puso de nuevo en pie y ahí se acabó el asunto. Paopag lo condujo fuera del salón y, cuando estuvieron lejos, le dijo: .D Misión cumplida, buen hombre. ¿Ves qué sencillo? Has tranquilizado a toda esa gente y has hecho todo lo que tenías que hacer. Y aquí te dejo —declaró mientras llegaban ante una puerta—. Ahí afuera, te está esperando tu gente. —Le palmeó el hombro—. No te apesadumbres demasiado sobre tu estado: cualquier hombre acaba así después de dos semanas de tortura. Dentro de unos días empezarás a sentirte mejor, descuida. Buena suerte, estepeño. .P El desconcierto de Dashvara era total. ¿Que afuera lo estaba esperando su gente? ¿Su pueblo? ¡Era tan increíble! Le agarró a Paopag del brazo cuando este hizo ademán de alejarse de nuevo por el pasillo. .D No —gruñó—. Espera. Paopag, espera. No puedes dejarme así. Mi pueblo… va a pensar que me he vuelto idiota —jadeó—. Y es cierto. Tengo arena en la cabeza. Arena que quema. En serio. .P Paopag hizo una mueca, molesto, y liberó su brazo de una sacudida. .D Te recuperarás de eso —aseguró—. Te aseguro que, si hubiera querido volverte idiota, habría usado técnicas todavía mas intensivas. —Tendió una mano y abrió la puerta agregando con sequedad—: Ve. .P Dashvara salió a regañadientes. Su temor fue barrido en cuanto vio que efectivamente, más allá de la patrulla sibilia que guardaba la puerta, se encontraban Makarva, Lumon, el capitán… Ignorando completamente a los sibilios, se dirigió hacia los suyos apretando el paso. Sus hermanos se avanzaron a su vez en pelotón llamándolo por su nombre y soltando palabras en la lengua salvaje… .Bpenso La lengua sabia .Epenso , rectificó una vocecita en su mente. .Bpenso El oy'vat. La lengua de los Antiguos Reyes… .Epenso Era tan extraño y hermoso volver a encontrarse con unos hermanos que creía haber perdido, volver a andar por un mundo familiar y, sin embargo, al mismo tiempo… al mismo tiempo algo, en su interior, no lograba emocionarse de veras. Se sentía como un espectro moviéndose en un mundo al que no pertenecía. La energía de los dedales lo tenía encadenado y muerto. .P El alboroto de voces se tranquilizó rápidamente y las expresiones se hicieron inquietas. Alguno escupió una maldición dirigiendo sus ojos hacia los sibilios que guardaban la casa donde se hospedaban los titiakas… Consciente de que su falta de reactividad los estaba turbando a todos, Dashvara se esforzó por dedicarles una leve sonrisa y pronunció: .D Misión cumplida, hermanos. .P Y resopló con una media risa de loco, pues incluso en ese estado no pudo evitar pensar: .P .Bpenso Te destrozan, te humillan, te esclavizan y te roban el alma, y a ti sólo se te ocurre repetir las palabras de Paopag. Misión cumplida. Sí, misión cumplida: has enterrado el alma antes que tu cuerpo, gran señor. .Epenso .P Su risa no pareció tranquilizar a nadie, al contrario. .D Ven, hijo mío —le dijo el capitán, estirándolo—. ¿Te han herido? .P Dashvara frunció el ceño y meditó unos instantes antes de llegar a la conclusión de que, cuanto más abriera la boca, más se notaría que su espíritu estaba descarriado. Se agarró a ese pensamiento y, por toda respuesta, se contentó con menear la cabeza. .P Sus hermanos lo guiaron a una gran caballeriza cubierta donde se habían instalado todos los Xalyas a la espera de que Kuriag saliera de Aralika y retornara a Titiaka. Le dieron comida, pero Dashvara apenas la tocó. Nadie le pidió que les hablara de lo que le habían hecho: Tsu debía de haberles explicado lo esencial. Cuando vio a este sentado en una esquina con un libro olvidado en la mano, Dashvara entendió que esos días tampoco habían sido clementes con el drow. Hubiera querido ir a verlo, hablarle, decirle algo que borrase el sufrimiento de ambos… pero estaba demasiado agotado para ello. Así que, al de unos instantes, simplemente se tumbó sobre el jergón adonde manos hermanas lo habían conducido y cayó pesadamente dormido. .P Despertó con la mente poblada de criaturas horribles y sonidos estridentes. Sosteniéndose la cabeza entre ambas manos, tardó un rato en darse cuenta de que lo rodeaban unos cuantos Xalyas y otro rato en percatarse de que, de su garganta, salían ruidos. Le parecieron ruidos ininteligibles hasta que pilló unas palabras: .D Muerte… morir… Paopag… Por favor, muerte… Paopag… .P Calló de golpe en cuanto entendió que estaba delirando y la vergüenza lo invadió mientras dejaba caer las manos pese a que su cabeza seguía punzándole. .D Lo siento, hermanos —resopló con el corazón tan encogido que le hacía daño—. Deberíais tirarme al infierno, a los perros, a los nadros… Qué sé yo. Lo siento. .P La mano oscura de Tsu se posó sobre su frente. La sintió helada. Shokr Is Set se arrodilló junto a él diciendo con voz serena: .D No pidas perdón por lo que te han hecho tus enemigos. Pide ayuda a tus hermanos y tu pluma volverá a levantarse. .P .Bpenso Mi pluma .Epenso , se repitió Dashvara. .Bpenso Hay algo que no sabes, Gran Sabio: el Ave Eterna no existe. No hay plumas, no hay voluntad, no hay esperanza… Sólo hay sufrimiento. .Epenso .P Notó de pronto un sortilegio fluir en su interior, su mente se oscureció, su cuerpo se estremeció de dolor, y se apartó de Tsu con nerviosismo. .D No —jadeó. .D Sólo intento ayudarte —murmuró Tsu—. Tu cuerpo está saturado de energías. Sólo intento… .D No —lo interrumpió Dashvara. .D Duele, lo sé —susurró el drow con suavidad—. Lo sé. Pero te ayudará, confía en mí. .P Dashvara confiaba en Tsu, por supuesto. Y, por no defraudar a sus hermanos, aceptó que lo ayudaran. Tsu dio instrucciones de dejarlos solos y colgaron ante el jergón una tela a modo de biombo. Aún era de día y se oía música lejana. También se oían las voces susurradas de los Xalyas en las caballerizas. Dashvara dejó de preocuparse por el entorno cuando Tsu comenzó a equilibrar sus energías. Más que equilibrar, le daba la impresión de que este lo torturaba, simple y llanamente. Y, sin embargo, en vez de abotagarlo, el dolor aclaraba su mente. Era como si Tsu estuviera arrancando una a una las garras embrutecedoras que se aferraban a esta. El problema era que tanto sortilegio requería mucha energía y el drow acabó mostrando evidentes signos de agotamiento. Viéndolo, Dashvara lo apartó suavemente con una mano. .D Es suficiente, Tsu. Gracias. Estoy mejor. De verdad. .P Tenía aún el cuerpo brutalmente entumecido, pero su mente se había aclarado y darse cuenta de ello lo llenaba a la vez de alegría, inquietud, cansancio, vergüenza, esperanza, desesperanza y… Bueno, un sinfín de emociones contradictorias lo atravesaban hasta dejarlo aturdido. Aturdido… pero vivo. .D Un poco más y paro —prometió Tsu. .P El drow siguió soltándole sortilegios hasta que realmente no pudo más y fue a acostarse, agotado, con la bendición silenciosa de Dashvara. ¿Cuántas veces habría tenido que usar de esos sortilegios con sus pacientes? Prefería no pensarlo. .P Había pasado tiempo y la luz que iluminaba las caballerizas había declinado, pero era aún de día. Dashvara apartó la tela y vio que sus hermanos no se habían alejado mucho. Makarva, Zamoy, Lumon y Miflin jugaban a las katutas en un silencio inhabitual. Apenas asomó él la cabeza, sus hermanos se giraron hacia él. Todos intentaban ocultar, en vano, su viva inquietud. Con los miembros algo temblorosos pero con la firme intención de demostrarles a los Xalyas que no se habían quedado con un señor atontado, Dashvara se levantó y fue a sentarse con los katuteros soltando un suspiro seguido de un: .D ¿Cuánto tiempo ha pasado? .P Makarva enarcó una ceja. .D ¿Desde que estás en Aralika? Dos semanas. .P Hubo un silencio. Dos semanas en manos de Paopag. .Bpenso Si me dijeran que ha pasado un año, me lo creería directo .Epenso , suspiró Dashvara. Meneó la cabeza y se recostó contra el muro tratando de ordenar sus pensamientos. Makarva iba a mover una ficha sobre el tablero cuando, de pronto, dejó caer la mano y espiró bruscamente. .D Créeme que no sabíamos nada, Dash. Estábamos encadenados y los Ragaïls nos vigilaban a todas horas. Nos llevaron a la Colina de Skâra, al oeste de aquí, para asistir a una ceremonia, y regresamos a Aralika anoche. Sólo entonces supimos por Tsu que Arviyag… .P Makarva vaciló y Zamoy siseó: .D Esa rata debería estar enterrada. .D La muerte es poco para esa escoria —afirmó Kodarah—. Su cabeza rodará a tus pies algún día, Dash. Lo juro por mi Ave Eterna. .P Pocas veces se oía al Pelambrudo afirmar algo con tal fervor. Makarva meneó la cabeza. .D Sólo nos han quitado las cadenas esta mañana, cuando nos han dicho que te liberarían. Kuriag… .D ¡Ese maldito demonio! —saltó Orafe—. ¡Dijo que lo sentía! Sentirlo y un infierno —escupió con desdén—. Prefería a Atasiag mil veces. Ese muchacho es un peligro en manos de sus primos. Si cree que con disculparse es suficiente… .P Zamoy lo cortó graznando: .D ¡Si su esposa no fuera la hija del capitán, le habría dado un buen puñetazo en la cara a ese perro traidor! Merecería que lo torturáramos como él ha dejado que hagan contigo, Dash. Ya lo creo que se lo merece. .P Calló, sobrecogido, ante la mirada fija de Dashvara. Este negó lentamente con la cabeza. .D No —dijo—. No se merece algo así. .P Sinceramente lo pensaba. Kuriag tenía tal vez cierta culpa de haber cerrado los ojos, pero su Ave Eterna había sufrido ya bastante sola cuando los había abierto. .P .Bpenso En tu gran generosidad, señor de la estepa, incluso sientes compasión por tu amo torturador .Epenso , se burló. .Bpenso Todo porque su Ave Eterna ha dejado de ser tan pura e inocente. Y más se oscurecerá cuanto más escuche a sus primos… Y él lo sabe. .Epenso .P Observó la posición de las fichas sin fijarse realmente en ellas. Tras un silencio, soltó: .D ¿Y Yira? .P Sintió enseguida cómo el ambiente cambiaba y no se le pasaron por alto las muecas indefinibles de sus hermanos. Makarva carraspeó. .D Está bien —aseguró—. No es que la hayamos podido ver mucho estas dos semanas. Los federados no se mezclaban con los Esimeos. Según el capitán, que haya desembarcado tanto diumciliano en Ergaika no le ha sentado bien a Todakwa. .D Esa serpiente no debería sorprenderse —dijo Lumon con calma—. Como dicen, mata a tus vecinos y vendrán otros a quedarse con todo. .P Dashvara frunció el ceño e insistió: .D Yira. ¿Dónde está? .P Nadie le contestó. Makarva movió una ficha con expresión vacilante y dijo al fin: .D Con los Esimeos. La hicieron subir a la Colina de Skâra para que bendijera el lugar y pasara ahí cinco días y cinco noches antes de pronunciar no sé qué mensaje. Nosotros nos quedamos abajo de la colina, así que no vimos nada, pero al parecer realmente… er… realmente la han tomado por su Mensajera. Y esta noche seguirán de fiesta porque es el Bushkia Baw, la Noche de la Inmortalidad, y… Bueno, Yira será la reina del cortejo, supongo. .P Iba a añadir algo pero calló. A su vez, Lumon abrió y cerró la boca, indeciso… Zamoy resopló y lanzó: .D Oye, primo. ¿Por qué no nos dijiste que era…? Quiero decir, Yira es… una persona estupenda, pero es… Liadirlá —graznó, agitado—, nos dijiste que no se quitaba el velo por una tradición sagrada, Dash, y esto… —Emitió un sonido estrangulado—. Oh, diablos, no he dicho nada. .P Bajó la vista y movió nerviosamente una ficha sobre el tablero de katutas. Dashvara trató de no ofenderse y, hablando con voz pausada, respondió: .D Mi naâsga usa esa magia para luchar por su vida. No tiene nada de malo. .P Makarva asintió enérgicamente. .D Te creo, Dash. La elegiste como esposa y eso me basta para considerarla como a una hermana. La conozco. Es sólo que… —marcó una pausa para buscar las palabras y concluyó—: fue una sorpresa. .P Otros hermanos y mujeres xalyas corroboraron con resoplidos discretos. Dashvara sintió un leve vértigo, hizo una mueca y dijo lacónicamente: .D Ella no dijo nada, así que yo tampoco. .P Makarva sonrió y le dio una suave palmada en el hombro. .D No te estamos echando en cara nada, Dash. Ni a Yira, que conste. Los Xalyas, al fin y al cabo, somos… er… tolerantes, ¿verdad? Oye, ¿qué tal va la herida en el hombro? .P Dashvara enarcó las cejas ante el brusco cambio de tema. .Bpenso Tolerantes pero todavía no lo han asimilado .Epenso , entendió. Bah… Ya lo harían con el tiempo. Entonces, movió el brazo, gesticuló y consideró: .D Supongo que está curado. Lo cual me conviene perfectamente porque… —sonrió con cansada ferocidad— me muero de ganas de decapitar a Arviyag y a Todakwa. .D Yo que tú esperaría en vez de precipitarme —intervino de pronto una voz. .P Era el capitán. Acababa de entrar en las caballerizas y se dirigía hacia ellos junto con Sashava y Arvara. Atraídos por la congregación, varios muchachos y muchachas xalyas se acercaron, curiosos. Zorvun le dedicó una expresión alegre a Dashvara. .D Estás más despierto —observó. .D No del todo —admitió Dashvara—, pero Tsu me ha devuelto a la vida. Y no pienso que es precipitarse ir a matar ahora a esos dos diablos después de todo lo que he esperado. .D Hay novedades —replicó Zorvun con tono animado—. Y unas cuantas. He hablado personalmente con Todakwa y… —Paseó una mirada por las caballerizas como para cerciorarse de que ahí sólo había Xalyas y prosiguió—: Primero, Yira lo ha convencido para ayudarnos si nos rebelamos contra los titiakas. Y ayudarnos de verdad: armas para defendernos y ropa, víveres y ganado para pasar el invierno. Y nos ofrece un acuerdo de alianza duradera. .P Todos los Xalyas ahí presentes se quedaron mirando al capitán, boquiabiertos. Dashvara se masajeó la frente, aturdido. .D Eso es absurdo. Si nos invita a rebelarnos, se acabaron sus acuerdos con los titiakas. ¿Por qué haría algo tan estúpido? .P El capitán controlaba mal su emoción cuando explicó: .D Son los titiakas los que están siendo estúpidos. Allá donde van, creen poder imponer sus reglas, sobornar cabecillas complacientes y llevarse esclavos a puñados, salbrónix, caballos… Bueno, Todakwa será una serpiente traicionera, pero no es un Shalussi enamorado del oro. Estas dos últimas semanas, los titiakas no han parado de burlarse de Skâra, de la Arazmihá, de su pueblo y sus tradiciones… Y no lo aguanta. Por eso, entre otras cosas, quiere volver a echarlos al mar. .P Dashvara asimiló sus palabras con profundo desconcierto. No le cabía en la cabeza que Todakwa fuera a enemistarse con sus aliados sólo porque unos titiakas se habían burlado de Skâra… Lumon objetó: .D ¿Y cómo quiere echarlos al mar? Sus fuerzas apenas equivalen a las de los titiakas en la estepa. ¿Es que se ha vuelto loco? .D ¡A lo mejor se ha creído que la Arazmihá los espantará a todos! —bromeó Zamoy. E hizo una brusca mueca de disculpa—. Perdón, Dash. .P Este puso los ojos en blanco. Shurta razonó: .D O Todakwa se ha vuelto loco o quiere que nos rebelemos otra vez para que los titiakas nos condenen a muerte. .P Zorvun sonreía. Dashvara carraspeó con paciencia. .D ¿Qué nos estás escondiendo, capitán? .P Este ensanchó su sonrisa y afirmó: .D Tengo más razones para pensar que esta vez Todakwa no nos está engañando: al parecer, Arviyag y un tío de Todakwa planean montarle una revuelta porque, precisamente, el jefe esimeo no es lo bastante complaciente con sus negocios. —Puso los ojos en blanco—. El problema es que la llegada de la Arazmihá les ha retrasado los planes, Todakwa ha olido la traición y quiere adelantarse. Y, por supuesto, ese Esimeo confía en que tú le ayudarás a echar a los enemigos al mar, Dashvara. .P Dashvara se carcajeó bruscamente, incrédulo. .D ¿Yo? ¿Y cómo? ¿Gritándoles encima, quizá? .P El capitán sacudió la cabeza y se puso solemne cuando declaró al fin: .D El círculo de sabios honyrs ha decidido apoyarte. Novecientos Honyrs están marchando sobre Aralika pidiendo que se les restituya a su legítimo señor, el señor del Ave Eterna. .P Dashvara se quedó mirándolo con fijeza. Los Honyrs… ¿los Honyrs iban a ayudarlos? En ese instante, no sentía ya cansancio, ni aturdimiento, ni vértigo. Ni siquiera lo estorbaron las lecciones de Paopag cuando se levantó y pronunció con fervor en oy'vat: .D ¡Que nuestro Dahars bendiga a los Honyrs! —Inspiró, llenando los pulmones de aire, y afirmó con la voz vibrante de emoción—: Hay esperanza, Xalyas. El Liadirlá existe. El Liadirlá existe —repitió—. Hay esperanza… .P Transportado por la emoción, deliró un poco, pero su alegría era obvia y los Xalyas no se inquietaron mucho de que se repitiera. Festejaron con él la buena noticia, aunque con discreción, no fuera que algún Ragaïl o sibilio los oyese y entrara a ver qué pasaba. .P Cuando Yuk fue a llevarle a Dashvara un bol lleno de leche, este sonrió, lo aceptó y bebió todo como si bebiera de la misma vida. .D Gracias, muchacho. No hay nada mejor que la leche de yegua para curar un Ave Eterna. —Y como el muchacho sonreía, aseguró señalándose el pecho—: La siento revivir aquí dentro, hermanos. Esas serpientes no me harán creer que me han robado el alma ni que he renegado de algo de lo que no puedo renegar mientras viva. Como decía un sabio estepeño, hay cosas a las que un hombre del Ave Eterna jamás renuncia: a levantarse de nuevo, por más que lo tumben. —Sonrió, porque en realidad no lo había dicho ningún sabio estepeño: lo había escrito él, un día, en la madera de la torre de Compasión… pero qué más daba quién lo hubiera dicho, mientras fuera cierto—. Siento que vuelve a batir las alas —murmuró— y que vuelve a cabalgar por los cielos de la estepa. .P Zamoy le dio un codazo a Miflin. .D Poeta, deberías ponerle rima a todo eso. Hoy nuestro señor está inspirado. .P Los Xalyas sonrieron. Dashvara frunció de pronto el ceño. .D Por cierto. No sé qué fue de Amanecer. No tuve tiempo ni de… .D Está con los demás caballos —lo tranquilizó Alta, señalando el fondo de las caballerizas, y aseguró con sinceridad—: La he cuidado como si fuera mi propio caballo. .P Dashvara le devolvió una sonrisa de agradecimiento. Se sentía revivir segundo tras segundo. El solo pensamiento de que los Honyrs lo apoyaban y venían tan numerosos, la sola esperanza de que los Xalyas no volverían a Titiaka lo embargaban de felicidad. En ese instante, ni siquiera se permitió burlarse de sus esperanzas, ni siquiera le importó que los titiakas pudiesen elegir luchar por quedarse, porque él lucharía, esta vez sí que lucharía. Espantarían a los civilizados hasta el océano. Y los dedales se irían lejos, con Paopag, Arviyag y su maldita civilización. .P Los Xalyas comentaban ahora con ánimo la mejor manera de rebelarse y el capitán expresaba sus inquietudes sobre Kuriag y Lessi, insistiendo en que no debía ocurrirles nada malo a ellos. Arrimado a uno de los muros de piedra de las caballerizas, Shokr Is Set los observaba con serenidad sin decir nada. Viéndolo, Dashvara se apartó del resto y se inclinó profundamente ante el Honyr. .D Le estoy eternamente agradecido a tu pueblo, Gran Sabio. Consigan o no sacarnos de aquí vivos, que lo intenten demuestra que su Ave Eterna es la mejor de toda la estepa. .D Y digna de los Xalyas —sonrió Shokr Is Set, inclinando la cabeza a su vez. .P Dashvara lo miró con curiosidad. .D No pareces sorprendido de la decisión que han tomado —observó. .P Sonriente, el Gran Sabio se encogió de hombros y, con indudable afecto, dijo simplemente: .D Conozco a mi pueblo. .Ch "La Noche de la Inmortalidad" .