.\" ------------------------------------------------ .\" Los Pixies del Caos: El Despertar de Kala | Tomo 2 .\" ------------------------------------------------ .Ch "Prólogo" Dolor, miedo, aprensión, sumisión, odio, destrucción… Ya todo eso había quedado atrás. .P También la amistad, el amor, la luz, el perfume de las rosas, la felicidad de saber quién era, de saber con quién estaba, de sentirse en una familia… Ya no subsistía más que el resabio, la sombra de una vida de infierno y amor. Una sombra que lo perseguía sin soltarlo. .P ¿Acaso siquiera había existido de veras, esa vida anterior? .P ¿Acaso existía él, en ese instante? .P ¿Quién era? .P El joven observó las aguas calmas y oscuras del lago Raz. Había oído decir en su escuela que en algunos lugares esas aguas eran tan profundas que ni un nurón era capaz de bajar tan abajo por culpa de la presión. Algunos lo llamaban el Lago del Último Sueño, pues se decía que ahí vivía una criatura capaz de dormirte con su sola brisa. El sueño que entonces se tenía era supuestamente el más hermoso de todos… pero nadie despertaba para contarlo. Una hermosa leyenda, pensó, apoyándose en el borde de la barcaza. Pero los saijits no parecían darle mucha importancia: desafiando las leyes de la naturaleza, habían llenado grandes extensiones de la costa con cultivos de talvelias y los aldeanos se paseaban con sus canoas inspeccionando sus campos de algas. Era la primera vez que veía esos campos. O al menos eso creía. En el mar de Afáh, no crecían talvelias: necesitaban agua dulce. También era la primera vez que viajaba solo. La experiencia lo inspiraba —había rellenado ya todo un cuaderno de dibujos de gente, paisajes y fantasías— pero, al mismo tiempo, estaba inquieto. Porque aún tenía que tomar una decisión. .P Apartando un mechón rubio de su cabello, se giró hacia la proa de la barcaza. La gente hablaba animadamente. Ya poco quedaba para llegar a Donaportela. .P Pronto, sus ojos, oscurecidos por sus largas pestañas, pudieron contemplar las luces de la ciudad que se alzaba a lo lejos. Sus fulgores contrastaban con el silencioso lago, cuyas aguas negras apenas reflejaban luz. .P Cuando avistó el alto edificio con cúpulas azuladas moteadas de piedras de luna, sonrió. Al fin. La Biblioteca de Donaportela. Imponente y hermosa, tal y como se la habían descrito. Llena de horrendos y soporíferos libros… .P Al pasear una mirada vaga por los pasajeros animados a borde de la barcaza, se cruzó con los ojos curiosos de una muchacha de pelo rosa. Fue un efímero instante, pero sintió en ese momento una avalancha de confianza. Y así, tomó su decisión. .P Sonrió para sí y murmuró: .D .Bdia Quiero… recordar. .Edia .Ch "Hojas y plumas" .Bcita La última flor es la más hermosa, porque lleva la esperanza de todas las demás. .Ecita .autor-cita Yánika Arunaeh .salto Apenas cuatro horas después de habernos despedido de Zélif y los demás Ragasakis, ya estábamos en Ámbarlain. Me levanté de mi asiento en cuanto el vagón se paró, cargué la mochila y salté al andén seguido de Yánika y Saoko. Orih se apeó con más indecisión. Sus ojos ambarinos observaban las lejanas estalactitas, las luces pálidas que iluminaban la enorme caverna, así como los intrincados edificios que formaban la villa de Ámbarlain. Parte de esta se situaba en un saliente relativamente alto de la caverna, donde nos encontrábamos, pero el resto de las casas habían sido construidas junto al gran túnel por donde pasaba el río Espiral. Sólo que este había desaparecido. .P Desde la parte alta de la ciudad, fijé mis ojos en el agujero seco y silencioso y seguí el surco enlodado que cruzaba Ámbarlain, allá por donde fluía antes el río. Incluso el lago que había al sur de la ciudad había mermado considerablemente. .D .Bdia ¿No os preocupa tener tantas estalactitas encima? .Edia preguntó Orih. .P Puse los ojos en blanco. Era la primera vez que Orih Hissa bajaba tan profundo en los Subterráneos y se la veía desubicada. .D .Bdia Para eso están los destructores, .Edia contesté. .Bdia Aseguran la zona de cuando en cuando. Pero, de momento, creo que la gente está más preocupada por el Espiral. .Edia .P Nos pusimos en marcha tomando la rampa que bajaba hacia el centro de la ciudad. Las calles estaban desiertas y las luces de las casas apagadas, por lo que deduje que los habitantes habían sido ya evacuados. Al llegar a la plaza del ayuntamiento, encontramos un buen número de mineros y voluntarios que se ajetreaban cargando materiales, explosivos y demás herramientas sobre unos anobos. Estos habían sido elegidos particularmente robustos y movían sus anchas cabezas verdosas, curiosos, observando la agitación alrededor con paciencia. El tamaño de la movilización me recordó a cuando, hacía cuatro años, Lústogan y yo habíamos participado a la creación de un canal de agua en Kozera. Había sido poco antes de que mi hermano desapareciera con el Orbe del Viento… .P Un tabernero valiente aún tenía su local abierto en la plaza y, tras proponerles a Saoko, Orih y Yani que me esperaran ahí, me abrí paso entre la gente hasta el edificio del ayuntamiento. Ante este, se encontraba todo un grupo de ingenieros y cartógrafos elaborando los planes. Paseé una mirada entre ellos. Y cuando vi a un kadaelfo con pelo blanco en punta y perilla igual de blanca, me paralicé. Sus ojos habían reparado en mí antes y, sin decirles una palabra a sus compañeros de trabajo, él se alejó de la mesa y se acercó a mí con un semblante tan tranquilo que casi parecía inexpresivo. .D .Bdia Abuelo, .Edia jadeé. .D .Bdia Drey… Cuánto tiempo. .Edia .P De modo que mi abuelo había sido contratado por Ámbarlain… De pronto, mi presencia ahí me parecía inútil. .D .Bdia Lo menos cuatro años, .Edia convine, alegrándome pese a todo. .P Para sorpresa mía, una sonrisa apareció en el rostro de Nalem Arsim Arunaeh. Pese a sus ya setenta años cumplidos y sus numerosas arrugas, despedía una energía incontestable. Llevaba el uniforme de destructor: camisa, chaleco, pantalones, guantes y botas, no le faltaba nada. En su mano izquierda, llevaba ya lista su máscara y pensé que eso significaba que la expedición estaba a punto de partir, aunque nunca se sabía con el abuelo: era capaz de sacar la máscara y ponérsela como ropa diaria… Ni Lústogan había llegado tan lejos. Que el resto del uniforme pudiera usarse fuera de los trabajos, eso yo lo entendía y lo hacía, pues la ropa de destructor tenía muchas ventajas incluso para el uso cotidiano: no se rompía, no se mojaba, apenas había que limpiarla, y siempre te protegía de impactos imprevistos. Pero de ahí a ponerse la máscara… .P Los ojos de mi abuelo eran igual de dorados que los míos. Al verlos evaluarme de arriba abajo, hundí las manos en los bolsillos, algo incómodo. .D .Bdia Cuatro años, .Edia repitió. .Bdia Mm. De modo que ya no eres ningún niño, ¿eh? ¿No vendrás a por el trabajo del río Espiral? .Edia .D .Bdia Er… Tengo razones personales para querer arreglar el río, .Edia admití. .D .Bdia ¿Oh? Entonces perdona por haberte robado el trabajo, pero el primero que muele el grano se lleva el pan, como dicen. .Edia .P No me preguntó por las razones personales: simplemente quería hacerme entender que reparar el río le incumbía a él y que era mejor que no me interpusiera en su camino. Hice una mueca. Attah… En la vida se me habría ocurrido interponerme en el camino de mi abuelo. Sólo pensarlo me daba escalofríos. .D .Bdia Tal vez te interese saber dónde se bloqueó el río, .Edia dije. .P Antes de partir, Zélif me había proporcionado un mapa de los Subterráneos y otro de la Superficie, de modo que había conseguido determinar con satisfactoria precisión el lugar del impacto. Saqué los mapas de mi bolsillo y se los tendí a mi abuelo. Este no dudó en cogerlos y en echarles un vistazo. .D .Bdia Ya veo, .Edia comentó. Sus ojos chispearon. .Bdia ¿Lo provocaste tú? .Edia .P La posibilidad parecía hacerle gracia. Chasqueé la lengua, molesto. .D .Bdia No fui yo. .Edia .P No di más detalles y mi abuelo se encogió de hombros. .D .Bdia Poco importa. Solucionaré el problema. Por cierto, ahora que lo recuerdo, tu madre me dejó una carta para que te la mandara en caso de localizarte. Debe de estar por aquí. .Edia .P Mientras rebuscaba en sus bolsillos, me fijé en que más de un cartógrafo e ingeniero nos echaba ojeadas frecuentes. .D .Bdia Aquí tienes. .Edia .P Concentré mi atención en la carta y reprimí mal un resoplido al ver el estado en que estaba. Parecía más una bola de papel que una carta y cuando la desplegué alcé la mirada, divertido. .D .Bdia La tinta está hecha un desastre. Es ilegible, abuelo. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia se sorprendió. .D .Bdia En serio. Mira. Es como si la hubieses pasado por algún lavadero. .Edia .D .Bdia Mm… Es verdad, .Edia concedió. .Bdia Esta carta me la dio tu madre hace más de un año. Ha debido de pasar por muchas miserias. De ahí su estado. Supongo que si quieres saber lo que quería decirte tu madre, tendrás que ir a verla en persona. .Edia .P Aquello me apesadumbró. Mi abuelo no parecía darle mucha importancia al asunto, pero el hecho de que Madre estuviera tan pendiente de mí me afectaba. Y también lo hacía la mera idea de regresar a la isla de Taey. .D .Bdia ¿Qué tal está? .Edia pregunté con el entrecejo fruncido. .D .Bdia ¿Mériza? Igual que siempre. Como una peonza que gira y se para cuando quiere. Si vas, dale los buenos días de mi parte. .Edia .P Tragué saliva. .D .Bdia ¿Y Padre? .Edia .D .Bdia Ah… .Edia reflexionó él. .Bdia Mi hijo está muy ocupado. Me temo que tiene demasiadas ideas en mente. .Edia .P Lo observé con atención. ¿Se habría ensombrecido o era sólo mi imaginación? Mi abuelo torció los labios, pensativo. .D .Bdia Supongo que si no me preguntas por tu hermano es porque ya te lo has encontrado. Me alegro. Nos veremos pronto, probablemente. Ahora, será mejor que siga trabajando. Por cierto, gracias por la ayuda, .Edia dijo, alzando los mapas que le había dado. .D .Bdia Abuelo, .Edia le solté cuando me dio la espalda. Quería preguntarle si de verdad el Sello se había alterado tanto como para llenar la isla de miasma, pero no podía hacerlo con tanta gente alrededor susceptible de oírnos. Así que me contenté con decir: .Bdia Todavía no voy a regresar a casa. Le escribiré a Madre. .Edia .P No le vi la expresión, pero creí percibir un deje entretenido cuando Nalem Arsim contestó: .D .Bdia Eres libre de hacer lo que quieras. .Edia .P Mar-háï, mascullé interiormente. ¿Se estaría riendo de mí? Como para confirmármelo, lo oí añadir: .D .Bdia No es fácil ser su hijo predilecto, ¿eh? .Edia .P Aquello me arrancó una expresión exasperada que él no vio, pero que sin duda vieron los cartógrafos. Me contenté con resoplar de lado, darle la espalda a mi vez y alejarme por la animada plaza. .Bpenso Abuelo… Y para ti es fácil mantenerte lejos de la isla y de Madre todo lo que quieres, ¿verdad? Todo el mundo te encarga trabajos, dirás… Lo siento pero tu excusa no es mejor que la mía. .Epenso .P Mientras me dirigía de vuelta hacia la taberna donde había dejado a los demás, le eché otro vistazo a la carta de mi madre y observé de nuevo las líneas desvaídas e ilegibles antes de destruirla por completo. No valía ni para reutilizar el papel: estaba ya a mitad desmigajado. .D .Bdia ¡Drey! .Edia me llamó Orih, desde la terraza de la taberna. Esta se encontraba en altura con respecto a la plaza. Mientras subía los peldaños, oí decir a la mirol: .Bdia Lo hemos visto todo. Ese tipo con el que has hablado… Yánika dice que no recuerda haberlo visto nunca, pero lleva el mismo tatuaje en el rostro, ¿verdad? .Edia .P Conque lo habían visto todo, ¿eh? Dejé caer mi mochila y me senté a la mesa con ellos confirmando: .D .Bdia Así es. Ese es nuestro abuelo, Nalem Arsim Arunaeh. Lo han contratado antes que a mí, con lo que no tenemos nada que hacer aquí. .Edia .P Mis ojos se agrandaron como los de los demás pero por otras razones: acababa de fijarme en el plato de zorfos en medio de la mesa. Las bayas rojas brillaban bajo la luz de las linternas… .D .Bdia ¿Cómo que no tenemos nada que hacer aquí? .Edia protestó Orih. .Bdia ¿No te pueden contratar a ti también? .Edia .P Atrapé un puñado de zorfos y me comí uno negando con la cabeza. .D .Bdia Ya-náï. Le he dicho dónde se había bloqueado el río. Él es el mejor destructor que conozco: hará bien su trabajo. .Edia .D .Bdia ¿Y eso es todo? .Edia exclamó Orih. .P Sus grandes orejas de mirol se alzaban, incrédulas. Sus ojos de fuego echaban relámpagos. La miré, sorprendido. .D .Bdia Ya sé que hemos hecho el viaje para nada pero… .Edia .D .Bdia Tu abuelo será un destructor excelente, pero yo he venido a ayudar. No me importa si me contratan o no: iré a desbloquear el río. .Edia .D .Bdia ¿Con una nueva explosión? .Edia me burlé con la boca llena de zorfos. .Bdia Acabarías destrozando todos los Pueblos del Agua… .Edia .D .Bdia ¡No bromeo! .Edia me avisó Orih. .Bdia ¿O sea que porque tu abuelo interviene tú ya decides dejárselo todo en sus manos? ¿No serás vago simplemente? .Edia .P Tragué los zorfos, intercambié una mirada fastidiada con Saoko y dije pausadamente: .D .Bdia Estoy siendo práctico, nada más. Como dicen, dos personas tensando la cuerda de un mismo arco son demasiadas. Créeme: en el momento en que he visto que mi abuelo iba a encargarse de esto, no me he vuelto a preocupar por esta ciudad. Él ha sido contratado antes: si te interpones en su camino después de haber sido avisada, es tu problema, Orih Hissa. .Edia .P La mirol me observaba fijamente. Cuando callé, se giró hacia Yánika comentando: .D .Bdia Tu hermano a veces es frío como una piedra. .Edia .P Yánika sonrió. Suspiré. .D .Bdia ¿Y eso a qué viene? .Edia .P Sin contestar, Orih se agarró el casco con orejas de gato ladeando la cabeza, asintió para sí con un ruido gutural y se levantó con ligereza, decidida. .D .Bdia ¡Está bien! Olvidemos el río Espiral, ya que confías tanto en tu abuelo. Pero yo no vuelvo a Firasa ahora. El viaje nos ha costado un ojo de la cara. Quiero ver los Pueblos del Agua. ¿Está lejos el mar de Afáh? .Edia .P Inspiré, sobrecogido. ¿Ahora quería hacer turismo? .D .Bdia Er… .Edia meditó Yani igual de sorprendida. .Bdia El Afáh está a unos tres días de marcha de aquí. A menos que cojas el teleférico hasta Kozera… .Edia .D .Bdia Seguro que también cuesta un ojo de la cara, .Edia resopló Orih. Sus ojos centellearon con una nueva idea. .Bdia ¿Y Donaportela? Loy dice que tiene una biblioteca aún más impresionante que la de Trasta, ¿es cierto? Y además eso no está tan lejos, ¿no? .Edia .D .Bdia No lo estaría si se pudiese tomar el canal, .Edia dije. .Bdia Pero, como están las cosas, ya no hay río, ya no hay agua. Aunque una vez en Serasel, se puede tomar un barco hasta Donaportela por el lago Raz. Nosotros subimos todo en dos días hasta Ámbarlain, ¿verdad, Yani? Para la bajada debe de ser parecido ahora, sin la vía del canal. Pero, Orih, si lo que quieres ver es la Biblioteca de la Academia, te aviso: sólo la podrás ver de fuera. No se permite entrar sin una tarjeta especial. .Edia .D .Bdia ¡No! .Edia se desilusionó Orih. .Bdia ¿No se puede entrar? .Edia .D .Bdia Sólo a la sección básica. ¿La biblioteca de Trasta no es igual? .Edia me sorprendí. .P Orih se ruborizó levemente. .D .Bdia No lo sé, .Edia admitió. .Bdia Nunca he ido a Trasta. ¡Soy montaraz! A mí las ciudades… .Edia .D .Bdia ¿Entonces por qué quieres ir a Donaportela? .Edia resoplé. .P Tenía otra vez la boca llena de zorfos y Yánika sofocó una risa. Orih se dejó caer de nuevo en su silla, desanimada. .D .Bdia Yo… No quiero volver a Firasa ahora. .Edia .P Su confesión no me aclaró gran cosa, pero me ayudó a tomar una decisión. Tragué las bayas y me bajé para rebuscar en mi mochila. Saqué papel y tinta y, bajo la mirada interrogante de Orih, expliqué: .D .Bdia Será mejor que le avisemos a Zélif. Así al menos no se preocupará de si te ha arrastrado el río Espiral y sabrá que simplemente te has ido a hacer turismo. .Edia .P Me puse a escribir y, tras una pausa suspensa, Orih protestó: .D .Bdia ¡Turismo no es! Vamos a investigar sobre los dokohis. .Edia .P Su idea me arrancó una risa. .D .Bdia ¿En la Biblioteca de Donaportela? .Edia .D .Bdia En toda Donaportela. .Edia .P Nada menos. Intercambié una mirada elocuente con Yanika y, estirándome con las manos detrás de la cabeza, dejé escapar: .D .Bdia Yo ya no me meto. .Edia .P Yanika aclaró: .D .Bdia Donaportela es la mayor ciudad de los Pueblos del Agua. Ni Dágovil es tan grande. Investigar en todos los barrios es tarea imposible… .Edia .D .Bdia Entonces haremos lo que podamos, .Edia afirmó Orih, positiva. Alzó un índice. .Bdia Sólo tenemos que seguir un plan. .Edia .P Si lo hubiese dicho Zélif, habría sonado convincente, pero ella… Le pasé el papel y la tinta y agarré otro puñado de zorfos diciendo: .D .Bdia Explícaselo entonces. .Edia .P La puse en un aprieto, pero no se acobardó. Tomó la pluma, la untó y la mantuvo en suspensión sobre el papel… Una gran mancha de tinta vino a borrar una palabra que yo ya había escrito explicando la intervención de mi abuelo. Se mordió un labio y yo puse los ojos en blanco. .D .Bdia No voy a darte otra hoja, Orih. Y no pongas la pluma encima si no sabes todavía lo que vas a escribir. Te evitará emborronar lo que ya he escrito. .Edia .D .Bdia Mmpf. Pues tú la has pringado ya con el jugo de los zorfos, ¿no lo ves? .Edia me lanzó como réplica. Tenía razón… La mirol me enseñó sus dientes afilados. .Bdia Ver la paja en el ojo ajeno, como dicen… Bah. Y ahora necesito silencio. .Edia .P Resoplé. El aura divertida de Yánika me hizo levantar los ojos hacia las lejanas estalactitas. Me metí otros dos zorfos en la boca y masqué, pensativo. Le había dicho a mi abuelo que le escribiría una carta a Madre… Era el momento ideal para hacerlo. Pero… ¿qué podía decirle? .P La inspiración venía escribiendo, así que saqué otra hoja, le tomé prestada la pluma a Yánika y me centré. Al de unos minutos, no había escrito nada más que «Querida Madre». Cuando me oyó suspirar, Yani preguntó: .D .Bdia ¿A quién estás escribiendo, hermano? .Edia .D .Bdia Mmpf. A Madre. Le dije al Abuelo que lo haría. Pero no sé qué decirle. .Edia .P Yánika debía de sospecharlo porque no se sorprendió. .D .Bdia ¿Por qué no le preguntas qué tal está? .Edia propuso. .P Parpadeé. .D .Bdia Cierto. .Edia .P El aura de Yánika se llenó de burla. Casi la oí decirme: ¿en serio no habías pensado ni en algo tan sencillo? Incómodo, bajé la mirada hacia la carta… .D .Bdia También le puedes decir algo sobre nuestra vida con los Ragasakis, .Edia meditó Yani. .Bdia Algo alegre. Yo siempre le contaba cosas alegres del Templo. .Edia .P Es verdad. Yánika tal vez no había vuelto a ver a Madre desde que había abandonado la isla al de un año de nacer, pero era la que más hojas añadía a la carta mensual que mandábamos a Taey desde el Templo. Y en ellas le contaba cualquier cosa. Lo sabía porque, cuando todavía no sabía escribir, me las dictaba. .D .Bdia Es verdad que las cartas que le escribías eran graciosas, .Edia reflexioné. Y sabía que a Madre le gustaba leerlas. Me crucé con su mirada tranquila y le dediqué una ancha sonrisa antes de pasarle la hoja y la pluma. .Bdia Tú puedes, hermana. .Edia .P Su aura apenas se turbó, pero sus ojos negros me contemplaron con viva burla cuando replicó: .D .Bdia Orih tiene razón: eres un vago. .Edia .D .Bdia No es eso, .Edia protesté. .Bdia Seguro que Madre está contenta de recibir una carta que diga más que ‘Querida Madre’. .Edia .D .Bdia En realidad, eres un aprovechador, .Edia terció Orih mientras ponía un punto en su propia carta. Tendió su otra mano hacia el plato de zorfos y agrandó los ojos al constatar que estaba vacío. .Bdia ¡Y un glotón! ¿Te los has comido todos? .Edia .P Su tono se había convertido en una quejido triste y aquello me afectó más que si me hubiese gritado encima. .D .Bdia Yo… Esto… ¡El último zorfo se lo ha comido Saoko! .Edia .P El drow me fulminó con sus ojos rojos. .D .Bdia Y los treinta anteúltimos te los has comido tú. .Edia .P Huh. Hubo un silencio. Eché un vistazo hacia la plaza. Empezaba a vaciarse de gente… .D .Bdia No lo niego, .Edia confesé. .D .Bdia ¡Encima! .Edia gruñó Orih, y me puso su carta delante. .Bdia Haz algo útil, reléete esto y encárgate de cerrar la carta, roca fría, glotona, vaga y apovechadora. .Edia .P Tanto apelativo me arrancó un mohín pero hice lo que pedía y releí lo que había escrito: .Blecture ¡Hola, Zélif! Aquí Orih Hissa. Se me ha ocurrido que podemos aprovechar y buscar cosas sobre los dokohis, ya que el abuelo de Drey se encarga de todo… .Electure Hice esfuerzos para reprimir una carcajada incrédula. Buscar cosas, ¿qué cosas? Y qué suerte que mi abuelo se encargara de .Sm todo … Continué: .Blecture Es posible que vayamos a Donaportela. .Electure ¡Es posible! Mi corazón dio un bote trémulo, sofocando las carcajadas. ¿Ese era el plan que quería enseñar a la líder de los Ragasakis? .Blecture Hay mucha gente que vive ahí, podríamos encontrar algo interesante en la biblioteca u otros sitios. Y si no, pues volveremos y estaremos en las mismas. Pero no se pierde nada por intentarlo. .Electure No lo aguanté más: me eché a reír. .D .Bdia ¡Jajajaja…! .Edia me atraganté. Su manera de escribir rompía tanto mis esquemas de carta que no podía evitar mis carcajadas. .P Tan sólo cuando pillé el aura de reproche de Yánika me calmé lo suficiente para seguir leyendo. Orih acababa así: .Blecture Espero que todos estéis bien. Nosotros ahora estamos en una taberna de Ámbarlain y yo con ánimo de ver más. Es muy extraño no saber cuándo es de día o de noche, pero seguro que voy a ver muchas cosas que me impresionen y maravillen todavía más que esta caverna. De todos modos, no os preocupéis: la reliquia de mi pueblo que me dio el abuelo Dalorio me protege. ¡Os quiero! .Electure .P Una vez acostumbrado a su estilo caótico, casi sonaba más simpático, pensé con una sonrisa. Me fijé entonces en la mirada brillante de Orih y me turbé. Un momento… ¿no iría a ponerse a llorar por mi reacción, verdad? .D .Bdia Esto… er… Está perfecto, .Edia me apresuré a decir. .P Su expresión cambió totalmente, aliviada. .D .Bdia ¿En serio? .Edia .P Mi sonrisa se ensanchó un poco más de lo esperado. .D .Bdia Sí. .Edia .P Cogí la pluma y tan sólo añadí un: .Blecture P.D. de Drey: Juro por Sheyra y Tokura que Orih Hissa volverá sana y salva de su vuelta turística. .Electure .P Apenas dibujé el punto, Orih Hissa me echó la bronca y quiso borrar la frase. Tachando la última palabra, la reemplacé por «exótica», y luego por «heroica». Para sorpresa mía, Saoko golpeó la mesa con el puño. .D .Bdia Ya basta de garabatos. ¿Sois idiotas? .Edia .P Su intervención nos dejó callados. Cuando vi a Orih sellar la carta tal cual, reprimí mal la vergüenza al imaginarme a Zélif viendo las palabras tachadas… pero Saoko tenía razón, no merecía la pena perder más tiempo con eso. Le eché un vistazo a Yani: mi hermana estaba absorta en la carta para Madre y apenas nos hacía caso. .D .Bdia Por cierto, .Edia dije, girándome hacia Saoko. .Bdia Recuerdo el papel que me dejaste aquella noche en .Sm -t nomlieu La Calandria . ¿Aprendiste a escribir en… tu pueblo? .Edia .P No me atreví a decir «Brassaria». Orih y Yánika ignoraban que el drow provenía de una zona condenada de los Subterráneos y no sabía si este deseaba que se supiera. Al fin y al cabo, los que vivían en esa zona habían sido criminales fuera de esta… y aunque él hubiera nacido ahí, dudaba de que fuera buena idea alardear de ello. .P Saoko había fruncido el ceño. .D .Bdia No. Me enseñó Lústogan. .Edia .P Aquello me dejó sin aliento. ¡¿Lústogan le había enseñado a escribir?! Imposible. Ni siquiera conmigo había tenido la paciencia de enseñar algo tan básico. Resoplé. .D .Bdia ¿Seguro que no te equivocas de persona? Lústogan jamás haría algo así. .Edia .P Saoko frunció aún más el ceño. .D .Bdia Mmpf. ¿Tan mala opinión tienes de tu hermano? En fin, poco me importa. ¿Vamos a quedarnos aquí sentados mucho tiempo? .Edia .P Lo observé con curiosidad. ¿Qué era lo que había visto Lústogan en él para que, además de salvarle la vida, le enseñase a escribir? ¿Podía ser que Lústogan tuviera algo pensado? ¿Que lo hubiera formado por algún motivo? Hasta ahora, y para gran pesar de los aprendices del Templo del Viento, Lústogan nunca había aceptado tener más que a un único alumno: yo. Esos tres años… ¿qué diablos había estado haciendo Lústogan aparte de buscar la fuente del Sello? .D .Bdia Listo, .Edia dijo de pronto Yánika poniendo un punto a su carta y sellándola. .D .Bdia ¿No puedo leerla? .Edia pregunté. .D .Bdia ¿Para que te rías como lo has hecho con la carta de Orih? .Edia replicó con una sonrisa ladina. .Bdia Ni hablar, hermano. .Edia .P Attah… No era culpa mía si las frases de Orih me habían tomado por sorpresa. Suspiré. .Bpenso Supongo que nunca en mi vida he escrito una carta informal de verdad… .Epenso .P Me levanté con agilidad. .D .Bdia ¡Bueno! Entonces vayamos a la oficina de correos y pongámonos en marcha. .Edia .P En marcha para la vuelta turística, añadí para mis adentros con una sonrisilla mental. .Ch "Donaportela" .\" 26/05/2019 .Bcita Hay un dicho entre los comerciantes de los Subterráneos: el que viaja solo se pierde para siempre en las tinieblas. .Ecita .autor-cita Yánika Arunaeh .salto .D .Bdia ¡Viajeros al bote, viajeros al bote! .Edia gritaba uno de los barqueros. .P Los pocos pasajeros que quedaban en el muelle se apresuraron a subir. Nosotros ya estábamos a bordo, instalados en un banco entre dos postes. Orih observaba la barcaza con interés. .D .Bdia Ahora que lo pienso, .Edia dijo, .Bdia es lógico que la barcaza no tenga toldo. Aquí no llueve. Pero, entonces, ¿por qué las casas de Ámbarlain y Serasel sí que tienen techo? .Edia .D .Bdia Por la caída de estalactitas, por la privacidad y contaminación acústica… No sólo se tienen techos por la lluvia, .Edia razoné. .P La mirol me miraba con extrañeza. .D .Bdia Contaminación acústica, .Edia repitió. .Bdia ¿En serio me hablas con palabras tan raras? .Edia .P Sonreí. .D .Bdia En los Subterráneos, es un asunto importante. La gente también lo llama nivel de ruidosidad. Cambia según los sitios, el tipo de roca, su forma… E influye bastante en el precio de los terrenos residenciales. .Edia .D .Bdia Ya veo, .Edia meditó Orih, cogiéndose la barbilla. .D .Bdia Por eso la rocaleón es tan preciada a pesar de ser tan común, .Edia añadí. .Bdia No solamente renueva el oxígeno en el aire: también impide la reverberación del sonido. .Edia .D .Bdia La reverberación, .Edia repitió Orih. .Bdia Ya veo. .Edia .P Por su tono de voz, tuve mis dudas, pero no preguntó más, así que la dejé en sus meditaciones y me recosté contra el banco. La barcaza era notablemente menos cómoda que la que habíamos cogido Yánika y yo a la ida… Pero como a Orih le parecía un despilfarro pagar más por estar un poco más cómodo, habíamos cogido esta. A mí, a decir verdad, me daba igual y Yánika aseguró que a ella también le parecía un derroche y que no necesitaba que la atendieran con un zumo de zorfo y una sonrisa falsa como había pasado a la ida… A veces me preguntaba por qué la había tratado como a una princesa llevándola a buenas tabernas y albergues, si era para que me dijera eso luego. Podría habérmelo dicho antes. En cuanto a Saoko, no le preguntamos su opinión, eso sólo lo habría fastidiado. .P La barcaza ya se alejaba del puerto de Serasel. Llevábamos dos ciclos viajando. Es decir, dos días. Primero habíamos empezado andando hasta la aldea de Artiva, siguiendo un camino abarrotado de gente evacuada. Diligencias, carruajes, animales… El caos generado le había despertado la vena de culpa a Orih y se había pasado la mitad de un ciclo ayudando a una familia de pastores de gacelas blancas. O, más bien, .Sm nos habíamos pasado, puesto que los cuatro habíamos ayudado a cargar con sacos y a mantener a las gacelas juntas y, como agradecimiento, una vez en Artiva, la familia nos había invitado a comer y a beber una riquísima leche de gacela blanca. Y, de paso, Orih se había encariñado con la gacela más pequeña. Cuando el padre de la familia me preguntó, sonriente, si el tatuaje que tenía era de algún gremio de warís samaritanos, realmente no supe qué contestarle. De haberles dicho que era un Arunaeh, lo habrían tomado por una broma. Y es que ¿qué Arunaeh se hubiera parado a echarles una mano? Mar-háï. Ni se me habría ocurrido a mí. .Sm -t penso Aun así , pensé, posando los ojos sobre el agua llana y oscura del lago. .Bpenso Fue divertido. .Epenso .P El camino de Artiva a Serasel había sido más tranquilo y ahora dejábamos la villa portuaria rumbo a Donaportela. El viaje se anunciaba monótono, sereno y silencioso. Y, al contrario que la otra compañía más cara, aquella barcaza tardaría unas cuantas horas más en llegar. .P Tras observar una nube de kérejats que revoloteaba no muy lejos iluminando la oscuridad, saqué un libro de mi mochila y me puse a leer. Se titulaba .Sm -t titulo La increíble leyenda de un saijit ordinario . De Sirigasa Moa. Después de haberle oído decir al vampiro con gafas, Waïspo, que se había leído todos sus libros, me habían entrado ganas de leer alguno más y se lo había tomado prestado a Loy antes de partir. .P Llevaba tal vez tres horas leyendo cuando se me empezaron a cerrar los ojos. El chapoteo del agua contra la madera me adormecía y, finalmente, pese a la incómoda posición, me quedé dormido. .P En mi sueño, había un dragón de tierra arrastrándose entre la roca mientras mascaba pacientemente. Yo lo veía de muy cerca, pero no estaba ahí. Era como si me hubiese convertido en la roca que estaba comiendo. Como si, de tanto haber destruido roca, me hubiese transformado en una. ¿Era acaso posible? Alguien de la familia decía que Lústogan era una roca, al fin y al cabo. Y Orih decía que yo era una roca fría… .P De pronto, el dragón de tierra se durmió y, sobre él, vino a sentarse una silueta borrosa y oscura con una máscara blanca que me turbó de inmediato. La contemplé un buen rato, en silencio, antes de que ella dijera: .P .Bdm ¿Así que eres una roca? .Edm .P Asentí mentalmente. Era evidente: me sentía como una roca y el dragón de tierra me había estado comiendo. .P .Bdm No, .Edm rectifiqué entonces. .Bdm Soy todas las rocas. .Edm .P Era difícil abarcar algo tan grande como ser toda la roca de Háreka, pero en ese momento pensaba poder hacerlo… Era una roca valiente. El pensamiento me arrancó una sonrisa, pero enseguida me sentí menos alegre cuando vi cómo la silueta enmascarada se transformaba en una enorme roca. Caía. Una roca también podía estropearse con otra. Pero yo no estaba en su camino. Yo estaba un poco más lejos, ¿verdad? Sin embargo, había alguien debajo de la roca que caía. El dragón había desaparecido. Ahora… estaba Yánika. .P El horror me invadió. Pero no podía moverme: era una roca. No podía hacer nada… .P De pronto, me fijé en que Lústogan estaba junto a mí. Miraba la escena sin moverse y yo le grité: .P .Bdm ¡Sálvala! ¡Hermano, salva a nuestra hermana! .Edm .P Lústogan replicaba con calma: .P .Bdm ¿Qué hermana? .Edm Marcó una pausa y giró sus ojos azules hacia mí. .Bdm Tú puedes destruir esa roca, Drey. ¿Te crees acaso débil? La fuerza mental premia sobre todas. .Edm .P Apenas acabó su frase, la roca se empotró contra el suelo en un estruendo. ¡Demasiado tarde! Fui presa del terror y la desesperanza. Desde mi triste inmovilidad me desgañité: .P .Bdm ¡YÁNIKA! .Edm .P Desperté de golpe con el Datsu desatado. En la barcaza, reinaba el horror. .D .Bdia ¡Yani, Yani, despierta! ¿Estás despierta? .Edia decía Orih, presa del pánico. .P La gente, en los bancos, o se acurrucaba muda y temblorosa o gritaba. Algunos incluso se habían tirado al agua. Eso no era normal, razoné. ¿Por qué se tiraban? No había ningún peligro visible a bordo. .D .Bdia ¡Drey! .Edia gritó Orih, agarrándome de la manga. .Bdia Ayuda, Yani está… .Edia .P Su voz se hizo tan aguda que ya no le salían las palabras. Su frente estaba empapada de sudor. Sus ojos desorbitados. Se apartó de mí vivamente. Revisé mi memoria y asentí para mí observando las acciones irracionales de los pasajeros. Yánika estaba provocando eso. No acababa de entender muy bien el «eso», pero los hechos eran innegables. .P Constaté sin entenderlo que mi cuerpo se había levantado. Me acerqué a la borda. .D .Bdia ¡No, Drey! .Edia exclamó Orih. .Bdia S-se va a tirar, Saoko, ¡se va a tirar al agua!, se ha vuelto loco, ¿ha-has visto sus ojos? .Edia .D .Bdia Qué fastidio, .Edia espiró Saoko en un tono particularmente apagado. .P Contemplé las aguas oscuras del lago y mis labios se curvaron en una sonrisa. .D .Bdia ¿Ha funcionado? .Edia murmuré. .P No supe por qué dije eso. Era como si otra persona estuviera hablando por mí. .P El barco dio un brusco bandazo y alguien chocó contra mí. Mis brazos se movieron solos, empujándolo sin mirarlo, se detuvieron en seco y temblaron. Entonces, algo cambió en el aire. No supe determinar el qué, pero entendí que no estaba actuando como normalmente. Y esa era una razón suficiente para pararme a analizar la situación. .P Girándome, vi a Yánika abrir los ojos… y abrirlos aún más al constatar lo que había hecho. .D .Bdia Her… ma… no, .Edia murmuró. .P Algo sentía. Sí, algo sentía, pero ¿acaso era importante? ¿De dónde me venía esa idea de que me estaba perdiendo algo esencial para entender la escena? .D .Bdia ¡Hermano! .Edia gritó de pronto Yánika. .P La pequeña kadaelfa de trenzas rosas se levantó y se precipitó en mis brazos, abrazándome con fuerza. .D .Bdia Hermano, ¿qué he hecho? ¿Por qué no me has detenido? ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho…? .Edia .P Me miró entonces a los ojos. Los suyos estaban anegados de lágrimas. Y, cuando me vio el rostro, se agrandaron como platos. .D .Bdia ¿Qué ocurre, hermana? .Edia dije. .Bdia ¿Por qué lloras? .Edia .P Mi razón me decía que, si lloraba, significaba que algo iba mal. Parecía confirmarlo el hecho de que los pasajeros del barco no actuaban normalmente. Entonces, Yánika se enjugó las lágrimas y su rostro se cerró. .D .Bdia Estoy bien, .Edia murmuró. .Bdia Estoy bien. Hermano, todo va bien. Me vas a… alquilar una casa bonita con flores en la Superficie. Bajo el sol y las estrellas. Me gusta cuando me cuentas historias. Y sé que tú confías en mí. Soy fuerte, hermano, ¿verdad? Soy fuerte… .Edia .P A partir de lo de la casa, creo, mi Datsu había comenzado a atarse y sentí su creciente forzada tranquilidad y su menguante horror. Subsistía su tristeza. Pero la mía, creo, era aún mayor. Ahora lo entendía todo. Yánika había tenido una pesadilla, había afectado las mentes de todos, había aterrado a todos… y al fin todo volvía a ser normal, los barqueros se apresuraban a recuperar a los pasajeros caídos al agua y los demás hablaban entre ellos, preguntando qué diablos había pasado, o callaban, aún bajo el efecto de la tensión… Y yo, en todo eso, yo era el único que no había sentido nada. Incluso había tenido el mal gusto de sonreír a saber por qué. .D .Bdia Yánika, .Edia balbuceé. .P Su alivio al verme otra vez normal era obvio. Pero su aura seguía algo turbada pese a sus esfuerzos por reprimirla. La rodeé con un brazo y me fijé en la mirada impactada de Orih, clavada sobre nosotros. Saoko, él, no se había movido de sitio, pero aún tenía un puño sobre el pomo de su cimitarra como si su arma pudiera protegerlo del aura. Por suerte, los demás pasajeros no parecían haber entendido cuál era la fuente de todos sus males. Empujé suavemente a Yani y nos sentamos de nuevo en el banco. .D .Bdia Drey… .Edia murmuró Orih tras un silencio. .Bdia ¿Por qué no has hecho nada? ¿Qué demonios estabas haciendo? .Edia .P Le eché una mirada fulminante. .D .Bdia Silencio. No hablemos de esto. Yani, juguemos a la batalla rocal. .Edia .P Saqué el pequeño tablero con las fichas. El juego era sencillo y consistía en acabar con las rocas de su adversario; era el juego ideal para cambiarle las ideas a Yánika. Orih debió de entender pues no insistió, pero no dejé de sentir sus miradas de reproche. Al de un rato, pasaron los barqueros a preguntar si todo iba bien a cada pasajero. Un muchacho rubio sentado un poco más lejos aseguró: .D .Bdia Estoy bien. Algo me ha golpeado, me he caído y he tenido como una visión… Esto ha sido muy raro. ¿Qué creéis que ha podido ser? .Edia .D .Bdia No lo sabemos, .Edia confesó uno de los barqueros. .Bdia Algunos hablan de la Ensoñadora del lago… Otros dicen que podría haber sido la Sirena del Desastre. Se dice que después de haber desaparecido del mar de Afáh hace cincuenta años, reapareció en el Lago Raz hace poco. .Edia .D .Bdia ¿La Sirena… del Desastre? .Edia murmuró el muchacho rubio. Parecía más interesado que asustado. .Bdia ¿Existe? .Edia .D .Bdia ¡Cuentos de viejas! .Edia replicó un monje apoyado en la borda con desparpajo. .Bdia La Sirena del Desastre es una leyenda pagana. Es la gran Ohawura la que nos ha hecho temblar así, ignorantes. Una vez en Donaportela, sacrificaré un vaso de sangre por Ella. ¡Que los que quieren obtener su protección hagan lo mismo! .Edia .P Su rostro tétrico, atravesado verticalmente por la flecha tatuada de Ohawura, estaba lleno de fervor, probablemente causado por un intento de acabar con la tensión. Puse los ojos en blanco. Los veneradores de Ohawura eran famosos por sus discursos sangrientos y oscuros. Al fin y al cabo, Ohawura era la diosa warí de la Sangre y les pedía a sus fieles sacrificios bastante asquerosos. .P Tras sus palabras, intervino un comerciante con el tatuaje de Latarag, dios de la Luz, la Voluntad y la Acción, arguyendo que aquello no era más que una intervención de Latarag para recordarnos lo importante que era mantenerse firme. A partir de ahí, se animaron otros a sacar sus divinidades favoritas y el ambiente se fue aligerando y llenando de bromas. Suspiré y me concentré de nuevo en la batalla rocal. Era curioso ver cómo la gente se echaba a hablar entre sí sin reservas cuando ocurría un incidente inusual. .P .Bpenso ¿Lo ves, Yani? Tu poder también trae cosas buenas, .Epenso pensé. .P Pero no me atrevía a hablarle de ello. No ahora que mi hermana dedicaba tantos esfuerzos para pensar sólo en las fichas de la batalla rocal. Incluso si, por dentro, sabía que ambos estábamos sintiéndonos culpables. Y ella probablemente más que yo, pues no tenía Datsu. No era como yo. Ahora que lo pensaba, mi pesadilla había sido muy posiblemente influenciada por el aura de Yánika. No era la primera vez que sucedía… pero sí la primera vez que nos pillaba en una barcaza con un montón de gente encima. Hubiera podido ser peor, me dije. No se había ahogado nadie. Moví una ficha y fruncí el ceño. Sea como sea, aquella pesadilla había sido extrañamente nítida, en particular las palabras de Lústogan. Mi hermano tenía la mala manía de aparecer en mis pesadillas, pero hasta ahora jamás había recordado sus palabras con tanta exactitud. Mar-háï… ¿Tanto lo temía? Era mi hermano, pero también era mi maestro, el hombre que me había enseñado un modo de vida, un modo de pensar, un modo de ver el mundo, el hombre que me había entrenado despiadadamente para convertirme en un gran destructor… .P Y también era el hombre que había prometido separarme de Yánika si esta me causaba algún daño. .P Deseché el pensamiento. Sabía que Yánika era muy sensible a mi estado de ánimo y ese no era el momento para preocuparla aún más. Acabé destrozándole todas las rocas de su lado y dije: .D .Bdia ¿Quieres que te lea el libro de Moa? .Edia .D .Bdia ¿Qué cuenta? .Edia .D .Bdia La vida de un domador de gatos salvajes que se va de viaje con un tigre de las nieves en busca del clan de este. .Edia .P Yánika mostró interés. .D .Bdia ¿El tigre habla? .Edia .P Sonreí, recogiendo el libro y abriéndolo. .D .Bdia Por supuesto. Pero por vía mental. .Edia .P Me puse a leérselo desde el principio y al de un rato me alegró comprobar que el aura de Yánika estaba sosegada y embebida. Cuando me di cuenta de que Orih también escuchaba con cara totalmente embelesada, recordé con diversión que Orih Hissa tenía una verdadera pasión por los felinos, al igual que el protagonista del libro. Debía de sentirse identificada. .P Poco después de comer, cuando mi anillo de Nashtag cobraba un color verde fosforescente, rodeamos al fin una enorme columna que se hundía en el lago y avistamos las luces de Donaportela. .P La vista era hermosa. Las aguas del lago, negras como la tinta, apenas reflejaban la luz de las miles de linternas que iluminaban las empinadas calles de la parte alta de la ciudad. .D .Bdia Es enorme, .Edia murmuró Orih. Sus ojos naranjas centelleaban como dos linternas, arrobados. .P Me levanté a mi vez cerrando el libro. .D .Bdia Y esa es sólo la parte que ves. La mayoría de la gente vive en galerías interiores. Algunos la llaman la Ciudad Laberinto. Pero, créeme, las calles interiores son muy amplias y hay grandes plazas. Es un lugar agradable. La única parte realmente claustrofóbica es el Barrio Faingal. Como ahí sólo viven faingals y hobbits, piden túneles más pequeños para que no se les metan otros saijits. .Edia .D .Bdia Astuto, .Edia dijo Orih poniendo los ojos en blanco. .Bdia Y, Drey, ¿ese gran edificio sobre el acantilado? ¿Es el Consejo? .Edia .D .Bdia No, esa es la Biblioteca. .Edia La mirol abrió mucho los ojos. Me apoyé contra la borda de la barcaza, agregando: .Bdia Bonita, ¿eh? La Academia Celmista es lo que hay justo al lado. Donaportela es como una madeja de telarañas. Y lo digo en todos los sentidos. Su administración es tan complicada que hasta los secretarios se pierden. Por eso también hacen la vista gorda cuando les viene en gana. Es una ciudad algo caótica, pero tal vez por eso la gente es más abierta que en Dágovil. Lo cual no es difícil, es cierto. Tranquila, estoy seguro de que te gustará el ambiente, .Edia aseguré ante la mirada interrogante de Orih. .D .Bdia Sin duda, .Edia sonrió ella, optimista. .D .Bdia Disculpad, .Edia intervino una voz. .Bdia Pero no he podido evitar escuchar. ¿Vais a la Biblioteca de la Academia? .Edia .P El muchacho rubio de antes estaba apoyado en la borda apenas dos metros más lejos. Lo miré de arriba abajo. Quitando su bufanda roja, llevaba una túnica larga sencilla de aprendiz de algún santuario. No tenía ningún tatuaje, pero su colgante en forma de cuadrado con bordes cóncavos y una estrella en medio me informó de su proveniencia: probablemente viniese de una Escuela Sabia donde se le rendía culto a Tatako, el dios de la Escritura y de la Historia. Antes de que me decidiera a contestarle, Orih lo hizo: .D .Bdia ¡Sólo iremos a la sección básica! No tenemos tarjeta. .Edia .D .Bdia ¿Tarjeta? .Edia repitió el muchacho. .Bdia Oh. Sí. Claro. Tarjeta. Qué lástima. .Edia .P No dijo nada más y nos dio a medias la espalda para seguir contemplando las luces de la ciudad. Intercambié una mirada con Orih, nos encogimos de hombros y regresamos al banco a recoger nuestras mochilas. Unos minutos después, estábamos desembarcando. Orih brincó hasta la tierra firme y dio una vuelta sobre sí misma, radiante. .D .Bdia ¡Drey, Yani! ¡Cuento con vosotros para enseñarme todo lo interesante! ¿Hay muchos gatos por aquí? .Edia preguntó mientras nos poníamos en marcha. .D .Bdia Algunos, .Edia dijo Yánika. .Bdia Pero no todos son cariñosos. Hay que saber reconocerlos. .Edia .D .Bdia ¡Tranquila! Conmigo, no hay ninguno que se resista, .Edia afirmó la mirol animadamente. .P Mientras subíamos por una amplia avenida, se detuvo ante una tienda de jarrones, maravillada, y Yánika y yo intercambiamos una sonrisa divertida. Unos metros detrás de nosotros, Saoko se aburría mortalmente. Caminaba con cierta pesadez, casi como si se hubiera mareado. ¿Era acaso posible marearse en un lago? .D .Bdia Hermano, .Edia dijo entonces Yánika en un murmullo. .P Su aura, más que tristeza, destilaba cansancio. Me ensombrecí, entendiendo en qué estaba pensando. .D .Bdia Las cosas son como son, Yani. Todo el mundo tiene pesadillas. Incluso tú. .Edia .D .Bdia Lo sé… .Edia .P Hubo un silencio. Orih contemplaba ahora una tienda de imágenes fijas y entró, seguramente a ver si tenían imágenes de gatos. .D .Bdia ¿Sabes con qué he soñado? .Edia .P Me giré hacia mi hermana con las cejas enarcadas. .D .Bdia ¿Con qué? .Edia .D .Bdia Conque un enorme dragón me confundía con una roca y me comía y luego dejaba de sentir nada hasta que, al llegar al estómago, me encontraba con… .Edia .D .Bdia Yani… .Edia murmuré, posando una mano sobre su cabeza. Su aura se turbaba peligrosamente… .P Pero ella continuó: .D .Bdia Me encontraba con un montón de serpientes alrededor del cuerpo. Y yo cerraba la boca para que no me entrasen dentro… No podía despertarme. Pero entonces vino Lústogan y él… .Edia .P Tragué saliva. ¿Lústogan? .D .Bdia Me dijo que era la única que podía protegerte, hermano, .Edia dijo Yani con una voz ahogada. .Bdia Y aun así, me dijo: otra vez… otra vez le estás haciendo daño. Y cuando desperté… era cierto. .Edia .P Fruncí el ceño. ¿Podía ser que Yánika se preocupara por mí, que no había sentido nada, y no tanto por los que se habían tirado al agua, muertos de espanto? Meneé la cabeza. .D .Bdia Yani, ya te lo he dicho mil veces: cuando mi Datsu se desata, no me haces daño. No siento nada. .Edia .P Yánika parpadeó. .D .Bdia ¿No te das cuenta? .Edia murmuró. .Bdia ¿No te das cuenta de que eso… es lo peor de todo? .Edia .P La miré con sorpresa. .D .Bdia ¿Cómo? .Edia .D .Bdia Que no sientas nada. Que no seas capaz casi ni de reconocerme. Lo sé, hermano. Sé que te cuesta incluso saber quién soy yo. Esta vez, cuando te he mirado… parecías otra persona. .Edia Fruncí el entrecejo. ¿Otra persona? ¿En serio? ¿Hasta ese punto? Mi hermana bajó la vista hacia el pavimento de la avenida agregando más bajo: .Bdia Te prometí que te ayudaría con esto y hay algo que todavía no te he dicho. Los sentimientos que no sientes, hermano… son más fuertes cuanto más desatas el Datsu. Y cuando lo desatas del todo eres como… como el espectro de Tchag. Te cuesta volver. Y, sin mí, te cuesta volver todavía más. Lústogan me lo dijo hace mucho. Un día… tal vez no puedas volver. .Edia .P Sus palabras me habían dejado a cuadros. ¿Que un día no sería capaz de atar mi Datsu? ¿Que me quedaría como un espectro? ¿Eso quería decirme? Se me llenaron los ojos de lágrimas, pero no fue por mi tristeza, sino por la de Yánika. Le tomé las manos con el corazón helado. Se suponía que yo era quien la protegía, yo quien usaba el Datsu para salvarla a ella… Nunca se me había ocurrido que pudiera ser lo contrario. ¿Qué diablos le habría contado Lúst? .P Les eché un vistazo a Saoko y Orih. Esta había vuelto de la tienda de imágenes y por la expresión impactada de la mirol y el gesto molesto del drow adiviné que habían oído las palabras de Yánika. Resoplé. .D .Bdia Un momento, .Edia les dije. .P Y llevé a mi hermana hasta una callejuela desierta. Ahí, la hice sentar sobre un barril, me senté a mi vez sobre otro y lancé: .D .Bdia Yánika. No sé lo que Lústogan te dijo, pero escucha: ¿me preocupo yo de que tu Datsu no funcione igual que el de los demás? ¿No, verdad? Me adapto a él y lo acepto como tú lo aceptas. En tal caso, ¿por qué no hacemos lo mismo con el mío? Está claro que mi Datsu no funciona como el de Lúst o el de Padre. Si el mío me priva demasiado de sentimientos, también te ayuda a ti, y si el tuyo los esparce, me ayudas a mí. ¿Para qué darle más vueltas, hermana? .Edia .P Me sentía levemente frustrado. Porque Yánika se preocupaba por mí y no quería que lo hiciera. Mis palabras la habían dejado muda. Suspiré y desvié la mirada hacia la avenida. Los paseantes seguían subiéndola y bajándola, pero la callejuela donde estábamos estaba silenciosa. .D .Bdia Lo entiendo, .Edia murmuró Yánika. .Bdia Pero… Lústogan… .Edia .D .Bdia Olvida lo que dijo Lúst, .Edia le dije. .Bdia No te abandonaré ni por asomo, Yani. Es cierto que mi Datsu se desata por tu aura, pero paradójicamente también vuelvo gracias a ella. Cuantas veces se me desate el Datsu, volveré, te lo prometo. Siempre he vuelto. .Edia Sonreí. .Bdia Como diría Naylah, una promesa es una promesa. .Edia .P Yánika me devolvió una leve sonrisa. Asintió, pensativa. .D .Bdia Mm… Entonces, déjame prometerte algo yo también, hermano. .Edia Dejó el barril, se deslizó hasta el suelo y clavó su mirada en la mía. Declaró: .Bdia Cuantas veces desates el Datsu, yo te ayudaré a volver. .Edia .P Su aura se había aligerado cuando tendió una palma hacia mí. En sus ojos negros, brillaba un destello desafiante y determinado. Raramente la había visto tan grave. Con una mueca sonriente, posé mi mano contra la suya con solemnidad. .D .Bdia Una promesa es una promesa, .Edia dijimos en coro. .Ch "El poder de una respuesta" .\" 27/05/2019 Inspiré. Espiré. Evalué los flujos óricos. Incluso en aquel cuarto de albergue, el aire siempre se movía. A veces apenas se percibían, pero sus movimientos estaban ahí: ascendía y descendía en círculos, con una regularidad casi perfecta. Tracé un sortilegio de fuerza suficiente para crear un viento comparable al de las tormentas de Firasa, pero no lo rematé y dejé que el sortilegio se deshilachara sin llegar a haber sido más que un amago. .P Sentado en la cama con las piernas cruzadas, junté de nuevo las manos e inspiré. En la oscuridad del cuarto, reinaba un silencio casi absoluto. El albergue en el que nos habíamos quedado era el mismo donde habíamos pasado Yánika y yo varias semanas al llegar a la villa, más de medio año atrás. El dueño, un hobbit pequeño pero robusto, me había reconocido enseguida y, tal vez recordando mis pagos diligentes, nos había atendido como a clientes de confianza dándonos las habitaciones mejor aisladas. Y, de hecho, no se oía casi un ruido. Aun así, no quería dormirme. .P Abrí los ojos en la penumbra. Saoko dormía profundamente en la cama vecina. La habitación de Orih y Yánika estaba justo al lado, pero los muros eran demasiado gruesos para que pudiera percibir el aura de mi hermana. Y eso era lo que me impedía estar completamente tranquilo pues, sin su aura, mis sueños se hacían cada vez más inquietantes. Hasta hacía poco, nunca les había dado importancia, pero ahora tenía otra teoría. Esos sentimientos que no sentía, esa presencia que captaba Yánika y de la que yo no era consciente… si de verdad existían, entonces significaba que tenía metido dentro al menos parte de los recuerdos de un tipo llamado Kala. Tras darle vueltas a todos los sueños que había tenido últimamente, era la conclusión más lógica. Pero eso me traía más dudas que respuestas. .P Bajé la mirada hacia mis manos. A la tenue luz del pasillo que se filtraba por la rendija de la puerta, las vi, lisas, de un azul claro y sin tatuajes. Mi Datsu, al igual que el de cualquier Arunaeh, cubría por lo normal el torso y el rostro. Sin embargo, al contrario que el de Lúst, cuando se desataba, mis líneas bréjicas resaltaban, algunas enrojecidas, otras ennegrecidas, y cubrían además los brazos, las manos, todo el cuerpo. Cerré mi puño derecho. ¿Se habría equivocado Madre también fabricando mi Datsu? ¿O bien el comportamiento extraño de este se debía a la presencia de Kala? .P .Bpenso ¿Me estaré volviendo paranoico? .Epenso .P Inspiré. Y volví a mis ejercicios óricos. Generalmente, los hacía todos los días al levantarme, pero llevaba dos semanas sin hacerlos por la misión del Gurú del Fuego y el rodeo por la cueva de Myriah. Consistían básicamente en «escuchar» las fuerzas a mi alrededor y trazar sortilegios sin completarlos para no gastar mi tallo energético inútilmente. .P .Bpenso Paranoico o no, .Epenso me dije entonces, .Bpenso ahora que lo pienso es posible que Madre sepa algo. .Epenso .P Ella había inspeccionado mi Datsu cada vez que, al comienzo del mes de Ciervo, viajaba yo hasta la isla de Taey para quedarme ahí tres meses. ¿Cómo, siendo una experta brejista, hubiera podido obviar la presencia de algo inusual en mi mente? Si no me había mencionado nada, ¿era porque no había querido alarmarme? ¿porque no quería recordar algún error? ¿o porque simplemente no había visto nada extraño y yo me estaba imaginando cosas falsas? .D .Bdia Tu hermano no tardaba tanto tiempo para hacer sus ejercicios. .Edia .P La voz bien despierta de Saoko me sacó de mis pensamientos. Le eché una ojeada en la oscuridad. Mmpf. ¿Ejercicios? Si hubiese estado de veras haciendo mis ejercicios me habría dado cuenta de que él estaba despierto. Sin replicar, deshice el sortilegio que había dejado olvidado y en suspenso y me recosté en la cama. Tras contemplar las sombras del techo unos instantes, murmuré: .D .Bdia Dijiste que mi hermano te salvó hace tres años. ¿Estuviste con él todo ese tiempo? .Edia .P Hubo un silencio. .D .Bdia ¿Qué importa? .Edia .D .Bdia Importa porque te lo pregunto, .Edia repliqué. .D .Bdia Mmpf. Estuve con él la mayor parte del tiempo. Y tu hermano hacía menos preguntas. .Edia .P Le lancé una mirada exasperada desde mi cama. .D .Bdia Podría contar las preguntas que te he hecho con los dedos de mis dos manos. .Edia .D .Bdia No sabes contar, entonces. .Edia .P Sonreí pese a mí. Que me dijese eso un superviviente de Brassaria que probablemente no sabía ni hacer divisiones tenía su lado irónico. .D .Bdia Antes, en Ámbarlain, me preguntaste si tenía una mala opinión de mi hermano, .Edia dije. .Bdia ¿Puedo saber cuál es tu opinión sobre él o me vas a decir que es un fastidio contestar a mis preguntas? .Edia .D .Bdia Es un fastidio contestar a tus preguntas. .Edia .P Ni siquiera lo había dudado un segundo. Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Qué mal. Entonces, dulces sueños de nuevo. .Edia .P Me giré, cubriéndome con la manta, y cerré los ojos. Si en algo me ayudó la conversación con Saoko llena de preguntas sin respuestas fue a desconcentrarme del análisis sobre mi mente: en unos segundos, me quedé dormido y soñé con algo estúpido. Nos encontrábamos con un enorme tigre de las nieves y Orih reía y salía corriendo hacia él pese a su aire amenazante para acariciarle las orejas. Ven, Drey, ven, Yani, ¡es divertido!, nos decía la Ragasaki. Yo resoplaba de lado… Y el tigre se ponía a ronronear. .P Desperté con el corazón ligero. Saoko no estaba en la habitación y al echarle una ojeada a mi anillo de Nashtag me di cuenta de que eran ya más de las nueve. Mar-háï. Había dormido como un oso lebrín y nadie me había despertado. .P Me levanté de la cama y me vestí con presteza. Dejé la mochila en el cuarto y cogí sólo lo imprescindible antes de salir. La habitación de Orih y Yani estaba cerrada. En la taberna, algunos parroquianos todavía desayunaban. Pedí mi desayuno al dueño hobbit y este me saludó con una sonrisa: .D .Bdia ¡Buen despertar, mahí! ¿Lo habitual, verdad? ¿Dos panecillos, aceite de talvelia y tugrines a la plancha? .Edia .P Asentí, sintiendo un impulso de empatía hacia ese buen hombre que hasta se acordaba de mi desayuno favorito. El hobbit ya se ajetreaba detrás del mostrador. Pese a su pequeño tamaño, se lo veía claramente pues había elevado el suelo de su lado para no perder de vista a sus clientes. .D .Bdia ¿Has visto salir a mis compañeros? .Edia pregunté, mientras me sentaba ante el mostrador. .D .Bdia Sí. Han ido a la Plaza del Tagón hace ya una hora. Me pidieron que te dijera que te esperarían ahí. .Edia .P La Plaza del Tagón era la mayor plaza de Donaportela. Estaba repleta de estatuas warís, de olivos blancos y de peregrinos. Desayuné con rapidez y, para que el buen hobbit no pensara que no había saboreado su plato, le dije al levantarme: .D .Bdia Gracias, Xatapek. ¡Tan delicioso como siempre! .Edia .D .Bdia Y tú tan educado, mahí, .Edia respondió él con una gran inclinación y una ancha sonrisa. .Bdia Pasa un buen ciclo. .Edia .D .Bdia ¡Lo mismo digo! .Edia .P Salí de .Sm -t nomlieu La Casa de Xatapek y tomé la dirección de la Plaza del Tagón. Para llegar, tan sólo tenía que subir unas cuantas escaleras y atravesar la Gran Avenida en la parte alta de la ciudad. Pasaba y adelantaba a la gente sin mirarla, ignorando los escaparates de las tiendas y fijándome tan sólo en el movimiento del aire. A veces tenía la impresión de que, sólo con eso, incluso ciego hubiera sido capaz de esquivar a los transeúntes. Evité a un niño que bajaba la cuesta con un aro que hacía rodar y giré a la izquierda para subir las últimas escaleras. .D .Bdia ¡Eh… disculpa! .Edia dijo de pronto una voz detrás de mí. .Bdia ¿Arunaeh? .Edia .P Un humano moreno me alcanzó, sin aliento. Necesitó un momento para recobrar su respiración y lo observé, levemente intrigado. Llevaba conchas rojas dibujadas en su tabardo de funcionario público. Ese era el símbolo de la villa de Ámbarlain. .D .Bdia Disculpa, .Edia repitió, inspirando. .Bdia Me manda un gobernador de Ámbarlain. Si es posible, quisiera hablar contigo un corto instante. .Edia .P Lo miré, sombrío. .D .Bdia Si es para contratarme por lo del río, lo siento, pero mi abuelo dijo que no me necesitaba. .Edia .P De hecho, a estas alturas ya debía de estar en pleno lugar del bloqueo, trabajando con los mineros. .D .Bdia No se trata de eso, .Edia aseguró el hombre y se inclinó presentándose: .Bdia Rayafest, para servirte. En resumen, mis superiores quisieran saber cómo lograste encontrar el lugar exacto del bloqueo del Espiral con tal rapidez, mahí. .Edia .P Así que era eso. Puse los ojos en blanco y me encogí de hombros. .D .Bdia Que asuman su ignorancia, entonces. Incluso los gobernadores no pueden saberlo todo. .Edia .P Lo vi parpadear, atónito. Le di la espalda y seguí subiendo los peldaños añadiendo: .D .Bdia Mira que hacerte venir hasta Donaportela para eso… Mar-háï. No tienen vergüenza. .Edia .D .Bdia Esto… ¡Mahí! .Edia me llamó el empleado, muy molesto. .Bdia Con todo mi respeto, no puedo volver y decirles eso. .Edia .P Giré la cabeza y clavé mi mirada en la suya. .D .Bdia No es problema mío. .Edia .P Creo que lo desalenté lo suficiente porque no me persiguió. Mar-háï, resoplé interiormente. ¿No tenían bastante los gobernadores de Ámbarlain con poder desbloquear el río más rápido gracias a mí? Sólo faltaba que averiguasen que quien lo había bloqueado era Orih y sus abogados no dudarían en honrarnos con su visita por daños y perjuicios. .P Minutos después, alcancé la Plaza del Tagón y no tardé en encontrar a Yani, Orih y Saoko admirando la estatua de un árbol tawmán, representación de Sayiro, dios de la Naturaleza. Es decir, Yánika explicaba haciendo de guía, Orih escuchaba atentamente y Saoko arrastraba los pies detrás. Creí ver un destello de alivio en los ojos del drow cuando me vio aparecer. .D .Bdia ¿Eres warí? .Edia pregunté al de un rato de dar vueltas de estatua en estatua. .D .Bdia No, .Edia dijo Saoko. .Bdia De donde vengo, les rezaban a varios dioses, pero yo nunca he entendido por qué. .Edia .P Sonreí y no insistí. Orih estaba tan concentrada en las palabras de Yánika que hacía gracia verla. Parecía una alumna aplicada. Pasamos ante el altar azul de Netel, dios del Fuego, de la Fuerza y de la Abundancia, y me fijé en que el siguiente altar era el de Tokura, diosa de la Destrucción. .D .Bdia De esa no le hables, Yani, .Edia le dije. .Bdia Orih es explosionista. Si se llega a convertir en una fiel de Tokura, adiós Subterráneos… .Edia .D .Bdia ¿Tokura? .Edia inquirió Orih, interesada, mirando la estatua. .P Yánika sonrió. .D .Bdia La diosa de la Destrucción es nuestra segunda diosa. Bueno, al menos la de Drey. Yo todavía no he decidido. .Edia .D .Bdia ¿Así que puedes elegir el orden? ¡Me gusta! .Edia apreció Orih. .Bdia Por lo que me has dicho… primero me quedo con Kofayura, Diosa del Viento… .Edia .D .Bdia ¿Porque su símbolo es un gato? .Edia se rió Yánika. .D .Bdia Sí. Y como segunda… ¡la Diosa de la Destrucción, por supuesto! .Edia .P Me dedicó una sonrisa con sus dientes puntiagudos y yo le puse cara fatalista. Entonces exclamó: .D .Bdia ¡Vayamos a la biblioteca! ¿Estará abierta, verdad? .Edia .D .Bdia Siempre está abierta, .Edia aseguró Yánika. .Bdia Drey y yo íbamos a la sección básica casi todos los días y a cualquier hora. A él le gustan mucho los romances, ¿a que sí, hermano? Y a mí me gustan los libros de la Superficie. ¡Ya lo verás! La llaman sección básica, pero es enorme. .Edia .D .Bdia ¡Me has dado más ganas aún de verla! .Edia La mirol me miró de reojo y le cuchicheó a mi hermana una palabra que oí perfectamente: .Bdia ¿Romances? .Edia .P Mascullé entre dientes y las seguí por la plaza gruñendo: .D .Bdia No son romances, son libros de aventuras con humor, romance y un poco de todo. Es diferente. Los líos románticos tontos son aburridísimos. Siempre pasa lo mismo: los personajes se enfadan sin razón, se hacen los sordos, se complican la vida, y luego se reconcilian o se quitan la vida o, peor, nunca vuelven a verse porque no han sido capaces de decirse dos palabras claramente. Lo que leo yo no tiene nada que ver con esas estupideces. .Edia .D .Bdia Lo que dices demuestra lo contrario, .Edia comentó Orih, sinceramente sorprendida. .Bdia Nunca lo habría imaginado… .Edia Me sonrojé, protesté y Orih se rió asegurando: .Bdia ¡Cada uno lee lo que quiere! Yo también tuve una época en la que me hacía muchas preguntas sobre esos temas, no creas. Pero, cuando el año pasado, le pregunté a Livon qué era para él el amor y él me dijo que no lo sabía pero que amaba a Myriah con todo su corazón… me di cuenta de lo complicado que podía ser a veces el amor y me cabreé con él. .Edia .P Por poco me detuve en plena calle. Livon… ¿enamorado de Myriah? Jamás se me había ocurrido que su relación pudiera ser de ese estilo. .D .Bdia ¿Te cabreaste con Livon? .Edia .D .Bdia No. Con el amor, .Edia me corrigió Orih. .Bdia Por eso, los libros que más me gustan ahora son los de exploración donde todos son amigos y tienen un montón de problemas juntos. Aunque… ahora pienso que, si Livon y Myriah están de nuevo juntos, tal vez el destino no sea tan cruel. .Edia .P Había un deje de amargura e indecisión en su voz. Ralentizó levemente. .D .Bdia Dime, Drey. ¿Cómo es Myriah? .Edia .P Enarqué una ceja y lo pensé un instante antes de contestar: .D .Bdia Jugadora. Exaltada. Y exagerada. La verdad, un poco como tú. .Edia .P Yánika resopló, pero Orih repitió, ensimismada: .D .Bdia ¿Como yo? .Edia .P Mis indirectas no parecían haberle llegado. Agregué: .D .Bdia Pero además es una mandona. Cuando mueve sus fichas, parece la general de un ejército. .Edia .D .Bdia Ya veo… .Edia Se rascó la mejilla, sonrojándose. .Bdia Es hermosa, ¿verd…? ¡aaah! .Edia .P Se había tropezado con un adoquín y Yánika y yo la agarramos de un brazo cada uno. Sonreí. .D .Bdia Supongo que es hermosa, sí, no soy especialista. .Edia La vi sonrojarse aún más bajo mi mirada y enarqué una ceja antes de soltarla y señalar el frente con un gesto de barbilla. .Bdia Ya hemos llegado. Esta es la biblioteca, .Edia anuncié. .P La Academia se alzaba justo a la izquierda. Ambos edificios eran de telkemita gris con cúpulas en cristal de zafiro y esculturas externas discretas y elegantes. En el tiempo de su construcción, cuatrocientos años atrás, habían sido grandes obras maestras y seguían siéndolo hoy en día. .P Atravesamos el portal abierto y el pequeño patio de la biblioteca y entramos por la enorme puerta de dos batientes. El vestíbulo recordaba un poco al de una taberna, sólo que en las baldas detrás del mostrador, en vez de botellas, había series enteras de libros de registros. Dos puertas a ambos lados de la sala guiaban a la gran sección abierta al público. Como Yánika le agarraba a Orih de la manga animándola a seguirla hacia una de las entradas, dejé que se alejaran y me acerqué a una mesilla donde los bibliotecarios ponían a disposición de los lectores varios ejemplares del catálogo de los libros disponibles. Era monstruoso, pero después de pasar medio año consultándolo, ya no me asustaba tanto. Tres de los asientos estaban ocupados por tres jóvenes estudiantes y me senté en el cuarto. Saoko, aunque probablemente no hubiera visto tantos libros en su vida, parecía todo menos impresionado y observaba su alrededor con desgana, apoyado en el mostrador. No parecía siquiera curioso por ver el verdadero interior de la biblioteca. Mar-háï… Tal vez no tuviera Datsu, pero a veces daba la impresión de ser más indiferente que Lúst. .P Fuera como fuera… me centré en el catálogo y giré las páginas recorriéndolas con ojeadas vivas. Instantes después, tomé prestado un trozo de papel al estudiante de al lado y fui apuntando títulos. Llevaba ya un buen rato ahí cuando la voz alegre de Orih rompió el respetuoso silencio de la biblioteca. .D .Bdia ¡Drey, hey, Drey! ¿Qué estás haciendo? .Edia .P Mar-háï… Más de uno la miró con mala cara cuando se acercó. La vi inclinar la cabeza hacia mis notas, curiosa, y puse los ojos en blanco. .D .Bdia Estoy siguiendo tu plan. .Edia .D .Bdia ¿Mi plan? .Edia se sorprendió. .D .Bdia Busco información sobre los dokohis. .Edia .D .Bdia ¿En verdad? .Edia se emocionó. .D .Bdia Baja la voz, ¿quieres? .Edia resoplé. .P Al ver pasar a un bibliotecario temí que nos echara y, con un suspiro, me levanté tomando el trozo de papel. Le hice una señal a Orih para que me siguiese. .D .Bdia De verdad, Orih, esto es una biblioteca, .Edia le murmuré, una vez en la sección básica. .Bdia La gente de por aquí tiene sus tradiciones, y el silencio es uno de los pilares más sagrados que haya. No puedes ser así de irrespetuosa y romperles la concentración. .Edia .P Orih puso cara de disculpa. .D .Bdia Lo siento. .Edia .P Realmente parecía sentirlo. Sonreí con malicia y dije: .D .Bdia Estás disculpada. Siendo explosionista, supongo que el ruido te habrá dejado medio sorda. .Edia .P Me pisó el pie sin piedad y ahogué un gruñido de dolor sin dejar de sonreír. .D .Bdia Mis oídos funcionan perfectamente, .Edia me graznó. .D .Bdia ¿Qué hacéis? .Edia preguntó Yánika en voz baja, apoyándose sobre el balaústre del piso superior. Llevaba un libro en la mano. ¿Conque ya se había puesto cómoda en su sillón favorito? Sonreí. .D .Bdia Estamos investigando, .Edia dije. Y dividí el papel con los títulos en dos, tendiéndole un trozo a Orih. .Bdia Los números van así: sección, balda, estantería. El resto va por orden alfabético, normalmente. Si tiene un asterisco delante, no lo busques: significa que el libro está en una sección especializada. .Edia .P Orih asintió mirando fijamente su papel con una sonrisa decidida. .D .Bdia Claro como el agua. ¡Manos a la obra! .Edia .P Esta vez, hasta intentó cuchichear… pero se le daba muy mal. Eché un vistazo hacia atrás y constaté que Saoko se había escabullido, probablemente hasta la entrada. .Bpenso Cuando hay trabajo, sabe estar lo suficientemente lejos, ¿verdad? .Epenso .P Tras asegurarle a Yánika que no necesitaba ayuda, dejé mis botas en la parte de abajo con las de los demás y subí unos cuantos pisos. La gran sala era triangular con unas paredes curvas contra las cuales se alzaban, casi hasta las cúpulas, inmensas baldas de piedra cargadas de libros de todos los colores y tamaños. Varias escaleras de roca guiaban hacia los pisos superiores, cubiertas con suaves alfombras de colores cálidos. Tras una observación cuidadosa el primer día en que había entrado ahí, había llegado a la conclusión de que aquel edificio había sido cavado en la roca misma. Y no sólo eso: los constructores habían usado minerales para fusionarlos a las paredes y hacerlas más robustas. Una tarea laboriosa, ardua y que requería una gran habilidad. Una obra maestra. .P Me percaté entonces de que estaba rozando con la mano la pared de roca tratando de adivinar de nuevo todos sus componentes y resoplé interiormente. .Bpenso Mar-háï… A veces soy igualito a Lúst. .Epenso .P Me detuve ante una estantería y consulté mi papel. Había apuntado todos los títulos que había visto relacionados con la guerra de Liireth y la magia negra, pero la mayoría de estos se encontraban en las secciones especializadas, fuera del alcance del público. Si tan sólo tuviera acceso a estas… hubiera podido investigar con libertad todo lo relativo no solamente a Liireth sino también a los Ocho Pixies. Me hubiera gustado saber por qué el Príncipe Anciano me había hablado de ellos justo en el momento en que su atención estaba puesta en la lágrima de cristal que me había dado Rao. Tantas coincidencias me molestaban. Y mi ignorancia me inquietaba. Bien recordaba las palabras que una vez me había dicho Lústogan: .Bparoles Así como el olvido destruye lo que no necesitas, la ignorancia destruye las posibilidades: es un destructor sin brújula. Hasta que no la detienes y no la analizas, puede causar cualquier desastre. .Eparoles .P De alguna manera tenía que analizar esa ignorancia, entonces. Eché un vistazo abajo, avisté a Yánika acurrucada en el sillón con su libro, sonreí y me puse manos a la obra. .P Los primeros libros que hojeé hablaban de la guerra de Liireth como de un conflicto colateral a las guerrillas entre el Gran Gremio de las Sombras de Dágovil y el Círculo de la Contra-Balanza. Este último, compuesto de numerosos criminales y celmistas desterrados por malas prácticas, había tratado de expandir su poderío en tierras de Dágovil usando no sólo mercenarios sino también forzando a aldeanos y niños a luchar por ellos. ¿Podía ser que esos guerreros forzados fueran dokohis? No se comentaba nada sobre los collares. Aun así, Liireth, como era de esperar, aparecía mencionado muchas veces, ora como el máximo líder del Círculo de la Contra-Balanza, ora como un monstruo de las artes negras con apariencia saijit… En el libro más científico que encontré lo presentaban como a un celmista de orígenes desconocidos experto en energías bréjica y esenciática y proponían diversas teorías sobre su impacto en la guerra, ninguna aseverada, ninguna demostrada. Entonces, un párrafo retuvo mi atención. .P .Blecture Según los registros del puerto de Kozera, el presunto mago negro llamado Liireth embarcó con destino a la isla de Taey el día cinco de Musarro del año 5584, cinco años antes de que el Círculo se alzara contra el Gran Gremio. Nakerya Arunaeh, entonces Selladora de su clan, confirmó haber recibido la visita de un saijit con una máscara blanca pero se negó a compartir más información sobre el tema. ¿Fue esa visita la razón por la cual los Arunaeh decidieron no entrometerse en el conflicto? .Electure .P La posibilidad de que mi abuela materna, ya difunta, se hubiera encontrado con Liireth me sorprendió pero, cuando leí la pregunta, perdí cierta fe en el autor del libro. ¿Acaso ignoraba que los Arunaeh solían mantenerse siempre fuera de los conflictos? Como decían, Sheyra, divinidad de la Mente y del Equilibrio, era pendenciera en la paz y serena en combate: siempre iba a contracorriente. .D .Bdia ¿Oh-oh? .Edia .P La repentina voz me sobresaltó. Alcé los ojos hacia un humano rubio que se había detenido ante mi mesa y lo vi leer en voz alta: .D .Bdia .Sm -t titulo Historia de Dágovil , .Sm -t titulo La Rebelión del Círculo de la Contra-Balanza , .Sm -t titulo La leyenda del Gran Mago Negro de Dágovil … Ahora entiendo por qué no encontraba ningún libro sobre el tema en esta sección, has sacado toda la colección. .Edia .P El rubio se carcajeó quedamente. Me miraba con ojos negros sonrientes, un libro bajo el brazo. Parpadeé. Después de estar hojeando tanto tiempo y con tanta concentración tenía la impresión de ver letras por todas partes. .D .Bdia Disculpa, .Edia dije. .Bdia No era mi intención acapararlos. A estos ya les he echado un vistazo. Puedes cogerlos. .Edia .D .Bdia ¿Ah? .Edia dijo, sorprendido, y sonrió anchamente. .Bdia Gracias. .Edia .P Sin embargo, en vez de marcharse, el joven deslizó los libros señalados hacia el otro lado de la mesa y se sentó ante mí. .D .Bdia ¿Puedo? .Edia .P .Bpenso ¿Me lo preguntas después de sentarte? .Epenso Me encogí de hombros y volví a centrarme en mi libro. Sin embargo, me había desconcentrado, y mis pensamientos vagaban ahora sin objetivo… Tras unos instantes, me fijé en que el libro que llevaba el rubio bajo el brazo y que había posado junto a otro como para compararlos tenía una etiqueta roja. Venía de una sección especializada. En un momento, cuando movió la tapa, pude leer muy rápido el título: .Sm -t titulo "Los Ocho Pixies del Desastre" . Inspiré en silencio, eché una ojeada al rostro concentrado del rubio y… de pronto caí en la cuenta. No llevaba la bufanda roja, pero vestía la misma sotana gris de aprendiz que el tipo que nos había abordado en la barcaza. Lo vi sonreír sin desviar los ojos de su lectura. .D .Bdia Curioso, .Edia dijo. .Bdia Nos encontramos ayer en el mismo barco y hoy estamos sentados a la misma mesa interesándonos por los mismos libros. ¿No es gracioso? .Edia .P A él, en todo caso, parecía hacerle gracia porque volvió a echarse a reír quedamente. Lo observé con detenimiento. El día anterior me había parecido un muchacho de apenas quince o dieciséis años, pero ahora que lo veía a la luz blanca e intensa de las piedras de luna parecía tener mi edad. .D .Bdia Inesperado, a lo menos, .Edia convine. .Bdia Pero, contrariamente a ti, no tengo permitida la entrada a las bibliotecas especializadas. .Edia .P Ante mi mohín, el rubio sonrió con un deje divertido. .D .Bdia Cierto. Alguna ventaja debe tener haber estudiado en una Escuela Sabia, ¿no? .Edia .P Mi mirada se deslizaba irresistiblemente hacia el libro de los Pixies. ¿Me dejaría echarle un vistazo si se lo preguntaba? No parecía ser un tipo huraño… .D .Bdia Jiyari Tatako, .Edia se presentó entonces. .Bdia Me enviaron a Donaportela en misión de estudio y tengo la obligación de leerme al menos doscientos libros de la biblioteca especializada y redactar un resumen de todos antes de regresar. ¡Cuando vuelva seré Escriba-Poeta oficial de Kozera! .Edia Se encogió de hombros con una mueca cómica. .Bdia Sólo tengo un único problema, .Edia confesó. .D .Bdia Tener que leerse doscientos libros como obligación ya me parece un problema, .Edia comenté, bajando los ojos hacia mi libro. Ese tipo… ¿se había sentado ahí para estudiar o para contarme su vida? .D .Bdia Exactamente, es un problema, .Edia apuntó él. .Bdia Y cansa más que irse de parranda toda la noche, créeme. