.\" ------------------------------------------------ .\" Los Pixies del Caos: Los Ragasakis | Tomo 1 .\" ------------------------------------------------ .Ch "Prólogo" .\" 16/01/2019 .Sm Subterráneos, año 5621: Drey, 9 años; Yánika, 4 años. .D .Bdia Hermano, hermano, ¡mira los kérejats! .Edia .P Dejé de arrancar hierba azul y alcé la cabeza. Un enjambre de esas mariposas de luz revoloteaba junto a las hojas plateadas de los árboles-perla y acababa de rozar las trenzas de mi hermana arrancándole a esta una expresión de felicidad. Los kérejats se alzaron entonces hacia lo alto de la caverna, alejándose. .D .Bdia ¡Se van! .Edia se decepcionó Yanika. .P Me levanté con una sonrisa traviesa. .D .Bdia Qué se van a ir, .Edia le dije. .P Y alcé las manos para soltar un sortilegio órico. No fue del todo fácil, porque mi viento tenía que rodear los kérejats para traerlos de vuelta pero… lo hice por mi hermana, que quería ver otra vez los kérejats pasar junto a ella. Una corriente de aire surgió, se alzó con rapidez, se curvó y cortó en dos el enjambre, obligando a la mitad a cambiar de trayectoria y volver hacia abajo. .D .Bdia ¡Oh! .Edia se maravilló Yánika viéndolos pasar de nuevo junto a ella como lucecitas fantásticas, y me reprochó: .Bdia ¡Los has cortado en dos! .Edia .P Me reí al notar su incomprensión. .D .Bdia ¡He cortado el enjambre, no los kérejats, Yani! Ya se volverán a unir. ¿Ves? Los otros han dado media vuelta. No son tontos. No olvidan a los compañeros. .Edia .P Observamos los dos juntos cómo los insectos fosforescentes se reunían en un solo enjambre y se alejaban hacia el lago emitiendo un suave zumbido. Una hermosa calma reinaba en el pequeño bosque luminoso. .salto .Sm Año 5624: Drey, 12 años; Yánika, 7 años. .P Era el Día de Paz y toda la aldea del Templo del Viento se había reunido en la plaza para festejarlo. Los pastores habían dejado sus colinas y sus rebaños; los cultivadores, sus campos de drimis. Junto con los peregrinos y monjes, observaban ahora a una mujer abatida sentada en el escenario. .P Como casi todos los años, los actores representaban una obra para festejar el fin de la Guerra de la Contra-Balanza que había sacudido toda Dágovil hacía ya treinta años. Sólo que hoy habían elegido una particularmente dramática que hablaba de una joven drow separada de su pareja por la guerra. Acababa de oír un terrible rumor: su esposo había muerto a manos de los rebeldes. Fundido en la muchedumbre espectadora, le eché una mirada inquieta a Yánika de soslayo. La conmoción en su aura mágica iba creciendo con rapidez. Si hubiese sabido… .D .Bdia ¡Ay de mí! .Edia exclamó la actriz torciendo el gesto con un grito desgarrador. .Bl -t verse .It ¡Ay de mí! ¿Si será cierto? .It Él no ha vuelto… ¿y está muerto? .It Él al que dije «por siempre .It te amaré»… ¿muerto? Está… ¡muerto! .El .P Sentí una oleada de tristeza crecer a mi alrededor. .Sm Attah … Yánika tenía los ojos llenos de lágrimas. La actriz seguía declamando su queja condenando la guerra y mesándose los cabellos. Y noté cómo varios espectadores a nuestro alrededor parpadeaban y se sorbían la nariz. Hasta el zapatero de la aldea, que era un hombre amargado, se pasó la manga por los ojos. Ante un sollozo bien teatralizado de la actriz, el aura de Yánika se convirtió en una masa densa de patetismo. Mi Datsu, el sello tatuado que todo Arunaeh llevaba en su rostro, se liberó solo, atenuando el sentimiento de tristeza que me invadía. Pero los demás espectadores no eran Arunaeh. No tenían un Datsu para protegerlos de los excesos: a ellos el aura de mi hermana los afectaba de pleno. Y tan metidos estaban en la obra teatral que ni se daban cuenta de que aquello se había convertido en un valle de lágrimas. La gente sollozaba con la actriz… y hasta los sollozos de esta última parecían cada vez más realistas. .P Alcé la mirada hacia las lejanas estalactitas haciendo una mueca. La luz de las piedras de luna iluminaba toda la caverna. .P Por Sheyra… Si no hacía nada, los monjes iban a acabar por caer en la cuenta. Y, ya que le habían prohibido a Yánika comer en el refectorio del templo, no me apetecía que le recordasen que tener un aura que afectaba los sentimientos de los demás no era normal. Sabía que a Yánika le dolía pensar que no la aceptaban por su rareza… .P Me incliné hacia Yánika murmurándole: .D .Bdia Hey, Yani. Contigo al lado, no hace falta ni tener buenos actores para conmover al público. .Edia Los ojos negros de mi hermana se desviaron, brillantes, y agregué con ligereza: .Bdia ¿Te has fijado? Esa actriz ni siquiera necesita la drimi que tiene metida en la manga para llorar. Si supieran… te contratarían hoy mismo. .Edia .P Confundida, mi hermana miró a su alrededor. Y se sonrojó. Sentí un cambio brusco en su aura. El zapatero frunció el ceño y carraspeó echando miradas incómodas a sus vecinos. Debió de consolarse al comprobar que las mejillas de todos los presentes estaban empapadas como si se hubiesen dado un chapuzón en el lago. Sonreí anchamente. Hora de cambiar las cosas, pensé. Entonces, la actriz se levantó clamando, sorprendida: .P .Bl -t verse .It ¿Mas qué oigo? ¿Una voz? ¿Quién será? .El .D .Bdia ¡Soy la abuela Anatha! .Edia solté en voz baja y profunda, burlón. .P Nada más imaginarse a nuestra severa abuela paterna llegando a casa de la amante desconsolada, Yánika resopló, sofocando una risa. Haciendo aspavientos, la actriz exclamó: .P .Bl -t verse .It ¡Si será mi amado esposo! .El .D .Bdia Que no, que soy la abuela Anatha, .Edia protesté teatralmente en un murmullo. .D .Bdia ¡Hermano…! .Edia .P Yánika se puso a reír de buena gana, cargando su aura de buen humor. Al subir el esposo al escenario, el público sonreía o reía según los casos. Por suerte, el cambio de humor no vino tan mal al caso, pues de hecho el amado esposo había sobrevivido a la guerra cruel. Pero el ambiente en el público, más burlón que aliviado, estropeó un poco el efecto de la obra. .Bl -t verse .It ¡Vivir, amar, morir y ser amado! .It ¡Nunca derramen sangre los hermanos! .It Por el perdón de nuestro arduo pasado .It ¡construyamos la paz con nuestras manos! .El .P Los actores salieron todos al escenario alzando los brazos para marcar el final. Le dije a mi hermana: .D .Bdia ¡Si te ha gustado, aplaude fuerte! .Edia .P Aplaudió fuerte, y no sólo con sus pequeñas manos: también lo hizo con sus sentimientos, de tal forma que los espectadores ovacionaron a los actores con una energía redoblada tal vez nunca vista para una obra de una simple tropa ambulante. .P Sonreí anchamente ante el estruendo de aplausos que retumbaba en la caverna. Entonces, me crucé con la mirada sospechosa de un Monje del Viento, puse los ojos en blanco y, cogiéndole de la mano a Yánika, la estiré suavemente. .D .Bdia ¡Mientras aplauden, vayamos a comprar un buñuelo! .Edia .P Los buñuelos del Día de Paz llevaban mucho chocolate, un producto particularmente caro en los Subterráneos. Los ojos de mi hermana se iluminaron de deleite anticipado. Al pasar por delante de un grupo de monjes, vi cómo nos seguían sus miradas prudentes. .Sm Mar-háï… Por lo visto, había cada vez más monjes al corriente de los poderes de Yánika. Sólo esperaba que esas miradas no molestaran demasiado a mi hermana pues, aunque era Arunaeh, el sello bréjico de la familia, su Datsu… no la protegía como a mí. .salto .Sm Año 5625: Drey, 13 años; Yánika, 8 años. .D .Bdia Hermano, hermano, papá está enfadado conmigo. .Edia .P Dejé la pluma y mis cálculos y protesté: .D .Bdia Imposible. Un Arunaeh nunca se enfada. Además, nadie puede enfadarse contigo. .Edia .P Hubo un silencio. .D .Bdia Pero… los monjes no me quieren. Si no me hubiese asustado, el anobo no se habría vuelto loco y el mensajero no se habría caído de la silla… .Edia .D .Bdia ¿Quién dice eso? .Edia .D .Bdia Un monje. Ha dicho que el mensajero se ha marchado en una litera esta mañana. Padre dice que lo enviaba un cliente importante del templo… He hecho algo mal, ¿no, hermano? .Edia .P Mis labios temblaron. Su tristeza y confusión se me hincaban en el cuerpo como dagas de hielo. Inspiré y, determinado, me levanté. .D .Bdia Yánika. Tú no hiciste nada malo. El mensajero te asustó antes al cabalgar a toda prisa hacia ti sobre su anobo. A cualquiera le asustaría ver a un cuadrúpedo reptiliano de quinientos kilos venírsele encima. Fue un accidente, eso es todo. Quienes se enfaden por eso no merecen tu atención. .Edia Los ojos de Yánika se llenaron de lágrimas. Fruncí el ceño. .Bdia Créeme… .Edia .P Con gravedad, posé ambas manos sobre sus hombros y hundí mis ojos en los suyos, negros como dos perlas nocturnas. .D .Bdia ¿Te resultaría de algún consuelo saber que, piensen lo que piensen los demás, tu hermano siempre te protegerá y te querrá? .Edia .P Hubo un silencio. Entonces una enorme sonrisa iluminó su rostro infantil. .D .Bdia 'rmano, 'rmano, .Edia gorjeó, enseñando todos sus dientes. .D .Bdia ¿Qué, Yani? .Edia .P Me saltó al cuello. .D .Bdia ¡Te quiero! .Edia .P Sonreí. Dejé que arrastrara todo atisbo de tristeza o inquietud en mí y la abracé con suavidad, apartando sus trenzas rosáceas de mis ojos. Su aura estaba cargada de un sentimiento fuerte y caluroso. Mi Datsu titiló, pero no se liberó. Sentirse feliz no tenía nada de malo. En ese momento, adopté su sentimiento como el mío. Otros dirían que mi hermana me lo estaba imponiendo, pero yo no lo veía así. Sus sentimientos también eran los míos. Ella no los controlaba. Y si a veces su poder podía causar desgracias… si Madre había sufrido… .Sm mar-háï , no era culpa suya. .P Si tan sólo los monjes del Templo del Viento pudieran entenderlo. .salto .Sm Año 5626: Drey, 14 años; Yánika, 9 años. .D .Bdia Hermano… Hermano. ¿Por qué estás triste? .Edia .P Su pequeña silueta destacaba en el marco iluminado y su sombra se alargaba en el cuarto sombrío. Se acercó y se agachó ante mí. Me miró, parpadeando con sus grandes ojos negros. Su boca enseñaba una fina curva afligida. .D .Bdia Yánika… .Edia Suspiré y, cruzándome de piernas, le dediqué una sonrisa. .Bdia Me alegro de verte. .Edia .P Ella sonrió. Pero pronto frunció el ceño, tendió una mano hacia la mía y observó durante un momento los moratones. .D .Bdia Hoy he entrenado mucho, .Edia expliqué. .P Asintió. Enseñó una de sus trenzas. .D .Bdia Yo también, .Edia dijo. Sonrió de nuevo. .Bdia Se me deshizo y la he vuelto a hacer. .Edia .D .Bdia ¿En serio? ¿Solita? .Edia .D .Bdia Mm, .Edia confirmó. .D .Bdia Sigo prefiriendo como las hago yo, .Edia dejé escapar con una mueca burlonamente engreída. .D .Bdia Entonces, vuelve a hacerla, .Edia me pidió animadamente, tendiéndome la trenza. .P La recogí y, mientras ella se recostaba contra mí con los ojos cerrados, me dispuse a deshacer su trenza y volver a hacerla. Al de un silencio, preguntó: .D .Bdia ¿Estás triste por papá? .Edia .P No contesté enseguida. No era por mi padre. Era por mi hermano. Lústogan era doce años mayor que yo, había pasado la iniciación hacía tiempo, era un gran celmista órico y, hasta hacía cuatro semanas, se había encargado de mi educación y mis entrenamientos. Quería hacer de mí un destructor de élite. Decía que tenía un gran potencial y que hasta podía acabar liderando la Orden del Viento pero que tenía que trabajar muy duro. Y eso llevaba haciendo desde que tenía memoria. Hacía estallar roca, calculaba las fuerzas, manejaba el aire… bajo la estricta supervisión de mi hermano mayor. .D .Bdia Lústogan está siendo perseguido por la Orden, .Edia dejé escapar tras un silencio. .Bdia Ha robado el Orbe del Viento. Y se ha marchado sin decir adiós. .Edia .P Yánika abrió un ojo y frunció su pequeña nariz. .D .Bdia Hermano. ¿Qué es el Orbe del Viento? .Edia .P Terminé la trenza rematándola con el anillo de oro, y pasé una mano por su cabeza mientras contestaba: .D .Bdia Es la reliquia más valiosa del Templo. No sé por qué lo ha hecho, pero debe de tener una razón. Lúst no hace nunca nada sin una razón. Aunque ponerse a todos los Monjes del Viento en su contra… es una idea de locos. .Edia Meneé la cabeza. .Bdia Ya has visto a Padre: tiene el Datsu más desatado de lo normal. Sin eso, seguro que estaría realmente furioso. Lústogan ha acabado con la reputación de nuestra familia en la Orden. Pero no debes preocuparte, .Edia le aseguré. .Bdia Lústogan… estará bien. No lo pillarán. .Edia .P O al menos quería creerlo. Lústogan nunca se había comportado conmigo como un hermano entrañable. Siempre me miraba como a un discípulo, como a una espada que había que afilar. Sin embargo… era mi maestro y un miembro de mi familia. Y era, con Yánika, la única persona con la que me había relacionado realmente en toda mi infancia. .P No quería perderlo. .salto .Sm Año 5627: Drey, 15 años; Yánika, 10 años. .D .Bdia Hermano… .Edia .P La voz de Yánika se quebró. Alarmado, desvié la mirada de las drimis que estaba haciendo estallar en pedazos para la comida. Desde la traición de Lústogan, Padre nos había hecho mudarnos a una pequeña casa cerca del templo antes de desaparecer a su vez en busca de Lúst. Yánika entró con los ojos bañados de lágrimas. Era tan raro verla llorar que enseguida abandoné lo que estaba haciendo y me precipité hacia ella. .D .Bdia ¿Qué ocurre? .Edia la urgí. .P Yánika parpadeó. .D .Bdia Hermano… .Edia repitió. Me abrazó. .Bdia No quieren que vaya al Templo. Mafisa me ha dicho que no vuelva. Me ha dicho que estaba maldita. .Edia .P Mafisa Jadlem era la hermana del Gran Monje. Que lo dijera ella me dejó clara la situación. El Templo nos desterraba. Me dolió algo en el orgullo no haber decidido marcharme antes de que ellos me echaran de ahí. ¿Habría pasado algo nuevo? ¿Tendrían noticias de Padre o de Lústogan? Siempre podía preguntar, pero dudaba que me contestaran. .D .Bdia Yánika. No te preocupes, .Edia le dije. .Bdia Esto no tiene nada que ver contigo. Ahora no eres la única maldita para ellos. Todos los Arunaeh estamos malditos. .Edia .P Me crucé con sus ojos y sonreí, enarcando las cejas. .D .Bdia Alégrate. Vamos a dejar atrás a esos monjes gruñones y no volverás a ver a Mafisa. Nos vamos de viaje tú y yo. ¿Qué te parece? .Edia .P Yánika agrandó los ojos y las comisuras de sus labios temblaron hacia arriba. .D .Bdia ¿Lo dices en serio? .Edia .D .Bdia Muy en serio, .Edia aseguré. .P La vi sonreír, fruncir el ceño y objetar: .D .Bdia Pero hay muchos viajeros que mueren por los monstruos. .Edia .P Erguí la cabeza. Huh. Eso era cierto pero… Suspiré y alcé una mano diciendo: .D .Bdia Te prometí que te protegería, ¿recuerdas? Si hay un monstruo en el camino, tu hermano lo reventará en mil pedazos bajo una lluvia de rocas. Una promesa no se rompe. .Edia .P Sus ojos resplandecieron de ánimo. Rió y puso su mano contra la mía. .D .Bdia ¡Te creo, hermano! .Edia .P Mi sonrisa se ensanchó y, regresando junto a la mesa, anuncié con ligereza: .D .Bdia Drimis y tugrines en caldo de rasela para la cena. ¿Qué me dices? .Edia .P La vi poner cara cautelosa. .D .Bdia ¿No han sobrado pastas? .Edia .P Gruñí y exploté una drimi en mi puño. .D .Bdia ¡Las verduras son buenas para la salud! Verás qué ricas me quedan esta vez, .Edia afirmé. .P La vi suspirar largamente. Su aura llena de dudas casi me hacía dudar a mí. Pero vamos, mascullé, algo molesto. Ni que cocinara tan mal… .salto .Sm Subterráneos, Donaportela, año 5629: Drey, 17 años; Yánika, 12 años. .D .Bdia Hermano… .Edia me llamó Yánika alzando los ojos negros de su libro. .Bdia ¿Quieres jugar a los dados? .Edia .P Me limpié la frente sudorosa. .D .Bdia Ahora no puedo, Yani: tengo que acabar esto. .Edia .P Yánika asintió y, cerrando el libro, se acercó a la pared que estaba destruyendo para ampliar la casa de unos burgueses. Dio una vuelta sobre sí misma. .D .Bdia Ahora es tan grande como la capilla del templo, .Edia observó, admirativa. .Bdia ¿Me enseñarás a hacerlo? .Edia .D .Bdia Ni hablar, .Edia le repliqué, alzando un índice con calma inflexible. .Bdia Demasiado peligroso. Además, yo no valgo para maestro. .Edia Me puso cara mohína, pero la ignoré y posé la mano contra la pared medio partida. Marqué una pausa. .Bdia Oye, Yánika. .Edia .D .Bdia ¿Qué? .Edia .P Dejé caer la mano y me giré hacia ella. .D .Bdia ¿Te gustaría que cambiáramos de ciudad? .Edia .P Llevaba dos años y medio aceptando trabajos diversos, yendo de aldea en aldea. Cinco meses atrás, habíamos llegado a la poblada villa de Donaportela junto a un enorme lago. La ciudad era agradable, había incienso y linternas por todas partes y estaba bien protegida de los monstruos. Sin embargo… no acababa de sentirme a gusto. .P Vi a Yánika parpadear, sorprendida. .D .Bdia ¿Quieres seguir viajando? .Edia .D .Bdia Ajá. .Edia .P Puso cara curiosa. .D .Bdia ¿Y adónde iremos? .Edia .P Me metí las manos enguantadas en los bolsillos, meditativo. .D .Bdia No lo sé. ¿Adónde quieres ir? .Edia .P Yánika alzó la cabeza, mordiéndose un labio con expresión concentrada. .D .Bdia Mm, .Edia caviló. .Bdia Yo… Mm… .Edia .P Esperé, haciendo un repaso mental de la geografía que había aprendido en el templo. Realmente no sabía qué lugar elegir. Todos me parecían demasiado… sombríos. .D .Bdia ¡Ya sé, hermano! .Edia exclamó entonces Yánika, alzando el brazo con una gran sonrisa. .P Enarqué una ceja. .D .Bdia ¿Sí…? .Edia .P Me fijé en el índice insistente que señalaba el techo y, por un instante, me quedé atónito. Me recobré, resoplando de lado. .D .Bdia Pffff… ¿Bromeas? ¿La Superficie? Déjate. Dicen que está lleno de mentecatos abrasados por el sol. .Edia .D .Bdia ¡Hermano…! Eso sólo son cuentos, .Edia objetó ella. .Bdia Quiero ver el sol. En el libro dicen que lo ilumina todo y que calienta la piel. .Edia .P Sus ojos negros brillaban. Hacía tiempo que no los veía brillar de esa manera. Disimulé una sonrisa mascullando: .D .Bdia Baj… Eso me pasa por comprarte libros raros. Está bien, .Edia me rendí, revolviéndole las trenzas con cariño. .Bdia Vayamos a ver el sol. .Edia .P Yánika sonrió con todos sus dientes. .D .Bdia ¡Mm! .Edia apoyó con firmeza. .Bdia ¡Vayamos a ver el sol! .Edia .P .Bpenso Aunque… tú me lo muestras todos los días, .Epenso pensé. .P Me giré hacia la pared para ocultar vanamente mi emoción. La felicidad de Yánika fluía en el aire como un torrente. .Ch "El sueño" Dolor y rabia sin límites. Sangre en mis manos. Una descarga. Incomprensión. Y una vocecita que decía: no llores, te están curando, no llores, no recuerdes… .P Me debatí en el sueño. Mis ojos se agrandaban, desorbitados, mi corazón latía, desbocado, mi mente amenazaba con estallar. Sobre mí, la máscara blanca tendió una mano armada hacia mi cuello… Iba a matarme. Iba… .P Desperté en un sobresalto con el Datsu desatado en la habitación que compartía con mi hermana en Donaportela. Pese a que mi sello controlaba mis sentimientos y los calmaba, mi respiración seguía siendo rápida y tardé un buen rato en serenarme por completo. .P Me pasé una mano por la frente sudorosa. .Sm Attah… Ese sueño… Hacía tiempo que no lo tenía. Me dejaba siempre con un extraño resabio, no sabiendo muy bien qué pensar de esas emociones extremas que se apagaban y se perdían casi en el olvido en cuanto retomaba consciencia. .P Me recosté de nuevo contra la colchoneta con las manos detrás de la cabeza espirando con suavidad en el profundo silencio. Entonces me fijé en que Yánika respiraba también de manera irregular y que su aura rezumaba desasosiego. Por Sheyra, nada de extrañar que yo también hubiera tenido una pesadilla… Con una mueca medio burlona medio inquieta, me levanté para ir a posar una mano tranquilizadora sobre la mejilla de mi hermana pequeña. No despertó, pero para alivio mío su aura se calmó y ella no tardó en sumirse en un sueño sereno. Bostecé, y sonreí recordando que mañana tocaba ponernos en marcha hacia la Superficie. .P ¿Cómo sería el sol? ¿Y el cielo? ¿Y las nubes? .Ch "La caja del imp" .\" 17/01/2019 Los vagones avanzaban sin sobresaltos por los raíles. Habíamos ascendido durante horas la enorme columna desde la ciudad de Ámbarlain y ahora atravesábamos un campo azul cubierto de flores y arbolillos luminosos. Apoyados sobre el borde de nuestro vagón, Yánika y yo mirábamos, embelesados. .D .Bdia Me recuerda un poco al bosque de casa, .Edia comenté con voz queda. .P Yánika asintió. Junto al campo, se alzaban unos edificios y entendí que estábamos llegando a una aldea. Ya era la segunda desde Ámbarlain. Arrastrados por los anobos, los vagones siguieron ascendiendo hasta que se detuvieron ante una estación iluminada de linternas. Una voz fuerte anunció: .D .Bdia ¡Llegamos a Salderburu! ¡Salderburu! .Edia .P Nadie se apeó. Varias personas esperaban en el andén, mostraron sus billetes y se apresuraron a hacerse un hueco en los vagones. Tres jóvenes se subieron al nuestro. Uno de pelo azul, kadaelfo como nosotros, dejó escapar un suspiro de alivio mientras desabrochaba su capa roja y se instalaba a mi lado. Frente a él, se sentó con ligereza una pequeña faingal de cabello rubio tan largo que casi le llegaba al suelo. Sonrió agitando suavemente los pies en el vacío. .D .Bdia ¡Qué bella es la modernidad! .Edia se alegró. .Bdia En mis tiempos, para ir de Firasa a Ámbarlain, se necesitaban horas y horas de marcha… .Edia .D .Bdia Hablas como si fueras tan vieja como Shimaba, .Edia le replicó la tercera, una humana de pelo rojo. Posó una gran caja y se sentó junto a ella con desparpajo ocupando el resto del banco. Ladeó de pronto la cabeza. .Bdia Ahora que lo pienso, mi hermana y yo llevamos ya casi medio año en la cofradía y todavía me pregunto… ¿qué edad tienes? Eres tan pequeña que al principio pensé que eras una niña, .Edia se burló. .P La pequeña rubia parpadeó. .D .Bdia Oh. Ya sabes, los faingals somos pequeños. En cuanto a mi edad exacta, pues, digamos que… .Edia .D .Bdia Oh, ya veo, ¿no sabes cuándo naciste? .Edia la cortó la de pelo rojo, enderezándose con expresión solidaria. La rubia ladeó la cabeza, sorprendida, pero la otra no pareció percatarse mientras afirmaba: .Bdia A mí me pasa igual. Maldita vida, ¿eh? .Edia .P Le dio un golpe de bota a la caja sin querer y el de pelo azul se tensó y protestó: .D .Bdia ¡Sirih! Ten cuidado con eso. Con lo que nos ha costado atraparlo… .Edia .D .Bdia ¡Tranquilo! .Edia sonrió la humana de pelo rojo, tamborileando sobre la tapa con familiaridad. .Bdia Tú mismo dijiste que Praxan sabe hacer runas de calidad. Unos golpecitos no molestarán. El imp ha estado dándole más golpes por dentro. Por cierto, .Edia añadió, más seria. .Bdia He pensado que ella también debería llevarse parte de la recompensa. Sin la caja, el imp nos estaría dando el viaje. ¿Qué pensáis? .Edia .P Oí varios golpes provenientes del interior de la caja. .D .Bdia Por mí, bien, .Edia apoyó el de pelo azul sin vacilación. .D .Bdia Mm, .Edia meditó la faingal rubia, posando un índice sobre sus labios. .Bdia Me pregunto cómo conseguía el imp hacerse invisible. No eran armonías: hasta a mi perceptismo le costaba rastrearlo. Y sin embargo, cuando lo he agarrado, su cuerpo rebosaba de energías dársicas y asdrónicas. Debió de estar estabilizándolas, no hay otra explicación. Su camuflaje era casi perfecto, es increíble. .Edia .D .Bdia Lo increíble es que no me haga ni caso, .Edia masculló Sirih, dejando caer bruscamente la mano sobre la caja. La faingal alzó la cabeza, parpadeando, y Sirih añadió con un vago ademán: .Bdia Quién sabe cómo están hechas esas criaturas. Lo que está claro es que sin ti no lo habríamos pillado. .Edia .D .Bdia Las runas no durarán si las golpeas así, Sirih… .Edia carraspeó el de pelo azul. .P Sirih apartó las manos de la caja con cara inocente y preguntó: .D .Bdia Oye. ¿Hace tiempo que está Praxan en la cofradía? .Edia .P El del pelo azul asintió. .D .Bdia Unos siete años. Llevaba ya unos meses cuando entré yo. Recuerdo que de niño me invitaba a su casa a tomar infusiones de moigat rojo, incluso después de que naciera la pequeña Shaïki. .Edia .D .Bdia ¿De niño tomabas moigat rojo? ¡Bromeas! .Edia se carcajeó Sirih. Como el kadaelfo la miraba con aire sorprendido, resopló y explicó: .Bdia En Daercia, sólo toman moigat rojo los extranjeros y los ricos. Unos gramos te cuestan un ojo de la cara. Lo sé por qué yo misma robé y revendí más de una vez para mi antiguo líd… .Edia Calló de golpe. .Bdia Er… Qué importa, eso es pasado. El caso es que una vez lo probé en infusión y ¡diablos cómo quemaba! Peor que la pimienta. Tuve dolores de estómago durante días. .Edia .Bpenso ¿Pero qué cantidad se había puesto? .Epenso exclamé mentalmente, anonadado. Generalmente, se ponía una pizca… Por Sheyra, esa humana había confesado ser una ladrona y una inconsciente en unas pocas frases. Con desenfado, Sirih agregó: .Bdia Diablos, y dices que Praxan te invitaba a tomar moigat rojo… ¡Los de Rosehack sois más raros…! .Edia .P Al recostarse de nuevo en el banco, sus ojos verdes se posaron sobre mí y Yánika y pareció fijarse en nosotros por primera vez. Me di cuenta de que todo ese tiempo había estado tan entretenido siguiendo su conversación que los había estado mirando con descaro. Sirih se ruborizó un poco, incómoda, y se sentó más correctamente carraspeando: .D .Bdia Estos vagones siempre van muy llenos. .Edia .P ¿Eso acaso significaba que nosotros sobrábamos en aquel vagón? La ignoré y, poniéndome las manos detrás de la cabeza, cerré los ojos; mientras los anobos seguían tirando sobre los vagones y ascendiendo, presté atención al aire. Me enteraba de cada movimiento de este, de las ruedas que giraban sobre los raíles, de los anobos que resoplaban, de los pasajeros que respiraban. Mi órica me enseñaba todo aquello sin necesidad de concentrarse demasiado. El kadaelfo sentado a mi lado fue a quitarse la capa roja, agitando el aire… sentí la tela rozar mi brazo y creí adivinar un trazado energético. ¿Esa capa estaría encantada? Nada de extrañar tomando en cuenta que esos tres eran aventureros. Los brazaletes que llevaba la humana de pelo rojo tintinearon al moverse. La única que casi no se movía era la faingal: estaba más formal que un escribano de Tatako. Entonces, oí un golpe dado desde el interior de la caja con runas y abrí los ojos para posarlos sobre esta. .P En ese momento, Yánika preguntó en voz no tan baja: .D .Bdia Hermano. ¿Qué es un imp? .Edia .P Hice una sonrisa ladeada. .D .Bdia Una criatura pícara y pequeña que no existe. .Edia .D .Bdia Eso pensaba, .Edia confesó Yánika. .Bdia Pero entonces… ¿qué hay ahí dentro? .Edia .D .Bdia Ni idea. .Edia .D .Bdia Disculpad, pero sí que es un imp, .Edia aseguró el de pelo azul, sonriente. .Bdia O al menos así lo ha llamado un especialista de Salderburu que lo vio. .Edia .D .Bdia Pues vaya un especialista, .Edia se burló la pelirroja. .Bdia Tenía un libro de criaturas místicas. .Edia .D .Bdia Míticas querrás decir, .Edia la corregí. .D .Bdia Lo mismo. .Edia .P .Bpenso Si tú lo dices… .Epenso .D .Bdia En cualquier caso, .Edia retomó el kadaelfo de pelo azul, .Bdia el imp era tan rápido y se escondía tan bien que ya nos costó atraparlo. .Edia .D .Bdia Querrás decir que Zélif y yo lo atrapamos, .Edia precisó la tal Sirih, socarrona, y captando la viva curiosidad de mi hermana centrada en la caja lanzó: .Bdia Hey. No vamos a abrirla para enseñártelo, querida. Nos ha costado sangre y sudor meterlo ahí dentro. Y les ha vuelto locos a los vecinos de Salderburu durante semanas. Imp o no, es una criatura infernal. .Edia .P Un aura de curiosidad creciente envolvía a Yánika. .D .Bdia Creo que está triste, .Edia dijo. .P La faingal rubia se irguió sobre el banco, sorprendida. .D .Bdia ¿Triste? .Edia .P Me tensé levemente. Yánika no era tan hábil adivinando los sentimientos de los demás como lo era propagando los suyos propios en sus auras; sin embargo, siempre se había interesado por entender a quienes la rodeaban y, pese a su casi nulo entrenamiento en artes bréjicas, averiguaba a menudo con certeza el estado de ánimo de la gente. Eso no cambiaba el hecho de que se suponía que no debía evidenciar su poder ante los extranjeros. Attah… Solté: .D .Bdia Yánika. Déjalo pasar. .Edia .P La mirada de reproche que me echó mi hermana me paralizó por un instante. .D .Bdia No puedes pedirme eso, hermano. Tú mismo me dijiste que no había que dejar sufrir a nadie. Y el imp está sufriendo. Lo sé. No podemos dejarlo encerrado. .Edia .P Su voz temblaba. Sus ojos me miraban, desafiantes y esperanzados al mismo tiempo. Su aura encolerizada amenazaba con expandirse… .P Posé una mano sobre su mata de trenzas. .D .Bdia Perdón. Tienes razón. Voy a ayudarte. .Edia .P Su aura se estabilizó. Suspiré de alivio. Ahora faltaba convencer a esos tres aventureros. Me giré hacia sus expresiones suspensas y dije con calma: .D .Bdia Os compro lo que hay dentro de la caja. ¿Cuánto vale? .Edia .P La del pelo rojo tuvo un tic nervioso. .D .Bdia ¿Cómo dices? .Edia .P La faingal rubia le miraba a Yánika, parpadeando lentamente, sobrecogida. El kadaelfo de pelo azul frunció el ceño, sorprendido. Comentó: .D .Bdia El especialista de Salderburu categorizaba a los imps como criaturas oscuras… .Edia Se pasó una mano por el pelo, añadiendo con una sonrisa molesta: .Bdia No sabía que una criatura como esa pudiera sentirse triste. .Edia .D .Bdia Seiscientos, .Edia lanzó Sirih, cortándolo. Sus ojos ávidos estaban posados en mi saco abultado. .Bdia Seiscientos kétalos. .Edia .P Tragué saliva. Era casi todo el dinero en metálico que tenía ahorrado… .D .Bdia Eso son cien kétalos más que la recompensa, .Edia apuntó la faingal con tranquilidad. .Bdia ¿No estarás intentando engañarlo, Sirih? .Edia .P Esta hizo una mueca refunfuñona. .D .Bdia Noo, .Edia mintió. Y se sonrojó bajo la mirada de la rubia. .Bdia Manías de mi antigua profesión, disculpa. .Edia .P Manías de ladrona, entendí con una mueca. .D .Bdia De todas formas, no podemos entregártelo ahora, .Edia agregó la faingal. .Bdia Ese imp ha causado muchos daños. Ha arruinado huertos, averiado material, asustado a la gente y descarriló estos vagones la semana pasada. La compañía de transporte nos pidió que arregláramos el problema y para demostrarles que hemos cumplido con el trabajo tenemos pensado enseñarles a la criatura. .Edia .D .Bdia Ya veo, .Edia medité. .Bdia ¿Qué pensáis hacer con ella después de haberla enseñado a la compañía? .Edia .P Los vi a los tres hacer una mueca incómoda. .D .Bdia Yo… No lo he pensado, .Edia confesó la faingal. .D .Bdia Bueno, .Edia sonreí. .Bdia Pues en cuanto se la enseñéis a la compañía, me vendéis la criatura. De todas formas según el horario estaremos en Firasa en menos de un cuarto de hora. Yánika. ¿Te parece razonable? .Edia .P Mi hermana asintió. Su aura se había tranquilizado. .D .Bdia Me parece bien, .Edia aceptó Sirih. .D .Bdia Sin embargo, .Edia dijo la pequeña faingal, .Bdia tengo que añadir una condición. Liberaréis al imp sólo cuando estéis lo suficientemente lejos de la ciudad. No quiero que esa criatura cause problemas en Firasa. .Edia .P Una oleada de tristeza me invadió y me giré hacia Yánika, alarmado. Jamás la había visto tan afectada por una criatura. Con una mueca triste, ella murmuró: .D .Bdia Lo siento… .Edia .P .Sm Mar-háï… ¿En qué estaría pensando? ¿Sería porque estaba intentando percibir de nuevo el estado de ánimo del imp? Su aura se redujo. La estaba absorbiendo, pero eso no me inquietó menos. Inspiré. .D .Bdia Entonces, no os daré más de doscientos kétalos. .Edia .P Los ojos de Sirih se iluminaron y estaba abriendo la boca probablemente para aceptar o regatear cuando la faingal replicó: .D .Bdia Tú te encargarás de él: te lo damos gratis. Los Ragasakis no vendemos seres vivos. .Edia .P Sirih se mordió un labio. El del pelo azul me miró con curiosidad. .D .Bdia ¿Eres de los Subterráneos, verdad? .Edia preguntó. .P Asentí, relajándome. .D .Bdia Sí. De hecho, nunca hemos salido a la Superficie. .Edia .P Sus ojos grises se agrandaron. .D .Bdia ¿De verdad? ¿Nunca? .Edia .D .Bdia Vamos a ver el sol, .Edia intervino Yánika con la mirada fija en la caja. Su aura se hizo más alegre y alzó unos ojos sonrientes hacia el del pelo azul. .Bdia Mi hermano siempre ha querido verlo aunque no lo diga. .Edia .P Resoplé de lado, divertido: .D .Bdia .Sm Mar-háï . Te recuerdo que fuiste tú la que quiso subir tan arriba. .Edia .D .Bdia ¡Ja! .Edia Yánika se cruzó de brazos dedicándome una sonrisa de desafío. .Bdia Una vez me dijiste que habías soñado con el cielo, y que querías comprobar si era igual en la realidad, ¿o no? .Edia .P Puse los ojos en blanco y me recosté contra el banco replicando: .D .Bdia Bah, bah, qué más da. El caso es que estamos llegando. .Edia .P El del pelo azul sonreía ampliamente, mirándonos alternadamente. .D .Bdia Pues ya veréis lo bonita que es Firasa, .Edia terció. .Bdia Hay un barrio dentro de la montaña, la Cueva lo llaman, pero la mayor parte de la ciudad está junto a la playa y el río. Además, estamos en plena primavera, así que todos los soredrips están cubiertos de flores. Ya veréis, es el mejor sitio de todo Rosehack. Por cierto, no nos hemos presentado. Me llamo Livon. Livon Wergal. .Edia .P Todo en él, su expresión abierta y su voz, desprendía sinceridad y simplicidad a espuertas. Sonreí. .D .Bdia Drey Arunaeh, .Edia me presenté. .D .Bdia Yo soy Yánika, .Edia dijo mi hermana. .D .Bdia Sirih, .Edia bostezó la de pelo rojo. .D .Bdia Zélif de Eryoran, mucho gusto, .Edia declaró la faingal rubia con una sonrisa. .P Me tragué la sorpresa. Mucho gusto, decía… ¡Le acababa de decir que era un Arunaeh, y ella decía ‘mucho gusto’ con esa cara sincera! Generalmente, cuando me presentaba, enseguida la gente palidecía, se inclinaba, me llamaba respetuosamente .Sm mahí y se alejaba cuanto antes mejor. Y, sin embargo, para asombro mío, ni uno de los tres Ragasakis había siquiera reaccionado. Que no hubiesen reconocido el tatuaje en nuestros rostros era comprensible, dada la cantidad de tatuajes que se ponían los subterranienses pero… ¿es que no conocían siquiera el nombre de mi familia? Debía de ser eso, razoné. Al fin y al cabo, eran gente de la Superficie. Por un momento, casi me sentí aliviado. .D .Bdia ¿De qué parte de los Subterráneos venís? .Edia inquirió Zélif, amable. .D .Bdia Somos originarios de Dágovil, .Edia contesté sin reservas. .D .Bdia Conozco la zona, .Edia aseguró Zélif. .Bdia Estuve en el Bosque de Liireth hace tiempo. ¿Lo conoces? .Edia .P Le devolví una mirada fruncida. El Bosque de Liireth estaba en los límites de la región de Dágovil y era famoso por ser un antro de celmistas desterrados practicantes de «magia negra». ¿Y esa pequeña faingal decía que había estado ahí? .D .Bdia Lo conozco, pero nunca fui tan al este para verlo, .Edia dije. .D .Bdia ¡Oh! No creas que yo soy una simpatizante de los rebeldes de la Contra-Balanza, .Edia se inquietó Zélif. .Bdia Sólo estuve ahí por una misión. De modo que vais a la Superficie ¿y no conocéis a nadie ahí? .Edia .D .Bdia Exacto, .Edia afirmé. .Bdia No tenemos ataduras, así que viajamos adonde más nos plazca. .Edia .D .Bdia Mm… Conozco esa sensación, .Edia dijo Zélif, súbitamente ensimismada. .Bdia Sin embargo, al de un tiempo puede volverse solitario. .Edia Sonrió. .Bdia Tenéis suerte de teneros el uno al otro. .Edia .P Enarqué una ceja, sonriente. .D .Bdia Cierto. .Edia .D .Bdia Mayormente, está bien, .Edia aprobó Yánika. .P Le eché un gruñido. .D .Bdia ¿Cómo que mayormente? .Edia .D .Bdia Bueno… No se puede ser perfecto, .Edia razonó ella con calma. .Bdia Pero no importa, hermano, aunque me cocines tugrines todos los días, te quiero de todas formas. .Edia .P La observé, incrédulo, mientras Livon se echaba a reír. Mmpf. .D .Bdia No te cocino tugrines .Sm todos los días, qué exagerada, .Edia mascullé, medio divertido medio exasperado, y me enderecé en mi asiento. .Bdia Por cierto, ya que sois de la Superficie, tengo una pregunta. Estas gafas, .Edia dije, sacándolas de un bolsillo del saco, .Bdia ¿son realmente necesarias? .Edia .D .Bdia Mm, .Edia dijo Livon, inspeccionándolas. .Bdia Son gafas de protección. Algunos se las ponen en verano. Pero no son imprescindibles. Y son caras. .Edia .D .Bdia Algo, .Edia coincidí. Hice una mueca decepcionada al retomarlas. .Bdia Debí suponer que no serían tan vitales como me dijo el tendero. .Edia .D .Bdia Fíate de un mercader y te venderá hasta lo que tienes, .Edia citó Sirih, burlona. .Bdia Te timaron. .Edia .P Le eché una mirada mohína y guardé las gafas en el saco. Me pregunté cuántos artículos había comprado innecesariamente. La ropa cálida y práctica no podía venir mal, pero ¿y la crema? ¿y los gorros de lana? Irse a un terreno tan diferente tenía claramente sus desventajas… .P Pasamos el resto del viaje hablando de los artículos comprados y escuchando los consejos y avisos de los tres aventureros. Al parecer los gorros no los necesitaríamos hasta el invierno, a menos que nos subiéramos a algún monte muy alto de los que rodeaban el valle de Skabra y Firasa. Sirih dio algún apunte útil, pero en su mayoría fue Livon quien dio detalles explicativos sin darme una sola vez la impresión de que se burlaba de mi ignorancia. Zélif, ella, balanceaba silenciosamente los pies, cada vez más ensimismada. .P Finalmente, llegamos a la boca del interminable túnel y desembocamos en una caverna llena de casas. Ese debía de ser el barrio de la Cueva del que nos había hablado Livon. .D .Bdia ¡Hermano, mira! .Edia .P Yánika señalaba el final de la caverna, donde una luz cegadora iluminaba los contornos de los edificios. Eran rayos de sol. Agrandé los ojos, cautivado. Brillaban como una enorme piedra de luna. No, rectifiqué. Brillaban como un inmenso espejo lleno de luz. .D .Bdia ¡Firasa! .Edia gritó una voz. .Bdia ¡Última parada, Firasa! .Edia .P Los vagones se detuvieron. La estación no estaba muy alejada de la boca de la Cueva, pero como esta ascendía y estaba decorada de numerosas estalactitas, el cielo era apenas visible. Me puse el saco a cuestas, Sirih levantó la caja del imp y nos apeamos todos. .D .Bdia La dirección de la compañía está justo ahí, .Edia indicó Zélif. De pie, era incluso más bajita que Yánika, me fijé. .Bdia Si queréis, podéis venir para ver el imp. .Edia .D .Bdia Sí, tal vez así tu hermana cambie de opinión sobre el bicharraco, .Edia comentó Sirih, socarrona. .P Intercambié una mirada con Yánika, asentimos y nos dirigimos los cinco hacia un edificio de la estación. .D .Bdia Hermano, .Edia me dijo Yánika mientras caminábamos. .D .Bdia ¿Qué, Yani? .Edia .D .Bdia Bueno… Siento que por mi culpa debas esperar para ver el sol. .Edia .D .Bdia Se supone que eres tú la que quería verlo, no yo, Yani, .Edia le recordé entre dientes. .D .Bdia De todas formas, si se va antes de que salgamos, volverá después de la noche, .Edia me consoló, optimista. .P Sonreí. .D .Bdia No se van a pasar veinte mil horas admirando el bicho, tranquila. .Edia .D .Bdia Ahora el imp está más calmado, .Edia observó ella. .P .Bpenso Será por ti, .Epenso pensé. .P Los tres aventureros saludaron a un encargado y este nos guió enseguida hasta la oficina de un oficial de la compañía, un gran caito de mediana edad. Al vernos entrar, se levantó, animado. .D .Bdia ¿Lo habéis atrapado? .Edia .D .Bdia ¡Aquí está el condenado! .Edia declaró Sirih, posando la caja sobre el escritorio. .P Se oyó un golpe contra la madera y el caito se arredró levemente. .D .Bdia ¿Está bien cerrada? .Edia .D .Bdia Lo está, .Edia aseguró Sirih. .D .Bdia Ah… .Edia Forzó una sonrisa. .Bdia Buen trabajo, Ragasakis. ¿Qué… qué vais a hacer con él? .Edia .D .Bdia ¿No quieres verlo? .Edia se extrañó Sirih, decepcionada. .D .Bdia Oh, no será necesario, los Ragasakis tenéis buena reputación, os creo, .Edia aseguró el oficial. Posó una bolsa de dinero en la mesa. .Bdia Los cuatrocientos kétalos acordados. .Edia .P Sirih parpadeó. .D .Bdia ¿Cuatrocientos? ¡El otro dijo quinientos! .Edia .D .Bdia ¿Ah? Ah… bueno, pues serán quinientos, no lo he contado, .Edia farfulló el caito. .P Sirih le echó una mirada fulminante antes de abrir el saco y empezar a contar con una rapidez asombrosa. Zélif esperó con las manos detrás de la espalda, balanceándose como una niña. Livon me dedicó una sonrisa de disculpa, como diciendo: Sirih es así de rigurosa con el dinero… .D .Bdia Quinientos, .Edia terminó la humana, satisfecha. .Bdia ¡Nos vamos! .Edia .D .Bdia ¡Gracias por el servicio! .Edia respondió el caito, aliviado. .P Nos saludó y yo agarré la caja. No pesaba mucho. Se la di a Yánika mientras salíamos. .D .Bdia ¿Qué tal le va? .Edia pregunté. .D .Bdia No estoy segura, .Edia confesó Yánika, con la mirada posada sobre las láminas de madera de la caja. Entender las emociones de los demás le requería concentración y esfuerzo. La dejé con su imp y, mientras subíamos la pequeña cuesta hacia la boca de la caverna, pregunté, curioso: .D .Bdia ¿En qué se especializan los Ragasakis? .Edia .P Livon se giró contestando alegremente: .D .Bdia ¡En pasarlo bien y resolver problemas al mismo tiempo! En breve, tenemos una casa donde nos reunimos, nos llegan peticiones de todo tipo y trabajamos en equipo. Somos como una gran familia. .Edia .D .Bdia Una gran familia de locos, .Edia sonrió Sirih. .Bdia Aunque ya has oído al oficial, al parecer tenemos buena reputación… ¿Por qué lo preguntas? .Edia .P Me encogí de hombros. .D .Bdia En los Pueblos del Agua, las cofradías suelen especializarse en un determinado campo, incluidas las de cazarrecompensas como la vuestra. .Edia .D .Bdia ¿Perteneces a una? .Edia preguntó Zélif. .P Llegábamos a la boca de la caverna y me detuve para contemplar las vistas con ávida curiosidad. Las casas claras enfrente, el mar a la derecha, los montes verdes a la izquierda y una brisa salada tan diferente de la de los Subterráneos… Hundiendo las manos en mis bolsillos, alcé la vista, sonreí a medias y contesté: .D .Bdia No. Ya no. .Edia .P Y nos iba mejor sin cofradía, añadí para mis adentros. Me giré hacia Yánika. Su aura resplandecía casi literalmente. .D .Bdia ¡Mira, hermano, está todo verde! .Edia exclamó, risueña. .P En los Subterráneos, no había una sola planta o hierba de color verde. En cambio, ahí, en los montes, los campos, las riberas del río, era una verdadera invasión. Así como el blanco: había hileras enteras de árboles con flores blancas. Debían de ser los soredrips de los que había hablado Livon. Sonreí. .D .Bdia Mira hacia arriba, Yani. El cielo. Y el sol. .Edia .P Era algo inquietante mirar ese vasto techo azul moteado de nubes blancas. Sobre todo sabiendo que no era ningún techo. Todo era aire y más aire. Un paraíso para el viento, pensé. En cuanto al sol… era un poco como me lo había imaginado. Iluminaba una superficie tan grande que ni alcanzaba a representármela aun habiendo visto más de una vez mapas del mundo. .D .Bdia ¿Y bien? .Edia preguntó Livon, intrigado. .Bdia ¿Se le parece al cielo de tu sueño? .Edia .P Mi sonrisa se ensanchó. .D .Bdia Extrañamente, sí. .Edia .P Hasta, de algún modo, me resultaba familiar. .D .Bdia Pues habéis tenido suerte, .Edia soltó Sirih con las manos en jarras. .Bdia Hace unos días estaba diluviando. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia Fruncí el ceño. .Bdia Pero, si bien recuerdo, aquí la lluvia no es ácida como en los Subterráneos, ¿verdad? .Edia .D .Bdia Depende de los sitios. Pero en Firasa y en todo el valle cae lluvia de agua pura, .Edia aseguró Livon. .D .Bdia El agua de por aquí es famosa, .Edia apuntó Zélif, animada. .Bdia Los baños termales de Skabra son los más conocidos de toda Rosehack. Van muchos turistas de Arlamkas y de Daercia. .Edia .D .Bdia Y algunos vienen incluso de más lejos, .Edia resopló Sirih y se giró hacia mí. .Bdia ¡Bueno! Ha sido un placer. Aquí os dejamos con el demonio ese. Por cierto, esta es la llave, .Edia dijo, tendiéndomela. .Bdia Devuelve la caja cuando vuelvas o Praxan nos arrancará las orejas. .Edia .D .Bdia Lo haré, .Edia prometí. .D .Bdia Sólo tienes que preguntar por la casa de los Ragasakis y la gente te indicará el camino, .Edia dijo Livon. .D .Bdia Estaba pensando… .Edia meditó Zélif. .Bdia El mejor lugar para liberar al imp sería en las montañas del sur, ahí no vive casi nadie, pero la zona es algo traicionera. Tal vez necesites a un guía. Livon. Tú conoces esas montañas. Podrías acompañarlos. .Edia .P Este parpadeó, desprevenido. .D .Bdia ¿Yo? .Edia .P Zélif sonrió anchamente. .D .Bdia Al fin y al cabo, debemos asegurarnos de que el imp no volverá a causar problemas. Y estoy segura de que será una buena experiencia para todos. .Edia Agitó la mano. .Bdia ¡Buen viaje! .Edia .P Se alejó tranquilamente con Sirih bajando la calle hacia el río. Intercambié una mirada sorprendida con Livon. Y este sonrió, rascándose la cabeza. .D .Bdia Bueno… Podemos ponernos en marcha ahora mismo si te parece. .Edia .P Le eché un vistazo a mi hermana. .D .Bdia Yánika. ¿No estás cansada? .Edia .P El estar rodeada de mucha gente solía fatigarla. Sin embargo, ella negó con la cabeza agarrando la caja del imp con buen humor. .D .Bdia Estoy bien, .Edia aseguró. .P Se la veía contenta con su caja. Mis labios se curvaron. .D .Bdia Entonces, vayamos a liberar al imp. .Edia .D .Bdia ¡Mm! .Edia apoyó ella. Sus ojos negros brillaban. .D .Bdia ¡Por aquí! .Edia llamó Livon. .P Nos condujo por un camino que bordeaba la caverna. Pronto estuvimos ascendiendo por un sendero de tierra entre árboles y perdimos de vista la ciudad de Firasa. El sol nos iluminaba por salpicaduras a través de las copas y nos calentaba agradablemente la piel. Mientras avanzaba, miraba a mi alrededor, cautivado por tanta novedad. Sentí el aire salado arremolinarse suavemente entre los troncos, vi un pájaro de plumas rojas y negras romper a volar desde una rama y seguir su canto en otra, y también vi un escarabajo luciente como los que se veían en la arboleda del Templo. Sonreí ante ese toque familiar. Finalmente, la Superficie pertenecía al mismo mundo de siempre. .D .Bdia Hey, .Edia dije. .Bdia Si no quieres, no te sientas obligado a guiarnos. .Edia .P Livon abría la marcha, ascendiendo a buen ritmo. Giró la cabeza al contestar: .D .Bdia ¡No te preocupes! Zélif tiene razón: conozco bien la zona. Y no sería justo que, después de haberlo atrapado, te dejáramos encargarte tú solo del imp. Además, honestamente, no tuve tiempo de ver la criatura, .Edia confesó. Se detuvo y se giró del todo con una gran sonrisa. .Bdia ¡No me importaría ver qué aspecto tiene! .Edia .P Rió con ganas y retomó la marcha, pegando un salto para subir un pequeño barranco. Yánika se inclinó ligeramente hacia mí. .D .Bdia Hermano. Tu nuevo amigo es un poco especial pero me cae bien. .Edia .P Resoplé de risa, sorprendido. .D .Bdia ¿Mi amigo, dices? En serio, Yani: lo conocemos desde hace apenas una hora. Nos acompaña a liberar al imp, eso es todo. .Sm Mar-háï , tú sí que tienes amigos raros, .Edia agregué, tendiendo un brazo para aligerarla de la caja. .P Yánika me respondió con una mueca inocente, dejó que cargara con la caja y, con cuidado para no ensuciarse, trepó por el pequeño barranco. La seguí, aún algo turbado. Amigo, me repetí. Qué ideas. Nunca había tenido uno. En el Templo del Viento, los monjes y sus familias me trataban normalmente con respeto, porque era un Arunaeh, pero por eso mismo siempre habían guardado sus distancias. En realidad, nunca había acabado de entender por qué. ¿Tal vez porque pensaban que el Datsu de los Arunaeh, el tatuaje que cubría nuestro rostro y torso, nos convertía en seres fríos y sin sentimientos? ¿O porque nuestra familia tenía fama de brejistas inquisidores expertos en las artes mentales y temían siquiera acercarse? Bah… Eché una ojeada serena hacia las copas frondosas iluminadas por el sol. Hacía tiempo que había dejado de preguntarme por ello. Y, sin embargo, en ese instante, me alegré egoístamente de que Livon no conociera a mi familia… Alcé una mirada hacia el Ragasaki que, solícito, doblaba en ese momento una rama cubierta de espinas para dejar pasar a Yánika de forma segura. Bueno, debía de reconocerlo: un poco de compañía de vez en cuando no venía mal. .Ch "El Lago Blanco" Llegados a cierta altura, el sendero dejó de ascender tanto y Livon se detuvo al de un rato, indicando algo con el índice. .D .Bdia ¡Mirad! ¿Veis aquel pico tan grande del otro lado del valle? Es la Aguja. Desde ahí se ven Firasa, las termas de Skabra y los campos del norte. Eso cuando las nubes dejan ver algo. .Edia .P El pico que señalaba descollaba de las demás montañas y estaba rodeado por una boina de nubes. La Aguja, me repetí. De hecho, tenía una forma de aguja o de estalagmita gigante. Miré a Livon con incredulidad. .D .Bdia ¿En serio lo has escalado? .Edia .D .Bdia ¡Dos veces! .Edia afirmó él. .Bdia La segunda fue para tomar imágenes fijas para un cartógrafo y tuve que usar su aparato raro que pesaba más que una cabra. La primera vez fue más divertido. Tenía doce años y subí con Baryn. Él es un monje yurí, así que va siempre en busca de todos los prodigios de la naturaleza. .Edia .P Desvié la mirada de la Aguja, interrogante. .D .Bdia ¿Yurí? .Edia .D .Bdia Un amante de la naturaleza, .Edia explicó Livon. .Bdia ¿De verdad nunca oíste hablar de los monjes yurís? Se pasean por toda la Tierra Baya bendiciendo la Shanhâ. La Madre Tierra. Son gente de buena fe, aunque un poco especiales, .Edia confesó, rascándose la sien. Indicó una brecha en la montaña. .Bdia Venid. Es un atajo. Nos ahorrará una hora de marcha. .Edia .P Asentí y me giré súbitamente hacia los árboles con una inexplicable incomodidad. Desde Donaportela, sentía de cuando en cuando como si alguien nos estuviera espiando. Poco antes de partir de la ciudad, me había abalanzado hacia la esquina de una calle con el fin de resolver el misterio… Sin embargo, no solamente no había visto a nadie sino que el aura sorprendida de Yánika había invadido toda la calle, turbando a los transeúntes. Me contuve de repetir la experiencia. .P Livon encendió una linterna y lo seguimos adentro del túnel. Este era algo estrecho, pero resultó ser más bien corto y pronto desembocamos junto a un gran lago de agua tan blanca como la leche bordeado de guijarros, flores y árboles. El sol iluminaba la ribera y la brisa se arremolinaba junto al agua, dulce y caótica. .D .Bdia El Lago Blanco, .Edia declaró Livon. .Bdia Se dice que ahí dentro vive un demonio del agua resguardando un tesoro, pero no conozco a nadie que lo haya visto. Del otro lado, hay un paso hacia el cañón de Elel. A partir de ahí sólo hay un camino posible, así que nos bastará con espantar al imp para que se vaya lo suficientemente lejos. .Edia .D .Bdia Me parece un buen plan, .Edia aprobé. .P Mientras seguíamos, consulté la piedra de Nashtag de mi anillo. Esta tenía un ciclo de veinticuatro horas como las piedras de luna durante el cual su color verde tomaba matices diferentes. La gente común no la usaba como reloj preciso, pero mi experiencia con las rocas me había enseñado a evaluar las etapas del ciclo del Nashtag con buena precisión. Por lo que enseguida supe que llevábamos más de hora y media andando. .Bpenso Y tardaremos un buen rato en rodear el lago, .Epenso estimé. .D .Bdia ¿Por qué tiene ese color el lago? .Edia pregunté, curioso. .D .Bdia ¿Bonito, eh? Es por las sankras, .Edia contestó Livon. .Bdia Es una planta sagrada que crece en el fondo. Los peregrinos suben hasta aquí sólo para darse un chapuzón. .Edia .P Mientras avanzábamos, se animó a darnos los nombres y propiedades de las plantas con las que nos cruzábamos y así aprendí que esos tallos finos y altos eran bambúes, que esas flores blancas y esponjosas eran aladenas, buenas para desinfectar, y que esos arbustos en forma de araña sólo florecían al anochecer. .P Cuando salimos del bosquecillo de bambúes, reparé en el edificio de madera y en el pontón que se avanzaba sobre el lago. Tres saijits humanos conversaban junto a la orilla. Al acercarnos, se giraron y, sobre dos de ellos, reconocí los tatuajes de Mahúra, la Regidora del Aire. Era una de las diosas más veneradas en los Pueblos del Agua. .D .Bdia ¡Livon! .Edia voceó el único que no tenía tatuajes. .D .Bdia Hablando del dragón, .Edia sonrió Livon. .Bdia Ese es el monje yurí del que os hablaba. ¡Baryn! .Edia exclamó, alzando la mano con energía. .P Nos acabamos de acercar. El tal monje yurí era un humano de mediana edad, pelo castaño y ojos claros. Me impactó constatar que le faltaba un brazo. ¿No había dicho Livon que siempre iba buscando prodigios de la naturaleza? Pues alguno de esos prodigios debía de haberle costado caro. .D .Bdia ¿Habéis dado la vuelta al lago, no? .Edia lanzó Baryn. .Bdia Dime, Livon. ¿No has visto nada extraño? .Edia .P Livon negó con la cabeza, sorprendido. .D .Bdia Todo estaba como siempre. .Edia .D .Bdia O eso te pareció, Livon, .Edia le replicó Baryn alzando el índice con tono sabio. .Bdia ¡Si supieras cuántas cosas cambian en un solo minuto! Las hormigas trabajan, el bambú crece, un gorrión atrapa un gusano y una planta muere… La Naturaleza cambia más de lo que creemos. .Edia .D .Bdia Eso es verdad, .Edia concedió Livon con una sonrisa. .D .Bdia Sea como sea, .Edia agregó el monje yurí con tono súbitamente dramático, .Bdia hoy se ha aventurado otro cazatesoros en el lago y todavía no ha vuelto. Ya llevan tres desaparecidos en un mes. Una tragedia. Le avisé al joven de hoy de que el agua sankra es traicionera, pero él no escuchó mis palabras. ¡Shanhâ! .Edia exclamó, llevándose la mano al corazón. .Bdia Sin duda la Madre Tierra le reserva una reencarnación en sankra. .Edia .D .Bdia Nuestro compañero es un buen nadador y un nurón, .Edia retrucó uno de los Mahúres, ofendido. .Bdia Aún es pronto para enterrarlo. .Edia .D .Bdia ¡Iluso! Aunque pueda respirar bajo el agua, no puede filtrar el sedante de la sankra, .Edia argumentó Baryn. .Bdia Lo más probable es que se quede dormido en el fondo hasta su muerte. .Edia .P Pese a querer permanecer tranquilos, los dos compañeros del cazatesoros evidenciaban una creciente inquietud. Un súbito golpe contra la caja desvió mi atención. Hacía tiempo que el imp no había mostrado señales de vida, pero ahora se puso a golpear rítmicamente la madera. La inquietud de Yánika se arremolinó en su aura y de pronto uno de los cazatesoros juró: .D .Bdia Por Mahúra… Sí que está tardando. Pin, ¿no crees que deberíamos ir a buscarlo? .Edia .D .Bdia Tal vez, pero… no sé nadar, Yango, .Edia farfulló el otro Mahúr. .D .Bdia .Sm Mar-háï , iré yo, .Edia replicó el tal Yango mientras se limpiaba unas manos sudorosas en su chaqueta y echaba ojeadas nerviosas al agua blanca. .P Sabiendo que la inquietud de Yánika intensificaba la de los demás, le agarré a mi hermana del brazo y solté un .Bdia ahora volvemos, .Edia antes de alejarme con ella. Cuando estuvimos suficientemente lejos, posé la caja sobre la hierba verde y observé cómo se balanceaba con los golpes. Las runas empezaban a deshilacharse y el ruido se filtraba cada vez más. .D .Bdia Hermano… .Edia dijo Yánika, nerviosa. .Bdia ¿Podemos abrirla ya? .Edia .P Vacilé y entonces mi mirada se fijó en una brecha situada a unos cuantos metros del edificio. Junto a esta, había un cartel de aviso. .D .Bdia Ese debe de ser el cañón de Elel, .Edia señalé con la barbilla. .D .Bdia Liberémoslo ahí, .Edia propuso Livon, alcanzándonos. .P Enarqué una ceja, eché un vistazo al monje yurí que hacía aspavientos con su único brazo, ocupado en hablarles a los cazatesoros, y asentí, recogiendo la caja. .D .Bdia Curioso tipo, .Edia dejé escapar mientras nos dirigíamos hacia el cañón. .D .Bdia ¿Baryn? Mm, y es más curioso aún cuanto más lo conoces, .Edia sonrió Livon. .Bdia Él fue quien me presentó a la cofradía hace siete años. Cuando no tiene otra cosa que hacer, visita los lugares sagrados de los alrededores y los protege. .Edia .D .Bdia ¿Con bendiciones? .Edia me burlé. .D .Bdia No, .Edia rió él. .Bdia Con cualquier cosa, en realidad. Una vez, unos pudientes de la capital quisieron construirse un pequeño palacio a orillas de este lago y le ayudé a Baryn a atraer un espectro hasta aquí, desde Elel. No se volvió a oír hablar del palacio. .Edia .P Le devolví una media sonrisa, divertido. No se podía decir que fuera un método muy limpio, pero por lo visto eso poco les importaba a Livon y a Baryn. .P Llegamos ante el cañón y nos metimos unos metros antes de detenernos. .D .Bdia Crearé un campo de fuerza para que no se atreva a venir hacia aquí, .Edia dije, posando la caja. .Bdia No os acerquéis. .Edia .P Había estado trazando ya el sortilegio en camino y lo lancé casi enseguida. Una pequeña barrera de fuerza se levantó justo a mis espaldas, dejando a Yánika y a Livon a cubierto. Me agaché junto a la caja y saqué la llave. .D .Bdia ¡Vaya! .Edia exclamó Livon con tono alegre. .Bdia ¿Eres celmista? .Edia .P Lo miré de reojo contestando: .D .Bdia Sí. Soy destructor de oficio. .Edia .D .Bdia ¿Destructor? ¿Eso significa que puedes destruir material? .Edia se impresionó Livon. .P Me sorprendí. ¿No había oído nunca hablar de los destructores? Supuse que en la Superficie no eran tan útiles, pero aun así… Confirmé: .D .Bdia Básicamente sí. Aunque… .Edia Recogí una piedra, aumenté la presión y, en un instante, cayó de mi palma una lluvia de arena. Sonreí. .Bdia Las rocas son mi especialidad. .Edia .P Los ojos grises de Livon destellaban de curiosidad e impresión. Yánika, en cambio, esperaba con impaciencia tamborileando con sus dedos… Giré la llave en la cerradura y esperé. La criatura había dejado de dar golpes y la tapa no se abrió. Tendí la mano y la abrí bruscamente antes de dar un paso rápido hacia atrás. Una cara gris clara asomó, parpadeante. .D .Bdia ¿Uh? .Edia soltó. Se levantó lentamente, confuso. .Bdia Esto… ¿Dónde estoy? … ¿Quiénes sois? .Edia .P .Sm -t penso ¡Habla! , me dije, atónito. El aspecto de la criatura —delgada, con dos brazos, dos piernas y dos orejas puntiagudas— no me impactó tanto como el ver que llevaba unos pantalones verdes cortos, un collar metálico y una cuerda clara alrededor de su cabello blanco. No medía más de cuarenta centímetros de alto y tenía una cabeza más parecida a la de los trasgos, pero, quitando eso, parecía claramente un saijit. Un saijit en miniatura. Súbitamente, el haberlo transportado en una caja durante tanto tiempo me llenó de incomodidad. .P El imp parpadeó y repitió: .D .Bdia ¿Dónde estoy? .Edia .P Sus ojos se habían fijado en el cielo azul. Probablemente no hubiera visto nunca el cielo, entendí. Más increíble aún, no parecía estar a punto de echar a correr. ¿Es que nuestra presencia ni siquiera lo asustaba? .D .Bdia ¿Puedes quitar la barrera? .Edia preguntó Livon. .P Viendo el aspecto del imp y su confusión, mis aprensiones se habían volatilizado y deshice el campo de fuerza. .D .Bdia Listo, .Edia dije. .P Livon dio un paso hacia delante, otro, y se agachó junto a la caja. El imp y él se miraron con intensidad. .D .Bdia ¿Esto es… un imp? .Edia preguntó en un murmullo, desconcertado. .D .Bdia Imp o no, está claro que no es una criatura infernal, .Edia opiné. .D .Bdia Eso parece, .Edia coincidió Livon. .Bdia Pero… créeme, cuando lo perseguimos no nos dijo una sola palabra. Se escondió y nos volvió locos dando vueltas. .Edia .P El imp hinchó las mejillas, se agarró a un borde de la caja y se alzó sobre este acercando sus grandes ojos a nosotros. .D .Bdia ¡Lalarú! .Edia canturreó. Se sentó y le miró a Livon con una ancha sonrisa antes de preguntar con clara confusión: .Bdia ¿Por qué me habéis metido en la caja? ¿Quiénes sois? .Edia .P Yánika vino a colocarse junto a mí, igual de curiosa que yo. Livon musitó: .D .Bdia Tiene pinta de ser muy joven… .Edia Irguiéndose un poco, alzó una mano de saludo acompañada de una sonrisa amigable. .Bdia Soy Livon. Y estos son Yánika y Drey. Siento la pregunta pero… ¿realmente fuiste tú el que descarriló esos vagones? .Edia .P El imp parpadeó. .D .Bdia ¿Vagones? .Edia Echó para atrás su cabeza repitiendo con cara pensativa: .Bdia Vagones, vagones, vagones… ¡Ni idea! .Edia declaró al final y sonrió ampliamente presentándose: .Bdia Yo soy Tchag. .Edia .P Incluso tenía nombre. Meneé la cabeza, asombrado. ¿Podía tratarse tal vez de una criatura domesticada por saijits? En los Subterráneos, los había con mascotas de todo tipo. Y, si de verdad era muy joven, cabía la posibilidad de que se hubiera perdido. .D .Bdia En realidad, te capturamos porque nos dijeron que un imp estaba causando problemas en Salderburu, .Edia explicó Livon. .Bdia ¿No eras tú? .Edia .D .Bdia ¿Problemas? .Edia repitió Tchag frunciendo el ceño con perplejidad. .Bdia A mí no me gustan los problemas. Yo estaba pasando por el túnel donde está el árbol grande con comida amarilla… No, ¡es verdad! El árbol ya no estaba. Desapareció. Las cosas cambiaban. Pero yo seguía buscando… buscando… Yo estaba muy solo y buscaba… .Edia Sus labios temblaron y sus ojos brillaron. Se retorció las manos. .Bdia La verdad es que no sé qué busco, .Edia confesó. .P Sus palabras no podían ser más confusas. Livon iba a contestarle a Tchag cuando un súbito grito atravesó el aire. .D .Bdia ¡¡Socorro!! ¡Ayud…! ¡Ayudadme! .Edia .P Nos giramos bruscamente hacia el Lago Blanco. Uno de los Mahúres, el tal Yango, se había metido en el lago y, por lo visto, tenía un problema. Se agitaba en el agua blanca como si se estuviese ahogando. Era imposible que no supiese nadar si había llegado tan lejos de la ribera, lo que significaba que probablemente algo le había mordido o que se había enmarañado con una planta del fondo. No quería dejar a Yánika sola con el imp pero suponía que este no representaba un real peligro y… lo más lógico era ayudar al Mahúr. Podía intentar sacarlo de ahí impulsándome con la órica antes de que se ahogara, liberarlo con un sortilegio de destrucción si era preciso y acercarlo a la orilla. No era un habitante de los Pueblos del Agua por nada: había pasado muchas horas nadando en el lago junto al Templo del Viento. .P Entonces me fijé en que Livon ya se había abalanzado hacia el pontón a la carrera, dejando su mochila atrás. .Sm -t penso Eso ha sido rápido , pensé, sobrecogido. Livon no había dudado un solo segundo antes de precipitarse. Sin embargo… .D .Bdia ¡Ayud…! .Edia se atragantaba el Mahúr. .P Iba a llegar demasiado tarde, pensé. .D .Bdia Yánika, vigila al imp, .Edia lancé. .P Mi hermana asintió. Su aura se había llenado de tensión y miedo y, tal vez por ello, el imp se había hecho un ovillo contra la caja, mirando su alrededor con los ojos muy abiertos. La famosa criatura infernal parecía más una presa que un depredador, me burlé. Iba a desviar la mirada cuando, de pronto, lo vi aspirar aire y… su cuerpo gris destelló un instante de energías y desapareció. ¿Cómo…? .D .Bdia No se ha movido, .Edia aseguró mi hermana. .Bdia Está asustado, eso es todo. ¿No vas a ayudar a Livon? .Edia .P Noté su impaciencia y, con una mueca de disculpa, dejé mi mochila y eché a correr hacia la orilla del lago, sin mucha esperanza de llegar a tiempo. Livon había alcanzado la punta del pontón. Sin embargo, en vez de zambullirse, se detuvo. ¿A qué esperaba? Aceleré. Estaba llegando junto a la ribera cuando la cabeza del desdichado desapareció de la superficie; alzó una mano temblorosa y abierta pero esta, a su vez, fue atraída hacia abajo de golpe. El agua era tan opaca que era imposible adivinar lo que había ahí abajo… .P Me detuve junto al pontón, me giré hacia Livon y… parpadeé. En lugar de al kadaelfo de pelo azul y capa roja, vi a Yango tirado sobre las tablas y escupiendo agua. Abrí los ojos como platos. .P .Bpenso Dánnelah, .Epenso pensé, anonadado. ¿Cómo diablos…? .P Del edificio, salía el monje yurí cargando con una cuerda. El tal Pin lo ayudaba con movimientos torpes pero, cuando vio a su compañero, dejó caer la carga y echó a correr gritando: .D .Bdia ¡Yango! .Edia .P Alcanzó el pontón y lo seguí para comprobar que Yango respiraba ahora con más tranquilidad. ¿Pero dónde demonios estaba Livon? Eché un vistazo hacia el cañón y vi a Yánika con la mirada fija en la escena pero no vi al imp. En verdad, poco me importaba si se había fugado. Mi atención se centró en el lugar donde Yango había estado a punto de ahogarse un momento antes. Y cuando vi las burbujas blancas, mi corazón se aceleró. .P No acababa de entenderlo pero por lo visto había algo vivo ahí debajo y, por pequeña que fuera la posibilidad, si Livon estaba ahí dentro, no podía dejar que se ahogara… .P Se oyó de pronto un chasquido y una forma apareció en la superficie del agua, arrastrando otra. Ambas se separaron y nadaron con rapidez hacia la orilla. Eran el nurón y Livon. Este último destilaba buen humor. Dejé escapar un suspiro de alivio. Salí del pontón y me apresuré a regresar al cañón para recoger las mochilas y la caja. Resultó que el imp, ahora bien visible, se había vuelto a meter en esta. Alzó hacia mí unos ojos llenos de tranquila curiosidad. .D .Bdia Tchag, .Edia le solté. .Bdia Eres libre. Procura simplemente no acercarte a los saijits. .Edia .P El imp me miró con cara sorprendida. No parecía muy avispado ni muy dispuesto a marcharse. Suspiré y cargué con la caja. Yánika preguntó: .D .Bdia ¿Livon se ha teletransportado, verdad? .Edia .P Giré la cabeza hacia el aludido. Sentado sobre la arena de la orilla, el Ragasaki le estaba ayudando al nurón a quitarse los últimos restos de una especie de alga que se le había enroscado en el tobillo; el nurón agitaba la cola, impaciente, el agua brillando sobre su piel escamosa, y Baryn, el monje yurí, observaba la planta destrozada con cara apenada. Mientras salíamos de la brecha de vuelta hacia al lago, asentí, pensativo. .D .Bdia Ha debido de permutar su cuerpo con el de Yango, .Edia razoné. .P Según sabía, la permutación modulaba la energía órica de manera completamente diferente a los sortilegios de destrucción y, en teoría, era bastante más difícil de aprender. .Bpenso De modo que tú también eres celmista, .Epenso pensé. Una sonrisa se dibujó en mis labios. .D .Bdia ¡Ya está! .Edia declaró alegremente Livon, lanzando el alga al lago. .Bdia Deberías desinfectar la herida. .Edia .P Llegábamos junto a ellos cuando Baryn, con el puño en la cadera, soltó: .D .Bdia Espero que no hayas dañado demasiado las plantas. Si he entendido bien, eras tú el que le estaba agarrando el pie a tu compañero. ¿Acaso intentabas matarlo? .Edia .P El nurón resopló. .D .Bdia Claro que no. Estaba atrapado por esa maldita planta. Cuando agarré a Yango… no lo pensé. Lo confundí con una planta. Esa sankra todavía me tiene algo confuso… Lo siento, compañero, .Edia dijo. .P El aludido se arropaba en su capa, tiritando. .D .Bdia No acabo de entender lo que ha pasado, .Edia confesó. .D .Bdia Ah, y sin embargo es fácil de entender, .Edia soltó Baryn, tapándose a medias una sonrisa suficiente. .Bdia Sólo hay una solución posible. ¿No lo veis? .Edia se burló y reveló: .Bdia Livon es un permutador. .Edia .P Yango frunció el ceño y agrandó de pronto los ojos, girándose hacia Livon. .D .Bdia ¿Eso significa… que nos intercambiaste de sitio? .Edia .P Livon asintió, sonriente. .D .Bdia Supuse que algo te retenía, así que tenía ya el puñal preparado para liberarme. Por poco lo hago de veras y te corto la mano, .Edia se disculpó ante el nurón. .Bdia Por cierto, la segunda permutación me salió algo torcida. Me temo que al permutar contigo me he quedado con tu bolsa. Aquí la tienes, .Edia dijo alegremente, dándole una pequeña bolsa opaca y abultada. El nurón agrandó mucho los ojos, verificó su cintura y agarró la bolsa con febrilidad mascullando algo ininteligible. Livon se levantó, me sonrió y enarcó las cejas al ver al imp en la caja. Se allegó a nosotros. .Bdia ¿Por qué no se ha marchado? .Edia .P Me encogí de hombros, divertido. .D .Bdia Debe de haberse encariñado con la caja. .Edia .P Una súbita exclamación me sobresaltó. Baryn se me acercó contemplando el imp con maravilla. .D .Bdia ¡Puede ser cierto! ¡Una goórgoda! ¡Pero la planta se extinguió hace dos siglos! .Edia .P Alcé una comisura de labio, ligeramente arredrado. ¿Una planta? .D .Bdia Er… Baryn, me temo que no es una goórgoda, .Edia intervino Livon con delicadeza. .D .Bdia ¡No! Sin duda, debe de ser una variante, .Edia convino el yurí, frotándose la barbilla. .P Resoplé, exasperado. .D .Bdia ¿Estás ciego? Tchag no es una planta. .Edia .D .Bdia ¡Ja! ¿Cómo lo sabes, listillo? .Edia replicó Baryn. .Bdia Las goórgodas cambian de aspecto y no siempre están enraizadas… .Edia .D .Bdia ¿También hablan? .Edia me burlé. .D .Bdia ¡Mm! .Edia Inspiró hundiendo su mano entre su cabello alborotado y asintió: .Bdia Se sospecha que tenían un método de comunicación… .Edia .D .Bdia Yo soy Tchag, .Edia intervino el imp. Y confirmó: .Bdia Tchag. Ese soy yo. .Edia .P Baryn abrió la boca, la cerró y se quedó mirando la criatura, enmudecido. Livon carraspeó, ofreciéndonos una sonrisa molesta. .D .Bdia No os asustéis por Baryn, .Edia dijo. .Bdia A veces saca conclusiones antes de pensar… .Edia .D .Bdia Hablas como si a ti no te pasara, .Edia replicó Baryn sin perder su compostura. .P No desviaba los ojos de Tchag. Yánika miraba al extravagante monje yurí con expresión a la vez curiosa y divertida. Sin duda debía de estar pensando: hermano, hermano, ese sí que es especial. .D .Bdia Disculpen, .Edia intervino el Mahúr llamado Yango, acercándose. Sus dos compañeros lo seguían, el uno con timidez, el otro cojeando. .Bdia Te llamas Livon, ¿verdad? Quisiéramos agradecerte la ayuda, aunque no sabemos muy bien cómo. ¿Tal vez os apetezca una taza de té de Kozera? .Edia .D .Bdia Oh, .Edia se sorprendió Livon. Sonrió anchamente. .Bdia Es muy amable, ¡acepto! Me quito esta ropa hundida y voy. .Edia .P Kozera, me repetí. Ya no me cabía duda de que esos tres venían de los Subterráneos. El cazatesoros sonrió. .D .Bdia Así como se comparte el Aire de Mahúra, se comparte el té. .Edia .P No pude evitar soltarle una mirada escéptica. Por cómo los Mahúres habían estado cuchicheando junto a la ribera, estaba claro que el nurón había encontrado algo de valor en el fondo del lago y eso desde luego no parecían querer compartirlo. Detalle que me molestó, porque Livon había arriesgado su vida por ellos. .P Fuese como fuese, compartimos amigablemente el té de Kozera en el interior del pequeño templo de madera. Baryn parecía haber recobrado cierta cordura y nos habló de las leyendas del Lago Blanco, de sus tesoros y su demonio del agua. Cuando dio a entender que quienes robaban algo en el lago recibían la maldición de este, noté la mueca molesta del nurón seguida de un leve resoplido de incredulidad. Pese a mí, mi curiosidad se acrecentó. ¿Qué clase de objeto podían haber sacado del lago? ¿Gemas? ¿Monedas? ¿Mágaras? .D .Bdia Seré directo, .Edia dijo Baryn entonces. .Bdia A mí no me interesa, pero Livon tiene derecho a saber. ¿Qué habéis encontrado en el lago? .Edia .P La pregunta ensombreció el rostro de los Mahúres. Livon echó una mirada fruncida al monje yurí. .D .Bdia Baryn, .Edia se quejó. .Bdia Si te interesa, sé directo de verdad y di que te interesa. Yo no quiero saber nada. .Edia .P Baryn se carcajeó con voz profunda. .D .Bdia ¡Mentiroso! .Edia .P Livon suspiró, negándose por lo visto a reñir con Baryn. El nurón agitó levemente su portentosa cola e intervino: .D .Bdia Os pido perdón. Creo que ha habido un malentendido. .Edia Con sus ojos globulosos y negros, ojeó a sus compañeros antes de admitir: .Bdia No somos cazatesoros. Trabajamos en un hospital de Kozera. El agua sankra tiene muchas propiedades benéficas, pero es cara y nuestro hospital no tiene los medios para comprarla, así que… esperamos poder reproducirla en el hospital para nuestros enfermos. Mi esposa, en especial, .Edia murmuró. .P Bajé la vista hacia el saco impermeable que llevaba a la cintura, adivinando al fin su contenido. Livon emitió un sonido sorprendido. Obviamente la historia lo había impactado. .D .Bdia Pero… ¿por qué no haberlo dicho antes? .Edia preguntó. .Bdia Podríais haber pedido ayuda. .Edia .P El nurón hizo una mueca y le echó un vistazo incómodo a Baryn. .D .Bdia Creíamos que este lago era sagrado y que estaba prohibido alterarlo. Aun así, pensamos que por coger una sola planta no dañaríamos el… ecosistema, .Edia articuló. .P Hubo un silencio. .D .Bdia El ecosistema, .Edia repitió entonces Livon. Entornando los ojos, se giró hacia un Baryn de cara inocente. .Bdia Baryn, ¿qué les has estado contando? El lago es sagrado, .Edia reconoció. .Bdia Pero dudo de que quitar una sola planta pueda dañar el lago. .Edia .D .Bdia He cogido dos, .Edia admitió el nurón. .D .Bdia Lo mismo. Además, dos no serán suficientes para crear bastante agua sankra para un hospital, .Edia opinó Livon. .Bdia Os ayudaré a coger más. .Edia .P Baryn le echó una mirada fruncida, se frotó el mentón, se levantó con las manos en los bolsillos y suspiró: .D .Bdia Ya veo. No tenía ni idea de que fuerais de un hospital. Asumí un poco rápido que erais cazatesoros, pero… eso es lo que pasa cuando uno no se presenta debidamente. Sea como sea, por esta vez, haré una excepción. Baryn Alterdaga os ayudará, .Edia declaró con súbita determinación. Emitió una risa burlona añadiendo: .Bdia El guardián del lago se fue esta tarde a hacer compras a Firasa y me ha dejado a cargo de este sitio. Así que por hoy yo decido las reglas. Eso sí, mantendremos esto en secreto, .Edia exigió. .P Intercambié una sonrisa con Yánika. Ese monje yurí podía parecer arrogante y algo lunático, pero bien que había corrido a por una cuerda cuando Yango se ahogaba y bien que ahora se prestaba voluntario para ayudar. Alcé una mano. .D .Bdia ¿Puedo ayudar yo también? .Edia pregunté. .P Los tres Mahúres nos miraban, anonadados. .D .Bdia Yo… no sé cómo agradecerles, .Edia admitió el nurón. .D .Bdia No queremos causar problemas, .Edia añadió Pin farfullando. .D .Bdia Silencio, .Edia replicó Baryn, alzando bruscamente el índice. .Bdia La Naturaleza me inspira el mayor respeto, pero ante todo soy humano: no dejaré que mueran enfermos si puedo impedirlo. Bien. Primero necesitamos un buen recipiente para mantener las plantas vivas. Vuestros sacos dejan que desear. ¿Tenéis más material en vuestra carreta? Venid, .Edia añadió al ver que uno de ellos asentía. .P Salió con los tres kozeranos a inspeccionar los materiales que estos habían traído. Tras terminar mi infusión, me tumbé contra la madera del suelo y bostecé en el renovado silencio. .D .Bdia Yánika, .Edia dije. .Bdia ¿Qué vas a hacer con Tchag? .Edia .P El imp incluso había aceptado una taza de té y se había quemado la lengua. Ahora, pegado contra uno de los muros, murmuraba para sí en una extraña postura, moviendo los pies rítmicamente. Yánika puso cara pensativa. .D .Bdia No lo sé, .Edia confesó. .Bdia ¿No puede venir con nosotros? .Edia .P El imp golpeó la cabeza contra el suelo, boca abajo, para mirarnos con ojos súbitamente emocionados. .D .Bdia ¡Sí, quiero ir con vosotros! .Edia .D .Bdia .Sm Ya-náï , .Edia rechacé. .Bdia Como se ponga a descarrilar vagones, nos culparán a nosotros. .Edia .D .Bdia ¡Yo no descarrilo vagones! .Edia protestó él. .D .Bdia Dice que no fue él, .Edia lo defendió Yánika. .D .Bdia Mmya. Ni siquiera sabe lo que son los vagones, Yani, .Edia suspiré. .P Yánika se levantó y fue a agacharse junto al imp. Las acrobacias de este la divertían. .D .Bdia ¿Quién te enseñó a hablar? .Edia preguntó. .D .Bdia ¡La bruja Lul! .Edia contestó Tchag con una sonrisa, enderezándose de un bote. Se tiró de bruces con el mentón sobre las manos. .Bdia ¿Puedo ir con vosotros? .Edia .D .Bdia ¿No tienes un mejor sitio adonde ir? .Edia se extrañó Yánika. .P Tchag negó con la cabeza y mi hermana se giró hacia mí. Resoplé de lado y me enderecé. .Sm Mar-háï , ¿de verdad Yánika quería viajar con esa criatura? Esta parecía más bien alegre, así que suponía que no afectaría negativamente el aura de mi hermana, pero aun así, era una preocupación más… .D .Bdia Que venga si quiere, .Edia intervino Livon, dejando su taza vacía. Me giré hacia él, sorprendido, mientras él añadía: .Bdia Me sentiría mal si lo dejara marcharse hasta las Tierras de Elel. Es una zona peligrosa. Por ahí viven espectros y bandas enteras de vampiros. .Edia .P Tchag había abierto mucho los ojos, obviamente asustado. .D .Bdia ¿Espectros? ¿Vam… piros? .Edia .P Inspiré. .Sm -t penso Supongo que no me queda otra… De pronto, marqué una pausa. .D .Bdia Un momento. Has dicho ‘Que venga si quiere’. ¿Eso significa que te lo vas a quedar tú? .Edia le pregunté a Livon, extrañado. .P Pensativo, Livon golpeó el índice contra sus labios y rió quedamente apuntando: .D .Bdia ¿Por qué no? Tal vez pueda convertirse en un buen Ragasaki. .Edia .P Observé cómo la pequeña criatura se reajustaba cuidadosamente la cuerda alrededor de su pelo blanco e hice una mueca entretenida. .D .Bdia Sin duda. .Edia .D .Bdia Y… Bueno, ¿no vais a venir vosotros también? .Edia preguntó Livon. .P Enarqué una ceja. .D .Bdia ¿A Firasa? .Edia .P Yánika rió. .D .Bdia ¡A la cofradía, hermano! Tú también quieres ser un Ragasaki. .Edia .P Parpadeé. ¿Me había perdido algo? ¿Yo, un Ragasaki? .D .Bdia ¿De dónde te sacas que quiero ser un Ragasaki? .Edia mascullé. .D .Bdia ¿No quieres? .Edia se extrañó Yánika. .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia No nos han invitado, Yani. .Edia .D .Bdia Yo os invito, .Edia afirmó Livon. .Bdia Está claro que tienes el alma de un Ragasaki. De otro modo, no habrías propuesto ayudar para lo de las sankras y te habrías desentendido del imp. Así que… si no sabéis qué hacer, al menos podéis pasaros y ver si os gusta. .Edia .P Lo miré, sobrecogido. ¿Lo decía en serio? No podía negar que me gustaba la idea pero… ¿De verdad Yánika quería esto? Me giré hacia ella, la vi sonreír y dejé de dudar. .D .Bdia Me pasaré, .Edia prometí. .D .Bdia ¡Me alegro! Además, ya conoces a nuestro líder, .Edia agregó Livon. .P ¿El líder? Agrandé los ojos. .D .Bdia ¿El yurí? .Edia .P ¿Ese lunático?, agregué interiormente. Livon se carcajeó. .D .Bdia ¡No! Él tiene de líder lo mismo que yo. Hablo de Zélif. .Edia .P Zélif… Me erguí. .D .Bdia ¿La pequeña faingal rubia? ¿En serio? .Edia Resoplé de lado. .Bdia Imposible. Si parece una adolescente. .Edia .D .Bdia No lo es, .Edia dijo Livon. .Bdia No sé qué edad tiene, pero ella fundó la cofradía hace quince años y, en los casi siete que la conozco, no ha cambiado una pizca. Ella… .Edia .P De pronto, se tambaleó y por poco perdió el equilibrio. Me levanté de un bote para darle mi apoyo, inquieto. .D .Bdia ¿Estás bien? .Edia .P Livon meneó la cabeza como para despejarse la mente. .D .Bdia Yo… Estoy bien. He usado mucha energía, me temo. Permutar dos veces seguidas no es fácil, pero hacerlo en el agua lo es todavía menos. .Edia .P Sonreí, ladeando la cabeza, preguntándome cuántas veces me había pasado a mí lo mismo durante mis entrenamientos. .D .Bdia Esas permutaciones… Fue impresionante, .Edia dije. .D .Bdia ¿En serio te pareció? .Edia se alegró. .Bdia Lo malo es que no puedo hacer más de dos seguidas. Todavía me queda mucho por aprender. .Edia .D .Bdia ¿Dónde la aprendiste? .Edia pregunté. .D .Bdia ¿La permutación? .Edia Sonrió. .Bdia La aprendí solo. .Edia .P Lo miré con admiración. ¿Había aprendido una técnica como la permutación sin ayuda? .D .Bdia Recibí ayuda para las bases, .Edia matizó. .Bdia Shimaba me echó una mano con la teoría. Ella no sabe de órica, ¡pero se conoce la biblioteca de Firasa de memoria! Además, tenemos libros muy buenos en la cofradía. Como dice Baryn, la voluntad paga más que cualquier empleador, .Edia citó. .P Le devolví la sonrisa, divertido, y apunté: .D .Bdia Pero la voluntad no lo hace todo. Estás cansado. Me ocuparé yo de las sankras. .Edia .P Livon parpadeó, sorprendido. .D .Bdia ¿Lo dices en serio? Vaya. Gracias, Drey… pero ahora estoy mejor. .Edia .D .Bdia .Sm Ya-náï , .Edia repliqué. .Bdia Vengo de los Pueblos del Agua. Sé nadar bastante bien. Déjame a mí. Lo único… si le pasa algo a Yánika mientras estoy en el lago, destruiré todo lo que se me cruce por el camino. Aviso, .Edia dije con tono alegre pero franco. .P Livon me observó, curioso, y asintió firmemente. .D .Bdia De acuerdo. .Edia .P Satisfecho, corrí la puerta y salimos los tres del edificio hacia el pontón, seguidos de Tchag. Me quité el chaleco, los zapatos, el pendiente en forma de lágrima y el anillo de Nashtag antes de mirar el agua blanca. La rocé suavemente con un sortilegio órico. .D .Bdia ¡Tú puedes, hermano! .Edia me animó Yánika. .D .Bdia ¡Tú puedes, hermano! .Edia le hizo eco Tchag. .P Vi al imp subido a un poste, sonriéndome con evidente alegría, y puse los ojos en blanco. ¿Quién diablos sería esa bruja Lul que le había enseñado a hablar? A saber. Lo que estaba claro era que de momento no parecía ni pícaro ni retorcido, más bien todo lo contrario. Terminé de atarme la melena negra y les lancé: .D .Bdia Ahora vuelvo. .Edia .P Llené mis pulmones de aire y, de un salto, me zambullí. El agua era blanca y opaca pero, por lo demás, era sencillamente agua. Sonreí interiormente mientras nadaba y descendía en un silencio casi completo. El agua era más cálida que fría y, de no ser porque no veía nada, me hubiera creído de vuelta en el lago del Templo del Viento. .P Fue más sencillo de lo que pensaba llegar hasta el fondo, aunque entendí rápidamente por qué el nurón había tardado tanto en volver: las sankras formaban ahí un verdadero laberinto de raíces y la mayoría eran simplemente imposibles de desarraigar y transportar. Fui a por las más pequeñas, usando sortilegios de destrucción para estallar el suelo. Tras unos cuantos viajes de la superficie al fondo y viceversa, conseguí al fin una sankra del tamaño de mi palma… justo en el momento en que se me enrollaba otra al brazo. La golpeé con órica, sobresaltado. No se partió, pero se alejó como asustada. .Sm Dánnelah , pensé. ¿Soñaba o de verdad esa planta parecía moverse con voluntad propia? Por un momento, se me ocurrió que el demonio del agua existía y que lo que me rodeaba era en realidad una única y enorme sankra móvil. En fin, fuera lo que fuera, no iba a arredrarme por tan poco. Cuando regresé al pontón, se habían acercado los Mahúres a esperar. Dejé la pequeña planta y, sin subirme, estimé: .D .Bdia Me llevará más tiempo de lo previsto. Pero tendréis esas sankras, .Edia prometí. .P Y volví a zambullirme. .salto El cielo enrojecía y el sol estaba a punto de desaparecer detrás de los montes del oeste cuando llegamos a Firasa y nos apeamos con Livon de la carreta de los tres Mahúres. Estos se marcharon con mil agradecimientos y con una caja hermética llena de agua blanca y plantas de sankra. Cabía esperar que no se les muriesen antes de alcanzar Kozera y su hospital. .P Mientras la carreta se alejaba y Livon agitaba expresivamente la mano a modo de despedida, eché un vistazo a mi anillo de Nashtag para evaluar la hora. Este había pasado a un verde profundo. Tal vez adivinando mis pensamientos, Livon opinó: .D .Bdia Se nos ha hecho un poco tarde. Será mejor que esperéis a mañana para pasaros por la cofradía. ¿Ya sabéis dónde vais a pasar la noche? .Edia .P Me encogí de hombros. .D .Bdia Encontraremos un albergue. .Edia .D .Bdia Uno cerca del mar, .Edia intervino Yánika. .D .Bdia ¿Cerca del mar? .Edia repitió Livon, meditativo. .Bdia Mm… .Sm -t nomlieu La Calandria está en el camino de la costa. Lo llevan los padres de Kali. Es otra Ragasaki. Si vais ahí, decidles que venís de mi parte. Aunque seguro que hay otros albergues más baratos, .Edia reconoció. .D .Bdia Gracias por la información, .Edia sonreí. .Bdia Nos vemos. .Edia .D .Bdia ¡Hasta mañana! .Edia añadió Livon, alzando una mano y girándose ya. .P El Ragasaki se llevó la caja con el imp dormido en ella y nosotros nos alejamos hacia el este. .D .Bdia ¡Mira, Yánika! Esas nubes parecen filones de ópalo de fuego, .Edia dije, cautivado. .P Estábamos cruzando un puente y me apoyé contra la barandilla de este con los ojos fijos en el atardecer. Era el primero que veía. Sólo pensar que aquel cielo no tenía techo y que era una enorme capa de aire y más aire… era abrumador. .P A mi lado, Yánika había cerrado los ojos, como para sentir mejor la brisa y los rayos del fin del día. Los anillos en sus trenzas rosáceas brillaban como mil fuegos. .D .Bdia Hermano, .Edia dijo sin abrir los ojos. .D .Bdia ¿Qué, Yani? .Edia .P Sus labios se curvaron hacia arriba. .D .Bdia A mí también me gusta este sitio. .Edia .P ¿Había dicho yo que me gustaba? Hice una media sonrisa. Escuché el rumor del agua que corría debajo del puente, centelleante, y al mirar las hojas verdes que ahora parecían llamas de fuego bajo la luz del ocaso, sentí mis ojos destellar a su vez. .D .Bdia Creo que podría acostumbrarme, .Edia confesé. .P Yánika sonrió aún más sin abrir los párpados. .D .Bdia Mm-mm, .Edia apoyó. .P No cabía duda de que la Superficie le estaba gustando. Divertido, le revolví las trenzas. .D .Bdia Este fin de ciclo no cenaremos tugrines, .Edia le dije. .P Yánika rió quedamente abriendo sus ojos negros y los alzó hacia el cielo cada vez más oscuro, pensativa. .D .Bdia ¿Crees que saldrán las Lunas? .Edia preguntó. .P Según había aprendido en el Templo, existían tres astros nocturnos en Háreka, la Luna, la Vela y la Gema. Sin embargo, no siempre salían todas al mismo tiempo. Hundí las manos en los bolsillos y me aparté del bordecillo con ánimo. .D .Bdia Ni idea. Lo comprobaremos. Vamos. .Edia .P Con ligereza, Yánika me alcanzó mientras cruzábamos el puente en una oscuridad creciente. La rodeaba un aura llena de curiosidad tranquila y alegre. .Ch "El collar de los espectros" .