\" 09/06/2018 Al parecer, la Noche de la Inmortalidad no imponía leyes pacíficas como el Alkanshé, pues los Esimeos preveían rodear la casa de los titiakas aquella misma noche. Aún agotado, Dashvara aprovechó las últimas horas del día para dormir. Despertó varias veces por culpa de las pesadillas y temió por un momento que su mente recayese, pero la proximidad de su pueblo le dio fuerzas para quitarle importancia a todo lo que no fuera preocuparse de la inminente traición. ¿Traición? Sí, traición a los traidores invasores. .P Ya había pasado la medianoche pero aún se oían músicas y cantos religiosos por toda Aralika cuando un sacerdote-muerto vino a las caballerizas so pretexto de bendecir a los niños xalyas y pedirles que recitaran una oración en honor a Skâra. Los niños contestaron obedientemente creando un coro en galka y los guerreros xalyas reprimieron mal sus muecas sombrías, pero no protestaron, o si lo hicieron fue en voz baja. De todas formas, pronto entendieron que el objetivo del sacerdote-muerto no era hacer cantar a los niños: en cuanto el canto se elevó en las caballerizas, el Esimeo aprovechó el ruido y se inclinó ante el capitán y Dashvara, pronunciando: .D Todakwa transmite sus respetos a Dashvara de Xalya y reitera su oferta de paz y alianza. Aceptadla y nuestros guerreros actuarán esta noche y protegerán a vuestro pueblo. Todakwa da su palabra. .P .Bpenso Esta vez, nada de pergaminos civilizados .Epenso , se fijó Dashvara con diversión. Y hasta se inclinaban ante él. Lo que hacía tener un ejército de Honyrs dirigiéndose hacia Aralika… Respondió: .D Dile a tu jefe que los Xalyas aceptamos la alianza y que estamos preparados para neutralizar a los extranjeros. .P El sacerdote-muerto inclinó de nuevo la cabeza y señaló a uno de sus asistentes. .D Myarandi os informará de todo lo necesario sobre la guardia sibilia y la casa de los titiakas. .D Gracias —dijo Dashvara—. Sólo una duda. Me gustaría tener la seguridad de que Kuriag Dikaksunora no sufrirá daño alguno. Así como su esposa y el agoskureño que lo acompaña, su asistente y… los Ragaïls. Matar a los Ragaïls sería un error. Es la guardia de élite diumciliana. .P El sacerdote vaciló. .D Creo que Todakwa y tu capitán ya se pusieron de acuerdo sobre el tema. .P Dashvara enarcó una ceja, extrañado, y el capitán Zorvun carraspeó. .D Se me habrá olvidado comentarlo. Todakwa dijo que había invitado a todos estos al Templo para asistir a los rituales sagrados de la… er… Arazmihá. Al parecer se van a quedar ahí toda la noche. .P Dashvara se turbó, pues tenía la sensación de que el capitán ya le había dicho todo aquello. Y él no se acordaba. Diablos. Tsu tal vez le había aclarado la mente de energías ajenas y tal vez su pueblo le había devuelto la esperanza, pero no lo habían arreglado todo… ni mucho menos. Con un escalofrío, asintió fingiendo tranquilidad. .D Claro, es verdad, me lo dijiste, capitán. .D De todas formas —intervino el sacerdote-muerto—, nuestro objetivo, como bien le dijo Todakwa a tu capitán, es detener a los invasores y conducirlos de vuelta a Ergaika y a sus barcos. .P .Bpenso Invasores .Epenso , se repitió Dashvara con burla. ¿Desde cuándo Todakwa llamaba a sus viejos aliados civilizados sus «invasores»? .Bpenso Desde que los titiakas se plantearon echarlo a un lado en sus planes de conquista, sin duda. .Epenso .P El sacerdote-muerto no se demoró, pero dejó atrás al tal Myarandi para responder a todas las preguntas técnicas y actuar de mensajero. Al salir, realizó un signo de bendición hacia los niños que seguían con la canción religiosa bajo la supervisión de un discípulo de Skâra. Apenas se fueron el sacerdote y el discípulo, Orafe masculló, exasperado: .D ¡Ya podéis callaros, niños, ya está bien! .P El canto, desacompasándose, se deshilachó, murió, y cayó el silencio en las caballerizas. Apenas los iluminaba la antorcha de la entrada. No hacía viento, hacía frío y una niebla cegadora se infiltraba en el interior, ahogando la luz. .P Por Myarandi, se enteraron del número exacto de sibilios que había en el campamento y de guardias nocturnos que vigilaban el patio y la casa de los titiakas. Esta había sido construida por los mismos diumcilianos cuatro años atrás y compartía, por lo que pudo constatar Dashvara, todas las comodidades de una típica casa de Titiaka… sin olvidar la sala subterránea de tortura, pensó con ironía. Los Esimeos se ocuparían de las fuerzas del campamento, dejando a los Xalyas la tarea de neutralizar a la guardia de la casa, compuesta de una treintena de hombres, y arrestar a los ciudadanos y trabajadores del edificio. .D Las armas no tardarán en llegar —aseguró Myarandi—. Se llevará a cabo el ataque dos horas antes del amanecer. La casa arderá y los que estén dentro tendrán que salir. .P Los Esimeos y sus tácticas del fuego… Dashvara le agradeció las explicaciones y esperó interiormente que no se le olvidasen al minuto siguiente. La tensión flotaba en el aire. Parte de su pueblo seguía convencido de que Todakwa les estaba tendiendo una trampa; no confiaban en él y era comprensible: tres años esclavizados por los Esimeos los habían marcado para toda la vida. Al contrario, otra parte se mostraba más dispuesta a aceptar una alianza con ellos que sus hermanos de la Frontera. Dashvara lo notaba. Y pese a todo sabía que ninguno de estos últimos iría a escupir sobre lo que tenía toda la pinta de ser la salvación de su clan. Dashvara esbozó una sonrisa. .P .Bpenso Unas horas más y tendrás tu libertad, señor de la estepa. Un poco más y ya no tendrás que luchar. .Epenso .P ¡Cuántas veces se había dicho lo mismo! Y cuántas veces había tenido que llevarse una decepción. Pero siempre era mejor una decepción que la nada. Era mejor andar y recibir golpes que quedarse parado para siempre. .P .Bpenso La estepa es grande pero, a fuerza de cabalgar, se llega a todas partes .Epenso , se dijo con convicción. .P Los Ragaïls y los sibilios tal vez estuvieran vigilando las caballerizas por si las moscas, pero ignoraban los secretos de Aralika. En particular, la antigua Kark Is Set tenía numerosos túneles debajo de la ciudad. En un momento, se oyó un suave golpe contra una trampilla cubierta de una fina capa de tierra y Dashvara se incorporó para ver las tablas levantarse y descubrir, entre las sombras, la silueta de un Esimeo. Este salió y, no reconociendo al jefe de los Xalyas en la penumbra, se inclinó al azar diciendo en voz baja: .D Todakwa cumple con su palabra. .P Subían más Esimeos, cargados con sacos. Traían armas. Sin emitir casi ruido, dejaron su carga en el suelo y el que había llegado primero dijo: .D Todakwa me ha pedido que guíe a un lugar seguro a los vuestros que no vayan a luchar. .P Dashvara asintió. Eso lo tenían decidido. Realizó un ademán y mujeres y niños comenzaron a bajar por la trampilla. Los muchachos con más de catorce años se habían empeñado en quedarse y Dashvara finalmente los había aceptado bajo la promesa de que seguirían sus instrucciones al pie de la letra. También se quedaron algunas mujeres que, habiendo llevado en Xalya una vida más nómada que sedentaria, habían aprendido a manejar lanzas y arcos. Aligra no era una de ellas… pero había expresado su deseo de acompañarlos y Dashvara no se había atrevido a decirle no. Esa Xalya tenía el don para obtener lo que quería con una simple mirada. .P En total, se quedaron setenta y dos, lo cual era más que suficiente para acabar con la guardia titiaka con la ayuda esimea. La idea de matar a esos sibilios entristecía a Dashvara, porque ellos, al fin y al cabo, eran simples esclavos que habían dado su vida por su familia… Pero no iba a permitir que se la quitasen a la suya tampoco. .P Mientras los Xalyas se ajetreaban en silencio repartiéndose las armas, un Esimeo se balanceó, indeciso, con dos hojas envainadas entre las manos. Sondeó los rostros hasta que su mirada se posó sobre Dashvara. Entonces, se adelantó y Dashvara sintió cómo más de un hermano suyo se giraba, receloso, para vigilar los movimientos del Esimeo. Este se inclinó presentando ambas armas: .D La Arazmihá envía estos sables al señor de los Xalyas. .P Se inclinó más profundo que cualquier otro Esimeo, probablemente porque aquel era un acontecimiento en el que se entrometía no menos que la Arazmihá. Dashvara agarró una de las armas y comprobó que Yira acababa de enviarle los sables negros de Siranaga. De alguna forma había logrado recuperarlos de Arviyag, gracias a Todakwa probablemente. .Bpenso Lo más hermoso de este regalo es saber que viene de ti, naâsga… .Epenso Sonriente, Dashvara aceptó los sables diciendo: .D Dile a la Arazmihá que esta noche estos sables danzarán juntos como nuestras Aves Eternas. .P El Esimeo inclinó la cabeza y no tardó en desaparecer por la trampilla con sus compañeros. Todo aquello lo habían hecho con tal discreción que los federados ni siquiera se habían molestado en asomarse a las caballerizas. Dashvara se colocó los sables mientras se acercaba a la entrada. Llegó adonde Lumon montaba la guardia y se agachó para echar una ojeada afuera, hacia el suroeste. En la niebla, apenas se adivinaban las luces de las antorchas del campamento sibilio, a poco más de cien pasos de distancia. Los sibilios no se enterarían de nada hasta que los tuvieran encima. .P Debían de quedar unas tres horas antes del alba y aún se oían instrumentos y cantos en la plaza mayor de la ciudad. Al de un rato, un joven mensajero apareció por la trampilla y los Xalyas lo guiaron hasta Dashvara en las tinieblas. .D Es la hora —declaró el mensajero en un murmullo—. Todos están en su puesto y listos para atacar. He de guiaros a vuestra posición. .P Dashvara frunció el ceño. .D ¿Kuriag Dikaksunora sigue en el Templo? .D En la Torre —corrigió el guía para asombro suyo—. Tras los rituales de la Arazmihá, Todakwa le acaba de invitar a ver las constelaciones por encima de la niebla, arriba de la Pluma. No se traiciona en el Templo. Es lugar sagrado. .P .Sm -t penso Mmpf, ¿y la Torre del Ave Eterna no lo es? Dashvara se encogió de hombros y el guía agregó: .D Los Ragaïls están al pie de la Torre salvo los dos que montaban la guardia aquí afuera: dos de los nuestros los han neutralizado —informó. .P Dashvara se tensó. .D ¿Muertos? .D No —aseguró—. Desmayados. Todakwa, sin embargo, no responde de la seguridad de la guardia ragaïl, pero asegura que el Dikaksunora y su esposa no sufrirán daño alguno. .P Dashvara suspiró. .D Bien. .D He de guiaros hasta vuestra posición —repitió el guía con cierta impaciencia—. Hay que moverse rápido porque el viento pronto se levantará y se llevará la niebla. .P Dashvara asintió. .D Pues allá vamos. .P Tras sondear de nuevo la oscuridad, hizo una señal y Miflin apagó la antorcha de la entrada. Empuñando las lanzas, salieron en fila, los veteranos delante y los más jóvenes detrás. Tan sólo dejaban en las caballerizas a Sashava y a un muchacho, para que velaran sobre los caballos y sobre Tsu: el drow seguía sumido en un sueño profundo y no parecía que fuera a despertarse en toda la noche. .P El guía esimeo los hizo rodear el campamento sibilio pasando por una calle más al norte antes de que desembocaran delante de la casa de los titiakas. Se veían las luces del campamento pero no se conseguía ver mucho más a través de aquella densa niebla. La música festiva y los cantos religiosos seguían cubriendo cualquier ruido traicionero. El guía se detuvo, se acercó a una silueta en la bruma y, por un terrible instante, Dashvara se imaginó que todo aquello había sido un escenario para evidenciar una nueva traición por parte de los Xalyas y obligar a Kuriag a ejecutarlos a todos… Pero entonces, se oyó un grito de inconfundible dolor proveniente del otro lado del campamento sibilio. Los Esimeos atacaban. Dashvara sondeó la noche y estaba preguntándose cómo demonios podían estar luchando en esa oscuridad cuando, súbitamente, resonó un estruendo acompañado de una viva luz, seguida de una alta llama… y de más estruendos y llamas. .D Diablos —murmuró Dashvara. .P Los Esimeos estaban usando discos explosivos contra los sibilios para confundirlos y separarlos. Y acababan de incendiar el tejado de la casa de los titiakas. Tras unos instantes escuchando el caos de gritos y choques, Dashvara espabiló. .D Er… ¿Capitán? ¿No atacamos? .P Zorvun tardó un momento en responder y cuando lo hizo fue para comentar con calma: .D Los Esimeos son unas verdaderas serpientes. —Lo decía con tono impresionado y no reprobador. Marcó una pausa y admitió—: Sí, supongo que nos toca atacar. Los Esimeos nos están dejando la vía libre para llegar a la guardia de la casa. Y, por cierto, Dashvara: quédate atrás y procura que los muchachos no avancen más de lo necesario. .P Dashvara asintió, el capitán ladró unas órdenes, Yodara las repitió, y los Xalyas se acercaron a la casa. Gracias a las llamas que se elevaban de esta, se avistaba bien la guardia sibilia. Eran una treintena, como previsto. Una vez suficientemente cerca, los Xalyas comenzaron a correr y a desgañitarse como salvajes tronando al unísono: .D ¡XALYAS! .P La primera línea arrojó las jabalinas, la formación sibilia se rompió y los Xalyas arremetieron con lanzas y sables sin dejar de gritar. .P Dashvara se quedó obedientemente entre sus hermanos y los muchachos, procurando que estos no cedieran a su deseo de imitar a sus mayores y se contentaran con asegurar la retaguardia. Desde su posición, pudo ver a dos sibilios tratar de abrir la puerta al patio de la casa, en vano. Por lo visto, los valientes titiakas se habían encerrado dentro, dejando a sus soldados una única opción: combatir. Viendo a un sibilio escabullirse de la lucha y correr hacia ellos a ciegas, Dashvara levantó sus sables negros. De un gesto, lo hirió, el sibilio rodó a tierra y sólo entonces Dashvara se fijó en que estaba desarmado. Iba a rematarlo cuando un pensamiento lo detuvo. ¿No tenía acaso inscritas en su sable las palabras «salvadora de vidas»? .P .Bpenso Pero las estás salvando, Dash. Estás salvando unas… y matando otras. .Epenso .P El sibilio que estaba en tierra miró la muerte llegar sin inmutarse. Había, en sus ojos, una mezcla de resignación e inmensa fatiga, pero ni una pizca de miedo. No se puede temer la muerte cuando crees haberla vivido durando ocho años. Dashvara lo entendía tan bien… Meneó la cabeza y apartó los sables antes de vociferar: .D ¡Rendíos si queréis vivir, esclavos de Titiaka! .P La sorpresa destelló en los ojos del sibilio caído. Dashvara percibió su leve asentimiento. Se rendía. Estupendo. Dashvara se apartó y, avistando a un grupo de jóvenes xalyas que se había adelantado, les lanzó con voz autoritaria: .D ¡Muchachos, atrás! No os metáis en plena batalla. Registrad a este hombre. Se ha rendido. .P La lucha fue, en realidad, fulgurante. Los sibilios de la guardia se sabían perdidos, sus compañeros del campamento huían en desbandada… A instancias de Dashvara, los Xalyas repitieron: .D ¡Rendíos! .P Y finalmente, para alivio de todos, los sibilios se rindieron. Fue en cierto modo una sorpresa, pero una buena sorpresa. Dashvara los contó. Eran treinta en total: ninguno se había escapado. De la quincena que estaba en el suelo unos cuantos habían sufrido heridas mortales. Incluso en su agonía conseguían mantener su inexpresividad, observó Dashvara, impresionado y a la vez sombrío. .D No intentéis huir y se os perdonará la vida —clamó en voz alta para los supervivientes. .P Ninguno de los sibilios dijo nada ni se movió, ni siquiera cuando Orafe abrevió ante sus ojos el sufrimiento de uno de los suyos. Makarva se deslizó junto a Dashvara para darle el parte. .D Tenemos heridos, pero nada grave —informó e hizo una mueca cansada confesando—: Da grima pensar que estamos matándonos entre esclavos. .P Dashvara enarcó una ceja. .D ¿Esclavos? —repitió—. Ya no somos esclavos, Mak. Somos libres. .P Makarva abrió la boca, confundido, y sonrió. .D Cierto, Dash. Somos libres. .P Dashvara envainó los sables y echó una mirada hacia las llamas que se elevaban de la casa de los titiakas. Observó: .D Yo que ellos saldría pronto, a menos que quieran morir abrasados. .D Los diablos mueren en el fuego —rezongó Zamoy. .P .Bpenso Sí .Epenso , concedió Dashvara mentalmente. Y, sin embargo, no podía dejar de recordar que aquel sacerdote titiaka que lo había perdonado la víspera… Aquel sacerdote no merecía morir en las llamas. Era un hombre de espíritu que incluso había mostrado indudable compasión por él al adivinar lo que Arviyag le había hecho… Compasión para el compasivo, afirmó para sus adentros. Sí. Si era posible, dejaría a ese buen hombre con vida. Y echaría a todos sus compañeros de vuelta a su tierra. .P Tras alejar a los prisioneros de la casa y dejárselos a los Esimeos bajo la promesa de que los tratarían con respeto, los Xalyas se dedicaron a forzar la puerta principal mientras que patrullas esimeas seguían cercando la casa. Entretanto, los trabajadores de los titiakas lograron apagar el fuego y no se veían ya más llamas que las de las antorchas que rodeaban el edificio. El viento se había levantado, deshilachando la niebla, y el cielo comenzaba ya azularse cuando la puerta acabó por romperse. Los Xalyas y Esimeos entraron como una marea en el patio de la casa. Los criados no intentaron resistir y se rindieron de inmediato. Los ciudadanos titiakas, en cambio, se defendieron y se atrincheraron en la segunda planta. Al pie de unas escaleras del patio, Dashvara bramó: .D ¡Posad las armas, titiakas! ¡Por vuestra Ave Eterna, posad las armas! .P En el patio ya no se oían gritos salvajes. Los trabajadores estaban todos apelotonados en una esquina y no metían ruido, los Xalyas inspeccionaban las salas de abajo y la treintena de Esimeos que los habían seguido se ocupaban de desvalijarlo todo antes de ir pegando fuego a todos los muebles. Finalmente, salieron todos y los ciudadanos titiakas, rodeados de llamas, no tuvieron otro remedio que rendirse. Al fin. Los estepeños los vieron salir por la puerta destrozada, chamuscados y con expresiones varias que iban del puro terror al odio más profundo. .P Dashvara suspiró y se giró para ver los primeros rayos del sol iluminar la estepa. Aquel día amanecía sangriento, tanto en el cielo como en la tierra. El campamento sibilio había sido arrasado por el fuego. Pocas tiendas no habían sido reducidas a cenizas y, entre