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que no me gusta leer. .Edia .P Alcé la vista, resoplando. .Bpenso ¿Entonces para qué te has metido a Escriba-Poeta y qué demonios haces en una biblioteca? .Epenso Adivinando mi pregunta, sonrió anchamente y confesó con tono culpable: .D .Bdia Sólo ver tantos libros me da mareos y a veces me digo que no nos perderíamos nada si ocurriera alguna desgracia que convirtiera todo en cenizas… Malos pensamientos, supongo. A decir verdad… .Edia bajó una mirada lánguida hacia el libro de los Pixies y posó las manos sobre este admitiendo: .Bdia lo único que me interesa… es esto. .Edia .P Y para alegría mía deslizó el libro de los Pixies hacia mí. Sobre las dos páginas que quería mostrarme, se encontraban dibujadas con elegancia formas bien distintas: algo que se parecía a un oso sanfuriento sobre dos patas, una sirena con tridente, un cuervo de pico muy largo, un gato con dientes de vampiro, un golem de acero, un puercoespín, una rosa y… Fruncí el ceño. .D .Bdia Falta uno. .Edia .P Jiyari se había puesto cómodo apoyando la cabeza contra sus brazos, como adormilado, pero se movió para señalarme algo con su largo índice, algo dibujado sobre el título. Cuando vi la máscara sentí un escalofrío. Era muy parecida a la que recordaba haber visto en los recuerdos de Kala, en la caverna de las conchas. Era la máscara de Lotus. Tras examinar los dibujos con curiosidad, pregunté: .D .Bdia Jiyari, ¿verdad? ¿Por qué te interesas por los Ocho Pixies? .Edia .P Al no recibir respuesta, desvié la vista del libro y, cuando vi al rubio con la cabeza hundida entre sus dos brazos, hice una mueca de asombro. ¿En serio se había quedado dormido? Tras observarlo unos segundos soñar plácidamente, me pregunté qué pensarían sus superiores de la Escuela de Escribas de Kozera si lo encontraban roncando ahí el primer día de su misión de estudio… Me levanté y eché un vistazo por la balaustrada hacia los pisos de abajo. Orih se había reunido con Yánika y trabajaban en voz baja rodeadas de libros. O eso parecía, hasta que vi a la mirol hacer un gesto cómico y sonsacarle a Yánika una carcajada ahogada… Trabajando seriamente, ¿eh? En fin, poco importaba. Volví a sentarme y aproveché la siesta de Jiyari para examinar más a fondo el libro de los Pixies. Giré una página. Blanca. Giré otra. Y fruncí el ceño hojeando. Todas las páginas estaban blancas quitando el dibujo del principio. ¿Cómo diablos había podido acabar un libro vacío en una biblioteca? Sólo llegando al final, avisté dos líneas. Estaban escritas en caéldrico, la lengua antigua de la Tierra Baya, pero eso no me desanimó. Draken, el famoso Monje del Viento al que había visto medio aplastado bajo las rocas del túnel de Kozera, me había enseñado lo suficiente sobre el caéldrico para poder leerlo. Era uno de los pocos monjes a los que Lústogan había recurrido para completar mi educación. Tal vez porque le tenía respeto. .P Así, en poco tiempo, descifré las dos líneas y las traduje en mi mente. Decían así: .P .Blecture En la luz, caza las rosas, la palabra sigue, flota y gira. Entre la arena y la sal, el gato la atrapa, salta y mira. .Electure .P La escritura estaba cuidada. Parecía un acertijo. ¿Tendrían algo que ver el gato y las rosas con los Pixies representados con esos elementos? ¿O bien ese libro era tan sólo alguna broma que había dejado algún catedrático chistoso? No tenía ni la más mínima idea, ni entendía una pizca de ese arranque poético. .P Tras recopiar las dos líneas en un papel, me aseguré de que no había nada más escrito en el interior y examiné la tapa. Era de cuero. Fui incapaz de evaluar su antigüedad y finalmente volví a contemplar los dibujos. No había colores, eran sólo trazados. .P Había pasado tal vez media hora cuando noté que la respiración de Jiyari se aceleraba levemente y, con rapidez, dejé el libro de los Pixies a un lado y me levanté, apilando los demás volúmenes. Sólo me faltaba coger el que tenía el rubio debajo… Entonces, este alzó la cabeza bostezando. Se le había quedado la marca del libro en la mejilla. Me miró con extrañeza. .D .Bdia ¿Tú eres…? .Edia .P Enarqué las cejas. Ya me había presentado pero… .D .Bdia Drey Arunaeh, .Edia dije. .Bdia Iba a volver a dejar los libros… ¿Quieres que te los deje? .Edia .P Jiyari se masajeó las mejillas con brusquedad y, de pronto, se echó a reír. .D .Bdia ¡Drey! Es verdad. Perdón, cuando me despierto me cuesta recordar. ¿Me he quedado dormido? Qué vergüenza, .Edia rió, rascándose sus mechas rubias. .Bdia Esa es una de las razones por las que no me gusta leer. Me duerme como si me hubiesen dado morsodina. ¿Te vas ya? .Edia .D .Bdia Sí. Se ha hecho tarde, .Edia dije. .Bdia Entonces, ¿te dejo los libros o los devuelvo a su sitio? .Edia .P Jiyari alzó la mirada hacia el enorme reloj de la biblioteca y se levantó con ligereza. .D .Bdia Te ayudaré a guardarlos, si no te importa. Así sabré dónde encontrarlos mañana fácilmente. .Edia .P No protesté. En unos minutos dejamos todos los libros y bajamos hasta el primer piso donde me acogieron Orih y Yánika posando ojos curiosos sobre mi acompañante. .D .Bdia Todavía tengo que devolver el libro de los Pixies, .Edia recordó el aprendiz escriba. Y se giró hacia mí con desenfado. .Bdia ¡Por cierto! Ese tatuaje… me suena un montón. ¿Eres de la familia de los Bókmanon, verdad? .Edia .P Yánika resopló de risa. Puse los ojos en blanco. .D .Bdia ¿Estás sordo? Soy Drey Arunaeh. Es la tercera vez que te lo digo. .Edia .P ¿Cómo podía ser que alguien que estudiaba para ser escriba no supiese reconocer los tatuajes de las grandes familias de los Pueblos del Agua? .D .Bdia Ah… sí, supongo que sí, .Edia sonrió, moviendo una mecha de su cara con un movimiento de cabeza. .Bdia Entonces, serás brejista. ¿No estarás leyéndome los pensamientos ahora, verdad? .Edia .P Esa era una creencia sobre los Arunaeh bastante expandida, aunque falsa. Y, por lo general, generaba miedo. Sin embargo, Jiyari tenía cara bromista. Sin contestarle, resoplé de lado y dije: .D .Bdia Antes no me has respondido. ¿Por qué te interesan los Ocho Pixies del Desastre? .Edia .P Jiyari sonrió. Se cruzó de brazos con una pose de seductor y sus ojos negros chispearon. .D .Bdia ¿Que por qué me interesan? Porque yo soy uno de ellos. .Edia .P Creí tragarme un cubo de hielo. Lo miré a los ojos. Bromeaba. Ese dandi rubio en sotana gris bromeaba. Sin embargo, Yánika no reaccionó ante su mentira, ni él se carcajeó esta vez. Se acarició la cabeza agregando con expresión pensativa: .D .Bdia Eso creo, al menos. Pero, como ya te digo, mi pobre memoria tiene problemas. .Edia .P Era su cabeza la que tenía problemas. Attah… ¿Me habría encontrado con un Pixie de verdad o bien ese rubio tenía un serio problema mental? Lo último era más probable. Además, si hubiese sido un Pixie de verdad, ¿por qué razón se lo habría dicho a unos desconocidos? .D .Bdia ¿Qué es eso de los Ocho Pixies? .Edia preguntó Orih, perdida, adelantándose. .Bdia ¿Los pixies no son algo así como hadas? .Edia .D .Bdia En la tradición, .Edia convine sin quitarle el ojo de encima a Jiyari. .D .Bdia Las leyendas pueden encerrar verdades ocultas, .Edia intervino este. .Bdia En realidad, si he venido a este sitio, también es porque quiero saber si lo que creo es real o no, si la realidad se mezcla con la imaginación o todo es sueño, si de verdad es posible acordarse de la anterior reencarnación… Por eso, también los cuentos de hadas tienen su importancia. .Edia .P Orih se quedó mirándolo, atónita. Fruncí el ceño. Que ese rubio aprendiz hablara de sueños, realidades y reencarnaciones me turbó sumamente. Podía ser que fuera simplemente un erudito fascinado por la psicología o el esoterismo o qué sé yo pero… ¿por qué se interesaba por los Ocho Pixies? .D .Bdia ¿Me esperáis? .Edia añadió Jiyari con una ancha sonrisa. .Bdia Devuelvo esto y luego os cuento por qué llegué a esa conclusión. A cambio de una cena gratis. Te aseguro que vale la pena, Gran Chamán. .Edia .P ¿Gran Chamán?, me repetí, asombrado. Jamás ningún escriba de los Pueblos del Agua se habría atrevido a llamarle a un Arunaeh con un apodo tan ridículo. ¿En serio era un escriba? Lo miré con aburrimiento. .D .Bdia Ven si quieres. Pero la cena te la pagas tú. .Edia .D .Bdia ¡Con mucho gusto…! ¿Qué? No, ¡espera! No tengo un kétalo. No lo entiendes, .Edia aseguró. .Bdia Los monjes escribas jamás pagan sus comidas. Vivimos de la caridad. .Edia .D .Bdia Pues qué descarada es la caridad, .Edia repliqué. .D .Bdia Invitémoslo, .Edia dijo de pronto Orih. .P La miré con sorpresa y ella declaró: .D .Bdia ¡Es igualito a Nefaistos! .Edia .P Parpadeé. .D .Bdia ¿Quién? .Edia .P Orih resopló. .D .Bdia ¿Nunca has oído hablar de Nefaistos? ¡Es una de mis historias favoritas! .Edia Alzó la mano como blandiendo una espada. .Bdia ¡El caballero Nefaistos el Impávido! Derrotó cuatrocientos enemigos defendiendo solo un castillo de la isla de Euktipre, salvó a los campesinos de los piratas y zarpó hacia tierras incógnitas… Tenía la piel bronceada como la tierra y el pelo tan rubio que lo llamaban el Campeón del Sol. Igualito que él, .Edia aseguró, señalando a Jiyari. .Bdia Te enseñé el dibujo, Yani, ¿lo recuerdas? .Edia .P Yánika observaba al anonadado aprendiz en sotana con súbito interés. .D .Bdia Lo recuerdo. Tiene cierto parecido. .Edia .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia El Campeón del Sol… Sí, sólo le falta la armadura. .Edia .D .Bdia ¿Lo ves? .Edia se emocionó Orih. .P Mar-háï, iba en serio. Carraspeé. .D .Bdia Y quieres invitarlo porque se parece a ese Nefaistos… .Edia .D .Bdia ¡No vamos a desperdiciar esta oportunidad de obtener información! .Edia rió Orih. .Bdia ¡Seguro que tiene un montón de cosas que contarnos! .Edia .P .Bpenso Seguro… .Epenso Le eché una ojeada a Jiyari. El haber sido comparado con un héroe parecía haberlo halagado. Me encogí de hombros. .D .Bdia Haced lo que queráis. Yo salgo. .Edia .P Mientras me dirigía hacia la salida con Yánika, hundí las manos en los bolsillos sintiendo una mezcla de expectación y tedio. Conque se nos colaba ahora un escriba dandi al que no le gustaba la lectura y que decía ser uno de los Ocho Pixies del Desastre… La cena prometía. .P Yánika alzó una mirada hacia mí y observó con tono inocente: .D .Bdia ¿Sabes, hermano? A veces, tu aura es igual que la de Saoko. .Edia .P Lo que faltaba, que mi hermana me comparara con ese drow eternamente fastidiado… Le devolví una irreprimible sonrisa. .Ch "El abrazo" .\" 02/06/2019 Tras pensarlo un segundo escaso, le dejé a Orih elegir la taberna para la cena. Segura de sí misma, ella nos condujo por callejuelas y logró hacer que nos perdiéramos. Cuando, finalmente, regresamos a .Sm -t nomlieu La Casa de Xatapek , ya a nadie le apetecía moverse y fueron el buen hobbit y su familia quienes nos prepararon la cena. .D .Bdia Hay algo ashí y todo que me confunde en eshta shiudad, .Edia decía Orih mientras arrancaba con delicia un buen trozo de carne a su pata de pollo. Sus dientes afilados recordaban a los de los hawis. .D .Bdia ¿De qué se trata? .Edia pregunté. .D .Bdia Mm-mm, .Edia tragó. .Bdia Nos hemos despertado a las siete y media, ¿no? Bueno, tú a las nueve. El caso es que a las diez y poco estábamos en la biblioteca. Hemos salido a las tres, nos hemos perdido por esta ciudad de locos y… según Xatapek, ya es la hora de la cena a las seis de la tarde. En Firasa se cena a las ocho lo menos… .Edia .D .Bdia Costumbres, .Edia le dije mientras me servía una nueva porción de pastas. .Bdia En realidad, en Donaportela, los horarios casi no cambian en comparación con la Superficie. En Dágovil capital es diferente. .Edia .D .Bdia ¿En sherio? .Edia .D .Bdia En serio, .Edia asentí. .Bdia En Dágovil capital, te levantas al mediodía y cenas a las dos o tres de lo que sería la noche para Firasa. .Edia .D .Bdia ¡Te levantas al mediodía! .Edia La idea le había encendido los ojos. .D .Bdia Pero no es como en Firasa, .Edia apunté. .Bdia La hora es la misma, pero las costumbres son distintas por los ciclos de las piedras de luna. Como sin duda Loy te habrá explicado, los ciclos duran veinticuatro horas y la piedra cambia de luminosidad según la hora. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia se maravilló Orih. .D .Bdia En sherio, .Edia dijo Yánika. .Bdia Por esho… A los viajerosh les cuesta adaptarse al cambio de shiclosh. .Edia .D .Bdia No hables con la boca llena, Yani. .Edia .D .Bdia Tú hablas con la boca llena, hermano, .Edia replicó ella, mordaz. .P Nos miramos… y nos sonreímos. A la derecha de Saoko, Nefaistos el Impávido y Campeón del Sol tragaba su cena como si no hubiese comido en varios días. ¿Tan mal andaba la caridad por los Pueblos del Agua últimamente? .D .Bdia Y bueno, Campeón, .Edia le dije, .Bdia ¿no nos ibas a contar una historia? .Edia .P Ya no quedaba gente sentada a las mesas aparte de nosotros. Todavía había algún parroquiano junto al mostrador, bebiendo y charlando, pero todos los residentes del albergue ya estaban durmiendo. Nada de extrañar. No se lo había dicho a Orih, pero los donaporteños acostumbraban levantarse antes de las seis. .D .Bdia Mm-mm-mm, .Edia dijo Jiyari, metiéndose un vaso lleno de vino de zorfo entre pecho y espalda. Era Orih la que lo había querido probar y había encargado una botella entera… El humano soltó un suspiro de satisfacción y juntó ambas manos, agradecido. .Bdia ¡Que Tatako os bendiga! Después de esto no puedo más que componeros una oda. .Edia .P Se carcajeó. ¿Estaría borracho? Como ese tipo se carcajeaba por nada, al principio tuve dudas, pero cuando vi su rostro extrañamente enrojecido dejé de dudar. .D .Bdia Me temo que nuestro Campeón Impávido le ha dado demasiado al frasco. .Edia .D .Bdia No, no, no, .Edia aseguró Jiyari, riéndose. .Bdia Esto no es nada. Estoy bien. Esto… es del todo normal. Siempre me pasa cuando bebo. El maestro Jok dice que no soporto la bebida. Pero no puedo dejarlo, .Edia aseguró con una risita. .Bdia Si no… no tendría amigos. Los amigos se hacen cuando uno ya deja de pensar, ¿verdad? Porque cuando uno recuerda… cuando se ve más de lo que uno es, la gente te llama loco y te encierras en tu mente, pero también la temes a ella y el terror aquí dentro hace que los demás te vean todavía más raro pero… pero cuando ya no piensas, todo… va… bien. .Edia Se balanceó en su silla y, con buenos reflejos, Saoko tendió una mano para evitar que se cayera al suelo. Unas lágrimas se escaparon de los ojos del aprendiz. .Bdia Gran Chamán… Gran Chamán… .Edia repitió patosamente. .D .Bdia No soy tu Gran Chamán, .Edia le replicó Saoko, fastidiado. Y lo movió de tal suerte que la cabeza del aprendiz escriba aterrizó contra la mesa y no se movió. .D .Bdia ¿Se ha quedado dormido? .Edia inquirí. .D .Bdia No, .Edia dijo Yánika. .Bdia Todavía dice cosas. .Edia .P De hecho, seguía murmurando para sí, pero ya era imposible entender de qué hablaba. .D .Bdia Mar-háï… ¿Qué vas a hacer ahora con él, Orih? .Edia pregunté. .P La mirol se limpiaba los morros acabando su postre, bastante ajena a la borrachera de Jiyari. Me miró con cara perpleja. .D .Bdia ¿Yo? .Edia .D .Bdia Bueno… Tú has invitado a Nefaistos, ¿recuerdas? Y tú pediste la botella de zorfo. .Edia .P Orih resopló ruidosamente. .D .Bdia ¿Me vas a dejar con el muerto? .Edia .D .Bdia No está muerto, está borracho, .Edia maticé, bromista. .Bdia Mar-háï, si los Arunaeh carecemos del sentido de la caridad, es por algo: la caridad es improductiva. No sacaremos nada de ese borracho. .Edia .P Hubo un silencio. Entonces, para sorpresa mía, Orih se levantó y me dio una bofetada. Sonó en toda la taberna y la recibí con una expresión de asombro. ¿Y eso? .D .Bdia ¿Te das cuenta de lo que acabas de decir? .Edia exclamó. .Bdia ¿La caridad es improductiva? ¿Ayudar a sus semejantes es improductivo? Es la mayor bobada que he oído en mi vida, Drey Arunaeh. .Edia .P Parpadeé. Los tres bebedores que quedaban en el mostrador se habían dado la vuelta, curiosos. Xatapek había alzado unos puños nerviosos hasta su rostro sin saber qué hacer. El aura de Yánika se había llenado de asombro… Alcé dos manos en señal de paz, más perplejo que ninguno. .D .Bdia Esto… Lo siento, Orih. ¿Te has enfadado? .Edia .P Orih meneó la cabeza con ojos brillantes y, súbitamente reservada, nos dio la espalda y dijo: .D .Bdia Buenas noches. .Edia .P Y se alejó hacia las escaleras bajo mi mirada atónita. Tras un silencio, Yánika suspiró: .D .Bdia Has hablado de más, hermano. Dulces sueños. .Edia .P Y se apresuró a seguir a Orih escaleras arriba. Jiyari seguía balanceando la cabeza contra la mesa y delirando por lo bajo. Me masajeé la mejilla. A pesar de haber resonado en toda la taberna, el golpe no había sido muy fuerte. Attah… Hasta ahora, muy poca gente se había enojado conmigo —no era fácil enojarse con alguien que no podía enfadarse de verdad— y tenía muy poca experiencia para manejar una situación como esa. Era mejor dejar que Yánika se ocupara de calmarla. Aun así… Meneé la cabeza, confuso. .D .Bdia Sólo repetí las palabras de mi padre sin pensarlo… Attah. A veces olvido que hablo con saijits sin Datsu… Saoko. ¿Tú qué piensas de esto? ¿Se ha enfadado en serio? .Edia .P El drow me echó una mirada aburrida y acabó su vaso de vino de zorfo antes de soltar: .D .Bdia Ni idea. No es asunto mío. .Edia .P Le lancé una ojeada de soslayo y suspiré. Pedirle a Saoko consejos sobre el comportamiento saijit era como pedirle zorfos a un árbol tawmán. .D .Bdia En fin, .Edia dije, levantándome y echando un vistazo hacia la triste figura de Jiyari. Orih se habría enfadado pero bien que me había dejado ocuparme del presunto Pixie… .Bdia Mar-háï. Habrá que meter al Campeón en algún sitio. Tenemos otra cama en la habitación… ¿Me ayudas, Saoko? .Edia .P Para alivio mío, el drow esta vez no se desentendió y me ayudó. Levantamos a Jiyari y este tosió, carraspeó y pestañeó. .D .Bdia Per-hip-dón por llegar… hip… tan tarde, maestro… hip… Jok. .Edia .P Estaba delirando, seguramente imaginándose que volvía a su santuario después de una velada festiva. Puse los ojos en blanco mientras lo arrastrábamos por el parquet de la taberna. .D .Bdia Ma-es-tro, .Edia sollozó de pronto Jiyari. .Bdia Créeme. Tengo que ir a encontrar a los ¡hip! Pixies. Tengo… .Edia .P Repitió varias veces lo mismo y, al cabo, cuando estábamos arriba de las escaleras, agregó: .D .Bdia No quiero que me dejes… hip… solo. Maestro… Todos… los matamos… todos… destruidos… todos… muertos… .Edia .P Sollozó. Por Sheyra… Sus palabras empezaban a inquietarme seriamente. ¿Sería razonable dejar a ese tipo raro en el mismo cuarto que nosotros? .P De pronto, Jiyari recobró cierto equilibrio y, de entre sus desordenados mechones rubios, vi sus ojos oscuros clavarse en los míos. Dijo con voz ronca: .D .Bdia No estoy… loco. .Edia .P Tras esa dudosa aseveración, bajó la cabeza y se quedó dormido. Intercambié una mirada indecisa con Saoko, aunque este más que indeciso parecía estar esperando a ver si me decidía a meter a Jiyari dentro del cuarto o si lo iba a dejar fuera. Pero dejarlo fuera significaba dejarlo en la avenida, donde podía pasarle cualquier cosa al aprendiz… Chasqueé la lengua y mascullé: .D .Bdia Adentro. .Edia .salto Durante los tres días siguientes, no volvimos a ver a Jiyari. Una vez despierto y lúcido, el joven rubio había soltado un «lo siento» abochornado y había vuelto a su propio albergue. Orih no me volvió a hablar de él. De hecho, aquellos tres días, la vi comportándose de manera extraña. Me miraba cuando yo no la miraba, desviaba sus ojos para no cruzarse con los míos pero, en vez de ruborizarse como lo haría Sanaytay, ella se ensimismaba y adoptaba una expresión grave poco usual en ella. .P Al tercer día, tras salir de la Biblioteca de la Academia, nos instalamos en un banco de la Plaza del Tagón a ver pasar a la gente. Esta era diferente a la de Firasa: había gran cantidad de estudiantes de la Academia en sus largas túnicas negras, peregrinos cubiertos de tatuajes, empleados públicos en su pomposo traje oficial, pero también aventureros esquivos en ropa oscura, ensangrentada o harapienta, misteriosos personajes encapuchados, armados, descalzos, niños y viejos… Uno podía imaginarse veinte mil historias para cada figura que pasaba. Tras observar a un grupo de niños que seguía obedientemente a un sacerdote de Tokura por la plaza, comenté: .D .Bdia Es extraño. Hemos hojeado todos los volúmenes sobre el tema de Liireth y en ningún momento mencionan los collares. .Edia .D .Bdia Cierto, .Edia convino Orih. .P Su parca respuesta… ¿se debía a que estaba distraída o que simplemente no quería hablarme? Giré la cabeza hacia el altar de Tokura, molesto. .D .Bdia Orih. .Edia .D .Bdia ¿Mm? .Edia .D .Bdia ¿Todavía… esto… todavía estás enojada? .Edia Sentí que la mirol se giraba hacia mí e hice una mueca. .Bdia Siento lo que dije sobre la caridad. No pensé antes de hablar. .Edia .P Hubo un silencio, seguido de un resoplido de asombro. .D .Bdia ¡Drey…! ¿Todavía estás con eso? Al final le permitiste a Nefaistos dormir en tu cuarto hasta que se repusiera, ¿no? Además, no me enojé: sólo me disgusté. .Edia .P .Bpenso ¿Y das bofetadas cuando te disgustas? .Epenso Tuve un tic nervioso mientras ella añadía, inquieta: .D .Bdia ¿Te… te hice daño? .Edia .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia No. .Edia Me levanté bostezando. .Bdia Voy a dar una vuelta. No me voy lejos, .Edia agregué para Saoko. .P Me alejé por la gran plaza con las manos en los bolsillos. Al pasar junto a una fuente, le di una leve patada a una bola de papel abandonada y rodeé un gran roble blanco así como a un grupo de peregrinos absortos en su cena frugal. Finalmente, nuestros esfuerzos por aprender algo sobre los dokohis habían sido vanos. En esos tres días, habíamos rebuscado en la biblioteca sin descubrir gran cosa nueva; habíamos pedido información a los Dorohos, una de las cofradías más poderosas de Donaportela, y tan sólo nos habían podido decir que, efectivamente, había rumores de que unos saijits de ojos blancos merodeaban por la zona sur de Dágovil. La zona sur de Dágovil… ahí se encontraba el Templo del Viento y me pregunté si el Gran Monje tendría más información sobre el tema… Pero no había modo de que yo fuera ahí a preguntárselo. .P Llegué al otro lado de la enorme plaza sin casi darme cuenta de ello. Me detuve al pie del altar desierto de Kofayura, diosa del Viento, y le quité una hoja de tawmán que se había quedado atascada en la estatua de pequeño felino que la representaba. Fue entonces cuando lo vi, acurrucado en un banco lejos de las linternas, con su bufanda roja escondiendo medio rostro. Jiyari. Sus ojos miraban el vacío pero ellos mismos no estaban vacíos: refulgían, rojizos, y rebasaban sufrimiento, dolor y una inmensa soledad. .P Soledad, dolor, sufrimiento… .P Algo, en todo eso, me hizo sentirme tan mal que mi Datsu se desató, aunque no lo suficiente para que dejara de sentir nada. Fue como si algo, en mi mente, hubiese traspasado una barrera y agarrado unas riendas abandonadas. Mi corazón se aceleró, mis manos temblaron y se empaparon de sudor, mis ojos se humedecieron aunque yo no entendí por qué. Me adelanté hasta Jiyari y me detuve ante él. Lo vi alzar la vista hacia mí, sorprendido, y, sin entender aún por qué, le sonreí y le tendí una mano grisácea tatuada con tres círculos. .D .Bdia Bienve… nido, .Edia articulé, como si me costara hablar. .P Los ojos de Jiyari se iluminaron. Se levantó temblando y me cogió la mano. La suya me pareció a la vez fría y cálida al tacto. El fantasma de un impulso de empatía, no, algo más, el reflejo borroso de un sentimiento intenso que nunca había sentido siquiera por Yánika, me llevó a darle un abrazo… .D .Bdia Herma… no, .Edia murmuré. .Bdia ¿Dónde están… los demás? .Edia .P Jiyari se apartó con los ojos brillantes y temerosos a la vez. .D .Bdia N-no sé de qué me hablas pero… ¿realmente eres…? Te conozco, ¿verdad? Antaño, nosotros… Yo… Si es que es cierto que tú eres… Significa que no estoy tan loco como creía… ¿verdad? .Edia .P Mientras farfullaba, su bufanda roja se deslizó, desvelando su rostro, y pude ver el blanco de sus ojos hacerse de un negro profundo, sus iris enrojecerse como la sangre, su piel volverse gris como la ceniza y… me sonrió con vacilación y esperanza. .D .Bdia Hermano… Tengo la memoria hecha un trapo. .Edia .P Le devolví una sonrisa torva. .D .Bdia La mía no anda mejor. No consigo ni controlar este cuerpo como quiero. .Edia .P ¿Controlar?, me alarmé. ¿Qué diablos estaba pasando? Mis sentimientos fluctuaban, intensificándose y apagándose como la luz de un kérejat moribundo a través de un velo. Martilleé mi conciencia. Algo no andaba bien. Yo no era el hermano de Jiyari. Yo era… yo era… .P Drey Arunaeh. .P Al segundo siguiente creí oír un resoplido mental. Parpadeé, aturdido, como si acabara de despertar de un sueño. .D .Bdia ¿Qué ha pasado? .Edia murmuré. .P Jiyari pestañeó, interrogante, y se turbó de pronto; una chispa de comprensión pasó por sus ojos. Contempló la mano que aún apretaba la suya y me miró con una expresión entre burlona y molesta. .D .Bdia Somos hermanos. Es eso o estás flirteando conmigo. .Edia .P Lo solté y retrocedí torpemente, preso de vértigos. Por increíble que pareciera, alguien había controlado mi cuerpo. ¿Pero quién? Kala, sin duda. Tenía que ser él. De modo que no eran sólo recuerdos: tenía metida dentro de mi mente otra consciencia… ¿Era acaso posible? Attah… Me había pasado como en la barcaza al despertar de la pesadilla, entendí. Mi piel se había hecho gris y se habían dibujado tres círculos y tres líneas en mi mano derecha… Era como si algo en mi mente se hubiese desatado. Y no era el Datsu… era otra cosa. En cuanto a Jiyari… Contemplé al rubio. Su rostro, grisáceo hacía un instante, había retomado un color vivo y bronceado. .P Poco a poco, se me fue atando el Datsu. Inspiré y mascullé: .D .Bdia ¿Quién diablos eres? .Edia .D .Bdia Puedo preguntarte lo mismo, .Edia me replicó. .Bdia Estaba tranquilamente sentado reflexionando sobre mi vida y tú vienes y me das un abrazo. Estaré sin blanca, pero no tan desesperado para aceptar cualquier cosa… .Edia .D .Bdia ¿De qué hablas? .Edia resoplé. .D .Bdia ¿Nos conocemos? .Edia .D .Bdia ¿Acaso lo has olvidado? .Edia me exasperé. .Bdia Soy el que te invitó a una cena hace tres días. Drey Arunaeh. Y no tenía ni la más mínima intención de darte un abrazo: por alguna razón que desconozco, te he dado la mano y… y… .Edia .D .Bdia Me has dado un abrazo. .Edia Me ruboricé. .Bdia Y me has llamado hermano. .Edia .P ¿Así que de eso se acordaba, eh? Su sonrisa me arrancó un suspiro cansado. .D .Bdia Eso parece, .Edia convine. .Bdia Pero no lo hice queriendo. .Edia .P Sólo lo había hecho porque había perdido el control de mi cuerpo… .P Jiyari posó una mano sobre mi hombro, sonriente. .D .Bdia Tranquilo. Yo también tengo problemas a veces para saber si lo que recuerdo es cierto. Pero me acabas de enseñar que todos estos años creyendo que había sido reencarnado… no me equivocaba. No estoy soñando. No sé quién eres y a la vez algo en mí me dice que te conozco desde hace muchos años. Es una locura, ¿eh? .Edia rió. .P Su expresión, antes perdida en no sé qué pozo negro, mostraba tan sólo comprensión y solidaridad. Mar-háï. Ese tipo era más raro… ¿Pero acaso lo era más que yo? Turbado, barrí su mano de mi hombro sin miramientos e hice una mueca terca. .D .Bdia ¿Qué haces ahí parado? ¿No se supone que debías leerte doscientos libros? .Edia .P Jiyari agrandó los ojos. .D .Bdia Cierto… .Edia Y se pasó una mano por su cabello rubio, irguiéndose. .Bdia Pero he cambiado de opinión. A partir de ahora… .Edia Sonrió con todos sus dientes. .Bdia ¡Voy a acompañar a mi hermano! .Edia .P Enarqué una ceja. .D .Bdia Perfecto. Entonces que tengas un buen ciclo. .Edia .P Jiyari se carcajeó y se cruzó de brazos con una amplia sonrisa. .D .Bdia ¿Eres duro de mollera, eh? Yo soy Jiyari. Y tú eres Kala. Y… esto, ¿quién es Kala? .Edia rió, confundido, frotándose el cabello revuelto. .Bdia En fin, el caso es que sé que nadie más podría haberme abrazado así. Y a nadie más le salen tres círculos y tres líneas en la mano. Eres Kala. Somos Pixies del Desastre. Somos hermanos. En el barco hacia Donaportela, te vi transformado, te vi con los ojos rojos y la piel gris… Creía que había sido otra alucinación, pero no lo es, y no sabes cuánto me alegro, esto es real, todo lo que el maestro Jok llamaba delirios… es real. Soy un Pixie. Y eres un Pixie como yo. Estamos de vuelta, hermano. Es de lo único que estoy seguro ahora. Oh, y también de otra cosa, .Edia añadió mientras yo lo miraba, boquiabierto. .Bdia El acertijo del libro que leíste mientras yo dormía en la biblioteca… lo escribió nuestro padre. .Edia .P Ladeó la cabeza. .D .Bdia O eso creo. .Edia .P Lo contemplé fijamente. Decía estar seguro y al segundo siguiente se mostraba indeciso… Mar-háï. Levanté los ojos hacia las lejanas estalactitas antes de volver a posarlos sobre el aprendiz escriba. .D .Bdia Jiyari, ¿verdad? Ahora lo recuerdo. Eras un amigo de Kala. Pero siento decírtelo: yo soy Drey Arunaeh. No Kala. .Edia .D .Bdia Es lo mismo, .Edia aseguró él. .Bdia Yo soy Mensig en los papeles oficiales, pero sigo siendo Jiyari. .Edia .P No era lo mismo… Meneé la cabeza. .D .Bdia ¿Esperas acaso que voy a invitarte a más cenas caritativas, ‘hermano’? .Edia .P La sonrisa de Jiyari se desvaneció. .D .Bdia Esto… Bueno, yo… Supongo que podría no comer todos los días… .Edia .P Suspiré mientras seguía farfullando. Lústogan hubiera dicho de él que era una persona inestable, desequilibrada, pero a mí su comportamiento empezaba a parecerme más comprensible. Al fin y al cabo, si de verdad era un Pixie del Desastre resucitado en las carnes de ese humano y si tenía tantos problemas para recordar quién era, era normal que se sintiera tan inestable considerando que no tenía un Datsu para protegerlo. .D .Bdia Puedo vivir comiendo sólo pan y drimis durante un mes, .Edia continuaba diciendo el aprendiz. .Bdia Lo hice hace tres años cuando el maestro Jok me castigó por haber sido indecoroso con el Gran Escriba. Qué recuerdos… De verdad, a veces me siento como si pudiera vivir sin comer, pero luego me doy cuenta de que no puedo y entonces me entra un hambre voraz que hasta podría comerme un rowbi entero y… .Edia .D .Bdia Déjalo y ven conmigo, .Edia lo corté. .P Me alejé, tomando el camino de vuelta hacia el banco donde había dejado a Yánika, Orih y Saoko. Me sorprendí a mí mismo. ¿Le estaba permitiendo que me siguiera? ¿En serio? Antes de darle del todo la espalda, avisté un destello de esperanza en los ojos de Jiyari. .D .Bdia ¡Voy! .Edia dijo alegremente. Y alcanzándome el Pixie del Desastre añadió con burla: .Bdia Gran Chamán. .Edia .D .Bdia Mmpf. ¿Lo dices por el tatuaje? .Edia .D .Bdia No, no, .Edia sonrió él. .Bdia Lo digo porque Kala es el Gran Chamán, como Tafaria la Gran Navegante, Rao la Buscadora, Jiyari el Olvido… Y quizá precisamente por eso no me acuerdo bien de nada, .Edia rió. .Bdia ¿Tú no te acuerdas? .Edia .D .Bdia No. .Edia .P Dimos unos pasos en silencio. Entonces, él recitó: .D .Bdia En la luz, caza las rosas, la palabra sigue, flota y gira. Entre la arena y la sal, el gato la atrapa, salta y mira. .Edia .P Se carcajeó y me detuve un instante, mirándolo con fijeza… El rubio se giró hacia mí con una ancha sonrisa caminando hacia atrás. .D .Bdia Nuestro padre juega con nosotros incluso al borde del precipicio, ¿no crees? .Edia .P .Bpenso Mi verdadero padre nunca ha jugado conmigo, .Epenso pensé, exasperado, pero retomé la marcha preguntando de todas formas: .D .Bdia ¿Tienes alguna idea de lo que significa, Campeón? .Edia .P La sonrisa de Jiyari se ensanchó. .D .Bdia Ni una maldita idea, Gran Chamán. .Edia .Ch "Billetes y fugas" .\" 03/06/2019 .Bcita Amo las emociones, y las temo por igual. .Ecita .autor-cita "Yánika Arunaeh" .salto Cuatro días más tarde, estábamos de vuelta en Ámbarlain. El río Espiral volvía a fluir y su corriente, calmada al fin, había sido controlada de modo que ninguna casa de la ciudad había sufrido daño alguno. Un trabajo rápido y limpio, digno de mi abuelo. .P La mayoría de los evacuados estaba de vuelta y eso significaba el regreso del caos, del ruido, de las tiendas y negocios, del ganado y de los viajeros. Llegamos adonde partían las caravanas para Firasa y fuimos a comprar los billetes. Tuvimos que hacer cola. Junto a mí, Yánika se ponía de puntillas para contar cuántas plazas quedaban en los vagones, Saoko, detrás de mí, guardaba silencio, y un poco más lejos Jiyari y Orih hablaban por los codos. El aprendiz escriba tal vez tenía problemas de memoria e identidad, pero por lo demás hablaba con soltura, soltaba bromas —malas—, sabía escuchar con interés y tenía un montón de anécdotas sobre su santuario, sobre las tabernas y sobre los pescadores de Kozera —algunas probablemente falsas. Era, en fin, un gran seductor, y Orih se derretía casi literalmente ante sus sonrisas. .D .Bdia Vamos a caber justo justo, .Edia dijo Yani, posando los talones tras acabar de contar las plazas. .Bdia Y probablemente tengamos que separarnos. .Edia .P Finalmente Orih insistió para viajar con Yánika, y yo me senté con Saoko y Jiyari en otro vagón. Attah… Esperaba lo peor: que Jiyari se pusiese a hablarnos de trivialidades sin fondo, pero este tan sólo suspiró y me murmuró, sincero: .D .Bdia No es fácil intentar ser una persona normal. Lo intento desde hace años, pero me cansa igual. Es agotador… .Edia .P Lo miré con curiosidad y le hice notar: .D .Bdia No hace falta que te comportes como un galán dicharachero para ser normal. .Edia .P Habíamos sido casi los últimos en subirnos y en ese momento los conductores se lanzaron gritos y avisaron de que la partida era inminente. Jiyari esperó a que los anobos se pusieran en marcha, estirando los vagones, antes de contestar: .D .Bdia Lo sé. Pero si no me mantengo ocupado… mi mente empieza a hacer de las suyas. .Edia .P Le había pedido que no hablara más de los Ocho Pixies en presencia de los demás y, aunque lo vi a punto de sacar el tema, se contuvo. Mi razón principal para mantener el silencio sobre ello era egoísta: no quería que Yánika se preocupara, no quería que Saoko hablara de ello a Lústogan, no quería que los Ragasakis comenzaran a investigar sobre los Pixies. Porque, si lo hacían y averiguaban que yo era uno de ellos… o más bien si averiguaban que tenía en mí a uno de ellos, entonces… Miré con fijeza al pasajero que tenía frente a mí, que se había quedado contemplando mi tatuaje, y lo hice desviar los ojos con presteza. Entonces, me repetí. ¿Entonces qué? ¿Perdería a los únicos saijits que me habían aceptado como compañero y amigo? ¿Tan poca fe tenía en ellos como para creer que me abandonarían en caso de aprender la verdad? ¿Y si volvía a perder control sobre mi cuerpo? ¿Qué haría entonces Kala si tomaba control total sobre este y me impedía volver para siempre? Si se los llamaba Pixies del Desastre, era por algo: según las leyendas, habían causado multitud de problemas en años antes de la guerra de Liireth: destrucción de cavernas, incendios, plagas, terremotos… En unos pocos años la gente había llegado a imputarles cualquier desgracia. Sin embargo… ¿quiénes eran realmente? .P Le eché una mirada de reojo a Jiyari. Si tan sólo ese tipo pudiese recordar algo más… En buena parte, le había dejado acompañarnos por esa esperanza. Sin embargo, me incomodaba la idea de meter en la Casa de los Ragasakis no solo a uno sino a dos Pixies. .P A alguien tenía que avisar, me dije. Alguien tenía que saberlo. ¿Livon? ¿Naylah? ¿Sirih, Sanaytay? No quería imponerles ninguna responsabilidad. No, lo más lógico era decírselo a Zélif, la líder de los Ragasakis. .P O bien tomar una decisión abrupta y salir de la cofradía. No quería hacerlo. Por una vez en mi vida, había encontrado un lugar donde no me sentía como un extraño, donde había gente cuyo futuro no me era indiferente, donde podía sentirme en casa. Y también… donde yo no era un mero instrumento que se entrenaba sin cesar para ser más fuerte ni un mero espectro que huía sin saber de qué. Debía a los Ragasakis el habernos dado un gran hogar a mi hermana y a mí y deseaba devolverles ese favor como fuese. Y precisamente por eso tenía que solucionar mis problemas cuanto antes. .P Para ello, no veía mejor solución que la de volver a Taey. Si lo que temía era que Kala volviera a tomar control sobre mi cuerpo, lo mejor que podía hacer era pedirle consejo a un brejista. Y la mejor brejista que conocía era mi madre. .D .Bdia Hey, .Edia dijo de pronto Saoko rompiendo el silencio. Llevábamos ya tal vez una hora viajando y ascendiendo un interminable túnel. .Bdia Ese juego… la batalla rocal. ¿Cómo se juega? .Edia .P Lo miré con viva curiosidad. Era la primera vez que el drow de pelo pincho mostraba interés por algo. Me bajé para sacar el pequeño tablero de la mochila. .D .Bdia No esperes nada muy complicado, .Edia le dije. .Bdia Es mero entretenimiento. El juego de verdad no lo es tanto, pero para jugarlo hay que ser destructor. .Edia .D .Bdia Mm. Me suena que una vez Lústogan mencionó algo sobre un juego de destructores, .Edia meditó Saoko. .Bdia ¿En qué consiste? .Edia .D .Bdia Sencillo, .Edia sonreí. .Bdia Hay un juego de piedras con distintos componentes, algunas fáciles de romper, otras casi inquebrantables. En el juego real, el destructor las rompe de verdad. Dependiendo de la dificultad del juego de piedras, o se reducen a polvo, o se parten por la mitad… por lo general se hace una carrera. A veces las piedras son tan complicadas que el juego dura horas enteras. .Edia .D .Bdia ¿Tú ya has jugado? .Edia se interesó Jiyari a mi derecha. .P Asentí. .D .Bdia Mm. Es uno de los tests que pasé para obtener el diploma de destructor en Dágovil. Jugué contra diez adversarios y aprobé. .Edia .P .Bpenso Y les metí una paliza, .Epenso añadí mentalmente con una sonrisa socarrona interior. .D .Bdia Sin embargo, .Edia retomé, .Bdia el juego que Yánika y yo inventamos no tiene nada que ver aunque lleve el mismo nombre. Se juega con dados, y a las fichas las llamamos rocas. Es sencillo, pero nos ayudará a pasar el tiempo. Os enseñaré las reglas. .Edia .P No tardamos en comenzar una partida, Jiyari y Saoko como adversarios, yo como árbitro. Tras apartar una roca «destruida» en la zona de Saoko, dije: .D .Bdia Ahora que lo pienso, Saoko, se te dio bien la partida de Erlun contra el Tahúr. ¿Dónde aprendiste a jugar? No pudo enseñarte Lúst: mi hermano tiene un interés nulo por ese juego. .Edia .D .Bdia No fue él, .Edia replicó el drow, concentrado. .Bdia Jugaba a menudo en la Ratonera. .Edia .P En Brassaria, entendí. De modo que el Erlun llegaba hasta regiones tan aisladas como esa. No lo había pensado hasta el momento pero, si Saoko había vivido en esa zona durante toda su vida, probablemente tuviera ahí compañeros y familia. .D .Bdia Entiendo, .Edia dije. .Bdia Di… ¿No echas de menos tu hogar? .Edia .P Saoko me echó una mirada de fastidio. .D .Bdia ¿Bromeas? Roca a D, cinco, seis hacia delante. .Edia .P A lo mejor no tenía ni compañeros ni familia, rectifiqué. .D .Bdia Roca destruida, .Edia dije, quitando la pequeña piedra del tablero del lado de Jiyari. Ya sólo quedaban tres. .Bdia Vaya suerte que tienes. .Edia .D .Bdia No es suerte, .Edia dijo Saoko con voz neutra. .Bdia Un buen guerrero nunca pone su victoria en manos de la suerte. .Edia .P Me quedé mirándolo. .D .Bdia Hoy estás hablador. Pero, lo siento, sigue siendo suerte. La suerte nunca sale de la balanza. Te toca, Jiyari. .Edia .P Me giré hacia el rubio y, cuando vi sus ojos atentos y burlones posados sobre mí, fruncí el ceño. .D .Bdia ¿Y a ti qué te pasa? .Edia .P Su sonrisa se ensanchó, mostrando unos dientes blancos. .D .Bdia Estaba pensando que, antaño, de pequeño y tal vez no tan pequeño… siempre querías tener la última palabra. .Edia .P Me quedé suspenso. Y él añadió, pensativo: .D .Bdia Creo. .Edia .P Sus palabras me dieron un escalofrío. De pequeño… ¿se refería a la infancia de Kala? ¿Acaso me comparaba con él…? Hice una mueca, deseché mis preguntas y resoplé. .D .Bdia Mastuerzo. Céntrate en el juego o te quedarás sin rocas. .Edia .D .Bdia Yaaa, ya, Gran Chamán, .Edia replicó Jiyari, divertido. .Bdia Roca E, ocho. Una para la izquierda. .Edia .P Bajé la mirada hacia el tablero. Mar-háï… ¿y yo por qué tenía esa constante impresión de que Jiyari me resultaba tan familiar? ¿Acaso… acaso los recuerdos de Kala ya se estaban fundiendo con los míos? .salto Cuando llegamos a Firasa, eran las dos de la tarde, hacía calor y tanto el río Lur como el mar centelleaban bajo el sol. Tras nueve días en los Subterráneos ya casi había olvidado lo cálidos que podían ser los rayos del sol. .D .Bdia ¡Qué ganas de comer pasteles de Kali! .Edia exclamó Orih mientras subíamos la Colina de las Campanas. .D .Bdia ¿Tan buenos son? .Edia preguntó Jiyari, interesado. .P Sin reserva alguna, la mirol se puso a hablarle de las grandes hazañas de nuestra Sirena cocinera. Yánika, Saoko y yo los adelantamos pero, al llegar ante la casa de Shimaba, Orih se abalanzó la primera abriéndose paso y empujó la puerta anunciando: .D .Bdia ¡Estamos de vuelta! .Edia .P En la sala, tan sólo estaba Loy, pasando la escoba ante el mostrador. Sus ojos sonrieron detrás de sus gafas. .D .Bdia Bienvenidos a casa. ¿Qué tal el viaje? .Edia .D .Bdia ¡Muy bien! ¡Donaportela es enorme! ¡Y la biblioteca! Te hubiera gustado, Loy: im-pre-sio-nan-te. ¡Pero qué bien se está de nuevo en casa! .Edia Orih le dio un abrazo ruidoso, se tropezó con la escoba, Loy la retuvo con una naturalidad nacida de la costumbre y, con igual naturalidad, la mirol dio una alegre vuelta sobre sí misma preguntando: .Bdia ¿Dónde están los demás? .Edia .D .Bdia Aaah… .Edia El secretario de la cofradía se apoyó sobre la escoba. .Bdia Si supierais… Sucedió hace cuatro días. El dokohi que capturamos se escapó de la cárcel. .Edia .P Fruncí el ceño. ¿El dokohi que Zélif había dejado al cuidado de la ciudad? .D .Bdia Imposible, .Edia se quejó Orih, ensombreciéndose. .Bdia Los de Ishap dijeron que estaría más seguro en esa cárcel porque la guardaban ellos, ¿y ahora se les escapa? .Edia .D .Bdia ¿Fueron tras él? .Edia pregunté, suspenso. .D .Bdia Bueno… Grinan de Ishap fue el que nombró a los guardias y se ha prometido que capturaría al fugitivo para reparar su error. Partió con cuatro compañeros suyos hacia las montañas del norte y Naylah y Livon los acompañaron. .Edia .D .Bdia ¿No huyó hacia los Subterráneos? .Edia me extrañé. .D .Bdia Supongo que ese será su objetivo, .Edia convino Loy. .Bdia Pero habrá entendido que tomar una caravana no sería precisamente discreto. Quizá conozca algún otro camino. Es lo que pensó Livon. .Edia .P Sin duda, debía de haber otros pasajes hacia los Subterráneos, pero ninguno tan seguro como el que comunicaba Firasa con Ámbarlain. Había oído decir que las montañas del norte estaban llenas de sorpresas, túneles y criaturas. Habían salido hacía cuatro días: no valía la pena ni intentar alcanzarlos. .D .Bdia Además, según he creído entender, no iba solo, .Edia añadió Loy. .P De modo que unos aliados lo habían ayudado a escapar. ¿Dokohis? Probablemente. .D .Bdia ¿Sólo fueron Livon y Nayu? .Edia preguntó Orih, inquieta. .D .Bdia Ajá. Sirih y Sanaytay estaban fuera en una misión cuando ocurrió y sólo regresaron ayer. En cuanto a Yeren, tiene mucho trabajo últimamente con la oleada de gripe. Y Staykel está muy metido con sus experimentos de alquimia. Con lo que finalmente sólo fueron ellos dos. .Edia .D .Bdia Y Myriah, .Edia murmuró Orih. Y añadió con confianza: .Bdia Y Astera. .Edia .D .Bdia Eso marca toda la diferencia, .Edia me mofé. .D .Bdia ¿Tchag fue con ellos? .Edia preguntó Yánika. .D .Bdia Ah… Ese es otro asunto, .Edia carraspeó Loy. .Bdia Livon me lo dejó en una caja pero… unas horas después vinieron unos miembros del Consejo a decirme que tenían sospechas sobre Tchag y… se lo llevaron. .Edia .P El aura de Yánika se cubrió de inquietud y Loy se apresuró a decir: .D .Bdia Tranquilos. Prometieron no tomar ninguna decisión al respecto antes de que regresara Zélif… .Edia .D .Bdia Pero se lo llevaron, .Edia se lamentó Orih. .Bdia Qué cara. Justo cuando Livon se fue… ¿Por qué les dejaste? .Edia .P Loy suspiró y dijo, razonable: .D .Bdia Llevaban una orden oficial. Además, Tchag estaba transformado cuando lo vieron. Tenía los ojos blancos… Difícilmente podía explicarles cómo es que guardábamos a un dokohi en nuestra cofradía. Les dije que ya recibirían explicaciones en su momento… .Edia .D .Bdia Aun así… .Edia murmuró Orih. .Bdia Cuando Livon se entere… .Edia .D .Bdia No te preocupes, .Edia insistió Loy. .Bdia Cuéntame más sobre Donaportela. Y, por cierto, todavía no me habéis presentado a ese muchacho de pelo rubio. ¿No querrá unirse a la cofradía? .Edia .P Se le habían encendido los ojos. Era una de los pocas cosas que animaban particularmente al secretario de los Ragasakis: los nuevos miembros. Jiyari parpadeó, sonrió con su sonrisa de galán y fue a hablar pero yo me adelanté: .D .Bdia No. Jiyari no quiere unirse. .Edia .D .Bdia Pues él no parece tan en contra, .Edia intervino mi hermana. .P ¿Lo hacía queriendo para llevarme la contraria? La miré de soslayo y resoplé de lado. .D .Bdia Jiyari no quiere unirse, .Edia repetí. .Bdia Él quiere ser escriba de Kozera. .Edia .D .Bdia Er… Si tú lo dices, .Edia tosió Jiyari a media voz. .D .Bdia Drey… .Edia se sorprendió Orih entornando los ojos. .Bdia ¿Qué diablos estás diciendo? .Edia .P Sentí de pronto sus ojos tomar el mismo color de fuego vivo que habían tomado durante la dichosa cena de hacía unos ciclos y sonreí nerviosamente. Esto… ¿no se iría a cabrear, verdad? .D .Bdia Olvidadlo, .Edia dije entonces. No iba a conseguir mantener a Jiyari fuera de la cofradía con unos argumentos tan ridículos. Les di la espalda. .Bdia Voy a dejar la mochila en .Sm -t nomlieu La Calandria . Enseguida vuelvo… .Edia .D .Bdia Espera, Drey, .Edia me cortó Loy, y regresando a su mostrador y posando la escoba explicó: .Bdia Ahora que lo recuerdo, llegó una carta para ti hace unos días. Esto… Ah. Aquí la tienes. .Edia .P Era de Taey. La cogí y me la metí en el bolsillo. .D .Bdia Gracias. Por cierto, .Edia añadí, parándome en la puerta. .Bdia Zélif… ¿Dónde está? .Edia .D .Bdia Se fue a Trasta, .Edia dijo Loy. .Bdia Creo que algo que le dijo el dokohi durante los interrogatorios le dio que pensar. Fue a consultar a un amigo suyo de la Academia. .Edia .P De modo que tendría que esperar a su regreso para hablarle. Le eché una mirada de reojo a Jiyari y me encogí de hombros. .D .Bdia ¿Zélif estudió en la Academia de Trasta? .Edia preguntó Yánika, impresionada. .D .Bdia No, pero conoce a gente ahí, .Edia contestó Loy. .Bdia Y la biblioteca de Trasta es un verdadero tesoro. .Edia .D .Bdia ¡Ja! ¡Habría que verlo! .Edia replicó Orih. .Bdia La de Donaportela… .Edia .D .Bdia Jiyari, .Edia dije mientras seguían hablando de bibliotecas. .Bdia ¿Puedo hablar contigo un momento? .Edia .P Salí de ahí rumbo al albergue junto con el aprendiz escriba. Saoko, por supuesto, nos siguió, pero de lejos, tal vez adivinando que necesitaba cierta privacidad. .D .Bdia Una hermosa ciudad, .Edia dijo Jiyari caminando tras ver pasar a un grupo de lavanderas. .Bdia Curiosamente, me suena haber pasado por aquí en la otra vida. .Edia .D .Bdia ¿En la otra vida? .Edia repetí. .Bdia ¿De modo que para ti es como si hubieses muerto y revivido? .Edia .D .Bdia En cierto modo, .Edia reflexionó Jiyari. .Bdia Aunque, cuando uno no sabe si lo que recuerda es sueño o realidad, a veces llega hasta a dudar de si todo no es un sueño. .Edia .P Sus ojos se habían posado sobre una joven elfa que limpiaba un escaparate. Le dedicó una sonrisa sutil, pero ella se contentó con fruncir el ceño y darle la espalda. Con una mueca paciente, pregunté: .D .Bdia Entonces… ¿ya habías estado en la Superficie? .Edia .D .Bdia No en esta vida. .Edia .D .Bdia Mmpf. Ya veo. Di, Jiyari. ¿Cómo es que tus recuerdos fueron a parar a este cuerpo? ¿Utilizaste un cristal en forma de lágrima? .Edia .P Jiyari enarcó las cejas, marcó una pausa y me mostró una leve sonrisa. .D .Bdia No lo recuerdo. .Edia .P Suspiré. Era inútil. No importaba las preguntas que le hiciera sobre su proveniencia o sobre los Pixies, él siempre me respondía con delirios vagos o con un simple: no lo recuerdo. .D .Bdia No te desanimes, .Edia me dijo entonces. .Bdia Ahora somos dos. Seguro que con un poco de esfuerzo podremos entender por qué seguimos en este mundo. .Edia .P .Bpenso Si pusieses también un poco de esfuerzo tú… .Epenso .P Jiyari se detuvo admirando el cielo. .D .Bdia Creo… .Edia dijo, .Bdia que estamos aquí por una razón. Algo relativo a una balanza, quizá. .Edia .D .Bdia ¿Una balanza? .Edia me extrañé. .P Aquello me recordó a la guerra entre el Gremio de Dágovil y el Círculo de la Contra-Balanza. ¿Tendría algo que ver? Suspiré. Los acertijos demasiado vagos me aburrían más que otra cosa. Miré al rubio con ojos entornados. .D .Bdia ¿Nada más? ¿Tampoco recuerdas nada de cuando jugábamos juntos? .Edia .P Jiyari bajó la vista hacia mí, sorprendido. .D .Bdia ¿Te acuerdas tú? .Edia .P Me impactó de golpe el haberme incluido en mi pregunta. Técnicamente, no era yo quien había jugado con el anterior Jiyari… Había sido Kala. Meneé la cabeza y Jiyari meditó: .D .Bdia Tal vez a mí me gustasen las flores. Sí… creo. Es posible. Y tal vez las nubes. A menos que esa fuera otra persona… .Edia .P Sus ojos oscuros se habían perdido de nuevo en el cielo. Su inseguridad empezaba a ser preocupante. .D .Bdia ¿Nada más? .Edia insistí. .P Hubo un silencio. Y entonces agitó suavemente la cabeza con una sonrisa ladeada. .D .Bdia Nada más. .Edia .P Pese a su sonrisa, adiviné en sus ojos un destello de tristeza cuando repitió: .D .Bdia Nada más. .Edia .salto Sólo cuando me acosté aquella noche abrí la carta que me había enviado Madre. Yánika leía un libro de historia que le había prestado Loy aquella misma tarde, sobre la ciudad de Trasta. La luz de la linterna iluminaba cálidamente el cuarto del albergue y se oían los crujidos de la madera, una música lejana, así como el suave rumor de las olas del mar. .P Flotaba en el aire un olor a aceite de seolio. Al sacar la carta de mi bolsillo, pensé de nuevo en cómo Orih había conseguido llevarnos a todos a las termas aquella tarde. Incluida a Kali. La Sirena de los Ragasakis les había traído a Yani y a Orih toda una colección de jabones con presuntas propiedades maravillosas para la piel. Así que Yani había perfumado todo el cuarto con sólo entrar. Bah, fuera bueno para la piel o no, no olía mal, reconocí. .P El sello era azul, con los tres círculos de Sheyra y los diversos motivos más complicados que conformaban el símbolo de los Arunaeh. Lo rompí y desplegué la carta. Había tres hojas. Una era de Madre. Tragué saliva cuando vi escrito un «VUELVE» que ocupaba toda la superficie del papel. La segunda hoja era de mi tía Sasali. La escritura era más razonada: .P .Blecture Estimado sobrino. Me alegro de que al fin les hayas dado noticias tuyas a tus padres. Tu madre se puso muy contenta pero a la vez muy impaciente de tu regreso. La convencí de que no te mandara más que una carta y, como verás en esta, su deseo por verte es grande. .Electure Tan grande como las letras, pensé. .Blecture Recordarás que en el mes de Ciervo se realiza la reunión anual del clan. Son unos tiempos oscuros y se espera que todos los miembros acudan a la llamada. Tu presencia es requerida. Adjunto un billete de viaje abierto que te pagará la ida pasando por el teleférico de Kozera. Estaría bien que llegaras a la isla al menos un día antes de la reunión, el veintidós de este mes. Hasta pronto, tu tía Sasali. .Electure .P Estábamos a seis de Ciervo. Aún tenía dos semanas para decidir si mi «presencia requerida» era necesaria o no. Releí la carta. Mi tía no mencionaba ni implícitamente nada sobre Yánika. Ahora que el Sello había dejado de funcionar correctamente de manera obvia, mi hermana ya no corría el riesgo de que Madre intentara arreglar su Datsu. Sin embargo… los Arunaeh eran un clan del Equilibrio, un clan de la Mente: lo más probable era que, como Lústogan, los demás tampoco considerasen a Yánika como a un miembro de la familia. Una criatura fallida capaz de contagiar sus sentimientos sin control alguno no podía formar parte de un clan cuyos pilares se basaban en el equilibrio y el control de sí mismo. .P Bostecé, eché un vistazo al billete de viaje y finalmente lo dejé todo sobre la mesilla y me puse las manos detrás de la cabeza. Contemplé el techo cálidamente iluminado hasta que me fijé en que hacía un rato ya que Yánika no giraba páginas. La miré… y la vi profundamente dormida con el libro caído sobre el rostro. Puse los ojos en blanco, me levanté para ir a quitárselo y la arropé bien con las mantas. El movimiento la hizo abrir los párpados a medias. .D .Bdia Hermano… .Edia .P Pasé una mano por su cabeza. .D .Bdia Dulces sueños, Yani. Ha sido un día largo. .Edia .D .Bdia Mm. Hermano… .Edia .D .Bdia ¿Qué, Yani? .Edia .D .Bdia Tchag… ¿Tú crees que estará bien? .Edia .P Sonreí. .D .Bdia Probablemente esté haciendo piruetas en su caja. Cuando vuelva Livon, lo sacaremos de ahí. .Edia .D .Bdia Mm. Hermano… .Edia .D .Bdia ¿Qué, Yani? .Edia repetí. .P Hubo un silencio. Entonces, sentí un aura cálida envolverme, como una luz en la oscuridad. ¿Esa era felicidad? Sin duda, una felicidad a la vez intensa y duradera que deseaba ser compartida y, aunque tal vez como Arunaeh no pude sentirla por completo, alegró y aligeró mi corazón. Sonreí y aparté una trenza rosa de su rostro. .D .Bdia Dulces sueños, princesa. .Edia .P Yánika respondió con un murmullo y se durmió plácidamente. Su aura se suavizó pero no dejó de envolvernos con la ternura de una madre. A veces esta casi parecía un ente aparte. Durante un rato, me quedé sentado al borde de su cama, observando el fenómeno como lo había observado ya cientos de veces. Y como otras veces, me pregunté qué era lo que en ella tanto les repelía a los Arunaeh. Sin duda su poder era impresionante y su carácter indómito lo hacía imprevisible; sin embargo… eso no le quitaba los puntos positivos. .Bpenso Si acaso les repele porque la temen, .Epenso pensé. En tal caso, viajar con Yánika hasta Taey podía ser una mala idea… pero no iba a ir sin ella. De eso estaba bien seguro. Con una media sonrisa determinada me levanté para ir a apagar las luces. Ya cubierto con la manta y con los ojos cerrados y a punto de dormirme, murmuré mentalmente: .P .Bpenso Livon. Ni se te ocurra hacer nada insensato. .Epenso .Ch "La fianza" .