\" 09/02/2019 .D .Bdia ¿Ya has desayunado suficiente, Yani? .Edia pregunté con la boca llena. .Bdia Luego tendrás hambre. .Edia .D .Bdia Hermano… ¿vas a comerte todo lo que queda? .Edia preguntó ella echando una mirada impresionada al plato lleno de buñuelos y tostadas. .D .Bdia Esh bufé libre, .Edia repliqué. El que lo fuese había mejorado aún más la amable acogida que nos habían dado anoche los padres de la tal Kali. ¿Que sois amigos de Livon?, se había exclamado el imponente tabernero. ¡Bienvenidos, bienvenidos! Ni siquiera les habíamos dicho que éramos “amigos”, pero nos habían tratado como tales y la madre nos había contado ya que su hija estaba en plena misión, pero que sus pasteles eran igual de ricos que los que hacía ella —no le faltaba autoestima… ni razón para alabar así su cocina. Tragué y agarré un buñuelo relleno de verduras. Lo miré un segundo antes de metérmelo en la boca. .Bdia No sé qué demonios es, pero está condenadamente bueno. Este es de los mismos. ¿Quieres probar? .Edia .P Yánika tomó el buñuelo y le arrancó un bocado apreciativo antes de girarse hacia el este. Instalados en la terraza de .Sm -t nomlieu La Calandria , teníamos unas maravillosas vistas al mar. La noche anterior, nos habíamos pasado un buen rato observando las estrellas y la luz azul de la Gema desde esa misma terraza y, como consecuencia, nos habíamos acostado tarde y perdido los primeros rayos del amanecer. .Sm -t penso Otro día será , pensé. Y engullí de corrido la tostada y los últimos tres buñuelos que quedaban. Me levanté. .D .Bdia Vamos. .Edia .P Yánika se puso en pie de un bote, animada. .D .Bdia Podemos visitar el mercado, .Edia propuso, mientras bajábamos las escaleras de la terraza. .P Sus ojos brillaban de excitación ante la perspectiva. Siempre le habían gustado los lugares agitados llenos de novedades. Sonreí y, tras preguntar por las señas a un viejo firasano sentado en un banco, nos dirigimos hacia el mercado. .P Las calles por las que pasamos estaban llenas de vida, saijits de toda raza se cruzaban, se saludaban, esperaban clientes, se desperezaban… Vimos unos cuantos perros, no los cerberos que algunos vecinos de Donaportela usaban como guardianes contra los monstruos, sino canes medianos y pequeños de pelaje colorido y ojos amigables. Los balcones rebosaban de flores, el sol calentaba y el viento arrastraba la sal del mar… .D .Bdia ¡El mercado! .Edia se entusiasmó Yánika, señalando hacia delante. .P La calle del mercado resultó interminable. Los puestos y tenderetes ocupaban la mitad del espacio y los compradores el resto. Cuando el ajetreo estuvo a punto de separarnos y Yánika me agarró del brazo, le dije: .D .Bdia ¿Qué tal si vamos a ver a los Ragasakis? .Edia .P Ella asintió y nos alejamos. En los Subterráneos, la gente tendía a ser menos ruidosa en los lugares abiertos, simplemente porque el sonido reverberaba. Pero ahí, en la Superficie, por lo visto no tenían reparos en hablar a voces y formar una verdadera cacofonía. Era otra cultura. .P Cuando nos alejamos del centro, sin embargo, las calles se volvieron tranquilas y silenciosas. Otra vez tuve esa sensación de que alguien nos seguía y eché un vistazo hacia atrás. .D .Bdia ¿Hermano? .Edia se extrañó Yánika, y agrandó los ojos, entendiendo. .Bdia ¿Has visto al espía? .Edia .P Sacudí la cabeza. .D .Bdia No. Se hará el tímido. A no ser que tu hermano se esté volviendo paranoico. .Edia .D .Bdia Podría ser, .Edia meditó Yánika seriamente con ojos chispeantes de burla. .D .Bdia Mmpf. Pero no lo creo, .Edia aseguré, pensativo, echando otro vistazo hacia atrás. .Bdia El viento no me engaña. .Edia .P Sin embargo, ya no sentía nada. Bajo la mirada interrogante de mi hermana, me encogí de hombros, volví a hundir las manos en los bolsillos y retomamos la marcha. Con las indicaciones de Livon, encontramos la cofradía sin problemas. Como nos había explicado en el carruaje camino a Firasa, no había pérdida: la casa, que pertenecía a una tal Shimaba, se situaba a media cuesta de una colina cerca del mar, en la parte norte de la ciudad. Había unas cuantas tiendas en la calle, pero el lugar era mucho más apacible que el mercado. La casa en sí llevaba grabados en la fachada un símbolo geométrico y unas letras color rojizo dorado que rezaban: Casa de los Ragasakis. .P Nos detuvimos ante la gran puerta y le eché una mirada a Yani. Estaba tranquila. No solía sentir aprensión con facilidad. Por mi parte, me resultaba algo incómodo llamar a casa de una cofradía cuya existencia acababa de descubrir el día anterior, pero… Recordé la amplia sonrisa de Livon al decirnos ‘hasta mañana’ y me dije: un Arunaeh cumple siempre con su palabra. .P Fui a llamar a la puerta en el momento en que un humano se nos acercó por la calle diciendo: .D .Bdia ¡Hola! Soy un Ragasaki. ¿Venís a encomendar un trabajo? .Edia .P Tenía gafas, pelo castaño claro y rizado y unos ojos verdes que nos miraban, solícitos. Negué: .D .Bdia En realidad, ayer me encontré con un Ragasaki llamado Livon y quedé con que vendría a visitarlo a la cofradía. .Edia .P El Ragasaki enarcó una ceja. .D .Bdia ¿Livon te invitó? .Edia Parecía alegrarse y sorprenderse al mismo tiempo. .Bdia Entonces, entrad, .Edia nos invitó. .Bdia Yo me llamo Loy. .Edia .P Dimos nuestros nombres y él empujó la puerta. El interior de la cofradía se asemejaba más a una pequeña taberna particular que a una casa. No había muros más que los exteriores y unas escaleras que guiaban a la primera planta. Junto a la entrada, se alzaba un mostrador que a la vez parecía usarse de escritorio. Al fondo de la sala, había unas estanterías cargadas de libros. Y esos eran todos los grandes muebles: el resto estaba cubierto de alfombras, cojines y mesas bajas. A una de estas, se encontraban sentadas cuatro personas enfrascadas en una conversación. Reconocí a la pequeña faingal, Zélif. Y a Livon. Este tenía cara deprimida. .D .Bdia Me ha dicho este tipo que te conoce, Livon, .Edia lanzó Loy desde la entrada. .P El kadaelfo alzó bruscamente la cabeza y sonrió, levantándose. .D .Bdia ¡Drey! Me alegra que hayas venido. ¿Quieres tomar algo? Te invito. .Edia .D .Bdia Hemos desayunado como trolls en .Sm -t nomlieu La Calandria , .Edia aseguré. .D .Bdia Sobre todo mi hermano, .Edia confirmó Yánika con una gran sonrisa, llevándose las manos detrás de la espalda. .Bdia ¿Dónde está Tchag? .Edia .P La expresión de Livon se llenó de incomodidad. .D .Bdia Bueno… desapareció, .Edia confesó en un carraspeo. Agrandé los ojos como platos mientras él explicaba: .Bdia Anoche, puse la caja con el imp dormido en mi cuarto y dejé la tapa abierta pensando que no se marcharía. Pero… me equivoqué. Quiso salir y, cuando intenté impedírselo, se me tiró encima y desapareció. .Edia .D .Bdia ¿Se te tiró encima? .Edia repetí, incrédulo. No conseguía imaginarme a la pequeña criatura grisácea de ojos grandes atacando a alguien. .D .Bdia Eso te pasa por confiar en un imp, Livon, .Edia dijo una joven de largo pelo blanco, levantándose a su vez. .Bdia Eres demasiado confiado. .Edia .D .Bdia Mm, .Edia suspiró Livon, ensimismado. .Bdia Parecía contento de tener compañía… Y aun así, anoche, parecía un vampiro sediento. Hasta se le pusieron los ojos blancos. Espero que no haya causado demasiados problemas en la ciudad… .Edia .D .Bdia ¿Los ojos blancos? .Edia repitió la de pelo blanco con el ceño fruncido. .D .Bdia Como dos piedras de luna, .Edia afirmó Livon. .P Le eché una mirada intrigada a la humana. Esta se había ensombrecido. Zélif, por lo visto, también se fijó. .D .Bdia Naylah, .Edia dijo la faingal con tono suave pero curioso. .Bdia ¿Significa algo que tenga los ojos blancos? .Edia .P La tal Naylah meneó la cabeza y nos dio la espalda a todos para alejarse diciendo: .D .Bdia Ni idea. Puede que sea un fenómeno propio de su especie. En todo caso, no podemos dejar que vagabundee más por Firasa. .Edia Recogió una larga lanza posada contra un muro y la plantó en el parqué afirmando: .Bdia Tenemos que encontrarlo. .Edia .P Zélif y Livon asintieron. El cuarto del grupo, un hombre de pelo rojo cómodamente instalado sobre un cojín, intervino diciendo con los brazos cruzados: .D .Bdia Vamos, calmaos. Todavía Sirih y Sanaytay no han vuelto. ¿No será mejor esperar a que vuelvan? Tal vez lo hayan encontrado. Además, ¿por qué te llevas la lanza, Nayu? ¿No lo irás a atravesar con eso, verdad? .Edia .D .Bdia Astera también sirve como maza, .Edia replicó Naylah, colocándose el arma detrás de la espalda. .Bdia Vamos. .Edia .P Abrió la puerta. Livon iba a seguirla afuera cuando, de pronto, como recordando algo, se giró hacia mí rascándose la cabeza. .D .Bdia ¡Perdón, Drey! Ni siquiera te he presentado. ¡Hoy ando despistado! Gente, estos son Drey y Yánika. .Edia .P El del pelo rojo saludó con una media sonrisa sin descruzarse los brazos. .D .Bdia Encantado. Yo soy Staykel el Ahumador. Sois de los Subterráneos, ¿verdad? .Edia .P Staykel nos miró de arriba abajo. El humano despedía una mezcla de desparpajo, arrogancia y afabilidad. Mostré una sonrisa ladeada. .D .Bdia Supongo que se ve a leguas, .Edia dije. Y pregunté con curiosidad: .Bdia ¿Por qué ‘Ahumador’? .Edia .D .Bdia Ja, .Edia dijo Staykel con una sonrisilla suficiente. .Bdia Porque soy el fabricante de granadas de humo más famoso de la cofradía. .Edia .D .Bdia Teniendo en cuenta que eres el único… .Edia meditó Livon. .D .Bdia ¡Beh! Tal vez no haga granadas de humo mejores que los del Gremio de Alquimistas, pero no las hago peores. Y yo, al contrario que ellos, innovo, .Edia se jactó. .D .Bdia Sí, .Edia sonrió Livon, girándose hacia mí. .Bdia Hasta tiene una sala secreta donde hace experimentos, me lo dijo la pequeña Shaïki. Tan secreta que ella me dijo: mamá va a estamparle runas brúlicas a mi papá para que no nos ahúme la casa otra vez. .Edia .D .Bdia ¡Sólo se ahumó una vez! .Edia protestó Staykel. Ruborizándose, rectificó: .Bdia O poco más de una vez. Sapos y centellas, Livon, ¿no tenías a un imp que recuperar? .Edia .P En ese instante, oí un barullo de voces y me giré para ver cómo Naylah volvía a entrar con expresión sombría, seguida de Sirih, la armónica de pelo rojo, y de otra joven con vestido escarlata que llevaba una especie de vara rojiza en una mano. No, era una flauta, rectifiqué. .D .Bdia ¡Lo encontramos! .Edia declaró Sirih. .D .Bdia Mmpf. ¿Lo veis? .Edia comentó Staykel, retomando su desparpajo. .Bdia Os dije que no hacía falta precipitarse. .Edia .P La pelirroja blandía al imp por el torso como un trofeo. .D .Bdia Adivinad dónde nos lo hemos encontrado. ¡En el mercado, curioseando! Dice que estaba perdido. Mmpf. Este imp tiene más cuento que un vendehúmos. Aunque, es cierto… Sanaytay lo oyó preguntar a un niño por un gran amigo rojo y azul, ¿verdad, hermana? .Edia .P La de la flauta asintió y sus ojos rasgados se giraron hacia el permutador cuando murmuró con timidez: .D .Bdia Pensé que podías ser tú, Livon. .Edia .P Sonreí. Un gran amigo rojo y azul. La descripción perfecta. Tchag, lejos de mostrarse culpable u hostil, sonreía, profundamente aliviado. .D .Bdia ¡Drey, Livon, Yánika! .Edia exclamó. .P Lo observé atentamente. ¿Estaría fingiendo? Yánika parecía estar haciéndose la misma pregunta. Livon, él, se precipitó hacia él. .D .Bdia ¿Tchag? ¿Estás bien? .Edia .P Sirih había atado una cuerda al collar metálico que llevaba y se la pasó a Livon. Este se agachó, posando al imp con delicadeza. .D .Bdia Di… ¿por qué te marchaste? .Edia preguntó. .D .Bdia ¿Marcharme? .Edia repitió Tchag. .Bdia Yo no… me mar… .Edia .P Calló, súbitamente confuso. Me fijé entonces en que Zélif y Naylah se habían quedado hablando junto a la puerta de entrada. La faingal giró la mirada hacia el imp, impactada, asintió y se dirigió hacia nosotros con ligereza. Se arrodilló junto a Tchag dejando su cabellera rubia rodearla como un mar dorado y, tras sonreírle con curiosa suavidad, tendió una mano hacia su collar y cerró los ojos. Su rostro enseguida se hizo grave y jadeó: .D .Bdia Por los Ojos de Zarbandil… .Edia .P Intercambié una mirada perpleja con Livon. La inquietud en el aura de mi hermana se comunicó al resto con eficacia: hasta Tchag se tensó como un animal acorralado, pero no intentó huir, prueba de que confiaba en nosotros pasara lo que pasara. Entonces, Zélif abrió unos ojos azules decididos. .D .Bdia Todos, escuchad, .Edia dijo. .Bdia El culpable de todo es este collar. Está cargado de energías bréjicas y no sólo. Los trazados de esta mágara son tan complejos que no consigo entenderlos, pero lo que está claro es que hay flujos de energía que parten del collar y van directos hacia la cabeza de Tchag. Van protegidos por brúlica, pero estoy segura de que adentro son señales bréjicas. .Edia .P De modo que era eso, entendí. Ya me decía que ese collar no era normal. .D .Bdia La bréjica… es la energía de la mente, ¿verdad? .Edia murmuró Sanaytay, impactada, apretando con la mano su flauta roja. .D .Bdia Correcto, .Edia confirmó Loy con tono de profesor. El humano con gafas que nos había invitado a entrar se había sentado junto al mostrador, siguiendo de lejos la conversación. .D .Bdia .Sm Tâ … .Edia se quejó Sirih, contrariada. .Bdia hermana, ¿le has entendido? Por piedad, gran líder, ¿podrías hablar con más claridad? Lo de los flujos y eso, no lo he pillado. .Edia .P Ni Livon por lo visto: casi parecía salírsele humo por las orejas. Sanaytay contemplaba el collar del imp con ojos agrandados, Staykel el Ahumador se rascaba el mentón, pensativo… Yo observaba a Zélif. Sin duda no era una mala perceptista para haber averiguado tanto en tan poco tiempo. La líder de los Ragasakis precisó con toda la claridad que pudo: .D .Bdia Si no le quitamos el collar, Tchag perderá el control otra vez. Ya he oído hablar de un fenómeno parecido. Esos flujos energéticos de los que hablo, Sirih, le están mandando continuamente a Tchag sentimientos de odio, no sé contra quién, lo que sé es que este collar… .Edia paseó la mirada por todos nosotros, Livon, Sirih, Sanaytay, Staykel, Loy, Yánika y yo… y declaró: .Bdia lleva un espectro dentro. .Edia .P Calló ante nuestras miradas atónitas. ¿Un… espectro? Recordé el Espectro Blanco de la isla de Taey, donde vivía nuestra madre, en el clan Arunaeh. Lo había visto incontables veces, pero no era más que una masa de energía que vagaba sin objetivo, sin sentimientos, sin real vida. En el asombro general centré mi atención sobre el collar del imp, pensativo. Así que era una mágara, y no una cualquiera: una capaz de encerrar un ser, un ser simple, pero un ser vivo de todos modos. Sentí la creciente inquietud de Yánika y posé instintivamente una mano sobre su brazo mientras proponía: .D .Bdia Puedo intentar quitárselo. .Edia .P Livon, que se había quedado impactado por la noticia del espectro, alzó bruscamente la cabeza con esperanza. .D .Bdia ¡Es verdad! Drey es un destructor. .Edia .P Zélif parpadeó, mirándome. .D .Bdia ¿Un destructor? Creí… Bueno, no es nada. ¿Crees que podrías destruir este metal? Es acero negro. .Edia .P Hice una mueca. .D .Bdia Tal vez no, .Edia confesé. El acero negro —o hierro negro como lo llamaban los puristas— era uno de los metales más resistentes del mundo. Y también uno de los más caros. ¿Qué hacía un imp con un collar de esos? ¿Quién se lo habría puesto? Durante mi vida como aprendiz Monje del Viento, había hecho estallar rocas con hierro negro dentro, pero no había quebrado nunca un filón de hierro negro. Y menos un collar. .P Me avancé. .D .Bdia ¿El collar no le puede afectar a Drey, verdad? .Edia se inquietó Livon. .D .Bdia No, .Edia aseguró Zélif. .Bdia Son flujos estáticos una vez colocados. A él no le harán nada. .Edia .P Me agaché junto al imp. Este nos miraba a todos con creciente confusión. Me crucé con sus ojos. Ahora parecía igual de inocente y simpático que el día anterior. Apenas lo conocía y aun así era tan joven y sencillo que era difícil no empatizar con él y aún más desconfiar de él. Mi conciencia me impedía dejar que un espectro lo destruyese. Staykel el Ahumador intervino: .D .Bdia Un momento, Zélif. ¿Cómo sabes que hay un espectro dentro? Sé que eres una gran perceptista pero… Has dicho que habías oído hablar de un fenómeno parecido. ¿Eso significa que hay más collares de ese estilo? .Edia .P La pequeña faingal se ensimismó, desvió la mirada hacia el imp y suspiró. .D .Bdia Los hubo. Espectros que poseían saijits gracias a collares parecidos… Pero de eso hace mucho tiempo. Me extrañaría que una criatura como Tchag… .Edia Frunció el ceño y se encogió de hombros. .Bdia Sea como sea, difícilmente vamos a sonsacar explicaciones a un collar. Sólo espero que romperlo no sea demasiado arriesgado para Tchag. .Edia .D .Bdia ¿Arriesgado? .Edia se alarmó Livon. .D .Bdia ¡Oh, no! .Edia se apresuró a tranquilizarlo Zélif. .Bdia Qué digo, lo más probable es que no le pase nada muy grave… .Edia Se mordió un labio. .Bdia Supongo. .Edia .P Attah… Lo que quería decir que no tenía absolutamente ni idea de lo que pasaría una vez roto el collar. Tchag se rascaba la cabeza, cada vez más incómodo bajo tanta mirada atenta. Con el ceño fruncido, tendí una mano y agarré el collar. .P Yánika se sentó junto a mí, muy atenta. Y mientras los demás esperaban igual de expectantes, me concentré. .P El material tenía sin duda una dureza que rivalizaba con la del diamante. Pero no tanto, me dije. El hierro negro podía ser fundido a muy altas temperaturas. Por eso existían armas de hierro negro, aunque fueran muy escasas. Sin embargo, no podía meter el collar en un lago de lava estando Tchag en medio. Fuese como fuese, ¿cómo habían conseguido ponerle el collar al imp? Inspeccioné el collar, buscando alguna soldadura, pero no la encontré. El aro era perfecto. Sabía que existían herreros celmistas capaces de usar sortilegios de energía aríkbeta para transformar el material y unirlo directamente. Los destructores trabajaban a veces con ellos en algunas obras. Pero… no había oído nunca hablar de un herrero aríkbeto capaz de fundir hierro negro. ¿Podía tratarse de esa bruja Lul de la que había hablado el imp? Meneé la cabeza y, tras evaluar el hierro negro unos instantes, me aparté. .D .Bdia No puedo destruir esto. Lo siento, Tchag. No me fío de mi precisión y no quiero herirte haciendo estallar el hierro. .Edia Ni tampoco quería matarlo rompiendo el collar, añadí mentalmente. Le palmeé la mata de pelos blanca y alcé la vista. .Bdia ¿No se podría sin más interrumpir los flujos del collar o deshacer su trazado? .Edia .P Zélif volvió a agarrar el collar con cara concentrada diciendo: .D .Bdia No es tan sencillo. La bréjica es una de las artes más complicadas que hay. La verdad… tal vez sea mejor dejarlo así por ahora, no vaya a ser que metamos la pata. No sabemos aún si interrumpir los flujos o destruir directamente el collar puede ser peligroso para la mente de Tchag. .Edia .D .Bdia Entonces mejor no, .Edia se apresuró a opinar Livon, nervioso. .D .Bdia De todas formas, .Edia intervino Naylah, la lancera, .Bdia estoy segura de que sólo un gran especialista de magia negra podría llevar a cabo una operación como esa. .Edia .P Sirih le echó una mirada burlona. .D .Bdia Hablas como si tú fueras una gran especialista de magia negra… Ahora que lo pienso, ¿eras subterraniense, no? Y con esos pelos plateados… ¡Fijo que eras la aprendiz de un nigromante! Tchag, alégrate, ¡Nayu va a salvarte! .Edia .P La armónica bromeaba. Sin embargo, Naylah no se lo tomó bien. La fulminó con la mirada y se cruzó de brazos replicando: .D .Bdia No soy la aprendiz de nadie. En cuanto a la magia negra, no debería existir. .Edia .D .Bdia Si somos rigurosos, la magia negra no existe, .Edia terció con calma Loy, recolocándose las gafas. .D .Bdia ¿Que no existe? ¿En serio? .Edia se burló Sirih. De pronto, alrededor de la humana pelirroja, unas sombras surgieron de la nada, más negras que el carbón, dándole el aspecto de un demonio infernal. .Bdia ¿Y esto qué es? .Edia .D .Bdia ¡Magia negra! .Edia lanzó Staykel el Ahumador, fingiendo terror. .P Nos arrancó una sonrisa y, divertido, Loy respondió: .D .Bdia Sombras armónicas de la famosa maga negra Sirih. Espeluznante. .Edia .P La famosa maga negra deshizo las armonías con una sonrisa pícara, que desapareció enseguida cuando vio la expresión de Naylah. Esta había posado la lanza y se había cruzado de brazos con cara lúgubre. .D .Bdia Nayu… .Edia .D .Bdia Para mí, .Edia la interrumpió la lancera, .Bdia magia negra es cualquier sortilegio retorcido creado para hacer daño. Y ese collar… es una abominación que fuerza un cuerpo a ser poseído por un espectro. No se bromea con eso. .Edia .P Sirih se ruborizó un poco. Sentado con las manos en los bolsillos, medité. Esa lancera había tenido sospechas en cuanto había visto el collar, e incluso en cuanto Livon le había hablado de los ojos blancos, recordé de pronto. Pero… ¿cómo? ¿Acaso era una experta cazadora de espectros y sabía percibirlos a primera vista? La imagen que me hice de ella era más poética que probable. Hubo un silencio incómodo. .D .Bdia Yo… .Edia intervino entonces Tchag. Atrajo bruscamente todas las miradas y sus ojos brillaron, nerviosos. .Bdia No soy un espectro. Soy Tchag. Ya os lo dije. .Edia .D .Bdia Tchag, .Edia repitió Livon. Asintió con firmeza. .Bdia Claro. Te creo. .Edia Le quitó la cuerda atada al collar. .Bdia Dime. ¿Sabes quién te puso este collar? Tal vez podamos convencer a esa persona para que te libere, .Edia razonó. .P Tchag vaciló. .D .Bdia No sé… .Edia .D .Bdia ¿No lo recuerdas? .Edia preguntó suavemente Zélif. .D .Bdia Mmm… .Edia Balanceó la cabeza. .Bdia Un poco. Sé que, cuando llegaron ellos… luego la bruja Lul ya no estaba conmigo. .Edia Sus labios se retorcían al recordarlo. Manoseó el collar, estiró en vano aunque sin mucha fuerza y, de pronto, se oyó un gorgoteo. El imp bajó la mirada hacia su vientre, lo palmeó soltando un gruñido quejumbroso y se tiró a la alfombra diciendo: .Bdia Tengo hambre… .Edia .D .Bdia Eso, al menos, puede arreglarse, .Edia intervino una voz divertida. .P Alcé la vista. Al pie de las escaleras, había aparecido una anciana con una larga túnica y unas sandalias viejas. Llegaba de la primera planta, por lo que debía de ser Shimaba, la dueña de la casa. .D .Bdia Loy, .Edia añadió, .Bdia ¿puedes traernos algo de la cocina? .Edia .P El humano con gafas se deslizó abajo de su silla con presteza. .D .Bdia Claro. Me pregunto qué comen los imps. .Edia .P .Bpenso Difícil saberlo ya que los imps no existen, .Epenso pensé. Y como no sabíamos para nada a qué especie pertenecía Tchag… Shimaba resopló en señal de ignorancia y replicó: .D .Bdia Trae cualquier cosa. .Edia .P Loy desapareció por una puerta detrás del mostrador en la que me fijé sólo entonces. Pronto regresó con un plato lleno de empanadas. .D .Bdia Ni idea de quién las hizo, pero es todo lo que hay, .Edia se excusó, posándolo ante Tchag. .Bdia Nuestros dos cocineros siguen de viaje. .Edia .D .Bdia Kali y Yeren, .Edia me explicó Livon, aún sentado junto a mí. .Bdia En realidad, ya conoces a casi todos los asiduos a la Casa. Bueno, te falta conocer a Orih… .Edia .P Calló de pronto, sorprendido, cuando Tchag dejó escapar una risa clara de contento y agarró una empanada. La engulló de golpe y pasó a otra. El imp lo devoraba todo con asombrosa rapidez y evidente placer. Metiéndose la última empanada en la boca, nos enseñó una gran sonrisa abultada, se fijó en Livon, se cruzó de brazos como él, me miró, ladeó la cabeza y tragó al fin. Yánika nos observaba alternadamente al imp y a mí y una oleada de diversión se propagó a su alrededor. Al notarla, hice una mueca exasperada. .Sm Dánnelah … ¿No me estaría comparando con ese glotón, verdad? .D .Bdia ¡Más! .Edia exclamó entonces Tchag con alegría. .P Lo miramos, asombrados. ¿Más? ¿En serio? ¿Cuánto tiempo hacía que no comía? Livon se carcajeó y se levantó diciendo: .D .Bdia ¡Está bien, salgamos! Conozco un buen sitio para comer. .Edia .D .Bdia Déjame adivinarlo, ¿ .Sm -ns -t nomlieu El Parat otra vez? .Edia se burló Staykel. .Bdia Cuidado, muchacho, Yeren te echará la bronca por comer solo pastas. .Edia .D .Bdia Beh, tú no eres un ejemplo, .Edia repuso Livon alzando un índice. .Bdia Shaïki me dijo el otro día que le pasaste todas las setas cuando Praxan no miraba… .Edia .D .Bdia ¡Mil brujas sagradas! ¡Pero de qué demonios hablas con mi hija, tú! .Edia exclamó Staykel arrojándole un cojín. .P Livon esquivó con una sonrisa de oreja a oreja y preguntó: .D .Bdia Drey, ¿te vienes? .Edia .P Puse los ojos en blanco y asentí, animado. .D .Bdia Vamos. .Edia .salto No volvimos a mencionar el collar de Tchag en todo el día. Zélif nos advirtió de que la luz del sol forzaría muy probablemente al espectro a atrincherarse en el collar, así que, tras comer pastas en el tenderete favorito de Livon, nos pasamos el resto del día fuera, visitando la ciudad. Livon nos enseñó los Pilares, vestigio de los tiempos imperiales de Arlamkas, recorrimos la Avenida Blanca, bordeada de soredrips, y al desembocar en la Plaza Mayor nos encontramos de frente con un grupo de gente armada vestida con tabardos blancos y negros. Nos apartamos para dejarlos pasar mientras Livon nos explicaba con naturalidad: .D .Bdia Esos son de la Orden de Ishap. Su jefe les obliga a ponerse el uniforme pero, en realidad, muchas veces cumplen la misma clase de trabajos que nosotros. Por eso dicen que les robamos el trabajo, .Edia rió, frotándose la cabeza, con la expresión de quien piensa: y de hecho, se lo robamos, pero tampoco hay nada malo en eso, ¿no? .P En la plaza, había casi tanto trajín como en el mercado. Observamos a unos malabaristas itinerantes y, cuando Livon dejó dos kétalos en la gorra, le eché una mirada de sorpresa. En mi vida había dado dinero por voluntad propia pero… allá donde fueres, haz lo que vieres, pensé. Y Yánika y yo lo imitamos dando cada uno una moneda y recibiendo la sonrisa de un malabarista antes de alcanzar al Ragasaki. Compramos helados y nos alejamos saboreando nuestra merienda. El sol calentaba agradablemente e iluminaba todo de una manera tan irreal que empezaba a entender por qué algunas religiones de la Superficie le rendían culto. .P Acabamos bordeando la larga playa, escuchando el oleaje y rodeando los barcos pesqueros, mientras el sol declinaba. Unas nubes oscuras se acercaban desde el este pero la arena aún brillaba como mil cristales de fuego. Tchag y Yánika se agachaban junto a la orilla mirando conchas. Vi al imp recoger una, mirarla con admiración y echar de pronto a correr hacia Yánika para enseñársela. Como respuesta, mi hermana le enseñó las que había encontrado. Meneé la cabeza, divertido. Parecía un concurso de quién encontraba la más bonita. Livon acababa de tirar una piedra plana en el agua para hacer rebotes —llegó a cinco— cuando un súbito cambio en el aire me hizo girar la cabeza. Un elfo oscuro de pelo como electrificado se había asomado por una de las numerosas rocas al final de la playa. Me crucé con sus ojos rojos y creí oírlo mascullar algo con tono hastiado antes de desaparecer. Agrandé los ojos. ¿Podía ser acaso…? .P El espía. .P No quería preocuparle a Yánika, así que dije simplemente: .D .Bdia Voy a caminar hasta las rocas y vuelvo. .Edia .P Livon asintió y Yánika dijo: .D .Bdia No te alejes mucho. .Edia .P Me decía lo mismo cuando, al viajar en los Subterráneos, me alejaba del campamento a curiosear. Sonreí. .D .Bdia No te preocupes, aquí no hay monstruos. .Edia .P Apreté el paso y pronto llegué a las rocas. Como era de esperar, el elfo oscuro había desaparecido. ¿Quién podía ser? No lo había visto muy bien, pero estaba casi seguro de que no lo conocía. Tal vez no fuera el espía. Durante el viaje a la Superficie y tras notar su presencia, se me había ocurrido que los Monjes del Viento aún me estuvieran espiando por si casualidad mi hermano se ponía en contacto conmigo —una de las razones, sin duda, por las que nos habían dejado marchar tan fácilmente del Templo. Sin embargo, dudaba de que Lústogan fuera a tomar riesgos inútiles. Llevaba sin noticias suyas desde hacía tres años. .P Tras examinar el lugar un momento, encontré una piedra plana y acababa de recogerla cuando sentí el aura de mi hermana y me giré para verla aproximarse a las rocas junto con Livon y Tchag. .D .Bdia ¿Pasa algo, hermano? .Edia se inquietó. .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Honestamente, nada, .Edia dije. .P Los alcancé, acercándome a la orilla, y arrojé la piedra plana. Esta, estabilizada con órica, rebotó treinta y seis veces antes de desaparecer en el agua. Sólo treinta y seis. De haberme visto en tan baja forma, Lústogan me habría mandado hacer estallar roca durante una semana entera. Livon, él, había contado cada rebote, boquiabierto. .D .Bdia ¡Eso ha sido increíble! .Edia exclamó. .P Sonreí y hundí las manos en los bolsillos. .D .Bdia Qué va. No he llegado ni a cincuenta. Mi hermano llega a más de ochenta. .Edia .P Parecía que no se le iba a cerrar la boca de asombro. .D .Bdia ¿Tienes un hermano? .Edia Su voz sonaba a la vez animada y ligeramente envidiosa. Explicó: .Bdia Yo nunca he tenido uno. .Edia .P Mientras bordeábamos de nuevo la playa, le eché una mirada de reojo. Livon estaba ensimismado. Por lo que había contado el día anterior, había llegado a la cofradía a los once años, siguiéndole a Baryn, el monje yurí. En tal caso, ¿podía ser que fuera huérfano? Era triste pensarlo… y todavía más incómodo preguntárselo. .D .Bdia Nunca conocí a mi familia, .Edia agregó Livon. Se detuvo y sentí cierto malestar. ¿No iría a contarme su infancia, verdad? Cuando me fijé en su ancha sonrisa, sin embargo, parpadeé, desconcertado, mientras él declaraba: .Bdia Pero no importa, porque ahora tengo la suerte de tener una familia estupenda. .Edia .P Los Ragasakis, entendí. La cofradía, para él, era como una familia. Pensé en los Monjes del Viento, en lo que había sido antaño mi hogar, y… negué interiormente. Yo nunca había considerado a mi cofradía como una familia. Si acaso como una cárcel. Pensar en ella no podía posiblemente ponerme la cara risueña que tenía Livon en ese momento. Con una media sonrisa, desvié la mirada y, mientras retomábamos la marcha hacia las casas, eché un vistazo al atardecer y a las nubes oscuras que se acercaban desde el este. Un viento frío recorría ahora la playa y las gaviotas levantaron de pronto todas el vuelo en una cacofonía de chillidos. Nos detuvimos en el dique. Desde ahí, se veía nuestro albergue en primera fila de la costa. Alzando los ojos al cielo, Livon comentó: .D .Bdia Esta noche va a llover. ¿Vais a quedaros en .Sm -t nomlieu La Calandria ? .Edia .P Intercambié una mirada con Yánika y afirmamos. Pregunté: .D .Bdia ¿Quién se ocupa de Tchag? .Edia .D .Bdia No me molesta, .Edia dijo Livon. .D .Bdia ¿Seguro? .Edia .P No podía decir que me molestase a mí que se lo quedase… Livon aseguró: .D .Bdia Es mejor así. Los padres de Kali son creyentes járdicos. No creo que sea una buena idea meterlo en .Sm -t nomlieu La Calandria , .Edia razonó él. .P Ambos le echamos una mirada al imp, que ahora observaba las gaviotas con curiosidad unos pasos más lejos. Me encogí de hombros. .D .Bdia Entonces, hasta mañana. .Edia .P Livon sonrió, llamó a Tchag y este también se despidió antes de seguir a su amable anfitrión diligentemente… tan diligentemente que lo adelantó. En vez de protestar, Livon echó a correr detrás de él con evidente diversión para alcanzarlo. Me carcajeé por lo bajo. .D .Bdia Tchag no sabe que un permutador no puede perder en una carrera. .Edia .P Yánika me correspondió con una risita. Entonces me pregunté si Livon sería capaz de permutar con Tchag. No tenía ni idea de permutación, pero sospeché que, como en todo arte órico, no podría saltarse la ley del equilibrio de masas y fuerzas. Aparté mis pensamientos de inmediato cuando noté que un aura nueva rodeaba a Yánika. Mi hermana había alzado sus ojos negros al cielo. Tendió una mano y murmuró: .D .Bdia Es agua. .Edia .P En ese momento, recibí yo también una gota de agua en la mejilla. El cielo se había cubierto de nubes oscuras y el viento soplaba, más libre que nunca. No era lluvia ácida. Aun así, por si acaso, nos rodeé de viento órico para repeler las gotas y nos apresuramos a regresar al albergue. .P Aquella noche, la lluvia cayó sobre el tejado de .Sm -t nomlieu La Calandria como un baile de tambores. No hubiera logrado pegar ojo de no ser por el aura tranquila de Yánika y mi cansancio. Soñé con que caminaba con Yánika por un camino iluminado por el sol del atardecer y avanzábamos alegremente hacia oeste sin nunca alcanzarlo… .P Desperté en un sobresalto invadido por el miedo. Un sonido de roca explotando me había despertado. Y no sólo eso. También me había despertado el aura de Yánika. En la oscuridad, no alcanzaba a ver nada, hasta que una luz fugaz lo iluminó todo, incluida a mi hermana abrazada a su almohada. Sacando mi piedra de luna para iluminar mi camino, me apresuré a salir de mi cama para ir a tranquilizarla. .D .Bdia Yánika. No hay de qué preocup… .Edia .P Una roca explotó por toda la ciudad. Carraspeé, tenso. .D .Bdia No es nada, .Edia aseguré. .Bdia Debe de ser… el trueno. .Edia .D .Bdia ¿El… trueno? .Edia repitió Yani. .P Resonó otro, haciendo temblar los cristales. Recordaba haber leído que los rayos que salían de las nubes eran enormes descargas de energía brúlica capaces de quebrar un árbol y hacerlo arder en un instante. Capaces probablemente de matar a alguien. De pronto, la Superficie no me parecía tan amigable. Besé la frente de Yánika y permanecimos largo tiempo sentados el uno junto al otro, a la luz de la piedra de luna, escuchando los truenos, hasta que estos terminaron. A partir de ahí, dormí a pierna suelta y, cuando desperté, dejé escapar un suspiro ante la luz que inundaba el cuarto. Otra vez nos habíamos perdido el amanecer. .P Me enderecé y… enseguida me fijé en el papel plegado sobre la mesilla. Me quedé mirando el trozo de papel un buen rato, paralizado. No había estado el día anterior. Alguien había entrado en la habitación… ¿y no me había despertado? Imposible. Mi órica funcionaba incluso cuando estaba dormido: cualquier movimiento de aire tan cerca debería haberme despertado… A menos que lo hubiera confundido con el viento que se infiltraba por las rendijas. O a menos que la persona que había entrado supiera disimular su presencia. .P Tras echar un vistazo a Yánika y comprobar que seguía dormida, cogí el papel y lo leí. La frase era corta, aunque me costó descifrarla de lo mal que estaba escrita. Decía así: .Blecture No soy tu enemigo, relájate. .Electure El espía de la roca, sin duda, el drow de los pelos electrificados, deduje. Mis repetidas reacciones a su presencia lo habían empujado finalmente a “tranquilizarme”. Que no era mi enemigo, decía. Mmpf. Poco me importaba saberlo. Más me turbaba imaginarme que venía de parte de Padre, de mi hermano o, más preocupante aún, de mi madre. Pero de esta no podía ser: si hubiera sabido dónde estaba, me hubiera pedido que regresara de inmediato a la isla de Taey. .P Me metí el papel en el bolsillo y me estiré. .Sm Mar-háï . No era un enemigo pero tampoco le apetecía explicarme por qué me estaba siguiendo, ¿eh? Supuse que tarde o temprano acabaría por averiguarlo. .Ch "La cabaña" .\" 26/02/2019 Los pájaros cantaban alegremente revoloteando entre las flores blancas de los soredrips, colina abajo. Sentado en una roca plana, junto al camino que llevaba a una mina abandonada, observaba tranquilamente la revista junto con Tchag mientras Yánika giraba las páginas. Era una revista turística de las aguas termales de Skabra: estaba llena de imágenes de fuentes coloridas y baños suntuosos. Mi hermana giró otra página y yo desvié la mirada hacia el cielo. .P Hacía un día precioso, aunque la tierra seguía mojada. No era de extrañar: aquella noche había llovido. Como la anterior. Y la anterior. Llevaba cuatro días lloviendo cada noche. Cosas de la primavera, decía Livon. Precisamente, el kadaelfo exclamó en ese momento: .D .Bdia ¡Estoy listo! .Edia .P El Ragasaki se había pasado un buen rato agachado a unos cincuenta metros de distancia, concentrándose. Ahora, estaba de pie con expresión decidida. Sonreí, me levanté y me alejé de Yánika y Tchag mientras preparaba la órica. Me envolví con ella. Un viento cada vez más potente se arremolinó a mi alrededor. .P .Bparoles La fuerza es destrucción y protección, .Eparoles me solía repetir Lústogan. .Bparoles De nada sirve saber destruir una roca si te destruyes con ella. Antes, debes saber protegerte. .Eparoles .P Sin siquiera sacar las manos de los bolsillos, lancé: .D .Bdia Listo. .Edia .P Sentí energía órica que no tenía nada que ver con mi viento alcanzar mi barrera. El primer día, Livon no había conseguido atravesarla. Los dos siguientes, la había atravesado, pero su sortilegio de permutación se había deshilachado demasiado rápido para tener efecto. Tenía la impresión de que esta vez tampoco lo conseguiría. No con un viento tan fuerte como el que había creado. .P De pronto, algo cambió. El viento, a mi alrededor, desapareció. Y el sol, que antes estaba a mi izquierda, pasó a estar a mi derecha. Parpadeé al ver a Livon sacar las manos de los bolsillos con una expresión triunfal. Pegó un salto. .D .Bdia ¡Lo hice! .Edia .P Yánika y el imp estaban ahora tan lejos que no sentía el aura de la primera. Iba a acercarme, incrédulo y a la vez alegre de que lo hubiese conseguido, pero Livon alzó una mano. .D .Bdia ¿Podemos hacerlo otra vez? .Edia .P Sus ojos brillaban de entusiasmo. Me quedé en mi sitio y recreé el viento. .D .Bdia Adelante, .Edia dije. .P Permutamos. En un instante, estaba de vuelta a mi posición inicial. Livon exultaba. .Bpenso Parece que le está tomando el tranquillo, .Epenso pensé. Lo miré con curiosidad. .D .Bdia ¿Quieres intentar hacerlo tres veces seguidas? .Edia .P Livon asintió, igual de curioso que yo. Recreé el viento. Sentí su órica deslizarse hacia mí con facilidad, como si el haber permutado conmigo ya dos veces le simplificara la tarea. Sin embargo, esta vez no iba lo suficientemente rápida. Se disolvió. Cuando vi a Livon tirado en el camino, me helé. .D .Bdia ¡Livon! .Edia .P Deshice el viento y me precipité. El Ragasaki se había quedado sin fuerzas. Era la segunda vez que le pasaba. Lo oí gruñir. .D .Bdia Estoy bien… .Edia .P Sí, claro, quitando que estaba en la imposibilidad de levantarse… Carraspeé. .D .Bdia Lo siento. No debí haberte forzado. .Edia .P Alzó unos ojos sorprendidos hacia mí y sospeché que la idea de hacer una tercera permutación le hubiera venido a la mente de todas formas. .D .Bdia ¿Está bien? .Edia preguntó Yánika. .P Mi hermana se había acercado con Tchag. Este repitió, inquieto: .D .Bdia ¿Estás bien? .Edia .P Livon asintió con la cabeza. .D .Bdia Sí… Todo bien. Pero el entrenamiento ha acabado por hoy… Eso es lo malo con la permutación, que siempre se acaba muy rápido. .Edia .P Trató de enderezarse. Lo ayudé. Pese a lo que decía, apenas podía moverse del cansancio, así que nos sentamos sobre unas rocas junto al camino desierto. Desde ahí, se veía la costa y las casas de Firasa. Tras contemplar las vistas un momento, dejé escapar: .D .Bdia ¿Por qué te entrenas tan duramente? .Edia .P Llevaba haciéndome esa pregunta desde el primer día en que, de alguna manera, habíamos acabado por entrenar juntos —al fin y al cabo a él le faltaba un cobaya y yo no tenía nada mejor que hacer. Pero no entendía por qué ese ensañamiento. De no haber estado Lústogan detrás de mí, obligándome a entrenar como un autómata, dudaba de que hubiera sido tan perseverante. Pero Livon era diferente. Él entrenaba con pasión. Como si tuviera un objetivo que alcanzar. .P Como Livon no contestaba, pensé de golpe que a lo mejor no quería hablar de ello… pero cuando me giré, comprobé que simplemente el permutador se había quedado dormido, tumbado en la roca. Tchag se le acercó y le agarró la mejilla. Alzó unos ojos curiosos hacia mí y Yánika constatando: .D .Bdia Está dormido. .Edia .D .Bdia Tiene toda la pinta, .Edia aprobé, divertido. .D .Bdia Pero… es de día, .Edia objetó Tchag. .Bdia De día, Livon no duerme. .Edia .D .Bdia Tú puedes hablar, .Edia resoplé. .P Durante el día, el imp se quedaba dormido en cualquier esquina. También era cierto que, durante la noche, el «espectro» que se apoderaba de él no pegaba ojo tratando de liberarse de la caja. Y tal vez por culpa de este, Livon tampoco dormía todo lo que necesitaba. No le venía mal una siesta. .P Me tumbé a mi vez con las manos detrás de la cabeza y contemplé las nubes. Estas cambiaban de forma con rapidez. En un momento, sonreí. .D .Bdia Yánika. ¿A que esa nube se parece al abuelo? .Edia .P Se la señalé. Enseñaba un rostro de perfil con una nariz triangular, pelo pincho y una larga perilla. Yánika se echó a reír. .D .Bdia ¿En serio? No lo sé, no me acuerdo de cómo era. .Edia .P Enarqué las cejas. Vaya, es verdad. Nuestro abuelo, padre de nuestro padre y hermanastro del Gran Monje, nunca se había interesado en hablar con niños, y menos con Yánika. Yo lo había visto esporádicamente en el Templo y en la isla de Taey. Lo recordaba a la vez como a un abuelo sonriente y a un celmista despiadado y aterrador. Por haber sido él también medio criado en el Templo del Viento, era uno de los cuatro Arunaeh con mi padre, mi hermano y yo en haber aprendido las artes óricas. Y sus habilidades le imponían respeto hasta a Lústogan. .D .Bdia ¡Esa se parece a la bruja Lul! .Edia exclamó entonces Tchag. .P Miré hacia la nube que señalaba. Era una simple forma blanca sin nada muy característico. .Bpenso Mar-háï. Si se empieza así, todo se parece a todo… .Epenso .P Un súbito grito lejano en el camino rompió nuestra contemplación. .D .Bdia ¡Ahí estáis! .Edia .P Me enderecé para ver a una mirol de pelo verde y mechas rojas subiendo la cuesta con cara determinada. Llevaba un extraño sombrero en forma de orejas de gato con estrías doradas. Estaba llegando cuando se tropezó con una piedra, agitó las manos soltando unos “¡yai, yai, yai…!” y recuperó el equilibrio de milagro. Se detuvo junto a nosotros, resoplando. Yo me había levantado ya a medias con intenciones de ayudarla a no caerse de bruces. .D .Bdia ¿Quién…? .Edia .D .Bdia Orih… Hissa, .Edia jadeó ella, apoyándose sobre sus rodillas. .Bdia ¡Esta cuesta es asesina! ¿Qué le ha pasado a Livon? .Edia .P Acabé de levantarme, intrigado. Dos días atrás, al pararnos a beber algo en la Casa de los Ragasakis, Sirih la Ilusionista ladrona de Daercia y Staykel el Ahumador habían hablado de Orih Hissa presentándomela como la Ragasaki más impredecible, holgazana, torpe y bondadosa de la Casa. La querían y temían todos por igual. .Bparoles Probablemente sea la celmista más poderosa de toda la cofradía, .Eparoles había dicho Staykel con orgullo casi paternal. Y Loy, desde el mostrador, había asegurado: .Bparoles Pero no creo que se dé cuenta de ello. .Eparoles Con esos comentarios, mi imagen de ella había ido fluctuando de contradicción en contradicción. Me la había imaginado más vieja. Pero no lo era en absoluto. Parecía una colegiala. .D .Bdia No le pasa nada, está durmiendo, .Edia contesté. .Bdia Hemos estado entrenando. ¿Ocurre algo? Por cierto, yo soy Drey. .Edia .D .Bdia Mm, .Edia dijo, irguiéndose y mirándome con sus ojos color fuego llenos de curiosidad. .Bdia Eso me han dicho. Y también me han dicho que le estás ayudando a Livon con su entrenamiento. Habiéndolo ayudado yo también, conozco la sensación. Hay tan poca gente que acepta ser permutada… Es un placer conocerte. Yo soy Orih Hissa. .Edia .P .Bpenso Eso ya me lo has dicho… .Epenso Orih me enseñaba una sonrisa radiante. De no ser por sus dientes afilados y carnívoros de mirol, hubiera sido una sonrisa encantadora. Los de su especie eran grandes corredores, recordé. Entonces, ¿por qué ella se había quedado así sin aliento por una mera cuesta? .D .Bdia ¿Esa es tu hermana? .Edia preguntó. .D .Bdia Soy Yánika, .Edia se presentó mi hermana. .Bdia Un placer. .Edia .D .Bdia ¡El placer es mío! .Edia .P Se sonrieron y estrecharon las manos como dos viejas amigas. Las miré, sorprendido. Yánika siempre había sido reservada con los extraños. Cuando vi a la mirol estirar con curiosidad una de las trenzas rosáceas de mi hermana, como para comprobar que eran reales, rechiné los dientes, molesto. Insistí: .D .Bdia Hey. ¿Ocurre algo? .Edia .D .Bdia ¿Eh? .Edia se sorprendió Orih Hissa. Y soltó las trenzas de mi hermana con una sonrisa inocente. .Bdia No, nada, me pregunto por qué los miroles jamás tienen el pelo rosa… ¡queda tan bien! Aunque es la primera vez que veo a una kadaelfa con ese color… ¿Te lo has teñido? .Edia .D .Bdia Qué se lo va a teñir, .Edia resoplé sentándome otra vez sobre la roca junto a Livon y Tchag. Estaba claro que esa mirol no había venido por nada urgente. .P El aura de mi hermana rezumaba diversión. .D .Bdia Loy dijo que estabas en plena misión. ¿Qué hiciste? .Edia preguntó con curiosidad. .P Orih sonrió ampliamente. .D .Bdia Demolición de un gran edificio abandonado, .Edia explicó. .P Agrandé los ojos. ¿Demolición? .D .Bdia ¿Eres destructora? .Edia .P Orih se carcajeó. .D .Bdia ¡Un poco, supongo! .Edia .P Su respuesta me dejó con una ceja enarcada. Orih le echó entonces una mirada a Tchag e inspiró de golpe con los ojos súbitamente brillantes. .D .Bdia ¿Este es el imp? ¡Es tan pequeño! .Edia .P Tendió las manos para cogerlo y, pillado por sorpresa, Tchag se dejó hacer. Contemplé a Orih, incrédulo, mientras esta se emocionaba y cubría el imp de piropos. Mar-háï, hasta intentó hacerlo maullar como a un gato para ver cómo sonaba. Riendo, Yánika se agachó junto a ella diciendo: .D .Bdia ¡A mí me gusta peinarle! Ayer mi hermano me compró un peine pequeño para que no le peinase también las orejas. Tchag es un niño, pero yo creo que es muy inteligente. Hoy le he estado enseñando a leer la revista de Skabra y realmente progresa, ¿verdad, hermano? .Edia .P ¿Progresa? Lo único que había hecho había sido repetir las palabras de Yánika mirando sospechosamente poco las palabras escritas. Dije, burlón: .D .Bdia Seguro, Tchag es un pequeño genio. Deberíamos apuntarlo a una academia. .Edia .P El imp me miró con unos ojos centelleantes de puro contento. Dánnelah, ¿se lo había creído? Casi me sentí mal. En ese momento, Livon se agitó. Me giré para verlo abrir los ojos y parpadear, enderezándose. .D .Bdia ¿Orih? ¿Qué…? Drey… ¿Me he dormido? .Edia .D .Bdia Sólo han sido unos minutos, .Edia aseguré. .D .Bdia ¡Livon! .Edia exclamó Orih, levantándose sin liberar a Tchag. .Bdia ¿Me lo prestarás alguna vez? .Edia .D .Bdia ¿Eh? Orih, estás hablando de un ser vivo, .Edia protestó Livon, espabilando. .D .Bdia Yo quiero quedarme con Livon, .Edia intervino Tchag con voz tranquila. .Bdia Livon, .Edia repitió, como para que no cupiesen más dudas. .P Orih pestañeó, se mordió un labio como decepcionada… y lo posó sobre el regazo de Livon recobrando el ánimo: .D .Bdia Lo sé, lo sé, ¿es como tu hermano mayor, verdad? ¡Di, Livon! ¿Les enseñaste nuestra cabaña a Drey y a Yánika? ¿No? ¡Pero si está cerca de aquí! La fabricamos los dos de pequeños, .Edia nos explicó. .Bdia Vayamos a verla. Y si se sigue subiendo, podemos ir hasta el Peñasco de la Nutria, las vistas son preciosas. ¿No me digáis que Livon no os ha hecho visitar la zona? .Edia .P Ya se ponía en marcha cuesta arriba hacia el bosque. Yánika y yo intercambiamos una mirada. Desde luego Orih no estaba quieta ni un minuto. .D .Bdia ¡Les he hecho visitar Firasa! .Edia protestó Livon, siguiéndola con Tchag en el hombro. .Bdia Y un poco el río Lur. Además, sólo llevan aquí cinco días y no sé en Derelm pero aquí no ha parado de llover. Tampoco quiero ser un entrometido. A lo mejor no les gusta darse la vuelta por los montes como a nosotros, ¿sabes? .Edia .D .Bdia Pues pregunta y sabrás, .Edia le replicó Orih, deteniéndose. .D .Bdia ¡A mí sí que me gustan los montes! .Edia intervino Yánika, alcanzándola. .Bdia Y me gusta cuando Livon nos da los nombres de las plantas que vemos. .Edia .P La mirol sonrió anchamente. .D .Bdia ¿Lo ves? .Edia .P Livon se giró hacia mí, interrogante, y me ruboricé un poco. .D .Bdia Esto… Mientras no haya nadros ni escama-nefandos ni arpías, me vale, .Edia aseguré, y retomé confianza añadiendo con una sonrisa: .Bdia Al fin y al cabo, hemos venido a ver la Superficie. .Edia .P Livon se alegró. .D .Bdia ¡Entonces os la enseñaré hasta que os hartéis! .Edia .P Se lo tomó tan en serio que empezó enseguida a hablar. Nos enseñó unos champiñones blancos con rayas verdes alucinógenos, un insecto-palo camuflado en la corteza de un arce… .D .Bdia ¡Es blando! .Edia dijo Yánika. .P Livon protestó: .D .Bdia No lo toques, eso no está bien… .Edia .P Alarmado, le quité el bicho de las manos a Yánika lanzándolo lejos con una ráfaga órica. Livon puso cara impactada. .D .Bdia Er… No era peligroso. Es más bien frágil, por eso… .Edia .P Hice una mueca, suspenso, y desvié la vista de la cara contrita de Yánika hacia donde había desaparecido el insecto-palo. .D .Bdia Lo siento. ¿Crees que lo he matado? .Edia .D .Bdia No lo creo, son ligeros, .Edia aseguró Livon. .Bdia Pero menos mal que Baryn no te ha visto… Con esas cosas, es despiadado: te habría tocado un buen sermón. .Edia Por su expresión, parecía hablar por experiencia. Alzó la cabeza, su cara se aclaró y señaló hacia arriba, donde se alzaba una estructura de madera alrededor de un árbol imponente. .Bdia Esa es la cabaña. Orih y yo solíamos ir ahí, y no tan de pequeños. Nos gustaba imaginarnos que estábamos solos en una isla desierta. Cazábamos, cocinábamos… Llegamos a pasar un mes entero sin volver a Firasa, ¿recuerdas, Orih? .Edia .P La mirol sonrió, nostálgica. .D .Bdia Lo recuerdo. Hasta que subió Loy a decirnos que si seguíamos viviendo así seríamos salvajes analfabetos para toda la vida. .Edia .D .Bdia Algo que no nos molestaba, .Edia rió Livon, .Bdia pero como a Loy el monte no le va, se tropezó, cayó y tuvimos que bajarlo hasta la cofradía para que Yeren, el curandero, le curase el tobillo. .Edia .D .Bdia Y cuando Kali nos llevó su tarta de frambuesas… .Edia se relamió Orih. .P Entonces, habían decidido quedarse en Firasa, entendí. .D .Bdia Qué bella es la civilización, ¿eh? .Edia me burlé. .D .Bdia Con moderación, .Edia matizó Livon. .P Ambos Ragasakis se adelantaron hacia la cabaña y, al descubrir que la puerta había volado, decidieron ir a buscarla. Livon parecía haberse repuesto bien de su tercera permutación fallida y se alejó entre los árboles escaneando el suelo con ojo vivaz. Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Parece que han vuelto a la infancia, .Edia comenté. .P Yánika se había sentado junto a la entrada de la cabaña, balanceando los pies en el aire, y la acompañé, echando un vistazo al interior del lugar. Había ahí dos hamacas, una pequeña alfombra rígida de piel de conejo, dos boles, un cuchillo tan roñado que era irrecuperable… En el alero del techo, unos pájaros habían construido un nido. Bostecé y cerré los ojos para escuchar el trino de los pájaros en el bosque, el roce de las hojas y el movimiento del aire. .D .Bdia Orih también me cae bien, .Edia dijo Yánika, rompiendo el silencio. .P Sonreí sin abrir los ojos. .D .Bdia Mm. Los dos son tal para cual. .Edia .P Reímos por lo bajo. Entonces, el aura de Yánika se cargó de indecisión y abrí un ojo. .D .Bdia ¿Qué ocurre? .Edia .P Mi hermana hizo una mueca. La conocía y sabía que algo la inquietaba. .D .Bdia Di, hermano. ¿A que nos llevamos bien con los Ragasakis? .Edia .P Enarqué las cejas, meditativo. .D .Bdia Bueno… Tampoco los hemos visto mucho. Son gente simpática. ¿Por? .Edia .P Yánika plegó las rodillas y las abrazó, mirándome con el rabillo del ojo. .D .Bdia No tienes intenciones de quedarte, ¿verdad? .Edia .P Así que era eso. Suspiré. .D .Bdia ¿Por qué nos quedaríamos? Siempre nos hemos ido. .Edia .P El aura de Yánika se ensombreció, tormentosa. .D .Bdia Eso mismo es lo que me molesta. Nunca intentas trabar amistad con nadie y, cuando al fin te tratan como a un amigo, ni lo ves, ni lo aprecias. .Edia .P Fruncí el ceño. .D .Bdia Con que estemos juntos los dos, me vale, Yani. Livon será una buena persona, pero en cuanto sepa que salimos de una familia de inquisidores mentales, se distanciará. Y si descubre tu poder… .Edia .D .Bdia Sólo piensas en eso, .Edia me reprochó Yánika. .Bdia Y crees poder adivinar la reacción de la gente cuando tú mismo me has dicho muchas veces que no entiendes a los saijits. No quiero viajar más, hermano. No podemos seguir huyendo. Estoy harta. Ya nos quedamos cinco meses en Donaportela, ¿por qué no nos podemos quedar con los Ragasakis al menos por un tiempo? .Edia .D .Bdia Aquí no hay tanto trabajo para un destructor como en Donaportela, .Edia dejé escapar. .P Me recosté contra las tablas de la cabaña y Yani se sumió en un silencio decepcionado y refunfuñón. Cavilé sobre sus palabras. Era cierto que, desde que habíamos salido del Templo del Viento, no habíamos hecho más que viajar. .Sm -t paroles No podemos seguir huyendo… ¿Huyendo de qué? ¿De los espías de la Orden del Viento? No realmente. Más bien había estado huyendo de todo el mundo, no por esquivez sino porque cada vez que nos quedábamos un tiempo en un sitio empezaban a pasarles cosas extrañas a nuestros vecinos. Sueños, pesadillas… Y, en el peor de los casos, se rumoreaban historias raras acerca de nosotros. Incluso en Donaportela habíamos tenido que cambiar dos veces de pensión para evitar problemas. Sin embargo, Yánika no lo hacía queriendo… Si tenía una pesadilla y su aura aterrorizada sembraba el pánico a su alrededor, no era culpa suya. No podía controlarlo. Aun así, ahora que era más mayor, estaba aprendiendo a controlar un poco su poder cuando estaba despierta. Tal vez… Meneé la cabeza. Fuese como fuese, aquí la situación era distinta: en ningún otro lugar me había relacionado tanto con extranjeros como en Firasa. Y no lograba sentirme molesto por ello. Sabía que, si nos quedábamos, acabaríamos metiéndonos en la cofradía de los Ragasakis, lo que conllevaba ataduras, obligaciones, problemas… pero ¿eso era acaso peor que seguir viajando sin objetivo, como un espectro? Teóricamente, habíamos estado buscando a Padre, pero esa era en realidad una mera excusa para seguir viajando de pueblo en pueblo, de mina en mina. De haber querido realmente encontrarlo, me hubiera bastado probablemente con ir a la isla de Taey y preguntarle a mi madre. Tal vez ella supiera incluso dónde encontrar a Lústogan pero… no podía ir a la isla con Yánika. Hubiera sido condenarla. .P Inspiré, al fin decidido. .D .Bdia Hey, Yani. Lo siento, tienes razón, yo… .Edia .P Un súbito grito desgarró el aire y nos sobresaltó. Mi Datsu se desató, convirtiendo mi pánico en simple alarma… Sólo que el aura de Yánika se había cargado de tensión y miedo. .D .Bdia ¡Debe de ser Orih! .Edia dijo mi hermana con voz aguda. .P Me levanté con presteza. .D .Bdia Tranquila. No pierdas los papeles. Quédate detrás de mí. .Edia .P Yánika asintió, tragando saliva. El grito había sonado cerca, por lo que Orih no debía de estar lejos. Nos apresuramos entre los arbustos y llegamos finalmente a ver lo que pasaba. Mi Datsu se desató un poco más y palidecí. .P Attah… .P En un pequeño claro cubierto de flores silvestres, tres encapuchados con las espadas desenvainadas amenazaban a Livon mientras Orih tendía hacia ellos una mano cargada de energía y con la otra agarraba a un Tchag atemorizado. .D .Bdia ¡Drey! .Edia exclamó Orih, al verme. .Bdia Livon está… Livon… ¡Vosotros! ¡Ni se os ocurra hacerle daño, me oís! ¡U os abraso todos juntos! .Edia .P Los tres encapuchados no se movieron. Llevaban gafas negras y un pañuelo en el rostro. ¿Quiénes diablos eran esos tipos? ¿Enemigos de Livon? ¿De Orih? A saber. Le hice un gesto a Yánika para que se mantuviera en los lindes y corrí hacia la mirol. Esos tipos tenían pinta de saber manejar bien su espada. Yo podía intentar tirarlos al suelo con mi órica… pero eso podía poner a Livon en peligro y no nos salvaría. Miré con esperanza la fuerte energía que había concentrado Orih en su mano. Era energía en bruto, no modulada. Dánnelah, ¿podía ser que…? .D .Bdia Hey, Orih, ese sortilegio, .Edia le murmuré, .Bdia ¿es tan potente? .Edia .D .Bdia Tan potente como el insecto-palo que hemos visto. .Edia .P Por un instante, en la cara colérica de Orih, avisté una expresión de pánico total. Palidecí un poco más. O sea que estaba fingiendo. ¿Esa era la tan poderosa Ragasaki que me habían descrito los otros? Atrapado por el filo de una espada, Livon jadeó: .D .Bdia ¿Qué es lo que queréis? .Edia .D .Bdia Tchag, .Edia dijo el que lo amenazaba directamente. Era el más imponente de los tres y su voz resonaba con fuerza. .Bdia Queremos a Tchag. .Edia .P Agrandé los ojos, estupefacto. Esos tipos habían venido a por Tchag. ¿Serían sus propietarios? Lentamente, me giré hacia el imp que se agarraba al cuerpo de Orih con miembros temblorosos. Sus ojos, normalmente negros con un círculo blanco apenas visible, se encendían y apagaban haciéndose por instantes de un blanco lechoso. El espectro estaba tomando control sobre él, entendí. Eso era malo. .P De pronto, los ojos blancos de Tchag se estabilizaron y saltó abajo, corriendo a cuatro patas entre las flores. Pero no fue hacia los encapuchados: tomó la dirección contraria… y fue directo hacia Yánika. La reacción de los tres desconocidos no se hizo esperar: los tres salieron disparados hacia el imp, ignorando de pronto la amenaza de Orih. ¿Habrían entendido que sólo era fingida? .D .Bdia ¡Yánika! .Edia exclamé. .Bdia ¡Corre! .Edia .P Salí corriendo yo también detrás del imp. Por Sheyra, si Tchag le atacaba a mi hermana, lo dejaría gustoso entre las manos de esos tipos, fuesen quienes fuesen. Miré hacia atrás. Orih se había puesto a berrear “¡socorro!” mientras recogía piedras como munición. Dos de los tres encapuchados, más rápidos que yo, estaban a punto de alcanzarme. Vi a uno alzar una espada hacia mí y le solté una descarga órica que, en su impulso, lo hizo perder el equilibrio. Se desplomó. El segundo, viendo a su compañero caer, frenó y se encaró conmigo. .D .Bdia ¡Hermano! .Edia chilló Yánika. .P ¿Le habría pasado algo? ¿Tchag la habría atacado…? La ojeada que lancé a mi hermana casi me costó la vida. Por poco no vi el espadazo llegar, lo desvié de milagro con órica y caí al suelo por el impacto. Pasó una piedra volando. Y otra. Y otra. Orih no daba una. Pero consiguió distraer un instante al encapuchado. Le di una patada a este, recogí una piedra y se la estallé en la pierna. Lo oí aullar, lo vi a punto de perforarme el corazón con su maldita arma y, viendo mi fin, le solté un sortilegio de repulsión tan fuerte como pude. Volaron la capucha y el pañuelo, desvelando el rostro de un humano rubio. Se tambaleó, pero agarró de nuevo su espada con fuerza, se preparó a darme un golpe y… se detuvo extrañamente como indeciso. De pronto me saltó a la cara un chorro cálido de sangre. El rubio abrió la boca. Escupió sangre. Y se me cayó encima, cortándome el aliento. .P .Bpenso Attah… .Epenso .P Lo eché a un lado sintiendo a través del velo de mi Datsu el horror que desgarraba el aire. No era el mío, aunque ciertamente era la primera vez que se me caía un muerto encima, pero eso lo llevaba bastante bien: más me inquietó el horror de mi hermana. Yánika… lo había visto todo. Y estaba en peligro. .P .Bpenso Maldición. .Epenso .P Me enderecé, sólo para comprobar que, gracias a Sheyra, Yánika estaba bien —con un Tchag aterrado y de ojos negros subido a su cabeza como un gato erizado, pero bien. El otro encapuchado al que había tirado al suelo, y al que había visto levantarse, había caído muerto antes de alcanzar a mi hermana. A su lado, para asombro mío, se encontraba el cuerpo de Livon, inmóvil. Así como una silueta agachada. El drow con pelo pincho. El espía. Iba vestido con ropa grosera y llena de remiendos. Lo vi limpiar su cimitarra enrojecida con un pañuelo más negro que blanco mientras me miraba con una cara de agobio tremendo. .D .Bdia Qué fastidio, .Edia masculló. .P Respiraba precipitadamente. El aura lo afectaba, entendí. Pero no tanto como a Orih: la mirol se había quedado como paralizada y la oí balbucear: .D .Bdia ¡Li… Livon! Livon… .Edia .P El aludido no se movía. ¿Estaría muerto? Temblando de pies a cabeza, Orih se precipitó con torpeza, aterrada, hacia el permutador, pero al ver tan de cerca los cadáveres, se paró a medio camino, asqueada, cayó de rodillas y vomitó todo lo que tenía en el estómago. El drow la miró con fastidio y, sin envainar, comentó señalando a Livon con la barbilla: .D .Bdia Ese idiota, casi lo mato. Se subió como un mono a ese árbol y permutó con el grandote. No lo he atravesado de milagro. .Sm Ash… El otro lo vi caer del árbol, pero no creo que se haya muerto. Qué fastidio, .Edia repitió. .P Se puso a andar por el claro hacia dicho árbol, cimitarra en mano. Tragué saliva, analizando la situación. Mientras los tres encapuchados corrían hacia Tchag, el imp había debido de retomar el control contra el espectro. Dos de los encapuchados habían sido matados por ese drow… y este se disponía a deshacerse del tercero, permutado por Livon desde lo alto de un árbol. .D .Bdia Espera, .Edia dije, levantándome. .Bdia No lo mates. No sé quién eres, pero me has salvado la vida y te doy las gracias, .Edia me incliné profundamente. Admití: .Bdia Me gustaría interrogar a ese tipo. Si es posible… no lo mates. .Edia .P .Bpenso Y no nos mates a nosotros, .Epenso pensé, palideciendo bajo sus ojos fastidiados. El drow se alejó sin replicar. Tuve la sensación de que no iba a hacerme caso. Ese espía… daba grima verlo. Fuera como fuera, lo olvidé un momento para preocuparme por Yánika. .D .Bdia ¿Estás bien, Yani? .Edia inquirí acercándome. .P Pese a que su aura temblaba, mi hermana asintió, alzó los ojos hacia Tchag, encaramado sobre su cabeza, y preguntó: .D .Bdia ¿Están muertos? .Edia .D .Bdia Er… lo comprobaré, .Edia le dije, molesto. .Bdia No tienes por qué mirar. .Edia .P El humano rubio estaba bien muerto. La segunda era una elfa de edad madura que llevaba tatuado en el rostro el símbolo de la Doncella, diosa warí del Bienestar. Por las cicatrices que cubrían el tatuaje, adiviné que mucho bienestar no debía de haber conocido en su vida. Me fijé entonces en los collares que se habían desvelado al quitarles los pañuelos. Ambos tenían uno. Un collar metálico. Lo toqué. Hierro negro. Estaban más prietos y eran más grandes que el de Tchag pero… por lo demás, se le parecían mucho. Era demasiada coincidencia. Me recorrió un escalofrío. No lo entendía. No entendía absolutamente nada pero… por alguna razón, esos tipos también llevaban collares de espectro. .D .Bdia Están bien muertos, .Edia dije al fin. .Bdia Aunque no sé si lo estarán también los espectros de sus collares. .Edia .D .Bdia ¿Sus collares? .Edia repitió Yánika. .P Se había agachado junto a Orih y la había ayudado majamente a alcanzar a Livon ignorando impecablemente los cadáveres, pero ahora, curiosa, quiso acercarse… La aparté gruñendo: .D .Bdia ¡No los toques! .Edia .D .Bdia ¡No los toques! .Edia repitió Tchag, apoyándome. El imp se aferraba demasiado a mi hermana para mi gusto pero olvidé mi desconfianza cuando lo vi temblar diciendo: .Bdia ¡Tengo miedo! .Edia .D .Bdia Ya… Oye, ¿sabes quiénes son? .Edia pregunté. .D .Bdia N-no… ¡Sé que tengo miedo! .Edia exclamó Tchag con voz aguda. .P Yánika trató de consolarlo poniendo una mano sobre su pequeña cabeza y dejé escapar un suspiro. No podía esperar muchas explicaciones de esa criatura. Sin embargo, me quedaba una duda. .D .Bdia Dime, Tchag. Sabes hacerte invisible reteniendo la respiración, ¿no? Lo hiciste en el Lago Blanco. ¿Por qué no lo hiciste esta vez? .Edia .D .Bdia ¿Por qué…? .Edia El imp dejó de balancearse y se retorció las manos confesando: .Bdia Porque… ya no estoy solo. Vosotros no os escondéis, así que… ¡yo tampoco! .Edia .P Lo dijo con orgullo. Rezongué mentalmente. Si no nos escondíamos, era porque no sabíamos hacerlo, attah… .D .Bdia ¿Por qué? .Edia preguntó entonces Orih con expresión lívida. .Bdia ¿Por qué le buscaban a Tchag esos locos? ¿Por qué llevan esos collares? ¿Por qué están muertos? .Edia .P Su voz se quebró. Arrodillada junto a Livon, la mirol trataba de despertarlo meneándolo, aturdida. Por lo que me decía mi órica, el permutador seguía respirando. Y, diablos, había conseguido su tercera permutación del día. Había necesitado una pequeña siesta y un buen estímulo pero… la había conseguido, sonreí, y le di las gracias mentalmente. Había caído a apenas a un par de metros de Yánika, por lo que entendí que, sin él… y sin el drow, mi hermana habría tenido serios problemas. Pensarlo me angustió tanto que mi Datsu se desató de nuevo, diluyendo mi turbación. .D .Bdia Está inconsciente. .Edia .P Me estremecí al ver al drow de pelo pincho tan cerca. Me había ensimismado tanto que había estado ciego a mi órica. Me levanté despacio, encarándome con el drow. Inconsciente, me repetí. De modo que no lo había matado. Lo observé con curiosidad. Turbada, Yánika me agarró del brazo murmurando: .D .Bdia ¿Quién es? .Edia .D .Bdia Ni idea, .Edia admití. .P No tenía los rasgos típicos del drow de los Pueblos del Agua: los suyos eran más suaves, su piel era de color azurita oscuro, y sus ojos eran aún más rojos que los de los drows de Dágovil. Se estaba atando una bolsa de dinero a la cintura. Diablos. ¿Soñaba o ese salvaje acababa de despojar al espectro caído del árbol? .D .Bdia Di, .Edia le dije. .Bdia Eres un mercenario, ¿verdad? ¿Quién te paga? .Edia .P Me respondió un resoplido de fastidio. .D .Bdia ¿Mi padre o mi hermano? .Edia insistí. .P Los ojos del Pelopincho se desviaron hacia los dos muertos. .D .Bdia ¿Qué importa? .Edia replicó parcamente. .P De verdad no parecía importarle a él. Suspiré y afirmé con certeza: .D .Bdia Mi hermano. .Edia .P El Pelopincho se encogió de hombros, echó una mirada hacia Yánika y reconoció: .D .Bdia Él me manda. Y ahora, si no te importa, intenta no meterte en líos. No quiero problemas… .Edia Estornudó violentamente. .Bdia Gaaaj… Maldita lluvia de los demonios. De todos los sitios, teníais que salir a la Superficie… Estos catarros fastidian a diablo, .Edia masculló. .P Dándonos la espalda, se alejó de dos pasos con relativa tranquilidad, volvió a estornudar y se limpió con el mismo pañuelo con el que había limpiado la sangre de su espada… Contuve una mueca de asco y me esforcé por decir: .D .Bdia Hey. Sea como sea, gracias por la ayuda. .Edia .P Pese a mi sinceridad, me salió un tono seco. El Pelopincho no contestó y ni siquiera se giró mientras se alejaba entre los árboles. Mar-háï… Me pregunté dónde demonios Lúst había encontrado a ese tipo. .D .Bdia Orih, .Edia solté tras un silencio. .Bdia Ve a la cofradía a pedir ayuda, ¿quieres? No podemos cargar con Livon y el otro tipo al mismo tiempo. .Edia .P La mirol me miró con los ojos agrandados. .D .Bdia ¿Cómo… cómo consigues estar tan tranquilo con…? .Edia .P Sus ojos se extraviaron hacia los cadáveres y tragó saliva. Mis labios se curvaron en una mueca sardónica. .D .Bdia No es cuestión de conseguirlo. Soy así, eso es todo. .Edia Y a veces olvidaba que los demás saijits no eran como yo, pensé, avergonzado. Miré a la mirol con inquietud. .Bdia ¿Crees que puedes moverte? .Edia .P La joven Ragasaki aún estaba bajo el shock. .D .Bdia Yo… sí, creo que sí. Voy. Pero ese drow… ¿no es peligroso? .Edia .D .Bdia Tranquila, no te hará nada. Nos protege a mí y a mi hermana, eso es todo, .Edia aseguré. .P Orih inspiró y asintió. En cuanto vi a mi hermana echar otro vistazo a los muertos y palidecer, entendí que seguía reduciendo su aura a la fuerza, algo que la extenuaba rápido. Le solté: .D .Bdia Ve con ella, Yani. Y quédate en la cofradía. Yo me encargaré de ellos. .Edia .P Yánika no protestó y las vi a las dos desaparecer cuesta abajo por el bosque. En cuanto me quedé solo, fui a comprobar si el inconsciente bajo el árbol también tenía collar. Lo tenía. Observé su rostro de elfo oscuro. Ese sí que parecía un drow salido de los Pueblos del Agua, de rasgos duros y piel tan oscura que era más negra que azul. Suspiré y me puse manos a la obra. Al menos cavar tierra sí que sabía hacer. Les cavé a los dos muertos un buen agujero a base de explosiones óricas. Acabé de enterrarlos en el momento en que llegaban Staykel, Loy y Naylah. El secretario contemplaba sus botas llenas de barro con una mueca de desagrado. .D .Bdia Eficaz, .Edia aprobó Staykel, contemplando el montón de tierra. .Bdia Aunque tal vez Zélif pida exhumarlos para averiguar más sobre ellos. Nos ha dicho Orih que llevaban collares como Tchag. .Edia Confirmé con un gesto y el Ahumador meneó la cabeza. .Bdia En menudo lío se ha metido el muchacho adoptando a ese monstruito gris, .Edia comentó con desenfado, agachándose junto al permutador inconsciente. .D .Bdia Y tanto, .Edia murmuré. .D .Bdia Toma, .Edia dijo Loy, tendiéndome un pañuelo. Y ante mi mirada sorprendida, el secretario hizo una mueca incómoda. .Bdia Tienes sangre. En la cara. ¿No estarás herido? .Edia .D .Bdia No, se me cayó un muerto encima, eso es todo, .Edia aseguré, y acepté el pañuelo. .Bdia Gracias. Te lo devolveré una vez lavado. .Edia .P Naylah estaba muy sombría. Me pareció oírla murmurar entre dientes algo parecido a «dokohis». En mi vida había oído esa palabra. Retiré el pañuelo ensangrentado repitiendo: .D .Bdia ¿Dokohis? .Edia .P La lancera se estremeció como si la hubiese insultado pero, cuando me miró, sus ojos dorados parecían vacíos. .D .Bdia Es sólo… una posibilidad. .Edia .D .Bdia ¿Sabes quiénes son? .Edia me extrañé. .P Naylah bajó la vista, turbada, hacia el hombre inconsciente que había arrastrado yo desde el árbol. No dijo nada, pero una llama destelló de pronto en sus ojos. En el silencio, Staykel carraspeó y Loy intervino: .D .Bdia No sé en qué estás pensando, Naylah, pero estoy seguro de que ese hombre inconsciente podrá aclararnos todo el asunto una vez puesto en humor. .Edia .D .Bdia No creo que se sienta muy complaciente, .Edia masculló Staykel rascándose la melena roja, la vista posada sobre la tumba de tierra. .P No. De hecho, habíamos matado a dos de sus compañeros. O más bien lo había hecho ese drow de pelo pincho. Sondeé los alrededores en busca del espía. No lo vi, pero oí un estornudo y sentí el aire moverse. .P Sin mucha más conversación, cargamos con Livon y con el atacante superviviente y tomamos el camino de vuelta a la cofradía. Detrás de nosotros, en algún sitio, nos seguía el espía de mi hermano, estornudando de cuando en cuando y mascullando entre dientes. Ya no parecía tan preocupado por esconderse. Mientras avanzábamos por las calles de Firasa atrayendo miradas curiosas, alcé una mirada absorta hacia el cielo que se iba cargando de nubes. Una lluvia fría y silenciosa empezaba a empaparnos. .P .Bpenso Hermano, .Epenso pensé. .Bpenso No sé lo que estarás haciendo en este momento, pero… .Epenso .P .Sm -t penso Pero me alegra saber que estás vivo. .Ch "La promesa de Lústogan" .\" 05/03/2019 .Sm Subterráneos, Isla de Taey, año 5622: Drey, 10 años; Lústogan, 22 años. .P Nuestros pasos chocaban sordamente contra la roca. El amplio pasillo no tenía un solo grabado de piedra a diferencia de los pasillos del Templo del Viento. Pocos Arunaeh compartían la pasión por la roca. Eran todos unos grandes seguidores del Equilibrio y por eso, según Padre, mi abuelo había sido enviado con su hermanastro a aprender energía órica al Templo: porque la órica era la energía de la fuerza y las fuerzas físicas formaban parte del Equilibrio. Sin embargo, no era la fuerza más preciada en el clan: la fuerza mental primaba sobre todas. .P Mi hermano andaba a grandes zancadas y me esforcé por no quedarme atrás. Él llevaba una expresión de piedra. El año anterior, le había oído decir a mi tía Sasali que de tanto trabajar con la roca Lústogan se había quedado igual de duro por dentro. No era del todo cierto. Pero casi. .P Desembocamos en una gran sala iluminada por una luz rosácea. La emitía lo que llamábamos el Sello, un gran cristal en forma de pilar, que se alzaba en el centro de la habitación. Yo iba a pasar de largo, convencido de que Lústogan me guiaba al peñasco negro para seguir con el entrenamiento, pero me detuve cuando me fijé, sorprendido, en que mi hermano se había parado ante el cristal. En ese instante, sus ojos, azules como los de mi madre, tenían un reflejo violeta. Parecía ensimismado. .D .Bdia ¿Hermano? .Edia pregunté, acercándome. .P Lo oí inspirar con calma. .D .Bdia ¿Sabes lo que es esto, Drey? .Edia .P Fruncí el ceño y me giré hacia el pilar. .D .Bdia Mm, .Edia asentí. .Bdia Es el Sello de nuestro clan. .Edia .P Lo vi tender una mano y me tensé. Tocar el Sello sin permiso era impío. Sin embargo, a mi hermano parecía importarle bien poco lo que pudieran pensar otros Arunaeh. Acarició la superficie luminosa con la yema de sus dedos. Al fin, retiró la mano. .D .Bdia No todos los clanes tienen una reliquia tan poderosa como esta, Drey. El Sello es el mayor tesoro del clan. .Edia Lo decía casi con burla. Alzó los ojos hacia la punta del pilar y levantó una mano hacia el tatuaje morado de su rostro. .Bdia Los Datsu, los sellos bréjicos que nos da, nos protegen. Aunque… no siempre funcionan. .Edia .P Su tono cambió. Tuve un escalofrío y bajé la vista. .D .Bdia Te refieres a Yánika. .Edia .P Lústogan se giró hacia mí con las manos hundidas en los bolsillos. Una sonrisa fría curvó sus labios. .D .Bdia Madre sigue pensando que es posible rectificar su Datsu. Quiere intentarlo, aunque lo más probable es que acabe por convertirla en un zombi vacío. .Edia .P Agrandé los ojos, horrorizado. La sonrisa de Lústogan desapareció y su expresión se volvió pensativa. .D .Bdia Madre ha cambiado mucho desde aquel día. Supongo que lo recuerdas. Mar-háï. Cuando pienso que un sortilegio tan complicado pudo ser alterado por culpa de un recién nacido… ¿Sabes qué? Esa criatura hubiera hecho mejor en no nacer. .Edia .P Jadeé. .D .Bdia Lúst… Eso es horrible. Yánika no… .Edia .P Me cortó: .D .Bdia ¿Le tienes aprecio? Lo sé. .Edia Parecía divertido. .Bdia Eres ingenuo, pequeño hermano. Igual que Padre. La sigue manteniendo alejada de esta isla creyendo salvarla, pero si Madre, la Selladora del clan, no ha podido hacer nada, es que simplemente no hay nada que hacer. Tu hermana está condenada de antemano. .Edia Se encogió de hombros y se giró hacia mí. .Bdia Sea como sea, Drey, deberías ser más prudente. El poder de esa niña no es normal. .Edia .D .Bdia Es nuestra hermana, .Edia protesté, ofendido. .P La había acunado, le había cantado nanas, había jugado con ella en sus primeros juegos… Tragué saliva. Mi hermano no se inmutó. .D .Bdia Yánika es un peligro, Drey. Todo Arunaeh sirve el Equilibrio de Sheyra a su manera… pero ella no puede hacerlo en ningún caso. Su Datsu es todo menos equilibrado. No solamente es un ser imprevisible a merced de sus sentimientos: va imponiéndolos a los demás sin discriminación. Mientras no aprenda a controlar su poder, su futuro será más negro que un diamante de Kron y… .Edia sus ojos azules me atravesaron con fría tranquilidad, .Bdia puedes estar seguro de esto, hermanito: si un día te causa dolor, no la volverás a ver. .Edia .P Lo miré con los ojos desorbitados. .Sm -t penso Hermano… ¿Estaría bromeando? No. No lo estaba. Lo decía en serio. Fuese como fuese, ¿cómo podía siquiera imaginar que Yánika fuera a hacerme daño? Era la persona más alegre y divertida que había visto en mi vida. Era mi hermana pequeña. .P Con la misma tranquilidad, Lústogan consultó su anillo de Nashtag. .D .Bdia Hoy no podré estar durante tu entrenamiento. Rompe la darganita del peñasco en fibras y rellena una cesta entera. Dentro de seis horas, miraré el resultado. No me decepciones. .Edia .P Se alejó por otro pasillo, el viento siguiéndole el rastro como una sombra. Sus pasos murieron rápido. En medio de la sala, me estremecí. De pronto, la luz rosácea del Sello me parecía mucho más siniestra. .Ch "El Gran Monje" .\" 12/03/2019 .Sm Subterráneos, Templo del Viento, año 5627: Drey, 15 años; Yánika, 10 años. .D .Bdia Ahm… Yánika. No podemos llevarnos todos tus juguetes. .Edia .D .Bdia Buh… ¡Eso ya lo sé! .Edia replicó ella avanzando sus labios en una mueca contrariada. .Bdia No te estaba pidiendo que los lleváramos. .Edia .P Enarqué una ceja, echando una mirada significativa a los juguetes que Yani había ido ordenando y apilando concienzudamente junto a mi mochila. .D .Bdia ¿Por qué no eliges el que más te gusta? Uno que no sea muy grande. .Edia .P Yánika puso cara concentrada contemplando sus haberes. Mar-haï… .Bpenso ¿Sabes, Madre? Aún a distancia la has estado mimando demasiado. .Epenso Me giré al percibir movimiento por la ventana de la pequeña casa. .D .Bdia ¡ .Sm -ns Mahí ! .Edia llamó alguien afuera. Llevaba la túnica blanca de los sirvientes del Templo. Al verme junto a la ventana, se inclinó respetuosamente diciendo: .Bdia Mahí, el Gran Monje desea hablarte. .Edia .P Era de esperar. No dije nada. Me dirigí hacia la puerta, la abrí y lancé: .D .Bdia Yánika. Vuelvo enseguida. No salgas. .Edia .D .Bdia Mm… .Edia se contentó con decir mi hermana. Estaba inquieta. Y no menos que yo. .P Por su expresión molesta, supe que el sirviente había visto el interior y adivinado la razón de tanto preparativo. Salí echándole una mirada fría de bies, cerré la puerta y me dirigí hacia el Templo del Viento. .P La pequeña casa se encontraba del otro lado del río que brotaba de una pared de la caverna y acababa en el lago. Rodeé este y seguí con la mirada el halo luminoso de un enjambre de kérejats que revoloteaba sobre la superficie del agua, acompañando su danza con un ligero zumbido. Crucé el puente de madera y subí el Camino Azul. Lo bordeaban taikas, unos árboles sagrados cuyas raíces coloreaban de azul oscuro toda la tierra alrededor. Los Monjes del Viento lo consideraban el árbol de Tokura, Diosa de la Destrucción, porque cuando vivía destruía todas las plantas a su alrededor y cuando moría se desintegraba solo. También mantenía supuestamente el Mal alejado del Templo. .P Un grupo de monjes se había sentado a las mesas de piedra fuera del edificio. Me miraron descaradamente y yo los ignoré mientras avanzaba hacia la puerta principal y pasaba el umbral. Desde que mi hermano había robado el Orbe del Viento, el respeto hacia los Arunaeh se había resentido. No podía culparlos. Pronto estaríamos lejos, de todas formas. .P Recorrí pasillos de roca esculpidos con mil figuras. La historia grabada en aquel templo era una de las más antiguas que existían en Dágovil. Y sin duda la más completa. De niño, había pasado horas admirando las formas y leyendo los signos. Recordaba que un día había querido afinar la nariz aguileña del primer Gran Monje y había recibido una lluvia de amonestaciones por habérsela dejado redonda. Aquel día, Lústogan se había reído a carcajadas. Raramente lo había visto reír tan naturalmente desde entonces. .P Llegué ante la sala del Gran Monje. La puerta estaba abierta y pude ver al anciano sentado al fondo de la habitación, acariciando a Durki, su perra. Así como el animal era gordo, imponente y peludo, el Gran Monje era enjuto, calvo y nervudo. No tenía la misma presencia de fuerza que mi abuelo, pero… Alzó sus ojos dorados hacia mí y me detuve, recordando una frase de Lúst: .P .Bparoles Si tienes que elegir entre la fuerza física, la fuerza órica y la fuerza mental… elige la última. .Eparoles .P Por eso en ese momento me sentía tan nervioso pese a mi aparente tranquilidad: porque así como yo sabía presionar una roca y reducirla a cenizas, se decía del Gran Monje que también sabía presionar mentalmente a su gente y hacerla estallar. .P Me incliné levemente. .D .Bdia Gran Monje. .Edia .D .Bdia Drey. .Edia .P Lo vi tender una mano hacia mí haciendo una señal. Me senté sobre uno de los cojines que había en medio de la sala y esperé unos segundos antes de declarar: .D .Bdia Mi hermana y yo nos marchamos. .Edia .D .Bdia Sí. Eso he creído entender. .Edia Retiró la mano del hocico de Durki y la juntó con la otra. .Bdia Sé que no eres responsable de las fechorías de tu familia. Sin embargo, creo que marcharse es la decisión correcta. Aquí ya no tienes nada que aprender. Tu padre fue a buscar al ladrón… Y no ha vuelto. .Edia .P Pese a su calma, su contrariedad era latente. Me atravesó con su mirada. .D .Bdia Tengo un trato que ofrecerte, Drey Arunaeh. Pese a todo, sabes que te considero un poco como a un nieto, ya que yo nunca tendré uno. Me conoces mejor a mí que a tu propio abuelo o, incluso, que a tu propio padre: sabes lo importante que es para mí ese Orbe. Es la reliquia de este templo. El orgullo de este templo. Y el poder destructivo que han anhelado poseer multitud de malhechores. .Edia Su quijada se tensó. .Bdia Ese Orbe es para los monjes del Viento como el Sello del Datsu para los Arunaeh. No permitiré que nadie que lo use quede impune. Y no perdonaré a ningún Monje del Viento que encubra a quien la haya robado. Sin embargo, .Edia dijo, .Bdia si me traes el Orbe, votaré a tu favor para que te conviertas en Gran Monje. Y perdonaré a tu hermano. .Edia .P Agrandé los ojos, paralizado. ¿Yo… Gran Monje del Templo del Viento? ¿Lo decía en serio? Fruncí el ceño. Ese era uno de los sueños de Lústogan: convertir a su hermano menor en Gran Monje. Sin embargo… no era el mío. .D .Bdia ¿Perdonarías a mi hermano? .Edia repetí. .Bdia ¿Por haber robado el Orbe del Viento? .Edia .D .Bdia Perdonaría su traición, .Edia aseguró el anciano. Tendió una mano para rascarle las orejas a Durki y añadió: .Bdia Pero, para ello, tienes que devolverme el Orbe. Y, una vez de vuelta, tendrás que separarte de tu hermana y devolverla a la isla de tu familia. .Edia .P Me erguí bruscamente. .D .Bdia ¿Qué? .Edia .P Sus ojos, dorados como los míos, no dejaban duda posible. Él tampoco había apreciado nunca la presencia de Yánika en el templo. Era un estorbo. Un peón imprevisible. Y quería deshacerse de ella. Apreté la mandíbula. .D .Bdia Jamás. .Edia Me levanté. .Bdia Me marcho, abuelo. Si algún día vuelves a ver el Orbe, no será por mí. No quiero tener nada que ver con esto. Si Lústogan lo robó, seguro que lo hizo por una razón. .Edia .D .Bdia ¡Parece que no conoces a tu hermano! .Edia exclamó el Gran Monje, resoplando. .Bdia Tiene la misma mente retorcida que tu madre. Es capaz de haberlo robado sólo para sentir la adrenalina de ser perseguido. .Edia .P Mi hermano no era así. Me encogí de hombros. .D .Bdia Es mi familia, anciano. Cada uno tiene su modo de ser. .Edia .D .Bdia Ya… Y la familia pasa antes que tu cofradía, ¿verdad? .Edia dijo el Gran Monje con cierta sequedad. .P Sonreí levemente. .D .Bdia Pues sí. .Edia .P El anciano suspiró. .D .Bdia Entiendo. Esa pues es tu decisión. .Edia Se levantó y Durki agitó el rabo. .Bdia Drey Arunaeh. Ya que rechazas ayudar a tu cofradía a recobrar lo suyo y proteges a quien lo robó, no me queda otra que expulsarte. .Edia .P Poco me importó. No tenía intenciones de volver. Me incliné levemente y, sin una palabra, le di la espalda y me alejé despacio hacia la salida. .D .Bdia Drey, .Edia me llamó el Gran Monje. Su voz temblaba un poco. .Bdia Eso no impide que si regresas con el Orbe… te recompensaré. .Edia .P Marqué una pausa antes de seguir andando. Recompensar. Ese viejo, resoplé interiormente. Siempre hablando con palabras de cazarrecompensas y mercenarios. Sin embargo… Me detuve junto a la entrada con cierta tristeza. .D .Bdia Abuelo, .Edia lancé. Me mordisqueé la lengua antes de añadir: .Bdia Cuídate. .Edia .P Y me marché. Estaba casi sorprendido de los esfuerzos que había mostrado el anciano para hacerme volver. Tal vez realmente me considerara como un nieto al fin y al cabo. .D .Bdia ¡Mahí! .Edia dijo una voz. Un joven aprendiz se aproximó corriendo por el pasillo. Había llegado al Templo hacía apenas un par de meses y ni siquiera recordé su nombre. Me tendió una carta. .Bdia Ha llegado esto para ti. .Edia .P Acepté la carta y leí los signos. .Blecture De Mériza Arunaeh. .Electure Me tensé. Venía de Madre. ¿Tendría noticias de Padre? La abrí febrilmente y la leí con rapidez: .P .Blecture Querido hijo mío, .Electure decía, .Blecture aquí, en la isla, el Sello está igual que siempre y el Espectro Blanco sigue vagando. La tía Sasali se ha ido de viaje y tu abuelo trabaja. No tengo noticias de tu padre ni de tu hermano. Quiero saber qué pasa. ¡Tengo derecho a saber! Vuelve ahora mismo a Taey. Deberías haber vuelto hace tiempo. Me tienes muy preocupada. Trae a tu hermana. La quiero ver. Tienes que volver. .Electure .P Plegué la carta. Mar-haï… A juzgar por lo mucho que había apretado su pluma en el papel, estaba muy alterada. Nada sorprendente: cada vez que algo le pasaba a algún miembro de nuestra familia, perdía el control totalmente. En particular si era uno de sus hijos. Efectos del sello quebrado. Era una suerte que no la tuviera delante… En fin. Supuse que lo mejor sería escribirle que yo tampoco sabía nada más y decirle que de momento estaba ocupado. Desde luego no iba a ir a la isla. .Bparoles Trae a tu hermana, .Eparoles decía. Ya. Trae a tu hermana para que trastee con su Datsu y lo «arregle». .Sm Ya-náï . .P Me fijé en que el joven aprendiz seguía ahí, mirándome con curiosidad. Enarqué las cejas. .D .Bdia ¿Algún problema? .Edia .P Su rostro se hizo un puro cuadro de timidez. .D .Bdia Yo… me llamo Bluz. .Edia .P Su piel humana enrojeció. Lo miré, intrigado, antes de retomar mi marcha hacia la salida del Templo. .D .Bdia Esto… .Edia añadió el tal Bluz. .Bdia ¿eres Drey Arunaeh, verdad? ¡Un placer conocerte! ¿Es… Es verdad que cavaste el túnel que va hacia Kozera? .Edia .P Me detuve, extrañado. .D .Bdia El túnel ya existía. Lo agrandé. .Edia .D .Bdia Eres tan joven… .Edia jadeó Bluz. .P Entendí entonces que el aprendiz simplemente estaba admirando mi hazaña y sonreí levemente, apuntando: .D .Bdia En realidad, de eso hace ya tres años. Ahora, he mejorado bastante. .Edia .D .Bdia Increíble, .Edia se maravilló el muchacho. .Bdia ¿Podrías enseñarme? .Edia .P Lo observé. Era algo más joven que yo, de pelo castaño rizado y ojos inocentes. No tenía ese carácter pedante típico de los afortunados noblecillos que acababan de aprendiz en el templo. Tal vez… hubiera podido ser un amigo. Una ligera nostalgia me invadió y le di la espalda diciendo: .D .Bdia Llegas demasiado tarde. .Edia .P Él me persiguió, protestando: .D .Bdia ¿Por qué? Mahí, yo sé entrenarme duro. Pero mi maestro no me enseña. Es un borracho. .Edia .P Me detuve junto a la puerta abierta mientras él bajaba la vista, obviamente molesto por haber hablado mal de su maestro. Lo miré con diversión. .D .Bdia Entonces aprende a destruir botellas, Buz. .Edia .P Y me fui. Lo oí murmurar detrás un incómodo y contrariado: .D .Bdia Es Bluz, no Buz. .Edia .P .Sm Mar-háï… Sonreí ampliamente alzando los ojos hacia las estalactitas y levanté una mano de despedida diciendo: .D .Bdia ¡Seguro que te conviertes en un gran monje, Buz! .Edia .P Bajé por el Camino Azul pensando que, para mí, ya había comenzado el viaje. A partir de entonces, nos esperaba a Yánika y a mí un largo, muy largo camino. .Ch "Pasados" .