estas, los Esimeos arrastraban los cadáveres de los vencidos para amontonarlos en un mismo lugar. En comparación, las bajas esimeas eran mínimas. .Bpenso Y las nuestras todavía más .Epenso , se alegró Dashvara. .D ¡Llevémoslos a Todakwa! —gritó un guerrero esimeo. .P Los titiakas eran, en total, más de treinta. Los había jóvenes, otros no tanto. Algunos eran mercaderes, otros simples viajeros y otros, aventureros que habían venido con sus trabajadores y esposas para instalarse en la estepa y enriquecerse… Dashvara reconoció al sacerdote de la víspera. Lo rodeaban sus tres discípulos de muy cerca, no se sabía si para protegerlo o para que este los protegiera. A medida que iba avanzando la fila, tomando la dirección de la Torre del Ave Eterna, Dashvara sintió una agitación creciente en su corazón. .D ¿Dónde…? —murmuró. .P Diablos. ¿Dónde demonios estaban Arviyag y Paopag? Avistó a Garag en la fila y, sin pensarlo, se avanzó, lo agarró del cuello de su capa y lo sacó de la fila gruñendo: .D ¿Dónde está Arviyag? —El ciudadano parecía en estado de shock y se dejó sacudir durante unos segundos sin pronunciar palabra mientras Dashvara ladraba—: Tu primo, maldito. ¿Dónde está ese asesino? .P Al fin, el diplomático farfulló: .D N-no lo sé. Lo juro que no lo sé… .P Dashvara le puso una cara de disgusto supremo y lo soltó, contrariado. ¿Se habría quedado adentro del edificio? En tal caso, a estas alturas, debía de haberse convertido en un montón de cenizas. Pero si, de alguna manera, había logrado huir, entonces… Liadirlá, entonces… .P Un grito lo sacó de sus pensamientos. Se giró bruscamente para ver a Yuk correr como una liebre hacia su clan. Diablos, ¿no se suponía que el muchacho debía haberse quedado con el resto de los Xalyas? Sin embargo, su exasperación se volatilizó y fue reemplazada por un temor helador cuando entendió por qué uno de los muchachos xalyas había gritado: Yuk tenía las manos llenas de sangre. El niño llegó resollando y gritando atropelladamente: .D ¡Mi señor, mi señor! .P Alcanzó a Dashvara y lo agarró de la manga ensangrentándosela. La inquietud de este subió como una flecha. .D Respira, Yuk. ¿Qué pasa? —preguntó. .P El muchacho respiraba ruidosamente. Soltó de un trecho: .D Sashava está herido y Okuvara también, ¡tienes que ir a verlos! .P Lo estiró de la manga y, lívido, Dashvara se precipitó hacia las caballerizas con sus hermanos. Cuando llegaron, más de un esimeo se había congregado ahí, Tsu se había despertado y entre él y un sacerdote intentaban socorrer a Okuvara. El muchacho tenía un largo corte en la espalda, había sangrado mucho y yacía en el suelo, inconsciente. En cuanto a Sashava… Dashvara sintió el corazón en un puño cuando vio al viejo Xalya tumbado boca arriba, con los ojos abiertos y fijos y la mano a un escaso palmo de donde se había caído una de sus muletas. Las mismas muletas que le había fabricado Dashvara en la Frontera. No le habían servido para defenderse. .P Se arrodilló junto al cuerpo y el capitán hizo otro tanto con expresión grave y lúgubre. .D Tu Ave Eterna te guió hasta tu último suspiro, viejo amigo —murmuró Zorvun. .P Se quitó el guante y tendió la mano para cerrar los párpados de Sashava. Con los ojos húmedos, Dashvara dijo con voz trémula y profunda: .D Moriste siendo libre, Sashava de Xalya. Ayshat por haber vivido hasta aquí con nosotros. .D Ayshat —repitieron sus hermanos con voz grave. .P Dashvara inspeccionó unos segundos la herida mortal: había sido causada por una daga. ¿Por la de Arviyag o la de Paopag? Quién podía saberlo, pero sabiendo que Paopag había apuñalado ya una vez a un hombre por la espalda en Dazbon… .P .Bpenso Y qué importa, Dash: los vas a matar a los dos. .Epenso .P Se levantó en silencio, inclinó la cabeza con rigidez y se dirigió hacia el fondo de las caballerizas con una cólera sorda en el cuerpo. Cólera contra Arviyag y contra sí mismo por no haber dejado a más Xalyas en las caballerizas. Dejar a un niño y a un inválido había sido idiota. Y adivinaba que el capitán Zorvun debía de estar reprochándose lo mismo. Sin embargo, lo hecho hecho estaba: Arviyag simplemente acababa de firmar su muerte. .P Paseó una mirada calculadora por todas las monturas y se fijó en que Arviyag había robado dos caballos estepeños, abandonando su gran caballo blanco agoskureño. Nada menos que el caballo de Boron y el de Alta. Oyó la imprecación indignada de este cuando se dio cuenta del caso. Meneó la cabeza y, acariciándole el hocico a Amanecer, le murmuró: .D Arviyag está muerto, .Sm -t erare daâra . —Cerró el puño y lo volvió a abrir tranquilizándose de golpe mientras afirmaba—: Muerto. .P Su yegua resopló y se impacientó, adivinando que al fin iba a poder salir de su cárcel. Dashvara le colocó la silla y, cuando agarró las riendas, se fijó en que la mayoría de sus hermanos lo habían imitado. No se necesitaban palabras. Estiró las riendas de Amanecer y se detuvo tan sólo en la entrada para echarle un vistazo a Tsu y al muchacho herido. El drow estaba tan concentrado curándolo que prefirió no molestarlo y, sin más, salieron de las caballerizas, montaron y se alejaron. .P Lo primero que hicieron fue preguntar a los Esimeos si habían encontrado alguna pista por dónde habían podido salir los dos titiakas. Se pasaron un buen rato rondando sin obtener información certera hasta que una decena de jinetes esimeos se acercó y Dashvara reconoció a Ashiwa entre ellos. .D ¡Saludos, Xalyas! —clamó el Esimeo. Dashvara inclinó brevemente la cabeza y Ashiwa agregó—: Nuestros centinelas dicen que dos jinetes vestidos con ropa esimea han cruzado el río hace poco más de media hora. Todakwa los ha visto desde lo alto de la torre. Han tomado la dirección este. .D ¿Este? —repitió el capitán Zorvun, sorprendido—. Hubiera pensado que tomarían la dirección suroeste, hacia Ergaika. .P Ashiwa esbozó una sonrisa. .D Arviyag debió de imaginarse que Ergaika no iba a acogerlo con los brazos abiertos. El Consejo de Titiaka envió una orden de arresto hace unos días. .P Dashvara enarcó las cejas. ¿En serio? Buah, si los federados mandaban arrestar a Arviyag, dudaba de que fuera por sus crímenes… A menos que Atasiag hubiera metido mano… Sí, a menos que Atasiag hubiese llegado a un acuerdo con los Yordark y estuviera haciendo uno de sus tejemanejes incomprensibles. Sacudió la cabeza y lanzó con una punta de sarcasmo: .D Arrestémoslo pues. .P Taloneó su montura para cruzar el río hacia el este y lo siguieron todos, Ashiwa incluido. .P Cabalgaron a un trote sostenido subiendo la interminable cuesta cubierta de nieve. En un momento, el declive se suavizó aún más y lograron ver a los dos jinetes galopando hacia el este, más allá de un riachuelo que acababan de cruzar. Estaban a unas cuatro millas. Amanecer estiró sobre las riendas, como ansiosa por echarse al galope tras ellos, pero Dashvara la contuvo y observó el avance de los dos titiakas. Estos acababan de poner sus caballos al galope. Dashvara reprimió una mueca de asombro. Sus caballos se cansarían y no llegarían a ninguna parte. Y pensar que Arviyag era capaz de comerciar, de torturar, de traicionar… Y no era capaz de sacarle partido a las dos mejores monturas que tenían los Xalyas. .P Al de un rato, las monturas de los titiakas bajaron el ritmo. No eran ya capaces de mantener ningún galope. Los Xalyas, ellos, avanzaban ahora a un trote rápido. Conforme sus siluetas se acercaban, Dashvara calculó otra vez la distancia y exclamó al fin con voz atronadora: .D ¡ .Sm -ns -t erare Aswué, Xalyas ! .P Muerte a ellos… Lanzaron sus caballos al galope. Los alcanzarían. Dashvara no lo dudaba. Cuando apenas los separaban de ellos unos cientos de pasos, los titiakas volvieron a poner sus monturas al galope tendido y, por un momento, Dashvara se preguntó si no habían estado fingiendo… pero no: pronto sus monturas volvieron a ralentizar. Alta emitió un alarido de indignación al ver cómo maltrataban a su Alrahila y, como sintiendo su indignación, el caballo que había tomado prestado aceleró aún más su carrera, posicionándose delante de todos los estepeños. Las colinas de Xalya ya no estaban muy lejos, se fijó Dashvara. Su corazón vibraba a toda velocidad, volaba como Amanecer. La carrera espantó a una manada de caballos salvajes, que salió cabalgando hacia el sur. Entonces, Alta aulló: .D ¡Yaoy-yaoy-yaoyiii! .P Los Xalyas retomaron el grito y Dashvara sonrió con ferocidad, apostando a que la estepa no había oído grito tan bárbaro y a la vez tan magnífico en los tres últimos años. Soltando las riendas, Alta metió ambas manos en la boca y silbó. Pese al viento, el silbido estridente del palafrenero resonó en la estepa como el chillido de un águila. Alrahila lo oyó, lo reconoció y se encabritó de golpe. Arviyag se desequilibró y… poco acostumbrado a las sillas sencillas que usaban los Xalyas, cayó. El desprecio invadió a Dashvara. Además de asesino, no sabía montar a caballo ¿y pretendía conquistar la estepa? ¡Loco extranjero! .P La agitación de Alrahila había contagiado el caballo de Boron, pero Paopag consiguió mantenerse sobre la silla, estirando sobre el bocado del caballo… Lo estaría hiriendo. Maldito… .P Por fortuna, ya estaban sobre ellos. Sin ralentizar su montura, Lumon le disparó una flecha a Paopag. Y le atinó en pleno torso. El titiaka, sin embargo, ni cayó ni intentó huir: su atención estaba puesta sobre su amo. Le había estado gritando algo, Arviyag no le había contestado y Paopag, soltando sangre por la boca, murmuraba ahora cosas incomprensibles. Cayó al fin y los estepeños detuvieron sus caballos. Varios Xalyas tenían sus flechas apuntando a Arviyag. Dashvara saltó abajo de su montura y lanzó: .D Tira esa daga, titiaka. No vas a salvar tu vida con eso. .P Arviyag se había puesto de pie y agarraba su bonita daga con un puño trémulo. Había perdido su elegante seguridad en sí mismo. Pero esa serpiente la recuperó enseguida cuando, tirando la daga, replicó: .D Y bueno, salvajes, ¿qué vais a hacer? ¿Matarme? Nada muy difícil, pero lo único que conseguiréis es derramar innecesariamente aún más sangre en la estepa. .P Dashvara le enseñó los dientes y preguntó en voz bien alta para Ashiwa: .D ¿Hasta qué punto hay que arrestarlo vivo, Esimeo? .P Ashiwa se encogió de hombros y un destello divertido en sus ojos le hizo entender a Dashvara que él tampoco le tenía ningún respeto a ese titiaka. Dashvara asintió y, viendo que su desenfado no había tenido ningún efecto, Arviyag retrocedió… retrocedió y finalmente se arrodilló: .D Tú ganas, señor de los Xalyas. Me he equivocado con vosotros. Mi objetivo era llevar la paz a la estepa para enriquecerla y hacer de Aralika un centro dinámico de comercio, pero Todakwa es un traidor. Me ha traicionado. Como os traicionó hace tres años destruyendo vuestro pueblo. Y va a traicionaros otra vez. .P Dashvara meneó la cabeza. Increíble. ¿Ahora intentaba enfrentarlos con los Esimeos? Como no contestaba de inmediato, Arviyag pensó tal vez que estaba yendo por buen camino, abrió la boca para seguir hablando sin siquiera echarle una sola ojeada a su compañero, su viejo esclavo, que estaba muriendo a su lado. Dashvara no le dejó pronunciar una palabra más: desenvainó uno de los sables de Siranaga a la velocidad del relámpago y le cortó la cabeza. Limpio y justo. .P Se arrodilló entonces junto a Paopag, se cruzó con su mirada brillante de dolor y sintió una extraña tristeza por ese hombre. Lo odiaba y al mismo tiempo había llegado a considerarlo como su bote salvavidas durante sus días de tormento. Era… un sentimiento tan absurdo. Pero, al fin y al cabo, todo, en ese hombre, era absurdo. Paopag no tenía alma de asesino, y a la vez lo era; no tenía alma de torturador, y ¿cuántas veces había debido de asumir ese papel? Lo que sí tenía era alma de esclavo. Hasta el final había intentado salvar a Arviyag. Hacía daño sólo pensarlo. .P Vio entonces los labios de Paopag moverse. Decía algo. ¿Tal vez pedía una muerte rápida? Dashvara se acercó y consiguió oír la palabra: .D Perdón. .P Dashvara posó la mano sobre su cabeza, asintió sin saber si lograría realmente perdonarlo algún día y, entonces, recogió la daga de Arviyag, la colocó encima del corazón del titiaka y le dio el respiro eterno. Era justo que muriera con la daga de su amo pues este había sido el que lo había llevado a la muerte. Tiró la daga ensangrentada con desprecio y, girándose hacia su clan, observó sus miradas graves pero aprobadoras y pronunció: .D El Ave Eterna vuela en la estepa, hermanos. .P Titubeó y Lumon lo sostuvo con un brazo. Tenía la mente confusa y a la vez diáfana, porque sabía que acababa de hacer lo correcto. Y también la tenía alegre y triste. Y muy muy cansada. Volvió a afirmar: .D Vuela en la estepa. Y libre, hermanos. Libre. .P Fue entonces cuando, girándose hacia las colinas de Xalya, vio un jinete que los miraba desde la cima de una de ellas. Pronto se le unió otro. Y otro… .P Los Honyrs habían llegado. .Ch "La copa de sangre" .\" 15/0/2018 Dashvara estiró sobre las riendas de Amanecer y esperó a que los Honyrs lo alcanzasen. En cabeza, venía Kark Is Tork junto con dos mujeres. Como acostumbraban, tenían los rostros cubiertos, pero Dashvara adivinó que una de ellas era muy anciana mientras que la otra, al contrario, era joven. Lo pudo comprobar cuando, al detener sus caballos ante los Xalyas, los Honyrs se descubrieron el rostro. Dashvara sonrió detrás de su shelshamí y se descubrió a su vez antes de echar un vistazo a los jinetes esimeos que ya se alejaban: Ashiwa había propuesto encargarse de llevar los cuerpos a Aralika y Dashvara le había contestado que hiciera lo que quisiera con ellos. De ser por él, los habría dejado pudrirse en la estepa. .D ¡Señor de los Xalyas! —pronunció la anciana Honyr en oy'vat—. En nombre de mi familia, yo, Shire Is Fadul de los Rahiltaw, he venido a jurarte lealtad a ti y a tus descendientes. Que mi palabra selle el corazón de mis hijos y nietos y los nietos de mis nietos. ¡ .Sm -ns -t erare Dahars nalkarat ! .P Su voz era firme y sabia. Por un instante, Dashvara no logró decir nada. La anciana acababa de pronunciar la fórmula que usaban los señores de la estepa para jurar lealtad a los Antiguos Reyes. Demonios, aquello no tenía sentido: él era un señor de la estepa, no un Antiguo Rey… .D Dash… —le murmuró la voz inquieta de Zamoy. .P Dashvara espabiló y se recriminó duramente. Su mente le volvía a hacer jugarretas y a saber cuánto tiempo la anciana había estado esperando respuesta. De un salto, bajó de su montura y se inclinó profundamente ante la Honyr. .D .Sm -t erare Ayshat , Shire Is Fadul. Nunca olvidaré que gracias a vosotros el pueblo xalya fue liberado de sus cadenas. .Sm -t erare Ayshat y felicidad a tu familia. .P La anciana inclinó la cabeza, observándolo con ojos sonrientes. Dashvara se perdió en esos ojos claros y sabios y su mente comenzó de nuevo a adormilarse… Se sobresaltó cuando sintió en ese instante el hocico amigable de Amanecer posarse sobre su hombro. Sonrió y la acarició. .Bpenso Ya todo ha acabado, daâra .Epenso , pensó. .Bpenso Los Honyrs han decidido salvarnos y los extranjeros no nos devolverán a Titiaka. .Epenso Ese había sido el sencillo objetivo desde que había desembarcado de nuevo en el continente: regresar a la estepa y unirse al clan honyr. Dashvara aún tenía dudas sobre qué posición ocuparían los Xalyas en el nuevo clan, pero si el Ave Eterna de los Honyrs era como la de Sirk Is Rhad, Atsan y Shokr Is Set, confiaba en ella para asegurarles una paz y una amistad duraderas. Kark Is Tork tomó la palabra con voz profunda. .D Decapitaste a ese hombre —dijo—. ¿Por qué? .P Dashvara enarcó las cejas y, sin dudarlo, respondió con calma: .D Era un traficante de esclavos. Ha matado esta noche a uno de los nuestros y robado dos de nuestros caballos. Por eso lo he decapitado. .P No mencionó la tortura y estuvo seguro de que sus hermanos, ellos, sí que pensaron en ella, pero callaron. Kark Is Tork se apeó entonces y se inclinó diciendo: .D Tus sables repartieron justicia, mi señor. ¡ .Sm -ns -t erare Dahars nalkarat ! —concluyó. .P Que le diera su lealtad aquel estepeño maduro le produjo alivio y, al mismo tiempo, una viva incomodidad… porque no sabía a ciencia cierta en qué lo querían convertir con sus solemnes juramentos. Los Honyrs que representaban a otras familias juraron lealtad a su vez y Kark Is Tork agregó: .D Nuestros guerreros están detrás de esa colina. Permíteme que te guíe hasta ellos para que cada familia pueda verte —se ofreció. .P Dashvara sonrió y, para disimular su turbación, volvió a inclinarse contestando: .D Será un honor. .P Montó sobre Amanecer y subieron la primera colina que separaba Esimea de Xalya. Una vez en la cima, pudo ver el campamento del ejército honyr sobre la ladera de la otra colina. Los centinelas esimeos no habían exagerado el número: cuando le preguntó a Kark Is Tork por ello, este le declaró con evidente orgullo que eran novecientos treinta. .D Algunos no son Honyrs descendientes de Sifiara —admitió—. Durante estos últimos siglos, vinieron a nuestras tierras tribus del norte y del desierto. Al principio, no se mezclaron, pero ahora pertenecen todos a un mismo clan. Incluso han venido los de la tribu del Kabada, de las montañas de Esarey. Ellos también son… er… descendientes de los señores de la estepa. Fueron desertores —explicó ante la mirada curiosa de Dashvara—. O nómadas supervivientes que se encontraron con que ya no tenían señor. Por primera vez, los Kabada fueron invitados al círculo de sabios. Cuando oyeron tu historia, fueron de los primeros en apoyarte. .P Dashvara no supo qué decir. Era tan extraño pensar que tanta gente que no lo había visto nunca estaba así dispuesta a apoyarlo sólo porque él, por algún azar de la vida, era el primogénito de Vifkan de Xalya y corría en sus venas la sangre de los Antiguos Reyes… Meneó la cabeza. .D ¿Mi historia? —repitió. .P Kark Is Tork le echó una ojeada curiosa mientras cabalgaban y fue Shire Is Fadul quien contestó con manifiesta satisfacción: .D La historia de cómo el último señor de la estepa fue vendido como esclavo y luchó por su pueblo sin enviarlo a la muerte. La historia de cómo sobrevivió dos veces al veneno de serpiente roja e hizo vivir de nuevo el Ave Eterna de los Antiguos Reyes en la estepa y fuera de ella. .P Dashvara se quedó ensimismado por las palabras de la anciana. Efectivamente, no había enviado el clan a la muerte aunque en camino hubiera herido su dignidad una y otra vez pero… ¿revivir el Ave Eterna de los Antiguos Reyes, en serio? Ese era un mérito que no le correspondía. .P Sus ojos se posaron sobre los Honyrs que cabalgaban fuera del campamento, a su encuentro. Suspiró. .D El último Antiguo Rey murió hace doscientos años. —Esbozó una sonrisa y se encogió de hombros—. Yo no soy un