\" 08/06/2019 El sol de verano pegaba con fuerza y parecía querer abrasarnos con sus rayos. Terminé de darle unos golpes al clavo y dejé el martillo para quitarme el sudor de la frente y del cuello con ambas manos. Alcancé la botella de agua abandonada a la sombra del alero y di unos pasos hacia atrás para contemplar mi trabajo con una sonrisa satisfecha. La casa era bonita, había necesitado algunos arreglos pero estaba ya más que habitable y hasta habíamos plantado unas flores en unos tiestos ante las ventanas. Ya no me quedaba mucho por hacer por fuera, si acaso reemplazar alguna teja partida. .D .Bdia ¡Ho, ho! .Edia dijo de pronto una voz proveniente del interior de la casa. .Bdia ¡Drey! No me dijiste que tenías cosas de estas. .Edia .P Era Jiyari. Le pegué un sorbo a la botella y pregunté: .D .Bdia ¿Cosas de qué? .Edia .P El Pixie salió de la casa enseñando algo en sus manos. Era una de las tres gemas que había sacado de la Consejería para pagar la nueva casa y finalmente con una había bastado. Resoplé. .D .Bdia ¿Se lo has quitado a Yánika? .Edia .D .Bdia ¿Por quién me tomas? .Edia se ofendió él. .Bdia Me lo ha enseñado ella cuando le he dicho que nunca había visto una gema. .Edia .D .Bdia ¡Estábamos hablando de tus trabajos de destrucción! .Edia explicó alegremente Yánika desde la ventana. Se había puesto el delantal. No eran todavía horas de cocinar, pero su color blanco con tiras rojas le había gustado. Se apoyó en el alféizar. .Bdia ¿Ya has acabado? .Edia .D .Bdia Casi, .Edia dije. .Bdia Falta revisar el tejado. Esto de reparar su propia casa tiene su miga. Y tú, .Edia añadí dirigiéndome a Jiyari, .Bdia si de verdad pretendes quedarte a vivir aquí podrías hacer algo más que sonsacarle gemas a mi hermana. Limpiar el suelo, por ejemplo. .Edia .D .Bdia En ello estaba, .Edia aseguró Jiyari. .D .Bdia ¿En serio? .Edia repliqué, escéptico. .D .Bdia En serio, .Edia sonrió Jiyari y fue a devolverle la gema a Yánika con gestos desenfadados mientras decía: .Bdia Toda la cocina está reluciente. Ya te lo he dicho: en todo lo relativo a la limpieza soy un experto. El maestro Jok no paraba de castigarme con tareas de esas. De niño porque era un rebelde y de muchacho… .Edia .D .Bdia Porque regresabas borracho a tu escuela, .Edia completé. .Bdia Pero aquí tendrás que hacer tus tareas en todos los casos. Oh, y si se te ocurre intentar entrar borracho en esta casa, olvídate de la generosidad del Gran Chamán. ¿Me has oído? Te mando de vuelta a tu Escuela Sabia de Kozera con Saoko guardándote las espaldas, .Edia lo amenacé. .P Jiyari me miró con sincera aprensión… y sonrió con todos sus dientes. .D .Bdia ¡Tranquilo! Ahora que sé que no estoy loco, me ahorraré la pena de emborracharme. .Edia .D .Bdia ¿Y si te dijera que sigues estando igual de loco? .Edia le dije retomando el martillo. .P Jiyari rió y se rascó una sien con el índice. .D .Bdia Bueno… Pero al menos seré un loco con casa y bonitas flores a mi alrededor. ¡Mi sueño hecho realidad! .Edia se emocionó y se ruborizó. .Bdia Esto… Vaya, ya casi has acabado con la ventana. ¿Qué vas a hacer ahora? Toca colocar las tejas, ¿no? ¡Te deseo ánimo! .Edia .P Me contenté con echarle una mirada entre divertida y burlona. El rubio regresó adentro silbando y, tras bajar la vista hacia la botella de agua y sopesarla un instante, opté por echármela sobre la cabeza. Por un momento, noté cómo el Datsu revoloteaba por mi cuerpo, buscando tal vez señales de exceso pero me dejó sabiamente sentir toda la frescura y el alivio de esa agradable cascada que apartaba el calor. Con gesto presto, saqué otro clavo de mi bolsillo y seguí con mis martillazos. Poco después, acabé de colocar los clavos que me faltaban y me subí a las tejas mediante una escalera de madera que había encontrado en el trastero. .P La casa sólo tenía una planta baja y se situaba en una alta colina del mismo lado del río que la Colina de las Campanas. Además de las hermosas vistas que tenía —se veía todo el mar y toda Firasa—, también la había elegido por su aislamiento con respecto a las demás casas, un aspecto importante considerando el aura de Yánika. El jardín que la rodeaba, en escalones, había sido abandonado desde que la anciana que vivía en la casa había muerto unos meses atrás y crecían todo tipo de malas hierbas. El propietario, que vivía en Lellet, había querido venderla y acabé por comprarla pensando que, teniendo dinero para pagarla, no iba a dejar pasar la oportunidad. Si algún día dejaba de necesitarla, siempre podía donarla a la cofradía de los Ragasakis. .P Estaba aún colocando las tejas nuevas cuando sentí el aura de Yánika alejarse y la vi, fuera de casa, arrancando hierbas. Cantaba una canción popular de Dágovil que yo le había enseñado: .P .Bl -t verse .It Nació un pequeño rowbi .It que se llamaba Ater .It por la tierra se arrastra, .It mas saijit quiere ser. .It “¿Por qué no tengo piernas? .It ¿Por qué no puedo andar?” .It ¡Pobre Ater, pobre Ater, .It saijit no puedes ser! .El .P Continuó la canción. Se la sabía de memoria: acababa con el gusano reencarnándose temporalmente en el cuerpo de un saijit con tabardo negro —implícita referencia a los empleados de las órdenes del Gremio de las Sombras de Dágovil. El rowbi finalmente volvía a su forma inicial por propia voluntad. .P .Bl -t verse .It ¡Pobres saijits, pobres saijits, .It que rowbis no pueden ser! .El .P Canté los dos últimos versos con ella y me tiré del tejado con un sortilegio órico aterrizando en el suelo con la ligereza de una pluma. .D .Bdia ¡Yani! Ya déjalo por hoy. Vayamos a la cofradía a ver si tienen noticias del dokohi. .Edia .D .Bdia ¡Yo me quedo! .Edia dijo Jiyari. .P Lo vi aparecer por la ventana con un trapo lleno de espuma en la mano. Hasta se había puesto un pañuelo sobre la cabeza para evitar que sus mechas rubias rebeldes lo molestaran. Con una media sonrisa, asentí: .D .Bdia Entonces cuida bien de la casa, Campeón. .Edia .D .Bdia ¡Déjamelo a mí! .Edia lanzó Jiyari, alzando el trapo. .Bdia No quedará ni una telararaña, ni una mota de polvo. .Edia .D .Bdia Se lo toma en serio, .Edia se impresionó Yánika en un murmullo. .P Sonreí y alcé una mano de saludo. .D .Bdia Sin duda. Desde luego es más agradecido que Saoko. .Edia .P Attah, cuando pensaba en ese drow… A saber dónde se había metido ahora: en cuanto habíamos empezado las reparaciones de la casa, sus apariciones se habían hecho esporádicas hasta que, hacía tres días, había dejado de aparecer del todo. Al principio lo había vacilado por vago y al tercer día lo había avisado de que, si no levantaba un dedo para ayudar, se quedaría fuera, pero ni siquiera me había puesto cara de fastidio: había dado media vuelta y se había ido. Y no había vuelto. .P Mar-háï. Tal vez había pensado que tenía mejores cosas que hacer que protegerme mientras yo restauraba una casa. No le faltaba razón. .P Bajamos las escaleras y luego un camino bordeado de casas y árboles bajos y frondosos. Yánika estaba habladora, llena de ideas para adornar nuestro nuevo hogar. No le había hablado aún de la reunión a la que me había invitado la tía Sasali y… la verdad era que cuanto más tiempo pasaba menos ganas tenía de ir a verlos. Al fin y al cabo, en esos ocho últimos días, no había vuelto a tener sueños sobre Kala, ni Jiyari se había mostrado más raro de lo que era ya. Mi instinto me decía que, de momento al menos, nadie corría peligro por estar al lado de unos Pixies del Desastre. No significaba eso que no deseara resolver ese misterio pero… no lo sentía como una urgencia y más me preocupaba la ausencia de noticias sobre Naylah, Livon y los cinco Caballeros de Ishap que habían salido a por el dokohi fugado. .D .Bdia Di, hermano, .Edia dijo Yánika tras un silencio. .Bdia Cuando vuelvan Naylah y Livon… podríamos invitarlos a todos a casa. .Edia .P Ya estábamos subiendo la Colina de las Campanas. Enarqué las cejas, sorprendido ante la propuesta. .D .Bdia ¿Invitarlos? Nuestra casa no es un albergue, Yani. .Edia .D .Bdia No es eso, .Edia resopló Yánika, riéndose. .Bdia Invitar también significa hacer que la gente venga a pasar una velada. Podemos inaugurar la casa y… además… además cumpliré trece años dentro de una semana. ¿Lo has olvidado? .Edia .D .Bdia ¿Cómo voy a olvidarlo? .Edia .P Meneé la cabeza bajo su mirada interrogante. Jamás se me habría ocurrido invitar a nadie, pero si así lo deseaba Yánika… .D .Bdia Me parece bien, .Edia dije. .P Yánika brincó, sonriente, y salió corriendo hacia la puerta de los Ragasakis. Cuando la empujó, su aura se impregnó de sorpresa, luego de alegría, y mi hermana desapareció adentro diciendo: .D .Bdia ¡Naylah! .Edia .P Inspiré. ¿Habían vuelto? Me apresuré a entrar a mi vez. Sentados a una de las mesas bajas, sobre las alfombras y cojines, Orih, Sirih y Sanaytay escuchaban las palabras de Naylah mientras Loy le servía a esta un zumo de manzana. El secretario alzó sus gafas hacia nosotros. .D .Bdia Drey, Yánika. ¿No os habéis cruzado con Livon al llegar? .Edia .P Negué con la cabeza, acercándome. .D .Bdia ¿Adónde ha ido? .Edia .D .Bdia A reclamar a Tchag, .Edia contestó Sirih jugueteando con sus brazaletes. .Bdia En cuanto se ha enterado de que lo tienen encerrado, se ha marchado de aquí como un bandido perseguido. .Edia .D .Bdia Sin duda le tiene cariño, .Edia murmuró Naylah con cierta ternura. .D .Bdia ¿Encontrasteis al dokohi? .Edia preguntó Yánika, sentándose en cuclillas junto a ella. .P La lancera suspiró y echó una mirada de biés hacia Astera, cómodamente instalada junto a la mesilla. La lanza, negra con motivos malvas, estaba aún salpicada de sangre. Palidecí mientras Sirih resumía: .D .Bdia Les siguieron el rastro hasta muy adentro de las montañas, y luego los perdieron. .Edia .D .Bdia ¿Así, de súbito? .Edia me extrañé. .D .Bdia Debieron de encontrar un pasaje escondido y borrar su rastro, .Edia meditó Loy tras servirse a él mismo un zumo. .Bdia Si bajaron hasta los Subterráneos, deberían estar a la altura de Lédek. .Edia .P Sentí un escalofrío. Eso caía cerca de Dágovil. Pregunté: .D .Bdia ¿Cuántos eran? .Edia .D .Bdia Seis, .Edia contestó Naylah con total certidumbre. .Bdia Cuando perdimos su pista, Grinan y sus compañeros quisieron seguir buscando, pero al de un par de días Livon los disuadió. Él conoce mejor las montañas que todos nosotros, quitando tal vez a Orih… Sin él probablemente nos habríamos metido en más guaridas de orcos sin quererlo. .Edia .D .Bdia ¿Orcos? .Edia farfulló Orih, impactada. Orcos, me repetí. Ahora entendía mejor la sangre oscura que empañaba la lanza. .D .Bdia Sólo nos encontramos con dos centinelas, .Edia aseguró Naylah. Y, respondiendo a una pregunta muda de Loy, agregó: .Bdia No los matamos. Pero no nos lo pusieron fácil. .Edia .P El secretario suspiró de alivio. .D .Bdia Me alegro… Los orcos de esa zona nunca nos han causado problemas. .Edia .D .Bdia ¿Bromeas? .Edia carraspeó Orih, aún afectada. .Bdia ¿Te has olvidado de la vez en que casi nos atrapan a Livon y a mí? .Edia .D .Bdia Ah… Pero esa vez ibais a causarles problemas a ellos, si bien recuerdo, .Edia apuntó Loy posando su vaso. .D .Bdia ¿Habéis molestado a unos orcos? .Edia me atraganté. .D .Bdia Eso es nuevo para nosotras también, ¿eh, hermana? .Edia intervino Sirih. .Bdia ¿Qué les hicisteis? Déjame adivinarlo… ¿les hiciste explotar la casa? .Edia .P Con una sonrisa diabólica y un ademán, dibujó en el aire con sus armonías una pequeña montaña bien verde que explotaba entera. A falta de colaboración de Sanaytay, añadió con su propia voz un teatral: .D .Bdia ¡No, nuestra montaña no! .Edia .P Yánika y yo nos carcajeamos. .D .Bdia ¿Por quién me tomas? .Edia se quejó Orih. .Bdia No puedo explotar montañas enteras. Además, siempre verifico la zona y evalúo las consecuencias antes de soltar una explosión de las mías. .Edia .D .Bdia Oh, sí, por ejemplo: el río Espiral… .Edia .D .Bdia ¡Sirih! .Edia protestó la mirol. .Bdia Eso ya está resuelto gracias al abuelo de Drey. Y te equivocas completamente con los orcos. Ocurrió el verano pasado. Nos contrataron unos mineros para que recuperáramos una piedra preciosa que les había robado un empleado. Lo perseguimos por todo el monte y, con las prisas, el ladrón se metió sin querer en una aldea de orcos. .Edia .D .Bdia Qué mala pata, .Edia comentó Loy. Por su tono, supuse que, pese a la mala situación, todo había salido bien. .D .Bdia ¿Qué pasó? .Edia preguntó Sanaytay en un murmullo embebido. .D .Bdia Los orcos rodearon al ladrón, .Edia continuó Orih, contenta de tenernos a todos tan pendientes. .Bdia Y el ladrón creyó que ya entregaría el alma a las Llamas del Mundo, pero entonces Livon le dijo: levanta el puño con el diamante y te salvaré la vida. El ladrón, muerto de miedo, le hizo caso. Y Livon permutó y se encontró con el diamante en la mano y una decena de orcos mirándolo con ojos así de grandes. .Edia .P Orih tal vez no tenía mucha práctica escribiendo cartas formales pero contar historias y ponerle tono dramático no se le daba mal. .D .Bdia Livon siempre tan insensato, .Edia apuntó Loy. .D .Bdia Y que lo digas, .Edia resoplé. Meterse en plena aldea de orcos y permutar con un ladrón para recuperar una piedra preciosa… no lo hacía cualquiera. .D .Bdia ¿Qué pasó luego? .Edia inquirió Yánika con impaciencia. .P Orih sonrió. .D .Bdia Luego, la explosionista se allegó, gritó con la ferocidad de una gata y tiró una granada de humo fabricada por el mismísimo Staykel el Ahumador. El permutador salió corriendo como el viento y escapó escalando un pedregal como un mono gawalt. .Edia Enseñó todos sus dientes afilados. .Bdia Y así terminó: los orcos se aburrieron de perseguirnos y devolvimos la piedra preciosa a los mineros. .Edia .D .Bdia Y los orcos, en todo eso, fueron las pobres víctimas, .Edia opinó Loy. .D .Bdia Pff, no le hagáis caso: Loy siempre se ha creído que los orcos de las montañas de Skabra eran los saijits más pacíficos de toda Háreka, .Edia refunfuñó Orih. .P Sirih estalló de risa. .D .Bdia ¿En serio? .Edia .P El secretario puso los ojos en blanco. .D .Bdia No los más pacíficos, pero desde luego tampoco los más agresivos. No bromeo: algunos incluso bajan hasta Firasa para comerciar. Drey, Yánika, sentíos libres de serviros zumo de manzana, .Edia añadió. .P Di las gracias y nos serví. Sirih se había vuelto pensativa. .D .Bdia ¿Y el ladrón? .Edia preguntó. .Bdia ¿Qué pasó con el ladrón? .Edia .P Orih se rascaba vivamente la mejilla. Contestó retomando su tono de contadora: .D .Bdia Corrió con nosotros un rato y nos dio las gracias por haberle salvado la vida. Y luego tomó su propio camino. .Edia .P Sirih agrandó los ojos. .D .Bdia ¿Lo dejasteis ir? .Edia .D .Bdia Claro, .Edia sonrió Orih. .Bdia A nosotros sólo nos pidieron que regresáramos con la piedra preciosa. .Edia .P Su razonamiento me pareció del todo lógico; sin embargo, Sirih estaba sorprendida. Y turbada. ¿Estaría recordando algo sobre su infancia en Daer? Al fin y al cabo, ellas también habían sido ladronas y el robo en Daercia se castigaba a menudo con la horca. Debía de haber vivido muchos años temiéndola como un destino inevitable. Cuando vi a Sanaytay posar una mano reconfortante sobre la de su hermana, entendí que mis suposiciones no eran erradas. .P Naylah se levantó. .D .Bdia En cualquier caso, los orcos con los que nos encontramos no nos dieron precisamente la bienvenida. ¿Dijo Zélif cuándo volvería? .Edia .D .Bdia No, .Edia suspiró Loy, poniéndose en pie a su vez. .Bdia Debe de estar atrapada por los libros de Trasta. Son casi las cinco. Voy a ver si Shimaba no me necesita con sus experimentos. Últimamente ella también está muy ocupada. Ahora está intentando crear un lápiz capaz de escribir sobre el aire. .Edia .D .Bdia ¿Uh? .Edia se interesó Sirih saliendo de sus pensamientos. .Bdia ¿Eso no son armonías? .Edia .D .Bdia No: está usando un colorante y órica y aríkbeta… pero la verdad aún no acabo de entender lo que quiere hacer, .Edia admitió Loy. .D .Bdia ¿No se supone que eres su aprendiz? .Edia se burló Orih. .P El secretario se pasó la mano por sus rizos castaños, sonriente. .D .Bdia Cierto, pero yo me ocupo de fabricar mágaras más vendibles. .Edia .D .Bdia ¡Si será que Kali te ha metido su espíritu de comerciante! .Edia se mofó de pronto una voz socarrona arriba de las escaleras. Era la vieja Shimaba. .Bdia Loy. Deja ya de vaguear: necesito tu ayuda. .Edia .P El aprendiz magarista asintió recolocándose las gafas con un dedo y se inclinó levemente hacia nosotros. .D .Bdia Pasad una buena tarde, cofrades. Si vuelves a casa, Naylah, descansa bien. .Edia .P Lo vimos desaparecer escaleras arriba. Naylah meneaba la cabeza con una leve sonrisa. .D .Bdia Siempre tan caballeroso, ese Loy. .Edia .P Orih movió las cejas, burlona, y se incorporó de un bote agarrándose al codo de Naylah. .D .Bdia Tú no me engañas. No habréis encontrado al dokohi, ¡pero has pasado dos semanas enteras en compañía de Grinan de Ishap! Di, di, di, ¿no te ha dicho nada? .Edia .P La lancera se apartó un mechón plateado de su rostro, ajena a la agitación de la explosionista. .D .Bdia ¿Qué va a decirme? Pidió perdón por haber dejado escapar al dokohi, naturalmente. .Edia Alzando una mano, revolvió con afecto el cabello verde y rojo de Orih quien, por una vez, no llevaba su sombrero. .Bdia Luego me contarás más cosas sobre Donaportela. Voy a volver a casa y ocuparme de Astera. Si Livon no regresa con Tchag, avisadme. No dejaré que esos mandones del Consejo de Gremios se salgan con la suya. .Edia .P Se fue y los cinco restantes nos volvimos a sentar alrededor de la mesa. Yánika aprovechó para hablar de nuestra casa, cuyos arreglos la tenían muy animada, y finalmente, tras varias ojeadas insistentes hacia mí, les hablé de la invitación: .D .Bdia Sí, esto… Estábamos pensando… Bueno, fue Yánika la que lo pensó. Quiere invitaros a todos a cenar un día de estos. Si es posible. Es su cumpleaños dentro de poco y… .Edia .P Me interrumpí ante la exclamación de Orih. .D .Bdia ¡Por supuesto que iremos! .Edia se emocionó. .Bdia Sacaré hasta a la vieja Shimaba de su cueva, confía en mí. ¡Trece años! Recuerdo que el día de mis trece años exploté mi primer arrecife. ¡Llovió el agua del mar como una fuente! Fue un día memorable. Espero que el tuyo también lo sea. .Edia .P Yánika se había ruborizado de placer ante su entusiasmo. Orih aún estaba organizando el evento como si fuera el suyo cuando la puerta se abrió y apareció Livon con expresión muy sombría. Con el calor, se había quitado la capa roja pese a que esta, según decía, le ayudaba a llevar a cabo sus permutaciones sin perder objetos. .D .Bdia Y bien, y bien, apuesto a que no te lo han devuelto, .Edia soltó Sirih. .P El permutador sacudió la cabeza y se aproximó con pasos lentos. Realmente parecía desanimado. Al fin, dijo: .D .Bdia Para liberar a Tchag… me piden dos mil kétalos de fianza. .Edia .P Dánnelah… No era baja la fianza. .P .Bdm Son unos impresentables, .Edm agregó la voz mental de Myriah. Me fijé en que Livon se había colocado la lágrima de cristal en el lóbulo de su oreja como yo lo hacía. La contenida irritación de la jugadora del Imperio de Arlamkas era palpable. .P Orih golpeó la mesa con el puño. .D .Bdia ¡Toca colecta de fondos! No te preocupes, Livon: reuniremos esos dos mil. Nuestro honor está en juego. .Edia .D .Bdia Se te ha quedado el tono de contadora, Orih, .Edia le hice notar y añadí: .Bdia No os precipitéis. Pagaré yo. .Edia .P Livon alzó la cabeza, sorprendido. .D .Bdia ¿Y por qué sólo tú? .Edia protestó Orih, extrañada. .P Sonreí. .D .Bdia Recuerda, Livon: el día en que nos encontramos, Zélif me entregó al imp. Dejad que me ocupe de esto. Yánika, ¿tienes la gema? .Edia .P Mi hermana asintió y rebuscó en su bolsillo. .D .Bdia Drey… No tienes por qué hacer esto, .Edia aseguró Livon. .Bdia Lo pagaré yo. Ya sabes que no me gustan los problemas resueltos fácilmente. Aceptaré todas las misiones de esta semana y sacaré los dos mil. .Edia .D .Bdia Eso es optimismo, como diría Loy, .Edia se burló Sirih. .Bdia Dos mil en una semana… no podrás conseguirlo. Dejad que se ocupe el chamán, ya que tanto desea ayudar. .Edia .P No era nuevo que la armónica me llamara chamán pero, después de saber que uno de los apodos de Kala era el Gran Chamán, el apelativo me causó cierta turbación… turbación que se intensificó con el aura súbitamente sorprendida y alarmada de Yánika. .D .Bdia Hermano… No la encuentro, .Edia confesó. .P Rebuscaba los dos bolsillos de su vestido con nerviosismo. Me agaché junto a ella, inmovilizándola. .D .Bdia Si la gema no está, no va a aparecer por magia, .Edia le dije. .Bdia ¿La dejaste en casa? .Edia .D .Bdia Es… posible. ¡Sí! .Edia dijo entonces, recordando. Su aura se tranquilizó de inmediato y sus ojos negros sonrieron, aliviados. .Bdia La dejé en la mesa del salón. .Edia .P La mesa del salón… Tan a la vista. Me levanté. .D .Bdia Vuelvo enseguida. .Edia .P Salí y bajé la colina a buen paso, pensativo. Jiyari se había mostrado tan dispuesto a quedarse en casa para limpiar… ¿Y si se había esfumado con la gema? Ralenticé el ritmo, rechazando la posibilidad. Era cierto que apenas lo conocía, pero por lo poco que sabía de él… definitivamente no tenía pintas de ladrón. .P Llegué a la Colina Boscosa, saludé a un vecino sonriente con un gesto de la mano y subí las escaleras que atravesaban los jardines en escalón hasta nuestra casa. .P No se oía un ruido en ella. Aguzando el oído, me aproximé a la puerta, la abrí y entré. Vi la escoba caída al suelo junto a la puerta del salón y me adelanté… Sentado a una silla, todavía con el pañuelo sobre la cabeza, Jiyari se mordía una mano ensangrentada respirando entrecortadamente. .D .Bdia ¡Jiyari! .Edia me precipité. .Bdia ¿Qué demonios…? .Edia .P Sobre la mesa, junto al jarrón de flores, estaba la gema que Yánika había dejado, intacta. .D .Bdia Her-ma-no, .Edia farfulló Jiyari. .Bdia Me he cortado… me he cortado… .Edia .P De hecho, tenía un buen corte en la mano, así como unos ojos exorbitados. .D .Bdia Es sangre… Es sangre, .Edia repitió. .P Había pánico en su voz. Obviamente, la vista de la sangre lo había impactado y ahora más que un muchacho de diecisiete años parecía un crío de seis. Aun así, no pude evitar alegrarme de haber sido desconfiado equivocadamente. Meneé la cabeza. .D .Bdia Espera un momento. .Edia .P Minutos después, Jiyari tenía la mano desinfectada y vendada y le pregunté: .D .Bdia ¿Cómo te has hecho eso? .Edia .D .Bdia Con un viejo clavo. El de esa silla… La sangre me pone enfermo. El maestro Jok me dijo que lo mejor era bebérmela para no verla pero el sabor no es mejor… Lo siento, he regado todo el parqué… .Edia .P El rubio echó una rápida ojeada hacia la sangre que había caído al suelo y tragó saliva. Todavía no se había calmado del todo. Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Son cuatro gotas, .Edia aseguré. Agarré un trapo, lo tiré encima de la sangre para taparla y sonreí. .Bdia Todo en orden. No te preocupes: le daré un buen martillazo a ese clavo. Pero ten más cuidado. .Edia .P Jiyari pestañeó observándome y me mostró una sonrisa humilde. .D .Bdia Lo tendré, .Edia prometió. .P Agarré la gema que estaba sobre la mesa y fui a por mi mochila, de la que saqué la otra gema que me quedaba, menos valiosa, que debía de valer unos dos mil kétalos. Cuando volví a levantarme, Jiyari rompió el silencio con un: .D .Bdia Gracias. .Edia .P Me giré hacia él con una ceja enarcada. .D .Bdia No he hecho más que vendarte una mano. .Edia .D .Bdia El maestro Jok nunca me vendaba las heridas. .Edia .P Fruncí el ceño. Los labios de Jiyari se torcieron en una mueca sonriente y amarga cuando añadió: .D .Bdia El maestro Jok es un gran sabio erudito, ha leído muchos libros y, por eso mismo, teme el contagio de la locura por la sangre. Cuando me hacía una herida, siempre me vendaba yo mismo. Los demás aprendices no se acercaban a mí. Me llamaban el Diablo Loco. .Edia .P Espiré, sin saber qué contestar. Su infancia, por lo visto, había sido un infierno de soledad todavía peor que el mío. Pero entonces… ¿cómo podía ser tan alegre y parlanchín y sonar tan natural? .D .Bdia ¿Cómo acabaste en la Escuela de Escribas? .Edia pregunté al fin. .P Jiyari se encogió de hombros. .D .Bdia Siempre estuve ahí. No recuerdo cómo llegué. Mi memoria, ya sabes… dura menos que el camún en el vaso de un bebedor. .Edia Soltó una corta carcajada y confesó: .Bdia A veces pienso que es mejor tener mala memoria. Quiero encontrar a los demás Pixies, por supuesto, pero… tengo la impresión de que, si llegara a recordarlo todo, me volvería muy infeliz. Cada vez que veo sangre, más que la herida me duele… me duele más el pasado. .Edia .P Me quedé mirándolo, suspenso. .D .Bdia ¿Has recordado algo? .Edia .D .Bdia No… .Edia reflexionó Jiyari. .Bdia Sólo… cuando he visto la sangre, he sentido como si debiera haber recordado algo. Pero sólo me quedó esa sensación. Creo recordar como… como un dolor más allá de lo que puede aguantar una mente saijit. Algo infame. Algo horrible. .Edia Marcó una pausa. .Bdia ¿No has tenido nunca esa sensación? .Edia .P Era difícil adivinar si su reacción era debida a una fobia o a un verdadero recuerdo… Negué con la cabeza. .D .Bdia No. Pero, de todas formas, no podría sentir un dolor semejante, .Edia repliqué. Señalé mi tatuaje. .Bdia Cosas del Datsu. .Edia Y me dirigí hacia la puerta de salida añadiendo: .Bdia ¿Te vienes? Te presentaré a Livon. Vamos a ir a liberar a un imp de las garras administrativas. .Edia .P Jiyari inspiró, sobrecogido, y se levantó lentamente con los ojos brillantes. .D .Bdia ¿Puedo ir? ¿En serio? .Edia .P Ladeé la cabeza, divertido, desde la entrada. .D .Bdia Puedes. .Edia .Ch "El aguafiestas" .\" 10/06/2019 .Bcita El hogar viaja en nuestros corazones. .Ecita .autor-cita "Yánika Arunaeh" .salto Un aura de nerviosismo flotaba en toda la casa. Alisé el mantel y, cuando vi a Yánika venir de la cocina con una pila de platos, resoplé y me apresuré a ayudarla. .D .Bdia No hace falta que los traigas todos de un golpe, Yani. .Edia .D .Bdia Lo sé… .Edia .D .Bdia Todavía queda una hora para que lleguen. .Edia .D .Bdia Lo sé… .Edia .D .Bdia Y puedes ir calmándote ya: no hay razón alguna para que te pongas nerviosa por una simple cena. .Edia .D .Bdia ¡Lo sé! .Edia replicó Yánika con viveza. .Bdia ¡Estoy tranquila! .Edia .P Y se fue de nuevo a la cocina refunfuñando palabras inintelegibles. Suspiré. Las mentiras sonaban aún más ridículas viniendo de ella, pues su aura la contradecía despiadadamente. .P Apenas un minuto después, se oyeron voces al exterior y alguien llamó a la puerta. ¿Tan pronto?, me extrañé, al tiempo que oía un súbito estruendo metálico en la cocina. Me precipité hacia esta y constaté que simplemente se le habían caído los tenedores a Yánika por todo el suelo… Dejé escapar un suspiro aliviado y fui a abrir la puerta. .D .Bdia ¡Tachán! .Edia exclamó Orih brincando. .Bdia ¡Hemos venido a ayudar! .Edia .P Y entraron ella, y Livon, y Sirih y Sanaytay, cada uno dejándome sus compras para «guarnecer» la mesa: dos pollos bien frescos por parte de Orih, varias barras de pan por parte de Livon, y Tchag pasó el umbral enseñándome, orgulloso, la vela gorda y naranja que traía. .D .Bdia ¡Es para bendecir la casa! .Edia explicó el imp animadamente. .P Las dos semanas pasadas encerrado en la Consejería no parecían haber afectado su buen humor, tal vez porque había pasado todo ese tiempo transformado en espectro y no recordaba nada. Livon especificó: .D .Bdia Según una vieja tradición trae suerte encender una vela naranja bajo el techo de un nuevo hogar. Es lo que dice Myriah. .Edia .P .Bdm En el Imperio de Arlamkas se hacía eso incluso en las familias reales, .Edm aseguró la voz mental de Myriah. .Bdm Protege del fuego y ahuyenta los males. ¡Y huele de maravilla! .Edm .P Por su tono, esa última parecía ser su razón principal. Aunque ella no tenía olfato… El hecho de que quisiese compartir con nosotros unos recuerdos suyos viejos de más de un siglo me arrancó una sonrisa de respeto. .D .Bdia La encenderé en cuanto se vaya el sol, .Edia prometí, aceptando la vela de las pequeñas manos grises de Tchag. .P Cuando Sanay me dejó un plato bien embalado y le pregunté qué había dentro, contestó tímidamente: .D .Bdia Son galletas negras de tugrín. Leí una vez que eran muy apreciadas en Dágovil y pensé que os traerían buenos recuerdos. .Edia .D .Bdia Oh. Gracias, .Edia me sorprendí. .Bdia No sabía que podían encontrarse galletas de tugrín en Firasa. .Edia .D .Bdia ¡Ja! Y probablemente no se pueda, .Edia intervino Sirih. .Bdia Fue mi hermana la que las hizo esta mañana. Pruébalas. .Edia .P Su mirada verde centelleante parecía desafiarme a solamente criticar la obra de su querida hermana. Me pregunté si sería capaz de fingir que me gustaban dependiendo del resultado… Masqué una, la saboreé y exclamé: .D .Bdia ¡Las haces mejor que mi tía Sasali! .Edia .P No era mentira. Sanaytay se puso roja como un zorfo. Tanto que me preocupé. .D .Bdia Esto… ¿He dicho algo raro? .Edia .P Ella dijo no con la cabeza pero su tez permaneció igual de colorada. Esperé que no se fuera a poner enferma. Me acabé la galleta y les hice un gesto, al que Jiyari acompañó con la palabra diciendo como un gran anfitrión: .D .Bdia Sentaos donde queráis. Todavía no tenemos muchos cojines… .Edia .D .Bdia ¡Está perfecto! .Edia dijo Orih, radiante. .Bdia ¡Es la primera vez que me invitan a una casa de verdad para inaugurarla! .Edia .P La mirol había asomado la cabeza desde la cocina y regresó a esta para seguir hablando con Yánika. El aura de esta por fin se había calmado. La tarde y la cena se anunciaban movidas, y no me equivoqué. Después de organizarlo todo con ayuda de los demás, empezaron a llegar los invitados restantes, todos con algún detalle que regalar y añadir a la casa: Staykel, Praxan y su hija Shaïki, Loy, Yeren, Naylah, Kali… Hasta se apuntó Shimaba. Y, ya cuando nos habíamos instalado a la mesa, llegó Baryn. El monje yurí no había cambiado: seguía con su misma túnica algo harapienta, sus botas embarradas y su carácter fantasioso. Se pasó media hora hablando de unos escarabajos blancos que había encontrado en las llanuras de Korame, en el norte de Rosehack. Le había llevado un mes entero recopilar un mínimo de información sobre el insecto, algo que sonaba aburridísimo, pero no por ello su trabajo había sido mal pagado: el laboratorio de investigación que lo había contratado lo había recompensado generosamente. .D .Bdia Y con esas pintas vienes, .Edia lo pinchó la vieja Shimaba mientras rellenaba su plato de pastas; a pesar de su edad, tenía buen apetito. .Bdia Aunque podría habernos venido peor. Recuerdo que, después de los tres años que pasaste en el bosque de Añarza, regresaste hecho una bola de musgo. .Edia .D .Bdia No seas tan dura, lo que quería era fundirse con la Naturaleza, .Edia se burló Loy. .D .Bdia Eso me recuerda, .Edia intervino Kali la Sirena, .Bdia que hace unas semanas conocí a un aventurero nurón que se mudó a la zona submarina de Firasa para inventoriar todas las especies de plantas que viven ahí abajo. No es monje yurí, pero se lo ve igual de fascinado por la Naturaleza. .Edia .D .Bdia Y tú por él, .Edia adivinó Staykel, perspicazmente burlón. .D .Bdia Beh, .Edia le gruñó Kali, sonriente. Y añadió para Baryn: .Bdia Si quieres, te lo presento. Si es que no te esfumas en dos días de aquí. .Edia .D .Bdia Mm… .Edia Baryn alzó con su única mano un tenedor repleto de arroz. .Bdia ¡Será un placer conocer a ese aficionado! .Edia .P A pesar de su pose arrogante, ese humano no conseguía parecer serio. .D .Bdia ¿Firasa tiene una parte submarina? .Edia se interesó Yánika. .D .Bdia Mm, .Edia confirmó Kali. .Bdia Y no pequeña: hay como doscientos nurones viviendo en la zona de los arrecifes que Orih no hizo explotar. No está en la parte donde está nuestra .Sm -t nomlieu Calandria , sino al otro lado del río, junto al barrio de la Cueva. .Edia .D .Bdia ¡Yo sé dónde está! .Edia intervino la pequeña Shaïki, sentada entre Praxan y Staykel. Alzaba su pequeña mano. .Bdia Tengo un amigo en la escuela que vive en el agua. Y una amiga que vive en la Cueva. Y también uno que vive en un vertedero. .Edia .P Varios se irguieron y yo enarqué una ceja. .D .Bdia ¿Un vertedero, hija? .Edia se extrañó Praxan. .P Shaïki señaló a Livon con el índice. .D .Bdia Papá dice que Livy vive en un vertedero. .Edia .P Livon se sonrojó, atónito. Staykel resopló ruidosamente. .D .Bdia ¿Qué? Vamos, yo nunca he dicho eso. ¿Dije eso? Mil brujas sagradas, ¿seguro que dije eso, hija? .Edia .P Shaïki asintió firmemente y sus dos coletas violetas siguieron el movimiento. .D .Bdia ¡Mm! Dijiste que Livy vivía en un vertedero y que a ver si encontraba una novia que… .Edia .P Su padre la acalló mascullando, revolviendo su cabello, mientras los demás nos echábamos a reír. Livon se rascó una sien comentando con una ancha sonrisa: .D .Bdia No hace falta novia. Con que me desmaye unas horas, basta: Yánika y Drey se ocuparon muy bien de la casa la última vez… .Edia .P El permutador estaba sentado a mi lado y recibió un empujón divertido de mi parte. .D .Bdia Y tanto que me ocuparé, .Sm Livy , .Edia le dije. .Bdia ¡La próxima vez la haré volar en pedazos junto con la montaña de embalajes! .Edia .D .Bdia Te ayudaré si quieres, .Edia intervino Orih enseñando una sonrisa afilada de mirol embadurnada de tomate. .Bdia Soy buena para la limpieza. ¡Una pequeña explosión y listo! .Edia .D .Bdia ¡¿Qué…?! .Edia resopló Livon. .D .Bdia Tranquilo, .Edia dijo Sirih. .Bdia Reharé la casa luego con mis armonías. O un castillo. Es lo bueno que tienen las ilusiones: uno puede pedir exactamente lo que quiere. .Edia .D .Bdia Pero yo no quiero ningún castillo, .Edia protestó Livon. .D .Bdia Vamos, no podrás quejarte, Livy, .Edia se burló Loy, ajustándose las gafas, en cabeza de mesa. .Bdia No te faltan compañeros para ayudarte. .Edia .D .Bdia ¡Así actúan los Ragasakis! .Edia corroboró Naylah, alzando el puño. .Bdia ¡Apoyo mutuo para todos! .Edia .D .Bdia Destrucción mutua para todos, .Edia corrigió Yeren con una sonrisilla. .Bdia Pasaré luego a curar las heridas. .Edia .D .Bdia ¡A llevarle más pasteles de verduras, querrás decir! .Edia se mofó Loy. .D .Bdia ¡Eso! .Edia exclamó Livon, medio levantándose y señalando al curandero. .Bdia ¡Ya tenemos al culpable! ¡El cocinero! .Edia .D .Bdia ¡Ja! ¿Culpable, Yeren? .Edia se rió Baryn con voz profunda. .Bdia Lo sería si no te comieses sus pasteles. ¡Vamos! Hacéis un mundo de nada, Ragasakis: esos embalajes son de papel. Con la lluvia, se unen a la Madre Tierra. .Edia .D .Bdia Defendiendo a tu discípulo, ¿eh? .Edia sonrió la vieja Shimaba. .Bdia Reconoce, Baryn, que en eso le enseñaste mal al muchacho. .Edia .D .Bdia También hay que decir que no lo tenía fácil, .Edia lo excusó Loy. .Bdia Lo sé porque, para enseñarles a leer a Orih y a él, me las vi y me las deseé. .Edia .P Mientras estallaban las pullas acerca de lo difícil que había sido integrar a esos «dos salvajes» en la civilización, Livon me dedicó una mueca como para decir: exageran. Puse los ojos en blanco y apunté para él: .D .Bdia ¿Sabes? No me extrañaría que Tchag sea capaz de comerse los embalajes. Come tan rápido que ni los distinguiría. .Edia .P De hecho, el imp engullía la comida de la mesa con apetito, escuchando a medias la conversación. Su estómago parecía no tener fondo. .P Finalmente, la conversación derivó. Estaban todos muy animados, incluida la anciana, quien soltaba a veces frases bromistas, secas y cortas que hacían carcajearse toda la mesa. Jiyari, en cambio, no hablaba mucho: pese a probablemente haber vivido veladas mucho más ruidosas en las tabernas de Kozera, esta la vivía bien sobrio y por lo visto la presencia de tanta gente lo había sumido en un estado de timidez cercano al de Sanaytay: de hecho, los dos sonreían, los dos escuchaban atentamente y disfrutaban de la conversación, pero no parecían ansiosos por participar en ella. Carácter de observación, como lo habría llamado Madre: sus lecciones sobre el comportamiento saijit y la bréjica, aunque incompletas, solían resultarme útiles para entender a quienes me rodeaban… ya que a veces el Datsu no ayudaba a ello. .P Eran ya las once cuando Baryn, Loy, Kali, Shimaba y Shaïki con sus padres se despidieron agradeciendo la acogida. Ya en el umbral, la vieja Shimaba levantó un índice observándome con sus ojos astutos y diciendo: .D .Bdia Y ahora os dejo disfrutar de la velada porque, como dicen, allá donde van las viejas, agrian el vino con sus palabras. .Edia .D .Bdia De ningún modo, .Edia sonreí, inclinándome. .Bdia Ha sido un placer tenerte aquí. .Edia .D .Bdia ¡Ah! .Edia Para sorpresa mía, levantó la mano para darme una palmadita en la mejilla. .Bdia Ojalá mi nieto fuera tan amable. .Edia .D .Bdia ¡¿Queé?! .Edia protestó Staykel ya a unos metros de distancia. .Bdia Abuela, no difames. .Edia .P La anciana sonrió con todos sus dientes, menos dos, y agitó la mano antes de alejarse con los demás. Yánika se quedó en el umbral mirándolos desaparecer entre las sombras de la noche. Una brisa fría se coló por la puerta y fui a cerrarla mientras mi hermana murmuraba: .D .Bdia Cuando lo pienso… qué diferente es. Yo también quisiera tener una abuela así. .Edia .P Entendí en qué estaba pensando. Anatha Arunaeh, nuestra abuela paterna, esposa de Nalem y pariente cercana de los miembros que ocupaban el liderazgo dentro del clan… era mucho más fría. Durante mis estancias en la isla, Yánika siempre iba a pasar sus vacaciones con ella, cerca de la ciudad de Kozera, junto al mar de Afáh. Cada vez que volvíamos al Templo, no contaba gran cosa de esos tres meses al año en que tenía que aguantarla. Los solía resumir en: aburrimiento, lecciones de modales y aburrimiento «a nivel sideral». .D .Bdia Te ayudaremos a recogerlo todo, .Edia dijo Naylah, agarrando ya su plato. .D .Bdia ¡Y luego podemos jugar! .Edia propuso Orih. .D .Bdia ¿A qué queréis jugar? .Edia pregunté. .P .Bdm ¡Al Erlun! .Edm intervino Myriah. .P Mar-háï… ¿Sólo sabía jugar a eso? Me giré hacia la lágrima de cristal que pendía de la oreja de Livon con una mueca divertida. Myriah no había hablado casi durante toda la cena, pero la idea de jugar al Erlun la había avispado y se puso a darnos ánimos y meternos prisas para acabar la limpieza mientras nos atareábamos, impaciente por jugar. .P El día anterior, me había explicado que no solamente había sido profesional del Erlun en los altos círculos del Imperio de Arlamkas, sino que también había sido la hija de la directora de la famosa Academia Celmista de Hilramshil, en la ciudad occidental de Tagub… De modo que mi intuición no estaba tan errada: era casi como una princesa. Cuando le había preguntado a Livon si ya sabía cómo es que su princesilla había acabado metida en la varadia, este había meneado la cabeza confesando que Myriah no había querido aún hablar de ese asunto. .Bparoles No me importa: lo importante es que esté conmigo, .Eparoles había sonreído. Y me había dado las gracias, disculpándose por tomarme prestada la lágrima de cristal. .P Observé al kadaelfo mientras este pasaba chapuceramente un trapo por la mesa para limpiarla. Orih decía que Livon amaba a Myriah pero… ¿cómo sería exactamente su amor por ella? Había leído historias sobre amores apasionados que hacían cometer acciones disparatadas, amores más fuertes que la propia razón. Algo que yo no podía entender… ¿verdad? .D .Bdia ¿Drey? .Edia se sorprendió Livon. .Bdia ¿Por qué me miras así? .Edia .P Resoplé de lado. .D .Bdia No te estaba mirando. .Edia .D .Bdia Sí que lo hacías. .Edia .D .Bdia Déjame en paz. Estaba pensando. .Edia .D .Bdia ¡Pues eso no se hace! .Edia protestó Yánika, llegando de la cocina con las manos en jarras. .Bdia No se piensa el día de mi cumpleaños. .Edia .D .Bdia Beeh, cumplirás dentro de cuatro días, Yánika, hoy todavía eres una brujilla de doce años. .Edia .P Le revolví el cabello, ella protestó y entre réplicas y bromas acabamos instalándonos todos otra vez alrededor de la mesa baja e improvisamos un tablero de Erlun con fichas a partir de migas de pan. Quedaban tan sólo ya las armónicas, Orih, Naylah, Yeren y Livon. Con Myriah y Tchag, por supuesto. La princesa de Arlamkas empezó explicándonos exhaustivamente las reglas del Erlun con pasión, les arrancó incontables bostezos a Orih y a Tchag y finalmente nos pusimos a jugar contra ella, primero todos juntos, y perdimos varias partidas. Luego perdió Livon también, y más tarde le dejamos a Yeren tomar las riendas: habiendo jugado toda su infancia al Erlun contra sus hermanos y su padre, el mismísimo Tahúr Zandra, el curandero tenía considerable ventaja. .P Los demás éramos el público y hacíamos apuestas tontas sobre si ganaría Myriah o Yeren. Acababa de ganar una partida ella cuando, de pronto, oí que alguien llamaba a la puerta. Alcé la vista, sorprendido, me levanté y me alejé hacia la entrada. ¿Sería alguno de los demás Ragasakis, que había olvidado algo? Sin embargo, al llegar a la puerta, sentí un escalofrío y me detuve un instante. Algo en el aire me decía que… .P Abrí. A la luz de la linterna del umbral, vi una silueta bien conocida, delgada y a la vez fuerte, de ropa holgada, con en los hombros una capa de viaje negra y con motivos claros. Sus ojos azules me observaban con la fría tranquilidad de un espectro. Su Datsu violáceo centelleó suavemente cuando sus labios se curvaron. .D .Bdia Hola, Drey. Siento interrumpir tus vacaciones. .Edia .P Detrás de Lústogan, a unos pasos en las sombras de la noche, se alzaba la silueta de un drow de pelo pincho con su mueca de fastidio inmutable. .Ch "Confidencias" .\" 10/06/2019 El aura de Yánika se congeló. Y todo el buen ambiente se zambulló en un pozo de hielo. Mar-háï… ¿A qué había venido Lústogan ahora? Si hubiese venido en cualquier otro momento, no me habría turbado tanto, pero teniendo a mis compañeros Ragasakis en casa… me sentí como si me hubiese pillado haciendo algo indebido. Y diablos, ¿qué tenía de malo una cena entre amigos? Los ojos de Lústogan me daban la impresión de estar burlándose. .D .Bdia ¿Quién es, Drey? .Edia preguntó Orih alzando la voz, curiosa, desde la mesa. .P Desde donde estaban, apenas debían de poder ver a mi hermano, pues lo tapábamos la puerta y yo. Abrí esta más en grande y dije: .D .Bdia Entra. .Edia .D .Bdia Gracias, .Edia replicó Lústogan. .P Tras una vacilación, añadí: .D .Bdia ¿Saoko? .Edia .P El drow respondió con un gruñido fastidiado desde la oscuridad pero al cabo entró a su vez. Me pregunté adonde había ido a buscar a Lústogan y cómo había sabido encontrarlo. ¿A menos que hubiera sido Lústogan el que lo había contactado? A saber… .P Lústogan no abandonó su expresión tranquila y fría cuando entró en el salón. Lo seguí, incómodo. El aire se arremolinaba en la habitación, jugueteando con la llama de las velas. Lústogan a veces parecía ver más con su órica que con sus ojos. .P Ante las caras suspensas de los Ragasakis, lo presenté: .D .Bdia Es mi hermano. Lústogan Arunaeh. Y este el fastidiado de siempre, .Edia agregué, enseñando a Saoko con el pulgar. .P Lústogan paseó una mirada por todos sin detenerse en ninguno. Orih sonreía de oreja a oreja. .D .Bdia ¡Tu hermano! Es un placer conocerte. ¡Qué sorpresa! ¡No nos habías dicho que vendría, Drey! .Edia .D .Bdia Huh. No lo sabía. .Edia .D .Bdia Un placer, .Edia intervino Yeren, levantándose y tendiendo una mano hacia mi hermano. .Bdia Soy Yeren, curandero de los Ragasakis. .Edia .P Lústogan ignoró la mano. Realizó un sutil movimiento de cabeza, se movió por el salón y finalmente agarró un cojín, lo puso en un rincón de la sala y se sentó con las piernas cruzadas. Ni siquiera hacía esfuerzos por esconder su completa falta de sociabilidad. Bueno… No era como si se tratara de algo nuevo. .D .Bdia No le hagáis caso, .Edia suspiré. .Bdia No es nada personal. .Edia .D .Bdia Oh, .Edia dijo Yeren como si lo entendiese. Su mirada absorta se había hecho la de un médico que observaba a su paciente. .D .Bdia He visto peores casos en Daer, .Edia relativizó Sirih. .P Naylah le dio un codazo para nada discreto que le arrancó un resoplido. Myriah comentó: .P .Bdm Pff. Ahora sé de dónde saca Drey su falta de educación. Esos Arunaeh… Ya en mis tiempos se decía que eran unos muermos. .Edm .D .Bdia Myriah… .Edia protestó Livon. .P Los ojos de Lústogan se habían clavado en la lágrima de cristal. Attah… Hubo un silencio incómodo. Entonces, el permutador se levantó. .D .Bdia Di, Drey, a lo mejor deberíamos marcharnos. Ya es tarde para echar más partidas. Os dejaremos solos. .Edia .D .Bdia ¡Sí! .Edia aprobó Sirih, levantándose. .Bdia Ha sido una cena genial. .Edia .D .Bdia Hacía tiempo que no nos reuníamos todos para cenar, .Edia dijo Yeren. .Bdia Que Baryn apareciera fue un caso raro, creedme. Ha sido una maravillosa ocasión. .Edia .D .Bdia Ya… .Edia carraspeé. No podía echarles en cara su súbita partida. Era tarde y probablemente se hubieran marchado al de nada sin la intervención de Lústogan… pero esta había aguado la fiesta de todos modos, en gran parte también por el aura tensa de Yánika. Inspiré. .Bdia Si os vais ya, podéis llevaros las botellas que han sobrado, yo no voy a bebérmelas y a Jiyari no le conviene. .Edia .P El aludido no protestó: me había prometido que no bebería ya ni una gota y se tomaba en serio su promesa. .D .Bdia ¡Tchag! .Edia llamó Livon con una punta de alarma. .Bdia No lo molestes. .Edia .P Me fijé en que el imp se había acercado a Lústogan en unos cuantos brincos. Parándose, se sentó a cuatro patas para mirarlo a los ojos… .D .Bdia ¡Tchag! .Edia .D .Bdia ¡Voy! .Edia contestó el imp. Agitó una mano hacia mi hermano e hizo lo mismo con Yánika, Jiyari y yo, sonriente. Livon le pasó una cuerda por el collar. Yo le había propuesto que Tchag se quedara cerca de Yánika para evitar su transformación, pero Livon, tal vez adivinando que la solución no me agradaba del todo, se había negado y ahora tomaba más precauciones que nunca para asegurarse de que el imp no se le escapara. Al fin y al cabo, además de la fianza, había tenido que firmar un papel en el que se comprometía a cuidar de él y a entregarlo de nuevo a la Consejería en cuanto esta lo requiriese para estudiar el dichoso collar. .D .Bdia Bueno, entonces os deseo a todos buenas noches, .Edia dijo alegremente Orih. .D .Bdia Buenas noches, .Edia dijeron los otros Ragasakis. .P Se inclinaron levemente hacia mi hermano, como último intento de sacarlo de su mutismo. Y curiosamente funcionó. Lústogan contestó: .D .Bdia Dulces sueños. .Edia .P Fue seco y formal, pero amable al mismo tiempo. Tal vez por eso, ya en la puerta, Livon me murmuró: .D .Bdia Tampoco parece tan raro como me lo pintaste. .Edia .P Por lo visto, Livon era de los que, en vez de quedarse con la impresión inicial, se quedaban con la mejor. Sonreí levemente, burlón. .D .Bdia Eso es porque tú eres más raro que él. .Edia .P Se fueron, salvo Orih que se había quedado a hablar con Yánika afuera. Al girarme hacia el pasillo me encontré con los ojos rojos de Saoko. El drow marcó una pausa. Entonces, se adelantó, pasó el umbral y se detuvo un instante. .D .Bdia No voy a fastidiaros más, .Edia soltó. .P Y salió a la noche. Me pregunté a qué se refería exactamente con esas palabras. ¿Pretendía dejarnos a mi hermano y a mí hablar tranquilamente? ¿O bien se iba para siempre? ¿O bien había decidido dejar de espiarme para Lústogan? Deseché esas preguntas que no llevaban a ningún sitio y regresé al salón. Jiyari había desaparecido en la cocina. La presencia de Lústogan parecía ponerlo molesto. Hundí las manos en mis bolsillos y me arrimé al marco de la puerta del salón. El aire, en la habitación, se agitaba suavemente, indiferente y silencioso. .D .Bdia Mar-háï, qué seco eres, .Edia suspiré. .Bdia En fin. Eso es lo que se llama llegar de improviso. .Edia .D .Bdia ¿Tan de improviso te parece? .Edia El tono de Lústogan era paciente. .Bdia Di, Drey. ¿Llevo razón si doy por sentado que no tienes intenciones de ir a la reunión de Taey? .Edia .P Así que era eso. Quedaban cuatro días para la dichosa reunión del clan. Sin embargo, me extrañaba que Lústogan se quisiera entrometer en un asunto como ese. Él era uno de los que menos acudían a ese tipo de reuniones. .P Lentamente, fui a sentarme a la mesa baja y cavilé. .D .Bdia ¿Has venido a convencerme de que vaya? .Edia .D .Bdia Padre temía que se te olvidara, .Edia sonrió Lústogan. De modo que lo enviaba Padre. Attah… .Bdia Di. ¿Es tan terrible volver a casa? .Edia .P No contesté. Tras un silencio, Lústogan retomó: .D .Bdia Esa panda de amigos que te has hecho… no tienen ni idea de lo que eres. No tienen ni idea de lo que es un destructor, ni de lo que es un Arunaeh. Es más, no te conocen en absoluto. .Edia .D .Bdia ¿A qué te refieres? .Edia me molesté. .D .Bdia Mm. He sido tu maestro durante diez años. Y uno de los deberes de un maestro es conocer perfectamente a su alumno: sus puntos fuertes y sus puntos débiles. .Edia .P Sus ojos no dejaban de mirarme. Siempre lo hacía cuando quería decirme que estaba equivocado. Tsk… .D .Bdia Una persona no es como una roca, .Edia repliqué. .Bdia ¿Qué es lo que quieres? .Edia .P A la luz de las velas, lo vi acomodarse mejor y apoyar la cabeza contra la pared de madera. .D .Bdia Varias cosas. Quiero ver hasta qué punto tu Datsu se altera, quiero saber qué es lo que te dijo exactamente ese Príncipe Anciano, quiero saber cómo te sientes. .Edia .P Mi ceño tembló ligeramente. .D .Bdia ¿Cómo me siento? .Edia repetí. .D .Bdia Tu salud física. Y tu salud mental, .Edia especificó Lústogan. .P Algo en esas palabras me dejó con la boca seca. Mis labios se torcieron en una sonrisa torva. .D .Bdia La gente normal se contenta con preguntarle a sus prójimos: ¿qué tal? Y ellos le responden: muy bien, estoy estupendamente. .Edia Pusimos los ojos en blanco al mismo tiempo. Agregué: .Bdia Estoy seguro de que ya sabes lo que me dijo el Príncipe Anciano: Saoko escuchó toda la conversación. .Edia .D .Bdia Sonsacarle las conversaciones a Saoko es casi como intentar sonsacárselas a un sordo. .Edia .P Adiviné una pizca de frustración en su voz y no pude más que sonreír. .D .Bdia Entiendo. Para él debe de ser un verdadero fastidio repetírtelas. .Edia .P Oí la puerta de la entrada abrirse y sentí el aura indecisa de Yánika aproximarse. Me giré para verla aparecer en el marco. Su rostro no hacía ni el más mínimo esfuerzo para esconder su turbación. No hubiera servido de nada, de todas formas. .D .Bdia Yánika, .Edia dije. .Bdia ¿Qué tanto te contaba Orih? Bah… Debes de estar cansada después de tanto barullo. Tranquila, puedes irte a dormir si quieres. .Edia .P .Bpenso Es decir, si no quieres quedarte a su lado, .Epenso añadí para mis adentros. Mi hermana asintió agarrándose nerviosamente una trenza, pero se adelantó. .D .Bdia Yo… quiero quedarme contigo, .Edia dijo sin embargo. .P Se sentó junto a mí. Los ojos de Lústogan se ensombrecieron pero no comentó nada. Propuse: .D .Bdia ¿Quieres beber algo? .Edia .D .Bdia No, gracias, .Edia replicó Lústogan. Se levantó y se acercó hasta sentarse ante nosotros. Guardamos silencio unos instantes. .Bdia Si va a seguir así de nerviosa, haría mejor en irse a dormir. .Edia .P El aura empeoró. Chasqueé la lengua. .D .Bdia Si vas a seguir así de agradable, harías mejor en irte a dormir, .Edia le repliqué. .P Lústogan sonrió más ampliamente que normalmente. .D .Bdia Ya veo. .Edia .D .Bdia Sea como sea, .Edia agregué. .Bdia Estás bostezando, Yani: te vas a dormir sentada. .Edia .P Yánika estaba cansada y turbada al mismo tiempo… y su tez pálida y azulada se había sonrojado. ¿De vergüenza? Más bien de malestar. .D .Bdia Yani… .Edia .D .Bdia Perdón, .Edia murmuró. .Bdia Yo… estoy nerviosa pero eso no significa que no me alegre de verte… her… herm… Lústogan. .Edia .P Tropezó con la palabra hermano y acabó diciendo su nombre, constaté. .D .Bdia Tomo nota, .Edia dijo simplemente Lústogan. Con demasiada sequedad, a mi gusto. .P Yánika se levantó nerviosamente. .D .Bdia Me voy a dormir. Os dejo hablar… Pero no lo hago porque no quiera estar con vosotros… .Edia .P Su indecisión ponía en duda sus palabras… La miré con una sonrisa tranquila. .D .Bdia Duerme bien, Yani. Tranquila, te has comportado como una santa. Que sepas, hermano, que la idea de hacer esta cena con los Ragasakis se le ocurrió a ella. Y ha sido una muy buena velada, ¿verdad, Yánika? .Edia .P El aura de mi hermana se llenó de alegría. .D .Bdia Sí… Estoy contenta de que todos hayan venido a la cena. .Edia Sonrió con todos sus dientes. .Bdia Ellos también estaban contentos. .Edia .D .Bdia Sin duda, .Edia reí quedamente. Estando ella tan contenta, difícilmente no lo iban a estar, pensé, divertido. .P Cuando Yánika se hubo retirado al cuarto, fui a cerrar la puerta del salón para que nuestra conversación no molestase. Sin embargo, antes de cerrarla, avisté a Jiyari por la puerta entreabierta de la cocina. Sentado en el suelo, junto a su jergón, estaba dibujando a la lumbre de una linterna, muy concentrado. Odiaba los libros, pero le gustaba dibujar. Sin molestarlo, apagué la linterna del vestíbulo, cerré la puerta del salón y me senté de nuevo ante Lústogan. .D .Bdia Su aura está más tranquila, .Edia observó Lústogan. .P Notaba el aura de Yánika desde aquí. Mi hermano era uno de los pocos capaces de notarla tan de lejos como yo. .D .Bdia Mm… .Edia Sonreí. .Bdia ¿Sabes? A veces me digo que Yánika controla mejor sus sentimientos de lo que hacen nuestros Datsus. Su voluntad es increíble. .Edia .P Mi afirmación arrancó una simple mueca paciente a mi hermano. No dijo nada. ¿No era acaso él el que me había dicho que la mejor de las fuerzas era la fuerza mental? ¿Y qué era la voluntad sino fuerza mental? Mar-háï… Con esa expresión de piedra, era difícil adivinar sus pensamientos. Tras un silencio, dije: .D .Bdia Bueno. Quieres que te cuente lo que sucedió con el Príncipe Anciano. Te lo contaré. Pero yo también tengo unas preguntas. .Edia .D .Bdia Me lo imaginaba. Adelante: pregunta. .Edia .P Parecía curioso por saber qué era lo que me inquietaba. No me lo pensé mucho antes de soltar: .D .Bdia ¿Sabías que la lágrima de cristal que me dio esa niña en Dágovil era una mágara capaz de contener la mente de una persona? .Edia .D .Bdia Lo sabía. .Edia .P Su respuesta reverberó en mi mente. Lo miré a los ojos. .D .Bdia Entonces, Madre y Padre también lo sabían. ¿Por qué me la dejaron? .Edia .D .Bdia Por una razón simple. No es peligrosa para ti. Al contrario. Podía salvarte la vida en caso de recibir una herida letal. Pero… por lo visto ahora eso es imposible. Saoko me contó algo sobre una vieja chillona que transfirió su mente a esa lágrima. Sinceramente, no sé cuáles serán las consecuencias de ello. .Edia .P Jadeé. .D .Bdia ¿Me dejasteis esa lágrima pensando que mi mente se transferiría a ella si llegase a morir? Eso es ridículo. No sé suficiente bréjica para hacer algo así. .Edia .P Lústogan se encogió de hombros. .D .Bdia La nueva huésped de la lágrima no lo necesitó. ¿Alguna pregunta más? .Edia .D .Bdia ¿Bromeas? Si me dejasteis esa lágrima, estoy seguro de que sabéis de dónde sale, .Edia mascullé. .D .Bdia ¿Y de dónde sale? .Edia preguntó Lústogan con tranquilidad. .D .Bdia Dímelo tú. ¿O vas a hacerme creer que no investigaste nada después de haberte encontrado con una mágara como esa? .Edia .P Con un suave soplo de órica, Lústogan apartó de su frente una mecha negra; apoyó un codo sobre su rodilla plegada y comentó: .D .Bdia No acostumbro complicarme la vida. Pero tienes razón: en este caso, que una niña con una mágara de esas apareciera de la nada y te diera a ti esa lágrima… era demasiado sospechoso para que pudiera ignorarlo. .Edia Marcó una pausa pero no lo interrumpí. .Bdia Busqué en vano a la niña que viste en Dágovil. Y Madre acabó revelándome algo que ignoraba: que el hecho de que tu Datsu se exceda reprimiendo sentimientos no se debe a un mal funcionamiento de este. Tu Datsu, en realidad, no se excede: algo en ti siente unos sentimientos más fuerte de lo que un saijit normal es capaz, algo que la primera Selladora no previó. El Datsu llega a su límite, se salta el medidor y, por alguna razón, en vez de romperse, apaga todos o casi todos tus sentimientos. Aún sigo sin entenderlo muy bien pero, en ese momento, comprendí que tu mente no era como la de los demás Arunaeh, y Madre me lo confirmó. Me dijo: el día en que lo sellé, mi pobre hijo sufrió el peor tormento que se pueda imaginar. .Edia .P Mi Datsu se había desatado en parte hacía tiempo, apagando mi conmoción. Meneé la cabeza. .D .Bdia ¿Eso dijo? .Edia .D .Bdia Ajá. Por eso siempre insistía en repasar tu mente y en enseñarte la bréjica a pesar de que Padre y yo queríamos hacer de ti un destructor. .Edia .D .Bdia ¿Padre lo sabe? .Edia .D .Bdia Naturalmente. Tal vez no lo recuerdes, pero en tus primeros años, tu Datsu no paraba de desatarse completamente… y tardaba días en atarse. .Edia .P Pese al Datsu, agrandé los ojos como platos. .D .Bdia ¿Días? .Edia murmuré. .D .Bdia Te ocurría a menudo. Supongo que no te acuerdas porque, precisamente, no sentías nada. Los recuerdos mejor guardados siempre van conectados con sentimientos fuertes. .Edia .P Y él me hablaba de sentimientos fuertes… Agarré la ficha del Arquero del Erlun hecha de miga de pan y jugueteé con ella diciendo: .D .Bdia Supongo que al menos me libré de cualquier trauma infantil. .Edia .P Lústogan sonrió. .D .Bdia Tal vez. .Edia .D .Bdia Hay algo extraño, sin embargo, .Edia razoné. .Bdia Yo sólo recuerdo haber perdido los papeles con el Datsu en contadas ocasiones. La vez de la serpiente amarilla. La del túnel de Kozera… ¿Significa acaso que esa parte de mí que siente demasiado… está muriéndose? .Edia .D .Bdia Qué más quisiéramos, .Edia suspiró Lústogan. .Bdia Si tu Datsu se desata con menos frecuencia, es porque ya no eres tan impresionable, porque Madre intentó mejorarlo con algún resultado… y porque el aura de Yánika lo controla y te permite atarlo más fácil. ¿No te diste cuenta? .Edia .P Resoplé. .D .Bdia Me di cuenta. De modo que por eso nos dejasteis irnos juntos. Por eso la dejabais conmigo en el Templo en contra del deseo de los monjes. Ya veo. .Edia Posé la ficha del Arquero. .Bdia Di. La última vez dijiste que, por pasar tanto tiempo al lado de Yánika, mi Datsu se alteraba. ¿A qué te referías con eso? .Edia .D .Bdia Creo que ya lo sabes. .Edia .P Guardé silencio. Tal vez. Era cierto que, tras reflexionarlo un poco, me había fijado en que estos años mi Datsu no reaccionaba tan rápido como antes: se había vuelto en cierto modo “perezoso” y, por eso mismo, como los excesos en mis sentimientos eran tratados unos segundos más tarde por el Datsu, este reaccionaba liberándose más de lo necesario. O esa era mi impresión. Se la expliqué a mi hermano y este asintió. .D .Bdia Madre me dijo algo del estilo. Por lo visto, el aura de tu hermana vuelve el Datsu más torpe o perezoso, como dices. Cada vez que te alejas de ella, tu Datsu se regenera y vuelve a su estado normal. Pero como últimamente pasas tanto tiempo con ella, no le das tiempo a reponerse. .Edia .P Pero se repondría por sí solo, entendí. .D .Bdia ¿Por eso tratas así a Yánika? .Edia Meneé la cabeza bajo su mirada interrogante. .Bdia Que se retrase mi Datsu unos segundos si luego se arregla solo carece completamente de importancia. Yánika me ayuda a atar el Datsu desatado: eso es más importante, ¿no crees? Por eso, sigo sin entender por qué a ella la ves como a un error y a mí no me ves igual. Al fin y al cabo, mi Datsu estará bien hecho, pero a mí se me va de las manos. .Edia .P Alcé la vista hacia él. Mi hermano había fruncido el ceño. .D .Bdia No tiene nada que ver. Yánika es un peligro andante. Tú sólo eres un peligro para ti mismo. .Edia .D .Bdia Mmpf. Le hablas al que cavó un túnel saltándose todas las reglas de seguridad. .Edia .P Mi hermano hizo una mueca. .D .Bdia Entonces sólo eras un niño. .Edia .P No le faltaba razón, reconocí. Ahora probablemente trataría de reemplazar el vacío de mis sentimientos por razonamientos lógicos. Aun así… Suspiré. .D .Bdia Ella cree que la odias, .Edia murmuré. .D .Bdia Y eso sólo confirma que no es una verdadera Arunaeh. Los Arunaeh nunca odian, nunca se odian. No es culpa suya, pero su poder acabará por provocar un desastre. .Edia .D .Bdia ¿Por qué lo dices? .Edia .P Até el Datsu, dándome cuenta de que estaba rehuyendo de mis sentimientos y no quería hacerlo. Lústogan contestó simplemente: .D .Bdia La mente es débil. .Edia .P Me molestó su afirmación, pero no rebatí, porque era cierta. La mente era débil. Por eso los Arunaeh recurrían al Datsu. Por eso los saijits que no lo tenían caían en tantas trampas idiotas, como las guerras, la locura, los excesos. .D .Bdia El Datsu no nos libra de toda su debilidad, .Edia dije al cabo, rompiendo un silencio. .Bdia Nuestra razón puede equivocarse igual que nuestros sentimientos. Y fue la razón la que creó el Datsu. .Edia .D .Bdia Mm…, .Edia asintió Lústogan, pensativo. .Bdia Un sentimiento puede medirse por bréjica y controlarse con un sello mientras que la razón no, ¿verdad? Pero te olvidas de algo, hermanito: la educación tiene un peso casi tan importante como el Datsu en nuestro clan. Ambos nos moldean desde que somos niños. Por eso, te cuesta imaginarte hasta qué punto la mente saijit es débil, Drey: porque, de verlo tan cerca todos los días, no ves el abismo que te separa de Yánika y de esos Ragasakis amigos tuyos. Para ellos, la palabra ‘extasiado’, las palabras ‘deprimido’, ‘enfadado’, ‘rabioso’, ‘apasionado’, ‘excitado’, ‘histérico’… todas esas palabras tienen un significado muy distinto al que les damos nosotros y no podemos imaginarlo. Vemos los signos, los gestos, las reacciones, hasta podemos intentar imitarlos… Pero ellos hacen más que verlo con la razón. Nosotros observamos el fuego de lejos, y ellos se meten dentro. .Edia .P No me enseñaba nada. La teoría me la sabía y sabía que el Datsu me protegía. Pero no dejaba de sentirme atraído por ese “fuego”… aunque fuera sólo para observarlo un poco más de cerca. .D .Bdia Livon, Yeren, Orih, Naylah… no son tan diferentes a nosotros, .Edia dije al cabo. Vi a Lústogan suspirar y disponerse a desengañarme pero lo detuve: .Bdia Son diferentes, lo sé, pero eso no me importa. Más importante es lo que todavía no me has dicho. Dices que Madre sabía desde el principio que tenía una mente extraña. ¿Has averiguado por qué? .Edia .P Mi hermano bostezó y se tumbó sobre la alfombra. .D .Bdia ¿Qué has averiguado tú? .Edia .D .Bdia Mar-háï, .Edia chasqueé, y retomé la ficha improvisada del Arquero mascullando: .Bdia Pienso que tengo metido dentro los recuerdos de un Pixie del Desastre llamado Kala. .Edia .P Lústogan se puso las manos detrás de la cabeza, sin mirarme. .D .Bdia Me costó cuatro años averiguarlo, .Edia dijo al fin. .Bdia Te dije que el Sello se había estropeado antes de que Madre sellara a Yánika. Cuando fui a por la raíz del Sello, descubrí algo interesante: un rastro bréjico subía hacia lo alto del pilar. Con Madre, conseguí evaluar el tiempo que llevaba ahí. El Sello se estropeó hace dieciocho años. .Edia .P Fruncí el ceño. Entonces, realmente no podía haber sido yo… .D .Bdia Madre me puso el sello hace diecisiete años, .Edia dije. .Bdia De modo que… .Edia .D .Bdia De modo que, un año antes, ese tal Kala se fusionó con el Sello desde abajo, alterándolo todo en el proceso, y estuvo gravitando hacia arriba para alcanzar la cima y esperar la oportunidad de meterse a través del Datsu en la mente del siguiente Arunaeh recién nacido. .Edia .P Mi Datsu volvió a desatarse sutilmente. De pronto, el silencio que había caído en la casa me pareció lúgubre. .D .Bdia Attah… .Edia mascullé, rompiéndolo. Manoseé el Arquero. Como estaba hecho de migas de pan, ahora se había transformado en una simple bola. .Bdia ¿Quieres decir que no sólo fueron los recuerdos? .Edia .D .Bdia No. No solo fueron los recuerdos. Tienes la mente de Kala metida en tu cabeza, Drey. Toda enterita, por lo que sospecha Madre. .Edia .P Otro silencio. Mi mente no daba abasto. Inquirí: .D .Bdia ¿Y mi mente sobrevivió? .Edia .D .Bdia ¿La original? .Edia preguntó mi hermano. .D .Bdia Sí, .Edia murmuré. .D .Bdia Se fusionó. Pero Madre consiguió imponer una barrera a los recuerdos de la otra mientras te ponía el Datsu. Y como no sabía cuáles eran los que te hacían sufrir de esa manera… se esforzó por sellarlos todos. .Edia .P Resoplé ruidosamente. .D .Bdia ¿No podría haber evitado que Kala entrara simplemente? .Edia .D .Bdia Supongo que ya había entrado; si no, lo habría hecho, .Edia razonó Lústogan. .Bdia Todavía no me ha quedado claro si Madre había adivinado aquel día de quién era esa mente. No se mostró sorprendida cuando le hablé de mi teoría sobre los Pixies. .Edia .P Agité la cabeza. .D .Bdia Esto es incomprensible. ¿Por qué Kala habría dejado su cuerpo para fundirse en un Sello y reencarnarse en un Arunaeh? .Edia .P Lústogan alzó una mano para tapar la luz de la linterna colgada al techo contestando: .D .Bdia Tú deberías poder responder a eso mejor que yo. .Edia .P Caray. Tenía razón. Pero… .D .Bdia Sus recuerdos están sellados, .Edia le recordé. .D .Bdia ¿Lo están? .Edia replicó Lústogan. .Bdia Entonces ¿por qué Saoko dice que te agitas en tus sueños como una liebre atrapada? .Edia .D .Bdia Attah… .Edia siseé. .Bdia Ese drow sí que es un fastidio. .Edia .P Lústogan sonrió y se sentó añadiendo: .D .Bdia También me ha dicho que en Donaportela se os unió un rubio sin luces que no aguanta el vino de zorfo y que dice saber cosas sobre los Pixies. Y que lo aceptaste como si fuerais amigos de toda la vida. .Edia .P Sus ojos azules me atravesaban como dagas de la verdad. Apoyé el codo sobre la mesa y la barbilla sobre la palma de mi mano… y suspiré. .D .Bdia No estoy escondiéndote nada. Jiyari también es un Pixie. O eso dice. Pero él recuerda todavía menos que yo, según dice. Y yo… recuerdo cosas muy vagas. Nada muy concreto. Es como cuando intentas recordar lo que sentiste justo antes de que el Datsu se desatara. Esa misma sensación: como algo que sólo ves detrás de un velo… .Edia .D .Bdia No empieces con las comparaciones: Saoko ya me ha soltado bastantes, .Edia resopló Lústogan. .Bdia Dime simplemente qué es lo que recuerdas. .Edia .P Asentí. Mi mirada se detuvo un instante sobre la vela gorda y naranja que había traído Tchag. .Bparoles Protege del fuego y ahuyenta los males .Eparoles , había dicho Myriah. Y también olía bien. Tras soltar un leve sortilegio órico para arrastrar el olor hacia mí, me sentí del todo sereno y me dispuse a recordar. .salto Boki, Jiyari y yo estábamos sentados contra un muro de la gran sala. De cuando en cuando, pasaba una Máscara Blanca. Sólo eran diez en total, pero como estaban muy ocupados con no sé qué experimento de curación, no paraban de pasar con aparatos y trastos. A mí me interesaba, yo quería saber qué hacían pero, cada vez que me allegaba a preguntarles, me contestaban «estoy trabajando», «es muy complicado para ti, pequeño» o «ya verás el resultado». Había aprendido a reconocer las voces de todos. Hubo una época en que había estado convencido de que, detrás de esas máscaras, se escondía un rostro de monstruo, luego había pensado que, pese a todo, eran como nosotros, y ahora… .D .Bdia Estoy seguro, .Edia dije. .D .Bdia ¿'E qué? .Edia soltó Jiyari hurgándose la enorme nariz. .D .Bdia Ya sé lo que hay detrás de sus máscaras. .Edia .P Mis dos amigos me miraron, curiosos, y dije con certidumbre: .D .Bdia No hay nada. .Edia .P Los vi agrandar mucho los ojos. .D .Bdia ¿No hay nada? .Edia repitieron al unísono. .P La posibilidad, por lo visto, los aterraba. Barrí el suelo rocoso con mis pequeñas piernas metálicas, contento de haberlos sorprendido tanto. .D .Bdia ¿Y cómo lo sabes? .Edia preguntó al fin Boki. .P Hice una mueca arrogante. .D .Bdia Porque es evidente. Si no, ¿por qué se pondrían las máscaras? Porque, si no, no veríamos ni la cabeza. ¿Entiendes? .Edia .D .Bdia No. .Edia .D .Bdia ¡Pues es evidente! .Edia exclamé. .D .Bdia ¿Qué es evidente? .Edia preguntó de pronto una voz. .P Me sobresalté. .D .Bdia ¡Lotus! .Edia .P Nos levantamos los tres. Lotus se acercaba con tal silencio que a veces no nos dábamos cuenta de su presencia hasta que se encontraba junto a nosotros. Lo seguía el pequeño Melzar. Sus ojos estriados me escudriñaban con suspicacia, su trompa se agitaba, olfateándolo todo. Tan sólo llevaba seis meses con esa trompa después de que se la hubieran puesto las Máscaras Blancas para curarlo y decía que todavía no se había acostumbrado y que le hacía mucho daño. Últimamente temía casi mirarlo, porque su dolor era tal cuando se despertaba en su cristal que me recordaba a los días anteriores a que Iliobi muriese. Y, según Lotus, cuando uno moría, ya no podía curarse. .D .Bdia ¿Qué es evidente? .Edia repitió Lotus. .D .Bdia ¡Eh… Esto, nada! .Edia balbuceé. .P Lotus permaneció un instante silencioso. Entonces, declaró: .D .Bdia La cena está lista. .Edia .P Mientras lo seguíamos con ánimo y con hambre, Jiyari me murmuró al oído: .D .Bdia Pregúntaselo. .Edia .D .Bdia ¿El qué? .Edia dije, haciéndome el tonto. .D .Bdia Pues si es verdad que no tiene nada detrás, .Edia insistió Jiyari. .P Beh… Era tan evidente que no hacía falta preguntárselo, quise decirle. Sin embargo, en ese momento llegamos a un cruce y se nos unió Rao. Abandoné toda intención de hablar de nada relativo a las máscaras: Rao era la única que afirmaba sin lugar a dudas que detrás de esas máscaras había gente con rostro, de piel de un azul oscuro. Ella decía que «había visto». Mis ojos se fijaron en la máscara blanca de Lotus. Le cubría toda la cara y, detrás, llevaba una capucha bien ceñida. La forma era igual que la nuestra: una cabeza. Pero… .P Ahogué un gruñido refunfuñón. .P Yo también quería ver. Con un súbito impulso, me adelanté. .D .Bdia Lotus. Yo, cuando esté curado, quiero llevar una máscara como tú. .Edia .P Lotus se detuvo de golpe y me empotré contra él. Al alzar la vista, tuve de pronto la sensación de que los dos globos negros que tenía él en lugar de los ojos me miraban de veras. .D .Bdia Eso no ocurrirá, .Edia dijo al fin. .P Algo en su tono de voz me estremeció. Rao me dio un golpe en la cabeza. .D .Bdia ¡So tonto! Aquí los únicos que llevan máscaras son los que trabajan. Nosotros somos los pacientes, ¿entiendes? Para trabajar aquí, necesitas estudiar muuucho y ser inteligente. Cosa que no va con tu persona. .Edia .P Le dediqué un mohín disconforme y entonces Lotus rió por lo bajo y posó sus dos manos sobre nuestras cabezas. A través de mi piel dura como el acero, casi no la noté. .D .Bdia No os peleéis, pequeños. No sólo de inteligencia se vive. Ya te lo dije, Kala: cuando te cures, no necesitarás ver a más Máscaras Blancas. .Edia .D .Bdia ¡Pero yo no quiero que te vayas! .Edia me alarmé. .Bdia Me lo prometiste. .Edia .D .Bdia Sí, .Edia dijo Lotus acercando su máscara. .Bdia Te lo prometí. .Edia .salto Dolor, ira, dolor, miedo, un miedo que te arranca las entrañas, y tristeza. Una tristeza que se engarza con la rabia, porque la confianza se rompía, porque las Máscaras Blancas a las que había visto siempre como a mi familia se convertían de pronto en figuras terribles, porque las palabras de Lotus sobre una huida me habían dado esperanza y ahora las Máscaras Blancas intentaban sonsacarnos a todos el nombre del que había dejado huir a Rao y a Boki. Porque Lotus, para no ser descubierto, activaba las mágaras como siempre para «curarnos», cuando, apenas unas horas atrás, nos había prometido que nos sacaría de ese infierno, que nos enseñaría el mundo real. Odio. Un odio sideral me invadía. ¿Que yo era un saijit como las Máscaras Blancas? Mentira. Odiaba a los saijits. ¿Que yo había nacido con piernas y manos de color rosa, con una nariz pequeña, con cabello, con dedos sin palmas? ¡Mentira! Odiaba todo aquel que se pareciera a aquella Máscara Blanca cuyo rostro, por fin, había podido ver, porque yo mismo le había arrancado la máscara en un arranque de ira. Dolía tanto todo que el mundo ya no era más que un infierno de lava. .P Y sin embargo… .P Sin embargo, todavía quería creer en que Lotus me salvaría. Si me salvaba… Si me salvaba, podría volver a ver a Rao y a Boki. De ningún modo iba a morir antes de verlos. Lo que desde luego ya no quería por nada del mundo era curarme. Nunca, nunca más… .salto .D .Bdia Y eso es todo, .Edia murmuré. .Bdia Sobre todo recuerdo cosas anteriores a que salieran de esa especie de laboratorio. Luego es el vacío. Sólo tuve un sueño en que Kala se fusionaba con el Sello. Creo que ahora lo entiendo. Rao estaba con él, animándolo, .Edia reflexioné, jugueteando con una miga. Ya había transformado la mitad de las fichas del Erlun en bolas de miga y la vela gorda y naranja estaba ya medio consumida. Alcé la vista hacia Lústogan. Pese a la hora tardía, no parecía cansado. Agregué: .Bdia O esa sensación tengo. Pero Madre me advirtió más de una vez contra la memoria falsa. Todo lo que te he contado podrían ser recuerdos falsos al menos en parte. .Edia .D .Bdia Lo tomo en cuenta, .Edia aseguró Lústogan. .Bdia En cierto modo, es una buena señal que no te acuerdes de nada más. Lo más probable es que la vista de ese Príncipe Anciano actuara como detonante y debilitara el sello que puso Madre en los recuerdos de Kala. Mm… Me pregunto por qué Kala cree que ese vampiro mató a Lotus. .Edia .P Se quedó absorto. Al de un largo silencio, meneé la cabeza. .D .Bdia Hermano. ¿Qué sabes sobre los Pixies? .Edia .D .Bdia Mm, los Pixies, ¿eh? No lo suficiente. Todos los presentan como leyendas de antes de la guerra, pero ningún informe serio acredita su existencia. Tampoco nunca nadie los asoció a Liireth. Ni a Lotus Arunaeh, afortunadamente. .Edia .P Sentí como si me hubiesen tirado algo a la cara. .D .Bdia ¿Lotus… Arunaeh? .Edia repetí. .P Lústogan se frotó el mentón asintiendo. .D .Bdia Me enteré hace poco de la historia por Madre. Al parecer, ese Mago Negro que creó los collares de los dokohis durante la guerra… era un Arunaeh. .Edia .P Lo contemplé, atónito. De modo que si el Lotus que había salvado a los Pixies era Liireth… entonces el Gran Mago Negro salía de nuestro clan. .D .Bdia Lógico, .Edia murmuré al fin. .Bdia Lotus necesitaba saber bréjica para usar esas lágrimas. .Edia .D .Bdia Mm, .Edia aprobó Lústogan. .Bdia Aunque, según se cuenta, Liireth no murió a manos de un vampiro sino del Gremio de Dágovil. .Edia Se levantó. .Bdia Ya hemos hablado bastante. Te informaré si descubro algo nuevo. .Edia .P Me puse en pie, sorprendido. .D .Bdia ¿Te vas ya? ¿No quieres quedarte a dormir? .Edia .D .Bdia No. Alquilé un cuarto en un albergue en la parte subterránea de Firasa. Tomaré la caravana mañana muy pronto. .Edia .D .Bdia Ya veo. Pero no lo entiendo, .Edia confesé. .Bdia ¿No venías a convencerme de que fuera a la reunión del clan? .Edia .P Lústogan se detuvo junto a la puerta y pareció pensarlo un poco antes de soltar: .D .Bdia Si vas a Taey, Madre podría reforzar los sellos. Sin embargo, si vas, es posible que te cueste salir de ahí. Al fin y al cabo, el responsable de haber roto el Sello está en tu cabeza. Y un secreto como ese no puede mantenerse para siempre un secreto. .Edia .P Lo observé con fijeza. ¿Me estaba diciendo que los Arunaeh me impedirían salir de la isla una vez llegase a ella? .D .Bdia Que las arpías me rapten, .Edia mascullé. .Bdia ¿En serio lo harían? .Edia .P Lústogan se encogió de hombros. .D .Bdia Ya conoces a nuestra familia. No acostumbra dejar miembros sospechosos andurrear libremente. Padre fue un poco la excepción al mantener a Yánika tanto tiempo lejos de Taey. Si ella va… no la dejarán salir fácilmente. Y lo mismo va para ti si se enteran de los detalles que ya sabes. .Edia .P Mis ojos no dejaban de escudriñarlo. .D .Bdia ¿Por qué me cuentas esto? Creía que te desagradaba verme en malas compañías. .Edia .D .Bdia ¿Y encerrarte en una isla con un Sello lleno de miasma maldito lo arreglaría? .Edia replicó Lústogan, burlón. .Bdia Haz lo que te plazca, yo sólo advierto. Se avecinan tiempos extraños para los Arunaeh, Drey. Y para Dágovil, me temo. Esos dokohis de los que me has hablado… .Edia sus ojos azules me miraron de soslayo, .Bdia podrían estar moviéndose más rápido de lo que crees. Hace unos días, oí que desapareció una aldea entera a una decena de kilómetros al oeste del Templo del Viento. No quedaron ni los cuerpos. Piensa, hermanito: si ese Zyro anda buscando poder… su mejor carta es seguir creando dokohis, ¿no es cierto? .Edia .P Su razonamiento, aunque siniestro, se tenía en pie. .D .Bdia Siempre y cuando le queden collares, .Edia murmuré. Ya en el pasillo, pregunté: .Bdia ¿Y tú, Lúst? ¿Vas a ir a esa reunión? .Edia .P Lústogan había abierto la puerta y una brusca ráfaga se infiltró en la casa. El cielo se había cubierto de nubes y un viento cargado de la fría humedad del océano soplaba ahora insistentemente. Sin embargo, tan pronto cómo vino la ráfaga, se paró: con un simple sortilegio órico, Lústogan nos protegió de sus sacudidas. Se giró en el umbral y, a la luz de la linterna que oscilaba, vi formarse una leve sonrisa fría en sus labios apretados. .D .Bdia Padre aún no ha olvidado que convencí a Madre para irnos hasta la raíz del Sello sin avisar a nadie. No es mi estilo pero… contentaré su petición esta vez. .Edia .P De modo que iba… Tras una vacilación, solté: .D .Bdia Espera. La tía Sasali me dio un billete de viaje abierto para dos personas. Te lo daré. Yo no voy a usarlo. Mejor que sirva para algo. .Edia .P Había tomado mi decisión. Pese a que, en el fondo, deseaba hacerle una visita a Madre, nuestra conversación había acabado por convencerme: no era el mejor momento para tratar con los miembros de mi familia. En un instante, encontré el billete y se lo tendí a Lústogan. .D .Bdia Conque fueron hasta darte el viaje gratis para traerte a casa, .Edia comentó. .Bdia Madre llorará cuando sepa que no vienes. .Edia .P Tragué saliva. ¿Acaso intentaba hacerme cambiar de opinión ahora? Már-háï… Solté: .D .Bdia Si es posible, comunícales mis más sinceras disculpas por no asistir a la reunión. En especial a Madre y a la tía Sasali. Dile a Madre… que prometo ir a visitarla pronto. .Edia .P Lústogan enarcó una ceja pero no dijo nada. Realizó un gesto seco de cabeza e iba a alejarse pero se detuvo. .D .Bdia Ah, lo olvidaba, .Edia dijo. .P Rebuscó en su bolsillo y sacó algo. Curioso, recogí el objeto y, más que con los ojos, lo reconocí con la órica. Reprimí un jadeo de sopresa. Era un diamante de la talla de una drimi pequeña. Un diamante de Kron puro. .D .Bdia El día en que seas capaz de reducirlo a polvo, .Edia explicó Lústogan, .Bdia dejarás de ser mi alumno. Hasta entonces… sigue entrenando. .Edia .P Su reto me arrancó una sonrisa. .D .Bdia Doy por hecho que tú serías capaz de reducirlo a polvo. .Edia .D .Bdia Lo hice cuando tenía tu edad, .Edia confirmó Lústogan. .P Mar-háï. ¿Y él decía que yo era un genio destructor? Destruir un diamante de Kron era una tarea de locos. Su dureza y tenacidad eran incomparables. Solamente partirlo ya era un rompecabezas de mil demonios. Una vez lo había intentado y había echado a perder dos semanas sin resultado alguno. Reducirlo a polvo era… una tarea para genios de verdad. .D .Bdia ¿Cómo se supone que debo romperlo? .Edia pregunté. .D .Bdia No voy a hacerte la demostración, .Edia replicó Lústogan, paciente. .Bdia Usa tu cabeza. .Edia .P Tenía la misma probabilidad de éxito usándola de verdad que usando la órica, pensé. Pero si Lústogan lo había conseguido… .D .Bdia Lo haré, .Edia afirmé. .Bdia ¿Dónde has encontrado la piedra? .Edia .D .Bdia En lugares perdidos, .Edia respondió vagamente, dándome la espalda. .P Enarqué imperceptiblemente una ceja. A saber por qué lugares oscuros había pasado mi hermano en su peregrinación hacia la raíz del Sello, si hasta había pasado cerca de Brassaria… Se me ocurrió una súbita idea. .D .Bdia Espera. Una última pregunta, hermano. ¿Eres capaz de estallar hierro negro de manera precisa? .Edia .P Lústogan se detuvo, pensativo. .D .Bdia ¿Lo dices por los collares de los dokohis? .Edia .D .Bdia En particular por el de Tchag, .Edia especifiqué. .Bdia El imp sigue transformándose y es un verdadero problema para Livon. ¿Crees que podrías…? .Edia .D .Bdia Olvídalo, .Edia me cortó Lústogan con tranquila sequedad. .Bdia No me interesa. Aprende a romper hierro negro, Drey, y solucionarás tu problema. .Edia .D .Bdia Como si fuera tan fácil, .Edia carraspeé. .Bdia Si tuviera ese Orbe… .Edia .D .Bdia Pero no lo tienes, .Edia retrucó Lústogan. Su tono tenía una pizca de diversión. Me dio de nuevo la espalda y se alejó con un: .Bdia Buen entrenamiento. .Edia .P Suspiré y contesté: .D .Bdia Buen viaje. .Edia .P Vi su silueta desaparecer rápidamente en las sombras de la noche, envuelta de un suave remolino de aire. La tenue luz de la Luna apareció a través de las nubes y pude ver cómo los árboles de la Colina Boscosa, negros como la tinta, se inclinaban regularmente bajo las rachas de viento. Inspiré hondo. El viento de la Superficie era tan distinto y a la vez tan vivificante… Cerré al fin la puerta y me fijé en que, en el salón, la vela naranja se había apagado. Tras una vacilación, la volví a encender y me tumbé bocabajo para contemplar su llama mientras esta bailaba. Quemarás hasta el final, le prometí. .Ch "El misterio del pozo" .