\" 13/03/2019 Cómodamente sentado en una silla en equilibrio, giré una de las caras del cubo con números, miré el resultado, fruncí el ceño, di unos cuantos giros más sin encontrar escapatoria y, finalmente, la vi y fulminé el cubo con una sonrisa entretenida. .D .Bdia ¿Sabes, Livon? No te imagino jugando a este tipo de rompecabezas. .Edia .P El aludido, por supuesto, no contestó: estaba tumbado sobre su cama, aún inconsciente. Había pasado toda la noche desmayado y ya había amanecido desde hacía horas. Según la vieja Shimaba, algo en su permutación de la víspera debía de haberle salido torcido. .P Oí de pronto una risa queda. .D .Bdia Para él es más que un juego. .Edia .P Posé las patas delanteras de la silla y me levanté, sobrecogido. Un extraño saijit de piel pálida y pelo blanco acababa de cruzar el umbral de la casa de Livon. Era bastante más bajito que yo. Inclinó levemente la cabeza, sonriente. .D .Bdia Debes de ser Drey. Yo soy Yeren. El curandero de los Ragasakis. .Edia .P De modo que él y la hija de los taberneros de .Sm -t nomlieu La Calandria habían regresado. .D .Bdia Hola. Mucho gusto. .Edia Eché un vistazo al fondo de la habitación. Yánika había alzado los ojos de su libro. Pregunté, curioso: .Bdia ¿Más que un juego, dices? .Edia .P Yeren se aproximó a la cama asintiendo: .D .Bdia Ajá. Hace dos años, le prometí a Livon obtener una información importante para él, pero como no paraba de preguntarme todos los días, le regalé este cubo para que se relajara un poco y aprendiese a tomarse las cosas con paciencia. Pero se lo ha tomado en serio. Es un poco como si pensara que, el día en que consiga resolverlo, conseguiré sacarles una respuesta a los de la Kaara. La organización, .Edia explicó. .P Fruncí el ceño, sin entender. .D .Bdia ¿Otra cofradía? .Edia .D .Bdia Er… No. No exactamente. La Kaara es bastante conocida por estos lares. Incluso en los Pueblos del Agua. Son algo así como recopiladores de información. Te dan la información que buscas a cambio de favores o dinero. Aunque no es fácil obtener una entrevista con uno de sus miembros, ni tampoco negociar con ellos. .Edia Posó una mano sobre la frente del permutador mientras confesaba: .Bdia En realidad, no esperaba que fuera a tardar tanto en resolver este cubo, ni yo en conseguir una respuesta… Pero, bueno, lo importante es que Livon no pierde los ánimos. Y se atiene a su palabra, .Edia sonrió con cara concentrada. .Bdia Para bien o para mal. .Edia Retiró la mano diciendo con ligereza: .Bdia Ya de niño era más terco que un burro. Bueno. No creo que tarde mucho en despertar. Está durmiendo. .Edia Sus ojos verde claro me sonrieron. .Bdia ¿Así que eres destructor? ¿Y esa pequeña debe de ser tu hermana? .Edia .D .Bdia No soy tan pequeña, .Edia apuntó Yánika acercándose. .Bdia Y tú no eres mucho más alto que yo. .Edia .D .Bdia Eso es cierto, .Edia sonrió el curandero. Yánika lo miraba descaradamente. Nunca habíamos visto a un ser tan blanco con rasgos de drow, pero no era su sola rareza: una especie de gran escama negra resaltaba bajo su ojo derecho acompañada de una cicatriz. Y Yani se había quedado mirándola, fascinada. Molesto, abrí la boca para romper el silencio, pero Yeren se adelantó contestando a nuestra duda silenciosa: .Bdia Soy un drow albino. Nací con estas pintas. Tal vez gracias a eso me interesé tanto por las artes de curación. .Edia Nos dedicó una amplia sonrisa mientras ajustaba su pañuelo azul alrededor del cuello, sus grandes orejas se combaron y agregó: .Bdia Bueno, os dejo. Tengo trabajo. Tomad: este es un pastel de verduras, dietético pero consistente. Lo he hecho esta mañana. Es para Livon, pero sin duda podréis compartirlo con él. Él sería capaz de comérselo entero en un día. .Edia .D .Bdia Mi hermano también, .Edia aseguró Yánika. .D .Bdia Yani… .Edia gruñí por lo bajo. Y desviando la mirada del pastel embalado que Yeren había dejado sobre la mesa, le dije al curandero: .Bdia Gracias. Por cierto, habrás pasado por la cofradía, ¿verdad? ¿Hay noticias del elfo oscuro inconsciente? .Edia .D .Bdia Sigue sin querer hablar, .Edia suspiró Yeren. ¿Todavía? Puse los ojos en blanco ante la suavidad de los Ragasakis y pensé que, de haberse encargado algún inquisidor de mi familia, habríamos acabado hacía tiempo. El curandero añadió: .Bdia Lo he revisado esta mañana, lo escayolé y le di un calmante para el dolor… Se fracturó las dos piernas y un brazo al caer del árbol, .Edia explicó. .Bdia Al menos no se fugará. Debería alegrarse, podría haber acabado peor. Cada vez que lo pienso… Livon tomó un riesgo excesivo sabiendo que nunca había conseguido hasta ahora una tercera permutación. Dioses… Este chaval es un caso perdido. .Edia .P Attah… Agrandé los ojos. No lo había pensado, pero era cierto que si Livon hubiese fallado la permutación y se hubiese desmayado estando encaramado a un árbol… Eché una mirada anonadada hacia el rostro dormido del permutador. Primero salvaba a un tipo que se ahogaba arriesgando su vida en el Lago Blanco, luego permutaba arriesgándose a una caída que hubiera podido ser mortal… .D .Bdia ¿Y hace estas cosas a menudo? .Edia pregunté. .Bdia ¿Cómo es que sigue vivo? .Edia .P Yeren se carcajeó suavemente. .D .Bdia ¿Livon? Tiene una suerte del demonio. Si puedes enseñarle a ser más prudente, inténtalo. Yo ya lo intenté y ni caso, ahora me contento con hacerle pasteles dietéticos. Cuando se deja llevar por la acción, pierde totalmente el juicio. Bueno, ¡nos vemos! .Edia añadió. .P El curandero se fue con paso enérgico y lo seguí con la mirada desde la puerta de la pequeña casa, divertido. Así que ese era uno de los famosos cocineros de los Ragasakis. .D .Bdia Parece simpático, .Edia dejé escapar. .P Sentí el aura firme de Yánika aprobar. Estaba entreabriendo el envoltorio del pastel. Le eché una mirada elocuente y ella protestó: .D .Bdia Sólo es curiosidad. Leí una vez que la cocina dice mucho sobre una persona. Según llene el plato, será parca o generosa, según la disposición, chapucera o meticulosa… .Edia .D .Bdia Y si cocina con veneno, será malévola, .Edia me burlé. .Bdia El caso es que querías echarle un vistazo al pastel. ¿Qué pinta tiene? .Edia .P Yánika se cruzó de brazos con una sonrisa angelical. .D .Bdia Ya lo verás, hermano. .Edia .P Me tragué mi impaciencia. Pese al buen desayuno que nos había traído Naylah, ya empezaba a tener hambre. Fui a cerrar la puerta y me detuve, alzando una mirada hacia el cielo azul moteado de nubes blancas. La casa de Livon se situaba en las afueras de Firasa, junto al río. En verdad, se veía que la había construido él mismo y que las comodidades no eran ni de lejos una prioridad para él. Sonreí. Y me ensombrecí cuando recordé las palabras de Yeren sobre la Kaara. Livon andaba buscando una importante información… ¿pero sobre qué? No debía de ser muy urgente si era capaz de esperar dos años para resolver un cubo con números. Volví a sentarme y retomé el cubo. Estaba ya casi resuelto. Sólo faltaban tres giros. ¿Lo dejaba como estaba o lo revolvía? Hasta ahora ignoraba la importancia de ese cubo… Ahora que sabía que, para Livon, no era un juego, sentía como si hubiera estado trasteando con algo íntimo. Hice una mueca incómoda. Fuese como fuese, no sabía si Livon deseaba ayuda o no. Si algo había aprendido de él aquellos días era que no le gustaban los caminos fáciles. Había ido incluso hasta pedirme que le dificultara la permutación con órica. Un tipo así sacaba placer de los desafíos. Un poco como Lústogan, pensé súbitamente. Pero sin la vena insensible y con infinitamente más capacidad empática. No, definitivamente, Livon no era como mi hermano. .D .Bdia ¿Drey? .Edia .P Giré la cabeza y vi a Livon con los ojos abiertos. Se enderezó mirando a su alrededor. .D .Bdia ¿Dónde estoy? .Edia .D .Bdia Er… En tu casa. ¿No la reconoces? .Edia me inquieté de pronto. ¿Podría haber sufrido un traumatismo por usar demasiado su tallo energético? .P Miraba la única habitación de su casa, boquiabierto. .D .Bdia Pero… .Edia .D .Bdia Ordenamos tu casa, .Edia dije, creyendo entender. .Bdia Me temo que algún ladrón debió de pasar por aquí desordenándolo todo. Quizá fuesen esos tres que nos atacaron ayer. O quién sabe. Por si acaso, Yánika y yo pensamos que sería más seguro no dejarte solo con Tchag y montar la guardia. .Edia .P Livon se rascó la sien y mi inquietud aumentó. .D .Bdia ¿Estás bien, Livon? .Edia .D .Bdia ¿Mm? Claro. Reconozco la casa pero… ¿qué ha pasado con todas las bolsas y los papeles? Quiero decir, .Edia continuó, mientras se levantaba prestamente, .Bdia esto es increíble. Parece la casa de un príncipe. ¡No hay ni un trasto en el suelo! ¿Cómo lo habéis hecho? .Edia .P ¿Huh? Livon estaba maravillado. Lo miré, alzando la comisura de un labio. .D .Bdia No me digas, .Edia dije levantándome a mi vez, atónito, .Bdia ¿no me digas que la basura que había por ahí… era normal? .Edia .P Livon posó el índice sobre sus labios, perplejo. .D .Bdia No era basura… .Edia .D .Bdia ¿Que no era basura? .Edia repetí. Intercambié una mirada incrédula con Yánika. Las peladuras, las bolsas pringosas de buñuelos, las pilas de papel pegajosas con olor a pescado… ¿no eran basura? Y las hojas esparcidas por todo el suelo… ¿no era desorden? .P Livon rió agitando la mano para quitarle importancia. .D .Bdia ¡No importa! ¡No está nada mal como está ahora, de verdad! Gracias, Drey. Y Yánika. Por el esfuerzo. .Edia .P .Bpenso A saber cuánto te dura, .Epenso pensé. Meneé la cabeza, anonadado, y señalé el pastel: .D .Bdia Ha pasado Yeren. Te ha dejado esto. .Edia .D .Bdia ¡Un pastel! .Edia se alegró él. .P Estaba delicioso. Mientras lo comíamos, le conté lo ocurrido junto a la cabaña y añadí: .D .Bdia De momento poco sabemos sobre esos atacantes aparte de que querían atrapar a Tchag. .Edia .D .Bdia ¿Dónde está Tchag ahora? .Edia preguntó Livon. .D .Bdia Se ha ido al mercado con Naylah. Aquí no paraba de moverse. Me sacaba de mis casillas. .Edia .P Livon puso cara sorprendida, como si no llegara a entender cómo Tchag podía ponerle nervioso a alguien. Pues vaya, si lo hubiera visto sentado sobre él cantándole en estribillo que se despertara… .D .Bdia Aunque esta noche estuvo tranquilo, .Edia añadí. .Bdia Durmió de un trecho y no se transformó. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia se alegró Livon. Sentado con las piernas y los brazos cruzados sobre el suelo, marcó una pausa y frunció el ceño, concentrado. .Bdia ¿Por qué llevaban collares como Tchag? ¿Quién puede querer ponerse un collar de espectro? .Edia .D .Bdia Dudo de que se lo pongan ellos mismos, .Edia le hice notar. .P Yánika concordó con un gesto de cabeza sombrío y vaciló antes de coger su último trozo de pastel. Yo había terminado hacía tiempo. Afirmé con tranquilidad: .D .Bdia De nada sirve hacer conjeturas sobre la nada. Sonsacaremos la verdad. Zélif parece tomárselo muy en serio. Y Naylah… dijo algo extraño, .Edia confesé. .Bdia Dijo que esos tipos eran dokohis. Esta mañana le he preguntado por ellos y se le ha vuelto a ensombrecer toda la cara. ¿Crees que sabe algo de ellos? ¿Algo de su pasado? Bueno, .Edia dije, cruzando las manos detrás de la cabeza con una mueca molesta. .Bdia Creo que no debería haberle preguntado nada. Me puso una cara… ¿Crees que metí la pata? .Edia .P Livon meneó la cabeza, ensimismado. .D .Bdia Hay gente a la que le cuesta hablar de su pasado. Sobre todo en una cofradía como los Ragasakis. La mayoría no tenemos otra familia y acabamos aquí por pura casualidad. Algunos puede que tengan pasados realmente oscuros. Pero, como dice Baryn, no somos lo que fuimos, sino lo que somos. .Edia .P Me imaginé al monje yurí dándole lecciones filosóficas rimbombantes a Livon y sonreí. Aquello me hizo recordar lo que había dicho Yeren y mis ojos se posaron en el cubo de números, abandonado sobre la silla. Siguiendo mi mirada, Livon soltó: .D .Bdia Oh. ¿Te lo ha contado Yeren? .Edia Tendió la mano para recoger el cubo y lo contempló un momento. .Bdia Estoy seguro de que, el día en que resuelva esto, Yeren tendrá mi respuesta. No quería meterlo en el asunto, pero como insistió tanto… Yeren es un gran Ragasaki, .Edia sonrió. .Bdia El objetivo es colocar todos los números hasta nueve en cada cara. En realidad, esto también son permutaciones, así que a veces me digo que no debe de ser tan difícil. Pero… le doy vueltas todos los días desde hace dos años y no consigo nada, .Edia suspiró. Le dio unas cuantas vueltas a las caras. Y estropeó todo mi trabajo. Y decir que había estado tan cerca de ganar… Con una sonrisa algo triste, concluyó: .Bdia Yeren no me lo ha puesto fácil. .Edia .D .Bdia ¿Quieres ayuda? .Edia propuse. Livon parpadeó, sorprendido. Y me dije: .Bpenso Attah… ¿por qué te metes, Drey? .Epenso Encadené con una mueca casual: .Bdia Pero a cambio me dices por qué necesitas a la Kaara. .Edia .P Livon superó su sorpresa y sonrió ampliamente. .D .Bdia ¡Claro! Eso te lo puedo contar… Pero no hace falta que me ayudes en esto. Aunque… .Edia Se mordió el labio con una cara casi culpable. .Bdia ¿De verdad crees que serías capaz? .Edia .P Resoplé, divertido, y tendí la mano. Me dio el cubo. Y me puse a ello diciendo: .D .Bdia Mi hermano me regalaba cacharros parecidos cuando era niño. Una vez, me hizo resolver cincuenta seguidos de diferentes tipos y no dormí ni comí durante dos días, .Edia sonreí. .Bdia He perdido algo de práctica, pero con un poco de suerte… .Edia .P Me centré en mi labor. Livon miraba el cubo con concentración. .D .Bdia Ese hermano, .Edia dijo entonces, .Bdia ¿es el mismo que te ha enviado al guardaespaldas? .Edia .P Marqué una pausa y chasqueé la lengua continuando. .D .Bdia Para mí que es más un espía que un guardaespaldas. No querrá perderle la pista a mi hermana, eso es todo. .Edia .D .Bdia ¿Yánika? .Edia se extrañó Livon, girándose hacia ella. .P Fruncí el ceño, súbitamente tenso por el brusco cambio en el aura de mi hermana. Desvié la mirada hacia el cubo resoplando: .D .Bdia No, pensándolo bien, supongo que es a mí a quien no quiere perder. Después de todo, fui su discípulo durante más de diez años. .Edia .D .Bdia ¿Oh? Parece ser un hermano responsable, .Edia se alegró Livon. .P Le eché un mirada sardónica pero confesé: .D .Bdia En cierto modo, lo fue demasiado. Tiene un gran sentido del deber, .Edia expliqué con calma ante su mueca confundida. .Bdia Cada vez que hace algo, lo hace bien y raramente falla. Sólo falta que sea un poco más… abierto. Pero le tengo cariño. Él me enseñó casi todo lo que sé sobre las rocas. No tenía piedad, .Edia sonreí. .Bdia Pero tampoco me ha abandonado nunca. .Edia Salvo cuando robó el Orbe, añadí para mis adentros. Hubo un silencio en el que Livon pareció quedarse absorto. Entonces, alcé el cubo. .Bdia ¡Listo! .Edia .P Livon agrandó mucho los ojos. .D .Bdia ¿Qué? ¿Ya? .Edia exclamó. .P Tendió ambas manos y se lo alejé, protestando: .D .Bdia ¡ .Sm -ns Ya-náï ! No me has explicado lo de la Kaara. .Edia .D .Bdia Ah. Es verdad. .Edia Se golpeteó la mejilla con el índice como buscando las palabras más adecuadas antes de lanzarse: .Bdia Busco algo capaz de romper varadia. .Edia .P El aura de Yánika se impregnó de curiosidad. Ladeé la cabeza. .D .Bdia ¿Varadia? .Edia .D .Bdia Sí… Verás. Te contaré cómo la encontré. Te dije que no conocí a mis padres, ¿verdad? Me dijeron que murieron por culpa de los vampiros. Crecí en una aldea perdida en las montañas de Skabra. Me ocupaba de las cabras de la vieja Dyara, así que pasaba más tiempo vagando por los montes que en cualquier otro sitio. Y, un día, me metí en una cueva y encontré a Myriah. Pasaron meses antes de que me contestara, pero iba casi todos los días a darle los buenos días. Hasta que… .Edia .D .Bdia Espera un momento, .Edia lo corté. .Bdia ¿No te contestó en .Sm meses ? .Edia .P Al ver nuestras expresiones impactadas, se carcajeó. .D .Bdia ¡Myriah no es una persona común y corriente! Pronto lo vais a entender. Myriah está aprisionada en una especie de cascarón transparente. Cuando empezó a hablarme, lo hizo con energía bréjica. En ese momento yo no era más que un niño y no entendía nada, pero recuerdo que no me asustó. Es la persona más dulce que conozco. Y la primera saijit a la que consideré como a una verdadera amiga. Ella fue la que me enseñó las bases de las artes celmistas. Ella también es permutadora. Me enseñó muchas más cosas durante esos años. Lo malo es que… .Edia se ensombreció, .Bdia cuanto más hablaba por vía mental, menos la oía. Al final… me explicó que cuanta más energía gastaba más le costaba llegar hasta mí por culpa de la varadia. Porque su tallo energético no se regenera. Esa sustancia la paraliza casi entera. .Edia Frunció el ceño y sus ojos refulgieron, ensimismados. .Bdia Ese día le prometí que la liberaría. No sé cómo lo voy a hacer pero lo haré. Llevo ya ocho años buscando… Si no hay otro modo, permutaré mi sitio con el de ella. Sé que Myriah estaría triste si lo hiciera. Por eso… intento encontrar otro método. .Edia .P Me quedé mirándolo con fijeza, a la vez impresionado y alarmado. ¿En serio estaba dispuesto a renunciar a su vida y permutar con ella? Por Sheyra… ¿Es que no le tenía aprecio a su vida? Fuera como fuera, un pastor de cabras, una cueva encantada y una chica atrapada en el tiempo… ¿Qué clase de historia era esa? Le eché un vistazo a Yánika. Su aura emitía interés, y no esa impaciencia típica que sentía cuando alguien soltaba obvias mentiras. Así que ella se lo creía. Bueno… .D .Bdia Eso sí que es tener una misión épica, .Edia comenté. .Bdia Destruir varadia. No sabía que existiera un material capaz de paralizar el cuerpo por completo. Eso suena más a magia de cuentos. .Edia .D .Bdia ¡Pero es la verdad! .Edia aseguró Livon con tono más ligero. .D .Bdia Mm… ¿Y cómo se quedó ella atrapada ahí? .Edia .D .Bdia Er… Esa es la pregunta, .Edia carraspeó Livon, cruzándose de brazos. .Bdia Cuando se lo pregunté, apenas la oía ya… .Edia .P .Bpenso ¿No se lo habías preguntado antes?, .Epenso salté mentalmente, estupefacto. Livon continuó: .D .Bdia Según entendí, había una criatura dentro. Myriah hizo una permutación y se quedó atrapada. Dijo que había cometido un error… No le entendí muy bien, .Edia admitió con una mueca. .Bdia Pero, .Edia añadió, descruzándose de brazos, absorto, .Bdia recuerdo sus últimas palabras. Me dijo que siguiera adelante. Y me llamó… Livon, Livon… durante un buen rato. .Edia Marcó una pausa. Estaba obviamente afectado por sus recuerdos. Súbitamente, alzó la cabeza y sonrió de oreja a oreja. .Bdia También es la elfa más hermosa que he visto nunca, ¿ya os lo he dicho? .Edia .P Sonreí. .D .Bdia Habría sido raro que no lo fuera, .Edia me burlé. Así que ese era el objetivo de Livon: salvar a una hermosa elfa atrapada en un caparazón indestructible. Me hubiera echado a reír si no fuera porque entendía que aquello era importante para él. Bajé la mirada hacia el cubo. .Bdia Dudo que unos simples informadores sean capaces de resolver un cuento de hadas. .Edia .P Le eché una ojeada, socarrón. Y le di una vuelta a una cara del cubo para deshacer lo resuelto. Livon soltó una exclamación de protesta. Pero, en vez de abalanzarse para coger el cubo, el maldito permutó conmigo. Cuando lo vi sentado en mi sitio con una sonrisilla inocente, me sulfuré, incrédulo. .D .Bdia ¡Serás granuja! ¡Sólo estaba bromeando! ¿A quién se le ocurre permutar por una bobada así? .Edia .P Yánika se carcajeó y Livon la imitó. El aura divertida de mi hermana nos envolvió y acabé por sonreír. Pero insistí: .D .Bdia No deberías permutar tan a la ligera. Y otra cosa, .Edia añadí con tono súbitamente serio, .Bdia ni se te ocurra permutar con mi hermana. Eso no te lo perdonaría. .Edia .D .Bdia Lo sé, Drey, lo sé, .Edia me apaciguó Livon, levantándose. Agarró su capa roja y se la puso diciendo: .Bdia Vayamos a ver a los demás. Quiero disculparme ante Orih. .Edia .D .Bdia ¿Disculparte? .Edia me sorprendí, ya en pie. .D .Bdia Bueno… Es culpa mía que esos tipos nos hayan atacado. Porque yo a Tchag… no pude abandonarlo así, sin saber con quién lo dejaba, .Edia confesó, cabizbajo. .Bdia Os puse a todos en peligro. ¡Lo siento! .Edia .P Se inclinó bien bajo. Resoplé, exasperado. .D .Bdia Tonterías… ¿Quién iba a imaginar que habría gente así buscándole a Tchag? Además, Orih tampoco lo entregó. .Edia .Bpenso Aunque seguramente hubiese acabado por hacerlo para salvarte, .Epenso pensé, recordando los ojos horrorizados de la mirol posados en su compañero. Agregué: .Bdia Creo que es evidente que Tchag tampoco quería ir con ellos. Ni el espectro ni el Tchag de verdad. Alguna buena razón tendrá. .Edia .P Livon asintió y alzó entonces la cabeza con brusquedad. .D .Bdia ¿Tchag ha recordado algo? .Edia .P Resoplé de lado. .D .Bdia Tan amnésico como siempre. Dijo que no los conocía, pero que le daban miedo. .Edia .P Los ojos de Livon se quedaron inmersos, llameando como dos fuegos grises. .D .Bdia Tengo que saber la verdad, .Edia dijo. .P Y bien decidido estaba, me fijé al verlo pasar el umbral con paso rápido. Recogí el envoltorio del pastel y, cuando le eché un vistazo y reconocí un signo dibujado encima, comprendí que buena parte del desastre que habíamos limpiado Yánika y yo venía de los pasteles de Yeren. El curandero debía de regalárselos regularmente. Muy regularmente. .P Salíamos detrás de Livon cuando este ralentizó y agregó con un tono completamente cambiado: .D .Bdia Oye, Drey… ¿Qué cara hay que girar para volver a ponerlo como estaba? .Edia .P Miraba su cubo. Jadeé. ¿En serio lo preguntaba? Le señalé la cara, él la giró y su rostro se iluminó. .Sm Mar-háï… Definitivamente, no le iban ese tipo de juegos. Intercambié una sonrisa divertida con Yánika y nos pusimos en marcha hacia la Casa de los Ragasakis. .salto La cofradía estaba animada. Loy estaba al fondo de la sala, pasando el plumero a los libros de la estantería. Sirih se divertía dibujando con sus armonías líneas luminosas en el suelo; Sanaytay tocaba una suave melodía de flauta tumbada boca arriba sobre unos cojines. Y también estaban ahí Staykel, su esposa Praxan y su hija Shaïki, sentados a una mesa. Madre e hija tenían el pelo tan violeta como la amatista. Orih se tiró casi literalmente en los brazos de Livon alegrándose de que estuviera ya en pie y echó a un lado las disculpas de este con un perplejo: .D .Bdia ¿Pero qué dices? Tchag es ya como un Ragasaki, ¿no? ¡Lo protegemos todos juntos! .Edia .P Mientras nos instalábamos a la mesa donde estaban sentados los demás, eché una mirada circundante en busca del elfo oscuro capturado. La víspera, apenas había pasado por la cofradía, transportando enseguida a Livon a su casa con la ayuda de Loy. No había vuelto ahí desde entonces. ¿Dónde lo habrían metido? .D .Bdia ¿Qué haces? .Edia preguntó Shaïki. .P La pequeña miraba a Yánika. Mi hermana había vuelto a sacar su libro. Se lo había prestado Loy el día anterior para que dejase de pensar en lo ocurrido junto a la cabaña y, como solía con los libros de historia, se había quedado enganchada enseguida. Los ojos castaños de la hija del Ahumador estaban fijos en mi hermana. Ardían de una curiosidad descarada. .D .Bdia Leo un libro de historia sobre los Nómadas Blancos de las llanuras de Korame, .Edia contestó Yánika. .Bdia ¿Te gusta la Historia? .Edia .P La pequeña asintió con firmeza sin despegar los ojos de ella. .D .Bdia ¡Mm! .Edia .P El aura de Yánika se enterneció. .D .Bdia ¿Qué edad tienes? .Edia .D .Bdia Seis años, .Edia contestó con voz alta y clara. .Bdia ¿Y tú? .Edia .D .Bdia Casi trece, .Edia sonrió Yánika. .D .Bdia Ah. ¿Jugamos al Amarrado? .Edia .D .Bdia ¿Al Amarrado? .Edia .D .Bdia ¿No sabes jugar al Amarrado? Te enseño, .Edia decidió la pequeña. .P Se levantó, cogió a mi hermana de la mano y se la llevó a otra mesa. Pronto las vi entrechocar las manos mientras Shaïki decía «pájaro», mi hermana, «roca»; a lo cual siguieron así: «carro, romero, rosa, sartén, tenedor…». No pude evitar reír quedamente, pues a Yánika nunca le habían ido esos juegos. Me arrancó de mis pensamientos burlones la voz de Praxan, la runista: .D .Bdia Por cierto, Livon, sigo esperando mi caja. Ya sé que la necesitas para el imp pero… devuélvemela cuando puedas, ¿eh? Esa caja me la trajo una amiga runista directa de los Reinos de la Noche. Su madera de roble barik es excelente para colocar runas, perfecta para los trazados más complicados y… .Edia .D .Bdia En resumen, .Edia la interrumpió Staykel, burlón, .Bdia es la mejor caja del mundo, así que no se la rompas, Livon, o mi mujer se convertirá en tu peor pesadilla. .Edia .P Praxan le dio un coscorrón, protestando, divertida: .D .Bdia No estoy bromeando. .Edia .D .Bdia ¡La cuidaré como a un miembro de mi familia! .Edia aseguró Livon. .P Diablos, se lo tomaba en serio. Desviando la mirada de una flor armónica que acababa de dibujar, Sirih suspiró, impaciente. .D .Bdia ¿Cuánto tiempo planea Zélif interrogar a ese dokohi? .Edia .D .Bdia ¿Vosotros también los llamáis dokohis? .Edia me sorprendí. .D .Bdia No… Bueno, así los ha llamado Naylah, .Edia reconoció la armónica. .Bdia Ha dicho que no sabía por qué le había venido esa palabra a la mente… Un poco rara, la historia. .Edia .D .Bdia Pero realmente parece afectarla, .Edia se ensombreció Orih. .Bdia Parecía pensar que esos dokohis eran los peores monstruos del mundo… .Edia .P Calló y alzó una mirada preocupada hacia las escaleras que llevaban al primer piso. Sirih masculló: .D .Bdia En serio, espero que no le haya pasado nada malo a Zélif… .Edia .D .Bdia Tranquila, Shimaba está con ella, .Edia replicó Staykel. .Bdia Y el dicho monstruo apenas puede moverse. Además, tu hermana lo oiría si pasara algo, ¿no? .Edia .P Enarqué una ceja y me giré hacia la hermana de Sirih. Sanaytay apartó la flauta enderezándose, pero la suave melodía que tocaba siguió flotando en el aire sin apagarse. Inspiré, sorprendido. ¿Estaría usando armonías? Sabía que ambas hermanas eran armónicas, pero así como Sirih era una ilusionista, Sanaytay parecía controlar las ondas de sonido. .D .Bdia No consigo oír lo que dicen, .Edia confesó entonces la flautista. .Bdia Pero sé que el dokohi no habla. Zélif parece preocupada. .Edia Se sonrojó con timidez. .Bdia No me gusta escuchar tan lejos. .Edia .P Agucé el oído. No oía absolutamente nada, y menos con Shaïki y Yánika jugando al Amarrado… De pronto, dos golpes fuertes resonaron contra la puerta de entrada y nos sobresaltamos. Otros dos golpes. .D .Bdia ¡Abrid! ¡Somos la Orden de Ishap! .Edia bramó una voz afuera. .P Praxan siseó. .D .Bdia ¿Ellos? .Edia .P Los ojos de Staykel relucieron y se remangó, levantándose. .D .Bdia A este paso esos malditos fisgones van a romper la puerta. .Edia Y ladró: .Bdia ¿Sois idiotas? ¡La puerta está abierta! .Edia .P El pomo giró y la puerta se abrió. El Ahumador iba a moverse, pero Loy se le adelantó, levantó el plumero para detenerlo y dijo en voz baja: .D .Bdia Me ocupo yo. .Edia .P Dos saijits entraban por la puerta, vestidos con los tabardos blancos y negros de la Orden de Ishap. Según me había explicado Livon el primer día, eran una vieja cofradía de Firasa que competía con la de los Ragasakis. Uno de los dos llevaba un yelmo de cuero rojo y un arma negra extraña parecida a una alabarda cruzada a la espalda. La otra era una elfa rubia más joven que se erguía todo lo posible sin alcanzar, por supuesto, la imponente figura de su compañero. Escuché a Orih inspirar y murmurar sobreexcitada: .D .Bdia ¡Es Grinan! Si tan sólo estuviese aquí Nayu para verlo… .Edia .P El secretario de los Ragasakis se inclinó formalmente con su plumero. .D .Bdia ¡Buenas tardes, Caballeros! ¿Qué deseáis? .Edia .D .Bdia Hablar con vuestra líder, .Edia contestó Grinan con voz profunda. .Bdia ¿Es posible? .Edia .D .Bdia Es posible, .Edia dijo de pronto la voz de Zélif. .P Sorprendido, vi a la pequeña faingal bajar las escaleras junto con Shimaba. La vieja dueña de la casa llevaba unas gafas extrañas que retiró posándolas sobre su melena blanca mientras ambas alcanzaban los últimos peldaños. .P La líder de los Ragasakis se detuvo ante Grinan, apartó un largo mechón de su cabellera rubia y alzó unos ojos penetrantes hacia el Caballero de Ishap. .D .Bdia Hola, Grinan. ¿Qué ocurre? .Edia .P El caballero paseó una mirada rápida por toda la comitiva de Ragasakis y, por un instante, me pareció ver un destello de incomodidad en sus ojos. Inclinó secamente la cabeza. .D .Bdia Zélif de Eryoran. Me han comunicado extraños acontecimientos sobre lo ocurrido ayer en la parte norte, no muy lejos de la mina abandonada. Al parecer, unos Ragasakis fueron vistos mientras bajaban de ahí con dos cuerpos inconscientes. Y esta mañana, se os ha visto desenterrar dos cadáveres y volver a enterrarlos. ¿Alguna explicación? .Edia .P La tensión de los Ragasakis era evidente. Zélif suspiró. .D .Bdia Muchas explicaciones. Resumiendo: tres espectros atacaron a unos Ragasakis, estos se defendieron y dos espectros resultaron muertos. .Edia .P Hubo un silencio. .D .Bdia ¿Espectros? Eran saijits, .Edia objetó Grinan. .D .Bdia Cuerpos saijits controlados por espectros. Los saijits tal vez fueran inocentes, pero los espectros, ellos, fueron a matar, y mi gente los mató. Defensa propia. .Edia .P No mencionó en ningún momento a Tchag, noté. Grinan frunció el ceño. .D .Bdia ¿Quién los mató? .Edia .P Zélif abrió levemente la boca, se giró hacia mí vacilante… e intervine, levantándome: .D .Bdia Yo. Yo los maté. .Edia .P Ya estaba bien que el drow de pelo pincho me hubiese salvado la vida, no iba a meterlo en líos. El Caballero de yelmo rojo me atravesó con la mirada. ¿Acaso iban a acusarme de haberme defendido? No tenía ni idea de cómo funcionaban las leyes en Firasa. .D .Bdia Ese tatuaje, .Edia dijo Grinan de pronto, .Bdia ¿es de los Arunaeh? .Edia .P Noté la sorpresa a mi alrededor, pero Zélif, ella, no se inmutó. De modo que ella ya lo sabía… .D .Bdia Lo es, .Edia confirmé. .Bdia ¿Importa? .Edia .P El caballero de yelmo rojo frunció aún más el ceño pero, para alivio mío, se giró de nuevo hacia la líder. .D .Bdia Somos tal vez rivales, pero sé que tú nunca mientes, Zélif. Sin embargo, un cuerpo poseído por un espectro… es poco común. .Edia .D .Bdia Esos saijits, en particular, no podían liberarse fácilmente, .Edia se ensombreció Zélif. .Bdia Llevaban un collar traficado alrededor del cuello que retiene al espectro… Algunos tacharían esas mágaras de magia negra. .Edia .D .Bdia ¿Magia negra? .Edia dijo Grinan en un eco escéptico. .Bdia Vamos, Zélif. La magia negra es un término popular que no significa gran cosa. Me extraña que lo emplee una experta perceptista como tú. .Edia .D .Bdia Entonces seré más explícita: los dos saijits llevaban un collar con un espíritu dentro conectado a su propia mente con un potente sortilegio bréjico y brúlico. Una práctica que muchos llamarían magia negra. .Edia .P Grinan tenía una expresión entre incrédula y sombría. .D .Bdia ¿Eso existe? .Edia .D .Bdia Y no es nada nuevo, .Edia murmuró Zélif ensombreciéndose aún más. Se subió a una de las sillas del mostrador, se sentó sobre este con ligereza y declaró con lentitud: .Bdia Esos collares… no han sido fabricados ahora, me temo. Han sido reutilizados. Aunque se supone que el que los fabricó fue derrotado hace treinta años. Liireth, el Gran Mago Negro. .Edia .P Me recorrió un escalofrío tan sólo con oír el nombre. .Sm -t penso Liireth… El legendario mago negro de Dágovil había sido, según sabía, el líder de una terrible sublevación de celmistas desterrados y mercenarios sedientos de sangre. Había masacrado saijits sin piedad ni discriminación hasta que, treinta años atrás, había sido aniquilado por una unión de celmistas y guerreros dagovileses. Hasta habían dado su nombre al bosque de los rebeldes. Los ojos azules de Zélif se habían vuelto fríos como el acero. .P Hubo un silencio. .D .Bdia ¿Hablas en serio? .Edia intervino Loy. .Bdia ¿Crees que Liireth sigue vivo? .Edia .D .Bdia O bien alguien ha querido seguir sus pasos, .Edia murmuró la faingal. .P Carraspeé, sentándome de nuevo. .D .Bdia No sé mucho de historia pero, en mi tierra, se cuenta que Liireth tenía un poder y una habilidad celmistas fuera de lo normal. Replicar sus técnicas no debe de ser nada evidente. .Edia .D .Bdia ¿Tan conocido es ese Liireth? .Edia inquirió Livon, perdido. .P Me encogí de hombros. .D .Bdia Conocido en los Pueblos del Agua, al menos. .Edia .D .Bdia Pero es un tema del que se habla poco, .Edia intervino Loy. .Bdia Una leyenda casi secreta. .Edia .D .Bdia ¿Leyenda? .Edia se extrañó Orih. .Bdia Si murió hace apenas treinta años… .Edia .D .Bdia No deja de ser una leyenda, .Edia aseguró el secretario, y enunció con estilo de diccionario: .Bdia De orígenes desconocidos, portador siempre de una máscara, Liireth participó en la Guerra de la Contra-Balanza, sembró el terror y generó varias leyendas sobre la destrucción de Dágovil, de los Pueblos del Agua y hasta del mundo entero. Se lo conoce como al Gran Mago Negro porque practicaba sortilegios prohibidos, jugaba con las mentes de los saijits y, en algunas crónicas, hasta dicen que llegó a concluir un pacto con los demonios, los espectros, los zads y un atroshás, nada menos. Aunque, en verdad, no se ha visto a uno de esos enormes dragones negros por los Pueblos del Agua desde hace cientos de años… Y aquí termina la lección, .Edia sonrió recolocándose las gafas con gesto de profesor. .D .Bdia Siempre tan bueno explicando, .Edia lo loó Orih, entusiasmada. .D .Bdia Gracias, .Edia dijo Loy alzando humildemente el plumero hasta el pecho. .P Yánika y yo ahogamos una risita. Livon asintió, pensativo. .D .Bdia Ya veo. ¿De modo que una persona ha retomado las creaciones de ese Liireth y las está reutilizando? .Edia .D .Bdia Sacáis muchas conclusiones, .Edia intervino Grinan, molesto. .Bdia Sea como sea, he venido a avisaros de que la retención de una persona en contra de su voluntad está penada duramente por el Consejo Gremial. Os pido que entreguéis a la persona que mantenéis cautiva. Será interrogada y la mantendremos en nuestra cárcel temporalmente hasta que se tome una decisión conjunta de los gremios. Zélif… tendrás que explicar todo esto en la siguiente reunión de gremios dentro de dos semanas. .Edia .P Zélif puso cara levemente ofendida. .D .Bdia Lo iba a explicar de todas formas. Y lo siento pero no puedo entregaros al sujeto en cuestión: cayó de un árbol y se fracturó dos piernas y un brazo. Nuestro curandero dijo que no está en condiciones de ser trasladado a ningún sitio. .Edia Se deslizó hasta el suelo y puso las manos en jarras. .Bdia Entiendo tu posición, Grinan, pero que sepas que este asunto es serio y no es momento para pequeñas rivalidades. Léete algún libro sobre la guerra de la Contra-Balanza en Dágovil y lo entenderás. Si el que está creando a esos dokohis está cerca… Firasa podría estar en peligro. .Edia .P En ese momento, Naylah entró por la puerta y se quedó sorprendida al ver a tanta gente. Tchag estaba medio escondido debajo de la cabellera plateada de la lancera… y era mejor que no se mostrase, pensé. Si el Caballero de Ishap lo veía, probablemente intentaría llevárselo, a él también. Con los ojos agrandados, Naylah balbuceó: .D .Bdia Ho-hola. .Edia .D .Bdia Mm, .Edia gruñó Grinan con una ceja enarcada. .Bdia Meditaré sobre todo esto, Zélif, y te dejaré ocuparte de tus asuntos de momento. Pero no te creas que nosotros sólo funcionamos por recompensas como soléis hacer vosotros: somos la Orden de Ishap y, vengan dragones o espectros, protegeremos Firasa aunque nos cueste la vida. Nos vemos en el consejo, .Edia se despidió. .P Me echó una última mirada como preguntándose qué diablos hacía un Arunaeh en la cofradía de los Ragasakis, dio media vuelta y se marchó con su compañera elfa. En cuanto Loy cerró la puerta, respiré más tranquilo. Orih Hissa dejó escapar una risita. .D .Bdia Protegeremos Firasa aunque nos cueste la vida, .Edia imitó y juntó ambas manos con los ojos brillantes. .Bdia ¡Grinan es tan heroico! Y tan apuesto, ¿a que sí, Nayu, a que sí? Se te parece un poco en carácter. Y tiene el pelo blanco como tú. ¡Y unos ojos! Dicen que los humanos con los ojos violetas tienen poderes de brujo. ¡Y cómo embrujan! .Edia .P Naylah se había sonrojado. .D .Bdia Tonterías. .Edia .P Orih la miró y rió por lo bajo otra vez. Naylah resopló de exasperación y plantó su lanza en el suelo. .D .Bdia Grinan es nuestro rival, Orih, ¡no lo olvides! .Edia .P La mirol hizo un mohín, decepcionada. La casa se llenó pronto de voces. .D .Bdia Estos de Ishap se creen la milicia oficial de la ciudad, .Edia gruñía Praxan. .Bdia No se me olvida la vez que nos robaron un cliente por la cara. .Edia .D .Bdia ¿Una vez? Si yo no llevo aquí más que unos meses y no paran de hacerlo, .Edia masculló Sirih. .D .Bdia Siempre quejándoos, .Edia refunfuñó la vieja Shimaba. .Bdia ¡Trabajad y haced bien las cosas y vendrán más clientes! .Edia .D .Bdia Ni que fuera pan comido, abuela, .Edia bostezó Staykel. .P Enarqué una ceja mientras la vieja se dirigía de nuevo hacia las escaleras. ¿Shimaba era la abuela de Staykel? No se parecían para nada… Tchag aterrizó sobre la mesa con agilidad, atrayendo la mirada fija y castaña de la pequeña Shaïki. Mientras seguían todos comentando lo de los dokohis, Liireth y la fisgonería de los Caballeros de Ishap, Yánika se sentó junto a mí, pensativa. .D .Bdia ¿Por qué mentiste? .Edia me murmuró. .Bdia Tú no los mataste. .Edia .D .Bdia Lo sé, .Edia carraspeé. .Bdia Pero no quiero atraerle más problemas a nuestro espía… .Edia .D .Bdia ¡Drey! .Edia soltó Livon, girándose hacia mí en el alboroto de voces. .Bdia ¿O sea que los Arunaeh sois conocidos en los Subterráneos? ¡No me lo habías dicho! .Edia .D .Bdia Eh… Al menos en algunos círculos, .Edia contesté. Como las cárceles y los interrogatorios… .Bdia Son brejistas. Expertos en artes de la mente. Yo soy uno de los pocos que aprendieron órica y no bréjica. .Edia .D .Bdia ¡Brejistas! .Edia .P Livon parecía más maravillado que asustado. Diablos, sin duda Yánika tenía razón: su querido hermano no entendía ni pizca a los saijits. A lo mejor le decía a Livon que era de una familia de inquisidores que trasteaban con mentes saijits y le parecía también maravilloso, quién sabe… De pronto, vi a Zélif detenerse junto a la mesilla y soltar: .D .Bdia Ragasakis. .Edia .P Todos callaron y alzamos la vista, sorprendidos, hacia la faingal. Su rostro era grave. .D .Bdia Aún no sé qué está pasando aquí, ni quién está reutilizando esos collares, ni he logrado entender las reacciones de ese dokohi… Pero seguiré meditando sobre ello. Permaneced atentos de todas formas. Si mandaron a tres dokohis a por Tchag… podrían mandar a más. .Edia .P Asentimos. Era lógico. .D .Bdia Livon Wergal, .Edia dijo entonces. .P El permutador tragó saliva bajo los ojos azules penetrantes de la líder. Esta suspiró. .D .Bdia No vuelvas a permutar con un dokohi. Piénsalo. Hubieras podido quedarte con el collar. .Edia .P Palidecí. .Sm Mar-háï , eso… no lo había pensado. Y por lo visto los demás tampoco. Livon parpadeó, asombrado. Zélif suspiró con el ceño fruncido y se dirigió hacia la salida diciendo: .D .Bdia Sé que esta vez no tenías ni idea de ello pero a partir de ahora debes evitar el riesgo sin excepciones. Si llegaras a tener un collar de esos alrededor del cuello, Livon… .Edia giró la cabeza y sus ojos claros volvieron a atravesarlo, .Bdia no sé lo que podría pasarte. .Edia .P Nada bueno, eso seguro. Al percibir el aura inquieta de Yánika, posé instintivamente una mano sobre su cabeza para tranquilizarla… y sentí la mirada de Zélif girarse hacia nosotros. Me crucé con sus ojos. Y la vi sonreír muy débilmente antes de que su rostro desapareciera detrás de su cascada rubia. Salió de la Casa con paso ligero dejando atrás un silencio sobrecogido. Aunque este pronto se rompió. .D .Bdia Y a saber adónde se va ahora, .Edia suspiró Sirih en un gruñido, tumbándose en los cojines. .Bdia Siempre tan misteriosa. Todo lo contrario de mi líder de Daer: ese era un parraplas insufrible… Perdón, Sanay, .Edia dijo de pronto. .P Enarqué una ceja al darme cuenta de que la flautista se había estremecido. No sabía gran cosa de ellas aparte de que, según Livon, ambas habían llegado a Firasa desde Daercia huyendo de su gremio de ladrones. No parecían haberlo vivido bien y, por lo poco que había leído sobre el reino sureño de Daercia, no me extrañaba: se decía que era una región extremadamente pobre, con sus leyes anticuadas, sus castas y su importante población de desposeídos y ladrones. No daban ganas de ir a visitarlo. Y a Sanaytay todavía menos de volver, adiviné, observando de reojo cómo se encogía de hombros, con los ojos perdidos en el vacío. .P La voz de Loy me arrancó de mis pensamientos. .D .Bdia En realidad Zélif está muy extraña, .Edia meditó el secretario, jugueteando con el plumero. .Bdia La última vez que la vi así de preocupada… sí, creo que fue la vez en que desapareció Néfikel. .Edia .P Los ojos de Orih brillaron. .D .Bdia ¿Néfikel? .Edia .P Sirih se había enderezado, igual de curiosa. Loy hizo una mueca pensativa. .D .Bdia Néfikel, .Edia afirmó. .Bdia Ya te hablé de él, Orih. Zélif, Shimaba y Néfikel son los tres fundadores de la cofradía. Néfikel era miembro de la Orden de Ishap y el hermano mayor de Grinan, pero abandonó la Orden poco después de que su padre, Barklo Farshi, se convirtiese en líder… Algo pasó entre esos dos. Sea como sea, sin él, esta cofradía probablemente no hubiera nacido nunca. Shimaba será una buena magarista y Zélif una auténtica líder y una gran perceptista, pero ninguna de las dos sabe de burocracia. Néfikel me enseñó a tener los papeles bien guardados. Era un gran erudito. Recuerdo que lo veía como a un tipo honesto y recto. Sin embargo… poco después de que cumpliera yo dieciséis, desapareció dejando una nota de despedida. ¿Lo recuerdas, Staykel? .Edia .P El humano pelirrojo asintió con una mueca. .D .Bdia Un tipo recto y simpático. A saber adónde se fue y por qué. .Edia .D .Bdia A saber. .Edia Loy meneó la cabeza, perdido en sus recuerdos. .Bdia Néfikel no regresó desde entonces. Aquel día, Zélif estuvo muy turbada. De hecho, durante meses estuvo más ausente que presente en la cofradía. Han pasado ya más de diez años pero… no sé por qué tengo la impresión de que el asunto de ahora tiene alguna conexión… Al fin y al cabo, fue en esa época en la que Zélif viajó al Bosque de Liireth. Tal vez me equivoque, .Edia admitió, encogiéndose de hombros. .Bdia El caso es que es mejor por ahora dejar que Zélif medite todo lo que tiene que meditar sin que la molestemos. .Edia Sonrió. .Bdia Puede que nuestra líder tenga sus defectos, pero es la que mejor piensa de todos los Ragasakis. .Edia .P Se alejó de nuevo hacia las estanterías con su plumero, dejándonos pensativos. Orih se rascó la mejilla asintiendo para sí y exclamó: .D .Bdia ¡Ahora me acuerdo! Néfikel Farshi. ¿No me dijiste que ese tipo sabía hablar veinte idiomas y leer las escrituras antiguas? .Edia .P Loy asintió desde el otro lado de la sala y pareció que iba a matizar algo, pero calló cuando Tchag soltó de pronto un alegre: .D .Bdia ¡Drey, Livon, Yánika! ¡Tenemos un regalo! .Edia .P El imp, de pie, sobre la mesilla, señalaba algo que Naylah acababa de sacar de su bolsillo. La lancera le echó una mirada paciente pero sonrió y, para sorpresa mía, me tendió algo. Eran dos pequeñas figuras geométricas, la una azul oscuro, la otra blanca. Tenían la misma forma que el símbolo en la fachada de la Casa. .D .Bdia El colgante de los Ragasakis, .Edia dijo Naylah ante mi mueca turbada. .Bdia Todos tenemos uno. Si quieres formar parte de esta cofradía… simplemente tómalo. .Edia .P Quedé sobrecogido. Así que eso era lo que planeaba la lancera cuando había dicho que tenía «algo que comprar». Hubo un silencio. No tenía razón por la cual no aceptarlo, pero no quería precipitarme tampoco, no fuera que me tomaran por un caso perdido que no tenía ningún sitio adonde ir… o que pensaran que me lo tomaba a la ligera. .Bparoles La mayoría no tenemos otra familia , .Eparoles había dicho Livon. Yo sí que la tenía. Pero… eso no significaba que no pudiera tener una segunda, ¿verdad? .P Súbitamente fui muy consciente de las miradas de los demás posadas sobre mí, así como del aura cada vez más impaciente de Yánika. Me apresuré a coger los colgantes. Enseguida me acogieron las sonrisas aprobadoras de Naylah y Staykel, la enorme sonrisa blanca de Livon, los afilados dientes de Orih y la mueca medio sonriente medio burlona de Sirih… Con el plumero sobre el hombro, Loy se acercó de nuevo soltando: .D .Bdia Voy a por las botellas y los pasteles. Kali nos ha traído lo que sobraba de .Sm -t nomlieu La Calandria y una tarta de frambuesas… .Edia .D .Bdia ¡Tarta de frambuesas! .Edia se emocionó Orih. .D .Bdia ¡No todos los días se tiene a un nuevo miembro en la cofradía! .Edia afirmó Loy. .D .Bdia .Sm Dos nuevos miembros, .Edia corrigió Orih, cogiéndole a Yánika de los hombros como una madre orgullosa. .D .Bdia ¡Tres! .Edia protestó Tchag. .Bdia ¡Yo también tengo uno! .Edia .P Enseñó su colgante. El suyo era rojo y lo había atado cuidadosamente a la cuerda alrededor de su pelo blanco. Sus ojos resplandecían de contento. Puse los ojos en blanco. Tchag no necesitaba gran cosa para ser feliz. Girándome hacia Yánika, le tendí los colgantes para que eligiese el color. Sin sorpresas, se llevó el blanco, y me quedé con el azul. Recordaba que una vez, hacía tiempo, me había dicho que el blanco, para ella, era el color de la vida. El color de todas las emociones. La vi colocárselo en una de sus trenzas y nos sonreímos. Le iba bien. .P Llegaron las botellas y los pasteles y, cuando Loy me tendió un vaso para brindar, vacilé al cogerlo. Acababa de recordar que nunca había bebido alcohol. Según sabía, pocos Arunaeh lo habían siquiera probado. Iba contra los principios de equilibrio y control mental de la diosa Sheyra y desequilibraba el Datsu. Sin embargo… un pequeño trago para brindar por nuestra entrada en la cofradía de los Ragasakis no dañaría demasiado mi equilibrio, ¿verdad? Dánnelah, pensé. Cuando Livon se les acercó a Yánika y a Shaïki con una botella de zumo de uva, hice una mueca y, con tono casual, solté: .D .Bdia Lo siento. No bebo alcohol. ¿Puedo tener zumo yo también? .Edia .P Sin siquiera poner cara sorprendida, Livon asintió alegremente, acercando la botella. .D .Bdia ¡No hay problema! .Edia .P De verdad parecía no haberlo. Me relajé. Y cuando todos tuvimos nuestros vasos llenos, Naylah alzó el suyo solemnemente diciendo: .D .Bdia ¡Ragasakis! ¡Por nuestros nuevos compañeros, Drey, Yánika y Tchag! ¡Que sus ideales los guíen en sus misiones, que se fortalezcan y sigan siempre avanzando! .Edia .D .Bdia ¡Bienvenidos! .Edia tonó Staykel. .P Todos le hicieron eco ruidosamente y oí la voz algo rayada, seria y decidida de la pequeña Shaïki decir «¡feliz cumpleaños!». Reí, algo abrumado. Attah… Sólo los conocía desde hacía una semana y aun así… nunca me había sentido tan en casa. .P ¿Tan asocial había sido hasta entonces que no podía recordar una conversación amistosa con nadie en aquellos últimos tres años? La amistad… era algo sobre lo que había pensado regularmente en mi infancia y mi adolescencia. Algo cuya ausencia me había entristecido más de una vez. Pero, de alguna forma, había acabado por quitarle importancia… .P .Bparoles ¿Un… amigo? .Eparoles me había dicho una vez Lústogan con tenue sorpresa. .Bparoles ¿Quieres que te explique lo que es tener un amigo? .Eparoles .P Aún podía ver sus ojos azules, fríamente sinceros y a la vez irónicos, mientras yo asentía con inocencia. Me contestó: .P .Bparoles Pregúntaselo a otro. .Eparoles .P Sonreí llevándome el vaso de zumo de uva a los labios. Finalmente, tal vez no fuera a necesitar preguntárselo a nadie. .Ch "La ira de un hermano" .\" 16/03/2019 .Sm Subterráneos, Templo del Viento, año 5618: Drey, 6 años. .P Estaba agotado. Había estallado toda la roca alrededor del filón de oro y este reposaba reluciente unos pasos más lejos. Sin embargo, todavía me quedaban dos filones que extraer de la placa rocosa que me habían traído. Tumbado con las manos en cruz, clavé los ojos en el techo gris, tan inmóvil como una roca, casi sin respirar. La luz de las piedras de luna de la caverna se infiltraba suavemente por entre las prietas columnas. Todo estaba silencioso. No pasaba nadie en aquel viejo santuario junto al templo, pues todos sabían que el pequeño Arunaeh entrenaba y no venían a molestar. No tenían por qué saber que estaba descansando. No tenían por qué saber… .P Sin previo aviso, me convertí en un pájaro volando. Tenía alas anaranjadas como el ámbar y otras doradas como el filón de oro. Daba vueltas y vueltas por una enorme caverna. Daba vueltas y vueltas… buscando una salida. .D .Bdia Y bueno, .Edia dijo de pronto una voz rayada. Desperté bruscamente de mi sueño. .Bdia Si te viera tu hermano vaguear así, te haría trabajar un ciclo entero sin pausa. .Edia .P Me enderecé viendo al monje detenido al pie del santuario. Estaba levitando. Por eso no lo había oído llegar. Me froté los ojos, desperezándome, y miré al recién llegado. .D .Bdia Ozdorun. ¿Qué haces aquí? .Edia .P Este me dedicó una sonrisa ladeada mientras subía los tres peldaños sin tocarlos. Ozdorun era el nieto de la hermana del Gran Monje pero, aunque tenía la misma edad que Lúst, la destrucción no se le daba nada bien. En contrapartida, sabía levitar. Sin embargo, el otro día, cuando le había preguntado cómo se hacía, me había contestado: .Bparoles Si eres tan listo como te pintan todos, aprende solo, primillo. .Eparoles Me había llevado una decepción. .P Ozdorun aterrizó y enseñó las velas azules que llevaba en las manos. .D .Bdia Traigo velas nuevas para Tokura. Se supone que deberías haber acabado tu entrenamiento. .Edia .P Lo observé mientras se adelantaba hacia el altar. La cruz del Dios de la Destrucción se alzaba sobre el pequeño pedestal, hecha de puro hierro negro. El otro día, le había traído a Yánika para que la viera y, cuando le había dicho a quién representaba esa cruz, ella había puesto cara descontenta y protestado: .Sm -t paroles frío, frío . En cambio, sí que le habían gustado las velas y sus llamas azules. .P Me levanté. .D .Bdia Ozdorun. ¿Sabes por qué las llamas azules duran más que las naranjas? .Edia .P Mi primo colocó las velas y quitó las viejas emitiendo un gruñido. Expliqué: .D .Bdia Porque la cera es cera de kérejat y se quema mucho más lento. .Edia .P Ozdorun se giró con una expresión de frío desdén. .D .Bdia Todo el mundo sabe eso, listillo. .Edia Sacó un plumero y limpió el pedestal agregando: .Bdia Este trabajo deberían hacerlo los aprendices. Cuando era pequeño, limpiaba la cruz de Tokura todas las semanas. .Edia .D .Bdia ¿Y levitabas hasta arriba? .Edia me impresioné. .P Me echó una mirada de reojo. .D .Bdia Claro. Eso me recuerda… ¿Todavía no has aprendido a levitar, mocoso? Con lo listo que eres… .Edia .P Negué con la cabeza. .D .Bdia Mi hermano me dijo que él tampoco sabe. Y dijo que cada uno seguía su propia senda y que, si me dijiste lo del otro día, es probablemente porque tienes problemas de autoestima y me tienes envidia. ¿Es cierto? .Edia .P Lo pregunté sin mala intención, repitiendo las palabras de mi hermano. Ozdorun volteó. Sus ojos se habían encendido. .D .Bdia ¿Envidia? ¿Y tú qué sabes de la envidia, Arunaeh? .Edia Fruncí el ceño con la vista alzada hacia él y me encogí de hombros. Resopló de desprecio. .Bdia No tienes ni idea de lo que siento. No eres capaz de entenderlo ni serás capaz de hacerlo nunca… porque, .Edia dijo acercando su rostro desdeñoso al mío, .Bdia el sello te lo impide. Me fastidia la gente como tú, que se cree más que los demás porque es un geniecillo. Pero la vida no es sólo saber destruir roca o interrogar a un criminal, como hacen los inquisidores de tu familia. La vida no es ser un mero instrumento, una marioneta vacía. Por supuesto, el Gran Monje ve vuestra utilidad y te mima por ahora, pero, sabes, el hecho de que tu abuelo sea hermanastro suyo no te hace su heredero, ¿me entiendes? .Edia .P Posó sus ojos sobre mi rostro, como siguiendo las líneas de mi Datsu, cada vez más extendidas. .D .Bdia Tsk. Tu hermano… ese tipo raro, te está creando a su imagen, por Tokura. Cuando me mira, me da la impresión de que soy un cero a la izquierda, y tú tienes esa misma maldita mirada, primillo. Lústogan… Quién sabe si hasta no te está enseñando más técnicas de las que debería. .Edia .P Ozdorun echó una mirada siniestra a los filones. Sin previo aviso, me agarró de una mano y añadió: .D .Bdia Di, Drey. ¿Serías capaz de destruir mi mano? No, ¿verdad? Al fin y al cabo, los tejidos vivos son mucho más complicados que los de los minerales… Aun así, estoy seguro de que tu hermano se ha interesado por ello. ¿Nunca lo has visto intentarlo? ¿Intentar destruir carne? .Edia .P Me lo preguntaba con una punta de curiosidad. Mi Datsu se desató. Ozdorun me enseñó una sonrisa torva. .D .Bdia ¿No te habré asustado? Ya sabes que a Lústogan le gustan los experimentos no muy legales. Y no sólo a él, al parecer. Los Arunaeh, tan justicieros y tan rectos… Hace poco, en Dágovil capital, oí decir que la historia de tu familia es un pozo de tinieblas. .Edia .P ¿Un pozo de tinieblas? ¿Qué me estaba contando? Traté de liberarme pero su puño era fuerte. Le lancé una ráfaga órica con todas mis fuerzas. Ozdorun se tambaleó hacia atrás, soltándome, pero recuperó el equilibrio con su propia órica, fulminándome con la mirada. .D .Bdia ¿Sueño o me has atacado con órica, mocoso? ¡El Gran Monje se enterará de esto! .Edia Lo miré fijamente, sombrío. Sabía que atacar a mis propios cofrades de esa forma no se toleraba y se castigaba duramente. Ozdorun puso los ojos en blanco y aseguró: .Bdia Descuida, no me chivaré si me dices la verdad. .Edia .D .Bdia ¿La… verdad? .Edia repetí, confuso. .D .Bdia La verdad sobre el Sello de los Arunaeh, la verdad sobre ese engendro que tu padre trajo hace unos meses… ¿Es cierto lo que dicen los rumores? ¿Que el poder de tu hermanita fue un experimento fallido? .Edia .P Agrandé mucho los ojos y el Datsu se me desató aún más. Yánika… ¿un experimento fallido? No tenía sentido. Ozdorun deliraba. Retrocediendo hacia la salida del santuario, colisioné con alguien, alcé la vista y me quedé sin aliento al ver a Lústogan. Mi hermano me echó a un lado. Sus ojos gélidos soltaban relámpagos. Lo contemplé, sorprendido. .D .Bdia Ozdorun, .Edia bufó. .Bdia ¿Qué diablos le estás contando a mi hermano? .Edia .P Se adelantó en unas zancadas. El viento, a su alrededor, se arremolinó. Su tono era gélido, su enojo controlado. Los trazos violáceos de su Datsu brillaban y temblaban en su rostro. Nunca lo había visto con el Datsu tan desatado. Ozdorun siseó: .D .Bdia ¿De qué estás hablando? Que sepas que tu hermano me ha atacado con su órica. .Edia .P No se arredró, pero su voz tenía un deje de miedo y su expresión se alteró aún más a medida que mi hermano se avanzaba. Con frialdad y sin gestos innecesarios, Lústogan le asestó a nuestro primo una ráfaga órica tan potente que lo mandó al suelo. .D .Bdia ¿Te ha atacado, dices? ¿En serio un niño de seis años ha sido capaz de amedrentarte? Te está bien empleado. .Edia Bajó las manos agregando con tono neutro: .Bdia He oído lo suficiente, Ozdorun. Cada día te haces más inmundo. Te daré un aviso: .Sm jamás te metas en los asuntos de los Arunaeh y, en especial, no le vuelvas a dirigir la palabra a mi hermano. ¿Me oyes? Un ser tan bajo como tú no tiene nada que aportarle. No lo olvides. Cuanta basura eches sobre los Arunaeh, volverá a ti, Ozdorun. .Edia .P Nuestro primo se levantó, temblando. Al principio, creí que estaba asustado, pero luego entendí que estaba enfadado. ¿O tal vez ambas cosas? .D .Bdia Maldito… .Edia siseó. .D .Bdia Por cierto, .Edia añadió Lústogan con indiferencia. .Bdia Que sepas que el Gran Monje elegiría a cualquiera antes que a ti como heredero y ¿sabes por qué? Porque no tienes estilo. Si quieres jugar a ser un crío, háblale y dile que te he atacado: yo le diré otras tantas trastadas tuyas. Eso sí, recuerda: si vuelves a acercarte a mi hermano… te haré explotar entero como sea. .Edia .P Su expresión debió de ser particularmente aterradora porque Ozdorun se volvió aún más pálido. Entonces, mi hermano se dio la vuelta, examinó de una ojeada mi trabajo con los filones de oro y bajó los peldaños sin mirar atrás. Había usado órica contra Ozdorun, me dije, atónito. Lo había tirado al suelo… Sin embargo, aquello no parecía alterarlo. Al pasar ante mí, tan sólo dijo: .D .Bdia Aún te faltan dos filones, Drey. .Edia .P Y se marchó. Apenas se fue, Ozdorun ahogó un gruñido de ira y susurró: .D .Bdia Me lo pagarás… .Edia .P Ni siquiera trató de levitar: salió del santuario sin mirarme, lívido de rabia. Yo me había quedado inmóvil como una roca. Cuando perdí de vista a Ozdorun, inspiré y me moví al fin. Regresando junto a los filones, me paré y miré las velas azules y la cruz de Tokura. .P Un instrumento. Una marioneta vacía. .P No podía creer que el Gran Monje pensara eso de mí. Aquella misma mañana, al levantarme, el viejo abuelo me había invitado a tomar leche de anobo con él, diciendo: .Bparoles La leche es buena para los huesos, pequeño. ¡A este ritmo, crecerás como una katipalka, ya lo verás! .Eparoles Siempre estaba sonriente cuando me hablaba. Entonces… Apreté un puño y tragué saliva. .D .Bdia ¿Por qué Ozdorun me ha dicho eso? .Edia pregunté a la cruz de Tokura. .P Ozdorun siempre había sido brusco y mordaz pero, hasta ahora, nunca lo había visto perder tanto su sangre fría. Había soltado toda su rabia contra mí. Un fenómeno que no lograba entender bien. ¿Por qué él se exaltaba tanto y por qué yo no? ¿Por qué él decía que yo no podía sentir envidia? Me llevé la mano a una mejilla, delineando el Datsu con la yema de un dedo. Mi piel era más cálida ahí donde se encontraba el tatuaje energético. ¿Acaso mi Datsu me hacía ser tan diferente? ¿Y acaso mi Datsu era diferente al de mi hermana? ¿Por qué decía Ozdorun que Yani era un engendro…? .P Resoplé de lado. Mar-háï. Lúst no le daba importancia a lo que decía Ozdorun, así que ¿por qué iba a dársela yo? Con el ceño fruncido, señalé a Tokura con un índice teatral. .D .Bdia Te está bien empleado, .Edia dije imitando la voz de Lúst. .Bdia Si vuelves a insultarle a mi hermanita, ¡te haré explotar entero como sea! .Edia .Ch "Fantasmas" .\" 20/03/2019 .D .Bdia ¡Ayuda! ¡Ayuda! .Edia .P Una vieja elfa cruzó el umbral de la Casa de los Ragasakis haciendo grandes aspavientos con su cachava. Llevaba una túnica ricamente adornada y sus ojos estaban muy abiertos. Curioso, cerré la .Sm -t titulo Historia de los pueblos de Rosehack y me levanté. Loy ya estaba junto a la anciana, apaciguándola y preguntando solícito: .D .Bdia ¿Sucede algo, señora? .Edia .D .Bdia ¡Minueta! ¡Ha desaparecido! Se la ha llevado un fantasma. ¡Por favor, os lo ruego, encontradla! Mi pequeña… .Edia .P Orih, Yánika, Livon y yo éramos los únicos en estar en la cofradía con Loy aquel día. Nos acercamos todos. .D .Bdia ¿Cuándo sucedió? .Edia preguntó Livon. .D .Bdia ¡Hace unas horas! Estábamos paseando en el parque como todas las mañanas, al pie de la colina, cuando, al pasar donde la Capilla Roja, apareció el fantasma… ¡Sentí el frío como si me pasara a través! Y entonces… ¡Minueta ya no estaba! .Edia .D .Bdia ¿Qué edad tiene? .Edia preguntó Loy. .D .Bdia Oh… mañana es su quinto cumpleaños. Ella nunca se despega de mí. Pero hoy… salió corriendo como si el viento la llevara, ¡no sé qué hacer! Estoy dispuesta a daros todo mi dinero, pero haced que vuelva, por favor… .Edia .P Livon sonrió. .D .Bdia La encontraremos. .Edia Su tono optimista y decidido no dejaba duda. .Bdia ¿Qué ropa llevaba? .Edia .P La anciana meneó la cabeza. .D .Bdia ¿Ropa? Lleva un lacito rojo encima de la cabeza. Y un collar dorado con el nombre de mi familia: Bisykaï. Oh, y tiene pelambrera castaño rubio, salvo… su cola, su cola es de un blanco precioso. .Edia .P Nos quedamos todos en suspensos. De pronto, Orih se carcajeó. .D .Bdia ¿Tu nieta tiene cola? .Edia .D .Bdia ¡Cómo te atreves a reírte ahora, insensible! .Edia se ofendió la anciana, talandrándola con la mirada. .Bdia Es una perra. Minueta, he dicho que se llamaba. ¡Cuándo he dicho yo que era mi nieta! .Edia .D .Bdia ¡Perdón, he oído mal! .Edia se atragantó Orih, aún riendo. .P Yánika amenazaba con reírse ella también y le solté una mirada de aviso. No era el mejor momento para que todos ahí nos pusiéramos a carcajearnos ante la vieja. Pillando mi mensaje, mi hermana luchó contra sí misma y se alejó discretamente. Livon alzó una mano para apaciguar el ambiente. .D .Bdia Anciana, .Edia dijo, .Bdia cuando doy mi palabra, la cumplo. Encontraré a su perra, no se preocupe. ¿Vienes, Tchag? .Edia .D .Bdia ¡Ajá! .Edia contestó el imp, animado. .P Sin más dilaciones, ambos salieron de la Casa. De modo que Livon realmente iba a aceptar el trabajo. Intercambié una mirada con Orih y Yánika… Y la primera me sonrió. .D .Bdia ¡Alégrate! Llevas ya dos semanas en la cofradía y no has hecho más que entrenarte con Livon, vaguear como yo y comer pasteles. Y ese es mi papel, no puedes hacer lo mismo. Zélif suele decirlo: la fuerza de los Ragasakis está en la diversidad de sus habilidades. Así que… a por tu primera misión, Drey Arunaeh. ¡A rescatar a la perra Minueta Bisykaï de las garras del fantasma! .Edia Había profundizado la voz y alzado un puño teatral. Resoplé. De alguna manera lo hacía sonar todo aún más ridículo de lo que era. Apuntó: .Bdia Yo me quedo con Yani y la vieja. .Edia .D .Bdia ¡A quién has llamado vieja! .Edia le gruñó la vieja. .P Puse los ojos en blanco mientras la anciana despotricaba sobre el respeto a los mayores y me giré hacia Yánika. .D .Bdia ¿Seguro que no…? .Edia .D .Bdia Estaré bien, hermano, .Edia me cortó ella. Sus ojos negros sonrieron cuando añadió: .Bdia No tienes por qué preocuparte siempre por mí. No te obsesiones. .Edia .P Sabía que se irritaba cada vez que me volvía demasiado protector, de modo que no insistí y me contenté con corresponderle con un: .D .Bdia Entonces, hasta luego. .Edia .P Antes de salir, observé cómo Loy sacaba ya su formulario preguntándole amablemente a la anciana cuánto estaba dispuesta a pagar. Oí: cincuenta kétalos. Diablos. ¿No había dicho ‘estoy dispuesta a daros todo mi dinero’? Como decían en Dágovil, los viejos ruidosos son los más rácanos de todos. .P Ya en la calle, busqué a Livon. No estaba visible por ninguna parte. Mar-haï, ¿tantas prisas llevaba? Recordé que la vieja había hablado de un parque al pie de la colina y empecé a bajar la cuesta. De todas formas, para buscar a un perro fugado, lo mejor era dispersarse. .P Un fantasma, pensé. ¿Qué había querido decir la vieja con que le había pasado algo frío a través? Los fantasmas, las criaturas inmateriales, esas cosas no existían. Había amasijos móviles de energía aún más inmateriales que los espectros, pero esos no pensaban, no se controlaban, eran meros fenómenos naturales. Y sólo aparecían en lugares inestables energéticamente. .P Tras dar unas vueltas entre los árboles del parque y no ver a Livon, pensé: .Bpenso ¿Habrá algo extraño en este parque? ¿O la vieja se lo ha inventado todo? .Epenso .P Era pasado mediodía y el parque estaba vacío. Flores de todos los colores cubrían la hierba y una brisa fría las acarició. Hice una mueca de burla. A lo mejor era esa corriente de aire la que la vieja había confundido con un fantasma. .P Avancé por un camino sombreado, crucé un pequeño puente de madera y… de pronto vi a un perro de pelo castaño claro agitándose al pie de un árbol. Apenas lo divisé, salió corriendo desapareciendo entre los arbustos. Sin dudarlo, me abalancé. Oí al perro ladrar, aceleré y, al llegar a un claro, lo vi al fin a la luz del sol. Llevaba un palo entre los dientes y un niño trataba de quitárselo, riendo… Me detuve en plena carrera. .D .Bdia Attah… .Edia mascullé. El perro no tenía cola blanca. Me había equivocado de presa. .D .Bdia ¿Qué estás haciendo, Drey? .Edia dijo de pronto una voz tranquila y curiosa. .P Mi corazón se saltó un latido y bruscamente se desbocó. Esa voz… la hubiera reconocido entre mil. Me giré hacia la silueta que acababa de arrimarse a un portentoso roble. Solamente verlo ahí, de pie, tan cerca de mí, me hizo agrandar los ojos como si hubiera visto a un verdadero fantasma. .P ¿Qué demonios hacía él ahí? .P Su mirada azul me observaba igual de intensamente. Me recompuse un poco, dejando escapar: .D .Bdia Estaba buscando a un fantasma, pero parece que ya he encontrado a uno. .Edia .P Los labios de mi hermano se curvaron. Giré la cabeza hacia los lados, sondeando los árboles y los arbustos con rapidez. El drow de pelo pincho no parecía estar en las cercanías. Hice una mueca. ¿Cuánto tiempo llevaba siguiéndome mi hermano? .P El niño y el perro ya se alejaban por el claro y, en el silencio del parque, tan sólo se oían el murmullo de una fuente lejana, el trino de los pájaros, el oleaje de las hojas y las corrientes de la brisa. Aquello no ayudó a relajarme. ¿Por qué diablos ahora?, me decía. ¿Por qué ahora? Ajeno a mi tensión, un apacible mar de hielo rodeaba a Lústogan. Rompí el silencio. .D .Bdia ¿Por qué, Lúst? ¿Por qué después de tres años vuelves a aparecer de la nada? .Edia .P Para sorpresa mía, mi voz tembló un poco. Mi hermano se acercó y se detuvo ante mí. No había cambiado nada. Sus ojos seguían igual de tranquilos, su rostro igual de frío. Si acaso, había cambiado de ropa: había trocado la oscura túnica de destructores de los Monjes del Viento por ropa de viaje sencilla y común. Su Datsu violáceo ocupaba ambas partes de su rostro, intacto. Hacía unos días, Sirih me había dicho que ese sello me daba pintas de chamán y Orih había corroborado, añadiendo que a Yánika le iba mucho mejor. En los Pueblos del Agua, no era extraño que los miembros de los gremios, monasterios y cofradías se tatuaran símbolos en el cuerpo. Sin embargo, no todos tenían un sello. Y el sello de los Arunaeh, el Datsu, era muy particular. .D .Bdia No pude avisar que me iba, .Edia dijo al fin. .Bdia ¿Me has echado de menos? .Edia .P No había ironía en su voz, pero no contesté a su pregunta. .D .Bdia El Gran Monje me expulsó de su cofradía, .Edia dije. .P Lústogan pareció divertido. .D .Bdia ¿Te entristece? .Edia .P Fruncí el ceño. .D .Bdia Tú querías convertirme en Gran Monje. .Edia .D .Bdia Y podrías haberlo sido, .Edia meditó Lústogan. .P Hice una sonrisa ladeada. .D .Bdia El viejo me dijo que, si le traía el orbe, votaría a mi favor para convertirme en Gran Monje. .Edia .P Lústogan me atravesó con la mirada. .D .Bdia ¿En serio? .Edia .P Puse los ojos en blanco, resoplando. .D .Bdia Simplemente, no me interesa todo ese lío. ¿Y Padre? ¿Estaba al corriente de que robarías el orbe? .Edia .P Aún recordaba el humor negro de Padre, aquel día: raras veces había visto su Datsu tan desatado. .P Desviando la mirada, Lústogan hundió las manos en los bolsillos de su chaqueta y se giró hacia el riachuelo que corría unos pasos más lejos. .D .Bdia Él tenía pensado negociar y pedírselo prestado al Gran Monje, .Edia dijo con calma. .Bdia Pero, aunque hubiera aceptado, eso hubiera significado dar a conocer la debilidad del clan Arunaeh. Así que me adelanté. .Edia .P Y eso era lo que había contrariado tanto a Padre, entendí. Previendo la negativa del Gran Monje, mi hermano se había llevado la culpa de todo, evitando que los Arunaeh entraran en guerra abierta con los Monjes del Viento. Aun así… el ambiente de tensión que había creado no se borraría con una simple disculpa. Tuve un escalofrío y mi mirada se perdió entre las aguas del riachuelo cuando pregunté: .D .Bdia ¿Por qué lo robaste? .Edia .P Lo vi alzar los ojos hacia el cielo y sonreír levemente. .D .Bdia Así que no lo sabes… No me extraña. Padre no es mucho de hablar. .Edia .P .Bpenso Tú tampoco… .Epenso Se giró hacia mí. .D .Bdia Pongámonos cómodos, te lo explicaré. .Edia .P Con movimiento ligero, se alejó unos pasos para ir a sentarse sobre la hierba, cubierta de flores silvestres. Tras una vacilación, lo imité y lo miré, expectante. ¿Cuántas veces habíamos estado así los dos sentados, maestro y alumno, él dándome lecciones y yo escuchándolo con atención? Sonreí para mis adentros. .Bpenso Como en los viejos tiempos. .Epenso Sin embargo, ahora Lústogan no iba a hablarme de órica: me iba a explicar por qué había traicionado a la Orden del Viento. No se hizo esperar. .D .Bdia Como recordarás, el Orbe del Viento tiene una fuerza prodigiosa, pero sobre todo tiene una precisión que ningún maestro órico puede alcanzar por sí solo. Por eso se volvió el mejor instrumento a mi alcance para usarlo sobre el Sello. Lo robé y salí en busca de la fuente del Sello. .Edia .P Parpadeé. Usarlo sobre el Sello, me repetí. ¿Mi hermano había usado esa mágara tan poderosa sobre la reliquia de nuestra familia? ¿Y Padre estaba de acuerdo con eso? .D .Bdia No lo entiendo, .Edia confesé. .Bdia ¿La fuente del Sello? ¿No está en la isla de Taey? .Edia .D .Bdia Recuerda cómo está hecho el cristal, Drey. Nuestra reliquia es un enorme pilar que atraviesa la roca desde las profundidades y cuya punta termina en nuestra capilla. Nace mucho mucho más abajo. .Edia .P Lo miré, sin entender aún. No era la primera vez que oía hablar del Sello como de un árbol de cristal que tuviera unas raíces y una punta pero… .D .Bdia ¿Para qué ir tan abajo? ¿Tiene acaso más poder cuanto más bajas? .Edia .D .Bdia No, es lo contrario, .Edia afirmó Lústogan. .Bdia La punta es más potente. Sin embargo, el mal venía de las raíces. Ese cristal no es un cristal normal. Se comporta como una planta. Tiene raíces. Y crece. Muy lentamente, pero tal vez dentro de dos mil años hubiera llegado al techo de nuestra capilla. Tardé un año en aprender a manejar el orbe y casi otro año en encontrar las raíces, pero al final las encontré y traté de repararlas. Con el orbe, por supuesto. .Edia .P Agrandé los ojos. ¿Repararlas? ¿De modo que el Sello no funcionaba correctamente? Eso era nuevo para mí. El tesoro del clan se había roto… ¿por culpa del sello de Yánika? .P Un pájaro trinó, echó a volar, y Lústogan lo siguió con la mirada antes de soltar: .D .Bdia Me lo encontré todo agrietado. .Edia .P Lo dijo con calma, pero adiviné que el descubrimiento lo había impactado. Se encogió de hombros. .D .Bdia Algo hizo estallar la parte inferior de la reliquia. Y de eso hace años. Intenté restaurarla, pero estaba tan alterada que necesitaba a un experto brejista para ello, así que al final, hace cinco meses, regresé a casa y Madre bajó conmigo. Me dijo: soy la Selladora, he sido formada para ello desde niña, conozco el Sello de memoria… Mar-haï. No tomamos en cuenta el hecho de que su Datsu ya no es como antes. Le dio un ataque de nervios en plena operación y nuestra reliquia se… Bueno, salió todo mal. Lo único que pudimos hacer al final fue seccionar un trozo de las raíces que aún estaba intacto y llevárnoslo a la isla. Dentro de quinientos años, tal vez, el nuevo pilar habrá crecido lo suficiente para ser usado. .Edia Su voz tenía un claro deje de autoburla. Se giró hacia mí y, cambiando bruscamente de tema, dijo adoptando un tono fraternal: .Bdia Deberías volver a Taey. Madre no deja de escribirte cartas sin mandarlas porque no sabe dónde estás. Me encargó que te encontrara. A Padre ya no le importa que vuelvas con Yánika. De momento el Sello no es un peligro para ella. Y, además, creo que Madre ha entendido al fin que sus dotes de Selladora ya no son lo que eran. No se atrevería a experimentar con su hija. .Edia .P Calló. Yo lo miraba, impactado. Nunca había pensado que el Sello, la reliquia por excelencia de los Arunaeh desde hacía generaciones, pudiera romperse. Cuando había oído que Madre había dejado de colocar Datsus, había creído que era porque ella ya no podía. No se me había ocurrido que el propio Sello… Diablos. Hasta ahora nunca había meditado sobre ello, pero la pérdida del Sello significaba que mi clan ya no podría colocar un Datsu a los recién nacidos. Por eso mi prima Alissa, unos meses menor que Yánika, no llevaba Datsu, entendí: Madre ya sabía en aquel entonces que el Sello no funcionaba correctamente. Mar-háï… Si mi familia se veía incapaz de reproducir los sellos bréjicos en sus nuevos miembros, entonces… Bajé los ojos hacia mis manos, sintiendo cómo mi propio Datsu se desataba levemente para calmar mis emociones. Sin Datsu, los Arunaeh volverían a ser potencialmente tan sensibles y manipulables como cualquier otro saijit. En definitiva, la pérdida del Sello significaría un duro golpe para el clan entero. .D .Bdia ¿Qué le pasó al viejo Sello? .Edia pregunté. .P Vi su mueca. .D .Bdia Si de verdad quieres saberlo… Cuando Madre soltó su sortilegio, se volvió completamente negro. .Edia Negro, me repetí, sobrecogido, y traté de imaginar al cristal rosáceo volverse negro como un diamante de Kron mientras él afirmaba: .Bdia Incluso en la capilla. Sigue vibrando de energía… pero no es una energía relajante y equilibrada como la que había antaño. Es todo lo contrario. Se ha prohibido la entrada a la capilla, pero toda la isla está cubierta de esa tensión extraña, un miasma bréjico… Todavía sigo sin entender qué hizo Madre. .Edia Frunció el ceño, recordando. .Bdia Ahí abajo, en la fuente, el pilar vibraba tan fuerte que la roca alrededor empezó a romperse. Fue un milagro que saliéramos vivos de esa. De no ser por el Orbe del Viento, los dos habríamos acabado sepultados debajo de un montón de roca. .Edia Ladeó la cabeza y meditó: .Bdia Padre está irritado, diría que más por nuestra imprudencia que por el Sello o el robo del Orbe. Él siempre ha sido muy comedido. .Edia .P Su sonrisa divertida me arrancó un suspiro. Adiviné que, pese a la desgracia del Sello, Lústogan no se arrepentía de haber vivido una aventura como aquella. Todo material extraordinario lo atraía como la sangre a un kérejat. Aun así, de imprudente mi hermano no tenía mucho. Generalmente, se aseguraba siempre de tener al menos una vía de escape. En la construcción de túneles, siempre era el primero en cerciorarse de la seguridad de las vigas y nunca olvidaba ponerse la ropa de protección especializada para destructores. Como bien decía, de nada sirve saber destruir una roca si te destruyes con ella. .D .Bdia ¿Qué fue del Orbe del Viento? .Edia pregunté. .D .Bdia Mmpf. Padre se lo quedó, .Edia confesó. .Bdia Una pena, porque tenía grandes proyectos para esa reliquia. .Edia .D .Bdia Seguro, .Edia resoplé. Me pregunté qué planearía hacer Padre con el Orbe, si devolvérselo al Gran Monje o qué, pero finalmente me desinteresé del tema y declaré: .Bdia No voy a volver. Ahora no. Puedes decírselo a Madre si quieres. .Edia .P La reacción de Lústogan no se hizo esperar: sus ojos azules me atravesaron, como intentando leer mi mente. .D .Bdia Qué mal, .Edia replicó. .Bdia Díselo a Madre tú mismo. Yo tampoco planeo volver pronto. Mar-haï… ¿Es que no te importa que esté preguntando por ti todo el rato? .Edia .P Apreté los dientes. Me fastidió que Lústogan me echara en cara mi poco apego a mi familia, porque era falso. Que no deseara verlos ahora no significaba que no fueran importantes para mí. Resoplé, molesto. .D .Bdia Madre está preguntando por mí incluso si estoy a unos metros de distancia y lo sabes. .Edia .P Lústogan se echó a reír. .D .Bdia Eres su hijo favorito, Drey, ¡no te irás a quejar encima! Además, lleva tres años sin verte, .Edia añadió, más serio. .Bdia Y después de lo del Sello… está aún más deprimida. Tú serías capaz de alegrarla simplemente yendo a saludarla. .Edia .P Mi hermano tenía callo para hacerme sentir culpable. Sin Sello capaz de experimentar con Yánika, no tenía ya razón para huir de la isla. Al menos no la hubiera tenido en Donaportela. Pero ahora estaba en Firasa y… .D .Bdia Ya veo, .Edia retomó Lústogan. .Bdia Saoko, el tipo que te ha estado espiando, me ha dicho que te has metido en un grupo de jóvenes cazarrecompensas. Ruidosos y demasiado alegres, según me ha dicho. ¿Son divertidos? .Edia .P Lo miré, sorprendido, vacilé y afirmé: .D .Bdia Lo son. .Edia .D .Bdia ¿Y fiables? .Edia .P Me encogí de hombros arrancando una hierba distraídamente. .D .Bdia No los conozco hasta ese punto pero… son gente curiosa. No son muchos y no tienen lemas grandiosos como otras cofradías. Los suyos se basan en no traicionarse, en ayudarse y en pasárselo bien. Me gustó la idea. Y a Yánika también. Ella ya no se despega de Orih. .Edia .D .Bdia ¿Orih? .Edia .D .Bdia Es una mirol de las montañas, .Edia expliqué. .Bdia No sé muy bien qué habilidad tiene aparte de ser increíblemente torpe y contar tonterías, pero siempre es muy positiva y es tan rara que hasta cae bien. .Edia .D .Bdia Mm… ¿Qué hay del otro kadaelfo? .Edia preguntó Lústogan. .P Inspiré. Así que el tal Saoko de pelo pincho lo había puesto al corriente de todas mis andanzas con detalle… Contesté de todas formas sin reservas: .D .Bdia Se llama Livon. Es un permutador. .Edia Sonreí de lado, divertido. .Bdia Tiene poco de erudito, fue pastor de cabras de niño, y no sabe hacer otra cosa que permutar, pero en las tres semanas que lo conozco ha salvado ya a dos ahogados, ha adoptado a una criatura a la que nadie quería y nos ha enseñado a Yánika y a mí todos los alrededores de Firasa como un guía profesional. Incluso permutó desde un árbol arriesgando su vida para proteger a Yani de los dokohis… .Edia Sonreí anchamente. .Bdia Pero lo más extraño es su manera de confiar ciegamente en los demás, como si nos conociéramos de toda la vida. Ayer sin ir más lejos, se tiró de un barranco sólo para ver cómo era eso de caer amortiguado por la fuerza órica. ¿Te imaginas? Está un poco chiflado pero… me cae bien… creo. .Edia .P Pronuncié las últimas palabras bajando el tono, incómodo. En el Templo, jamás había dicho que nadie fuera de mi familia me cayera bien. Había crecido en medio de los monjes como un pequeño prodigio que no se tocaba, entre las plegarias a Tokura, el silencio, el entrenamiento y la soledad, casi hasta convencido de que hablar de sentimientos era un tema tabú, o sin interés, o ridículo. Y aún lo pensaba un poco, pese a mí. Pero no podía evitar constatar lo evidente: que disfrutaba de la presencia de los Ragasakis. Y no me apetecía nada tener que abandonarlos tan pronto para regresar a una isla perdida en el mar de Afáh. .P Seguí hablándole a mi hermano de los miembros de los Ragasakis y él me escuchó con atención: las dos hermanas armónicas, Sirih y Sanaytay, Yeren el curandero albino obsesionado con la dieta de cada miembro, y su rival de cocina, Kali, que pasaba el día en la taberna de sus padres y llegaba a la cofradía a la tarde con todos los pasteles que habían sobrado… Lústogan no se perdía una palabra. Mi hermano podía a veces ser frío, seco, imprevisible, y de sociable no tenía mucho, pero como maestro siempre le había interesado mi vida. Sospechaba que en su mente lo analizaba todo a modo de puzzle en el que mi aprendizaje quedaba en el centro. Fuera como fuera, en el momento, hice abstracción y disfruté de su compañía y de sus preguntas. .D .Bdia Y bien, .Edia dijo Lústogan en un silencio. .Bdia No me parece mal que le tomes gusto a la vida, Drey, pero… ¿y tu entrenamiento? ¿No lo habrás olvidado? .Edia .P Resoplé ruidosamente. .D .Bdia No voy a estar entrenándome toda la vida. Estos tres años hemos vivido Yánika y yo como reyes y apenas he necesitado trabajar. Alguna ventaja debe tener ser destructor: paga bien. .Edia .P Me crucé con su mirada penetrante y desvié la mía, exasperado. Adiviné lo que iba a seguir y me adelanté: .D .Bdia Ya lo sé… .Edia .D .Bdia Drey, .Edia me cortó Lúst. .Bdia Si he pasado diez años de mi vida entrenándote, no es por nada. Tienes genio en la órica y sería estúpido desperdiciarlo. Así que… no deberías perder demasiado el tiempo con esa cofradía banal: puedes llegar a ser un gran destructor, Drey. Tu problema es que no tienes ambición. .Edia .P Se levantó. No necesité alzar los ojos para sentir los suyos, tranquilos, posados sobre mí, observándome, esperando mi decisión. Me mordí la lengua. Mi entrenamiento… sí, para algo mi hermano había estado enseñándome tanto todo ese tiempo, ¿verdad? Tantas horas pasadas buscando los puntos flojos de las rocas y estallándolas, puliendo piedra, trabajando metales… tenían que tener algún sentido. Sin embargo, por más que lo buscara, no lo encontraba. Ensalzar la reputación temible de mi familia me importaba una drimi, y yo no tenía a una elfa hermosa que liberar de un caparazón como Livon. Sólo tenía… Fruncí el ceño y, finalmente, me puse en pie. .D .Bdia Tienes razón, hermano. No tengo ambición. Nunca la tuve. Ni me interesan tanto como a ti los experimentos sobre rocas. Seré un destructor, pero no soy un científico. Yo sólo quiero proteger a Yánika. Y, por qué no, conocer a esos Ragasakis. .Edia .D .Bdia Y ese es tu punto flojo: siempre quieres entender a los demás. .Edia Lo oí inspirar, pensativo. .Bdia ¿Sabes? Hasta el diamante más puro puede quebrarse si encuentras su punto flojo. Sólo te aviso. Ese ser al que llamas hermana… algún día podría causar tu desgracia. .Edia .P Me quedé helado. En ese momento, recordé la promesa que Lúst me había hecho hacía muchos años. .Bparoles Si un día te causa dolor, no la volverás a ver, .Eparoles me había dicho. Me puse a temblar ante el mero pensamiento hasta que mi Datsu se liberó y sentí mis sentimientos atenuarse drásticamente. Cerré fugazmente los ojos y murmuré: .D .Bdia ¿Qué demonios te ha hecho Yani para que la desprecies así? .Edia Lústogan enarcó una ceja y añadí con desafío: .Bdia Es nuestra hermana, Lúst. La quiero con toda mi alma. .Edia Clavé mis ojos en los suyos siseando: .Bdia ¿Es que no lo entiendes? .Edia .D .Bdia Lo que entiendo es que tu Datsu está alterado, .Edia comentó Lústogan. .Bdia Te lo dije: no tengo nada personal contra tu hermana. Su poder es un peligro, eso es todo. Y tras pasar tanto tiempo a su lado, me temo que ya estás pagando las consecuencias. .Edia .P Lo miré, perplejo. .D .Bdia ¿De qué estás hablando? .Edia .P Mi hermano puso los ojos en blanco dándome a medias la espalda. .D .Bdia Te hablaré de ello en otra ocasión. Sólo una cosa más, Drey, y te dejaré tranquilo con tus amigos. Si el Sello estaba agrietado, ahí abajo, no fue por Yánika. Cuando ella recibió el Datsu… el Sello ya estaba roto. .Edia .P Parpadeé, asombrado. El día en que Madre había depositado el Datsu sobre Yánika había marcado profundamente el clan de los Arunaeh. Yo no lo había presenciado, estando en ese momento en el Templo y no en la isla, pero siempre había insistido en repetir que Yánika no tenía la culpa de nada, que era Madre la que había realizado mal el ritual, que si todo había salido mal… era por culpa de Madre. No la culpaba tampoco pero… ahora me daba cuenta de que había sacado conclusiones injustas. Pues, si el Sello realmente había sido roto antes, ni Yánika ni Madre habían tenido la culpa de nada. Me sentí ligeramente avergonzado. Bien me había dicho mi abuelo materno un día: .Bparoles Los Arunaeh no echamos la culpa, muchacho: constatamos .Eparoles . Y por lo visto yo había constatado mal. Pero entonces, ¿por qué se había roto el Sello? El penúltimo en haber recibido el Datsu era yo. Le llevaba cinco años a mi hermana: eso significaba que o bien el Sello se había estropeado conmigo… o bien se había estropeado después. ¿Pero cómo? .P Me turbé con una súbita idea al pensar las extrañas pesadillas que tenía de cuando en cuando. Ese sentimiento de tener recuerdos bien reales de otra vida llena de sufrimientos, esa impresión de que mi Datsu se desataba más de lo habitual… ¿podía tener que ver con la condición del Sello? Pero entonces, ¿por qué el Datsu de Madre se había estropeado con Yánika y no conmigo? Meneé la cabeza. .D .Bdia ¿Quién lo rompió, entonces? .Edia .P Lústogan se encogió de hombros. .D .Bdia No saques conclusiones precipitadas. El asunto queda por esclarecerse… Lo que está claro es que fueron al menos dos personas las que estuvieron al pie del Sello antes que nosotros. Según Madre, uno de ellos era brejista. .Edia .P ¿Brejista? Lo miré, perplejo. Ese brejista no podía ser un Arunaeh: ningún Arunaeh rompería el Sello de su propio clan. Y eso restringía las posibilidades, pues los brejistas hábiles eran realmente pocos. Entonces, capté la mirada observadora de Lúst. Este carraspeó. .D .Bdia No le des muchas vueltas de momento. Ya descubriremos la verdad. .Edia .D .Bdia ¿Ya te vas? .Edia pregunté, algo decepcionado. .D .Bdia Sí. No voy a molestarte más de momento. Le daré tu dirección a Madre. ¿Te parece? .Edia .P Asentí. .D .Bdia Haz lo que quieras. .Edia .P Lo vi sonreír. .D .Bdia Prepárate para recibir una montaña de cartas. .Edia .P Resoplé. Qué remedio… Me adelanté. .D .Bdia Espera, Lúst. ¿Qué has querido decir con que mi Datsu… está alterado? Sólo quiero saberlo. .Edia .P Lústogan me miró de bies y, para sorpresa mía, inspiró con desgana. .D .Bdia Lo siento, Drey. Nuestros padres me hicieron prometer que no te hablaría de ello. Tendrás que volver a casa para tener más explicaciones, .Edia se burló. Alzó una mano, alejándose ya. .Bdia Disfruta de tus vacaciones, hermanito. .Edia .P Quise irme tras él para sacarle la verdad, pero recapacité. Insistir con Lúst era como intentar sonsacarle algo a una roca. Lo vi alejarse por el campo de hierba, suspenso. Sus palabras me habían dejado un resabio de inquietud. ¿Qué quería decir con que mi sello se alteraba por culpa de Yánika? Si tan sólo supiera lo que significaba todo eso… Aunque tampoco parecía preocuparle mucho a mi hermano. .P De todas formas, me dije, si mi Datsu se alteraba, que se alterase. No iba a separarme de Yánika por ello. .P Pensé entonces en mi hermana y me pregunté cuánto tiempo había pasado desde que había salido de la Casa. Rara vez en esos tres años había estado alejado de Yani tanto tiempo. ¿Estaría bien? Tomé el camino de vuelta, algo inquieto. .P .Bparoles No te obsesiones… .Eparoles .P Las palabras de Yánika me detuvieron en seco. Maldita sea. No me obsesionaba. Era sólo que… mi conversación con Lústogan me había llenado de malos presentimientos. .P Salía ya del parque cuando recordé a la perra de los Bisykaï y al presunto fantasma y me pregunté qué diablos estaba haciendo. Se suponía que tenía que ayudarle a Livon. Eché un vistazo a mi anillo de Nashtag. No eran aún ni las cuatro de la tarde. Aún tenía tiempo de indagar. .P La vieja había hablado de una capilla roja en el parque y no tardé en encontrarla. Se parecía a la capilla junto al Templo del Viento, sólo que en vez de ser de mármol, era de roca roja. Meradita, la reconocí, pasando una mano por una de sus columnas. Era roca sedimentaria y estaba erosionada en numerosos sitios. El suelo del interior, en cambio, estaba bien cuidado y varias estatuillas y velas habían sido depositadas ahí como ofrendas. Debía de ser una capilla multi-religión, pues avisté entre estas los dos círculos de la Anciana, deidad warí, mezclados con una estatua húwala y un versículo que no me sonaba de nada. .P Y ni rastro del fantasma. .P Sonreí para mí. Era de esperar. Bostecé e iba a bajar los peldaños cuando una súbita corriente de aire me hizo voltear. .D .Bdia ¡Drey! .Edia exclamó de pronto una voz. .P Me giré en varios sentidos, desconcertado. ¿Quién…? Al fin, reparé en el imp. Acababa de pasar la cabeza entre dos columnas. .D .Bdia ¿Tchag? ¿No estabas con Livon? .Edia .D .Bdia Drey, ¡ha ocurrido algo horrible! .Edia dijo con voz llena de pánico. .Bdia Abajo… abajo… ¡Por aquí! .Edia .P La urgencia en su tono me hizo reaccionar. Salí corriendo de la capilla y vi al imp señalar una especie de pequeño portillo al pie del edificio. .D .Bdia ¡Se metió ahí! .Edia .P Parpadeé. .D .Bdia ¿Livon se metió ahí? .Edia .D .Bdia Lo atacó algo, una masa negra muy rara, y arrastró todo el cuerpo hasta ahí. ¡No pude hacer nada! .Edia se lamentó. .Bdia Por favor, ayúdalo… .Edia .P Una masa negra, me repetí. Eso… era una información muy vaga. Pero cabía la posibilidad de que fuera un doagal: eran criaturas gelatinosas y negras. En tal caso… Livon estaba en peligro. Me concentré. .D .Bdia ¿Qué haces? ¿Qué haces? .Edia me urgió Tchag, agarrándose a mi chaqueta. .Bdia ¡Tenemos que salvarlo! .Edia .D .Bdia Estoy