rey. Estoy dispuesto a poner toda mi energía para mejorar la vida de todo aquel que respete el Dahars de los Xalyas. Pero vengo a vosotros como señor de un clan devastado, no como un rey. Dejemos a los reyes para la Historia. El corazón de la estepa no los necesita. —Estiró las riendas y acarició el cuello de Amanecer agregando—: El mejor rey es el Liadirlá que tenemos dentro de nosotros. Y el mejor consejero, nuestro caballo. .P Calló y hubo un silencio. Se maldijo interiormente. .P .Bpenso En cuanto se te arregla un poco la cabeza ya estás otra vez filosofando, señor de la estepa. Ellos te juran lealtad y tú les dices que es inútil hacerlo… Acaban de salvar a tu pueblo de la esclavitud, Dash: les debes cuanto ellos pidan, y si te piden que seas su rey, su rey serás. .Epenso .P Iba a intentar corregir sus palabras cuando la anciana honyr pronunció: .D .Sm -t erare Dawana hassen-shi yetar . .P No hay reyes entre los sabios, decía… Dashvara cruzó sus ojos oscuros sonrientes y, percibiendo aprobación y respeto en ellos, inclinó levemente la cabeza para corresponderle. .P .Bpenso Pese a todo, un acto de sabiduría no le convierte a uno en sabio .Epenso , pensó Dashvara. Y estaba seguro de que aquella anciana lo sabía y que no se cansaría de evaluar todas y cada una de sus palabras y acciones. .P Cuando alcanzaron los diferentes miembros de las familias honyrs, estos acogieron a Dashvara con múltiples ¡ .Sm -ns -t erare Dahars nalkarat ! seguidos de las debidas presentaciones. Y una vez más Dashvara se exasperó de su mente aturdida porque fue completamente incapaz de acordarse de todos los nombres que escuchó. Tinan estaba con ellos, así como las jóvenes Xalyas y, en cuanto el pequeño Shivara apareció entre estas, Morzif lo llamó con una exclamación de alegría y lo levantó en sus brazos. Junto a ellos, Sirk Is Rhad sonreía anchamente, haciendo que su rostro lleno de cicatrices perdiera su aire tétrico natural. Sólo cuando le llevaron a Dwin la noticia de que su abuelo había muerto se hizo un silencio respetuoso y, cuando Miflin la consoló y se alejó con ella, Zamoy comentó para relajar el ambiente: .D Sashava tendrá descendientes poetas. .P Sonrieron y se oyeron comentarios burlones sobre si además de poetas serían también calvos. Dashvara meneó la cabeza, sonriente. No se podía decir que Sashava no hubiera tenido una buena vida de todas formas. Cierto, hubiera podido vivir aún varias décadas, pero… bueno, había muerto en la estepa y con su pueblo. Como decían los sabios estepeños: .Bparoles La muerte es la mejor bendición de la vida, porque le da valor: es como el viento que sopla sobre la estepa, es como el agua que fluye por los ríos, como la nube que crece, como el niño que nace: la muerte es. .Eparoles .P Aprovechando que el buen humor regresaba entre los Xalyas, varios Honyrs los invitaron a compartir su comida y Dashvara aceptó con gusto, pues se moría de hambre. Constató así que el pueblo honyr y sus aliados gozaban de más abundancia de lo que hubiera sospechado. Sirk Is Rhad y Shokr Is Set le habían hablado mucho sobre las tradiciones de su pueblo y su pasado, pero jamás habían comentado nada sobre la vida del presente. Y, por lo que entendió Dashvara aquella tarde hablando con tanto jefe honyr y cabecilla kabada, pocas veces sufrían el hambre como los Xalyas la habían sufrido crónicamente aquellas dos últimas décadas: cada núcleo familiar tenía varias manadas de caballos y rebaños y conseguían mantenerlos todos bien alimentados en verano y otoño, conduciéndolos por los pastos de las montañas de Esarey, de oeste a este y luego de este a oeste. Con las primeras nieves, emigraban hasta las tribus del lago de Faorok, en la frontera con el Desierto Rojo, y comerciaban ahí con numerosos clanes, incluidos mercaderes venidos del Imperio de Iskamangra. Precisamente de este sacaban el acero negro para forjar sus sables, ligeros y resistentes como el aire. Se los veía orgullosos de sus armas, pero cuando se fijaron en que Dashvara llevaba también sables negros y este les explicó que habían pertenecido a Siranaga, se maravillaron todos. Tras largo rato de ruidosa y animada inspección, una Honyr dijo: .D Me gustaría ver cómo los maneja el señor de la estepa. Dicen que los Xalyas te apodan el Príncipe de la Arena como a Siranaga. ¿Es cierto? .P Sentado sobre una cómoda y colorida alfombra, Dashvara la miró y cayó en la cuenta de que era la misma joven que había acompañado antes a Kark Is Tork y Shire Is Fadul. Si bien recordaba, se llamaba Ladli Is Fadul y era la hermana de Atsan Is Fadul, y la nieta de Shire. Sonrió. .D Así me apodan —afirmó. .D ¡Dice Ladli que Siranaga podía luchar contra diez guerreros al mismo tiempo! —intervino Shivara, sentándose junto a su señor con su peonza. .P Dashvara sonrió. .D Por supuesto. Y se cuenta que su caballo tenía patas tan anchas que aplastaban a sus enemigos —dijo, tomando tono de contador. .P Shivara agrandó los ojos. .D ¿Cuánto de anchas? .P Con expresión aproximativa, Dashvara hizo ademán de abrazar un enorme tronco y los que escuchaban se rieron. .D Eso no es verdad —protestó el niño. .P Dashvara se encogió de hombros, divertido. .D Es Historia. .P Le revolvió el cabello y se levantó pesadamente bajo la mirada interrogante de los Honyrs. Explicó: .D Los Xalyas tenemos por costumbre echar una siesta después de comer. Si no es mucha molestia… .P Enseguida le enseñaron la mejor yurta para que pudiera descansar, la de Shire Is Fadul y su nieta, Ladli. Ni siquiera se le ocurrió protestar para que le dieran otra cualquiera: estaba demasiado reventado y sabía que, si continuaba esperando, acabaría por evidenciar no solamente su agotamiento sino también su aturdimiento. Probablemente ya lo hubiera evidenciado de sobra. Apenas se tumbó sobre el jergón, todas las barreras que había alzado contra el cansancio se derrumbaron. Su último pensamiento antes de caer pesadamente dormido fue para el Ave Eterna de Sashava, para la salud del joven Okuvara y… para su naâsga. .P Sus sueños, en cambio, fueron pesadillas tras pesadillas. Soñó con que el torreón de Xalya volvía a caer, soñó con que la estepa se transformaba en un enorme barco que se hundía, soñó con que su naâsga se convertía en muertoviviente por completo y le decía con dulzura y con un tono de disculpa: soy la Mensajera de Skâra… Skâra, repetía el eco. Y entonces el eco se intensificó y los niños xalyas comenzaron a gritar: ¡Skâra, Skâra…! Mientras tanto, el rostro de Paopag aparecía y le decía con la voz de su padre: el Ave Eterna no existe, hijo mío, traicionaste a Siranaga, tú y tus ancestros matasteis el Ave Eterna… La voz se iba transformando poco a poco en la voz de Sheroda y esta le siseaba: has matado, Dashvara de Xalya, ¡eres culpable…! El Ave Eterna no existe… Y como se mezclaban las voces y se repetían mientras los niños seguían gritando, Dashvara sintió una inmensa angustia que crecía y crecía… Hasta que una vocecita exasperada surgió diciendo: estás soñando, Dash. Esto no es más que una pesadilla. Despierta, despierta, despierta… .Sm -t penso ¡SKÂRA! .P Despertó empapado de sudor y temblando como una hoja. Se enderezó para calmarse, se frotó el rostro y maldijo sus sueños. Primero, estuvo convencido de que todo, la lucha contra los sibilios, la muerte de Sashava y la de los titiakas, había sido también un sueño y que seguía metido, como siempre, en la sala con Paopag. Como siempre. Pronunció su nombre en un farfulleo y… entonces vio el interior de la yurta. Una luz tenue lo iluminaba y, parpadeando, se fijó en que Shire Is Fadul estaba arrodillada en el centro de la tienda ante las brasas del fuego y, levantando la tetera, vertía agua caliente en una taza. Cruzó la mirada de la anciana y esta sonrió, acercándose. .D El .Sm -t erare saoran alejará los malos espíritus —aseguró. .P Dashvara enarcó las cejas y aceptó la taza con una inclinación de cabeza tratando de echar a un lado su turbación. Su mano aún temblaba. Se ruborizó e inspiró, calmándose de golpe. .D Gracias —dijo. No pudo evitar un tono levemente tenso. Echó una ojeada a su alrededor, al cómodo hogar, al rico decorado, a las alfombras, al fuego… y se sobresaltó, despertando a la realidad bruscamente—. Liadirlá, ¿ya es de noche? .P Shire enseñó su único diente y su rostro arrugado se arrugó todavía más. .D Has dormido toda la noche, joven. El cielo ya empieza a azularse. .P Dashvara se turbó aún más. Por no sostener la mirada de la anciana, bajó la suya hacia la taza de saoran. Era la bebida por excelencia de los estepeños y consistía simplemente en hojas de saoran mezcladas con agua y leche de yegua hervidas. .P Tomó un pequeño trago y, tras un silencio, preguntó: .D ¿Mis hermanos…? .D Regresaron a Kark Is Set ayer —informó Shire—. Sólo se quedó uno, un joven llamado Makarva. Está afuera. .P .Bpenso Y tú durmiendo a puño cerrado y volviéndote loco con estúpidas pesadillas… .Epenso Dashvara suspiró y tomó otro trago de saoran. La anciana le tendió un plato lleno de bayas secas. .D Arémoras de Esarey —explicó—. Las últimas del año. Pruébalas. Están muy ricas. .P Dashvara inclinó la cabeza y, bajo la mirada atenta de Shire, probó las bayas. Estaban ricas, de hecho, pero no se atrevió a coger más de tres y retomó su taza con los pensamientos confusos. El silencio se alargó. Era vagamente consciente de que a lo mejor debería estar haciendo preguntas, dando las gracias… en fin, hacer algo que tuviera que ver con el presente. Y, sin embargo, no dijo nada. Su silencio, sumado a las interminables vueltas que le estaba dando a su pesadilla, lo ponía cada vez más nervioso. Finalmente, Shire dijo con suavidad: .D Noto turbación en tu corazón, joven Xalya. .P La anciana se había sentado en el otro lado de la yurta y había retomado la rueca y el huso, hilando con manos expertas. Dashvara hizo una mueca molesta sin saber qué responder y, echándole una ojeada amigable, Shire agregó: .D No es fácil entender su propia Ave Eterna. .P Dashvara inspiró y asintió, de pronto más cómodo. .D Cuanto más creo entenderla, más cambia y más se me escapa —confesó. .P Shire no dijo nada, pero asintió a su vez, como invitándolo a hablar. No la conocía y, sin embargo, Dashvara sintió una súbita oleada de respeto por aquella Honyr. Algo, en ella, le recordó a Namamrah, una antigua y famosa sabia estepeña, de quien se decía que, al contrario que otros sabios, no comprendía el lenguaje del agua, ni el de la hierba, ni el del viento: comprendía el lenguaje del corazón. .P .Bparoles Conócete a ti mismo .Eparoles , decía Namamrah, .Bparoles y tu pluma quedará serena ante el viento más violento… .Eparoles .P Dashvara sintió su corazón encogerse dolorosamente. En ese momento, pese a que, en teoría, había obtenido lo que quería, la libertad para su pueblo, la victoria, la paz… pese a todo, se sentía más encadenado que nunca. Tras otro largo silencio, posó la taza y soltó: .D Aquel hombre… —Se atragantó y su rostro se endureció cuando retomó—: aquel hombre al que maté ayer era un asesino. Mi razón me decía: mátalo. El corazón de mis hermanos me gritaba: mátalo. Y mi Ave Eterna… también sintió ese deseo. El de eliminar aquel diablo y hacerlo desaparecer de la faz de la tierra. .P Una triste rabia lo invadió. Meneó la cabeza y bajó los ojos hacia sus manos. En su confusión, casi podía verlas cubiertas de sangre. .D Soy igual de asesino que Arviyag —anunció con voz extrañamente calmada—. He matado a hombres pensando que haciéndolo salvaba la vida de mis hermanos, de mi pueblo. Pero, en realidad, si maté a Nanda fue por venganza. Si maté a Rayeshag Korfú, fue por rabia y menosprecio. Si maté a Arviyag cuando estaba indefenso… fue por miedo y asco. Y odio. .P Frunció el ceño y giró unos ojos brillantes hacia las brasas que aún despedían calor. .D Mi Ave Eterna ha sido débil —afirmó—. Un sabio estepeño, Moarvara, decía que el Ave Eterna de una persona nacía atada a una copa de sangre y que la vía del sabio era la de centrarse en el pie de la copa para que siempre estuviera equilibrada y jamás derramara una sola gota de sangre. No son las copas de mis hermanos las que cuentan, decía, no son las copas de mis enemigos tampoco. La única copa que cuenta ahí es la mía. La única que está atada a mi Ave Eterna. Y con mi sola voluntad puedo mantenerla llena, si aparto lejos de mí la venganza, el orgullo, la cobardía, la codicia, la ambición y la crueldad. Y si las demás copas intentan romper la mía, no lo conseguirán, porque mi copa está hecha de acero negro y las garras de mi Ave Eterna la abrazan de tal modo que antes derramará mi cuerpo toda su sangre que dejar una sola gota caer del tesoro que abraza. .P Dashvara tragó saliva y concluyó: .D Mi copa sangra por todos los lados. .P Calló, se tensó y se masculló interiormente: .Bpenso ¿Por qué diablos le estás contando esto a la anciana, Dash? ¿Te crees que porque te juró lealtad le interesan tus disparates filosóficos? ¿Que le interesa saber que tu copa sangra por todos los lados? .Epenso Reprimió una carcajada sarcástica. .Bpenso Lo único que le has dejado claro es que no tienes absolutamente nada de rey. Pero, qué diablos, mientras los Honyrs tengan un poco de compasión y sigan dispuestos a aceptar a tu pueblo, ¿qué importa el resto? .Epenso Suspiró. .Bpenso Lo mejor que puedes hacer es agradecer el desayuno a la anciana, llamar a Amanecer y salir a por tus hermanos y tu naâsga… .Epenso .P Acabó lo poco que quedaba en la taza y dijo: .D Disculpa mis divagaciones, .Sm -t erare ayulâa . Mi lengua se agita más de lo que debiera y pronuncia palabras poco sensatas. Mil gracias a ti y a tu nieta por haberme acogido en vuestra yurta… .P Calló, pues, mientras se levantaba él, la anciana había alzado una mano para detenerlo. Volvió a sentarse, respetuoso, aunque a regañadientes. El rostro de la anciana no sonreía ya pero seguía reflejando una serenidad inquebrantable. .D Hay valor en tus palabras, joven —aseguró—. No sólo Moarvara las pensaba. Hubo una época en que nuestros ancestros respetaban la vida antes que todo, condenaban la caza, los cabecillas de los clanes respetaban su pueblo y este los seguía no por codicia ni por miedo, no por la gloria, sino por el respeto y el amor que los unían. —Una leve mueca indefinible estiró sus labios—. Pero una montaña, por más sólida que sea, si es roída poco a poco por dentro, acaba por desmoronarse y quedó en la estepa nada más que un hogar de ruinas. Ruinas aplastadas, desoladas y paralizadas por un glorioso imperio forjado sobre la sangre y el poder. Bien sabes, joven Xalya, que sobre él reinaron los que se hicieron llamar Antiguos Reyes. Dominaron toda la estepa, del finisterre de Gues hasta Aïgstia, de los montes de Padria hasta las Tierras Altas. Ellos mandaban y sus hordas de jinetes atravesaban la estepa, el desierto y las montañas como ráfagas incendiarias. El Ave Eterna se hizo mentira. El respeto y el amor no eran ya más que sentimientos incompletos, egoístas, encadenados a un solo grupo y ciegos al resto. La codicia y la ambición eran ya las únicas motivaciones de algunos señores de la estepa: sus corazones se volvieron de piedra, sus sables se cubrieron de sangre hermana. Y los que llamamos zoks, los Esimeos, los Shalussis y Akinoa, contestaron a su sufrimiento con odio, respondieron a la muerte con muerte y al símbolo del Ave Eterna con otros símbolos. Se aliaron a señores de la estepa contra otros señores. Los zoks los vieron matarse sin casi luchar y, por eso mismo, vencieron. .P La anciana hablaba con tranquilidad, sin expresar tristeza por la historia de la estepa. .Bpenso La Historia, al igual que la muerte, es .Epenso , pensó Dashvara, entendiéndola. .Bpenso El pasado no se cambia, pero se puede aprender de él. .Epenso Se repitió la frase tres veces antes de caer en la cuenta de su significado profundo: había matado, pero había reconocido su error en lo más hondo y tan sólo tenía que renacer, volver a poner su pluma en pie… pero esta vez para que no volviera a caer nunca. Sólo necesitaba voluntad. .Bparoles Tu voluntad es aire .Eparoles , decía un sabio estepeño: .Bparoles Por más que un sable atraviese el aire, no lo rompe. Tu voluntad no es una ráfaga que crece y disminuye: es aire en calma, es también como el agua que, sin forma, sigue su curso hacia abajo y pesa a todo aquel que intenta darle forma. .Eparoles .P Dashvara recordaba como si fuera ayer a la silueta erguida de Maloven pasearse por la sala de la biblioteca del torreón de Xalya mientras recitaba ante sus jóvenes alumnos las sabias palabras de los antiguos. .P .Bparoles Cada paso .Eparoles , decía. .Bparoles cada sonrisa, cada parpadeo, responderá a tu Ave Eterna y has de pensar en ella a través de tus actos para conocerla. Ella te guía y tú la guías porque sois uno mismo: cuando lo entiendas, no habrá arrepentimiento porque no habrá contradicción en ti mismo. La paz y la felicidad llenarán tu alma y nada podrá sacarlas de ahí nunca por completo. .Eparoles .P Dashvara meneó la cabeza con cierta diversión. .Bpenso Todos estos años pensando que Maloven era un iluminado idealista y voy yo y me pongo a admirar ahora sus ideales pacifistas. Práctico que lo haga ahora que tengo a un ejército de novecientos guerreros dispuestos a seguir mis órdenes. .Epenso .P Suspiró y preguntó al fin, confuso: .D ¿Por qué jurarme lealtad si crees que no ha de haber reyes, .Sm -t erare ayulâa ? .P La anciana sonrió y, sin cesar de retorcer la lana con el huso, contestó: .D Los Honyrs somos un clan contradictorio desde su nacimiento. Sifiara jamás superó su traición y, tras unos años de completo aislamiento, regresó a Kark Is Set todos los años para suplicarle perdón a su hermano y a sus descendientes mientras vivió. Jamás le perdonaron. Tal era su obsesión por levantar su pluma que impuso entre su gente costumbres muy estrictas, tan estrictas que generó un verdadero fanatismo. Cuando sientes que tu identidad se pierde, te aferras a ella con más fuerza. —Suspiró suavemente—. Sifiara educó a sus hijos para que estos asegurasen su legado. En vez de alimentarnos con venganza, nos alimentó con un sentimiento de culpa, nos convenció de que éramos un pueblo maldito e irremediablemente condenado hasta el día en que un descendiente de los Antiguos Reyes perdonara nuestras faltas. .P Meneó la cabeza. .D Entonces, vinieron las guerras y observamos de lejos a los señores de la estepa sin entender cómo unos hijos del Ave Eterna podían actuar de una manera tan absurda. Hasta que entendimos que ya el Ave Eterna que profesaban no era la misma, que se había oscurecido y… que sus copas de sangre caían sin freno alguno. A partir de ahí, comenzamos a despreciaros —confesó con invariable calma—. Erais para nosotros los diablos que vestían plumas azules en apariencia y que pisaban en la práctica un lago