\" 13/06/2019 .Bcita No acompañes a un alma abatida con tus sollozos: sonríele y quédate a su lado. .Ecita .autor-cita "Yánika Arunaeh" .salto De pie, arrimado contra un árbol de una plaza cercana a la desembocadura del Lur, observaba de reojo las ventanas de las casas. Inspiré el aire húmedo. Había llovido aquella noche y todo el aire olía a tierra. Sin embargo, aquel día, las nubes eran escasas y blancas y el sol cálido de verano comenzaba a secar los charcos. .D .Bdia Desde luego toma su tiempo, .Edia dije. .P Livon alzó la mirada de su cubo de números y asintió con un simple “mm”. Aquella mañana, habíamos aceptado él y yo la tarea de recuperar a un adolescente fugado hacía tres días, hijo de Morg Hitappe, un mercader gnomo que deseaba ya partir de vuelta para Trasta y cuya urgencia había hecho inflar considerablemente la recompensa. El fugitivo en cuestión, un tal Xarifo, tenía catorce años, un expediente lleno de fugas según su padre y un carácter del demonio, con el cual competía el padre, a mi ver. Nos habíamos dado toda la vuelta a Firasa, habíamos preguntado por un «muchacho gnomo de catorce años, pelirrojo, pecoso, con ojos azules y cara sospechosa», pero hasta ahora todos los sospechosos señalados habían sido falsos. Sin embargo, esta vez, la información parecía ser fiable: una verdulera con excelente olfato había afirmado que el tal muchacho olía a moigat rojo, y esa era la valiosa especia con la que mercadeaba el padre. Según decía, había estado merodeando por aquella plaza durante toda la mañana hasta que había entrado en la Casa Roja, un casino privado de entrada restringida. Si tan sólo pudiésemos estar seguros de que era el muchacho que buscábamos… Pero el guardia de la entrada había afirmado que no había entrado ningún Xarifo Hitappe. Lógicamente, el travieso no había dado su nombre real. Y, por supuesto, él había conseguido meterse adentro los diablos sabían cómo mientras que nosotros nos habíamos llevado una negativa rotunda. .D .Bdia ¿Cuánto tiempo piensas estar resolviendo ese cubo, Livon? .Edia pregunté sin dejar de mirar la entrada de la Casa Roja. .Bdia Llevas ya dos años dándole vueltas al cacharro. Eres persistente. .Edia .P .Bdm A mí me pone aún más nerviosa, .Edm confesó Myriah por lo bajo, para que la bréjica tan sólo nos alcanzara a Livon y a mí. .Bdm Pero ni me deja echarle una mano… Siempre fue así con los juegos. Un poco lento. ¡Pero lo importante es que no se rinde! .Edm lo encomió. .P Sonreí a medias. .D .Bdia A este paso, se le roñará el mecanismo. .Edia .P .Bdm ¿El de su cabeza? .Edm preguntó Myriah, bromista. .P Mi sonrisa se ensanchó. .D .Bdia Puede. .Edia .P Ajeno a nuestras burlas, Livon se levantó de un bote. .D .Bdia ¡Ahí va! .Edia lanzó a media voz. .P Era cierto. Después de dos largas horas de espera, había salido de la Casa Roja un muchacho pelirrojo con ropa escarlata extravagante que parecía recién comprada. Nos acercamos con rapidez y estábamos a unos escasos metros cuando Livon soltó: .D .Bdia ¡Perdona! ¿Eres Xarifo Hitappe? .Edia .P El pelirrojo giró la cabeza… y salió corriendo como un relámpago. Lo previsto. Y como corría con la rapidez de una liebre, a Livon le entró pereza. .D .Bdia Atento, Drey, .Edia soltó. .P Asentí. Permutar con alguien que corría era más difícil, pero ya lo había hecho durante los entrenamientos. Le agarré las dos manos… Y él permutó. Al instante siguiente tenía al muchacho bien agarrado. Su asombro, sin embargo, duró menos de lo que había esperado y se agitó como un demonio. .D .Bdia ¡Socorro! .Edia gritó. .P Algunos transeúntes se pararon. Lo fulminé con la mirada. Ese tipo… era un gamberro de élite. Le pasé las manos detrás de la espalda y lo inmovilicé. No era un guerrero como Saoko o Naylah, pero los monjes del Templo del Viento aprendían un mínimo de defensa física y la órica que aplastaba al pobre diablo contra el suelo ayudaba. .D .Bdia Estate tranquilo, .Edia le lancé. .P Livon nos alcanzó y, para el reducido público de curiosos, explicó: .D .Bdia El muchacho lleva tres días fugado y se lo llevamos a su padre. .Edia .P .Bdm ¡Nosotros, los Ragasakis! .Edm rió Myriah, enorgullecida. .P Livon hizo una mueca y lo imité… Attah. Por más que le pidiéramos ser discreta, Myriah era incapaz de contenerse. Después de estar más de un siglo sola en su varadia sin moverse, estaba pletórica y quería que todos se dieran cuenta de que existía, hasta los desconocidos. Lo más probable, sin embargo, era que ninguno ahí hubiese recibido bases celmistas y que su grito bréjico hubiera pasado inadvertido. O no, corregí, observando cómo el muchacho pelirrojo había alzado la cabeza, turbado. .D .Bdia ¿Raga… sakis? .Edia repitió. Y gruñó: .Bdia Soltadme, yo no he hecho nada. En cambio, tú me has pringado mi nuevo pantalón, sucio kadael… .Edia .P Intensifiqué la órica y no le dejé terminar su improperio. .D .Bdia ¿Puedo apartarte ya la nariz del suelo o tendremos que llevarte hasta tu padre a rastras? .Edia .P Sin esperar a que me contestase, le permití que se levantara, pero seguí agarrándole las manos detrás de la espalda. Xarifo tenía una expresión de ira pura. O al menos así me la imaginaba, rectifiqué con una pizca de diversión. Tal vez tan sólo estuviese algo irritado y su expresión contraída se debía al dolor. .D .Bdia Vamos, tu padre está preocupado, .Edia lo animó Livon con una sonrisa apaciguadora. .P Nos pusimos en marcha, aunque el gnomo lo hizo a regañadientes. .D .Bdia Puedo andar yo solito, .Edia me dijo al de un rato. .D .Bdia Vale, pero si se te ocurre echar a volar, lo lamentarás, .Edia le dije. .P Y lo solté. Todo el resto del camino estuvo buscando una escapatoria, se le veía, pero Livon y yo lo respaldábamos con atención. Al cabo, le pregunté: .D .Bdia ¿Tan terrible es tu padre que huyes de él? .Edia .P La mirada venenosa que me lanzó se transformó extrañamente rápido en una mirada sombría. .D .Bdia Sólo se interesa por su negocio. Si os ha mandado recuperarme, no lo ha hecho porque está preocupado. Como si me tragara un sowna. .Edia .D .Bdia ¿Y entonces por qué lo ha hecho? .Edia preguntó Livon. .P Una leve sonrisa torció el rostro pecoso del gnomo. .D .Bdia Le tomé prestado un dinero. Ya os lo digo: yo le importo una gota de resina. Él sólo quiere recuperar su dinero. Y el caso es que ahora no lo llevo encima. Mi padre se enfadará. Y no sólo conmigo. No os dará ninguna recompensa si no vuelvo con el dinero, creedme: cada vez que pasa, se pone rojo como el moigat rojo y no hay quien lo haga razonar. Pero si esperáis hasta mañana, lo devolveré con creces. Unos dos mil kétalos… Podría daros parte y pagaros el doble que Padre si me soltáis un poco las riendas. ¿Qué decís? .Edia .P Livon y yo intercambiamos una mirada pensativa. De modo que ese bribón le había robado dinero a su padre para jugar en la Casa Roja y disfrutar de la vida durante tres días y por lo visto ahora intentaba ponernos de su lado. Suspiré. Y ninguno de los dos le contestamos. Tras un silencio, protestó: .D .Bdia Hey, os estoy hablando, kadaelfos. No estoy vacilándoos. Cuando hago un trato, lo cumplo. Si me dejáis hasta mañana, os pagaré doscientos cada uno. .Edia .P Eso era más del doble de lo que nos había prometido el padre. Me encogí de hombros. .D .Bdia Cabe esperar que nuestro empleador, siendo tu padre, también cumplirá con su palabra. Andando. .Edia .D .Bdia ¿Pero es que estáis sordos? .Edia gritó el chaval. .P Un puño de órica le hizo tragarse el sonido y él aspiró. Y siseó. .D .Bdia Malditos magos imbéci… .Edia .P El puño de viento volvió a ahogar su palabrota. .P Finalmente, llegamos al Gremio de las Especias, donde nos esperaba el padre. O más bien, donde se suponía que debía esperarnos. Sólo que resultó que, para no desaprovechar el tiempo perdido, Morg Hitappe se había ido a «pasar el rato», nadie supo decirnos dónde exactamente. El joven gnomo, más tranquilo, se burlaba de nosotros: .D .Bdia Podéis esperar hasta mañana. No regresará. .Edia .P Attah… Si aquello nos tomaba más de un día, la paga, ya considerablemente baja en mi opinión, iba a dejar de ser rentable. No es que me preocupara el dinero, pero prefería no tener que deshacerme de la única gema que me quedaba… Y por supuesto por nada del mundo me desharía del diamante de Kron que me había dado Lúst. .D .Bdia Esto empieza a ser molesto, .Edia dejé escapar. .P Nos habíamos instalado frente al imponente gremio y llevábamos ya tal vez un cuarto de hora esperando. A Livon no parecía importarle la espera: estaba muy concentrado con su cubo. Eso ya era una obsesión, resoplé. Con una mano en el bolsillo y la otra lista para prevenir cualquier intento de fuga, me dispuse a seguir evaluando el diamante, bien escondido. Llevaba tres días dándole vueltas de cuando en cuando, examinando su textura, buscando puntos flojos… Pese a no haber obtenido ningún resultado, no me desanimaba. En mis entrenamientos, había pasado por retos que me habían parecido imposibles y que ahora me parecían un juego de niños. Era todo una cuestión de paciencia y experiencia. .P Tras un largo silencio en el que Xarifo Hitappe se rebullía y suspiraba de impaciencia, soltó: .D .Bdia ¿Sois monjes járdicos? .Edia .P Me arrancó de un sutil estudio de una de las facetas del diamante. .D .Bdia No. ¿Por qué? .Edia .D .Bdia Mm. Por nada. Me recordáis a los monjes que se quedan plantados como idiotas ante los santuarios y no se mueven. .Edia .P Giré mi mirada hacia él y, ante su mueca despreciativa, mis labios se torcieron en una sonrisa torva. Pero no contesté. .D .Bdia ¿Sois de una cofradía? .Edia .D .Bdia Somos Ragasakis, .Edia respondió Livon con su sempiterno tono amigable. .Bdia ¿Has oído hablar de nosotros? .Edia .D .Bdia No. Pero es normal. Últimamente las cofradías de cazarrecompensas crecen como setas. .Edia .P .Bpenso A ver si los chichones también te van a crecen como setas en la cabeza, .Epenso pensé. Su desprecio, más que exasperarme, me divertía. .D .Bdia Seguro que no tenéis ni representación en el Consejo de Trasta, .Edia añadió Xarifo. .D .Bdia ¿Para qué tenerla en Trasta si estamos en Firasa? .Edia se sorprendió Livon. .D .Bdia ¿Eres tonto? Para obtener beneficios mayores y mejores clientes, .Edia respondió el chaval. Y soltó una risa desdeñosa. .Bdia Apuesto a que nunca habéis estado en Trasta. .Edia .D .Bdia Pues no, .Edia confesó Livon. .D .Bdia Pff. Pueblerinos. No tengo nada en contra de ellos, .Edia aseguró el gnomo. Y añadió: .Bdia Mientras no se hacen los presumidos agarrando a un trastano como yo. ¿Dónde habéis aprendido esos trucos de magia? ¿Con algún ermitaño? .Edia .P Ahogué mal mi carcajada. Pese a su desdén, se denotaba una punta de curiosidad. Livon contestó: .D .Bdia Una ermitaña, de hecho. Fue una antigua integrante de la Academia de Hilramshil. .Edia .D .Bdia ¿La Academia de qué? ¿Eso existe? .Edia se burló Xarifo. .P .Bdm ¡No aguanto más a ese mocoso! .Edm estalló Myriah. .Bdm ¡Pues claro que existe Hilramshil, si es hasta la academia más famosa de todo el continente con la Academia de Dathrun, ignorante! .Edm .P Livon y yo suspiramos y Xarifo, desconcertado, iba a preguntar algo, probablemente sobre esa voz misteriosa que salía de la nada y entraba en su cabeza, pero lo olvidó todo cuando resonó un gruñido fuerte: .D .Bdia ¡XARIFO! .Edia .P Enseguida el muchacho se puso blanco. Morg Hitappe nos alcanzó en unas zancadas y acercó tanto el rostro al de su hijo que sus largas narices picudas se tocaron. .D .Bdia ¡Al fin te tengo, niño ladrón! ¡Por toda Firasa te he estado buscando! ¿No te dije que si me hacías otra jugarreta de esas te desheredaría? ¡Pues bien te lo has buscado! ¡Tres días! ¡Tres días gastando mi dinero como un descarado! .Edia .P Dejé de escuchar. Las reprimendas duraron varios minutos y pusieron a Morg de un rojo espantoso. El hijo parecía aguantarlas con más valía y hasta se defendió pese a estar en clara desventaja arguyendo que él hacía lo que quería con su vida y que no era culpa suya si su padre era un avaro y un tonto que no sabía más que negociar con moigat rojo… Parecían acostumbrados a ese tipo de pelea verbal y Livon y yo la observamos sin hacerles mucho caso, concentrándonos cada uno en nuestros asuntos. Finalmente, ya harto, el padre se acordó de nosotros y, tras arrastrar a su hijo adentro de una carreta y atarlo con cuerda, nos dio la recompensa. Ochenta kétalos cada uno. Sin contarlos, los sopesamos y nos dimos por contentos. Aunque no dejamos de echar una mirada ligeramente compasiva hacia el carromato donde había desaparecido Xarifo. .D .Bdia Me siento mal por él, .Edia comentó Livon. .Bdia Pero antes de llamar avaro a su padre, debería aprender a no robarle. .Edia .P .Bdm Y a tratar a la gente con respeto, .Edm refunfuñó Myriah. .D .Bdia Sin duda, .Edia aprobé. .P Nos pusimos en marcha hacia la cofradía. El sol ya se inclinaba hacia el oeste pero aún quedaban muchas horas antes de que se marchase. En verano, no se iba hasta las diez de la noche, o de la tarde, como decía Orih, y los firasanos cambiaban sus costumbres, atrasaban la cena, paseaban más y llenaban las terrazas y las calles comerciales. La Colina de las Campanas, sin embargo, estaba tranquila. Livon empujó la puerta de la cofradía y entramos. Tchag estaba roncando sobre un cojín iluminado por los rayos de sol. Loy trasteaba con un gran sacapuntas detrás del mostrador. .D .Bdia ¿Se ha estropeado? .Edia inquirió Livon. .D .Bdia Una de las cuchillas, .Edia confirmó el secretario, muy concentrado. .Bdia Ah, Drey. Yánika y Orih pasaron por aquí. Dijeron que estaban cubiertas de tierra y que iban a tomar un baño. .Edia .P Asentí. Las dos se habían pasado el día jardineando en la nueva casa: ya en el Templo del Viento, a Yánika le encantaba sembrar semillas de todo tipo de verduras —aunque luego fuera reacia a comérselas— y para ello hacía falta desbrozar el terreno. Me alivió saber que no les había pasado nada: no era por ser pesimista pero, siendo Orih tan torpe, hasta arrancando mala hierba podía tropezarse. .P Nos sentamos comentando el suceso del gnomo arrogante, Myriah se desahogó y Loy rió sin despegar la vista de su sacapuntas: .D .Bdia Lidiar con la gente forma parte del oficio de cazarrecompensas. A menos que os encontréis misiones en tierras salvajes como Baryn… ¡Ah! Por cierto, ahora que lo pienso, tenía un papel urgente… ¿Dónde lo habré metido? Veréis, hace un par de horas me llegó una oferta de trabajo prometedora, si os interesa… .Edia .D .Bdia Con los ochenta kétalos nos da para varios días, .Edia se quejó Livon. .D .Bdia Ya, pero estaría bien que alguien aceptara su petición. Y hoy esto está tan tranquilo que a este paso tratándose de algo urgente… .Edia .D .Bdia ¿De qué se trata? .Edia pregunté. .D .Bdia En realidad, no lo sé, me dejaron la hoja pero yo estaba muy atareado… .Edia .D .Bdia Con el sacapuntas, ¿eh? Con lo organizado que eres me extraña que hayas perdido el papel, .Edia observó Livon mientras Loy revolvía el mostrador. Al fin, el secretario sonrió y agarró la petición. .D .Bdia Aquí está, .Edia sonrió. .Bdia Eso es. Es una petición del Gurú del Fuego. .Edia .P Livon alzó la cabeza con vivacidad. .D .Bdia ¿El Gurú del Fuego? ¡Haberlo dicho antes! ¿Tiene problemas? .Edia .D .Bdia Mm-mm, .Edia dijo Loy, recorriendo la hoja con los ojos. .Bdia Ahora entiendo por qué no la guardé con las demás peticiones. Es una carta. El monje que la entregó, el tal Rozzy del que me hablasteis, no rellenó el formulario. No presenta cantidad precisa de dinero ni explica de qué va la misión. Sólo dice que invita a su casa a todo aquel dispuesto a aceptarla para explicarle el resto y nos dice que tiene a los Ragasakis en alta estima desde lo de su peregrinación por Skabra y blablablá… Su escritura es una de las más elegantes que haya visto, .Edia añadió, admirativo. .P Llegó hasta nosotros y nos pasó la carta, pero Livon apenas le echó un vistazo. Cogió a Tchag, despertándolo a medias de su modorra, y se levantó. .D .Bdia Vamos, Drey. .Edia .P Asentí. La determinación de Livon de ir a ayudar a Aruss me había convencido. El Gurú del Fuego se merecía un buen trato, por buena persona y buen cliente. En el momento en que Livon tendía la mano hacia la manilla, la puerta se abrió. Aparecieron Orih, Yánika, Sirih, Sanaytay y Kali, todas embadurnadas en un fuerte olor a aceite de seolio. Salían directamente de las termas, entendí. .D .Bdia ¿Adónde vais? .Edia se sorprendió Kali. Mi boca se hizo agua cuando vi el saco que llevaba a cuestas. Traía pasteles, entendí. Enseguida mi resolución de ir a ver al gurú vaciló, pero cuando Livon explicó el caso las cinco Ragasakis se animaron a seguirnos. Finalmente, el Gurú del Fuego iba a tener a toda una tropa de Ragasakis dispuestos a oírlo. Yánika y Orih todavía me contaban sus peripecias en el jardín con las lechugas y las acelgas cuando llegamos ante la casa del Gurú del Fuego. Es decir, ante el santuario de los Protectores Járdicos. Este se encontraba sobre un acantilado junto al mar y Kali aprovechó las vistas para señalarnos a Yánika y a mí el dichoso lugar donde vivían los nurones, hacia el sur. Obviamente, no vimos más que agua y arrecifes… los pocos arrecifes que Orih no había hecho explotar y que los nurones guardaban acérrimamente como rocas sagradas. .D .Bdia Los protegen de los pescadores, .Edia dijo Kali. .Bdia Porque, de poder navegar tranquilamente, esos serían capaces de tirarles redes viejas a los nurones nada más que para incordiarlos. .Edia .D .Bdia ¿Tan mal se llevan? .Edia .D .Bdia Peor que el perro y el gato, .Edia aseguró Kali. .Bdia No todos, por supuesto. Están los que, como yo, aceptan a los nurones del todo. Pero los hay que dicen que deberían ser expulsados de Firasa. Todo eso porque los nurones pescan mejor que ellos y porque les impiden pescar beryules. No sé si lo sabréis, pero los beryules son sagrados para ellos. Les limpian las casas de bichos submarinos y… .Edia .D .Bdia ¡Deja tus peces, Kali, que entramos! .Edia le lanzó Orih. .P Kali despegó con desgana su mirada del mar y adiviné que, si no hubiésemos tenido prisas por ir a ver al Gurú del Fuego, me habría seguido hablando apasionadamente de los nurones de la Firasa submarina. Supuse que cada uno tenía sus obsesiones. Después de todo, yo seguía con mi mano bien firmemente apegada al diamante, buscando fallos. .P El interior del santuario era sencillo pero hermoso y bien iluminado. Todas las puertas corredizas estaban abiertas, dejando entrar la brisa del mar. .P Aruss se mostró a la vez formal y alegre de vernos. El sibilio tenía el largo cabello rojo recogido sobre la coronilla y llevaba la misma ropa que sus demás confráteres: túnica negra y pantalones holgados morados. Nos invitó a sentarnos y un Protector Járdico nos ofreció el té. Cuando lo reconocí, enarqué una ceja y Orih sonrió anchamente. .D .Bdia ¡Merek! ¿En serio te has metido a monje? .Edia .P Su amigo de infancia había trocado sus collares y ropas bastas de montaraz por el uniforme de su nueva cofradía. Por alguna razón, Tchag, ya espabilado del todo, se echó a reír y lo señaló, muy divertido. .D .Bdia ¡Es Merek! .Edia .P El mirol le echó una mirada perpleja y se contentó con inclinar la cabeza hacia Orih. Aruss explicó: .D .Bdia Los aprendices de nuestra cofradía no pueden hablar durante el primer año. El silencio es una de las etapas de aprendizaje para ayudar a reunirse con la Esencia que nos rodea. .Edia .P Orih parpadeó, obviamente sin entender, y Merek se contentó con sonreír, volvió a inclinarse y desapareció por un pasillo. .D .Bdia ¿No me digas que los demás también se han hecho Protectores Járdicos? .Edia se preocupó la mirol. .P Aruss sonrió y negó con la cabeza. .D .Bdia Los Atarah se quedaron en el cráter. Salvo Rakbo. Él se unió al gremio de los Escoltas Azules para proteger los caminos, con intenciones de hacer las paces consigo mismo y hacer el bien. En cuanto al Príncipe Anciano y sus compañeros… se mudaron sin dejar rastro, lo cual considero prudente. .Edia .P Sin duda lo era, aprobé. Permanecer en un cráter con una única salida era buscar problemas. Al fin y al cabo, eran vampiros, y los saijits no acostumbraban saludarlos amigablemente. No sin cierta razón. .D .Bdia Así que todo va bien por esa parte, .Edia se alegró Livon. .Bdia Pero… ha ocurrido algo malo en el santuario, ¿verdad? .Edia .D .Bdia No, Esencias Sagradas, aquí no llegan más que los buenos espíritus, .Edia aseguró Aruss. .Bdia Pero no es el caso por todas partes. .Edia Sentado de cuclillas ante nosotros, dejó la taza de té y explicó sombríamente: .Bdia Hace unas semanas, empezaron a desaparecer personas en los alrededores de la aldea de Zif-Erdol, a unos diez kilómetros de aquí al norte. La aldea pidió ayuda a unos aventureros, pero estos también desaparecieron. Dejaron rastros y se está expandiendo el rumor de que los espíritus de uno de los viejos santuarios járdicos están tragándose a la gente. Sólo que los santuarios járdicos no tienen espíritus: tienen tótems sobre la Esencia, nada más. Cerca del santuario abandonado, hay un pozo famoso llamado el Pozo de la Nada y uno de los aldeanos, que es járdico, vino aquí pidiéndonos que lo ayudemos a probar que quien traga a la gente es el pozo, no el santuario. Sea el pozo o sea una panda de bandidos… el caso es que las víctimas son reales. .Edia Se inclinó concluyendo: .Bdia Os agradezco de nuevo haber acudido a mi llamada y os pido por favor que aceptéis investigar este caso para que no se pierdan más vidas. .Edia .P Mientras hablaba el Gurú del Fuego, un aura de determinación había ido creciendo en la habitación. Sin lugar a dudas Yánika precipitó la decisión de todos. Livon asintió firmemente, Tchag lo imitó, subido a su cabeza, y Sirih chocó un puño contra su palma diciendo: .D .Bdia ¡Por supuesto que aceptamos! .Edia .P El aura se animó, confiada y satisfecha. Me contuve de intervenir y me convencí de que, si los Ragasakis habían aceptado tan rápido sin ni siquiera oír hablar de recompensas, no era sólo por Yánika. Era por sentido del deber, por ganas de hacer algo bien… y por eso mismo, porque el aura de mi hermana les seguía la corriente a la perfección, les debía de resultar más difícil entender hasta qué punto esta podía influenciarlos… .salto Salimos hacia el dicho pueblo de Zif-Erdol horas después, bien pertrechados y con ánimo. Teniendo en cuenta que la aldea no se encontraba lejos, llegaríamos antes del anochecer y Aruss había asegurado que el feligrés járdico de aquel pueblo prestaría gustoso su granero para hospedarnos el tiempo que necesitáramos para resolver el problema. El Gurú del Fuego nos había propuesto una recompensa de dos mil kétalos, y doscientos más por persona desaparecida hallada. .P Abriendo la marcha, se encontraban Livon, Tchag, Yánika y Sirih. Los seguíamos Jiyari, Sanaytay y yo. Orih tenía aún que realizar no sé qué tareas para una anciana vecina suya pero nos había asegurado que nos alcanzaría antes del anochecer. .Bparoles ¡Al fin y al cabo, los miroles corremos rápido! .Eparoles había dicho. Y Sirih le había replicado: .Bparoles Salvo tú… .Eparoles .P Mientras andábamos, nos acompañaba la melodía de flauta de Sanaytay. No parecía molestarle andar y soplar al mismo tiempo, aunque me pregunté si realmente estaba soplando en el instrumento o todo lo que oía eran armonías. Cuando se lo pregunté, se ruborizó confesando: .D .Bdia Son ambas cosas. No necesito la flauta para hacer armonías de sonido pero… esta flauta… cómo decir, esta flauta… .Edia .D .Bdia ¿Es importante para ti? .Edia .P Ella asintió con la cabeza. .D .Bdia Perteneció a mi madre. Éramos flautistas en Daer y trabajábamos en las tabernas. Todavía era pequeña cuando ella murió. .Edia Hubo silencio. .Bdia Un mes después, conocí a Sirih. .Edia .P Enarqué una ceja, sorprendido. .D .Bdia ¿No sois hermanas? .Edia .D .Bdia Como si lo fuéramos, monje entrometido, .Edia lanzó Sirih. Se había dejado alcanzar y le echó una ojeada de reproche a su hermana. .Bdia ¿Qué le estás contando, Sanay? Prometimos no hablar del pasado nunca más. El pasado es pasado y no volverá. .Edia .P La flautista se mordió un labio, incómoda. .D .Bdia Es verdad. .Edia .P Y casi creí leer en sus pensamientos un: pero nuestro pasado tampoco se irá nunca del todo. ¿Tan terrible había sido su infancia de ladronas en la capital de Daercia? Preferí no preguntar. .P Sanaytay había retomado su melodía tranquila mientras atravesábamos campos y colinas sin alejarnos demasiado del mar. En un momento, Jiyari preguntó, interesado: .D .Bdia ¿Qué es ese Pozo de la Nada? Suena como una leyenda. .Edia .D .Bdia En verdad, no lo sé, .Edia confesó Livon. .Bdia Esta zona no la conozco bien. Pasé por aquí con Baryn, pero él no se interesa por los fenómenos sobrenaturales. Como monje yurí, prefiere los fenómenos naturales. .Edia .D .Bdia Como los escarabajos blancos, .Edia reflexionó Yánika. .D .Bdia O como las goórgodas, .Edia murmuró Tchag, absorto. .Bdia A mí me confundió con una. .Edia .D .Bdia Cosas que pasan, .Edia sonrió el permutador. .Bdia Como diría Baryn, ya hay bastantes misterios en la naturaleza como para buscarlos entre los espíritus. .Edia Indicó un camino a nuestra izquierda. .Bdia La aldea debe de estar por ahí según nos la señaló Aruss. .Edia .P Bifurcamos y caminamos entre vallados, campos y enormes árboles solitarios. Al de un rato, avistamos una pequeña manzana de casas. No debía de haber ahí más de cuarenta habitantes. Un humano vestido con ropa basta de campesino pasó con su rastrillo no sin echarnos una ojeada curiosa. Livon saludó. .D .Bdia Buenas tardes. .Edia .D .Bdia Buenas tardes a ti, viajero. ¿Qué os trae por estos lares? .Edia .D .Bdia Pues verás, nos dijeron que en Zif-Erdol había habido gente desaparecida y venimos a investigar. Somos Ragasakis. .Edia .P El campesino sacudió la cabeza pasándose una mano por su barba. .D .Bdia No conozco tal nombre. Pero si venís por eso, bienvenidos. Aquí ya se ausentaron tres parientes, ya ve, más los cuatro aventureros que quisieron ayudar. Si en verdad el santuario se los tragó… Que en paz reposen todos, si es que se puede reposar en un lugar donde acecha el diablo. ¿Queréis ver el lugar? Os lo muestro. Pero, antes, que no os engañe: por aquí tenemos más cebollas que kétalos. No esperéis mucho. .Edia .D .Bdia Tranquilo, nos paga ya el Gurú del Fuego de Firasa, .Edia aseguró Livon. .Bdia Él dice que el santuario no es culpable de nada, pero le echaremos un vistazo de todos modos. .Edia .P La frente bronceada del humano se arrugó. .D .Bdia Ahora entiendo adónde se fue el Yabeko de Dris. A pedirle socorro al gurú járdico, ¿eh? Aunque no me quejo. Si agarráis al monstruo que hace esto, con gusto os invito a mi casa. .Edia .D .Bdia Y esos tres que desaparecieron del pueblo, ¿quiénes son? .Edia pregunté mientras nos encaminábamos, siguiendo al campesino. .D .Bdia Oh… uno de ellos es mi yerno. Aunque entre nosotros dudo que ese haya sido comido por ningún diablo, si acaso cuando nació. Se fue por malas deudas y malas compañías. Pues, si se le ocurre volver, mi hija lo recibirá a palos, y con razón… .Edia .D .Bdia ¿Quiénes son los otros dos? .Edia inquirió Sirih. .D .Bdia La hija del Bardel, .Edia contestó el aldeano. .Bdia La moza es cazadora y mañosa como ninguna. Trae liebres y el otoño pasado subió hasta los montes y bajó con un corzo bien gordo. Tan gordo que compartió con todos los vecinos. Hace dos semanas, salió a por agua del río y no la volvimos a ver. .Edia .D .Bdia ¿El río? .Edia repetí. .D .Bdia Allá abajo corre, pronto lo vais a ver, .Edia afirmó. .P De hecho, lo vimos. Un pequeño río corría por el terreno relativamente llano. El campesino alzó su rastrillo para señalarnos algo del otro lado. .D .Bdia Aquel es el santuario. .Edia .P Medio escondida entre las ramas de unos árboles, se alzaba una pequeña estructura de madera con tejado empinado y pintura roja desvaída. Cuando dejé de mirarlo, me fijé en que más de un aldeano se había acercado a curiosear. .D .Bdia ¡Rokuo! .Edia dijo una humana de edad madura y bien maciza adelantándose con un cesto vacío en la mano. .Bdia ¿Y estos? .Edia .D .Bdia Rasakis del Gurú del Fuego, a lo que he entendido, .Edia contestó nuestro guía. .Bdia Los envía ese hombre para sacar a la moza Bardel y a ese torpe de Moshu. .Edia .D .Bdia ¿Oh? Pues bien normal me parece, .Edia aprobó la mujer con cierta irritación. .Bdia Por culpa de los járdicos pasó esta desgracia. Por abandonar sus santuarios y dejar que los diablos se críen dentro. .Edia .D .Bdia Esto… .Edia intervino Livon, rascándose el cuello, sonriente. .Bdia Somos .Sm Ragasakis de Firasa, una cofradía de cazarrecompensas, y el Gurú del Fuego nos contrató para investigar el misterio y evitar que se repita. Por desgracia, no tenemos ninguna seguridad de que los desaparecidos sigan vivos. .Edia .D .Bdia ¡Y pues claro que están muertos! .Edia exclamó la mujer de la cesta. .Bdia Los diablos se los han comido. Lo que hay que hacer es usar agua bendita de la que os haya dado ese gurú para echársela a los demonios y que se vayan ya de una vez. A eso habéis venido, ¿no? .Edia .D .Bdia Er… Bueno, en cierto modo, .Edia asintió Livon. .P Sólo nos faltaban el agua bendita y los demonios, pensé. Jiyari inquirió: .D .Bdia ¿Dónde está el Pozo de la Nada? .Edia .D .Bdia ¿El pozo? .Edia repitió Rokuo ensombreciéndose. Señaló con el rastrillo. .Bdia Justo al lado del santuario. Yabeko dice que los diablos salen de ahí. A saber. Por aquí también lo llamamos el Pozo que Respira y mi abuela decía que hubo una época en que la gente del pueblo soltaba adentro leche de cabra para la buena fortuna. La semana pasada, echamos un cubo entero, pero los aventureros desaparecieron igual. Yo lo que digo es que mientras uno no cruce el río, está a salvo. La moza del Bardel lo cruzó de fijo: sería bella la moza pero también era muy curiosa. Debió de haber visto algo. Y lo mismo va para el Moshu. Tan torpe es que tropezando y tropezando se debió de ir hasta la boca del diablo. .Edia .D .Bdia Pobre chaval, .Edia comentó uno entre el público meneando la cabeza. .D .Bdia Echaremos un vistazo, .Edia dije. .P Ya estaba cruzando el río con Jiyari de piedra en piedra. Los demás nos siguieron y Rokuo nos lanzó desde la orilla: .D .Bdia Avisaré a Yabeko, se pondrá contento cuando sepa que ese járdico no lo ha dejado plantado. No seáis demasiado atrevidos, ¡sabed que el diablo come hasta con el sol bien alto! .Edia .P Los árboles alrededor del santuario tenían las ramas cargadas de bulbos parecidos a las drimis. Cuando inspeccioné una preguntándome qué tipo de árbol sería, me fijé en que estaban atados con hilo. Livon explicó: .D .Bdia La cebolla tiene fama de quitar el apetito a los demonios. En mi pueblo lo usaban mucho los pastores contra los lobos y adornaban hasta las piedras. Mirad. También han echado granos de arroz amarillo en polvo por las tablas de fuera, ante la puerta. Se dice que crea una barrera contra la malevolencia. En mi pueblo lo usaban contra los vampiros. .Edia .D .Bdia Pues yo conocí a un tipo que comía arroz amarillo todos los días y era un diablo de cabo a rabo, .Edia comentó Sirih. .P Tchag había alzado la nariz de una margarita, inquieto. .D .Bdia ¿Vampiros? .Edia repitió. .Bdia ¿Los buenos o los malos? .Edia .P Después del encuentro con el Príncipe Anciano, el imp parecía haber revisado su juicio generalizado sobre los vampiros, observé. .D .Bdia Los que beben sangre saijit, .Edia le contestó Livon. .Bdia Pero esos normalmente dejan el cuerpo sin sangre, no lo hacen desaparecer. ¿No notáis nada extraño? .Edia añadió escudriñando el santuario. .Bdia Como una corriente de aire… .Edia .P Enarqué una ceja. Eso era tarea mía. Me adelanté hasta los escalones de madera que subían hacia la puerta del santuario y solté un sortilegio órico. Inspeccioné el lugar. En comparación con el perceptismo, mi sortilegio se contentaba con arremolinarse en el interior del templo sin percibir los objetos en concreto. Sin embargo, localicé rápidamente la corriente de aire: iba de las rendijas de la puerta a un lugar situado en el techo. Un agujero. .D .Bdia El santuario es tan viejo que se cae a pedazos, .Edia dije. .Bdia No noto nada raro. .Edia .D .Bdia Bueno, .Edia se animó Sirih. .Bdia Entonces adelante. .Edia .P Antes de que nadie pudiera detenerla, se adelantó hacia la puerta y abrió. El interior estaba a oscuras, levemente iluminado por la luz del atardecer que se filtraba por los agujeros del tejado y la puerta. Adentro, había tres tótems járdicos gravados en la madera representando a un perro, un gran pájaro y algo que posiblemente había sido un saijit pero había sido tronchado por la mitad con una herramienta parecida a un hacha. Salimos de ahí sin haber visto nada sospechoso. .D .Bdia Ya se va el sol, .Edia observó Livon. .Bdia ¿Miramos el pozo y volvemos? .Edia .P Aprobamos y nos dirigimos hacia el Pozo de la Nada. Este se encontraba a unos cien metros del santuario subiendo el río. Tenía un brocal de piedra pero no había polea ni cubo ni cuerda. Estaba por lo visto abandonado desde hacía mucho tiempo. Me apoyé sobre el borde para comprobar su solidez, aparté a un Tchag curioso diciéndole que tuviese cuidado y examiné el interior con mi órica. Fruncí el ceño. Y Sanaytay enseguida se inquietó. .D .Bdia ¿Lo… los has encontrado? .Edia balbuceó. .D .Bdia ¿El qué? .Edia .D .Bdia Los cuerpos de los desaparecidos, .Edia explicó Sirih, asomando la cabeza para mirar. .Bdia Pero no puedo creer que los aldeanos no verificasen. Imposible que estén ahí… ¿Los notas? .Edia .D .Bdia No. Este pozo parece más bien profundo… Pero lo verificaré, .Edia afirmé. .P Creé una bola de fuerza, la proyecté con una velocidad determinada y el viento súbito emitió un ruido extraño al precipitarse en el agujero negro. Me concentré esperando evaluar aproximadamente la profundidad en cuanto el aire de abajo me alcanzase… pero no noté nada. Bueno, sí: desde el principio notaba un aire leve que se movía rítmicamente de arriba abajo, con rapidez. ¿Sería por eso que los aldeanos lo llamaban el Pozo que Respira? La apelación era bastante acertada. Sin embargo… ¿cuál podía ser la causa? Con ganas de averiguarlo, volví a crear una bola de órica y repetí el experimento. Estuve así durante un rato. Entonces, viendo la luz menguar cada vez más en el cielo, Livon soltó: .D .Bdia Ya volveremos mañana. No creo que desaparezca nadie durante la noche de todas formas. .Edia .D .Bdia Si resulta que desaparecieron por ese pozo, .Edia apuntó Sirih, dejando de inspeccionar el suelo, .Bdia lo importante sería saber quién los tiró adentro. .Edia .D .Bdia Tomando en cuenta que desaparecieron cuatro aventureros en una misma noche, .Edia dije, .Bdia yo diría más bien ‘quiénes’. .Edia .P Advertí sus miradas escudriñar los árboles alrededor del claro, pero la mía se posó de nuevo en el pozo. Mientras los demás se alejaban hacia el río, le eché un último vistazo. Ese Pozo de la Nada era extraño. Parecía casi como si no tuviera fondo. Le di la espalda y… de pronto sentí una corriente más fuerte que venía del pozo, aspirando el aire. La sensación me recordó algo, la imagen de un techo rocoso, y un suelo que me aspiraba sin dejarme en paz, una piedra fría que me atravesaba con sortilegios y dolía. Dolía… Jadeé. Jiyari y Yánika se giraron al mismo tiempo, y la sensación murió tan pronto como vino. .D .Bdia ¿Drey? .Edia se preocupó el rubio. .P Meneé la cabeza y me alejé del pozo. Eso… ¿había sido una alucinación de mi mente? No era la primera vez que tenía la sensación de ser testigo de un dolor inmenso que me llegaba suavizado a través mi Datsu, pero hasta ahora tan sólo me había ocurrido en pesadillas… ¿Sería un recuerdo de Kala? Suspiré, hundí mi mano en el bolsillo y volví a mi entrenamiento con el diamante de Kron. Tal vez este no surtía efecto, pero calmaba casi tan bien como el Datsu. .Ch "Rescates y rabia" .\" 14/06/2019 Desperté en plena noche por el aura tensa de Yánika y me enderecé, alerta. Vi a dos formas de pie, junto a la entrada del granero de Yabeko de Dris. Eran Sanaytay y Sirih. No se las oía, probablemente por algún sortilegio de la primera. .D .Bdia ¿Ocurre algo? .Edia cuchicheé, allegándome junto con Yánika. .P Sanaytay rompió la burbuja de silencio y Sirih explicó en un murmullo: .D .Bdia Aún no sabemos. Sanaytay estaba afuera, practicando su baile, y ha oído el ruido de una rueda de carreta girando en el camino hacia el pueblo. .Edia .D .Bdia En plena noche… me ha parecido extraño, .Edia murmuró Sanaytay. .P Con el ceño fruncido, asentí. De ser una ciudad, no habría sido nada extraño, pero una aldea de cuarenta habitantes perdida en un alto… .D .Bdia Iré a echar un vistazo, .Edia dijo Livon. Me sobresalté al ver al permutador ya de pie junto a la puerta. .Bdia Sirih, Sanay… ¿me acompañáis? .Edia .P Con una armónica de imágenes y otra de sonido, la técnica de sigilo era perfecta. Sin embargo, supuse que no podrían escondernos a todos tan fácilmente. Dije: .D .Bdia Si descubrís algo, avisad. .Edia Y agarré a Tchag por la cuerda cuando salían Livon y las armónicas. .Bdia Quieto, ¿o quieres volver a transformarte? .Edia .P Los ojos de Tchag me parecieron más blancos que de costumbre cuando me miraron y temí que, de hecho, se estuviera transformando pese a la presencia de Yánika… Entonces, preguntó: .D .Bdia ¿De verdad me transformo? .Edia .P No era la primera vez que expresaba su incredulidad sobre el tema. Al fin y al cabo, él no guardaba ningún recuerdo sobre ello. Suspiré. .D .Bdia Te transformas, .Edia confirmé. .Bdia En realidad, es como si otra mente tomara control de tu cuerpo y la tuya se pusiera en modo reposo. Por eso no te acuerdas. ¿No te lo explicó Livon? .Edia .P Tchag balanceó la cabeza, sin contestar. Probablemente ya se lo había explicado, adiviné, pero seguía sin entenderlo. .P Me senté sobre las tablas del suelo. Unos rayos azules de Gema se infiltraban por la única ventana del granero, iluminándolas tenuemente. Yabeko de Dris, único járdico de la aldea de Zif-Erdol e hijo del antiguo sacerdote del santuario maldito, nos había hospedado a los cinco Ragasakis y a Jiyari con gran alegría construyéndonos hasta jergones de paja más que aceptables para pasar la noche. El único al que no había acogido de tan buen grado había sido Tchag: al principio se había creído que era una criatura demoníaca o algo del estilo… Y cuando Sirih, con su habitual franqueza, le había dicho que no sabíamos ciertamente lo que era, no había arreglado las cosas. .D .Bdia Yo no quiero transformarme, .Edia dijo de pronto Tchag tras un silencio. .P Enarqué una ceja, burlón. .D .Bdia Entonces no te alejes de Yánika. .Edia .P El imp asintió y agucé el oído, escuchando los ruidos nocturnos. Tchag me imitó y, echándole una ojeada, me pregunté por enésima vez qué clase de criatura era. Según Livon, no debía de tener muchos años de vida, si acaso meses. Pero nunca le había preguntado si lo pensaba por su físico o por su comportamiento. Quién sabe… tal vez hubiese pasado más tiempo de su vida transformado que no transformado. .P Resultaba tan extraño pensar que un ser podía pasar tanto tiempo en vida y no recordar nada… Me resistía a compararlo conmigo. A fin de cuentas, Kala había vivido antes que yo y había tenido otro cuerpo. Aunque el hecho de que intentara controlar el mío… eso sí que se asemejaba al caso de Tchag. Sólo que, al contrario que éste, yo recordaba perfectamente las dos veces en que el Pixie me había robado el cuerpo. .P Un escalofrío me recorrió, seguido de unas ganas de moverme. Me puse las botas y me levanté. .D .Bdia ¿Hermano? .Edia se sorprendió Yánika. .D .Bdia Ahora vuelvo. .Edia .P Salí, cerré la puerta y agucé de nuevo el oído. No oía más que las aves nocturnas, los silbidos de los insectos y el frufrú regular de las hojas con el viento. El río se encontraba cerca. Caminé hacia este y pronto oí el tintineo del agua que corría suavemente. Me detuve en la orilla. Y centré mi mirada en el pozo, a unos cien metros de distancia. Apenas lo veía en la noche, pese a mis ojos de kadaelfo. La aldea estaba silenciosa y apacible, pero tenía la sensación de que, en la otra ribera, algo peligroso se movía. ¿Acaso el aire extraño del pozo me alcanzaba? No, estaba demasiado lejos. ¿Acaso el olfato, la vista, el oído me avisaban de algo? Tampoco. En tal caso… debía de ser mi imaginación. .D .Bdia ¡Drey! .Edia cuchicheó de pronto una voz. .Bdia ¿Eres tú? .Edia .P Me giré y vi a Sanaytay correr hacia mí, silenciosa como la bruma. Iba sola. .D .Bdia ¿Sanay? .Edia murmuré. .Bdia ¿Qué pasa? .Edia .D .Bdia Son… .Edia jadeó y retomó el aliento. .Bdia Son tres. Y llevan dos cuerpos. Han cruzado el río y… y se están dirigiendo hacia el santuario. Tienes que esconderte. .Edia .P Me agaché enseguida como ella y nos metimos entre los arbustos de la orilla. Mi corazón latía más rápido, alerta. .D .Bdia ¿Dos cuerpos saijits? ¿Vivos? .Edia .D .Bdia No lo sé, .Edia confesó Sanaytay. La oí tragar saliva. .Bdia Livon cree haber reconocido el olor al jabón que nos pusimos en las termas esta tarde y… está convencido de que uno de los dos es Orih. .Edia Agrandé mucho los ojos. Ciertamente, todos nos habíamos preguntado dónde se había metido la mirol, pero habíamos llegado a la conclusión de que simplemente se había retrasado demasiado para llegar a Zif-Erdol antes del anochecer. ¿Podría haber caído en manos de los autores de las desapariciones? Orih era torpe, pero .Sm mar-háï , ¿hasta ese punto…? La voz de Sanaytay se hizo más aguda y precipitada cuando añadió: .Bdia Livon los ha seguido sin esperar y Sirih me ha pedido que te avise. Ella… teme que Livon haga una tontería. .Edia .P No le pregunté cuál. .D .Bdia Esos tres tipos… ¿van armados? .Edia .D .Bdia Tampoco lo sé, .Edia admitió Sanaytay con creciente tensión. .Bdia ¿Crees que deberíamos pedir ayuda? .Edia .P ¿A quiénes, a los aldeanos? Como mucho conseguirían asustar a los raptores y recuperar a los cautivos, algo que Sirih probablemente podría lograr con una simple ilusión lo suficiente amenazante. Si Sanaytay se unía con algún rugido o algún alboroto de gritos salvajes sin duda los tres raptores saldrían corriendo… y nos quedaríamos sin saber quiénes eran los culpables. Lo que queríamos nosotros era poner fin al problema. Y para ello había que atraparlos. .P Nuestras miradas se alzaron cuando detectamos movimiento entre los árboles en la otra orilla. Tres siluetas salieron al claro, dos iban bien cargadas y avanzaban con lentitud, sin darse prisas. Eso significaba que Sirih y Livon seguían a cubierto. .D .Bdia ¿Puedes hacernos pasar el río aplacando el ruido? .Edia pregunté en un murmullo. .P Sanaytay inspiró y noté el aire moverse junto a ella cuando asintió. .D .Bdia Claro. .Edia .D .Bdia Entonces, sígueme. .Edia .P Salimos de nuestro escondite y cruzamos el río. Enseguida nos escondimos detrás de un pequeño desnivel de terreno, entre unas matas. Fue entonces cuando vi a los tres raptores pasar por delante del santuario sin detenerse y tuve de pronto una idea bastante más clara de lo que ocurría. .D .Bdia Van a tirarlos al pozo, .Edia murmuré. .D .Bdia No, .Edia se horrorizó Sanaytay. .Bdia Orih no puede… Tenemos que deteneterlos. Orih… Si cae ahí, morirá… .Edia .P Me empezaban a entrar dudas de ello. Me empezaban a entrar dudas de todo. Lo que sí sabía era que teníamos que intervenir y sin dilaciones. Recogí un guijarro bien gordo en mi puño. No era mi estilo actuar con precipitación pero… no tenía otra idea mejor que salir corriendo hacia ellos y arrojarles piedras. Con órica, podía precisar el tiro y aumentar su fuerza. No tenía manera de saber si sería capaz de tomar por sorpresa a los tres antes de que se abalanzaran sobre mí pero… .P Un súbito grito desgarró la noche y me arrancó de mis pensamientos. .D .Bdia Oh, no… Ese es Livon, .Edia murmuró Sanaytay. .P Adiós el elemento sorpresa, suspiré. Y me precipité a mi vez mientras el permutador corría a toda prisa hacia los raptores. Sólo que no iba él solo: iba un ejército de siluetas de luz detrás. Ilusiones, entendí. Pero el efecto era bastante espeluznante. Al de un rato, oí una avalancha de gritos y entendí que Sanaytay se había unido al ataque. .P Los tres raptores dudaron durante un instante, seguramente invadidos por el asombro y el miedo… o eso creí. Sin embargo, cuando los vi apretar el paso hacia el pozo, palidecí y… maldije y aceleré mi carrera. .P El pozo, me dije. Esos raptores venían a tirar a sus víctimas por el pozo pero, viéndose atacados, ¿no deberían haberlas tirado al suelo y salido corriendo por los bosques? Algo andaba mal. Entonces, una idea tonta me vino a la mente. ¿Acaso pensaban tirarse por el pozo ellos también? ¿Para morir con sus víctimas? ¿O tal vez para vivir con ellas? ¿Pero cómo podían saber que la caída en ese pozo no era mortal? A menos que estuviera errado, tal vez… .D .Bdia ¡Deteneos! .Edia gritó Livon. Estaba bastante más cerca de los tres raptores que yo, pero lo oí claramente. .Bdia ¡Devolvedme a Orih! ¡Deteneos, asesinos! .Edia .P E hizo lo que debí haber predicho que haría: permutó con el que llevaba el fardo más parecido a la mirol. Lo sentí más que lo vi por la alteración del aire y el rastro órico… Me detuve y arrojé una piedra al raptor que acababa de aparecer en el lugar de Livon. Lo hubiera alcanzado si este no se hubiera desplomado de pronto. Me detuve en seco. ¿Sería una trampa o de verdad se había desmayado? .P Sondeé el claro a la luz de la Gema. Algo sin duda pasaba, y algo malo. En vez de abalanzarse hacia los otros dos raptores, Livon se había desplomado a su vez… ¿Podía ser que su sortilegio de permutación hubiera fallado? En tal caso… ¿podía ser que Livon hubiera permutado simplemente la ropa? Pensaba que era imposible pero… Me agaché con rapidez junto al caído, atento a cualquier movimiento, y le miré la cara. Tenía piel bronceada, nariz chata, barba humana, cara cuadrada… De modo que el otro era Livon. Y el humano no estaba fingiendo su mal: realmente estaba inconsciente. Seguí mi carrera hacia los otros dos raptores no sin sorprenderme de su comportamiento: el que no llevaba fardo intentaba arrastrarle a Livon hacia el pozo… Ya no quedaban más que unos metros para alcanzarlo. .D .Bdia ¡Pero qué está pasando! .Edia gritó Sirih, abalanzándose desde los lindes. .Bdia ¡Sanay, quédate donde estás! .Edia .P Sanaytay no se movió. Yo, en cambio, apunté a los dos restantes y les arrojé dos piedras, una para cada uno… El bajito, un hobbit, la evitó con una rapidez de mil demonios. El alto la recibió en plena capucha. Se tambaleó. Y aquello pareció hacerle tomar una grave decisión al hobbit, quien dejó caer su fardo y se ocupó de su compañero. Arrastró al alto hacia el pozo y lo arrojó, confirmando mis sospechas: ese pozo no era mortal. .P De pronto, Livon soltó un grito inarticulado que me heló la sangre en las venas y desató mi Datsu notablemente. Me puse nervioso, porque no quería perder control de mi Datsu ahora, no ahora que tenía algo crucial que hacer… .D .Bdia ¡Hermano! .Edia .P La voz de mi hermana, proveniente de la orilla del río en la oscuridad, me serenó. Y me di cuenta de que había estado perdiendo el tiempo. El hobbit, tras arrojar al alto en el pozo, se estaba ocupando del cuerpo de Orih y lo estaba ya alzando sobre el brocal. Ahora que estaba bien cerca, la luz de la Gema iluminaba el rostro de la mirol sin dejar lugar a dudas: era ella. Vi a Livon levantarse. El otro raptor inconsciente no se había movido de sitio, pero Livon ahora estaba bien despierto y, mientras yo me abalanzaba, lo vi tender con rapidez dos manos hacia Orih para arrancársela de las manos al raptor hobbit. Lo alcancé en ese momento y tiré con él… para darme cuenta de pronto de un detalle que volvió a desatar mi Datsu. .P Livon no estaba tirando. Estaba empujando. .P Miré a mi amigo a los ojos. Y cuando los vi blancos lechosos y brillantes por poco solté a Orih… Lo entendí todo en un relámpago. Los tres raptores eran dokohis. Pese a la advertencia de Zélif, Livon había permutado con un dokohi. Se había quedado con un collar dokohi. Y… ahora, por absurdo que pareciera, se había convertido en dokohi. .P Me enseñó los dientes. Y vi el momento en que me iba a atacar teniendo yo las manos ocupadas. Pero no podía permitir que se llevaran a Orih. Estaba en un aprieto. Mi fuerza física no era suficiente contra dos, pero tal vez la órica… .P Solté un sortilegio de fuerza aplastando el cuerpo de Orih y la tiré al suelo. El dokohi hobbit emitió un gruñido y la agarró de los hombros al tiempo que Livon me asestaba un puñetazo. Lo recibí en plena cara. Pero lo amortiguó la órica. Repliqué con otro puñetazo, cargado de órica. Hice retroceder a Livon dos buenos metros antes de enviarlo al suelo y me precipité hacia Orih pues el hobbit ya estaba pasándola por el agujero… La agarré por poco. Sin embargo el hobbit estaba ya colgándose de ella dentro del pozo y su peso se añadía al de la mirol. Mascullé: .D .Bdia Suéltala, maldito espectro, o estallo todo este pozo… .Edia .P No tuve tiempo ni de empezar a preguntarme cómo pondría en práctica tal amenaza y sin herir a Orih: al segundo siguiente estaba donde Livon y este, con las manos agarradas a los tobillos de Orih, me enseñó una sonrisa diabólica. Había permutado conmigo, el maldito. El dokohi había usado el saber de Livon y había permutado conmigo. Alcé con rapidez una mano hasta mi cuello, pero el alivio de no encontrar nada no duró y miré a Livon con la seguridad de que no iba a poder salvarlos ni a él ni a Orih… Era imposible. El tiempo que llegara… habrían desaparecido en el pozo. .P Entonces, un aura de horror me invadió, algo que hizo saltarme todas las alarmas, y mi Datsu me dominó todo entero. Miedo, horror, tensión, todo eso dejó de tener sentido para mí. Una pequeña mano me agarró del brazo. Era Yánika. Sus ojos negros centelleaban extrañamente a la luz de la Gema. Temblaba. Y, por reflejo, la abracé con un brazo mientras inspeccionaba de nuevo la situación. Livon se encontraba junto al pozo. Lo miraba. Miraba el agujero del pozo que no tenía fondo. Orih y el dokohi hobbit habían desaparecido. Quedaban el dokohi desmayado que había perdido el collar y el otro saijit raptado que yacía, inconsciente, con los pies y las manos atadas. .P Había perdido mis sentimientos, entendí. El Datsu estaba desatado y ya no sentía nada. Y eso significaba que no lograba analizar la situación de manera completa. Sólo veía los hechos. A Livon ya no le brillaban los ojos como dos piedras de luna. Lo vi cuando Yánika y yo nos acercamos a él: eran como dos perlas grises, oscurecidas por la noche… y también por un sentimiento, adiviné. Dada la situación, probablemente un sentimiento negativo. Aunque… ¿qué significaba realmente un sentimiento negativo? .D .Bdia Orih… .Edia gruñó Livon con voz ahogada. .Bdia Orih… No pude salvarla. No pude salvarla. .Edia .P Se desplomó y se recostó contra el brocal del pozo. .D .Bdia ¿Por qué? .Edia sollozó. .P Sirih se interesaba por el dokohi inconsciente. Jiyari tenía la mirada clavada en mí. Tchag se había acurrucado contra Livon, impactado por el aura. Sanaytay se allegó con los ojos brillantes de lágrimas. .D .Bdia No es culpa tuya, Livon, .Edia murmuró con voz aguda. .P Sus ojos se agrandaron mucho cuando me vio a la luz de la Gema. Cierto, pensé. Cada vez que mi Datsu se desataba, mi aspecto cambiaba un poco. No tanto como cuando Kala había tomado el control sobre mí, pero mi sello aun así se expandía por todo el rostro… por todo mi cuerpo. .D .Bdia Yani. .Edia .D .Bdia Hermano… .Edia .P Lloraba. Y probablemente su aura era lo que hacía llorar a Livon y a Sanaytay. Además de la desaparición de Orih. Meneé la cabeza. .D .Bdia Puedo volver. Pero antes tranquilízate. O será inútil mi esfuerzo. .Edia .P Yánika parpadeó y se sorbió la nariz. ¿Se habría tranquilizado? No lo podía saber. Até el Datsu con prudencia. La tristeza era grande en su aura… pero aceptable. Suspiré, maldiciendo a Kala por haber destrozado el Sello y provocado tantos problemas, y al instante siguiente comencé a asimilar lo que había ocurrido. La presencia de Yánika había obligado al espectro a parapetarse en el collar y Livon había retomado control justo antes de arrojarse en el pozo. Había logrado evitar su caída… pero no la de Orih. .D .Bdia La solté, .Edia balbuceó Livon. .Bdia No sé por qué, la solté. .Edia .P Me agaché junto a él. Un moratón grande se estaba formando en la mejilla donde le había pegado yo con mi puño órico. Mi propia mejilla me dolía. Pensé que, si su collar funcionaba igual que el de Tchag, tal vez Livon no se acordaba de los detalles. Decidí no aclarárselos y dije simplemente: .D .Bdia Yo tampoco estuve muy fino. No se me ocurrió que pudieran ser dokohis. .Edia .P Livon parpadeó. .D .Bdia ¿Dokohis? .Edia .P Siseé. .D .Bdia Idiota, ¿no te has fijado? Has permutado con un dokohi y te has quedado con su collar. Requete idiota, .Edia resoplé ante sus ojos abiertos como platos. .P Lo vi posar una mano sobre el collar. Se puso nervioso y exclamó: .D .Bdia ¿Cómo me quito esto? .Edia .D .Bdia Me gustaría saberlo a mí también, .Edia repliqué. .Bdia Mientras tanto… .Edia .P Me levanté y fui adonde yacía bocabajo el saijit raptado. Le quité la cuerda de manos y pies y regresé. .D .Bdia Tiende las manos. .Edia .P Livon me miró, atónito. .D .Bdia ¿Me vas a poner correa? .Edia .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Voy a maniatarte. Si te transformas otra vez en dokohi, así nos dará un tiempo para reaccionar, .Edia razoné. .P Se ensombreció y bajó la cabeza. No protestó cuando comencé a pasar la cuerda alrededor de sus muñecas. Sirih se puso de pie junto al dokohi que había perdido el collar. Su propia luz armónica iluminaba con más viveza aún que una piedra de luna el rostro del humano barbudo. .D .Bdia Este tipo está más que desmayado, .Edia comentó en voz alta y se acercó a nosotros apuntando: .Bdia Apenas respira. .Edia .P Era cierto. Apenas había notado el aire de su respiración cuando me había parado junto a él. .D .Bdia ¿Y el otro? .Edia pregunté. .D .Bdia ¿El raptado? Mm. .Edia Le dio la vuelta. .Bdia Parece estar bien. Probablemente les hayan dado alguna hierba para dormirlos. Sucios dokohis… Últimamente aparecen hasta en la sopa. Por cierto, he recuperado a Myriah. Se lo había quedado el barbudo por la permutación. Increíblemente, la princesa sigue durmiendo. Toma, Livon. Di, Drey, .Edia agregó la armónica. Su tono cambió un poco y se hizo aún más neutra. .Bdia Te veo más bien tranquilo. Eso significa acaso… ¿que crees que Orih sigue con vida? .Edia .P Livon se irguió con brusquedad. Meneé la cabeza. .D .Bdia ¿En serio no lo habéis notado? El aldeano lo llamó el Pozo que Respira y es por algo. Es sólo una teoría pero… puede que al fondo de ese pozo, tal vez a unos cien metros o más, se encuentre algo capaz de contrarrestar la caída. Algo que crea fuerzas óricas. Rocaesponjas, probablemente. Sólo que para que el efecto sea como este… debe de haber una caverna entera de rocaesponja pura. Y los dokohis deben de tener algún medio para no ser aplastados por el ciclo órico de la rocaesponja una vez abajo… Con lo que es probable que haya dokohis abajo que estén ayudando a los que hemos visto. .Edia .P Hubo un silencio. Mi teoría era plausible y era la única que se me ocurría para justificar la actuación de los dokohis: se habían tirado por el pozo con la obvia intención de escapar, no de la vida sino de nosotros. .D .Bdia No has contestado a la pregunta, Drey, .Edia murmuró Livon. .Bdia Orih… ¿está viva? .Edia .P Hice una mueca. .D .Bdia Lo está y seguirá estándolo muy probablemente si sigue con los dokohis. .Edia .D .Bdia Le pondrán un collar, .Edia susurró Livon con horror. .Bdia La convertirán en dokohi. .Edia .P .Bpenso Como a ti. .Epenso Lo vi levantarse de un bote y girarse hacia el pozo… Lo agarré por la cintura protestando: .D .Bdia ¿Te has vuelto loco? He dicho que probablemente haya unos cuantos dokohis ahí abajo. .Edia .D .Bdia ¿Es que no lo entiendes? .Edia me replicó Livon con viveza. .Bdia Salvaré a Orih. No la dejaré en manos de los dokohis. No dejaré que le hagan daño. No hay tiempo que perder. La salvaré… .Edia .D .Bdia Muy bonito, pero ¿cómo? .Edia lo corté con paciencia. .Bdia Orih no está en peligro de muerte: tenemos tiempo para analizar la situación y tratar de sacarle información al barbudo una vez despierte. Buscaremos a Orih de manera segura y… .Edia .D .Bdia ¡Tu manera de pensar me da arcadas! .Edia bufó de pronto Livon. Temblaba. ¿De tristeza? Sí. Y también de rabia, entendí. Su voz siseaba. .Bdia Todo lo analizas como si estuvieras tranquilamente sentado ante un tablero de Erlun. No entiendes la vida real, Drey. No entiendes que Orih es más que un peón, que una ficha que hay que recuperar. No entiendes cómo me siento. .Edia .P Fui incapaz de darle una respuesta a aquello. Hablaba, sin duda, de mi Datsu y de mi incapacidad de sentir como él la situación. Despreciaba mi falta de sentimiento. Lo enfadaba. .P Lo solté, apesadumbrado. Todo lo que decía era cierto. Y no podía cambiarlo. No dije nada, di media vuelta y, bajo las miradas mudas de las armónicas y de Jiyari, fui a levantar al barbudo. No era fácil cargar con él, pero con órica y un poco de paciencia conseguiría llevarlo hasta el granero… Jiyari me ayudó. Su rostro, habitualmente tranquilo, tenía una expresión sombría, pero no dijo palabra. .D .Bdia Gracias… Sirih, Sanay, ¿podéis con el otro? .Edia .P Era joven y pequeño. No parecía pesar mucho. .D .Bdia Esto… sí, .Edia aseguró Sanaytay tímidamente. .Bdia Drey… no creo que Livon piense realmente lo que ha dicho. .Edia .P Me encogí de hombros. .D .Bdia No ha dicho nada realmente falso. No sé si lo sabréis pero, quitando a Yánika, los Arunaeh no sentimos igual que los demás saijits. .Edia .P Por sus caras, descubrí que ya lo sabían. Percibí la mueca culpable de Yánika. .D .Bdia Hermano, yo se lo dije a Orih el día en que se enfadó por lo de la caridad en Donaportela, para que entendiese que no lo hacías queriendo, y luego… luego en las termas estuvimos hablando del Datsu y Sirih y Sanay y Kali también estaban. ¿Hice mal? .Edia .P Suspiré. Ahora entendía por qué Orih había actuado de manera tan extraña durante nuestra estancia en Donaportela. Meneé la cabeza. .D .Bdia Yo ya se lo dije a Livon. Pero no hables más de nuestro sello, Yani… Son asuntos de familia. .Edia .P Sentí su ligera vergüenza y a la vez percibí seguridad, como si se estuviera convenciendo a sí misma de que lo que había hecho se justificaba plenamente. Tal vez porque los Ragasakis eran nuestros compañeros y tenían derecho a saber. Pero, en realidad, el Datsu no incumbía más que a los Arunaeh. No era cuestión de compañerismo. .P Tras un breve silencio, Sanaytay se movió, invadida por un súbito nerviosismo, y se bajó para agarrar al raptado. Su hermana la ayudó. Olvidé de súbito mi molestia cuando vi la cara del secuestrado y lo reconocí, asombrado. Era el muchacho gnomo al que habíamos devuelto a su padre aquella misma tarde. Xarifo Hitappe. ¿Qué demonios hacía ese ahí? Dánnelah… Supuse que nos lo explicaría en cuanto despertara. .P Me giré hacia Livon. Este seguía mirando el pozo, pero no se había tirado a rescatar a Orih. Al menos algo era algo. Ni él ni Tchag podían quedarse lejos de Yánika o los espectros volverían a tomar posesión de sus cuerpos. Tragándome las pocas ganas de hablarle en esos momentos, solté: .D .Bdia Di, Livon. Será mejor que nos sigas. .Edia .P Y me puse en marcha. Al de un rato, Livon se prestó a ayudarles a las armónicas con el gnomo. Y tras cruzar el río, soltó con sinceridad: .D .Bdia Drey. Lo siento. Soy un idiota. .Edia .D .Bdia Eso ya te lo he dicho muchas veces, .Edia repliqué. .Bdia Pero me alegro de que no te hayas tirado al pozo finalmente. Sólo habrías conseguido empeorar las cosas. .Edia .D .Bdia Lo sé… Pero no me refiero a eso. .Edia .P Sonreí. En mi interior, me sentía más ligero. .D .Bdia Lo sé, .Edia le retruqué. .Bdia Olvídalo. Me han dicho cosas mucho peores. Algunos nos llaman los demonios del hielo, los Gélidos, los Inquisidores de la Muerte… Estoy acostumbrado. .Edia .P Dejamos los dos cuerpos en el granero y llamamos a Yabeko de Dris, nuestro anfitrión. Además de ser maestro de escuela, dijo tener ciertas competencias en medicina y lo dejamos examinar al gnomo y sobre todo al barbudo, cuya vida parecía pender de un hilo. Mientras las armónicas partían a por la carreta que habían dejado los dokohis con el poni, Jiyari y yo atamos a Livon a una viga bajo los ojos vigilantes de Yánika. .D .Bdia ¿Sientes su espectro? .Edia le pregunté a esta. .P Mi hermana negó con la cabeza. Y entonces, a la lumbre de la linterna, los ojos de Livon destellaron, no blancos, sino grises y determinados. .D .Bdia La salvaré. .Edia .D .Bdia La salvaremos todos, .Edia aseguré. .P Livon levantó una mirada empecinada y casi demente hacia mí. .D .Bdia La salvaremos, .Edia repitió. .Bdia Drey. Yánika. Gracias. No sé qué me ha pasado, pero tengo la impresión de que os debo algo. Estaba tan enojado de que se llevaran a Orih… Pero luego, permuté y me sentí tan mal. Como si me hubiesen absorbido en una lámpara, como los djinns de los cuentos. No podía salir. Y justo después abro los ojos y me encuentro agarrando a Orih sobre el pozo. Empujaba. Yo… estaba empujando. Tuve tanto miedo que la solté. .Edia .P Y Orih se cayó, completé. Me senté contra el muro del granero. .D .Bdia De modo que no recuerdas nada. .Edia Mi mirada fue a pararse sobre el barbudo al que estaba atendiendo Yabeko al otro lado de la sala. .Bdia Me pregunto si él recordará algo. .Edia .P Mis ojos volvieron hacia Livon, o más exactamente hacia el collar de hierro negro que llevaba ahora al cuello. El único que seguramente recordaba… estaba dentro de ese aro metálico. Y si este había sido creado por Liireth… entonces probablemente recordaría muchas cosas interesantes. Ahora que lo pensaba, ¿por qué Zélif no habría mandado examinar los collares de los dokohis a los que Saoko había matado, dos meses atrás? ¿Era acaso imposible sacar los recuerdos de un espectro? El Espectro Blanco de Taey los tenía, pensé. Madre había comunicado con él por bréjica. No había sacado gran cosa pero… Mar-háï, ¿por qué le daba vueltas a ello? Sin duda Zélif debía de haber considerado más fácil sacarle información al dokohi capturado. Además, ella no tenía a brejistas expertos a mano, contrariamente a mí. .D .Bdia Drey. .Edia .P La voz susurrada de Livon rompió un largo silencio e interrumpió mis cavilaciones. Yánika estaba tumbada en su jergón, pero seguía despierta y por su aura entendí que la desaparición de Orih la inquietaba sumamente. Jiyari, en cambio, dormía a pata suelta. .D .Bdia Ese moratón en la cara… .Edia murmuró Livon, .Bdia ¿quién te lo ha hecho? .Edia .P Lo miré a los ojos. Supe que ya tenía cierta idea de quién. Me pasé los brazos detrás de la cabeza con desenfado. .D .Bdia El mismo que me ha llamado insensible, ¿quién va a ser? .Edia .D .Bdia No te he llamado insensible, .Edia se defendió Livon. .D .Bdia ¿No? Pues me has dicho que no entendía la vida real. Como si todos, a mi alrededor, fueran peones. Como si viviera en un mundo de sentimientos difusos y no fuera capaz de entenderlos. Hay cierta verdad en eso, pero hay un límite. .Edia .D .Bdia Drey… ¡en serio que lo siento! No pensaba lo que decía, .Edia aseguró Livon, avergonzado. .P Le dediqué una mirada burlona. .D .Bdia En verdad me he sentido algo deprimido cuando me has soltado eso, pero a lo mejor sólo fue mi imaginación y no puedo entender ni siquiera lo que siento… .Edia La expresión abatida de Livon me arrancó una carcajada baja. .Bdia Perdón, tal vez esté mostrándome insensible ahora contigo y no lo note. .Edia .D .Bdia Te estás burlando, .Edia se quejó Livon. .P Mi sonrisa se ensanchó. .D .Bdia Tal vez. .Edia .P Hubo un silencio. Yabeko dejó al humano barbudo y se acercó. .D .Bdia Está muy mal y no entiendo lo que le pasa, .Edia nos comunicó. .Bdia Haré llamar a un curandero de Firasa de inmediato. .Edia .D .Bdia Entonces llama a Yeren, de los Ragasakis, .Edia dijo Livon. .Bdia Yeren Shovik. .Edia .P Le dio las señas y Yabeko enseguida salió del granero. No le dije nada, pero por su manera de examinar a su paciente más me había recordado a un sacerdote járdico exorcisando a un poseído que a un curandero. .P Tras otro largo silencio, regresaron las armónicas con la carreta y el poni diciendo que no habían encontrado nada interesante adentro. Poco después, estaban ya durmiendo, y el sopor amenazaba con invadirme a mí también cuando le oí jadear a Jiyari en sueños: .D .Bdia Yo no sé… no sé dónde está Rao… lo juro que no sé… dueleee, lo juro… Lotus es bueno… por piedad… Lotus nos va a salvar, salvar… .Edia .P El sudor goteaba en su frente. Palidecí. Porque sabía con qué estaba soñando: con los días de tortura a la que nos habían sometido las Máscaras Blancas. De modo… de modo que era Jiyari quien había delatado a Lotus involuntariamente. Un impulso de compasión me invadió, borroso y a la vez intenso. Jiyari tan sólo tenía ocho años cuando había sucedido todo aquello… Y había sufrido como todos nosotros. .P Me golpeé la frente y rectifiqué: como todos ellos, los Pixies del Desastre. .P Estuve dudando de si despertar a Jiyari de su pesadilla, pero pronto su expresión se relajó y se hizo más apacible. Su sueño debía de haber tomado un buen giro, me alegré. Giré la cabeza al percibir un movimiento. Yánika se había enderezado y se acurrucó junto a mí en silencio. No conseguía dormir. Estaba triste. En aquel instante, pensé irónicamente un: Feliz cumpleaños. Pero no se lo dije, obviamente. Tal vez tenía dificultades para entender los sentimientos pero, diablos, no estaba tan ciego como podían pensarlo algunos. Yo también me sentía mal por Orih. No me lo inventaba. Normalmente evitaba darle vueltas a esas cosas, pero aquella noche me decidí a cavilar sobre ellas, a buscar una respuesta clara a mis sentimientos… No la encontré. .P Los primeros albores del día del treceavo cumpleaños de Yánika nos pillaron a Livon, a mi hermana y a mí con los ojos abiertos. Y, con los primeros rayos de sol, nos acogió la pregunta soñolienta y mental de Myriah: .P .Bdm ¿Ha pasado algo? .Edm .Ch "Los ex-dokohis" .