en ello, .Edia gruñí. .P Acabé mi sortilegio, saqué un saquito de polvos de mi bolsillo y, al fin, abrí el postigo de par en par. Descargué de inmediato la órica arrastrando los polvos grises. Justo a tiempo: percibí un enorme bulto moverse, pero yo sabía que la criatura no podía ser tan grande: simplemente se estaba despegando del cuerpo de Livon por culpa de la pimienta. La acabé de despegar con fuerza órica. El doagal era tan poco pesado que mi viento pudo controlarlo fácilmente. Lo lancé lejos, apuntando a una zona donde el sol pegaba de pleno: lo vi retorcerse de dolor, en silencio, pues no tenía boca. Attah… Esas criaturas siempre me habían dado grima. Desvié la mirada hacia la abertura oscura. .D .Bdia ¡Ahí está! .Edia exclamó Tchag. .P Iba a meterse pero lo retuve por sus pantalones verdes. .D .Bdia Lo saco yo. Tú vigila que no se acerque el bicharraco. .Edia .P Sólo faltaba que el imp entrara en aquel agujero y se convirtiera en espectro… Tendí una mano y, tras tantear un poco, di con el brazo de Livon. Estiré con esfuerzo y acabé sacándolo de ahí. Tras una mirada rápida constaté con alivio que la criatura no le había hecho ningún daño. .D .Bdia ¿Está vivo? ¿Está bien? .Edia preguntó Tchag. Lo tocó en la mejilla y puso cara de horror. .Bdia ¡Está muerto! .Edia .D .Bdia Está dormido, .Edia aseguré. .D .Bdia ¡Dormido! .Edia .D .Bdia Esa criatura… .Edia Eché un vistazo al bicharraco que trataba desesperadamente de volver a la zona en sombra. Ante los ojos ansiosos de Tchag, expliqué: .Bdia Es un doagal. En Dágovil, son una plaga. Se esconden en el techo de los túneles y las cavernas, se tiran encima de la víctima y la envuelven para enfriarla. Es una de las ventajas: que no pueden comer hasta que su presa no se haya enfriado lo suficiente. El calor las mata. Y, por lo visto, la pimienta tampoco les gusta, .Edia añadí con una media sonrisa. La técnica de echarle pimienta en polvo la sacaba de un mercader con el que habíamos viajado Yani y yo hacia Donaportela: éste decía usarla contra variados monstruos, incluidos los bandidos, y me había regalado un pequeño saco de pimienta en polvo en nuestra despedida. Quién hubiera dicho que me serviría algún día y me daría resultado. .P Tchag había inspirado ruidosamente. .D .Bdia ¿N-n-nos comen? ¿Comen saijits? .Edia .P Me hizo gracia que se incluyera en la categoría de los saijits. Asentí y me levanté. .D .Bdia Son carnívoros. .Edia Arrastré a Livon hacia el sol, porque cubierto como estaba de la sustancia del doagal, debía de estar helándose. Hecho eso, envié aún más lejos la criatura, en pleno centro de un prado soleado. .Bdia Bien. Se mueven tan lento que lo más probable es que no llegue a buen puerto vivo. Mira que acercarse tanto a la Superficie… Ni los doagals se salvan de la estupidez. Ahora que lo pienso, tal vez fue eso lo que asustó a la perra de la vieja. Tienen un olor leve pero muy particular. .Edia Miré la abertura oscura con el ceño fruncido. .Bdia Me pregunto si habrá ahí alguna víctima más. .Edia .P Solté un sortilegio órico y recorrí el agujero con aire. No era ni de lejos tan eficaz como un sortilegio perceptista capaz de rastrear energías, pero no me pareció dar con hueso alguno. Eso sí, encontré una curiosa grieta por la que probablemente el doagal había llegado. ¿Livon habría sido su primera víctima? Era difícil estar seguro. Tal vez los doagals lo digirieran todo y no dejaran rastro… Oí de pronto una tos. Livon se enderezó tosiendo. .D .Bdia Aaaar… ¿Qué me ha pasado? Me siento cómo si me hubiera caído en un… en un… ¡en un cenagal! .Edia .D .Bdia Te cayó eso encima, .Edia dije, señalando a la criatura. .P Ante su mirada confundida, le expliqué lo ocurrido y acabé diciendo: .D .Bdia Menos mal que tenía la pimienta, porque ni las armas contundentes ni cortantes son eficaces contra esas criaturas. .Edia .P Cuando callé, él tenía los ojos clavados en el doagal. .D .Bdia Es asqueroso, .Edia dejó escapar. .Bdia Atacar de esa forma… Y eso que lo vi, debajo del alero, pero no reconocí lo que era. Quise verlo de más cerca y… Bah. Cómo iba a imaginarme que habría un doagal en la Capilla Roja… .Edia .D .Bdia Idiota, .Edia salté, alucinado. .Bdia ¿La viste y dejaste que se te cayera encima? .Edia .D .Bdia Eje… No me dio tiempo a esquivar, .Edia se justificó girándose hacia mí. .Bdia Perdón, Drey. Y gracias. Firasa no es tan seguro como parece. Hay que andarse con cuidado. .Edia .P .Bpenso ¿Y me lo dices a mí?, .Epenso resoplé interiormente. Grazné: .D .Bdia Dale las gracias a Tchag: sin él nadie habría sabido dónde estabas. .Edia Advertí cómo se le iluminaban los ojos al imp y alcé los míos al cielo. .Bdia Será mejor que volvamos y te quites ese producto de encima. .Edia .D .Bdia Antes tenemos que asegurarnos de que el doagal no cause más problemas, .Edia protestó Livon. .P Sacó su puñal del cinto. ¡Mar-haï!, bufé, incrédulo. No me había hecho ni caso. Resoplé: .D .Bdia Guarda eso, Livon. Un doagal es inmune a un ataque cortante. Si quieres cargártelo, hazlo con fuego. .Edia .P Finalmente, usamos la llama de una vela de la capilla que aún brillaba, Livon hizo una pequeña fogata y yo empujé adentro el doagal con mi órica. .D .Bdia ¡Adiós fantasma! .Edia se alegró Livon. .P Lo miré con curiosidad. Había visto a más de una víctima de doagals salir con vida —en las minas de Dágovil no era un accidente tan raro—, pero Livon era la primera persona que veía repuesta tan pronto. Era como si el producto helador del doagal apenas lo afectase. Es más, tras la pequeña siesta pasada con el doagal parecía hasta más enérgico. .P Gracias al fuego, también inspeccionamos el interior del agujero y no encontramos rastro alguno de posibles víctimas. Hice estallar una roca en el interior para tapar la grieta. .D .Bdia Así no volverán a pasar, .Edia opiné, saliendo del agujero. .Bdia Por cierto, la suerte no te acompaña. Realmente pareces ser el único que ha caído en su trampa. .Edia .D .Bdia Y menos mal, .Edia dijo Livon. Tomamos el camino de vuelta mientras añadía: .Bdia Tengo que avisarte: no es la primera que me pasan cosas raras. De hecho… me pasan a menudo. Un día, Loy me dijo que de pequeño tuvo que picarme la Pulga de la Malasuerte. ¿Conoces la leyenda? ¿No? Bah… sólo cuenta que una picadura de esa pulga te trae desgracias hasta que hayas cumplido una hazaña realmente heroica. .Edia .D .Bdia La pulga hacedora de héroes, ¿eh? .Edia bromeé. .P Livon hizo una mueca mientras salíamos del parque. .D .Bdia Es una bobada, .Edia admitió, .Bdia pero hubo una época en la que me la creía de verdad. Sobre todo hace tres años cuando… bueno, .Edia murmuró, de pronto incómodo, ralentizando, .Bdia cuando perdí a mi mejor amigo. .Edia .P Agrandé los ojos, deteniéndome, y Livon me echó una mirada embarazada en plena calle. Extrañado, Tchag dejó de fisgonearlo todo para girarse hacia nosotros con curiosidad. Su mejor amigo… .D .Bdia Rayn, .Edia explicó Livon, molesto, .Bdia pilló la gripe por mi culpa. Vino a visitarme todos los días cuando yo estaba enfermo y luego él… Bueno, por eso al final realmente me creí lo de la Pulga de la Malasuerte. Loy acabó por convencerme de que estaba equivocado y maldijo el día en que me habló de esa leyenda pero… Diablos, a veces cuesta no ser supersticioso. Mira, apenas me conoces, y ya te has topado con tres espectros y un doagal… .Edia .D .Bdia ¿Pero qué me estás contando? .Edia lo interrumpí con fastidio. .P Livon tragó saliva y se encogió de hombros. .D .Bdia No. Nada. Sólo… te aviso. .Edia .D .Bdia ¿Me avisas de que te ha picado una pulga de pequeño? .Edia me burlé. Hubo un silencio y, tras retomar la marcha, dije: .Bdia Estos últimos años, he viajado bastante y he visto todo tipo de miserias. Hay desgracias que no puedes evitar, y no sólo pasan a tu alrededor: pasan por todas partes. .Edia .D .Bdia Lo sé, .Edia murmuró Livon. .Bdia Me siento tonto. No quería sacar el tema. Sabía que a ti esa superstición te parecería una bobada. Rayn también opinaba que lo era. Él era hijo de sombrereros y, como decía, para que luzca bien el sombrero, antes hay que saber guardar la cabeza sobre los hombros. En serio, no soy supersticioso. .Edia .P Lo miré de reojo sin comentar nada. La facilidad con que Livon me hablaba de sus inquietudes me turbaba. Creo que era la primera vez que trataba de confortar un mínimo a otra persona que no fuera Yánika. Entonces, el permutador se sonrojó y gruñó pellizcándose las mejillas. .D .Bdia Aaaj… ¡Perdón! Estoy pensando de manera extraña. Es extraño. .Edia .D .Bdia Extrañísimo. .Edia Le enseñé los dientes, entretenido. .Bdia Seguramente es el doagal que te ha ralentizado las neuronas. Vaya, ya me decía yo, todavía tienes a un pequeño doagal ahí, sobre la cabeza, será por eso. .Edia .D .Bdia ¡¿Qué?! .Edia exclamó el permutador cogiéndose el cráneo con ambas manos. Estallé de risa. .Bdia ¡No tiene gracia! .Edia protestó. El mohín que me puso Tchag me hizo entender que a él tampoco le parecía nada gracioso. Sin embargo, el permutador finalmente sonrió, se relajó y, rascándose una sien, añadió: .Bdia Podría haber sido, sabes. Si supieras todas las cosas que me pasan… ¿Sabes que este invierno me atacó un águila en pleno mercado? .Edia .P Parpadeé. .D .Bdia .Sm Dánnelah … .Edia .D .Bdia Como te lo cuento. El amo del águila se había despistado, o se hizo el despistado, no sé, el caso es que el pájaro voló directo hacia mí, y permuté con el amo. .Edia .P Solté una ruidosa carcajada imaginándome la escena. .D .Bdia ¿Y el águila le atacó al amo? .Edia .D .Bdia Por poco lo hace, pero se contuvo a tiempo, .Edia aseguró Livon. .Bdia Eso sí, el amo se llevó el susto de su vida y no lo volví a ver paseándose con el pajarraco ese. .Edia .D .Bdia Caray… ¿Se disculpó, no? .Edia .D .Bdia Que va a disculparse: vino a la cofradía a acusarme de haberlo hechizado y finalmente tuve que disculparme yo para evitar problemas. En Firasa no está permitido usar la permutación sin buenos motivos… Yo los tenía, pero como ese tipo se creía casi que le había robado el alma… .Edia Meneó la cabeza. .Bdia A veces olvido que no todos saben cómo funciona la permutación. .Edia .P Afirmé, divertido: .D .Bdia Ni siquiera yo lo sé muy bien. Pues sí que te pasan cosas raras. .Edia .P Livon rió: .D .Bdia ¡Ya ni las cuento! .Edia .P Y, retomando todo su buen humor, siguió charlando mientras regresábamos a la Casa. Yo sonreía. Dijera lo que dijera mi hermano, prefería por mucho escuchar a Livon que pasarme el día entrenando solo con roca. Que él pensase que estaba perdiendo el tiempo tomándome unas vacaciones… me daba igual. Totalmente igual. .D .Bdia ¿Drey? ¿De modo que ya te había atacado a ti un doagal? .Edia preguntó Livon, sacándome de mis pensamientos. .P Resoplé de lado, socarrón. .D .Bdia ¿A mí? No. No soy tan torpe. Pero sí que he visto a más de un minero morir de hipotermia por culpa de esos bichos. .Edia .P Lo oí tragar saliva pero percibí también su curiosidad y, divertido, me puse a mi vez a contarle mis trabajos como aprendiz del Viento y mis encontronazos con los monstruos de los Subterráneos. .D .Bdia ¡Parece un lugar divertido para vivir! .Edia se maravilló Livon al de un rato. .P Jadeé. Mar-haï. Después de que yo le dijese que Dágovil estaba lleno de malas sorpresas, de ardoxias, kraokdals y dragones de tierra… Me carcajeé. .D .Bdia ¡Y lo dices en serio! .Edia solté, riendo. .Bdia ¿En qué es divertido ser devorado por un kraokdal o que se te caiga un túnel encima por culpa de un dragón de tierra? .Edia .P Mi pregunta lo dejó pensativo. .D .Bdia Mm. Supongo que lo divertido está en salir vivo de eso, .Edia contestó, y sonrió anchamente, explicando: .Bdia Es como un juego. Myriah solía decírmelo: la vida es un juego, un juego contra la muerte. Al final siempre pierdes, pero lo importante es echar una partida larga y a la vez divertida. Ella no sólo es permutadora: también es jugadora de Erlun. Es una profesional. Cuando jugaba con ella en la cueva, ¡siempre me ganaba! .Edia .P .Bpenso Una profesional… tal vez, pero acabó metiendo la pata quedándose atrapada en esa varadia, .Epenso pensé. Meneé la cabeza y, ante la mirada animada de Livon, sonreí pero no contesté. Ya llegábamos a la Casa. Cuando empujamos la puerta, Orih exclamó: .D .Bdia ¡Aquí vienen los trabajadores! .Edia .P Un simple vistazo a Yánika me informó de que se encontraba bien: estaba leyendo un libro, cómodamente sentada en los cojines. Loy se inclinó sobre el mostrador recolocándose las gafas y diciendo: .D .Bdia Lamento anunciaros que os vais a quedar sin recompens… ¡Livon! .Edia resolló de pronto. .Bdia ¿Qué demonios te ha pasado? .Edia .P Livon sonrió y se pasó una mano por el rostro, brillante de gelatina, diciendo: .D .Bdia ¡Hemos encontrado al fantasma! .Edia .P Contó la aventura del doagal a la pequeña comitiva de Ragasakis. Yeren y Naylah también estaban ahí y, cuando Livon acabó, el curandero comentó: .D .Bdia Deberías quitarte ese producto cuanto antes, Livon. Con esa capa de frío… deberías estar tiritando, lo menos. .Edia .D .Bdia Estoy bien, .Edia aseguró Livon. .Bdia Es lo bueno de ser pastor de cabras, ¡que uno se acostumbra al frío! .Edia .D .Bdia Acostumbrarse al frío no significa que no puedas morir de ello, .Edia lo sermoneó Yeren. .P La voz del drow albino sonaba tan suave que apenas parecía una reprimenda. Sin hacerle caso, Livon agrandó de pronto los ojos y exclamó: .D .Bdia ¡Vaya, Drey! Se nos ha olvidado el perro. .Edia .P Orih se carcajeó y Loy carraspeó. .D .Bdia Bueno… Como decía, la clienta retiró la petición. Cuando regresó a casa, se encontró con la perra delante de la puerta. .Edia Livon lo miró, atónito. .Bdia Pero… Supongo que si entregáis el cuerpo del doagal en la Consejería os darán alguna recompensa. .Edia .P Livon y yo intercambiamos una mirada. Y suspiramos. .D .Bdia Ya-naï, .Edia dije. .P Y Livon explicó: .D .Bdia Lo quemamos. .Edia .Ch "Estallido" .\" 29/03/2019 .D .Bdia Hermano. .Edia .P Tras una cena agradable en la terraza de .Sm -t nomlieu La Calandria , estábamos tumbados ya en nuestras camas respectivas, pero yo aún no había apagado mi piedra de luna. Me había quedado pensando en Lústogan y en Madre. La voz de mi hermana me sacó de mis pensamientos. Aún no estaba dormida. .D .Bdia ¿Qué, Yani? .Edia .D .Bdia Pues… Orih me ha propuesto que mañana vayamos juntas a comprar ropa. .Edia .P Enarqué las cejas. .D .Bdia ¿Ropa? .Edia .D .Bdia Sí… Dice que la mía es demasiado caliente y que estamos casi en verano. Es verdad que paso calor con la que tengo, .Edia confesó. Marcó una pausa. .Bdia ¿No te molesta si voy con Orih? Puedes venir conmigo si quieres. .Edia .P Me pregunté qué era lo que prefería, que la acompañara o que la dejara ir sola con Orih. Su aura estaba llena de indecisión, pero no supe muy bien por qué. .D .Bdia ¿Quieres que te acompañe? .Edia .D .Bdia No, .Edia dijo ella de golpe. Y añadió: .Bdia Sí… .Edia .P Me giré hacia ella, sorprendido. A la luz de la piedra de luna, la vi juntar ambas manos sobre las mantas mientras admitía: .D .Bdia Tengo miedo. No quiero estropearlo todo. Orih me cae muy bien. Y Loy es muy gracioso con sus historias, ¿a que sí? Y Naylah… es tan hermosa, y habla con tanta seguridad… Quisiera tener la misma confianza. .Edia .P No había acabado aún de hablar cuando me senté en el borde de su cama, conmovido. Posé una mano sobre las suyas. .D .Bdia Yánika… .Edia .D .Bdia ¡Hermano, no quiero hacerles daño! .Edia exclamó, abrazándome. .P Le correspondí, sintiendo cómo mi hermana intentaba retener su aura para no entristecerme a mí también. Sus esfuerzos me dolieron más aún si cabe. .D .Bdia Yani. Yani, no te fuerces tanto. Te cansarás. Si has de llorar, llora, Yani. No te contengas conmigo. Me lo prometiste. .Edia .P Yánika inspiró y su aura me golpeó de pleno. Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero las contuvo mi Datsu y, tras un silencio, noté que el aura se relajaba. Le besé la frente. .D .Bdia Todo irá bien, Yani. Tú siempre eres la más positiva de los dos, ¿recuerdas? No tienes por qué tener miedo de ti misma. .Edia .P Yani se enjugaba las lágrimas. Murmuró: .D .Bdia Quiero… quiero decírselo a ellos. A Orih. Y a Zélif. .Edia .P Hice una mueca, molesto. .D .Bdia No lo sé, Yánika. Esto no es algo que se pueda divulgar a la ligera. No creo que a Zélif se le ocurra usar tu poder de mala manera pero… Espera un poco, Yánika. Déjame a mí encargarme de eso, ¿quieres? .Edia .P La vi asentir. Y suspiré. .D .Bdia Sabes… Esta tarde, me encontré con Lúst. .Edia .P Sentí su asombro y conté: .D .Bdia Al parecer, el Sello de nuestra familia estaba roto en sus raíces, desde incluso antes de que nacieras, y Lústogan y Madre usaron el Orbe del Viento para repararlo. Les salió mal el intento, pero ambos están bien. .Edia .P Yánika sonrió. .D .Bdia Me alegro. .Edia .P Era sincera. Pero yo no me explicaba cómo podía alegrarse de que estuvieran bien dos personas a las que apenas había visto en su vida. A Madre no la recordaba, aunque había recibido numerosos juguetes y cartas de su parte. Y Lústogan… la había ignorado las más de las veces. Sin embargo, un día, cuando Yánika me había preguntado a ver si nuestro hermano la odiaba, la había desengañado. No, Lústogan no la odiaba. Lústogan no odiaba a nadie. De hecho, ningún Arunaeh era capaz de odiar realmente a nadie. El Datsu nos protegía de sentimientos tan inútiles. Sólo el Datsu de Yánika era diferente en eso. .P La vi tumbarse de nuevo y la cubrí con las mantas mientras ella preguntaba: .D .Bdia ¿Se ha ido? ¿Lústogan se ha ido? .Edia .P Sentí una ligera angustia y adiviné por qué. Ya debía de imaginarse al indiferente Lústogan robándole a su hermano favorito para mandarlo a entrenar. Sonreí para apaciguarla. .D .Bdia Sí, se ha ido. .Edia .P La vi agrandar levemente los ojos. .D .Bdia ¿Os habéis enfadado? .Edia .P Sonreí, esta vez por diversión. .D .Bdia No, hermana. Lúst y yo tenemos nuestras diferencias… pero nos nos cabreamos. No tendría sentido. .Edia .P Yánika pareció meditar y, subiéndose mejor las mantas, afirmó: .D .Bdia Vale. Iré con Orih mañana a hacer compras. E iré sola. .Edia .P Mi sonrisa regresó. .D .Bdia De acuerdo. Seguro que te lo pasas bien. Mañana te daré el dinero. .Edia .P Mis reservas de kétalos empezaban a menguar, y es que el hospedaje en .Sm -t nomlieu La Calandria no era especialmente barato, pero no iba a quitarle la alegría a Yánika por cuestiones de dinero. Encontraría un trabajo y solucionaría el problema. .D .Bdia Por cierto, .Edia dije, tumbándome ya en mi cama, .Bdia ¿qué te parece si alquilamos una casa? Una solo para nosotros. .Edia .P La oí inspirar y un aura liviana y complacida me alcanzó. .D .Bdia Una casa, .Edia repitió. .D .Bdia Una pequeña y bonita, con flores en las ventanas, .Edia dije, soñador. Estaba seguro que le gustaría. .D .Bdia Suena bien, .Edia confesó ella. .P Reí quedamente. .D .Bdia Más que bien. .Edia .P Enfundé la piedra de luna en su estuche y la habitación se quedó a oscuras. Pero, pese a la oscuridad, podía sentir a Yánika. Siempre sabía cómo se sentía. Siempre sabía que estaba ahí. Cerré los ojos y dije: .D .Bdia Felices sueños, Yánika. .Edia .D .Bdia Felices sueños, hermano, .Edia me contestó. .P La oí bostezar. Y, al de un rato, su respiración se hizo más reposada. Pero su aura seguía igual de apacible. Sus sueños en verdad debían de ser felices. .salto El mercado estaba abarrotado. Las gallinas cacareaban, los vendedores ensalzaban sus mercancías y los clientes rellenaban sus cestas. Me asomé junto a un tenderete, sondeando el lugar. Ahí. .P Ahí, ante la vitrina de una tienda, se encontraban Orih, Naylah, Sirih, Sanaytay y Yánika. Estaban muy ocupadas hablando. Yani no hablaba, pero en ese momento vi a la mirol darle un codazo amistoso y decirle algo, arrancándole una sonrisa y un firme asentimiento de cabeza. .P Suspiré. Bueno. Pues parecía que estaba bien. .D .Bdia ¡Hey, mozo! .Edia .P Tardé un instante en entender que el vendedor del tenderete me estaba hablando a mí. Parpadeé, cegado por el sol. .D .Bdia ¿Qué? .Edia solté. .D .Bdia ¿Cómo que qué? ¿Vas a comprar algo o te vas a quedar ahí parado como un espantapájaros? .Edia .P El señor impaciente vendía gorros. Iba a alejarme sin contestar pero recapacité y le compré una gorra azul. Colocándomela, satisfecho, retomé mi camino. .P En una hora, las cinco Ragasakis visitaron cuatro tiendas. Naylah acabó cargada como ninguna. La única que no compró nada fue Sirih. En cuanto a Sanaytay, nunca la había visto tan animada: la flautista se paseaba entre los tenderetes sonriente, devoraba las vitrinas con la mirada, y su largo cabello negro flotaba detrás de ella y se arremolinaba mientras la joven daba vueltas sobre sí misma para no perderse nada. .P .Bpenso Al final, me va a ver, .Epenso pensé. .P Retrocedí entre la muchedumbre. Y me golpeé contra alguien. .D .Bdia ¡Drey! Vaya, qué sorpresa. Con esa gorra azul y esa camisa de mangas largas casi no te reconozco. ¡Si pareces casi un firasano! .Edia .P Girándome, reconocí a Staykel el Ahumador. Iba solo. Me retuve de echar una ojeada hacia las cinco Ragasakis que se alejaban por la calle y lo saludé amigablemente: .D .Bdia Staykel. ¿Comprando nuevos ingredientes para tus granadas? .Edia .P Hacía unos días, me lo había encontrado solo en la Casa y, tras un silencio incómodo, le había preguntado sobre su trabajo de fabricante. Me había estado hablando sobre ello dos horas enteras con tono apasionado: que si las granadas de humo colorido, que si las granadas tóxicas, las adormecedoras, las irritantes… No era de los que hablaban sin preocuparse del interés de su interlocutor, al contrario, pero algo en las granadas de humo y sus ingredientes me había hecho pensar en lo útil que podían resultarme a mí como celmista del viento y mi vivo interés había debido de mostrarse. .D .Bdia Qué va, .Edia contestó Staykel, alzando al cielo su nariz puntiaguda. .Bdia He bajado a la calle para ir a comprar pimienta. Se nos ha acabado y Praxan es una fanática de la pimienta bien picante: no puede comer un plato sin convertirlo en una montaña de fuego incomible. Mi señora no tiene paladar, .Edia suspiró. .P Resoplé, divertido. .D .Bdia Te daría el saco de pimienta que tengo, pero lo vacié ayer sobre el doagal. .Edia .D .Bdia ¡Es verdad! Loy me contó lo ocurrido. Un doagal en Firasa… Menos mal que supiste tratar con ese bicho. .Edia .D .Bdia En realidad, se me ocurrió usar la pimienta gracias a ti, .Edia confesé. .Bdia De otro modo, ni me habría acordado de que la tenía. Tal vez algún día me pase por tu taller para comprarte algo. .Edia .D .Bdia Cuando quieras, .Edia sonrió el Ahumador. .Bdia Sólo advierto que no bajo los precios por ser Ragasaki. ¡El negocio es el negocio! .Edia .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Naturalmente. .Edia .P La sonrisa de Staykel se ensanchó y entonces pareció recordar algo. .D .Bdia ¡Oye! Hoy se reunían los representantes de los gremios, ¿verdad? ¿Viste a Zélif? .Edia .P Enarqué una ceja. .D .Bdia Sí, Shimaba y ella se marcharon para la reunión hace así como dos horas. ¿Por qué? .Edia .P Una media sonrisa se dibujó en el rostro del Ahumador. .D .Bdia Bah… ¿también fue mi abuela? A ver si los Bambuístas y los Protectores Járdicos no arman jaleo esta vez. .Edia .D .Bdia ¿Armaron jaleo la última vez? .Edia me sorprendí, intrigado. .D .Bdia No es nada raro, .Edia aseguró con desenfado. .Bdia Esos tipos tienen la mandíbula floja. Esa vez, tuve que reemplazar a mi abuela y estuve ahí escuchando una discusión sobre si es correcto cortar árboles viejos para plantar bambúes rojos. Sólo se puso interesante cuando Ramdo de los Bambuístas se levantó todo rojo y le llamó barbilampiño inútil a Aruss, el Gurú del Fuego járdico. El joven gurú guardó la calma como un santo, pero sus asistentes se escandalizaron y diablos la que se montó, .Edia rió. .P Sonaba a verdadera guardería, pensé, divertido. Algo que en el clan Arunaeh jamás pasaba: las reuniones anuales a las que había acudido siempre habían sido tranquilas y razonables. Pregunté: .D .Bdia ¿Y los demás no intentaron calmarlos? .Edia .D .Bdia Ahí está la cosa, .Edia dijo Staykel, recordando el incidente con burlona diversión. .Bdia Intervino Barklo Farshi, ya sabes, el líder de los Caballeros de Ishap. Se comporta como el comandante de esta ciudad. Es bastante carismático, aunque algo… Bueno, cómo decir, ya viste a su hijo menor, Grinan Farshi, cuando nos vino con su alabarda demoníaca. Pues tiene un poco de ese espíritu recto y solemne, pero en peor: sus principios no los mueve ni un dragón. Así que intervino y los puso a todos firmes con unas pocas palabras y una de sus miradas de halcón. Imagina. .Edia .P Lo imaginé sin dificultad recordando al joven caballero de Ishap de yelmo rojo que había venido a la cofradía a por respuestas dos semanas atrás… Un hombre apuesto y heroico, según Orih. .D .Bdia ¿De modo que no tenéis ningún gobernador de la villa? .Edia .D .Bdia No realmente, .Edia confirmó el Ahumador. .Bdia Juntas Generales de los gremios y cosas de esas. En realidad, funciona bastante bien. ¡En fin! Será mejor que vaya ya a por la pimienta. .Edia .P Asentí, nos despedimos y me quedé pensativo. Mm… Ahora que lo recordaba, Loy había dicho que Néfikel era el hermano mayor de Grinan. El tercer fundador de la cofradía de los Ragasakis había dejado la Orden de Ishap quince años atrás para unirse a Zélif y a Shimaba… Tal y como Loy lo había presentado, era como si hubiera traicionado a su cofradía y a su padre… total para desaparecer unos años después sin dejar rastro. Me pregunté si el tal Barklo y el tal Grinan les guardaban inquina a los Ragasakis por ello. .P Tras sondear mis alrededores, suspiré. Había perdido totalmente de vista a las cinco compradoras. Sabía que era probablemente innecesario estar espiando a mi hermana de esa forma, pero… aunque la hubiera convencido a ella de que todo iría bien, su indecisión de anoche me había inquietado. Así que me moví de nuevo en su búsqueda. Se me pasó por la cabeza que, en ese mismo instante, el Pelo Pincho estaría espiándome a mí y una sonrisa estiró mis labios. No tardé en encontrar a las Ragasakis, sentadas en el banco de una plaza. Estaban tranquilamente charlando. Y Yánika con ellas. .P Me sorprendía. Me sorprendía cómo Yánika últimamente había logrado vencer su timidez y trabar amistad con Orih. Claro que, estando con una persona tan cariñosa y parlanchina como la mirol, era difícil no seguirle un poco la corriente. .P Me senté a una terraza bastante lejana y, mientras me bebía un zumo, seguí con mi vigilancia. Estaba acabando mi vaso cuando, de pronto, la vi. Enrollada al brazo de un hombre que caminaba por la calle del mercado, giraba su cabeza triangular amordazada hacia los paseantes mientras su amo clamaba: .D .Bdia ¡La Danza de las Serpientes, a las diez de las noche, en el Palacio de Cristal! ¡La Danza de las Serpientes, a las diez de las noche, en el Palacio de Cristal! .Edia .P De todas las personas a las que conocía, Yánika era la que mejor controlaba sus emociones: al fin y al cabo, no le quedaba otra si quería controlar su poder. Sin embargo, ni ella se libraba de algunas fobias. Yani le tenía horror a las serpientes. No era un simple miedo: era un terror puro e irracional. En el Templo del Viento, los taikas azules se ocupaban la mayor parte de las veces de mantenerlas alejadas. Pero yo recordaba aquella vez, aquella vez en que una serpiente amarilla, inofensiva para los saijits, se había acercado por el campo azul… Si tan sólo llegara a imaginársela, su aura se volvería una explosión en cadena de nervios y pavor… y en un lugar tan poblado como la plaza, podía ser… .P Una catástrofe. .P Me levanté dejando una moneda sobre la mesa y me abrí un camino hacia el domador de serpientes tan rápido como pude. Había que hacerlo callar como fuera. Mar-haï, ¿una danza de serpientes, había dicho? ¿Qué clase de espectáculo era ese? .P Lo alcancé al fin y me planté ante él. .D .Bdia Disculpa, ¿puedes callarte un momento? .Edia .P El gran caito, barbudo y de ojos claros de halcón, bajó la mirada hacia mí. .D .Bdia ¿Qué? .Edia .D .Bdia Te lo estoy pidiendo. Diez minutos. Es importante. .Edia .D .Bdia ¿Pero qué estás contando? Apártate, chaval. .Edia Y entonó: .Bdia ¡La Danza de…! .Edia .P Le empotré la mano en la boca con fuerza órica para que se tragara sus palabras y sus ojos enseguida relampaguearon. Apartándome, descolgué mi bolsa de dinero —debía de contener unos treinta kétalos— y se la di, insistiendo: .D .Bdia Diez minutos. Por favor. .Edia .P Dentro de diez minutos, serían las doce del mediodía y Orih me había prometido que me devolvería a mi hermana a la hora en punto. El domador frunció el ceño, pero debió de ver algo en mis ojos porque, tras echarle un vistazo a su serpiente, acabó por asentir, curioso. .D .Bdia Me va. Pero sólo diez minutos. .Edia .D .Bdia Gracias. .Edia .P Salí disparado hacia la plaza y hacia el banco donde estaban sentadas las Ragasakis… sólo que ya no estaban ahí. Maldita sea. ¿Dónde…? Quitándome la gorra azul, sondeé mis alrededores. ¿Habrían tomado el camino de vuelta ya? .D .Bdia ¿Drey? .Edia .P Me sobresalté, me giré… y me crucé con los ojos alegrados de Livon. .D .Bdia ¡Qué bien que te encuentro! No había nadie en la Casa más que Loy… He dormido como un oso lebrín. Pero sigo teniendo ese olor a doagal, ¿verdad? Huelo como un monstruo. .Edia .D .Bdia .Sm Eres un monstruo, Livon, .Edia repliqué, bromista, y señalé una calle menos poblada. .Bdia Volvamos a la Casa, ¿quieres? .Edia .D .Bdia ¿Ya? .Edia .D .Bdia Las chicas deben de estar de vuelta. Se han ido de compras esta mañana. .Edia .P Livon soltó una carcajada aliviada mientras tomábamos la dirección de la Colina de las Campanas. .D .Bdia Compras… ¡Una suerte que estaba durmiendo! .Edia .P Llegábamos al pie de la colina cuando avisté a lo lejos al grupo entrando ya en la Casa. Todo iba bien. .D .Bdia ¿Dónde está Tchag? .Edia pregunté. .D .Bdia ¡Desayunando! Ayer sobraron tantos pasteles de Kali, que se está empachando. .Edia .P De hecho, cuando entramos, encontramos al imp engullendo con deleite el último pastel de un plato. Era de imaginar. Ni siquiera Yeren se atrevía a darle lecciones de dietética de lo contento que se ponía el imp cuando comía. La vida de Ragasaki lo trataba bien. Hasta estaba engordando. .P Al entrar, esperaba oír el barullo de voces de las cinco jóvenes, pero me equivoqué. Las cinco se habían parado ante el mostrador, donde Zélif se había sentado, posando la barbilla en una pierna plegada, absorta. De modo que el consejo de gremios había acabado. Y alguien debía de haberle preguntado ya qué tal le había ido porque parecía estar pensando en una respuesta. Mientras tanto, me acerqué a Yánika, curioso. .D .Bdia ¿Qué has comprado? .Edia .P Mi hermana me enseñó todos los paquetes, posados sobre unos cojines. .D .Bdia Esto. ¡Y Orih me ha regalado el dibujo de un gato! .Edia .P Puse cara divertida. .D .Bdia Ya tendrás un cuadro para adornar la casa. .Edia .P Yánika sonreía. .D .Bdia Veo que te has comprado una gorra. .Edia .P Agrandé los ojos al notar su aura burlona y carraspeé. .D .Bdia Pues sí… .Edia .P Interrumpiéndonos, Zélif anunció al fin con gravedad desde el mostrador: .D .Bdia Ragasakis. Las gremios de Firasa están muy revueltos. Alguien ha secuestrado al gurú de los Protectores Járdicos y estos culpan a los Bambuístas. Los hemos convencido de que ambos gremios investiguen quién es el responsable antes de tomar cualquier represalia. Pero, como ninguno de ellos confía en los de Ishap, nos han encomendado a nosotros la tarea de encontrar al gurú. Y he aceptado. .Edia Se ruborizó. .Bdia A cambio… los demás gremios han prometido que pagarían a la Kaara para sacar más información sobre los dokohis y… sobre Liireth. .Edia .P Su tono desveló frustración cuando agregó: .D .Bdia También han pedido que se transfiera al dokohi capturado a la cárcel de la ciudad, guardada por los de Ishap. Lo transferiremos esta misma tarde. En cuanto al gurú… .Edia Sus ojos se centraron en Naylah. .Bdia Se dice que fue capturado hace tres días en Skabra mientras se bañaba en las termas. ¿Crees que podrás encontrarlo? .Edia .P Naylah posó un puño sobre su costado, solemne. .D .Bdia Sin dudarlo. .Edia .P Decía Yánika que la lancera era hermosa. Sonreí para mis adentros. Sin duda, lo era, pero también era impresionante, sobre todo cuando adoptaba esa pose de guerrera conquistadora… justo después de haberse pasado la mañana yendo de tienda en tienda. .D .Bdia Los Protectores Járdicos aseguraron que quien les trajera a su jefe sano y salvo se llevaría una recompensa de dos mil kétalos, .Edia apuntó Zélif. .P Naylah asintió firmemente y se giró hacia los demás con ojos depredadores, como si… Palidecí. ¿Estaría buscando a voluntarios? .D .Bdia Livon, Orih, Drey, Sirih, Sanaytay, .Edia clamó. .Bdia Venís conmigo. .Edia .P .Bpenso Voluntarios y un cuerno, .Epenso resoplé. ¡Nos designaba a dedo! Ni siquiera se había complicado: había designado a todos los presentes quitando a Zélif y Loy. .D .Bdia ¿Y yo? .Edia murmuró Yánika en el breve silencio que se había impuesto. Un aura solitaria la envolvía… .P Le pasé una mano por su mata de trenzas, divertido. .D .Bdia Si voy yo, tu vienes, Yani. Que no te quepa duda. .Edia .P Se alegró. .D .Bdia ¿Y yo? .Edia intervino Tchag entonces. .P El imp estaba encaramado al mostrador en una de sus posturas más improbables. Livon sonrió. .D .Bdia ¡Tú también te vienes, por supuesto! .Edia .P Los ojos brillantes de alegría de Tchag me arrancaron una media sonrisa burlona. Meditativa, Orih preguntó: .D .Bdia Si el gurú desapareció en las termas… ¿eso quiere decir que nosotros vamos a ir a las termas, verdad? .Edia .P La sola idea le había iluminado la cara. Sirih alzó la barbilla con ojos chispeantes. .D .Bdia A eso se le llama un rescate saludable y agradable… ¿A que te anima, eh, Sanay? .Edia .P Su hermana se ruborizó con una sonrisilla tímida y asintió. Las tres parecían ya estar disfrutando de los famosos baños de Skabra. ¿Tan buenos eran? Naylah chasqueó la lengua como un látigo. .D .Bdia Escuchad. No nos vamos de vacaciones, Orih Hissa. Si vamos a Skabra, es para encontrar a un gurú secuestrado y evitar así un conflicto entre gremios. .Edia Cargó con su pila de compras y clamó: .Bdia Preparaos todos para el viaje. Mañana a la mañana a las ocho me marcharé por la ruta del oeste con Astera y no esperaré a nadie. .Edia .P Salió de ahí, pero no antes de que yo reparara en la mirada satisfecha que echaba a sus paquetes comprados. Oí el suspiro de Livon. .D .Bdia A las ocho… ¿tan pronto? .Edia .P Sirih gruñó. .D .Bdia Más te vale ser puntual. La única compañera a la que Nayu esperaría sería a Astera. .Edia .D .Bdia Pero es una lanza, .Edia se lamentó Orih, tirándose sobre los cojines. Agarró una lanza imaginaria mientras decía con tono dramático: .Bdia Si la esperara, no llegaría nunca a ella y ambas morirían trágicamente de desconsuelo… .Edia .P Sanaytay sacó la flauta entonando una melodía triste. Sus pálidos labios sonreían, bromistas… Entonces, los cabellos rojos de Sirih se volvieron plateados como los de Naylah y, tendiendo los brazos, la armónica exclamó: .D .Bdia ¡Astera! .Edia .D .Bdia ¡Nayu! .Edia le respondió Orih, haciéndose la lanza lejana. .D .Bdia ¡Astera! .Edia .D .Bdia ¡Nayu! .Edia .P Una carcajada se le escapó de pronto a Yánika. Livon y yo la acompañamos y pronto hubo un coro de risas descontroladas. Mar-haï, Yánika… Sintiendo mi Datsu liberarse levemente, iba a tender una mano hacia ella, pero, en ese momento, Zélif pasó entre nosotros con ligereza y me enseñó una amplia sonrisa, con sus ojos reducidos a unas meras rendijas. Entendí su mensaje. Y tuve al fin la certidumbre de que la líder había descubierto el poder de Yánika. Al fin y al cabo, era perceptista. Meneé la cabeza, sin conseguir alarmarme. Y bueno, reír no era malo. Mientras no los matase de risa, todo iba bien. .Ch "Permutaciones temporales" .\" 30/03/2019 .D .Bdia ¡Que aproveche! .Edia solté. .P Hacía un día estupendo para viajar: el cielo, moteado de nubes, no amenazaba con lanzarnos rayos y una brisa fresca empujaba el aire salado. Alzándose sobre el horizonte, el sol ya sonrosaba con sus rayos los primeros edificios de la costa. Instalado en la terraza, engullí mi desayuno con hambre, la mochila ya lista a mis pies. Yánika comía también con apetito y, cuando acabamos, la oí resoplar. .D .Bdia No vamos a poder andar después de esto, hermano, .Edia se quejó. .D .Bdia Claro que podremos, .Edia la desengañé. .Bdia Y si no puedes, te llevaré en brazos. .Edia .D .Bdia Ya no tengo edad, .Edia protestó Yánika. .P Le puse cara como que me importaba poco y, advirtiendo que la cristalera de la terraza se abría, me giré para ver a Kali salir con un gran saco. .P Kali Lorbae era una joven humana de piel bronceada como sus padres, cabello verde oscuro y corto y ojos aún más rojos que los de Orih Hissa. Desde que había vuelto de viaje con Yeren dos semanas atrás, la veía poco: dormía aún más que Livon y Orih y el resto del tiempo se lo pasaba en la cocina de .Sm -t nomlieu La Calandria o en el barco de pesca de su tío, o paseando por la playa. Por lo visto, le encantaba el mar, hasta el punto de que la apodaban la Sirena, y, según me había dicho Loy, también tenía ojo con los negocios: al parecer, gracias a Kali la cofradía se había ahorrado variados timos y estafas. Yo, de momento, conocía más los pasteles y empanadas que la persona que los hacía y la observé con curiosidad acercarse a nuestra mesa con el saco. .D .Bdia Buenos días, .Edia nos dijo con claridad. Posó su carga, satisfecha, explicando: .Bdia Loy me pidió que hiciera comida de viaje para siete personas. ¿Podrás llevarlo tú? .Edia .P Jadeé. Ese saco enorme… Mar-haï, ¿siete personas y cuántas más? .D .Bdia Esto… Gracias, Kali, lo llevaré, .Edia dije. Y sonreí nada más pensar en que tendríamos buena comida para el viaje. .Bdia Por cierto… creía que de Firasa a Skabra se contaban menos de cincuenta kilómetros. .Edia .D .Bdia Exacto, .Edia confirmó Kali. .Bdia Pero Skabra está alto. Si vais andando, no creo que tardéis menos de tres días. Y como esa ciudad es tan turística, no os vendrá mal tener reservas para no tener que gastar en tabernas ladronas mientras andéis buscando al gurú. .Edia .P Eso era pensar con juicio y antelación, me impresioné. Me levanté. .D .Bdia Bueno. Yo ya estoy listo. ¿Yánika? .Edia .P Mi hermana resopló, levantándose, y le sonrió a Kali. .D .Bdia Tus pasteles son tan buenos que no he podido parar. .Edia .P Kali rió con las manos en jarras. .D .Bdia ¡Por algo .Sm -t nomlieu La Calandria es tan cara! .Edia .P Como a su madre, ni le faltaba autoestima ni razón. Nos despedimos y ella nos deseó: .D .Bdia ¡Buen viaje y encontrad rápido al gurú! .Edia .P Bajamos las escaleras de la terraza y nos pusimos en marcha. Para llegar a la ruta del oeste, tuvimos que atravesar toda Firasa bordeando el río Lur. Íbamos con tiempo y la ciudad aún no se había desperezado del todo. Había que decir que, aun con el sol sobre sus cabezas, los firasanos tenían unos horarios flexibles, habiendo heredado de los járdicos el respeto al «tiempo interior». Este consistía, básicamente, en dejar dormir al cuerpo todo lo que necesitaba sin apremios innecesarios. Le había oído a Orih explicárselo a Loy cuando este la había pillado la víspera echando la segunda siesta de la tarde. Esa joven mirol era un caso extremo que desafiaba todo lo que había aprendido sobre esa raza. Se suponía que los miroles eran unos de los saijits que menos necesitaban dormir. Pero también se suponía que eran ágiles, diestros e increíblemente rápidos. Orih Hissa debía de ser la excepción que confirmaba la regla. .P Con el saco de comida y la mochila, no me faltaba peso. Y eso que la víspera a la tarde había aligerado mis pertenencias y dejado la mitad de nuestros ahorros en una caja fuerte de la Consejería —fiable y segura, según Loy—, junto con dos de las tres gemas que había encontrado en los Subterráneos gracias a mis trabajos de destructor. Sin embargo, de paso, había aprovechado para visitar a Staykel y cargar el saco con cuatro granadas, dos de humo, una lacrimógena y una fétida. Estaba deseando poder usarlas en Skabra y ver así el efecto. .P Hacía realmente un buen día, pensé, echando un vistazo al cielo por enésima vez. Pasamos junto a una hilera de soredrips y Yánika tendió una mano para rozar las flores blancas. Hizo caer una y, viendo su mueca sorprendida, tendí una mano, recogí la flor con órica antes de que tocara el suelo y, enderezándome, la coloqué en sus trenzas, junto al símbolo blanco de los Ragasakis. .D .Bdia Flor que cae, flor que renace, .Edia le sonreí. .P Era un viejo proverbio de la diosa Sheyra. Yánika sonrió con todos sus dientes y continuamos andando. Ya llegábamos al puente rojo, a las afueras de la ciudad. El río Lur que atravesaba Firasa no era muy ancho, pero su caudal era impresionante, así como el aire que arrastraba la fuerza de sus aguas. El tronar del agua, sin embargo, aunque potente, no lo sería nunca tanto como los ríos que en los Subterráneos llenaban hasta las cavernas vecinas de un estruendo constante, de tal suerte que era difícil adivinar su paradero. .P Cruzábamos el puentecillo rojo cuando advertí que Yánika echaba una mirada curiosa hacia atrás. Apenas me giré, una repentina voz molesta soltó: .D .Bdia Esto… Hey. .Edia .P Era el Pelopincho. Me sobresalté al verlo tan cerca. La corriente del aire junto al río me había confundido los sentidos y mi órica no lo había percibido. .P Observé al drow con una ceja enarcada. De modo que mi hermano le había pedido que continuara siguiéndonos. Puah. Iba igual de desaliñado y su rostro llevaba la misma expresión hastiada que la última vez, con un deje nuevo de sorpresa. .D .Bdia ¿Adónde vais? .Edia preguntó acercándose con andar perezoso. .Bdia ¿No os estaréis marchando de Firasa? .Edia .D .Bdia Eso precisamente hacemos, .Edia dije. .Bdia Saoko, ¿verdad? .Edia .P El drow movió la mandíbula con evidente fastidio pero asintió. .D .Bdia Y… ¿adónde vais? .Edia .P Su pregunta me arrancó a mí también una mueca de fastidio y seguí andando por el puente replicando: .D .Bdia Ya lo sabrás si nos sigues. .Edia .P Oí su silencio y, finalmente, gruñó bajito: .D .Bdia Qué fastidio. .Edia .P Caminamos sin hablar durante un rato, pero la curiosidad de Yánika era pegadiza. Girando apenas la cabeza y sin detenerme, solté: .D .Bdia Veo que te tomas el trabajo en serio. Mi hermano debe de pagarte bien. .Edia .P Saoko no contestó. Pero continuó siguiéndonos igual. Lamenté no haberle preguntado a Lúst de dónde había sacado a ese drow. No llevaba tatuaje alguno en el rostro como solían tenerlo muchos mercenarios de los Pueblos del Agua, pero tampoco parecía venir de la Superficie. Tal vez fuera de un lugar de los Subterráneos más lejano. Quién sabe. El caso era que ahora viajaba con nosotros. O más bien, en pos de nosotros. .P Giré de nuevo la cabeza, me crucé con los ojos rojos expectantes del Pelopincho y, con un mohín, seguí andando junto a Yánika. Mar-haï… Quizá ese drow me había salvado la vida, pero no dejaba de ser molesto tenerlo pegado a los talones. Decidí ignorarlo. .P Cuando llegamos al punto de encuentro, ya estaban Sirih y Sanaytay esperando, junto con Yeren. El curandero nos saludó, afable, explicando: .D .Bdia En la última misión, gasté casi todas mis reservas de pasalla sobre varios pacientes y, como la mejor pasalla crece en los alrededores de Skabra, he decidido aprovechar la ocasión para viajar con vosotros. .Edia .P Sirih añadió con cara mohína: .D .Bdia Y estaba tan concentrado en ello que ha olvidado hacernos pasteles. .Edia .D .Bdia No se puede pensar en todo, .Edia suspiró Yeren. .P Sonreí y posé el saco de comida sobre una roca junto al camino diciendo: .D .Bdia Pues Kali no se ha olvidado. Tenemos aquí comida para hartarnos. Loy se la pidió. .Edia .P Sanaytay, aunque no dijo nada, puso cara tímidamente feliz. Sirih se acercó frotándose las manos. .D .Bdia ¡Ajá! Sabía que Kali no se olvidaría. La Sirena te lleva un punto, Yeren. .Edia Este se contentó con suspirar de nuevo y la pelirroja afirmó: .Bdia Me encargaré yo de transportar el saco. Drey sería capaz de ir picando en camino. .Edia .P Resoplé de sorpresa. .D .Bdia ¿Yo? .Edia .P Yánika rió por lo bajo y Yeren puso los ojos en blanco. .D .Bdia Por cierto, Drey. ¿Conoces a ese hombre? .Edia .P Su mirada curiosa se había posado en el drow que se había quedado en el camino a unos cuantos metros con la misma expresión de hastío de siempre. Liberado del saco, hundí las manos en los bolsillos y le di la espalda a Saoko contestando: .D .Bdia No realmente. Es mi espía. .Edia .P No di más explicaciones. Todos sabían que me seguía un enviado de mi hermano y también sabían que ese hombre era el que había acudido en nuestra ayuda matando a dos de los dokohis que nos habían atacado junto a la cabaña. No hicieron más preguntas, pero noté que en la espera los tres le echaron frecuentes ojeadas al drow. Por su parte, Saoko se quedó observando al curandero albino durante un rato, de pies a cabeza, pero a las dos armónicas ni las miró. .D .Bdia Las ocho menos cuatro minutos, .Edia dijo Yeren, consultando su reloj. .Bdia ¿Quién falta? .Edia .D .Bdia ¡Orih y Livon! .Edia contestó Sirih, dejándose caer sobre la roca. Agitó la mano, haciendo resonar todos sus brazaletes, mientras resoplaba: .Bdia .Sm Tâ … Se nota que son montañeses y no han crecido con reloj. Como venga Naylah antes… .Edia .P Un grito alegre en el camino la interrumpió y, enarcando una ceja, me giré para ver a Orih Hissa correr hacia nosotros. Naylah la seguía unos cuantos metros más lejos, con andar tranquilo, usando Astera a modo de bastón de marcha. Así como la lancera llevaba una mochila enorme, la mirol iba ligera. Eso sí, no se había despegado de su sombrero dorado con orejas de gato. .P Ya nos alcanzaba, triunfal. .D .Bdia ¡Lo ves, lo ves, Nayu! ¡He llegado ant…! .Edia Al pegar el frenazo, patinó y cayó con la elegancia de un gato. Y como un gato también se levantó como si de nada acabando su frase con una gran sonrisa: .Bdia ¡Antes! .Edia .P La observé y, pese a mí, me pregunté por qué Orih, siendo como era, había decidido meterse en una cofradía de aventureros cazarrecompensas. Como decía Livon, debió de aterrizar ahí por pura casualidad como otros. .Bpenso Y hablando de Livon… .Epenso pensé. Sólo faltaba él. Y a este paso, no iba a llegar a en punto. .P Echando un vistazo al río, reparé en una choza en la otra orilla y la reconocí. Era la casa de Livon. ¿Estaría todavía ahí dentro? Tal vez estuviera durmiendo. En tal caso, sería mejor que fuera a despertarlo. El problema era que para ello había que dar toda la vuelta hasta el puente rojo. No, definitivamente, Livon no iba a llegar a tiempo. .P Alcanzándonos, Naylah pasó una mirada de general por sus compañeros de viaje y frunció el ceño. Sin comentar nada, le cogió el brazo a Yeren, consultó la hora del reloj de este, realizó un gesto de cabeza para sí y lanzó: .D .Bdia Quiero estar en el pueblo de Lellet para el mediodía. Ahí, tomaremos el nuevo teleférico y, con un poco de suerte, llegaremos al lago de Skabra esta noche. En marcha. .Edia .P Intercambié una mueca con Yánika y, sorprendida, Orih preguntó: .D .Bdia ¿De verdad lo vamos a dejar atrás? Nayu… ¡eh, Nayu, espera! .Edia .P La lancera ya se alejaba por el camino. Mientras nos poníamos en marcha, replicó: .D .Bdia Este es un trabajo urgente, Ragasakis. No podemos permitirnos malgastar tiempo. Livon ya correrá para alcanzarnos. .Edia .P Pero si se había quedado dormido y despertaba a las doce del mediodía… no nos alcanzaría hasta el día siguiente. Caminé detrás de Naylah con las manos en los bolsillos, algo desilusionado. Mar-haï, y bueno, entendía la actitud de Naylah. Pero me sorprendía que Livon hubiera olvidado tan alegremente la misión. Hasta ahora, tanto para los entrenamientos como para la comida en .Sm -t nomlieu El Parat , su tenderete favorito, siempre había sido puntual. .D .Bdia ¿No deberíamos ir a buscarlo, hermano? .Edia me preguntó entonces Yánika en voz baja. .P Me miraba, interrogante. Puse los ojos en blanco y sonreí. .D .Bdia Bah, no. Ya nos alcanzará, .Edia afirmé con confianza. .P Así que avanzamos bordeando el río Lur. El camino estaba bien pavimentado y llano y pasaban de cuando en cuando carretas en ambos sentidos. En los campos junto a la ribera, ya se veían campesinos con grandes sombreros trabajando la tierra, los pastores habían sacado a sus ovejas por las altas laderas y vi a unos niños bajar desordenadamente la cuesta corriendo hacia el río con cubos en las manos. Incluso fuera de Firasa, los saijits parecían confiar en la protección de los gremios y seguían viviendo en paz, sin temor a los monstruos. Lo cual no significaba que estos no existiesen, pero… estaba claro que esta zona distaba mucho de ser tan peligrosa como la de Dágovil. .P Al de un rato, los campos se fueron haciendo más escasos y el terreno fue subiendo y subiendo cada vez más, cubriéndose de olorosos arbustos y bosquecillos de bambúes. Al llegar arriba de una cuesta, eché una ojeada hacia atrás y en todo el camino andado no vi ni rastro de Livon. Al que sí vi fue a Saoko, quien nos seguía a una distancia constante, evitando incontestablemente toda conversación. .P Igual de silenciosa abría la marcha Naylah, seguida de Sirih y Sanaytay. Orih, en cambio, hablaba por los codos contándole a Yánika una historia de su pueblo sobre un alma que vivía en un bambú de día y se transformaba en hada de noche. En cuanto a Yeren, se acababa de alejar del camino para ir a recoger unos champiñones. Me paré a esperarlo y me dedicó una sonrisa de agradecimiento. .D .Bdia Son boletos azuriles, .Edia explicó. .Bdia Son un antiespasmódico. No son nada excepcional, pero prefiero cogerlas frescas a comprarlas en polvo al boticario. .Edia .P Volvió a cerrar su saco con cuidado y apretamos el paso para alcanzar al resto. Orih le sonreía a mi hermana de oreja a oreja. Dijo: .D .Bdia ¡Por supuesto! Soy una montaraz de los altos montes: conozco toda la fauna de Skabra. Ciervos con astas enormes, erizos de ojos grandes y tan bonitos que da pena no poder acariciarlos, y águilas blancas: esas siempre chillan como locas cuando viene una tormenta. Por algo en mi pueblo las llaman las Locas Sagradas. Y, veamos… también hay azaritas, y monos, osos panda, lobos, serpien… .Edia .D .Bdia Orih, .Edia la corté, palideciendo. .P Orih enarcó una ceja, sorprendida. .D .Bdia ¿Te dan miedo las serpientes? .Edia .P Posé una mano sobre el brazo de Yánika. El aura de esta se había desestabilizado. La estaba conteniendo en sí misma pero… Fulminé a Orih y mascullé: .D .Bdia A Yánika no le gustan esos reptiles, eso es todo. .Edia .P Orih agrandó los ojos. .D .Bdia Vaya. No lo sabía. Perdón, Yani. ¿Es tan serio? .Edia .P Mi hermana suspiró y meneó la cabeza. .D .Bdia No importa. De verdad. Es sólo que las ser… las serpientes me dan mucho miedo, .Edia confesó. .Bdia Una vez, me atacó una. Aquel día, todos los monjes huyeron… Mi hermano fue el único que no… .Edia .D .Bdia Hermana, .Edia la interrumpí, súbitamente tenso. .Bdia No pienses en ello. Por favor. .Edia .P Yánika se mordió el labio. Así que se acordaba, pensé, aturdido. Nunca le había hablado de aquel acontecimiento. Teniendo ella cuatro años, yo había creído que lo había olvidado y que sólo recordaba a la serpiente. .P Orih nos observó con expresión suspensa. Yánika le sonrió levemente como diciendo “no es nada” y volvió bruscamente al tema inicial con tono animado: .D .Bdia Yo no habré visto a muchos animales de la Superficie, pero he leído libros. Una vez vi el dibujo de un dragón rojo. ¿Has visto alguno tú de verdad? .Edia .P Orih se carcajeó. .D .Bdia ¡Ya quisiera! Por Skabra no hay de eso. Pero he visto hiedra voladora. .Edia .P ¿Hiedra voladora?, me repetí, incrédulo. ¿Eso existía? Me giré hacia Yánika y vi sus ojos iluminados. Parecía que Orih no se lo inventaba. Mi hermana opinó: .D .Bdia En los Subterráneos, tenemos a los zorfos, que trepan y trepan por las cavernas y además dan unas bayas buenísimas. A Drey le gustan mucho. .Edia Resoplé. Ella sonrió y agregó: .Bdia Orih, ¿tu pueblo está cerca de la ciudad de Skabra? Me gustaría ver esa hiedra voladora. .Edia .P Orih hizo una mueca imperceptible pero asintió y le estiró juguetonamente de una trenza rosa, afirmando: .D .Bdia ¡Pues claro que te la enseñaré! .Edia .P No comentó nada acerca de su pueblo y creo que Yánika percibió algo pues no insistió adrede. Tal vez Orih Hissa tuviera uno de esos .Bparoles pasados realmente oscuros .Eparoles de los que había hablado Livon. .P El viaje continuó agradablemente, sin serpientes ni malos recuerdos. El camino no cesaba de subir y, en un momento, se alejó del río y no volvió hasta pasada una buena hora. Más de una vez, en nuestro avance, advertí la mirada fruncida que echaba Naylah a sus espaldas. Finalmente, Orih pidió una pausa y esta se alargó más de lo necesario, sólo porque todos ahí esperábamos que Livon nos alcanzara… Pero no lo hizo. .P No era aún mediodía cuando avistamos el pueblo de Lellet. Este se encontraba al pie de una enorme cascada, en un tranquilo remanso del río. Había animación: numerosas diligencias y carretas estaban paradas en las afueras y, no muy lejos de estas, todo un grupo de gente acababa de salir de un terreno vallado, cada uno yendo a sus ocupaciones. Acababan de apearse del teleférico, entendí, reparando en los cables que se elevaban hacia lo alto de la cascada. En el espacio vallado, se podía ver la gran cabina, ya repleta de gente que esperaba a subir, así como el puesto donde se vendían los billetes. Mientras nos acercábamos al vendedor, lo oí decir: .D .Bdia Lo siento, pero la cabina está al completo y a punto de partir. Tendrás que esperar al próximo que sale a las tres. .Edia .P Le estaba hablando a un kadaelfo cargado con una mochila, que llevaba una capa roja sobre la cabeza a modo de protección contra el sol y dos muletas improvisadas en las manos. Nos quedamos atónitos. .D .Bdia ¿Livon? .Edia murmuró Orih, estupefacta. .P Ajeno a nosotros, el permutador preguntó al vendedor con una mueca decepcionada: .D .Bdia Disculpa, ¿no sabes si han pasado por aquí mis compañeros? Hay una chica de pelo blanco suave como la lana y una mirol con cara graciosa, oh, y un kadaelfo con tatuajes de brujo, siempre tranquilo… ¿No pasaron? ¿En serio? .Edia .P ¿Qué clase de descripción era esa?, me asombré. Ni Tchag lo hubiera hecho peor. Naylah echaba relámpagos por los ojos, Orih, traviesa, se retenía de reír para no traicionar nuestra presencia, y el aura de Yánika nos envolvía cada vez más divertida. Entonces, el vendedor nos miró y carraspeó: .D .Bdia Creo que ya sé dónde están, muchacho. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia exclamó Livon con esperanza. .P Cuando el vendedor nos señaló, Livon volteó y nosotros le devolvimos una mirada incrédula antes de echarnos a reír. ¿Cómo diablos había podido llegar antes que nosotros? Cómodamente sentado sobre el hombro de Livon, Tchag se emocionó: .D .Bdia ¡Yánika, Orih, Drey! .Edia .P Una de sus muletas se le cayó a Livon, este balbuceó algo antes de tragarse la sorpresa y llevarse una mano a la cabeza, retirando su capa. .D .Bdia Caray. Hola a todos. No lo entiendo. ¡Pero si salí con retraso! Es cierto que estuve corriendo durante todo el camino y tomé atajos, pero no he podido adelantaros sin veros, no lo entiendo… .Edia .D .Bdia Yo creo que sí, .Edia dijo Orih. Acercándose a él de un salto, le cogió la muñeca y comprobó la hora de su reloj. Asintió para sí enseñando todos sus dientes de mirol, lista para el diagnóstico: .Bdia ¡Todo se explica! Se te adelantó casi de una hora. A mí me pasó exactamente lo mismo la última vez, cuando fui a demoler el edificio en Derelm. Estos relojes son una verdadera maldición. Hay que ponerlos en hora a menudo. .Edia .P ¿Adelantado?, me repetí, incrédulo. ¿De modo que Livon había salido antes que nosotros de Firasa? El permutador estaba aún tan anonadado que Yánika resopló de risa otra vez. Con las manos en los bolsillos, lo exculpé: .D .Bdia ¡Bah! Una permutación temporal, le pasa a cualquiera. Y más a un permutador. Lo que no llego a entender es cómo demonios hemos llegado a Lellet casi al mismo tiempo si has salido antes. .Edia .D .Bdia Sobre todo que la chica de pelo suave, la mirol graciosa y el brujo estuvimos alargando el viaje para esperar a un zoquete despistado, .Edia lanzó Naylah con tono hosco de sermón. .P Livon puso cara contrita. .D .Bdia Lo siento, de verdad, lo siento… .Edia .D .Bdia ¿Y las muletas? .Edia preguntó Yeren, adelantándose. .Bdia ¿Te duele? .Edia .P Livon bajó la mirada hacia su pierna izquierda con un mohín. .D .Bdia Un poco, si lo apoyo. Es que también me torcí un poco el tobillo al tomar un atajo y un buen pastor me vendó la pierna. Por eso luego tuve que bajar el ritmo. .Edia .P Puse los ojos en blanco. Livon empezaba bien el viaje. Nos alejamos a un lugar más cómodo donde instalarnos para comer y esperar al teleférico y el curandero se dedicó a curarle el tobillo a Livon con sortilegios esenciáticos. Sirih fue repartiendo las empanadas de verdura de Kali diciendo: .D .Bdia Tengo curiosidad. ¿Cómo me habrías descrito a mí, Livon? ¿Algo como ‘una bruja de pelo rojo’? .Edia .P Livon hizo una mueca aceptando su porción. .D .Bdia No… No te veo así, Sirih. Mmno, más bien hubiera dicho, .Edia meditó, masticando, y asintió: .Bdia ¡una chica con un montón de brazaletes! .Edia .D .Bdia Ahí coincido, .Edia intervine. .D .Bdia ¿Un montón de brazaletes? .Edia repitió Sirih con tono indignado. .Bdia ¡Son un instrumento muy útil! .Edia .P Enarqué una ceja. .D .Bdia ¿Un instrumento? Un instrumento de música, querrás decir: cada vez que se mueven, suenan como castañuelas. .Edia .P Yánika me dio un codazo como pidiéndome que fuera más sensible pero Sirih nos miró con una sonrisilla suficiente. .D .Bdia Y precisamente por eso. ¿Nunca lo habíais pensado? .Edia Se recostó contra el árbol al pie del cual nos habíamos instalado y explicó: .Bdia En Daercia, cuando trabajábamos, Sanaytay siempre mantenía la burbuja de silencio, de modo que nadie nos oía cuando entrábamos en las casas, y cuando andábamos por las calles metiendo ruido con los brazaletes nadie podía imaginar que fuéramos las ladronas. Sencillo, pero no sabéis lo bien que funcionaba. .Edia .P Puse los ojos en blanco y le arranqué un bocado a la empanada sin manifestar sorpresa. Más de una vez había oído hablar a inquisidores de mi familia sobre las diversas técnicas que usaban los ladrones de ciudad para llegar a sus fines. La de Sirih no la había oído pero me pareció más bien inocente. Según mi tío Varivak, por Dágovil se llevaba más lo de neutralizar a las víctimas y sonsacarles el escondite de sus ahorros por la fuerza. .D .Bdia Suena a una vida un poco agitada, ¿no? .Edia dijo entonces Orih con leve reserva. .P Sirih hizo un mohín. .D .Bdia Ya… Sólo conocíamos eso, así que nos parecía normal. Pero ahora somos más honestas que los ermitaños járdicos, ¿a que sí, Sanay? .Edia .P Sanaytay asintió sin pronunciar palabra y sacó la flauta de su cinturón. Había acabado ya de comer y se puso a tocar una música lenta y algo melancólica. Tal vez nostálgica. Me había fijado en que, cada vez que Sirih hablaba del pasado, la flautista se hacía aún más reservada. Escuché la melodía con los demás, seducido, mientras mi órica seguía rítmicamente el aire danzante de la flauta. Aquello despertó nuestro sopor pero, afortunadamente, tuvimos tiempo hasta de echar la siesta y, cuando llegó la hora de sentarnos en el teleférico, habíamos recobrado toda nuestra energía, en especial Tchag. El despegue fue recompensado por Orih con una exclamación de maravilla. .D .Bdia Di, di. ¿Habíais montado ya en un teleférico? .Edia preguntó, a nadie en particular. .P La mirol se agarraba al borde de la diminuta ventanilla, devorando el paisaje con los ojos. .D .Bdia Yo monté, .Edia intervino Yeren. .Bdia Pero no en este, sino en el de los Subterráneos que sale de Ámbarlain y baja hasta Kozera. Es aún más impresionante que este, aunque se hace interminable y las vistas no son tan hermosas. .Edia .P Se giró hacia mí, como para que corroborara, y confesé: .D .Bdia Yani y yo nunca lo tomamos. Pero lo vi. Es una obra magistral… aunque oí que no paran de tener problemas por los monstruos, las estalactitas y demás. .Edia Advertí la mirada atenta de Orih y puse los ojos en blanco. Cambié de tema: .Bdia ¿Nunca has estado en la ciudad de Skabra? .Edia .D .Bdia Estuve una vez, .Edia confesó Orih. .Bdia Pero hace dos años, no había teleférico: había que dar un enorme rodeo por el monte. .Edia .D .Bdia Como diría Zélif, qué bella es la modernidad, .Edia sonrió Sirih. .P La pelirroja se había sentado con tal desparpajo que ocupaba a lo menos dos asientos. Eché un vistazo a los demás viajeros. Los había de toda variedad y color. Empleados, adinerados, familias, parejas y solitarios. Según había leído en la revista de Skabra hacía días, las termas a las que nos dirigíamos eran algo así como un lugar de comunión, pacífico y sagrado, y, según ellos, “¡más seguro que el palacio de Trasta!”… o así lo vendían. Sin embargo, de ser el caso, el gurú de los Protectores Járdicos no habría sido raptado. .P Con las manos detrás de la cabeza, eché un vistazo al suelo cada vez más lejano, a la cascada cada vez más próxima, y sentí la enorme fuerza de tracción que hacía mover la cabina. Me pregunté en plan puramente teórico si, de caerse esta, sería capaz de amainar la caída lo suficiente como para salvarlos a todos. Estaba así perdido en mis evaluaciones cuando Livon sacó de su mochila el cubo de números y comenzó a darle vueltas. Reprimí mal mi sonrisa. Después de que yo le hubiera ayudado a resolverlo, Livon lo había deshecho todo y había vuelto a empezar. Aún recordaba su determinación cuando me dijo: .Bparoles Perdón, Drey. Yeren está trabajando duro para conseguir una respuesta de la Kaara y yo… Si no consigo ni siquiera resolver esto, ¿cómo voy a resolver problemas más complejos? .Eparoles Me había contentado con ponerle cara divertida, sin sorprenderme realmente. En verdad, admiraba su paciencia. Pasarse dos años tratando de resolver un cubo de números sin conseguirlo… era toda una proeza. .P Mi mirada se extravió por uno de los ventanucos y se fijó en las aguas de la cascada que fluían en caída libre, enredándose… como un nido de serpientes. Y, como estas, mis pensamientos cayeron hacia el pasado. No podía creer que Yánika realmente se acordara. Yo tenía apenas nueve años cuando la serpiente la había atacado. Recordaba su dolor, su terror, su confusión. Y mi miedo. Un miedo horrible que me había invadido en el instante en que había notado su aura de pavor. Y no recordaba mucho más. Sólo que, mientras que los monjes habían salido despavoridos sin atreverse a acercarse a tal explosión de terror, yo había corrido hasta mi hermana, había atrapado a la serpiente amarilla con las manos y, con una piedra, la había aplastado hasta hacerla papilla… y hasta perder la noción del tiempo —sólo después Padre me explicó que las serpientes amarillas eran inofensivas. En aquel momento me había sentido tan extraño… Bajé la mirada hacia mis manos donde, en mis recuerdos, había visto con claridad los tres círculos ensamblados de Sheyra, rojos y negros. Y no sólo eso. Había estado convencido durante días de que mi Datsu había recubierto todo mi cuerpo. .P .Bparoles Lo imaginaste, .Eparoles me había dicho Padre cuando le había contado la causa de mi confusión. Sus ojos severos, aquel día, brillaban de una inusual inquietud. Pero le creí, y relegué lo sucedido al olvido… hasta que me volvió a suceder lo mismo. Sin embargo, aquella vez, cuando cavaba para la compañía de túneles entre Dágovil y Kozera, tenía ya doce años y entendí hasta qué punto el Datsu podía influenciarme. .Ch "La reencarnación de Tokura" .Sm Subterráneos, Tierras de Dágovil, año 5624: Drey, 12 años; Lústogan, 24 años. .D .Bdia ¡Ya llegan, patrón! .Edia exclamó uno de los mineros, acercándose al trote a un grupo de obreros. .P Caminando detrás de los tres monjes, yo apenas veía a los trabajadores, las picas y el fondo del túnel. Al lado de los otros dos destructores, mi hermano avanzaba con andar más ligero, menos formal, como si estuviera dando un agradable paseo de ocio. Aun así, iba vestido de pies a cabeza con la ropa de destructor. Esta estaba hecha con fibra de darganita y era muy resistente. Yo también la llevaba. Sólo que la mía estaba sin teñir, tenía un color pardo soso y me iba un poco ancha. .P Al llegar junto al capataz de las obras, Draken, uno de los otros dos destructores, entabló conversación y traté de seguirla con atención. Entendí que los picadores estaban teniendo problemas con una parte del túnel mucho más dura y que usar explosivos para abrir el camino sería una tarea demasiado delicada como para no preferir recurrir a unos destructores. Finalmente, el capataz los invitó a acercarse a la parte del túnel aún sin ensanchar y Lústogan me echó una mirada. .D .Bdia Drey. Quédate aquí y observa. .Edia .P Me erguí, decepcionado. .D .Bdia Pero… yo también puedo romper esa roca, hermano… .Edia .D .Bdia Ho, no lo dudo, .Edia me cortó Lústogan con un deje divertido en la voz. .Bdia Pero hoy es tu día de descanso. Conténtate con mirar bien. .Edia .P Lo vi alejarse con los otros dos monjes y hundí las manos en los bolsillos con un mohín. Mi día de descanso… Ya-naï. Simplemente decía eso porque el ciclo anterior había estado entrenando hasta muy tarde y pensaba que me sentía cansado. Pues qué va, me sentía en plena forma, por algo había insistido en acompañarlo, porque quería participar en esa obra. La ampliación de la ruta entre Kozera y Dágovil era un proyecto del que se oía hablar incluso en el Templo. De llegar a realizarse, el comercio entre ambas tierras se volvería cien veces más eficaz y seguro. .P Fui a sentarme sobre un escombro y observé trabajar a mis tres mayores. Al principio, estuvieron largo tiempo tanteando la roca y buscando sus puntos flojos. Luego, comenzaron a hacerla estallar poco a poco, siguiendo un motivo preciso. Los oía intercambiar frases cortas y a veces se paraban y garabateaban algo a una mesa junto al estrecho túnel. El que menos participaba en la parte comunicativa era Lústogan: esperaba casi con impaciencia a que acabaran de charlar y, en cuanto se ponían de acuerdo, desaparecía de nuevo en el angosto túnel a marcar la roca con su órica. Me daba envidia. Yo también quería estar ahí, junto a él, y destruir roca. Recogí una piedra en mi puño y la arena fue filtrándose entre mis dedos mientras la comprimía. Seguí divirtiéndome distraídamente haciendo explotar piedras pequeñas mientras el trabajo se alargaba. Los picadores tenían tiempo de descanso, pero los alisadores seguían trabajando, pasando sus máquinas para allanar el suelo del túnel ya ensanchado. Y en el estrépito continuo de las obras, mi mirada vagaba ociosamente de rostro en rostro, de máquina en máquina y de roca en roca. .P Finalmente, me levanté para ir a recoger uno de los escombros que estaban dejando los destructores y regresé a mi asiento improvisado para estudiar la roca. Era ferferita, una roca particularmente dura, pero no tan resistente: si se encontraban los puntos flojos y se presionaba con órica en los buenos sitios no era tan difícil hacerla estallar. Alcé la vista hacia el túnel. Los destructores ya habían ensanchado unos cuantos metros. Sin embargo, quedaba por lo visto bastante trecho de ferferita que cavar. Antes de marchar, Lústogan había comentado que el trabajo probablemente nos llevaría una semana entera. Al menos eso quería decir que iba a poder participar yo también. .P Estaba esculpiendo en el escombro de ferferita los tres círculos concéntricos de Sheyra y tenía intenciones de añadirle dos puntos y una sonrisa cuando oí de pronto un estruendoso crujido que hizo temblar toda la tierra seguido de una ola de gritos, un estrépito de roca y polvo por todas partes. Como en un sueño, me levanté mirando a mi alrededor, tenso como una cuerda de arco. ¿Qué estaba ocurriendo? .P La gente tosía, pero yo no llegaba a verla por culpa de la polvareda. Tosí a mi vez y, con el ceño fruncido, solté un sortilegio órico para echar abajo todo el polvo que me rodeaba antes de cubrirme el rostro con la máscara de protección. A ciegas, tanteé la pared del túnel y, sin pensarlo mucho, con la respiración precipitada, caminé hacia donde había visto por última vez a mi hermano. Pronto alcancé el fondo del túnel ensanchado y busqué la entrada al que era más estrecho. No la encontré. Sólo encontré… un montón de rocas. La entrada había desaparecido. .D .Bdia Dánnelah, .Edia murmuré. .P Mi corazón se puso a latir a toda prisa. Una mano me agarró el tobillo. .D .Bdia ¡Muchacho… aléjate…! .Edia .P Era Draken. Era el único de los tres monjes que se había encontrado fuera del túnel estrecho en ese momento… pero no se había librado: una enorme roca le había aplastado todo el cuerpo. Parpadeé, contemplando su rostro contraído por el dolor como si nunca lo hubiera visto. Draken de la Casa Isylavi era un destructor de renombre que había planeado la construcción de la Prisión de Dágovil y que había destruido una caverna entera repleta de kraokdals, salvando así numerosas aldeas. En el Templo, era considerado casi como un héroe. Entonces… entonces ¿por qué ahora se le caía una roca encima? ¿Por qué se le derrumbaba un túnel justo cuando estaba mi hermano dentro? .P Agité el pie, liberándome de su puño, y pregunté: .D .Bdia ¿Dónde está Lúst? .Edia .P Draken alzó unos ojos vidriosos hacia mí. .D .Bdia Estaba… adentro, .Edia murmuró. .P Escupió un río de sangre y, de pronto, su órica dejó de mantener alejado el polvo y lo perdí de vista. Mis ojos se quedaron mirando el vacío, exorbitados. .P .Bpenso No… .Epenso .P Mi conciencia ardía, bullía. .P .Bpenso No, no, no… .Epenso .P Y me repetía: es imposible. Mi hermano… Mi hermano no podía haber muerto. Mi cuerpo se puso a temblar. ¡El dolor era tan grande…! Hundí las manos en la roca como si realmente quisiera atravesarla. Y, de pronto, como una burbuja que al hacerse demasiado grande, explota, mi mente se serenó. El miedo y el dolor amainaron hasta desaparecer, pero no mi deseo de destrucción. Sin prisa, pero sin pausa, hice estallar una a una las rocas que se interponían en mi camino. Ni usaba mis ojos, ni prestaba atención a los restallidos. Mis manos actuaban casi por voluntad propia tanteando mis presas; mi mente calculaba con frialdad, sin detenerse. Sin prisa, pero sin pausa. .P En un momento, percibí con mi órica el cuerpo del otro destructor. Ese sólo tenía una pierna aplastada, pero estaba inconsciente. Lo liberé y seguí, sin pararme. Rompía los escombros hasta convertirlos en arena. Me sentía como en un sueño. O, más bien, era como si no me sintiese para nada. .P Descubrí finalmente a Lústogan. Estaba vivo. Ni siquiera había sido aplastado por el derrumbamiento: lo bloqueaban dos grandes rocas, pero sólo estaba aturdido, ni siquiera del todo inconsciente. Sin embargo, no conseguí sentir alivio. Simplemente lo liberé y seguí destruyendo roca. Roca y más roca. Tenía que liberarlo todo. Tenía que hacer espacio. No sabía ya por qué. Pero no me importaba. Simplemente, había empezado y ya no encontraba una razón para detenerme. .D .Bdia Drey… .Edia .P Era la voz de Lúst. Una luz me iluminaba ahora. La de su linterna. Seguí destruyendo roca. .D .Bdia Mar-haï, .Edia lo oí imprecar. .P Sentí que se enderezaba. .D .Bdia Mar-haï… ¡Drey! .Edia .P Su exclamación era inusual, me dije. No recordaba haberlo oído llamarme de esa forma. Pero tampoco conseguía llegar a un resultado al respecto. Así que retomé mi destrucción. Creía siempre alcanzar el final de las rocas derrumbadas, pero por lo visto se había desmoronado buena parte del túnel. Y no sabía cómo. La ferferita no podía haberse desatado tan fácilmente. .P Entonces, cuando caí sobre una roca cubierta de un polvo ceniciento, lo entendí. La ferferita sólo cubría una parte del túnel. El resto era todo granito. Puro cuarzo y feldespato. Era una de las rocas con las que más me había entrenado ya desde niño. Destruirlo era fácil. Envuelto de viento órico, seguí avanzando más rápido, metros y metros más lejos, cavando como un dragón de tierra y deshaciéndolo todo a mi paso. Al de un rato, constaté que Lústogan me había alcanzado y se ocupaba de destruir eficazmente todas las rocas que había dejado yo en equilibrio, a punto de caerse. .D .Bdia Drey… .Edia me dijo en un momento. .Bdia Ya puedes parar. Te va a dar un mal. .Edia .P Por un instante, me giré hacia él y advertí su movimiento de arredro así como el brillo intenso de sus ojos. Parpadeé, meditativo, y volví a darle la espalda replicando: .D .Bdia ¿Por qué? .Edia .P Y, de hecho, no veía por qué debía parar. No teniendo aún roca que destruir delante de mí. En un momento, dejé de seguir el camino abierto del túnel y me metí en pleno muro. Sentía que algo fallaba. Mis sortilegios ya no eran tan eficaces. Mi mente seguía calculando, pero mi respiración se aceleraba y me quedaba sin aliento. ¿Por qué? Bueno, probablemente era porque tanta órica me estaba cansando. El problema era que no notaba ningún cansancio. Había dos posibilidades. O bien no estaba cansado a pesar del esfuerzo y mi reacción se debía al aire enrarecido del túnel. O bien estaba cansado y por alguna razón yo no me daba cuenta de ello. .P Un estrépito de roca resonó a mi oído. .D .Bdia Drey… Estamos llegando casi a la siguiente aldea. Y te has ido por la tangente, ¿sabes? Pero no importa. Déjalo. Y recóbrate ya. .Edia .D .Bdia ¿La… siguiente aldea? .Edia jadeé. .P Envié más fuerza órica contra la pared y esta estalló. De pronto hubo una cascada de guijarros, acompañada de luz. Lústogan me agarró, cubriéndome con su órica, y nos alejamos los dos del peligro, retrocediendo en el túnel. Esa luz… Pestañeé. Era luz de piedra de luna. La de una caverna. Probablemente la de la aldea de la que había hablado Lúst. .P Apenas hubo terminado la cascada de guijarros, se oyó un sonido profundo y metálico, seguido de un nuevo estrépito. .D .Bdia Por todos los dioses, .Edia graznó Lústogan. .P Mi hermano no solía invocar a los dioses. Mm, medité entonces. Su reacción debía de tener algo que ver con el ruido. Y el ruido… probablemente tenía algo que ver con mi operación de destrucción. Sin previo aviso, Lústogan me quitó un guante y me remangó el brazo, como para averiguar algo. A la luz tenue de la caverna, mis ojos se fijaron también en mi brazo y lo vi cubierto de líneas negras y rojas. Y en la mano, vi tres círculos concéntricos como los de Sheyra. Como los de… .P Me mareé y mi hermano me sostuvo. Me ayudó a salir a la caverna y a sentarme sobre la hierba azul. Ahí, me quitó la máscara de un tirón y sus ojos observaron mi rostro como siguiendo el movimiento de algo. ¿Líneas rojas y negras, tal vez? De algo que desaparecía, adiviné. En el reflejo de sus ojos, vi los míos, y creí verlos rojos y negros también, como los de una criatura de horror. Sentí un escalofrío. Y de pronto un cansancio enorme se apoderó de mí. Fue como si despertara de una pesadilla que me hubiera robado toda mi energía… y algo más. Necesité un buen rato para recuperar el aliento. En la caverna, el silencio había vuelto. Vi el pueblo, cuesta abajo, y a gente que salía a la carrera de sus casas en dirección a una enorme roca rodeada de polvareda. No tardé en oír sus gritos. .D .Bdia Hermano… .Edia alcancé a decir al fin. .D .Bdia Mm, .Edia contestó Lúst. .P Estaba recostado él también contra la pared junto al nuevo agujero, se había quitado la máscara y sus ojos seguían los movimientos de los aldeanos. Dos de ellos nos señalaban con el dedo. Inspiré. .D .Bdia Es… el Datsu, ¿verdad? ¿Ya te ha pasado a ti? .Edia .P Lústogan hizo una mueca sin mirarme y negó con la cabeza. Bajé la vista, apretando los dientes. .D .Bdia No sentía nada. Ni alivio de nada, ni miedo, ni cansancio. .Edia .P Mi voz era relativamente tranquila, pero mi inquietud era profunda. Carraspeé. .D .Bdia No me ha gustado nada la experiencia. .Edia .D .Bdia Supongo. .Edia Lústogan se pasó una mano por su cabello negro para quitarle el polvo. .Bdia Lo siento… Evaluamos mal la situación y… .Edia Frunció el ceño, meneó la cabeza y pareció recapacitar cuando dijo: .Bdia ¿Sabes? Eso te pasa por ser un sentimental. Cuando pienso que te dije que hoy era tu día de descanso… .Edia Echó un vistazo al agujero y repitió en un resoplido divertido: .Bdia Menudo descanso. Casi parece que la mismísima Tokura ha pasado por aquí. .Edia .P Con sorpresa, entendí de golpe que lo había impresionado. Sonreí levemente ante la comparación pero me ensombrecí de nuevo cuando recordé algo. .D .Bdia Hermano. Draken. Creo que ha muerto. .Edia .P Mi hermano enarcó las cejas y tan sólo comentó: .D .Bdia Cosas que pasan. .Edia .P Fruncí el ceño y busqué en su rostro una señal de tristeza, en vano. Me pregunté de repente hasta qué punto el Datsu lo influenciaba a él también. .P Los aldeanos corrían hacia nosotros subiendo la cuesta con picas y palas, y se oían ahora ruidos de voces por el túnel. .D .Bdia Cosas que pasan, .Edia repitió Lúst. Desvió la mirada de los aldeanos y clavó sus ojos en los míos. .Bdia Drey. No le hables de esto a Padre. Sólo lo preocuparía. .Edia .P Se levantó sin dejar de mirarme, expectante. Me lo pedía en serio, entendí. Así que asentí con la cabeza. No tenía intenciones de hablarle a Padre de ello de todas formas. No quería que él también me dijera: eres un sentimental. .P Por suerte, el capataz de las obras apareció antes de que los aldeanos nos alcanzasen, seguido de varios obreros. Se aclararon las cosas. Todos dieron por sentado que quien había despejado el túnel derrumbado había sido Lústogan y este no los contradijo. Cuando oí decir al capataz que Draken todavía estaba vivo, dejé escapar un suspiro de asombro y alivio. Lústogan se contentó con asentir, inmutable. Bajé la mirada hacia la hierba azul, turbado. .P .Bpenso ¿De verdad no te importa lo que le pase a Draken, hermano? .Epenso .P Los aldeanos no nos dejaron mucho tiempo tranquilos. Pronto llegaron y gritaron que la roca había aplastado la estatua del Dios Antaka. El capataz minero, que tenía mal genio, impuso silencio poniéndose rojo y bufando que no eran asuntos suyos. .D .Bdia ¡Ja! .Edia decía con ironía. .Bdia Es el dios de la Roca, ¿no? ¡Su nueva estatua le conviene perfectamente! .Edia .P .Bpenso ¿Es idiota? .Epenso me pregunté. Al contrario que muchos mineros, el capataz y los trabajadores que este había elegido para las obras no veneraban a Antaka. Él era un seguidor de Latarag, el Dios Blanco, y el disco blanco tatuado en su frente lo evidenciaba. Su réplica barrió todo posible compromiso y avivó la ira de los aldeanos. Estos estaban profundamente ofendidos y asustados por la afrenta hecha a la divinidad. Tal vez incluso temieran represalias de esta. Por haber visto cantidad de veces a mineros rezar a Antaka antes de meterse en cualquier agujero inseguro, entendí la gravedad de la situación. O creí entenderla, hasta que, para asombro mío, Lústogan cayó de rodillas ante el alcalde de la aldea y se inclinó diciendo con decisión: .D .Bdia ¡Por favor! Aceptad mis disculpas. Como culpable del atropello que se le ha hecho a Antaka y como seguidor suyo en tercer grado, deseo enmendarme. Soy destructor. Permitid que desintegre esa roca y replique la estatua original. .Edia .P Los aldeanos se quedaron desconcertados. Se oyeron murmullos. Los destructores eran temidos. Tenían reputación de ser arrogantes, distantes y, sobre todo, muy poderosos. El alcalde lo observó sin pestañear. Y yo inspiré de golpe. ¿De verdad mi hermano estaba tomando responsabilidad sobre lo que yo había causado? .D .Bdia ¿Qué dioses veneras antes que Antaka? .Edia preguntó al fin el alcalde. .D .Bdia Sheyra, diosa del Equilibrio, y Tokura, diosa de la Destrucción, .Edia contestó Lústogan. .P El alcalde seguía mirándolo como tratando de recordar algo. .D .Bdia ¿Y tu nombre? .Edia .D .Bdia Lústogan Arunaeh. .Edia .P Hubo un silencio y entonces oí a alguien repetir en un murmullo: .D .Bdia ¡Es un Arunaeh! .Edia .D .Bdia ¿La familia de Taey? ¿La de la isla? .Edia preguntaba una joven. .D .Bdia Cuidado, Mander, .Edia dijo un enano forzudo. .Bdia Dicen que los Arunaeh saben leer la mente y hacerte estallar el cerebro con solo mirarte. .Edia .D .Bdia ¡Bobadas! .Edia rió un humano enjuto. .P No pude aguantarlo más. Solté casi con voz acusadora: .D .Bdia Hermano, ¿qué haces? La culpa no es… .Edia .P Sus ojos azules me atravesaron y me paralicé a media frase. Conocía esa mirada. Tragué saliva y me acobardé. Finalmente, el alcalde asintió con la cabeza y dijo: .D .Bdia Acepto tus disculpas, Lústogan Arunaeh. Acepta las mías por mis secos modales. .Edia .D .Bdia ¡No te rebajes, Mander! .Edia protestó una aldeana. .Bdia ¡Él se cargó a nuestro Antaka! .Edia .P Otros apoyaron pero, cuando Lústogan se levantó, cayó un silencio tenso. Mi hermano parecía haber recobrado toda su serenidad cuando dijo: .D .Bdia No pongas esa cara, capataz. Si llamas a los mejores médicos para que cuiden a mis dos compañeros, mi hermano y yo acabaremos de ensanchar el túnel en menos de tres días. .Edia .D .Bdia ¿Menos de tres días? .Edia exclamó el capataz. .P Lústogan me echó una mirada cómplice y sonrió. .D .Bdia Hemos ido más rápido de lo esperado. Por eso, me tomaré un día para reparar a Antaka. Así que no olvide a mis compañeros. .Edia .D .Bdia ¡Llamaré a los mejores médicos de Dágovil! .Edia aseguró el capataz, obviamente satisfecho. .P Mientras regresaba por donde había venido con sus obreros, suspiré. Aún me sentía mal por dejar a Lústogan llevarse toda la culpa. .D .Bdia Drey. .Edia La voz de mi hermano me sacó de mis pensamientos. Me puso la linterna en las manos. .Bdia Estás horrible. Vuelve con ellos y ve a descansar. Sin tocar las rocas esta vez. ¿Prometido? .Edia .P Hice una mueca bajando los ojos hacia mí mismo. Con “horrible” se refería a que por tanta explosión mi ropa de protección había acabado hecha un asco, en particular los guantes. Tal vez mis sortilegios habían sido fríos y acertados, pero en el estado zombi en el que había caído no me había preocupado por establecer ninguna barrera de protección. .P Mi hermano se marchó hacia la aldea sin esperar mi respuesta. Lo observé alejarse con el ceño fruncido. ¿Por qué no me había pedido al menos que lo ayudara a desintegrar la roca caída sobre Antaka? Había sido culpa mía que el dios hubiera sido aplastado. .P Un súbito mareo respondió a mi propia pregunta. Mar-haï. Supuse que no estaba en condiciones para hacer más sortilegios. Suspiré y tomé el camino de vuelta, pensando que finalmente Lúst no era tan frío. Sí que se preocupaba por sus compañeros. Y… sí, también recordaba que me había impactado su tono de voz cuando me había llamado por mi nombre, en el túnel. Había habido alarma en esa voz. Y también miedo. Miedo en sus ojos cuando me había girado hacia él. .P Mi inquietud regresó. El Datsu me había cubierto por completo. No sabía muy bien cómo funcionaba el sello, pero sabía que ayudaba a controlar los sentimientos. Nunca nadie me había dicho que pudiera simplemente hacerlos desaparecer. El miedo y el dolor al imaginarme a Lúst muerto habían sido tan fuertes que el Datsu, percibiendo un peligro, los había reprimido. Y, de paso, lo había reprimido todo. Parecía casi lo contrario de lo que le pasaba a Yánika. ¿Era acaso normal? .P Me pasé una mano por el rostro y, mientras caminaba por el túnel, no pude evitar resoplar varias veces, girando la linterna en todos los sentidos. ¿Yo? ¿Yo había hecho eso? .D .Bdia Dánnelah, .Edia murmuré, boquiabierto. .P Pese a todo, no pude más que sonreír otra vez. Lústogan me había comparado a Tokura. Nunca me había elogiado así. En los entrenamientos, se contentaba con decir “bien” y darme la siguiente tarea. Me mordí un labio. Tal vez a partir de ahora Lústogan fuera a verme más como a un hermano que como a su aprendiz, pensé con esperanza. .P .Bpenso Sí, .Epenso me dije. .Bpenso Lúst puede ser frío, pero es sólo una máscara. En realidad, siente igual que yo las cosas. Y le caigo bien. Si no, no me habría estado protegiendo mientras yo rompía la roca. No me diría que descansara. Ni se habría llevado la culpa de todo por lo de Antaka. .Epenso .P Sonreí solo. .D .Bdia Después de todo, es mi hermano, .Edia murmuré. .P Y seguí caminando sobre los guijarros del túnel que había limpiado, reconfortado por ese pensamiento. .P No sabía cuánto me equivocaba. Es decir, Lústogan era incontestablemente mi hermano y tenía la seguridad de que yo era la persona que más le importaba de todos; sin embargo… a partir de ese día, Lúst se volvió más frío y más distante que nunca. No dejó de entrenarme, pero algo entre nosotros se había roto. Y yo no entendí qué. .salto Un arco de colores había aparecido sobre las aguas de la cascada y me sacó de mis lejanos recuerdos. La cabina del teleférico de Lellet seguía ascendiendo con una lentitud soporífera. Sentado en el banco, parpadeé, miré bien el aro colorido y, súbitamente, me erguí, cautivado. .D .Bdia Yánika… Yánika, mira. ¡Un arcoíris de siete colores! .Edia .P Era el primero que veía en mi vida. Los de los Subterráneos solían ser monocolores o tener a lo sumo tres o cuatro tonalidades. Aun así, al lado de ese arcoíris, me pareció que el aura de Yánika resplandecía aún con más colores. Desde luego, su Datsu no era como el mío. Era, de hecho, lo contrario. Pero era más fuerte. Mucho más fuerte. Incluso, según Lúst, conseguía alterar el mío. .D .Bdia Hermano, hermano, ¡ahí hay uno doble! .Edia dijo Yani, señalándome los arcoíris. .D .Bdia ¡Yo también quiero verlos! .Edia exclamó Tchag. .P El imp trepó sobre mi hombro con ojos maravillados. Curioso y con el corazón ligero, me incliné junto al ventanuco para echar otro vistazo. .Ch "El gobernador de Skabra" .