de sangre, depravación y olvido. .P Dashvara asintió, apesadumbrado. .D Y es cierto. .P La anciana se detuvo por un momento de hilar y alzó una mirada ensimismada, no hacia Dashvara sino hacia la puerta, antes de continuar con su tarea. Sin rebatir la afirmación de Dashvara, dijo: .D Hay un dicho en nuestro pueblo que dice así: «morir es un arte, todos morimos pero no todos sabemos morir». —Ladeó la cabeza y apuntó—: Del mismo modo, todos vivimos, pero no todos sabemos vivir. Vivir es un arte que se aprende y olvida. Según mi pueblo, los niños son los sabios de la vida, los adolescentes olvidan lo que supieron de instinto y los adultos… a veces vuelven a aprender. .P Una fina sonrisa iluminó su rostro vetusto, como si aquella conversación le trajera agradables recuerdos. Concluyó: .D Pese a sus primeras dudas, mi pueblo está ahora convencido de tu buena fe, Dashvara de Xalya. Ansía ver de su lado el perdón que tanto esperó Sifiara y quiere demostrarte que después de tantas generaciones sigue leal al Ave Eterna de los Antiguos Reyes. El problema es… que no todos saben distinguir entre los Antiguos Reyes que vivieron en una estepa amiga y los que trataron de dominarla por la fuerza. Algunos creen que retomarás tu derecho y conquistarás las tierras que ahora ocupan los Esimeos y los Shalussis… los zoks. Pero yo sé que no lo harás —pronunció—. Y sé que aligerarás las reglas que Sifiara nos impuso. Por eso te he jurado lealtad, señor de la estepa. .P Sus ojos vivos se fijaron en los de Dashvara, desafiantes, como diciéndole: ni se le ocurra a tu Ave Eterna ser diferente de lo que espero, porque mi pueblo la necesita. .P Dashvara reprimió mal una mueca de incredulidad. .D ¿En serio creen algunos que me voy a enzarzar con los Esimeos y los Shalussis? Sería ridículo. .P La anciana se encogió de hombros. Había dejado de hilar. .D El Corazón de la Estepa siempre fue la capital de los Antiguos Reyes. .P Dashvara puso los ojos en blanco. .D La mejor capital en una estepa es la que se mueve y nunca tiene lugar fijo. Los Esimeos y Shalussis tienen tanto derecho como nosotros a vivir en Rócdinfer y no voy a sacar los sables para retomar un montón de piedra. Es más, mientras los extranjeros no nos vengan con traiciones, que saquen su oro y su salbrónix. Nosotros no los necesitamos. Los Xalyas sólo buscamos un lugar donde vivir. Los Honyrs nos lo habéis ofrecido y, por ello, juro por mi Ave Eterna, Shire Is Fadul, que haré cuanto me digas para aliviar la conciencia honyr. Sólo deseo el mayor bien para tu pueblo —aseguró. .D Que es el tuyo —sonrió la anciana—. Los Honyrs no dejarán de ser Honyrs pero no desean menos que los consideres como tu pueblo. .P Dashvara se ruborizó levemente y convino: .D Por supuesto. Cualquiera que respete el Dahars de los Xalyas es mi hermano, .Sm -t erare ayulâa . No dejo de ser un Xalya. Pero será para mí un honor también ser llamado Honyr. .P Al tiempo que pronunciaba esas palabras, comprendió que esa sería la mejor manera de hacer entender a los Honyrs que no había ya deshonor alguno en su pueblo si el propio señor de la estepa aceptaba ser adoptado por ellos. Los ojos de la anciana sonreían. .D .Sm -t erare Ayshat , hijo mío. Que tu Liadirlá vuele en paz. .P La anciana retomó su rueca. Había dicho todo lo que quería decirle. Dashvara se levantó, inclinándose. .D Gracias por tu hospitalidad, .Sm -t erare ayulâa . .P Iba a salir de la yurta cuando la Honyr soltó con suavidad: .D Cuanto más pequeña es el ave, más ligera vuela. .P Dashvara enarcó las cejas, turbado. Shire sonreía, sin mirarlo, mientras continuaba hilando. Por un instante, se imaginó que aquella anciana era la mismísima Namamrah, luego que era su reencarnación y entonces… se burló: .P .Bpenso ¿Acaso es necesario tener el nombre de un sabio antiguo para ser sabio a su vez? Patrañas. Y ahora déjate de reflexiones y muévete. .Epenso .P Cuando salió de la yurta, ya despuntaban los primeros rayos de sol por el este. Al igual que las de otros jefes del clan, la tienda se encontraba instalada sobre un gran carro. Y, sobre los peldaños del carruaje, Dashvara vio con sorpresa amontonados ahí numerosas alfombras, platos, tapices, jarrones preciosos y otros objetos de indudable valor. Se quedó mirando ese despliegue de riqueza con perplejidad y bajaba los peldaños procurando no tropezar con nada cuando una risa sonora lo hizo girarse. Makarva se aproximaba junto con Sirk Is Rhad y Atsan Is Fadul. .D ¡Buenos días, sîzan! —le dijo su amigo con alegría—. Espero que te gusten los regalos porque tienes unos cuantos. .P Dashvara agrandó los ojos como platos y se giró de nuevo hacia el montón de riquezas. Todo eso era… ¿para él? .D Liadirlá —articuló, anonadado. .P Makarva y los dos Honyrs se carcajearon y el primero agregó: .D Y eso sin contar los quinientos caballos que nos han prometido. .P .Sm -t penso Quinientos… , se repitió Dashvara, atónito. Aun sin dar crédito a sus ojos, tendió una mano hacia un tapiz enrollado de colores malva, blanco y dorado. Sobre este, había una figurina de madera. La recogió con una extraña sensación en el cuerpo. Representaba un magnífico caballo con un jinete. Sobre el brazo del jinete, había un ave posada, erguida, lista para alzar el vuelo. Le vino en mente la imagen de su señor padre cuando este le enseñaba a cazar y mandaba a su águila a dar vueltas por los cielos en busca de presas… .D Ese me lo dio un viejo que dice conocerte —intervino Atsan Is Fadul—. Al parecer, lo encontraron medio muerto hace dos años al pie de las montañas. Es un zok, pero todos lo ven como a un gran sabio —aseguró—. Se llama Bashak. .P Dashvara alzó bruscamente la cabeza. Por el Ave Eterna… Así que el viejo Shalussi estaba vivo. Sonrió y pasó una nueva mirada emocionada sobre los regalos. Dejó escapar, conmovido: .D La generosidad de los Honyrs es abrumadora. .P Sirk Is Rhad y Atsan Is Fadul sonreían, complacidos. Dashvara marcó una pausa y se sintió levemente culpable cuando dijo: .D Supongo que, si son regalos, puedo hacer lo que quiera con ellos. .P Lo miraron con curiosidad. .D Naturalmente —confirmó Sirk Is Rhad. .P Dashvara asintió y, como había otros Honyrs no muy lejos, bajó la voz preguntando: .D ¿Creéis que se ofenderán si pago una deuda con todo esto? .D ¿Una deuda? —repitió Makarva, desconcertado. .P Dashvara carraspeó. .D Los cuarenta caballos, Mak. Y las armas y armaduras. Y el enorme favor que nos hizo Kuriag Dikaksunora trayéndonos a la estepa. Esa deuda. .P Makarva hizo una mueca, obviamente disgustado de que tanta riqueza fuera a parar a manos de un extranjero. Objetó: .D Pero si el titiaka está podrido de riquezas, Dash. .P Dashvara se encogió de hombros. .D De alguna forma hay que reparar el daño que le hemos ocasionado. Es importante —aseguró—. Kuriag ha de salir de la estepa con la cabeza alta. Sólo él puede impedir que no se nos tiren encima los federados. .P Zamoy, Orafe u otro hermano más impetuoso habrían resoplado y gruñido que, aunque vinieran los federados, los echarían de nuevo al mar a sablazos. Pero Makarva era un hombre mucho más razonable. .Bpenso Probablemente más que yo .Epenso , pensó Dashvara. El joven Xalya, pues, acabó por asentir, convencido por el argumento, y dijo señalando un libro: .D Puedes darle el resto, pero no esto. Son los pensamientos del propio Sifiara. Eso es para ti. Y esto… —suspiró, haciendo un vago ademán hacia un bonito tablero de katutas. Articuló a regañadientes—: Supongo que el titiaka sabrá usarlo. .P Dashvara sonrió, cogió el tablero con sus fichas finamente labradas y se lo tendió a Makarva. .D Pensándolo bien, amigo mío, estoy seguro de que le darás mejor uso que Kuriag. .P Makarva puso cara abrumada. .D Oh. ¿De verdad? Pero… si es tuyo, Dash. Y es mucho más bonito que el que tenemos. .P Dashvara rió. .D Precisamente. Así, cuando estés unido a Shkarah y tengas tu propia yurta, podrás invitarme para que juguemos a las katutas. .P Makarva se puso rojo como una garfia. Sonriendo con todos los dientes, Dashvara le puso entre las manos el tablero y le palmeó el hombro. .D En marcha para Aralika, sîzan. .Ch "Vida y muerte" .\" 22/06/2018 El ataúd de Sashava había sido instalado en la Cripta de la Pluma y el canto fúnebre de sus hermanos se había apagado hacía tiempo cuando Dashvara, arrimado a una almena de la torre, dejó escapar un gruñido de viva impaciencia. No tardaría en caer la tarde y su naâsga seguía metida en el Templo. Ni siquiera había podido verla. Ashiwa había explicado ante su mirada amoscada que Todakwa y Daeya de Esimea habían estado reunidos con los titiakas y ahora se habían encerrado en el Templo con la Arazmihá y los sacerdotes-muertos para celebrar no sé qué acontecimiento de Skâra. Dashvara no había podido reprimir un comentario exasperado sobre las interminables fiestas de los Esimeos. No dijo, a su entender, nada realmente insultante, algo sobre que dudaba de que la Arazmihá tuviera ganas de pasarse otra noche festejando a la Muerte, pero… sus palabras ofendieron y, bajo el consejo del capitán, tuvo que disculparse. Disculparse. Dashvara resopló con la mirada fija en la entrada del Templo. Esperaba ver surgir de ahí a Yira en cualquier momento y, al mismo tiempo, su odiosa imaginación le hacía ver posibilidades espantosas cada vez más ridículas que, de resultar ciertas, con toda probabilidad lo hubieran hecho olvidar sus promesas pacíficas. .P Tras escanear de nuevo la estepa y sondear las tierras del sur, le hizo una señal a Atok y ambos bajaron la Pluma en silencio. Al parecer, los titiakas no habían tomado represalias inmediatas por lo sucedido. Al fin y al cabo, Todakwa simplemente se había defendido de una traición, había mandado ejecutar a su propio tío junto con otros Esimeos que habían conspirado con Arviyag, y ni siquiera había mandado matar al ciudadano traidor, pues de ello ya se habían encargado los «salvajes». Los demás titiakas habían sido liberados casi de inmediato, recibiendo disculpas y compensaciones. Probablemente más de uno estaba al corriente de la traición, pero ninguno tenía poder alguno para llevarla a cabo ya. En definitiva, Todakwa seguía siendo el maestro de Aralika y de la parte sur y oeste de la estepa y a los titiakas no les quedaría más remedio que mandar a sus propias tropas si deseaban imponer sus reglas a su antojo… algo que con un poco de suerte no harían próximamente dado que ahora quienes mandaban en la práctica en Diumcili eran Faag Yordark y la guardia ragaïl; y, de momento, estos tenían la mirada puesta sobre su propia gente y no tanto sobre las tierras a conquistar. .P Cuando llegó abajo de la Torre, el Ave Eterna sobre el pedestal atrajo irresistiblemente su mirada. La puerta mágica a la Cripta ya había sido cerrada e incluso Dwin había salido ya. En la sala principal, encontró a Zamoy hablando en voz baja con el Pelambrudo. Ambos hermanos se interrumpieron cuando vieron aparecer a Dashvara. .P Hacía un frío helador, tanto en la torre como afuera, y Dashvara pensaba con preocupación en los novecientos guerreros que habían venido a apoyarlo. Si no tomaban pronto el camino de vuelta hacia el norte y hacia los refugios de invierno, iban a tener problemas, en particular con los caballos. .P Su mirada volvió a perderse hacia la puerta de la Cripta y se imaginó, en su loca fantasía, que la puerta se abría y Sashava reaparecía con sus muletas, soltando alguno de sus comentarios aguafiestas como buen cascarrabias que era… Meneó la cabeza inspirando, súbitamente consciente de que no eran horas ya de dejarse arrastrar por los recuerdos, y preguntó: .D ¿Tenéis noticias de Okuvara? .P Zamoy hizo una mueca lúgubre. .D Va mal, Dash —suspiró—. Tsu hace lo que puede, pero el chaval perdió mucha sangre. Todavía no sabe si sobrevivirá. .P Dashvara asintió en silencio y, pese a lo que le había dicho a Shire Is Fadul, no pudo más que alegrarse, en ese instante, de que al menos Arviyag y Paopag estuvieran criando malvas. .P Frotándose los guantes para entrar en calor, salió de la Torre y estaba caminando hacia el Templo con sus hermanos cuando Yuk apareció como un remolino y, rompiendo la paz de la plaza, gritó: .D ¡Mi señor! Ashiwa dice que ya ha interrogado a los sibilios y que si quieres ir a verlos que puedes. Me ha encargado el mensaje a mí —fanfarroneó. .P Dashvara sonrió. .D Gracias, Yuk. .P Cuando se puso en marcha hacia el cuartel donde habían metido a la centena de sibilios que había sobrevivido, el muchacho lo siguió como su sombra. Salían de la Plaza del Pilar cuando Dashvara vio al capitán unirse a ellos y, ante su expresión interrogante, explicó: .D Voy a ver a los sibilios. .P Zorvun hizo una mueca y, por un momento, no dijo nada. Entonces, comentó: .D Yira no tardará en salir, según me han dicho. .P Dashvara enarcó las cejas y pensó por un instante que los Esimeos lo mandaban a ver a los sibilios para impedirlo que se abalanzara hacia Yira en cuanto esta saliera del Templo… Mentalmente, puso los ojos en blanco y, prefiriendo no evidenciar su impaciencia, cambió de tema y preguntó: .D Los regalos… ¿ya se han entregado todos? .D Se ha hecho como has dicho —aseguró el capitán—: la mitad para Kuriag, un cuarto para la serpiente esim… quiero decir, Todakwa —sonrió con sorna—. El tapiz de los Antiguos Reyes para el agoskureño. La flauta para Tsu. Y el resto sigue en los carros —concluyó. .D Eso es para los sibilios —apuntó Dashvara. .P Se oyó enseguida un gruñido. Detrás, Zamoy protestó: .D ¡Por todos los demonios, Dash! ¿No te vas a quedar con nada? .D Con quinientos caballos, si te parece poco —sonrió Dashvara. .P Llegaron al cuartel. Antes de entrar, Dashvara vaciló y se detuvo, pensando en lo que iba a hacer. Lo tenía decidido desde que había salido de la yurta de Shire, pero tras el viaje, la despedida a Sashava y las conversaciones varias con los Honyrs, se habían ido diluyendo sus nuevas determinaciones. Las recogió con firmeza y, bajo las miradas cada vez más curiosas de sus hermanos, asintió para sí y entró. La sala en la que habían metido a los sibilios era grande, pero estos eran tan numerosos que estaban apretados como granos de arena en un cubo. Varios Esimeos los vigilaban y, junto a ellos, Ashiwa saludó a Dashvara. .D Todakwa ha considerado que, puesto que estos hombres eran esclavos del diumciliano al que mataste, te agradaría tenerlos como esclavos a tu vez. .P Dashvara oyó varios resoplidos detrás entre los Xalyas. Reprimió él mismo una mueca llena de sorna e inclinó ceremoniosamente la cabeza, entendiendo que aquello era el regalo de alianza en respuesta al suyo. No dejaba de agradarle, de hecho, tener legítimo poder sobre el futuro de los sibilios, pues había temido que Todakwa se los quedara todos y los mandara a las minas. .P Se acercó a la primera línea de sibilios. Estos empezaban claramente a sufrir por la sequedad de la estepa y sus rostros, de un natural viscoso y grisáceo, se habían cubierto de placas negras apergaminadas y agrietadas. Sus ojos se habían hecho rojizos y parpadeaban constantemente. La estepa no era un lugar para ellos. .P Mientras los Esimeos, pillando la indirecta, se retiraban de la sala, Dashvara mandó que se cerraran las puertas, paseó una nueva mirada escudriñadora sobre «sus» esclavos y preguntó al fin en voz alta: .D ¿Cuál de vosotros es el jefe? .P La mayoría ni se inmutó, como si le hubiera hablado a una roca. Un sibilio, de hecho el mismo que lo había perseguido hasta el torreón de Amystorb y el que lo había metido en la tienda de tortura, dio un paso hacia delante. No pronunció palabra. Dashvara se detuvo ante él y notó la tensión subir entre los sibilios. Confirmó para sí: sin duda ese era el jefe. Con insana curiosidad, se preguntó cómo reaccionarían si sacaba su sable y le cortaba la cabeza como a Arviyag… .P .Bpenso Déjate de pensamientos idiotas, señor de la estepa. .Epenso .P Y desenvainó el sable. Observó cómo los ojos de los sibilios se volvían aún más sombríos. Pero nadie se movió. Extrañamente, tuvo la sensación de que, de morir el jefe, no se moverían tampoco, tal vez porque este les había pedido que no lo hicieran. Oyó un murmullo detrás y adivinó la expectación de sus hermanos. Preguntó con voz calma: .D ¿Cuál es tu nombre? .P El jefe sibilio frunció el ceño y lo fulminó con la mirada pero no respondió. Dashvara se encogió de hombros y pronunció: .D Con todo mi respeto, lamento vuestras pérdidas, extranjeros. Me considero en parte responsable de ellas. Sé que os sacrificasteis por vuestro pueblo hace ocho años. Quisiera que, como nosotros, pudierais ser libres y volver a vuestra tierra de Skasna. Gracias a los Honyrs, os pagaré un viaje en barco hasta vuestra isla si así lo deseáis. Si lo que deseáis es vengar a vuestros hermanos muertos o vuestro amo… —Tomó el sable negro con ambas manos y se lo dio al jefe sibilio—. Acabad pronto —concluyó y clamó—: Por el honor del Dahars, ningún Xalya u Honyr tomará venganza de la sangre que pueda derramar hoy este sable. .P Había sorprendido al jefe, se alegró. Durante largo rato, se miraron con fijeza. El sibilio finalmente bajó los ojos hacia el sable que tenía entre sus manos e, impertérrito, replicó: .D ¿Qué es lo que pretendes, Xalya? .D Matar el rencor que hay en tu corazón, extranjero —explicó Dashvara con sencillez. .P Por lo visto, el sibilio no se tomó bien la respuesta. Parecía incluso importunarlo que Dashvara simplemente no le hubiera cortado la cabeza y le pusiera en una situación en la que tuviera que tomar una decisión. Al cabo, resopló. .D ¿Y tu rencor, Xalya? De no ser por mi gente, la .Sm -t erare krava no te habría torturado como a un perro. .P Dashvara no tenía ni idea de qué significaba .Sm -t erare krava en su idioma, pero adivinó que era la manera con la que acostumbraban hablar de Arviyag entre ellos… Nada muy halagador, supuso. .D Cierto —convino—. Pero no os guardo rencor. .P El sibilio ensanchó las narices y agregó con contrariedad y con pronunciado acento: .D Yo mismo te até a la mesa la primera vez y me ocupé más de un día de guardar la puerta de la sala subterránea. Oía tus aullidos. Y te vi dejar de ser hombre para convertirte en perro. Soy los ojos de tu vergüenza —escupió—. ¿Y tú me dices que vas a pagarme un barco de vuelta a mi pueblo? Mentiras. .P Hablaba con desprecio, convencido de que Dashvara le estaba tomando el pelo. Este suspiró y negó con la cabeza. .D No son mentiras. Pero no tienes por qué creerme. Pagaré un barco y os dejaré comprobar por vosotros mismos que sus marineros os llevarán allá donde queráis. .P El rostro del jefe sibilio no se inmutó cuando retrucó: .D No necesitamos marineros. .Sm Somos marineros. .P Tendió el sable de vuelta y Dashvara vaciló antes de retomarlo. Finalmente, lo envainó y se apartó. Al darles la espalda a los sibilios, pudo ver los rostros de sus