\" 21/06/2019 Nos despedimos de los aldeanos de Zif-Erdol pronto a la mañana, en cuanto Yeren decidió que lo más seguro era transportar al “humano ex-dokohi” a Firasa de inmediato. Rokuo, el alcalde de la aldea, nos ofreció un gran queso a modo de agradecimiento y Yabeko de Dris nos dio una bendición járdica y aseguró que no faltaría en dársela también al Gurú del Fuego todos los días y que hasta le pediría permiso para renovar el santuario y darle vida de nuevo. Ya antes de que nos fuéramos, los aldeanos habían comenzado a fabricar una cubierta circular de madera bien maciza para tapar el pozo ya que por lo visto este no parecía traer tan buena fortuna. .D .Bdia No es por nada, .Edia dije, mientras nos poníamos en marcha detrás del carruaje que llevaba a Yeren y al ex-dokohi inconsciente, .Bdia pero todavía no nos has mencionado cómo es que te has encontrado en este asunto. .Edia .P Le hablaba al muchacho gnomo pecoso altanero que ya desde la mañana había puesto el grito en el cielo porque lo habíamos acostado sobre un jergón de paja. Para vengarse un poco, Yabeko le había dado pan duro para desayunar. .P Xarifo avanzaba con paso rígido, de malhumor. .D .Bdia No fue culpa mía, .Edia lanzó. .Bdia Y no me apetece explicaros nada. Sólo quiero que ese tipo me devuelva lo que me robó ayer al usar su truco de magia conmigo. .Edia .P Señalaba a Livon con el mentón. Este caminaba delante, cabizbajo. Su humor no se había mejorado, aunque ya más que tristeza por lo ocurrido sentía, según Yánika, rabia contra los dokohis. Enarqué una ceja pero fue Sirih quien intervino con tono seco: .D .Bdia Los Ragasakis no robamos. Que te quede bien claro eso, mocoso. .Edia .D .Bdia ¿Cómo te atrev…? .Edia .D .Bdia Como mucho accidentalmente habrá olvidado permutar un objeto que tenías tú, .Edia lo corté con calma. .Bdia Cuando no lleva la capa, tiene más dificultad para conservarlo todo. Así que, si él te ‘robó’ algo, probablemente tú recibiste algo a cambio. .Edia .D .Bdia ¡Sí, una factura de .Sm -t nomlieu El Parat ! Una maldita tienda de comida rápida. La tiré a un foso, .Edia escupió Xarifo. .Bdia Yo lo que ando buscando es un papel mío que me pertenece. .Edia .D .Bdia Valga la redundancia, .Edia suspiré. .Bdia Livon. ¿Tienes ese papel? .Edia .P Livon giró una mirada apagada hacia mí y hacia Xarifo. Meneó la cabeza sin mucho interés. .D .Bdia Tengo las manos atadas, ¿cómo lo voy a saber? Búscalo tú. .Edia .P Xarifo frunció el ceño. .D .Bdia No meto mis manos en un bolsillo de aventurero ni loco. Dicen que están llenos de chinches. .Edia .P .Bdm ¡Pero qué zafio! .Edm se indignó Myriah. .D .Bdia ¿Tú te crees todos los cuentos? .Edia replicó Sirih. .Bdia Búscalo si tanto te interesa. .Edia .P El gnomo le lanzó una mirada fruncida, echó un vistazo a su alrededor como para tratar de averiguar quién era el que hablaba por bréjica y preguntó: .D .Bdia ¿Alguien tiene un guante? .Edia .P Nadie le contestó. Al final, se decidió a tentar la pesca en los bolsillos de Livon, por lo que supuse que el tal papel realmente debía de ser importante. Tras inspeccionar los dos bolsillos de los pantalones con esmero, fulminó al permutador. .D .Bdia ¿Dónde lo has metido? .Edia .P Livon no estaba de humor para soportarlo, lo ignoró y siguió andando. Xarifo estuvo gruñendo durante media hora lo menos antes de que le dijera yo: .D .Bdia Es posible que sepa dónde está. Pero para que te lo diga tendrás que contarnos un poco qué ocurrió, cómo es que los dokohis os cogieron a Orih y a ti y cómo os engañaron. .Edia .D .Bdia ¡Si esa boba mirol no se hubie…! .Edia .P Lo agarré de su cabellera roja agregando: .D .Bdia Y sin insultos. .Edia .P Creo que más que mi mirada fue la de Livon la que lo apaciguó y Xarifo se decidió finalmente a hacernos una relación de lo ocurrido, concisa y mayormente creíble: .D .Bdia Cuando fui a la Casa Roja, me jugué un dinero. En vez de cobrar al principio, redoblé mi apuesta, gané y me llevé un papel que atestaba mi número. Tenía que ir a cobrar a la noche, pero vosotros no me dejasteis y, cuando me di cuenta de que me habíais robado el papel, ya estabais lejos. Conseguí liberarme de la cuerda de padre y busqué vuestra cofradía de buscanueces. Me encontré con un cuatro ojos que me dijo que esperara, que había una que se iba a un pueblo perdido a por vosotros, así que esperé. .Edia Su mueca de disgusto se hacía cada vez más pronunciada. .Bdia Pero yo no me imaginaba que íbamos a hacer el camino a pie. Es más, la loca esa quería correr. Al final, se cabreó conmigo y montó todo un follón en la vía pública. Un tipo con su carreta nos preguntó que adónde íbamos y nos propuso llevarnos. Como ya anochecía, aceptamos. Parecía un tipo bastante normal. .Edia .D .Bdia ¿Qué pinta tenía? .Edia .P El gnomo hizo un gesto con su barbilla puntiaguda hacia el carruaje de Yeren que ya nos había tomado bastante ventaja. .D .Bdia Era ese. .Edia .D .Bdia ¿El barbudo? .Edia preguntó Sirih. .D .Bdia Mm, .Edia confirmó Xarifo. .Bdia Sólo que llevaba gafas de sol. Dijo que era un lechero de Zif-Erdol. .Edia .D .Bdia ¿Tú has visto a muchos lecheros con gafas de sol? .Edia resopló Sirih. .D .Bdia ¡No me interrumpas! En Trasta, llevar gafas de sol está de moda. Pensé que era por eso. .Edia Su mirada se envenenó ante la carcajada de Sirih, pero continuó con inesperada paciencia: .Bdia El tal humano nos invitó pues a beber un vaso de leche. Yo enseguida sentí que había algo dentro. .Edia .D .Bdia Seguro, .Edia repliqué, escéptico. .Bdia Y os quedasteis dormidos. .Edia .P Xarifo asintió, ralentizando. .D .Bdia Lo último que recuerdo antes de quedarme dormido fueron sus ojos. Eran igual de blancos que la leche que bebimos. .Edia .D .Bdia Dokohis, .Edia explicó Sirih. .Bdia Son medio espectros, medio saijits. .Edia .D .Bdia Eso ya lo sé, .Edia replicó Xarifo, mordaz. .Bdia Yo lo que quiero ahora es recuperar mi papel. Me importan un nabo vuestros problemas. Me lo prometiste, .Edia me recordó. .P Asentí. .D .Bdia Cierto. Tu papel probablemente esté en los bolsillos del barbudo, puesto que Livon permutó con él. Puedes salir corriendo para intentar alcanzarlo, o puedes seguir caminando tranquilamente con nosotros. .Edia .P Tras una vacilación, Xarifo echó un vistazo a sus sandalias y decidió quedarse con nosotros. Por lo visto, correr no era algo que lo agradase. .D .Bdia Creía que los gnomos corrían rápido, .Edia dejó escapar Sirih, burlona. .D .Bdia Cállate la boca, daerciana, .Edia se sulfuró Xarifo. .D .Bdia ¿Y tu padre? .Edia inquirí para calmar los ánimos. .Bdia ¿No habrá puesto un precio a tu cabeza otra vez? .Edia .D .Bdia ¿Buscando kétalos, parásito? .Edia gruñó el gnomo. .D .Bdia No, .Edia aseguré. .Bdia En realidad, no me interesa. .Edia .P Xarifo parpadeó. Y caminó en silencio un instante. .D .Bdia ¿No vas a llevarme de vuelta a mi padre? .Edia .D .Bdia No me interesa, te digo. Haz lo que te plazca. Pero te diré una cosa: si sigues despreciando a los desconocidos por defecto, acabarás más solo que la una. .Edia .P Aquello, extrañamente, lo calmó y lo ensimismó durante el resto del trayecto. Cuando llegamos a Firasa, pasamos por casa de Yeren, no solamente por el dichoso papel sino para asegurarnos de que el ex-dokohi seguía inconsciente e inofensivo. Sin el collar, se suponía que ya no era controlado por un espectro, pero ignorábamos qué tipo de saijit era. Podía haber sido un bandido, un asesino… o un honesto pastor de cabras. Tampoco sabíamos si era subterraniense o de la Superficie, pero lo que sí sabíamos era que, como dokohi, llevaba un buen rato trabajando en la Superficie para sus congéneres. Me pregunté cuántos saijits realmente habían pasado por ese Pozo de la Nada. .D .Bdia ¡No puede ser! .Edia exclamó Xarifo. .P Oí la voz de protesta de Yeren pidiendo silencio desde la habitación. El gnomo apareció ante el umbral abierto de la casa del curandero, rojo de contrariedad. .D .Bdia ¡Pues no lo tiene! ¿Por qué no lo tiene? .Edia me lanzó, acusador. .P Fruncí el ceño. Si él no lo tenía, entonces… De pronto, me percaté de que había algo más en mi bolsillo además del diamante de Kron. Había un papel. O más bien había habido un papel. Porque durante el viaje lo había estado desmigajando sin pensar… hasta que no quedara más que polvo. Me sonrojé levemente. .D .Bdia Pues… Vaya. Qué sorpresa. Dime… ¿Y en esa Casa Roja no vale con presentarte simplemente? Seguramente habrán apuntado tu nombre, y fijo que te reconocen por la cara… .Edia .D .Bdia Esa casa de apuestas no funciona por nombres ni por caras, ¡funciona por boletos! .Edia me gritó el gnomo. .Bdia ¡Estoy muy enfadado! .Edia .D .Bdia Ya lo veo, .Edia carraspeé. Y más si averiguaba la verdad… Las permutaciones de Livon a veces podían ser bastante molestas. Chasqueé la lengua. .Bdia ¿Cuánto dinero perdiste? .Edia .D .Bdia ¡Diez mil! .Edia graznó el muchacho. .Bdia ¡Diez mil kétalos! Una cantidad con la que no podrías ni soñar. Con eso quería devolverle lo robado a mi padre, y quería mandarlo a freír sapos en el río. ¡Con los diez mil habría sido libre! .Edia .D .Bdia Pues… ya lo siento, .Edia dije con sinceridad. .D .Bdia Esto no quedará así, .Edia afirmó con rabia. .Bdia Os haré pagar, a ti y al otro kadaelfo. Me debéis diez mil. .Edia .D .Bdia Si lo hubiésemos cobrado nosotros, sin duda, .Edia convine. .Bdia Pero no lo hemos hecho. El papel se perdió. Cosas que pasan. .Edia .P Nos alejamos, tomando el camino hacia la cofradía. El gnomo protestó hasta el final de la calle, donde se paró, silencioso, a contemplarnos. .D .Bdia Está muy triste, .Edia dijo Yánika. .Bdia ¿No podemos ayudarlo? .Edia Suspiré y ella añadió: .Bdia Te sientes culpable. .Edia .P Seguro, aunque no era exactamente por eso… Meneé la cabeza. .D .Bdia No podemos hacer gran cosa por él. No es dinero lo que necesita ese chaval: es una lección de humildad. .Edia .salto El ánimo de los Ragasakis estaba bajo. Podía notar el estrés en el aire que rodeaba la mesilla de la cofradía a la que nos habíamos sentado todos. Lo notaba casi tan claramente como debía de notarlo Yánika. Aunque esta parecía muy concentrada en reducir su aura para no empeorar las cosas. Tenía ganas de estar con ellos y, a la vez, quería dejarlos solos para no volverlos más lúgubres de lo que ya estaban, adiviné. .P Tras enterarse de los detalles, Naylah apretaba Astera con más firmeza de lo normal sin apartarse de ella. Loy estaba particularmente afectado. Al fin y al cabo, Orih para él había sido como una hermana pequeña salvaje a la que había consolado, regañado, enseñado mil cosas… El secretario de los Ragasakis estaba pálido y conmocionado. Se había desplomado sobre un cojín y no se había movido. La vieja Shimaba posó en la mesilla una tetera llena de agua caliente y hierbas y, mientras yo me dedicaba a servir tazas con la esperanza de romper el hielo que se había formado en el ambiente, la anciana clavó su mirada vivaz en el collar del permutador. .D .Bdia ¡Puah! Ni el peor infierno nos robará a Livon. Sigues siendo el mismo permutador alocado de siempre, chaval, .Edia le lanzó, palmeándole su mata de pelos azul. Y se irguió diciendo: .Bdia Ragasakis: ahora tenemos razones personales para acabar con esos dokohis. Interrogaremos a ese ex-dokohi en cuanto despierte y le sonsacaremos adónde han llevado a Orih. .Edia .D .Bdia No creo que nos lo diga, .Edia murmuró Naylah. .P Shimaba se quedó mirándola como pensando en algo y frunció el ceño. .D .Bdia Cierto. .Edia .D .Bdia No dirá nada, .Edia repitió Naylah, .Bdia porque no recordará nada. Y si recuerda… será tal vez dentro de algunos años. Así parece funcionar. El espectro crea su propia sección dentro de la mente, la protege… y sus barreras son tan fuertes que no dejan filtrarse los recuerdos. .Edia .D .Bdia Es una posibilidad, .Edia concedí. .D .Bdia No, .Edia replicó Naylah. .Bdia No es una posibilidad: es la realidad. .Edia .P Sus ojos dorados se posaron trémulamente sobre el collar de Livon, sobre el rostro de Livon, sobre los rostros de todos… y apretó con más fuerza aún a Astera. .D .Bdia Siento no habéroslo dicho antes pero… .Edia murmuró, .Bdia yo fui una dokohi. .Edia .P Su aseveración pareció paralizar el tiempo. .P La miramos todos boquiabiertos. Bueno, no todos. Shimaba parecía saberlo ya. Por lo que Zélif debía de estar al corriente también. Loy se mostraba tan sólo sorprendido a medias, como si le hubiesen confirmado algo que ya sospechaba a pesar de lo chocante que le resultaba. Yo ya había imaginado que Naylah tenía algún pasado con los dokohis, pero saber que ella había sido uno de ellos me hizo el efecto de una ducha fría. .D .Bdia ¿Eras… una dokohi? .Edia jadeó Livon. La noticia lo había sacado de su mutismo inusual. .Bdia ¿Tú… Nayu? .Edia .P Sus ojos centelleaban de estupefacción. Fruncí el ceño. .D .Bdia La guerra de Liireth acabó hace treinta años. ¿Cómo puede ser que tú…? .Edia .P Naylah asintió suavemente. .D .Bdia Heredé el collar de mi madre. Ella era una dokohi de la guerra. No recuerdo muy bien lo que pasó, yo era aún muy joven y el collar parece incluso haberme borrado recuerdos anteriores. Supongo que mi madre murió y por eso me pusieron su collar. No recuerdo tampoco cómo ni dónde ni quién. Sólo sé… que no estaba sola. Y recuerdo un nombre. Uno solo. El nombre de un hombre que, creo, me cuidó, me educó y me salvó más de una vez la vida. .Edia Se estremeció levemente cuando pronunció: .Bdia Kan. .Edia .D .Bdia Kan, .Edia repitió Sirih, alterada. .Bdia ¿Era un dokohi? .Edia .D .Bdia Lo era. Y tal vez siga siéndolo. .Edia Naylah tragó saliva y meneó suavemente la cabeza ante nuestras miradas descaradas. Sus largos mechones plateados caían como una cascada a su alrededor, oscureciendo sus ojos dorados. .Bdia Mis recuerdos aún son muy nebulosos. Durante mucho tiempo, creí que esos recuerdos no eran más que alucinaciones. Se las conté a Zélif y a Shimaba. Ellas no querían preocuparme y en el momento no me dijeron nada. Pero en el cráter, con los vampiros… ¿recordáis? .Edia .D .Bdia Claro que lo recuerdo, te desmayaste, .Edia dijo Livon, ansioso. .Bdia Nos pegaste un susto de muerte. .Edia .P Naylah le dedicó una leve sonrisa de disculpa. .D .Bdia Lo sé. Perdón por haberos preocupado. No es fácil… hablar de esto. .Edia .D .Bdia No tienes por qué hablar, .Edia aseguró Livon. .D .Bdia Tampoco tengo mucho que añadir, .Edia admitió la lancera. .Bdia Es frustrante… pero no consigo recordar más. Si tan sólo pudiese averiguar más cosas sobre mi pasado… Ni siquiera recuerdo cómo me salvé. Shimaba me contó que me encontró Néfikel. Llevaba ya a Astera. Por eso, no sé ni siquiera de dónde saco mi lanza. Tuvieron que dármela los dokohis… a menos que la robase a los saijits. .Edia Su frente se arrugó. .Bdia Shimaba dice que no sabe nada más pero… si llevaba una lanza, aunque tuviera en aquella época apenas trece años… seguramente es que me servía de esta. Es posible incluso que… .Edia .P Bajó los ojos hacia sus manos como si las viera de pronto manchadas de sangre inocente. Hubo un silencio pesado. El aura de Yánika era taciturno. Los demás callaban, impactados. .D .Bdia Néfikel, ¿el tercer fundador de los Ragasakis? .Edia pregunté entonces. .Bdia ¿El que desapareció? .Edia .P Naylah asintió. .D .Bdia De algún modo, consiguió quitarme el collar. No sé cómo. Tal vez fuera uno de los aventureros que lo acompañaban. Zélif dice que no sabe quiénes eran. Tal vez un destructor. .Edia .P Uno muy bueno entonces, pensé. La lancera inspiró hondo. .D .Bdia No sé lo que hice, no sé siquiera si maté o no siendo dokohi, y eso es lo que más me frustra: no saber. Si tan sólo pudiera recordar, seguramente nos sería de ayuda. De momento sólo puedo deciros que el hombre que habéis dejado con Yeren no recordará nada cuando despierte. Sólo sentirá un tremendo vacío y la horrible sensación de haber hecho algo mal. .Edia Alzó la cabeza y sus ojos refulgieron. .Bdia Por Astera, juro que iré a por los dokohis, mataré a Liireth si sigue vivo y salvaré no sólo a Orih: a todos los saijits encerrados. Y si no puedo liberarlos rompiendo los collares… al menos me aseguraré de que no cometan más crímenes. .Edia Posó un puño en la mesa. .Bdia Salvaré a Kan. Lo liberaré de ese collar maldito para impedir que cometa más crímenes. .Edia .P .Bpenso Crímenes en los que tú tal vez participaste cuando eras dokohi, .Epenso pensé. Pero no la culpaba. Más me inquietaba el nerviosismo cada vez más evidente de Jiyari. Entendí por qué: de alguna manera, él también había llegado a la conclusión de que Liireth y Lotus eran la misma persona. Y él, al fin y al cabo, quería resucitar a Lotus, no matarlo. Quería salvar a nuestro salvador y volver a ver a nuestra familia. Desaté levemente mi Datsu e ignoré la mirada interrogante de Yánika. Yo estaba del lado de los Ragasakis, me dije. Eran amigos míos. Los iba a ayudar. Sin embargo, antes debía asegurarme de que de verdad el Lotus de la Máscara Blanca era Liireth, de que de verdad Liireth era un diablo asesino. Porque Kala no lo percibía así. .D .Bdia Antes de centrarnos en Liireth, .Edia dije, .Bdia deberíamos centrarnos en Zyro. Él es quien dirigió a los dokohis después de la guerra. Si hiciste algo mal, seguramente fue él quien te lo ordenó. .Edia .D .Bdia Pero Liireth fue quien creó los collares, .Edia argumentó Livon sombríamente. .Bdia Si él volviera a la vida de verdad… sería capaz de fabricar más. .Edia .P No pude replicar a eso. Yánika suspiró. .D .Bdia Nayu… Yo estoy contigo. Y sé que mi hermano piensa igual. No pensamos que seas culpable, como yo no soy culpable de que mi aura os ponga a todos nerviosos o tristes. Eres incluso menos culpable porque… ni siquiera podías intentar luchar para retomar el control, ¿verdad? No eras ni una esclava de ese espectro… estabas encerrada, en pausa… Ese espectro te robó años de vida. Pero ahora eres libre. Solucionaremos todo esto juntos. Así actúan los Ragasakis, ¿no? .Edia .P Su discurso fue acogido por asentimientos y confirmaciones de todos, por un suspiro de Shimaba y unas lágrimas de Naylah. .D .Bdia Gracias, Yánika, .Edia dijo esta, conmovida. El aura de mi hermana se llenó de alivio y satisfacción. La lancera tomó una voz más serena cuando comentó: .Bdia Según sospecho, Kan tenía que conocer a Zyro y su propósito de resucitar a Liireth. No era cualquier dokohi. Tenía poder y tengo la impresión de que yo no era la única en acatar sus órdenes. Si tan sólo pudiéramos encontrarlo, podríamos sacar muchas respuestas. .Edia .D .Bdia Pero primero buscaremos a Orih, .Edia afirmó Livon. .D .Bdia Primero, esperaremos a que vuelva Zélif, .Edia intervino Shimaba. .Bdia Según su última carta, no tardará. .Edia .P Esa era una buena noticia, me alegré. Dije: .D .Bdia Bien. Pero, antes que eso, Livon, te quitaré ese collar. .Edia .P El aludido agrandó los ojos. .D .Bdia ¿Crees poder hacerlo? .Edia .P .Bdm ¡Pues claro que puede! .Edm intervino Myriah, alborozada. .Bdm Es un destructor, ¿verdad? ¿Por qué no lo hiciste antes, cabezahueca? .Edm .D .Bdia Por la misma razón que no lo hice para Tchag, .Edia repliqué. .Bdia Porque no quiero que el hierro negro perfore el cuello y les destroce la tráquea. Pero me entrenaré. .Edia .P Mi afirmación generó muecas inseguras. .D .Bdia ¿Crees que podrás hacerlo? .Edia dudó Loy. .D .Bdia Podrá, .Edia sonrió Livon, mirándome con confianza. .Bdia Estoy seguro de que podrá. .Edia .P Yánika asintió con igual certidumbre y sonreí. No era una cuestión de poder o no: tenía que hacerlo. Así siempre me lo presentaba Lústogan y así decidí presentarme mi nueva tarea. Me levanté con ánimo. .D .Bdia ¿Conocéis a un buen proveedor de hierro negro por Firasa? .Edia .P La vieja Shimaba alzó un índice. .D .Bdia En eso puedo ayudarte. .Edia .Ch "Cuentos de demonios, espectros y mineros" .\" 21/06/2019 Un lingote. Era lo único que había podido encontrar a precio razonable, pero no me quejaba: el hierro negro era un metal raro y preciado que aparecía muy escasamente por los mercados. Mi proceder, pues, se basaba en romper el hierro, reducirlo a pequeños trozos y volver a unirlo en la forja a altas temperaturas para seguir entrenando. Ya había repetido la operación varias veces en los últimos cuatro días y empezaba a encontrar puntos flojos con más rapidez y más acierto. .P Me pasé una mano por la frente sudorosa antes de volver a ponerme la máscara de destructor y sentarme a la mesa de piedra. .P La forja, me la había recomendado Staykel, tal vez porque el herrero, un tal Pad, era el hermano de su mujer. Pad se mostró muy amable, me dejó un horno para mí solito y hasta observó con admiración algunos de mis sortilegios de destrucción. No era un experto en rocas, pero sabía de metales y sobre todo de aleaciones, algo que yo nunca había estudiado tan a fondo. Y, durante esos cuatro días, escuché con interés su conversación mientras trabajábamos cada uno en nuestros asuntos. Al contrario que su hermana Praxan, él había dejado los estudios runistas ancestrales de su familia para dedicarse a la herrería. Era su pasión. Y parecía realmente contento de poder hablar de su tema preferido con alguien que no le ponía cara aburrida. .P Posé mi mano enguantada sobre el lingote de hierro negro. Ya se había vuelto a enfriar suficiente y me concentré, sin darme prisas. Escuché el ruido del martillo contra el yunque un poco más lejos, contemplé las chispas en la zona de los hornos y vi pasar a un aprendiz con una larga barra de hierro en las manos. La brisa veraniega, fresca en comparación con el calor de la forja, se adentraba por la puerta abierta de par en par y revoloteaba junto con varias moscas. Un perro ladraba. En la calle, se oía un rumor alegre de voces. Y el aire cálido que rozaba el hierro negro se alzaba por oleadas hacia las altas vigas. .P Inspiré, abrí los ojos y apliqué la fuerza. Despegué un trozo de hierro negro, pero este, en vez de quedarse en su sitio, salió disparado con violencia. La presión era tan fuerte que resultaba más difícil evitar los estallidos. Detrás de mi máscara, apreté los labios por la concentración y seguí estallando el hierro. Se decía que las únicas técnicas para romper hierro negro era echarle sangre de hidra —artículo más bien raro— o ponerlo a una temperatura muy elevada. Pero, en comparación con reducir a polvo un diamante de Kron, romper hierro negro era fácil. .P Tras hacer saltar varios pedazos de hierro, me levanté y fui a beber agua a la fuente del patio. Pese a que el sol pegaba con fuerza, dejar el calor de la forja era siempre refrescante. Alcé la mirada hacia las nubes, despedazadas en el cielo azul como escamas de dragón. .P Había hecho progresos, me dije, pero no los suficientes. El hierro negro seguía resquebrajándose allá donde no quería, creándose astillas que volaban brutalmente a mi alrededor. Se me había ocurrido usar mi ropa de destructor como protector entre el cuello de Livon y el collar… pero este estaba aún más apretado a su piel que el de Tchag y, aunque la protección no se rompiera, nada me aseguraba que el impacto no pudiera ser mortal. .P Livon estaba harto de esperar y su humor era más tenebroso que la noche misma, según Yánika. Llevaba cuatro días en nuestra casa, atado a un poste y con los ojos vendados, para evitar que el espectro permutara por contacto visual o por tacto si llegaba a controlar de nuevo su cuerpo. Mis precauciones no eran exageradas, y Livon estaba en el fondo de acuerdo con ellas. De eso no se quejaba. Pero no siempre conseguíamos mantenerlo quieto. La mayor parte de las veces simplemente guardaba silencio y se concentraba en su cubo de números para no pensar, dándole vueltas sin verlo. Sin embargo, a veces perdía los nervios. El día anterior, le había pedido a Jiyari que le trajese una sierra, el rubio se había azorado y había venido hasta la forja corriendo para avisarme de que Livon intentaba suicidarse. Luego se había aclarado que en realidad la sierra la quería para deshacerse del collar, como si hubiera podido siquiera hacerle un rasguño con eso… Mar-háï. Cuando tenía un objetivo, Livon a veces perdía la capacidad de reflexionar de manera cuerda. Y esta vez, su objetivo lo tenía tan obsesionado que apenas hablaba, apenas comía, apenas dormía… Pero, por más que se agitara, yo no iba a quitarle el collar sin estar cien por cien seguro de que no lo mataría. .Bparoles No salvarás a Orih si mueres antes, .Eparoles le había dicho anoche. Pero Livon no razonaba claramente. Rabiaba. Hasta tal punto que aquella mañana decidí visitar a Yeren para preguntarle si el espectro no podía estar afectándolo o si el oso sanfuriento no podía haberle contagiado algo. El curandero ni había negado nada ni había afirmado nada: sólo había prometido pasarse para echarle un vistazo. Suspiré, agité las manos mojadas por el agua de la fuente y volví adentro de la forja hasta la mesa de piedra y mi lingote de hierro negro. .P Me molestaba tener que dejar a Yánika siempre en compañía de Livon y Tchag. Sabía que era necesario. Sabía que Yánika estaba contenta de ayudar. Pero la solución dejaba que desear. Por eso… tenía que aprender a quitar esos collares cuanto antes. .P Posé ambas manos sobre el lingote y me centré. Precisión. Era lo más importante. Hacer un corte, uno solo, limpio y sin astillas. .P También tenía otra solución, pensé. Intentar afilar el diamante de Kron. Entonces hubiera cortado cualquier cosa. Sólo que para afilar uno de esos diamantes se necesitaban precisamente otros diamantes de Kron… o una habilidad órica que de momento no tenía. En definitiva, era mejor centrar mis esfuerzos en el hierro negro. .P Iba a soltar mi órica cuando, de pronto, me sentí espiado y alcé la cabeza. Al ver a la pequeña Shaïki parada ante la mesa de piedra, con unos ojos agrandados y absortos posados sobre mí, dejé que la órica se deshilachara y aparté la máscara alzándola sobre mi cabeza. .D .Bdia Hola, Shaïki. ¿Has venido a ver a tu tío? .Edia .P La hija de Staykel y Praxan tenía seis años, una larga cabellera malva con trenzas y dos graciosas coletas y una expresión a menudo seria. Cuando te miraba, era difícil saber si realmente te estaba mirando o si estaba pensando en simellas. Ahora, de hecho, sus ojos se habían deslizado hacia la máscara. .D .Bdia He venido a ver al tío Pad, .Edia contestó bien fuerte. .P Sonreí. Y, como ella seguía mirándola, me quité la máscara completamente, posándola en la mesa. .D .Bdia ¿Te gusta? Está hecha con fibra de darganita, más fuerte que el acero. .Edia .P La pequeña la miró largamente antes de desinteresarse e izarse en el banco frente a mí. .D .Bdia Hace calor, .Edia clamó. .D .Bdia Y que lo digas, .Edia confirmé. .P La niña se quedó observando algo en el patio con atención. Con ella no podía seguir mi entrenamiento, así que me relajé, apoyé los codos en la mesa y pregunté: .D .Bdia ¿Tu madre no ha venido? .Edia .P Me echó una ojeada. .D .Bdia No. Me ha dicho: ve a llevarle al tío el esqueje para que lo plante y dile que no olvide regarlo esta noche. ¿Sabes lo que es un esqueje? .Edia .P Meneé la cabeza. .D .Bdia No, la verdad. .Edia .D .Bdia Un trozo de planta que se corta y se pone luego en un tiesto con tierra. Crece solo y hace otra planta. No funciona con todas las plantas. ¿Sabes con qué plantas funciona? .Edia .P Sonreí. .D .Bdia No, ¿con cuáles? .Edia .P Shaïki me miró con los labios levemente fruncidos. .D .Bdia Realmente no sabes nada, ¿no? .Edia .P Me carcajeé. .D .Bdia De plantas poco, aparte de que algunas se comen. Sé más de rocas. .Edia .D .Bdia ¿Rocas? .Edia .D .Bdia Sí, destruyo rocas. .Edia .P Se me quedó mirando con una expresión directa. Podía parecer desagradable, pero una vez que se la conocía un poco uno se daba cuenta de que siempre era así. .D .Bdia ¡Shaïki! .Edia llamó Pad desde los hornos. .Bdia No le molestes a Drey. Está trabajando. .Edia .P Poco cambió en el rostro de la niña aparte de un leve indicio de decepción. Se deslizó hasta el suelo. .D .Bdia Voy a ver el esqueje. .Edia Se detuvo y se giró hacia mí. .Bdia Ah. Cuando te pones eso en la cara, te pareces al demonio Shaku. .Edia Vaciló. .Bdia ¿Conoces? .Edia .P Meneé la cabeza, sonriente. .D .Bdia No, no lo conozco. .Edia .D .Bdia ¡Shaku! .Edia dijo y alzó dos manos a modo de garras. .Bdia Shaku se comió los ojos de las tres princesas, se metió en el palacio y empezó a comerse a todo el mundo, ¡gnawm, gnawm! .Edia Calló, me miró con sus ojos castaños y dijo sin abandonar su seriedad: .Bdia Deberías ir a la escuela como yo. Aprenderías mucho. .Edia .P Dicho esto, se alejó con andar tranquilo y la seguí con la mirada, divertido. Pues menudos cuentos aprendían en las escuelas de Firasa… Tras recobrar cierta concentración, me recoloqué la máscara del tal Shaku y seguí con mi trabajo. El sol empezaba a iluminar el interior de la forja, declinando hacia el oeste, y me levanté para deslizar la puerta. Tal vez una hora después, oí unas voces afuera. .D .Bdia ¡Lo siento, perdón…! ¿Drey…? ¡Drey! .Edia .P Era Jiyari. Fruncí el ceño. Se suponía que Jiyari debía quedarse en casa junto con Yánika para no perderle de vista a Livon… El sol me cegó en cuanto la puerta se deslizó y se abrió, pero pude adivinar la sombra de una silueta que retrocedía dando un bote de susto. .D .Bdia Oh… Drey, ¿eres tú? .Edia .P Me quité la máscara y oí a Jiyari retomar la respiración. .D .Bdia ¿Ha ocurrido algo? .Edia me inquieté. .Bdia ¿Livon…? .Edia .P Jiyari asintió, agrandé los ojos… y él explicó: .D .Bdia Se los han llevado. A él y a Tchag. .Edia .P Mi corazón se saltó un latido y mi Datsu se afanó. .D .Bdia ¿Los dokohis? ¿Y Yánika? ¿Yánika está bien? .Edia .D .Bdia No… No es eso. No han sido los dokohis. .Edia .D .Bdia ¿Pero Yánika está bien? .Edia .D .Bdia Que sí, está bien. Impactada porque los Caballeros de Ishap han llegado de improviso y nos han enseñado una orden de arresto del Consejo. Pero bien. .Edia .P Bien, me repetí. Pero a Livon y Tchag se los habían llevado… .D .Bdia Maldita sea, ¿por qué? ¿Quién les ha dicho que se quedó con un collar? .Edia .D .Bdia No se ha intentado ocultar especialmente… .Edia carraspeó Jiyari. .Bdia Shimaba y Loy fueron a protestar a la Consejería. Yánika está en la cofradía con Sirih y Sanaytay. Casi mete la pata. Les ha dicho a los de Ishap que tenía que acompañarlos porque si no Tchag y Livon iban a transformarse… .Edia .P Resoplé. .D .Bdia ¿Dijo eso? .Edia .D .Bdia Bueno, acabó la frase a media voz… Por suerte los de Ishap no nos hacían mucho caso. Se los llevaron a los dos a la prisión de Ishap. .Edia .P Me rasqué la mejilla, contrariado. .D .Bdia ¿Y por orden del Consejo, dices? .Edia .D .Bdia Tenían un papel que parecía bastante oficial… .Edia .P Intercambiamos una mirada. Y suspiramos al mismo tiempo. .D .Bdia No sé tú, pero yo me pregunto cada vez más por qué diablos Lotus fabricó esos collares, .Edia dejé escapar. .D .Bdia Y yo me pregunto cómo, .Edia dijo Jiyari, bajando la voz. .Bdia Leí en mi escuela que algunos espectros odian a los saijits porque antiguamente los traicionaron y les robaron el cuerpo. ¿Cómo consiguió Lotus hablar con ellos entonces? .Edia .P Lo miré un instante, pensativo. .D .Bdia ¿Sabes algo de los Espectros de la Angustia encerrados en los collares? .Edia .P El rubio se rascó la cabeza y rió, molesto. .D .Bdia ¿Los Espectros de la Angustia, dices? Lo siento… Me quedé dormido en mitad de la lección de lectura sobre los espectros y me perdí el resto. .Edia .P Alcé los ojos al techo. .D .Bdia Pues claro. .Edia .D .Bdia Pero se cuentan muchas bobadas acerca de los espectros, .Edia aseguró Jiyari. .Bdia Algunos hasta dicen que, en un tiempo, fueron saijits. .Edia .P Enarqué una ceja. Ya había oído esa leyenda. Contaba que el Reino de Belkasta, legendario pueblo drow paradisíaco, había sido aplastado por un derrumbamiento masivo en los Subterráneos hacía miles de años y que los belkastianos se habían transformado en espectros desde entonces y vagaban por los escombros de su antiguo hogar. Si bien recordaba, era Madre la que me había contado ese cuento. .D .Bdia ¿No vas a ir a la Consejería? .Edia preguntó Jiyari. .P Parecía sorprendido. Le devolví la misma expresión. .D .Bdia ¿Para qué? No creo que me dejen entrar ahí. Además… .Edia Me giré y fulminé el lingote de hierro negro como si con sólo mirarlo hubiera podido partirlo en dos. .Bdia Todavía me queda trabajo. Si consigo probarles a los del Consejo que puedo liberar a Livon y a Tchag… no deberían quejarse. .Edia .P Jiyari me echó una mirada curiosa mientras yo volvía a sentarme y a ponerme la máscara. .D .Bdia Llevas todo el día entrenando. .Edia .D .Bdia Peores entrenamientos he hecho, .Edia aseguré. .Bdia No te acerques demasiado. .Edia .P Lo vi arrimarse al marco de la puerta abierta, meditativo, mientras yo posaba de nuevo mis manos sobre el lingote. .D .Bdia Esta noche, .Edia dijo en un murmullo, .Bdia he vuelto a tener un sueño extraño. .Edia .P Sus palabras me hicieron olvidar mi sortilegio pero no alcé la cabeza. Jiyari contó: .D .Bdia Estaba agarrándome al cuello de alguien que corría. Nos perseguían unos monstruos. Y sentía un miedo horrible. .Edia .D .Bdia Una pesadilla, .Edia dije. .P Hubo un silencio. .D .Bdia Sin duda. Y una real. .Edia Los ojos de Jiyari se giraron hacia mí detrás de sus mechones rubios iluminados por el sol. .Bdia No porque la vivimos hace sesenta años deja de ser real. .Edia .P Rechiné levemente los dientes. Sin mirarlo siquiera, repliqué con voz apagada: .D .Bdia Lo siento, Jiyari. Pero ya te lo dije: soy Drey Arunaeh. Nací hace dieciocho años en la familia de los Arunaeh. El resto… son recuerdos. De momento, me centraré en liberar a Tchag y a Livon. .Edia .P Jiyari pareció entristecerse. .D .Bdia ¿Y nuestra familia? Entiendo tu manera de pensar… Ver más allá de su propio nacimiento es duro y tal vez sólo un loco como yo pueda hacerlo. Pero si resucitamos… fue por algo. .Edia .D .Bdia Eso lo dices tú. Y no resucité propiamente dicho: los Pixies nunca han muerto. Y la mente que ya existía en mi cuerpo antes de que se metiera Kala… ¿Por qué supones que ha desaparecido? Tal vez esté hablando en este mismo instante. ¿Me equivoco? .Edia .D .Bdia Te equivocas. .Edia .P Suspiré ruidosamente y me centré en mi lingote, pero Jiyari no me dejó en paz. .D .Bdia Seré un aprendiz borracho e inútil, pero mi instinto no me engaña, .Edia insistió Jiyari. .Bdia Ahora, en este mismo instante, estoy hablando con el Gran Cha… .Edia .D .Bdia Está bien, .Edia lo corté. .Bdia Confiaré en tu instinto. Pero te diré que ahora tu Gran Chamán ha cambiado. No es el mismo de antes. .Edia .D .Bdia ¿Acaso recuerdas cómo eras antes? .Edia se burló Jiyari con suavidad. .P Lo miré con la misma paciencia a través de mis ojos protectores. Y me cansé de pronto de aquello. .D .Bdia Déjalo, .Edia resoplé. .Bdia El día que recuerde, ya te hablaré de ello. De momento, como digo, me ocuparé de destruir hierro negro. Prefiero ocuparme del presente. .Edia .D .Bdia Algo muy típico de Kala, .Edia apuntó Jiyari con ligereza. .D .Bdia ¿Cómo lo sabes si no lo recuerdas? .Edia lo pinché, exasperado. .Bdia Bah. Déjame en paz y dile a Yánika que volveré a casa tarde. No me esperéis para la cena. .Edia .D .Bdia ¿En serio? Tenía planeado cocinar sopa de tugrines. .Edia .P Diablos. Jiyari no sabía cocinar. Pero la sopa de tugrines era el único plato que le salía exquisito. Mascullé por lo bajo: .D .Bdia Déjame las sobras. Me las comeré al volver. .Edia .P De reojo, lo vi sonreír ampliamente y alzar una mano. .D .Bdia De acuerdo. ¡No te esfuerces demasiado! .Edia .P Me erguí en mi banco de piedra y, bajo mi máscara, sonreí al ver al humano rubio marcharse. Pese a todo, ese tipo empezaba a caerme bien. .P Dos horas más tarde había fundido de nuevo el hierro para volver a unirlo. El sudor aún caía de mi frente a gotas gordas cuando saludé a Pad y dejé la forja. El viento refrescante del atardecer me acariciaba suavemente mientras emprendía el camino de vuelta a casa. .P Había trabajado duramente y mi técnica se estaba perfeccionando. Pero aún no era suficiente. Aún tenía demasiados fallos. .P Estaba sumido en mis reflexiones, preguntándome cuánto tiempo iba a dejar a Livon metido en la cárcel, cuando vi de pronto a una delgada y harapienta silueta correr por los adoquines. .D .Bdia ¡Espérate que te atrape, desgraciado! .Edia gritaba una mujer, corriendo tras el perseguido. .P Parpadeé, pensando. El rostro del harapiento me resultaba familiar. Era un gnomo, pelirrojo, pecoso, con una nariz aguileña… .D .Bdia ¡Kadaelfo! .Edia exclamó al verme, confirmando mi impresión. .D .Bdia Xarifo Hitappe, .Edia me sorprendí. .P Frenó y me atrapó por la manga con ojos en los que brillaba la urgencia. .D .Bdia ¡Dame dos kétalos! .Edia .P Eché un vistazo a la mujer que estaba a punto de alcanzarnos, suspiré y saqué un puñado de monedas. En vez de dárselas al muchacho, se las tendí directamente a la mujer. .D .Bdia Perdona las molestias. .Edia .P La mujer iba a protestar, pero viendo que la compensación no era mala, aceptó el regalo y se marchó soltándole al muchacho un simple: .D .Bdia Si te vuelvo a ver, ladronzuelo, ¡te ensarto como a un pato! .Edia .P Una vez solos, Xarifo resopló de alivio y protestó: .D .Bdia ¿Por qué le has dado tantas monedas? ¡La salchicha valía dos! .Edia .D .Bdia La palabra ‘gracias’, ¿la conoces? .Edia le espeté. Y retomé mi camino. .P Tras unos pasos, oí a Xarifo alcanzarme y caminar unos instantes junto a mí antes de decir: .D .Bdia Gracias. .Edia .P Sonó casi al croar de una rana. Le eché una ojeada. El hijo del mercader ya había sufrido algún desgarro en su refinada ropa roja por culpa de su rapto en Zif-Erdol, pero ahora su aspecto era definitivamente peor. Estaba embarrado, tenía un moratón en la mejilla y una tez casi tan bronceada como la de Jiyari. .D .Bdia ¿Y tus sandalias? .Edia pregunté. .P Hubo un silencio y pensé que Xarifo no iba a contestarme pero entonces dijo: .D .Bdia Me las quitaron. .Edia .D .Bdia ¿Los mismos que te golpearon en la cara? .Edia .P Xarifo me fulminó con la mirada. .D .Bdia ¿Y a ti qué te importa? De no ser por ti y tu amigo, tendría diez mil kétalos en el bolsillo y no estaría luchando por mi vida en este asco de ciudad. .Edia .D .Bdia Robando salchichas querrás decir. .Edia .D .Bdia Luchando por mi vida, .Edia insistió el gnomo pelirrojo. .P Suspiré. .D .Bdia Seguro. ¿Y tu padre? .Edia .D .Bdia ¡Ja! Ese se fue hace tiempo. Me dejó atrás sin siquiera enterarse de que me habían raptado. Ya me habrá desheredado. Pero me da igual. No necesito su ayuda. No necesito la ayuda de nadie. .Edia .D .Bdia Por eso me has pedido dos kétalos ahora, .Edia dije con tono burlonamente comprensivo. Sonreí ante su mirada fulminante y añadí: .Bdia Te pagaré el viaje hasta Trasta. .Edia .P Xarifo agrandó los ojos… y resopló de lado. .D .Bdia Mmpf. No necesito que me pagues una diligencia. Puedo ir yo solito. .Edia .D .Bdia ¿A pie, descalzo y sin dinero? .Edia me sorprendí. .Bdia Lo digo en serio. Me siento responsable: te devolveré a tu padre… y no pediré ninguna recompensa, .Edia apunté ante su expresión fruncida. .P Caminamos en silencio. Las calles del centro estaban llenas de transeúntes, pero nosotros íbamos por una más tranquila. .D .Bdia Cuando me dejasteis… .Edia dijo de pronto Xarifo rompiendo el silencio, .Bdia fui a la Casa Roja para ver si podía arreglar las cosas y cobrar lo que me debían. Pero antes de entrar… me pillaron unos tipos y me pidieron el boleto. Parecían estar esperándome, los muy bastardos. .Edia .P No me sorprendí. Si de verdad lo único que se necesitaba para cobrar una apuesta era un boleto… las riñas y emboscadas de ese tipo debían de ser comunes entre los aficionados. .P Xarifo continuó: .D .Bdia Como no tenía ni kétalos ni boletos, me zurraron. Tanto que creí que iba a morir. Luego me dejaron y yo me fui. Y nadie me ayudó. ¿Sabes? Estaba sangrando, y nadie me ayudó. Sólo una vieja me preguntó que si estaba bien. Me mosqueé. Normal, ¿te imaginas? Estás casi medio muerto tirado por la calle y te pregunta una lunática a ver si te encuentras bien. ¡Ciega tenía que estar! Se me pasó por la cabeza hacerme el pobrecito, pero no me apeteció en el momento. Basta de hipocresías. Firasa está podrida. Rosehack está podrida. El mundo está… .Edia .D .Bdia Podrido, .Edia completé. No sé por qué, me imaginé que la tal lunática no se habría ido de haber recibido una respuesta amable. .D .Bdia ¡Lo está! .Edia apoyó Xarifo. .Bdia Y por eso, yo no quiero regresar a Trasta. Porque para que mi padre me grite a la cara todos los días y me hable de su maldito moigat rojo, para eso prefiero pasar hambre y robar salchichas. .Edia .P Una sonrisa estiró irremediablemente mis labios. .D .Bdia Un plan prometedor. .Edia .D .Bdia ¿Te ríes? Pues menos te reirás cuando me convierta en el líder de la cofradía de los ladrones de Firasa, .Edia afirmó. .P Lo miré con inquietud. .D .Bdia ¿La cofradía de los ladrones de Firasa? .Edia .P Xarifo se carcajeó. .D .Bdia ¡Yo la fundaré! Me haré pirata y más rico que mi padre. Y comerciaré con oro puro, y vasijas de Mirleria, tejidos de seda y escamas de sowna. .Edia .D .Bdia ¿Oíste hablar del cuento del minero soñador? .Edia repliqué. .D .Bdia No escucho los cuentos de viejas, .Edia dijo con menosprecio. .D .Bdia Lástima. En ese cuento, el minero acaba de encontrar una pepita de oro. Se emociona mucho y se dice: ‘si sigo cavando, encontraré más oro, con este compraré unas picas mejores y seguiré cavando, y luego será tan grande mi mina que emplearé a otros mineros, yo me convertiré en capataz y haré comercio. Con mi comercio, me haré rico de verdad, compraré un palacio y me casaré con la princesa más hermosa de la región. Y aunque mi mina se agote, abriré otras y me convertiré en el mayor explotador de todos los Pueblos del Agua.’ Así fantaseaba el minero cuando, al andar hacia la salida de su mina, distraído, se golpeó contra una viga tan fuerte que esta cedió y el túnel se le echó encima. .Edia .P Callé mientras seguíamos andando. Alcanzamos la Colina Boscosa. Por una vez, Xarifo no decía nada. Pero en ese momento se detuvo. Sin decir una palabra. Tras unos pasos, me giré. El gnomo pelirrojo seguía ahí, ensombrecido… y con los ojos brillantes. Estaba claro que su orgullo había llegado a su límite. .P Me tomé las cosas con paciencia. .D .Bdia Si quieres cocinar esa salchicha, será mejor que me sigas. .Edia Vi su expresión sorprendida y añadí: .Bdia Una sola observación desagradable de tu parte y te echo de casa aunque sea a medianoche, ¿estamos? .Edia .P Xarifo no se movió. .D .Bdia ¿No me vas a mandar a Trasta? .Edia .P Lo miré a los ojos. ¿Tan poco deseaba volver a su casa? Mar-háï… Podía darle cobijo al muchacho mientras no me creara problemas —al fin y al cabo sólo tenía catorce años—, pero no tenía la menor intención de hacer de reconciliador. .D .Bdia Te pagaré el viaje, .Edia dije al fin. .Bdia Tú haz lo que quieras con ese dinero. .Edia .P Le di la espalda y caminé colina arriba. Tras un silencio, oí los pasos apagados y descalzos del gnomo acercarse. No dijo nada en toda la subida. Sólo cuando llegamos arriba de las escaleras ante la casa, resopló: .D .Bdia Qué anticuado. Parece una casa de brujas. .Edia .P ¿Es que ese gnomo era incapaz de decir algo amable o siquiera neutro? Le dediqué una sonrisa llena de sorna. .D .Bdia Pues qué bien. Me gustan las casas de brujas. .Edia .Ch "Lidiando con un espectro" .\" 23/06/2019 .Bcita Amo la mente como amo las flores, los árboles y los ríos. .Ecita .autor-cita "Yánika Arunaeh" .salto Fue a la mañana siguiente cuando me enteré por Loy de que el Consejo no solamente había encarcelado a Livon y a Tchag por precaución sino que pensaban transferirlos a la Academia de Trasta al día siguiente para que los expertos examinasen los collares de manera exhaustiva. Ignoraba qué tipo de examen les iban a hacer pasar, pero aquello me daba mala espina. Apoyado contra el mostrador de la cofradía, oía sin escuchar a Loy releer la decisión del Consejo. Escuché su conclusión: .D .Bdia Se ruega a la cofradía de los Ragasakis que entiendan los motivos de dicha decisión y cooperen en la colecta de informaciones sobre los llamados dokohis o espectros para asegurar la villa de Firasa contra eventos semejantes a los sucedidos en la aldea vecina de Zif-Erdol situada en nuestra jurisdicción. Atentamente, Rubis Katarag, presidente secretario de las Juntas Generales de Firasa y blablablá… .Edia .P Loy enrolló el pergamino y, sentada a una silla junto al mostrador, Yánika suspiró: .D .Bdia Pobre Livon… .Edia .P Hice una mueca. .D .Bdia Tranquila, no se puede decir que Livon esté sufriendo mucho: ahora mismo probablemente esté transformado. .Edia .D .Bdia Según los de Ishap, lo estaba, .Edia confirmó Loy. .Bdia Al igual que Tchag. Los tienen bien encerrados. Mejor que el dokohi que se les escapó. .Edia Sus ojos verdes se posaron sobre mí a través del vidrio de sus gafas. .Bdia Desgraciadamente parece que de momento no están dispuestos a que nadie les quite el collar. Me pregunto qué andarán buscando para molestarse en mandarlos a Trasta. ¿Recuerdos metidos en los collares? ¿O bien quieren entender su mecanismo? A mí también me da rabia que los transfieran pero… ciertamente, si lo miramos con frialdad, sus decisiones tienen fundamento. .Edia .P Lo tenían. .D .Bdia Loy. ¿Hay alguna posibilidad de que me dejen entrar a visitarlo? .Edia pregunté. .P Loy meneó la cabeza. .D .Bdia Me temo que no. A Zélif tal vez… si es que regresa pronto a Firasa. .Edia .D .Bdia Ya veo. .Edia Suspiré y me aparté del mostrador. .Bdia Gracias por la lectura, Loy. Yánika. ¿Vamos? .Edia .P Salimos de ahí dejando a Loy ocuparse de sus asuntos. Jiyari y Xarifo se habían quedado en casa, el uno a pasar la escoba, el otro a roncar y recuperar el sueño perdido en las noches pasadas a la intemperie. Mientras andábamos, el aura tensa de Yánika nos acompañaba. Escogí un camino poco concurrido y, finalmente, nos sentamos en un banco apartado junto al río, no muy lejos, me fijé, de la choza abandonada de Livon. Tras escuchar el correr del agua durante un rato, Yánika preguntó: .D .Bdia Hermano, ¿ya puedes romper el hierro negro? .Edia .P Meneé la cabeza y me recosté plegando cómodamente una pierna sobre el banco. .D .Bdia No con la suficiente precisión. .Edia .D .Bdia Entonces… ¿por qué no estás entrenando ahora? .Edia .P En su aura, reinaban la impaciencia y la contrariedad. Alcé la vista al cielo. Aquel día estaba cubierto de nubes y el sol aparecía sólo por intermitencias. .D .Bdia Ya has oído a Loy. Los gremios no quieren destruir los collares antes de sacarles todo lo aprovechable. .Edia .D .Bdia ¡Pero tenemos que salvar a Orih! .Edia .P Y por eso tenía que seguir entrenando también, pensé. Porque era muy posible que, si conseguíamos reencontrarla, la mirol tuviera puesto uno de esos malditos collares. .D .Bdia Lo sé, .Edia dije. .Bdia Pero no sabemos dónde está. El único que igual lo sabe está dentro del collar de Livon. El espectro. .Edia .P Me giré hacia mi hermana. No sabía si me inquietaba más su aura o su aspecto. Ella, habitualmente tan esmerada haciendo sus trenzas, las había dejado sin hacer y su cabello ondulado y rosa caía sobre sus hombros, suelto y descuidado. Murmuré: .D .Bdia Te lo dije, Yani. Cuando estés conmigo, no contengas tu aura. .Edia .P De hecho, pese a lo cargado que parecía ya el ambiente, no podía engañarme: seguía conteniendo la mayor parte de su aura. Yánika bajó la vista, balanceó los pies, y asintió. Enseguida me golpeó toda su aura. Jadeé y mi Datsu se desató. Era tan grande su preocupación que no me la esperaba. Era normal que el rapto de Orih y lo ocurrido a Livon la afectasen, pero ¿hasta ese punto? .Bparoles La mente es débil, .Eparoles me dijo la voz de Lústogan en mis recuerdos. Mi primer impulso fue el de abrazarla, pero ¿solucionaría eso los problemas? No. .P Tendí mis manos hacia las suyas y las apreté con dulzura. .D .Bdia No tiene sentido preocuparse tanto, Yani. Orih no está muerta: la recuperaremos. Y a Livon… voy a sacarlo de ahí esta misma noche. .Edia .P Yánika agrandó los ojos y su aura cambió. .D .Bdia ¿Esta misma noche? .Edia .P Sonreí. .D .Bdia Le quitaré el collar. Pero voy a necesitar tu ayuda. .Edia .P Yánika parpadeó, asintió firmemente y preguntó: .D .Bdia ¿No se van a cabrear los gremios? .Edia .P Me encogí de hombros. .D .Bdia Detalles. Mientras no les digamos nada a los demás Ragasakis, nadie podrá culpar a nuestra cofradía. Pero para eso tenemos que guardar silencio. .Edia .P Yánika asintió. Vacilé. .D .Bdia En realidad… los gremios no deberían cabrearse demasiado a largo plazo. Escucha, Yánika. Tengo pensado cambiarme de sitio con Livon. Le pediré que permute conmigo sin permutar el collar. Pero para eso necesito que esté en su sano juicio y no controlado por el espectro. De esa manera, me quedaré con el collar y podré romperlo más fácilmente y con menos riesgo. Pero no lo haré hasta que no lo hayamos examinado: puede que realmente haya información valiosa dentro, y ya que estamos prefiero asegurarme de que la obtendremos. Y dudo de que haya alguien en la Academia de Trasta capaz de sacarla tan bien como nuestra Madre. Cuando ella haya examinado el collar, me liberaré. Y tendrás que estar a mi lado para que pueda hacerlo. .Edia .P El aura de Yánika había ido hinchiéndose de nerviosismo e incomprensión. .D .Bdia Hermano… No lo entiendo. .Edia .P Se lo volví a explicar y, mientras Yánika iba asimilando poco a poco mi idea, concluí: .D .Bdia No sé si es lo correcto. Parte de mi mente, la parte que a veces más me exaspera, me dice que es una locura y que lo mejor que podría hacer es dejar a Livon, dejar la cofradía y olvidarme de los problemas. Pero supongo que a ti te parecería algo imperdonable e inmundo. Así que, ya de hacer algo, huiremos a Taey y pediré a Madre que examine el collar. Con un poco de suerte, sacará la información sobre el paradero de Orih. Es posible que el espectro que habita el collar de Livon sepa muchas más cosas. Tengo la impresión de que no es un espectro común. Es más poderoso que otros. Fue capaz de replicar la permutación de Livon en cuanto lo poseyó. No creo que todos sean capaces de algo así. Por lo que tal vez durante la guerra de Liireth poseyó a otro permutador o bien a un brejista… .Edia .P Yánika interrumpió mis cavilaciones al levantarse de un bote del banco. .D .Bdia ¡Hermano! ¿Quieres que te acompañe a la isla de Taey? .Edia .D .Bdia Sería tu primera vez, .Edia entendí. .Bdia ¿Te asusta? .Edia .P Yánika meneó la cabeza suavemente. Su aura estaba confusa. .D .Bdia ¿Huiremos sólo nosotros dos? .Edia .D .Bdia Mm… Le pediré a Jiyari que nos acompañe hasta Kozera. Por si tu aura no funciona en algún momento y me transformo. Pero estoy seguro de que el riesgo es mínimo. .Edia .P O al menos eso esperaba. Yánika me miró con una mezcla de nerviosismo y curiosidad. .D .Bdia ¿Y cómo vamos a llegar hasta Livon si los Caballeros de Ishap no nos dejan pasar? .Edia .P Le enseñé una sonrisa traviesa. .D .Bdia No nos dejan pasar por la puerta, pero nadie dijo que no podíamos pasar por el muro. .Edia .P Mi hermana sonrió a su vez. .D .Bdia ¿Funcionará? .Edia .P Mi sonrisa se hizo confiada. .D .Bdia Funcionará. .Edia .P Yánika inspiró y volvió a sentarse en el banco. En un silencio más apacible, contemplamos el agua del río. Corría con fuerza y el aire jugaba, arrastrado por la corriente. .D .Bdia Hermano. .Edia .D .Bdia ¿Mm? .Edia .D .Bdia Hay algo que no te he dicho. Algo sobre Jiyari. .Edia La miré, extrañado. ¿Habría notado algo raro en él? Mi hermana se mordió un labio y dijo: .Bdia Él… te quiere mucho. .Edia .P Parpadeé, asombrado. Y Yánika giró sus ojos negros hacia mí añadiendo: .D .Bdia Y la parte en ti que tú no sientes… esa también lo quiere mucho a él. Como a un hermano. Creo… que incluso más de lo que tú me quieres a mí. .Edia .P Tragué saliva. Por Sheyra… No le había dicho nada aún sobre los Pixies. Al principio sólo había sido una teoría, pero ahora era más que eso. Y, sin embargo, no me resolví aún a contárselo. Porque sus últimas palabras me habían ensombrecido. .D .Bdia Lo siento, .Edia murmuré. .Bdia Por lo visto la parte que no siento es muy sentimental. Sabes que yo te quiero todo lo que puedo. Pero… .Edia me rasqué el cuello, molesto, .Bdia no puedo quererte en exceso. Ya sabes cómo somos los Arunaeh, Yani. .Edia .D .Bdia Lo sé, .Edia susurró ella. .Bdia No quería hacerte daño, lo siento. Muchas veces deseé ser como tú y Lúst, quería ser una Arunaeh de verdad, pero luego… luego me convenciste de que no hacía falta que me esforzase por ser una Arunaeh, porque ya lo era. .Edia .P Asentí y ella se abrazó las rodillas antes de agregar: .D .Bdia Si vamos a Taey… ¿me dejarán entrar? .Edia .P Resoplé. .D .Bdia Por supuesto que te dejarán entrar. Eres una Arunaeh. Y no fuiste tú quien rompió el Sello. Sólo te miran como a un bicho raro, nada más. Vamos, será mejor que nos movamos. Si a Livon lo van a transferir mañana… tenemos que actuar esta noche. .Edia .D .Bdia Mm, .Edia asintió Yánika. .P Mientras dejábamos el banco y nos poníamos en marcha hacia casa, me repetí: .Bpenso la dejarán entrar en la isla .Epenso . Menos seguro era que nos dejasen salir, pero ya me enfrentaría al problema en su momento, así como encontraría la manera de convencer a Madre de ayudarme con el collar en el momento adecuado. Ahora, lo importante era liberar a Livon sin que los firasanos nos vieran y dejar que llevara a cabo su objetivo: salvar a Orih. Y yo lo ayudaría a mi manera, buscando información. .P Justo antes de apartarnos del río, volví a mirar el cielo cada vez más plomizo. No iba a volver a verlo en un tiempo. Pero lo volvería a ver, me juré. .salto La cárcel de la Orden de Ishap se encontraba en el edificio de esta misma, en el subsuelo. El edificio era amplio, tenía un vasto recinto, una gran sala de entrenamiento, armería y hasta dormitorios. Los Caballeros de Ishap eran una cofradía bien instalada, con guerreros veteranos y una gran popularidad que les permitía vivir acomodadamente. Por eso me sorprendía aún cómo los dokohis habían conseguido sacar a su compañero de ahí. ¿Tan hábiles eran? .P Me alegré de haber rechazado la loca idea de Yánika: para ayudar, mi hermana me había propuesto cansarse forzadamente para que su aura cubriera de fatiga nuestros alrededores… Me alegraba de haberle dicho que no hacía falta porque mi hermana ya bostezaba, invadida por el sueño, cuando cruzamos el río Lur hasta la Orden de Ishap. Un poco más y nos quedábamos dormidos, me burlé para mis adentros. .P A la luz de las linternas, pasamos por una calle que circundaba el recinto y llegamos a un lugar rocoso y oscuro situado en la boca del Barrio de la Cueva. Tras dar unos pasos más y asegurarme de que nadie nos seguía, me agaché. Había conseguido un plano bastante fiable del lugar en el mercado negro aquella misma tarde. Había sido más bien fácil encontrarlo, aunque no me había salido barato. Ni tampoco la mágara de silencio que había comprado. .P .Bpenso Aquí, .Epenso pensé, tocando la roca. Si cavaba por ahí, llegaría directamente a las mazmorras de la Orden de Ishap. El muro del edificio estaba cerca. Sólo esperaba que la mágara cubriría el ruido. .D .Bdia No te acerques, Yani, .Edia murmuré. .P Mi hermana se quedó a una distancia prudente y, tras ponerme la máscara, activé la mágara de silencio y comencé a estallar la roca. No había soltado aún dos sortilegios cuando de pronto una voz burlona soltó en la oscuridad: .D .Bdia Os pillamos. .Edia .P Me paralicé y escudriñé la oscuridad como un conejo atrapado. Saltaron las alarmas en el aura de Yánika… pero esta enseguida se calmó. Y yo siseé al entender por qué. .D .Bdia ¿Os divierte pegarle sustos a mi hermana? .Edia .P Sirih apareció, deshilachando un poco sus sombras armónicas. .D .Bdia Perdón, perdón. Pensamos que, ya que estabas decidido, mi hermana y yo íbamos a echarte una mano. ¿Dónde encontraste esa mágara? .Edia agregó con curiosidad, agachándose. .Bdia Debió de salirte cara. Pero con eso no conseguirás aplacar un escándalo como este. Tus explosiones despertarán a media Orden si Sanay no te cubre. .Edia .P Era un poco exagerada con eso de despertar media Orden pero… tenía razón. La mágara era eficaz, pero no tanto como me lo había vendido el mercader. .Bparoles ¡Silenciaría hasta el rugido de un dragón! .Eparoles había dicho. Suspiré. .D .Bdia ¿Cómo habéis adivinado? .Edia .P Sirih dejó escapar una risita irónica. .D .Bdia Era bastante evidente que tramabas algo. Loy lo dijo a la mañana: algo tiene en mente este muchacho. Y cuando dijo Staykel que no te había visto en la forja aquella tarde, empezamos a hacernos preguntas. Para colmo hace un rato nos ha venido a la cofradía el chaval gnomo diciendo que había estado a punto de coger la diligencia para Trasta pero que al final cambió de opinión, regresó a tu casa y… se encontró con que no había nadie y las mochilas no estaban. Yo pensaba que te habías largado a los Subterráneos sin despedirte, pero Loy ha dicho que te encontraríamos aquí. Parece que el secretario te conoce mejor. .Edia .P Mientras hablaba, yo me había sentado en la roca. Diablos. Aquel mediodía Xarifo había decidido volver a Trasta ¿y ahora había vuelto a cambiar de opinión? Suspiré. .D .Bdia Qué remedio. No quería molestaros pero, ya que habéis venido a echar una mano, ayudadnos. No os acerquéis demasiado. Pueden saltar trozos. .Edia .P Sanaytay se agachó a unos metros. Sirih gruñó. .D .Bdia ¿No querías molestarnos, eh? ¿Y qué es lo que pretendes hacer? ¿Sacar a Livon y esconderlo? .Edia .D .Bdia Liberar a Livon, .Edia repliqué. .D .Bdia ¿Crees que nos conviene? Nos pondrá a los Ragasakis en mala postura y además… no sabemos adónde llevaron a Orih esos dokohis. Si los celmistas de Trasta consiguen averiguar algo… .Edia .D .Bdia Eso mismo es lo que pretendo hacer. ¿Has olvidado que los Arunaeh son una familia de brejistas? No es por nada, pero la bréjica es una de las artes más difíciles que existen. Dudo de que ningún celmista de Trasta sea capaz de conseguir nada. La Academia de Trasta es conocida por sus biólogos, sus magaristas y sus historiadores… no por sus brejistas. Y cuando un brejista novato se mete en la mente de un sujeto… puede pasar cualquier cosa. Y eso sí que no le conviene a Livon. .Edia .P Hubo un silencio. Sirih se había quedado sin habla, por lo visto. Añadí: .D .Bdia Ya de sacar información, la sacaremos como es debido. .Edia .D .Bdia ¿Te llevarás a Livon con tu familia? .Edia murmuró Sirih. .D .Bdia No. Iré yo. Jiyari nos espera en la Cueva para la caravana que sale dentro de tres horas para Ámbarlain. ¿Lo entiendes ahora? .Edia .P La armónica no contestó de inmediato y pensé que no lo entendía, pero entonces soltó un: .D .Bdia Estás majara. Sanay, prepárate. .Edia .P Me alegré de que no me pusiera más trabas y nos pusimos todos manos a la obra. La fuerza órica quebraba la roca con precisión. Iba rápido, porque el material era fácil de quebrar. Sirih y Yánika se ocupaban de apartar los trozos pequeños, Sanaytay de ahogar los estallidos. Pronto me metí en un agujero que se iba profundizando y llenando de arena. En un momento, lancé un aviso y levanté la arena a base de ráfagas. La saqué toda. Y seguí cavando, esta vez de manera menos vertical. .D .Bdia Es… impresionante, .Edia le oí murmurar a Sanaytay arriba. .D .Bdia Ni que fuera mantequilla, .Edia apoyó Sirih, igual de incrédula. .Bdia Ya que no nos llevábamos muy bien con los de Ishap, si descubren que hemos sido nosotros… .Edia .P La piedra de Nashtag señalaba que llevaba más de media hora cavando cuando llegué a las fundaciones de la Orden y adiviné que, si quebraba un poco más la piedra, acabaría en la dichosa cárcel. Entonces, me paré, regresé al improvisado pozo y miré hacia arriba. .D .Bdia Yánika. ¿Puedes bajar? Te ayudaré. .Edia .P Estaba todo tan oscuro que no veía casi diferencia entre el agujero y la roca. Pero sentí el aire agitarse. Amortigüé la caída de Yánika y esta aterrizó como una pluma. Sirih soltó desde arriba: .D .Bdia Sanay os acompaña. Yo montaré la guardia, pero más os vale ser prudentes. No toleraré que le pase nada a mi hermana. .Edia .P Una vez Sanaytay abajo, nos colamos por el angosto túnel y apliqué la mano en la pared. .D .Bdia Esto… Si puedes no romperlo todo de un golpe y crear un agujero pequeño, .Edia murmuró Sanaytay, .Bdia yo… me resultará más fácil absorber el ruido si tengo acceso al otro lado. .Edia .P Enarqué una ceja sin acabar de entender cómo la armónica podía apagar el ruido del otro lado a partir de un pequeño agujero. Tal vez yo cavaba roca como mantequilla, pero las artes acústicas de Sanaytay no eran menos impresionantes. Asentí en la oscuridad. .D .Bdia De acuerdo. .Edia .P De pronto, el aura de Yánika se impregnó de diversión. Mar-háï, con esa situación… ¿En qué estaría pensando? Me puse manos a la obra. Fui poco a poco, haciendo arenilla de la roca sin estallarla. Era un proceso lento y me pregunté qué haría de no llegar a tiempo a la caravana para Ámbarlain… ¿Esperar a la de la mañana? Era demasiado arriesgado pero… Bah. Antes tenía que salir bien todo el resto. .P Finalmente, noté aire. La pared estaba perforada. A partir de ahí, pude soltar sortilegios más eficaces y en unos minutos ya estábamos del otro lado. El suelo estaba hecho de grandes piedras, las paredes también. Estábamos en las mazmorras de la Orden de Ishap, entendí. Pero no se veía nada. .P Saqué la piedra de luna. Nos encontrábamos en un pasillo. A nuestra derecha, había unas escaleras que subían. A nuestra izquierda, al fondo, una puerta de hierro. Y en frente de nosotros había celdas. Las revisamos una a una, recorriendo el lugar como fantasmas. Todas estaban vacías. Nos detuvimos finalmente ante la puerta de hierro, contemplándola. No había dudas, Livon y Tchag tenían que estar ahí detrás. .P Toqué la cerradura. Y me llevé una agradable sorpresa al constatar que estaba hecha de hierro negro. De verdad tenían que temer que Livon se escapara para meterlo en un lugar tan seguro… Sólo que no habían tomado en cuenta que un destructor pudiera pasar a través de eso. Yánika me echó una mirada intranquila a la luz de la piedra de luna. .D .Bdia ¿Vamos a pasar por la puerta? ¿Puedes abrirla? .Edia .P Le dediqué una sonrisa irreprimible y tendí una mano hacia la puerta diciendo: .D .Bdia Claro que puedo. Apartaos. .Edia .P Después de mis cuatro días de entrenamiento intensivo, el hierro negro, ese tozudo y empecinado metal, empezaba a resultarme muy familiar. Minutos después, estallé el grueso pestillo y la puerta se abrió. La satisfacción de mi hazaña casi me hizo olvidar que entrar ahí alegremente podía resultar un grave error. Escondí la piedra de luna y eché un sortilegio órico hacia el interior de la habitación. El espectro probablemente estuviese aún controlando el cuerpo de Livon y no tenía manera de saber si los guardias le habían dejado puesta la venda en los ojos o no. Si nos veía… podía complicar el asunto dramáticamente. .D .Bdia Dos respiraciones, .Edia murmuró Sanaytay. .P Las había pillado antes que yo por el sonido. Debían de ser Livon y Tchag. De modo que no habían dejado a ningún guardia ahí abajo… Una decisión acertada para evitar permutaciones accidentales pero la precaución les iba a costar caro. .P Entramos los tres en la oscuridad total, aguzando el oído. Oí un tintineo de cadenas y un ronquido. ¿Estaría durmiendo? .D .Bdia ¿Livon? .Edia murmuré. .P ¿Ya habría operado en él el aura de Yánika? Mi hermana, que me cogía de la manga a ciegas, murmuró: .D .Bdia Tchag está durmiendo. Livon está confuso. Creo que está volviendo en sí. .Edia .P Bien. Pero me aseguraría de todas formas. Repetí el nombre de Livon hasta que este preguntara patosamente: .D .Bdia ¿Drey? ¿Dó… Dónde estamos? .Edia .P ¿Podría ser el espectro intentando engañarnos? Decidí que desconfiar más no compensaba