\" 05/04/2019 Llegamos a Skabra cuando el sol ya se había ido hacía rato. Llevábamos caminando largo tiempo bordeando el gran lago Lur desde Keshaq, la villa donde se paraba el teleférico, y el cansancio empezaba a sentirse en el corazón de todos. Parte de este lo causaba Yánika. Pero al parecer ya no tenía edad para que la llevase. Así que alcanzamos la ciudad a paso de gueladera. .P La ciudad termal era más grande de lo que esperaba. Y rebosaba de luz. Se encontraba encajada contra una ladera escarpada que debía llevar a las termas más onerosas. Tenía una empalizada y una rampa ascendía hasta la puerta principal, desde el lago. .D .Bdia Llevaba dos años sin venir a Skabra, .Edia dijo Yeren con emoción mientras subíamos por la rampa. .Bdia Me pregunto si habrá cambiado. Antes solía ir a menudo a oír las charlas de los Curanderos Blancos. Son un círculo importante de Skabra. En la época en que yo iba, tenía renombre, pero por lo que he oído se ha ido llenando de charlatanes. .Edia .D .Bdia ¿Nos dejarán pasar por la puerta a estas horas? .Edia se inquietó Sirih. .D .Bdia ¡Pasaré como sea! .Edia afirmó Naylah. Posó su lanza con más fuerza y sus ojos brillaron cuando añadió: .Bdia No descansaré hasta que encuentre unas termas. .Edia .P La miré fijamente. ¡Dánnelah! ¿Y qué había del gurú? Yeren pareció atragantarse y aseguró: .D .Bdia Tranquilos, nos dejarán pasar. Mirad, todavía hay cola. Hay demasiado turismo en la zona como para imponer reglas estrictas. Pero el uso de las armas dentro del recinto está formalmente prohibido. .Edia .P Enarqué una ceja, pensé en la navaja que llevaba al cinto y pregunté: .D .Bdia ¿Las confiscan? .Edia .D .Bdia No… Pero si queréis entrar con vuestras armas, tendréis que rellenar un formulario, .Edia explicó el curandero. .P Naylah se encogió de hombros. .D .Bdia No me asustan los formularios. .Edia .D .Bdia ¡Que no! .Edia intervino Orih con una risita. .Bdia ¿El otro día no le diste a Loy todo el papeleo para renovar tu matrícula en el campo de entrenamiento? Te vi con mis propios ojos. .Edia .P Naylah meneó la cabeza con una sonrisa condescendiente. .D .Bdia Eso no es lo mismo, .Edia afirmó. .Bdia Loy es el secretario de la cofradía. .Edia .D .Bdia ¿Y por eso debe ocuparse de tu matrícula? .Edia se burló Sirih. .P Naylah frunció el ceño y las ignoró. Curioso, repetí: .D .Bdia ¿Campo de entrenamiento? ¿Hay un campo de entrenamiento en Firasa? .Edia .P Livon asintió. Gracias a los sortilegios de Yeren, el permutador caminaba ya sin las muletas. .D .Bdia Ahí van casi todos los guerreros de Firasa a entrenar. Incluidos los caballeros de Ishap. .Edia .D .Bdia ¡E incluido Grinan! .Edia terció Orih, socarrona. .Bdia El año pasado, en el festival, los vi pelear a los dos, él con su enorme alabarda, Nayu con Astera… ¡Me recordaron a ese cuento del sol luchando contra la luna! .Edia .P Advertí el leve sonrojo de Naylah antes de que esta apretara el paso y se uniera a la cola de gente que entraba. .P En comparación con Firasa, ahí el aire era bastante más fresco y, con lo poco acostumbrado que estaba al frío, incluso con mi abrigo tiritaba un poco. Le eché un vistazo a Yánika y no pude evitar una mueca divertida al verla arropada en su enorme abrigo, con su espeso gorro y sus guantes pardos. Parecía un polluelo erizado de plumas. .D .Bdia ¿No tienes frío? .Edia le murmuré. .P Ella resopló. .D .Bdia Ya-naï. Hasta paso calor. .Edia .P Los guardias eran eficaces y me dio la impresión de que nuestro turno llegó volando. Tomaron nuestros nombres y, cuando se enteraron del propósito de nuestro viaje, los dos guardias intercambiaron una mirada. Uno informó: .D .Bdia Recibimos instrucciones acerca de vosotros. El gobernador desea veros de inmediato. Iré a avisar. .Edia .P Mmpf. De modo que aquel asunto había llegado a oídos del gobernador de Skabra. Según recordaba haber leído, al contrario que en Firasa, en Skabra se elegía a un gobernador además de tener todo el sistema de gremios típico de las ciudades de Rosehack. Y el gobernador actual, un tal Jakoral, era el líder del gremio que se ocupaba de regentar las termas. Mientras el guardia se marchaba, su compañero se ocupó del resto del trámite. Resultó ser que las navajas no entraban en la categoría de armas prohibidas y la única que tuvo que rellenar el dichoso formulario fue Naylah. Creía saber que Sirih tenía una daga en su bota, pero la armónica pasó ampliamente de enseñársela a los guardias. Minutos después, llegó un asistente del gobernador —un humano moreno alto vestido de rojo y blanco— e, inclinándose hacia nosotros, nos dio la bienvenida con tono formal y nos invitó a seguirlo adentro de la ciudad termal. .D .Bdia ¿Y tu espía, Drey? .Edia se inquietó Sanaytay mientras pasábamos las puertas. .P Eché un vistazo atrás. Saoko se había quedado junto a los guardias y, mientras estos le explicaban cómo rellenar el formulario de armas, él los asesinaba con la mirada. Quiso resolverlo todo haciendo una cruz en el papel y gruñó: .D .Bdia Poned lo que queráis. Yo paso. .Edia .P Sin embargo, los guardias no le dejaron pasar tan fácilmente. Meneé la cabeza y le di la espalda, preguntándome si sería capaz de encontrarnos luego. Decidí no preocuparme. Al fin y al cabo, yo no lo había contratado. .D .Bdia Pero bueno, Drey, ¿no te salvó la vida? .Edia masculló Orih. .Bdia ¡Nos salvó la vida a todos! .Edia Me miraba con una mueca fruncida. Sin esperar mi respuesta, giró sobre sí misma y exclamó para los guardias: .Bdia ¡Disculpad! ¡Ése va con nosotros, podéis dejarlo pasar! .Edia .D .Bdia Orih… .Edia murmuró Yeren. .P Por su tono, adiviné que el curandero pretendía decirle que no se entrometiera en los asuntos de los demás. Pero Orih no pareció entenderlo. O se hizo la sorda. Es más, cuando Saoko nos alcanzó, la mirol le sonrió antes de retomar la marcha. El mercenario de pelo pincho no dijo nada. Ni yo tampoco. Nos contentamos con seguir a los demás. .P Al igual que en Firasa, las calles estaban pavimentadas y la mayoría de las casas eran de bambú. Sin embargo, me pareció que en Skabra había aún más linternas encendidas y que las casas eran aún más estilizadas. Nada más entrar, se extendía una plaza de azulejos en cuyo centro se alzaba una enorme fuente de mármol con agua dorada. Era toda una obra de arte, me maravillé, contemplando el fino labrado. Mientras continuábamos adentrándonos en la ciudad siguiendo al asistente, pensé que, si en una cosa no había mentido la revista, era en el número de fuentes: había una casi en cada cruce, y todas eran igual de espléndidas. .P El gobernador vivía en una amplia casa de madera rodeada de jardines. Una fuerte fragancia embalsamaba el aire nocturno y pronto entendí de dónde venía cuando, a la luz de las fuentes, divisé las cuantiosas flores que poblaban los matorrales. .P Un guardia deslizó una puerta y el asistente pasó. Desde el exterior, pude ver en la sala a varias personas arrodilladas alrededor de una mesa baja repleta de los platos más diversos. En cabeza de esta, un humano forzudo de edad madura alejó una pata de pollo que estaba mordisqueando para prestar atención a lo que le cuchicheaba el asistente. Comentó algo que percibí en forma de gruñido, se levantó haciendo que los comensales dejaran de comer y dijo: .D .Bdia Seguid cenando, niños. Vuelvo enseguida. .Edia .P Las linternas de la veranda iluminaban bien nuestros rostros y el gobernador pudo vernos con la misma facilidad que nosotros a él. Llevaba una simple túnica holgada y negra, así como un enorme colgante en forma de espiral. Agrandé los ojos. Ese era el símbolo de Neeka la Doncella, la deidad warí de la Belleza y el Bienestar. .D .Bdia Bueno, bueno, .Edia dijo el gobernador, .Bdia así que vosotros sois los Ragasakis. .Edia .D .Bdia Así es, .Edia confirmó Naylah. .Bdia Andamos buscando al gurú de los Protectores Járdicos. Nos dijeron que desapareció en las termas de… .Edia .D .Bdia Sí, sí, .Edia la cortó el gobernador, con dejada impaciencia. .Bdia Ya me informaron de todo. Tú debes de ser Naylah, la lancera. .Edia .P Advertí el jadeo sorprendido de la joven guerrera. El gobernador nos observó a todos y su mirada acabó por posarse sobre Yánika y sobre mí. Frunció el ceño. Dio un paso hacia la veranda, pasando el umbral, y se detuvo ante mí con cara sobrecogida. .D .Bdia ¡Por la Doncella! No puedo creerlo… Ese tatuaje… ¿Sois miembros del clan Arunaeh? .Edia .P Enarqué una ceja. Ese humano de la Superficie había reconocido el tatuaje muy fácilmente. Me encogí de hombros. .D .Bdia Me llamo Drey Arunaeh. Ella es mi hermana. .Edia .P Lo oí carraspear. El gobernador no despegaba los ojos de mí. .D .Bdia Hace apenas un año… un hombre llamado Nalem Arsim Arunaeh vino aquí a completar las obras de mis termas más sagradas. .Edia Sus ojos se desviaron hacia la ladera cubierta de árboles. Un largo sendero iluminado por las linternas ascendía hacia la cima. Murmuró, perdido en sus recuerdos: .Bdia Era un hombre espeluznante. .Edia .P Sonreí anchamente. .D .Bdia Lo es. Ese es mi abuelo. .Edia .P El gobernador pareció atragantarse y los dos guardias que vigilaban la entrada se tensaron. El asistente que nos había guiado hasta ahí se precipitó hacia él: .D .Bdia ¡Gobernador! Gobernador, ¿te encuentras bien? .Edia .P El aludido se irguió y replicó secamente: .D .Bdia Por supuesto que me encuentro bien, Karom. .Edia Se volvió hacia mí y asintió con firmeza. .Bdia Drey Arunaeh, ¿verdad? Ajem. Que sepas que tu abuelo hizo un excelente trabajo… pero confío en que todos vosotros cumpláis el vuestro de manera, er… menos estruendosa. .Edia .P Me mordisqueé la lengua, meditativo, picado por la curiosidad. .Bpenso Mar-haï… ¿Qué demonios hiciste aquí, abuelo? .Epenso Advertí la mirada curiosa de Livon y recordé que, hasta hacía poco, él ignoraba que el clan Arunaeh era conocido en los Pueblos del Agua. Y cosa irónica, su fama había alcanzado Skabra, no gracias a las artes típicamente temidas de los brejistas del clan sino por uno de sus contados destructores óricos Arunaeh. .P Antes de que pudiera contestarle al gobernador, este alzó una mano para imponer silencio. .D .Bdia Sólo quería deciros esto, Ragasakis: deseo tanto como vosotros que encontréis a ese Gurú del Fuego sano y salvo, pero no permitiré que causéis escándalo en mi ciudad. Aquí la gente no es secuestrada en las termas. Eso es simplemente imposible. .Edia .D .Bdia ¿Imposible? .Edia retrucó de pronto una voz detrás de nosotros. .Bdia ¿Acaso insinúas que desapareció por voluntad propia, Jakoral? .Edia .P Me giré, maldiciendo el viento veleidoso de la Superficie que alteraba mi percepción órica. De pie en el camino, con los brazos cruzados, un joven elfo de pelo largo y negro envuelto en una capa miraba al gobernador con el entrecejo fruncido. .D .Bdia Rozzy, .Edia suspiró el gobernador. Hundió ambas manos en las mangas de su túnica y regresó junto al umbral diciendo: .Bdia De vuelta de tu ronda, ¿eh? Y supongo que no lo has encontrado hoy tampoco. .Edia .P Rozzy apretó los dientes, de malhumor, pero no contestó e insistió: .D .Bdia Aruss fue secuestrado. Él no abandonaría a sus cofrades. .Edia .P Lo decía con fervor, como desafiando a cualquiera que osara decir lo contrario. El gobernador volvió a suspirar. .D .Bdia Ya. Lo sé. Sólo digo que tal vez Aruss quiso dar una vuelta fuera del recinto y fue ahí donde fue atacado. Pero no en mis termas. .Edia Marcó una pausa como para que quedase claro y agregó con voz desenfadada: .Bdia Ragasakis. Os presento a Rozzy, de los Járdicos. De llegar a desaparecer para siempre Aruss, el Gurú del Fuego, Rozzy sería su sucesor. .Edia .P Al tal Rozzy le refulgieron los ojos y su voz salió helada cuando siseó: .D .Bdia ¿Qué insinúas? .Edia .D .Bdia Nada, Rozzy, nada, .Edia aseguró el gobernador. .Bdia Estás un poco tenso: relájate. Sé que ambos sois amigos íntimos desde la infancia. Y aunque ambos estuvisteis peleándoos para el puesto de gurú… tú renunciaste a él en su favor, si bien recuerdo. Eso significa simplemente que no tienes alma de líder, Rozzy. Pero estoy seguro de que, sumando tu esfuerzo al de estos aventureros, conseguirás encontrar a tu amigo. Y, por supuesto, tenéis todos mi apoyo, siempre y cuando no entrometáis a la gente de mi ciudad en este asunto. Si inquietáis a mis pacientes, tendréis problemas. ¿He sido claro? .Edia .P .Bpenso Pacientes, .Epenso me repetí. Era una curiosa forma de hablar de sus clientes… pero supuse que, siendo seguidor de la Doncella, era normal que los considerase a todos como a almas que purificar y curar. .P Naylah asintió con solemnidad. .D .Bdia Déjalo en nuestras manos, gobernador. .Edia .D .Bdia Seremos la discreción en persona, .Edia añadió Orih enseñando todos sus dientes de mirol. .P Sirih se burló: .D .Bdia Que lo diga yo, bueno, pero ¿tú, Orih? .Edia .P La mirol le dio un codazo. El gobernador alzó la mirada hacia el elfo de pelo negro y agregó con tono aparentemente cordial: .D .Bdia No te inquietes, Rozzy. Todo acabará por aclararse… espero. Y ahora permitid que siga con mi cena. Buenas noches a todos y portaos bien. .Edia .D .Bdia ¡Buenas noches y que aproveche! .Edia le deseó Livon. .P El gobernador se retiró adentro y Sirih masculló por lo bajo: .D .Bdia ¿Portaos bien? ¿Nos ha visto acaso cara de niños? .Edia .D .Bdia Para un clérigo de la Doncella, todos nosotros somos niños, .Edia explicó Naylah, dando la espalda a la casa. .Bdia Así era también el clérigo de mi p… .Edia .P Calló de golpe y se masajeó una sien, con la respiración súbitamente precipitada. .Bpenso Cierto, .Epenso recordé. Había olvidado que Naylah también venía de los Subterráneos, allá donde los dioses warís eran más comunes. No se había unido a la cofradía hasta los doce años, por lo que normalmente hubiera debido acordarse sin problemas de su infancia y de las deidades de su familia. Sólo que, por lo visto, le costaba recordar su pasado. Y últimamente, según los demás, surgían sus recuerdos con más frecuencia… como si la llegada de esos dokohis los hubiera desencadenado. Livon posó una mano sobre el brazo de la lancera, inquieto. .D .Bdia ¿Nayu? ¿Estás bien? .Edia .D .Bdia Mm… .Edia aseguró Naylah, agarrando su lanza con mas firmeza. .Bdia Movámonos. .Edia .D .Bdia Conozco un buen albergue, .Edia intervino Yeren mientras nos poníamos en marcha. .Bdia Se llama .Sm -t nomlieu El Manantial y está cerca de aquí. Es de los más baratos, pero sigue teniendo termas incorporadas, y unas vistas preciosas al lago. .Edia .P Orih y Livon fueron seducidos de inmediato y, con Yánika que bostezaba varias veces al minuto, me alegró saber que el dicho albergue no caía lejos de donde estábamos. .D .Bdia Esto… .Edia dijo una voz molesta detrás de nosotros. .P Nos giramos. El elfo de pelo negro, Rozzy, nos había seguido por la calle. Carraspeó. .D .Bdia Para vuestra información, .Edia dijo, .Bdia no fui yo el que pidió ayuda en el consejo de gremios de Firasa. De hecho, yo no estuve ahí. Puedo encontrar a Aruss sin vosotros. .Edia .P Sirih y Naylah fruncieron el ceño. Pero fue Livon quien habló, con tono comprensivo y sin una pizca de irritación. .D .Bdia ¿No quieres que te ayudemos? .Edia .D .Bdia Er… No he dicho eso, .Edia protestó Rozzy. .Bdia Simplemente digo que vuestra ayuda es innecesaria. .Edia .D .Bdia Eso da igual, .Edia aseguró Livon con sinceridad. .Bdia Si quieres que te ayudemos, aunque nuestra ayuda sea innecesaria, ¡te ayudaremos! .Edia .P Rozzy se quedó mirándolo con una mueca suspensa que animó su rostro taciturno. Reprimí mal una sonrisa ante el optimismo de Livon. .D .Bdia Basta de bromas, .Edia gruñó al fin el Protector Járdico. .Bdia Lo encontraré aunque no me ayudéis. .Edia .D .Bdia Hace ya cinco días que tu gurú desapareció, .Edia intervino Naylah. .Bdia Si has estado buscándolo desde entonces y no lo has encontrado… puede que eso signifique que no está en la ciudad. .Edia .D .Bdia Pff, de eso estoy seguro, .Edia dijo Rozzy con sequedad. .Bdia Llegáis aquí sin tener ni idea de lo que ha pasado… Aruss no está en la ciudad. Encontramos uno de sus guantes en el borde del lago, a varias horas de marcha de aquí hacia el oeste. He vuelto a recorrer todo el borde del lago sin encontrar rastro pero… pero lo encontraré, .Edia afirmó. .Bdia Hoy he dado con un hombre que conoce bien la zona oeste y lo he contratado para que me guíe. Mañana, partiré de las puertas a las siete y, esta vez, regresaré con Aruss, cueste lo que cueste, Ragasakis. .Edia .P Dio media vuelta con brusquedad y se alejó a buen paso. Tras un silencio, Sanaytay carraspeó y comentó con voz suave: .D .Bdia Eso ha sonado a una invitación. ¿No creéis? .Edia .D .Bdia Mm, .Edia apoyó Naylah con una ligera sonrisa. .Bdia Eso parece. .Edia .D .Bdia ¿Una invitación? .Edia preguntó Livon, perdido. Y agrandó los ojos, entendiendo. .Bdia Oh… Quiere que lo ayudemos, ¿verdad? Pues podría haber sido más claro. .Edia .D .Bdia Podría, .Edia corroboró Orih. .Bdia Pero… ¿no es emocionante? ¡Dicen que los hombres que más circunloquios necesitan son los más sensibles aquí dentro! .Edia .P Se golpeteó el corazón. Puse los ojos en blanco. Sentado sobre la mochila de Livon, Tchag parpadeó y, mientras seguíamos avanzando por la calle, le preguntó a su portador: .D .Bdia ¿Qué son los circunloquios? .Edia .P Livon puso cara meditativa. .D .Bdia Mm… Esto, veamos… los circunloquios son algo así como… ya ves… .Edia .P .Bpenso Él tampoco lo sabe, .Epenso entendí. Discreto, sugerí con tono desenfadado: .D .Bdia ¿Rodeos? .Edia .D .Bdia ¡Ajá! ¡Eso mismo! ¡Rodeos! .Edia me agradeció Livon, sonriente. .P Tchag emitió un gruñido de comprensión y pareció sumirse en profundas meditaciones mientras caminábamos. Así como las calles principales estaban aún algo movidas, la que recorríamos estaba tranquila. Se oían voces y música provenientes de algunas casas de bambú, pero nada que rompiera la paz nocturna. Tras un silencio en el que tan sólo percibía nuestras respiraciones y nuestros pasos contra los adoquines, Naylah salió de sus pensamientos diciendo: .D .Bdia Hay algo extraño en este asunto, Ragasakis, y tengo la impresión de que el gobernador ha querido avisarnos de ello. Ese Gurú del Fuego… .Edia Se detuvo y su ceño se frunció aún más cuando murmuró: .Bdia Podría haber desaparecido por culpa de los propios Protectores Járdicos. .Edia .P No me sorprendí, pues la idea ya me había pasado por la cabeza. Sobre todo cuando había oído la historia de sucesiones. Pero, entonces, si Rozzy había hecho desaparecer a su amigo para sustituirlo, ¿por qué nos había pedido ayuda? No concordaba. Sanaytay inspiró, rompiendo el silencio. .D .Bdia Naylah… ¿Quieres decir que Rozzy fue el que lo…? .Edia .P La flautista no acabó la pregunta. La simple posibilidad la había dejado más pálida que de costumbre. Naylah meneó la cabeza. .D .Bdia Es sólo una hipótesis entre muchas. Tal vez ese elfo ande realmente buscando a su amigo. Sin embargo… mañana, cuando salgamos con él de la ciudad, permaneced atentos. .Edia .P Asentimos, sintiendo una nueva tensión flotar en el aire. Una traición en el interior de una cofradía siempre era turbadora. Yo lo sabía de sobra gracias a mi hermano. .D .Bdia Bien, .Edia sonrió Naylah. Y sus ojos centellearon como estrellas cuando agregó: .Bdia Entonces, al albergue a dejar nuestras cosas. .Edia .P Creí oír sus pensamientos en alto concluir: ¡y luego a las termas! .Ch "Amigos de infancia" .\" 10/04/2019 Casi estática, la niebla envolvía el ancho valle, enredándose en las ramas de los árboles, rozando la hierba húmeda y flotando sobre las aguas del lago Lur, oscuras y silenciosas. Eché un vistazo hacia atrás al llegar a una curva del camino. El peñasco de Skabra hacía tiempo que había dejado de divisarse a través de esa persistente niebla. Llevábamos ya un par de horas andando. .P Rozzy abría la marcha, encapuchado, presto y decidido. Según Yeren, seguíamos la ruta de Nyuri, que bordeaba el lago hacia el oeste y se adentraba luego en las montañas para unir, tras interminables curvas y túneles, la capital del Goli. Sin embargo, nosotros no nos dirigíamos ahí: tras otra hora de marcha en que la niebla se levantó al fin, dejamos el lago y remontamos el río que desembocaba en este, alejándonos de la ruta por el norte. .D .Bdia Disculpa, Protector, .Edia soltó Yeren cortésmente. .Bdia ¿Está aún lejos ese guía al que contrataste? .Edia .P Rozzy ni siquiera giró la cabeza cuando respondió: .D .Bdia No falta mucho, pero tendremos que cruzar el río. Hay un vado un poco más lejos. .Edia .D .Bdia ¿No se puede hacer una pausa? .Edia se quejó Orih. .Bdia Llevamos todo el día andando… .Edia .D .Bdia Acabamos de salir hace tres horas, Orih, .Edia la corrigió Sanaytay con una sonrisilla de disculpa. .P La mirol puso cara sufrida y refunfuñó algo ininteligible. Sin girarse aún y sin una palabra, Rozzy cerró el puño nerviosamente y apretó el paso. .D .Bdia Creo que el járdico se ha mosqueado, .Edia murmuró Sirih. .P Sin duda, confirmé mentalmente. La impaciencia del tal Rozzy por encontrar a su amigo gurú era tan evidente que me costaba creer que lo hubiera traicionado… pero entonces, ¿por qué el gobernador de Skabra, que parecía conocerlo mejor, sospechaba de él? .P Cuando alcanzamos el dicho vado en el río, el día se había aclarado, el viento se había levantado y los rayos de sol conseguían infiltrarse de cuando en cuando entre las nubes. Al acercarnos al río, vi a Tchag descolgarse a medias de la mochila de Livon para recoger una flor de un amarillo pálido. Lo vi darle vueltas a su hallazgo y respirar su aroma… Puse los ojos en blancos. Aquella noche, en el albergue del .Sm -t nomlieu Manantial , Yani y yo habíamos compartido cuarto con Livon y Naylah, y había temido que el imp nos diera la noche convirtiéndose en espectro. Lo habíamos atado con cadena y todo… Pero el imp había dormido plácidamente hasta el alba. Para sorpresa de Livon. Yo empezaba a sospechar que el poder de Yánika tenía algo que ver en ello. .P Rozzy saltó sobre una roca y repitió el proceso hasta alcanzar la otra ribera. El río era poco profundo, pero caía con fuerza. Me giré hacia Yánika. .D .Bdia Ten cuidado, .Edia la avisé. .P Nos pusimos a cruzar el río uno tras otro con precaución. Estaba posando los pies en la ribera justo detrás de Yánika cuando de pronto me encontré de vuelta en la otra orilla. Rozzy, que me había visto desaparecer, se había quedado atónito. Yo sentí mis ojos encenderse como fuegos y exclamé: .D .Bdia ¡Livon, serás vago! .Edia .P El aludido, que había permutado conmigo para cruzar el río, se echó a reír ruidosamente. Las mochilas no habían permutado y, a mis espaldas, advertí que Tchag me echaba una ojeada curiosa sin parecer demasiado sorprendido. .Sm -t penso Mar-haï, Livon… Cuando lo alcancé, el maldito aún se estaba riendo. Le dediqué una sonrisa maligna y lo despeiné con una violenta ráfaga de aire mientras Tchag saltaba hasta el suelo. .D .Bdia Gracias, Livon, .Edia le solté mientras continuaba tras los demás, río arriba, sin pararme, .Bdia mi mochila pesa más que la tuya. Se agradece andar ligero. .Edia .P Livon echó un gruñido al percatarse. .D .Bdia ¿Qué llevas aquí dentro? ¿Piedras? .Edia .D .Bdia Bueno, el uniforme de destructor está hecho con fibra de roca, .Edia concedí. .Bdia Pero lo que más pesa ahí son los tres libros favoritos de mi hermana. .Edia .P El aura de Yánika se llenó de vergüenza. Le sonreí a Livon y cité: .D .Bdia .Sm -t titulo Los últimos favores de un muerto de Nikata Worios, .Sm -t titulo Romances turescos de la conocida ajensoldresa Amsalia Ruverg y .Bm -t titulo Vida diaria de los pescadores de Kozera en el siglo cincuenta y cinco .Em de… ¿de quién era Yani? .Edia .D .Bdia De Valdas Kan Bókmanon, .Edia me ayudó mi hermana. .D .Bdia Vaya, es verdad, el anobo blanco de la familia más aristocrática y reputada de Kozera. A los Arunaeh los Bókmanon nos tienen una manía ancestral, .Edia aclaré. .Bdia Pero ese Valdas parece buen tipo, lo vimos una vez, ¿te acuerdas, Yani? Nunca he logrado leerme su libro, pero a Yánika le encanta, así que ni se te ocurra aligerar la mochila, Livon, porque entonces sí que te suelto una ráfaga que te manda no a la otra orilla sino a Firasa. .Edia .P Livon me alcanzó y resopló. .D .Bdia Tengo la impresión de que el máximo responsable aquí es el libro de ese Valdas… .Edia .P Le sonreí con todos mis dientes. .D .Bdia La sabiduría pesa. Qué ligera es tu mochila, en comparación. .Edia .D .Bdia ¡No me lo restriegues! .Edia protestó. .D .Bdia ¿Ya resoplas? .Edia .D .Bdia ¿Yo? ¡Esto no es nada! .Edia aseguró. .P Agarrando las correas, me adelantó al trote. Yánika se mordió un labio y murmuró: .D .Bdia Tal vez debería haber dejado a Valdas en la caja fuerte. .Edia .P Imaginándome al viejo erudito Bókmanon en persona en nuestra caja fuerte de Firasa me carcajeé. .D .Bdia Si haces eso, los Bókmanon nos declararán la guerra, Yani. .Edia .P Sólo entonces Yánika cayó en la cuenta y rió tan fuerte que el aura nos afectó a todos. Hasta vi a Rozzy reprimir una sonrisa algo torcida que borró en cuanto se detuvo. El elfo declaró: .D .Bdia Es aquí. Aquí hablé ayer con el guía. Ya debería haber llegado. .Edia .P El elfo pasó una mirada penetrante por los árboles y arbustos que crecían junto a la orilla. Sanaytay ladeó la cabeza al de un silencio. .D .Bdia Oigo una respiración. Creo… que ahí, .Edia señaló. .P Enarqué una ceja. ¿Sería alguna criatura del bosque? ¿O por algún motivo el guía se estaba escondiendo de nosotros? Hice recorrer mi órica hacia la dirección indicada reforzándola. Todos oímos un jadeo de sorpresa al ver súbitamente tanta hoja arremolinarse y enseguida apareció la silueta de un mirol vestido más bien ligero, con numerosos collares alrededor del cuello, y numerosas trenzas. Rozzy alzó una mano. .D .Bdia Buenos días, Merek, somos todos amigos, .Edia articuló. .P Por la forma en la que hablaba, daba la impresión de que consideraba a Merek como a un salvaje medio tonto. Merek frunció el ceño. Por lo visto, la presencia de tantas personas lo había alarmado. Sin embargo, se acercó. Nos observó… y agrandó muchos los ojos al ver a Orih. Qué extraño… Orih Hissa parecía haberlo reconocido a él también. ¿Ese Merek era acaso un miembro de su pueblo de montaraces? .D .Bdia Merek… .Edia .P Orih había pronunciado el nombre en un murmullo ahogado. Sus ojos se habían vuelto brillantes. .D .Bdia No es… posible, .Edia farfulló. .P No había visto aún a Orih tan turbada, y por cómo la miraron los demás adiviné que ellos tampoco. Desde luego no parecía ser un reencuentro feliz, ni para ella ni para el otro: el tal Merek se había vuelto tan pálido como la caliza. Sentí la tensión propagarse en el ambiente, y esta no venía sólo de Yánika. .P Mar-haï… Esos dos se miraban como si hubieran visto un fantasma. .P Un fantasma del que no querían acordarse. .salto El bosque, al otro lado del río, era más denso y salvaje, y también más animado. Nos acogía un trino casi continuo de pájaros desde la copa de los árboles, las ramas muertas crujían bajo nuestros pasos y, mientras avanzábamos, oí regularmente las patas de algún animal rozar hojas en su precipitada huida. Tanto ruido, más que asustar a Sanaytay, parecía acunarla y deleitarla de tal forma que a veces se paraba sin darse cuenta para aguzar el oído y su hermana tenía que agarrarla del brazo para que continuara andando. .P El misterio de Merek y Orih seguía pesando sobre nosotros. Durante el encuentro, ninguno de los dos había añadido nada e, impaciente, Rozzy había roto el silencio pidiéndole al mirol que se diera prisas para seguir el rastro del gurú. Merek había asentido sin una palabra y ahora nos guiaba a través de una maraña de madera. Jamás había visto un bosque tan enorme. En los Subterráneos, el tamaño de las cavernas siempre imponía ciertos límites; aquel bosque, sin embargo, era interminable, o me lo hubiera parecido de no haber tenido el mapa de Rosehack en mente. .P Como no acabábamos de fiarnos ni de Rozzy, ni de Merek, cada tantos pasos Sirih se envolvía en armonías y se ocupaba de marcar nuestro camino en el tronco de los árboles con su puñal, lo más discretamente posible. Me alegró saber que, pese a las apariencias, los Ragasakis sabían tomar precauciones. .P Yánika caminaba junto a mí echando frecuentes ojeadas inquietas a Orih. Se preocupaba por ella. Normal: la mirol estaba pálida y silenciosa y avanzaba con más torpeza aún de la habitual. Livon le había impedido tropezarse con una raíz ya dos veces. .P Cuando llegamos a una grieta en la cuesta que estábamos subiendo y Merek se adentró en esta, Rozzy marcó una pausa. .D .Bdia ¿Realmente Aruss fue por aquí? .Edia preguntó. .P El mirol se detuvo en la brecha, echó un vistazo hacia él, tan pálido como antes, y afirmó con la cabeza. No solamente no había dicho aún ni una sola palabra, sino que parecía estar cada vez más nervioso. ¿Sería por la presencia de Orih? ¿O por otra razón? Con intenciones de averiguarlo, intervine: .D .Bdia ¿Cómo sabes que pasó por aquí? .Edia .P Merek frunció el ceño. Y, para irritación mía, me dio la espalda y se metió en el túnel sin contestarme. Intercambié una mirada con Yánika; a ella también le parecía sospechoso el comportamiento de Merek. .D .Bdia Nos esconde algo, .Edia dejé escapar. .P Mis palabras le arrancaron una mueca inquieta a Rozzy, pero el elfo meneó la cabeza. .D .Bdia Es la única pista que tenemos. Y, si de verdad nos engaña y nos tiende alguna trampa, eso os dará la posibilidad de ser un poco útiles en vez de hacer el gamberro, .Edia dijo con tono mordaz. .P Le eché una mirada glacial. .D .Bdia ¿Gamberro? .Edia .D .Bdia ¿No vais a por Aruss vosotros también? .Edia retrucó Rozzy con sequedad. .Bdia Entonces, deja de hablar y no perdamos tiempo. .Edia .P El elfo se adentró en el túnel y lo miré con más preocupación que exasperación. ¿Qué estaba tramando ese mirol? ¿Rozzy estaría conchabado con él? Resoplé de lado. Mar-háï. Odiaba las intrigas. .P Livon asomó la cabeza por la brecha un instante y se giró. .D .Bdia Orih. Conoces a Merek, ¿no? ¿Es fiable? .Edia .P Orih Hissa parpadeó, como si la hubiesen sacado de un pozo de recuerdos. .D .Bdia Merek, .Edia repitió. .Bdia Él… era mi mejor amigo. No sé qué diablos hace aquí. Mi pueblo estaba bastante más al este… Estaba… .Edia Calló, apretando los labios. .P Livon ladeó la cabeza, meditativo, pero pareció llegar a una conclusión cuando afirmó: .D .Bdia Si era amigo tuyo, ¡seguro que no es mal tipo! Vamos, Drey, .Edia me animó. .P .Bpenso Con qué facilidad resuelves los problemas de confianza, Livon… .Epenso Pese a mí, sonreí con diversión y asentí. Le oí mascullar a Saoko unos metros atrás: .D .Bdia Qué fastidio… .Edia .P Nos adentramos en el túnel. No fue necesario casi que Sirih nos iluminara el camino con su luz armónica: nada más alejarnos de la entrada, ya veíamos la luz de la salida. Desembocamos en una especie de gran barranco boscoso rodeado de altas paredes de roca. El agua de un manantial brotaba gorgoteante a unos pocos pasos del túnel. No me gustó la situación. Si ese valle tan sólo tenía una salida… ¿adónde habría ido a parar el Gurú del Fuego? .D .Bdia Por cierto, .Edia solté, .Bdia ¿por qué se le llama el Gurú del Fuego? .Edia .P Rozzy me echó una mirada poco amigable pero contestó con solemnidad: .D .Bdia Aruss es el Superviviente del incendio del Santuario de Skabra. .Edia .P Arqueé las cejas interrogante y, ante mi ignorancia, resopló: .D .Bdia Tsk… ¿Quién no ha oído hablar del incendio del Santuario? .Edia .P Tomándose la pregunta al pie de la letra, Livon alzó una mano. Adiviné por las muecas que hicieron Orih, Sirih y Sanaytay, que ellas tampoco habían oído hablar de ello. Bueno, en el caso de Livon, probablemente lo hubiera olvidado… Yeren, en cambio, puso cara complacida ante la perspectiva de darnos explicaciones, pero Rozzy se le adelantó y contó con parquedad: .D .Bdia Hace dieciséis años, el Santuario Járdico que hay en las montañas de Skabra se incendió y todos los aprendices y monjes sagrados murieron. Sólo sobrevivió Aruss. Por eso lo llaman el Gurú del Fuego. .Edia .D .Bdia Oh-oh, .Edia dijo Livon, interesado y a la vez ensombrecido. .Bdia Es un triste pasado. Perder así a todos sus conocidos… debió de ser duro. .Edia El rostro de Rozzy se había vuelto de mármol. Livon meditó: .Bdia Ese Aruss… ¿es resistente al fuego? Dicen que algunos gnomos lo son, ¿verdad, Yeren? .Edia .D .Bdia Aruss no es un gnomo, .Edia lo cortó Rozzy con impaciencia. .Bdia Es un sibilio. Y sí, su piel tiene cierta resistencia al fuego, pero no se salvó por eso. Lo salvé yo. .Edia .P Apretó los dientes de inmediato, como si lamentara sus palabras. .D .Bdia Olvidadlo. .Edia Y se giró hacia nuestro guía con renacida energía. .Bdia ¿Así que Aruss acabó en este valle? ¿Hacia dónde va su rastro? .Edia .P Merek llevaba toda la conversación agachado junto a la tierra del suelo, buscando la pista. Giró un rostro lívido hacia nosotros. .D .Bdia Está temblando, .Edia observó Sirih, sorprendida. .Bdia ¿Te encuentras bien? .Edia .P El mirol agitó la cabeza y empezaba a preguntarme si, al fin y al cabo, era mudo cuando dejó escapar: .D .Bdia L-lo siento. .Edia .P Intercambiamos miradas suspensas. .D .Bdia ¿Lo sientes? .Edia se extrañó Naylah. .Bdia ¿Has perdido el rastro? No es tan grave, ¿sabes? No te vamos a comer. .Edia .D .Bdia Sólo las orejas, .Edia bromeó Sirih. .P Merek se estremeció. Cabizbajo, inspiró y pareció recobrarse. .D .Bdia Lo siento. Pero… creo adivinar dónde se encuentra. .Edia .P Nos dio la espalda y señaló algo en el bosque. Entorné un ojo, sorprendido de no haber reparado antes en el edificio blanco que se alzaba entre los árboles. .D .Bdia Tal vez… sea mejor dar media vuelta, .Edia agregó Merek. .Bdia Podría ser peligroso. .Edia .D .Bdia No tienes por qué venir con nosotros, .Edia aseguró Naylah. .P Fruncí el ceño. Merek no parecía aliviado por ello… pero que se librara así de nosotros me molestó aún más. .D .Bdia Ni hablar, .Edia zanjó entonces Rozzy. .Bdia No le daré el dinero hasta que haya encontrado a Aruss. Vas a venir con nosotros. .Edia .P Ahí, Merek se tensó pero asintió sin protestar. .D .Bdia ¿Podemos hacer una pausa? .Edia preguntó Orih con esperanza. .Bdia Tengo hambre… .Edia .P La intervención le arrancó a Rozzy una mueca exasperada pero los demás mostraron su acuerdo, alegrándose de que al fin Orih actuara otra vez como siempre. Livon razonó: .D .Bdia Si hay gente en esa casa, será mejor que exploremos la zona antes de intentar cualquier cosa. Como dice Merek, podría ser peligroso. .Edia .P Dánnelah… a veces olvidaba que Livon también sabía ser prudente, me impresioné. Así, tras comer rápidamente, Livon, Rozzy y Naylah se fueron a explorar la zona mientras los demás guardábamos la salida y nos empachábamos con las empanadas de Kali. Cuando Sanaytay le propuso tímidamente una a Saoko, este, que se había quedado apoyado junto a la boca del túnel apartándose deliberadamente de nosotros, le devolvió una expresión de hastío y soltó un «qué fastidio» antes de aceptar lo que le tendía la flautista. Se lo comió todo casi en un abrir y cerrar de ojos. .Bpenso Mar-háï, .Epenso pensé de pronto. Ahora que lo recordaba, el drow de pelo pincho nos había seguido desde Firasa sin siquiera prepararse para el viaje, no lo había visto comer la víspera, no había querido pagar un cuarto en el albergue, ni tampoco había cenado, ni desayunado… ¿Tan mal lo recompensaba mi hermano que no podía permitirse pagarse la comida? .P Meneé la cabeza y decidí por enésima vez no preocuparme por ese mercenario. .P Todos estábamos ocupados. Yánika había sacado su pequeño peine y le desenmarañaba la melena blanca a Tchag, Sirih echaba la siesta, Sanaytay se había alejado hacia el bosque a escuchar la melodía del valle… En cuanto a mí, estaba contemplando las nubes preguntándome cuánto tiempo esos tres pensaban estar explorando la zona cuando constaté que Merek se había movido, acercándose a Orih. Esta estaba sentada con las piernas cruzadas, tan perdida en sus pensamientos que ni se fijó. .D .Bdia Orih… .Edia murmuró el mirol. .Bdia ¿Puedo hablar contigo? .Edia .P Orih se sobresaltó, lo miró, y negó con la cabeza. .D .Bdia ¿Para qué? ¿Para preguntarme si soy una bruja de verdad? .Edia Merek nos echó una ojeada a los demás, molesto. Orih resopló. .Bdia No soy una bruja, ni tampoco lo era mi madre. Las artes que me enseñó son artes celmistas. No tienen nada de divino ni de maligno. ¿Lo recuerdas? Os ayudábamos a remover la tierra en los campos y asustábamos a los monstruos con nuestras explosiones. Y pese a todo nadie nos ayudó cuando los hombres de Farog se llevaron a mi madre. No, sí, tú me ayudaste a esconderme, .Edia lanzó con cierto sarcasmo. .Bdia Y luego regresaste a la cueva diciendo que mi madre había muerto y que yo era un demonio como ella. Y me gritaste que me fuese para siempre. .Edia .P Merek agrandó los ojos. .D .Bdia Orih… .Edia .D .Bdia ¿Acaso me lo invento? .Edia replicó ella. .Bdia Mi madre amaba a su pueblo. Y este la abandonó el día en que Farog… .Edia .P Se interrumpió cuando Merek cayó de rodillas ante ella, temblando. .D .Bdia Lo siento, Orih. Eras tan joven… Te juro que nunca pensé que fueras una bruja, ni un demonio, ni un monstruo. Si te dije todo eso… fue porque algunos sabían que te estaba escondiendo y tenías que marcharte. Lo hice para protegerte. Para que no volvieras al pueblo… .Edia Orih se había quedado mirándolo, anonadada. Merek meneó la cabeza con tristeza. .Bdia No conoces toda la historia, Orih. Cuando la acusaron Farog y su gente de brujería y la encerraron, tu madre amenazó con explotar todo su alrededor si alguien te hacía daño. Al parecer un tonto le dijo como que te estaban buscando y que ibas a ser quemada con ella… Se volvió loca. Estoy seguro de que no quería activar la explosión de verdad. Pero gritó tanto que algunos se asustaron y… y… bueno, como ya sabes, murió. .Edia .P Orih inspiró y pestañeó varias veces. Mar-háï. Con lo alegre que era normalmente, ¿quién hubiera imaginado que tuviera un pasado tan dramático? Recompuse la historia mentalmente. Loca de horror al creer que su hija estaba en peligro de muerte, la madre de Orih había amenazado con usar sus sortilegios de destrucción en plena aldea y la habían matado sin que ella causara ningún daño… .D .Bdia Todo eso es pasado, .Edia añadió Merek con voz ahogada. .Bdia Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Después de eso, Farog se volvió cada vez más ambicioso y violento. Se relacionaba con grupos de bandidos y los invitaba al pueblo… Un día, antes de que volviera de una de sus “expediciones”, los Ancianos nos hicieron descender la montaña. .Edia .P Orih inspiró. .D .Bdia ¿Quieres decir que el resto del pueblo está contigo? ¿Aquí, en este cráter? .Edia .P Merek se rebulló, nos echó otra ojeada a los demás y, tras cruzar mi mirada, desvió los ojos de nuevo hacia Orih diciendo: .D .Bdia Tengo que hablar contigo a solas. Por favor. .Edia .P Tendió una mano hacia ella y Orih puso cara a la vez sorprendida y curiosa, pero enseguida frunció el ceño y replicó: .D .Bdia Cuanto quieras decirme, puedes decirlo ante mis amigos. Confío completamente en ellos. .Edia .P Lo dijo con evidente tono acusador y Merek palideció aún más si cabe. .D .Bdia ¿Son… tus amigos? .Edia .P El brillo colérico en los ojos de Orih se desvaneció y la vi sonreír con un leve suspiro. .D .Bdia Cuando huí, no tenía adónde ir, Merek. Pensé que, porque conocía las artes celmistas, todos me llamarían bruja y me echarían como vosotros. Pero los Ragasakis son diferentes. Muchos de ellos también son celmistas. En Firasa, son respetados. Zélif fue la que me encontró. Es la líder de la cofradía. Me dio un hogar fabuloso, Merek. Y soy feliz con todos ellos. Como dices, el resto es pasado… .Edia Su sonrisa tembló y alzó bruscamente la cabeza. .Bdia Tal vez tú realmente hayas querido protegerme. Pero no olvidaré que fue la estupidez de mi pueblo la que mató a mi madre. Y su cobardía. .Edia Marcó una pausa y se cruzó de brazos. .Bdia No tengo nada más que añadir. .Edia .P Merek parecía haber recibido algún golpe duro. Aún arrodillado, paseó una mirada trémula por todos nosotros. Tras un largo silencio, lo oí murmurar: .D .Bdia Me alegro. Me alegro de que hayas conocido a gente que sea capaz de entenderte. Yo siempre… te consideré como a una hermana pequeña, Orih. Siempre pensé que podría protegerte, pero al final… sólo pude decirte que corrieras, y ahora… también. .Edia Para asombro mío, soltó un sollozo y hundió su faz en la tierra exclamando: .Bdia ¡Ni las Llamas del mundo podrán perdonarme! .Edia .P .Sm -t penso Pues vaya tragedia… Resoplé, algo molesto de ser espectador de esa conversación. Pensé que lo mejor que podía hacer era ir en busca de Livon, Naylah y Rozzy. Esos tres estaban tardando demasiado en volver. Me enderecé e iba a levantarme cuando Merek farfulló: .D .Bdia Os he… ¡Os he vendido a todos! .Edia .P Agrandé los ojos. Y, de pronto, oí una carcajada llana viniendo de detrás de una roca. Sin pensarlo, me levanté de un bote, acercándome a Yánika, mientras una voz rayada decía: .D .Bdia No hacía falta alarmarlos tan pronto, Merek… .Edia .P Vi aparecer a una figura delgada, vestida con ropa verde holgada y armada de un arco. A su lado, apareció otra. Y otra más a la derecha. Y otra acababa de salir del túnel y tenía una flecha preparada apuntándole a Saoko. Cuatro. Eran cuatro. ¿O había alguno más? Sondeé los alrededores envolviéndome en órica. Incluso a esa corta distancia, estaba seguro de ser capaz de desviar una flecha… pero no las que apuntaban a los demás. Yánika se aferró a mí y sentí un miedo agudo penetrar todos mis sentidos. Mientras reparaba en los rostros pálidos, los cabellos coloridos y los colmillos, me pareció que estos se hacían más grandes, que aquellos se movían solos como serpientes y que las expresiones se volvían monstruosas. .P Se me desató el Datsu. Cuando creí que ya el miedo de Yánika se había propagado por toda la zona agarrotándolos a todos, Saoko asesinó con la mirada al arquero que lo apuntaba y escupió sin una pizca de aprensión: .D .Bdia Vampiros. .Edia .Ch "La Visita" .\" 19/04/2019 .Bm Subterráneos, Tierras de Dágovil, año 5621: Drey, 9 años; Yánika, 4 años. .Em .P Era la primera vez que Yánika visitaba la ciudad de Dágovil. Yo ya la había visto hacía dos años, para ir a pasar los tests de la academia celmista, pero por ello recordaba sobre todo las aulas de exámenes y las expresiones cerradas de los examinadores y apenas recordaba el resto: los largos túneles iluminados moteados de puertas, la gente que avanzaba en silencio o entre cuchicheos tranquilos y desaparecía en casas, tiendas y talleres… Aun así, la última vez, me habían impresionado las estatuas de las plazas, labradas muchas veces en las mismas estalagmitas. Ahora, quería enseñárselas a mi hermana, pero Padre caminaba con rapidez y yo sabía que no era momento de vaguear. .P Estábamos llegando a una calle desde la cual se veía una gran plaza cuando Padre ralentizó y tendió una mano hacia una puerta sin cartel. Pareció de pronto acordarse de nuestra presencia y se giró hacia mí. .D .Bdia Drey. Espera aquí. .Edia .P Me lo pedía a mí. Padre nunca le hablaba a Yánika. Ni siquiera la miró a ella cuando desapareció adentro de la casa. Sentí curiosidad por saber qué era aquel lugar. No era una tienda. ¿Habría ido a hablar con algún conocido? Paseé una mirada por el muro. No había ventanas, aunque eso no era inusual. Me fijé en que la piedra había sido esculpida en algunos sitios, en particular en el marco de la puerta, representando hojas, un árbol tawmán y serpientes enrolladas… .P Serpientes, me repetí, palideciendo. Mi experiencia con la serpiente amarilla la tenía demasiado fresca en mi mente para olvidarla. Tan fresca como las prácticas a las que me había sometido Padre desde entonces para mejorar mi control sobre el Datsu. Si Yánika llegaba a fijarse en esos dibujos… Estiré de su mano menuda para llevarla un poco más lejos. Por la calle, pasaban saijits de toda raza y color. Caitos, drows, kadaelfos, elfos, belarcos, sibilios, enanos… Me senté contra el muro sin soltarle a mi hermana. .D .Bdia Juguemos a cuenta-humanos, .Edia le dije. .Bdia Uno. .Edia .P Acababa de ver pasar a un humano vestido de rojo. .D .Bdia ¡Uno! .Edia dijo Yánika, sin sentarse. .Bdia ¡Dos, tres, cuatro…! .Edia .D .Bdia Hey, .Edia protesté. .Bdia De momento no hay más humanos que el de rojo. ¿Dónde has visto los demás? .Edia .P Yani hinchó las mejillas apretando los labios y alzó al fin un índice. .D .Bdia ¡Ese! .Edia .P Me carcajeé. .D .Bdia Ese es un caito, Yani. Se parecen de lejos, pero un caito es más fuerte. ¿No ves que le saca una cabeza al de rojo? ¿Te has fijado en sus ojos? Los tiene como las… .Edia Estuve a punto de decir serpientes, pero corregí rápidamente el tiro: .Bdia Como los gecos, o como los gatos, tienen pupilas hendidas. .Edia .D .Bdia ¿Pupilas hendidas? .Edia repitió Yánika, mirando descaradamente al caito que se alejaba ya por la calle. .P Tras mi explicación, ya no me apetecía seguir con el juego, así que me levanté. .D .Bdia ¿Quieres ir a ver la estatua? La de esa plaza. .Edia .P Yánika sonrió con todos sus dientes de leche. .D .Bdia ¡Tú quieres, entonces yo también! .Edia .P Eché una mirada calculadora a la puerta por donde había desaparecido Padre y, de pronto, tomando a mi hermana en brazos, salí corriendo cuesta abajo hasta la plaza con una sonrisa pícara en el rostro. .P Pronto llegamos ante la dicha estatua. Representaba a un enorme dragón negro con las alas abiertas y con, a sus pies, varios huevos de gran tamaño. Yánika estaba maravillada, y yo no menos. Tras quedarme embelesado por un buen rato, bajé la mirada hacia una mención grabada en el pedestal. Ponía: Nalem Arsim Arunaeh. Me quedé sin aliento. ¡Ese era el nombre del Abuelo! .D .Bdia Dánnelah, .Edia murmuré. .Bdia Yánika… Esto lo hizo nuestro abuelo. .Edia .P Nunca había pensado hasta ahora que un destructor como mi abuelo se dedicara también a esculpir estatuas para dejar bonita una plaza. .D .Bdia Mm-mm, .Edia dijo de repente una voz detrás de mí. .Bdia Tu abuelo sí que es un artista. .Edia .P Me giré. Una muchacha delgada vestida de blanco y negro me miraba con las comisuras de sus labios levemente levantadas. Sus ojos eran de un azul oscuro, su cabello era malva con mechas negras y, detrás de estas, en su frente de piel gris, aparecían tres círculos concéntricos atravesados por tres líneas que se cruzaban en el centro. Reconocí en los círculos el símbolo de Sheyra, divinidad del Equilibrio y tótem de los Arunaeh, pero nunca los había visto tachados así con tres líneas. .D .Bdia ¿Drey Arunaeh, verdad? .Edia .P Desconcertado, asentí, sin soltarle la mano a Yánika. No recordaba haber visto nunca a esa muchacha, y a pesar de todo sentía en ella una extraña familiaridad. No parecía mucho mayor que yo, ¿diez, once años tal vez? Sin embargo, despedía tal seguridad en sí misma que me mosqueé un poco. Estaba más que harto de los aprendices noblecillos del Templo como para hablar con una niña de la misma calaña en Dágovil. Su mirada penetrante me estaba poniendo nervioso… Sin que se lo pidiese, se presentó: .D .Bdia Yo me llamo Rao. Encantada. .Edia .P Enseñó todos sus dientes y, súbitamente, su presencia se hizo amistosa. La miré con sorpresa y fruncí el ceño. .D .Bdia Soy un Arunaeh. No sé de qué te encantas. Nadie se queda encantado conociéndome. .Edia .P Rao ladeó la cabeza y sus ojos brillaron de diversión. .D .Bdia ¿Oh? Pues te acabo de probar lo contrario. Te voy a hacer una propuesta. Toma esto, .Edia dijo. Me tendió con su mano gris y juvenil una pequeña lágrima de cristal azul. .Bdia Si sientes algo extraño al tocarla, entonces la piedra mágica será tuya y te prometo que haré cumplir cualquier deseo que me pidas. .Edia .P ¿Una piedra mágica?, me repetí. Giré instintivamente la cabeza hacia Yánika. Ella sabía reconocer las malas intenciones y siempre reaccionaba por ejemplo cuando Ozdorun pasaba a mi lado en el Templo. Sin embargo, en ese momento, estaba muy tranquila y miraba a la muchacha sin una pizca de miedo. No me lo pensé mucho. Acepté la piedra y la observé. No era cristal normal. De hecho, no conseguí reconocer el material. Parecía una roca sin puntos flojos y me pregunté si sería capaz siquiera de destruirla. Por supuesto, no lo intenté. Ni siquiera cuando empecé a sentir un hormigueo recorrerme todo el cuerpo. Era un hormigueo extrañamente cálido. La curiosidad me empujó a preguntar: .D .Bdia ¿Qué es? .Edia .D .Bdia ¿Qué sientes? .Edia me replicó ella. .P Me encogí de hombros. .D .Bdia Energía esenciática y bréjica… .Edia .P Callé de golpe cuando sentí como si una flecha de hielo me atravesase. Una flecha de hielo que, al tocarme, prendió fuego como la yesca. Cuando vi aparecer en el dorso de mi mano los tres círculos concéntricos, jadeé. Y, por un ínfimo instante, creí ver tres líneas entrecruzadas, antes de que el Datsu tomara de nuevo su forma normal. Un miedo indefinible me embargó. .D .Bdia ¿Hermano? .Edia inquirió Yánika. .P Apreté su mano mientras veía cómo los ojos de la tal Rao se encendían de alegría. .D .Bdia ¡Kala, eres tú! .Edia exclamó. .P Y, para asombro mío, la niña se tiró sobre mí abrazándome. Varios paseantes en la plaza nos echaron una ojeada curiosa y sentí mi Datsu desatarse sensiblemente. No sabía cómo liberarme sin lanzarle una borrasca órica. Para arreglar las cosas, Yánika se había puesto a reír. Bueno, al menos no se había asustado… Carraspeé. .D .Bdia Yo… Esto… ¿Rao? Yo me llamo Drey. Creo que te estás equivocando. .Edia .D .Bdia No, .Edia negó Rao sin liberarme. .Bdia No me equivoco. No importa cuánto tiempo pase, un amigo sigue siendo un amigo… ¡Estoy tan contenta…! .Edia .P Aquello fue más de lo que pude aguantar. La aparté a la fuerza y le tendí la lágrima de cristal de vuelta diciendo: .D .Bdia No lo quiero. Estás loca. .Edia .P Rao frunció el entrecejo y suspiró sin ensombrecerse demasiado. .D .Bdia Mm… Entiendo. Me he precipitado. Lo siento. Aún sólo eres un niño… Cuando despiertes, lo entenderás, .Edia sonrió. .Bdia Quédate con la piedra. Ella es tu futuro, Drey Arunaeh. No la pierdas y llévala siempre contigo, y cumpliré tu deseo. .Edia .P Agrandé los ojos. .D .Bdia ¿Mi deseo? .Edia .P Rao dio un paso hacia atrás asintiendo: .D .Bdia Una promesa es una promesa. El día en que nos volvamos a ver, haré tu deseo realidad. .Edia Ladeó la cabeza. Sus ojos sonreían. .Bdia Hasta la vista. .Edia .P Al verla alejarse, abrí mucho los ojos y solté: .D .Bdia ¡Rao! ¡Espera! ¿Eres un hada? .Edia .P Había oído que las hadas, las de verdad, raptaban a los niños para convertirlos en árboles. Eran tonterías, claro está, pero… Esperé, atento, cuando Rao se giró. Advertí un inocente destello juguetón en sus ojos sonrientes. .D .Bdia No soy un hada. Soy una pixie. .Edia .P Cuando se marchó, me pregunté por un momento si no lo había soñado todo, pero no: la estatua de mi abuelo era real, la calidez de la mano de Yánika en la mía también lo era, y la pequeña lágrima de cristal seguía en mi palma, susurrando una magia extraña. .P Meneé la cabeza. .D .Bdia Yani. Vamos. .Edia .P Subimos la cuesta de vuelta hasta la casa donde Padre nos había dejado. Este aún no había salido. Tras una leve indecisión, hundí el cristal en uno de mis bolsillos. Aún me sentía turbado y Yánika parecía sentirlo pues, cuando me senté contra el muro, me imitó sin despegarse de mí. El rostro de Rao se me había quedado grabado en la memoria hasta tal punto que me pregunté si no estaba mi mente bajo algún hechizo. Pero no. Simplemente… Simplemente era la primera vez que alguien de fuera de la familia me había abrazado, y así, con tanta alegría y sinceridad… No, de hecho, jamás nunca nadie me había abrazado así. Ni Yánika, por ser tan pequeña, ni Madre, por ser tan exageradamente emotiva. .P .Bpenso Rao… ¿Quién eres? .Epenso me pregunté. .Bpenso ¿Y quién es ese Kala al que tanto pareces querer? .Epenso .P Me hubiera gustado saberlo. Y, por un instante, deseé que Rao de verdad volviera un día a verme. Esa niña alegre de piel grisácea y cabello malva y negro… por alguna razón me había subido el ánimo. Tal vez porque alguna parte infantil de mí pensaba que me había regalado un futuro tan brillante como el del Abuelo. .P Un futuro en una lágrima de cristal. .Ch "El Príncipe Anciano" .\" 19/04/2019 .D .Bdia Hermano… .Edia .D .Bdia No abras los ojos, Yani, .Edia cuchicheé. .P Ella, aún aferrada a mi brazo, asintió y volvió a cerrar los ojos, tratando de controlar su miedo. Los vampiros seguían apuntándonos con sus arcos. Lo más extraño era que, en una situación como esa, Sirih actuase de manera tan lenta. La armónica apenas se había enderezado y parpadeaba, como si no acabara de despertarse. El vampiro de ropa verde sonrió. .D .Bdia El agua del manantial, joven kadaelfo, .Edia me explicó. .Bdia Tiene propiedades soporíferas. Por eso… .Edia señaló algo cuesta abajo, .Bdia esa humana está totalmente amodorrada. .Edia .P Agrandé los ojos, helado. Sanaytay. Ahora que estaba de pie, pude ver a la joven morena tirada en el suelo, profundamente dormida. Apreté los dientes. Yeren alzó una mano despacio. .D .Bdia Un momento, .Edia dijo el curandero. .Bdia ¿No iréis a matarnos? .Edia .P .Bpenso Ese sí que guarda su sangre fría, .Epenso pensé. Sin embargo, cuando los vampiros enseñaron sus colmillos, divertidos, creí advertir una gota de sudor rodando por el rostro del drow albino… Resonó de pronto un golpe y un grito: .D .Bdia ¡Traidor imbécil! ¿Qué quieres decir con que nos has traicionado? .Edia .P Esa era Orih. Estaba fuera de sí y las flechas que la apuntaban poco parecían importarle: le acababa de dar una señora bofetada a Merek y el mirol se arredró balbuceando: .D .Bdia Lo siento, Orih. Los Ancianos m-me pidieron que atrajera a cuantos saijits pudiera a este lugar. Necesitamos la ayuda de los vampiros. Sólo así podremos salvar a nuestro pueblo… .Edia .D .Bdia Tú, .Edia lo cortó el vampiro de ropa verde. .Bdia Ya puedes marcharte. .Edia .P Merek asintió tragando saliva y salió corriendo, no por el túnel como había esperado, sino hacia el valle. Orih respiraba entrecortadamente con una expresión de total incomprensión en el rostro. El vampiro portavoz agregó: .D .Bdia Para tu pregunta, drow blanco, no vamos a mataros. Sois nuestra fuente, os cuidaremos bien, .Edia sonrió. .Bdia Por favor, poneos en fila y en marcha. .Edia .P Hice una mueca. Tenía la impresión de que esos vampiros no eran guerreros ni estaban acostumbrados a manejar un arco; por algo habían esperado a que el agua del valle amodorrase a varios de los nuestros antes de actuar. Y Saoko debió de llegar a la misma conclusión, pues tan pronto como los vampiros empezaron a relajarse, el mercenario se movió como una serpiente, agarró los diablos saben cómo el arco de su atacante y acabó apretándole a este una daga en la garganta. .Sm -t penso Mar-háï, eso ha sido rápido , resoplé. .D .Bdia ¿Queréis que lo mate, vampiros? .Edia preguntó el drow. .P Estos se habían tensado. Incluso leí pánico en la mirada del vampiro amenazado. Saoko escupió: .D .Bdia Si dejáis que el kadaelfo ése y la niña se vayan, no lo mataré. .Edia .P El vampiro de ropa verde enarcó las cejas. .D .Bdia ¿No te importan los demás? .Edia .D .Bdia No me incumben. .Edia .P Oí el resoplido pasmado de Orih. Yo no me sorprendí. Al fin y al cabo, Saoko era un mercenario, no era un amigo ni un aliado de los Ragasakis: cumplía meramente el trabajo que le había encomendado mi hermano. El vampiro amenazado jadeaba de horror. Era particularmente joven, constaté. .D .Bdia Limbel… Limbel, no quiero morir… .Edia .P Ante la súplica de su joven compañero, el vampiro de verde, probablemente el tal Limbel, fulminó al drow con la mirada… y finalmente asintió. .D .Bdia Está bien. Que se vayan. .Edia Otro compañero suyo le echó una mirada sombría y él razonó: .Bdia Siete saijits es más que suficiente. .Edia .P Fruncí el ceño. ¿Siete? Si en esos siete no nos contaba a nosotros, significaba que… .P .Sm Attah , gruñí interiormente. ¿En serio habían pillado a Naylah, Livon y Rozzy? .D .Bdia Lo siento, .Edia intervine de pronto. .Bdia Pero no puedo irme así. .Edia Hundí las manos en los bolsillos, sin aminorar el viento que nos rodeaba a Yánika y a mí. .Bdia Oí hablar de vampiros chupasangres que ni son capaces de hablar un idioma saijit ni se visten como ellos. Pero vosotros parecéis ser diferentes. .Edia .D .Bdia Somos vampiros de los Subterráneos, .Edia replicó el tal Limbel. .Bdia No nos compares con los idiotas de la Superficie, saijit. .Edia .D .Bdia Y no lo hago, .Edia aseguré. .Bdia Yo también soy de los Subterráneos. Sólo tengo una pregunta, .Edia agregué. .Bdia ¿Sois vosotros los que capturasteis al gurú de los Protectores Járdicos hace seis días? .Edia .P Limbel arqueó una ceja y empezó a reírse. .D .Bdia ¿Ese muchacho es un gurú? ¡No me hagas reír! .Edia .P Me alivió oírlo hablar en presente. Parecía que Aruss estaba vivo. Rozzy iba a estar contento. O no. .P De repente sentí un brusco cambio en el aire y giré los ojos hacia la entrada del túnel. Vi a Saoko dar un bote de lado para evitar un garrotazo: un forzudo mirol acababa de aparecer en la boca del túnel. Liberado, el joven vampiro dejó escapar un grito atragantado y se alejó de un paso rápido. Adiós rehén, adiós negociaciones… .D .Bdia Parece que llego en un buen momento, .Edia masculló el gran mirol con voz profunda. .P .Bpenso No precisamente, .Epenso siseé para mis adentros. Orih se había quedado otra vez muy pálida y la oí murmurar: .Bdia ¿Rakbo? .Edia Limbel resopló con un brillo colérico en los ojos. .D .Bdia Lo que has hecho ha sido arriesgado, saijit idiota, .Edia le siseó al tal Rakbo. .Bdia ¿Y si lo hubiese matado? .Edia .D .Bdia Pero no lo ha hecho, .Edia sonrió el gran mirol. No parecía tener muchas luces. .P Limbel lo ignoró y me apuntó bien claramente con su arco diciendo: .D .Bdia Soltad vuestras armas. A empezar por el drow. ¿No querrás perder a tu preciado protegido? .Edia .P Saoko le devolvió una mueca de disgusto y empezó a descargar sus incontables cuchillos y demás armas. Suspiré y lo imité entregando mi navaja. De momento, lo mejor era seguir la corriente. Puesto que Aruss seguía con vida, a nosotros tampoco nos matarían tan rápido. Y huir sin haber al menos intentado salvar a los ya capturados… hubiera sido de cobardes. En cuanto a los miroles… Le eché un vistazo a Rakbo. El grandullón contemplaba las armas de Saoko con cara pasmada. ¿Por qué diablos nos habrían vendido? ¿Por dinero? ¿Por miedo? .P Los vampiros espabilaron lo suficiente a las dos hermanas armónicas para que se movieran y nos guiaron cuesta abajo, bosque a través, hasta el edificio blanco. Este se encontraba en una pequeña colina rodeada de hierba verde. El edificio en sí parecía haber estado abandonado por mucho tiempo, porque quitando un ala de este más o menos restaurada, el resto estaba en ruinas. .P Entramos en la parte renovada, por una gran puerta maciza y carcomida. Ahí, nos acogieron cuatro vampiros más. Ya iban ocho. Pero no podían ser muchos más… ¿verdad? De no ser así, la huida iba a complicarse. .P Todos iban bien vestidos, uno incluso llevaba gafas y otro tenía una pata de madera. Definitivamente, esos vampiros no eran los monstruos sedientos de sangre e incivilizados que pintaban los libros del Templo. No mostraron menos su alegría al ver la buena caza. El vampiro de verde, Limbel, los cortó con un gesto y, acercándose a un biombo blanco que había al fondo de la sala, se arrodilló diciendo: .D .Bdia Príncipe Anciano, ya hemos vuelto. .Edia .P Hubo un silencio y entonces oímos una voz quebrada responder: .D .Bdia ¿Todos sanos y salvos? .Edia .D .Bdia Todos sanos y salvos, Príncipe Anciano, .Edia confirmó Limbel. .Bdia Con lo que traemos, te repondrás rápido. .Edia .P Hubo un silencio y Yánika se agarró más a mi brazo. Su aura despedía ahora una profunda curiosidad mezclada con tristeza. Enarqué una ceja. ¿Ya no tenía miedo? Sus ojos negros estaban fijos en el biombo blanco, deseando por lo visto poder ver a ese Príncipe Anciano. .D .Bdia Haré lo que pueda… muchachos, .Edia contestó al fin el Príncipe Anciano. .P Limbel se levantó y se giró hacia nosotros con una expresión decidida. .D .Bdia Llevadlos abajo. .Edia .P Pasamos por una trampilla y bajamos las escaleras. Pronto nos encontramos en un gran pasillo cercado de cuatro grandes celdas. Oí ruido en una de estas y creí reconocer la voz imperante de Naylah pidiendo silencio. Cuando uno de los vampiros abrió la celda, entendí que probablemente era la única que habían podido restaurar: algunos barrotes de las demás estaban en tan mal estado que hasta un niño las hubiera podido partir en pedazos. .D .Bdia ¡Vosotros! .Edia dijo Naylah, sorprendida. .Bdia ¿También os han atrapado? .Edia .P Entramos formalmente. Orih no quería ser tan complaciente, pero Yeren la agarró por el brazo con suavidad y acabamos todos metiéndonos en la celda. A la lumbre de la antorcha que había a la entrada, pude ver la gran sonrisa de Livon. .D .Bdia ¡Estáis todos bien! .Edia .P Le dediqué una media sonrisa y busqué a Rozzy: el elfo estaba arrodillado junto a una silueta tumbada sobre un montón de paja. Yeren enseguida se acercó, solícito. .D .Bdia ¿Está herido? .Edia .D .Bdia ¡Atrás! .Edia bufó Rozzy. .P Nos sobresaltamos. Rozzy nos fulminó con la mirada. .D .Bdia Se suponía que debíais ser útiles, malditos. Pero ¡Esencias Sagradas! lo único que habéis conseguido es acabar en esta ratonera llena de chupasangres. Me lo pagaréis… .Edia .P El járdico estaba airado. Probablemente porque estaba muerto de miedo. Paseé mi órica hasta el cuerpo tumbado y me alivió constatar que seguía respirando. Ladeé la cabeza. Pese a la oscuridad, adiviné el rostro sibilio del Gurú del Fuego, cercado de mechones rojos. Era joven. Probablemente igual de joven que Rozzy. .D .Bdia ¿Qué vamos a hacer? .Edia suspiró Orih. .D .Bdia Salir de aquí, de alguna manera, .Edia bostezó Sirih. .P La armónica aún estaba medio dormida y se fue a sentar con Sanaytay contra un muro sin parecer tener tanta prisa por salir. Doce, pensé. Éramos doce en la celda. Hice una mueca, afirmando para mí: .Bpenso Saldremos de aquí y rápido. .Epenso .P A falta de poder acercarse al gurú, Yeren se arrodilló junto a las armónicas para asegurarse de que el agua no las había envenenado. Lo vi cerrar los ojos y concentrarse para soltar sus sortilegios de endarsía. La expresión aliviada que se fue pintando en su rostro nos tranquilizó a todos. Livon inspiró de pronto alarmado: .D .Bdia ¿Y Tchag? .Edia .D .Bdia Conmigo, .Edia sonrió Yánika. .Bdia Está aquí. .Edia .D .Bdia ¡Estoy aquí! .Edia afirmó el imp. Saliendo de la capucha de mi hermana, aterrizó en las viejas piedras que cubrían el suelo y opinó: .Bdia Está muy oscuro. .Edia .D .Bdia Pues que no se te ocurra transformarte ahora, .Edia masculló Sirih desde su esquina. .P Como cada vez que se mencionaba su hipotética transformación en dokohi, Tchag se asustó y se apresuró a subirse al hombro de Livon, temeroso. .D .Bdia No se transformará, .Edia aseguró Livon con confianza. .P .Bpenso No, no lo hará mientras Yánika esté cerca, .Epenso pensé. .P De una mano, tanteé el muro, y luego un barrote. Percatándose, Naylah preguntó con esperanza: .D .Bdia Drey, ¿crees que podrías quebrar esto? .Edia .P Me giré hacia ella, casi divertido de que me lo preguntara. .D .Bdia Por supuesto. Sólo es hierro y granito. Sin embargo… no creo que sea el mejor momento para huir de aquí. Sirih y Sanaytay todavía están medio dormidas. .Edia .D .Bdia ¡ .Sm -ns Ta ! Estoy perfectamente, .Edia replicó Sirih abriendo los ojos. .P Sanaytay masculló algo en sus sueños como para corroborar. Tras una ojeada hacia el cuerpo tendido de Aruss, Naylah meneó la cabeza. .D .Bdia Tienes razón. Pero, si esperamos, tal vez esos vampiros nos dejen en el mismo estado que al gurú. .Edia .D .Bdia Ese podría ser un problema, .Edia reconocí. .Bdia Por lo que he entendido, ese Príncipe Anciano está muy herido o de alguna manera muy enfermo. Lo más probable es que no escatimen con nuestra sangre. .Edia .P Orih se abrazó a sí misma como recorrida de escalofríos. Livon consideró: .D .Bdia Si podemos salir de aquí sin luchar, vale la pena intentarlo. Me presentaré voluntario para que me quiten sangre. Curaré a ese tipo. .Edia .P Lo miré, atónito. .D .Bdia ¿Eres tonto? .Edia lancé, incrédulo. .Bdia Tu inconsciencia será infinita, pero no tu sangre. Además, cuando ese príncipe se haya curado, lo que quede de nuestra sangre será el festín para el resto. .Edia .D .Bdia Ellos dijeron que no nos matarían, .Edia objetó Livon. .Bdia ¿Crees que mentían? .Edia .D .Bdia ¿Tan ingenuo eres? .Edia resoplé. .D .Bdia Por supuesto que mentían, .Edia gruñó súbitamente una voz. .Bdia Son vampiros. .Edia .P Bajé la cabeza hacia Saoko. Sentado contra un muro, el mercenario abandonó al fin su silencio mohíno, torció los labios y agregó: .D .Bdia Malditas celdas. .Edia Desvió un ojo aburrido hacia mí. .Bdia ¿Por qué no la abres? .Edia .P Le devolví una mirada igual de aburrida. .D .Bdia ¿Para qué? Hay ocho vampiros ahí arriba. Y estamos en una habitación subterránea, con lo que si decidiéramos abrirnos otra salida, tendría que cavar un túnel en la tierra. No me costaría mucho, pero los vampiros se enterarían y tenemos a dos armónicas amodorradas y a un gurú que no se puede mover. .Edia .P La mirada que me echó Saoko era de puro fastidio. No replicó y, por la costumbre, se llevó las manos a su cinturón. Echaba en falta sus armas. Pero en vez de maldecir de nuevo como yo esperaba, se levantó con cara contrariada y fue a arrimarse contra los barrotes. Naylah se cruzó de brazos. .D .Bdia Que me hayan quitado Astera es imperdonable, .Edia declaró. .Bdia La recuperaré como sea. .Edia .D .Bdia Mm… Ahora que lo pienso, Naylah, ¿cómo es que os han capturado? .Edia preguntó Yeren con curiosidad. .D .Bdia ¿No me digas que te asustaron los arcos, Nayu? .Edia se burló Sirih, abriendo un ojo. .P Livon y Naylah intercambiaron una mirada y Rozzy se curvó ligeramente sobre el cuerpo de Aruss cuando la lancera contestó: .D .Bdia Me aparté durante las exploraciones y, cuando me amenazaron, ya habían capturado a Rozzy y a Livon. No tuve elección. .Edia .P Aquello me hizo recordar mis sospechas sobre Rozzy y, tras verlo contemplar pálida y preocupadamente a su amigo gurú, las acabé por desechar. Pensar que Rozzy estaba compinchado con unos vampiros y actuaba tan estupendamente ante nosotros… era pedir demasiado a la imaginación. .P Bruscamente, volvió a abrirse la trampilla con un crujido sordo de madera y la luz del día se infiltró en el pasillo. Apreté los dientes. .Sm -t penso ¿Tan pronto? .D .Bdia ¿Puedo pediros un favor? .Edia dijo súbitamente Yeren. .Bdia Dejadme ir a mí. .Edia .P Miramos todos al curandero con sorpresa. .Bpenso ¿Qué pretendes, Yeren? ¿Sacrificarte? ¿O algo más sensato que lo que planeaba hacer Livon? .Epenso No tuvimos tiempo de preguntárselo. Cuando llegaron los vampiros, Limbel anunció: .D .Bdia Atención todos: hora de merendar. .Edia .P Yeren alzó una mano acercándose a los barrotes. .D .Bdia Disculpa. Soy curandero. Si mis servicios son necesarios, puedo prestaros una mano. .Edia .P Limbel parpadeó pero entonces enseñó sus dos grandes colmillos en una sonrisa tétrica. .D .Bdia Lo siento, pero preferimos que nos prestes tu sangre, drow albino. .Edia Abrió la celda y agregó: .Bdia Adelante. .Edia .D .Bdia Yeren… .Edia murmuró Livon, inquieto. .P Ignorándolo, el curandero salió de la celda y nos puso una expresión tranquila al alejarse. Sólo que Yánika, ella, no estaba para nada tranquila. Apreté los dientes. .Bpenso A mí no me engañas: sólo estás fingiendo que todo va bien, Ragasaki… .Epenso Recordé que si el curandero había venido con nosotros era para rellenar sus reservas de pasalla y me contrarió que él fuera el primero en sufrir en nuestro viaje. Pero… no podía actuar con precipitación, destruir la celda y mostrar mis poderes sin estar seguro de que la huida funcionaría. .P De pronto, Orih se agolpó contra los barrotes y berreó a los vampiros que ya se alejaban: .D .Bdia ¡Si le pasa algo a Yeren haré explotar toda la casa! Que conste. .Edia .P El vampiro de las gafas se giró enarcando una ceja. .D .Bdia ¿Eres celmista? .Edia .D .Bdia Y una muy poderosa, .Edia sonrió Orih, enseñándole unos dientes afilados. .P El vampiro puso los ojos en blanco, incrédulo, pero aseguró: .D .Bdia No vamos a matar a tu amigo. No desperdiciamos vidas. .Edia Sonrió alzando una mano con dos dedos cruzados. .Bdia Palabra de vampiro. .Edia .P Sin más dilaciones, desapareció detrás de la trampilla y nos dejó otra vez iluminados a la sola luz de la antorcha… envueltos en un aura de tensión. Posé unas manos tranquilizadoras sobre la cabeza de Yánika. .D .Bdia Todo irá bien, .Edia le prometí. Sentí su aura dubitativa y afirmé: .Bdia Te lo prometo. .Edia .P Mi hermana se relajó. Sus esfuerzos por reprimir su aura empezaban a preocuparme. Generalmente, tan sólo reprimirla durante un rato le requería mucha energía y concentración. Yo le solía decir que, en vez de reprimirla a la fuerza, lo hiciera pensando en otras cosas, en un recuerdo agradable, pero cuando uno se sabía encerrado en una celda con vampiros cerca, era natural que esas técnicas de autoengaño no le funcionaran del todo. .D .Bdia Mm… Ese vampiro me recuerda a Loy, .Edia comentó Orih, aún agarrada a los barrotes. .Bdia Y no sólo por las gafas. Parece el típico erudito que te podrías cruzar en una biblioteca. .Edia .P Me atraganté. El típico erudito, sí, claro, ¡un poco más y lo confundía con un escriba de Tatako! El aura de Yánika se cubrió de diversión. Sirih replicó desperezándose: .D .Bdia ¿Tú has visto a muchos eruditos con colmillos de varios centímetros? .Edia .D .Bdia ¿T-tan… tan grandes son? .Edia tartamudeó Sanaytay. La armónica de silencio había espabilado un poco, pero la simple mención de los colmillos la había hecho palidecer como una piedra de luna. .P De pronto, oímos un ruido gutural y nos giramos todos hacia el Gurú del Fuego. Aruss había despertado. Murmuró: .D .Bdia Es… Esen… cia… Rozzy. ¿Por qué…? .Edia Su cuerpo temblaba ligeramente. .Bdia R-Rozzy. Yo sólo quería vivir… una vida normal… .Edia .P Intentó enderezarse pero Rozzy se lo impidió. .D .Bdia Estás muy débil, Aruss… No te muevas. .Edia .P Aruss lo miraba con un extraño asombro. .D .Bdia ¿Por qué? .Edia repitió. .Bdia ¿Por qué arriesgas tu vida por mí, Rozzy? El otro día… te dije cosas horribles. .Edia .P Rozzy agitó levemente la cabeza. .D .Bdia No importa, Aruss. Yo también fui injusto contigo. Te pedí que regresaras y que siguieras con una vida que te hacía infeliz. Fui egoísta. Sólo… quisiera que me perdonaras. .Edia .P Juntó ambas manos, como si se fuera a poner a rezar. Intercambié una mirada curiosa con Livon. Ajenos a su alrededor, esos dos járdicos estaban en pleno enredo dramático. Y Aruss parecía sufrir especialmente. .D .Bdia No soy ya tu gurú, Rozzy, .Edia lo corrigió el sibilio pelirrojo con voz débil pero profunda. .Bdia Renuncié. Dejé una carta. Tal vez no fueron las mejores formas de despedirme, pero no es como si me hubiese ido sin avisar a los míos. Lo irónico es que acabara tan pronto en manos de unos monstruos… Debe de ser mi destino por ser tan irresponsable. .Edia .P Sonrió con tristeza. Rozzy se estremeció. .D .Bdia Te equivocas, .Edia murmuró el elfo. .Bdia Quemé la carta. Hice todo cuanto pude para hacer pasar tu desaparición por un secuestro. Burlé a todos, con la esperanza de que cambiarías de opinión y volverías. Aún estás a tiempo de hacerlo. .Edia .P Aruss lo miró con los ojos muy abiertos. Esta vez, se enderezó. .D .Bdia ¿Quemaste la carta? ¿Y los demás hermanos no saben que renuncié? .Edia Su voz tembló de enojo. .Bdia ¿A qué juegas, Rozzy? .Edia .P Rozzy se había quedado paralizado. Susurró con tono abatido: .D .Bdia Te suplico me perdones, Maestro. .Edia .D .Bdia Ya no soy maestro de nadie, .Edia replicó Aruss. .Bdia Ya no soy Gurú del Fuego. No soy el fetiche de nadie. Esencia, .Edia suspiró. .Bdia Tú me salvaste de ese incendio, ¿recuerdas? Aunque en el Santuario no fueras más que el hijo de una cocinera, siempre te vi más como a un amigo que como a un sirviente… Y si llegué tan lejos, fue gracias a tu apoyo, a tus consejos, y a lo que creía que era amistad verdadera. Entonces… ¿por qué, Rozzy? ¿Por qué me traicionas así? ¿Por qué intentas encadenarme? .Edia .P Hubo un largo silencio. Rozzy estaba en pleno tormento. La expresión tensa y fruncida de Yánika lo atestiguaba. Así que era eso: Aruss había dejado su puesto de gurú de los Protectores Járdicos, pero Rozzy había querido disuadirlo disfrazando su partida de secuestro para darle una oportunidad a Aruss de recapacitar. .P Ambos parecían haber entrado en un mutismo cargado de amargura y culpa. Livon carraspeó, rompiendo el silencio con discreción: .D .Bdia Tchag. ¿Podrías ir junto a la trampilla y ver si consigues oír algo? .Edia .D .Bdia ¡Voy, voy! .Edia .P Dando unas ridículas volteretas, el imp pasó entre los barrotes y se alejó escaleras arriba. Esperamos en la celda, expectantes. Yo rocé la piedra con la mano buscando ya los puntos flojos y memorizándolos para estar listo en el momento de hacerla estallar. Mientras Tchag hacía de espía, Naylah preguntó: .D .Bdia Sanaytay. ¿Crees que podrías anular el ruido de la explosión? .Edia .D .Bdia La de Drey, sí, .Edia asintió la armónica. .Bdia La de Orih, no. .Edia .P Le eché una mirada curiosa a la mirol y aproveché el silencio para comentar, interrogante: .D .Bdia Dijiste cuando nos conocimos que también eras destructora. .Edia .P Orih Hissa desvió sus ojos meditativos de los járdicos y me dedicó una sonrisa inocente. .D .Bdia No soy una destructora órica. Soy explosionista. Hago explosiones en cadena con energía brúlica y aríkbeta. .Edia .D .Bdia Sus explosiones son impresionantes, .Edia afirmó Livon. .Bdia Ella es la que hizo volar la mayoría de los arrecifes de la zona de Firasa, ¿no te lo dije? Vaya, Orih, deberías invitarlo alguna vez a tus prácticas. .Edia .P Agrandé los ojos como platos. ¿Esa mirol torpe y parlanchina había volado arrecifes? Orih Hissa se había sonrojado suavemente de placer y nerviosismo ante mi mirada fija. .D .Bdia Lo malo es que sólo puede hacer una explosión al día, .Edia intervino Naylah. .Bdia Además, es tan potente que no sirve para sacarnos de la celda: nos calcinaría a todos. .Edia .P Orih puso cara mohína. Ya había oído hablar de gente capaz de realizar explosiones en cadena, pero no hubiera imaginado que una chica tan joven como Orih fuera capaz de llevar una a cabo. Su madre debía de haberla entrenado día tras día sin descanso… Mar-háï. Cuanto más conocía a los Ragasakis, más me sorprendían. .P Sacándome de mis pensamientos, Tchag regresó declarando con alegría: .D .Bdia ¡El Viejo le ha dicho a Yeren que era un hombre valiente! .Edia .P Nos quedamos todos esperando, pero Tchag no añadió una sola palabra: volvió a entrar en la celda, se subió a la reja y fue pasando de barrote en barrote con la habilidad de un mono, obviamente contento de haber completado su misión. Resoplé. .Bpenso Attah… ¿Y qué nos importa que Yeren sea un hombre valiente? .Epenso .P Aruss intervino tímidamente: .D .Bdia Esto… ¿Creéis que podremos salir de aquí con vida? .Edia .P Nos giramos hacia él. El sibilio pelirrojo tenía, en sus ojos pálidos y desfallecidos, un destello de esperanza. Livon sonrió. .D .Bdia No vamos a morir. Los vampiros dicen que no nos matarán, y les creo, .Edia afirmó, echándome una mirada pertinaz. .Bdia Pero salvaré a ese Príncipe Anciano a mi manera. Drey, ¿puedes abrirme el camino? .Edia .P Enarqué una ceja, circunspecto. ¿Tenía algún plan o pensaba simplemente enfrentarse a los vampiros de cabeza? No se lo pregunté y, con la ayuda de Sanaytay, creé una abertura en el muro en un relativo silencio. .D .Bdia ¿No era más fácil romper los barrotes? .Edia inquirió Orih. .D .Bdia La piedra es más fácil, .Edia aseguré. .P Con viento órico, tiré todo el polvo que se había levantado hacia abajo. Livon pasó por la abertura y, mientras lo seguíamos, él se alejó hasta la celda de enfrente, recogió un trozo de barrote roto puntiagudo y se lo tendió a Naylah. .D .Bdia Escuchad. Cuando lleguemos arriba, Drey tirará con su viento el biombo blanco que esconde al Príncipe Anciano. Nayu, tú me pondrás este barrote contra la garganta y yo permutaré con el vampiro. Si todo va bien, no habrá derrame de sangre. ¿Vamos? .Edia .P Las cuatro Ragasakis asintieron, convencidas por el plan, concretándolo en algún punto. Saoko no comentó nada, pero se lo veía ansioso por salir y recuperar sus armas. Yo me quedé un instante mirando a Livon, suspenso. Era la primera vez que lo veía exponiendo un plan de verdad. .D .Bdia ¿Drey? .Edia interrogó Livon, expectante. .D .Bdia Mar-haï… .Edia Sonreí anchamente. .Bdia Hagámoslo. .Edia .P Dejamos a Rozzy ocuparse de Aruss y subimos las escaleras hasta la trampilla, envueltos en el silencio de Sanaytay. Posé una mano sobre la cerradura. La madera era bastante más difícil de hacer explotar, porque el tejido era extremadamente diferente del de los minerales, además de ser más complicado. Sin embargo, la cerradura, en sí, era de metal. La estallé y salimos todos como un remolino, rodeados de sombras armónicas y listos cada uno para desempeñar nuestro papel. Ante las miradas estupefactas de los ocho vampiros, solté una ráfaga de bies hacia el biombo y este echó a volar por media habitación. Detrás de donde había estado el biombo blanco, había una forma angulosa y arrugada acurrucada sobre la silueta de Yeren, pero apenas la vislumbré: al instante siguiente, Livon estaba mordiéndole el cuello al curandero y el Príncipe Anciano se encontraba en manos de Naylah, bajo la amenaza del barrote afilado. .D .Bdia ¡Que nadie se mueva! .Edia bufó Naylah. .Bdia Tenemos a vuestro Príncipe. .Edia .P Livon escupió asqueado con las mejillas embadurnadas de sangre… ¿Sangre? No, era un líquido verde claro. Eso no podía ser sangre. A menos que el drow albino… Dánnelah, pensé, pasmado, cuando vi que una larga hilera de sangre verde clara recorría el torso del curandero. Sí que era sangre. Limbel siseó, rabioso: .D .Bdia Vosotros… .Edia .D .Bdia Ni un movimiento, .Edia recordó Sirih. .D .Bdia Sois unos precipitados, amigos, .Edia suspiró Yeren. .Bdia Estábamos esperando a ver si mi sangre podía curar al Príncipe Anciano. Pensé que podría hacerlo, ya que los vampiros guardan más fácilmente las propiedades de la sangre que beben. Su cuerpo no debería responder negativamente… Y parece que tiene efecto, .Edia añadió. .P No veía yo qué efecto le había hecho al vampiro viejo: este reposaba a medias su peso contra la lancera, incapaz de tenerse solo en pie, casi inconsciente. En ese momento, sin previo aviso, Livon se desplomó de bruces contra el jergón. ¿Efectos de la sangre o de la permutación? No fui capaz de decirlo. En cualquier caso, los vampiros estaban furiosos. .D .Bdia ¡Soltadlo, malditos saijits! .Edia gruñó una vampira. .D .Bdia ¡Como se os ocurra hacerle un solo rasguño…! .Edia graznó otro. .D .Bdia No vamos a hacerle daño, .Edia aseguró Naylah. .Bdia Sólo queremos que nos devolváis nuestras armas y que nos dejéis salir de aquí sin detenernos. .Edia .P Los vampiros sisearon imprecaciones. El Príncipe Anciano intervino con una voz grogui: .D .Bdia Haced… lo que os pidan… muchachos. Estoy mejor. Mucho mejor. El dolor… se va. .Edia .P Aquella noticia los acalló a todos. Limbel farfulló: .D .Bdia ¿En serio? .Edia .P Mientras hablaban, Yánika, Sanaytay, Saoko y yo nos dedicamos a recoger nuestras pertenencias en la esquina opuesta de la habitación. Al girarme, pude ver al viejo vampiro abrir unos ojos grandes en los que me pareció que destellaba una inmensa sabiduría. Y al ver ese rostro arrugado y ese tatuaje negro en forma de estrella de tres puntas en su frente, sentí como si ese vampiro debería haberme recordado algo. ¿Algo de algún libro del Templo, quizá? .P Yeren se levantó y, cuando volvió a ponerse la camisa, me fijé en que su herida había sanado por completo. .Bpenso Dánnelah, .Epenso resoplé. .Bpenso ¿Si será un monstruo ese también? .Epenso El curandero avanzó unos pasos hacia el viejo vampiro. .D .Bdia Me alegro de que estés mejor, Príncipe Anciano. Como te dije, cabía la posibilidad de que todo saliese mal, pero… la fortuna nos ha sonreído, .Edia dijo con una sonrisa. .Bdia Es increíble de todas formas que sigas consciente: el que acerca demasiado la nariz a mi sangre suele caerse redondo. .Edia .P De ahí la reacción de Livon, entendí. No dejaba de pensar que Yeren era una caja de sorpresas. Que fuera un drow albino mutado era una cosa, ¿pero que tuviera sangre clara y que algo en esta fuera capaz de curar y dejar inconsciente a los que la respiraban? Ya-naï… No me lo hubiera creído si no lo estuviera viendo con mis propios ojos. .D .Bdia Escuchad, todos, .Edia nos dijo Yeren. .Bdia El Príncipe Anciano me ha dicho que quienes le causaron esa horrible herida en los Subterráneos fueron unos saijits de ojos blancos. .Edia .P ¿Saijits de ojos blancos? Jadeé. ¿Se refería a los dokohis? Naylah había palidecido y esperé que de tanta tensión no le apuñalara al viejo vampiro con el barrote… .D .Bdia Príncipe Anciano, .Edia retomó Yeren con sincero respeto. .Bdia Si no es mucha impertinencia, ¿puedo preguntar si de verdad eres la misma figura legendaria de la que hablan los libros? ¿El Príncipe Anciano, el Guardián Blanco de la Sabiduría? .Edia .P Le eché una brusca ojeada al curandero, suspenso. ¿El Guardián Blanco de la Sabiduría? No solamente ese era el nombre de un asistente divino que servía a Tatako, deidad de la Escritura y la Sabiduría, sino que las leyendas en las que aparecía casi siempre lo representaban como a un monje warí en posición sentada, capaz de leer las mentes de quienes iban a verlo y capaz de recordar cuanto le contaban hasta el más mínimo detalle. Los Arunaeh, por ser expertos bréjicos, nunca habían mostrado gran interés en tan disparatadas leyendas, pero todo subterraniense conocía alguna… Sin embargo, en ningún momento de mi educación recordaba haber leído una historia en la que el Guardián Blanco de la Sabiduría fuera un vampiro. Mar-háï. Eso era romper los sueños de todos los estudiantes y escribas que intentaban imitarlo… .P El viejo vampiro esbozó una sonrisa. .D .Bdia No exactamente. Comparto ciertas similitudes, es cierto, pero las figuras legendarias están y se quedan en los libros. .Edia .D .Bdia ¿De verdad fuiste atacado por dokohis? .Edia preguntó Naylah con voz ahogada. .P El Príncipe Anciano frunció levemente el ceño, pasó una mirada por todos nosotros y musitó: .D .Bdia Lo fui. Conversemos con calma, ¿queréis? Muchachos: no intentéis nada ni toquéis una gota de sangre de estos saijits. Son mis huéspedes. Tratadlos como tales. Tú, hermosa niña, sé amable y suéltame. .Edia .P Naylah se sonrojó ante el apelativo pero no se dejó ablandar y se giró hacia Yeren. Con expresión sombría, vi a este asentir con la cabeza, dándole el visto bueno para que liberase al Príncipe Anciano. .Sm Attah… Me adelanté y le cuchicheé a Yeren: .D .Bdia ¿Crees que es una buena idea? .Edia .D .Bdia El objetivo principal de nuestra misión es rescatar al gurú járdico para recibir ayuda del consejo de gremios y sacar información sobre los dokohis, .Edia me recordó Yeren en voz baja. .Bdia Si este sabio ha sido atacado por ellos… la información que pueda proporcionarnos no tendrá precio, ¿no crees? .Edia .P ¿Había dicho “sabio”? Por lo visto, que fuera sabio era para el curandero una cualidad que le restaba toda importancia al hecho de que fuera un chupasangre. Me encogí de hombros y, sin bajar la guardia, me giré hacia los vampiros: estos estaban pendientes del más mínimo de nuestros gestos. Puse los ojos en blanco y, con andar tranquilo, me reuní con el resto de los Ragasakis mientras Naylah liberaba al Príncipe Anciano. Una vez este libre, le tendí la lanza a Naylah, junto con su mochila, y al pasar tan cerca del viejo vampiro, ambos cruzamos miradas. Tenía más arrugas que mi bisabuela. Sus ojos eran anormalmente grandes, el blanco del ojo más gris que blanco, y una pupila negra ligeramente verdosa que cubría todo el iris hasta hacerlo desaparecer. Estaba así, como atrapado por su mirada, cuando creí ver una luz violácea iluminar de pronto sus pupilas. Lo vi parpadear una vez… Y entonces, para asombro mío, cerró los ojos y se desplomó hacia mí. Reaccioné instintivamente impidiéndole que cayera y sorprendiéndome de paso de lo ligero que era. Me arrodillé para tumbarlo y resoplé: .D .Bdia Mar-háï, ¿y ahora qué le pasa? .Edia .D .Bdia Aún no está del todo recuperado, .Edia reconoció Yeren. .Bdia Necesitará beber al menos tres o cuatro veces más de mi sangre para… .Edia .D .Bdia ¡Apártate! .Edia ordenó Limbel, precipitándose. .P Me lo decía a mí. Acabé de posar sobre el suelo al Príncipe Anciano y me aparté con prudencia hasta donde se encontraban Yánika y los demás. Todos habíamos recuperado nuestras pertenencias, pero los vampiros también habían aprovechado el momento en que el Príncipe Anciano había sido liberado y más de uno manoseaba nerviosamente su arco. En ese instante, Livon recobró el conocimiento y, aunque parecía medio dormido, el ver a los vampiros tan cerca lo espabiló lo suficiente para reunirse con nosotros. Tchag se apresuró a dejar la capucha de Yánika para refugiarse en la capa del permutador. .D .Bdia ¿Estás bien? .Edia le murmuré. .P Asintió, frotándose el pelo azul con los párpados a medio abrir y farfullando: .D .Bdia Más o menos… .Edia .D .Bdia Son efectos del gas que produce mi sangre, .Edia explicó Yeren ante mi expresión inquieta. .Bdia Se repondrá. En realidad, Livon, me extraña que hayas sido siquiera capaz de moverte tan pronto. La última vez lo inhalaste de lejos pero esta vez te lo has llevado de pleno. .Edia .D .Bdia Así que tiene los morros llenos de sangre verde, .Edia se burló Sirih. .Bdia Parece un chupasangre. .Edia .P Livon meneó la cabeza, bostezando. Me volví a centrar en los vampiros. Limbel y un compañero suyo acababan de posar el cuerpo de su líder de vuelta sobre el colchón y, apenas lo colocaron, el viejo vampiro recobró el conocimiento y alzó lentamente una mano. .D .Bdia Deseo hablarles. .Edia .D .Bdia Príncipe Anciano, no creo que sea el mejor momento… .Edia .D .Bdia Estoy bien, Limbel, .Edia aseguró el viejo vampiro. .Bdia Si me quedo sentado así, estaré bien. .Edia Sus ojos claros y atentos se posaron sobre Yeren. .Bdia Acércate, curandero. Te contaré lo que le sucedió a mi pueblo si consigues curar mi herida… y si me cuentas a tu vez por qué andáis buscando a los mismos que nos echaron a nosotros de nuestro hogar. .Edia .P Yeren asintió, pero fue Naylah quien contestó: .D .Bdia Si de verdad son dokohis los que os atacaron, no me extraña que incluso unos vampiros hayan tenido que huir. Esas criaturas… son guerreros entrenados y poseídos por los espectros de… .Edia .P Calló de golpe. Por su expresión impactada, entendí que otra vez la habían asaltado recuerdos. .D .Bdia Por los Espectros de la Angustia, .Edia completó tranquilamente el Príncipe Anciano. .Bdia Los mismos que fueron recogidos por Liireth más de treinta años atrás. Me sorprende ver que unos aventureros de la Superficie sepan tanto sobre el tema y que conozcan incluso el nombre con el que esas criaturas se llaman entre ellas. Dokohis. Un nombre que yo mismo, con todo mi conocimiento, oí de pura suerte hace treinta años. .Edia .P Naylah se turbó aún más, y advertí que los Ragasakis la miraban con sorpresa. Y es que cabía preguntarse cómo, de hecho, Zélif y Naylah habían llegado a oír un nombre que sólo usaban