hermanos. Más de uno tenía un brillo exasperado en los ojos. La razón era sencilla: su señor había estado jugando con su honor, encadenándolo a su antojo y arriesgando su propia vida. .P .Bpenso No os enfadéis, hermanos. Al fin y al cabo, si el sibilio no se cree lo del barco, menos se va a creer que lo dejaréis atravesarme con el sable sin reaccionar. Ni yo me lo creo… .Epenso .P Salió de ahí y dio órdenes para que se liberasen a los sibilios y se les devolvieran los caballos. Los Esimeos no pusieron pegas a lo primero, pero lo segundo fue a parar en saco roto, y es que los caballos de los sibilios habían sido comprados por Arviyag al tío de Todakwa y, siendo ambos traidores, la cuestión tenía que «estudiarse» sobre quién tenía derecho sobre ellos. En conclusión, los sibilios se quedarían sin caballos. .P Dashvara se dedicó entonces a solucionar la cuestión del barco y estaba intentando hablar con un comerciante titiaka que se negaba a contestarle, quién sabe si por temor o por altivez, cuando un tumulto de voces lo hizo desistir y se giró hacia el Templo cercano, esperanzado. Había gente que salía del edificio. .Sm -t penso Liadirlá… Se apresuró a acercarse con los demás Xalyas. Varias filas de sacerdotes-muertos y discípulos en túnicas rojas bajaban los peldaños blancos cantando con voz profunda en un coro monótono y sobrenatural. Hasta Dashvara se pilló deteniéndose y observando la procesión religiosa con una mezcla de respeto y curiosidad. De pronto, todos los discípulos cayeron de rodillas sobre la piedra de la plaza siguiendo tal orden que parecía un baile. Sin dejar de contestar al coro de sus maestros, imitaron sus señales y repitieron en galka: .D ¡ .Sm -ns -t erare Tush-ba-ni, Arazmihá ! .P Estaban llamando a la Mensajera. Aquello duró un rato hasta que, de pronto, todos callaron y bajaron la frente hasta la tierra. Al contrario, Dashvara alzó bruscamente la cabeza hacia la puerta del Templo y su corazón acelerado se saltó un latido. Ahí, saliendo a la luz del atardecer, acababa de surgir una criatura de ensueño. Todo era blanco en ella, menos su mano y la parte derecha de su rostro. El vestido, magnífico, era tan blanco como su cabello. .P .Bpenso Pero sus ojos son negros .Epenso , pensó Dashvara, aturdido. .Bpenso Lo sé porque los he contemplado ya muchas veces. Es ella, Dash. Que no te engañen las artimañas de Todakwa. No es ninguna criatura divina, no es una diosa: es tu naâsga. .Epenso .P Y, sin embargo, sintió en aquel momento algo muy diferente al amor: sintió miedo. Miedo al ver que su naâsga parecía tan… inalcanzable. Miedo de que en aquellos días hubiera podido haber cambiado. Era la primera vez que se le ocurría: que su amor pudiera romperse. Le parecía horrible y absurdo. Y al mismo tiempo igual de absurdo le parecía que una diosa como la que estaba viendo en ese instante pudiera acordarse siquiera del salvaje que le había dado su corazón. .P .Bpenso Alto ahí, Dash. ¿Para qué demonios tienes una cabeza si no sabes usarla? Yira sólo está haciendo una pantomima. Ha estado negociando con Todakwa para salvarte, Dash. Ha salvado a tu pueblo tanto como lo han hecho los Honyrs. No te pongas a dudar de todo por una apariencia: tu naâsga sigue siendo la misma. .Epenso .P Se había quedado tan absorto, cautivado por la imagen de sublimidad que Todakwa había creado minuciosamente, que tardó un rato en darse cuenta de que precisamente el jefe esimeo se encontraba ahora ante la Arazmihá y se había arrodillado junto con su esposa, pronunciando unas palabras. De todas formas, estaban demasiado lejos para que Dashvara pudiera oírlas. También se fijó en los Esimeos que se habían apostado cerca de los Xalyas, como para hacerles entender que aquello era una ceremonia sagrada y no debían interrumpirla. Cuando se cruzó brevemente con la mirada evaluadora de Ashiwa, Dashvara apretó los dientes. .P .Bpenso Tranquilo, Esimeo, no me voy a abalanzar sobre mi naâsga. .Epenso .P Entonces, las últimas palabras de Arviyag afloraron en su mente. .Sm -t paroles Y va a traicionaros otra vez , había dicho, hablando de Todakwa. Dashvara gruñó por lo bajo. Estupideces. Todakwa no tenía ninguna razón para traicionarlos. No sabiendo que tenía a novecientos guerreros a sus puertas. A menos que los estuvieran rodeando para masacrarlos y… .Bpenso No .Epenso , se graznó, irritado. .Bpenso Los Honyrs se han posicionado en las colinas. Pueden ver cualquier patrulla esimea acercarse a leguas a la redonda. .Epenso .P Y, sin embargo… si él fuera un hombre interesado por instaurar su poder y su civilización moderna y, en fin, si fuera un hombre como Todakwa, lo primero que haría sería avasallar a los pueblos estepeños. Y no dejaría marcharse al pueblo más fuerte de la estepa después del suyo, ni siquiera habría forjado una alianza: lo habría aplastado. Como decía su señor padre, .Bparoles el señor no teme al pastor: teme a los demás señores .Eparoles . Y, pese a todo, Dashvara no pensaba que Todakwa fuera a traicionarlos. No porque Todakwa hubiera mejorado como persona, ni porque los Esimeos no pudieran lanzar un ataque eficaz, sino más bien porque Todakwa sabía que los Honyrs no se someterían nunca. La única manera de controlarlos era hacerlo a través de él mismo, Dashvara de Xalya. Y este había demostrado ser más abierto a las negociaciones: incluso había aceptado un pacto de vasallaje. .Bpenso Pero el control también va en el otro sentido, Esimeo. La Arazmihá te ha seducido más de lo que puedes admitir. Tal vez sepas que no es ninguna mensajera… pero si nos has liberado, Esimeo, no fue sólo por los novecientos Honyrs: fue también por ella. .Epenso Dashvara estaba convencido de ello. Y el pensamiento le dolía. ¡Liadirlá, cómo ansiaba poder sacar a su naâsga de ahí y cabalgar ya lejos del Corazón de la Estepa, lejos de los sables…! lejos del poder de Skâra. .P Sus ojos se habían cruzado con los de Yira, o eso creyó. Poco después, vino un sacerdote-muerto y se inclinó ante Dashvara. .D ¡Señor de los Xalyas! —clamó—, la Arazmihá desea hablarte. .P Dashvara no se lo hizo repetir. A petición del sacerdote, dejó los sables a uno de sus hermanos con premura, se metió entre los Esimeos y subió las escaleras blancas del Templo detrás de su guía. Se sentía torpe y, por no hacer el ridículo, centró toda su atención en no tropezar en ninguno de los peldaños. Cuando llegaron a la plataforma ante el Templo y una distancia de apenas unos pasos los separaba de Todakwa, Daeya y la Arazmihá, el sacerdote que lo guiaba se arrodilló y Dashvara se detuvo con la mirada fija en su naâsga. Era consciente de que ahora todos lo observaban. No podía pensar, en ese momento, ni en Todakwa, ni en sus planes, y sólo le vino en mente que cualquier gesto precipitado podía ser mal interpretado por los Esimeos… y tal vez por su naâsga. ¿Pero cómo iba a ser malinterpretado por Yira si se acercaba a ella y la cogía entre sus brazos como anhelaba hacerlo y le decía: «vámonos, naâsga, vámonos lejos de estos chiflados»? Sin embargo, en ese instante, la vio tan magnífica, la vio tan bella, tan adorada de todos, que todos sus pensamientos cayeron en un pozo sin fondo y no se atrevió a decirle nada. Permaneció ahí, en silencio, sobre las impecables piedras blancas de Padria, rodeado de adoradores de Skâra y ante lo que, para él, era ya más un ideal que una persona de verdad. De pronto, Yira dijo con voz suave: .D Que tu pueblo sea feliz, Dashvara de Xalya, y que tu corazón también lo sea. .P La sursha se inclinó, le dio la espalda y regresó al Templo. Desapareció en él en silencio, como un fantasma, como si jamás hubiese existido. Y durante todo ese tiempo, Dashvara no hizo nada. Todo aquello le parecía sobrenatural, divino, horrible, incomprensible. Sus ojos se llenaron de lágrimas sin que ni él las entendiera. Sólo cuando Todakwa pareció a punto de decirle algo, Dashvara espabiló y lanzó: .D ¡Yira! .P Se abalanzó hacia la puerta del Templo que se cerraba y, pese a un guardia esimeo que había ahí, consiguió deslizarse adentro y repitió: .D ¡Yira! .P El interior estaba oscuro. Tan sólo entraba luz por una cristalera al fondo del inmenso edificio. Se adelantó entre las columnas soltando cada vez más angustiado: .D Yira, t-tienes que explicarme esto. No lo entiendo. .P No obtuvo respuesta y, convencido de que estaba ahí aunque no la viera, farfulló: .D Por favor. Sé que estás ahí. Lo que has dicho… ¿significa que no quieres ya venir conmigo? ¿Que prefieres… vivir en este Templo? .P El silencio se alargó. Y la congoja y la confusión fluyeron en su cuerpo, quemándolo, saturándolo y robándole sus movimientos. Todo le ardía, hasta los ojos. Ora se daba cuenta de que se sentía mortalmente avergonzado, ora se preguntaba de qué tenía vergüenza y luego se percató de que había caído arrodillado sobre la piedra dura y de que su cabeza le ardía. No sabía, a ciencia cierta, qué diablos le pasaba. .P .Bpenso Es Skâra .Epenso , pensó una vocecita atemorizada en su cabeza. .Bpenso Yira te está contestando con el poder de Skâra y te está diciendo que no eres digno, que eres un salvaje, que no supiste adorarla como los Esimeos la adoran ahora… .Epenso .P Un sollozo lo sacudió mientras otra vocecita le replicaba: .P .Bpenso Idiota, idiota, cien mil veces idiota. Sal de aquí y pon a tu pueblo a salvo. Entonces, volverás, y te sacrificarás a Skâra y adorarás a la Arazmihá hasta tu muerte. .Epenso .P .Bpenso Sí .Epenso , afirmó para sí. .Bpenso Juro por mi Ave Eterna que la adoraré hasta la muerte. .Epenso .P Sus pensamientos se arremolinaban, confusos, en su cabeza. Una parte de él se decía que era el poder de Skâra lo que lo hacía sufrir así. Otra que los sacerdotes-muertos lo habían hechizado. Otra que se estaba volviendo loco. En los tres casos, se sentía igual de inútil y apabullado. Era como si la energía que le habían inyectado los dedales de tortura hubiese resurgido para atormentarlo otra vez. .P .Bpenso ¿Cómo va a querer volver con un salvaje que no es capaz siquiera de controlarse? .Epenso , se espetó. .Bpenso ¿Cómo va a querer volver con alguien al que han torturado y convertido en perro? .Epenso .P Cuando creía que las lágrimas se le habían acabado, resurgían incansablemente y se burlaba de él y de sus deseos. .P .Bpenso Respeta los deseos de los demás, antes de cumplir los tuyos .Epenso , se dijo. .Bpenso Respeta la elección de tu naâsga. .Epenso .P Y, finalmente, haciéndose una pésima idea de sí mismo y una sublime idea de la Arazmihá, consiguió serenarse. Y a partir de ahí, se enderezó, carraspeó, recuperó el aliento, y se puso a pensar. Y pensó que, de estar Yira ahí, era imposible que no le hubiera contestado y que, por consiguiente, debía de encontrarse en otra sala del Templo. Y a continuación pensó que si Yira quería quedarse, a lo mejor había tenido algo que ver Todakwa en todo aquello. Tal vez la hubiera convencido de alguna manera. Tal vez chantajeándola para liberar a los Xalyas. Tal vez… o tal vez no. .P Exhausto, iba a levantarse cuando oyó una voz tranquila detrás: .D Teóricamente, sólo los creyentes de Skâra tienen derecho a entrar en el Templo. .P Era Todakwa. Dashvara creyó percibir un deje de burla en su voz. Se giró y vio al jefe esimeo sentado en el borde del pedestal de una columna, solo. Por sus ojos enrojecidos e hinchados, distinguía la silueta, los tatuajes, la pose despreocupada, pero no veía el rostro. Quién sabe cuánto tiempo llevaba aguardando ahí. El caso era que alguien había encendido un candelabro no muy lejos y que ya no entraba la luz del día por la vidriera del fondo. Ya había anochecido. .P Dashvara se levantó lentamente y miró al Esimeo con desafío. .D Todo el mundo cree en la Muerte. Y yo creo más que nunca en la Arazmihá, Todakwa. Tus ojos curiosos han podido comprobarlo. .P A Todakwa no pareció ofenderle el tono mordaz. Se levantó a su vez pero no se acercó. .D Estás confuso, señor de los Xalyas —dijo—. Crees haber perdido algo de la Arazmihá cuando, en realidad, no has perdido nada. Mientras no olvides sus enseñanzas, no habrás perdido nada. .P Dashvara lo fulminó con los ojos. .Bpenso Tú sí que me estás confundiendo, serpiente esimea. .Epenso Paseó una mirada por las sombras de la enorme sala y creyó adivinar siluetas en ellas, pero no estaba seguro. Su atención acabó deteniéndose sobre la estatua que había en el centro. A la luz del candelabro, pudo adivinar la forma de un pilar cubierto de marcas. Era parecido al de la Plaza del Pilar, pero en más imponente y en más alto. ¿Qué podía haber visto Yira en ese trozo de piedra? ¿Qué veía en el pueblo de Skâra que no veía entre los Xalyas? ¿Civilización? Dejó escapar una carcajada lúgubre y sarcástica y afirmó: .D No me lo creo. Estoy seguro de que la Arazmihá dijo claramente que tenías que dejarla marchar con los Xalyas. ¿Oponerse a su deseo no es acaso ir contra el deseo de Skâra? .P Intentaba pillarlo sobre su propio terreno… y adivinó al instante que no llegaría a nada por ese camino. La sonrisa de Todakwa le pareció odiosa. .D Decirle al Gran Sirviente de Skâra que va en contra del deseo de Esta es insultante, joven Xalya. .P Hubo un silencio. Dashvara retrucó secamente: .D Robarle el corazón al señor de la estepa es ultrajante. .P Percibió la mirada de Todakwa y su mueca pensativa. Parecía estar diciéndole: ahora que la paz está tan cerca, ¿realmente vamos a enfrentar a nuestros pueblos por una mujer? ¿vamos a matarnos por una nigromante que ni siquiera ha demostrado el deseo de seguirte? .P Con el corazón en un puño, Dashvara retrocedió, titubeante, como si lo hubieran golpeado. Y, sin embargo, nadie se había acercado a él. Eran sus pesadillas, sus pensamientos, los que lo atacaban incansablemente por oleadas. Los que le decían: .Sm -t penso asesino . Los que le decían: .Sm -t penso tu Ave Eterna está muerta . .P En un vano esfuerzo por recobrar su serenidad, se alejó de Todakwa y caminó hasta el centro, hasta el pilar. Le daba rabia haber perdido el control ante Todakwa pero, sobre todo, le daba rabia no haberle hablado a Yira cuando la tenía ahí delante, ante el Templo. Otro error, pensó. Y cuantos más olvidos y errores cometía, más se convencía de que Arviyag y Paopag le habían escacharrado la cabeza. .P Curiosamente, llegar a esa conclusión lo serenó de golpe; sus ojos miraban sin ver los signos en galka del pilar cuando se fijó en que Todakwa se había acercado con el candelabro. El Esimeo posó este sobre el borde de piedra que rodeaba el pilar y leyó con voz tranquila, traduciendo: .D La Muerte vive en el tiempo y el tiempo vive en nosotros. En nosotros, vive la Muerte. —Calló y murmuró un respetuoso—: .Sm -t erare Skâra shalé . .P Dashvara miró de reojo al Esimeo. .Bpenso Mátalos .Epenso , le susurraba una voz familiar. .Bpenso Mátalos a todos. .Epenso Dejó escapar un largo suspiro. .D Me gustaría hablar con Yira —dijo con voz extrañamente sosegada—. Sólo un momento. He de oírla decir que desea quedarse en tu pueblo, Todakwa. De no ser así, debes dejarla ir adonde ella quiera. —Esbozó sonrisa torva añadiendo—: La Muerte es libre. No puedes ponerle cadenas. .P Todakwa dio una vuelta entera al pilar antes de contestar para sorpresa suya: .D Tienes razón. Pero dudo de que mi pueblo esté dispuesto a dejarla marchar sin un buen motivo. Y menos si es para unirse a un pueblo de infieles. .P Se detuvo a unos pasos y, entonces, se giró de nuevo hacia las escrituras del pilar y las fue leyendo con calma, en voz alta y en común mientras daba otra vuelta. No las leía todas, sólo algunas, y Dashvara adivinó que no las escogía al azar. La mayoría hablaban de Skâra como de una entidad todopoderosa que se hacía cada vez más fuerte con cada ser vivo que nacía, pues nacer significaba también morir y, de alguna forma, la Muerte significaba también la Vida. Dashvara lo escuchó con creciente incredulidad a medida que iba entendiendo qué era lo que Todakwa esperaba. Al cabo, el Esimeo calló. Su expresión llena de respeto religioso no parecía fingida, pero con esa serpiente quién podía saberlo… Dashvara carraspeó en el silencio del Templo. .D Gracias por la lectura, Todakwa. Dime, por algún azar, ¿no estarás sugiriendo que yo… digo, que yo me convierta a… .Sm Skâra ? .P A punto estuvo de carcajearse de incredulidad al ver que Todakwa asentía. Ave Eterna… Sin duda se estaba burlando de él. Sin embargo, el Esimeo aseguró: .D No sólo lo sugiero: es una condición para que puedas hablar con la Arazmihá y… para que la alianza perdure. —Ante los ojos atónitos de Dashvara, el Esimeo se encogió de hombros—. Seamos sinceros: mi soberanía sobre las demás tribus estepeñas y mis relaciones con Titiaka seguirán dándome un poder que tú y los Honyrs no tendréis nunca. Pero no soy ningún guerrero conquistador… —Ahí Dashvara no pudo evitar poner cara como que lo alegraba saberlo. Todakwa puso los ojos en blanco y retomó con un ademán desenfadado—: Te propuse una alianza y aún está en pie, pero los detalles quedan por definirse. —Con las manos detrás de la espalda, dio unos pasos por el suelo cubierto de azulejos. Su voz resonó en la inmensa sala cuando declaró—: Estoy dispuesto a reconocer las tierras de Xalya y la parte norte como territorio xalya. A cambio, los Honyrs dejarán la ruta abierta hacia el Imperio de Iskamangra, darán hospitalidad a mis emisarios, viajeros, comerciantes de Esimea y… su señor reconocerá a Skâra como verdadera y única divinidad. .P Dashvara se cruzó de brazos y paseó una mirada burlona por las figuras que se adivinaban en las sombras antes de posarla sobre Todakwa. Le costaba creer que ese hombre hubiera podido solamente pensar que un Xalya, un heredero de los Antiguos Reyes, pudiera abrazar la religión de un pueblo de salvajes. .Bpenso Sólo que ahora, Dash, ellos son los civilizados y nosotros, los salvajes… .Epenso Al no recibir respuesta inmediata, Todakwa apuntó: .D No serías el primer hijo del Ave Eterna en reconocer a Skâra. Los señores de la estepa tal vez hayan desaparecido, pero sus pueblos no fueron aniquilados por completo y sé de muchos hijos y nietos y bisnietos de esclavos que veneran a Skâra. Incluso estoy dispuesto a permitir que aquellos que deseen unirse a ti lo hagan. .P Dashvara enarcó las cejas. La propuesta le iba pareciendo cada vez más tentadora por muchas razones. Poniendo cara de que estaba reflexionando sobre el asunto, se giró hacia el pilar y observó los signos en galka sin leerlos. Al fin, lanzó: .D Abandona las incursiones a las tierras honyrs, ábrenos la ruta hacia el sur y permite que nuestros rebaños vayan hasta los pastos al este del Araset y se reutilicen los pozos. Libera a los esclavos que deseen marcharse. Libera a la Arazmihá. Y libera a Raxifar de Akinoa y a su pueblo y devuélveles sus caballos. Y, por último, asume que el Ave Eterna es lo que somos y hacemos, no