y saqué la piedra de luna. Esta iluminó la habitación con su luz tenue, desvelando el suelo empedrado y frío, una mesa, dos sillas a un lado. Unas cadenas sujetas al muro más lejano amarraban las muñecas y tobillos de Livon, apresando a este como un alma torturada. Sólo que, gracias a los dioses, no parecía realmente haber sido torturado. Tchag yacía a sus pies, dormido, con una cadena atada al collar. .D .Bdia Tchag ronca igual de bien en todos los casos, .Edia comenté y contesté: .Bdia El Consejo de Gremios te condujo ayer a las mazmorras de los Caballeros de Ishap, ¿no lo recuerdas? .Edia .P Livon llevaba un saco opaco en la cabeza. Percibí un movimiento de esta y un murmullo turbado: .D .Bdia Sí… De cuando en cuando, creo que volvía en mí. Es por culpa del espectro, ¿verdad? Myriah me estuvo gritando durante un buen rato. .Edia .P .Bdm ¿Gritando? .Edm protestó la voz bréjica de la arlamkesa. .Bdm ¡Estaba llamándote para que no te dejaras apalear por ese espectro! ¡Casi me quedo afónica! .Edm .D .Bdia No tienes cuerdas vocales, Myriah, .Edia le recordé. .P .Bdm ¡Impertinente! .Edm .P La bréjica pareció funcionar en Tchag mejor que cualquier sonido: el imp despertó y, viéndonos, soltó una exclamación de alegría. .D .Bdia ¡Yánika! ¡Sanay! ¡D…! .Edia .P Se quedó a media exclamación, no supe si porque tenía un repentino agujero de memoria y no recordaba mi nombre o porque se había percatado de la cadena que lo mantenía atado o… porque acababa de ver la mala postura en que se encontraba Livon. Este meneó la cabeza debajo del saco y murmuró: .D .Bdia Perdón… No me siento bien… .Edia .D .Bdia Y no me extraña, .Edia repuse. .Bdia Te han encadenado ahí como a un criminal. .Edia .P Así como la cerradura de la puerta estaba hecha de hierro negro, las cadenas eran de hierro normal, constaté. Sin embargo, no las estallé. Con precaución, le quité el saco y la venda. Sus ojos, grises oscurecidos, parpadeaban ante la luz. Al verlo, suspiré de alivio. .D .Bdia Livon. He venido a liberarte. Pero antes tengo una pregunta. ¿Serías capaz de permutar conmigo y dejarme el collar de manera segura? .Edia .P Livon, ya más espabilado, frunció el ceño. .D .Bdia ¿Dejarte el collar? ¿A qué te refieres? .Edia .D .Bdia Tengo una idea, .Edia dije, y se la expliqué con tranquilidad, esperando que el espectro dentro del collar no reaccionara de pronto y tomara el control del cuerpo de Livon, echando a perder todos mis planes. .P Finalmente, Livon suspiró. .D .Bdia Entiendo. Gracias, Drey. Tu idea es lógica. Pero no es justo que te quedes con el collar. Puedo acompañaros y… .Edia .D .Bdia Imposible, .Edia lo corté con calma. .Bdia En la isla de Taey no entran los extranjeros. Ni siquiera los amigos. .Edia .P Livon frunció el ceño. Hubo un silencio. Y entonces murmuró: .D .Bdia Yo fui quien metí la pata permutando con el dokohi. .Edia .D .Bdia Y yo no pude detener a los espectros para que no se llevaran a Orih, .Edia repliqué. .Bdia Averiguaré su paradero. Tú prepárate para ir a buscarla, reúne mapas de la zona este de Lédek, todo señala que la base de los dokohis se encuentra por ahí… Si puedes, interroga al ex-dokohi barbudo. Despertó ayer, pero según Yeren sólo recuerda que estaba recogiendo setas en un túnel y que unos tipos lo acorralaron, de eso hace ocho meses. No se acuerda del resto… Pero interrógalo más a fondo. Dentro de tres semanas, nos encontraremos en el puerto de Kozera en la taberna de .Sm -t nomlieu La Ola de Oro y te diré lo que haya averiguado. .Edia .P Otra persona habría dado más contra-argumentos, pero Livon no era así, era alguien directo, que respetaba las decisiones de sus compañeros y confiaba en ellos. Asintió. .D .Bdia Tres semanas, .Edia repitió. .D .Bdia Para estar seguros, .Edia dije. Livon asintió de nuevo, inspiró… y lo detuve resoplando: .Bdia ¡Espera! Cuando permutes, probablemente te quedarás inconsciente como el humano barbudo… Cuando despiertes… .Edia .D .Bdia Diré que no me acuerdo de nada, .Edia aseguró Livon con paciencia. .Bdia No soy tonto, Drey. No traiciono a mis amigos. .Edia .P Me ruboricé, e hice una mueca. Que me traicionara o no, no iba a cambiar gran cosa. Al fin y al cabo, a los caballeros de Ishap no les costaría entender quién había sido el autor del agujero: un destructor. Y probablemente yo era el único destructor en kilómetros a la redonda. .D .Bdia Ya… Hay un último asunto, .Edia dije. .Bdia Se trata de Tchag. O lo llevamos a Taey y le pido a mi madre que lo examine para descubrir de dónde viene… o rompo su collar ahora, sabiendo que siempre hay un riesgo. Dejo la decisión en tus manos… pero decídete rápido. .Edia .P Livon se quedó un momento en silencio. Eché una ojeada nerviosa hacia la puerta entreabierta. Esperaba que ningún guardia tuviese la tarea de ir a comprobar la situación del preso. Llevábamos tan sólo unos minutos ahí pero… .D .Bdia Está bien, .Edia dijo de pronto Livon. .Bdia Destruye el collar. .Edia .P Eso significaba renunciar a la información del collar. Livon agregó con decisión: .D .Bdia Me importa poco de dónde venga Tchag. Ahora es un Ragasaki. No importa su pasado. .Edia .P No hice preguntas. Dejé la piedra de luna y el diamante de Kron en manos de Yánika y me acerqué al imp. Me agaché, clavé mis ojos en los suyos, bien abiertos, inocentes y expectantes, y le murmuré con suavidad: .D .Bdia Todo va bien. .Edia .P Si pensaba poder quitarle el collar sin problemas, era porque este estaba considerablemente más suelto y era más fino que el de Livon… y porque en aquellos dos meses me había dado cuenta de que la piel del imp era bastante más dura que la de un saijit. Me quité un guante, lo coloqué entre el collar y el cuello de Tchag para protegerlo y me concentré, examinando el hierro negro. Entonces, con toda la precisión de la que fui capaz, apliqué la presión. El hierro se quebró. Sonreí mentalmente. Había funcionado. Hice lo mismo del otro lado y el collar cayó en dos trozos sobre el suelo, produciendo un sonido metálico fuerte. Afortunadamente, el sortilegio de Sanaytay debía de haber absorbido el ruido para que no saliera de la celda. Inmediatamente, Tchag se desplomó, y el aura tensa de Yánika se hizo aún más pesada. .D .Bdia ¡Tchag! .Edia se preocupó Livon, agitándose en sus cadenas. .D .Bdia Está bien, .Edia aseguré levantándome y poniéndome de nuevo el guante. .Bdia Su respiración es más fuerte que la que tenía el barbudo. .Edia .P Eché una mirada hacia el collar. Notaba energía dentro, por lo que el espectro debía de estar aún encerrado, ¿verdad? Un espectro no era nunca del todo invisible: tenía que materializarse de alguna manera. Y yo no veía nada. Recogí los dos semi-círculos, me alejé en la celda, me senté y comencé a estallarlos. Reduje uno entero en unos cuantos trozos. Agarraba el otro pedazo cuando Sirih entró en la habitación mascullando: .D .Bdia ¿Qué diablos estáis haciendo? .Edia .D .Bdia Destruyo un espectro, .Edia contesté, concentrado. .P Sirih se acercó. Hubo un silencio. Y un perplejo: .D .Bdia ¿A qué estás jugando? .Edia .P Alcé la cabeza y Yánika carraspeó. .D .Bdia Hermano… No tenemos tiempo para eso. .Edia .P Eran precauciones, me dije. Pero Yánika tenía razón. No tenía tiempo para ser tan esmerado. Así que abandoné el segundo trozo y regresé junto a Livon. Los ojos de este me parecieron de pronto más pálidos, pero cuando lo volví a mirar se habían oscurecido. .D .Bdia Bien. Livon… ¿estás .Sm seguro de que podrás permutar y dejarme el collar? .Edia .P Livon hizo una mueca. .D .Bdia Si me quedé con él, supongo que podré deshacerme de él, pero no estoy seguro. .Edia Ante mi expresión sombría, añadió con una sonrisa optimista: .Bdia Puedo permutar tres veces. Lo que nos da tres oportunidades para conseguirlo. .Edia .P .Bdm Yo lo ayudaré, .Edm intervino Myriah. .P Enarqué una ceja. Cierto. La había visto tanto tomar el papel de jugadora de Erlun que había olvidado que Myriah era una permutadora como Livon. No pregunté hasta qué punto sus artes de permutación eran más afinadas que las de su alumno y me encogí de hombros. .D .Bdia Entonces, adelante. .Edia .D .Bdia ¿No me quitas antes las cadenas? .Edia preguntó Livon. .P Negué con la cabeza. .D .Bdia Me tienes que dejar el collar .Sm y los hierros. Cuando me quede con el collar, quiero estar bien atado. Es una medida de precaución temporal. Por eso, en vez de tres oportunidades, en realidad sólo tenemos dos, porque si fallas la primera permutación, tendrás que perder la segunda para volver a estar con los hierros y dejármelos en la tercera. ¿Entiendes? .Edia .D .Bdia Er… ¿Vas a encadenarte por el espectro? Pero… si puedes romper las cadenas, él también podrá hacerlo, .Edia objetó Livon. .D .Bdia Eso no está tan claro, pero por eso dije ‘temporal’, .Edia apunté. .D .Bdia Tâ… ¿Podéis dejar de charlar como si estuvierais en un laboratorio? .Edia se quejó Sirih. .Bdia Si bajan los de Ishap, estamos acabados. .Edia .D .Bdia Cierto. .Edia Me volví hacia Livon. .Bdia Normalmente no debería transformarme si Yánika está a mi lado. Si sale mal, cuento con vosotros para darme un buen garrotazo. .Edia .P Señalé la barra de metal que le había dado a mi hermana aquella misma tarde. Livon palideció. .D .Bdia ¿No sería mejor un… no sé, un dardo con sedante rápido o algo así? .Edia .D .Bdia Para una persona normal, lo sería, .Edia convine. .Bdia Pero los sedantes no actúan igual sobre mí. Por el Datsu, .Edia confirmé ante su expresión sobrecogida. .Bdia Venga, hazlo. .Edia .P Miré a Livon a los ojos y esperé. El aura de Yánika estaba cargada de tensión, algo bueno porque cuanto más fuerte era su aura menos posibilidades de que el espectro pudiera controlar nada. Sanaytay y Sirih estaban junto a la entrada, vigilando el pasillo. .P De pronto, sentí como si una fuerza enorme estuviera absorbiéndome, o más bien absorbiendo mi mente. Era un poco como lo había descrito Livon, pensé: como un djinn siendo engullido y encerrado en una lámpara. Sentí el metal en mis muñecas y mis tobillos, sentí dolor y… un tremendo odio. Un odio horrible, impensable, inaguantable, aún más extraño que el rencor que profesaba Kala hacia los saijits. Un odio puro que intentaba arrinconarme en mi propia mente para hacerse dueño de mí. Pero, en un instante, el odio dejó de afectarme y golpeó contra un velo protector y aterrado que lo rechazó. ¿Esa sería el aura de Yánika? En cualquier caso, en cuanto el odio se alejó, sentí cómo el Datsu se desataba de pronto como una oleada. Dejé de sentir nada, pero… seguía siendo yo. .P Encadenado con los hierros, abrí los ojos. Vi a Livon desplomado en el suelo, inconsciente. La piedra de luna iluminaba la habitación lo suficiente para ver que Yánika y las armónicas me contemplaban, expectantes. .D .Bdia ¿Ha funcionado, verdad? .Edia preguntó Sirih. .P Me había quedado con el collar y el espectro no me había dominado. Sí. Había funcionado. Asentí y rompí los hierros de mis muñecas y mis tobillos. .D .Bdia Todo en orden, .Edia dije. .P Pasé junto al cuerpo de Livon sin detenerme y salí de la habitación. Creo que en ese momento sólo Yánika se dio cuenta del detalle: mi corazón se había quedado frío como una piedra. .P Pero seguía siendo yo. .Ch "El Aristas" .\" 26/06/2019 .Bcita ¿Quiénes somos sin sentimientos? .Ecita .autor-cita "Yánika Arunaeh" .salto A través de mi máscara de destructor, veía a Yánika, sentada en el asiento de enfrente del teleférico que bajaba a Kozera. Jiyari se encontraba a mi lado, dibujando. .P Me había costado más de lo acostumbrado entender lo que pasaba. Nos habíamos despedido demasiado rápido de las armónicas para que pudiera analizar su comportamiento, pero el de mi hermana y el de Jiyari me bastaban para entender que algo en mi plan no había funcionado del todo. Durante la bajada en vagón hasta Ámbarlain, había estado reflexionando sobre el caso a solas, no pudiendo hablar de ello en voz alta por culpa de los oídos indiscretos. La conversación que había tenido con Yánika en el camino hacia el teleférico que salía de Ámbarlain para Kozera había sido más productiva que mis cavilaciones y me había confirmado que, efectivamente, mi Datsu me impedía sentir como lo hacía normalmente. Sin embargo, no me explicaba por qué Yánika y Jiyari actuaban tan raro. Los dos estaban sombríos, a mi parecer. Aunque no sabía si por abatimiento, cansancio, tristeza o decepción o qué. Era difícil determinarlo. Al cabo, me decidí a preguntarlo. .D .Bdia No habéis dicho una palabra en mucho tiempo, .Edia advertí. .Bdia ¿Es porque estáis cansados? Deberías dormir, Yani. El teleférico este tiene seis etapas y esta es la más larga. No llegaremos a Malafad hasta el fin de ciclo. Te despertaré cuando… .Edia .D .Bdia No es eso, .Edia me cortó Yánika. .Bdia No estoy cansada. Estoy bien. .Edia .P No lo dudé. A Yánika no le gustaban las mentiras. La miré a través de mis ojos protectores… y ella bajó la vista hacia sus manos. El silencio volvió a caer entre nosotros. Las voces de los demás pasajeros me alcanzaban con nitidez. Los sentados más cerca callaban, pero más lejos uno hablaba de su tía enferma y otro de las excelentes lupas que fabricaban en Donaportela… Me dio un repentino picor en la frente y fui a quitarme la máscara pero Jiyari me lo impidió con la mano y un: .D .Bdia No puedes. .Edia .P Era la tercera vez que me lo decía. Al parecer, mi Datsu se había desatado tanto que tenía los ojos rojos en fondo negro, algo antinatural que podía «provocar malas reacciones a mi alrededor» y causar problemas. Mi razón y experiencia me decían que Jiyari estaba en lo cierto, así que olvidé el picor y dejé caer la mano sobre mi regazo. .D .Bdia Perdón. .Edia .P Eché un vistazo por la ventanilla. Esta estaba cada vez más opaca por la suciedad. No, me fijé. No era suciedad: eran insectos. Había oído hablar del larguísimo teleférico que salía de la provincia de Ámbarlain y bajaba hasta Kozera. Tenía en total cinco paradas intermediarias, seis tramos. Y uno de ellos pasaba por una caverna llena de hormigas azules voladoras. Uno de los numerosos problemas del nuevo teleférico del que se vanagloriaban los kozereños: las hormigas azules estropeaban los cables y obligaban a los transportistas a tener a gente revisándolos constantemente. .D .Bdia ¿Por qué no me escuchas? .Edia dijo de pronto Yánika. .P Desvié los ojos de las hormigas azules y miré a mi hermana. Yánika sentía algo. Algo negativo. Un sentimiento desagradable por no entender surgió en mí… y se zambulló en el vacío. .D .Bdia No has dicho nada, Yani, .Edia le hice notar, tras un silencio. .Bdia No puedo escucharte si no me dices nada. .Edia .P Yánika suspiró y meneó la cabeza. .D .Bdia No te hablo con palabras. Pero deberías sentir lo que te dice mi aura. Me prometiste que volverías. .Edia .P Esa era la otra frase que me había repetido varias veces en Ámbarlain. Vuelve. Aquello me hizo acordarme de la carta que me había enviado Madre. Vuelve. Escrito con letras mayúsculas y tinta de un azul parecido al de las hormigas que se pegaban a la ventanilla. .D .Bdia Otra vez, .Edia murmuró Yánika. .Bdia Inténtalo otra vez. Por favor, hermano… .Edia .P Sus ojos negros brillaban. Lloraba. ¿De tristeza? Fruncí el ceño y le repetí lo que le había dicho entonces: .D .Bdia Lo siento, Yánika. No lo consigo. Pero lo seguiré intentando, .Edia aseguré. .Bdia Te lo prometí. .Edia .D .Bdia Más te vale, .Edia murmuró Jiyari. .Bdia Un Pixie sin sentimientos no es un Pixie. Tranquila, Yánika. Tu familia sabe mucho de bréjica… Lo ayudarán. .Edia .P Yánika asintió, volviendo a clavar la mirada en sus manos. Jiyari continuó dibujando a lápiz en su cuaderno. Y yo seguí meditando sobre mí mismo y mi entorno y, de paso, observaba las hormigas a través de mi máscara. .salto En los Subterráneos, sólo los modernos y vanguardistas hablaban de «noche» para referirse al tiempo típico de sueño en un determinado lugar. Se lo llamaba comúnmente .Sm -t erare o-rianshu , «gran tiempo de descanso», en contraposición a .Sm -t erare rigú , «tiempo de actividad», que señalaba el tiempo del día entre el cual la mayoría de la gente desayunaba y cenaba. Sentado sobre un borde de piedra en la gran plaza de Doneyba, última parada antes de Kozera, estaba pensando en la terminología y en lo mucho que podía afectar la luz de las piedras de luna o del sol en una civilización cuando Jiyari regresó de la cola del teleférico diciendo: .D .Bdia Malas noticias. El último tramo está en obras. Hace unas horas, se estrelló una cabina de mantenimiento y murieron tres trabajadores. .Edia .P Sentada junto a mí, Yánika inspiró con brusquedad. Jiyari me contempló, sin poder mirarme realmente porque seguía llevando la máscara. .D .Bdia ¿No te parece triste? .Edia .P Enarqué las cejas. .D .Bdia Claro. Pero tomaremos otra ruta. Seguro que la compañía habrá puesto anobos gratis… .Edia .P El resoplido de Jiyari me interrumpió. .D .Bdia No hablaba de eso. Hablaba de los tres trabajadores que murieron. .Edia .P Me sentí confuso. .D .Bdia Ya… Claro. Perdón. Murieron. Es normal. .Edia .D .Bdia ¿Es normal que se mueran? .Edia .D .Bdia No, .Edia dije, frunciendo el ceño. .Bdia Quiero decir… sí. Es normal que, si mueren, sea triste. ¿No? Por eso no hablé de ello, .Edia me defendí. .P Jiyari se quedó mirándome unos segundos antes de menear la cabeza. .D .Bdia En fin… La compañía ofrece buñuelos gratis para hacerse perdonar. Hay buñuelos de zorfo, .Edia insistió. .Bdia ¿Tenéis hambre? .Edia .P Yo aún estaba intentando sopesar la intensidad de mi hambre cuando Yánika me agarró de la mano y estiró para que me levantara. .D .Bdia Te encantan los zorfos, hermano, .Edia dijo con una sonrisilla. .Bdia Claro que tienes hambre. .Edia .P Era la primera vez que la veía sonreír desde que habíamos salido de Firasa. Era un buen signo, pensé. Y me encogí de hombros. .D .Bdia Si tú lo dices. .Edia .P Tras comer unos cuantos buñuelos, esperamos con el resto de viajeros en una esquina de la plaza. Doneyba tenía apenas quinientos habitantes, pero la plaza bullía de vida. De un lado, se alzaban las casas, del otro se abría un enorme abismo con gigantescas columnas y una amplísima caverna. Abajo, había una tierra cubierta de humareda, luego un bosque, un poco más lejos unas colinas de hierba azul con campos, y más allá, la villa portuaria de Kozera junto al mar de Afáh. Y aún más allá, estaba la isla de Taey. Sólo que no se veía. Las luces de Kozera, en cambio, destacaban. .D .Bdia Por más que se contemple, la Villa del Mar sigue siendo igual de hermosa, ¿eh? .Edia .P La voz a mis espaldas me hizo girarme. Era un humano de barriga prominente y ropa flamante. Se inclinó con cierta dificultad y dijo: .D .Bdia Buen .Sm -t erare rigú , mahí. Me llamo Yamel Afyhraga, sub-director de la compañía del teleférico. ¿Formas parte de los viajeros a Kozera, verdad? No he podido más que fijarme en tu máscara de destructor y estaba preguntándome si aceptarías un pequeño trabajo para arreglar uno de nuestros problemas. Si es que tienes tiempo, por supuesto. .Edia .P Hubo un silencio. Entonces el sub-director carraspeó. .D .Bdia Esto… Verás. Cuando cayó la cabina de mantenimiento, lo hizo en el Aristas, una zona llena de estalagmitas justo ahí abajo. Y el problema es que una de las estalagmitas se desmoronó y otra está a punto de hacerlo. Si fueses tan amable de destruir esta última antes de que nuestro equipo de rescate se acerque a la cabina… .Edia .P Hubo otro silencio. El sub-director se puso rojo. .D .Bdia Entiendo… Debí haberme fijado, ya estás trabajando en otro asunto, ¿verdad? .Edia .P Negué con la cabeza. .D .Bdia No. No estoy trabajando. Y seré tan amable de destruir la estalagmita. Tenemos que hablar de precios. .Edia .P El sub-director inspiró y asintió con energía. .D .Bdia Sí. Claro. Tu precio es el mío. .Edia .P Fruncí el ceño detrás de mi máscara. ¿Tenía que elegir un precio? Bueno… Ese tipo de trabajo era considerado trabajo urgente y a la vez de una dificultad media. Pregunté: .D .Bdia ¿Qué altura tiene la estalagmita? .Edia .D .Bdia ¿Eh…? ¿Altura? Bueno… ¿Unos seis metros? Es enorme. .Edia .D .Bdia No, es mediana, .Edia repliqué. .Bdia ¿Qué circunferencia en la base? .Edia .D .Bdia Yo… No la he medido. ¿No será mejor que la veas simplemente? Puedes bajar por el montacargas de mantenimiento. Está asegurado. Por cierto, hablando del precio, ¿quinientos kétalos es bastante? .Edia .P Vacilé y asentí. .D .Bdia Es bastante. .Edia .P El sub-director me animó a que lo siguiera. Jiyari murmuró: .D .Bdia No sé si me gusta esto… .Edia .D .Bdia Tengo que bajar contigo, hermano, .Edia dijo Yánika. .P Cierto. Si ella se alejaba, el espectro podría intentar de nuevo controlarme. Aunque… puesto que el aura de Yánika no me alcanzaba, ¿tenía acaso algún efecto? ¿Realmente la necesitaba? No lo tenía claro. .P El sub-director se excusó de que no podía bajar con nosotros porque el montacargas no soportaba pesos como el suyo y dejó amablemente que Jiyari nos acompañara. .D .Bdia El equipo os explicará todo abajo, .Edia aseguró el hombre. .P Sacudió la cuerda, haciendo bajar una pequeña campanilla todo lo largo, para avisar a los de abajo. Entonces, la máquina se puso en marcha y los tres comenzamos a bajar por el gran acantilado de Doneyba, hacia las tinieblas del Aristas. Era una caída libre de trescientos metros. Algo menos que la de la Cascada de la Muerte cuyo tremor del agua se percibía aunque esta se encontraba a más de veinte kilómetros al norte. .D .Bdia El Aristas, .Edia murmuró Jiyari mirando hacia la oscuridad con rostro pálido. .Bdia Dicen que ahí hay todo tipo de bestias, además de pozos de lava y estalagmitas que caen… Espero que el equipo de rescate tenga mercenarios de escolta. .Edia .P Yo examinaba la estructura del montacargas. La madera era de buena calidad pero las cuerdas eran muy viejas y parecía que no se había usado aquella máquina desde hacía bastante tiempo. ¿Cómo habría bajado entonces el equipo de rescate? Tras unos instantes en que tan sólo se escuchaban los crujidos de la cuerda, solté: .D .Bdia No está tan asegurado como lo ha dicho el gordo. .Edia .P Jiyari y Yánika me miraron con ojos agrandados. ¿Estaban sorprendidos? ¿Asustados? Mi hermana, de pronto, dejó escapar una carcajada. Jiyari resopló. .D .Bdia Dice que estamos en peligro, ¿y te ríes? Si nos estrellamos ahora, ni el dios Tatako nos hará una crónica. .Edia .D .Bdia Perdón, .Edia sonrió Yánika. .Bdia Es sólo que no esperaba que llamara al sub-director así. Pero no te preocupes, Jiyari, mi hermano es un gran experto órico: si se rompe la cuerda, nos salvará. ¿Verdad, hermano? .Edia .P Asentí. .D .Bdia Es posible. .Edia .D .Bdia ¿Es posible? ¿No estás seguro? .Edia jadeó Jiyari. .P Lo miré con extrañeza. .D .Bdia Digo que es posible. De modo que os salvaré. Si no fuera posible, no podría hacerlo. ¿Entiendes? .Edia .P Jiyari marcó una pausa, alzó los ojos hacia las estalactitas y se agarró a una de las cuerdas laterales soltando: .D .Bdia Una lógica aplastante. Te entiendo. .Edia .P En silencio, contemplamos las tinieblas que poco a poco nos tragaban. Sólo la luz de las linternas en las cuatro esquinas del montacargas alumbraba la pared irregular del acantilado. Miré esta con atención, examinando la roca. Era variada. Un saliente estaba hecho de rocaperita, una roca fósil con una mezcla de resina y darganita con la que se hacían joyas y vasijas y se acorazaban barcos. Vi mucha roca-musgo, cubierta de un líquido venenoso durante la mitad de su ciclo y de un líquido apestoso en la otra —era con este último que se fabricaba el camún, la bebida alcohólica por excelencia de los subterranienses. Más abajo, vi aparecer un filón de rocarreina. No era típico verla en la caverna de Kozera. De haberle enviado un puño órico, el impacto habría resonado como el mismísimo Gong de Norobi, diosa de la Justicia. Los Pueblos del Agua usaban precisamente la rocarreina para los gongs y las alarmas y también para el famoso Baile de Norobi: cada año en el mes de Osuna, los pueblagüeños sacaban sus castañuelas de rocarreina y bailaban durante todo el .Sm -t erare o-rianshu con el fin de expulsar el veneno del cuerpo de la diosa y resucitarla. Yo nunca había participado en esos bailes, pero los había visto. .P Un súbito bandazo me sacó de mis pensamientos. .D .Bdia Esto me está poniendo nervioso, .Edia admitió Jiyari. .P Observé sus gestos, su mano exageradamente apretada a una cuerda mientras que la otra se limpiaba el sudor del cuello por el calor creciente que subía del Aristas. Asentí. .D .Bdia Ya veo. Pero no tienes por qué. Llegaremos abajo sin problemas. De haber subido el gordo, no habría estado tan seguro, pero nosotros no pesamos tanto… .Edia .P Me interrumpió la carcajada de Yánika. Alguien podía reír de alegría o de nerviosismo y me pregunté qué clase de risa era esa. Me interesaba saberlo porque, a fin de cuentas, Yánika era mi hermana y mi razón me decía que debía ocuparme de ella. .D .Bdia ¿Tú también estás nerviosa? .Edia le pregunté. .P Yánika se pasó una mano por un ojo y esta vez sentí algo, creo. Sí. Sentí preocupación. Porque había visto una lágrima. .D .Bdia ¿Estás llorando? .Edia .D .Bdia No… .Edia aseguró mi hermana. Y me miró con atención. .Bdia Por un momento… he pensado que estabas volviendo. .Edia .D .Bdia Pensar es fácil, .Edia repliqué. .Bdia Pero no puedo volver si ya estoy contigo. .Edia .P Yánika me enseñó un mohín infantil. .D .Bdia Ya sabes a qué me refiero, hermano. Confío en ti. Volverás. .Edia .P Su imagen para hablar de mi Datsu era una inútil complicación que no correspondía a nada de manera acertada. Pero no se lo dije porque ya estábamos llegando abajo, donde nos aguardaba un hombre encapuchado con una linterna posada a sus pies. Aterrizamos sobre una estructura de madera y salimos. El encapuchado se inclinó respetuosamente. .D .Bdia Yey, bienvenido, destructor. Te estábamos esperando. Por aquí. .Edia .P En las sombras, había otros saijits, me fijé. ¿El equipo de rescate? El aire se movió a mi alrededor. Tres a la izquierda. Cinco a la derecha. Vi aparecer las sombras encapuchadas en las tinieblas del Aristas. Uno tenía zapatos verdes. El que nos había hablado tenía botas de cuero viejo, un cinturón dorado y un galón en la capucha con un signo escrito en rojo. No. No era un signo. Era sangre. Me detuve. .D .Bdia ¿Sois el equipo de rescate? .Edia .D .Bdia No lo parecen, .Edia murmuró Jiyari. Me agarró del codo, tembloroso, como para estirarme de nuevo hacia el montacargas. .Bdia ¿Ha-has visto? Van armados. .Edia .P Era cierto, todos tenían espadas. ¿Serían los mercenarios de escolta? .D .Bdia Siento el engaño, .Edia dijo entonces el del galón. .Bdia No sé qué os habrá contado nuestro agente para atraeros hasta aquí, pero no hay ni rescate ni diamantes en este lugar. Os lo explicaré. Seguidme. .Edia .P Jiyari, de tez habitualmente bronceada, se había puesto pálido. Mal signo. De modo que la historia del gordo sobre la estalagmita a punto de caerse era una mentira. Probablemente lo de «sub-director» fuera falso, entonces. Pero… .D .Bdia ¿Y el accidente de la cabina de mantenimiento? .Edia pregunté. .Bdia ¿Eso también era mentira? .Edia .D .Bdia A-ahora que lo pienso, .Edia intervino Jiyari en un murmullo, .Bdia uno del teleférico dijo algo sobre el Bosque de Gan… La cabina debió de caer más lejos. No en el Aristas. L-lo siento. Ya me parecía que ese humano tenía cara demasiado buena para ser sub-director pero aceptaste tan rápido… ¿S-se puede saber quiénes sois? .Edia añadió, alzando una voz insegura. .D .Bdia No tenéis por qué saberlo, .Edia replicó el del galón. .Bdia En marcha. .Edia .P Los nueve encapuchados nos hicieron caminar a través de un bosque de pilares rocosos. Todos los alrededores estaban compuestos de roca ígnea y vi más de una grieta en el suelo rocoso por el que se escapaban humaredas de humo cálido. Por lo que la lava aún seguía fluyendo ahí abajo, entendí. Me agaché para tocar una pequeña estalagmita y de pronto una mano me agarró del brazo con fuerza. ¿Jiyari? No, uno de los encapuchados. .D .Bdia Nada de trucos raros, .Edia me masculló. .P Estaba aún analizando la situación cuando llegamos a una pequeña cueva metida dentro del enorme acantilado y nos pidieron que nos quitáramos las mochilas. .D .Bdia ¿Armas? .Edia preguntó uno. .D .Bdia Soy el único en tener una, .Edia contesté. .P Y saqué una navaja, que generó risitas entre los encapuchados. .D .Bdia Eso no es un arma, hombre, .Edia dijo uno, y me la dejaron. .P Yo iba a decirles que, a mi ver, sí que era un arma, y potencialmente igual de mortífera que una espada pero la súbita inspiración aguda de Jiyari junto a mí me desconcentró. Ante nosotros, el del galón se había quitado la capucha, desvelando su rostro. Era un kadaelfo de mediana edad, de pelo negro largo y liso y de cara alargada, atravesada por numerosas cicatrices, entre las cuales una iba de la ceja al mentón pasando por un ojo. En su frente, llevaba una gran elipsis marcada al rojo vivo. El Ojo de Norobi, entendí. Los justicieros de Dágovil recurrían a esa técnica sobre ciertos criminales especiales. .D .Bdia Eres un antiguo prisionero, .Edia observé. Y eché un vistazo a los demás encapuchados. .Bdia ¿También ellos? .Edia .D .Bdia Lo dicho, .Edia dijo el del galón, .Bdia no necesitáis saber quiénes somos. Sabed simplemente que estábamos atravesando el Aristas con nuestros anobos cuando sufrimos un ataque de nadros y nos quedamos atascados aquí abajo con un cofre que pesa como un dragón. No teníamos dinero para comprar nuevos anobos, así que le encargamos a un tipo que nos hiciera venir a un destructor a cambio de una promesa. Tu trabajo, pues, consiste en abrir este cofre. Lo abres y os vais con una grata recompensa. ¿Alguna queja? .Edia .P Mi atención se había centrado en el cofre que había señalado en un momento. Me acerqué sin que nadie me lo impidiera y me agaché, posando una mano sobre la tapa. Tenía un tamaño de un metro y medio sobre unos cuarenta centímetros de alto. Un verdadero baúl. Tras unos instantes, parpadeé, confuso. No reconocía el material. Ni siquiera el de la cerradura. .D .Bdia Esto… no es metal, .Edia dije. .Bdia ¿Qué es? .Edia .D .Bdia ¿Tú eres el destructor, no? .Edia me espetó el del galón. .Bdia Y por cierto, ya que he tenido la educación de mostrar mi rostro, me gustaría que me correspondieras. .Edia .P Cierto, aún llevaba la máscara. Pero no podía quitármela y enseñar mi rostro tal vez gris ceniciento y de ojos rojos y negros. Encontré un argumento convincente: .D .Bdia Como sabrás, es una máscara de destructor. La necesito para trabajar. .Edia .P Me senté junto al cofre y posé ambas manos sobre el misterioso material. ¿Textura leñosa? Hubiera podido ser, pero incluso así me resultaba extraña. No era varadia. Y desde luego no era metal. .D .Bdia ¿Habéis probado el fuego? .Edia pregunté. .P Hubo un silencio. .D .Bdia ¿Pero qué clase de destructor eres? .Edia masculló el del galón. .Bdia No queremos destruir lo que está dentro. Si dañas el contenido, lo pagarás con tu vida. ¿Entiendes? .Edia .P Entendía que me estaba amenazando. Giré la máscara hacia él, posé mis ojos sobre Yánika y Jiyari bien vigilados por dos encapuchados y me pregunté por qué mi hermana no los estaba afectando con su aura. Cada vez que había algo amenazante, solía reaccionar de esa manera. Claro que todavía no había ocurrido nada realmente irreversible. Y el del galón, pese a todo, no parecía ser un bandido que mataba sin razonarlo antes. Asentí al fin sin una palabra y me interesé de nuevo por la caja fuerte. No llegué a ninguna conclusión. En realidad, no estuve examinando el material, sino reflexionando sobre mi situación. Era consciente de que, en mi estado, mis capacidades de análisis estaban en cierto modo en ventaja y desventaja. Ventaja porque las emociones no me importunaban. Desventaja porque, precisamente, las emociones ayudaban a tomar decisiones, a evaluar la importancia de las cosas y a ir más rápido a lo esencial. Y yo carecía de esa capacidad. Por lo que necesitaba más tiempo. .D .Bdia Me va a tomar tiempo, .Edia dije al fin. .Bdia Pero la abriré. .Edia .D .Bdia Cuento con ello. .Edia .P Así, el del galón me dejó tranquilo con mi tarea, mandó que Jiyari y Yánika se sentasen no muy lejos y advertí que varios encapuchados salían de la cueva. .D .Bdia Van a vigilar los alrededores, .Edia explicó el del galón. .Bdia Hace unos días que llegamos y los nadros siguen acechándonos, pero estaréis bien mientras os quedéis en la cueva. .Edia .P Una manera de decir: no podéis escapar. Asentí en silencio y volví a centrarme en la caja. Ignoraba cuánto tiempo había pasado cuando oí, no muy lejos de ahí, un gruñido seguido de una explosión. Un nadro, pensé. Los nadros explotaban una vez muertos. Cerré los ojos y concentré mi órica en un punto de la cerradura. Había soltado ya unos cuantos sortilegios imprecisos para tantearla y ahora tentaba mi suerte. No funcionó. Fruncí el ceño. Aquella caja… ¿con qué clase de material estaba hecha? .P Fue entonces cuando tuve una iluminación. ¿Había dicho que no era metal? ¿Acaso yo conocía todos los tipos de metales? Casi todos. Pero no todos. Y aquel… sí, aquel coincidía con las características de una aleación que había estudiado una vez, hacía tiempo. O más bien «ojeado» más que estudiar, porque siempre me habían interesado más los minerales que las aleaciones. Se trataba de una aleación metálica flexible, difícilmente rompible por la fuerza bruta, pero podía ser cortada con un filo muy preciso. No por una espada, pero sí por un filo de órica. Sin embargo… ni recordaba bien qué elementos eran utilizados para fabricarla ni recordaba el nombre de la aleación. ¿Acero de Bertenio? No, no era acero. ¿Corvrio? Tampoco. Todas ellas eran aleaciones extraordinarias, pero de distintas características. Estaba casi seguro de que el herrero Pad de la forja me había hablado de ella… Buscaba el nombre con suma concentración cuando Yánika dijo de pronto: .D .Bdia Hermano. Hace un buen rato que no sueltas sortilegios a la caja. ¿Es normal? .Edia .P Parpadeé, la miré a través de mi máscara y carraspeé. .D .Bdia Perdón. .Edia Tendí la mano hacia la cerradura, seguro ahora de lograr romperla, pero me detuve. .Bdia Yánika. Estos hombres… ¿te asustan? .Edia .P Yánika hizo una mueca. .D .Bdia Claro que me asustan. Son criminales. Jiyari dice que la caja… .Edia .P Jiyari le tapó la boca y entendí que no quería que los encapuchados oyeran lo que había dicho sobre la caja. ¿Alguna información que había descubierto? .D .Bdia ¿Qué dice? .Edia preguntó el del galón. Se había sentado sobre una roca de la entrada, jugueteando con una piedra de granito. .Bdia ¿Qué dice el rubio sobre la caja? .Edia .P Yánika se había puesto pálida. Hubo un silencio. Entonces, Jiyari balbuceó: .D .Bdia No he dicho nada. .Edia .D .Bdia ¿En serio? ¿Entonces por qué estabas mirando el lado de la caja con tanto esmero? Te habrás fijado seguramente en el signo medio borrado. .Edia .P Lívido, Jiyari no giró la cabeza hacia la caja y no contestó. El del galón sonrió. Una sonrisa torcida, me fijé. No era una sonrisa amigable. .D .Bdia El Gremio de las Sombras de Dágovil, .Edia dijo, .Bdia nos ha causado más sufrimiento que lo que pueden pagar las riquezas que haya en ese cofre. .Edia Giró de pronto sus ojos hacia mí. .Bdia Vuelve al trabajo. .Edia .D .Bdia El trabajo ya está terminado, .Edia dije. .Bdia Sé cómo abrir tu cofre. Pero antes tengo que hacerte una pregunta. .Edia .P Los ojos del del galón se habían iluminado y los tres encapuchados restantes en la cueva se agitaron. .D .Bdia ¿Sabes cómo abrirlo? .Edia preguntó el del galón levantándose. .Bdia Entonces ábrelo. Luego hablamos. .Edia .P Vacilé y él añadió: .D .Bdia ¿Sabes el odio que les tengo a algunos dagovileses? Es un odio tan fuerte que a veces destiñe y se contagia a los que, como tú, tienen un ligero acento de Dágovil. ¿No querrás que te lo enseñe? .Edia .P Meneé la cabeza. .D .Bdia No lo entendería, .Edia repliqué en un susurro. .P El hombre del galón enarcó una ceja. .D .Bdia ¿No lo entenderías? .Edia .D .Bdia El odio, .Edia expliqué. .Bdia Para entenderlo, antes hay que sentirlo un mínimo. .Edia .P Ajeno a su reacción, me giré y posé la mano sobre la cerradura. Si tan sólo pudiera acordarme del nombre de esa aleación… Me acordaba del esquema sobre su composición y textura, me acordaba de sus características generales, pero no recordaba el nombre. No importaba, razoné. No importaba el nombre. Lo que importaba era abrir la caja y ser liberados de esos hombres. .P Precisé el sortilegio, lo afilé y lo lancé. La cerradura emitió un cliqueteo muy débil. Pero no levanté la tapa. .D .Bdia Si hay ahí dentro un tesoro, .Edia dije, .Bdia y si lo habéis robado al Gremio de Dágovil, significa que no os pertenece. Por consiguiente, probablemente no querréis tener testigos. Matarnos sería una manera de acabar con el problema. Pero yo no debo morir, porque aún tengo que proteger a mi hermana y cumplir con mis promesas. De modo que, si elegís esta opción, estallaré la cueva y os aplastaré a todos. Sin embargo, si elegís dejarnos ir, no hablaré del cofre y mis hermanos tampoco lo harán. .Edia .P Hubo un profundo silencio. Entonces, Jiyari repitió en un murmullo: .D .Bdia ¿Tus hermanos? .Edia .P Lo miré y ladeé la cabeza. .D .Bdia Tú y yo no lo somos de verdad, .Edia admití, .Bdia pero… sentí que lo éramos. .Edia .P Los ojos de Jiyari se encendieron. .D .Bdia ¿Lo sentiste? .Edia .P Marqué una pausa. .D .Bdia No, no siento nada, sólo creí… .Edia .D .Bdia ¿Quieres abrir la caja de una maldita vez? .Edia me espetó el del galón e imprecó: .Bdia .Sm Kasrada… Ya basta de parloteos. Abre el cofre, destructor. Te aseguro que si lo haces saldréis de aquí con vida. .Edia .P Me levanté y me giré hacia él. El kadaelfo tenía los ojos entornados y los labios torcidos en una mueca… ¿impaciente? ¿colérica? ¿aburrida? Por Sheyra… qué lejos estaba de comprender nada. Entonces, anuncié: .D .Bdia Ya está abierto. .Edia .P Aquello generó otra pausa. Probablemente por la sorpresa. Entonces, el del galón se adelantó y entreabrió la tapa para comprobar que lo que decía era cierto. Hubo exclamaciones de asombro. Tenían que ser de asombro, ¿verdad? Entonces, el del galón volteó hacia mí. Su expresión había cambiado. Sonreía con los labios apretados en una fina línea. .D .Bdia Sin duda. Que sepas que no mato a la gente que me complace. Espera afuera a que te dé la recompensa, pero antes dime tu nombre y enséñame tu rostro. .Edia .P Inspiré. Espiré. Inspiré. Espiré… Así durante un rato hasta que contesté: .D .Bdia Tú no me has dado tu nombre, pero me has enseñado tu rostro. Yo no te enseñaré mi rostro, pero te daré mi nombre. ¿Te parece justo? .Edia .P El del galón hizo una mueca y, de pronto, se rió. .D .Bdia Qué tipo más raro eres. Me parece justo. .Edia .P Incliné levemente la cabeza. .D .Bdia Drey Arunaeh. .Edia .P No obvié cómo sus ojos se agrandaron levemente, pero no le di especial importancia, ni tampoco a la mirada fija que le echó a Yánika. Sin embargo, se la di cuando dijo con voz profunda: .D .Bdia Arunaeh… ¿eh? Conocí a un Arunaeh. Un inquisidor. En Makabath, la cárcel de Dágovil. .Edia Sus labios se habían torcido en una mueca antinatural. .Bdia Soy un hombre de honor. Cumpliré con mi palabra y te dejaré ir. Pero ahora que sé que tu familia es un antro de monstruos capaces de destruir la mente de la gente sin ningún escrúpulo… he de decir que me cuesta no desenvainar la espada y decapitarte en este mismo instante así que… desaparece de mi vista. .Edia .P No me lo hice repetir. No era tan extraño que un grupo de antiguos prisioneros, tal vez fugitivos, odiasen a los Arunaeh. Probablemente estuviera hablando de mi tío Varivak de Dágovil. Era un inquisidor. Y, como unos cuantos miembros de nuestro clan, se dedicaba a sacar respuestas con bréjica y técnicas de presión psicológica. Incliné la cabeza, le di la espalda y dije: .D .Bdia Yánika. Jiyari. Nos vamos. .Edia .P En un profundo silencio, recuperamos nuestras mochilas y salimos de la cueva bajo la mirada oculta de los encapuchados. El del galón cumplió con su palabra y no nos mandó matar apenas salidos a descubierto. .D .Bdia Por las trece arpías, .Edia dejó escapar Jiyari cuando ya andábamos entre las estalagmitas. .Bdia Creí que no saldríamos de ahí vivos. .Edia .D .Bdia Aún es pronto para decir que vamos a salir vivos, .Edia dije echando una mirada a mi alrededor. .Bdia La explosión que oí hace un rato era la del cadáver de un nadro. .Edia .P Si nos encontrábamos tan sólo con uno de esos dragonzuelos rojos, tal vez pudiera matarlo aplastándolo con una estalagmita… Pero generalmente esas criaturas iban en manada. La situación tenía mal aspecto. .P Volvimos adonde el montacargas pero no teníamos ni idea de cómo pedir que nos lo activasen, de modo que finalmente continué caminando y bordeando el acantilado entre las sombras con una piedra de luna medio tapada en la mano. Yánika y Jiyari se apresuraron a seguirme. .D .Bdia ¿Sabes adónde vas, hermano? .Edia preguntó Yánika. .D .Bdia No, .Edia confesé. .Bdia Pero lo mejor es bordear el acantilado. Si cruzásemos el Aristas y tuviéramos la suerte de no morir, nos encontraríamos en el Bosque de Gan, que también tiene mala reputación, si mal no recuerdo. .Edia .D .Bdia Recuerdas bien, .Edia suspiró Jiyari. .Bdia El Gan es un hervidero de escama-nefandos… Estamos en malas tierras. .Edia .P Lo estábamos. Pero lo único que podíamos hacer era seguir caminando. No conocíamos la región. Y los encapuchados nos habían dejado a nuestra suerte. Tras andar un buen rato en silencio entre estalagmitas y tinieblas casi impenetrables, Yánika murmuró: .D .Bdia Hermano… ¿Qué cosa tan horrible le ha hecho nuestra familia a ese hombre para que se sienta así? .Edia .P No dejé de caminar, pero ralenticé el ritmo y contesté: .D .Bdia Fue prisionero en la cárcel de Dágovil y, por el Ojo de Norobi que tenía en la frente, diría que no fue un prisionero corriente. .Edia Bajo la mirada aún interrogante de Yánika, me quité la máscara y respiré de pleno el aire cálido del Aristas antes de añadir: .Bdia Seguramente, nuestro tío lo interrogó. .Edia .P No dije más y seguí pensando para mis adentros. Llevábamos varias horas dando rodeos en ese laberinto de rocas cuando Jiyari jadeó: .D .Bdia Drey… Creo que Yánika está cansada. .Edia .D .Bdia Tú lo estás, .Edia le replicó Yánika. .D .Bdia Lo estoy porque tú lo estás, .Edia protestó Jiyari. .P Intercambiaron muecas, los miré a ambos y me encogí de hombros. .D .Bdia Entonces, hagamos una pausa. .Edia .P No parecía que fuéramos a salir de aquel lugar rápidamente, de todas formas: no había en aquel paisaje tenebroso más que estalagmitas, desniveles rocosos y, de cuando en cuando, algún arbusto raquítico que salía de la roca como un insecto palo gigante y retorcido. Algunos estaban medio carbonizados por alguna repentina erupción de lava; sin embargo, esta debía de estar más profunda ahora porque no habíamos visto de momento más que volutas grises escaparse de las chimeneas en estalagmitas y grietas. Tumbándose sobre una roca llena de estrías de lava endurecida, Jiyari dejó escapar un largo resoplido. .D .Bdia Hace un calor de muerte. Es como una sauna. .Edia .D .Bdia Las saunas son buenas para la salud, .Edia le hice notar, sentándome en el suelo. .P Jiyari giró la cabeza y me miró. .D .Bdia ¿Esa es una broma? Yánika, ¡ha bromeado! Esa es una buena señal, ¿no? .Edia .P Yánika no parecía tan segura. Parpadeé. .D .Bdia No era un broma, .Edia confesé. .Bdia Pero creo que intentaba mejorar el ambiente siendo positivo. Aunque no lo sienta, entiendo que estáis nerviosos. .Edia .P Jiyari suspiró. .D .Bdia Está bien, seré sincero. No estoy nervioso: estoy muerto de miedo. Esos tipos ¿sabes quiénes eran, verdad? Hace un año oí decir que unos Zorkias habían conseguido evadirse de Makabath. Apuesto un barril de vino que esos tipos eran Zorkias. .Edia .P Zorkias, me repetí. Meneé la cabeza. .D .Bdia Me suena el nombre. ¿Quiénes son? .Edia .P Jiyari me miró con clara incredulidad. .D .Bdia ¿Tú eres de Dágovil o de otro mundo? Los Zorkias fueron una compañía de mercenarios de tu tierra. Antes se dedicaban a aplacar revueltas y a mantener las vías seguras, pero hace dos años, mataron a un alto dirigente de Dágovil junto con una decena de civiles, todos inocentes, y el Gremio de las Sombras los apresó a todos. ¿En serio no te suena? En las tabernas de Kozera se estuvo hablando del tema durante semanas. Hasta se compusieron canciones. .Edia .D .Bdia Mm… Hace dos años, .Edia medité, .Bdia Yánika y yo estábamos en Famessa, del otro lado del mar de Afáh, y no íbamos a las tabernas. .Edia .D .Bdia Por Tatako, sí que habéis viajado lejos, .Edia resopló Jiyari. .Bdia Pues en Kozera se habló mucho de ello, porque el que se murió, el ministro Jabag, iba a casarse justo con una de las princesas más importantes que hay en Kozera y el plan diplomático cayó muerto. No sé por qué lo mataron, pero los Zorkias siempre han sido unos bestias. Cuando el Gremio de las Sombras los pilló, los Zorkias eran casi doscientos. Pero encarcelaron a menos de cien. .Edia .P Fruncí el ceño. .D .Bdia ¿No dijiste que los habían apresado a todos? .Edia .P Jiyari asintió suavemente con las manos detrás de la cabeza. .D .Bdia Sí… A todos los que sobrevivieron a la matanza. .Edia Marcó una pausa. .Bdia Recuerdo que el maestro Jok dejó el templo para asistir en persona a la ejecución del comandante Zorkia… Pero, como a otros muchos, no le permitieron hablar directamente con Harynlor antes de que muriera. Dijo que había algo raro en el asunto… Mi maestro siempre dice eso cuando no le dejan meter los morros. .Edia .D .Bdia ¿Harynlor? .Edia repetí. .D .Bdia El comandante Zorkia. .Edia Y recitó: .Bl -t verse .It Cortaba al público con sus ojos de acero, .It mataba con su corazón de hielo. .It Y ni aun cuando la soga le pusieron al cuello .It sintió en su alma la paz del arrepentimiento. .El .D .Bdia Resumiendo, .Edia dijo Jiyari, .Bdia el comandante era un asesino sin sentimientos y los tipos con los que acabamos de estar estuvieron bajo sus órdenes… y derramaron sangre inocente. .Edia .P Tras un silencio en que estuve meditando sobre sus palabras me fijé en que Jiyari se había quedado dormido. Por más muerto de miedo que estuviese el joven aprendiz escriba, más muerto de cansancio estaba. Un asesino sin sentimientos, ¿eh?, pensé. Cuántas veces se hablaba de sentimientos sin tener ni la más mínima idea de lo que significaba la falta de ellos. Su ausencia no significaba mal ni bien. Sólo significaba vacío. Lo más probable era que el tal asesino no hubiese llegado a comandante de haber carecido realmente de sentimientos. Porque ni le habría apetecido. Como a mí no me apetecía nada en especial en ese momento. Sólo me empujaba la razón. Y me decía: tienes que volver a sentir, tienes que proteger a tu hermana, tienes que salir del Aristas vivo… .P Recostado contra una estalagmita, alcé una mirada hacia las lejanas luces de Doneyba, arriba del todo del acantilado. Apenas se divisaban a través del velo de humo que cubría la zona. En la lejanía, se oía el chisporroteo del vapor entre las grietas y algún crujido. La respiración de mi hermana, tendida a mi lado, seguía irregular e intranquila. .D .Bdia ¿Qué ocurre, Yani? .Edia murmuré con suavidad. .P Percibí su suspiro. .D .Bdia Hermano… .Edia dijo. .Bdia Yo… Tal vez lo que diga Jiyari sea cierto. Pero, en verdad, si no me asusté tanto con esos hombres, fue porque no querían hacernos daño. Lo sentí. Ellos… estaban muy cansados. Y el hombre… el hombre que te hizo abrir la caja, .Edia musitó, .Bdia estaba muy triste. .Edia .P Tendió una mano y agarró la mía. .D .Bdia No creo que ese hombre fuera realmente malo. .Edia .D .Bdia Pocos lo son, .Edia susurré tras un silencio. .Bdia Pero son muchos los hombres que pueden cometer crímenes. La mente es débil. Los saijits son débiles. Tal vez simplemente ese hombre se esté arrepintiendo de su pasado. .Edia .P Yánika no contestó. Se quedó pensativa, cerró los ojos y, poco después, su respiración me indicó que se había quedado dormida. No tardé en imitarla, seguro de que mi sensibilidad a las corrientes de aire me despertaría de acercarse un peligro… No sabía cuánto me equivocaba. .Ch "El Bosque de Gan" .\" 29/06/2019 Mi cuerpo me dolía, me dolía, me dolía… Pero yo no pensaba en él. Yacía sobre un gran campo de flores y alzaba la mirada hacia las nubes. Oía el viento y el trino de los pájaros pero, sobre todo, lograba sentir los rayos cálidos de sol sobre mi piel dura como el hierro negro. .P Un poco más lejos, Jiyari se había agachado ante una gran flor roja y giraba la cabeza, como hipnotizado, a cada oscilación del tallo mecido por el viento. Decía que ver las flores le ayudaba a recordar todo lo bueno… pero sus recuerdos se perdían igual. A la sombra de un gran árbol de hojas verdes, Rao saltaba, jugando a la comba, pero en ese momento dejó de saltar. .D .Bdia ¡Kala! ¡Ven a jugar conmigo! .Edia .P Quería. Realmente quería pese a que ya no era precisamente un niño. Pero no podía. Porque me dolía todo demasiado. Sabiéndolo, Rao se acercó, se sentó a horcajadas sobre mí y clavó sus ojos en los míos. No me veía. Hacía unos meses que se había quedado ciega. Pero decía que veía mi energía. También decía que veía mi alma. .D .Bdia Juguemos, .Edia dijo. .P No contesté. Ya no podía contestarle. Mi voz había desaparecido casi al mismo tiempo que su vista. Poco a poco, nuestros cuerpos se deterioraban. Poco a poco, íbamos hundiéndonos en la nada. .P Levanté una mano hacia su mejilla. Rao tenía ya dieciocho años, pero su cuerpo se había quedado con la apariencia de una niña de doce. Ninguno, en verdad, teníamos apariencia saijit. No éramos como los seres que habíamos visto a través de nuestros velos mientras viajábamos, huyendo del laboratorio masacrado. No éramos como nadie. Éramos unos monstruos. Unos cobayas condenados a la muerte. .P Una lágrima nació en mis ojos. No pude ocultarla: pese a su ceguera, Rao siempre sabía cómo me sentía. .D .Bdia Kala, ¡no llores! .Edia me recriminó. .Bdia Tus ojos se roñarán y dejarán de funcionar. .Edia .P Los tuyos ya no funcionan, pensé. No se necesitan para vivir. Mi mano le acarició el cuello. A través de las yemas de mis dedos, lograba sentir sus escamas. Y sabía que a Rao le gustaba que la tocara. .P Si tan sólo pudiera hablarle, pensé. Si tan sólo supiera hablar por bréjica como Lotus… .P Entonces, le diría… le diría… .P Su rostro se acercó y nuestros labios se tocaron. Sentí placer en medio de tanto dolor. Sentí y entendí que no iba a renunciar a mi vida. Rao posó su frente contra la mía y tras un silencio murmuró: .D .Bdia ¿Le digo a Lotus que estás de acuerdo con el experimento? .Edia .P Me crucé con su mirada ciega, hermosa pese a todo. Asentí en silencio bajo el contacto de sus dedos cubiertos de pelo y la volví a besar. Mi corazón latía con fuerza. Vive, me decía. Vivamos todos juntos y creemos nuestro propio mundo. La voz sorprendida y aun infantil de Jiyari nos alcanzó: .D .Bdia Kala. Rao. ¿Qué estáis haciendo? .Edia .P Sonreí. Mis ojos estaban empañados de lágrimas y me hacían sufrir. Mi sonrisa me hacía sufrir. Pero ya no me importaba. .salto Mi recuerdo se diluyó en un sueño vacío donde ya tan sólo me sentía apresado, aplastado, reducido a un grano de sal. ¿Era acaso la sensación de cuando Lotus había trasvasado mi mente a la lágrima de cristal? No. Esa sensación la sentía más fuerte que un simple recuerdo. Pero no lograba entenderla. Hasta que de pronto abrí los ojos, oí un gruñido animal y perdí el equilibrio, desorientado, confuso. Mis reflejos óricos no funcionaron y me estrellé contra la roca dura y cortante con fuerza. De no haber llevado ropa de destructor, habría salido mal parado. Alcé unos ojos de horror hacia la criatura que se inclinaba hacia mí. No era un nadro rojo. Era un escama-nefando. Sus escamas negras se abrían y cerraban como si respirase por estas. Sus ojos se acababan de desviar hacia un lugar detrás de mí mientras sus colmillos de un blanco naranjizo, a un metro escaso, dejaban filtrarse un aliento fétido más cálido aún que el aire del Aristas. ¿Qué diablos estaba pasando? No lo sabía. Lo único que sabía en esos momentos era que no lograba moverme. Estaba paralizado. Paralizado de terror. .P Era demasiado tarde de todas formas para poder huir, o lo hubiera sido si en ese instante el escama-nefando no hubiera recibido una flecha en el ojo izquierdo. El rugido que soltó me atravesó los tímpanos y me cubrí los oídos, más confundido que nunca. No lograba poner dos pensamientos seguidos. Las emociones me invadían, me ahogaban, me dejaban como un ratón indefenso temblando de pies a cabeza y sin respiración, acurrucado en la roca mientras unas voces me llamaban. .D .Bdia ¡Drey! .Edia decía una. .D .Bdia ¡Cuidado con la cola! .Edia tronó otra voz. .D .Bdia ¡No le ha dado de milagro! .Edia .D .Bdia ¡Ya se va, comandante! .Edia .P De hecho, el escama-nefando, tras provocar un alboroto agitado que no me había matado de milagro, se alejaba. La criatura se apoyó contra una estalagmita que no aguantó su peso, titubeó pero siguió andando y desapareció en las tinieblas dejando un reguero de sangre negra. Sus pasos, habitualmente silenciosos pese a su gran tamaño, retumbaban pesadamente contra el suelo ígneo del Aristas. .D .Bdia ¡Hermano! .Edia .P Unas manos me agarraron y se aferraron a mí en el momento en que al fin mi Datsu se decidía a desatarse. Enseguida, mi terror se convirtió en una mezcla de miedo y alivio, mi cuerpo dejó de temblar, aparté las manos de mis oídos y abrí los ojos. .D .Bdia Yáni… ka, .Edia jadeé. La abracé. Por los dioses… ¿qué había pasado? .D .Bdia Te transformaste, .Edia dijo Jiyari arrodillándose junto a mí. Sus ojos oscuros brillaban de emoción. .Bdia Unos yurmis quisieron llevarse a Yánika mientras dormíamos. Esos bicharracos… la dejaron inconsciente y se la llevaron bastante lejos… Cuando los Zorkias la liberaron… tú, o sea el espectro, ya habías desaparecido. Has estado corriendo durante horas… ¿Te… te encuentras bien? .Edia .P No sabía si lo preguntaba por mi cuerpo maltratado por la carrera, por el escama-nefando o por las lágrimas que se me escapaban de los ojos sin que yo pudiera detenerlas. Yánika había estado en peligro, y yo me había quedado dormido como un idiota. Primero me había dejado engañar por un charlatán y había llevado a mi hermana al Aristas conmigo y luego no había sido capaz de protegerla. Y para colmo había estado preocupándola durante todo ese tiempo porque había perdido mis sentimientos y no había sido capaz de retomarlos más que gracias a la intervención de… ¿de quién? ¿De Kala? ¿Del espectro, involuntariamente? No lo sabía. El Datsu estaba tardando en apaciguarme, me fijé. Pero mi piel al fin había retomado su color azulado de kadaelfo. .D .Bdia Gracias a los dioses, estás de vuelta, .Edia sonrió Jiyari. .P Y, viéndonos a Yánika y a mí abrazados, nos imitó pasando los brazos a nuestro alrededor con una expresión emocionada… Me tensé como una cuerda y lo fulminé con la mirada. .D .Bdia ¿Qué haces? .Edia .D .Bdia Quiero alegrarme con vosotros, .Edia sonrió. .P Sólo entonces me fijé en los nueve Zorkias y me puse rojo como un zorfo. Uno tenía todavía el arco en la mano, escudriñando las tinieblas. El del galón ensangrentado tenía un brillo extraño en los ojos. .D .Bdia ¡Suelta ya, Jiyari! .Edia protesté. .P Me liberé. El aura de Yánika se había aligerado considerablemente y nos dedicó a ambos una sonrisa divertida. Sin embargo, cuando me fijé bien en su rostro y vi los puntos rojos que empezaban a observarse en él, la preocupación me invadió de nuevo. .D .Bdia ¡Yánika! ¿Qué te ha pasado? ¿Qué…? .Edia .P El aura de mi hermana se llenó de incomprensión. El del galón se acercó unos pasos y echó un vistazo al rostro de Yánika. .D .Bdia .Sm Kasrada , .Edia imprecó. .Bdia Ven a ver esto, Danz. .Edia .P Uno de los encapuchados se acercó e imprecó igual. .D .Bdia Es veneno de yurmi. Actúa lento, pero es peligroso. En un ciclo, empiezan a aparecer los puntos, en dos empezará a picarle todo el cuerpo, en tres llega la fiebre y en cuatro ya no… .Edia .D .Bdia Basta de detalles, .Edia lo cortó el del galón. .P Sus ojos pasaron del rostro de mi hermana al mío, tal vez atraídos por la forma en que mi Datsu se iba esparciendo por mi cara a partir del tatuaje normal. Mi hermana… había sido envenenada. Por unos yurmis. Por los libros sabía que eran insectos bípedos peligrosos del tamaño de una gran rata; rehuían el agua, de ahí que en los Pueblos del Agua fuesen tan raros y se refugiasen en lugares volcánicos y cálidos como el Aristas. Lo peor es que no tenía ni idea de lo que podía llegar a hacer su veneno. No sabía si era mortal. Pero no me atreví a preguntarlo ante Yánika: su aura ya estaba bastante inquieta. .P El Zorkia suspiró. .D .Bdia Hay un antídoto. .Edia .P Bajó de nuevo su mirada hacia mí y yo repetí con esperanza: .D .Bdia ¿Un antídoto? .Edia .P Se giró hacia el tal Danz que, por lo visto, tenía competencias de curandero. Este asintió. .D .Bdia Sé fabricarlo. Ya lo hice una vez hace años para uno de nuestros hombres… En el Bosque de Gan, debería encontrar los ingredientes fácilmente. .Edia .P El del galón hizo una mueca de fastidio. .D .Bdia .Sm Kasrada, .Edia masculló. .Bdia No puedo creer que esté haciendo esto por un Arunaeh… .Edia .P Me dio la espalda. Y de pronto pensé que Yánika tenía razón: ese hombre era una buena persona. Había salvado a mi hermana, me había salvado a mí y… ahora se disponía a salvar a mi hermana otra vez. Solté espontáneamente: .D .Bdia Mahí. .Edia .P El del galón se giró con sorpresa al ser llamado con un título que señalaba tanto respeto. Posé las manos contra la roca y me incliné profundamente. .D .Bdia Por todo lo que has hecho ya por nosotros… me siento infinitamente agradecido. Juro devolverte el favor cueste lo que cueste pero… por favor, salva a mi hermana de ese veneno. .Edia .P El del galón emitió un gruñido bajo y alcé la cabeza hacia él para cruzarme con sus ojos cansados. .D .Bdia Cueste lo que cueste, ¿eh? .Edia preguntó. .P Tragué saliva. .D .Bdia Salvo matar a gente, si es posible. .Edia .P El Zorkia me enseñó una sonrisa torva. .D .Bdia Un Arunaeh con principios, qué hallazgo. Jamás pensé que mi sueño se haría realidad tan rápido: tener a un Arunaeh arrastrándose ante mí es una delicia. .Edia .P Bajé la cabeza poniendo los ojos en blanco. .D .Bdia Aunque preferirías que fuera otro, ¿verdad? .Edia repliqué con calma. .P Hubo un silencio. .D .Bdia Mmpf. Si hubiese sido ese otro… no habría vivido bastante ni para suplicarme piedad, créeme. .Edia .P Sus ojos se habían encendido, me fijé. .Bpenso Te creo, .Epenso pensé con un escalofrío. Como bien le había dicho a Yánika, hasta la gente buena podía cometer crímenes. Porque la mente era débil. Y el rencor envenenaba las mentes peor que cualquier veneno. .D .Bdia En marcha, .Edia dijo entonces el líder Zorkia. .Bdia Hemos estado dando vueltas por medio Aristas para encontrarte. No alcanzaremos el Bosque de Gan hasta el ciclo siguiente. ¿Estás herido? .Edia .P Negué con la cabeza y me levanté. .D .Bdia Estoy bien. .Edia .P Los ojos vivos del hombre se posaron sobre el collar dokohi durante un breve instante. Se giró y dio órdenes a sus compañeros para ponerse en marcha. Yánika, Jiyari y yo nos disponíamos a seguirlos cuando pregunté en un murmullo: .D .Bdia ¿Qué le contasteis? .Edia .P Jiyari y Yánika hicieron una mueca al mismo tiempo. .D .Bdia Lo normal, .Edia carraspeó Yánika. .D .Bdia Quiso saberlo todo, .Edia confesó Jiyari. .P Lo miré con alarma. .D .Bdia ¿Todo? .Edia .P ¿Incluido lo de los Pixies? Adivinando mi pregunta tácita, el rubio levantó los ojos hacia las lejanas tinieblas de la caverna. .D .Bdia Le contamos al líder todo lo relativo a los dokohis, a los Ragasakis, tu Datsu… y al poder de Yánika. .Edia Agrandé los ojos. ¿También el poder de Yánika? Claro… ¿cómo habrían podido explicar si no que el espectro dejaría de controlarme en cuanto Yánika se acercara? Jiyari carraspeó. .Bdia Por cierto, tu mochila pesa como un saco de ladrillos. Me he contenido de mirar cuando metí la máscara dentro pero… ¿qué llevas ahí dentro? ¿Plomo? .Edia .P Inspiré el aire cálido con lentitud. .D .Bdia El lingote de hierro negro, .Edia contesté al fin. Le quité la mochila de las manos a un Jiyari incrédulo y me la puse a cuestas. .Bdia No perdamos tiempo. .Edia .P Yánika asintió y Jiyari nos alcanzó diciendo: .D .Bdia Ya lo verás: esos tipos son increíbles. Profesionales de los buenos. Salvarán a tu hermana, Drey. .Edia .D .Bdia ¿No decías antes que eran unos criminales asesinos sin sentimientos? .Edia repuse, medio burlón. .P Jiyari se carcajeó por lo bajo y me miró entre dos mechones rubios con una expresión seductora y a la vez muy familiar. .D .Bdia He cambiado de opinión. .Edia Y, con energía, pasó un brazo fraternal sobre mis hombros diciendo con alegría: .Bdia ¿Sabes qué? Echaba de menos al Drey de siempre. .Edia .P Le dediqué una sonrisa asesina. .D .Bdia ¿Quieres dejar de tocarme? .Edia Como no me soltaba, lo avisé: .Bdia Vas a echar de menos al Drey apático como no me sueltes. .Edia .P Jiyari me soltó al fin, no sin burlarse, y Yánika reprimió mal una risita socarrona. Su aura se reía claramente de nosotros y, pese a no olvidar el veneno que se esparcía en ella, no pude evitar sonreír y alegrarme de volver a sentir su aura. Los tres avanzábamos entre las estalagmitas del Aristas como si una barrera de luz alejara de nosotros las tinieblas y los monstruos. Sólo que era una barrera llena de puntos débiles, pensé, echándole una mirada preocupada a Yani. Pero no menos poderosa. .salto Mi preocupación fue en aumento el ciclo siguiente cuando Yánika comenzó a sentir comezón por todas partes. Su aura se llenaba de desagrado y de sufrimiento. Intentaba no rascarse —le di mis guantes de destructor para que no lo hiciera—, pero la picazón no disminuía, al contrario. Su rostro, sus brazos, sus piernas se cubrieron de pústulas y la angustia creciente que sentía se comunicaba a todos. .P Tal vez también gracias a eso, no nos atacaron los nadros ni los escama-nefandos. Más de una vez los notamos en las proximidades y oímos sus gruñidos… pero se mantuvieron a distancia. .P Cuando llegamos a los lindes del Bosque de Gan, decidimos hacer una pausa y el líder Zorkia vino a verme. .D .Bdia Encontraremos un lugar seguro donde dejaros mientras Danz consigue los ingredientes. .Edia .P Asentí. Acababa de agarrarle las piernas a Yánika para que dejara de rozarlas contra la roca. Varias pústulas habían estallado, salpicando el suelo de un líquido blanco y apestoso. .D .Bdia Ese aura, .Edia añadió el Zorkia con voz tensa, .Bdia no sé cómo la aguantas. .Edia .P Por el Ojo de Norobi de su frente, caía una gota de sudor, no ya tanto por el calor del Aristas, que había dejado de ser tan vivo a medida que nos acercábamos a los lindes, sino por Yánika. Esta se agitó. Su respiración estaba precipitada. Sus ojos exorbitados me hicieron el efecto de un grito de auxilio desesperado. .D .Bdia Hermano… tengo miedo, no quiero morir… .Edia .D .Bdia No vas a morir, .Edia le repliqué con fuerza. Me esforcé por calmarla y, tratando de que no se me notara demasiado mi tensión, le dije al Zorkia: .Bdia Tiene fiebre. .Edia .P Le había llegado antes de lo previsto. .D .Bdia Déjame verla, .Edia dijo un Zorkia, acercándose. .P Era Danz, el curandero de los Zorkias, un humano de unos cincuenta años que llevaba casi tantas cicatrices en el rostro como su líder. Hasta ahora tan sólo le había aplicado a Yánika una crema calmante sobre la piel, pero su efecto había sido dudoso. Estaba a unos cinco pasos de nosotros cuando el Zorkia ralentizó… y se detuvo, tenso como una cuerda. .D .Bdia Esto… .Edia .D .Bdia Es su aura, .Edia explicó el del galón. .Bdia Se siente uno casi de vuelta en las mazmorras del Makabath, ¿eh? ¿Crees poder hacer algo por ella ahora? .Edia .P Danz vaciló. .D .Bdia No, .Edia confesó. .Bdia Será mejor que sigamos. Sólo el antídoto puede salvarla. .Edia .D .Bdia Entonces, en marcha, .Edia ordenó el del galón. .P Me levanté agarrando a Yánika y llevándola más que ella se llevaba a sí misma. A Jiyari hacía tiempo que le había dicho que no se acercase: las dos primeras veces que me había querido ayudar, había caído desmayado. Por lo visto, no sólo la sangre lo impresionaba, también lo hacían las pústulas. Alcé la mirada hacia el Zorkia del galón y, al ver cómo todos sus hombres se movían prestos, listos para meterse entre los árboles ramudos y tupidos, lo llamé: .D .Bdia Esto… Mahí. .Edia .D .Bdia Llámame Reik. ¿Qué pasa? .Edia me preguntó, girándose. .Bdia Si necesitas que alguien la lleve… lo siento, pero mis compañeros ya tienen sus propias cargas y no creo que ninguno se sienta dispuesto a aguantar esa… aura por mucho tiempo. .Edia .D .Bdia No es eso, .Edia aseguré. .Bdia Yánika no pesa mucho. Quería preguntarte… Reik. ¿Por qué me estás ayudando? .Edia .P El líder Zorkia se mordió una comisura de sus labios, fingiendo un desenfado que, por supuesto, no podía sentir estando tan cerca de Yánika. .D .Bdia Porque tengo una misión importante para ti, .Edia dijo. .P Agrandé los ojos. Diablos. ¿Una misión? ¿Qué me tenía preparado ese mercenario? Sin dejar de observarme, alzó la cabeza hacia atrás y sus labios se estiraron. .D .Bdia Vamos, muchacho. Si salimos todos vivos del Gan, te invito a una copa en Baida. Es una aldea de leñadores del otro lado del bosque. Recuerdo que una vez pasé ahí hace muchos años y tenían un camún excelente. .Edia .P Pese a que Yánika se rebullía constantemente, cargué con ella y resoplé bajo el esfuerzo: .D .Bdia Será un placer. .Edia .P No le dije que yo no bebía alcohol. No me daba el aliento. .salto El Bosque del Gan era muy distinto a los bosques de la Superficie y también distinto a la arboleda abierta y de troncos finos que crecía en la caverna del Templo del Viento. Era, en verdad, la primera vez que entraba en un verdadero bosque de los Subterráneos. El terreno estaba lleno de hoyos y raíces que a veces cubrían enteramente el suelo y no dejaban ver roca o tierra. Había una gran variedad de árboles, en particular muchos muy altos y gruesos que no reconocí. Bajo estos, había tawmanes, y Danz recogió la sustancia gelatinosa antiséptica que cubría su corteza diciendo que formaba parte del antídoto. También vimos un roble blanco al pasar por un hoyo con suelo ramudo, y avistamos unos cuantos alejiris que evitamos prudentemente: la sustancia oscura que impregnaba su corteza era famosa por ser capaz de corroer la piel y gangrenarla. Evitamos otros árboles, pero yo no supe reconocerlos y Jiyari, que siempre había vivido en la ciudad de Kozera, su Escuela Sabia y sus tabernas, tenía todavía menos idea que yo de plantas. Por fortuna, los Zorkias parecían tener más experiencia y los seguíamos, confiando en su buen criterio. .P A lo lejos, oía un trino casi continuo de pájaros, algo poco común en el bosque del Templo del Viento donde sólo había pequeños paiskos azules. Sin embargo, a nuestro alrededor, el trino se interrumpía, se percibían batidos de alas y susurros de hojas rojas, blancas y azules, como si un mar de animales invisibles se desviara para liberarnos el camino. El aura de Yánika, ahora, era un constante sinvivir confuso y delirante. .D .Bdia Este lugar bastará, .Edia dijo entonces uno de los Zorkias. .P Nos hicieron entrar en el hueco de un árbol gigante y, mientras los Zorkias tomaban un descanso, Danz salió con dos compañeros a por los ingredientes del antídoto. No importaba cómo lo mirase, el empeño que ponían en su tarea me dejaba confuso. ¿No se suponía que los Zorkias habían sido torturados psicológicamente por un inquisidor Arunaeh? Entonces… ¿por qué diablos ayudaban ahora a unos miembros de su familia? Fruncí el ceño, sentándome en el interior del tronco. ¿Podía ser, como le había dicho a Yánika, que los Zorkias se estuvieran arrepintiendo de algo? Tal vez quisieran