esas criaturas para referirse a ellas mismas. Giré de nuevo mi atención hacia los ocho vampiros. Estos aparentaban ya más tranquilidad pero sólo de fachada: con su singular rapidez de movimiento, nos hubieran podido rodear en cuestión de segundos. La decisión de liberar al Príncipe Anciano seguía pareciéndome un error… pero, .Sm mar-háï , cuando uno se metía en un grupo, o ayudaba o se marchaba, ¿no? Yeren dio un paso adelante y, bajo la mirada atenta de los vampiros, se sentó en el mismo suelo diciendo: .D .Bdia Príncipe Anciano. Ignoro cómo mi compañera conoce un nombre como ese, pero puedo asegurarte que ella es la más acérrima perseguidora de esas criaturas. La líder de nuestra cofradía, Zélif de Eryoran, también está dedicando mucho esfuerzo a resolver el misterio de esos dokohis. Se supone que tras la guerra contra el Gran Mago Negro, fueron destruidos por los cazadores de espectros y demás guerreros de la zona. Sin embargo, hace poco nos enteramos de que alguien está creando nuevos dokohis con nuevos collares. .Edia .D .Bdia Entiendo, .Edia dijo el viejo vampiro. .Bdia Pero seguís sin contestar a mi pregunta: ¿a qué viene vuestro interés por esas criaturas? .Edia .P Paseó una mirada penetrante por todos nuestros rostros y oí a Livon tragar saliva con dificultad. El permutador acababa de realizar un gesto brusco como si algo debajo de su capa se estuviera quejando. Tchag, pensé súbitamente. Si esos vampiros lo llegaban a ver y reconocían la naturaleza de su collar… la liábamos. El Príncipe Anciano retomó: .D .Bdia ¿A qué viene vuestro interés, digo, y por qué siento que hay alguien, entre vosotros, que desea tanto destruirme? .Edia .P Agrandé los ojos y me giré hacia Livon. ¿Podría ser que ese vampiro fuera capaz de sentir la animosidad del espectro que vivía en el collar de Tchag? .D .Bdia ¿Que desea destruirte? .Edia repitió Yeren en un jadeo alarmado. Varios vampiros se movieron imperceptiblemente. .Sm -t penso Attah , siseé interiormente… El curandero aseguró: .Bdia Debes de estar equivocándote, Príncipe Anciano. Nadie aquí desea matarte. Sólo vinimos a por el Gurú del Fuego y ni siquiera sabíamos que había sido capturado por vosotros. No deseamos más que volver sanos y salvos a nuestro pueblo. .Edia .P El viejo vampiro enarcó las cejas, arrugando aún más su frente. .D .Bdia Nosotros también. Por desgracia, nuestro hogar fue arrasado por los Shigan, los Ojos Blancos. .Edia Su voz tenía un deje de melancolía. .Bdia Tan sólo llevábamos cinco años ahí, en la parte norte de Lédek, pero fueron los años más provechosos de mi vida. Decidí dedicar mi gran conocimiento para responder a las dudas de los saijits, tanto las de los campesinos como de los escribanos y gente con estudios. Fue un intercambio beneficioso para todos y los saijits empezaron a cambiar su opinión negativa ancestral sobre nuestra especie… .Edia Sonrió levemente diciendo: .Bdia Dicen que la mayor locura de un sabio es querer dar a luz a su propio mundo. Es lo que hice, mayormente. Sin embargo, las sombras me acechaban. Hace dos meses, unos niños saijits desaparecieron en los pueblos vecinos. Unos Shigan encubiertos convencieron a los padres de que los culpables éramos nosotros, los vampiros. Aquellos a quienes di consejos me echaron y me maldijeron y, en medio de la reyerta, un Shigan me apuñaló con un veneno que no he conseguido identificar. Me buscó expresamente a mí. Me conocía. Por eso, me arriesgo a afirmar que esos Shigan siguen siendo los mismos que los de la Guerra de la Contrabalanza. Algunos no perecieron en la masacre de las Dunas de Nácar, en Dágovil, y están creando nuevos compañeros con los collares que ya existían. No son collares nuevos. Esa es mi teoría. .Edia .P Los Ragasakis se habían quedado suspensos y fascinados, en particular Yeren. .D .Bdia Esos Shigan… los dokohis… ¿los conociste durante la guerra? .Edia preguntó con tono ansioso. .Bdia ¿Luchaste contra ellos? .Edia .D .Bdia Mm, .Edia suspiró el Príncipe Anciano. .Bdia No exactamente. Desvelé información a un grupo de jóvenes celmistas que se prestaron voluntarios para aprender un tipo de artes consideradas como magia negra y para destruir así el vínculo entre el espectro y el collar. Deseaban salvar vidas… y yo les ayudé en sus experimentos. .Edia .P Experimentos de magia negra, me repetí. Por alguna razón, aquello me revolvió el estómago. .D .Bdia Ese deseo de matar… .Edia añadió el viejo vampiro adoptando un tono más frío, .Bdia se fortalece por momentos, ¿verdad… joven kadaelfo? .Edia .P Agrandé los ojos y me giré hacia Livon. ¿Se confundiría con Tchag? O bien… Recordé entonces que, según le habían dicho, Livon había perdido a sus padres por culpa de unos vampiros. ¿Era posible que casualidad fueran .Sm esos vampiros…? Improbable. Entonces, me crucé con los ojos sorprendidos del permutador y me fijé en que todos me miraban. Sentí como si una flecha de hielo me atravesara la frente y mi Datsu se liberó un poco más. Dánnelah… ¿ese viejo vampiro estaba hablándome a mí? .P Consciente de que me había vuelto el centro de la atención, busqué algo que decir. Sin embargo, la reacción de mis compañeros me distrajo y me hizo pensar en lo que un día me había dicho mi hermano: cuán frágil es la amistad. Si eran capaces de creer lo que les decía un vampiro decrépito… .P .Bpenso ¿Y acaso miente? .Epenso .P Contemplé al Príncipe Anciano con los ojos entornados. .Bpenso Ya-naï. .Epenso ¿Por qué desearía matarlo? ¿Y por qué ese tipo decía que yo deseaba matarlo? ¿Tenía acaso poderes como los de Yánika? Eso era casi tan improbable como que yo quisiera matar a alguien que no me había hecho nada. Entonces… ¿quería acaso crear cizaña? .P Tras un silencio, Sanaytay murmuró con inquietud: .D .Bdia ¿Drey…? .Edia .D .Bdia Ya-naï, .Edia dije al fin. .Bdia A ese viejo le patinan las estalactitas, nada más. Yánika. Salgamos. .Edia .P Pasé cerca del vampiro con gafas y su expresión meditativa antes de alcanzar la puerta. Salí y pronto Yánika se puso a caminar junto a mí. Estaba turbada. Y su turbación había llenado la habitación de tal forma que seguía incluso afectándome mientras bajábamos la cuesta de la colina. .P En ese gran cráter circular, el sol tan sólo alcanzaba ya a iluminar las hojas de los árboles más altos y la colina en la que estábamos. Al pie de esta, a unos doscientos metros, se veían las aguas tranquilas y oscuras de un pequeño estanque cercado de elegantes y estirados arbustos de hojas rojas. Cuando llegamos hasta él, Yánika aún no había dicho una palabra, y su silencio no me tranquilizaba. .P Me agaché junto al agua. Esta estaba tan llana y serena que pude ver en ella mi reflejo con claridad. Mi cabello negro atado con una cinta roja, mis ojos dorados como los de Padre, mi Datsu violáceo a ambos lados de mi rostro, y el brillo tenue de mi lágrima de cristal. Me llevé una mano hacia mi pendiente, pero no lo toqué. Cuán lejano quedaba aquel día en que esa niña de rostro gris y alegre se había precipitado para abrazarme. Meneé la cabeza y, cuando vi a mi hermana tender una mano hacia la superficie, la detuve. .D .Bdia No la toques. Si el agua del manantial estaba mala, puede ser que esta también lo esté. .Edia .P Oí un suspiro detrás de mí. .D .Bdia Eso mismo iba a decirte, .Edia confesó Saoko, acercándose. Se detuvo a unos metros con la mano posada sobre el pomo de su espada. .Bdia Por cierto, otro problema: justo cuando te has ido, el albino ese le ha preguntado al vampiro por qué no habían usado la sangre de los miroles que viven en este sitio. No he escuchado toda su respuesta, pero el vampiro dice que muchos de esos tipos se contagiaron con algo que los hace volverse rabiosos. Un rincón más bien fastidioso. .Edia .P Me levanté con lentitud. .D .Bdia ¿Rabiosos? .Edia .P Había oído hablar de casos del estilo, pero todos eran debidos a criaturas o plantas de los Subterráneos. ¿Qué podía haberles causado eso en un lugar como aquel? Eché un vistazo desconfiado al agua, y sondeé los alrededores. Avisté un pequeño pájaro de pecho amarillo que revoloteaba junto a un roble. Trinó alegremente por el cielo oscuro y se posó sobre la rama de uno de los arbustos cercanos, con tal ligereza que apenas pareció rozarlo. .D .Bdia Hermano… .Edia murmuró Yánika. Había seguido mi mirada y sus ojos se habían posado sobre el mismo pájaro. .Bdia ¿Por qué no te cae bien el anciano? .Edia .P Resoplé de lado. .D .Bdia Es un vampiro, Yani. ¿Cómo me va a caer bien? .Edia .D .Bdia Pero tú… ¿ya lo conocías, verdad? Lo que sientes por él… es más que eso, .Edia afirmó. .P La contemplé, suspenso. ¿Más que eso? .D .Bdia ¿A qué te refieres? .Edia .D .Bdia Mm. .Edia Yánika meneó suavemente la cabeza y la turbación creció en su aura, arropándome. .Bdia Tú mismo lo sientes y no sabes que lo sientes. No es la primera vez que te pasa. A veces… sientes cosas diferentes al mismo tiempo que otras. Creía que lo sabías. Pero no lo sabes, ¿verdad? .Edia .P Seguí contemplándola, cada vez más perdido. .D .Bdia Un momento, Yani… .Edia La cogí por los hombros, inquieto. .Bdia ¿Te encuentras bien? .Edia .D .Bdia ¿Yo? .Edia se extrañó Yánika y resopló. .Bdia Estoy perfectamente. Sólo me preocupo por ti. Porque sientes sin saberlo. No sabía ni que era posible. Mi poder estaba tan acostumbrado que hasta ahora no pensé que pudiera… .Edia .D .Bdia Ya-naï, .Edia la corté soltándola mientras le echaba una ojeada molesta a Saoko. .Bdia No te preocupes por mí. Y tú, .Edia le dije a Saoko con sequedad. .Bdia Olvida lo que ha dicho mi hermana. .Edia .P El mercenario enarcó una ceja. .D .Bdia ¿Lo de que sientes sin saberlo? .Edia .P Lo fulminé con la mirada y él se encogió de hombros. .D .Bdia Tranquilo, no me interesa lo que sientas. En cuanto al poder de tu hermana, ya lo conozco. Lústogan me avisó. .Edia .P Qué oportuno… ¿Lústogan le había revelado uno de los mayores errores de nuestra familia a un mero mercenario? Y por errores me refería a que el poder de Yánika provenía de la alteración del Sello. Si se llegara a saber que nuestro Sello no solamente no funcionaba sino que se había convertido ahora en un miasma de energía negra que dominaba toda la isla… Un momento, ¿acaso eso también lo sabía Saoko? Tras observarlo unos instantes, lo vi chasquear la lengua y darnos la espalda soltando un: .D .Bdia Baj, qué fastidio. .Edia .P El drow se alejó lo suficiente como para dejarnos libertad de hablar. Al menos tenía algo de tacto. Suspiré y volví a sentarme junto al estanque. El rayo de sol que iluminaba las copas de los árboles había desaparecido entre las nubes y una oscuridad creciente se extendía por el enorme cráter. Lo cual significaba que íbamos a pasar la noche en aquel lugar. Sobre todo que Yeren se había comprometido a quedarse hasta que el viejo chupasangre se curara. Hice una mueca. .D .Bdia Entre un grupo de vampiros civilizados y una tribu de miroles rabiosos, supongo que es mejor quedarse con los primeros, .Edia comenté. .P Yánika sonrió. .D .Bdia Supongo, .Edia confirmó. .P Pese a su sonrisa, su aura seguía inquieta. El aura de Yánika generalmente nunca contradecía sus acciones. Fruncí el ceño. .D .Bdia De verdad que no es necesario que te preocupes por mí, Yani. Tu poder podría estar engañándote… .Edia .D .Bdia Mi poder no me engaña, y menos si tú no intentas engañarme, .Edia me replicó ella. .Bdia Tus sentimientos son sinceros. Tanto tu turbación como el odio hacia el anciano. .Edia .P Sentí un escalofrío. .D .Bdia ¿Odio? Yani… Ese odio debía de venir de otra persona. Ya sabes que yo no soy capaz de sentir algo así. Nunca he sentido odio hacia nadie, no ese sentimiento irracional que describen los libros. Ni siquiera me enfado nunca realmente. Sabes que el Datsu funciona así. .Edia .D .Bdia Sí, lo sé… Salvo el mío, .Edia murmuró Yánika bajando la mirada hacia las aguas del estanque. .P Un aura triste la envolvió. Sin saber muy bien en qué estaba pensando, la arropé con mis brazos para devolverle la alegría. Cuántas veces le había recordado que no pensase en cosas sombrías… Ella normalmente me hacía caso, pero no era siempre fácil controlarse. .D .Bdia Yánika, .Edia dije, dejando vagar mis ojos por el reflejo del agua. .Bdia ¿Sigues estando triste por no ser como los demás? .Edia .D .Bdia Mm… No, .Edia confesó Yánika. .Bdia Ahora estoy triste porque me has hecho dudar de mi poder. Mi poder nunca se ha equivocado contigo. Nunca dijiste que pudiera equivocarme en eso, hermano. Y ahora dices que me equivoco. .Edia .P Inspiré, impactado. Era cierto que el poder de Yánika nunca se había equivocado. Y también era cierto que ese poder, al haber acompañado a Yánika durante toda su vida, era una segunda naturaleza que la había hecho ver el mundo de una manera distinta a los demás. Tenía entera confianza sobre ese poder porque nunca le había engañado ni una sola vez. Decirle que se había equivocado… era un poco como intentar convencerla de que su propio hermano que tenía a su lado no existía, de que era un engaño. Me sentí culpable. Sin soltarla, murmuré: .D .Bdia Lo siento. Lo siento, Yánika. Lo siento. .Edia .P Su aura se había ido suavizando con mi abrazo y, con mis palabras, se serenó del todo. Meneé la cabeza. .D .Bdia En vez de decirle bobadas a mi hermana, debería intentar entender por qué siento algo que no siento. Aunque… reconoce que es un poco extraño. .Edia .P Yánika alzó la cabeza. .D .Bdia Un poco, .Edia convino. .Bdia Pero estoy segura de que conseguirás entenderlo. .Edia .P Le devolví la sonrisa. .D .Bdia ¿Me ayudarás? .Edia .P Yánika asintió con energía. .D .Bdia Claro. .Edia .P Sentía ahora una paz serena apoderarse de mí. Me fijé en una trenza deshecha y, cuando la cogí, Yánika explicó: .D .Bdia Se me cayó un anillo cuando Tchag se escondió en mi capucha. Pero lo recuperé. .Edia .P Lo sacó de su bolsillo y se lo cogí de las manos con una sonrisilla. .D .Bdia Está bien. Déjame a mí, que lo hago mejor. .Edia .P Yánika soltó una risa queda pero dejó que le trenzara de nuevo la trenza y le pusiera el anillo dorado. .D .Bdia Hermano… .Edia dijo en un momento, rompiendo el silencio. .D .Bdia ¿Mm? .Edia .D .Bdia ¿Crees que es posible ser dos dentro de uno? .Edia .P Traté de no identificarme con el tema de la conversación y, mientras trenzaba, razoné: .D .Bdia Tchag es un poco eso. .Edia .D .Bdia Mm-mm, .Edia negó Yánika. .Bdia No es lo mismo. El espectro es muy sencillo. Casi no piensa. Por eso mientras Tchag siente y piensa, no se transforma. .Edia .D .Bdia Por eso cuando está cerca de ti no se transforma, quieres decir, .Edia la corregí con leve burla. .P Yánika se sonrojó. .D .Bdia ¿Te fijaste? .Edia .D .Bdia Es evidente. .Edia .P Yánika permaneció unos instantes en silencio. Se oyó el canto de un ave nocturna y percibimos un chapoteo cuando un reptil semejante a un pequeño lagarto se tiró al agua del estanque y desapareció. Terminé de colocar el anillo con tranquila lentitud, sintiendo muy a pesar mío una leve tensión en el aire. .D .Bdia Hermano, .Edia susurró Yani. .Bdia Si cambiaras… seguirías siendo mi hermano, ¿verdad? .Edia .P Le eché una mirada socarrona. .D .Bdia Aunque me salieran dos cuernos y alas de diablo, Yani. Déjalo ya. Aunque sea cierto que algo en mí odie a muerte a ese viejo chupasangre, si yo no lo siento, ¿cómo me va a cambiar? ¿Lo ves? En realidad, no tiene importancia. Venga. Se está haciendo de noche y hasta parece que se va a poner a llover. Volvamos a la casa a ver qué traman estos Ragasakis. Podrían estar cenando sin nosotros. .Edia .P Le dediqué una expresión de ánimo y ambos nos levantamos. Cuando nos pusimos a subir la cuesta, me alegró comprobar que mi razonamiento la había tranquilizado del todo. .P Y en verdad, aunque fuera cierto que algo misterioso vivía y sentía en mí, si yo no lo sentía, ¿para qué preocuparse? .Ch "La voluntad de Kala" .\" 26/04/2019 Era demasiado. .P Tener al traidor a mano y no darle su merecido era demasiado… .P .Bm Mi conciencia tiembla. ¿Dónde estoy? ¿En un cuerpo? Sí, sin duda lo estoy. Desde hace años, a juzgar por los recuerdos vagos que me llegan. Un templo. Un hermano destructor. Una hermana alegre. Ese es mi nuevo pasado. Pero también tengo el otro… .Em .P Kala había recordado al Príncipe Anciano. .P Pero no había podido hacer nada. La frustración lo anegaba. Rugía, encadenado. Odiaba estar encerrado. Y odiaba no poder vengarse cuando lo tenía… ¡tan cerca! .P .Bm Tengo que aprender a controlar el Datsu. Rao me lo dijo, junto al Sello: renace, Kala, ¡renace! ¡Fusiona en el Sello, asciende y revive! El Datsu es tu puente. Agárrate a él y no lo sueltes. ¡Tú puedes hacerlo! .Em .P Según sus expectativas, había renacido, casi entero, gracias al Sello y el poder de la Selladora de los Arunaeh. Pero no había fusionado entero, alguien lo había sellado y, para colmo, no había aprendido las artes bréjicas que tanto admiraba. En todos estos años… había seguido durmiendo, y ni siquiera sabía qué había sido de .Sm él . La rabia lo cegaba. ¿Habría muerto? Sin ese monstruoso Príncipe Anciano, todo aquello no habría pasado… .P .Bm Por culpa del Príncipe Anciano, Lotus, nuestro salvador, padre y ser más querido, ¡ha muerto! .Em .P ¡Muerto! .P Abrió grande unos ojos llenos de lágrimas y fulminó el techo del dormitorio en la oscuridad. Con los puños apretados, siseó interiormente: .Bm imperdonable, imperdonable, imperdonable… .P Drey Arunaeh. Tú llevas mi alma. Tú llevas mi ser. Libérame y desaparece. Devuélveme lo que es mío. Márchate. Recuérdame. ¡Desaparece! Tengo que… .P Me enderecé sobre mi manta con la órica bullendo en mi mano. El hedor de los vampiros casi me atragantaba. .P Tengo que matarlo. .Em .Ch "Traición" .\" 26/04/2019 Mi sueño estaba poblado de figuras difusas, bruma, agua y marismas, y de voces que me llamaban con insistencia desde un punto que no acababa de determinar. Yo intentaba responder a esa llamada, pero no era fácil. Sentía pesadez. Una pesadez que me aplastaba y me impedía avanzar. .P .Bparoles Despierta, .Eparoles me decía una voz familiar. .Bparoles Despierta. Recuérdame… Recuérdame y despierta. .Eparoles .P Cuando desperté, estaba tumbado sobre mi manta, aplastado por mi propia fuerza órica. Deshice el sortilegio, pasmado. No era la primera vez que usaba órica durmiendo, pero sí la primera en que el sortilegio era tan potente. Al menos este me lo había dirigido a mí mismo… .D .Bdia ¿Drey? .Edia murmuró de pronto una voz. .Bdia ¿Estás despierto? .Edia .P Era Livon. De tanto haber dormido por culpa de la sangre de Yeren, debía de estar ya del todo reposado. .P Solté un ruido gutural a modo de respuesta. Anoche, el vampiro de las gafas nos había guiado hasta el segundo piso, permitiéndonos dormir en las dos habitaciones de arriba. Y por algún arte de magia, Orih había conseguido separarme de Yánika, diciéndole a esta que a veces estaba bien «estar sólo entre chicas». Como la habitación de las Ragasakis estaba justo al lado y seguía notando débilmente su aura, había decidido no preocuparme. Pero decidir era una cosa y conseguirlo otra. Inspiré silenciosamente. Tenía la impresión de haber estado saltando de pesadilla en pesadilla. Generalmente, cuando tenía a mi hermana cerca, mis sueños eran apacibles, casi inexistentes. Pero ahora recordaba vagamente sensaciones de horror, de pánico, de urgencia… y también la sensación de que el sueño había sido extremadamente nítido. Sólo que ya no me acordaba casi de nada. .P Giré la cabeza. Livon estaba sentado sobre el borde de la ventana, despierto. La lluvia golpeaba el tejado regularmente, como una danza de picapiedras. Me enderecé y paseé una mirada por la pequeña habitación a oscuras. Éramos seis en total: los dos Protectores Járdicos, el curandero, Livon, Saoko y yo. Según Yeren, el Gurú del Fuego se encontraba mejor. Me levanté en silencio y me acerqué a la ventana, un mero cristal quebrado en varios sitios. Estaba todo tan oscuro que apenas divisé el rostro del permutador. .D .Bdia Pues sí que llueve en estas tierras, .Edia comenté en voz baja. .P Columbré su sonrisa. .D .Bdia Todo el valle es igual en eso. Donde yo hacía pastar a las cabras, a veces llovía días enteros. Dicen que cuanto más te acercas a Elel, más agua cae del cielo. .Edia .D .Bdia Elel, .Edia repetí, pensativo. .Bdia Esas son tierras de vampiros, ¿verdad? .Edia .D .Bdia Mm, .Edia confirmó Livon. .P Durante un momento, ambos escuchamos el repiqueteo de la lluvia. Entonces, él agregó: .D .Bdia Oye, Drey. Si te duele quedarte aquí a esperar que se cure el Príncipe Anciano, puedes irte con Yánika y los dos járdicos y esperarnos en Skabra, o en Firasa. Sabes, no hace falta que recuerdes malos tiempos… .Edia .D .Bdia ¿De qué estás hablando? .Edia lo corté vivamente, incómodo. .Bdia Tú tendrías más razones para despreciar a los vampiros. .Edia .D .Bdia ¿Yo? .Edia .D .Bdia Mmpf. ¿No perdiste a tus padres por culpa de ellos? .Edia mascullé, cada vez más incómodo. .D .Bdia Oh, .Edia se extrañó Livon. .Bdia Es verdad. .Edia .P .Bpenso ¿Ni siquiera lo pensaste? .Epenso me maravillé. Lo miré con fijeza antes de apoyar ambos codos sobre el borde de la ventana y soltar: .D .Bdia Deberías saberlo ya, Livon. No ando con prisas: no tengo nada mejor que hacer. Si hay que esperar unos días a que se reponga ese viejo, esperaré. Además, si vuelven a encerraros, .Edia bromeé alzando una mano, .Bdia algún destructor tendrá que ir a salvaros. .Edia .P Livon sonrió anchamente y desvió la mirada hacia la ventana. Inesperadamente, un rayo azul de Vela consiguió iluminar el cuarto a través de la lluvia y pude ver su rostro pensativo cuando dijo: .D .Bdia Di, Drey. ¿Tú crees que Tchag es hembra? .Edia .P Me atraganté con mi saliva, desprevenido. .D .Bdia ¿No es varón? .Edia .P Livon se encogió de hombros. .D .Bdia No lo sé. Pero como ha podido quedarse en el otro cuarto y Orih estaba tan emocionada con la idea de ‘solo chicas’ y tal… .Edia .P Hice una mueca y me pregunté cuándo me decidiría a decirle que de noche donde mejor estaba Tchag era cerca de Yánika. La técnica parecía infalible. .D .Bdia Serás bobo, .Edia dije entonces. .Bdia Sea chico o chica, Tchag no es saijit. Da un poco igual lo que sea, ¿no crees? .Edia .D .Bdia ¿Importa más si somos saijits? .Edia rió Livon por lo bajo. .P Huh… ¿Por qué diablos le hacía gracia mi razonamiento? Me ruboricé un poco y resoplé de lado. .D .Bdia Beh… Iré a verificar si todas están bien. .Edia .P Con sigilo, salí de la habitación y posé una mano sobre el marco del otro cuarto. No había puertas, así que no necesité más que asomarme para ver el delgado cuerpo de Yánika arropado en mantas. Tchag estaba dormido espatarrado sobre ella, con la cabeza hacia abajo y la boca abierta, roncando ruidosamente. Cuanto más cerca estaba, más me envolvía el aura apacible de Yánika… .P Sentí el aire agitarse y, a la escasa luz de la Vela, creí divisar la sombra de una hermosa diosa de pelo negro realizando armoniosos movimientos con pies y manos, como si estuviese bailando, pero en un silencio absoluto. Me quedé mirándola, fascinado, hasta que sentí una corriente de aire a mi derecha y me encontré con una lanza apuntándome el pecho. .D .Bdia ¿Quién eres? .Edia masculló Naylah, medio dormida. .P Del susto, me arredré cuatro pasos y por poco me caí por las escaleras hasta la planta baja. Igual de asustada, Sanaytay perdió el equilibrio y cayó pesadamente sobre el cuerpo dormido de su hermana. .D .Bdia Drey, .Edia se sorprendió Naylah enderezándose con su lanza. .Bdia ¿Qué estás haciendo? .Edia .P Sirih se había despertado e ignorando las disculpas sinceras de Sanaytay se giró hacia mí. .D .Bdia ¡Ese tipo es incorregible! ¿Te estaba espiando, hermana? .Edia .P Me sonrojé recordando el baile de Sanaytay. Diablos, ¿y qué hacía esa armónica bailando a esas horas? ¿Y qué hacía Naylah moviendo la lanza estando medio dormida? ¿Es que no había un solo ser normal entre los Ragasakis? Resoplé secamente. .D .Bdia No espiaba a nadie. Sólo venía a comprobar que mi hermana estaba bien. .Edia .D .Bdia ¡Ni que nos la fuéramos a comer! .Edia se burló Sirih. .Bdia Te recuerdo que aquí tenemos a la mejor guerrera. Relájate ya y, por cierto, si le asustas otra vez a Sanay, lo lamentarás. Mirón. .Edia .P Añadió algo en un gruñido ininteligible mientras volvía a arrebujarse en sus mantas. Sanaytay ya se había escondido debajo de las suyas, como avergonzada de haber sido vista. Naylah, con la mano aún agarrada a la lanza, reposó la cabeza sobre su jergón. Y yo rechiné los dientes. Attah… Que no me hubieran quitado a Yánika de mi lado, y no las habría despertado. Las únicas que no se habían inmutado un pelo eran Yánika y Orih. Y Tchag, por supuesto. .P Suspiré con paciencia y, al cruzarme con la mirada de Livon, quien, curioso, había asomado la cabeza de nuestro cuarto, consideré regresar a mis mantas pensando que aún quedaban unas dos horas de noche. No había dado un paso cuando un súbito movimiento abajo de las escaleras me hizo girar unos ojos vivaces. .P ¿Un vampiro? Resoplé silenciosamente y entré en el cuarto preguntándome si en tal compañía sería capaz de dormirme otra vez… .salto .D .Bdia ¿Realmente creéis que estará bien? .Edia preguntó Sanaytay, algo inquieta. .P Bajábamos la cuesta de la colina con intenciones de ir a visitar el pueblo de Orih y habíamos dejado a Yeren atrás con los vampiros. De haber sido yo, jamás se me habría ocurrido arriesgar mi vida por una criatura de esas, pero por lo visto el curandero ansiaba conocer al Príncipe Anciano y parecía tenerle ya gran estima. A saber por qué. Al pasar para salir del edificio, me había vuelto a cruzar con los grandes ojos atentos del viejo vampiro y tenía la impresión de que seguían observándome a través de los muros. Mar-háï… Intenté olvidar mi incomodidad y me centré en el presente. .P Orih caminaba por el terreno mojado, abriendo la marcha. Limbel nos había señalado una dirección, diciendo que los miroles vivían en unas cuevas cerca de un recién abierto pasadizo hacia los Subterráneos. Ese túnel era sin duda el mismo por el que los vampiros habían llegado. Y probablemente de ahí venía la causa que había dejado a los miroles rabiosos. .P Aquella mañana, el cielo seguía nublado y la tierra brumosa, pero al menos había dejado de llover. Mientras nos adentrábamos en el bosque andando entre lodo, musgo y hierba hundida, pregunté: .D .Bdia ¿Explicó el viejo ayer cómo los miroles se han vuelto rabiosos? .Edia .P Antes de que pudiera contestar nadie algo juicioso, Sirih se burló: .D .Bdia Si no te hubieses marchado tan repentinamente anoche, lo sabrías. .Edia .P Le eché una mueca aburrida y Livon intervino confesando: .D .Bdia Yo tampoco me enteré muy bien. .Edia .D .Bdia Ya, eso es porque se te ocurrió beber la sangre de Yeren y bostezabas como un oso lebrín, .Edia se mofó la armónica. .P El recuerdo de la sangre le arrancó a Livon una mueca de repugnancia. .D .Bdia Aun así, hermana, .Edia terció Sanaytay con voz tímida, .Bdia si él no hubiera permutado con el Príncipe Anciano, los vampiros nos habrían atacado y, entonces, ¿qué habríamos hecho, hermana? Podría haber tratado de ensordecerlos con mis armonías y tú cegarlos con luz, pero eso tal vez sólo los habría vuelto más feroces y… y entonces… .Edia .P Se había quedado muy pálida imaginando el resultado. Sirih chasqueó la lengua. .D .Bdia .Sm Tâ… No te asustes por nada, Sanay. Todo fue bien. .Edia .P Sanaytay agarró su flauta, asintiendo con una mueca ensimismada de disculpa, aún pálida. Y decir que aquella misma noche la había visto moverse con la confianza de una ninfa bailando al son de la lluvia y a la luz de la Gema… ¿Quién lo hubiera imaginado? Mientras avanzábamos por el bosque, la flautista captó mi mirada y se sonrojó vivamente, girándose hacia el frente con nerviosismo. Parpadeé, confuso. Mar-háï. Una suerte que Yánika no fuera tan impresionable como ella, o estaríamos todos ya temblando como hojas y sonrojándonos como zorfos. Con paciencia, volví a preguntar: .D .Bdia Entonces… ¿Qué les pasó a los miroles? .Edia .P Como era de esperar, fue Naylah quien explicó: .D .Bdia Como sabes, se volvieron rabiosos. Por lo visto, cazaron una banda de catraíndes y se los comieron. .Edia .P Resoplé, atragantándome. ¿Habían comido catraíndes? Esas criaturas felinas eran pura toxina y sangre bersérker… .D .Bdia Supongo que no sabían lo que eran, .Edia carraspeé. .D .Bdia Mm, .Edia confirmó Orih Hissa ralentizando ligeramente. .Bdia No hay catraíndes en estas montañas. Esos tenían que venir de los Subterráneos. .Edia .P La mirol había ralentizado tanto que la alcanzamos en unos pasos. Adivinando su estado de ánimo, Sanaytay tendió una mano consoladora hacia ella. .D .Bdia No te preocupes, Orih… El Príncipe Anciano dice que tiene una solución para curarlos. Seguro que los cura en cuanto él vaya mejor… .Edia .D .Bdia Mmpf… .Edia Orih se encogió de hombros. .Bdia No es como si fuera mi pueblo ya, de todas formas. .Edia .P Siguió andando. Su actitud indiferente era tan poco propia de ella que ninguno de nosotros nos la tragamos. .P No tardamos mucho en salir del bosque y alcanzar la pared norte del gran cráter. Esta estaba especialmente inclinada y pensé que ni aun Livon sería capaz de escalarla. Arriba de un pedregal, apareció una ancha entrada a una cueva guardada por un único mirol: Merek. .P Cuanto más nos acercábamos, más nervioso se ponía el mirol y más pesado parecía hacérsele el bastón afilado que llevaba en mano. Al llegar a su altura, constaté que estaba igual de lívido que el día anterior. .D .Bdia Orih… .Edia farfulló. .Bdia Estás bien, gracias al cielo. Yo… .Edia .P Dio un paso hacia atrás pero, entonces, se recobró y bajó la lanza de madera hacia nosotros. .D .Bdia ¿Qué hacéis aquí? .Edia .P ¿Creía acaso que habíamos venido a vengarnos por su traición? Orih se acercó, tomó la punta de la lanza y la levantó. .D .Bdia No cometas varios errores seguidos, Merek. Sólo he venido a ver el pasadizo por el que pasaron los catraíndes. ¿Dónde está? .Edia .P Merek respiraba con dificultad. .D .Bdia ¿Los… catraíndes? Entonces, los vampiros os hablaron de… .Edia .D .Bdia Lo sabemos todo. Y sabemos que tú y Rakbo sois los únicos que todavía os tenéis en pie… de milagro, .Edia añadió Orih, observando cómo su amigo de infancia transpiraba enfermizamente. .Bdia Enséñame la entrada al túnel, Merek. .Edia .P El mirol la miraba con ojos llorosos. .D .Bdia L-lo siento tanto, Orih. Yo nunca quise hacerte daño. .Edia Hubo un silencio en el que Orih se mantuvo imperturbable. Merek alzó su mano libre hacia dentro de la cueva. .Bdia La entrada está adentro, hacia la izquierda. Hace unas semanas, hubo un terremoto. El abuelo Dalorio dijo que las Llamas Sagradas del mundo estaban castigando nuestras malas acciones. .Edia .P Orih había dado un paso hacia delante pero se detuvo en seco. .D .Bdia ¿El abuelo Dalorio? ¿Está vivo? .Edia .P Su fachada fría había caído inadvertidamente y en sus ojos destellaron la nostalgia y la esperanza. Merek se apoyó sobre el bastón murmurando: .D .Bdia Es el único Anciano que queda vivo. .Edia .P Orih agrandó mucho los ojos. .D .Bdia El único, .Edia repitió, aterrada. .P Y desapareció cueva adentro con renovada energía. Estaba claro que no sólo andaba buscando la entrada al túnel. La seguimos y Merek protestó: .D .Bdia No le hagáis daño a mi pueblo, por favor, ellos ya han pagado suficiente. Castigadme a mí. Yo fui quien os traicionó… .Edia .P Livon posó una mano firme sobre su hombro. .D .Bdia Merek. Tranquilo. .Edia .P Esas dos palabras y la sonrisa que le dedicó bastaron para dejar a Merek confundido y apaciguado. Livon lo invitó a seguirnos y no tardamos en alcanzar a Orih. Tal y como esperaba, esta no tomó el camino de la izquierda amplio y cubierto de estalagmitas y acabó desembocando en la caverna principal del pueblo mirol. Lo que vi en esta me ensombreció. A la luz de una piedra de luna, tal vez dos decenas de saijits, hombres, mujeres y niños, se encontraban ahí, maniatados, tumbados y cubiertos de mantas, gimiendo y agitándose débilmente. .D .Bdia Tuvimos que atarlos, .Edia explicó Merek. .Bdia La primera noche después de la cena, empezaron a luchar entre ellos y a golpearse contra las rocas. .Edia .P Mar-háï… Tendí una mano hacia Yánika para taparle la vista, pero un aura de impaciencia me replicó. .D .Bdia Estoy bien, .Edia aseguró ella. .P Le respondí con una mueca incrédula. Con voz ahogada, Orih preguntó: .D .Bdia ¿No sois más que estos? .Edia .P El carraspeo de Merek retumbó en la cueva. .D .Bdia El resto está enterrado al pie del pedregal. .Edia .P Orih se estremeció violentamente. Volteó de pronto hacia su amigo de infancia con ojos relampagueantes. .D .Bdia ¿Por qué no pedisteis ayuda en Skabra? Ahí hay curanderos que podrían haber intentado salvarlos. Está a menos de un día de caminata. ¿Por qué…? .Edia .P Calló, anegada por el horror. Cuando Merek contestó, lo hizo con un tono de voz lleno de amargura: .D .Bdia ¿Y nos habrían curado gratis? ¿Tú crees? Los extranjeros no hacen nada sin esas monedas que usan. No podemos pagar con nada, Orih. Lo único que podemos hacer es esperar y rezar con todas nuestras fuerzas a que se pongan bien. .Edia .P .Bpenso Empezando por ti, .Epenso pensé al verlo titubear con su lividez enfermiza. Orih meneaba la cabeza, alucinada. .D .Bdia ¿Esperar y rezar? .Edia repitió con cara insultada. .Bdia ¿Eso es todo lo que piensas hacer para salvar a tu pueblo, Merek? De niño eras menos cobarde. .Edia .P El mirol inspiró y espiró ruidosamente. .D .Bdia Dime qué más puedo hacer, Orih… .Edia Alzó otra vez sus ojos llorosos hacia ella. .Bdia El Príncipe Anciano dijo que intentaría algo cuando se curase él mismo. Pero si estáis libres… si estáis libres significa que lo habéis matado, ¿verdad? Habéis matado a los vampiros. Y habéis matado a mi pueblo. .Edia .P Bajo nuestras miradas suspensas, se acercó a su gente usando su lanza como una cachava y se arrodilló junto a la silueta de un viejo mirol que fijaba el techo con ojos brillantes. .D .Bdia Abuelo, .Edia murmuró Merek, y hundió su rostro en el pecho del anciano diciendo: .Bdia Si no te hubiera servido un vaso de sangre de catraínde, no te habrías envenenado tú también… Lo siento tanto. .Edia .D .Bdia Los cielos nos han castigado, .Edia dijo el anciano con voz casi inaudible. .Bdia Estamos pagando por haber traicionado a Lahira Hissa y a su hija. Quien mata a su propia sangre, se mata a sí mismo, muchacho. Siento… que ya no me queda mucho tiempo en este mundo. .Edia .P Merek soltó un gruñido ahogado de desesperación. .D .Bdia Te salvaré, abuelo. No puedes morir así. Orih… Orih Hissa está viva, abuelo. Ella no murió. .Edia .P El anciano agrandó los ojos y su rostro se contrajo de dolor. .D .Bdia ¿Viva? .Edia .D .Bdia Sí, abuelo. Mírala. Está ahí. ¿No la ves? .Edia .D .Bdia No la veo. .Edia .D .Bdia Abuelo, .Edia farfulló Orih. La mirol se acercó para arrodillarse del otro lado del anciano, con una expresión deformada por la pena. .P Intercambié una mirada con Livon y de un tácito acuerdo dimos media vuelta, dejamos a los miroles y regresamos a la cueva de la entrada, buscando el túnel. Yo sentía una ligera corriente de aire proveniente de un lugar perdido entre las rocas y las sombras. .D .Bdia Es horrible, .Edia comentó Livon, sombrío. .P Todos asentimos sin una palabra. En un murmullo inquieto, Sanaytay preguntó: .D .Bdia ¿Creéis que el Príncipe Anciano realmente podrá hacer algo por ellos? .Edia .P Era una buena pregunta. Al fin y al cabo, cabía la posibilidad de que esos vampiros tan sólo hubiesen estado utilizando a Merek y a su compañero para que atrajeran saijits sanos. Teniendo en cuenta que ese Príncipe Anciano era un asesino… ¿Un asesino? Marqué una leve pausa, turbado por mi propio pensamiento. .D .Bdia Mm… Quién sabe, .Edia contestó Sirih al fin. .Bdia Lo que está claro es que, en cuanto le hablemos de esto, Yeren querrá intentar ayudarlos. ¿No os habéis fijado? Esos vampiros dijeron que estaban rabiosos, pero el caso es que ya no tienen pinta de ser tan peligrosos. Dudo de que hayan dormido una sola vez desde que han sido infectados por los catraíndes… Parecen almas hambrientas a punto de dar su alma al diablo, .Edia murmuró. .P Como ansiosa por alejarse de la caverna de miroles, la armónica se adelantó entre las estalagmitas con andar más vivo. Los demás la siguieron y caminé tras ellos, cada vez más preocupado por el aura de Yánika. Mi hermana no la estaba reprimiendo ni mostraba signo alguno de cansancio: estaba intentando controlar sus emociones borrándolas a fuerza de voluntad, tratando de no pensar en nada. Aquello me hizo recordar una conversación que había presenciado un día entre mi padre y el Gran Monje del Templo. Este había dicho algo parecido a: .P .Bparoles Ambos sabemos que los Arunaeh sentís menos que los demás y que vuestras emociones están controladas por una fuerza que se os impone desde muy pequeños… Lástima que, con ello, perdáis la capacidad de controlaros con vuestra voluntad. La voluntad de olvidar el miedo, la voluntad de olvidar la más profunda tristeza… Esas no las conocéis. Sois como niños encadenados que saben que allá donde vayan es terreno seguro porque la cadena les impide traspasar los límites. Unos límites que veis como justificados, pero yo me pregunto si son siempre correctos. .Eparoles .P Yánika era una excepción a la regla. Ella no tenía ninguna fuerza impuesta que la ayudara a controlarse. Y a pesar de ello, con voluntad, conseguía hacer que su aura casi desapareciera del todo. Y tan concentrada estaba en no molestar a los demás con sus emociones que se tropezó con un desnivel y la agarré del brazo, suspirando. .D .Bdia ¿Quieres que salgamos, Yani? .Edia .P Por toda respuesta, me asaltó un aura rebelde. .D .Bdia ¡Aquí está! .Edia exclamó Livon. .P La luz del día todavía iluminaba las paredes en esa parte y ni siquiera tuve que sacar mi piedra de luna para inspeccionar el lugar. El túnel estaba medio tapado con rocas, seguramente apiladas por Merek y Rakbo. Me acerqué, echando un vistazo. Obviamente la abertura no había sido creada por las «Llamas Sagradas del mundo». Tras ver las hendiduras en la roca así como la cantidad de pequeños pedruscos masticados, afirmé sin dudarlo: .D .Bdia Por aquí pasó un dragón de tierra. Y uno pequeño. Lo que significa que probablemente más abajo tuvo que pasar uno grande. Los dragones de tierra nunca abandonan a sus crías hasta que estas alcanzan el tamaño adulto. .Edia .D .Bdia De ahí el terremoto, .Edia meditó Naylah. .P Livon se asomó en la abertura y lo vi olfatear y fijar una mirada sombría en la oscuridad del túnel. .D .Bdia Huele a muerte, .Edia dejó escapar. .P Fruncí el ceño aunque no me sorprendí. Los dragones de tierra sólo se nutrían de minerales, pequeños gusanos e insectos, pero sembraban pánico y causaban peligrosos derrumbamientos que aplastaban a cuanta criatura se encontraba a su paso. .P Posé una mano sobre la pared irregular, evaluando las fuerzas. Tras considerar que aquel pasadizo era más o menos seguro, me relajé y me senté sobre una roca, pensativo. .P Si los vampiros habían llegado por ahí huyendo de los dokohis, significaba que aquel túnel debía de comunicar de alguna forma con la parte de Lédek. Esta, al fin y al cabo, era una zona relativamente alta en comparación con Kozera y Dágovil… Debía de estar tan sólo a unas horas de marcha. Observé a Sirih y a Livon mientras estos se adentraban en el túnel alumbrados por luz armónica. ¿Qué pretenderían hacer los Ragasakis con esa entrada a los Subterráneos? ¿Ir a echar un vistazo e intentar sacar más información sobre los dokohis? Si estos habían atacado al Príncipe Anciano, cabía la posibilidad de que lo anduvieran buscando aún ahora. En tal caso, acabarían encontrando el pasadizo en un momento u otro. A menos que destruyéramos el túnel antes. .P Compartí mis pensamientos con Naylah y Sanaytay, y el primero en asentir y aprobar silenciosamente mi razonamiento fue Saoko. Naylah lo meditó más, y adiviné que para ella la posibilidad de encontrarse con los dokohis más pronto de lo previsto la seducía. No había llegado aún a una conclusión cuando Livon y Sirih regresaron diciendo que el túnel parecía infinito y que se empinaba cada vez más. .D .Bdia Los vampiros debieron de estar más que desesperados para tomar una ruta así, .Edia meditó Livon. .P Nos giramos al oír unas palabras gruñidas provenientes de la caverna de los miroles. Pronto vimos aparecer a Orih. Caminaba con rigidez. Se la veía irritada. Al golpearse levemente contra una estalagmita, masculló una queja y dio unas zancadas antes de decirnos con decisión: .D .Bdia ¡Se acabó! Si el Príncipe Anciano es capaz de salvarlos, ¡que los salve! Yeren ya lo está ayudando a él, ¿no? ¡No se lo perdonaré si muere un solo Atarah más! .Edia .P ¿Atarah? Así se llamaba por lo visto el pueblo de Orih. Casi parecía identificarse, pese a lo que esos Atarah le habían hecho padecer en el pasado. .D .Bdia ¿Cómo piensas convencerlo? .Edia preguntó Naylah. .D .Bdia ¡Haré explotar la entrada de este cráter! .Edia se exaltó. .P ¿Estaba bromeando, verdad? .D .Bdia ¡Eso nos fastidiaría a nosotros también, Orih! .Edia objetó Livon. .Bdia Seguro que hay una manera más suave para convencerlo. ¿Qué tal simplemente si hablamos con él? .Edia .D .Bdia Estoy de acuerdo contigo, Livon, .Edia intervine. Me levanté de la roca con las manos hundidas en mis bolsillos. .Bdia Mar-háï, no es por nada pero pienso que dejar este túnel abierto hacia los Subterráneos, con tantos miroles enfermos al lado, no es una buena idea. Como están las cosas, podría subir hasta aquí cualquier tipo de criatura, no sólo catraíndes o dokohis: por esta abertura tan grande podrían pasar hasta los kraokdals y los nadros. Si les prometemos a esos vampiros que destruiremos el túnel definitivamente, puede que se vuelvan más dispuestos. Así estarán más seguros aquí y los dokohis no podrán perseguirlos tan fácil. Todos ganamos. .Edia .P Finalmente, mi argumento los convenció. Naylah y Livon fueron a negociar y a los demás Orih nos suplicó que la ayudáramos a cuidar a su pueblo: tanto a niños como a adultos, les dimos de comer empanadas de Kali, recogimos agua clara para todos y limpiamos la caverna. Parecía que había pasado un maremoto por ese lugar: a pesar de que era evidente que Merek se había esforzado por poner orden y mantener el lugar limpio, había fragmentos de boles por todas partes, restos de sangre de catraínde y saijit en el suelo y en las paredes pintadas, cestas destrozadas, jergones despedazados… Pocas eran las pertenencias de los Atarah que no habían sufrido daños. Pero lo peor eran las heridas que se habían infligido esos montaraces. De no ser por los cuidados de Merek, muchos de ellos habrían muerto días atrás. .P Estaba ayudándole a beber agua a un niño de la edad de Yánika cuando oí a Orih inquirir: .D .Bdia Merek, ¿y Rakbo? No lo he visto en toda la mañana. .Edia .P De reojo, advertí la mueca del joven mirol. .D .Bdia Salió a cazar. .Edia .P ¿A cazar, eh? Por el tono en el que lo dijo, me pregunté si su compañero había ido a por comida o a por más saijits con sangre sana… .P Finalmente, Naylah y Livon regresaron y lo hicieron en compañía de Yeren y del vampiro con gafas. .D .Bdia ¡Todo en orden! .Edia anunció Naylah. .Bdia El Príncipe Anciano dice que si somos capaces de destruir el túnel tan eficazmente como decimos se pondrá manos a la obra esta misma tarde para salvar a tu pueblo, Orih. .Edia .P Los ojos de la mirol se iluminaron. .D .Bdia ¿En serio? .Edia Se giró hacia mí y me agarró de la manga agitadamente. .Bdia ¡Vayamos a destruir el túnel, Drey! ¡No perdamos tiempo! ¡Venga, vamos! .Edia .P Salió corriendo hacia la entrada del túnel y la seguimos todos con más reservas. Una vez ante la abertura, me apresuré a revestir al menos los guantes de destructor que guardaba al fondo de mi mochila. Agarrando también la máscara, me giré hacia Yánika. .D .Bdia Estarás mejor aquí, .Edia le dije a regañadientes. .P Mi hermana sonrió. Tras haber cuidado tan bien de los miroles enfermos, su aura rebosaba de esperanza. .D .Bdia Ten cuidado, hermano. .Edia .D .Bdia Siempre, .Edia repliqué con una sonrisa. Al advertir la indecisión fastidiada de Saoko, agregué para él: .Bdia No hace falta que me sigas: sólo me molestarías. .Edia .P El drow de pelo pincho hizo un mohín pero no se dignó a contestar. Me até la máscara, saqué la piedra de luna y me adentré en el túnel en pos de Orih. Esta ya me llevaba unos cuantos metros, iluminando su camino con una linterna. .P Sentía curiosidad por ver la habilidad de la mirol. Era explosionista, pero no usaba órica y, por lo que había entendido, su sortilegio requería muchísima más energía que los sortilegios de fuerza órica. Sin embargo, si era capaz de expandirse a través del mismo material, también debía de ser mucho más destructor. .D .Bdia Oye, ¿hasta qué punto es potente tu sortilegio de explosión? .Edia le pregunté mientras caminábamos prudentemente entre los escombros. .P Orih ralentizó y alzó un índice pensativo. .D .Bdia ¿Has visto ya una mágara explosiva? .Edia .D .Bdia Por supuesto, .Edia dije. .Bdia En las minas subterráneas se usan continuamente. ¿Así que es un poco como una mágara minera explosiva? .Edia .P La mirol soltó una risita. .D .Bdia Nada que ver. De media, es como una veintena de esas mágaras. .Edia .P Agrandé los ojos como platos. ¿ .Sm -ns Una veintena ? Ella retomó con calma: .D .Bdia No puedo controlar su potencia, así que a veces hay pequeñas sorpresas. Por eso siempre soy prudente, .Edia se jactó. .P Reprimí una mueca incrédula. .D .Bdia ¿Cómo funciona? .Edia .P Orih me dedicó una gran sonrisa antes de seguir andando y explicar: .D .Bdia Fácil. Mi sortilegio funciona como un vínculo entre el corazón de la explosión y yo. Necesito unos minutos para colocarlo, y luego unos cinco minutos de espera antes de poder activarlo. No es un real inconveniente, porque de todas formas después de colocarlo, es necesario alejarse un buen trecho. .Edia .P Tragué saliva. .D .Bdia Y… supongo que sabes evaluar más o menos cuánto hay que alejarse. .Edia .D .Bdia Mm… En la Superficie, más o menos, pero nunca he hecho una explosión subterránea, .Edia admitió adoptando un tono inocente. .Bdia En eso, tú eres el experto, ¿no? .Edia .P Me contenté con un carraspeo indeciso. No habiendo visto nunca su sortilegio, era difícil imaginar el impacto. Pragmáticamente hablando, hubiera sido mejor que yo me ocupase solo de romper el túnel, pero sentía curiosidad, y no me sentía capaz de quitarle la gloria a Orih. Parecía estar tan animada… Tras un silencio en el que tan sólo se oían nuestros pasos, el goteo del agua y el rodar de los guijarros, llegué a la conclusión de que cuanto más lejos se desfogase Orih mejor. .P Así que continuamos bajando. En un momento, Orih por poco se despeña y decidí pasar delante pese a que ella me repitiera que estaba bien, que sólo había resbalado. .D .Bdia El experto soy yo, ¿no? .Edia le retruqué. .Bdia Si hubieras resbalado del todo, estarías muerta. .Edia .P Pasé delante ante su expresión sobrecogida. Al de tal vez un cuarto de hora, sin embargo, la mirol empezó a quejarse. .D .Bdia Drey… ¿No nos estamos yendo demasiado lejos? Lo que hemos bajado luego habrá que volver a subirlo, ¿sabes? Esa cuesta me va a matar. .Edia .D .Bdia Es verdad, .Edia reconocí. .Bdia Sólo bajemos un poco más. .Edia .P El «un poco más» se convirtió en un cuarto de hora más. Un olor nauseabundo empezó a flotar en el aire y fue intensificándose a medida que bajábamos. Orih se tapó la nariz, luego se tapó la boca. Finalmente nos encontramos en camino con un cadáver enorme, blando y maloliente. .D .Bdia D-Drey, .Edia farfulló Orih, sin aliento. .Bdia ¿Qué es eso? .Edia .D .Bdia Un rowbi, .Edia respondí. .Bdia Son especies de gusanos enormes. En Dágovil, se usan como ganado y para transporte pesado. .Edia .D .Bdia ¿Ganado? .Edia se atragantó Orih rodeando el inmenso cuerpo, asqueada. .Bdia ¿Eso se come? .Edia .P Asentí, divertido. .D .Bdia Ajá. De hecho, es uno de los platos más típicos de Dágovil. La gente le añade rowbi a cualquier plato. Pero sólo se comen los domesticados. Los salvajes podrían haber comido cualquier cosa. Y este está ya medio podrido. .Edia .P Y ninguna bestia había venido a devorarlo, noté para mis adentros. .D .Bdia ¡No te quedes mirándolo! .Edia protestó Orih. .Bdia ¿Es que no tienes olfato? Yo no puedo más… .Edia .D .Bdia Curioso, .Edia medité. .Bdia Una vez oí decir que a los miroles les encanta la carne podrida. En tal caso, el rowbi debería olerte como un pastel de Kali, ¿no? .Edia .D .Bdia ¿Bromeas? Por favor, muévete, .Edia se atragantó Orih apremiándome. Aspiró y escupió. .Bdia Es repugnante. ¿Es que no lo hueles? .Edia .P Me preocupó su cara nauseosa y, soltando un sortilegio órico para alejar la peste todo lo posible, aceleré también el ritmo replicando: .D .Bdia Lo huelo lo justo. .Edia .P Porque el Datsu me impedía reaccionar al olor de manera excesiva, añadí para mis adentros, pero dejé a un lado la explicación sabiendo que no era un buen momento para hablar de ello. .P Unos pasos más lejos, cuando el hedor de la criatura amainó, me fijé en que el túnel se había ensanchado y allanado. Me detuve y posé una mano en la roca. La tanteé un rato. Y asentí ante la pregunta tácita de Orih. .D .Bdia Puedes colocar aquí tu sortilegio. Parece un buen sitio. .Edia .P Orih sonrió anchamente y tomó una bocanada de aire limpio. .D .Bdia Déjamelo a mí. .Edia .P Intensificó la luz de su linterna para ver mejor y, mientras ella trabajaba, me alejé un poco por el túnel. El aire era curiosamente más fresco y en una curva observé que mi piedra de luna ya no era la única en emitir luz ante mí. Había algo ahí, al fondo del sendero. Tras echar una mirada a Orih y comprobar que seguía ocupada, aproveché el tiempo libre para acercarme a la fuente de luz con prudencia. Desemboqué finalmente en una amplia caverna iluminada con una piedra de luna gigante. No, me corregí. Más que una caverna, era un enorme abismo. Un camino lo bordeaba, más bien irregular, pero era posible recorrerlo. Abajo del todo, en el fondo del abismo, no se veía nada… pero se oía un rumor constante y, por las corrientes de aire que ascendían hasta donde me encontraba, todo indicaba que ahí abajo fluía un río. Y no un simple arroyo. Con lo que, con toda probabilidad, se trataba del río Espiral que desaparecía por trechos en la roca, bajando en espiral hasta el Mar de Afáh y pasando por Ámbarlain. O eso pensé, pero hubiera necesitado las coordenadas exactas para verificarlo. .P Di media vuelta y regresé donde Orih. La mirol estaba concentrada y procuré no molestarla. Me arrimé a un muro y esperé, observando sus gestos con curiosidad. Era como si, al tocar la roca, la estuviera pintando de energías. Como si estuviera creando uno de esos círculos mágicos de brujos que aparecían en los cuentos. .P Al de poco, Orih se levantó, satisfecha. .D .Bdia Listo. ¿Volvemos? .Edia .P Asentí y, despegándome del muro, dejé que Orih pasara delante y cerré la marcha. Como había vaticinado Orih, el ascenso fue más fatigoso que la bajada, pero también menos peligroso. Al de un rato, Orih se detuvo. .D .Bdia Si me alejo mucho más, el vínculo se romperá. Tendré que activarlo aquí. .Edia .D .Bdia ¿Qué pasa si el vínculo se rompe? .Edia pregunté. .P Orih se encogió de hombros. .D .Bdia Nada. Todavía no le he dado la energía necesaria para explotar, .Edia explicó. .Bdia Entonces, ¿lo hago? .Edia .P Evalué la distancia que habíamos recorrido. No era mucha, pero si era lo más lejos que podía estar, qué remedio. Me ajusté la máscara de destructor: esta protegía también el oído, además de la cabeza y los ojos. .D .Bdia Hazlo, .Edia aprobé. .P Orih inspiró, juntó ambas manos y cerró los párpados. De pronto, la vi sonrojarse. .D .Bdia Sería… sería ridículo que me saliera mal esta vez, ¿verdad? .Edia .P Palidecí. .D .Bdia ¿Salirte mal? .Edia .D .Bdia No, bueno, es que no siempre, siempre me salen bien… Pero esta vez tengo que hacerlo, .Edia se dijo. Abrió los ojos con decisión. .Bdia Por Merek… y el abuelo Dalorio. Como ese vampiro no logre salvarlos… .Edia .D .Bdia ¿Quieres hacerlo ya? .Edia me impacienté y resoplé: .Bdia Mar-háï… .Edia .P Orih volvió a inspirar y a concentrarse. Durante unos instantes, hubo un silencio. Entonces, sentí un cambio en el aire. Al instante, una avalancha de energía me golpeó. El estruendo fue impresionante. La verdad, por más que hubiera tomado precauciones, no esperaba que fuera a ser tan potente. Ahora entendía mejor por qué los de su pueblo las habían tomado, a ella y a su madre, por monstruos. Y es que lo eran. .D .Bdia ¡Corre! .Edia exclamó Orih. .P Nos movimos y, pese al terreno escarpado, tratamos de acelerar el ritmo de nuestra subida lo más posible. Incluso donde estábamos, caían pequeñas piedras por la sacudida. La explosión tardó un buen rato en terminar de expandirse y estaba maravillándome de que nuestro camino de vuelta siguiera abierto cuando oí el ruido característico de una roca cediendo a la presión. Eché a un lado a Orih justo a tiempo antes de que la roca se empotrase en el suelo, estallando. La mayoría de los pedruscos, sin embargo, no nos alcanzaron gracias a la barrera órica que había alzado a toda prisa. Orih tenía los ojos abiertos como platos. Y yo me agarraba a mi piedra de luna con fuerza. .D .Bdia Voy a intentar equilibrar esto antes de que nos quedemos atrapados, .Edia dije. .D .Bdia ¿Equilibrar…? .Edia .P Sin contestarle, me concentré en mi órica. La explosión de Orih ya había acabado, pero había dejado las rocas inestables y repletas de grietas. Mientras avanzábamos, me dediqué a echarlas abajo, limitando la probabilidad de que nos cayera una encima. Y las que, al caer, nos impedían el paso, las desintegraba justo lo suficiente, sin amainar un solo instante el viento que me rodeaba alejando la arena y el polvo. .D .Bdia Nunca más, .Edia resoplé. .Bdia Ahora entiendo por qué no hay explosionistas en los Subterráneos. Es un puro suicidio. .Edia .P Orih no contestó. Avanzaba detrás de mí con movimientos rígidos e inseguros. Por lo visto, el haber usado tanta energía la había dejado exhausta. Oí un nuevo restallido de roca. Y sonreí ampliamente detrás de mi máscara. Mar-háï. Esa técnica era una locura, pero estaba seguro de que a Lúst le hubiera fascinado. Aunque él no la habría aprendido, porque era simplemente demasiado poco controlable. .P Al de un largo rato de estar peleando contra rocas traicioneras, llegamos a un lugar más estable y acabamos de subir con más calma. .D .Bdia No ha debido de quedar ahí ni la sombra del túnel, .Edia rió Orih al fin, más tranquila. .Bdia ¿Verdad? .Edia .D .Bdia Sí, y el rowbi debe de estar hecho papilla, .Edia repliqué. .P Una extraña impresión se apoderó de mí mientras nos acercábamos a la salida del túnel. La sensación empezó siendo un picoteo desagradable y rápidamente se convirtió en un miasma de desesperación. Dánnelah, ¿podía ser que…? Helado, me abalancé hacia la salida. Junto a esta, Livon trataba de ponerse en pie, pero algo parecía paralizarlo. .D .Bdia Drey… Orih… .Edia tartamudeó. Tenía la mano ensangrentada. .P Me detuve en seco en la entrada de la cueva. Junto a las estalagmitas, Sirih, Sanaytay y Naylah… las tres estaban igual de paralizadas que Livon. Es más, Sanaytay se había desmayado. Tchag se agarraba a Yánika temblando con todo su pequeño cuerpo. Y Yánika… .P El aura de Yánika era una bola gigante de puro horror. Y en cuanto su horror me golpeó de pleno, dejé de sentirlo por completo. Como un autómata, me acerqué a ella, alejé a Tchag sin miramientos y, cogiendo a mi hermana en brazos, me fui sin una palabra, sin prisas, pero sin pausas. .P Al salir de la cueva, la luz del día me cegó un poco. Vi al vampiro con gafas agachado algo más lejos, con cara de gato erizado y ojos exorbitados. Su instinto debía de haberle dicho que esa parálisis, que ese horror descomunal no eran suyos. Lo ignoré, bajé el pedregal y me adentré en el bosque. .P Al de un rato, me di cuenta de que Yánika había cambiado de actitud. Ya no tenía sus grandes ojos negros abiertos mirando al vacío: los tenía anegados de lágrimas. Se agitó, obligándome a posarla en el suelo. .D .Bdia Her… ma… no… .Edia hipó. .P Me abrazó el torso con fuerza. Traté de entender lo que le había ocurrido pero fui incapaz, así que lo pregunté con calma: .D .Bdia ¿Qué ha pasado, hermana? .Edia .P Yánika inspiró ruidosamente y, apartándose ligeramente, me miró, alzó una mano y me retiró la máscara. Agrandó levemente los ojos, pero pronto los bajó y volvió a ponerse a llorar. .D .Bdia ¡Me asusté tanto! .Edia exclamó de golpe. .Bdia Me asusté tanto, hermano… cuando oí la explosión. Nunca había oído algo así. Creía… creía que estarías muerto. Y cuando lo pensé, me sentí tan mal, tan mal que… que ellos… ¡Les hice daño, hermano! Livon se cayó y se cortó la mano. Tenía san… sangre, .Edia sollozó. .Bdia Y Sanay se desmayó. Y Sirih se preocupó tanto… Y Naylah dijo… dijo cosas muy raras. Algo sobre un monstruo… .Edia Volvió a abrazarme con sus brazos menudos, temblando con todo su cuerpo. La escuché sollozar. Tras un silencio, ella añadió: .Bdia ¿De verdad soy un monstruo, hermano? Yo… creía que podía controlarme. Estuve practicando. .Edia Tragó saliva y murmuró: .Bdia Incluso te estoy volviendo triste a ti… ¿verdad? Por eso tienes que usar tu Datsu… Porque si no a ti también te haría daño. .Edia .P La miré con tranquilidad y negué con la cabeza. .D .Bdia No, .Edia aseguré. .Bdia A mí nunca me haces daño. .Edia .P Até mi Datsu tanto como este me lo permitió y poco a poco sentí cómo el sello volvía casi a su estado original. La tristeza de Yánika fue creciendo en mi interior, pero no la rehuí. Prefería sentir eso a no sentir nada. Le agarré ambas manos. .D .Bdia Yani. Dime. ¿Quieres seguir con esto? Si no quieres, nos vamos. Nos vamos ya y seguimos viajando adonde quieras. No tienes por qué aguantar esto. .Edia .P Yánika bajó la cabeza. Su tristeza no amainaba. .D .Bdia No quiero hacerles daño nunca más, .Edia murmuró. .P Y dudaba de que, después de un terror como aquel, los Ragasakis pudieran perdonarnos. Que hubiéramos estado junto a ellos, poniéndolos en peligro en cada instante, imponiendo el estado de ánimo de Yánika en sus sentimientos en cada momento sin avisarlos siquiera… Era probablemente imperdonable. Nadie hasta ahora, exceptuándome a mí, había sido capaz de aceptarla y convivir con ella conociendo su poder… Los Ragasakis se merecían mis disculpas. No las de Yánika: ella no controlaba su poder y había sido la primera en querer revelar su habilidad a la cofradía. Yo, en cambio, había alargado la cosa, sabiendo perfectamente que un día nuestros nuevos compañeros acabarían por averiguar la verdad. .D .Bdia Está bien, .Edia dije al fin. .Bdia Pero no te sientas triste. No es culpa tuya, Yani. Ven, iremos a disculparnos y a despedirnos, y volveremos a ser tú y yo contra el mundo. ¿Qué te parece? No suena tan mal, ¿verdad? .Edia .P Yánika meneó la cabeza. .D .Bdia Eso no es lo que tú querías, hermano, .Edia susurró. .Bdia Tú querías estar con ellos. .Edia .D .Bdia Quería, pero ahora no, .Edia le repliqué. .Bdia Las cosas cambian. .Edia .D .Bdia Por mi culpa. .Edia .D .Bdia Por culpa de los demás, .Edia le retruqué. .Bdia Y por culpa mía. Si tú crees que eres un monstruo, yo soy peor. ¿O es que no te acuerdas de lo que pensaba la gente del Templo de los Arunaeh? Ni siquiera se creen que soy saijit del todo. Todo porque no siento igual. Pero no me importa, Yani. No me importa porque a ti no te importa. Mientras haya al menos una persona que sepa que no soy una simple máquina destructora… no necesito a nadie más. ¿Me oyes, Yani? .Edia .P Los labios de Yánika temblaron. .D .Bdia Pero Livon y tú os llevabais tan bien… Y Orih, Sirih, y Sanay… Mar-háï. Soy la peor destructora de los Arunaeh, .Edia ironizó. .P La miré, sobrecogido. Y me sentí enervado. .D .Bdia Olvídalo. Olvídalo todo. Sólo fueron unas semanas, no llega ni a un mes. No los conocemos. Olvídalos, Yani… No podemos quedarnos. Pero vayamos a disculparnos. Por favor, .Edia añadí, suplicándola para que se calmase. .P Yánika inspiró y asintió, recobrándose. .D .Bdia De acuerdo. .Edia .P Con paso lento, caminamos entre los árboles y apenas me giré cuando vi a Saoko acercarse. No me sorprendí: había notado su presencia desde hacía un rato. El mercenario se había mantenido a una distancia prudente, probablemente para que el aura de mi hermana no lo influyera. Lo más extraño era que no lo había visto en la cueva cuando yo había salido del túnel. Lo fulminé con la mirada y, tras un silencio, pregunté: .D .Bdia ¿Por qué no has intervenido? .Edia .P Saoko alzó los ojos al cielo sin ralentizar. Tras otro silencio, confesó: .D .Bdia Lústogan me pidió que no lo hiciera. .Edia .P Jadeé interiormente. ¿Mi hermano le había pedido expresamente a Saoko que no interviniera en caso de que a Yánika le diera un ataque? ¿Por qué? ¿Acaso había previsto que algo así ocurriría y nos obligaría a separarnos de los Ragasakis? ¿Acaso esperaba que así volveríamos a casa? .P Me concentré en mis pasos y pronto estuvimos de regreso al pie del pedregal de la cueva. Justo en ese instante lo estaban descendiendo Naylah, Livon, Orih, Yeren, Sirih y Sanaytay. Los seis Ragasakis mostraban encontradas expresiones. Naylah se aferraba a su lanza, Sanaytay estaba muy confundida, Yeren profundamente meditativo, Sirih tenía el ceño fruncido y Orih se mordisqueaba el labio, incrédula. Le hice una señal a Yánika para que se detuviera y me acerqué. La expresión de Livon era la que más me desconcertaba: sus ojos me contemplaban con inquietud. ¿Tal vez porque estaba buscando las palabras adecuadas para decirme que se sentía traicionado? .P Cuando estuve a unos metros, el permutador preguntó: .D .Bdia ¿Yánika está bien? .Edia .P Rehuí su mirada asintiendo. .D .Bdia Lo está. Y… ¿tu mano? .Edia .D .Bdia Oh. ¡Sólo fue un rasguño! .Edia aseguró. .P Sonreía. ¿Por qué diablos sonreía? Tragué saliva. .D .Bdia Ragasakis. Quería deciros… .Edia .P Vacilé, incómodo. No estaba acostumbrado a pedir disculpas. Recordaba que las pocas veces que le había dicho «lo siento» a mi hermano este me había replicado «me da igual». Una manera de decir que era mejor hacer las cosas bien a la primera que pedir perdón inútilmente. Sin embargo, él bien que había pedido perdón cuando yo había aplastado la escultura de Antaka en aquel pueblo de Dágovil… .P Decidiéndome al fin, me arrodillé. Bajo sus miradas sobrecogidas, me incliné posando mis manos enguantadas sobre los guijarros y solté alto, claro y sincero: .D .Bdia ¡Siento lo ocurrido! Debí haberos avisado, pero no lo hice. .Edia .P Más que culpa, en ese momento sentí tristeza. ¿Acaso tanto me había apegado a ellos? Pues claro: por patético que pareciera, jamás había conocido tan bien a nadie como a esos Ragasakis con los que que me había cruzado hacía menos de un mes… .Bpenso Ya-náï, .Epenso me dije entonces. .Bpenso Olvídalo todo. Lúst tenía razón: la amistad dura lo que dura el buen ambiente y se rompe más fácil que el talco. .Epenso Reprimí mi tristeza desatando levemente mi Datsu. No quería que Yánika la sintiera. No quería hacerla sufrir más de lo que ya estaba sufriendo. Me quité de la cinta del pelo el símbolo azul de los Ragasakis que me había regalado Naylah y lo posé sobre las piedras con una inclinación: .D .Bdia Perdón y… gracias por todo. Entiendo que no podamos quedarnos después de esto. .Edia .P No tuve que esperar mucho la respuesta. Sirih resopló y Sanaytay murmuró mi nombre con tímida sorpresa; en cuanto a Livon, se sentó ante mí con las piernas y los brazos cruzados y me miró fijamente. Los ojos del permutador eran como dos lagos grises, límpidos y resueltos. .D .Bdia Drey, .Edia dijo. .Bdia ¿Qué estás diciendo? Ya conocíamos los poderes de Yánika. Zélif nos avisó. .Edia .P Agrandé los ojos como platos. Zélif… Claro. Era lógico pensar que no hubiera guardado el secreto y lo hubiera divulgado a los cofrades sin consultarme. No supe si sentirme aliviado por ello o no. Sirih carraspeó. .D .Bdia Bueno, eso de que los conocíamos… Yo personalmente no esperaba algo así. Fue francamente horrib… .Edia Orih le dio un codazo pero Sirih terminó: .Bdia … blemente impresionante. Y ha durado. ¡Ha sido el peor cuarto de hora de mi vida! .Edia rió nerviosamente. .Bdia ¡A eso se le llama compartir penas y alegrías…! .Edia .D .Bdia ¡Sirih…! .Edia protestó Orih. .Bdia No lo hace queriendo, ¿sabes? ¿Verdad, Yani? .Edia .P Aunque mi hermana se había quedado a cierta distancia, percibí claramente su aura de sorpresa. .D .Bdia ¿Lo sabíais? .Edia preguntó. .P Orih asintió sonriente. .D .Bdia Claro. No es algo de lo que uno se dé cuenta fácilmente y me costaba creerlo pero, ahora que nos has dado una prueba tan clara… ¡ese poder es increíble, Yani! .Edia .P Yánika se aproximó con timidez, asombro y esperanza. .D .Bdia ¿En serio? .Edia .D .Bdia En serio, .Edia sonrió Naylah. .D .Bdia Increíble y genial, .Edia corroboró Livon sin abandonar su pose sentada. .P Confundido, meneé la cabeza y me levanté, tratando de entender. Esos tipos… .D .Bdia ¿No os asusta su poder? .Edia pregunté. .P Los vi intercambiar miradas, encogimientos de hombros y leves sonrisas. .D .Bdia ¿No te asusta el mío? .Edia replicó Orih enseñando sus dientes afilados. .P Resoplé de lado. .D .Bdia El tuyo es tan flagrante que asustaría hasta a un dragón, .Edia le dije. Y fruncí el ceño, mirándolos uno a uno, aún turbado. ¿Por qué diablos esos Ragasakis no actuaban como la gente normal? ¿Qué saijit en su sano juicio aceptaría en su grupo a una persona que influenciaba sus sentimientos a todas horas? .D .Bdia Así que… ¿no os molesta sentir lo que siento yo? .Edia preguntó entonces Yánika. .D .Bdia Puede ser un poder peligroso, .Edia admitió Naylah, posando bien su lanza. .Bdia Sin embargo… .Edia Recogió la insignia de los Ragasakis del suelo y me la tendió sin dudarlo diciendo: .Bdia En nuestra cofradía, no abandonamos a la gente por ser diferente. Si no controla su poder… la ayudaremos a encontrar un método para aprender a hacerlo. .Edia .D .Bdia Y lo encontraremos, .Edia afirmó Livon, confiado. .D .Bdia ¡Los Ragasakis pueden con todo! .Edia exclamó Orih, radiante. .D .Bdia Además, si os vais, Tchag se transformará durante las noches, .Edia apuntó Sirih, siempre pragmática. .P Por la mueca sorprendida de Livon, supe que este acababa de caer en la cuenta. Sanaytay intervino entonces humildemente con su voz suave: .D .Bdia Drey. Yánika. Sería una pena… si os fuerais. .Edia .P El aura de Yánika brillaba ahora de emoción. Tragué saliva. Todos ellos… No necesité mirarle a mi hermana para tomar la decisión: retomé la insignia de los Ragasakis. Livon sonrió con todos sus dientes y, alegrado, Yeren comentó: .D .Bdia ¡Bueno! Yo vuelvo con mis pacientes. Si no os molesta, chicos… ¿podríais traerme más oorda? Es la planta con florecitas rosas que recogí ayer en el camino. A Livon se la he enseñado antes. Coged todas las que podáis y regresad pronto. Estos miroles… andan muy mal. Pero, con el conocimiento del Príncipe Anciano, no tengo disculpa: haré todo lo posible por salvarlos. .Edia .P Livon me agarró de la manga para animarme a seguirlo. .D .Bdia ¡A por oordas! ¿Las de flores en forma de campana, no, Yeren? .Edia .D .Bdia ¡Si te las he enseñado, Livon, no hagas como que no te acuerdas! .Edia .P Livon forzó mal una sonrisa. .D .Bdia Ya… .Edia Se cruzó con mi mirada burlona y su sonrisa se ensanchó, clara e inocente, mientras corríamos bosque adentro. .Bdia Conozco un montón de plantas y tengo un olfato de lobo. ¡Sólo tendremos que ir por eliminación! .Edia .P Puse los ojos en blanco. Mar-háï… .D .Bdia Por eso no acabas nunca de resolver el cubo de números, Livon, .Edia le dije con tono fatalista. .Bdia Te falta estrategia. .Edia .P Lo que no le faltaba, en cambio, era resolución. .Ch "Intercambios" .\" 01/05/2019 Me encontraba en una cápsula esférica en medio de tantas, en un cristal transparente que ardía. Ardía de locura y desequilibrio, pero Sheyra no estaba ahí para ayudarme a equilibrar nada. En algún sitio, Lúst se burló: .Bparoles Sheyra no hace nada, Drey: tú haces por ella. .Eparoles Es verdad, pensé. Y, en medio de la luz brumosa y de color azulada, en medio del silencio y la nada, tendí una mano. Destruye. Destruye. Destrúyelo todo. Sólo en el momento en el que iba a desatar mi órica contra el globo que me encerraba, me di cuenta de que me había convertido en roca y que, con mi sortilegio, yo también iba a ser a destruido… .P Desperté en un sobresalto. Mis ojos se fijaron un momento en el cielo azul moteado de nubes. Aquellos tres últimos días no había llovido casi, para alegría de todos. Escuché en la distancia unas voces animadas y me enderecé meneando la cabeza. Attah… Me había quedado dormido en la hierba de tanto contemplar las nubes. .D .Bdia ¿Una pesadilla? .Edia inquirió Livon con el ceño fruncido. .P Me crucé con su mirada y, advirtiendo que seguía con su cubo de números, me pregunté cómo hacía ese tipo para mantenerse despierto: el permutador había pasado casi toda la noche ayudándole a Merek a buscar a su compañero Rakbo que, desde la mañana de la explosión del túnel, tres días atrás, no había dado señales de vida. Me encogí de hombros. .D .Bdia Supongo, .Edia contesté. .P Eché un vistazo a los demás Ragasakis: junto al lago, al pie de la colina, Sanaytay les estaba enseñando a Yánika y a Tchag los distintos cantos de ave que conocía; instalada sobre la rama de un árbol, algo más lejos, Sirih echaba la siesta. Saoko afilaba sus cuchillos junto al edificio de los vampiros. Y Orih probablemente estaría hablando con Merek, o con algún otro mirol de su pueblo. En cuanto a Yeren… Bueno, el brebaje de oorda, añadido a ciertos sortilegios del Príncipe Anciano, había sido efectivo y había salvado a todos los miroles que aún vivían. La mayoría seguía en la caverna, descansando, pero ya ninguno estaba en estado crítico y Yeren no había podido resistir la tentación de unirse a la conversación del Príncipe Anciano y del Gurú del Fuego. Esos dos obviamente disfrutaban de sus doctos intercambios. No acababa muy bien de entender cómo Aruss había perdonado tan fácilmente al vampiro el haberlo dejado en un estado tan débil… y Rozzy por lo visto tampoco, pero el caso era que el sibilio pelirrojo, deprimido y abatido en un primer momento por sus desgracias en la vida, se había apegado al Príncipe Anciano como un discípulo a un maestro reverenciado. Y Yeren, aunque más reservado y comedido, se había unido a la plática con afán. Mar-háï… Apenas unos días atrás, platicar con un vampiro me hubiera parecido igual de ridículo que platicar con una arpía. Y diablos, quién sabe, tal vez entre las arpías también había seres civilizados… .D .Bdia Yo también tuve hace poco una pesadilla, .Edia dijo Livon, recordando. .Bdia Me estaba arrastrando por la hierba e intentaba levantarme pero no podía, hasta que me daba cuenta de que había permutado mi mente con la de una lombriz. .Edia .P Me eché a reír. .D .Bdia ¡Tú capaz! Mm… En mi pesadilla, .Edia conté con tono ligero, .Bdia usaba órica para destruir un cristal que me rodeaba, y en el momento de soltar mi sortilegio, me daba cuenta de que yo también estaba hecho de roca. .Edia .P Livon hizo una mueca. .D .Bdia ¿Y explotabas? .Edia .P Puse los ojos en blanco, divertido. .D .Bdia Ya-náï. Me he despertado. .Edia .P Volví a tumbarme en la hierba con las manos detrás de la cabeza. Últimamente no me cansaba de mirar las nubes. Esa mañana particularmente, cambiaban de forma con una rapidez prodigiosa. Había leído que eran meras gotas de agua en suspensión, pero no dejaban de parecerme mágicas. Como probablemente le parecerían mágicas a una persona de la Superficie las nubes brillantes de kérejats revoloteando, las distintas auras luminosas y otros mil fenómenos de los Subterráneos. .P Livon había vuelto a su cubo de números desde hacía un rato cuando soltó: .D .Bdia Drey. ¿Puedo hacerte una pregunta? .Edia .D .Bdia Claro, .Edia dije sin desviar los ojos del cielo. .D .Bdia Ese tatuaje que tienes en el rostro… Me dijiste que todos los Arunaeh lo teníais desde pequeños, pero no es un tatuaje normal, ¿verdad? .Edia .P Por alguna razón, casi esperaba que me lo preguntase. .D .Bdia Mm, .Edia asentí, enderezándome de nuevo. .Bdia No es técnicamente un tatuaje. Es un sello. .Edia .D .Bdia ¿Un sello? .Edia .D .Bdia Sí. Mi familia posee un pilar muy especial y la Selladora lo usa sobre todos los miembros imprimiendo vínculos bréjicos. No acabo de entender cómo funciona, pero el sello, el Datsu, está vinculado a nuestra mente y equilibra nuestras emociones. .Edia .P Livon tenía una expresión sobrecogida. Oí la risa lejana de Yánika y me giré para verla admirar los sonidos armónicos de Sanay. Su aura alegre me rozaba levemente pese a la distancia. .D .Bdia Sólo el Datsu de Yánika es diferente, .Edia añadí. .P Livon meneó la cabeza contemplando su cubo sin verlo. .D .Bdia Pero… ¿por qué? ¿Por qué usar un sello así? ¿También tus padres estaban de acuerdo para imponértelo? .Edia .P Una media sonrisa curvó mis labios. .D .Bdia Obviamente. La Selladora es mi madre. .Edia .P Me encogí de hombros bajo su mirada suspensa. No le dije que mi madre llevaba muchos años sin sellar a nadie. Pasé una mano por la hierba verde, acariciándola. Era más recia que la hierba azul del Templo del Viento, pero su fragancia era más fuerte. Adivinando que Livon no se atrevía a preguntar más, agregué: .D .Bdia Me crié como destructor y sólo pasaba unos meses al año en la isla de mi familia, así que sé poco de bréjica y no sé hasta qué punto me influye el Datsu. .Edia .D .Bdia Mm… .Edia reflexionó Livon, absorto. .Bdia ¿Qué quieres decir con que equilibra las emociones? ¿Te molesta que pregunte? .Edia .D .Bdia No especialmente. Seguramente te habrás fijado en que a veces las líneas de mi tatuaje se esparcen en mi rostro. .Edia .P Livon parpadeó. .D .Bdia Er… Pues la verdad… .Edia .P No se había fijado. Y eso que era bastante visible: mi tío Varivak hasta afirmaba que los Arunaeh éramos, gracias al Datsu, los más expresivos de todos los saijits. Meneé la cabeza, divertido. .D .Bdia El Datsu está pensado para evitar excesos, .Edia expliqué, .Bdia y también refrena emociones inútiles, como el enojo, el odio, la envidia… Algunas de esas las conozco sólo de nombre y no sé si realmente las he sentido algún día. Tal vez sí. Francamente, tampoco deseo sentirlas. ¿Qué clase de idiota desearía sentir cosas que lo hacen sufrir? .Edia Una hormiga se había subido a mi rodilla y con una leve corriente de aire la mandé a respirar vientos. Tras verla desaparecer en la hierba, afirmé: .Bdia Los Arunaeh usan el Datsu desde hace muchas generaciones. Nunca me interesé mucho por el tema, pero tiene efectos incuestionables. ¿Oíste hablar de la Sirena del Desastre? .Edia Como él negaba con la cabeza, conté: .Bdia Fue una leyenda viva en tiempos de mi abuelo. Bueno, más que una leyenda, según mi abuelo. Una vez nos contó a mi hermano y a mí que había participado en una expedición para investigar unos derrumbamientos en pleno mar de Afáh y se toparon con la Sirena del Desastre. Ella los atacó con un grito bréjico y todos se tiraron por la borda. Decenas de saijits. El único en no hacerlo fue mi abuelo. Su Datsu lo protegió y, de alguna forma, pudo llegar hasta la Sirena, hablar con ella y convencerla para que dejara de espantar a toda la vecindad. También contó que esa joven era la criatura más extraña que había conocido en su vida. Mi abuelo no es de los que se impresionan fácil: no creo que se lo haya inventado. .Edia Marqué una pausa y sonreí añadiendo: .Bdia Además, al contrario que otros clanes, el nuestro es el único en no contar con un solo suicidio en toda su historia. Ni tampoco ha habido ningún loco de atar, ni ningún profeta, ni ninguna lucha interna grave. Tal vez sea gracias al sello. .Edia .P Livon tenía cara profundamente meditativa. .D .Bdia Ya veo. Entonces… para ti, no es un problema, ¿verdad? .Edia .P Enarqué una ceja. .D .Bdia ¿El Datsu? Pues no. .Edia .D .Bdia ¿Incluso… si no eres capaz de sentir como los demás? .Edia .P Meneé la cabeza y mis ojos volvieron a posarse en Sanay y Yani, ahora sentadas junto al lago. La armónica de sonidos, normalmente silenciosa, parecía alegrarse de poder divertirles a Yánika y a Tchag con su poder. Sonreí. .D .Bdia Incluso, .Edia aseguré. .Bdia Sin el Datsu, no podría protegerle a Yánika como lo hago. Puede que mientras desato mi Datsu no sienta casi nada, pero es el único escudo que tengo para protegerla cuando ella pierde el control. .Edia .P Livon enarcó las cejas, siguió la dirección de mi mirada y sonrió. .D .Bdia Entiendo. .Edia El permutador lanzó el cubo en el aire y lo recogió con cara decidida. .Bdia Me acabas de recordar una promesa que le hice a Myriah cuando ella dejó de poder hablarme. Ese día, me prometí que la liberaría sin importar el sacrificio. .Edia .P Asintió para sí y se giró hacia mí con una sonrisa cómplice, arrancándome una expresión sobrecogida. ¿Sacrificio? Yo jamás había visto el Datsu como un sacrificio. Aquellos tres últimos años mi único objetivo claro había sido el de cuidar de Yánika, pero no lo hacía con ese fervor que brillaba en los ojos de Livon, no lo hacía con la idea de ir a sacrificar nada. En cualquier caso, realmente esa elfa encerrada en varadia debía de ser importante para él para que hubiera contemplado la posibilidad de permutar con ella y sacrificar su propia vida. De pronto, agrandé los ojos. Dánnelah… ¿No estaría otra vez pensando en ello seriamente? Giré los ojos hacia el permutador. Este se había vuelto a concentrar en su cubo de números, ese mismo cubo que le había dado Yeren para se desestresase mientras él hablaba con la Kaara y buscaba una manera de destruir varadia y salvar a Myriah. Sólo que, después de dos años, ya se estaba volviendo una obsesión. .P Hice una mueca, vacilé y, tras un silencio meditativo, solté: .D .Bdia ¿Te fijaste en que los números del centro no se mueven? .Edia .P Livon desvió la mirada de su cubo, sorprendido. .D .Bdia ¿Hablas del cubo? .Edia .P Me levanté, asintiendo. .D .Bdia Fíjate en un número central y en los números que estén en el mismo sentido. Luego, céntrate en resolver ese lado. Primero los números de las esquinas. Y luego los otros. .Edia .P Ante su mirada extrañada, le dediqué una mueca traviesa. .D .Bdia Sólo son trucos básicos. No te estoy ayudando a resolverlo. Voy a dar una vuelta. .Edia .P Me alejé con paso tranquilo, bajé la colina y tras saludar de lejos a Yánika y a Sanaytay me metí en el bosque, no sin comprobar antes que Livon se había concentrado totalmente en su cubo. Tomé la dirección de la cueva de los Atarah. Tan sólo fui a verificar que la roca seguía estable y que no amenazaba con desplomarse. Iba a salir, satisfecho, cuando una niña mirol emergió de la caverna y se acercó con rapidez diciendo: .D .Bdia ¡Espera, por favor! ¿Está el curandero aquí? ¿Dónde puedo encontrarlo? El abuelo Dalorio… .Edia .P Me alarmé. .D .Bdia ¿Se encuentra mal? .Edia .P La niña miró furtivamente hacia la caverna y confesó bajando la voz: .D .Bdia Anoche no se tomó la medicina. El pequeño Garguin estaba muy mal y el abuelo quiso darle su parte. Ahora Garguin está bien, y el abuelo dice que él también, pero tiene fiebre, y Madre me ha pedido que vaya a buscar al curandero y yo… .Edia .P Calló, mordiéndose un labio. Temía a los vampiros, entendí. Nada más natural. .D .Bdia Tranquila. Llamaré a Yeren. Seré rápido, .Edia prometí. .P Los ojos de la pequeña mirol se iluminaron de gratitud. Salí a paso rápido, bajé el pedregal y regresé a la carrera. Cuando subí la colina, Livon ya no estaba sobre la hierba y me fijé en que se había unido a Sanay, Tchag y Yánika en sus diversiones. Así cualquiera resolvía un cubo rompecabezas… .P Pasé ante la mirada levemente curiosa de Saoko y, sin una explicación, caminé hasta la puerta abierta y entré en el edificio. Enseguida varios pares de ojos se giraron hacia mí. De los ocho vampiros que acompañaban al Príncipe Anciano, cuatro habían salido. Tal vez a cazar sangre. Los cuatro restantes no parecían hacer gran cosa. Sólo el vampiro de las gafas, Waïspo, tenía un libro entre las manos, pero en ese momento sus ojos se habían alzado como resortes hacia mí. Además de esos cuatro, en el fondo de la sala, junto al biombo, se encontraban los dos Protectores Járdicos, Aruss y Rozzy, así como el Príncipe Anciano y el drow albino. Obviando las miradas, me concentré en este último y dije: .D .Bdia Yeren. Al parecer el viejo Dalorio anda mal. Me han pedido que te avise. .Edia .D .Bdia ¿Dalorio? .Edia exclamó el curandero. Se levantó y agarró su saco. .Bdia Voy enseguida. Disculpad, .Edia añadió para Aruss y el Príncipe Anciano. .D .Bdia Te acompaño, .Edia dijo Aruss, levantándose también. .Bdia Creo que ha llegado la hora de que aplique las enseñanzas del Príncipe Anciano. Si quise dejar de ser Gurú del Fuego, fue porque no le encontraba un sentido a serlo. Pero ahora me doy cuenta de que soy yo quien debe darle un sentido. Si intento ser más que símbolo y apariencia… tal vez pueda hacer algo por esos miroles también. .Edia .P Yeren ya estaba en la puerta y se giró hacia él con una mueca paciente. .D .Bdia Me parece bien. Pero entonces no te quedes ahí hablando. .Edia .P Aruss agrandó los ojos y, tras farfullar unas palabras de disculpa al viejo vampiro, se apresuró a seguir a Yeren afuera. Yo iba a imitarlo cuando, para sorpresa mía, Waïspo levantó una mano, pidiéndome claramente que esperara. .D .Bdia El Príncipe Anciano… .Edia empezó a decirme. .P Sin embargo, el vampiro con gafas se interrumpió educadamente cuando, al alejarse Rozzy hacia la salida, el Príncipe Anciano soltó con diversión: .D .Bdia Te sientes irritado contra mí, elfo. ¿Acaso no viniste aquí para que Aruss volviera a ser Gurú del Fuego? O quizás lo que querías era salvarlo otra vez tú sólo. .Edia .P Rozzy le dirigió una expresión fría. .D .Bdia ¿De qué hablas? Me alegro de que Aruss quiera regresar a la cofradía. Sólo le deseo lo mejor. .Edia .D .Bdia Te creo. Pero que yo tuviera las palabras adecuadas para hacerlo cambiar de opinión y que tú no las tuvieras… eso es lo que ensombrece tu alma, muchacho. Sin embargo, .Edia agregó el viejo vampiro como el járdico apretaba los dientes y daba un paso hacia el umbral, .Bdia te aseguro que yo no fui el que lo hice cambiar, Rozzy. Tú lo hiciste. Aruss ha recordado simplemente que la posición de gurú no es lo importante y que vivir con sus cofrades bien vale el riesgo de defraudarlos. Perderte a ti, perderlos a ellos, eso es lo que Aruss teme ahora. Sólo le he ayudado a recordar el tesoro que tenía entre sus manos. .Edia .P Vi a Rozzy agrandar los ojos. Escudriñó al Príncipe Anciano unos instantes y, finalmente, salió sin una palabra. Mar-háï. Aquella conversación me había recordado que el Príncipe Anciano era capaz de notar ciertas cosas con su bréjica y, molesto, inicié un movimiento rápido hacia la salida. .D .Bdia Drey Arunaeh. .Edia .P Me detuve. Y giré la cabeza. Los ojos del Príncipe Anciano habían perdido el destello de diversión de antes y me observaban ahora con profunda gravedad. .D .Bdia ¿Puedo hablar contigo un momento? .Edia .P Suspiré y hundí mis manos en los bolsillos antes de clavar mis ojos en los suyos. .D .Bdia Dime. .Edia .P La expresión del Príncipe Anciano se aclaró. .D .Bdia Por un momento, tuve dudas sobre lo que percibía en ti. Pero ahora que estás solo… no me cabe duda. Eres tú quien me dirige ese odio visceral. Y no está dirigido a los muchachos, con lo que, de alguna forma, parece que me conoces. Pero no recuerdo haberte visto nunca. ¿Puedes ayudarme a resolver ese misterio? Me tiene intrigado. .Edia .P Resoplé. .D .Bdia Y a mí más. No siento ningún odio hacia ti, Príncipe Anciano. De hecho, no podría. Me extraña que, siendo tan sabio y conocedor de todo, no hayas oído hablar del sello de los Arunaeh. .Edia .P El Príncipe Anciano asintió para sí. .D .Bdia Por supuesto que he oído hablar de él. Por eso me intriga aún más lo que percibo. .Edia .P Lo observé con una mueca suspicaz. Pregunté: .D .Bdia ¿Eres capaz de sentir las emociones de los demás? .Edia .D .Bdia No. Mis sortilegios sólo perciben las intenciones. Los pensamientos intensos. En ti, percibo un fuerte deseo de matarme. .Edia .P De modo que no solamente no percibía las emociones sino que debía usar sortilegios para captar con sortilegios bréjicos esos pensamientos. Distaba mucho de ser un poder tan potente como el de Yánika. Y además, fallaba, pues yo no había pensado en ningún momento en matar al viejo vampiro. Aun así… Me turbé. Costaba aceptar que algo en mí realmente deseaba matarlo, pero Yánika decía que era cierto, que percibía en mí sentimientos de los que yo no era consciente. Y cuando Yánika estaba segura de algo, no se equivocaba. .P Los cinco vampiros no me quitaban el ojo de encima. Me encogí de hombros. .D .Bdia ¿Qué quieres que te diga, anciano? Yo no percibo nada. Si de verdad una parte de mí desea matarte… no has de preocuparte, porque no tiene ningún impacto. .Edia .D .Bdia Ya veo, .Edia meditó el Príncipe Anciano. .Bdia ¿De modo que no percibes nada? .Edia .D .Bdia En absoluto, .Edia confirmé. .D .Bdia Entonces, ¿cómo es que me has creído tan fácilmente? .Edia Sonrió levemente. .Bdia ¿Acaso tu hermana también lo percibió? .Edia .P Me tensé y lo fulminé con la mirada. Era de esperar que el vampiro con gafas lo hubiera informado de lo ocurrido en la caverna y no era sorprendente que el Príncipe Anciano hubiera entendido parte de los poderes de Yánika pero… ¿cómo sabía que también era capaz de percibir las emociones de los demás? .D .Bdia De modo que también puede hacerlo, .Edia reflexionó. .P Siseé interiormente. Ese viejo vampiro tan sólo había hecho una apuesta sobre el poder de Yánika… y la había ganado. .D .Bdia Hace unos años, .Edia retomó el Príncipe Anciano, .Bdia hablé con un miembro de tu familia. La mayoría sois brejistas, así que obviamente siento curiosidad por vuestras técnicas. Y lo mismo debió de pensar el Arunaeh que vino a verme. Ese kadaelfo andaba buscando una manera de añadirle un sello a otro sello. Yo le dije que jamás había oído que algo así fuera posible. Me pregunto… si no sé ahora para qué lo quería. .Edia .P Jadeé interiormente. ¿Alguien de los Arunaeh había ido a visitar al Príncipe Anciano? .Bpenso Padre… ¿fuiste tú? .Epenso Advertí entonces los ojos observadores del vampiro y chasqueé la lengua. Tsk… Si pensaba que iba a darle más indicios sobre lo ocurrido, me había juzgado mal. Con frialdad y franqueza, lo avisé: .D .Bdia No te metas en los asuntos de los Arunaeh, anciano. Nunca trae nada bueno. .Edia .D .Bdia No es mi intención, .Edia aseguró con calma. .Bdia Sólo quiero comprobar algo sobre ti. Ese pendiente que llevas… ¿de dónde lo has sacado? .Edia .P Su pregunta me tomó por sorpresa. Reflexioné con