una divinidad. Si aceptas todo eso, Todakwa, me comprometo a reconocer a Skâra como divinidad verdadera. Sé que tu pueblo me llama el Rey Inmortal y que algunos piensan que no es casualidad que la Arazmihá me acompañara. —Eso lo sabía principalmente por los cotilleos de Yuk y otros muchachos. Viendo la mueca de Todakwa, se apresuró a asegurar—: No tengo nada de inmortal y, con total franqueza, no tengo ninguna intención de crear más disensiones en tu pueblo, al contrario. Pero dudo de que este proteste si la Arazmihá se va conmigo igual que vino. —Se encogió de hombros y concluyó—: Estas son mis condiciones. .P El silencio se alargó. Al menos Todakwa no rechazaba de inmediato, aunque quién sabe si estaba reflexionando sobre su propuesta o riéndose ya de alguna traición que estaba llevando a cabo contra los Honyrs y los Xalyas… .P De pronto, Todakwa chasqueó la lengua. Enseguida la silueta de un joven discípulo apareció entre las sombras, en silencio. Su jefe le murmuró unas palabras, él asintió, replicó algo en voz cuchicheante y se desvaneció de nuevo en la penumbra del Templo. Entonces, Todakwa se inclinó hacia el pilar y pronunció una plegaria en galka en voz baja. .P .Bpenso Genial .Epenso , resopló Dashvara interiormente. .Bpenso Le hablo de negociaciones y el Esimeo se pone a rezar. Estupendo. Sigue, sigue rezando, serpiente, y ojalá no pares nunca. .Epenso .P Trató de no ponerse nervioso, pese a todo. Finalmente, Todakwa se levantó, le dedicó a Dashvara una sonrisa entre burlona y suficiente, recogió el candelabro y se alejó entre las columnas. Dashvara lo miró, anonadado. ¿Qué diablos, y ahora se iba? .P Dio un paso hacia él, abrió la boca e iba a protestar cuando oyó una puerta abrirse y vio aparecer entre las columnas la silueta de la Arazmihá. Aún llevaba el vestido blanco, pero ahora Dashvara estaba preparado. Es decir que, en cuanto la vio, dejó escapar su nombre en una exclamación ahogada y se adelantó hacia ella. Sus manos temblaron cuando las tendió hacia las de su naâsga. Se las cogió y sus ojos se hundieron en los suyos. Notó su vacilación y murmuró: .D Ahora eres libre, naâsga. —Se inclinó ante ella y le besó las manos con un fervor febril antes de prometerle—: Eres libre de marcharte adonde quieras. .P Con suavidad, Yira se deslizó hacia él y, poco a poco, las sombras armónicas los envolvieron. Pronto, Dashvara fue incapaz de verla. .D No veo nada —resopló. .P Yira contestó con tono divertido: .D No porque no me veas no estoy cerca de ti. .P Sus labios encontraron los suyos. Dashvara la abrazó y sintió la paz más completa invadirlo. Apostó a que los Esimeos que había en el Templo tan sólo pudieron ver una gran sombra armónica, con tal vez dos siluetas juntas, pero nada más. Sonrió con el corazón desbocado, sintiendo la energía mórtica de Yira contra su piel, y pensó: .P .Bpenso No podrás decir, serpiente esimea, que no venero a Skâra después de esto. .Epenso .Ch "Las mensajeras de paz: epílogo" .\" 24/06/2018 Su decisión de inclinarse ante Skâra escandalizó a los Xalyas y Honyrs por partes iguales, pero una vez que Dashvara les hubo explicado que lo hacía por convicciones, no se atrevieron a mencionar más el tema. Al menos no ante él. Y así, al día siguiente, tras pasar la noche en el Templo, se arrodilló ante el pilar de Skâra y salió del sagrado edificio junto a su naâsga para que los Esimeos pudieran aclamarlos y festejar la paz entre ambos pueblos. Les hicieron regalos, no a los Honyrs, sino expresamente al Rey Inmortal y a la Arazmihá. Dashvara donó la mitad a Skâra e indirectamente a Todakwa con intenciones de dejarle claro que, pese al evidente apoyo que recibía del pueblo esimeo, no pretendía aprovecharlo más que para consolidar la paz. .P Con el resto, pagó el barco para los sibilios, compró víveres para el viaje hacia el norte, hizo regalos a los Honyrs y a sus hermanos y ofreció al sacerdote ciliano que lo había visto renegar del Ave Eterna un precioso manto estepeño hecho con crin de caballo. Como el sacerdote titiaka lo miraba, asombrado, Dashvara le explicó: .D Pasé tres años en la Torre de Compasión, extranjero, y respeto la compasión con gran ahínco. Me la mostraste cuando viste mi alma moribunda y, por ello, te lo agradezco. .P Los discípulos tenían una mirada fija sobre la Arazmihá y su rostro mórtico, pero entonces uno de ellos desvió los ojos un instante hacia Dashvara con el ceño fruncido, como pensando: ¿qué le está contando a mi maestro este salvaje? Sin embargo, el sacerdote, él, inclinó ceremoniosamente la cabeza y aceptó el regalo diciendo: .D Que Cili continúe iluminando tu senda. .P Dashvara esbozó una sonrisa y replicó: .D Skâra y Cili son como el sol, extranjero: iluminan, queman, calientan y ciegan. Y el Liadirlá vuela, cambia de senda, se quema, se ciega, cae y echa a volar… Un verdadero baile —bromeó—. Pero vale la pena. .P Meneó la cabeza, divertido, al ver la expresión curiosa del sacerdote. .P .Bpenso En otras palabras, extranjero, que el Ave Eterna vuele cantando a Skâra o a Cili no importa: lo importante es que vuele. .Epenso .P Dejó ahí al sacerdote reflexionar sobre la cordura del Rey Inmortal y se giró hacia Kuriag. No había hablado con él desde que este le había pedido perdón por haber autorizado su tortura, hacía cuatro días. El joven elfo se acercaba por la calle abarrotada del Templo. Iba rodeado de Ragaïls. Dashvara los contó. Eran doce. No faltaba nadie. Incluso estaba el capitán Djamin, constató con alivio al ver el rostro grave del guerrero de élite. Los ojos de este barrían la muchedumbre como si esperase que en cualquier momento Todakwa volviera a jugarles una mala pasada. También se lo adivinaba harto y saturado y con ganas de volver a su tierra y dejar esa estepa inhóspita habitada por bárbaros. Pese a llevar una capa gruesa, hacía esfuerzos por permanecer inmóvil bajo el viento helador, castañeteaba y su rostro afeitado estaba rojo de frío. Tras un vistazo a los demás guerreros titiakas, Dashvara confirmó para sí: .Bpenso La estepa tampoco es para vosotros, Ragaïls .Epenso . .P Finalmente, Kuriag Dikaksunora se detuvo ante Dashvara y paseó una mirada nerviosa por la calle llena de ojos curiosos. Se lo veía muy incómodo. Lessi lo acompañaba y fue la primera en romper el silencio dirigiéndose hacia Yira y cogiéndole la mano izquierda con dulzura. .D Al fin te entiendo, sîzin. Me alegro tanto por ti. Espero que sigamos siendo buenas amigas. .P Los Esimeos se agitaban, preguntándose sin duda si era aceptable que alguien tocara a la Arazmihá. Yira sonrió. .D Yo también lo espero, Lessi. Con todo mi corazón. .P Kuriag estaba pálido e inquieto. Nada de extrañar considerando que se encontraba delante del hombre que había matado a su primo. Y, sin embargo, no había cólera en él. De hecho, se desprendía de él y de Lessi tal inocencia que Dashvara volvió a maravillarse de lo mucho que podía sufrir un corazón puro sin perder pureza alguna. O casi. Finalmente, el joven elfo hizo un gesto ceremonioso con la cabeza hacia el Rey Inmortal y declaró: .D Gracias por los regalos, señor de los Xalyas. .P A falta de saber qué hacer, el joven titiaka se atrincheraba en las formalidades y en un tono grave y distante. Dashvara sonrió a medias. .D Era natural, Excelencia. Ciertamente, aún me siento en deuda contigo. No olvido todo lo que hiciste por nosotros y quiero hacer lo posible para devolverte el favor. .P .Bpenso ¿Como devolverle la cabeza de su primo, por ejemplo? .Epenso , ironizó. .P Carraspeó y afirmó: .D Al fin y al cabo, nos compraste por más de diez mil dragones. .P Kuriag Dikaksunora frunció el ceño y sacudió la cabeza como si lo molestara tan sólo oírlo mencionar. .D No importa —aseguró—. Os compré sabiendo que os liberaría. No me debes nada. De verdad. La mayor recompensa es saber que el pueblo de mi esposa vivirá al fin libre y en paz. .P Las últimas palabras las pronunció con un deje interrogante, como si no acabara de creerse que la estepa realmente fuera a vivir en paz de ahora en adelante. Dashvara sonrió y, bajo la mirada intrigada del titiaka, se quitó el shelshamí y dijo: .D Me honrarías, Excelencia, si aceptaras esta piedra. —Desprendió la perla del pañuelo negro y se la tendió al titiaka—. Perteneció a mi padre. Es una perla del desierto. Dicen que son extremadamente raras. .P El capitán Djamin frunció el ceño pero no se movió cuando un Kuriag curioso recogió la perla. Examinándola, soltó una exclamación incrédula. .D Por la Serenidad —jadeó—. Esto… ¡esto es cristal de seren! Sé de una pieza muy parecida que mi padre compró por seis mil dragones. .P Dashvara reprimió mal una mueca de asombro. ¿En serio? ¿Seis mil? Se encogió de hombros, divertido. .D Pues tanto mejor que valga algo. Puedes venderla o tirarla al océano. Es tuya. .P Veía venir las protestas de Kuriag, pero se equivocó: el joven elfo estaba demasiado anonadado como para siquiera hacer objeciones. Dashvara intercambió una mirada entretenida con Yira e iba a alejarse cuando, espabilando, Kuriag alzó los ojos de la piedra preciosa y lanzó: .D Espera. —Su voz sonó autoritaria. Se ruborizó. Y, bajo la mirada interrogante de Dashvara, explicó—: Olvidas las marcas. El contrasello. Debo ponerte el contrasello para liberarte oficialmente. .P Dashvara no pudo evitarlo: se carcajeó, incrédulo. .D No será necesario —aseguró. .D Sí que lo es —replicó Kuriag. Dashvara frunció el ceño y el elfo confesó—: Son marcas con un trazado especial. Generalmente, se renuevan cada año. Cuando se deshacen… pasan cosas desagradables. .P Dashvara lo miró con fijeza. Diablos, ¿y ahora se lo decía? .D ¿Qué tipo de cosas desagradables? —preguntó en un gruñido sordo. .P Kuriag se sonrojó. .D No… quisieras saberlo. Pero no me cuesta nada mandar a uno de mis hombres para que os ponga el contrasello. Por desgracia, todas las palomas mensajeras se nos escaparon durante el… la noche del Bushkia Baw y… no puedo enviar ningún mensaje desde aquí. .P Dashvara suspiró ruidosamente. .D ¿Y no puedes deshacer la magia tú mismo? .P Kuriag Dikaksunora abrió la boca, vaciló, captó la mirada del capitán Djamin y se atragantó. .D No. No puedo. .P Mentía. Dashvara lo observó con el ceño fruncido mientras el joven Dikaksunora se ponía cada vez más nervioso y aseguraba: .D De verdad que no puedo. Se necesita mucha habilidad para desactivar las marcas correctamente. .P Ahí, parecía sincero. Dashvara asintió para sí. .Bpenso De acuerdo. Lo que quieres es asegurarte de que saldrás de aquí bien vivo y cuanto antes. Tu prudencia es innecesaria y algo insultante, pero… .Epenso Le echó una ojeada burlona al capitán Djamin y volvió a asentir con más firmeza. .D Está bien. Mandaré que te escolten hasta Ergaika con carruajes para transportar todos tus bienes y de ahí podrás mandar palomas, regresar a tu tierra y enviarnos el contrasello. Tienes mi palabra de Xalya. .P Kuriag tragó saliva. .D Bien. Gracias —murmuró. .P El capitán Djamin parecía satisfecho. Dashvara hizo ademán de alejarse pero se retuvo y agregó: .D Sería para mí un honor si tú y tu esposa aceptarais compartir conmigo la cena de esta noche en el campamento honyr. Podremos… —sonrió— hablar de Aves Eternas, de Antiguos Reyes y de cuanto quieras, Excelencia. Tú me dirás que el Ave Eterna ya no existe y yo te diré lo contrario. También me honrarían el capitán Djamin y Asmoan de Gravia si aceptaran acudir. —Y, viendo la leve vacilación de Kuriag, se apresuró a decir—: Conoces mi Ave Eterna, Kuriag Dikaksunora. Puede que cometa errores, sin duda los he cometido y sé que seguiré cometiéndolos, pero mi alma no es la de un traidor. Y puedo asegurarte que, por más salvajes que puedas considerarnos, la hospitalidad es ley sagrada en la estepa. Mi clan, el clan de los Honyrs, te acogerá como a un hermano todas las veces que vengas a visitarnos. La infamia caiga sobre aquel que no respete una ley tan básica. No hay traición —insistió. .P Kuriag tenía una expresión triste y emocionada. .D Te creo —aseguró—. He aprendido a conocerte, Dashvara de Xalya. Sé que te guían principios honorables, eso no puedo negarlo. Pero es… Bueno… —Se encogió de hombros y esbozó una sonrisa—. El otro día, con Asmoan, hablábamos de justicia y de si esta debía depender del corazón o de la razón y… en un momento llegamos a la conclusión de que, así como yo soy un río constante, tú eres un río que se desborda fácilmente. Sin querer ofenderte… .D Asumo perfectamente —aseguró Dashvara con alegría—. Tuvimos distintas educaciones. Y tú te has librado de la tuya mejor que yo, me temo. .D No tanto —murmuró Kuriag. .P Dashvara lo observó con curiosidad y decidió serle sincero a su vez: .D No tanto tal vez, pero lo suficiente para conseguir que un salvaje como yo te llame hermano sin vacilación. ¿Sabes? No creo equivocarme al decir que me has enseñado a mí bastante más sobre el Ave Eterna de lo que yo te he enseñado a ti —pronunció, inclinando la cabeza con respeto y sonrió ante la expresión pasmada de Kuriag—. Desde luego, no puedo quejarme de los dos amos titiakas que he tenido. A ambos os tengo en alta estima. En serio. Pero no se lo digas a Atasiag, o se le subirán los humos a la cabeza —bromeó. .P Kuriag rió, ruborizado. Su expresión se hizo cómica en su alegre inocencia. Abrió la boca, pareció de golpe recordar algo y, entonces, se inclinó diciendo: .D Será un honor aceptar tu invitación, Rey Inmortal. .P Si había ironía en la apelación, Dashvara no la percibió y se preguntó si el joven elfo aún pensaba que realmente había resucitado en Titiaka y una segunda vez en la Pluma. De todos modos, algo de sobrenatural tenía el caso, sin duda, puesto que había sobrevivido dos veces al veneno de serpiente roja… .Bpenso Y todo por esos malditos polvos mágicos que me tragué al tuntún en Rocavita .Epenso , rió Dashvara interiormente. O al menos era la única explicación que Tsu no había podido rebatir. Respondió con una inclinación y un: .D El honor es mío, hermano. .P El científico agoskureño y el capitán aceptaron a su vez la invitación y Dashvara se alejó finalmente con Yira. Durante toda la mañana siguió obedientemente la ceremonia religiosa en honor a Skâra y a sus dos enviados. Fueron a hundir las manos en el río helado, bebieron un vaso de sangre del mejor caballo del año y permanecieron sentados un tiempo interminable de vuelta en el Templo para que los sacerdotes pudieran leer los signos en el menor de sus movimientos y asegurarse así de que, aunque el invierno sería duro, la primavera vendría pronto y el verano sería próspero. Dashvara se retuvo de poner en duda sus afirmaciones y le murmuró a Yira con un suave resoplido: .D ¿Y llevas así dos semanas, naâsga? .P La sursha carraspeó, divertida. Dashvara admiró su aguante. Inspiró el aire fresco del Templo, cerró los ojos, los volvió a abrir para ver a los sacerdotes y… suspiró. .D Ya sólo falta que los Esimeos se pongan a sacrificar a niños en nuestro honor. .P Yira se estremeció ligeramente y, mientras los sacerdotes seguían pronunciando plegarias, aseguró en voz baja: .D Lo intentaron en la Colina de Skâra, pero les dije que Skâra no precisaría de sacrificios mientras la Arazmihá estuviera con ellos. .P Dashvara enarcó las cejas. .D Increíble. ¿Y te hicieron caso? .P Los ojos de Yira sonrieron. .D Soy la Arazmihá. .P Dashvara suspiró de nuevo y acabó harto. Cuando al fin Todakwa los invitó a comer a su imponente casa y dejaron los sacerdotes de machacarles la cabeza con cantos y bendiciones, estaba a punto de explotar. Le hubieran dicho que debía aguantar aquello dos semanas y los Esimeos no le habrían vuelto a ver el pelo al alba. Por fortuna, tenía un compromiso con Kuriag Dikaksunora, lo había invitado a conocer a los Honyrs y esa fue la perfecta excusa para abreviar de golpe las celebraciones. Pusieron en claro la alianza con Todakwa, se inclinaron varias veces, recibieron alguna bendición más, escucharon las lacónicas gracias del jefe sibilio por lo del barco y, al fin, se marcharon. .P Salieron de Aralika varias decenas de Honyrs que los habían acompañado y dos centenas de Xalyas. A estos, se habían unido dos docenas de herederos del Ave Eterna que, aunque en su mayoría habían sido esclavos toda su vida, tenían el suficiente espíritu aventurero para esperar mejorar su existencia junto a los Honyrs. Sin grandes sorpresas, la mayoría no se movió. Esos estepeños tenían su vida ya asentada y el Dahars xalya o bien les traía ya sin cuidado o bien les recordaba enemistades pasadas con otros señores de la estepa. No tenían, pues, ninguna intención de marcharse y, por su parte, Dashvara no hizo ningún esfuerzo para convencerlos de que lo hiciesen, por la simple razón de que no habían comprado víveres para tantos. .P Mientras cabalgaban rumbo al este, aplastando la fina capa de nieve, Dashvara se fijó en que varios de sus hermanos que se habían quedado atrás en la procesión parecían enfrascados en una conversación profunda. Hablaban, meneaban la cabeza y luego callaban durante un buen rato. Antes de que se percataran de que Dashvara los miraba, este volvió la vista hacia delante, algo nervioso porque estaba convencido de que sus hermanos estaban hablando de él. .P .Bpenso Ya, claro, es que como te has pasado el día recibiendo bendiciones, cánticos y festines opíparos, te crees ahora que todos hablan de ti, ¿eh? Engreído. .Epenso .P Apartó a Amanecer de la procesión, la detuvo y le palmeó el cuello susurrándole: .D Pronto tendrás un refugio en el norte, daâra, y no pasarás frío. En primavera, pastarás y te pondrás fuerte. Y verás lo que es vivir libre en la estepa. Sí, ya lo verás —murmuró. .P No les faltaba ya mucho para llegar al campamento honyr cuando, invadido por una súbita inquietud, Dashvara se acercó a sus hermanos y dijo: .D Capitán. .P Las miradas reservadas que le echaron sus hermanos lo llenaron de confusión. Liadirlá… ¿Qué diablos les pasaba? El capitán carraspeó. .D ¿Sí, hijo? .P Dashvara vaciló, turbado. Ya no recordaba qué pregunta lo había hecho venir hasta él. .P .Bpenso Buaj, Dash, te apabullas a la mínima. Espabila, despierta, ¡muestra firmeza! Tu Ave Eterna te dice que has hecho lo correcto arrodillándote ante Skâra… Deja de dudar: todo ha acabado. Hay paz en la estepa. Ahora encárgate de poner paz en tu alma. .Epenso .D Hijo. .P Dashvara parpadeó y miró al capitán. Este lo observaba con tranquila paciencia. Tras un silencio, Dashvara resopló y gruñó: .D Sé lo que he hecho. El pueblo esimeo ahora está en buena disposición con nosotros. Algo que era impensable hace un mes. Y Todakwa… vale, no le he cortado la cabeza, no he cumplido con la venganza de mi padre, soy un mal hijo. Pero lo vivo bien. Mientras haya paz en la estepa, ¿qué importa si de cuando en cuando tengo que ir a decirles a los Esimeos «Skâra shalé»? Qué diablos. Las costumbres de los Esimeos