salvar nuestras vidas para hacerse perdonar por las que habían robado en Dágovil dos años atrás. .D .Bdia Hermano, .Edia castañeteó Yánika. Su frente, roja de pústulas estalladas, ardía de fiebre. .P Le cogí las manos. .D .Bdia Yánika… Voy a hacerte una infusión. .Edia .P Danz me había dejado unas hierbas que había recogido en el camino para que se las diera. Preparé la placa metálica, activé la mágara para que se calentase y minutos después le estaba haciendo beber a Yánika la infusión. Mi hermana había comenzado a delirar. .D .Bdia Hermano… .Edia .D .Bdia Bebe hasta la última gota, .Edia dije con suavidad. .P Bebió, se recostó y volvió a llamarme: .D .Bdia Hermano. Si muero… .Edia .D .Bdia No vas a morir. .Edia .D .Bdia Lo sé, no quiero hacerlo, pero si muero quiero… quiero… .Edia .P No quería oírla, pero no la interrumpí. Tan sólo le cogí una mano con dulzura. Su aura no se calmaba. Estaba demasiado extenuada y aturdida para notar lo que ocurría a su alrededor. .D .Bdia Quiero, .Edia murmuró tras otro silencio, .Bdia que no estés triste. .Edia .P Una sonrisa amarga se dibujó en mis labios. .D .Bdia Nunca estaré tan triste como tú, Yánika. No te preocupes por mi tristeza. Preocúpate de ti e intenta dormir. La infusión debería hacerte bajar la fiebre… .Edia .P La vi cerrar los ojos y murmuré: .D .Bdia No vas a morir porque aún tienes mucho que hacer en tu vida. .Edia .P He de confesar que, en ese momento, invadido por la angustia de perder a mi hermana, pensé en la lágrima de cristal en la que se había metido Myriah y deseé tenerla aún en mi posesión para que al menos, en el peor de los casos, Yánika… pudiera… Cerré los párpados con fuerza. ¿En qué estaba pensando? Yánika no iba a morir. El antídoto la salvaría. Y aunque hubiese tenido esa lágrima de cristal, no tenía ni idea de cómo funcionaba. Mar-háï… ¿desde cuándo pensaba tanto en los síes y no en lo que realmente podía hacer para ayudar? .P Oí de pronto un grito de alarma afuera del tronco y salí con rapidez, tan sólo para ver cómo uno de los Zorkias le disparaba una flecha entre ceja y ceja a un orquillo. .D .Bdia ¡Hay otro ahí! .Edia gritó Reik. .Bdia ¡Atrapadlo! .Edia .P No lo «atraparon», pero un arquero le atravesó el cuello de parte a parte. De todas formas, como bien dijo Reik entre imprecaciones, los orquillos, pese a ser considerados saijits por algunos estudiosos, muy raramente aprendían otro idioma que el suyo, apreciaban la carne de saijit tan bien como la de los conejos y no tenían escrúpulos en matar a todo aquel que se acercara a su territorio. .D .Bdia En cuanto vuelva Danz, nos movemos, .Edia determinó Reik. .P Sin embargo, no tuvimos noticias de Danz en varias horas y Reik y los demás Zorkias murmuraban inquietos entre ellos desde hacía un buen rato cuando uno de los centinelas dio un silbido y se levantaron todos al unísono, armas en mano. Ya había visto mercenarios en mis viajes y mis trabajos como destructor, pero nunca a ningún grupo tan cohesionado y unido como aquel. En cuanto apareció Danz corriendo con sus dos compañeros, se movieron como un sólo hombre, sin innecesarios parloteos. Entendí al fin lo que pasaba: una decena de orquillos los estaba persiguiendo. Vi a Danz repeler el ataque de un orquillo con su espada mientras uno de los dos arqueros se posicionaba prestamente junto al tronco donde estaba yo. Tensó el arco y disparó. Fue una masacre. Los orquillos cayeron uno tras otro bajo las flechas y los golpes de espada. Era la primera vez que veía algo así. Y la verdad era que, pese a estar impresionado, semejante desequilibrio me causaba un profundo malestar. No era como matar una mosca o una serpiente… Esos mercenarios… estaban matando a seres que casi pensaban como nosotros, y lo hacían sin un segundo de vacilación, persiguiéndolos hasta la muerte antes de que lograran huir y avisaran a más congéneres. .P No tenían piedad. .P Los Zorkias estaban acabando cuando sentí un brusco movimiento de aire encima mío, a lo largo del enorme tronco. Sin mirar, solté un sortilegio órico y paré el golpe de garrote con la mano sin muchos problemas pero el orquillo traicionero se me tiró encima de todas formas. Pese a su pequeña talla —no medían más que un hobbit— los orquillos eran musculosos y ese consiguió hacerme perder el equilibrio. Le solté una potente fuerza órica para expulsarlo, pero, aunque lo desarmé, consiguió agarrarse a mi chaleco con sus dos manos. Forcejeamos en el suelo. Los ojos del orquillo estaban agrandados de rencor… y de miedo. .D .Bdia ¡Drey! .Edia exclamó Jiyari con pánico. .Bdia ¡T-t-te ayudo! ¿Cómo te ayudo? .Edia .D .Bdia ¡Yo qué sé, haz algo! .Edia .P Jiyari fue a recoger el garrote y llegaba ya con él cuando una espada se clavó en el cuello del orquillo, se retorció y me regó de sangre. Escupí, parpadeé, oí el ruido sordo de Jiyari cayéndose, desmayado, y me crucé con los ojos muertos y enrojecidos del orquillo. Entonces, seguí la hoja de la espada que se desenclavaba del muerto y tragué saliva ante la expresión tranquila de Reik. .D .Bdia ¿No hubiera sido mejor sacar tu navaja? .Edia preguntó. .P Me ruboricé. Aparté los brazos verdosos y musculosos del orquillo haciendo una mueca ante la sangre y me enderecé. .D .Bdia No me dio tiempo. No, en verdad, .Edia rectifiqué, .Bdia no lo pensé. .Edia .D .Bdia O bien, .Edia dijo el Zorkia, .Bdia no te decidiste a matarlo. .Edia .P Eché otro vistazo al orquillo que había muerto a un escaso palmo de mí y desvié rápidamente los ojos. Me crucé con las miradas de los Zorkias, pero no vi burla en ninguna de ellas. Ellos estaban demasiado acostumbrados a matar… y a proteger civiles que, como yo, no sabían y no querían matar. .D .Bdia Gracias, .Edia dije. .D .Bdia No me las des, .Edia replicó Reik. .Bdia Sólo lo hago para que puedas llevar a cabo la misión que te encargaré. .Edia Lo miré a los ojos, preguntándome de nuevo en qué tipo de misión estaba pensando. .Bdia Tu hermano, .Edia añadió, echándole un vistazo a Jiyari, .Bdia es la tercera vez que se desmaya desde ayer. .Edia .P Suspiré. .D .Bdia Es la sangre. Y no es mi hermano. .Edia .P Mi verdadero hermano podía ver un lago entero de sangre sin inmutarse, pensé. Danz llegó a nosotros diciendo: .D .Bdia Tengo los ingredientes, pero será mejor que nos movamos de aquí antes de que nos venga toda la tribu de orquillos. A juzgar por la avanzadilla, son bastante numerosos. .Edia .P Todos aprobaron y yo me quedé con una esperanza renovada y un respeto creciente hacia los Zorkias. Mientras ellos se encargaban de levantar sus sacos llenos de lo que tuviera el cofre que les había abierto, yo desperté a Jiyari dándole unas fuertes palmadas en la mejilla y le dije: .D .Bdia No mires hacia tu derecha. .Edia .P El muy tonto miró… y volvió a marearse al ver al orquillo ensangrentado. Siseé y lo agité por los hombros para que no se me desmayara otra vez. .D .Bdia ¡Aguanta, Jiyari! Y deja de mirar cuando te digo que no mires. Qué ganas de desmayarte… .Edia .D .Bdia No me toques, .Edia protestó Jiyari. .P Enarqué las cejas. .D .Bdia ¿Ahora te quejas de que te toque? ¡Si antes no parabas de…! ¡Hey! ¿No irás a vomitar? .Edia .D .Bdia Es que… .Edia se excusó Jiyari, .Bdia tú también estás cubierto de sangre, Drey… .Edia .P De pronto se movió, se giró, dio unos pasos y vomitó todo lo que había comido aquel día. Hice una mueca pero no comenté nada, me quité el chaleco ensangrentado y, tras encargarme de sacar a Yánika del agujero del tronco sin despertarla de sus delirios, nos pusimos todos en marcha. Caminamos durante largo rato, rodeando de cerca lo que, según algunos Zorkias, era territorio orquillo. De cerca porque podía ser que, saliendo del territorio orquillo, entráramos en otro más peligroso… .P Finalmente, llegamos a un claro con un peñasco de granito y nos paramos en la cima. Desde ahí, se veía la copa de los árboles así como las luces de Doneyba y avisté en lo alto de una enorme columna unas luces que se movían en la línea aérea del teleférico. Por lo visto, ya lo habían vuelto a poner en marcha. Yánika estaba en un estado de delirio tan profundo que me había sentido obligado a alejarme de los Zorkias durante la caminata para no molestar el avance así que, cuando los alcancé arriba del peñasco, Danz ya estaba usando mi placa metálica para calentar agua. Posé a Yánika sobre una manta y pregunté: .D .Bdia ¿El antídoto actúa enseguida? .Edia .D .Bdia No del todo, pero es bastante rápido, .Edia aseguró Danz. Echó una mirada hacia Yánika, sumida en su fiebre, y precisó: .Bdia Depende de la gente. Y de la raza. El paciente al que se lo di, hace años, era humano y se mejoró rápido internamente, pero las cicatrices no se le fueron. Siendo kadaelfa… es posible que la piel se le regenere con ayuda de alguna crema especial. .Edia .P Poco me importaban las cicatrices de momento: yo sólo quería que no se muriera. Danz debió de verlo en mi rostro porque no tardó en ponerse manos a la obra. Jiyari y yo lo vimos sacar un mortero y aplastar raíces y plantas durante largo rato hasta que no quedara más que pulpa. Entonces, lo vimos mezclarlo todo con el líquido del tawmán y con algo que se parecía a resina. Sentí que soltaba un sortilegio. ¿Aríkbeta? Sí, era energía de transformación. Y energía brúlica. Pero no fui capaz de entender más sus sortilegios. Al cabo de una hora, el antídoto estaba listo. Danz me tendió un vaso. .D .Bdia Que se lo beba entero. .Edia .P Acepté el vaso y me agaché junto a Yánika para levantarle la cabeza. Pese a su media insconsciencia, conseguí hacerle tragar todo el líquido. Esperé. Miré su rostro, pero el efecto, lógicamente, no podía ser .Sm tan rápido. .P Cuando dejé de buscar síntomas de mejora milagrosos, Danz ya se había unido a los Zorkias, que cenaban en la otra punta de la cresta rocosa. Una lástima porque hubiera querido preguntarle qué tipo de sortilegios había usado para su poción. Entonces, el olor a cereales asados que comían los Zorkias me alcanzó y me hizo recordar el hambre. Miré dentro de mi mochila. En Firasa, había previsto provisiones para unos días de viaje pero tomando en cuenta que en las paradas comeríamos en las tabernas… Suspiré. .D .Bdia Me temo que hoy toca cenar Ojos de Sheyra. .Edia .D .Bdia ¿Ojos de Sheyra? .Edia repitió Jiyari, impaciente. .Bdia ¿Está rico? .Edia .P Le puse una pastilla en la mano. .D .Bdia A Livon le gustan. .Edia .D .Bdia Genial. ¿Sólo me das uno? .Edia .P Le dediqué una media sonrisa burlona. .D .Bdia Tranquilo, uno basta. .Edia .D .Bdia Pero… .Edia .D .Bdia Cómete uno y luego me dices si quieres otro, .Edia le corté. .P El rubio se tragó la pastilla y tendió una mano. Lo miré, alucinado. .D .Bdia ¿Ni siquiera lo has masticado? .Edia .D .Bdia Tengo hambre, .Edia explicó Jiyari. .Bdia Si hubieses puesto comida en ese saco en vez de lingotes de hierro… .Edia .D .Bdia Sólo puse un lingote y no preví que fuéramos a dar un rodeo como este, .Edia mascullé. Miré con paciencia su mano tendida y le di otro Ojo de Sheyra. .Bdia Este mastícalo, por favor. En serio que no necesitas más: son pastillas energéticas fabricadas por un dietista profesional. Drey Arunaeh. Un tocayo mío muerto hace un siglo. .Edia .D .Bdia ¿Llevaba tu nombre? .Edia se atragantó Jiyari. Medio escupió la segunda pastilla, la masticó y… por poco volvió a escupir. Agarró la cantimplora y bebió un largo trago. .Bdia ¡Por Netel y sus cuatro fuegos! Me recuerda a la tinta de doagal. .Edia .P Si le recordaba a eso, sólo podía significar que… Resoplé: .D .Bdia No me digas, Jiyari, que comes tinta. .Edia .P El Pixie hizo una sonrisa vacilante. .D .Bdia Bueno… Una vez, hace cuatro años, unos aprendices escribieron algo estúpido en una hoja y, para que no lo viera el maestro Jok, me la hicieron comer. .Edia .D .Bdia ¿A la fuerza? .Edia me indigné. .D .Bdia No… no exactamente. Me prometieron que, si lo hacía, me aceptarían como compañero de juego. Aj… ¡Sabía a diablos! La tinta de doagal es especialmente asquerosa. .Edia .P Fruncí el ceño. Otra vez, Jiyari escondía su malestar detrás de una sonrisa desenfada. .D .Bdia ¿Cumplieron con su palabra? .Edia pregunté. .P Jiyari se ensombreció. .D .Bdia Sí… Jugaron conmigo. Pero… no como yo hubiera querido. Buah, sólo tenía doce años, todavía era un tonto con esperanza. .Edia Meneó la cabeza. .Bdia No importa. No necesito a los saijits. .Edia Me enseñó una sonrisa encantadora. .Bdia Sólo necesito a los Pixies. .Edia .P Por alguna razón, imaginarme a Jiyari apabullado e insultado por unos aprendices me hacía bullir la sangre. Eché un vistazo a Yánika. Su rostro estaba más sereno ahora, me fijé, aliviado. Y su fiebre estaba bajando. No sabía lo que me iban a pedir los Zorkias a cambio, pero ya le había jurado mentalmente a Sheyra y a Tokura que no me retraería. Cogí un Ojo de Sheyra y lo mastiqué. Hice una mueca de asco, arrancándole a Jiyari una carcajada. .D .Bdia Nunca se lo he dicho a nadie, .Edia dije tragando, .Bdia pero a mí me recuerda al sabor de la darganita. .Edia .P Jiyari agrandó los ojos y sonrió de oreja a oreja. .D .Bdia ¿De modo que te ríes de mí por comer tinta cuando tú saboreas rocas? .Edia .D .Bdia Tenía cinco años, .Edia me defendí y sonreí, recordando: .Bdia Ya tenía alma de experimentador en aquella época. Por cierto, .Edia añadí adelantando algún comentario burlón suyo, .Bdia ¿no serías tan amable de ir a limpiar mi chaleco al río que hay justo abajo, verdad? .Edia .P Jiyari pareció haberse tragado un globo de aire. .D .Bdia ¿Quieres que devuelva tus Ojos de Sheyra? .Edia protestó. .Bdia ¿Por qué no vas tú? .Edia .D .Bdia Obviamente porque si voy, no vuelvo, .Edia repliqué, señalando mi collar dokohi con el pulgar. .P El rubio se quedó suspenso. .D .Bdia Vaya, es verdad. Entonces… ya voy. .Edia .P Me imaginé de pronto a Jiyari bajando el peñasco con el chaleco y despeñándose desmayado… Puse los ojos en blanco y cambié de opinión. .D .Bdia Olvídate del chaleco. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia se extrañó Jiyari. .Bdia No, voy a ir. Cerraré los ojos y me taparé la nariz… .Edia .D .Bdia Tírate del peñasco ya que estás, .Edia repuse. Lo agarré de la manga para impedir que se levantara y aseguré: .Bdia No importa. De todas formas, empezaba a estar viejo y algo corto. Ya me fabricaré uno nuevo. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia .D .Bdia ¡En serio, te digo! .Edia .P Mientras charlábamos así en nuestra corta cena frugal, los Zorkias comían de su lado con tranquilidad. Y, a cada momento que pasaba, la respiración de Yánika se hacía más regular, más apacible… Lo sabía, porque mi órica la vigilaba constantemente. .Ch "Encargos y deberes" .\" 30/06/2019 .Bcita El Datsu de los Arunaeh es una burbuja de roca-eterna: sagrado, vuela y contempla su alrededor, abrazando a quien lo posee. ¿Tendrá sentimientos propios? Algunas veces, tengo la impresión de que mi Datsu está vivo. .Ecita .autor-cita "Yánika Arunaeh" .salto Aquella noche, soñé con que me transformaba en hierro negro. Estaba caminando tranquilamente por un túnel alisando la roca cuando de pronto caía en un lago de metal fundido y me convertía en un golem metálico. El dolor se agarraba a mi corazón como si quisiera estallarlo y desperté en un sobresalto. Enseguida me percaté de la órica que me envolvía y la deshilaché antes de girarme hacia Yánika. Aún dormía. Pese a su aspecto bastante horrible, no tenía fiebre y su aura era plácida. .P Los Zorkias ya estaban despiertos, aunque sólo pude ver a Reik, Danz y otro guardando sus pertenencias al otro lado del peñasco. Los demás no se veían por ningún sitio. Tras desayunar un Ojo de Sheyra y contarle mi pesadilla a Jiyari, este resopló: .D .Bdia Deberías tomarte unas vacaciones. Que te guste destruir roca, me parece bien, pero que viajes con tu propio lingote de hierro empieza a ser preocupante y si encima empiezas a soñar con que te conviertes en metal… .Edia .P Puse los ojos en blanco y él se levantó con las cantimploras vacías. .D .Bdia Iré a rellenarlas. .Edia .P Vi al rubio alejarse peñasco abajo y, tras verlo desaparecer, me ensombrecí. No era la primera vez que soñaba con un cuerpo metálico. Kala, por lo visto, había tenido uno por culpa de los experimentos que le habían hecho padecer. Sin embargo, Jiyari parecía ignorarlo. Pese a que poco a poco me iba haciendo una idea de la vida anterior de Kala, me preguntaba por qué esta venía con cuentagotas y, sobre todo, por qué me sentía cada vez más interesado por ella. ¿Sería ese el objetivo de Kala? ¿Hacerme creer que él y yo éramos los mismos para finalmente controlarme del todo? ¿Hacerme sentir compasión por su terrible infancia? ¿O bien era simplemente que la barrera que había impuesto Madre se estaba rompiendo? En tal caso, si se llegaba a romper totalmente y Kala se hacía con mi mente… ¿existiría alguna manera de volver a ser yo mismo? Aunque… ¿podía acaso dejar de ser yo mismo por unos recuerdos? Mar-háï. Había tantas preguntas sin respuesta, y tan retorcidas, que decidí dejarlo. Tras echar un vistazo al bosque tupido y las tinieblas de la enorme caverna, metí la mano en mi bolsillo para percatarme de que no tenía mi diamante de Kron. Fruncí el ceño. Revisé mi memoria… y rebusqué en la mochila nueva de Yánika. Ahí lo tenía. Y también tenía un cuaderno, me fijé. ¿Un diario? Despertó mi curiosidad, pero por supuesto no lo toqué. Bastante poca intimidad tenía Yánika con sus sentimientos como para que yo fuera a quitarle más. .P Hundí mi diamante en un bolsillo y me disponía a examinarlo por enésima vez cuando vi a Reik acercarse. .D .Bdia Nos tomaremos un descanso esta mañana, .Edia dijo en voz baja. .Bdia Hoy toca cazar y comer dignamente. Puede que os invite si hay bastante. ¿Qué tal está? .Edia inquirió. .D .Bdia Creo que mejor. .Edia Me levanté, me alejé por el peñasco con el Zorkia y le pregunté: .Bdia ¿Estamos lejos de los lindes del norte? .Edia .D .Bdia Unas horas de marcha, .Edia estimó el Zorkia. .Bdia Este bosque es pequeño, pero es un verdadero laberinto y vamos bastante cargados. Danz estuvo aquí más de una vez, pero no lo conoce tan bien como el Bosque Ribol. .Edia .P El Bosque Ribol, me repetí, enarcando la ceja. Ese bosque, que hacía de frontera entre Kozera y Lédek, era un hervidero de vida, con marismas, árboles luminosos y, según había oído, tenía flores con pétalos más grandes que una persona. Pese a los peligros, existía una ciudad de madera en esas marismas. La Ciudad de los Koobeldas. Miré a Reik con curiosidad. .D .Bdia ¿Danz es un Koobelda? .Edia .P El Zorkia me devolvió una mirada burlona. .D .Bdia ¿Qué sabes tú de los Koobeldas? .Edia .P Me encogí de hombros. .D .Bdia Poca cosa. Son como un mini-reino que rinde culto a la Naturaleza, ¿no? .Edia .P Reik dio su aprobación de manera ambigua, se sentó sobre una roca y observó las luces de un teleférico que bajaba sobrevolando toda Kozera. Y pensar que podríamos haber llegado a Taey hacía ciclos… .D .Bdia Me estaba preguntando, .Edia dijo entonces el Zorkia. .Bdia Cuando amenazaste con aplastarnos en la cueva si no os dejábamos ir con vida… ¿hablabas en serio? .Edia .P Enarqué una ceja y lo pensé un momento, tratando de recordar… Como bien decía Lústogan, cuando uno no sentía las cosas, le costaba más recordar. Como consecuencia, lo ocurrido desde que habíamos salido de Firasa me resultaba nebuloso. .D .Bdia No bromeaba, .Edia aseguré sin embargo. .Bdia Creo que Jiyari y Yánika te lo explicaron. No era capaz de bromear entonces. Pero… no lo habría hecho por crueldad. Lo habría hecho para intentar salir con vida, nada más. .Edia .P Reik estiró levemente la comisura de un labio aunque pronto frunció el ceño. .D .Bdia Esos espectros, .Edia retomó. .Bdia En nuestro camino, nos cruzamos con un par de ellos. .Edia .P Agrandé los ojos y, bajo mi mirada interrogante, comentó: .D .Bdia Tenían los ojos igual de blancos que los tenías tú antes, pero no nos fijamos al principio porque llevaban capuchas. Me cuesta aún creer que eran espectros. Hablaban con claridad. .Edia .D .Bdia ¿Os hablaron? .Edia lo incité con curiosidad. .P Reik me enseñó una sonrisa ladeada. .D .Bdia Sí. Nos vieron atacar el convoy dagovilés hace tres semanas. Y nos propusieron que trabajáramos con ellos. .Edia Palidecí. Él gruñó: .Bdia Por supuesto, los mandamos a freír sapos en el río, pero eso nos complicó la tarea para huir de los dagovileses con el cofre. Y, como ves, hemos cogido una ruta de locos que, por fortuna, acabó en el Aristas y no en un callejón sin salida. .Edia Sus ojos me observaron con curiosidad. .Bdia Así que vais a por esos Ojos Blancos. Tu hermano rubio me dijo que te quedaste con uno de los collares para sacarle información… Una decisión arriesgada. .Edia .P Suspiré. .D .Bdia Más de lo que pensaba. Por suerte, estamos llegando a nuestro objetivo. .Edia .D .Bdia La isla de tu familia. .Edia .P Aprobé con un signo de cabeza. En cuanto saliéramos del bosque, tomaríamos cualquier carruaje para Kozera y de ahí zarparíamos para Taey. Siempre había un barco en cada orilla, con dos barqueros empleados de los Arunaeh. Con un poco de suerte, no necesitaríamos esperar en Kozera. .D .Bdia Sería arriesgado permanecer más tiempo con el collar, .Edia añadí. .P Quería dar a entender que la dichosa misión que Reik quería encargarme tendría que esperar. El Zorkia captó el mensaje y se encogió de hombros antes de levantarse de su roca diciendo: .D .Bdia Te hablaré del encargo en Baida. De momento, descansa. .Edia .D .Bdia Reik, .Edia lo llamé antes de que se alejara. .Bdia No fuisteis liberados de Makabath, sino que salisteis de ahí por cuenta propia, ¿verdad? .Edia El Zorkia me echó una mirada penetrante. No quería hablar de ello, entendí. Sin embargo, proseguí: .Bdia Hace un año que estáis en libertad, y robáis las riquezas del Gremio de las Sombras de Dágovil. Ellos… deben de estar buscándoos por todas partes. Kozera incluida. .Edia .P Reik puso los ojos en blanco y su expresión se endureció, fría y sarcástica al mismo tiempo. .D .Bdia Y con una buena recompensa. No te preocupes. Sabemos lo que hacemos. Y si nos traicionas… .Edia .D .Bdia Huelga decirlo, .Edia lo corté. .P Hubo un silencio. La sonrisa de Reik me dio escalofríos. .D .Bdia Me alegro de que lo entiendas, chaval. .Edia .salto La caza había sido buena y comimos sopa de raíces con carne de liebre negra hasta reventar. Cuando nos pusimos de nuevo en marcha, Yánika quiso andar. Estaba mucho mejor, y en su aura dominaban el alivio y la determinación. Fue a darle las gracias a Danz y, durante el trayecto, estuvo charlando animadamente con él. El curandero Zorkia era locuaz, contaba historias, y Yánika era de las que, una vez localizada una persona con alma de contador, se aferraban a ella y no soltaban hasta haberle sonsacado todo lo que podía. Se divertía escuchándolo y su aura lo decía a los cuatro vientos. Y, tal vez no acostumbrado a una sinceridad como aquella, Danz tuvo a bien satisfacer su curiosidad. De ahí que casi todo lo que aprendí sobre el pasado de los Zorkias fue gracias a los encantos de Yánika. Danz habló con tono práctico de las misiones que cumplía su compañía de mercenarios. Pagados por «esos bastardos» del Gremio de las Sombras, patrullaban las tierras, defendían las minas, protegían las rutas, repelían las manadas de nadros rojos y aplacaban revueltas. Cuando Danz habló de esto último, lo hizo tan sólo a media voz y pasó enseguida a preguntarle a Yánika si había oído hablar de la leyenda del oso sanfuriento que andaba sobre dos patas. .D .Bdia Me acordaría, .Edia se rió Yánika. .Bdia ¿Qué cuenta esa leyenda? .Edia .D .Bdia En realidad, .Edia dijo el mercenario, .Bdia es más que una leyenda. Hace unos cincuenta y tantos años, Dabos el Oso, el anterior comandante de nuestra compañía… Bueno, de hecho, el antepenúltimo, .Edia se corrigió, echándole una ojeada a Reik que abría la marcha, .Bdia uno de sus hombres me contó una vez, en los primeros años en que integré la compañía, cómo un día se encontraron con una bestia gigante y peluda capaz de hablar. Fue en un bosque del norte, fuera de las fronteras de Dágovil. Entonces, nuestra compañía se dedicaba todavía a escoltar las caravanas de larga distancia y caminaban durante meses hasta Sensepal y hasta la lejanísima Dumblor. Y un día en que volvían, reventados, de uno de esos viajes, tropezaron con el oso sanfuriento. Este no huyó, ni tampoco los atacó a ellos: se colocó ante ellos sobre sus dos patas y preguntó: disculpad, ¿es verdad que soy saijit? .Edia .P Yánika resopló de risa y, detrás de ellos, Jiyari y yo intercambiamos miradas burlonas. ¿Qué clase de historia era esa? Danz sonrió. .D .Bdia Los Zorkias empezaron a desenvainar para embestir y matarlo, pero Dabos levantó una mano y dijo: lo eres, dicen que todo aquel que habla abrianés con propiedad es saijit de ley. Y con un simple vistazo, calmó a todos sus hombres. Al comandante Dabos lo llamaban el Oso porque era imponente y musculoso como un oso: nadie en su compañía se atrevía a llevarle la contraria. .Edia .D .Bdia Como a Harynlor, .Edia murmuró un Zorkia grandote que caminaba justo delante. .P Danz hizo una mueca. .D .Bdia Sí. Pero Harynlor no habría tenido la imaginación de contestarle a un oso que habla. .Edia .D .Bdia Suponiendo que la historia sea cierta, .Edia se burló otro Zorkia. Este no llevaba la capucha, desvelando su melena azulada de belarco y lo reconocí como a un tal Zehen. Era uno de los arqueros. No debía de tener más de veinticinco años. .Bdia ¿Te lo contó el viejo Balmadeo, no? Ese ya deliraba cuando lo conocí… .Edia .D .Bdia Idiota, .Edia le soltó Danz. Le dio un puntapié. .Bdia Muestra un poco de respeto a tus ancianos. .Edia .D .Bdia ¿Para qué? ¿Para poder subir en rango? .Edia se mofó Zehen. .Bdia Somos nueve. Con Tomi y Rabe once. Como mucho me encuentro en onceava posición… .Edia .P Esta vez, fue el Zorkia grandote a su lado el que le dio un golpe con el saco que llevaba. Se oyeron tintineos de monedas. .D .Bdia Cállate la boca, Zehen, .Edia le gruñó. .Bdia O nos quedaremos diez. .Edia .P Zehen chasqueó la lengua. .D .Bdia Y a mí me amenazas, mientras que a ellos los dejáis con vida. Es de idiotas. Comandante, .Edia soltó con voz tensa, .Bdia ese tipo es un Arunaeh, ¿lo has olvidado? Nos venderá en cuanto lo dejemos libre. No creo que seas tan lerdo como para pensar que nos va a conseguir una amnistía… .Edia .P Danz se adelantó y lo agarró por el cuello de su capa. Sus ojos soltaban chispas. .D .Bdia ¿De qué te quejas, Zehen? Reik no será Harynlor, pero es nuestro comandante. Nosotros lo elegimos. .Edia .D .Bdia ¿Y ahora toca tragar y volver al trullo? .Edia replicó el belarco. .Bdia ¿Para eso hemos trabajado como anobos este año? ¿Para tirar todo lo ganado por no callarle la boca a un maldito Arunaeh? .Edia .P Con un movimiento seco, se liberó y se giró hacia Reik. Este se había detenido y miraba la escena con ojos desapasionados. El ambiente se había enfriado como bajo una ducha de hielo. Attah… Mi órica se agitó a mi alrededor y agarré el brazo de Yánika mientras Jiyari se tensaba como un gato alarmado. Si sacaban ahora sus espadas contra nosotros… no teníamos ni la más mínima posibilidad de supervivencia. .P Reik dio unos pasos en silencio hasta pararse ante Zehen. Era más pequeño que este, pero más musculoso y sus cicatrices en la cara le daban el aspecto de un guerrero legendario. .D .Bdia ¿Qué propones? .Edia preguntó. .D .Bdia Quiero que se haga una elección, .Edia exigió Zehen. .D .Bdia Eso es ridículo, .Edia protestó Danz. .Bdia Ya lo elegiste… .Edia .D .Bdia No lo entiendes, .Edia lo cortó Zehen con viveza. .Bdia Reik es mi comandante y seguirá siéndolo. Sólo quiero que nos deje elegir sobre la suerte de esos Arunaeh que nos van a vender sí o sí. .Edia .P Reik miró a Zehen a los ojos y se encogió de hombros. .D .Bdia Va acorde con mis principios. Danz, llama a Amatz. Estamos casi llegando a los lindes. No creo que haya mucho peligro. .Edia .P .Bpenso Habla para ti, .Epenso siseé mentalmente. ¿En serio estaba proponiendo una elección para decidir nuestra suerte? Fijándose tal vez en mi rostro tenso, Reik sonrió. .D .Bdia Cosas de la democracia. Zehen tiene todo el derecho a pedir un voto. Son las reglas de mi compañía. .Edia .D .Bdia Y… ¿Nosotros tenemos derecho a votar? .Edia preguntó Jiyari, pálido. .P Reik le enseñó una sonrisa blanca y torva. .D .Bdia No. Estos son asuntos de la compañía. .Edia .P Como si no nos incumbiese el hecho de que nos dejaran con vida o no… Cuando vino el arquero centinela, Zehen soltó: .D .Bdia Bien. Votemos. Estos tres saben que somos Zorkias fugitivos y que llevamos un tesoro del Gremio de las Sombras de Dágovil. Pienso que hay que deshacernos de ellos antes de que nos vendan a los dagovileses. Que levante la mano el que piense como yo. .Edia .P Se impuso un silencio en el bosque. Un aura mezcla de decepción, miedo y tensión nos envolvía. Bajo las capuchas de los Zorkias, se oyeron suspiros, se sintió vacilación… ¿Estarían dudando porque no querían matarnos o porque Reik, él, no había alzado la mano? De pronto, una súbita determinación se apoderó de nosotros. ¿El aura de Yánika? Dánnelah…, jadeé, suspenso. ¿Estaría intentando controlar los votos? Aun así, los Zorkias empezaron a levantar las manos. Reik, Danz y el tal Amatz que había dejado su papel de centinela no se movieron. Los seis otros, sin embargo, alzaron la mano, con más o menos vacilación, pero la alzaron inequívocamente. El aura cambió entonces de golpe al miedo y a la contrariedad. De reojo, vi a Yánika apretar los labios con concentración. Mar-háï… Estaba intentando influir en los votos. No me lo estaba imaginando. Sólo que le había salido mal. .D .Bdia Veo, .Edia dijo Reik, .Bdia que el resultado es de seis contra tres. Reconozco que me decepcionáis, amigos. Esos tres sujetos a los que estáis condenando son unos adolescentes. Drey es un destructor de roca, no un brejista. El rubio se desmaya nada más ver sangre. Y la muchacha es la oveja negra de su familia… Me siento capaz de hacer barbaridades para salvar a mis hermanos, pero deshacernos de ese trío sería caer de nuevo en el infierno en que caímos ya una vez. Creo que los tres entienden bien el compromiso y no irán a delatarnos. Eso es lo que creo. Decidme, Drey, Jiyari y Yánika, si me equivoco. .Edia .P Bajo la mirada expectante de todos los Zorkias, suspiré ruidosamente, tenso y con uno de los puños apretado siseante de órica. Lancé: .D .Bdia Por Sheyra, Tokura y Antaka, juro que no os delataré. .Edia .D .Bdia Yo también lo juro, .Edia dijo Yánika con ímpetu. .Bdia Sólo tenéis que escuchar mi aura para saber que no miento. .Edia .D .Bdia Y-yo… .Edia Jiyari carraspeó. .Bdia Por Tatako, dios de la Sabiduría, yo también lo juro. .Edia .P Zehen miraba al comandante con cara escéptica. .D .Bdia ¿Cómo puedes fiarte de un juramento? Para ellos probablemente tan sólo seamos chusma, bandidos sin honor. .Edia .D .Bdia No es cierto, .Edia protestó Yánika. .Bdia No sé lo que pretendéis hacer con ese dinero robado, pero estoy segura de que no sois tan malos como intentáis parecer. Estáis dolidos. E indecisos. Y no queréis matarnos. Tampoco confiáis en nosotros, pero queréis hacerlo. Danz me ha salvado la vida. Habéis salvado a mi hermano… Yo creo que sois buena gente. .Edia .P Su aura violentamente sincera no dejaba dudas. El ambiente se había relajado… Sin embargo, Zehen frunció el ceño. .D .Bdia Nos está controlando con su bréjica… .Edia .D .Bdia No lo hace queriendo, .Edia aseguró Reik. .D .Bdia ¿Y cómo estás tan seguro de ello? .Edia repuso el joven arquero. .Bdia Es una Arunaeh. Una brejista. Ella… .Edia .D .Bdia No recibió ningún entrenamiento como brejista, .Edia lo corté. .Bdia Mi hermana no está engañándoos. .Edia .P Sentí una indecisión creciente entre los encapuchados. El comandante suspiró. .D .Bdia Está bien. He tomado una decisión. Me diréis si estáis de acuerdo. Dejaremos a los dos Arunaeh ir a su isla para que saquen la información de ese collar y para que el muchacho se libere del espectro. Mientras tanto, tomaremos al rubio como invitado. Y, cuando vuelvan esos dos, nos ayudarán. .Edia .P Hubo un silencio. Jiyari se había puesto lívido. Conque ahora pretendían hacer rehenes… .D .Bdia ¿A qué? .Edia preguntó un Zorkia encapuchado con voz más aburrida que impaciente. .Bdia ¿A qué pueden ayudarnos unos Arunaeh? .Edia .D .Bdia A liberar a los nuestros, Mayk. Quería hablarlo con una buena pinta de camún en las manos, pero ya que estamos… Óyeme bien, Arunaeh, .Edia me dijo el comandante. .Bdia No sé qué te habrán contado sobre lo ocurrido en Dágovil hace dos años. Probablemente una verdad sesgada. O una completa mentira. Yo te diré la verdad mientras andamos. .Edia .P Echó una mirada hacia sus compañeros y estos, tomándose la cosa con paciencia, recogieron sus sacos y nos pusimos de nuevo en marcha con lentitud. Tras un silencio, Reik retomó: .D .Bdia El Gremio de las Sombras y nuestra compañía empezaron a tener relaciones bajo la comandancia de Harynlor. Él pensó que nuestra compañía viviría mejor quedándose en Dágovil con la paga del Gremio en vez de realizar viajes eternos por túneles donde sólo nos esperaba la muerte. Yo presencié el cambio y durante treinta años estuvimos trabajando para el Gremio. Al principio, nos ocupábamos de escoltar caravanas y de proteger minas. Luego el Gremio se puso a darnos tareas más variadas. Empezó realmente a apoyarse en nosotros… y Harynlor ganó bastante influencia en la política pese a ser un mero mercenario. Hace siete años, le ofrecieron un puesto en el Gremio. Pero Harynlor lo rechazó. Poco después nuestras relaciones con el Gremio se deterioraron. En esa época, los Zombras ya estaban disputándonos el trabajo. .Edia .D .Bdia ¿Los Zombras? .Edia repetí. .Bdia ¿Esos no son los guardias del Gremio? .Edia .P Reik hizo una mueca. .D .Bdia Así se hacen llamar desde hace siete años. Inicialmente, eran mercenarios como nosotros, con un comandante independiente, pero… .Edia .D .Bdia Se dejaron comer vivos por el Gremio, .Edia dijo Danz. .Bdia Su comandante se hizo un burócrata y los otros unos sicarios. .Edia .P Reik asintió. .D .Bdia Los Zombras juran lealtad al Gremio para toda una vida. Algo que Harynlor no permitió que sucediera con los Zorkias. Nosotros sólo juramos lealtad por una duración de diez años. Renovamos nuestro juramento dos veces… .Edia .D .Bdia Pero no tres, .Edia adiviné. .D .Bdia Correcto. Sólo que, en los siete años que nos quedaba de juramento, Harynlor nos dijo que aguantásemos. Los Zorkias cumplíamos cada una de nuestras promesas desde hacía casi cien años. No había que manchar el historial. .Edia Sus ojos fríos se cubrieron de amargura. .Bdia Perra vida, .Edia gruñó. .Bdia Lo aguantamos todo, las humillaciones de los Zombras, los trabajos sucios, todo porque esperábamos que, una vez liberados, nos dejarían en paz. Y, cuando ya faltaban sólo tres semanas para decirles a los del Gremio que no renovaríamos el juramento, ese ministro Jabag lo fastidió todo. Pilló a dos de nuestros muchachos más jóvenes de la compañía vendiendo artículos de contrabando. Es una práctica corriente entre los mercenarios, nadie con dos dedos de frente habría dicho nada porque unos muchachos intentaran sacarse unos kétalos que añadirse a la paga. Sólo que el ministro Jabag era un idiota. Estaba en su aldea, su territorio… y odiaba a los Zorkias porque él tenía parientes entre los Zombras. Mandó ejecutar a los muchachos. .Edia .P Yánika inspiró, impactada. .D .Bdia Nada más y nada menos, .Edia confirmó Zehen con voz cortante. .Bdia Ahorcó a mis mejores amigos como a vulgares bandidos. Rubig. Laberio. Acababan de salvar a una aldea cercana de una mantícora, y esa escoria imbécil los mandó matar por un capricho. .Edia .P Sus ojos, cuando los giró hacia atrás, brillaban de odio. Reik se aclaró la garganta. .D .Bdia Harynlor, .Edia retomó, .Bdia presentó una queja al Gremio. Pero este la ignoró diciendo que el ministro estaba en su derecho. Y a Harynlor, que era un hombre de la vieja escuela, se le ocurrió retar a Jabag a un duelo a muerte. .Edia .P No pude evitar un resoplido. ¿Un duelo a muerte contra un ministro? Reik suspiró. .D .Bdia Puede parecerte ridículo, Drey Arunaeh, pero… en nuestra compañía es así como se resuelven las injurias imperdonables. El ministro, sin embargo, se le rió a la cara. Le dijo que sabía de más de dos decenas de Zorkias culpables de actos ilícitos y le preguntó si quería que los hiciera bailar con la soga de su aldea o en Dágovil. La amenaza era tan clara que entendimos que no venía sólo del ministro Jabag. Venía de la cabeza del Gremio. Nos estaban mandando un aviso para forzarnos a renovar el juramento. En cuanto Harynlor entendió que nos había metido en una ratonera, intentó sacarnos de ella. .Edia Marcó una pausa. .Bdia El ministro Jabag no llegó vivo al ciclo siguiente. Nos instalamos en su aldea y le declaramos la guerra al Gremio. .Edia .P Agrandé los ojos. Una compañía de doscientos hombres… ¿declarándole la guerra al Gremio de Dágovil? Pues sí que habían pasado cosas durante mis años de ausencia. Perdido en sus recuerdos, Reik había ralentizado aún más el ritmo y casi parecía haber olvidado su alrededor. .D .Bdia Estábamos muy cabreados por las amenazas del Gremio, .Edia continuó, .Bdia pero sobre todo queríamos salir vivos de esa y sabíamos que, fuéramos adonde fuéramos, nos rodearían los Zombras. No recibimos ningún apoyo del pueblo. Tampoco lo esperábamos, pero eso nos puso todavía más mosqueados con todo. .Edia .D .Bdia ¿Ahora vas a confesarte, comandante? .Edia le dijo Zehen, molesto. .Bdia Resume y di que no somos ángeles, eso es todo. Ni lo fuimos antes, ni lo somos ahora, que te quede claro, pequeña, .Edia le dijo a Yánika. .Bdia Y me importa bien poco que no lo seamos. Forzamos a los aldeanos a construir empalizadas y cavar zanjas, ¿y qué? Algunos murieron, ¿y qué? Nosotros les salvamos durante años de los monstruos. Y cuando el Gremio decide aplastarnos, ¿ni un alma mueve un dedo para ayudarnos? El mundo está lleno de escoria. .Edia .P Esas eran las palabras de un joven que no había visto en la vida más que luchas, sangre, pagas malas y traiciones. Observé sus ojos, ardientes como dos fuegos rabiosos. ¿El mundo estaba lleno de escoria, decía? .Bpenso Pues pensando así no vas a arreglarlo, .Epenso me dije. Reik meneó la cabeza y, durante unos instantes, avanzamos entre los árboles sin que nadie se atreviera a romper el silencio. .D .Bdia Finalmente, los Zombras nos acorralaron, .Edia dijo Reik, .Bdia Harynlor pensaba que no iban a mandar a un destacamento tan numeroso… pero se equivocó. .Edia .P Jiyari inspiró e intervino: .D .Bdia ¿Es cierto… que murieron cien de los vuestros? .Edia .P Reik le echó una mirada irónica. .D .Bdia Redondearon el número para las canciones. Murieron unos cuantos, es cierto. Pero cuando vimos que íbamos a perder… no nos quedó otra que rendirnos. De los doscientos veintiséis hombres de los que constaba la compañía, cuarenta y dos desertaron, treinta murieron en la batalla y seis se pasaron al bando de los Zombras. El resto acabamos todos en Makabath. Aunque al cabo de unos meses en ese infierno unos cuantos aceptaron trabajar para los Zombras. .Edia .D .Bdia Los que todavía servían para algo, .Edia murmuró Mayk. .D .Bdia ¿Se puede saber por qué les estás contando todo eso, comandante? .Edia intervino de pronto un Zorkia encapuchado con una punta de irritación en la voz. .P Reik mostró una leve sonrisa amarga. .D .Bdia Ni yo mismo lo sé, .Edia admitió. Llegábamos a los lindes del bosque y desembocamos al pie de una colina cubierta de hierba azul con un camino que pasaba, paralelo al bosque, no muy lejos. El comandante echó una mirada circular antes de retomar: .Bdia Supongo que quería darles nuestra versión de los hechos. .Edia Levantó su capucha para esconder su rostro. .Bdia Baida está justo ahí. .Edia .P Nos pusimos en marcha hacia el camino. Mirando de reojo a los nueve Zorkias, pude advertir cómo algunos tensaban el paso mientras que otros trataban de parecer naturales con más o menos éxito. Me pregunté cómo habían conseguido pasar desapercibidos del Gremio durante un año. .D .Bdia Drey, .Edia me murmuró Jiyari. .Bdia Yo… no quiero quedarme con ellos. .Edia .P Hice una mueca y contesté en voz baja: .D .Bdia Lo sé, pero ¿qué quieres que haga? .Edia Bajo la mirada entornada de Zehen, carraspeé y alcé la voz. .Bdia Teniendo en cuenta que no había oído hablar de los Zorkias hasta hace dos ciclos, .Edia dije, .Bdia podéis estar seguros de que no tengo mayormente prejuicios. .Edia Ante la expresión sorprendida de Reik, apunté con una mueca sonriente: .Bdia Tuve una infancia muy ocupada. Bueno, .Edia añadí, hundiendo las manos en los bolsillos. .Bdia Antes decías que os iba a ayudar a liberar a tus compañeros. Supongo que te referías a los que siguen apresados en la prisión de Makabath. .Edia .P Reik hizo un mohín. .D .Bdia Mm, .Edia asintió. .P Empezaba a formarme una idea de la misión que Reik quería encomendarme. Era destructor, de modo que era posible que me pidiera facilitar la evasión de sus compañeros. Dependiendo de la disposición de la cárcel, podía hacerlo. .D .Bdia Está bien, .Edia dije. .Bdia Lo haré. .Edia .P Reik me miró con sorpresa. .D .Bdia ¿Lo harás? .Edia .D .Bdia Pero tendrás que darme información sobre la cárcel. Estuve en Dágovil capital cuatro o cinco veces, pero la cárcel nunca la he visto. .Edia .P Reik parpadeó. .D .Bdia Es… más bien lo contrario, .Edia carraspeó. .Bdia Yo iba a pedirte que le sustrajeras información a tu pariente sobre el paradero exacto de cada miembro de la compañía. No estábamos todos en una misma celda, ni en una misma planta. Harynlor y los oficiales estaban en la planta más alta. Esos… están ya todos muertos. Pero deben de quedar unos sesenta y tantos Zorkias en las plantas inferiores. Eso es lo que pensamos. Sin embargo, antes de intentar sacarlos de ahí, tenemos que saber dónde nos metemos y si vamos a salvar a unos compañeros… o a unos cadáveres. .Edia .P Me tocó a mí mirarlo con sorpresa. Diablos. Ese Zorkia quería información sobre sus compañeros… .D .Bdia ¿Sólo eso? .Edia solté. .D .Bdia ¿Qué es lo que pensabas? .Edia replicó él, exasperado. .P No pude evitar sonreír levemente. .D .Bdia La verdad… creía que ibas a pedirme que construyera un túnel para meteros en la cárcel. .Edia .P Reik y Danz se detuvieron en seco, suspensos, e intercambiaron una mirada. .D .Bdia ¿Serías capaz de hacer algo así? .Edia preguntó Danz, incrédulo. .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Si es de granito, puedo cavar unos cuantos metros en una hora. Depende del tipo de roca. .Edia Noté claramente el asombro de los Zorkias y les dije con sinceridad: .Bdia Si no os molesta, preferiría hacer eso, y no tener que ponerme en contacto con mi tío. .Edia .P Reik se cruzó de brazos, pensativo. .D .Bdia Tu propuesta es más arriesgada para ti. Si te pillan dañando los muros exteriores de la cárcel, te encarcelarán. .Edia .P Sin duda, lo harían. Y más teniendo el diploma dagovilés de destructor: la pena se duplicaría. Sin embargo, prefería correr ese riesgo a tener que sonsacarle información secreta a mi tío. La confidencialidad de un inquisidor era sagrada. .D .Bdia Sigo prefiriendo esa opción, .Edia dije. .P Reik me observó detenidamente. Miró a sus compañeros, frunció el ceño y volvió a mirarme. Yo me giré hacia las luces de Baida que habían aparecido al llegar a la cima de la colina. Era una aldea de tal vez unas doscientas personas. Desde ahí, pese a estar a unos cuantos cientos de metros de distancia, se oía el rumor del mar de Afáh contra los altos Acantilados de Netel. Olía a sal. .P Finalmente, Reik tomó su decisión. .D .Bdia Me niego, .Edia dijo. .Bdia Este es un asunto de Zorkias. Sólo te pido dos cosas: que me proporciones información exacta sobre los prisioneros Zorkias y que nos ayudes a llegar a Kozera sin que nadie nos moleste. Tu apellido debería bastar para disipar las sospechas. .Edia .P Enarqué una ceja. La sola idea de sonsacarle a mi tío información sobre Makabath me causaba incomodidad pero… .D .Bdia Está bien, .Edia dije. .Bdia Haré lo que pueda. Pero dejad a Jiyari en paz. .Edia .P Reik suspiró meneando la cabeza. .D .Bdia Lo siento. Él es nuestro aval. Y mis compañeros se sentirán mucho más tranquilos con él. .Edia .P Sentí una pizca de diversión en su voz que no me gustó. Y menos me gustó cuando dijo: .D .Bdia Oh, y si no te importa, me gustaría conocer el paradero de tu tío. .Edia .P Le eché una mirada fría. .D .Bdia Yánika, .Edia dije. .Bdia ¿En serio piensas que este tipo es una buena persona? .Edia .P Mi hermana hizo una mueca incómoda. Reik me enseñó una sonrisa burlona de verdugo. .D .Bdia El negocio es el negocio. Yo os he salvado. Mis favores me parecen un precio pequeño… .Edia .D .Bdia Te recuerdo, .Edia repliqué, .Bdia que, de no ser por ti y el gordo que me engañó, no habríamos bajado al Aristas y mi hermana no habría sido envenenada por esos asquerosos insectos. .Edia .D .Bdia Oh-oh, .Edia observó Amatz. .Bdia el muchacho está notando la civilización cerca y se siente más valiente. .Edia .D .Bdia Con lo agradecido que se sentía en el Aristas después de que lo salváramos del escama-nefando, .Edia se burló Mayk. .D .Bdia Tal vez deberíamos cortarle la lengua, .Edia dijo otro Zorkia. .D .Bdia Los Arunaeh saben hablar por bréjica, Bersfus, .Edia repuso Zehen. .Bdia Además, son eruditos. Saben escribir. .Edia .D .Bdia Entonces le cortaremos la cabeza, .Edia dijo otro que no había hablado hasta entonces. .Bdia A ver si sigue sabiendo escribir después. .Edia .P Zehen, Mayk y Bersfus se carcajearon. Reik, ese maldito, tenía una sonrisilla bromista en los labios. Danz masculló: .D .Bdia ¿Queréis dejarlo ya? Él nos ha propuesto ayudarnos a entrar en el Makabath, ¿y así lo tratáis? Majaderos. Vosotros sí que no necesitáis vuestras cabezas. Podéis hablar sin ella. .Edia .P Esperaba que alguno le replicara algo, pero los Zorkias parecían tenerle respeto al curandero. Casi más que al comandante. Y yo empezaba a sentir cada vez menos ganas de hacer nada por ellos. Pero Danz había salvado a Yánika, pensé. Y esos tipos… podrían habernos dejado tirados y no lo habían hecho. Éramos Arunaeh, ellos odiaban a los Arunaeh y, sin embargo, ahí estaban, soltando amenazas burlonas sin siquiera tocar el pomo de sus espadas. No es que congeniáramos del todo pero… Yánika tenía razón, no eran realmente mala gente. .P Reik sonrió agarrándonos a Jiyari y a mí de un hombro. .D .Bdia Vamos, muchachos. Vais a saber lo que es un verdadero camún del bueno. No existe eso en Dágovil, os lo digo. .Edia .P Mientras nos empujaba por el camino hacia las luces de Baida, yo protesté: .D .Bdia Lo siento, pero yo no beb… .Edia .D .Bdia ¿Eh? .Edia me interrumpió Reik con voz profunda. .Bdia Por poco te dejo decir una barbaridad. ¿Que no bebes? Entonces, hazme un último favor, y este, te lo juro, será el último que te pida. Bebe conmigo. Una buena pinta. No te arrepentirás. .Edia .P Lo miré con turbación. Dánnelah, yo… .D .Bdia Jiyari no soporta la bebida, .Edia objeté. .Bdia Lo pone enfermo y yo… esto… la balanza de Sheyra… .Edia .D .Bdia ¡Que se balancee un rato! .Edia bromeó Reik. Y clavó sus ojos oscuros en los míos. .Bdia En serio. ¿No dicen los Sheyristas que en el equilibrio perfecto también entra el caos? ¡Vamos! Una pinta no te emborrachará. .Edia .D .Bdia Según oí, ni un barril lo haría, .Edia repliqué con calma. .Bdia Un Arunaeh no puede emborracharse. .Edia .P Reik marcó una pausa por la sorpresa y entonces silbó entre dientes. .D .Bdia Eso sí que es una maldición. .Edia .D .Bdia La peor que he oído en mi vida, .Edia aprobó Zehen. .D .Bdia ¿No puede emborracharse? .Edia se asombró otro Zorkia. .P Sus miradas atónitas me arrancaron un tic nervioso. Reik meneó la cabeza. .D .Bdia No lo entiendo. ¿Por qué, entonces, te niegas a beber con tanto ahínco? .Edia .P Suspiré. .D .Bdia Si no me emborracho, es porque el Datsu se desata, .Edia expliqué. .Bdia Y si el Datsu se desata, siento todavía menos. Y, según oí, porque nunca lo probé, el Datsu no puede atarse voluntariamente en esas condiciones hasta que el alcohol sea eliminado del cuerpo. Por eso, .Edia concluí, .Bdia no bebo. .Edia .P Además, estaba el problema particular de mi Datsu que podía reaccionar de manera excesiva. No quería quedarme otra vez sin sentimientos. Yánika tuvo que pensar algo parecido porque su aura se impregnó de una súbita desazón. .D .Bdia ¡Por favor! .Edia dijo, deteniéndose en el camino. .Bdia No le hagáis beber a mi hermano. .Edia .P Hubo un segundo de silencio sorprendido… y entonces los Zorkias se echaron a reír, no ya con la risa sarcástica y mordaz de un mercenario sino con una risa abierta, ruidosa y sincera. La súplica, sacada del contexto, sonaba graciosa, admití. Ante el aura extrañada de Yánika, sonreí y le revolví las trenzas. .D .Bdia ¿He dicho algo raro? .Edia preguntó mi hermana, extrañada. .D .Bdia Qué va, .Edia negué con la cabeza, sonriente. .Bdia Son ellos los raros. .Edia .P Yánika los miró, se mordió el labio y se giró hacia Danz, quien, más tranquilo, tan sólo sonreía poniendo los ojos en blanco. .D .Bdia Danz, .Edia dijo mi hermana mientras retomábamos la marcha. .Bdia ¿Y el oso bípedo que hablaba? No has contado lo que hizo cuando el comandante Dabos le dijo que era saijit. .Edia .D .Bdia Ah, .Edia sonrió el curandero Zorkia. .Bdia Al parecer, el oso sonrió y le contestó: cuando se enteren mis hermanos mayores, no les va a gustar. Y apenas habló, apareció otro monstruo golpeando la roca con sus puños y llamando a voces: ¡Choki, Choki! ¿Sabes lo que hizo el comandante entonces? .Edia .D .Bdia No. ¿Qué hizo? .Edia .D .Bdia Salió por patas con la compañía. Huye a tiempo para vivir otro ciclo, como dice el dicho. .Edia .P Yánika rió. Jiyari y yo nos miramos con una sensación muy extraña. Hacía cincuenta y pico años… un oso sobre dos patas que hablaba abrianés y con hermanos que no apreciaban ser llamados saijits… ¿Podía ser…? Jiyari me murmuró: .D .Bdia Choki… ¿Sería Boki? .Edia Boki era uno de los Ocho Pixies del Desastre. El rubio me miró con profunda turbación. .Bdia No recuerdo nada, .Edia admitió en un cuchicheo, .Bdia pero si alguien golpeaba los muros… ese tenías que ser tú. .Edia .P Kala, rectifiqué mentalmente, no yo. Y, fijándome en la ojeada curiosa que nos lanzó Danz, sacudí la cabeza. .D .Bdia Sólo son cuentos de hada. .Edia .P Jiyari sonrió. .D .Bdia Sí. Cuentos de hada. .Edia .Ch "El hijo-heredero" .\" 02/07/2019 .Bcita ¿Qué es real o no si uno puede invocar amor, dolor y alegría a voluntad? ¿Es engañarse tener imaginación? No lo creo. .Ecita .autor-cita "Yánika Arunaeh" .salto No me había dado cuenta, hasta entonces, de lo útil que resultaba ser del clan Arunaeh. Tras hacer una pausa en la aldea de Baida, habíamos andado hasta Wadeyna y cogido uno de los cuantiosos ómnibus que partían de la plaza del teleférico hasta Kozera. Entre los nueve Zorkias y nosotros tres, habíamos llenado un carruaje entero y el conductor había salido enseguida. De modo que, dos horas apenas después de salir del bosque, ya estábamos llegando a la ciudad portuaria. .P Fue entonces cuando uno de los guardias de la puerta sur se interesó por nuestro carruaje y los encapuchados. Se subió en el estribo, listo para comenzar el control… Intervine: .D .Bdia ¿Algún problema, soldado? .Edia .P El guardia alzó la cabeza hacia mí, parpadeó y, por fortuna, reconoció enseguida mi tatuaje. Se detuvo con una expresión azorada. .D .Bdia Ninguno, mahí. ¿Son compañeros tuyos? .Edia .D .Bdia Sí. .Edia .P No preguntó más, se bajó del estribo e inclinó rígidamente la cabeza. .D .Bdia Bienvenidos a Kozera. .Edia .P Y así pasamos las puertas, sin control alguno. Tras un silencio en el que sólo se oían el traqueteo del carruaje y el rumor apagado de la ciudad, Reik soltó: .D .Bdia Por eso odiaba tanto guardar las entradas entre otras cosas. Por los ‘mahis’ a los que no se podía molestar. .Edia .P Sus palabras fueron acogidas con aprobaciones y gruñidos por los demás Zorkias. Los miré con burla. .D .Bdia Y bien que ahora os aprovecháis de ello. .Edia .P No replicaron. Una vez apeados en la plaza de diligencias, dije: .D .Bdia Es necesario que sepa dónde os vais a hospedar para volver a encontraros cuando salga de la isla. .Edia .P Los Zorkias estaban tensos. Aunque Jiyari estaba el más tenso de todos. La idea de ser un rehén de esos mercenarios lo tenía muy nervioso. .D .Bdia Relajaos, .Edia ordenó Reik. .Bdia No estamos en un campo de batalla. Somos mercenarios escolta de Lédek. Actuad como tales. .Edia .P Ciertamente algunos de ellos podían hacerse pasar por ledekanos… pero no todos. Mayk, en especial, tenía un claro acento de Dágovil. Y Reik, pese a sus intentos por esconderlo, era también claramente dagovilés. Lo bueno era que los mercenarios, por definición, no tenían patria. El comandante Zorkia se giró hacia mí. Como todos sus compañeros, se había puesto una venda para esconder el Ojo de Norobi marcado al rojo vivo en su frente. .D .Bdia No voy a decirte un lugar. Dime tú a qué hora y qué día regresarás de tu isla. .Edia .P Hice una mueca bajo sus ojos tozudos. .D .Bdia No puedo contestarte con seguridad. Intentaré estar de vuelta antes del quince de Musarro. .Edia .P Ese era el día en que había quedado con Livon en .Sm -t nomlieu La Ola de Oro . Pasara lo que pasara, no podía volver a Kozera más tarde que eso. Me giré hacia Jiyari, cuya tez habitualmente bronceada estaba pálida. .D .Bdia Er… Lo siento, Jiyari. Intentaré volver lo antes posible. .Edia .P El aprendiz tragó saliva y se esforzó por sonreír. .D .Bdia Lo sé, lo sé. Tranquilo. Estaré bien. No te apresures por mí. Ante todo, tienes que averiguar el paradero de Orih y quitarte ese collar. En serio, estaré bien, .Edia repitió. .P Lo fulminé con la mirada. .D .Bdia Deja ya de sonreír cuando no lo sientes, Campeón. .Edia .P Los ojos de Jiyari brillaron. .D .Bdia Gran Chamán… Estaré bien siempre y cuando me prometas que volverás. .Edia .P Bruscamente, varios Zorkias resoplaron de mofa y Amatz rió: .D .Bdia ¡Parecen dos paiskos cortejándose! .Edia .P Reik se llevó el puño a la boca riendo. Jiyari sonreía, nervioso. Yo los asesiné con la mirada. .D .Bdia Como se os ocurra maltratar a mi… esto… a Jiyari, no os lo perdonaré. .Edia .D .Bdia ¿Y qué harás? .Edia se burló Zehen en voz baja. .Bdia ¿Delatarnos? ¿Después de tu tan honorable juramento? .Edia .P Le solté una mirada envenenada. .D .Bdia No bromeo. .Edia .D .Bdia Nosotros tampoco, .Edia repuso Reik. .Bdia Tu amigo estará bien mientras tú te portes debidamente. Alguien de nosotros te esperará el día catorce de Musarro ante el embarcadero de los Arunaeh. Procura estar presente y con la información, si es posible. .Edia .P Me crucé con la mirada de Jiyari, él asintió asegurándome con los ojos que entendía que todo aquello era necesario y suspiré. .D .Bdia Volveré. Yánika. Vamos. .Edia .P Nos alejamos por la animada plaza, rumbo al puerto. .P Kozera no era una ciudad tan poblada como Donaportela, pero lo era más que Firasa, aunque ocupaba menos sitio. A diferencia de Donaportela, la mayoría de las casas estaban en la «superficie» y eran pocas las avenidas subterráneas, pero en los barrios residenciales los edificios eran altos, con cuantiosos puentes aéreos de piedra que los comunicaba. .P El aura de Yánika se rebullía y, sorprendido, comprobé que mi hermana miraba su alrededor con viva curiosidad. .D .Bdia Nunca había andado por las calles de Kozera, .Edia explicó ante mi mueca interrogante. .Bdia La abuela nunca quería que la acompañara. .Edia .D .Bdia Ya veo, .Edia sonreí. .Bdia Entonces, disfruta de las vistas. .Edia .P Eso hizo, y llegó al puerto con un aura radiante, que se ensombreció de golpe por un pensamiento. .D .Bdia ¿Qué pasa? .Edia pregunté. .D .Bdia Mm… Estaba pensando en Jiyari. Espero que esté bien. Van a ser muchos días. .Edia .D .Bdia Estará bien, .Edia aseguré con confianza. .Bdia Como dices, esos tipos no son tan malos. .Edia .P Yánika sonrió… y entornó los ojos. .D .Bdia ¿Lo piensas en serio? .Edia .P Hice una mueca. .D .Bdia Lo intento pensar. Bah, ya sabes, un Arunaeh siempre cumple con su promesa. Nos salvaron la vida, ahora nos toca echarles una mano. .Edia .D .Bdia ¿Crees que el tío Varivak estará en la isla? .Edia .D .Bdia No lo sé. .Edia Tal vez estuviese ocupado interrogando a otros infelices, pensé. Meneé la cabeza y resoplé frunciendo la nariz ante una oleada maloliente. .Bdia Había olvidado el olor a pescado. Es peor que en Firasa. .Edia .P Afortunadamente pronto dejamos atrás el puerto pesquero y llegamos al embarcadero Arunaeh. Este se situaba junto a una casa propiedad de mi familia. Cuando iba, de niño, a la isla, más de una vez me había quedado ahí unas horas esperando la llegada de la embarcación. Recordé que una vez, cuando tenía apenas ocho años, un miembro Arunaeh me había pillado cavando una línea en la pared del salón de aquella casa. Bajo sus ojos silenciosos, me había puesto rojo y había balbuceado que estaba grabando la cruz de Tokura. .Bparoles ¿Tokura? .Eparoles me había dicho. .Bparoles ¿Y por qué no le añades el círculo de Sheyra? .Eparoles Me había costado entender que no bromeaba. Entonces, bajo su mirada atenta, había grabado en la piedra los dos símbolos encajados el uno en el otro. El Arunaeh había aprobado con un gesto de cabeza diciendo: .Bparoles Fíjate cómo el círculo más grande envuelve entero a Tokura. La Destrucción es sólo una parte del Equilibrio. El Equilibrio al que contribuimos es mucho más amplio. No lo olvides, pequeño. .Eparoles Bajo mi mirada sobrecogida, me había revuelto el cabello y se había marchado tan silenciosamente como había venido. Más tarde me había enterado de que ese era el líder del clan. Liyen Arunaeh. Lo había vuelto a ver varias veces desde entonces, pero nunca me había vuelto a dirigir la palabra. .D .Bdia ¿En qué estás pensando? .Edia preguntó Yánika, curiosa. .P Se lo dije, concluyendo: .D .Bdia La primera impresión es la que más cuenta. Y a Liyen le dejé una impresión de niño gamberro, me temo. Aunque él hizo el gamberro conmigo. .Edia .P Ella rió por lo bajo. Entonces, su aura se llenó de expectación y alzó la mirada hacia la oscuridad del Mar de Afáh. Se oían las olas rodar sobre la arena blanca de la orilla soltando espuma. Murmuró: .D .Bdia Me pregunto cómo será la isla. .Edia .P Sonreí. .D .Bdia Pronto la verás. .Edia .P Pasamos por un pequeño portal, dirigiéndonos directamente hacia el embarcadero. Este estaba hecho de madera de cedro rojo y, por lo que me había dicho Rafda, uno de los barqueros, no había sido cambiado ni reparado en tres siglos. Precisamente fue Rafda al que vi sentado en el pontón hablando tranquilamente con una niña pequeña. Cuando me vio, se levantó soltando una exclamación. .D .Bdia ¡Si será el pequeño Drey! .Edia Sonreía con toda la boca y los ojos. Su tatuaje negro en el rostro brillaba de energía. .Bdia ¡Cuánto tiempo, por los dioses, cuánto tiempo! Has debido de estar muy ocupado. ¡Tres años! ¿Quieres cruzar, verdad? .Edia .P Asentí, sonriente. .D .Bdia Me alegro de verte, Rafda. .Edia .D .Bdia ¿Y ella? Ella es… .Edia .D .Bdia Mi hermana. .Edia .P Rafda parpadeó, sorprendido. .D .Bdia Oh… .Edia .D .Bdia Será la primera vez que cruce en este sentido, .Edia dije. .D .Bdia ¿En serio? ¡Entonces no perdamos tiempo! .Edia .P Eché una mirada interrogante hacia la pequeña que apenas sabía andar y el barquero la presentó posándola entre los bancos del bote: .D .Bdia Es… una niña que encontré abandonada. La pobrecilla no tenía adónde ir y el Gran Maestro Arunaeh me permitió que la guardara hasta que le encontrara un lugar apropiado. .Edia .P Vi su tatuaje negro alterarse y enarqué una ceja, escéptico. El aura de Yánika se cubrió de sorpresa. .D .Bdia ¿Por qué mientes? .Edia preguntó. .P Rafda la miró, azorado. .D .Bdia Yo… .Edia .P Se quedó sin habla, pálido. Carraspeé. .D .Bdia Esta niña… .Edia dije con calma, .Bdia es tu hija, ¿verdad? .Edia .P A los ahijados Arunaeh no se les permitía tener familia extraña a nuestro clan. Por eso, el barquero palideció aún más y, bajo la mirada curiosa de la pequeña, carraspeó: .D .Bdia Lo es, mahí. Me avergüenzo de haber mentido. Ella no debería estar aquí pero su madre falleció y no me enteré de que la pequeña Suri existía hasta la semana pasada. .Edia Hizo una mueca, confesando: .Bdia No le he dicho al Gran Maestro que es mi hija. No quería que tuviera una mala imagen de mí. Tal y como están las cosas en la isla… pensaba que sería mejor dejarla en un internado, para no traer más problemas pero… Aún no lo he hecho. Lo siento. La dejaré en un internado en cuanto vuelva. No la volveréis a ver… .Edia .D .Bdia No tienes por qué disculparte, .Edia le solté. .Bdia Tú sabrás qué hacer. No me interesa. .Edia .D .Bdia A mí sí que me interesa, .Edia dijo de pronto una voz detrás de nosotros. .P Me giré, sorprendido, y vi en la entrada del muelle a un kadaelfo vestido sobria y a la vez elegantemente con un jubón rojo holgado. Llevaba el tatuaje de los Arunaeh, pero este, al contrario que el de casi todos los miembros Arunaeh, era rojo y no violáceo. Era un miembro de la familia heredera. Lo reconocí de inmediato. .D .Bdia Yodah, .Edia dije. .P Yodah Arunaeh era el hijo-heredero. Tenía siete años más que yo y, pese a que en los primeros años de mi infancia lo había llegado a considerar algo muy próximo a un hermano mayor, nos habíamos ido distanciando con el tiempo. Se avanzó por el pontón con ligereza. Sus ojos, tan negros como los de Yánika, se posaron sobre mí un instante antes de girarse hacia el barquero. .D .Bdia Sólo por curiosidad, Rafda, .Edia soltó, .Bdia la madre de esa niña… ¿era del Barrio Rojo? .Edia .P El barquero enrojeció bajo su tatuaje negro y asintió. .D .Bdia Sí, mahí. Era kadaelfa. .Edia .P El aura de Yánika se llenó de compasión. Le eché una mirada fastidiada a Yodah. Ese tipo… disfrutaba poniendo al pobre Rafda en un aprieto, no como un sádico, sino como un brejista profesional, de la misma manera en que yo disfrutaba sacando las características de una roca. Tras observar al barquero avergonzado unos instantes, Yodah puso los ojos en blanco y se desinteresó de él. .D .Bdia Drey. Me alegro de verte. Te echamos en falta en la reunión del mes pasado. Oí que estuviste dando vueltas por el sur y por la Superficie. ¿Cuántos años tienes ya? ¿Diecisiete? .Edia .D .Bdia Dieciocho, .Edia contesté. .Bdia ¿Vas a cruzar también? .Edia .P Los ojos del hijo-heredero se deslizaron hacia Yánika pero no comentó nada acerca de ella y asintió: .D .Bdia Y con ganas. .Edia .P Embarcó, los demás lo seguimos y Rafda trató de retomar cierta compostura antes de ponerse manos a la obra. Yodah llevaba una mochila de viaje que posó junto a las nuestras mientras preguntaba: .D .Bdia ¿Sales de Firasa, no? ¿Has tomado el teleférico? .Edia .D .Bdia Más o menos, .Edia asentí. .D .Bdia ¿Más o menos? .Edia .D .Bdia Hubo un accidente en el teleférico y el viaje se alargó, .Edia resumí. .Bdia La tecnología está bien pero no siempre funciona. ¿Tú también estuviste de viaje? .Edia .D .Bdia Trabajando, .Edia me corrigió con una sonrisilla. .Bdia Alguien tiene que contribuir a llenar las arcas de la familia. .Edia .P Enarqué una ceja bajo su mirada directa. ¿Se burlaba? ¿Se enorgullecía? Era difícil adivinarlo. Lo que estaba claro era que me estudiaba. Incluso siendo adolescente, Yodah no paraba de estudiar a la gente. Era una afición bastante corriente entre los Arunaeh. En particular entre los inquisidores. Y Yodah se había iniciado en ese oficio. Era la mejor manera de experimentar. .P Finalmente, Rafda desamarró el barco y nos pusimos en marcha. La isla estaba a unos buenos veinticinco kilómetros de la costa y, aun contando con que el barco disponía de un propulsor órico, no llegaríamos hasta dentro de dos horas. .P Al principio, no dijimos nada. El agua salada y oscura chapoteaba contra el casco del barco, los remos silbaban en el agua y el rumor de la ciudad se fue poco a poco apagando mientras nos iba rodeando una oscuridad creciente. Las piedras de luna, en lo alto de la caverna y en las gruesas columnas que se alzaban hasta el techo, brillaban tenuemente sin llegar a iluminarnos. Por única fuente de luz, teníamos una linterna en la popa que se balanceaba rítmicamente con el oleaje. .D .Bdia Hermano, .Edia me murmuró entonces Yánika. Sus ojos, que habían estado observando a Yodah medio discretamente durante un buen rato, contemplaban ahora las aguas negras con fascinación. .Bdia ¿Viste alguna vez un sowna? .Edia .P Negué con la cabeza. .D .Bdia Que yo sepa, los sownas no entran hasta el Mar de Afáh, se quedan en el Mar de Gassand. Este mar es menos profundo y demasiado cálido para ellos. Por eso, hay mucho coral en el fondo. ¿Nunca nadabas en casa de la abuela? .Edia .D .Bdia No mucho, .Edia admitió. .Bdia ¿Tú nadabas en la isla? .Edia .D .Bdia Todos los días, .Edia sonreí. .Bdia Formaba parte de mi entrenamiento. .Edia .P Yánika puso los ojos en blanco. .D .Bdia Cómo no. .Edia .D .Bdia Tenía que expulsar el agua y mantener aire a mi alrededor, .Edia recordé. .Bdia Cansino, pero divertido. .Edia .D .Bdia Aficiones de destructores, .Edia comentó Yodah. .Bdia Demasiada física para mi gusto. .Edia .P Su intervención nos dejó en silencio un instante. Rafda remaba con fuerza. La pequeña Suri se había quedado dormida en el fondo del bote. Carraspeé. .D .Bdia La bréjica también es física. .Edia .P Yodah enarcó las cejas y asintió. .D .Bdia La mente conlleva una física energética más ardua de entender que la de unos simples minerales. .Edia .D .Bdia Sin duda. .Edia .D .Bdia Por ser más difícil, también tiene más misterios sin resolver, pero la mente tiene la ventaja de que no siempre es necesario destruirla para sacar resultados. .Edia .P Sentí un escalofrío bajo su fría mirada de experto. .D .Bdia Ya… .Edia .P Otra vez, la conversación cayó al agua. No tenía por qué hacer esfuerzos por hablarle, me dije. Yodah se quitó el jubón rojo y se puso cómodo en la proa del barco. El agua cálida del Mar de Afáh calentaba el aire de la caverna agradablemente. Tras un largo silencio, pregunté: .D .Bdia ¿Había mucha gente en la reunión? .Edia .D .Bdia Mm, .Edia reflexionó Yodah. .Bdia Sorprendentemente, estábamos casi todos. Casi cincuenta. Faltabais tú, tu abuelo y… Ah, Sombaw, claro. Ese no ha dado señales de vida desde hace varios años. Estará atrapado en una partida de Erlun interminable. .Edia .D .Bdia ¿Mi abuelo no fue? .Edia me sorprendí. .P Un destello extraño pasó en los ojos de Yodah. .D .Bdia Vino antes de la reunión a hablar con mi padre y decirle su opinión sobre lo que seguramente ya sabes. .Edia .P Fruncí el ceño. No. No sabía de qué estaba hablando. ¿Del Sello? No se lo pregunté porque, obviamente, Yodah no quería hablar de ello enfrente del barquero… ¿a menos que fuera enfrente de Yánika? Me encogí de hombros y el silencio se alargó. El bote avanzaba con rapidez, cortando el agua. Parecía que el propulsor había mejorado, noté. Se lo pregunté a Rafda y este se aclaró la garganta diciendo: .D .Bdia Tu padre encargó un nuevo propulsor más potente. Es realmente increíble y más fácil de activar que el antiguo. Ya no sé ni para qué remo. .Edia .D .Bdia La automatización es el futuro, .Edia apuntó Yodah con ojos encendidos. .P Rafda hizo una mueca y yo comenté: .D .Bdia Los propulsores óricos son una gran idea, pero no son fiables como un remero. No pueden tomar decisiones. .Edia .D .Bdia De hecho, .Edia susurró Yodah con una sonrisa irónica, .Bdia un remero puede venirte con sorpresas. .Edia El aura de Yánika se llenó de irritación y Yodah añadió: .Bdia En cambio, los propulsores son más aburridos porque no tienen mente. .Edia .P Y no había peor juguete que el que no tenía mente, completé para mis adentros, exasperado. Tras un silencio, mi hermana preguntó: .D .Bdia ¿Por qué no se les permite a los ahijados de la isla tener familia? .Edia .P Hice una mueca. No era un tema del que me apeteciera especialmente hablar ahora, pero contesté: .D .Bdia Bueno… No se les permite trabar ese tipo de relaciones con gente extranjera a la familia. Así es el contrato. Los Arunaeh emplean a algunos huérfanos sin lazo alguno con el resto del mundo, los educan y hasta les enseñan bases bréjicas. .Edia .D .Bdia Pero ¿por qué? .Edia insistió Yánika. .D .Bdia Porque así sólo nos deben lealtad a nosotros, .Edia explicó Yodah. .Bdia Reciben una vida tranquila y acomodada a cambio de servir únicamente a nuestra familia hasta su muerte. ¿Te parece incorrecto? .Edia Sonrió ante el mohín fruncido de mi hermana. .Bdia Si vieras cómo son tratados algunos huérfanos por los Pueblos del Agua, cambiarías de opinión. .Edia .P Yánika estaba entristecida. Miró al barquero y a la pequeña Suri dormida. Y se entristeció aún más. .D .Bdia ¿Y ella? .Edia preguntó. .P Yodah se encogió de hombros. .D .Bdia Qué remedio. La dejaremos en la isla. .Edia .P Los remos golpearon el agua con más fuerza. Rafda no decía nada. Pero casi creía haber oído su corazón dar un bote. .D .Bdia ¡Eso lo debería decidir Rafda! .Edia se indignó Yánika. .Bdia ¿Y si no quiere obligarla a vivir en la isla? Es su padre… .Edia .D .Bdia Él lleva el Datsu de los ahijados, .Edia replicó Yodah con tranquilidad. .Bdia Es un ahijado Arunaeh. Mi padre hizo la vista gorda dándole la opción de dejar a la niña en un internado, pero Rafda no lo ha hecho. Por consiguiente, deduzco que quiere que ella también viva en Taey. .Edia .D .Bdia No quiere, .Edia protestó Yánika. .Bdia ¿Te llamas brejista? Pues simplemente mírale a la cara. Él está… .Edia .D .Bdia Yánika, .Edia la corté. .Bdia Cálmate. .Edia .P Me miró con incredulidad. Parecía recriminarme el hecho de no haberle hablado nunca de los ahijados Arunaeh. ¿O bien la exasperaba el hecho de que yo no estaba indignado como ella? Carraspeé, buscando las palabras adecuadas. Rafda se me adelantó. .D .Bdia Mahis, .Edia dijo el barquero con lentitud. .Bdia Perdón por la molestia pero… pensé que no iríais a aceptarla. Como el Sello está… Bueno, saqué conclusiones y no debí hacerlo. Pero, .Edia agregó con más fuerza, .Bdia si estáis dispuestos a cogerla en nuestra familia y emplearla en la isla, me sentiría agradecido. .Edia .P El aura de Yánika se llenó de sorpresa. Yodah sonrió levemente. Yo suspiré. .D .Bdia Escucha, Yani. Los ahijados de la isla de Taey son pocos y viven bien. Son miembros de la familia. Mira, nuestro abuelo materno es un ahijado y ahora vive como un rey retirado con todo tipo de comodidades. Y si se queda en la isla es porque quiere. La isla es grande. Puedes pasarte el día andando para dar toda la vuelta. No es ninguna prisión. Y tampoco lo será para esa pequeña. Recibirá el Datsu de los ahijados y… .Edia .P Callé y miré a Yodah. Si el Sello no funcionaba… ¿cómo iban a meter a la hija de Rafda en la familia? Adivinando mi pensamiento, el hijo-heredero dejó escapar: .D .Bdia Descuida. Se están haciendo experimentos. .Edia .P Agrandé los ojos. ¿Experimentos? .Sm -t penso Por Sheyra , espiré de asombro. Yánika todavía estaba asimilando su evaluación errónea con respecto a la inquietud de Rafda… Yo estaba atónito. Madre… ¿estaba intentando fabricar Datsus con un Sello alterado? .D .Bdia No puedo creerlo, .Edia mascullé. .Bdia Creía que habíais vedado la entrada. ¿Cómo podéis dejar que mi madre…? .Edia .D .Bdia Hablaremos de eso en otro momento, .Edia me interrumpió Yodah. .Bdia Siento que tienes mucho que contarnos de todas formas. .Edia .P Fruncí el ceño, turbado por sus ambiguas palabras. .D .Bdia ¿Qué quieres decir? .Edia .P Yodah se rascó la mejilla con una mueca y cerró los ojos suspirando: .D .Bdia Entre otras cosas, por qué llevas un collar de Liireth al cuello y algún que otro detalle. .Edia Inspiré bruscamente. Tendido en la proa, él me sonrió. .Bdia Si te crees que el cuello de una camisa puede ocultarlo ante los ojos de un brejista… Sois graciosos, .Edia rió por lo bajo. .Bdia Hace tres años que no venías aquí y ahora lo haces con ese pequeño prodigio bréjico y con un collar de espectro. Cualquiera diría que quieres causar conmoción. Siento que me voy a divertir un rato con vosotros en la isla. ¿Cuánto tiempo planeas quedarte? .Edia .P Dejé de apretar los dientes, decidí tomármelo con calma y contesté: .D .Bdia Como mucho dos semanas. .Edia .P Yodah cruzó las piernas. .D .Bdia Dos semanas, .Edia repitió. .P Y no dijo más. Yo quería respuestas, pero prefería tenerlas de parte de otras personas que de Yodah. A Madre, a pesar de sus ataques sentimentales o tal vez gracias a ellos, podía hablársele más fácilmente que al hijo-heredero. Suspiré y, ante los ojos interrogantes de Yánika, meneé la cabeza y dejé que mi mirada se perdiera en las aguas tranquilas del mar. De cuando en cuando, se veían luces en el fondo. Algunas eran piedras, otras algas o peces luminosos. No todas las criaturas que vivían ahí abajo eran inofensivas. Había medusas venenosas, nurones que se rehusaban a ser civilizados por los demás saijits y leawargos que vivían tanto en el mar como en las columnas rocosas. Sin embargo, mayormente, aquella zona del mar no era tan peligrosa como otras. .P El cansancio de haber pasado medio ciclo andando por el Bosque de Gan me ganaba y el sopor se apoderaba poco a poco de mí. Estaba casi dormido, ¿o bien del todo dormido? .Bm El corazón me latía. Los ojos se me cerraban. No me dolía nada. Sí, me dolía. No, no me dolía nada. Pero me había dolido, hacía mucho tiempo… ¿El qué? Todo. ¿Exageraba? No. .Em De pronto el aura exaltada de Yánika me despertó en sobresalto. .D .Bdia ¿Qué estás haciendo? .Edia preguntaba, a la vez confusa y ultrajada. .Bdia ¡Le haces sentir cosas raras a mi hermano! .Edia .P Espabilé y advertí efectivamente la presencia de un hilo bréjico muy fino que se deshilachaba. Tumbado en la proa, Yodah se carcajeó. .D .Bdia Perdón, perdón. Sólo le estaba haciendo preguntas a su mente. No te pongas así. .Edia .P El aura de Yánika bullía ahora de enfado. Yo miraba a Yodah con fijeza. Ni siquiera había necesitado contacto físico. Había aprovechado mi sopor y me había… Resoplé. .D .Bdia Te pediré que no vuelvas a hacerlo, Yodah. .Edia .D .Bdia ¡Es un juego inocente! .Edia .D .Bdia Entre brejistas, tal vez. Pero yo no soy brejista, .Edia repuse. .Bdia Eso fue bajo. .Edia .P Yodah puso los ojos en blanco, inspiró con las manos detrás de la cabeza y asintió. .D .Bdia Está bien. La próxima vez te avisaré. .Edia .P Maldito… Sin embargo, esta vez sus ojos no bromeaban. Leí en ellos un destello inflexible que me recordaba a Padre, y también al líder de los Arunaeh. .Bpenso Yodah es el hijo-heredero, .Epenso me repetí. Y, después de aquello, no me quedaba duda de que sabía manejar su bréjica con una habilidad certera. Hasta había pasado a través de la protección del Datsu sin aparente esfuerzo. En silencio, fruncí el ceño y volví la mirada hacia las olas. Ya no quedaba mucho para llegar. A lo lejos, las luces del edificio principal de Taey brillaban como mil fuegos. .P Y cuanto más nos acercábamos, más sentía pesar sobre mí una energía extraña. Una energía deprimente. Sombría. Que parecía querer desgarrar el alma. Mi Datsu se desató un poco. Y luego un poco más. Gradualmente, fue resistiéndose a la creciente energía que nos envolvía. Al de un rato, me fijé en que Yánika estaba temblando. .D .Bdia ¿Qué… qué es esto? .Edia preguntó, aturdida. .P Sabía lo que era. Aunque no estaba menos asombrado por ello cuando contesté en un murmullo: .D .Bdia Nuestro Sello. .Edia .Ch "La fauna de Taey" .