rapidez. Recordaba el efecto que había tenido sobre mí la primera vez que había tocado esa lágrima de cristal, pero con los años los recuerdos de aquel día se habían vuelto borrosos. Rao, la niña alegre de pelo malva y negro, y esa lágrima de cristal… ¿Qué tenían que ver con mi misterioso deseo de matar al Príncipe Anciano? ¿Significaban acaso algo? Mi Datsu se desató ligeramente, expandiéndose en mi cuerpo, y probablemente los vampiros se dieron cuenta de ello. .D .Bdia ¿Por qué lo preguntas? .Edia repliqué. .D .Bdia Mm. Sólo es una corazonada, .Edia dijo el Príncipe Anciano. .Bdia ¿Puedo tocarlo un instante? .Edia .P ¿En serio me lo pedía? Hice una mueca de desprecio. .D .Bdia ¿Y por qué te dejaría tocarlo? .Edia .P Lo vi poner los ojos en blanco. .D .Bdia ¿Y si te dijera que ya he visto una lágrima muy parecida en manos de otra persona? .Edia .D .Bdia Mmpf. ¿Tan raro resultaría? .Edia inquirí. .D .Bdia No lo sé, .Edia admitió el Príncipe Anciano. Me miró con tal intensidad que me hizo fruncir el ceño. Soltó: .Bdia ¿Has oído hablar de los Ocho Pixies del Desastre? .Edia .P Resoplé. ¿Ahora me venía con leyendas? .D .Bdia Hace muchos años, .Edia retomó el Príncipe Anciano, .Bdia cincuenta años, si bien recuerdo, se oyó hablar por primera vez de ellos. Unos dicen que son mensajeros de Norobi, diosa warí de la Justicia y la Venganza, otros dicen que vienen del mismísimo corazón de los Subterráneos y que son tan grandes que al andar destruyen los túneles como cien dragones de tierra. .Edia Marcó una pausa. .Bdia Otra de las versiones cuenta que fueron creados por magos negros, que mataron a todos sus creadores y que erraron por los Subterráneos sembrando el caos. Créeme o no, no son un mito, saijit. Existieron de veras. Pocos lo saben, pero uno de esos Pixies, el líder, fue el que se convirtió en el famoso mago negro que propagó su ira en los Pueblos del Agua durante una década entera. Liireth. El que consiguió dar un cuerpo a los Espectros de la Angustia y convertirlos en Shigan, en dokohis. .Edia Marcó otra pausa sin dejar de observarme. .Bdia Si me dejas examinar ese cristal, os daré más información sobre los Shigan. .Edia Agrandé los ojos y él añadió: .Bdia Si de verdad pretendéis investigar sobre ellos, necesitaréis mis conocimientos, o acabaréis cayendo en su trampa y muriendo, o peor, convirtiéndoos vosotros también en Shigan. ¿Qué me dices? .Edia .P Eso era jugar sucio. Pero ¿por qué otorgarle tanta importancia a esa lágrima de cristal? .D .Bdia ¿No se supone que tú también deseas acabar con los dokohis? .Edia dije. .Bdia ¿Qué ganas omitiéndonos información? .Edia .P El viejo vampiro sonrió levemente. .D .Bdia ¿Qué ganas tú rehuyendo mi propuesta? .Edia .P Le eché una mirada sombría. De hecho, no ganaba nada. Si acaso me arriesgaba a poner en peligro a mis compañeros por falta de información. Resoplé de lado y alcé una mano hacia mi pendiente. .D .Bdia Está bien. Pero, a cambio, no omitirás un solo detalle sobre los dokohis. Y, .Edia añadí, .Bdia nos dejarás a todos salir de aquí sin problemas. Incluido a Yeren. .Edia .P El Príncipe Anciano meneó la cabeza. .D .Bdia Tienes una baja opinión de mí, pero no me sorprende. Te aseguro que no omitiré nada adrede y os dejaré a todos regresar sanos y salvos adonde sea. Que sepas que, si mis muchachos capturaban saijits, fue para salvarme la vida. Ahora que estoy curado, ya no necesito la sangre de ese drow albino. Por lo general, sólo bebemos sangre de animales cuadrúpedos, y casi nunca los matamos, al contrario de lo que soléis hacer vosotros, los saijits. Tranquilo, .Edia añadió. .Bdia No dañaré el cristal. Sólo será un momento. .Edia .P La lágrima tan sólo se agarraba gracias a un aro. La deslicé sobre el lóbulo y me la quité. Waïspo dio un paso hacia adelante y se la di para que se la entregara al Príncipe Anciano. Notaba demasiada tensión a mi alrededor para siquiera considerar la posibilidad de acercarme al viejo vampiro y dársela yo mismo. .P Aguardé, estudiando los gestos del viejo vampiro. Nada más tocar el cristal, lo vi estremecerse imperceptiblemente. Giró la lágrima entre sus manos. No temí que fuera a romperla: esa lágrima había pasado ya la prueba maestra. Recordaba que, nada más regresar al Templo del Viento después de haberla recibido, Lústogan se había fijado en ella y me había preguntado de dónde la había sacado; curioso, le había soltado un fuerte sortilegio órico sólo para comprobar que era indestructible y había querido enseñársela a Padre. Después de que este me hubiera interrogado sobre su procedencia, no habían vuelto a hablarme de la lágrima y yo nunca le había dado más valor que el de un viejo recuerdo. .P Al de un rato, suspiré y sin interrumpir al Príncipe Anciano paseé una mirada por los demás rostros. Además de Waïspo, había una vampira algo mayor de pelo verde claro, tan inmóvil como la piedra. Los otros dos compañeros, más viejos que jóvenes, movían sus ojos entre su líder y yo, esperando el resultado con una pose de liebre alerta. Mar-háï. El único normal ahí parecía ser el vampiro con gafas. Aunque de pie, Waïspo había retomado su lectura con aparente calma. En un momento, pude leer el título del libro y me llevé una sorpresa cuando lo reconocí. .Sm -t titulo El dragón equivocó su presa . Era una novela de ficción humorística que había leído hacía años. Simplemente imaginarme a un vampiro leyendo algo tan mundano me arrancó una incontenible sonrisa. .P Al fin, el Príncipe Anciano alzó la cabeza y tendió la mano. Waïspo recuperó el cristal y me lo devolvió. Recordé entonces que la primera vez que había tocado la lágrima me habían aparecido en la mano derecha los tres círculos de Sheyra atravesados con esas tres extrañas líneas negras. Por si acaso, la recuperé con la mano izquierda, sin sacar la otra del bolsillo. La simple idea de darle a ese fisgón otro misterio que resolver me molestaba. .P Me volví a colocar el pendiente y, extrañado ante su silencio, inquirí: .D .Bdia ¿Y bien? ¿Has averiguado algo? .Edia .P El Príncipe Anciano hizo un ademán de disculpa. .D .Bdia No dije que te hablaría de ello, Drey Arunaeh. Tengo ahora más que una intuición. Pero prefiero no hablar de ello. Sin embargo, como prometido, te revelaré los dos elementos más importantes sobre los Shigan, o dokohis, como los llamáis. .Edia .P Mar-háï, ¿qué significaba eso de «más que una intuición»? Lo atravesé con la mirada. .Bpenso ¿En qué estás pensando, viejo vampiro? .Epenso Tragando mi frustración, puse cara de que escuchaba y él declaró: .D .Bdia Primero, los collares de los Shigan fueron creados por Liireth y sólo por él. Quien los está reutilizando no es un saijit: es un Shigan llamado Zyro, creado por el propio Liireth hace treinta y tantos años. Sin embargo, parece ser que ese Shigan tiene un comportamiento más saijit de lo que pensaba. Y sus súbditos también. No esperaba que unas criaturas así pudiesen hacerse pasar por saijits e infiltrarse en aldeas. .Edia Marcó una pausa. .Bdia Segundo, el propósito de Zyro es resucitar a Liireth. Eso me dijo el Shigan que me apuñaló. Si confiamos en su palabra, Liireth no ha muerto, sigue viviendo en algún lugar. Sospecho que usó artes prohibidas para transferir su alma en una lágrima de cristal como la que tienes. La tuya no posee ninguna mente, .Edia afirmó ante mi expresión impactada. .Bdia Sin embargo, creo que poseyó una, en su momento. No sé cuál. Ni sé tampoco con certidumbre si Liireth se encuentra ahora en una lágrima o en un cuerpo. Pero dudo mucho de que esté muerto. .Edia .P Agitó levemente la cabeza, absorto. Esto era demasiado, pensé. Sin embargo, que un dokohi creado por Liireth estuviera reutilizando los collares con espectros e intentara resucitar a su creador… tenía sentido. Si el Mago Negro había escapado a la muerte fundiendo su mente en un pedazo de cristal como el mío, teóricamente… .D .Bdia ¿De verdad sería posible resucitarlo? .Edia pregunté en un murmullo. .P El Príncipe Anciano se encogió de hombros. .D .Bdia No lo sé. Soy experto en bréjica y conozco ciertos trucos de alquimia, pero no estoy tan familiarizado con las artes negras. .Edia .D .Bdia ¿Artes negras? .Edia repetí. .Bdia Ese es un término vago. Aquí se trata más bien de fundir una mente en un objeto. Es pura bréjica, ¿no? .Edia .P El viejo vampiro sacudió con la cabeza. .D .Bdia Bréjica, esenciática, aríkbeta… Es una mezcla. Como sabrás, lo que cuenta es el trazado, no la energía asdrónica que utilices. Las artes que fueron usadas para los collares son artes que fueron prohibidas hace siglos de manera generalizada en todas las academias celmistas saijits y por razones justificadas. Fundir mentes en objetos o cuerpos, jugar con vidas de sus congéneres… es lo que muchos llamarían magia negra. Tal vez sabrás que tu propia familia fue una vez acusada de practicarla. .Edia .P Agrandé los ojos y recordé que una vez Madre me había comentado algo sobre una época en la que tres Arunaeh habían sido encarcelados por el común acuerdo de varios clanes importantes de los Pueblos del Agua. Sin embargo, no había dado más detalles, o yo no los recordaba. .D .Bdia Oí decirle a Yeren que pretendéis marcharos mañana, .Edia retomó el Príncipe Anciano cambiando de tono. .Bdia Esta noche, os contaré todo esto a todos con más tranquilidad y trataré de responder a vuestras preguntas. Recuerda, muchacho, que si el objetivo de los Ragasakis es detener a Zyro… tenéis mi incondicional apoyo. Al fin y al cabo, intentó matarme. .Edia .P Sus ojos grandes y sabios respiraban sinceridad. Su apoyo, ¿eh? ¿Y por qué entonces había tenido que negociar para sonsacarle las informaciones? Me contenté con dedicarle una mueca medio burlona y me dirigí hacia la salida. .D .Bdia Por cierto, .Edia solté, deteniéndome en el umbral, .Bdia el otro día dijiste que en la guerra de hace treinta años habías ayudado a unos celmistas a hacer experimentos con magia negra. Si los ayudaste es que sabrás más que un poco sobre esas artes, ¿no, anciano? .Edia .P Lo vi fruncir el ceño. No esperé a que me contestara y salí de ahí. Por poco me empotré con Saoko. El mercenario retrocedió a tiempo y resopló, pero no dijo una sola palabra y me siguió cuando me alejé del edificio. Puse los ojos en blanco. .D .Bdia ¿Mi hermano también te mandó espiar mis conversaciones? .Edia .P Más que exasperación, sentía diversión, pues era evidente que Saoko estaba molesto por haber sido pillado escuchando a escondidas. Lo oí resoplar, fastidiado. .D .Bdia No realmente, .Edia admitió. .Bdia Sólo me mandó protegerte. .Edia .P Le eché una mirada de reojo, curioso. Aquellos tres días, el mercenario no había abandonado su actitud hastiada y algo seca, pasaba el día generalmente a cierta distancia de todos, con ánimo de no ser molestado o no molestar, eso no lo sabía, pero lo que estaba claro era que, pese a su desgana, se tomaba su trabajo con seriedad. .D .Bdia ¿Puedo preguntar cómo terminaste trabajando para mi hermano? .Edia inquirí. .P Sus ojos rojos se posaron sobre mí con fastidio y resoplé de lado. .D .Bdia Para qué preguntaré. .Edia .P Aceleré, bajando la colina hacia donde se encontraban los Ragasakis. Ahora, Sirih se había unido al grupo, así como Naylah. La lancera llevaba días algo rara, paseando por el bosque sola con Astera. El día anterior, la había visto de lejos detenerse de pronto en un claro y alzar una mirada abstraída hacia el cielo… A saber en qué estaría pensando. .D .Bdia Le debo la vida, .Edia dijo de pronto Saoko. .P Me paré, suspenso, en medio de la bajada. El mercenario añadió como a regañadientes: .D .Bdia Fue hace tres años. Me perseguían unos malditos guardias. Tu hermano destruyó el pasaje por el que había huido. Y me fui con él. .Edia .P Enarqué una ceja. .D .Bdia ¿Guardias? ¿Eras un prisionero? .Edia .D .Bdia Mmpf. Más o menos. Nací en una zona en cuarentena. .Edia .P Sentí un escalofrío. Una zona en cuarentena… Había oído hablar de esas zonas. La mayoría de las veces eran lugares de gran desequilibrio energético y solían volver a abrirse al de unas semanas o unos meses. Pero si Saoko había pasado su vida ahí… significaba que esa zona no era una zona cualquiera. Fruncí el ceño. .D .Bdia ¿Vienes de Brassaria? .Edia .P Para asombro mío, el drow de pelo pincho asintió con desgana. Dánnelah… Brassaria era la zona condenada de los Subterráneos más conocida, más amplia y, según se contaba, más terrorífica de todas. Se decía que estaba llena de monstruos mutantes y de plantas esperpénticas que sólo crecían ahí. Era una zona vedada altamente vigilada… .D .Bdia No sabía que hubiera saijits viviendo ahí, .Edia admití. .D .Bdia No los había hasta que empezaron a mandar a criminales dentro, .Edia replicó el drow. .P Siguió bajando la colina y, con una mueca, lo seguí. .D .Bdia Ya veo. Así que naciste en buena compañía. Lo que no puedo creer es que mi hermano haya movido un dedo para salvarte. Debiste de impresionarlo. .Edia .P Saoko me echó una mirada de incordio. .D .Bdia Tu hermano será un tipo poco expresivo, pero al menos no hace preguntas. Ni tiene prejuicios, .Edia agregó. .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Yo tampoco los tengo. Y perdón por las preguntas, pero creo que después de un mes de tenerte a mis espaldas, un poco de conversación no viene mal, ¿no te parece? .Edia .P Saoko no contestó. Pero ahora su carácter huraño me resultaba de lo más natural. Era casi un milagro que hubiera salido tan normal habiéndose criado con criminales. Ahora entendía también por qué no parecía tener un maldito kétalo. Lústogan no le estaba pagando. Saoko había aceptado protegerme sin recibir nada a cambio, tan sólo para agradecerle a Lústogan el haberlo salvado. Y eso significaba… que tenía un innegable sentido del honor. .P Advertí su ojeada fruncida hacia mí y le dediqué una sonrisa divertida. .D .Bdia ¿Sabes qué? Podrías meterte en la cofradía de los Ragasakis. Ellos aceptan de todo, cuanto más desquiciados mejor. .Edia .P Ya estábamos llegando cerca de los Ragasakis y todos me oyeron. Livon protestó: .D .Bdia ¿No le estarás llamando desquiciado a tu protector, Drey? .Edia .D .Bdia No, lo decía pensando en ti, .Edia me burlé. .D .Bdia ¿En mí? Pero si yo soy del todo normal, .Edia aseguró el permutador, frotándose el pelo azul. .D .Bdia ¿Pretendes que me lo crea? .Edia lo vacilé, burlón. .Bdia Sin ir más lejos, ayer te pasaste toda la mañana sacando plantas de este lago. ¿En serio vas a llevarte todo lo que sacaste? .Edia .D .Bdia Son plantas soporíferas como las sankras, .Edia se justificó. .Bdia Puede que Baryn jamás las haya visto. ¡No te imaginas lo contento que se pondrá si le llevo algo nuevo! .Edia .D .Bdia Conclusión, hay otros Ragasakis aún más raros que tú, .Edia terció Sirih, socarrona. .D .Bdia Yo soy la más normal, .Edia intervino Yánika, alzando sus ojos hacia nosotros. .D .Bdia ¡Yo también! .Edia dijo Tchag. .P Sus salidas bromistas me arrancaron una carcajada y Livon y Sirih se echaron a reír mientras que Sanaytay nos imitaba más discretamente. Naylah puso los ojos en blanco, benevolente, y se giró hacia mí. .D .Bdia Has hablado con el Príncipe Anciano, ¿no? .Edia .D .Bdia ¡Es verdad! .Edia encadenó Sirih. .Bdia Nos estábamos preguntando por qué tardabas tanto en salir, pero como Saoko estaba en la entrada, supusimos que todo iba bien… ¿Sigue diciendo que quieres matarlo? .Edia .P Asentí con desenfado. .D .Bdia Pues sí. Y también ha dicho que nos va a revelar más información sobre los dokohis. Ese viejo… Le gusta andarse por las ramas. .Edia .P Les conté lo que ya me había dicho el Príncipe Anciano y, cuando terminé, me fijé en sus expresiones impactadas. .D .Bdia Liireth… ¿está vivo? .Edia murmuró Livon, ensimismado. .P Naylah respiraba agitadamente. .D .Bdia Zyro, .Edia repitió. .Bdia Zyro… .Edia .D .Bdia Nayu, ¿estás bien? .Edia se preocupó Sirih. .P La guerrera parpadeó, lívida. .D .Bdia Él… Zyro. El dokohi que… .Edia .P Sin previo aviso, se desmayó y Livon la retuvo justo a tiempo. Nos miramos, asombrados. El permutador le dio unas palmadas en la mejilla a la lancera, pero esta no despertó. Su larga cabellera plateada se desparramaba como una cascada a su alrededor. .D .Bdia Iré a buscar a Yeren, .Edia dije. .P Livon asintió, inquieto. Yánika me miró con preocupación y, sin que le dijera nada, se apresuró a acompañarme. Sabía que de nada servía quedarse con los Ragasakis y preocuparlos todavía más con su aura. Mientras corríamos entre los árboles hacia la caverna de los miroles, le dediqué una expresión tranquilizadora. .D .Bdia Todo va bien. Sólo se ha desmayado. .Edia .D .Bdia Mm. Pero ¿por qué? .Edia preguntó Yánika, confundida. .Bdia Antes de que se desmayara, noté… noté mucho miedo en ella. .Edia .D .Bdia ¿Miedo? .Edia .D .Bdia Sí… Y no sólo eso, hermano. También noté dolor. Como si se hubiera herido muy grave. .Edia .P Fijé la mirada donde ponía los pies, pensativo. ¿Acaso Naylah había conocido personalmente a Zyro? Meneé la cabeza. .D .Bdia Debió de recordar algo. .Edia .P Algo lo suficientemente horrible para aterrar tanto a la valiente lancera. Pero, aun así, un solo recuerdo no bastaba para sumir a alguien en la inconsciencia. Nadie se desmayaba de miedo. Eso era un mito. Entonces… ¿qué es lo que le había pasado? .Ch "Invitaciones fallidas" .\" 05/05/2019 La despedida al día siguiente se hizo amistosamente. Los Atarah habían tomado tanto a Yeren como al Príncipe Anciano como a sus salvadores y el abuelo Dalorio, ya recuperado, nos había prometido que su pueblo no olvidaría nunca el favor recibido. Le regaló a Orih un colgante de plata, reliquia de su pueblo, para que esta los perdonara a todos, incluidos los Ancianos ya difuntos. La mirol había querido rechazar, diciendo que ya los había perdonado, que el verdadero culpable de todo había sido Farog, pero Dalorio era un anciano tozudo y la convenció diciéndole: .D .Bdia Esta reliquia la trajo tu abuelo al pueblo. Él tenía el mismo espíritu aventurero que tu madre. Tal vez no lo recuerdes, murió cuando tú eras muy joven, pero sé que él hubiera deseado que la tuvieras tú. Mientras la lleves, el espíritu de tu abuelo y el de tus seres queridos te protegerán. Tu pueblo, o lo que queda de él, ha decidido servir al Príncipe Anciano mientras se quede en este cráter. Los Atarah somos montaraces ignorantes del mundo moderno y huimos de los demás saijits tal vez más que el Príncipe Anciano… Por eso, cuando te veo rodeada de jóvenes aventureros, entiendo que la vida de un Atarah no es una senda para ti. Sigue caminando en tu propia senda, Orih Hissa. Y sigue confiando en ti. .Edia .P Acabó todo en un adiós húmedo y exagerado que le dejó suspensa hasta a Yánika. Llegábamos ante el pasadizo que conducía afuera del gran hoyo cuando vi a Orih bajar la vista hacia su nuevo colgante y sonreí para mí. Al menos los problemas de su pasado se habían resuelto positivamente, aunque no sin lágrimas. .D .Bdia El Príncipe Anciano os desea un buen regreso, .Edia dijo Limbel, deteniéndose. .P Nos habían reacompañado él y Waïspo hasta la salida. A este último, le solté: .D .Bdia Por cierto. Si te está gustando .Sm -t titulo El dragón equivocó su presa , te recomiendo los demás libros de Sirigasa Moa. .Edia .P El vampiro con gafas arqueó las cejas, sorprendido, y sonrió. .D .Bdia Ya los he leído hasta el último y varias veces. Soy un gran fan de Moa. .Edia .P Un vampiro fan de una escritora de Donaportela… Habrase visto. Sonreí anchamente, divertido. Livon agitó la mano con ánimo. .D .Bdia ¡Un placer haberos conocido! .Edia .P Las comisuras de los labios de Limbel se curvaron ligeramente. .D .Bdia Lo mismo digo. .Edia .P Era la primera vez que lo veía sonreír sin parecer amenazante. .P Atravesamos el túnel y pronto estuvimos caminando bosque a través, siguiéndole a Merek. Ya le habíamos dicho a este que, a la ida, habíamos marcado el camino, pero el mirol había insistido en ir con nosotros hasta Skabra, diciendo que tal vez encontraría la pista de Rakbo. Sea como sea, Orih parecía alegrarse de su compañía. .P La siguiente en abrir la marcha después de Merek y Orih era Naylah. Después de su desmayo de la víspera, la guerrera se había empeñado en escuchar las palabras del Príncipe Anciano pese a su turbación, incluso había hablado más con él en privado y había pasado una noche con un sueño agitado. Sin embargo, aún no nos había dicho si tenía alguna idea de lo que le ocurría. Yeren, pese a sus conocimientos de endarsía, estaba tan perplejo como nosotros. Aun así, nuestra preocupación se fue diluyendo a medida que la veíamos guiar el grupo con su habitual energía. .P Cuando llegamos al famoso río donde Livon había permutado conmigo para ahorrarse la travesía, nos aseguramos de que el permutador pasase primero. Se hirió un poco por nuestra desconfianza, pero enseguida recuperó todo su buen humor cuando, poco después, hicimos una pausa junto al río para comer las últimas empanadas de Kali. Finalmente, con ayuda de los Atarah, nos las habíamos comido todas. Quién lo hubiera previsto. .P Estábamos recogiendo las mochilas e íbamos a retomar la marcha después de una agradable siesta —yo mismo empezaba a acostumbrarme a la ineludible siesta de los firasanos—, cuando Sanaytay alzó de pronto la cabeza y dijo con extraña calma: .D .Bdia Nos tienen rodeados. .Edia La miramos, sobrecogidos, mientras ella añadía, concentrada: .Bdia Creo que diez… No. Doce personas. .Edia .P Doce personas, me repetí con el ceño fruncido. Escudriñé los lindes del bosque. ¿Bandidos, tal vez? .D .Bdia ¿También hay bajando el río? .Edia preguntó Naylah. .P Sanaytay asintió. .D .Bdia Son tres, .Edia murmuró. .Bdia Acaban de detenerse. .Edia .P Eso dejaba nueve en las demás direcciones. .D .Bdia Bien, .Edia dijo Naylah, moviendo visiblemente su lanza. .Bdia No perdáis la calma y hagamos como que no nos hemos enterado. Sigamos. .Edia .P Nos pusimos de nuevo en marcha bordeando el río. Yánika caminaba junto a mí con un aura relativamente tranquila. ¿Sería porque confiaba en que no nos atacarían? ¿Percibiría algo? ¿O bien era porque confiaba en que, con tan buena compañía, no nos pasaría nada? .P No anduvimos ni dos minutos antes de que Merek, algo pálido, se detuviera y soltara: .D .Bdia Más adelante, el río da una curva cerrada. Si cortamos… .Edia .P No acabó su frase, pero todos entendimos: si cortábamos por el bosque, los tipos que nos perseguían podrían tendernos una emboscada de todos los lados. Pero seguir el río también tenía ciertos inconvenientes: nos tendrían arrinconados contra el agua. .P Livon dejó escapar un sonido gutural meditativo y de pronto alzó una mano hacia el bosque y lanzó alegremente: .D .Bdia ¡Buenos días! Somos aventureros. ¿Quiénes sois vosotros? .Edia .P Su iniciativa nos dejó a todos suspensos. Ante la mirada fruncida que le echó Naylah, el permutador puso cara inocente. .D .Bdia Ya podrían habernos atacado pero no lo han hecho, .Edia razonó. .Bdia Tal vez no tengan malas intenciones. .Edia .P Oímos un ruido de ramas rotas y sondeé la espesura, expectante, hasta que los vi aparecer. Vestían túnicas negras y holgados pantalones de color morado. Casi todos llevaban bastones, con lo que me costó tragarme lo de que no tenían malas intenciones; sin embargo, en cuanto aparecieron, Aruss exclamó: .D .Bdia ¿Hermanos? .Edia .P Miré al Gurú del Fuego, sorprendido. ¿Hermanos? .D .Bdia ¡Gran Gurú! .Edia dijeron varios desacompasadamente. .D .Bdia Hermanos… ¡Naturaleza Sagrada! ¿Qué ocurre? .Edia dijo Aruss súbitamente nervioso. .Bdia ¿Qué hacéis con esos bastones? Yo… ¿No iréis a…? .Edia .P Por un instante, recordé lo que había dicho Naylah en Skabra. ¿Podía ser que los propios Protectores Járdicos estuvieran deseando deshacerse de Aruss? Hasta ahora no habían hecho nada pero… ¿qué había con esas expresiones tan alteradas? .P Un Protector Járdico encapuchado desveló entonces su rostro y bajó el bastón, inseguro. .D .Bdia Tal vez nos hayamos confundido. ¡Hermanos! Relajaos, .Edia ordenó. Y se acercó a nosotros. Era un elfocano, alto, castaño-rubio y de cara alargada. Su mirada se centró irresistiblemente en Aruss. .Bdia Gran Gurú. Eres tú, muchacho… Gracias a la Esencia, estás sano y salvo. .Edia .P Tomándonos a todos por sorpresa, le dio un fuerte abrazo. Aruss se ruborizó. .D .Bdia Nemin. Siento… Siento haberte preocupado tanto. Os debo disculpas. No debí… .Edia .D .Bdia ¿Qué hacéis aquí? .Edia lo interrumpió Rozzy. .Bdia Creía que habíais confiado la búsqueda a los Ragasakis. .Edia .P Nosotros asentimos, revelando nuestra identidad. Nemin se giró hacia el elfo járdico y meneó la cabeza. .D .Bdia Rozzy, muchacho… Oímos noticias terribles, .Edia explicó. Señaló a Merek. .Bdia Un mirol salvaje vestido igual que ese fue pillado en Skabra intentando capturar a un curandero en pleno día. Lo mandaron apresar y lo interrogaron. Según cuentan los rumores, habló de un grupo de saijits que había sido secuestrado por unos vampiros rabiosos. Enseguida pensamos en ti… No podíamos quedarnos quietos. .Edia .P Así que Rakbo había sido capturado e interrogado. En camino se habían mezclado un poco las historias, pero supuse que el gobernador tendría una versión más acertada de la situación. .D .Bdia Rakbo… .Edia murmuró Merek con expresión alarmada. .D .Bdia Ese rumor es falso, .Edia dijo entonces Aruss con voz clara. .Bdia No fui secuestrado. Simplemente fui a visitar a un gran sabio en las montañas. No pensé que tardaría tanto en volver. Perdón por no haberos avisado, hermanos. .Edia .P ¿Que no había sido secuestrado? A él también le gustaba deformar la realidad, por lo visto. Fuera como fuera, su respuesta les hizo olvidar a los demás járdicos la historia de los vampiros, Nemin nos presentó sus disculpas por haber dudado de nosotros y reanudamos la marcha todos juntos hacia Skabra. .D .Bdia ¿Así que un gran sabio, Gran Gurú? .Edia dijo Nemin, curioso. .D .Bdia Sí, .Edia sonrió Aruss. La presencia de sus cofrades lo había puesto aún de mejor humor. .Bdia Puede que suene extraño, pero estoy convencido de que, si no hubiese ido a verlo ahora, nuestra cofradía habría sufrido un gran daño. ¿Recuerdas, Nemin, que hace unas semanas te dije que seguía sin entender mi Esencia? Tú dijiste que era porque, al ser gurú, mi Esencia se fundía con la Esencia de todo y era más difícil llegar a comprenderla. .Edia .P Livon y yo caminábamos detrás de ellos e intercambiamos una mirada perpleja. Nemin asintió. .D .Bdia Lo recuerdo. .Edia .P Aruss juntó ambas manos a su espalda y alzó una mirada serena hacia el cielo, dejando el viento despejar su frente de sus mechones de fuego. .D .Bdia Creo que ahora la he entendido. Gracias a las palabras de ese sabio, pero también gracias a lo que una vez me dijiste, Nemin. Nuestro ser siempre tiene razón de ser porque es una pieza en el inmenso puzzle que es el mundo. Eso dijiste. Y se me ocurrió que esa pieza, como en un puzzle, necesita estar rodeada de otras piezas que la complementen para llegar a ser de veras. Entonces… entendí que todos éramos piezas imprescindibles. Incluido yo. Incluida nuestra cofradía. .Edia .P Nemin sonrió. Huh. Puse los ojos en blanco, divertido. Mar-háï, no sabía si su imagen tenía mucho sentido, pero estaba claro que, fuera lo que fuera lo que había entendido, Aruss estaba decidido a convertirse en un gran líder de su cofradía. .D .Bdia Es verdad, .Edia murmuró de pronto Livon con tono pensativo. Le eché una mirada de reojo, sorprendido. .Bdia El puzzle, .Edia explicó. .Bdia Las piezas tienen formas diferentes, igual que las personas, pero cada una tiene su propia posición. Como en el cubo de números. Por eso nunca consigo entusiasmarme con esos juegos: sus permutaciones sólo sirven para llegar a un punto ya definido. Es un mundo cerrado. .Edia .P Se ensimismó. Sonreí interiormente y, cruzándome con la mirada divertida de Yánika, le murmuré: .D .Bdia Cada uno con su tema. .Edia .P Nuestro ritmo ralentizó notablemente después de que se nos unieran los járdicos y llegamos a Skabra bastante tarde, cuando el sol ya se inclinaba sobre los montes del oeste. En la plaza de la entrada, junto a la fuente dorada, Aruss se detuvo para decirnos: .D .Bdia Ragasakis. Quisiera daros vuestra recompensa ya, pero nuestra base está en Firasa y no tengo aquí más dinero que el que di para las termas. Mañana mismo tengo pensado volver a Firasa y presentar mis disculpas al consejo de gremios, particularmente a los Bambuístas por el malentendido ocasionado. Sería por supuesto un placer viajar con vosotros pero… acabo de recordar que reservé un refugio entero para mis hermanos, con comida incluida, hasta después de mañana. Por favor, como agradecimiento personal, sería un honor que disfrutarais de él todo lo que queráis. .Edia .P Orih ahogó una exclamación. Acogimos la noticia con alegría, unos más exageradamente que otros. Con una mano en jarra y la otra en su lanza, Naylah sonrió y dijo: .D .Bdia Será un placer aceptar. .Edia .P Su tono formal y tranquilo no nos engañó a nadie. Al fin y al cabo, a la ida había sido la primera en meterse en las termas. .P El camino hasta el refugio fue jovial. Las calles aún estaban pobladas de gente, las tiendas exhibían sus artículos y los extranjeros lo miraban todo, compraban estatuillas de la Doncella, jabones especiales, toallas de baño… Sin sorpresas, casi todo estaba relacionado con la higiene del cuerpo y del alma. .P El refugio al que nos condujo Aruss se situaba en la parte media de Skabra. Sin ser demasiado pomposo, era acomodado: tenía un jardín frondoso, varias termas y una casa de bambú con veranda. .D .Bdia ¡Es como un sueño! .Edia exclamó Orih y aterrizó de un salto en la veranda riendo. .Bdia ¡Yo también quiero ser Gurú del Fuego! .Edia .P El aludido sonrió y se inclinó. .D .Bdia Siento que tengáis que compartir el lugar con nosotros durante una noche. .Edia .D .Bdia ¡Bah, bah! ¡Donde caben diez, caben veinte! .Edia replicó Orih alegremente. .P Me carcajeé y Sirih se burló: .D .Bdia Y donde caben cien, caben doscientos, ¿no, Orih? ¿De dónde te sacas tus expresiones? .Edia .P Orih no contestó: se acababa de meter en el edificio a curiosear como si estuviera en su propia casa y lanzó: .D .Bdia ¡Mira, Sirih, mira! ¡Un montón de cuadros! A ti te gustan los cuadros, ¿no? ¡Oh! .Edia .P La oímos inspirar de golpe mirando hacia… un gato. El felino, de pelo largo y blanco, se acercó sin temor y la expresión de Orih se enterneció, feliz. Yánika se avanzó. Por lo general, mi hermana siempre se había llevado bien con los animales domésticos y lo demostró ahí haciéndole ronronear al gato blanco incluso antes de acariciarlo. .D .Bdia ¿Cómo se llama? .Edia preguntó, mientras Orih tendía una mano a su vez. .P Aruss meneó la cabeza, entretenido. .D .Bdia No lo sé. En Skabra hay gatos a montones. Aunque este no es la primera vez que lo veo en este refugio. Debe de sentirse aquí como en su casa. Por favor, entrad y seguid su ejemplo, Ragasakis. .Edia .P Le dimos las gracias y fuimos a instalarnos en los cuartos. Las Ragasakis no tardaron en desaparecer con mi hermana en el baño más grande, Yeren se fue a visitar a un curandero amigo suyo de la ciudad y Livon y yo acabamos por convencer a Merek y a Saoko para que se unieran a nosotros en otro baño termal. Así como el mirol parecía distraído y taciturno, Saoko abandonó su expresión cerrada en cuanto se metió en el agua caliente. Hasta cerró los ojos y se relajó. .D .Bdia ¡Desde luego el Gurú del Fuego ha tenido una gran idea! .Edia se alegró Livon. .D .Bdia Desde luego, .Edia aprobé. .P Espiré lentamente, sintiendo el calor envolverme como un manto. Se oían las voces distantes de las Ragasakis, así como el rumor de la ciudad y el gorgoteo constante del agua en una fuente cercana. Un viento frío se arremolinaba sobre los vapores cálidos del baño, sin llegar del todo a alcanzarme. Sentí cómo todas mis preocupaciones y cosas pendientes se iban diluyendo una a una: los dokohis, el Príncipe Anciano, mis sentimientos indetectables… Y me pregunté si, de no tener Datsu, mi serenidad en ese momento hubiera podido ser mayor… .salto .Sm Subterráneos, Isla de Taey, año 5619: Drey, 7 años. .D .Bdia Madre, ya he vuelto, .Edia dije. .P Dejé mis pequeños guantes de destructor sobre la repisa y entré en el salón. La luz rojiza de las linternas alumbraba cálidamente la alfombra que cubría el suelo, pero las paredes, vacías, seguían pareciéndome frías sin importar cuántas veces las veía. Sentada en su sillón, Mériza Arunaeh peinaba suavemente el cabello negro de Alissa. Alissa era mi pequeña prima. Tenía unos meses menos que Yánika, pero era mucho menos habladora que mi hermana. .D .Bdia Drey, .Edia me dijo Madre. .Bdia No te vayas. Ven y hazme compañía. .Edia .P No protesté. Después de haberme pasado el día entrenando, estaba demasiado exhausto para jugar de todas formas, y no tenía a Yánika para olvidarme de mi cansancio. Me adelanté y me senté en un sillón cercano, observándolas. .D .Bdia Madre, .Edia repetí al de un silencio. .Bdia ¿Por qué Alissa no tiene Datsu? .Edia .P Un destello triste pasó por los ojos de Madre. .D .Bdia Porque aún no puedo ponérselo, hijo. .Edia .P Fruncí el ceño. Y tras otro silencio, pregunté: .D .Bdia ¿Por qué Yánika no puede venir a la isla? .Edia .P Otro deje de tristeza apareció en los ojos de Madre. .D .Bdia Porque su Datsu es diferente. .Edia .P Volví a fruncir el ceño. Quería preguntarle otra vez: ¿por qué? Y otra vez: ¿por qué, por qué, por qué? Pero sabía que Madre se exaltaba fácilmente, sólo con unas pocas palabras de más. Contemplé su Datsu. No era violáceo como el mío sino azulado. Casi tan azul como lo eran sus ojos. Unos ojos que me recordaban siempre demasiado a los de Lúst, sólo que los de Madre eran más vivos, más suaves, y más inestables. .D .Bdia Madre, .Edia dije con voz tranquila. Padre me había dicho que siempre le hablara con voz tranquila. .Bdia ¿Para qué sirve el Datsu? .Edia .P Madre marcó una pausa y cuando alzó los ojos, por un momento, temí que fuera a perder la calma. Pero entonces, siguió peinando a Alissa con gestos lentos y contestó: .D .Bdia El Datsu es un medidor de emociones. Y como todo medidor, tiene un grado máximo, para cada emoción. .Edia Sus ojos se posaron sobre una de las linternas rojas. Murmuró: .Bdia Y también es algo más, hijo. El Datsu protege nuestra mente. No traiciona nunca. .Edia .P Por su mirada turbada, adiviné que había preguntado demasiado. Si llegaba a hacerla perder los nervios, Padre se enojaría. Bajé los ojos hacia mis manos, enrojecidas de callos, y permanecí inmóvil en mi sillón, sin atreverme a hacer un sólo gesto. .salto Apreté un puño debajo del agua. ¿Por qué diablos me ponía a recordar esa escena en un momento tan apacible como aquel? Mar-háï… Quizá fuera ese dichoso medidor, que al verme tan tranquilo en el baño termal, trataba de equilibrarme con recuerdos de mi solitaria infancia. Los deseché, me centré de nuevo en el calor del agua y abrí los ojos hacia el cielo. Unas nubes alargadas y finas se iban dorando y sonrojando por el atardecer y las observaba, embelesado, cuando recibí de pronto una rociada de agua. Livon y yo nos miramos al mismo tiempo. .D .Bdia ¿Has sido tú, Drey? .Edia .D .Bdia ¿Qué dices? Si has sido tú, Livon. .Edia .D .Bdia Yo no hice nada, .Edia aseguró. .P Enarqué las cejas. Si él no había hecho nada y Saoko y Merek estaban en el otro lado del baño, entonces ¿quién…? El misterio se resolvió cuando la pequeña cabeza de Tchag apareció entre nosotros con una gran sonrisa exclamando: .D .Bdia ¡Bú! .Edia .P Se tiró sobre la espalda, ronroneando como un gato, y comenzó a dar vueltas como un nurón a pesar de que, se suponía, en los baños termales no había que armar escándalos de esos. Y mientras él jugaba, pensé de pronto en algo. En el albergue del .Sm -t nomlieu Manantial , el imp había ido a bañarse con Yánika y Naylah… de modo que esa era la primera vez que lo veía desnudo del todo. Después de la conversación que habíamos tenido en la casa de los vampiros sobre el sexo del imp, ni Livon ni yo pudimos reprimir la tentación de mirar… y cuando miramos ahogamos mal nuestro asombro. .D .Bdia Imposible… .Edia murmuré. .P Intercambiamos una mirada estupefacta. El imp no tenía sexo. .P Chapoteando, Tchag nos alcanzó canturreando y preguntó, curioso: .D .Bdia ¿Qué pasa? .Edia .D .Bdia ¿Mm? ¡Oh! Nada, .Edia sonrió Livon. .Bdia Di, Tchag. ¿Dónde aprendiste a nadar tan bien? .Edia .P Mar-háï. Livon se había repuesto con una facilidad… Pero yo no conseguía sacar un sentido a aquello. Si Tchag no tenía sexo, entonces… ¿cómo podía existir una especie de criaturas como él en los Subterráneos? Debía de haber nacido deformado o… .D .Bdia ¡La bruja Lul me enseñó! .Edia dijo Tchag. Meneó la cabeza y se hizo más serio. .Bdia No sé. Creo… que fue ella. .Edia Marcó una pausa, balanceó la cabeza y de pronto la alzó. Retomando su buen humor, nadó hasta las rocas y trepó diciendo animadamente: .Bdia ¡Le he oído decir al gurú que vamos a cenar con el gobernador! Le he preguntado si tenía empanadas, y me ha dicho que no eran las de Kali, pero que seguro que sería una cena muy rica. .Edia .P Se rió sólo de imaginársela. Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Glotón, .Edia le lancé. .P El imp agitó las piernas riendo. .D .Bdia Habrá nata. Y chocolate. Y berzas. ¡Y ricos rábanos! .Edia .D .Bdia A mí no me gustan los rábanos, .Edia dije. .P Mientras él seguía dando nombres de alimentos al tuntún, recordé que no habíamos comido nada desde el mediodía y sus palabras me fueron pareciendo cada vez más crueles. .D .Bdia Y pasas, y pescado, y truchas… .Edia canturreaba Tchag. .P Le di un manotazo al agua para salpicarlo. .D .Bdia Zopenco. Las truchas son pescado. .Edia .P El imp se quedó con la boca abierta, sonriente. .D .Bdia Ah… ¿Sí? Bueno. Y arroz rojo, y buñuelos, y miel de kérejat, .Edia continuó con aire risueño. Saltó otra vez al agua diciendo: .Bdia Esa me la quedo yo, ¿verdad, Livon? La miel, me la quedo, ¿eh, Livon? .Edia .D .Bdia ¿Jaâh…? ¡No seas egoísta, saijit miniatura! .Edia lo acusé mientras Livon se echaba a reír. Lo agarré de uno de sus brazos grises esmirriados con una sonrisa de fingida malicia añadiendo: .Bdia La miel me la comeré yo. Tú puedes quedarte con los rábanos. .Edia .P Su expresión decepcionada fue tal que, por un instante, casi me arrepentí de mis palabras. Entonces, el imp retuvo la respiración y se hizo invisible. Attah… Resultaba tan raro agarrar algo invisible que lo solté. Enseguida recibí un sopetón de agua desde la izquierda. Y otro de detrás. Maldito… Repliqué y, como Livon se reía de mí, lo rocié a él también. El permutador se carcajeó y, reculando, alzó un índice: .D .Bdia ¡Haya paz! ¡Lo compartido siempre sabe mejor! ¿Verdad, Tchag? .Edia .P El aludido apareció entonces sobre su hombro y lo señalé resoplando. .D .Bdia ¡Pff! ¿Crees que un glotón como ese sabe compartir? .Edia dije. .Bdia Tiene más estómago que un dragón. ¡Es un monstruo! .Edia .P En gran parte por culpa mía, acabamos los tres metiendo escándalo y salpicando agua y sólo el gruñido fastidiado de Saoko nos recordó los buenos modales. .D .Bdia ¡Perdón! .Edia se arrepintió Livon. Echó un vistazo a los baños, sorprendido. .Bdia ¿Dónde se ha metido Merek? .Edia .P Es verdad, comprobé, chorreante de agua. El mirol ya no estaba en el baño. .D .Bdia Se ha marchado hace un rato, .Edia dijo Saoko. .Bdia Y baj, no me extraña… Cualquiera aguanta a tres críos tan agitados. .Edia .D .Bdia Perdón, perdón, .Edia repitió Livon con una sonrisa de disculpa. .P Decidimos salir del baño, pero por supuesto eso le obligó a Saoko a salir también. Ya estaba oscureciéndose, de todas formas, y si Tchag había oído bien, habíamos sido invitados a una cena por el gobernador. Mientras nos vestíamos, observé cómo la mirada de Livon se paraba repetidamente en el cinturón lleno de cuchillos de Saoko. Este se lo abrochó, ajustando su cimitarra, y frunció el ceño. .D .Bdia ¿Qué miras? .Edia .P Livon confesó con franqueza: .D .Bdia Nunca había visto tanta arma junta en una misma persona. Impresiona. .Edia .P Pese a que el drow no le devolvió la sonrisa, Livon no pareció molestarse. Aún me sorprendía la facilidad con que el permutador aceptaba el carácter de todo el mundo. .P Cuando salimos a la veranda, vi al fondo de esta al Gurú del Fuego. Iba acompañado de más personas. Una de ellas era el asistente del gobernador que nos había guiado la primera vez; otra era el gobernador en persona; y la tercera en la que reparé era un joven humano con una larga túnica… Me detuve en seco a mitad de camino, cruzándome con su mirada. Esa túnica… era igualita a las que llevaban los monjes del Templo del Viento. .P Mientras Jakoral, el gobernador de Skabra, hablaba con el gurú járdico y Livon se unía alegremente a la conversación, marqué una larga pausa, pensativo. Un monje del Templo del Viento en Skabra… Era poco probable que estuviera ahí por casualidad. Lo confirmó el propio monje cuando, sacando de su bolsillo una carta, se alejó del grupo y se adelantó hacia mí. Se detuvo al pie de la veranda. .D .Bdia Mahí. Tengo una carta para ti. .Edia .P Acepté el sobre que me tendía y algo, en ese gesto, me resultó familiar. Entorné los ojos, observando el rostro del monje… Y caí en la cuenta. .D .Bdia ¡Buz! .Edia dije. .P El monje tosió, sonrojándose. .D .Bdia Mi nombre es Bluz, Mahí. No Buz. .Edia .P Le sonreí anchamente. .D .Bdia Lo recuerdo. .Edia .P Era el muchacho que me había entregado la carta de Madre el día en que había sido expulsado del templo. Había crecido, pero su rostro aún tenía rasgos de niño. Ahora debía de tener unos dieciséis años. .P Eché un vistazo al sobre. Estaba cerrado con el sello azul del Gran Monje. Era auténtico. Y me iba dirigido. Fruncí el ceño. ¿Por qué ese viejo abuelo me mandaba algo ahora, después de casi tres años de silencio? Al fin y al cabo, él me había expulsado del Templo… Dánnelah, pensé de pronto. ¿Podía ser que me hubieran visto conversar con mi hermano? O peor aún… ¿podía ser que lo hubieran pillado? .P Rompí el sello y abrí la carta para leerla. .P .Blecture Querido Drey, .Electure decía. .Blecture Espero que todo te vaya bien. Me han informado de que, después de tres años completando trabajos de destructor independiente, te has metido en un grupo de cazarrecompensas de Firasa. He de confesar que me cuesta creerlo. Tal vez tu familia aún no esté al corriente pero, por lo que a mí respecta, hubiera deseado que pusieras tus aspiraciones en un puesto más digno de un antiguo discípulo del Templo del Viento. Por favor, no tomes decisiones precipitadas y recuerda que siempre hay que mirar hacia el futuro. Tómalo como un consejo. .Electure .P .Bpenso ¿En qué te metes, abuelo?, .Epenso resoplé interiormente. Seguí leyendo con fastidio: .P .Blecture Hay algo de lo que quisiera discutir en privado contigo. Como tal vez ya sepas, la Orden del Viento ha tenido que lidiar con graves problemas desde que Lústogan Arunaeh robó el Orbe: nos quitó nuestra mejor defensa, y los rumores, como la savia de los alejiris, corroen más cuanto más se expanden. Hasta ahora siempre he intentado evitar un conflicto abierto entre tu familia y la Orden, pero tu padre no me lo está poniendo fácil. Hace unos meses, me contestó a una carta confirmando mis sospechas y diciéndome sin disimulos que Lústogan estuvo en la isla de Taey. Pero no mostró intención alguna de entregarlo a la Orden, ni mencionó el Orbe del Viento. Puedes imaginarte que algunos monjes se sienten insultados por su arrogancia. Recuerdo bien lo que me dijiste sobre tus prioridades al dejar mi templo; sin embargo, habrás de entender que, como Gran Monje, mi Orden pasa antes que los lazos familiares. Si sabes siquiera algo sobre el paradero del Orbe o si deseas, como yo, detener un conflicto que, además de inútil, sería doloroso para todos, te ruego que acudas a mi invitación y me informes de cuanto sepas. .Electure .P Se despedía amablemente pidiéndome que destruyera la carta en cuanto la leyera. La releí rápidamente. Mar-háï… El Gran Monje dejaba aparente por un lado que no deseaba verme como a un enemigo y, por otro, me invitaba a aliarme a él para evitar un conflicto. Dudaba de que realmente esperara que fuera a visitarlo en esas circunstancias. Ante las ojeadas curiosas de Bluz, le dediqué una ceja enarcada, arrugué el papel hasta hacerlo una bola y, pensativo, lo destruí en trozos tan diminutos que se hicieron polvo. El joven monje agrandó los ojos y, al ver mi mueca interrogante, explicó, admirativo: .D .Bdia Sabes destruir tejidos leñosos. Mi maestro jamás me enseñó algo así. Aunque no debería sorprenderme, viniendo de ti, Mahí. Di, .Edia añadió con una expresión esperanzada. .Bdia ¿Me enseñarás durante el viaje? Sé que sólo serán unos días, pero si lo haces… si lo haces te prometo qué haré cualquier cosa por ti. ¡Por favor! .Edia añadió. .P Lo miré, atónito, mientras él se inclinaba profundamente. Saoko, arrimado a una columna un poco más lejos, se había quedado tan sorprendido como yo. .D .Bdia ¿El viaje? .Edia repetí. .P Lo vi sonrojarse. .D .Bdia Esto… Oí al Gran Monje decir que quería invitarte a una reunión importante… .Edia .D .Bdia No voy a ir, .Edia lo corté con desenfado alzando las manos detrás de mi cabeza. .D .Bdia ¿No vas a ir adónde, Drey? .Edia preguntó una voz detrás de mí. .P Era Orih, que salía a la veranda aún vestida con una bata de baño. La seguían Naylah, Yánika, Sanay y Sirih. Nadie hubiera dicho que se habían pasado todo el día andando: las termas parecían haberlas revivido, todas olían a plantas aromáticas… y Yánika se había puesto el vestido blanco que le había comprado Orih en Firasa. Ante mi mirada sorprendida, Yánika sonrió anchamente y dio una vuelta sobre sí misma con un remolino de satisfacción. .D .Bdia ¿Me va bien, hermano? .Edia .D .Bdia ¿A que parece un hada salida de un cuento? .Edia se emocionó Orih juntando ambas manos. .P Todas las Ragasakis parecían compartir su punto de vista. Resoplé de lado. .D .Bdia Ya… Aprovecha que todavía está blanco, pronto parecerás el hada negra del Atolladero. .Edia .D .Bdia ¡Pff! .Edia replicó mi hermana levantando sus labios. .Bdia ¡Di que soy fea! .Edia .P Sonreí y la atraje hacia mí con un brazo burlón. .D .Bdia Si lo dijera, me llamarías mentiroso. Te conozco bien. .Edia .P Yánika me replicó con una mueca juguetona mientras las demás Ragasakis se alejaban hacia donde el gobernador, Livon y Aruss seguían hablando. Se irguió y, como notando algo raro, se giró hacia el Monje del Viento. Ladeó la cabeza. .D .Bdia ¿Quién es? .Edia preguntó. .P La expresión de Bluz estaba fruncida. Suspiré. .D .Bdia Un aprendiz del Viento. ¿Qué quieres? .Edia .D .Bdia No soy aprendiz, .Edia replicó Bluz con cierta sequedad. .Bdia Me ordené el mes pasado. .Edia .P Enarqué una ceja. Ser ordenado Monje del Viento requería pasar ciertas pruebas. Si Bluz las había conseguido a los dieciséis años… bueno, tal vez no sabía destruir madera, pero poseía una habilidad certera. Y una gran sed de aprendizaje. .D .Bdia Felicidades, .Edia dije con sinceridad. .D .Bdia Mm. .Edia Se lo veía complacido y al mismo tiempo disgustado. .Bdia Mahí… ¿Cómo puedes rechazar la invitación del Gran Monje? .Edia .P Sentí el aura turbada de Yánika y, queriendo acortar la conversación, solté: .D .Bdia Siento no poder enseñarte nada: nunca he sido un buen maestro. Además, supongo que lo sabrás, pero fui expulsado del Templo y no tengo intenciones de volver: si no quieres tener problemas, es mejor para ti no relacionarte mucho conmigo. .Edia Marqué una leve pausa y agregué: .Bdia El Gran Monje es una persona comprensiva y tiene una inteligencia formidable. Estoy seguro de que logrará perdonar mi ausencia… y arreglar sus problemas solo. Eso es todo. Gracias por la carta y buen viaje de vuelta, Bluz. Yani, .Edia añadí. .P Me alejé con mi hermana por la veranda. Tras un silencio, el monje dejó escapar, confuso: .D .Bdia ¿Por qué? ¿Por qué elegiste esa cofradía de pacotilla? La Orden del Viento tiene infinitamente más prestigio y ofrece muchas más posibilidades de futuro. ¿Por qué? .Edia .P Me detuve, recordando una frase del Gran Monje: .Sm -t paroles recuerda que siempre hay que mirar hacia el futuro . Girándome a medias, sonreí contestando: .D .Bdia Yo no busco una posibilidad de futuro. Ya he encontrado la que buscaba gracias a esa cofradía de pacotilla… y no voy a cambiarla. .Edia .P Me alejé con Yánika hacia el grupo de Ragasakis. Para sorpresa mía, el gobernador y Aruss ya se habían marchado y los Ragasakis gruñían. .D .Bdia ¡Nos has engañado a todos! .Edia protestaba Sirih, incrédula. .D .Bdia La esperanza deforma los sentidos, .Edia apuntó Livon. .Bdia Deberías saber eso siendo armónica, Sirih. Tchag sólo oyó lo que quería oír… .Edia .D .Bdia ¡Pero Aruss dijo que el gobernador invitaba a una cena! .Edia se lamentó Tchag, sentado en el suelo, afligido. .Bdia Lo oí muy bien. .Edia .D .Bdia Y olvidaste la parte en que dijo que sólo invitaba a la líder del grupo, .Edia carraspeó Sirih. .Bdia Nos has hecho pasar por unos gorrones descarados. Aun así… ¿por qué rechazaste la invitación del gobernador, Nayu? Podrías habernos traído alguna sobra. Eso no es robar, ¿no? .Edia .P Sirih y sus ideas pragmáticas… La lancera meneó suavemente la cabeza con los brazos cruzados. .D .Bdia Seré la líder de este grupo, pero no me gusta tener más privilegios que los demás. Es algo que no tolero, .Edia afirmó. Nos sonrió. .Bdia Vayamos a cenar todos juntos. La última vez que vine aquí había una taberna con especialidades de Labassara y aquel día… le juré al propietario que regresaría para probar su nueva receta. Una promesa es una promesa. No perdamos tiempo. .Edia .P Con un tic nervioso, le hice notar: .D .Bdia ¿Vas a salir con la bata de baño puesta? .Edia .P La primera en carcajearse fue Orih, hasta que se dio cuenta de que ella también llevaba una bata. Ruborizándose apenas, Naylah dio media vuelta para regresar al refugio y repitió con firmeza: .D .Bdia Una promesa es una promesa. .Edia .Ch "Myriah" .\" 10/05/2019 Estaba soñando con que perseguía a Tchag por un pasillo para robarle un rábano cuando, de pronto, recordaba que no me gustaban los rábanos. Entonces el imp desaparecía, y aparecía en el salón de la isla de Taey la silueta de Lústogan. Sus ojos fríos atravesaban la sala hasta alcanzarme. .Sm -t paroles Drey. Aún no has acabado, me decía. Y era cierto: aún tenía que terminar mi cálculo. Sólo que, en vez de un cálculo, cuando bajaba la vista hacia mi hoja, veía un dibujo de Yánika con dos siluetas sonrientes… .P Desperté de golpe de mi sueño disparatado y abrí los ojos. Había sentido una corriente de aire extraña. Alguien había salido de la habitación. Fruncí el ceño y me enderecé echando un vistazo por la ventana. El cielo apenas empezaba a azularse. Mirando las camas, me fijé en que la de Livon estaba vacía y que su mochila no estaba. .P Extrañado, me levanté, me vestí y salí al pasillo. En el silencio de la noche, percibí unas voces bajas provenientes de la veranda. ¿Sería Aruss y sus cofrades que se marchaban temprano? No: la puerta de los járdicos todavía estaba cerrada. Me acerqué al final del pasillo. Una voz decía: .D .Bdia Avisaré a los demás, tranquilo. Pero… podrías haber avisado antes. .Edia .P Esa era Orih. .D .Bdia No lo pensé, .Edia confesó Livon. .Bdia Y no quiero despertarlos ahora. .Edia .D .Bdia ¿Ni siquiera a Drey? Últimamente, él y tú sois como uña y carne. Pensará que lo has dejado atrás. .Edia .D .Bdia Mm… Lo sé. Pero… esta vez no creo que Drey quiera acompañarme. El camino es muy traicionero y sería peligroso para Yánika. Es mejor así. .Edia .P Sentí mi humor ensombrecerse. Salí a la veranda sin pensármelo y me paré ahí en silencio, sintiendo envolverme el aire frío y calmo del alba. Orih estaba sentada en un banco con los brazos alrededor de sus rodillas, arropada en su manta. Livon se encontraba de pie, con la mochila a cuestas y listo para partir. Vacilé… y solté al fin: .D .Bdia Livon. ¿Adónde vas? .Edia .P El permutador se giró y se mordió un labio. .D .Bdia Vaya. Perdón. ¿Te he despertado? .Edia .D .Bdia No importa, .Edia resoplé, molesto por su cara de disculpa. .Bdia ¿Vas a alguna parte? .Edia .D .Bdia Ajá. Voy a ver a Myriah, .Edia sonrió. .P Agrandé los ojos, sorprendido. ¿Myriah? .D .Bdia ¿Está cerca de aquí? .Edia .D .Bdia Mm… Depende de cómo viajes. La vía más segura es tomar el camino hacia el pueblo de Varlape y luego bajar el río, pero eso me tomaría más de un día de viaje sólo para ir, así que tomaré el camino con los atajos, en pleno monte. Así, estaré ahí antes de esta noche y mañana bajaré de nuevo para el valle, hasta Firasa. .Edia .P Asentí, reservado. .D .Bdia Entiendo. Pues… procura no permutarte con lombrices en camino. .Edia .P Y menos con Myriah, añadí para mis adentros. Livon sonrió ampliamente. Orih intervino: .D .Bdia Drey, ¿por qué no lo acompañas? Yánika estará bien con nosotras. No le va a pasar nada y sólo serán dos días. .Edia .P Su propuesta me puso en un aprieto. En verdad, quería ver a esa Myriah tan importante para Livon y también esa varadia indestructible pero… .D .Bdia Drey, .Edia dijo Livon, sacándome de mis pensamientos. .Bdia Tranquilo. No pasa nada si no quieres venir… .Edia .P Sentí el aura de Yánika cambiar adentro de la casa y agrandé levemente los ojos. ¿Nos estaría escuchando por alguna ventana? Sin duda, pues ahora estaba sintiendo una viva exasperación. Hacia mí, probablemente. Porque sabía que la única razón por la cual no quería acompañar a Livon era ella. Sin embargo… su aura, en aquel momento, me hizo recordar la conversación que había tenido con Livon sobre el Datsu. Yo había pensado entonces que nunca me había sacrificado realmente por mi hermana. Nunca me había sentido como si lo hiciera, en todo caso. Y no quería cambiar eso ahora. No quería sacrificarme. Las posibilidades de que le sucediera algo a Yánika durante esos dos días eran ínfimas. En cambio, si yo me quedaba con ella, Yánika no olvidaría nunca que ella me impidió ese viaje… .P .Bpenso Mar-háï, a fin de cuentas, la conclusión era evidente desde el principio. Sólo falta que a Livon no le importe… .Epenso .P Con cierta vergüenza, pregunté: .D .Bdia Así que… ¿puedo ir contigo? ¿No te molesta? .Edia .D .Bdia ¿Qué? ¡Claro que no! .Edia se sorprendió Livon. .Bdia Pero pensé que preferirías quedarte en las termas con Yánika. .Edia .D .Bdia ¿Y perderme la oportunidad de ver a Myriah y esa varadia? .Edia repliqué. Sonreí, animado. .Bdia Voy a por mi mochila. .Edia .P La exasperación de Yánika se había desvanecido de golpe, reemplazada por la satisfacción y la alegría. .Bpenso ¿No estarás intentando deshacerte de tu hermano, brujilla? .Epenso bromeé interiormente. Al de un minuto, estaba de vuelta con mi mochila en la veranda. Quité toda la ropa de mi hermana y los tres libros que se había llevado y lo reuní todo en un hato. .D .Bdia Esto es para Yánika. .Edia .P Orih asintió. Me miraba con curiosidad. .D .Bdia ¿No vas a despertarla y decirle que te vas? .Edia .P A través de la pared de bambú, eché un vistazo hacia el centro del aura, entretenido. De modo que Orih y Livon no captaban el aura o, más bien, no la reconocían. No era de extrañar: hacía falta mucha práctica y pasar mucho tiempo junto a ella para aprender a distinguir tan bien como yo sus emociones de las de uno mismo. .P Agarré ambas correas de mi mochila. .D .Bdia No es necesario. Ya está despierta y lo ha oído todo. Mi hermana es una cotilla. .Edia .P Percibí su aura divertida y protestona y sonreí. .D .Bdia Yani. Cuida bien de Tchag, .Edia añadí. .D .Bdia Y yo cuidaré de ella como de una hermanita, .Edia aseguró Orih. Me agregó en voz baja: .Bdia Me alegro de que Livon te tenga a su lado. Cuando se va a ver a Myriah, siempre vuelve muy silencioso. Pero contigo seguro que se le pasa más rápido. .Edia Me enseñó una sonrisa afilada y agitó ambas manos. .Bdia ¡Buen viaje! .Edia .P En la puerta del jardín, Livon alzó una última vez la mano para saludar y ambos salimos tomando el camino que bajaba. Era aún tan temprano que las calles estaban desiertas y tan sólo nos cruzamos con algún gato, algún madrugador y con las innumerables fuentes que poblaban la ciudad. Ante la puerta principal, los guardias nos saludaron con un gesto de cabeza. .D .Bdia Sois madrugadores, .Edia apreció uno de ellos, de pelos rojos electrificados. .Bdia Que tengáis un buen viaje. .Edia .D .Bdia Gracias, .Edia dijo Livon. Y se detuvo de pronto. .Bdia ¡Oh, es verdad! Tengo una pregunta. .Edia .D .Bdia Dime. .Edia .D .Bdia ¿No sabréis si el Túnel de la Serpiente se ha vuelto a abrir? .Edia .D .Bdia ¿Vais hacia ahí? .Edia se sorprendió el guardia. .Bdia Bueno… He oído decir que estuvo unos cuantos meses cerrado por riesgo de derrumbamiento. Puede que ahora esté abierto, pero no podría asegurártelo. .Edia .P El otro guardia puso cara de igual ignorancia y Livon les agradeció de todos modos. .D .Bdia No intentéis pasar por ahí si siguen poniendo el cartel, ¿eh? .Edia añadió el guardia de pelo rojo. .Bdia De nada sirve tomar atajos si es para acabar aplastado por una roca. .Edia .P Sonreí ante su inquietud. .D .Bdia Seremos prudentes, .Edia aseguré. .P Nos alejamos de la empalizada y pronto estuvimos siguiendo el camino hacia Keshaq, bordeando el lago. A nuestra derecha, se alzaban las montañas de Skabra, cubiertas de bosque en su mayor parte. .D .Bdia ¿El Túnel de la Serpiente? .Edia pregunté, curioso. .Bdia ¿Por qué ese nombre? .Edia .P Por un instante, pensé que era porque estaba lleno de serpientes y me alegré de no haber traído a Yánika. Livon explicó: .D .Bdia Se llama así porque zigzaguea como una serpiente. Antiguamente era un túnel natural, pero fue agrandado por los pastores que bajaban sus rebaños hasta el lago en invierno. Ahora la mayoría usa el camino hacia Varlape porque es más seguro, pero ese túnel nos ahorrará horas de caminata. .Edia .P Pese a que el cielo debería ya estar clareándose realmente, una niebla persistente nos envolvía, oscureciendo nuestro alrededor. Las aguas del lago no se movían, las hojas estaban quietas y todo el aire respiraba una humedad densa. Caminábamos desde hacía un rato cuando resonó un largo silbido proveniente de la orilla y Livon se detuvo con ligereza, sorprendido. .D .Bdia ¡Una burrujama! .Edia murmuró. .Bdia Es un ave canora. Se esconden mejor que ninguna y normalmente se las oye cantar sólo de lejos. Se dice que oír su canto es un buen presagio. .Edia .D .Bdia ¿Un buen presagio? .Edia me burlé. .Bdia ¿Como que los dioses te serán favorables y la cosecha será buena…? .Edia .D .Bdia ¡Que no! .Edia se carcajeó Livon. .Bdia Señala que no hay peligro alrededor. Son tan tímidas que no se pondrían a cantar si no. Pero por eso son casi imposibles de ver. Mira… nos ha oído y ya ha dejado de cantar, .Edia observó. Retomó la marcha asegurando: .Bdia Créeme, de niño me divertía buscándolas, y en todo ese tiempo no conseguí ver más que una. De hecho, ¿no te lo dije?, conocí a Baryn cuando él se paseaba por los montes buscando ver una burrujama. ¡Se pasó varios meses intentando con una paciencia que ni los járdicos! .Edia se rió. .D .Bdia ¿Y no la vio? .Edia .D .Bdia Mm, .Edia negó Livon, pensativo. .Bdia A veces me digo que si aquel día vi una fue sólo porque quiso que la viera. .Edia .P No llevábamos ni media hora andando cuando dejamos el camino del lago para dirigirnos campo a través hacia los montes. Avanzábamos a buen paso, pero tampoco nos dábamos prisa. Cuando empezamos a subir, ralentizamos el ritmo. Livon caminaba delante con pinta de saber exactamente adónde iba. En un momento, llegó a una parte más llana y sacó su cantimplora para pegarle un trago. La niebla ya no nos alcanzaba en aquella altura y pudimos ver un mar blanco de nubes bañar todo el valle. Ni siquiera se veía el lago a través. Alzamos los ojos hacia la cima del monte, iluminada por el sol, y Livon señaló una zona: .D .Bdia Nosotros vamos por ahí. Por cierto, Drey, .Edia agregó mientras retomábamos la marcha, .Bdia ¿crees que Aruss habrá conseguido sacar de apuros a Rakbo? .Edia .P Arqueé las cejas. Diablos, es verdad. Había olvidado completamente al mirol encarcelado. De modo que el Gurú del Fuego había querido exculpar a Rakbo… .D .Bdia Ni idea, .Edia dije. .Bdia Aun así, intentar capturar a un curandero en pleno día… ¿A quién se le ocurre? .Edia .D .Bdia Bueno… Rakbo debía de estar desesperado. .Edia .P Y tanto. Recordaba su fuerte constitución y su rostro cuadrado. Si su objetivo había sido el de capturar a un curandero para llevarlo al cráter y salvar a su pueblo… no le había faltado coraje. .D .Bdia Sea como sea, .Edia dije, .Bdia el intento le ha salido particularmente mal. .Edia .P Tuvimos que ascender aún bastante antes de rodear el monte y llegar a lo que era, según Livon, la entrada del Túnel de la Serpiente. En esa zona, casi no había árboles y la hierba era azotada continuamente por un viento fuerte. Amainé la fuerza de este con mi órica para facilitarnos el avance mientras cruzábamos un amplio campo de flores silvestres. No muy lejos de ahí, monte abajo, divisé la columna de humo de una chimenea. Siguiendo la dirección de mi mirada, Livon sonrió y dijo: .D .Bdia Ahí viven los Fángoman. Son una familia encantadora. Una vez, cuando bajé por aquí con las cabras, me torcí el tobillo y ellos me recogieron. Marna, la hija, cuidó de mis cabras hasta que me curase. ¡A estas horas fijo que nos encontramos con ella en la ladera de arriba! .Edia .P No se equivocó. La joven pastora nos saludó muy sonriente desde la lejanía, reconociendo a Livon al instante. Se acercó, seguida de varios pequeños corderos y con uno entre los brazos. .D .Bdia ¡Pero cuánto tiempo! ¡Si ahora estás hecho todo un hombre! Recuerdo que la última vez que te vi no eras más que un corderillo. ¡Cómo te va! ¿Qué te trae por aquí? .Edia .P Los observé a ambos con curiosidad mientras compartían noticias y bromas fáciles alegremente. En Firasa, jamás había visto a Livon saludar a nadie con tanta familiaridad quitando a los Ragasakis. Estaba claro que, aunque ahora viviera en la ciudad, su hogar predilecto seguía estando en las montañas. .D .Bdia ¡Con que casada ya! .Edia la felicitó Livon. .D .Bdia Y con un buen chico, aunque mi padre y él siempre se están quiñando, .Edia rió Marna. .Bdia ¿Así que vuelves a tu pueblo? Cuando oí decir que te habías metido en una cofradía de magos, al principio pensamos que estaban hablando de otro. ¡El pastorcico mago! Qué alegría, .Edia sonreía. .P Había posado al cordero, pero ni este ni los demás se despegaban de ella. Agregó: .D .Bdia ¿Vais a pasar por el Túnel de la Serpiente, verdad? Tened cuidado. Unos pastores vinieron a posar vigas para evitar que se derrumbara más, pero el paso no es bueno. .Edia .P Livon le dio las gracias por la advertencia y, con gran naturalidad, le regaló un bonito peine de soredrip que había comprado el día anterior en Skabra pensando en ella. La joven pastora, agradecida, ofreció invitarnos a comer algo y, pese a su vacilación, finalmente Livon aceptó. Fue una agradable comida, con mucho queso, pastas y verduras del huerto. A decir verdad, era la primera vez que comía en una casa tan humilde y a la vez tan alegre como aquella. El sol ya estaba arriba del todo cuando nos pusimos de nuevo en marcha con renovada energía. Pese al viento, los rayos de sol eran cálidos y persistentes y constaté que mi piel, poco habituada a la Superficie, empezaba a enrojecerse de manera inquietante. .D .Bdia ¡Ahí está! .Edia anunció Livon al de un rato de rodear rocas y desniveles. .P El Túnel de la Serpiente era casi igual de estrecho que el pasadizo que escondía el cráter de los Atarah del exterior. Sin embargo, al echar un vistazo adentro y examinar las corrientes de aire, entendí que era bastante más largo. Tanteé la roca. .D .Bdia De momento, parece estable, .Edia dije. .P Nos adentramos, él con su linterna, yo con mi piedra de luna. El viento que se infiltraba arrastraba silenciosamente sobre el suelo rocoso numerosos pequeños ovillos de lana perdida en el trayecto. Olía a perro mojado. .D .Bdia Cuidado donde pisas, .Edia me dijo Livon. Y lo decía el que estaba mirándome, hablando y andando al mismo tiempo… .D .Bdia ¡Mira hacia delante, ¿quieres?! .Edia le repliqué. .Bdia Si te tuerces un tobillo, tendré que llevarte a cuestas por el monte y no me apetece una drimi. .Edia .D .Bdia Oh, er, esto… Procuraré, .Edia prometió Livon con una sonrisa molesta, y dejó de mirar hacia atrás. .P Mientras caminábamos por el sinuoso túnel, fui tanteando la roca, evaluando su estabilidad. Al de un rato, como temía, esta fue haciéndose cada vez menos fiable, incluso con las improvisadas vigas que habían colocado. .D .Bdia ¿Es la primera vez que pasas por aquí desde que dejaste las montañas? .Edia pregunté. .D .Bdia Mm, .Edia afirmó Livon. .Bdia Generalmente, cuando voy a ver a Myriah, tomo el camino del afluente al Lur. Desde Firasa es el camino más corto. .Edia .P Me mordisqueé un labio mientras pasaba la mano rozando las rocas con mi órica. Sabía que el asunto de Myriah era muy importante para Livon, pero hasta ahora no me había dado cuenta de lo tristes que debían de ser sus encuentros. Una elfa atrapada que no podía hablar y un antiguo pastor que la consideraba como… ¿su maestra? ¿su hermana mayor? La única que realmente le había dedicado tiempo en su infancia. .D .Bdia Drey, .Edia dijo de pronto Livon, sobresaltándome. Se detuvo en pleno túnel girándose con expresión ensimismada. .Bdia He estado pensando. Ese monje que te entregó la carta ayer… No quiero ser un entrometido, pero ¿todo va bien? Parecías algo turbado. .Edia .P Enarqué una ceja y sonreí, pasando junto a él sin detenerme. .D .Bdia Todo va bien, .Edia aseguré. .Bdia Era una carta del Gran Monje del Viento. El abuelo quiere que vuelva a su Orden y traicione a mi hermano pero no lo haré ni en sueños. Esas historias no me incumben, .Edia afirmé. .D .Bdia Oh… .Edia murmuró Livon, pensativo, siguiéndome. .Bdia ¿Así que el Gran Monje es tu abuelo? .Edia .D .Bdia No, no de verdad. No es un Arunaeh: es el hermanastro de mi abuelo. Y no se parecen en nada salvo en que los dos son igual de tozudos en sus objetivos. .Edia Me detuve y contemplé el techo rocoso, angosto y oscuro con cada vez más desconfianza. Chasqueé la lengua. .Bdia Attah… Livon. Esto tiene mala pinta. Dudo de que el túnel aguante más de un mes. Se podría hundir en cualquier momento. .Edia .P Livon se ensombreció, parándose a su vez. .D .Bdia El problema es que según Marna todavía hay pastores que toman este camino… ¿Tan mal lo ves? .Edia .P Asentí. Tan mal que empezaba a preguntarme si no hubiéramos sido más prudentes dando un rodeo en vez de tomar esa ruta. .D .Bdia No creo que sea muy arreglable, .Edia confesé. .Bdia La roca se ha erosionado y no hay… .Edia .P Callé cuando, de pronto, un grito infantil resonó en el túnel. La forma zigzagueante e irregular de las paredes deformaba el sonido, pero no me cupo duda de que el grito provenía de enfrente. Livon echó a correr y lo seguí. .D .Bdia ¡Mani! .Edia gritó el niño. .Bdia ¡Mani! .Edia .P Estábamos llegando a una curva cuando divisamos luz al final del túnel, así como una pequeña silueta temblorosa medio escondida detrás de un saliente de la pared. Miraba algo afuera con evidente terror. .D .Bdia ¡Maniiii! .Edia .P Livon jadeó y pronunció algo antes de acelerar. Agrandé los ojos. ¿Podía haber dicho «oso»? Un profundo gruñido, afuera, me hizo detenerme a unos pasos del niño. A la luz cegadora del sol, en la ladera de la montaña, se alzaba una imponente criatura de pelaje pardo muy oscuro y ojos grandes y rojos. Eso… ¿era lo que llamaban un oso sanfuriento? Nunca había visto uno. A unos escasos metros a su izquierda, una mujer alzaba un bastón con ambas manos, acorralada contra una pared rocosa. El oso gruñía y seguía los movimientos del bastón enseñando sus enormes colmillos. .P Un gemido a mi derecha me hizo recordar la presencia del niño: este no debía de tener más de diez años y miraba la escena con el rostro paralizado por el horror. .D .Bdia Mani… .Edia balbuceó. .P Mani debía de ser el nombre de la mujer en apuros. Posando mi mochila, saqué de esta con rapidez las granadas de Staykel y salí del túnel a la carrera. .D .Bdia ¡Livon! ¿Qué hacemos? .Edia pregunté, alcanzándolo. .Bdia Esa criatura tiene unas zarpas enormes. Y es maciza. No creo que mi viento pueda nada contra ella. .Edia .P Livon fulminaba el oso y su presa con ojos inmutables. Al notar que nos acercábamos, la criatura peluda se había girado hacia nosotros, aún más enervada. Como Livon no contestaba, lo miré… y con asombro constaté que había salido corriendo, alejándose hacia la izquierda. Cuando entendí lo que se proponía, ya fue demasiado tarde. .P Permutó. Y allá donde se encontraba él, vi aparecer a la tal Mani desarmada, anonadada y a salvo. Sin apenas mirarla, me giré y vi a Livon al pie de la pared rocosa alzar el bastón para llamar la atención del oso. .D .Bdia Dánnelah, .Edia jadeé, incrédulo. ¿En qué estaba pensando Livon? .P Me abalancé —justo en el instante en que el oso soltaba un rugido, se alzaba de nuevo sobre sus dos patas y soltaba un zarpazo. Livon se echó para atrás y recuperó el equilibrio de milagro. Estaba yo escudriñando el oso, retomando el aliento, cuando reparé de pronto en algo: ¿por qué me había parado a examinarlo? ¿Acaso estaba intentando buscar los puntos flojos del oso? Me reí de mí mismo. .P .Bpenso Mar-háï… Un oso no es una roca, botarate. .Epenso .P Al no tener una idea mejor, activé las granadas. No me paré a pensar en si serían mejor las de humo, la fétida o la lacrimógena, y tiré las cuatro a las patas del oso impulsándolas con la órica. Pronto, un humo denso le arrancó a este un bufido y… para horror mío, el animal cargó contra Livon. .P Con el humo cada vez más denso, no tuve tiempo de ver si el permutador había podido esquivar la embestida. Lo que sí oí, en cambio, fue el estrepitoso encontronazo que provocó el oso sanfuriento al empotrarse contra la pared rocosa. Resonó un potente rugido. Y otro estrépito. Attah… ¿Se habría vuelto loco? .D .Bdia ¡Maniiiii! .Edia .P El grito del niño me descentró del oso y de Livon y constaté que el túnel se estaba desplomando. El choque del oso contra el barranco había repercutido en la roca, acabando por lo visto con el equilibrio precario del túnel. Y el muchacho no salía… ¿Se habría quedado atascado? .P Por alguna razón, en aquel momento recordé algo que Lústogan me había dicho una vez cuando el túnel de una mina había empezado a derrumbarse ante nuestros ojos: .Bparoles Cosas que pasan, Drey. El capataz de la mina ha rechazado nuestra ayuda prefiriendo usar explosivos porque son más baratos… Que aprenda y tal vez la próxima vez desprecie menos a los destructores. .Eparoles Yo sabía que él no tenía la culpa del derrumbe, pero los mineros lo maldijeron igual con la mirada porque lo habían visto contemplar el desastre sin moverse ni mostrar una pizca de compasión. Aquel día, yo tampoco me había movido. Por mi hermano, y porque mi Datsu había reducido mi horror a un simple sentimiento de tristeza. Sin embargo… .P Sin embargo, si no reaccionaba ahora, nunca sería digno de llamar amigo a ningún Ragasaki. .D .Bdia Attah… .Edia solté. .P No dudé más, esperé que Livon se las arreglaría y me precipité hacia el túnel. Mani se había metido también para tratar de liberar al niño y llegué justo a tiempo para evitar que una roca los aplastara. Mi tallo energético sufrió un buen tajo al repeler la caída de rocas y tierra sobre nosotros, pero qué remedio. Pronto el terreno acabó por estabilizarse más o menos. Cuando aplaqué el polvo, vi a los dos abrazados, el uno repitiendo el nombre de Mani, y esta… ¿O era este?, pensé de pronto, al ver sus rasgos ambiguos de humano. Al captar su mirada agrandada fija en mí, fruncí el ceño y carraspeé, atando mi Datsu. Constaté que el túnel estaba totalmente bloqueado. Me agaché y rompí en pedazos la roca que había mantenido al muchacho atrapado. Su pierna estaba algo magullada. Pero no me preocupé por ello en el momento. Más importante era ahora saber qué le había pasado a Livon. Sólo que el humo aún era persistente y no logré ver nada. .D .Bdia Apartaos de la pared, .Edia solté. .Bdia Podría derrumbarse más. .Edia .P Y me alejé con rapidez sobre los escombros. Aterricé sobre la hierba y agucé el oído. Ya no se oía al oso. ¿Se habría ido? Tragué saliva y, con un sortilegio órico, espanté todo el humo, el olor fétido y cuanto fuese que contuviesen esas granadas. Y me encontré con una escena improbable: Livon se sostenía un brazo ensangrentado mientras se arrimaba contra el cuerpo enorme del oso. Este estaba… .P Me precipité. .D .Bdia ¡Livon! ¿Estás bien? .Edia .P Con los ojos rojos y llorosos por mi granada lacrimógena, el permutador asintió, aturdido, y tomó una bocanada de aire. Eché un vistazo a su brazo. Esas marcas… no parecían ser debidas a un zarpazo. .D .Bdia Dánnelah… ¿Te mordió? .Edia pregunté, incrédulo. .D .Bdia Apenas me raspó con un colmillo, .Edia aseguró Livon, apartándose del cuerpo inmóvil del oso. Meneó la cabeza como para espabilar. .Bdia ¿Qué clase de granadas tiraste? .Edia .P Hice una mueca. .D .Bdia Perdón. Pensé que sería una buena idea, pero se volvió aún más loco de lo que estaba. .Edia .D .Bdia Que no, sin ellas no me habría confundido con mi mochila. .Edia .D .Bdia ¿Tu mochila? .Edia repetí, sin entender. Eché otro vistazo al oso y vi entonces el movimiento regular que hacía su vientre al hincharse. .Bdia ¿Está vivo? .Edia .D .Bdia Dormido o inconsciente, .Edia contestó Livon. .Bdia Se enfureció, me agarró la mochila y se estrelló contra la roca. Pero, al final, no sé si cayó por el golpe o por las plantas. .Edia .P Bajó la mirada hacia esta. Estaba hecha pedazos y había ropa, comida y plantas en trozos desparramados por toda la zona. Las plantas, me repetí, incrédulo. .D .Bdia ¿Esas son las plantas soporíferas que recogiste en el lago de los vampiros? ¿Y el oso se las tragó? .Edia .D .Bdia O al menos las hizo pedazos, .Edia meditó Livon. .Bdia El caso es que se ha quedado dormido como un oso lebrín… ¡Por cierto! .Edia dijo alzando de pronto la cabeza oteando. .Bdia ¿El niño? ¿Y el otro? ¿Están bien? .Edia .D .Bdia Sí, .Edia lo tranquilicé, echando un vistazo hacia atrás. .Bdia El Túnel de la Serpiente, en cambio, es historia. .Edia .P Livon suspiró de alivio y se encogió de hombros. .D .Bdia Casi mejor. .Edia .P Se puso a andar hacia los dos humanos. Ambos se habían alejado de los escombros y Mani se ocupaba de la pierna del niño. A mí más me preocupaba la herida ensangrentada de Livon. No parecía profunda pero… .D .Bdia Esa herida, .Edia lancé, .Bdia la tienes que cuidar ahora mismo o podría infectarse. .Edia .D .Bdia Mm. Tranquilo, Yeren me conoce. Tengo lo básico en mi mochi… .Edia Livon calló e hizo una mueca de desilusión. .Bdia Oh, no… Las plantas. ¿Crees que habrá quedado una entera? Sería una pena no poder llevarle una a Baryn… .Edia .D .Bdia ¿Te preocupas de eso ahora? .Edia le espeté, incrédulo. .Bdia Ahora vuelvo, .Edia añadí. .P Regresé adonde estaba el oso y recuperé todo lo salvable metiéndolo en un hato: la ropa, las pomadas, la yesca y algún utensilio más. Recogí un trozo de planta y unas hojas desperdigadas y pensé que Baryn tendría que contentarse con eso. La comida la dejé: estaba empolvada y a saber si el oso la había tocado con su saliva. No sabía gran cosa de los osos sanfurientos, pero si algún punto común tenían con los lobos furientos, podía ser que su saliva fuera igual de tóxica. .P Cuando llegué adonde el niño, Mani y Livon, constaté que este estaba en plena conversación mientras, para sorpresa mía, Mani le pasaba un producto sobre la llaga. Fruncí el ceño, posando el hato en el suelo. .D .Bdia ¿Eres curandero? .Edia .D .Bdia No, .Edia respondió Mani con calma. .Bdia Sólo sé lo básico. .Edia .P El humano era delgado y de rasgos tan finos que era difícil evaluar su edad. Su túnica, de un azul oscuro, lo cubría entero y su cabello negro estaba recogido en una larga trenza. Le dejé al lado el bastón que había recogido junto al oso. Parecía un simple cayado de pastor, aunque me habían llamado la atención los extraños motivos grabados a lo largo. .D .Bdia Se llama Mani, .Edia lo presentó Livon, como este no decía nada más. .Bdia Y nos ha dado las gracias. ¿De dónde vienes? Tu acento no es de por aquí. .Edia .D .Bdia Muy justo, .Edia reconoció Mani mientras sacaba un vendaje de su mochila. .Bdia Vengo de más al sur, pero he viajado tanto que no tengo ya acento de ningún sitio. .Edia .D .Bdia ¡Ohó! ¿Eres un itinerante? .Edia se alegró Livon. .Bdia Mis padres también lo eran, al parecer. Aunque nunca los conocí. ¿Eres un monje? .Edia .D .Bdia Er… En cierto modo, .Edia dijo Mani. Parpadeó y lo miré con suspicacia mientras arropaba con presteza el brazo de Livon. Agregó, apartándose: .Bdia Es todo lo que puedo hacer por ti, muchacho. Nunca había visto un oso sanfuriento de tan cerca… Deberíais alejaros antes de que despierte. .Edia .P Cierto, pensé, echando una ojeada atrás. Aun así, la criatura parecía aún profundamente dormida. Mani se había levantado. Por lo visto, tenía prisas por ponerse en marcha. .D .Bdia ¿Ibais a cruzar el túnel, verdad? .Edia preguntó Livon. Acababa de pasarse por la cabeza una tira de ropa rota para sostener su brazo, pero no parecía que su herida lo molestara mucho. .Bdia Para ir hacia Skabra, tendréis que rodear toda la montaña. Hay un sendero un poco más arriba que acortaría un poco, pero teniendo al muchacho… yo que vosotros tomaría el camino más largo y cortaría por el valle hasta la ruta de Varlape. Por ahí, .Edia indicó. .P Mani realizó un gesto parco de cabeza. .D .Bdia Gracias. Si hay algo que puedo hacer por vosotros… .Edia .P Lo decía, a todas luces, a regañadientes, pero Livon no pareció notarlo y asintió: .D .Bdia ¡Si podéis pasaros por la casa de los Fángoman y decirles que estamos bien! Os estaría agradecido. Viven del otro lado del túnel, a menos de una hora de la ruta de Varlape. .Edia .P Mani se tensó pero asintió. .D .Bdia Está bien. Se lo diré. ¿Los Fángoman? .Edia .D .Bdia Así es, los Fángoman, ¡muchas gracias! .Edia exclamó Livon, sincero. .Bdia Después de este derrumbamiento… será mejor que condenen el túnel. .Edia .P Mani se subió a cuestas al niño, agarró el bastón con una mano y se contentó con un sonido de garganta para despedirse. El niño, en cambio, me sonrió y dijo: .D .Bdia ¡Gracias por todo! ¡Que la Sreda os proteja! .Edia .D .Bdia Rood, .Edia gruñó Mani. .Bdia Silencio. .Edia .P El niño hizo una mueca de vergüenza y no volvió a mirar atrás hasta que, ya casi desaparecidos entre los árboles, nos echó otra ojeada emocionada. Parecía un poco… como si estuviera pensando que no solamente lo habíamos salvado a él sino que también habíamos salvado a la única persona que tenía en su vida… ¿Acaso me inventaba historias? Sin embargo, esa pareja de humanos… Había algo realmente extraño en ella. Mmpf. Sin duda me inventaba historias. .P Livon suspiró de alivio. .D .Bdia ¡Bueno! Menos mal que todo salió bien. ¿Nos alejamos? .Edia añadió, echando una ojeada cautelosa al oso. .D .Bdia ¿Ahora te asusta? .Edia me burlé entornando los ojos. .Bdia Con lo tranquilo que está durmiendo, si parece un angelito… .Edia .D .Bdia En serio, Drey, ¡no te acerques! Ahora que lo veo de verdad, da miedo. .Edia .P Huh… ¿Antes no lo había visto de verdad? Puse los ojos en blanco y dejé de fingir acercarme. .D .Bdia Tranquilo… Oh, por cierto, olvidé recoger tu cubo de números. .Edia .D .Bdia ¡¿Queé…?! .Edia .P Me carcajeé. .D .Bdia Es broma. Lo tienes en el hato. .Edia Cuando quiso verificar, lo fulminé con la mirada, exasperado. .Bdia No miento. Está intacto. Deja ya de mover ese brazo y déjame el hato, ya lo llevo yo. Vamos. .Edia .P Nos alejamos con rapidez, bajando la ladera y metiéndonos en el bosque. El sol se había inclinado ya hacia el oeste y, al encontrarnos en la parte este del monte, no nos alcanzaban ya sus rayos. En consecuencia, los troncos parecían más sombríos, los arbustos más tupidos y tenía la sensación de que el canto de los pájaros se había hecho más tímido. Esperaba que no fuéramos a encontrarnos con más osos… .P Cruzamos un riachuelo, donde hicimos una pausa para calmar nuestra sed. Llevaba un rato percatándome de que Livon había bajado el ritmo. Sin embargo, cuando le pregunté si le dolía la herida, meneó la cabeza afirmando que no y señaló el monte de enfrente diciendo: .D .Bdia Ahí está la cueva de Myriah. Ese monte se llama el Labecimo. No tiene mucho bosque, pero está lleno de rocas. Por eso los pastores de ovejas normalmente no van ahí. La aldea donde vivía yo está río arriba. .Edia .P Nos pusimos de nuevo en marcha, alcanzamos el río y lo cruzamos sin problemas gracias a un par de rocas. .D .Bdia ¿No vas a ir a la aldea? .Edia pregunté, mientras ascendíamos el Labecimo. .D .Bdia Mm… Nos llevaría mucho tiempo, .Edia dijo Livon. .Bdia Y tampoco tengo ahí a nadie que me espere. La anciana de las cabras ya murió y el que se quedó con los animales es una persona… er… difícil. Apenas lo conozco. ¡Si acaso iría a saludar a las cabras! .Edia .P Lo miré con curiosidad pero no pregunté más. El Labecimo era un monte irregular, lleno de hoyos, rocas enormes con formas peculiares y arbustos cargados de espinas. Livon cambiaba de dirección regularmente, ascendiendo, descendiendo, pasando entre dos peñascos, evitando una zona cubierta de musgo espinoso y hasta oteando el cielo. Al de un rato, cuando lo vi alzar la mirada hacia las nubes blancas, pregunté: .D .Bdia ¿Por qué miras al cielo? .Edia .D .Bdia Oh, no miro el cielo, .Edia me desengañó Livon, .Bdia miro esos aguiluchos azules que giran sobre el Labecimo. ¿No los ves? Este lugar es tan laberíntico que a veces la mejor manera de saber dónde se encuentra uno es observando esos pájaros. Normalmente siempre anidan en el mismo sitio. .Edia .P Hice una mueca pensativa. Guiarse por las aves, primero con las burrujamas y luego con los aguiluchos azules… era algo que en los Subterráneos no se solía hacer. También porque había pocas aves subterráneas. .D .Bdia Aun así, .Edia añadió Livon, sonriente, .Bdia no necesito mirar los aguiluchos. ¡Esta zona me la conozco de memoria! Ya casi estamos. Por aquí. .Edia .P Me guió hacia un montículo rocoso y acabamos por deslizarnos por una grieta en el suelo. Bajamos con cuidado hasta la cueva. Esta no era muy grande y estaba bien iluminada gracias a otras brechas más angostas por las que no hubiera cabido ni un gran roedor. Enseguida vi la gran crisálida azulada, de forma irregular y transparente. Ocupaba casi toda la cueva. Y vibraba de energía. .P Mientras Livon se acercaba, permanecí junto a la entrada de la cueva, examinando la crisálida con fascinación. A tal vez un metro en el interior de esta, se encontraba la silueta de Myriah, hecha un ovillo. Su cabello era blanco como el armiño, sus orejas de elfa finas y puntiagudas, su rostro congelado en una expresión fruncida y concentrada, y sus ojos malvas, bien abiertos, parecían estar desafiando algo. Recordé que, según Livon, Myriah había acabado ahí tras realizar una permutación con una criatura. Ignoraba si esa criatura había secretado el producto para protegerse o si, como me parecía ahora, el producto ya estaba antes. De hecho, todo, en esa intrincada y redondeada forma, recordaba una crisálida. .P Livon se sentó sobre una roca ante ella y me pregunté si quería que lo dejara solo. Tras un silencio, iba a dar un paso hacia la brecha para volver a subir cuando Livon soltó: .D .Bdia ¿Crees que sabe que vengo a visitarla? .Edia .P Me detuve en seco, entreví su rostro absorto girado hacia Myriah y me acerqué a la crisálida sin contestar. .D .Bdia ¿Puedo tocarla? .Edia .D .Bdia Claro… Tranquilo, yo hice más que tocarla, .Edia dijo Livon. .Bdia La maltraté con el hacha, con todo tipo de ácidos, le pegué fuego, hasta usé una perforadora de diamante… No hubo manera. .Edia .P ¿Una perforadora de diamante? Eso no me lo había dicho. Con cada vez más curiosidad, posé una mano sobre la superficie lisa del material. Lo primero que sentí fue una corriente de energía extraña. ¿Brúlica? ¿Aríkbeta? ¿Esenciática? Un poco de todo eso, tal vez. .P Cerré los ojos para concentrarme mejor. Durante mis entrenamientos, había estudiado y explotado centenas de rocas, sedimentarias, metamórficas e ígneas. Conocía la composición de numerosas rocas, sus texturas, su densidad, su origen… Pero también había estudiado otros materiales como los metales puros o los tejidos vegetales. Por eso, al encontrarme con la complicada textura de aquella crisálida, supe de inmediato que aquello era un tejido vivo. Al igual que mi lágrima de cristal. Se me había ocurrido en camino que tal vez mi pendiente, igual de indestructible, tuviera algo más en común con esa varadia… Pero, definitivamente, el material no era el mismo. .P Tras un buen rato, dejé caer la mano. .D .Bdia ¿Y dices que el fuego no hizo nada? .Edia .P Livon negó con la cabeza. .D .Bdia Ni chamuscarla un poco. .Edia .P Ni chamuscarla, me repetí. ¿Un tejido vivo inmune al fuego? Livon se sostuvo la cabeza murmurando: .D .Bdia ¿No lo oyes? Cuando se pega el oído al cristal… se oye una de esas voces de nixes y sirenas que describen los marineros. Sólo que… .Edia .P Lo iba viendo que cada vez se estaba inclinando más hacia delante y, cuando lo vi caer, me precipité anonadado y alcancé a sostenerlo antes de que se desplomase contra el suelo rocoso. .D .Bdia ¡Livon! ¿Estás bien? .Edia .P El permutador parpadeó, atontado. Se sentó abrazándose las rodillas como Myriah y confesó: .D .Bdia Estoy cansado. .Edia .P Observé su expresión soñolienta, bajé la mirada hacia su brazo vendado y fruncí el ceño. .D .Bdia Más que cansado. Quítate esa venda. Voy a echarle un vistazo. .Edia .P Bajo su mirada sorprendida, lo hice tumbarse y le quité el vendaje. No es que supiera gran cosa de medicina, pero era capaz de entender que la herida de una criatura como ese oso pudiera causar infecciones o algo peor. Pero, en tal caso, ¿por qué no se había alarmado Livon? Era un gran conocedor de la zona, seguro que no era la primera vez que veía un oso sanfuriento… Tragué saliva al ver la herida. Era un simple arañazo poco profundo, pero ahora estaba hinchado. .D .Bdia Attah, .Edia murmuré. .Bdia Está infectado. .Edia .P ¿Qué se suponía que debía hacer? Sólo se me ocurrió una cosa. Me erguí y solté: .D .Bdia Tenemos que volver a Firasa de inmediato. .Edia .P Livon suspiró cerrando los ojos. .D .Bdia Imposible. ¿No ves la luz? Será de noche dentro de nada y bajar el Labecimo de noche es imposible. Además, no nos habría dado tiempo a llegar a Firasa hoy. Bajando el río… .Edia inspiró, .Bdia hay una enorme cascada al sur de Lellet. Igual de enorme que las cascadas que vimos cuando cogimos el teleférico. De hecho, se la veía de lejos desde la cabina, ¿no te fijaste? Para rodearla, hace falta tres buenas horas pasando por un