son cuestionables, pero los preceptos de Skâra no son malos. Y no me he arrodillado ante Todakwa, sino ante Skâra. No, capitán: no me arrepiento de lo que he hecho. .P Calló. El capitán se frotó la frente, sonriente. .D Creo que eso lo hemos entendido todos, Dashvara. .P Este enarcó las cejas y miró a sus hermanos antes de sacudir la cabeza, confuso. .D ¿Entonces por qué me miráis tan raro? .D No te miramos raro —protestó Zamoy. .P Dashvara le puso cara escéptica y se fijó en que sus hermanos desviaban la mirada hacia delante, incómodos. Zamoy fue el único en soltar claramente su pensamiento a bocajarro: .D Tú eres el que está raro. Primero le prestas el sable al sibilio para que te mate, luego te conviertes a Skâra y echas todos los regalos a tomar vientos… Y ahora aceptas que nos vengan sacerdotes-muertos a soltarnos bobadas y hasta dices sí a que Yira se quede en Aralika durante todo el invierno. Eso último sí que no me lo esperaba. Se supone que es tu naâsga, ¿no? ¿O es que tú también te vas a quedar con los Esimeos, Dash? .P Dashvara lo miró, incrédulo, y entendió al fin la inquietud de sus hermanos. Se hubiera carcajeado si no los hubiera visto a todos tan expectantes. Aseguró: .D Por el Liadirlá, ¡no me quedaría con esos sacerdotes ni por mil caballos! Si he permitido que los sacerdotes vengan a nuestras tierras, es porque he permitido que .Sm cualquier Esimeo venga a nuestras tierras. En cuanto a Yira… .P Se ensombreció y alzó la vista hacia la cabeza de la procesión. Ahí avanzaba la sursha, junto con Lessi, Kuriag, Asmoan, Api y dos sacerdotes de Skâra que la respaldaban. No dejó de observar que los dos demonios mantenían sus distancias con Yira, en particular el agoskureño. Retomó: .D Mi naâsga… .P Les sonrió a sus hermanos y afirmó: .D Es su decisión y la respeto. No me ha dado sus razones pero estoy seguro de que las tiene. En primavera, iré a Aralika y volveremos al norte juntos. No os preocupéis, hermanos. Ella sigue siendo una Xalya. .P Los vio asentir e intercambiar miradas. No acababan de entenderlo, pero el saber que él no se quedaría con los Esimeos a hacer de Rey Inmortal los alivió a ojos vistas. .P .Bpenso Cuatro meses .Epenso , pensó Dashvara, ensimismado. .P Cuatro meses y la nieve fundiría, la hierba crecería, la estepa se cubriría de colores… y la vida renacería. .salto .D ¡Mi señor, mi señooor! —gritó una voz lejana. .P Dashvara posó una mano suave sobre el hocico de la oveja, dejó de esquilarla y alzó la cabeza. Yuk cabalgaba por la ladera florida, hacia el río y hacia la yurta, y repetía: .D ¡Mi señooor! .P Se apeó de un salto experto y las ovejas balaron, turbadas. Dashvara chasqueó la lengua, las apaciguó y levantó una mano para saludar al muchacho. Al viajar al norte, hasta Faorok, el pragmatismo había llevado a los Xalyas a repartirse entre las distintas familias honyrs. Se habían dispersado según las necesidades. Había habido numerosas uniones aquel invierno y un continuo movimiento de yurta en yurta. Los niños y adolescentes xalyas tenían ahora nuevas familias y alguien que pudiera enseñarles con toda tranquilidad todo lo que un buen estepeño debía saber. Y, en fin, antes de que a cualquier Honyr se le ocurriera rechazar a Yuk por sus tatuajes, Dashvara había ido a su encuentro y le había preguntado a ver si tendría el suficiente aguante para soportar a un señor filósofo. El rostro del muchacho se había iluminado de felicidad. .P Dashvara sonrió al recordarlo. No se arrepentía una pizca de haberlo recogido en su yurta. Su entusiasmo por todo lo maravillaba, aprendía con empeño y, aunque se avergonzaba aún con facilidad por cualquier error, no dejaba de cometerlos a montones y, en fin, que su sola presencia, añadida a su rebaño, las ceremonias de unión y los diversos encuentros con las tribus cercanas a Faorok, le había hecho pasar a Dashvara el invierno más agradable en años. Tan sólo la presencia de su naâsga lo hubiera podido hacer más feliz. Y pronto iría a buscarla, se alegró. .P El muchacho llegaba a él jadeante y Dashvara le lanzó con paciencia: .D Creía que habías dejado de llamarme señor. ¿Qué pasa, hijo? ¿Te ha picado una saraviesa? .P Yuk espiró de golpe. .D ¡No te lo vas a creer! Es decir, si lo ves, fijo que te lo crees… ¡pero tienes que ir a verlo! —Se puso dos dedos en la boca y silbó antes de gritar, girándose hacia la manada de caballos que pastaba libremente algo más lejos—: ¡Amanecer! ¡Rápido, rápido, rápido! .P Estaba exaltado. Dashvara suspiró. Uno de los problemas de Yuk era que a veces se le olvidaba simplemente .Sm explicar qué estaba pasando. .D So, chaval —lo tranquilizó—. Para el carro y no me pongas nervioso. Amanecer no va a ir a ningún sitio: se va a quedar pastando. ¿Qué es lo que tengo que ver? .P Yuk resopló, como si fuera evidente. .D ¡Pues a quién va a ser, a la Arazmihá! Ha llegado al lago. Y no viene sola. .P Fue como si le hubieran golpeado la cabeza con un martillo y al mismo tiempo le hubieran enseñado un paraíso. Una oleada de estupefacción, prisas, alegría e inquietud invadió a Dashvara. Pero… pero si aún quedaban dos semanas para… .D ¡Liadirlá! —exclamó con voz trémula—. Yuk… chaval… quédate aquí y cuida del rebaño, ¿quieres? Que no se te escape ni una, no hace falta que las esquiles, ya lo haré yo luego, y ni se te ocurra subirte a Rócdinfer mientras no esté aquí, ese semental tiene mal genio y no está listo, y si no vuelvo antes de que anochezca… .D Los disperso a todos gritando y le prendo fuego a la yurta —replicó Yuk con una ancha sonrisa burlona—. Descuida, Dash, si yo he estado cuidando rebaños desde que sé ponerme en pie. .P Dashvara asintió poniendo los ojos en blanco y le lanzó, igual de burlón: .D No te olvides de rezar, alma infiel, o la Arazmihá te castigará. Pero, dime, sólo una cosa. ¿Yira está bien, verdad? .D De maravilla —aseguró Yuk. Y lo siguió mientras Dashvara se alejaba ya del rebaño con prisas para ir a buscar al Argénteo. El caballo no lo había montado desde hacía ya días y estaba en mejor forma que Amanecer. Detrás de él, el chaval soltaba—: ¡Por cierto, no se me tiene que olvidar el jarro de leche para Okuvara! ¿Todavía no ha llegado? Es que dijo que hoy Tsu no le daría lecciones y que se pasaría por aquí para enseñarme a tocar la flauta. Tú no sabes todo lo que le enseña Tsu. Una pasada. ¡Eso de la magia es más raro…! No sé cómo se le quedan tantas cosas en la cabeza. ¡Y por cierto! —agregó alegremente—. El capitán me ha pedido que me callara sobre algo porque si no a lo mejor te caes del caballo. .P Dashvara le echó una ojeada fruncida. Dudó en pedirle explicaciones, pero entonces decidió simplemente armarse de paciencia, se subió a Argénteo y lanzó: .D Un Xalya nunca se cae del caballo. Y, si se cae, lo hace aposta. .P Sonrió y alzó la mano hacia Yuk a modo de saludo antes de poner el caballo al trote rumbo al noroeste. .P El gran lago no estaba a más de una hora de donde se encontraban y la ruta era sencilla: para llegar, bastaba con ir río abajo. Más de un Honyr había desertado ya Faorok hacia el sur en busca de pastos nuevos, pero la mayor parte del clan seguía instalada alrededor del gran lago y junto al río. Aún quedaba nieve en las montañas más bajas de Esarey pero, abajo, había fundido toda. Como resultado, la estepa se había convertido en un mar de olores y colores: flores de todo tipo la cubrían como un manto, blanco, azul, amarillo, rojo… Era un verdadero espectáculo. En comparación con las tierras de Xalya, aquella región era pura vida. Era otra estepa. Y una estepa más amigable, sin duda. .P Dashvara hizo el trayecto hasta el lago volviendo a ver en su mente los ojos negros y sonrientes de su naâsga, su cabello tan blanco como las nubes que se deslizaban aquel día en el cielo, su rostro sobrenatural, vivo y mágico, y volvió a oír su voz suave y alegre como si tuviera ya a la pequeña sursha entre sus brazos. Se moría por verla. Aún no sabía qué locura lo había llevado a aceptar con tal tranquilidad la decisión de Yira de quedarse en Aralika durante el invierno. Por más que le hubiera dado vueltas, no había encontrado razón alguna por la cual Yira hubiera preferido quedarse más tiempo con los Esimeos. Había soportado con impaciencia e irritación los intentos de Makarva por hacerlo interesarse por Ladli, la nieta de Shire… Dashvara había acabado por entender que sus hermanos pensaban que la sursha no volvería. Por supuesto, no les había hecho caso. Y había tenido razón, puesto que Yira ni siquiera había esperado a que Dashvara fuera a buscarla, sino que había viajado hasta Faorok antes de la fecha acordada. Dashvara sonrió. Su corazón no había dudado un solo segundo de que volvería a verla. .P El lago de Faorok estaba rodeado de árboles. Formaba una curiosa frontera entre el Desierto Rojo y la estepa. De un lado, se extendía un terreno irregular de roca rojiza punteado de peñascos infranqueables. Y del otro lado… estaba el hogar de los Xalyas. .P Saludó en la distancia a más de un Honyr y rodeó más de un rebaño antes de avistar un grupo de jinetes que cabalgaba hacia el sur. El corazón de Dashvara se paró un segundo antes de ponerse a latir con más fuerza. Cuanto más se reducía la distancia, más se iba pronunciando su sonrisa. Entre los jinetes, reconoció a su naâsga y ya fue incapaz de interesarse por los demás. Vagamente, supo que la acompañaban el capitán, Atok y varios Esimeos, pero eso fue todo. Sus ojos devoraban la silueta de la sursha. Finalmente, se apeó, los demás recorrieron los últimos pasos y… entonces vio la pequeña criatura atada a Yira con un lienzo blanco. El asombro lo llenó todo entero. Sin pronunciar palabra, la ayudó a apearse con el corazón desbocado. Su mirada iba y venía de los ojos sonrientes de Yira a la pequeña criatura que dormía profundamente contra ella. Al cabo, la sursha emitió una risa ahogada y ligeramente nerviosa. .D ¿Se te ha congelado la lengua, Dashvara de Xalya? .P Este resopló y se sintió un idiota feliz cuando preguntó: .D Es… ¿es nuestro, verdad? .P Yira se carcajeó. .D Es nuestra hija —afirmó. .D Nuestra hija —repitió Dashvara, sonriendo anchamente—. Liadirlá, es… es tan maravilloso —murmuró. .P No le preguntó, en ese momento, por qué había querido permanecer en Aralika durante el invierno. Tampoco le preguntó cómo es que había podido nacer una hija en menos de nueve meses. Ya la acribillaría a preguntas luego. En ese momento, se contentó con cogerlas a ambas entre sus brazos, besó la coronilla de su hija y le besó la frente a su naâsga largamente antes de murmurar: .D Ayshat, naâsga. Ayshat por haber vuelto. .P Finalmente, consciente de la presencia de los demás, se preguntó qué diablos estaban mirando, alzó la cabeza y los vio a todos sonrientes. Puso los ojos en blanco. .Bpenso Muy contentos ahora, pero bien que me habéis intentado proponer a otras naâsgas durante el invierno, hermanos… .Epenso .P Entre ellos, además de Zorvun y Atok, estaban Kodarah, Sirk Is Rhad, Atsan Is Fadul y Shokr Is Set. Pero no sólo había gente de su clan. También había un titiaka, probablemente el que llevaba el famoso contrasello, así como dos Esimeos: un sacerdote y… ¿Ashiwa de Esimea? Pero no fue la presencia del hermano de Todakwa lo que lo dejó boquiabierto. Cuando vio a la joven mujer que sonreía desde lo alto de su montura, se apartó suavemente de Yira, alucinado. No iba vestida con los lujosos vestidos titiakas sino con una simple túnica blanca y una gruesa capa estepeña, pero era sin duda la misma. Antes de que dijera nada, Fayrah desmontó de un salto y afirmó: .D Tenías razón, sîzan: Lanamiag Korfú era un idiota. Cuando se enteró de que Atasiag había encubierto a una nigromante, me acusó de ser una bruja, el muy estúpido, amenazó con repudiarme e incluso me confesó que había mandado asesinarte. Un idiota —afirmó—. Así que Padre me pagó el barco para Dazbon y me quedé unas semanas viviendo en una casa muy hermosa y visité a Zaadma y Rokuish y sus trillizas, son adorables, y la gente ahí es muy amable pero… En ningún sitio se está mejor como en casa —confesó en un murmullo—. Así que regresé a la estepa y… bueno, estos meses he estado pensando mucho, sîzan. Espero… espero que me perdones. Yo sólo creía seguir mi Ave Eterna. .P Dashvara meneó la cabeza, sonriente. .D No sabes cuánto me alegro de que estés de vuelta, sîzin. No hay nada que perdonar. Sólo puedo decirte… bienvenida de vuelta a tu clan. .P Le besó la frente con dulzura y pensó: .P .Bpenso Lo único que se os ha olvidado traerme es a Lusombra, Esimeos. Pero supongo que no todo puede ser perfecto. .Epenso .P Entre hermanos y Esimeos, intercambiaron novedades. Al parecer, los Shalussis seguían teniendo riñas entre ellos y los Esimeos no se molestaban en solucionarlas. Se decía que Lifdor de Shalussi se había hecho bandido. .D Extraña afición para un hombre tan honorable —se burló Dashvara. .P Nadie tenía noticias de los Akinoa: desde que habían recobrado la libertad, se habían ido hacia el norte y no parecían tener intenciones de volver. El capitán comentó: .D Y el joven Kodarah parece querer hacer lo mismo. Dice que se va a ir de aquí a vivir aventuras por el este con Api y Tahisrán a buscar no sé qué niña mágica. Se nos va a convertir en un cazador de leyendas —dijo con burlón orgullo—. Miflin ya está componiendo una oda heroica en su honor. .D Hago lo que quiero con mi vida, capitán —protestó el Pelambrudo. .D Por supuesto, chaval —aseguró el capitán—. No seré yo quien te impida seguir tu Ave Eterna. .P Dashvara no pudo evitar mirar a Kodarah con sincera sorpresa. No hubiera imaginado que al Pelambrudo le saldría la vena aventurera. Él mismo tenía intenciones de viajar al monte Bakhia aquel verano, en cuanto sus rebaños se acercaran algo a él, pero ¿irse a vivir aventuras a las tierras del este, después de todo lo que le había costado volver a la estepa? Y un infierno. Kodarah, sin embargo, era más joven y se moría por ver más mundo, por lo visto. .D ¿Cuándo os vais? —preguntó. .D Dentro de dos semanas —respondió Kodarah con ánimo—. Cruzaremos el Desierto Rojo para el Reino de Deygat, en Iskamangra. Y luego cruzaremos todo el imperio y llegaremos a la Tierra Baya. E iremos hasta la República del Fuego. De ahí viene Tahisrán, así que no nos perderemos. Y lo mismo nos encontramos con esa ternian… Shaedra. Ella nos ayudará a buscar al hada. Bueno, a la niña. No será fácil encontrarla, Zamoy dice que estoy majara… pero es igual, me voy con ellos —afirmó. .P Su voz vibraba de emoción anticipada. Dashvara no pudo más que desearle suerte y buen viaje. Tenía la impresión de que no le volvería a ver al Pelambrudo hasta dentro de mucho tiempo pero, como decía Namamrah, cada Ave Eterna abre su propio camino en el ancho cielo de la vida. .P Dashvara asintió para sí, marcó una pausa contemplativa y giró los ojos hacia Yira y su hija. Las observó un instante antes de decidir que deseaba ya estar solo con ellas y poder hablar largo y tendido y saborear su presencia y colmar el vacío que había provocado la ausencia de su naâsga… Su impaciencia aumentaba con cada segundo que pasaba, así que, señalando con el pulgar la dirección sur, apuntó: .D Tengo ovejas que esquilar, hermanos. Nos vemos pronto para ponernos el contrasello y tal… .P Las despedidas se hicieron rápido y en un alboroto tranquilo de voces. Fayrah aseguró que prefería quedarse junto al lago y que Shire Is Fadul había propuesto hospedarla. Cuando los jinetes se alejaron, Dashvara volvió a coger a Yira entre sus brazos y, tras bajar la mirada hacia la pequeña criatura y admirarla unos instantes, embelesado, preguntó: .D ¿Qué nombre le has puesto? .P Yira hizo una mueca inocente. .D Nació de noche, así que… le puse Zrifa. Significa noche en la lengua de mi tierra. .P Zrifa acababa de despertarse y de abrir los párpados. Un destello rojizo brilló en sus ojos negros. Dejó escapar un arrullo. Dashvara sonrió, enternecido. Yira murmuró: .D Ha nacido pequeña pero fuerte. Supongo que siendo su madre una sursha no podía nacer más grande. Las surshas dan a luz antes que los humanos, pero Zrifa realmente se ha adelantado. Por lo visto se moría de ganas de ver a su padre —sonrió. Se mordió el labio y, poniéndose seria, confesó—: Temía que no pudiera dar a luz a nada vivo. Era uno de mis mayores temores y en cuanto supe que… Bueno. Preferí quedarme en el Templo. Daeya y Fayrah me han sido de mucha ayuda durante estos meses. Y Atasiag me mandó todo tipo de regalos. Al parecer Kuriag lo ha contratado como Gran Consejero. .P Dashvara la contemplaba, bebiendo de sus palabras. Terminó sonriendo. .D Sin duda le hace falta a Kuriag un buen consejero para que no se lo coman vivo los civilizados. .P Callaron. Un viento fresco barría la estepa arrastrando con él el perfume de las flores, la arena del Desierto Rojo y el sonido lejano de unos balidos. Entonces, Yira apuntó con diversión: .D ¿No tenías que esquilar unas ovejas? .P Dashvara asintió con energía. .D Claro. Sí. Es verdad. Pero no hay prisas. Te enseñaré la yurta, es un poco austera de momento, pero ya se irá arreglando. Yuk vive conmigo. Espero que no te moleste. Es un muchacho estupendo. Liadirlá, ya sé lo que voy a hacer. Me sobran unos maderos. Voy a hacerle una cuna a Zrifa en cuanto lleguemos. —Marcó una pausa—. ¿Puedo cogerla? .P Tomó la pequeña potrilla entre sus brazos. Esta se había vuelto a dormir. Dashvara prefería no preguntarle a Yira por sus temores, puesto que estos ya no existían. No quería ya pensar en el pasado: lo único que le importaba era saber que su Ave Eterna volaba en paz y no volaba sola. .P El camino de vuelta a casa lo pasaron hablando de todo y de nada. Les anocheció antes de llegar y Dashvara echó una mirada ensimismada a las estrellas y la Constelación del Escorpión. Entonces, oyó a Yira inspirar suavemente, bajó la vista y se fijó en la nube de alurhiás que acababa de pasar junto a ellos. Esta revoloteó alrededor y, de pronto, aparecieron mariposas de luz y las alurhiás se alejaron un poco antes de volver. Dashvara puso los ojos en blanco al ver cómo Yira jugaba con ellas. Cuando vio unas luces posarse sobre él, meneó la cabeza y protestó: .D No vale. Son armonías, no alurhiás de verdad. .P Yira sonrió. .D Te juro que las que se te han posado no son mías. .P Dashvara le puso cara escéptica y, cuando Yira se puso a resoplar para quitarse a los insectos, rió de buena gana. .D Son mensajeras de paz, naâsga. No hacen daño, al contrario. Simplemente te están bendiciendo. .P Ahí, Yira resopló ruidosamente. .D Ya he tenido bastantes bendiciones para toda la vida, Dashvara de Xalya —gruñó—. Quítame estos bichos de encima. No quiero que se le acerquen a Zrifa. .P Dashvara se carcajeó e hizo lo posible para espantar a las alurhiás antes de retomar la marcha hacia la luz lejana de la yurta. Hacia su hogar.