desfiladero bastante peligroso hasta llegar a Keshaq. Es mejor… quedarse aquí. .Edia .P ¿Quedarse ahí y esperar a que la infección se expandiera? ¿Acaso Livon había pensado en ello sabiendo desde el principio lo que le iba a ocurrir? Alcé la mirada hacia la luz que entraba por los agujeros de la cueva. Era una luz rojiza. Livon tenía razón: la noche no tardaría en llegar. .D .Bdia Aun así, .Edia protesté. .Bdia Esa herida… Si te pasa algo… .Edia Lo vi abrir los ojos e, incómodo, lo fulminé con la mirada diciendo: .Bdia Orih me come vivo. .Edia .P Livon sonrió. .D .Bdia No voy a morir. Porque… .Edia se enderezó y miró a Myriah con intensidad, .Bdia no puedo morir ante ella. .Edia .P Sus palabras me hicieron el efecto de un rayo. Para asombro suyo, me tiré casi literalmente entre el cristal y él. .D .Bdia ¡Ni se te ocurra! .Edia jadeé. .P Livon parpadeó. .D .Bdia ¿De qué hablas? .Edia .P Me ruboricé, confuso. ¿Podía ser que lo hubiese malinterpretado? Me aclaré la garganta y me aparté. .D .Bdia Perdón. Por un instante, creí que ibas a… .Edia .P No acabé la frase. Que iba a permutar con Myriah. Eso era lo que había temido. Realmente lo había creído. Me arrodillé junto a mi mochila y me dediqué a buscar mi cajita de pomadas de destructor y el saco de pastillas que llevaba siempre por si acaso. .D .Bdia Soy yo quien debería pedir perdón, .Edia dijo entonces Livon. .P Me giré hacia él con las cejas enarcadas. El permutador se había recostado contra una roca y me miraba con expresión culpable. .D .Bdia De verdad lo pensé. Pensé que, si fuera a morir, permutaría con Myriah. Pero, en el fondo, sé que no voy a morir. Esta herida… no va a matarme. La saliva de un oso sanfuriento debilita y probablemente no me cure del todo hasta pasados varios días, pero no voy a morir… Sólo me estaba engañando. Tal vez pensé que sería más fácil si también la engañara a ella haciéndola creer… Bah. Pero sólo lo pensé un instante, .Edia aseguró. .Bdia No lo hice. .Edia .P Pensar siquiera que le había dejado tiempo de permutar con la elfa me dio escalofríos. Resoplé. .D .Bdia Es la primera vez que te veo pensar de manera retorcida. Se te da muy mal. .Edia .P La expresión culpable de Livon se hizo más ligera. .D .Bdia Puede ser, .Edia admitió. .Bdia Di, Drey… ¿Recuerdas lo que te dije sobre la Pulga de la Malasuerte que me picó? ¿Sigues pensando que es una bobada? .Edia .P Lo fulminé con la mirada. .D .Bdia Deliras. Toma, .Edia le dije, poniéndole una pastilla en la palma de su mano. .Bdia Es la única comida que nos queda. Una dieta equilibrada y energética. Las inventó un Arunaeh hace más de un siglo y mi familia las llama Ojos de Sheyra. .Edia .D .Bdia ¿Ojos de Sheyra? .Edia .P Recordaba que Lústogan le había propuesto una vez a un Monje del Viento que las probara; este había hecho una mueca de asco al oír el nombre y había preferido quedarse en ayunas. Livon, él, mostró curiosidad y se metió la pastilla redonda en la boca. Mascó, tragó… y dijo con tono apreciativo: .D .Bdia Sabe a hierba. .Edia .P Reprimí un resoplido. .D .Bdia ¿Y eso sabe bien? .Edia le repliqué. .P Livon sonrió levemente. .D .Bdia Me recuerda a mis cabras. Siempre les gustaba… ir a lugares imposibles. Sólo para un brote de hierba. Había una jovencita que me hacía mucha gracia. Me seguía a todas partes. Y se subía a los árboles más ramudos y las rocas más puntiagudas. Y cuando la llamaba ‘Yati, Yati’, ella volvía a bajar. Nunca se hacía nada, pero a mí siempre me preocupaba que le pasara algo. No porque la abuela Dyara fuera a echarme la bronca, tampoco me la echó mucho cuando vino el lobo, no… Yati era como mi sombra. Y le pusimos el nombre entre Myriah y yo. .Edia .P Tragué saliva al escucharlo. ¿Estaría delirando o era normal? Tenía los ojos cerrados y, en la oscuridad creciente de la cueva, su rostro me pareció más lívido. Decía que no iba a morir pero… ¿cómo estaba tan seguro? Su frente estaba caliente. .P Retiré la mano y, mientras él callaba, le puse más pomadas sobre la herida, le di agua caliente usando mi placa metálica y le tendí su manta. Cuando fui a por la mía, me di cuenta de que me la había olvidado en Skabra. Attah… Ese sí que era un descuido. No hacía especialmente calor ahí arriba. .D .Bdia En realidad, Drey… .Edia murmuró entonces Livon rompiendo un largo silencio. Tenía los ojos grises fijos en Myriah. .Bdia Si no permuto con ella, también es porque quiero verla vivir. Quiero estar ahí cuando su cara deje de ser tan seria… Quiero verla sonreír. Por eso, romperé esa varadia sea como sea. .Edia .P No le contesté, pero la decisión en su tono me arrancó una mueca de alivio. Al menos ya no pensaba en sacrificarse y quedar atrapado en lugar de Myriah. .P Myriah, me repetí, contemplando la elfa de cabello blanco. Por lo que Livon decía, ella también era permutadora, sabía algo de bréjica, era jugadora profesional de Erlun y, los diablos sabían cómo, había terminado permutando con una criatura rara, quedando prisionera de esa varadia. Sin embargo… lo que no sabía Livon era cuánto tiempo Myriah llevaba ahí. ¿Diez años? ¿Veinte? ¿Un siglo? El tejido vivo debería darme alguna pista, pensé de pronto. .P Tras echar un vistazo a Livon y constatar que se había quedado dormido, me levanté y, en la poca luz que quedaba ya, me aproximé a la crisálida. La toqué y reparé en un nuevo detalle: era templada al tacto. Nada de extrañar puesto que era un tejido vivo. ¿Tal vez si se helara y se descongelara luego se rompería más fácilmente? Era una posibilidad. Había oído de productos capaces de congelar cualquier cosa. Sin embargo, iba a ser difícil sacar a la elfa de ahí intacta con un método así. .P El tejido era tan complejo que fui incapaz de evaluar su edad siquiera aproximadamente. Aun así, tal vez hubiera otro método para adivinarla. Saqué mi piedra de luna e inspeccioné el suelo. Nada. No había ni rastro de la criatura que, se suponía, había salido de ese caparazón. .P Entonces recordé lo que había dicho Livon sobre las voces de sirena y, curioso, me agaché junto al cristal y pegué el oído contra este. Al principio oí un rumor parecido a las olas del mar, al cual se añadió un murmullo de voces. O al menos, esa impresión daba. ¿Serían armonías? ¿Crujidos extraños del tejido? ¿El aire que rozaba la crisálida? .P Estaba así, aguzando el oído, haciéndome preguntas y echando ojeadas inquietas a Livon cuando sentí súbitamente una oleada de energía y me aparté, sin aliento. ¿Qué diablos…? No la había notado hasta entonces, pero ahora que lo pensaba algo había estado filtrándose a través de la crisálida y vertiéndose en… ¿mí? .P No, entendí agrandando los ojos como platos. Se había vertido en… .P Me quité la lágrima de cristal que llevaba como pendiente y la examiné, consciente de que algo muy raro estaba pasando. Pero no podía dejar el misterio sin resolver. .P Tras una vacilación, dejé la lágrima de cristal sobre un saliente de la crisálida y observé. Al de un rato, la vi vibrar y dar una vuelta entera sobre sí misma a pequeños tumbos. El fenómeno me tenía perplejo. Toqué la lágrima y confirmé mis sospechas: el pequeño pendiente vibraba ahora de energía. Tras meditarlo un momento, llegué a la conclusión de que no tenía ni idea de lo que había pasado, recogí el pendiente y, por si acaso, descarté volver a ponérmelo y lo metí en mi mochila. .P Regresé junto a Livon para ver cómo estaba. Su fiebre no bajaba. Pero al menos dormía. Y cuando un enfermo podía dormir, siempre era buena señal, ¿verdad? A menos que nunca despertara… .P Me golpeé la frente. .P .Bpenso Mar-háï… No puedes hacer nada: túmbate y duerme. .Epenso .P Volví a buscar mi manta antes de recordar que no la tenía. Pensé en usar la placa metálica para calentar un poco el aire, pero hubiera sido un desperdicio de energía: era mejor guardarla para hacerle otra bebida caliente a Livon a la mañana. Me tumbé al fin usando mi mochila de almohada. Irónicamente, había dormido muy pocas veces sobre la roca y había olvidado lo incómodo que era. Tras un silencio, tuve la tentación de al menos alisarla, pero temí despertar a Livon con algún restallido. Me contuve y suspiré, tendido de espaldas en la cueva. Ya empezaba a tiritar. Ese era uno de los puntos que no me gustaban nada de la Superficie. Y se suponía que estábamos casi en verano… .P Con mi órica, detuve las corrientes de aire que se deslizaban por las brechas. Lo malo era que, una vez dormido, estaba seguro de que mi sortilegio se haría pedazos. Si es que lograba dormirme… .P Al final, lo logré. Y tuve un sueño muy extraño. Empezaba sentado en un campo subterráneo cubierto de conchas vacías y algas secas. Unas estalactitas finas como barrotes bajaban hasta el suelo y, rondándolas, una enjambre de kérejats iluminaba el lugar, pálido y muerto. Reinaba un fuerte olor a sal… .salto .D .Bdia Kala, .Edia dijo una voz. .P No me giré. No quería verlos. .D .Bdia ¡Kala! Te podrías cortar los pies con esas conchas. ¿No sabes para qué sirven los zapatos? .Edia .P Al oír las botas contra las conchas, adelanté los labios, enfurruñado, y me giré para ver la alta silueta alejándose de la puerta y acercándose a mí. Era Lotus. Reconocía la voz. Reconocía su postura. Y de todas formas era la única persona que habría sabido encontrarme ahí tan pronto. .P Cuando me alcanzó, me levantó sin esfuerzos. .D .Bdia Vamos. A casa, pequeño. .Edia .P No protesté. Observé su máscara blanca y alcé una mano hacia ella. Lotus me lo impidió. .D .Bdia No, Kala. Este es mi uniforme: no me lo puedo quitar mientras esté aquí. .Edia .D .Bdia ¿Por qué? .Edia pregunté. .D .Bdia Porque esas son las normas. .Edia .D .Bdia ¿Por qué aquí hay tantas conchas? .Edia .D .Bdia Porque antiguamente el mar llegaba hasta aquí, pero un día algo en el fondo se rompió y todo el agua desapareció, .Edia explicó Lotus mientras caminaba hacia la puerta. Oía los crujidos a cada paso. Lotus aplastaba las conchas sin cuidado. Sin importarle que fueran tan bonitas… Tensé los labios. .Bdia Y todo lo que había aquí murió. .Edia .D .Bdia Murió, .Edia repetí. .Bdia ¿Como murió Iliobi? .Edia .P Sabía que Iliobi había perdido todo el líquido de su cristal y por eso había muerto. Lotus me posó en el suelo con calma. .D .Bdia Sí. Como murió Iliobi. Pero él fue porque no quiso curarse. .Edia .D .Bdia Mm… .Edia Bajé la cabeza hacia mis pies. .Bdia ¿Lotus? ¿Sabes? Yo no quiero zapatos. Las conchas no me hacen daño. ¿Ves? ¿Tú crees que ya estoy curado? ¡No me duele nada! .Edia .P Le enseñé, orgulloso, la planta de mi pie. Estaba veteada de líneas negras mientras que el resto brillaba como el metal. Como las puertas de nuestros cuartos de cristal. Observé la pausa inusual de Lotus. Entonces, retomó su postura tranquila y dijo: .D .Bdia Aún no estás curado, Kala. Tienes que esforzarte y ser fuerte. Como Rao. Ven. Es hora de curarse. .Edia .P Mi humor se ensombreció de nuevo. .D .Bdia Rao… .Edia murmuré. .P Seguí a Lotus, pero a regañadientes. Odiaba curarme. Lo odiaba de todo corazón, porque dolía, y por más que dijeran Lotus y los demás adultos que lo hacían por nuestro bien, yo lo único que deseaba era estar con Rao, con Jiyari y Boki y jugar con ellos. No quería sufrir. No quería tumbarme otra vez en la piedra fría y horrible. No quería. Pero tenía que hacerlo. O moriría como Iliobi. .D .Bdia ¿Lotus? .Edia dije mientras caminábamos por un largo pasillo. .Bdia Cuando me cure… ¿podré salir de aquí? .Edia .D .Bdia Claro… .Edia .D .Bdia Y, cuando salga, ¿vendrás conmigo? .Edia .P Lotus se detuvo. Por un instante, un muy breve instante, vi su mano temblar. Con un jadeo, contestó: .D .Bdia Claro, hijo… No os dejaré nunca solos. Te lo prometo. .Edia .P Parpadeé, sorprendido por su tono conmovido. Lo oí murmurar muy bajo: .D .Bdia Cueste lo que cueste. Iré al infierno con vosotros. .Edia .salto Algo rompió el recuerdo. Una presencia. Una conciencia que dudaba y se preguntaba por qué tenía la impresión de haber recordado un pasado que no era el suyo… El de un niño y un hombre con una máscara al que luego, de alguna forma, había llegado a querer como a un padre. ¿Pero quién? ¿De quién eran esos recuerdos? .P .Bdm ¿Estoy… despierto? .Edm .P La voz mental desorientada me despertó en un sobresalto. Estaba empapado de sudor y tenía el Datsu desatado de tal forma que, durante un rato, fui incapaz de pensar en nada concreto. Finalmente, até mi Datsu y sentí una viva inquietud recorrerme todo el cuerpo. Lo que había soñado había sido extremadamente nítido. ¿Podía ser cierto que tuviera metidos recuerdos de otra persona en mi mente? Pero ¿por qué los tendría? Esa sensación de ser dos en un mismo cuerpo… era más que desagradable. Ya tenía a mi Datsu, que tenía un poco su manera independiente de actuar. Sin embargo, esto era diferente. Ese pequeño Kala que sentía tanto odio… ¿Quién era? .P Giré la cabeza hacia Livon y constaté, con sorpresa, que este se había movido y se había tumbado junto a mí para compartir manta. Debía de haberme visto tiritando. Conociéndolo, ni siquiera debía de haber pensado que pudiera resultar incómodo dormir tan cerca. Así, la incomodidad dejó rápidamente lugar a la gratitud. Tal vez era incapaz de odiar pero, si algo me molestaba sumamente, ese algo era el frío. .P No pude dormir durante el resto de la noche. Cuando la luz empezó a infiltrarse en la cueva, me enderecé en silencio y preparé el agua caliente, bajo la mirada imperturbable de Myriah. .Ch "Los Tahúres" .\" 18/05/2019 La bajada del Labecimo se hizo más rápido de lo que esperaba Livon. Este, aunque decía tener la mente más despejada, estaba tan debilitado que apenas podía tenerse en pie. Preso de inquietud, lo había convencido de que lo llevaría yo a cuestas y fuimos bajando los escalones y peñascos del monte a base de caídas amortiguadas con órica. Así, pese al peso de Livon, no tardé en alcanzar el río y de ahí fuimos bajando y bajando hacia el norte. Hacia Lellet. .P No era aún mediodía cuando llegamos a la cascada de la que había hablado Livon anoche. Era profunda. Pero tenía varios escalones. Ahí, abajo, a varios kilómetros, se veían las pequeñas casas de Lellet, el teleférico que subía hacia el oeste, los bosques y aposté que, de no ser por un monte que se alzaba justo a nuestra derecha, hasta se habrían visto el mar y Firasa. .D .Bdia El… desfiladero… .Edia pronunció Livon. .P Intentó mover su brazo para indicármelo y por poco perdimos el equilibrio. Resoplé, posándolo en el suelo. .D .Bdia Tienes fiebre otra vez, .Edia noté. .P Livon no contestó. Que no protestase me dio mala espina y tomé al fin mi decisión. .D .Bdia Vamos a bajar por la cascada. .Edia .P Aquello le arrancó a Livon un débil suspiro de incredulidad. .D .Bdia Drey… ¿Hablas en serio? .Edia .D .Bdia Muy en serio. Por más que digas que no te estás muriendo, está claro que esa herida te está dejando hecho un trapo. Cuanto antes lleguemos a Firasa mejor. En Lellet tomaremos un anobo para ir más rápido. .Edia .P Lo oí resoplar. ¿Se estaba riendo? .D .Bdia ¿Un… anobo? .Edia espiró. .Bdia No hay anobos en la Superficie, Drey… .Edia .P Soltó otra risita. ¿Estaría delirando otra vez? Suspiré y comprobé que tenía bien atada la mochila ante mí antes de volver a cargar con Livon. .D .Bdia Agárrate bien. .Edia .D .Bdia Vale. .Edia .P No lo vi dudar un solo segundo. Casi me preocupó. .D .Bdia Tranquilo, .Edia dije. .Bdia No seré levitador, pero sé amortiguar una caída. .Edia .D .Bdia Lo sé. .Edia .D .Bdia No lo haría si no estuviera seguro de ello, .Edia insistí. .D .Bdia Drey, .Edia se sorprendió Livon hundiendo su frente ardiente contra mi hombro. .Bdia Somos amigos. Confío en ti. .Edia .P Sus palabras me dejaron paralizado un instante. Contemplé a lo lejos el paisaje del valle y sonreí. .D .Bdia Entonces, perfecto. Pero si te agitas o me desconcentras durante la bajada, será culpa tuya si nos estrellamos. A la de tres. .Edia .P Me concentré, conté hasta tres y di el último paso hacia el vacío de la cascada. Caímos. .P Fui frenando la caída regularmente con propulsiones óricas. Cuando era pequeño, Lústogan me había entrenado a ello con asiduidad, aun cargando con piedras, para sobrevivir una caída, pero también para que aprendiese a evaluar mis límites y optimizara el empleo de mi tallo energético. Era todo un arte. Y también lo era apreciarlo en su justa medida, sin dejarse llevar por las sensaciones. Algo en que nosotros, los Arunaeh, teníamos ventaja con nuestro Datsu. .P La cascada era profunda y bajarla consumió severamente mi tallo energético, pero llegamos hasta abajo y aterrizamos sanos y salvos como plumas. O casi. Justo al final quise lanzar otro sortilegio de propulsión para alejarnos del agua, pero el viento de la cascada me lo desvió y nos zambullimos irremediablemente. Regresé a la superficie escupiendo agua y gruñí: .D .Bdia Attah… .Edia .D .Bdia ¿Era para bajarme la fiebre? .Edia refunfuñó Livon. .D .Bdia Er… Un método como cualquier otro, ¿no? .Edia carraspeé. .P Nadamos hasta la orilla y nos quitamos la ropa hundida. La escurrí todo lo que pude. Por suerte, aquel día el sol calentaba agradablemente. Tras comprobar que no había salido nada de mi mochila, le tiré a Livon mi chaleco. .D .Bdia Está seco. Es fibra de darganita. .Edia .P Rebuscando en mi mochila, topé con mi pendiente y, tras una vacilación, volví a ponérmelo. No sentí nada raro. ¿Tal vez simplemente el cristal había respondido a la energía de la crisálida? .P Livon se había quedado dormido en la fina arena que rodeaba el remanso al pie de la estrepitosa cascada. Su estado había empeorado desde la mañana y me tenía preocupado. Estaba aún tendiendo la ropa sobre unas ramas cuando un ruido de piedra rodando me hizo girarme de pronto hacia la cascada. Con sorpresa, vi aparecer detrás de esta a un joven drow con gafas tan espesas que parecían blancas. Se acercó por la orilla, vacilante. .D .Bdia Eh… Esto… .Edia balbuceó. .Bdia ¿Cómo puede ser que…? Digo. Os he visto caer por la cascada. No había visto nunca nada semejante. .Edia .D .Bdia Oh, .Edia sonreí. .Bdia Soy destructor. Celmista órico. Tengo cierta práctica bajando barrancos. .Edia .P Lo vi acercarse aún más a mí e inclinarse. .D .Bdia Impresionante. Mi nombre es Lurak Shovik de los Zandra. .Edia .P Enarqué una ceja. Ese tal Lurak parecía tan cegato que me pregunté qué había visto exactamente caer de la cascada. Fuese como fuese, por su ropa ricamente adornada y colorida, aposté a que no se trataba de un aldeano. .D .Bdia Drey Arunaeh, .Edia me presenté. .Bdia Perdón por haberte asustado. Dime… ¿a cuánto tiempo de marcha está Lellet de aquí? .Edia .D .Bdia ¿Lellet? .Edia repitió Lurak. Parecía como distraído. .Bdia Oh… Una hora tal vez… ¿Tu compañero está herido? .Edia .D .Bdia Pues sí, .Edia afirmé, ensombrecido. .Bdia Le atacó un oso sanfuriento. Por eso necesito llegar cuanto antes a Firasa. Ahí conozco a un médico que tal vez pueda curarlo. .Edia .P Lurak ladeó la cabeza y sonrió. .D .Bdia ¿No hablarás de Yeren? .Edia .P Parpadeé, confuso. .D .Bdia ¿Cómo…? .Edia .D .Bdia Eres un Ragasaki como él, ¿no? Llevas su insignia, en todo caso. Tranquilo. Iré a avisar a la casa y os echaremos una mano. Volveré rápido. .Edia .P Su propuesta de ayuda me sonó sincera y me alegré. .D .Bdia ¡Gracias! .Edia dije mientras él se alejaba. .P Tal vez media hora después, regresó el cegato, seguido de otros dos drows cuya semejanza con el primero me hizo entender que eran hermanos. Llevaban una camilla. .D .Bdia Estos son mis hermanos Norwan y Belbert, .Edia los presentó Lurak. .Bdia Todo está arreglado. Padre ha hecho llamar a su propio cochero para enviar a tu compañero directamente a la Casa de los Ragasakis en Firasa. El carruaje tiene cuatro caballos de Korame. Son rápidos. Estará ahí en una hora y media. .Edia .P Eso sonaba bien pero… Mientras ellos ponían a Livon sobre la camilla y yo recogía nuestras pertenencias, los observé, algo intranquilo. ¿Quiénes diablos eran los Zandra? ¿Conocidos de los Ragasakis? ¿O bien me estaba metiendo en la casa de unos bandidos? .D .Bdia Es muy amable, .Edia dije, .Bdia y me pregunto cómo puedo devolveros el favor. .Edia .P Lurak sonrió, irguiéndose. Los vidrios de sus gafas eran tan espesos que no se le veían los ojos. .D .Bdia ¡No te preocupes! Mi Padre, el Tahúr, ha dicho que desea hablar contigo. Creo que el hecho de que seas un Arunaeh le ha llamado la atención. .Edia .P Ese, pues, era el precio al favor… Extraño. Era extraño que un habitante de Lellet se interesara por la familia de los Arunaeh. Fuera como fuera, el estado de Livon me preocupaba, ni siquiera se había inmutado cuando los hermanos Shovik lo habían puesto sobre la camilla, y me decidí. Si ese Tahúr tan sólo quería «hablar», que así fuera. Mientras Livon llegase a Firasa cuanto antes, no me quejaba. .P Tras caminar un rato, desembocamos en un claro y una pequeña colina sobre la cual se alzaba una imponente mansión. Sólo tenía dos pisos, pero se extendía como una aldea con un recinto que recordaba a una muralla. Aquello me confirmó mi primera impresión: los Shovik no eran una familia pobre. Al contrario. Advirtiendo tal vez curiosidad en mi expresión, uno de los hermanos que llevaba la camilla preguntó: .D .Bdia ¿No sabes quiénes son los Zandra, verdad? .Edia .D .Bdia ¿Cómo no va a saberlo, Belbert? .Edia protestó Lurak. .D .Bdia A decir verdad, no lo sé, .Edia confesé. .Bdia Soy extranjero, como ya sabéis. ¿Sois conocidos? .Edia .D .Bdia Y no poco, .Edia carraspeó Lurak, tal vez algo molesto por mi ignorancia. .Bdia Viene gente de toda Rosehack e incluso de los Pueblos del Agua a nuestro Hogar de la Paz. .Edia Señaló la mansión con un amplio gesto. .Bdia Los Zandra somos un gremio de jugadores. Y nuestro Padre, el Tahúr, Toly Shovik, lo lidera desde hace veinte años. .Edia .P Jugadores, ¿eh? .D .Bdia ¿Jugadores de qué? .Edia .P Lurak sonrió. .D .Bdia Ya lo verás en cuanto entremos. Las reglas del Hogar de la Paz son simples, .Edia añadió deteniéndose ante el gran portal entreabierto. .Bdia Se deja el calzado en el vestíbulo, no se emiten ruidos innecesarios, se habla en voz baja y no se permiten ni las trampas ni las armas. .Edia .D .Bdia ¿Cuentan las navajas? .Edia .D .Bdia Las dejas en el vestíbulo. No te preocupes: no hay ladrones aquí. .Edia .D .Bdia Y si hay uno, le c-c-cortan las m-m-manos, .Edia aseguró el tercer hermano, Norwan. Así que ese era tartaja. Menudo trío. Un cegato, un tartaja y el otro que tenía una cara de espantapájaros. .D .Bdia Entonces, no me preocupo, .Edia dije. .P O al menos esperaba que no fuera necesario preocuparse. En cuanto pasamos el portal del recinto, vi en el gran patio a un saijit con uniforme rojo atando cuatro caballos robustos y magníficos a un gran carro. Mis dudas se deshilacharon casi por completo. .D .Bdia ¿Conocéis acaso a los Ragasakis? .Edia pregunté. .Bdia ¿Por qué hacerme un favor así? .Edia .D .Bdia Ya te lo he dicho, .Edia sonrió Lurak. .Bdia El Tahúr quiere hablarte. Y quiere jugar contigo. Por eso, antes de subir al carro, su curandero personal le echará un vistazo a tu compañero. Y, si de verdad es necesario, lo enviaremos a Firasa de inmediato. Yeren es uno de los mejores curanderos que conozco: tenga lo que tenga, estoy seguro de que tu amigo se repondrá. .Edia .P Sin duda… Tragué saliva. Los acompañé hasta el vestíbulo, dejamos los calzados y, en una salita contigua, observé cómo un curandero serio y atento examinaba a Livon. Me hizo unas preguntas sobre los síntomas que había tenido este desde que había sido mordido por el oso sanfuriento, le puso una pomada en la herida, le hizo beber una infusión sacándolo apenas de su sopor y acabó confesando: .D .Bdia Por desgracia no tengo experiencia alguna sobre osos sanfurientos. Su estado no parece crítico, pero es inquietante. Está dominado por un letargo muy extraño… Podría ser grave. .Edia .D .Bdia Entonces ¿lo mandamos a Firasa? .Edia preguntó Lurak. .P El curandero asintió. .D .Bdia No me arriesgaría a dejarlo sin tratamiento. Será mejor que lo examine un curandero de Firasa. .Edia .P Lo decía sin una pizca de orgullo, para honra suya. Me hubiera gustado acompañar a Livon… pero mi intuición me decía que era una mala idea ignorar la invitación del Tahúr Zandra. Así que me contenté con escribir una rápida nota a los Ragasakis por si Livon no conseguía explicar nada y finalmente dejé que los hermanos Shovik instalasen a Livon en el carruaje. Al subirme para asegurarme de que estaba bien y que se llevaba su hato, mi mirada se posó sobre el rostro más pálido que azulado del kadaelfo. Si tan sólo ese oso sanfuriento no hubiese aparecido… .D .Bdia Livon. Ni se te ocurra morir, .Edia le murmuré. .P Para sorpresa mía, lo vi abrir los ojos. Me miró. .D .Bdia ¡Livon! .Edia dije. .Bdia ¿Qué tal te encuentras? .Edia .P Sonrió levemente. .D .Bdia Drey… .Edia .P Cerró los ojos y tras un instante entendí que se había vuelto a quedar dormido. Mar-háï, suspiré. De nada servía retrasar el carruaje, así que me apeé y, bajo la mirada de los tres hermanos, me giré hacia el cochero diciendo: .D .Bdia Buen viaje. .Edia .P Contestando con un simple movimiento de cabeza, el cochero arreó los caballos y las ruedas se pusieron en marcha. En unos minutos, tomó buena velocidad, llegaron abajo de la colina y siguieron el ancho camino de tierra hacia Lellet. No habían desaparecido aún cuando Lurak rompió el silencio. .D .Bdia Drey Arunaeh. Por aquí, por favor. .Edia .P Fuimos otra vez adentro y recorrimos todo el vestíbulo. Al fondo de este, se abría un amplio patio interior con jardines y cuatro soredrips en flor. Lurak me guió por las anchas galerías que lo circundaban y, con cierta perplejidad, constaté que estas estaban llenas de gente tomando infusiones mientras concentraba sus pensamientos en tableros con fichas, cartas, dados, palillos y demás herramientas de juego. Había ahí tal vez tres decenas de personas, pero la paz era tal que tan sólo se oían leves murmullos, el canto de los pájaros, el viento sobre las hojas de los soredrips y el ruido apagado de nuestros pies descalzos contra las alfombras. Parecía un paraíso del juego. Aun así, que lo llamaran Hogar de la Paz cuando obviamente esa gente se jugaba buenas cantidades de dinero tenía un lado paradójico. Al menos, si eran malos perdedores, no podían causar alboroto, pensé. .P Lurak me hizo esperar unos instantes en un pequeño pasillo lujoso. Sus dos hermanos se habían parado en camino, así que me quedé solo. Estaba examinando un tapiz que representaba un enorme tablero con diferentes escenas en cada cuadrado cuando la puerta detrás de mí se deslizó. .D .Bdia ¿Drey Arunaeh? .Edia .P Me giré. La voz pertenecía a un drow de edad madura de pie, junto al marco de la puerta. A diferencia de los otros tres Zandra, ese llevaba una simple túnica larga y azul. Tenía barba, algo inusual en los drows. Sus ojos, violetas como los de Lurak, me observaban con interés. .D .Bdia ¿De la familia Arunaeh? .Edia insistió. .P Fruncí el ceño. Ahora que ya no podía hacer nada más por Livon, me preguntaba qué diablos querría ese jugador rosehackiano de mí. Que le hubiese llamado tanto la atención mi apellido me daba mala espina. Asentí con lentitud y dije cortésmente: .D .Bdia Gracias por haber ayudado a mi compañero, tanto por el carruaje como por el curandero. Te estoy agradecido. .Edia .P Incliné levemente la cabeza. El drow sonrió. .D .Bdia Ha sido un placer ayudarte. Espero que tu compañero se reponga rápido y bien. Creo que es evidente, pero me presentaré: soy Toly Shovik, el Tahúr de los Zandra desde hace ya más de veinte años. Por favor, pasa. Es un honor tener como invitado a un Arunaeh. .Edia .P Lo seguí adentro de una habitación con cojines, varios tableros y una bandeja con una tetera humeante. .D .Bdia Y es un honor ser invitado por el Tahúr de los Zandra, .Edia dije, .Bdia aunque sinceramente nunca había oído hablar de ti. .Edia .D .Bdia ¡Ah! .Edia sonrió el Tahúr. .Bdia A eso se le llama sinceridad. Me gusta. Tu ignorancia no me hiere, tranquilo. Eres muy joven, y para conseguir una caída de la Cascada de la Muerte y no morir debes de haber pasado más tiempo de tu vida practicando órica que estudiando las pequeñas personalidades de la Superficie. ¿Verdad? .Edia ¿Cascada de la Muerte? Conocía una cascada con ese nombre en los Subterráneos bastante más escalofriante… El Tahúr no me dejó tiempo para contestar y dijo: .Bdia Siéntate, siéntate y ponte cómodo. ¿Un poco de agua con menta? .Edia .P Me encogí de hombros y él tomó eso como un sí. Sirvió las tazas mientras decía: .D .Bdia Te preguntarás seguramente qué es lo que quiero de ti. O tal vez ya lo sepas. .Edia .D .Bdia Lo siento, pero no soy tan perspicaz. .Edia .P Acepté la taza y él meneó la cabeza. .D .Bdia ¿En serio? Los Arunaeh sois tan conocidos que hasta yo, un simple tahúr, he oído hablar de vosotros. De hecho, he oído decir que tenéis una mente diferente capaz de pensar más rápido. .Edia .P Enarqué una ceja burlona. .D .Bdia ¿En serio? No lo he notado. .Edia .P Lo vi sonreír. .D .Bdia Sombaw Arunaeh. Se cuenta que ganó a tres campeones del Erlun de Donaportela en una partida amistosa hace más de treinta años. Pero nunca quiso presentarse a ningún campeonato. .Edia .P Sombaw Arunaeh era un hermano de mi abuela paterna. Por lo que sabía, aún vivía en algún lugar de los Subterráneos, pero nunca lo había visto. .D .Bdia No tenía ni idea, .Edia confesé. .P Mi ignorancia lo hizo fruncir el ceño. .D .Bdia Mm. También he oído decir que sois incapaces de perder los nervios. La impaciencia es una gran desventaja en un juego como el Erlun. ¿Te gusta jugar? .Edia .P Hice una mueca. Mar-háï… ¿Para eso me había invitado? .D .Bdia Lo siento, pero yo nunca he jugado al Erlun. .Edia .P El Tahúr parpadeó, asombrado. Y entonces se echó a reír. .D .Bdia ¡Muy gracioso! Pero entiendo que te resistas a jugar con alguien como yo. Al fin y al cabo, nunca nadie ha conseguido ganarme dos partidas seguidas en estos últimos veinte años. Te propongo un trato, .Edia dijo. Tomó un sorbo de su taza. .Bdia Si ganas, te proporcionaré información sobre lo que quieras. Si pierdes, tú me proporcionarás información sobre lo que yo quiera. Así suelo jugar siempre. ¿Qué te parece? .Edia .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Teniendo en cuenta que me vas a ganar sí o sí, no gano nada aceptando. .Edia .P No le dije que le había dicho la verdad: nunca había jugado al Erlun. Mi hermano decía que era un juego de interés nulo para mi aprendizaje de destructor. Como consecuencia, ni siquiera me conocía las reglas. .D .Bdia Ya veo. De modo que rechazas. ¿Incluso si te dijera que tengo ciertas informaciones sobre los Monjes del Viento y sobre el paradero de Lústogan Arunaeh? .Edia .P Sentí mi rostro enfriarse como el hielo. ¿A qué venía eso? Clavé mis ojos en los suyos. El Tahúr hizo una mueca teatral y posó su taza tragando la menta. .D .Bdia Podría ser un problema si los Monjes del Viento llegaran a saber dónde se esconde. Como comprenderás, esa información no me pertenece sólo a mí… pero podría clasificarla como confidencial y en tal caso ningún compañero se atrevería a venderla. .Edia .P Resoplé de lado, reflexionando. Estaba claro que ese tipo no era un simple tahúr reyezuelo de Lellet. Tenía información. Y negociaba con ella. Dánnelah, pensé de pronto. ¿Podía ser que hubiese caído con aquellos a los que Livon llevaba dos años buscando? Alcé la cabeza. .D .Bdia ¿Eres de la Kaara? .Edia .P El Tahúr sonrió anchamente. .D .Bdia ¿No lo sabías? Cambio de propuesta: me aseguraré de empezar con una penalización. Quitaré la ficha del Arquero. Y, si pierdes, tendré derecho a hacer una única pregunta. Si pierdo, ¡tendrás derecho a tres! Y una información bonus sobre los dokohis a los que anda buscando la líder de los Ragasakis. ¿Qué me dices? Una buena oferta, ¿verdad? .Edia .P Me quedé mirándolo, suspenso. ¿Qué clase de pregunta quería hacerme ese cazador de información? Algo sobre mi familia, probablemente. Lo que no había precisado era si se sentiría libre de vender a Lústogan al Templo del Viento si yo perdía pero… ¿quién me aseguraba que no lo haría de todas formas? Incluso podría haberlo vendido ya. La fiabilidad de un comerciante tenía valor… pero lo justo para ser rentable. .P Suspiré. .D .Bdia ¿Y si rechazo? .Edia .D .Bdia Habrás perdido una bella oportunidad para obtener información de oro. .Edia .P Ni que tuviera una mínima posibilidad de ganar… .D .Bdia ¿Tanto miedo te da una pregunta? .Edia agregó el Tahúr. .Bdia Es una lástima… .Edia .P .Bdm Acepta. .Edm .P La repentina voz bréjica en mi cabeza me sobresaltó, distrayéndome de las palabras del Tahúr. Por Sheyra, ¿quién…? .P .Bdm Acepta: te daré una gran victoria. ¡Quiero jugar! .Edm .P .Bdm ¿Quién diablos eres? .Edm le repliqué. .P No había estudiado la suficiente bréjica para crear el vínculo de una conversación mental, pero contestar era sencillo. El vínculo ya estaba establecido y era tan corto que no me cupo duda de que… nacía y moría en mi cabeza. .P .Bdm ¿Eres Kala? .Edm jadeé interiormente. .P .Bdm ¿Kala? No. Yo soy Myriah. Parece ser que tenía la mente dispersa en la varadia y por algún milagro el pendiente que tienes me ha absorbido. ¿No lo hiciste queriendo? .Edm .P .Bdm ¡Qué voy a hacerlo queriendo! .Edm .P Mar-háï. Si Livon se enteraba… .P .Bdm Bueno, bueno, de todas formas no me quejo, .Edm aseguró Myriah, impaciente. .Bdm Ahora estoy en plena forma. Así que acepta esa partida. .Edm .P Vacilé, asimilando aún la noticia. .P .Bdm Livon me dijo que eras una profesional del Erlun. ¿Es verdad? .Edm .P .Bdm Pues claro. Soy Myriah la Imbatible. Fui famosa en todo el Imperio, créeme. ¿Puedo jugar? Llevo tanto tiempo sin jugar. Sé que hasta hace poco Livon sacaba el tablero, pero yo no podía contestarle ¡y no sabes lo frustrante que es eso! Pero jugaré con él en cuanto se mejore porque… se va a mejorar, ¿verdad? Esa carroza lo llevará a ese curandero y él lo curará… ¿verdad? .Edm .P De modo que llevaba consciente desde hacía ya un buen rato… Suspiré y, acabando mi taza, bajo la mirada interrogante del Tahúr, asentí. .D .Bdia Cambio de planes: acepto. .Edia .P .Bdm ¡Pero sin penalización! .Edm .D .Bdia Y sin penalización, .Edia dije, repitiendo las palabras de Myriah. Añadí para ella: .Bdm Más te vale que ganes. .Edm .P Me respondió un simple resoplido. El Tahúr debió de preguntarse a qué se debía ese cambio repentino, pero no se quejó. Sonrió, satisfecho, y tras servirnos más menta, instaló el tablero del Erlun. Mientras colocaba las fichas, sonreí, pensando que fuera lo que fuera ese cristal que me había dado Rao, le iba a permitir a Myriah olvidar su encierro monótono en la varadia. .P .Bdm Dijiste que fuiste famosa en el Imperio, ¿verdad? .Edm dije. .Bdm Era una broma, ¿no? .Edm .P .Bdm ¿Una broma? Pues no. Pff. Todavía estoy demasiado confusa en mi nuevo cuerpo para bromear. .Edm .P Atónito, exclamé: .P .Bdm ¡¿Tan vieja eres?! .Edm .P El Imperio de Arlamkas había sido disuelto hacía ciento cincuenta años… .P .Bdm ¿Te han enseñado alguna vez los buenos modales, niño impertinente? .Edm retrucó ella, ofendida. .Bdm Puede que hayan pasado muchos años, pero sigo teniendo un cuerpo joven. .Edm .P .Bdm Huh. Ahora mismo no tienes cuerpo… .Edm .P .Bdm ¡Descarado! Muéstrate útil y ayúdale a tu oponente a poner las fichas. .Edm Mar-háï. La dulce y hermosa elfa tenía espíritu mandón… La oí mascullar: .Bdm ¿O es que no sabes hacerlo? .Edm .P Suspiré y contesté: .P .Bdm ¿Honestamente? No me sé las reglas. .Edm .P .Bdm ¿Queéééé? .Edm .P Una media sonrisa deformó mis labios. .P .Bdm Tú dijiste que aceptase. Ahora encárgate de no hacer el ridículo. .Edm .P Sentí su determinación. Y también oí su murmullo bréjico: .P .Bdm Impertinente… Yo nunca hago el ridículo. .Edm .Ch "Partidas para una mano" .Bdm Arquero. A. Siete. .Edm .P Tendí la mano y moví la ficha. El Arquero sobre la Flecha del Tahúr. .P .Bdm ¿Es posible ponerla encima? .Edm .P .Bdm Claro. Así inmovilizamos la Flecha. Pero hay algo que va mal, .Edm meditó Myriah. .P El hilo bréjico se convirtió en un zumbido de pensamientos y dejé de escucharlo. Me centré en la cara del Tahúr. Este contemplaba el tablero, con una sonrisilla en los labios. Parecía estar disfrutando de la partida. .P Movió su ficha y Myriah siguió dándome instrucciones. La partida se eternizaba cuando, sin que me lo esperase, Myriah exclamó: .P .Bdm ¡Lo tenemos! .Edm .P Exultaba en los siguientes movimientos, pero cuando el Zandra movió otra ficha, se serenó de golpe. .P .Bdm ¿Qué está tratando de hacer? Espera, espera… .Edm .P Yo esperaba. No se me habría ocurrido mover una ficha por iniciativa propia: apenas empezaba a entender los mecanismos del juego. De pronto, Myriah inspiró: .P .Bdm Ahora lo entiendo. Lo siento, muchacho, hemos perdido. .Edm .P ¡Y me lo dijo con una naturalidad! .P .Bdm Esa combinación es innovadora. ¡Ese hombre juega muy bien! .Edm se emocionó. .P .Bdm ¿No se suponía que tú jugabas mejor? .Edm siseé. .P .Bdm Eso nunca se sabe. Aún tenemos que terminar la ronda. .Edm .P Parpadeé. ¿La ronda? Me fijé en que el Tahúr me miraba, expectante, y carraspeé. .D .Bdia Parece que me has ganado. .Edia .D .Bdia ¿Te has dado cuenta? .Edia se impresionó. .Bdia Entonces sólo tenemos que ir a la siguiente partida. Con tu permiso, preguntaré a mis muchachos si desean seguir esta ronda… Los tres son profesionales y seguro que la disfrutan tanto como nosotros. .Edia .P ¿Quería llamar a un público? Me encogí de hombros. Más preocupado me tenía lo de la ronda… .P .Bdm Myriah. ¿Cuántas partidas tiene una ronda? .Edm .P .Bdm Máximo quince. Depende de cuántos puntos se llevan los jugadores. .Edm .P Quince… Attah. Y yo que le había dicho a Livon que estaría en Firasa antes del anochecer… A este ritmo, me pasaba toda la noche moviendo fichas. En serio, ¿por qué había acabado aceptando? Un poco por lo del trato de informaciones pero, mayormente… mayormente había sido porque Myriah se había mostrado tan nostálgica por jugar… .P Attah. Qué importaba. Ahora estaba metido en ello. .P El cegato, el tartaja y el espantapájaros no tardaron en instalarse en la habitación para seguir la ronda con expresión concentrada. Esta vez, Myriah fue quien ganó la partida. Y la siguiente el Tahúr. Y la siguiente Myriah. La quinta la ganó también ella. Estábamos, creo, en la octava partida cuando empecé a quedarme dormido. Estaba cansado, había dormido poco y mal en la cueva de Myriah, me había hecho todo el camino llevando a Livon a cuestas y había usado mi tallo energético casi hasta el agotamiento para bajar el Labecimo y la Cascada de la Muerte. En tal caso, era normal que mis ojos se cerraran y que me sintiese invadido por una pesadez soporífera. .P .Bdm ¡El Viento a E Dos, he dicho! .Edm exclamó de pronto Myriah. .P Me sobresalté. .P .Bdm No hace falta que me grites. .Edm .P .Bdm Es la tercera vez que te lo digo, chaval. ¿No irás a quedarte dormido en plena ronda? Quién habló de hacer el ridículo… .Edm .P Resoplé de lado y moví la ficha. Aquella partida acabó en tablas. Y no entendí muy bien por qué. Estábamos en medio de la novena cuando, de pronto, hubo alboroto en el Hogar de la Paz. En silencio, pero con expresión indignada, se levantó el cegato para ir a ver afuera… Regresó casi enseguida. .D .Bdia ¡Padre! Tenemos un problema… .Edia .D .Bdia Entonces, sal, .Edia le replicó el Tahúr, .Bdia y ve a castigar a los ruidosos. .Edia .D .Bdia S-sí… El problema es… .Edia .P Una mano firme lo echó a un lado y vi aparecer en el recuadro de la puerta a un drow con rasgos más finos, pelo pincho, ropa vieja y una expresión de fastidio tan palpable que, por un momento, creí que había heredado de alguna forma el poder de Yánika. .D .Bdia Saoko, .Edia jadeé, levantándome. .Bdia ¿Qué…? .Edia .P Tenía un cuchillo en la mano. Y, por lo que no vi en su cinturón, deduje que ya había tirado unos cuantos. .D .Bdia ¿Estás loco? .Edia exclamé. .Bdia ¿Has atacado a la gente? .Edia .D .Bdia Los he asustado, .Edia replicó Saoko. .Bdia Es culpa tuya. .Edia .D .Bdia ¿Culpa mía? .Edia sofoqué. .P Sus ojos rojos me fulminaron con hastío. .D .Bdia Por haberte marchado sin avisarme. .Edia .P Por su expresión, entendí que realmente lo había cabreado. Consideré decirle que simplemente había olvidado… pero hubiera sido una media mentira. Era cierto que, en el momento preciso de tomar la decisión de acompañar a Livon, no había pensado en Saoko. Pero al alejarme del refugio de Skabra había recordado… y me había dicho que estaría más tranquilo sin él detrás. Me ruboricé levemente ante su mirada asesina y le dediqué una sonrisa de disculpa. .D .Bdia Estabas durmiendo tan tranquilamente… .Edia .P Sus ojos se desviaron hacia el resto. En especial hacia los guardias Zandra que agarraban firmemente sus lanzas e iban a entrar en la habitación… Me precipité y agarré a Saoko de la muñeca. .D .Bdia Ni se te ocurra usar esto. Sólo estaba echando una ronda de Erlun con el Tahúr. .Edia Me giré hacia este diciendo: .Bdia Este hombre es mi… er… guardaespaldas. Es un poco exaltado. .Edia .D .Bdia Entiendo, .Edia dijo el Tahúr. Sus propios hijos se habían acercado a él como para defenderlo en caso de agresión y Lurak le había cuchicheado algo al oído. Alzó una mano. .Bdia Pero mi ley no es tan comprensiva. Un ataque al Hogar de la Paz siempre conlleva un precio. Por no decir que, según me dice mi hijo, te has subido a mi carruaje en Firasa y obligado a mi cochero a traerte sin su consentimiento. ¿Me equivoco? .Edia Sin esperar una respuesta agregó con calma a modo de anécdota: .Bdia Hace unos meses un jugador perdió los nervios y vino con su espada a recuperar su dinero, ‘robado con engaños’ según él… Mi hijo Lurak le propuso un duelo para reparar su error, pero perdió y tuvimos que cortarle la lengua. .Edia .P Los guardias de los Zandra, más seguros ahora de sí mismos, tenían sus lanzas apuntando a Saoko. Este se liberó de mi puño de una sacudida. .D .Bdia Qué fastidio. El cochero está estupendamente. Mientras no le hagáis daño al muchacho, no os haré daño a vosotros. Pero no renunciaré a mi lengua tan fácilmente. .Edia .D .Bdia ¡Qué descaro! .Edia se indignó Lurak, el cegato. .D .Bdia Haya paz, .Edia dijo el Tahúr. .Bdia Como siempre, en el Hogar de la Paz, los problemas se resuelven jugando. Te propongo una nueva condición, Drey Arunaeh, puesto que ese hombre es tu guardaespaldas. Si ganas la última partida, olvidaré su comportamiento exaltado. Si la pierdes, saldrá de aquí con una mano menos. .Edia .P Por poco me atraganté con mi saliva. Attah… Esto sí que empezaba a tomar un giro que no me gustaba. Sin embargo… .D .Bdia Me parece correcto. .Edia .P Sentí la mirada criminal de Saoko sobre mí y sentí los pelos erizarse sobre mi cabeza. Aun así, el mercenario no dijo nada y regresó el orden. Sólo que ahora había varios Zandra apuntándole con sus lanzas. Fijé la mirada en el tablero. .P .Bdm Myriah… .Edm .P .Bdm Lo he entendido. No tengo que perder la última. .Edm .P .Bdm Mejor: gánalas todas, .Edm repliqué. .P Perdió las dos siguientes. Y mi nerviosismo fue creciendo. ¿Y si Myriah perdía la última? Saoko había venido a asegurarse de que estaba bien. Con maneras un poco rudas, pero era de esperar considerando que venía de Brassaria. Fuera como fuera, estaba claro que no iba a permitir que lo dejaran manco. .P Myriah ganó la onceava y el Tahúr la duodécima. Ya se había hecho de noche y numerosas linternas iluminaban cálidamente la habitación. El tartaja apuntaba los puntos en una hoja con aplicación. El Tahúr me sonrió. .D .Bdia Bueno. Si gano la siguiente, puede que sea la última así que… te diré algo, joven. Tu manera de jugar me recuerda los viejos tiempos. En esta última partida has usado la combinación del Lobo, y la del Dragón Cojo, ¿verdad? .Edia .Bpenso Si tú lo dices… .Epenso .Bdia Son técnicas tan viejas que por poco no me doy cuenta, .Edia confesó. .P .Bdm ¿Me ha llamado vieja? .Edm se indignó Myriah. .P .Bdm Peor: te está diciendo que tu manera de jugar está anticuada, .Edm le dije. .P .Bdm ¡Cómo osa! .Edm .P Ignoré sus quejas y dije en voz alta: .D .Bdia A por la treceava. Saoko… no te preocupes, esta la ganamos. .Edia .P Pese a mi tono firme, seguía sin pillarle el sentido al sistema de puntos. .P .Bdm Myriah: ¿puedes explicarme las reglas? .Edm .P .Bdm ¿Ahora me lo pides? Sonso. Olvídalo: voy a ganar. No quiero tener sangre en mis manos. Así que no me desconcentres y observa. .Edm .P Suspiré y me retuve de hacerle notar que no tenía manos. Comenzamos la partida. Saoko, sentado en el parqué un metro más lejos, no emitía un solo ruido. .P En un momento, Myriah exclamó: .P .Bdm ¡No, no, no! Mi combinación es perfecta, y aun así tengo la sensación de que el Tahúr me la está rompiendo. ¿Pero cómo? .Edm .P Con intenciones de ayudarla con lo poco que sabía, luché contra el sueño y clavé los ojos en el tablero. Un punto flojo. Sólo había que buscar los puntos flojos, me dije. Como una roca… .D .Bdia ¿Puedo tomar el sitio del muchacho? .Edia dijo de pronto Saoko. .P El Tahúr y yo lo miramos, sorprendidos. .D .Bdia ¿Sabes jugar? .Edia me extrañé. .D .Bdia Es un fastidio, pero no me das elección, .Edia replicó Saoko. .P Vacilé. Entendía que Saoko estuviese ansioso por salvar su mano, pero… ¿sería mejor jugador que Myriah la Imbatible? .Bpenso Imbatible y un cuerno: lleva perdidas ya siete partidas. .Epenso .P .Bdm No lo permitiré, .Edm intervino Myriah en mis pensamientos. .Bdm ¡Dije que ganaría y voy a ganar! .Edm .D .Bdia No pienso dejar mi mano en tus manos, .Edia agregó Saoko. Resoplé por la mala broma. .P .Bdm ¡Egoísta! Si ya le estoy ganando. Díselo, muchacho: está intentando robarme la gloria… .Edm .P Por un lado me amenazaba la mirada insistente de Saoko y por otro lado las quejas de Myriah me llenaban la cabeza… Al cabo, me irrité: .D .Bdia ¡Silencio ya! Juguemos los tres. .Edia .P Saoko enarcó una ceja pero se contentó con asentir. Suspiré de alivio. Debió de pensar que «los tres» incluía al Tahúr. Por fortuna, este no se opuso a nuestra colaboración. .D .Bdia La Araña al B Cinco, .Edia dijo Saoko. .P .Bdm ¡Tan rápido! .Edm protestó Myriah. .Bdm Es un precipitado, no le hagas caso… .Edm .P Moví la ficha y Myriah se desesperó. .P .Bdm Vamos a perder. ¡Todo por ese movimiento! Si me hicieras caso, muchacho… Di. Ese Saoko, ¿qué experiencia tiene? .Edm .P .Bdm No lo sé. .Edm .P .Bdm ¿No es amigo tuyo? .Edm .P .Bdm Es un espía de mi hermano. Pero me ha salvado la vida. .Edm .P .Bdm Oh… Ya veo, .Edm dijo ella. .Bdm Pero antes de mover una ficha, espera a que te dé el visto bueno, ¿vale? .Edm .P Suspiré en el silencio de la habitación. .P .Bdm Mar-háï… ¿Con Livon también eras tan mandona? .Edm .P Me respondió una risita malévola y con otro suspiro pregunté: .P .Bdm Di, Myriah: ¿no podrías conversar con Saoko por bréjica? .Edm .P .Bdm Mm… Ya lo he pensado, .Edm confesó ella desde mi pendiente, .Bdm pero temo equivocarme y hablar con otra persona. .Edm .P Ese podía ser un problema, reconocí para mis adentros. No insistí, tampoco le di mi promesa y continuamos moviendo fichas. A veces Saoko me decía un sitio y Myriah otro, con lo que al final decidía yo. Tenía la impresión de estar jugando una partida caótica, pero por la concentración que enseñaban los tres verdaderos jugadores supuse que estaba siendo una partida complicada pero no del todo absurda. Entonces, Myriah y Saoko soltaron al mismo tiempo un «Flecha, C Seis». Estaba tan aliviado de comprobar que, por fin, estaban de acuerdo en algo que por poco se me pasó por alto la risita de Myriah. .P .Bdm ¿Hemos ganado? .Edm me esperancé. .P Myriah sonreía mentalmente a través de la bréjica. Antes de que contestara ella, el Tahúr juntó ambas manos emitiendo un ¡ah! y meneó la cabeza. .D .Bdia ¡Por el Grifón! Nunca había visto una combinación tan bien ofuscada. Pero sin duda debe de tratarse del Giro de Fuego. ¿Verdad? .Edia .P Le eché una ojeada a Saoko y asentí sin tener la menor idea de lo que estaba hablando. Tanto el Tahúr como los demás Zandra estaban impresionados. .D .Bdia ¡Una de las mejores partidas que he visto desde hace tiempo! .Edia decía uno. .P Satisfecho, el Tahúr realizó un gesto para invitarlos a alejarse y los Zandra armados se retiraron con sus lanzas algo olvidadas en las manos. .D .Bdia Va-Vamos a v-ver, c-c-c-contando y sumando, .Edia dijo el tartaja alzando la hoja. .Bdia Dodoscientotos veveinti… cinco pu-puntos para Pa-Padre. Doscientos… de… de… dieciocho mpa… mpa… para D-Drey. .Edia .P Era tal vez tartaja pero, tras echar durante las partidas una ojeada a los cálculos en su hoja, me impresionaba la velocidad con la que realizaba sus operaciones. Eso sí, seguía sin entender el complicado sistema de puntos. Y tampoco me gustó su resultado. Pregunté con desgana: .P .Bdm Entonces, ¿seguimos jugando? .Edm .P .Bdm ¡Pues claro! .Edm afirmó Myriah. .Bdm Aunque todavía no lo hemos adelantado así que, si él gana la siguiente, podría ganar la ronda. .Edm .P Ganó la partida. Sentí el mundo caérseme encima. .D .Bdia De modo que pierdo. .Edia .P Casi sonó a una interrogación. El Tahúr enarcó una ceja… y Saoko carraspeó. .D .Bdia No. No ha sacado bastantes puntos. Se sigue. .Edia .P Pestañeé. .D .Bdia Ah. .Edia .P Por primera vez desde que lo conocía, Saoko me miró con claro asombro. .D .Bdia ¿De verdad sabes jugar al Erlun, Drey? .Edia .P No sé muy bien qué cara le puse, pero creo que no lo reconfortó mucho. El silencio me incomodó. .D .Bdia Esto… Bueno, pues sigamos, .Edia dije. .P Ganamos la quinceava y última partida. Y esta vez fue la última de verdad. Saoko respiró más tranquilo y yo esperé al recuento para saber si tendría que contestar a la pregunta del Tahúr o buscar tres preguntas para hacerle al Zandra. Cuando el hijo tartaja acabó sus cálculos, soltó el resultado: ganaba el Tahúr de un punto. Siseé interiormente y no pude contenerme: .D .Bdia ¿Puedo ver la hoja? .Edia .D .Bdia Por supuesto. Aunque mi hijo normalmente jamás se equivoca, .Edia aseguró el Tahúr con cierto orgullo. .Bdia Norwan sacó la mejor nota de matemáticas en la Academia de Trasta. .Edia .P Verifiqué de todos modos. Todos los cálculos estaban bien. De arriba abajo, de izquierda a derecha, de todos los lados… Attah. Y entonces inspiré y sonreí. .D .Bdia Mm. Ya veo. Los cálculos están bien, .Edia dije. .Bdia Sólo hay una equivocación justo al final. Los que ganamos de un punto somos nosotros. .Edia .P Agrandando los ojos, Norwan me arrebató la hoja, comprobó que lo que decía yo era cierto, se puso todo lo rojo que podía ponerse un drow y tartamudeó unas disculpas. Parecía tan avergonzado que no me cupo duda de que lo había hecho todo con buena fe. .P .Bdm ¡Ahahá! Casi me engañan, ¿cómo sospechaste que se había equivocado? .Edm preguntó Myriah, alegre y hasta algo admirativa. .P Reprimí mal mi sonrisa. .P .Bdm Sencillo: he pensado que Myriah la Imbatible no podía perder. .Edm .P .Bdm ¡Oh! .Edm exclamó ella. .Bdm ¡Es verdad! .Edm .P .Bpenso ¡¿En serio se lo cree?! .Epenso Jadeé mentalmente. En fin… fuera como fuera, habíamos ganado. El Tahúr se tomó el error de Norwan con calma y sonrió. .D .Bdia Enhorabuena entonces, Drey Arunaeh. Una victoria ceñida, pero sin embargo una victoria. Ha sido un gran placer tenerte como oponente. .Edia .D .Bdia Lo mismo digo. .Edia .P .Bpenso Yo sólo he movido las fichas… .Epenso .P Con un gesto, Toly Shovik de los Zandra despidió a sus tres hijos y, tras echar una mirada interrogante hacia Saoko y ver que su presencia no parecía molestarme, se lanzó: .D .Bdia Como prometido, te debo tres respuestas, así como información sobre los dokohis. ¿Empezamos por las preguntas? .Edia .D .Bdia Por los dokohis, .Edia preferí. .Bdia ¿Cómo es que has oído hablar de ellos? Espera… Esta no es una de las tres preguntas, ¿eh? .Edia .P El Tahúr sonrió. .D .Bdia No es ningún secreto de todas formas: el consejo de Gremios de Firasa habló de ellos. Zélif de Eryoran en particular. Ahora bien, yo poseo información confidencial al respecto. .Edia .P Se volvió a servir la enésima taza de menta y, tras pegar un sorbo, reveló: .D .Bdia Los dokohis, como los llamó la líder de tu cofradía, son guerreros que fueron creados por el Mago Negro Liireth de los Subterráneos hace unos cuarenta años. Durante casi una década, estuvieron sirviéndolo, hasta que Liireth murió. Sin embargo, tenemos la seguridad de que uno de esos sirvientes de Liireth llamado Zyro está controlando a una buena cantidad de esos guerreros y que está infiltrándose en varias ciudades saijits de los Subterráneos. Se han visto varios en Dágovil. .Edia .P Enarqué una ceja y esperé, pero el Tahúr no añadió nada. .D .Bdia ¿Eso es todo? .Edia .D .Bdia ¿Te parece poco? .Edia protestó el Zandra. .D .Bdia Lo único nuevo en lo que has dicho es que fueron vistos en Dágovil. El resto ya lo sabía. .Edia .P Mis palabras lo hicieron fruncir el ceño. .D .Bdia Mm… Bueno. Tal vez tenga algo más relacionado con los dokohis. Sí, por ejemplo que no sois la única cofradía que ha pedido información sobre ellos. Ah, y lo olvidaba, .Edia me sonrió. .Bdia Se rumorea en Firasa que los Ragasakis están escondiendo a uno. .Edia .P Mmpf. No podía estar hablando del dokohi que habíamos capturado: ese había pasado oficialmente a ser guardado en la cárcel de la ciudad. ¿Hablaría de Tchag? .D .Bdia ¿Eso es todo? .Edia repetí. .P Mi falta de reacción pareció disgustarlo un poco, pero asintió. .D .Bdia Por desgracia, eso es todo. Tal vez desees tomarte el tiempo necesario para pensar en tus tres preguntas. Entretanto, te invito a cenar y a dormir en el Hogar con nosotros. Tal vez podamos echar otra partida después de la cena. .Edia .D .Bdia Huh… ¡Lo siento, pero estoy muy cansado! .Edia me apresuré a decir. .Bdia Estas partidas requieren mucha concentración. .Edia .P Myriah se burló: .P .Bdm Tanto que te estabas durmiendo, ¿no? .Edm .P No rebatí. Me contenté con cenar un plato de sopa con Saoko y nos retiramos rápidamente a un cuarto tras agradecer la hospitalidad de los Zandra. Caí sobre mi cama como una roca. .D .Bdia Hey. Drey. .Edia .D .Bdia ¿Mm? .Edia .P Saoko aún se estaba quitando las botas. El silencio, en la casa, era casi total. .D .Bdia ¿Por qué no me avisaste? .Edia .P Su pregunta me espabiló un poco y me giré para verlo. La luz vacilante de la vela sobre la mesilla iluminaba tenuemente al drow. Una larga cicatriz en su cuello centelleó, más pálida, en su piel oscura. No supe muy bien qué contestarle. .D .Bdia No lo sé, .Edia confesé. .Bdia No estoy acostumbrado a viajar con gente. Quiero decir, estos últimos tres años… En fin… .Edia dudé. Tras un silencio, admití con franqueza: .Bdia No es eso. Si me siguieras como un amigo, tal vez me molestaría menos. Lo que no me gusta es tener que verte como a un guardaespaldas o un sirviente. Pero qué digo: Lústogan ni siquiera te paga. Tal vez lo que me molesta es no saber por qué estás aquí. ¿Hasta cuándo pretendes trabajar para mi hermano? ¿Unos meses? ¿Toda tu vida? En tal caso… ¿para qué te la ha salvado Lúst? .Edia Marqué una pausa. .Bdia Lo siento. Pero entiéndelo. Aquel día, contra los dokohis, probablemente me salvaste la vida… ¿Tendría acaso sentido que por eso te escuchara y me volviera guardaespaldas gratuito de un conocido tuyo? Tal vez sea un desagradecido pero… personalmente valoro más la amistad que los favores de ese tipo. .Edia .P Hubo otro silencio. Saoko se quitó la camisa harapienta y lo oí finalmente chasquear la lengua. .D .Bdia Ya te lo dije. No me importa lo que sientas. Yo hago esto por Lústogan. No por ti. .Edia .P Se tumbó sobre la cama con los brazos cruzados. Por una vez, no parecía fastidiado. Más bien… melancólico. Hacía esto por Lúst, decía. ¿Porque él le había salvado la vida, o bien había algo más? Indeciso, estaba buscando qué contestarle cuando Myriah intervino, súbitamente alarmada: .P .Bdm Oye. ¿Voy a dormir aquí? .Edm .P Enarqué una ceja. .P .Bdm ¿Algún problema? .Edm .P .Bdm ¿Problema? .Edm jadeó ella. .Bdm ¡Jamás de los jamases he dormido con ningún hombre! Y vosotros sois dos… ¡Es inapropiado! .Edm .P Puse los ojos en blanco. .P .Bdm Actualmente estás metida en una lágrima de cristal ¿y te preocupas por tonterías de esas? .Edm .P .Bdm ¡Por supuesto que me preocupo! .Edm .P .Bdm ¿Quieres que te den una habitación para ti solita? .Edm me burlé. .P Nada más imaginarme dejando la perla en una habitación vacía y darle los dulces sueños reprimí mal una carcajada. Entonces, recordé a Saoko y me aclaré la garganta. .D .Bdia Perdón. No me estoy riendo de ti, .Edia le aseguré. .Bdia Estaba pensando en otras cosas. En realidad, es Myriah la que… .Edia .D .Bdia No me interesa. .Edia .P Había retomado su tono hastiado de siempre. No era hostil, simplemente hastiado. Suspiré y, tras un silencio, solté un pequeño sortilegio órico y apagué la vela. .D .Bdia Dulces sueños, .Edia dije. .P No me contestó. Cerré los ojos y murmuré mentalmente: .P .Bdm Dulces sueños, Myriah. .Edm .P Ella tampoco me contestó. Con sorpresa, constaté que su vínculo bréjico se había deshilachado. ¿Podía acaso ella también quedarse dormida aun no teniendo un cuerpo real? A saber. Sólo esperaba que su mente estuviera bien instalada en el cristal. Si se perdía y se deshilvanaba con el tiempo… por Livon, jamás me lo perdonaría. .Ch "Responsabilidades" Desperté sin haber soñado con Kala. Bueno, no exactamente: desperté sin recordar nada de mi sueño. Desayunamos con los tres hijos Shovik en el jardín central. Quitando que eran aún más especiales que los Ragasakis, eran bastante simpáticos. Me enteré de que el espantapájaros era investigador botánico y el cegato compositor de música y me impresionó la pasión que vibraba en sus palabras al hablarme de su oficio. ¿Sería yo capaz de hablar del mío con tanto amor? Lo dudaba. Ser destructor me gustaba, pero enseñarlo mediante palabras era muy diferente. Cuando fui a la habitación del Tahúr a despedirme, este esperó pacientemente mis tres preguntas. Tras cavilar un poco más, dije: .D .Bdia Ahí va la primera. ¿Qué pregunta me habrías hecho de haber ganado? .Edia .P El drow sonrió, sorprendido, y se alisó la barba, pensativo. .D .Bdia No lo tenía aún decidido, .Edia confesó. .Bdia O una pregunta sobre tu hermana, o una pregunta sobre el porqué los Arunaeh robaron el Orbe del Viento. .Edia .P Me alegré en ese instante haber ganado la ronda de Erlun. Le enseñé una media sonrisa. .D .Bdia Ya veo. Para las otras dos preguntas… ¿no te molesta si te las hago otro día? .Edia .P El Tahúr sonrió, con esa sonrisa de comerciante que no significaba gran cosa. .D .Bdia Claro. Pero, cuidado, expiran al de tres meses. .Edia .P Hablaba de las preguntas como si fueran un comestible perecedero y como si él no pudiera hacer nada para alargar la fecha de caducidad. Asentí, divertido, y me levanté. .D .Bdia Me vale. .Edia .P Aquel día, apenas soplaba el viento, hacía sol y, cuando salí del Hogar de la Paz con Saoko, vi sus rayos destellar en los muros de un blanco de nácar. Y, pese al día precioso, Myriah seguía durmiendo. O bien le había pasado algo. .P Pese a que el Tahúr me había propuesto otra vez su coche para llevarme a Firasa, había rechazado cortésmente y Saoko y yo fuimos andando hasta Lellet antes de tomar una diligencia en la plaza del teleférico. La compartimos con una belarca y sus dos hijos y, al contrario que estos dos, no dijimos una palabra en todo el trayecto de Lellet a Firasa. Estaba contemplando los campos, adormilado, cuando una súbita ráfaga me azotó con un olor a sal. Pronto vi aparecer en la lejanía el monte de la Cueva, el barrio subterráneo de Firasa, y me erguí. Ya estábamos llegando. .Sm -t penso Y en unas dos horas, constaté al echarle un vistazo a mi anillo de Nashtag. Con lo que, efectivamente, el carruaje del Tahúr con sus magníficos caballos de Korame iba sensiblemente más rápido. .P Nos apeamos en la plaza de diligencias y, sin una palabra, nos dirigimos hacia la Casa de los Ragasakis, del otro lado del río Lur. La ciudad estaba igual de animada que siempre. Subimos la Colina de las Campanas y, al llegar ante la puerta de la cofradía, me paré. Creía notar el aura de Yánika. Estaba tranquila. Sonreí. Y empujé la puerta. .P La acogida fue alegre. Estaban las armónicas, Staykel, Praxan y su hija, Zélif, Loy, la vieja Shimaba y Yánika. Mi hermana estaba despatarrada entre los cojines, leyendo un libro. Esta vez, no se había preocupado, me alegré. Tras echar una ojeada al libro que leía, me senté junto a ella y pregunté: .D .Bdia ¿Qué tal está Livon? .Edia .D .Bdia Mejorándose, .Edia contestó Sirih. .Bdia Yeren dice que puede que se quede un poco rabioso. .Edia .D .Bdia ¡Eso lo dijo en broma, Sirih! .Edia resopló Loy. Apartó unos papeles del mostrador y alzó sus cuatro ojos hacia mí asegurando: .Bdia Livon está bien. .Edia .D .Bdia Aun así, .Edia intervino Zélif, alzando un índice sobre sus labios, .Bdia los osos sanfurientos son conocidos por dejar secuelas muy extrañas. .Edia .D .Bdia No lo mejores, Zél, .Edia protestó Staykel, .Bdia se le ha puesto la cara desasosegada al muchacho. .Edia .P Agrandé los ojos al entender que hablaba de mí y resoplé de lado con desenfado. Si Yeren decía que Livon estaba bien, es que estaba bien, ¿no? .P Me dispuse a contestar a las preguntas de todos. Conté lo ocurrido con el oso sanfuriento y agradecí a Staykel por lo útiles que habían resultado sus granadas mientras Sirih comentaba con incredulidad la temeridad de Livon. .D .Bdia ¿Qué tal con el Tahúr Zandra? .Edia intervino Sanaytay. .P Casi no se la oyó entre las diversas voces de los Ragasakis, pero le contesté de todas formas: .D .Bdia Bien. Le gané al Erlun. O más bien: le ganaron Saoko y Myriah. .Edia .P Los vi callar a todos y parpadear. .D .Bdia ¿Myriah? .Edia repitieron. .P Al fin, les expliqué lo sucedido con la lágrima y la varadia. Me daba no sé qué hablar de Myriah sin que estuviera Livon, pero era imposible explicar lo ocurrido en Lellet sin explicar cómo un negado como yo al Erlun había ganado contra un profesional. Mientras Zélif manipulaba la lágrima de cristal, confesó: .D .Bdia He de decir que me fijé en esta lágrima el día en que nos conocimos. Me llamó la atención. Y ahora empiezo a entender por qué. Es un objeto extremadamente valioso. ¿Y dices que te lo dio una niña de pelo malva y negro hace unos ocho años? .Edia .D .Bdia Ajá. Sólo la vi una vez, en Dágovil. Apareció, me dio esta lágrima, y se fue. Me pareció bastante extraño. .Edia .D .Bdia Mmpf. Y tanto, .Edia dijo Sirih con una mueca. .D .Bdia Quizá no conocía su valor, .Edia propuso Sanaytay con voz suave. .D .Bdia Mm, .Edia reflexionó Zélif, alzando el cristal. .Bdia ¿Y por qué Myriah no habla ahora? .Edia .P Er… Esa era una buena pregunta y sentí cierto bochorno por no poder contestar a ella. Si Myriah había muerto en el cristal… ¿cómo iba a explicarle a Livon que su hermosa princesa había acabado en mi pendiente simplemente porque yo había dejado este contra la varadia por pura curiosidad? .P Siempre pragmática, Sirih relativizó: .D .Bdia Si ha muerto, al menos habrá pasado un buen rato jugando en sus últimas horas de vida… .Edia .P .Bdm ¡Ni loca voy a morir ahora que estoy libre! .Edm exclamó de pronto la voz de Myriah. .P Su bréjica fue tan fuerte que no me cupo duda de que había resonado en todas nuestras cabezas. El aura sorprendida de Yánika nos envolvió. .D .Bdia Habla, .Edia murmuró mi hermana. .P .Bdm ¿Sois amigos de Livon, verdad? .Edm retomó Myriah. .Bdm Entonces, sabéis dónde se encuentra. Quiero verlo, .Edm exigió. .P Ignoraba qué posición tenía Myriah en el Imperio de Arlamkas, pero si me hubieran dicho que había sido educada para ser princesa, me lo habría creído. Fuera como fuera, a mí también me apetecía ver cómo estaba Livon, y minutos después nos encontrábamos de camino hacia su casa Saoko, Yánika y yo. Apenas asomé la cabeza por la puerta abierta de la choza, vi a Orih, Tchag, Yeren y Livon sentados en el suelo, comiendo con avidez una tarta de verduras. Me carcajeé. .D .Bdia ¡Veo que te encuentras mejor! .Edia .D .Bdia ¡Drey! .Edia exclamó el permutador. .D .Bdia ¡Drey, Drey! .Edia le hizo eco Tchag dando un brinco contento. .D .Bdia ¡En buen hora llegáish! Shentaos, .Edia nos invitó Yeren con la boca llena. .D .Bdia Eshtamos retomando fuershash, .Edia sonrió Orih enseñando sus dientes afilados decorados de verduras. .P Ni que ellos dos hubiesen estado enfermos… Compartimos la tarta y, entretanto, le conté a Livon todo lo ocurrido. Apenas mencioné a Myriah, el permutador se quedó tan inmóvil que, por un momento, temí haberlo matado de la sorpresa. Al fin y al cabo, él no tenía Datsu para protegerse… ¿Debería haber esperado a que se repusiera del todo de lo del oso? .Bpenso Obtuso. Los saijits no son tan sensibles, .Epenso me reprendí. .Bpenso Yani te lo suele repetir… .Epenso Antes incluso de que terminase de contarlo todo, Livon tendió una mano temblorosa hacia el pendiente y se lo di. .D .Bdia ¿Myriah está… ahí dentro? .Edia susurró. .P Fui incapaz de adivinar si se sentía alegre o qué: en cualquier caso, estaba claramente emocionado. Entendí que Myriah estaba hablándole a él únicamente y, discreto, me levanté y dije: .D .Bdia Os dejamos. Seguro que tenéis muchas cosas de las que hablar. .Edia .P Livon asintió distraídamente. Aún estaba bajo el shock. No era como Tchag, que al escucharme se había quedado dormido felizmente encima de un cojín, en una de sus posturas más despreocupadas. Salí con los demás Ragasakis, algo inquieto. .D .Bdia ¿Creéis que he sido demasiado brusco contándoselo? .Edia .P Orih no contestó. Yeren sonrió. .D .Bdia Una buena noticia no deja de ser una buena noticia no importa cómo se cuente. Después de tantos años sin poder hablarle y de intentar sacarla de la varadia, llegas tú y la sacas en unos minutos… Bueno, conociéndolo, estoy seguro de que Livon te está agradecido. .Edia .P ¿Incluso si la saqué sin cuerpo?, me pregunté. Me encogí de hombros. .D .Bdia Yo no hice nada. Fue la lágrima. .Edia .D .Bdia Ciertamente, .Edia convino el curandero. .Bdia Una mágara realmente muy especial. Ser capaz de absorber una mente perdida… Ahora que lo pienso, ¿no la vieron los brejistas de tu familia? .Edia .P Fruncí el ceño. .D .Bdia Sí… Bueno, mi madre la examinó, pero no dijo nada. Hasta ahora creía que era una mera piedra bonita e indestructible… .Edia .P Era falso, pensé entonces. Ya había cambiado de parecer cuando el Príncipe Anciano había querido examinarla. Al pensar en él, recordé unas palabras suyas: .Bparoles Fundir mentes en objetos o cuerpos… es lo que muchos llamarían magia negra. .Eparoles No era por alarmarme pero eso… ¿no era exactamente lo que había hecho mi lágrima de cristal? ¿Absorber una mente? Sentí un escalofrío mientras seguíamos andando y nos metíamos por una calle principal. En serio, ¿por qué Madre me la había devuelto después de examinarla, en la isla de Taey? Era una de las mejores brejistas de todo el clan, si no la mejor, entonces… ¿por qué haberme dejado una mágara así de oscura? .D .Bdia Por cierto, cambiando de tema, .Edia dijo Yeren, .Bdia por curiosidad, ¿qué piensas de mi padre? .Edia .P Parpadeé. .D .Bdia ¿Tu padre? .Edia .D .Bdia Sí… ¿No te diste cuenta? Mi nombre completo es Yeren Shovik. Toly Shovik, el Tahúr Zandra, es mi padre. .Edia .P Me detuve en pleno camino y lo miré con ojos desorbitados. ¡Su padre! Ahora que lo pensaba, tenía algunos rasgos semejantes pero… Yeren era albino. Jamás se me habría ocurrido que… Resoplé y reanudé la marcha. .D .Bdia ¿O sea que el cegato, el tartaja y el espantapájaros son hermanos tuyos? .Edia .P Yeren agrandó los ojos y ahogó una carcajada. .D .Bdia Sí. Son hermanos míos. Yo soy el mayor y, ciertamente, el más raro de todos. .Edia .D .Bdia No me malinterpretes, me cayeron bastante bien, .Edia aseguré, y espiré, asimilándolo todo. .Bdia Tu padre tiene un modo de ser bastante equilibrado. Quitando la cantidad de tazas de menta que se tragó durante las partidas. .Edia .P Yeren se echó a reír. .D .Bdia Sí, supongo que abusa un poco, pero mientras sea sólo menta… .Edia Se rascó la barbilla, pensativo. .Bdia Equilibrado, ¿eh? Supongo que tengo que creerte, ya que eres un Arunaeh. Hace nada, leí un libro sobre las deidades warís y citaban a tu clan como el máximo exponente de los sirvientes de Sheyra, la deidad del Equilibrio. No sabía que erais tan conocidos. .Edia .P Torcí la boca en una mueca a la vez divertida y molesta sin contestar. Tras un silencio, comenté, más grave: .D .Bdia De modo que a Livon le dijiste que conocías la Kaara pero… tú formas parte de ella, ¿verdad? .Edia .P Yeren hizo una mueca y negó con la cabeza. .D .Bdia No. La Kaara es amplia y a la vez es un círculo cerrado. Mi padre está en ella, pero yo no. De hecho, me propuso entrar en ella, pero rechacé… Es demasiado mercantil para un curandero como yo. Al igual que el juego como profesión. Por eso, cuando fui a preguntarle a mi padre por la varadia de Myriah, me propuso un trato: el día en que le ganara una ronda de Erlun, podría hacerle mi pregunta. Verás, las informaciones de la Kaara se venden y se compran a precios altísimos y pensé que merecía la pena aceptar su trato pero… hasta ahora he perdido todas las rondas, .Edia carraspeó. .Bdia Desgraciadamente, el dicho del discípulo que supera a su maestro no se aplica todo el tiempo. Mis hermanos me dicen que mi padre ha encontrado el mejor método para hacerme visitarlos a menudo y seguir jugando… Buaj. Está empeñado en alargarlo todo hasta que lo gane. Pero ahora que Myriah está en esa lágrima… no tendré tanta presión. Tal vez consiga al fin ganarle una ronda, .Edia añadió con una sonrisa. .P Meneé la cabeza, ensimismado. Ahora entendía por qué Livon había dicho que Yeren trabajaba duro: había debido de estar entrenando el Erlun con empeño esos dos últimos años. Cuando llegamos a un cruce, solté: .D .Bdia Dime, Yeren. Livon es una persona muy importante para ti, ¿verdad? .Edia .P El curandero me miró con una ligera sorpresa, rápidamente reemplazada por un entretenimiento alegre. .D .Bdia Bueno… Digamos que, de no ser por él, no estaría aquí. Lo conocí cuando yo acababa de regresar de la Academia de Trasta. Empezaba mis prácticas como aprendiz curandero de animales y él ya estaba en la cofradía. De algún modo, acabó ayudándome a calmar a un perro herido. Siguió viniendo a mi gabinete hasta que cayó enfermo y fui a cuidarlo. De pequeño, Livon era igualito que ahora: curioso por todo, testarudo, y comía igual de mal, .Edia sonrió, recordando. .Bdia Al cabo de unos meses, llegó Orih y me hice Ragasaki al mismo tiempo que ella. Así que… sí, creo que lo veo un poco como un hermano menor que me enseñó un nuevo camino en la vida. Tal vez no se le den tan bien los juegos de reflexión como a mis demás hermanos pero… para lo principal, tiene las ideas más claras que un sabio. .Edia .D .Bdia Dicen que cuanto más simple, más sabio, .Edia cité. Yánika resopló. .Bdia Es broma, Yani… En cualquier caso, .Edia agregué, más serio, .Bdia si fue Livon el que te hizo entrar en la cofradía… ya somos dos. .Edia .P Mis palabras le arrancaron una sonrisa al curandero. Un hermano menor, me repetí. Por un momento, traté de ver en él a Lústogan, pero su rostro tan expresivo era tan distinto que me fue imposible. .D .Bdia ¡Bueno! Tengo que visitar a un paciente, .Edia dijo entonces Yeren. .Bdia ¡Nos vemos luego! .Edia .P Cuando el curandero se alejó, miré a mi alrededor con cierta sorpresa. .D .Bdia ¿Y Saoko y Orih? .Edia .P Yánika se encogió de hombros. .D .Bdia Se han ido. Orih estaba muy pensativa. Y Saoko… .Edia .P Probablemente no anduviera muy lejos, entendí. No le di más vueltas y, mientras caminábamos hacia el mercado, le pregunté qué tal en las termas y qué tal el viaje hasta Firasa. .D .Bdia ¡Todo muy bien! .Edia sonrió. .Bdia Fui con Orih a un sitio lleno de pájaros que usan para los mensajes y el que trabajaba con ellos nos explicó muchas cosas. Y luego subimos hasta el santuario sagrado de no sé qué divinidad y Naylah me compró esto. .Edia .P Me enseñó un collar con una concha grabada. Aquello me recordó el sueño de Kala en su mar seco de conchas… Deseché el recuerdo y sonreí. .D .Bdia Bonito. ¿Así que ella también te mima ahora? .Edia .D .Bdia Me miman todos, .Edia fanfarroneó ella con una risita. .Bdia Esta noche, la pasé en la Casa, y Shimaba me preparó la habitación de invitados. Ella no es para nada como nuestra abuela de verdad: es muy maja. Y creo que hasta le caigo bien, porque nos pusimos a hablar de mágaras, y como ella es magarista y tiene práctica enseñándole a Loy, sabe explicarse muy bien y me contó un montón de cosas. Tú no te imaginas: hace mágaras impresionantes. Aunque necesita mucho tiempo para hacerlas. .Edia .P Sabía que Shimaba se dedicaba con Loy a encantar objetos y venderlos, pero nunca había visto sus inventos. .D .Bdia ¿Qué tipo de mágaras? .Edia pregunté, curioso. .D .Bdia ¡De todo! Me enseñó una placa calentadora, pero no como la que tenemos: una más grande, y que sólo quema las cazuelas y no las manos. Dijo que se la habían encargado los de la escuela marítima de Firasa. Y también me enseñó una brújula que señalaba… .Edia .D .Bdia Al norte, .Edia me burlé. .D .Bdia ¡Que no! .Edia rió. .Bdia La llamó brújula de vigilancia. Su aguja señala hacia una especie de canica que comparte con la brújula un vínculo complejo hecho con brúlica y perceptismo. Sirve para saber dónde está la persona que lleva la canica. Pero de momento dice que el alcance es muy limitado y que no sirve de mucho, pero ¡no deja de ser impresionante! .Edia .P Siguió hablándome de lo que había aprendido con Shimaba y la escuché con una ancha sonrisa. Sin duda le estaba tomando mucho aprecio a la cofradía de los Ragasakis… Cuando llegamos al mercado, Yani calló y sus ojos se posaron en el vendedor de helados. Su aura no me dejó dudas y resoplé. .D .Bdia ¿En serio, Yani? ¿A quién le llamas glotón? .Edia me burlé. .P Ella puso cara inocente y, divertido, fui a comprarnos un helado. Tal vez influenciado por el aura de Yánika, más de un paseante se aproximó también a la tienda sacando su monedero… Mar-háï. Su poder podía parecer inofensivo, a veces, pero por más imperceptible que fuera, no dejaba de tener una influencia caprichosa a su alrededor, hora tras hora, minuto tras minuto. Ese era su poder, que ella consideraba suyo y que mi familia veía como un trágico error que perturbaba el Equilibrio. .P Nos sentamos en un banco de la ajetreada plaza y mientras comíamos, la vi embadurnarse de chocolate. Me reí de ella y le revolví las trenzas. .D .Bdia Di, Yani. ¿Qué te parece si buscamos la casa que te prometí? .Edia Ante su mirada sorprendida, especifiqué: .Bdia La casa con flores de la que te hablé. .Edia .D .Bdia ¡Mm! .Edia afirmó Yánika con ánimo enseñando todos sus dientes enchocolatados. .Bdia ¡Si tú la quieres, yo la quiero, hermano! .Edia .P Alcé los ojos al cielo, gruñendo: .D .Bdia Mar-háï… Esto lo hago también por ti, ¿sabes? .Edia .P Los ojos negros de mi hermana destellaron, sonrientes. .salto Fue de camino a la Consejería, poco después, cuando oímos a un viejo sentado sobre un tronco decirle a otro: .D .Bdia ¿Has oído lo de Ámbarlain? Parece ser que el río Espiral ha dejado de correr y que el rey de Lédek está detrás de eso. .Edia .P Ralenticé, suspenso. ¿El río Espiral? Bajo la mirada extrañada de Yani, me detuve finalmente en seco y agucé el oído. El otro viejo mascullaba: .D .Bdia Y qué nos importa. Como si el agua se los lleva a todos. Los de Kozera sería otra cosa, pero Ámbarlain no me da pena: está lleno de acaparadores y rentistas. .Edia .P Derivaron sobre las malas costumbres de los ambarlienses hasta que el primer viejo soltó: .D .Bdia ¿Qué hay, joven? ¿No serás de Ámbarlain? .Edia .P Me hablaba a mí. Me di cuenta de que me había quedado escuchándolos e hice una mueca, incómodo. .D .Bdia Perdón. Lo siento. No. Soy de Dágovil. ¿Así que el río Espiral se ha bloqueado? .Edia .D .Bdia ¡Dágovil! .Edia resopló el segundo viejo. .Bdia Esos son peores… .Edia .P Recibió un golpe de cachava por parte de su compañero, quien replicó: .D .Bdia Muérdete esa lengua, compadre, mi esposa viene de ahí, te recuerdo. Y sí, muchacho, eso es lo que oí decir a Nukoto el otro día, el cartero que pasa todas las mañanas por delante de mi casa. .Edia .D .Bdia Y… ¿desde cuándo se ha bloqueado? .Edia pregunté con ansiedad. .P El anciano me miró, curioso, mientras decía: .D .Bdia Oh… No lo sé muy bien. Pero debe de ser bastante reciente. Unos días. ¿Tienes familia en Ámbarlain? .Edia .P Ensombrecido, meneé la cabeza. .D .Bdia No que yo sepa. Gracias. .Edia .P Me alejé con Yánika. Estábamos llegando a la Consejería, pero ya no tenía intenciones de entrar a recuperar mis gemas. Me detuve ante la gran escalinata. .D .Bdia Hermano, .Edia dijo Yani. .Bdia Si el río Espiral se ha bloqueado… puede ser peligroso para la gente, ¿verdad? .Edia .D .Bdia Mm… Muy peligroso, .Edia afirmé. .Bdia Es como la presa que hay en Donaportela, sólo que esa fue construida; en cambio, la de la Espiral… puede romperse en cualquier momento y dejar que el agua lo invada todo. .Edia .P Es decir, podía causar una verdadera masacre. .D .Bdia Entiendo. Pero, hermano… .Edia Sentí la mirada fija de Yánika sobre mí. .D .Bdia ¿Qué, Yani? .Edia murmuré, sin mirarla. De reojo, la vi subir un peldaño de la escalinata y colocarse ante mí. Su aura estaba turbada. .D .Bdia ¿Por qué te sientes culpable? .Edia .P Tragué saliva y me costó cruzarme con su mirada. Por Sheyra, ahora que lo pensaba, no había mencionado a ningún Ragasaki lo que había visto ahí abajo del túnel que había hecho explotar Orih. Iba a llevarme la mano a mi oreja izquierda cuando recordé que le había dejado el pendiente a Livon y por un momento lo eché de menos. Inspiré y tomé una decisión. .D .Bdia Yani. Seguramente los de Ámbarlain necesitarán destructores para resolver el problema. .Edia .P Yánika se ensombreció. .D .Bdia No me has contestado, hermano. .Edia .P Hice una mueca y asentí. .D .Bdia El túnel que Orih hizo estallar estaba justo al lado del río Espiral, .Edia expliqué con voz neutra. .Bdia Es probable que la explosión lo haya bloqueado. Y… fui yo quien le dije que bajáramos tanto. Yo di el visto bueno. .Edia .P Mi hermana lo entendió todo en un instante. Su aura se alteró pero, para sorpresa mía, enseguida se llenó de determinación. .D .Bdia Ya veo. Entonces… vayamos a arreglar el río, hermano. Seguro que aún estamos a tiempo. ¿A que sí? .Edia .P La miré con sorpresa. Por Sheyra… ¿En serio había pensado dejarla con los Ragasakis? Mi confianza en ellos era loable considerando que ni loco habría confiado mi hermana a nadie un mes atrás, pero eso no cambiaba un hecho: Yani y yo llevábamos tres años viajando y enfrentando los problemas juntos; tras pasar dos días sin mí, Yani no quería volver a verme partir. Conmovido, asentí. .D .Bdia Es muy posible. Pero tenemos que irnos ya. Si no me equivoco, sale una caravana de vagones para Ámbarlain dentro de una hora. .Edia .P El aura de Yani se impregnó de inquietud. .D .Bdia ¿No le vas a decir nada a Orih? .Edia .P Resoplé, molesto. .D .Bdia ¿Para qué? Sus explosiones acabarían con toda Ámbarlain. .Edia .P Yánika resopló a su vez en desacuerdo. .D .Bdia Hermano. Orih no sólo sabe hacer explosiones. .Edia .D .Bdia ¿Ah, no? Pero si dijo que era el único sortilegio que sabía hacer. .Edia .D .Bdia No me refiero a eso, .Edia dijo Yani con paciencia. .Bdia Los Ragasakis no sólo sabemos hacer magia. Orih, por ejemplo, sabe subir la moral de los demás, y sabe ser muy fuerte mentalmente, y también sabe… sabe ser muy optimista y… .Edia .D .Bdia Eso último va con lo de subir la moral, .Edia le hice notar con burla. .Bdia Además, yo nunca dije que Orih no podía hacer nada. Sólo pienso que… .Edia .D .Bdia Piensas que le estás haciendo un favor, .Edia me cortó Yánika, algo irritada. .Bdia Si no sabe que ha provocado el bloqueo del río, no sufrirá, ¿verdad? Y si lo sabe y causa muertes, sufrirá, porque no tiene un Datsu para protegerse como tú. Eso es lo que estás pensando, hermano. Todavía crees como Lústogan que la gente es débil cuando no tiene un Datsu para controlar sus emociones. Y os equivocáis. Orih puede controlarse a sí misma. Por eso, preferiría saber lo que ha hecho e intentar reparar su error. La conozco mejor que tú. .Edia .P Sus palabras me causaron un tic nervioso. A veces realmente me daba la impresión de que mi hermana era capaz de leer mis pensamientos. Resoplé de lado. .D .Bdia ¿De verdad sólo tienes doce años, Yani? A veces me da la impresión de que eres más vieja que Shimaba. .Edia .P Yani me dio un leve puñetazo en el pecho y me carcajeé. .D .Bdia Está bien. Vayamos a contarle a Orih el problema. Pero, si pasa algo, tú te encargas de consolarla, ¿eh? Yo no valgo para esas cosas. Y también debería avisarle a Saoko antes de que me asesine otra vez con sus ojos… Qué fastidio. .Edia .P Yánika me dedicó una gran sonrisa y añadí, burlón: .D .Bdia Por cierto, brujilla-que-siempre-se-sale-con-la-suya, todavía tienes chocolate en los morros. .Edia .Ch "Epílogo" .\" 21/05/2019 El agua se deslizaba entre la hierba azul, dulce, negra, fría y silenciosa. A unos pasos, una mujer de piel gris, delgada y ágil, jugaba a la comba y saltaba mientras tarareaba una canción. .Bl -t verse .It En algún rincón del mundo .It allá en el fondo del mar .It ocho seres vagabundos .It comparten su gran pesar. .It Y en su cansado camino .It las llaves se reunirán .It para que el infierno venga .It trayendo calamidad. .It ¡Ay! ¡La puerta ya se abre! .It ¿Pero quién nos salvará? .It La luz del mar .It se apaaaga, .It la oscuridad .It vendrá… .El .P Saltó una última vez dando una voltereta y aterrizó con la ligereza de un felino. Se giró hacia el muchacho encapuchado sentado contra el espeso tronco de un árbol. Apenas se le veía la cara a este: su piel era tan negra que sus rasgos se confundían con las sombras de su capucha. Sus ojos rojos, en cambio, rebrillaban, pero no la miraban a ella: seguían la corriente del riachuelo, absortos. Las dagas, bien sujetas a su cintura, estaban tan bien cuidadas como siempre. Rao sonrió y se acercó jugueteando con la cuerda. .D .Bdia Melzar, .Edia lo llamó. Y le quitó la capucha de un tirón para sacarlo de su ensimismamiento. El muchacho se sobresaltó y la vio sentarse a su lado con ánimo. .Bdia Hoy estás particularmente ido, hermano. ¿En qué estás pensando? .Edia .P Melzar volvió a su contemplación. El agua se rizaba entre las piedras con una regularidad hipnotizante. .D .Bdia Pensaba en el dokohi. .Edia .D .Bdia Oh. ¿Zori? .Edia .D .Bdia Zyro, hermana, .Edia la corrigió. .Bdia El líder de los dokohis anda buscando a Lotus. Dijiste que con los años tal vez se hubiera olvidado de él… Pero sigue buscándolo. Ayer, oí decir en una taberna que unos tipos con gafas preguntaron por el Gran Mago Negro. Traté de seguirles la pista y los perdí. Me siento cada vez más intrigado por esta historia, .Edia confesó. .Bdia ¿Qué piensas hacer? .Edia .P Rao enarcó las cejas. No era habitual oírlo sacar el tema de Lotus. .D .Bdia Bueno… .Edia La Pixie alzó una mirada pensativa hacia las estalactitas de la caverna. La luz azulada de las piedras de luna se reflejó en sus ojos chispeantes cuando contestó: .Bdia Nada. No pienso hacer nada. Prefiero no llamar la atención de Zyro y, además, si ese dokohi encuentra a Lotus antes que nosotros, nos ahorrará el trabajo de buscarlo, ¿no crees? .Edia .D .Bdia Sí… Suponiendo que Lotus sigue vivo y no ha muerto en la guerra o de gripe o simplemente de viejo, .Edia consideró Melzar. .Bdia Si todavía es de este mundo… Bueno, tú ya tienes más de setenta años, así que él debe de ser ya un carcamal, ¿no? .Edia .D .Bdia ¿Me estás llamando vieja? .Edia protestó Rao. .D .Bdia ¿No lo eres? .Edia replicó Melzar. .P A veces era difícil saber cuándo su hermano pequeño se burlaba y cuándo hablaba en serio… Rao puso los ojos en blanco y se ató la comba a la cintura diciendo: .D .Bdia Centrémonos en buscar a los demás Pixies: sé que juntos encontraremos a Lotus. .Edia .P Melzar desvió la mirada del agua para observarla con atención. .D .Bdia Los echas de menos, .Edia constató. .P Rao resopló. .D .Bdia Naturalmente. ¡Es mi primera familia! La nuestra, .Edia apuntó. .P Melzar asintió lentamente. .D .Bdia Si lo dices… te creo. Y te ayudaré a buscarlos a todos. Aunque podría ser que alguno no haya sobrevivido. Kala está vivo. Jiyari también. En cuanto a los demás, no tienes ni idea. Es más, perdiste el rastro de Kala. Tal vez también él ya no… .Edia .D .Bdia ¿Quieres dejar de ser pesimista? .Edia lo regañó Rao. Sus ojos azules lanzaban rayos eléctricos. Se levantó de un bote. .Bdia Resucité a Kala y está vivo. Todos están vivos. Me lo dice el corazón. .Edia .D .Bdia El corazón no dice nada: late y deja de latir, eso es todo. .Edia .D .Bdia Menos mal que no escribes libros de romance, Mel, .Edia resopló Rao, girándose hacia él. Atrapó un mechón negro de su cabello malva y lo apartó afirmando: .Bdia Encontraremos a Lotus antes que Zyro y lo salvaremos. Quién sabe, igual Kala despertó y ya ha empezado la búsqueda sin nosotros. Después de todo… Lotus es doblemente su familia. .Edia .P Melzar le echó una mirada ladeada y se levantó, alejándose del árbol. .D .Bdia Confías mucho en Kala, hermana. Tanto decir que no querías despertarlo porque te alegra saber que está teniendo una vida más o menos normal… .Edia saltó sobre una piedra en medio del riachuelo mientras continuaba, .Bdia pero en realidad no sabrías cómo hacerlo recordar, ¿verdad? Eres brejista: sabes que las reencarnaciones no siempre funcionan como deberían. ¿Y si simplemente no puede despertar? ¿Y si no recuerda nada? .Edia .P Al girarse, pudo ver claramente la exasperación en el rostro de su hermana. Esta gruñó: .D .Bdia Recordará. .Edia .D .Bdia Te lo dice tu corazón. .Edia .P Los labios de Rao se estiraron acusadamente, desafiantes. .D .Bdia Despertará. .Edia .P La luz de la piedra de luna resplandecía en sus ojos llenos de confianza. Contemplativo, Melzar bajó la vista hacia el pequeño papel que había estado reduciendo a migajas. Hizo una mueca. Y pensó que, si Lotus regresaba, tal vez no se acordaría de los niños que salvó y encerró en las lágrimas. Rao, ella, no dudaba: había vivido más que ninguno, los había visto encerrados y dormidos durante años y deseaba fervientemente reunirlos al fin a todos, otra vez, como en los viejos tiempos. .P Saltando a la otra orilla del riachuelo, Melzar lanzó: .D .Bdia Si tú lo dices. ¿Volvemos a Dágovil? Por cierto, otra cosa, Rao. .Edia .D .Bdia Hoy estás hablador, Mel, .Edia observó ella, socarrona, mientras se disponía a cruzar el riachuelo. .P Melzar volvió a clavar una mirada en la suya y alzó la mano con las migajas del papel que había estado destrozando poco a poco. .D .Bdia Tendremos que comprar otros billetes de diligencia. Estos están rotos. Me lo dicen mis ojos. .Edia .P Por primera vez en mucho tiempo, vio a Rao desconcentrarse en pleno salto, patinar y caerse al agua. Mientras ella imprecaba, Melzar no pudo evitar sonreír.