\" 03/07/2019 En cuanto desembarcamos, Yodah posó una mano sobre la cabeza de la niña aterrada. Viendo que esta se relajaba, entendí que el hijo-heredero le había soltado un sortilegio temporal para que el miasma no la afectara tanto. Le eché una mirada a mi hermana preguntándome si ella también… .D .Bdia Tiene el Datsu, .Edia me contestó Yodah antes siquiera de que se lo preguntara. .Bdia Soltarle sortilegios bréjicos de esos no es tan fácil. Tranquilo, el miasma no debería de afectarla tanto como a la pequeña. Bien. Rafda, ven conmigo. Liyen querrá hablarte. Drey, .Edia añadió. Sonrió y alzó una mano hacia mí: .Bdia Saluda a tu madre de mi parte. Yo que tú iría con tiento… no sea que pierda los pedales. .Edia .P No repliqué. Saludé al otro barquero, el viejo Dango, con un gesto de cabeza y tomé unas escaleras que subían por una cuesta cubierta de arbustos con flores amarillas. .D .Bdia Por aquí, Yani, .Edia la animé. .P Mi hermana, al contrario que yo y pese a lo que había dicho Yodah, sentía los efectos del miasma del Sello y le costaba avanzar. Respiraba precipitadamente. Me inquieté. .D .Bdia ¿Quieres que te ayude? .Edia .P Mi hermana hizo una mueca y negó enérgicamente con la cabeza. .D .Bdia Yo soy la que he venido… a ayudarte, .Edia jadeó. .Bdia Esto no es nada. Me siento bien, .Edia afirmó. .P Por un momento, sentí su aura a través de mi Datsu. Un aura determinada y desafiante. Pero no tardó en desaparecer, devorada por el denso miasma bréjico que cargaba el aire de la isla. Cuando pensaba que el Sello estaba metido en el monte… Tal vez incluso yendo hasta la otra punta de la isla se siguiera sintiendo. Mar-háï, si antes los Arunaeh vedaban la entrada a todo aquel que no tuviese Datsu por cuestiones familiares, ahora existía una nueva razón bastante más poderosa. Si Yánika no aguantaba el miasma… Me llevé la mano a la cabeza, incrédulo. Dioses de los demonios. No me había imaginado que el problema del Sello fuera así de grave. .D .Bdia Estoy bien, .Edia insistió Yánika adelantándome en las escaleras. .Bdia Vamos. .Edia .P De alguna forma, mi hermana estaba luchando contra el miasma sin necesidad de Datsu. Aunque no lo conseguía fácilmente y pronto ralentizó en la subida. La dejé ir a su ritmo. Pese a mi Datsu desatado, sentía cierta culpa por haberla traído ahí. Sin embargo, ella también quería salvar a Orih. Si tan sólo hubiera sido experto brejista como los demás Arunaeh, no habría necesitado volver a la isla… Pero pensar en síes no iba a serme de ninguna ayuda. .P Arriba de las escaleras, serpenteaba un camino bien cuidado en una ligera cuesta cubierta de hierba azul. A los lados, se alzaban dos casas. Una, la de la izquierda, construida en granito, tenía una galería subterránea que atravesaba el monte, pasando por la sala del Sello. La otra, en basalto oscuro, era la casa de la Selladora. Mientras ascendíamos hasta esta, mi órica sintió una brusca inhalación y alcé la vista hacia la terraza para ver a una kadaelfa levantarse de su silla con un libro en la mano. Era una mujer de unos cincuenta años, ojos penetrantes y cuerpo menudo pero enérgico. Como de costumbre, llevaba el pelo negro cortado a nivel de los hombros y una discreta diadema de plata que canalizaba su poder bréjico. Su expresión de sorpresa se trocó curiosamente rápido en una expresión de reprimenda. .D .Bdia Drey Arunaeh. Ya era hora de que vinieras, sobrino. Aunque podrías haber avisado. .Edia .P Le dediqué una sonrisilla de disculpa. .D .Bdia Hola, tía Sasali. Lo siento. Fue una decisión de última hora. ¿Todo bien? .Edia .D .Bdia ¿En serio me lo preguntas? .Edia replicó mi tía. Sus ojos de halcón fueron a pararse sobre Yánika. Hizo una mueca. .Bdia Vaya. Me la imaginaba un poco menos… fea. .Edia .P Sentí el aura de Yánika dar un bote por el impacto. Mascullé: .D .Bdia Acaba de pasar por una mala racha. Veneno de yurmi. .Edia .D .Bdia ¿Yurmis, eh? .Edia La tía Sasali sonrió. .Bdia Descuida, muchacha. Tengo unas cremas que a lo mejor pueden arreglar esa cara. Será mejor que vayas a ver a tu madre, Drey. Yo me ocuparé de tu hermana. .Edia .D .Bdia Después, .Edia repuse. .Bdia Ella viene conmigo. Es necesario. .Edia .P No expliqué nada más y me adelanté hacia la puerta. Había sido seco. Pero la tía también lo era. Probablemente todos lo fuéramos en esa isla rebosante de miasma teniendo en cuenta que manteníamos el Datsu desatado por necesidad. Todos salvo Yánika… y la Selladora. .P El interior de la casa era sencillo, sin ornamentos. Había un ancho pasillo y, a la derecha, una puerta abierta hacia el salón. En unas zancadas, la alcancé y asomé la cabeza. Nada había cambiado. Los sillones, la alfombra verde que cubría el suelo, la luz rojiza de la linterna encendida y las paredes sombrías y frías, todo estaba igual. Madre se encontraba sentada en el gran sillón, como la había visto innumerables veces, sólo que ahora, en vez de peinar el largo cabello negro de mi prima Alissa, tenía a un conejo gris dormido en el regazo. .P Con sus dedos largos y pálidos, acariciaba el pelaje del animal mientras tarareaba una canción de cuna. Sus párpados estaban casi cerrados, su cabello largo caía a su alrededor como una cascada de tinta. Era menos menuda que su hermana Sasali, y a la vez su tez más pálida que azulada le daba un aire más frágil y lánguido. Abrí la boca… La cerré. Tragué saliva. A veces, cuando la veía así, olvidaba rápido lo sensible que era. No quería sobresaltarla. Quería que se alegrara… .P De pronto, Madre dejó de tararear, sonrió suavemente sin abrir los ojos y murmuró: .D .Bdia Hijo. ¿Eres tú? .Edia .P Tras echarle una ojeada a la expresión conmovida de Yánika, le hice un gesto para que se mantuviera en la puerta y me acerqué diciendo: .D .Bdia Madre. .Edia Ella había tendido una mano y se la cogí con dulzura. .Bdia Ya he vuelto. .Edia .P Me crucé con sus ojos azules. .D .Bdia Cuánto has crecido, hijo mío, .Edia se emocionó. .P Estuvimos así durante un buen rato, ella apretándome la mano con un ligero temblor, yo manteniéndome inmóvil, no atreviéndome a decir nada brusco, y menos a presentarle a Yánika. No había vuelto a ver a su hija desde hacía doce años y no sabía cómo reaccionaría. Al final, pregunté con ligereza: .D .Bdia ¿Has adoptado a un conejo? .Edia .P Madre bajó la mirada hacia el conejo al que seguía acariciando regularmente con su otra mano. .D .Bdia Mm… Es un conejo de esta isla. Desde que ocurrió lo de… .Edia Su expresión se alteró y temí lo peor pero, para sorpresa mía, se controló y, acariciando el pelaje del animal dormido, volvió a sonreír. .Bdia Este conejo es uno de tantos de la isla… Pero estoy intentando salvarlo. .Edia .D .Bdia ¿Está enfermo? .Edia .D .Bdia No… Es esta isla la que está enferma. Nunca pensé que hubiera tanto ser vivo aquí. Conejos, gatos salvajes, ratones, escarabajos… Por fortuna, ya me encargué de las gacelas blancas. .Edia .P Bajé unos ojos estupefactos hacia el conejo, entendiendo al fin lo que quería decir. Mi madre estaba intentando salvar al conejo del estrés que le producía el miasma. Mar-háï, ¿a cuántos animales había estado soltando sortilegios bréjicos? Y… ¿con cuántos había estado usando el Sello para relajarlos? ¿Acaso estaba poniendo sellos hasta a los escarabajos? Dánnelah… ¿Eran esos los ‘experimentos’ de los que había hablado Yodah? Resoplé por lo bajo. .D .Bdia No debes esforzarte, Madre… .Edia .D .Bdia No puedo verlos sufrir así, hijo, .Edia dijo ella. .Bdia Es necesario. Además, estoy aprendiendo mucho. Tal vez… consiga algún día reparar mi error. Tengo esperanza. .Edia .P Pese a mi Datsu desatado, sentí un leve temblor al oír sus palabras. Su error, decía… Sin duda se refería al sello fallido de Yánika y a la alteración del suyo propio. La contemplé mientras ella miraba, enternecida, al pequeño animal dormido. A veces, de niño, me había preguntado si Madre sufría por sus cambios de humor. Nunca la había logrado entender. Tan pronto como se ponía a gritar, se calmaba y hacía como si se olvidara de todo. Sólo una vez, cuando le había soltado una descarga bréjica a mi padre, recordaba haberla oído decir: lo siento. A la larga, había llegado a la conclusión de que era muy consciente de su problema y que sufría por ello. Y eso me hacía sentir mal. Y me sentía aún peor pensando que la había estado rehuyendo e ignorando sin piedad. No sé si por cariño o por culpabilidad le besé la mano, atrayendo su mirada, y dije: .D .Bdia Siento haberte preocupado estos tres años, Madre. .Edia .P Ella meneó suavemente la cabeza. .D .Bdia No te preocupes por ello… Las madres se preocupan por todo. Es normal. Cuéntame qué tal, hijo. Siéntate y cuéntame lo que has hecho allá afuera. Dime qué te ha parecido el sol y descríbemelo, porque yo nunca lo he visto. .Edia .P Asentí. .D .Bdia Te prometo hablarte de todo ello, Madre. Sin embargo, antes, tengo a alguien que presentarte. Alguien a quien, creo, te alegrarás de ver. Ella… .Edia .D .Bdia ¿Está aquí? .Edia inspiró Madre. .P Asentí sin desviar los ojos de los suyos. ¿Estaba tranquila? Eso esperaba. Me aparté y le hice un gesto a Yánika para que se acercara… Me llevé una sorpresa cuando vi que no estaba en la puerta. Parpadeé. .D .Bdia Estaba ahí hace un segundo. Tranquila, Madre. Seguramente habrá querido dejarnos solos un rato. Ahora la traigo, .Edia prometí. .D .Bdia No, espera, .Edia protestó Madre. .Bdia No me dejes sola otra vez. Siéntate. Ella ya volverá. Sé que volverá. Siéntate. .Edia .P Sus ojos brillaron. Era mal signo. Vacilé. ¿Adónde diablos habría ido Yánika? No debía irse muy lejos, o me transformaría en espectro y… .D .Bdia Hermano… .Edia dijo de pronto la voz de Yánika en el pasillo. .Bdia Es que… es que estoy realmente horrible. La tía tiene razón. Creo que debería ponerme esa crema antes… .Edia .D .Bdia ¿Qué estás contando? .Edia resoplé, exasperado, desde el salón. .D .Bdia La primera impresión es la que más cuenta, .Edia razonó Yánika. .Bdia Eso me has dicho antes en Kozera. No quiero que Madre me vea con esta cara… Estoy horrible. .Edia .P Maldije a la tía Sasali por sus comentarios inútiles y repliqué, exasperado: .D .Bdia Estás perfecta, Yani. En serio. En comparación con ayer, estás mucho mejor. Poco a poco, te pondrás guapa otra vez. .Edia .D .Bdia Me acabas de llamar fea, .Edia refunfuñó Yánika. .D .Bdia Esto es ridículo, .Edia grazné. .P De pronto, Madre rió por lo bajo. Muy pocas veces la había oído reír y la miré con sorpresa. .D .Bdia Hija mía, .Edia dijo alzando la voz. .Bdia Entra. Aunque tengas cara de sapo o de basilisco, no me importa. .Edia .P Hubo un silencio. Entonces, al fin, Yánika superó su complejo y entró en el salón. Madre parecía tomárselo con calma, pensé, aliviado. Yánika, en cambio, estaba tan emocionada que su aura se enfrentaba eficazmente al miasma. .D .Bdia M-Madre, .Edia balbuceó. .D .Bdia Hija. .Edia .P Acepté el conejo dormido que me tendía Madre y esta se levantó para abrazar a su hija por primera vez en doce años. .D .Bdia Madre… .Edia sollozó mi hermana. .P En el silencio de la casa, Yánika se puso a llorar a moco tendido mientras nuestra madre la sostenía suavemente entre sus brazos. Menos mal que la había avisado de que mantuviera la calma… .P Fuera como fuera, el encuentro nos alegró a los tres. Con serenidad, me senté en un sillón con el cuerpo cálido y peludo del conejo entre mis brazos. En su morro, tenía una marca bréjica, me fijé. Y también en las orejas. No parecía estresado por el miasma: dormía con la tranquilidad de un animal doméstico. .P Durante largo rato, estuvimos los tres hablando de todo y de nada, Yánika y Madre más que yo. Cómodamente instalado en mi sillón, las escuchaba, sonriente y atento, acariciando al conejo entre las dos orejas. Hablaron de las cartas que se habían enviado todos estos años, Yánika contó nuestros viajes por Razoiria y Temedia y mis trabajos como destructor, nuestra larga estancia en Donaportela y nuestro encuentro con los Ragasakis. Madre la escuchaba con interés. Sin embargo, pese a su gran calma, sabía que hacía esfuerzos para no perder atención. Siguiendo mis consejos, Yánika no habló de ningún acontecimiento que nos hubiera puesto en peligro: se saltó, así pues, la aventura con los vampiros y los Atarah. Estaba describiéndole a Madre el mercado de Firasa cuando la tía Sasali vino a unirse a la conversación con una tetera de moigat rojo y aprovechó para usar su crema sobre el rostro de Yánika, para gran alegría de esta. La conversación se hizo más banal. Me estaba quedando medio dormido, contagiado por la pereza del conejo, cuando oí decir a Yánika: .D .Bdia Ahora nos toca a nosotros ayudar a los Ragasakis. Orih fue raptada por los espectros, y esperamos poder encontrar información sobre ellos en el collar con el que se quedó Livon, el permutador. Los firasanos lo querían hacer examinar por la Academia de Trasta, pero Drey dice que ahí no hay brejistas de verdad y… .Edia .D .Bdia Yani, .Edia la corté con voz calmada pero firme. .Bdia Tendremos tiempo para hablar de ello mañana. .Edia .P Yánika calló, interrogante. No lo entendía. No entendía que había que ser delicado soltando nuevas, sobre todo las que incumbían a sus hijos. .D .Bdia ¿Dónde está Padre? .Edia pregunté. .D .Bdia Buah, buah, buah, .Edia dijo tía Sasali posando su taza de moigat rojo. .Bdia Ese es otro caso perdido. Estuvo buscando mil formas de usar el Orbe del Viento para ayudar a controlar el Sello, pero no lo consiguió. Hace una semana, le propusieron un trabajo de destrucción en Doz y le dije que se fuera para relajarse un poco. Lústogan, tú y tu padre… Parece que no tenéis mejor manera de distraeros que rompiendo roca. Aunque si hubiera sabido que ibas a venir, le habría dicho que se quedara. .Edia Chasqueó la lengua. .Bdia Tu madre y yo estuvimos a punto de convencerlo para que fuera a buscarte a Firasa en persona para la reunión… Pero ya conoces a tu padre. Cada uno, como dice, sigue su Camino de Equilibrio como le place. No quería molestarte. Así que le mandó a tu hermano para que hablara contigo. Pero él no te convenció. .Edia .P Sonreí levemente, divertido. Lústogan más bien había venido a avisarme de los riesgos que corría volviendo a casa. Aún no sabía de qué habían hablado en la reunión… Seguramente del Sello. Sólo esperaba que no hubiesen hablado de mí. Pero era una esperanza vana, me dije. Todos ya debían de estar al corriente de la historia de Kala. Como decía Lústogan, no era algo que se podía mantener secreto por mucho tiempo. Salvo Madre, pensé, alzando la vista. Ella sabía todo eso desde hacía diecisiete años, y lo había guardado en silencio… ¿Por qué? .P Me crucé con la mirada aguda de la tía Sasali. No le hacía falta usar bréjica para hacerme entender que hablar del Sello ahora no era una buena idea. Asentí imperceptiblemente con la cabeza y la tía soltó: .D .Bdia ¡Bueno! Ya va siendo hora de que os vayáis a dormir, joven gente. Tenéis unas ojeras que parecen surcos. ¿Queréis cenar algo antes? .Edia .D .Bdia Yo no, gracias, .Edia dije, levantándome. .D .Bdia Hemos comido como nadros antes de llegar a Kozera, .Edia aseguró Yánika. .P Me giré hacia Madre y le devolví el conejo, que tras varias horas de siesta había empezado a mover las orejas y a masticar aire. Ella lo aceptó y tendió una mano para coger la mía diciendo con suavidad: .D .Bdia Estoy muy feliz, hijo, de que hayáis venido los dos… .Edia Cerró lentamente los párpados y los volvió a abrir. Su mano tembló, apretando la mía con tal vigor que tuve que esforzarme para mantenerme inmóvil. Al fin, su puño se relajó. .Bdia Mañana, .Edia retomó, .Bdia tal vez puedas ayudarme a capturar al gato gris. Ese todavía no lo he conseguido amansar. Me ayudarás, ¿verdad, Drey? .Edia .P ¿Una caza al gato gris, eh? No pude evitar sonreír. .D .Bdia Por supuesto. Yánika también te ayudará, ¿verdad? Te lo traeremos sin falta. .Edia .P Madre sonrió. Y finalmente me soltó. Les dimos los dulces sueños a ella y a la tía Sasali y salimos al pasillo. Sólo entonces me atreví a masajearme la mano dolorida. Estaba guiando a mi hermana hasta los cuartos cuando la vi perder un instante el equilibrio. .D .Bdia ¡Yánika! .Edia me preocupé. .Bdia ¿Estás bien? .Edia .D .Bdia Esto… Más o menos… .Edia aseguró. .Bdia Es esta bréjica. .Edia .P Yani se frotó vigorosamente la cara como para espabilar e hizo una mueca al darse cuenta de que su gesto había estropeado la máscara de crema que le había preparado la tía Sasali con tanto esmero. .D .Bdia Oh, no… .Edia .P Puse los ojos en blanco. Si era capaz de preocuparse por su crema y su rostro, supuse que no estaba tan mal. Abrí la puerta de mi cuarto. Este, iluminado tenuemente por piedras fluorescentes, estaba tan despojado como siempre. No había cama: toda una parte de la habitación estaba cubierta con una colchoneta hinchada por rocaleón y algas talvelias, un invento que resultaba incluso más cómodo que cualquier colchón. La invité a entrar: .D .Bdia Venga. Mañana cazaremos al gato gris aquel y te enseñaré los alrededores. ¿Yánika? .Edia me sorprendí, al fijarme en que se había detenido en la puerta. .P Mi hermana meneó la cabeza. .D .Bdia Madre, .Edia murmuró. La miré con fijeza, interrogante. Ella tragó saliva. .Bdia Madre actúa de manera tan sensible y, aun así, sus emociones… .Edia Bajó la vista hacia sus manos con el ceño fruncido murmurando: .Bdia No las percibo. En absoluto. Es como si hubiese una barrera que me impidiese sentirlas. Jamás me había pasado estar así de ciega… Es muy extraño. .Edia .P Arrugué el entrecejo. ¿Una barrera? Aquello me dio que pensar. Era la primera vez que Yánika no conseguía percibir ni un mínimo los sentimientos de un ser vivo. Tampoco los percibía conmigo cuando yo desataba completamente mi Datsu, pero eso era porque yo no los tenía. Madre, en cambio, tenía sentimientos, era más que obvio, y aun así ¿Yánika no lograba percibirlos? Posé mi mochila, absorto. Sabía que Madre había estudiado su propio Datsu durante años y que otros Arunaeh la habían asistido, sin llegar a ningún resultado. Jamás les había oído decir que hubiera una barrera bréjica en su mente… Y, sin embargo, eso explicaría la ceguera de Yánika. ¿A menos que el Sello estuviera afectando a esta hasta el punto de hacerle perder su habilidad? .D .Bdia ¿Hermano? .Edia añadió Yani, tras cerrar la puerta del cuarto. .Bdia Mañana… ¿le hablarás del collar, verdad? .Edia .P Hice una mueca y me rasqué el cuello asintiendo. .D .Bdia Claro. .Edia .P Yánika sonrió. .D .Bdia Estoy segura de que querrá ayudarnos. Madre tiene buen corazón. Me alegro de que por fin haya podido verla. .Edia .P Una sonrisa vacilante estiró mis labios. Buen corazón, decía… Sí, lo tenía, a su modo. Los ojos interrogantes de Yánika me incomodaron. En ese momento, me hubiera gustado poder salir de la casa, ir a darme un chapuzón, quitarme el polvo del viaje y meditar a solas un rato antes de dormir… pero no podía hacerlo por culpa del espectro. .P Abrí mi mochila y, de debajo del lingote de hierro negro, saqué una cuerda. Era una cuerda fuerte de cuero que había recuperado de nuestra casa de Firasa contando con que no podría romperla como el metal. La miré, pensativo. .D .Bdia Me pregunto si el miasma del Sello afecta al espectro como le afecta tu aura, .Edia medité. En tal caso, la probabilidad de que el espectro lograra controlarme sería aún menor. Pese a todo, le tendí la cuerda a Yánika. .Bdia Por favor, átame con esto, por si acaso. Hasta ahora teníamos a Jiyari y a los Zorkias con nosotros, pero si me llega a pasar algo aquí no quiero por nada del mundo que Madre me vea transformado. .Edia .P El aura molesta de Yánika me alcanzó y la miré con paciencia. .D .Bdia Hablo en serio. No es que no confíe en tu poder. Es que no confío en el espectro. Dormiré mucho más tranquilo. .Edia .P Meneando la cabeza, Yánika cogió la cuerda y empezó a maniatarme las manos detrás de la espalda con firmeza. Estaba haciendo el último nudo cuando dijo: .D .Bdia Hermano. ¿Por qué Padre y tú pensabais que era peligroso para mí venir a la isla? Sé que Madre… Si le digo que no quiero cambiar mi Datsu, ella lo entenderá. Ella… .Edia Resopló y su aura se llenó de amargura. .Bdia Me mantuvisteis lejos de la isla por un riesgo estúpido. Madre jamás me habría forzado a nada. ¿Has visto cómo es? Hasta salva a los conejos… .Edia .D .Bdia Precisamente, .Edia la corté con un suspiro. .Bdia No soporta que nadie, ni un conejo, sufra de desequilibrio. Y tú, para ella eres… .Edia Callé. .Bpenso La razón por la cual sigue experimentando con tanto ahínco para reparar el Sello, .Epenso pensé. Me tragué las palabras y, bajo su mirada impactada, chasqueé la lengua. .Bdia Attah. Olvídalo. Esta vez Madre ha estado muy tranquila. Temí que verte la haría recordar el pasado, pero puede que esté aprendiendo a controlarse… .Edia .P Yánika me rodeó sobre la amplia colchoneta y se encaró conmigo, clavando sus ojos negros en los míos. Me turbé. Que Yánika me culpara por haberla mantenido lejos de su madre me consternaba aun con el Datsu desatado. .D .Bdia Yani, yo… No sabía. No pensé… .Edia .P Me interrumpí. ¿No sabía que Yánika deseaba ver a su madre? ¿En serio? Mar-háï, claro que lo sabía y pese a todo había elegido seguir el ejemplo de Padre y mantenerla alejada de la isla. .D .Bdia Por Sheyra, .Edia murmuré, .Bdia ¿estás enfadada? .Edia .P Yánika ladeó la cabeza y, al verla meditar su respuesta, hice una mueca molesta. Al fin, sonrió. .D .Bdia No. Lo hiciste porque pensabas que Madre me pondría en peligro. Como Padre, sólo querías protegerme. .Edia Se abrazó las rodillas y admitió: .Bdia A veces me cuesta entender a los Arunaeh. .Edia .P Su confesión me arrancó una sonrisa divertida y aliviada. .D .Bdia Somos un poco especiales, .Edia lancé, tumbándome. .Bdia Ya has visto a la tía… y al hijo-heredero. .Edia .D .Bdia ¿El hijo-heredero? .Edia se sorprendió Yánika. .D .Bdia Yodah. El que vino con nosotros en el bote… .Edia .D .Bdia ¿Ese perturbado es el hijo-heredero del clan? .Edia exclamó Yánika, enderezándose de golpe. .P No pude evitar sonreír de oreja a oreja al oírla llamarlo perturbado. .D .Bdia ¿Tú lo llamas perturbado? Él habrá pensado lo mismo de ti. Acostúmbrate, .Edia dije mientras Yánika se sentaba, meditabunda. .Bdia Los Arunaeh tienen una percepción del equilibrio no del todo intuitiva. .Edia .D .Bdia ¿Equilibrio? ¡Te atacó con bréjica! ¿Qué tiene eso que ver con el equilibrio? .Edia resopló Yánika. .Bdia Y, encima, se ha reído diciendo que era un juego… A mí no me parece un juego meterse en la cabeza de una persona. .Edia .P Y lo decía la que siempre había afectado con sus emociones a la gente de su alrededor… Puse los ojos en blanco y traté de encontrar una posición cómoda pese a mis manos atadas mientras contestaba: .D .Bdia No te alteres. Que sepas que nuestro clan es bastante razonable. Sospecho que Yodah no se metió en mi mente por puro juego únicamente. Quería confirmar algo. .Edia .P En la habitación semi-oscura inundada por el miasma, percibí el aura curiosa de Yánika. .D .Bdia ¿Confirmar algo? .Edia .P Giré la cabeza hacia ella. Ahora que no me quedaban dudas… no tenía ya razones por las que no contárselo. .D .Bdia Yánika. ¿Estás muy cansada o quieres que te cuente lo que he ido aprendiendo últimamente sobre… ese ser que está en mí y cuyos sentimientos no siento? .Edia .P La curiosidad subió varios escalones y tomé aquello por una invitación a contarle lo de los Pixies. En el silencio del cuarto, hablé a media voz de mis sueños y de mi segundo encuentro con Jiyari. Al principio, se mostró sorprendida de que los Ocho Pixies del Desastre realmente existieran, pero el resto lo aceptó con gran facilidad. Y cuando le dije que, al tomar control de mi cuerpo, Kala se había acercado a Jiyari para abrazarlo, su aura se llenó de diversión. Carraspeé, terminé y ella emitió un aura pensativa. .D .Bdia Ahora que lo recuerdo, .Edia murmuró. .Bdia Jiyari dijo en la biblioteca que era uno de los Pixies. De modo que no bromeaba. .Edia .D .Bdia O al menos posee algunos recuerdos, .Edia maticé. .Bdia En fin… Todo esto para decirte que los Arunaeh están muy probablemente ya al corriente del papel que ha desempeñado la mente de Kala en la alteración del Sello. Y saben que esa mente la tengo yo. De ahí que… .Edia marqué una pausa y carraspeé, retomando: .Bdia de ahí que me gustaría que no te asustaras si vienen a buscarme. .Edia .P Hubo un silencio. Y una pizca de alarma en su aura. .D .Bdia ¿Si vienen a buscarte? .Edia repitió. .P Alcé los ojos hacia las sombras del techo, suspiré y cerré los párpados diciendo: .D .Bdia Apostaría mi diamante de Kron a que ya están vigilando la casa. Con ese miasma, no puedo distinguir los sortilegios pero… me lo dice la intuición. Tengo a un espectro y a un Pixie amenazando con arrebatarme el control de este cuerpo, y al contrario que yo, nuestra familia no va a fiarse de tu poder para asegurarse de que no pierdo la cabeza. Por favor, no te alarmes. Precisamente te digo esto para que no te pille desprevenida. Ellos me interrogarán. Nada de torturas, .Edia aseguré. .Bdia Son nuestra familia. No tengo nada que esconderles. Sin embargo, intentarán, como Yodah, ver hasta qué punto mi mente está fusionada con la de Kala. No va a pasarme nada. Son expertos brejistas, te recuerdo. Y sea Madre o sea otro Arunaeh, sacarán la información del collar y me liberaré de él, te lo prometo. Y cuando todo esto acabe, volveremos a Kozera, nos encontraremos de nuevo con los Ragasakis y salvaremos a Orih. Sólo te pido que no te preocupes si no me ves durante unos días. .Edia .P Hubo un largo silencio. Muy largo. Y Yánika no decía nada. Ni tampoco se dormía. Meneé la cabeza y al cabo de un largo rato murmuré: .D .Bdia Sé que no conoces bien nuestro clan. Son unos especímenes raros, unos perturbados para muchos pero… nunca han abandonado a ninguno de sus miembros. Confía en ellos, Yani. .Edia .P Tras otro silencio, Yánika asintió a través de su aura. Lo intentaría, me alegré. Entonces, desaté aún más mi Datsu y poco a poco me sumí en un sueño profundo. Tuve un sueño absurdo en el que me sentaba a una mesa con un oso sanfuriento, nos sonreíamos y nos poníamos a comer, él un tarro de miel, yo un plato de guijarros… Y, muy lejos, creía oír el grito desesperado de un ser perdido. El grito de un espectro frustrado. Un grito de odio. .Ch "Prueba" .\" 05/07/2019 Al día siguiente, los demás Arunaeh esperaron pacientemente a que encontráramos al gato gris y se lo trajéramos a nuestra madre. Fue Yánika quien lo encontró, erizado y arrinconado sobre una roca junto a la orilla. Amplió su aura, llenándola de serenidad. Viéndola así concentrada y con la mirada fija en el gato que bufaba sacando las garras, no pude más que preguntarme cómo diablos conseguía sentirse tranquila estando rodeada de un miasma depresivo. ¿En serio podía estar usando tan sólo su fuerza de voluntad? .P El gato dio un salto, aún inquieto. Patinó, perdió el equilibrio y cayó al agua. Golpeado entonces por el oleaje, soltó un ruidoso bufido que acabó en un sonido atragantado. .D .Bdia Mar-háï, .Edia solté, abalanzándome. .P En unos segundos lo alcancé y le di la bola de pelos mojada a Yánika. El animal siseaba, tosiendo agua, hasta que se puso a maullar y a balancear la cola, aún colgado en los brazos de mi hermana. Esta suspiró, aliviada. .D .Bdia Ahora está bien. .Edia Le sonrió ampliamente al felino. .Bdia Vamos a casa, Ciclón. .Edia .D .Bdia ¿Ciclón? .Edia repetí, extrañado. .D .Bdia ¡Mm! Es su nombre. Leí que cuando había ciclones las nubes se hacían igual de grises que cuando llueve. Podría haberlo llamado Lluvia, pero tiene menos fuerza que Ciclón… ¿No te gusta? .Edia .P Miré al gato gris que fruncía la nariz, observándonos con sus ojos violetas, y solté una carcajada. .D .Bdia Qué va, Ciclón es perfecto. Venga, volvamos. .Edia .P Habíamos rodeado media montaña para encontrar al tal Ciclón y anduvimos una buena media hora antes de alcanzar el ancho camino de adoquines blancos y negros que daba la vuelta al monte subiendo hasta la casa principal. Ahí, en pleno camino, fue donde nos topamos con Gobay, uno de los ahijados Arunaeh más ancianos del lugar. Como todos, era kadaelfo. Arraigado en las tradiciones, se inclinó bien bajo, signo de que no solamente me saludaba sino que tenía algo que decirme. .D .Bdia Hola, Gobay, .Edia solté con tono afable. .Bdia ¿Liyen quiere verme? .Edia .D .Bdia Perspicaz, .Edia comentó Gobay. .Bdia Quiere que le aclares unos asuntos y le gustaría que fueras a verlo hoy mismo. .Edia .P Hoy mismo, me repetí. Otros habrían dicho «ahora mismo», «de inmediato», pero Liyen era un Arunaeh y una persona que se tomaba las cosas con suma paciencia. Que requiriera mi presencia hoy mostraba ya una pizca de urgencia en el asunto. Asentí. .D .Bdia Dejamos al gato y subimos enseguida. .Edia .D .Bdia A ella… no la ha invitado, .Edia replicó Gobay. .P El aura de Yánika se turbó. Hice una mueca. .D .Bdia Entiendo. Pero, como seguramente sabrás, llevo un collar de espectro. Sin ella… .Edia .D .Bdia No te pasará nada, .Edia dijo de pronto Yodah, sonriente. .P Sobresaltado, miré al hijo-heredero. Estaba de pie junto a Gobay. No lo había visto acercarse, y por lo visto Gobay tampoco porque su expresión, generalmente impasible, se arrugó ligeramente. Mar-háï… ¿Acaso Yodah había aprendido a esconder su presencia con bréjica? ¿A menos que fueran armonías? Meneé la cabeza y me serené. .D .Bdia ¿Por qué lo dices? .Edia .D .Bdia Porque me encargaré de que no pase nada, .Edia contestó Yodah simplemente. Y tendió una mano hacia mi cuello. .Bdia ¿Puedo? .Edia .P Fruncí el ceño. .D .Bdia Ni se te ocurra estropearlo. Si he venido aquí, es para sacarle los recuerdos al espectro… .Edia .D .Bdia ¿Cómo? ¡Y yo que creía que habías venido a ver a tu familia! .Edia se burló Yodah. Sonrió ante mi expresión paciente y aseguró: .Bdia No dañaré el collar, sólo bloquearé la conexión que tiene este hacia tu mente. En otras palabras, encerraré al espectro en su collar para que no pueda controlarte. Será temporal, pero bastará. .Edia .P Me echó una mirada interrogante, pidiéndome permiso cortésmente. Suspiré. .D .Bdia Adelante, pero nada de pesquisas colaterales, ya me entiendes. .Edia .P El brejista sonrió. .D .Bdia Yo nunca hago dos cosas a la vez. .Edia Alzó un puño con expresión cómica. .Bdia Palabra de Arunaeh. .Edia .P Puse los ojos en blanco y dejé que me tocara el collar. Pese a su aire desenfadado, adiviné que necesitaba bastante concentración para aquel sortilegio y guardé silencio. Sentí un revoloteo de energía bréjica, aunque no supe si era la del collar o la suya. No había pasado ni un minuto cuando Yodah se apartó. .D .Bdia Listo. .Edia .P Lo miré, atónito. .D .Bdia ¿En serio? ¿Tan rápido? .Edia .P Yodah sonrió con cara satisfecha. .D .Bdia En serio, tan rápido, .Edia replicó. .Bdia Ven cuando puedas. Ahora mi padre está en plena sesión de lectura. Tal vez dentro de una hora le venga mejor. Podrías aprovechar para lavarte un poco. Ah, el sortilegio debería durar hasta el .Sm -t erare o-rianshu . Lo renovaré entonces si es necesario. Oh, otra cosa, .Edia añadió, deteniéndose en el camino. Sus ojos negros se posaron sobre Yánika un instante antes de centrarse en mí. .Bdia No le digas a la Selladora nada sobre el collar. Ella ya está bastante ocupada con sus experimentos. Mi padre dice que se encargará de sacarle los recuerdos que necesitas. ¿Te vale? .Edia .P De entre todos los Arunaeh, Liyen era uno de los brejistas más capacitados. No tenía tal vez tanta experiencia en Datsus como la Selladora, pero sobresalía en otros asuntos relativos a la mente. Me encogí de hombros. .D .Bdia Me vale. .Edia .D .Bdia Perfecto. A cambio, es posible que mi padre quiera… .Edia .D .Bdia Inspeccionar al Pixie, ¿verdad? .Edia completé con calma. .Bdia No tengo inconveniente siempre y cuando me explique sus indagaciones. .Edia .P Yodah asintió y algo pareció hacerle gracia porque sonrió en un resoplido mientras me daba la espalda, arrancándome una ligera mueca inquisitiva. .D .Bdia ¡Nos vemos! .Edia dijo, alzando la mano. .P Se alejó con Gobay y, meneando la cabeza, retomé la marcha con Yánika y el gato Ciclón. Estábamos llegando ante la casa de la Selladora cuando dije: .D .Bdia Yánika. ¿Te encargas de llevarle el gato a Madre? Yo voy a lavarme. No olvides que no hay que ponerla nerviosa… .Edia .D .Bdia Lo sé, .Edia replicó Yánika, observándome. .Bdia ¿Estás seguro de que lo que ha hecho Yodah funciona? .Edia .P Resoplé. .D .Bdia Si no funciona, será culpa suya, no mía. Tranquila, .Edia sonreí ante su mueca. .Bdia Así como a mí me llamaban de pequeño el geniecillo destructor, a Yodah lo llamaban el genio mentista. Y ese sí que lo es, créeme. Será un poco payaso, pero hace las cosas bien. .Edia .P Yánika ralentizó ante la puerta de la casa. .D .Bdia ¿Confías mucho en ellos, verdad? .Edia .P Me encogí de hombros. .D .Bdia Conozco a Yodah desde que soy un crío. Él me enseñó a nadar. Y solía llevarme a pasear por la isla cuando tenía cuatro o cinco años. Ha pasado tiempo desde entonces, pero no ha cambiado tanto. Si acaso se ha vuelto más responsable. No te preocupes. .Edia .D .Bdia ¡No me preocupo! .Edia refunfuñó Yánika. .P Ciclón maulló, sonreímos y ella entró en el salón con el gato en brazos mientras yo iba a mi habitación y sacaba de mi mochila una túnica y unos pantalones limpios. Era mi única muda y me daría pintas de firasano, pero poco importaba. Tras pasar a saludar a Madre y constatar que Yani y ella estaban muy entretenidas con el gato, salí de nuevo y tomé el camino principal. Media hora más tarde, estaba otra vez en la playa donde habíamos encontrado al gato, y el espectro no había mostrado signo alguno de vida. Sonreí y pronto me metí en el agua. Como de costumbre, estaba cálida. Por eso el mar de Afáh era un verdadero hervidero de bichos y plantas de todo tipo. Evité un alga urticante, avancé en el agua y alcancé al fin mi objetivo: un amasijo de flores de pétalos cerrados y rosáceos que flotaban, cubiertos de kérejats. Cuando cogí una de las flores, las pequeñas luciérnagas salieron volando en desbandada y revolotearon sobre las aguas negras en silencio. Con los dedos, abrí la flor pétalo a pétalo y recogí el líquido que salía. Algunos subterranienses hacían con la rafamora mezclas extrañas, licores, y hasta pintura blanca. Pero también se usaba como jabón. Claro que las rafamoras no eran fáciles de encontrar y el jabón de rafamora era caro en los mercados. Pero no en Taey. .P Me deshice de una buena capa de ceniza que me había llevado del Aristas y me froté con vigor mientras los kérejats emigraban perezosamente unos metros más lejos para evitar mis salpicaduras. Finalmente me zambullí entero. No era la misma sensación que en Firasa, pensé. En Firasa, uno se zambullía y el rumor de la ciudad se deshacía, apagado y lejano. Aquí, simplemente dejé de oír el suave zumbido de los kérejats. Pasé de un silencio a otro, escuchando un lejano oleaje en medio de una profunda calma. Cuando mi Datsu se ató solo, me fijé en que la bréjica del Sello se hacía menos pesada a través del agua y me relajé, espirando poco a poco, sin prisa alguna. Sólo cuando me quedé sin aire, abrí los ojos y me levanté, chorreante de agua. Enseguida, me golpeó el miasma del Sello y toda la paz que había sentido se esfumó. Mi Datsu volvió a desatarse. .D .Bdia Mar-háï, .Edia mascullé. .P Oí una risa y alcé la cabeza, sorprendido, para encontrarme con la pequeña silueta desnuda de mi abuelo materno alzada sobre una roca a un metro escaso de distancia. Se carcajeaba y su tatuaje negro brillaba. .D .Bdia ¡Mar-háï, puedes decirlo! .Edia exclamó. .Bdia Casi me tiro sobre ti… .Edia .P Saltó y se zambulló, no sobre mí, pero casi. Resoplé, apartándome mientras él volvía a la superficie en medio de las rafamoras, aún medio riéndose. No había cambiado nada, sonreí. .D .Bdia Abuelo, .Edia lo saludé. .D .Bdia ¡Drey! .Edia exclamó. .Bdia ¿Eres tú? .Edia .D .Bdia ¿Todavía no me habías reconocido? .Edia le gruñí, incrédulo. .P Mi abuelo dio un manotazo en el agua, riendo. .D .Bdia ¡Si te crees que es fácil! La última vez que te vi, medías igual que yo, ¡y ahora me sacas una cabeza! .Edia exageró. .Bdia Y un cuerpo duro como el acero, .Edia añadió, dándome un puñetazo en el pecho que me arrancó todo el aire de los pulmones. .Bdia ¡Ja, estos jóvenes…! ¿Qué has estado comiendo estos años, muchacho? .Edia .D .Bdia ¿Muchas sopas de tugrines? .Edia sugerí, divertido. .Bdia Yo que pensaba que eras tú el que había encogido, abuelo… .Edia .D .Bdia ¡Ten nietos para que te digan eso! .Edia .P Nos carcajeamos. Mi abuelo meneó la cabeza, sonriente, observándome con atención. .D .Bdia Así que has vuelto. ¿Desde cuándo? .Edia .D .Bdia Desde ayer. ¿Nadie te avisó? .Edia me extrañé. .D .Bdia Aaah… .Edia dijo mi abuelo, haciendo rodar sus hombros aún fuertes pese a su edad. .Bdia Tampoco les pongo la tarea fácil. Vengo de una pequeña expedición al Cuerno del Dragón. Ahí están las mejores almejas de la isla. He recogido un saco entero, lo dejé ahí, ¿lo ves? Y, bueno, ya me conoces, me tomo las cosas con calma. Llevo una semana sin ver a las muchachas. .Edia .P Sonreí sin sorprenderme. Por supuesto, las «muchachas» eran mi Madre y mi tía Sasali. Mi abuelo seguía llamándolas así aunque hubieran pasado los cincuenta. .D .Bdia ¿Qué tal todo? .Edia añadió. .Bdia ¿Todo bien? .Edia .D .Bdia De momento, .Edia afirmé con ligereza. .P Me apoyé contra una roca y alcé una mirada pensativa hacia el edificio principal que se erguía sobre el pequeño monte. .D .Bdia Ya veo, .Edia dijo el abuelo, perspicaz. .Bdia El Gran Maestro quiere verte, ¿eh? No me extraña, después de lo que se dijo en la reunión. .Edia .P Lo escudriñé. .D .Bdia ¿Estuviste? ¿Qué se dijo? .Edia .D .Bdia Bueno… Normalmente no me quedo a escuchar, pero esta vez se trató mucho del Sello, de tu madre y de ti, así que no pude ignorarlo. En verdad, no esperaba que fueras a venir tan rápido. Hasta se decidió que, si no venías en los próximos meses, Liyen te mandaría una orden de regreso. .Edia .P Fruncí el ceño. ¿Una orden de regreso? El abuelo admitió: .D .Bdia Ya habré asistido a casi ochenta reuniones anuales en mi vida y esta fue tan sólo la tercera en que oí hablar de orden de regreso. No es algo a lo que los Grandes Maestros recurran a menudo. .Edia .P Ciertamente, yo nunca había oído hablar de ello. .D .Bdia ¿En qué consiste esa orden de regreso? .Edia .D .Bdia Oh… Ya no necesitas saberlo, puesto que estás aquí. Ni yo mismo lo sé, a decir verdad, pero… creo que no es nada agradable. No es una simple orden escrita, si ves lo que quiero decir. .Edia .P Lo veía. Teniendo a tanto celmista bréjico, imaginaba bien lo fácil que podían amenazar los Arunaeh. Lo extraño era que llegaran a amenazar a un miembro del clan. .D .Bdia ¿La tercera vez, has dicho? .Edia pregunté entonces, curioso. .Bdia ¿Hubo otras órdenes de regreso en los últimos ochenta años? .Edia .P Mi abuelo asintió y se agitó, torciendo el brazo hacia su espalda. .D .Bdia Grr…, .Edia masculló. .Bdia Drey, ¿puedes rascarme la espalda? De repente me ha dado una picazón… Justo ahí, entre los omoplatos… ¿No me habrá picado una travagula? .Edia .P Poniendo los ojos en blanco, le rasqué con vigor donde indicaba asegurando: .D .Bdia Si fuera una travagula, estarías botando. .Edia .P Mientras le rascaba, no pude evitar observar el tatuaje negro que ocupaba media espalda. Así como los Arunaeh nacidos del linaje directo llevábamos tatuaje en el rostro y el pecho, los ahijados lo llevaban en el rostro y la espalda, y en esta también era diferente, menos intrincado y a la vez más profuso: los trazados eran anchos, siempre negros, y en el centro, aparecían los tres círculos de Sheyra. .D .Bdia Ah, gracias, Drey. La última vez que hablaron de orden de regreso, .Edia dijo mi abuelo, .Bdia fue para tu hermano. .Edia .P Alcé bruscamente la cabeza. .D .Bdia ¿Lúst? .Edia .D .Bdia Sí… .Edia Mi abuelo se giró con una mueca cómica. .Bdia Cuando desapareció con el Orbe del Viento, tu padre le convenció al Gran Maestro de que el asunto no era anodino. Pero finalmente dejaron la orden de regreso a un lado. Total, no sabían adónde había ido tu hermano. .Edia .P Y cualquiera se imaginaba que había ido en busca de la raíz del Sello, pensé. Meneé la cabeza. .D .Bdia ¿Y la otra orden de regreso? .Edia .P Mi abuelo chasqueó la lengua. .D .Bdia Esa remonta a cuando era chaval. Eran otros tiempos. En aquel entonces, el Gran Maestro era el abuelo del actual… Baj, no me apetece hablar ahora de tiempos tan lejanos. .Edia .P Se zambulló enérgicamente entre las rafamoras y seguí su curso gracias a las burbujas, hasta que estas desaparecieron. Esperé. Fruncí el ceño. Y mascullé: .D .Bdia ¿Abuelo? .Edia .P En el silencio de la playa, me giré, espantando varios kérejats. Mar-háï… ¿No se habría ahogado? Me zambullí y, pese al agua salada, abrí los ojos, buscando entre los tallos de las rafamoras. Volví a la superficie. Nada. .D .Bdia ¡Maldita sea! .Edia .P Nadé hasta donde habían desaparecido las burbujas y me zambullí otra vez apartando el agua de mi cara con la órica para permitirme respirar y protegerme los ojos. Entonces fue cuando alcancé a ver a mi abuelo. Estaba sentado en el suelo submarino, con las piernas cruzadas, y una expresión tranquila. Me dedicó una sonrisilla con los labios apretados. Yo lo fulminé con la mirada. ¿Es que no se le agotaba el aire de los pulmones? .P Al fin, desplegó las piernas y regresó a la superficie conmigo. .D .Bdia ¿Tienes pulmones de sowna, abuelo? .Edia le solté una vez arriba. .P Él se echó a reír. .D .Bdia He estado practicando últimamente. ¿Te has fijado en que el miasma del Sello está un poco menos denso ahí abajo? Refresca el espíritu simplemente estar unos minutos. Tu padre me enseñó a comprimir un poco el aire para aguantar más. ¿No me digas que no sabes hacerlo? .Edia se burló. .P Alcé los ojos hacia el lejano techo de la caverna, entretenido. .D .Bdia ¿Tú qué crees? .Edia .P Y avanzándome hacia la playa, salí del agua, me sequé con unas buenas ráfagas de aire órico y me vestí. Con los codos apoyados en una roca, el abuelo me observaba inhabitualmente serio. Ante mi expresión interrogante, dijo: .D .Bdia Ahí arriba… Mm. No te olvides de los modales cuando hables con el Gran Maestro. En la reunión, se decidió que deberías probar de nuevo tu pertenencia al clan. Es decir, .Edia aclaró ante mi expresión asombrada, .Bdia tendrás que probarles, seas quien seas, que seguirás sirviendo los principios de nuestra familia. .Edia .D .Bdia ¿Probarles? .Edia repetí. .Bdia ¿Cómo? .Edia .P Mi abuelo se encogió de hombros y confesó: .D .Bdia Ni idea. Fue lo que oí. Buena suerte. .Edia .P Terminé de recoger mi pelo con los lazos rojos, ensimismado. ¿Cómo podía probarles que seguía siendo de la familia? ¿Con un juramento? ¿Pasando alguna prueba? ¿Es que no podían verlo leyendo mi mente con su bréjica? Me encogí de hombros y alcé una mano hacia mi abuelo materno. .D .Bdia Hasta luego, abuelo. .Edia .D .Bdia ¡Me alegra que estés de vuelta! .Edia lanzó él cuando yo ya me alejaba. .P Sonreí. Mi abuelo materno era un poco la antítesis de mi abuelo paterno. Enérgico, casero, con una pasión por las almejas que desde luego no compartía Nalem Arsim Arunaeh… Creo que era el que más se parecía a un saijit normal en esa isla. Hasta, contrariamente a otros Arunaeh, visitaba a menudo la tumba de Nakerya Arunaeh, su esposa y anterior Selladora del clan. Por las veces en que me había hablado de ella, siendo niño, no me cabía duda de que la había amado. Algo que no siempre ocurría en las parejas Arunaeh. El amor era importante, pero en su justa medida. Dado que ningún Arunaeh se enfadaba de veras, ni odiaba, ni se obsesionaba por algo, las relaciones entre ellos eran, si no siempre buenas, a lo menos pasables. Algo que antaño siempre me había parecido de lo más normal. Sin embargo, desde que había conocido a los Ragasakis y, sobre todo, desde que sentía nebulosamente los sentimientos de Kala en sus recuerdos… me preguntaba hasta qué punto los Arunaeh éramos diferentes de los demás saijits. Era difícil imaginarlo. ¿Hasta qué punto percibíamos el mundo de manera distinta a los que carecían de Datsu? Y llamaban bicho raro a Yánika… .Bpenso En cierto modo, tal vez seamos nosotros los bichos raros, .Epenso pensé mientras subía la cuesta. .P Alcancé el camino y ascendí por él con calma. Los adoquines, de basalto y calcita, negros y blancos, dejaban ver en algunos sitios pequeños agujeros creados por gotas ácidas. Estas eran raras en la isla de Taey, pero a veces, el techo de la caverna, hecho mayormente de daiverita, filtraba una gota de agua y la acidificaba. .P Eran pocos los árboles que crecían en esa parte de la montaña. La hierba azul y las flores silvestres se agitaban suavemente por las corrientes óricas naturales del Mar de Afáh. Me divertí escuchando el tenue fluir órico hasta que llegué al edificio principal. .P Este, construido en mármol blanco, recordaba a los pequeños palacios de Dágovil, sólo que faltaban las típicas estatuas y demás florituras que solían ir con tal ostentación de riqueza. La Casa Arunaeh exhibía la pureza del mármol sin mayores complicaciones. A la derecha, había un huerto frondoso en el que avisté la silueta agachada de Risha Arunaeh, la madre de Yodah. Al verme, se enderezó. Pese a no tener lazo alguno con Madre, se parecía de manera turbadora a ella, sólo que sus ojos eran de un negro profundo como los de Yánika. Recordé entonces las palabras de mi abuelo y me incliné antes de continuar. Risha tan sólo respondió con un gesto de cabeza, pero sentí su mirada posada sobre mí hasta que pasé la esquina de la casa y llegué ante la gran puerta de dos batientes. Había entrado en la Casa Arunaeh numerosas veces de niño, acompañando a Yodah. Sin embargo, más tarde, este había dejado de estar tan presente y a partir de mis ocho años podía contar las veces que había entrado ahí con los dedos de una mano, incluyendo las reuniones anuales. .P Uno de los batientes estaba abierto y vi la amplia y luminosa sala con pilares blancos. El más cercano a la entrada llevaba aún las marcas de un rostro sonriente que había cavado yo de pequeño, retado por Yodah. Recordé, al entrar, la mirada helada que me había echado Padre y la pregunta que me había hecho Liyen: .Bparoles ¿Fue idea tuya? .Eparoles Yo, por supuesto, no habría delatado a Yodah por nada del mundo y había asentido enérgicamente sin osar pronunciar palabra. .Bparoles Mientras sólo haya una, .Eparoles había dicho Liyen, .Bparoles hasta le da un poco de gracia. .Eparoles Sus palabras me habían dejado asombrado y había intercambiado una mirada perpleja con Yodah. Este, entonces, había confesado diciendo que en realidad había sido idea suya… y su padre le había soltado la misma mirada helada que Padre a mí. .Bparoles Lo sé. Y me sorprende que a los casi trece años se te ocurra dejarle la responsabilidad a tu pequeño primo. .Eparoles Algo, un sortilegio bréjico acaso, había pasado entre ellos, incluso a mi corta edad lo había entendido al ver cómo Yodah respiraba con precipitación y se desataba su Datsu bruscamente. Antes de darnos las espalda, Liyen le había soltado: .Bparoles La próxima vez, asume directamente, Yodah. Y tú, Drey, no vuelvas a mentir por nimiedades. Que la figura de este pilar os lo recuerde a ambos. .Eparoles .P Así era como, cada vez que veía la cara sonriente del pilar, volvía a pensar en esa escena y en lo poco que apreciaba Liyen a los mentirosos. .D .Bdia ¿Recordando trastadas de infancia? .Edia preguntó de pronto una voz. .P Me había detenido en la entrada y no me había fijado en la silueta inmóvil de Yodah arrimada al pilar opuesto al que me había hecho retroceder en el tiempo. Le eché una mirada burlona al hijo-heredero. .D .Bdia Tú también lo recuerdas, ¿eh? .Edia .D .Bdia ¿Cómo olvidarlo? .Edia replicó Yodah, apartándose del pilar y acercándose al otro con andar tranquilo. Echó una ojeada de mofa hacia la cara sonriente. .Bdia Tus dotes artísticas eran pésimas. Me pregunto cómo serán ahora. .Edia .D .Bdia Igual de pésimas, .Edia le aseguré. .D .Bdia ¿En serio? .Edia se rió Yodah. .Bdia Quiero ver eso. .Edia .D .Bdia ¿Para poner de buen humor a Liyen? .Edia suspiré. .Bdia Si va a meterse en mi mente, prefiero que esté bien concentrado… .Edia .D .Bdia No insultes a mi padre, Drey, .Edia me retrucó Yodah con una media sonrisa. .Bdia Mi padre siempre está concentrado. Le avisaré de que has llegado. Siéntete libre de sentarte en esos cojines. Por cierto, como sabrás, esta no va a ser una operación normal… Estaremos cuatro dándote la vara. .Edia .P ¿Cuatro?, me sorprendí. De ahí los cinco cojines que habían sido instalados en el centro de la sala. Mar-háï. Cuatro brejistas para una sola persona… .D .Bdia Nunca había sido tan mimado, .Edia comenté. .P Yodah sonrió anchamente. .D .Bdia ¿Verdad? Ni los criminales de alto rango consiguen unir a cuatro inquisidores juntos. Te haremos confesar hasta tu último pecado, .Edia avisó fingiendo una risita maligna. .D .Bdia No lo dudo, .Edia repliqué. .Bdia Pero céntrate, por favor, en los pecados de Kala y no en los míos. .Edia .P Yodah ladeó la cabeza y sus ojos destellaron de diversión. .D .Bdia ¿Acaso no es lo mismo? .Edia Ante mi expresión confundida, hizo un gesto vago hacia el pilar. .Bdia Tranquilo: desde aquel día, tomo mis responsabilidades. Si meto la pata en algo, trabajaré duro hasta restaurarlo. .Edia Alzó el puño. .Bdia Promesa de Arunaeh. .Edia .D .Bdia ¿Cuántas promesas acumulas al día, Yodah? .Edia le repliqué con paciencia. .P El hijo-heredero se alejó por el salón con paso alegre contestando: .D .Bdia ¡No las cuento! Pero las cumplo, Drey, hasta con los peores criminales. Siempre las cumplo. .Edia Se detuvo un instante ante una puerta para decirme con expresión jovial alzando de nuevo el puño: .Bdia Y esa también es una promesa. .Edia .D .Bdia Payaso, .Edia mascullé mientras él desaparecía por la puerta. .P Tras adelantarme hasta el otro extremo del salón, donde se alzaba una esfera rodeada de tres círculos, le di la espalda al altar de Sheyra y fui a sentarme en un cojín, haciéndole frente. .P Así como el líder Arunaeh no apremiaba a su gente, tampoco se molestaba en apremiarse a sí mismo, por lo que estuve pacientando un buen rato. Me pregunté quiénes serían los dos brejistas que me examinarían además de Liyen y Yodah. Dudaba de que hubiera aceptado Risha: según Yodah, su madre era buena brejista, habiendo sido hasta candidata para ser Selladora, pero con los años había dejado de practicar la bréjica y se dedicaba más a organizar y abastecer la isla y a mantener correspondencias con viejas relaciones, mercaderes y estudiosos. .P Por lo que le había oído decir a la tía Sasali, en la isla no estaban más que una decena de Arunaeh actualmente quitando a los ahijados. Yodah, Risha, Liyen, mi madre y la tía sumaban cinco. Con lo que quedaban otros cinco, entre los cuales sin duda se encontraban las dos decanas del clan. Ignoraba cuáles serían los otros tres. .P Finalmente, oí unas voces acercarse y la puerta se volvió a abrir, dejando aparecer a Yodah, su padre, la tía Sasali y… al tío Varivak. Me levanté con el corazón ligeramente más agitado. Mi tío, hermano menor de Sasali y de mi madre, tenía un cuerpo pequeño y musculoso como el de mi abuelo y un rostro joven que parecía desmentir sus cuarenta años ya cumplidos. Incluso en Taey, siempre lo había visto llevar la túnica de los inquisidores, holgada, negra con bordes rojos… Le daba un aire de funcionario. .D .Bdia Drey, .Edia dijo Liyen. .Bdia Buen .Sm -t erare rigú . .Edia .P Sus ojos dorados como los míos parecían dos lagos de ámbar. Me incliné profundamente ante el líder del linaje. .D .Bdia Buen .Sm -t erare rigú . .Edia .P Él se sentó y lo imitamos todos mientras decía, yendo al grano: .D .Bdia Estábamos pensando sobre qué hacer primero, pero creo que ocuparnos del espectro es prioritario. Su bréjica podría interferir en nuestro trabajo. Ahora bien, no estoy dispuesto a sacar todos sus recuerdos. Necesitaría demasiado tiempo para un resultado dudoso. Dime lo que quieres saber y trataré de averiguarlo. .Edia .P Reprimí una mueca. Había esperado poder sacar algo más que una simple información… Carraspeé. .D .Bdia Si ya sabéis, .Edia dije, .Bdia que este collar es un collar de dokohis, un collar fabricado por Liireth, entonces sospecharéis como yo que los recuerdos metidos en él tienen información sobre Liireth… y Lotus Arunaeh. Y teniendo en cuenta que hay una buena probabilidad de que Liireth y Lotus, el padre de los Pixies del Desastre, sean una misma persona… me parecería un desperdicio no examinarlo más a fondo. .Edia .D .Bdia Tal vez, .Edia aseguró Liyen. .Bdia Sin embargo, desperdiciar algo también forma parte del equilibrio. No necesitamos saberlo todo, Drey. Y las historias antiguas mejor están enterradas. Te consolará saber, .Edia añadió antes de que me atreviera a interrumpirlo, .Bdia que ya examinamos otro collar de esos hace tiempo, y que tenemos información más que suficiente sobre ello para saber que esos collares tienen una memoria limitada. No encontrarás en ellos más que recuerdos sobre eventos recientes. En definitiva, es la memoria de un espectro. .Edia .P Lo miré con fijeza. Diablos. .D .Bdia ¿Eventos recientes? .Edia me inquieté. .Bdia ¿Cuánto de recientes? .Edia .D .Bdia Eso depende del espectro, .Edia contestó Liyen. .Bdia Los recuerdos de un espectro son confusos. El programa del collar obliga al espectro a establecer una conexión con la mente de su portador: el espectro crea en ella una especie de rincón protegido donde almacena su propia información de manera más duradera. Esa información, aunque bloqueada para el portador, perdura más o menos. La que no perdura es la que está metida en el collar. Esa es, digamos, lineal y muy frágil. .Edia .P Sus palabras me golpeaban como oleadas de miasma. Si los dokohis se basaban más en los recuerdos anidados en el portador que en los, volátiles, del collar, entonces… eso significaba que… .P El tío Varivak se aclaró la garganta. .D .Bdia En otras palabras, .Edia dijo, .Bdia hubiera sido más eficaz traernos al antiguo portador del collar si lo que deseas es averiguar algo ocurrido anteriormente. .Edia .P Me sentí estúpido. Aunque no podía haberlo adivinado. .D .Bdia Attah… .Edia murmuré. .P Yodah ahogó una risa. .D .Bdia ¡Tranquilo, Drey! Sacaremos lo sacable. Pero no podemos hacer milagros. Dinos lo que buscas y trataremos de encontrarlo. .Edia .D .Bdia Según lo que dijo anoche Yánika, .Edia intervino la tía Sasali, .Bdia algo tiene que ver con una Ragasaki llamada Orih, ¿verdad? .Edia .P Hice una mueca y asentí. .D .Bdia Sí. No sabemos dónde está. Unos dokohis se la llevaron pasando por un pozo muy profundo comunicado a una parte de los Subterráneos. No los seguí porque no tenía ni idea de la profundidad y otros dokohis podrían haber estado esperándome abajo. Esos tipos raptaban saijits por orden de Zyro probablemente… El caso es que un permutador Ragasaki se quedó con un collar por error y yo le pedí que… ejem… que me lo diera. .Edia .D .Bdia ¿Por permutación? .Edia preguntó Yodah, interesado. .Bdia ¿Qué fue lo que sentiste…? .Edia .P Liyen lo acalló con una ojeada y meneó la cabeza con lentitud. .D .Bdia Fue una acción insensata, surgida sin duda de la ignorancia. La conexión que se establece entre el collar y el portador no es un hilo bréjico sencillo. Son muchos hilos bréjicos y la brusca aparición de estos puede dañar la mente. .Edia .P De modo que era cierto. No había olvidado que Zélif ya le había avisado a Livon de los riesgos y le había prohibido formalmente permutar con un dokohi. Esperaba que, al quedarse sin collar, Livon no hubiese tenido problemas. Por mi parte, no parecía que mi mente hubiera sufrido nada irreparable… ¿verdad? Oí varios suspiros. .D .Bdia Las locuras de la juventud, .Edia dejó escapar el tío Varivak, comprensivo. .D .Bdia Las estupideces de un sobrino estúpido, .Edia masculló la tía Sasali, haciéndome sonrojar. .D .Bdia Ser estúpido no es tan malo, .Edia intervino Yodah, para arreglarlo. .Bdia Algunos razonamientos estúpidos son claramente geniales… .Edia .D .Bdia ¿Lo notaste? .Edia sonrió Varivak con tono profesional. .Bdia Los criminales más estúpidos son los más sorprendentes. Una vez me encontré con un nurón que había ahogado a su hijo porque pensaba que podía respirar bajo el agua. Sólo que su esposa era humana y, contra todo pronóstico, el hijo no había heredado las branquias. Mar-háï… No hay bastantes sogas para la tontería saijit. .Edia .D .Bdia Dímelo a mí, .Edia resopló Yodah con ánimo. .Bdia Hay más saijits con branquias que con cabeza. En Donaportela… .Edia .D .Bdia Yodah, .Edia lo cortó Liyen con ligera impaciencia, .Bdia y Varivak. Me estáis dando la impresión de que tratáis a Drey como a uno de vuestros criminales sin cabeza. .Edia .D .Bdia De ningún modo, .Edia se apresuró a decir Varivak. .Bdia Le tengo mucho cariño a mi sobrino. .Edia .D .Bdia Aunque no tenga cabeza, .Edia bromeó Yodah. .D .Bdia Si no la tuviera, no estaría aquí, rodeado de brejistas lunáticos, .Edia repliqué. .P El hijo-heredero sonrió anchamente. .D .Bdia Cierto. ¿Entonces? ¿Buscamos a esa Orih, Padre? .Edia .P Liyen puso los ojos en blanco y acercó un poco su cojín al mío diciendo: .D .Bdia Os pediré ayuda si la necesito. .Edia Tendió una mano hacia mi collar y se detuvo. .Bdia Diablos. Olvidé coger la bandeja de Gobay con el moigat rojo. ¿Alguien la trae? Gracias, Varivak. Tal vez quieras beber algo antes, .Edia me dijo. .D .Bdia No, gracias, .Edia aseguré mientras mi tío salía del salón a por la bandeja de infusiones. .P Liyen se encogió de hombros y me tocó el collar, concentrándose. Mi conocimiento bréjico básico no me ayudó en nada a entender sus sortilegios. De todos modos, se los soltaba al collar. Lo cual me llevó a pensar que el espectro debía de estar pasando un mal rato… .P Varivak regresó con la bandeja, la tía Sasali se sirvió una taza y le sirvió otra a Yodah antes de soltar en un murmullo: .D .Bdia Gobay se pasa poniendo moigat rojo. Siempre se lo digo… No tiene ni idea de equilibrio. .Edia .D .Bdia Su idea de equilibrio es distinta a la tuya, nada más, .Edia repuso Yodah a media voz. .Bdia A mí me sabe muy bien. .Edia .D .Bdia Yo le habría puesto un poco más, .Edia apreció Varivak. .Bdia No sé si sabéis que en Dágovil se ha puesto de moda entre los altos círculos añadirle al moigat rojo unas gotas de vino de Arlamkas. .Edia .D .Bdia Nada menos, .Edia se burló Yodah. .Bdia ¿Con el vino de zorfo de aquí no vale? .Edia .D .Bdia Blasfemia, .Edia le replicó Varivak, divertido. .Bdia Por eso te digo que no harías un buen inquisidor en Dágovil, muchacho. Ahí, la flor y nata de la sociedad se regodea con las exquisiteces extranjeras y hay que saber no poner en duda su buen gusto. Una suerte que a los Arunaeh nos tengan ya por raros: me he librado así de relacionarme más de lo necesario con el Gremio de las Sombras. .Edia .D .Bdia ¿Librado? .Edia rió Yodah. .Bdia Conociéndote, habrás dejado a más de uno paralizado de terror. He oído que por allá te apodan el Quebrantamentes. .Edia .D .Bdia Por el trabajo, muchacho, .Edia protestó mi tío. .Bdia Fuera de mi trabajo, no me meto en la mente de nadie. Cuestión de equilibrio, como dirías, y cuestión de principios. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia se interesó Yodah. .Bdia ¿Ni siquiera rozas un poco las mentes, para ver su estado de ánimo? ¿Ni un poco? .Edia .D .Bdia Un poco, tal vez, .Edia matizó Varivak. .P Aquello le arrancó una carcajada a Yodah y mi tía Sasali los recriminó: .D .Bdia ¿Podéis hablar más bajo? Un poco de respeto, por el amor de Sheyra. .Edia .P Pese a todo, Liyen seguía igual de concentrado, ajeno a la conversación. Su concentración era admirable. Me preguntaba si mi tío Varivak sería tan parlanchín sobre el tema de la prisión de Makabath cuando el líder soltó el collar y dijo: .D .Bdia Sus recuerdos son muy borrosos. Un momento, corría por un terreno lleno de rocas. Había un escama-nefando. Eso debe de remontar a menos de una semana. .Edia .D .Bdia Eso fue en el Aristas, .Edia expliqué y, dejando que mi Datsu se tragara mi decepción, pregunté: .Bdia ¿No hay nada más? .Edia .D .Bdia Mm… .Edia Liyen meneó la cabeza. .Bdia La mayoría son sentimientos. Frustración, miedo y odio… Alguien añadió chapuceramente un vínculo de lealtad hace unos meses. Y eso es todo lo que puedo decirte. Incluso teniendo al portador del collar que intentó capturar a tu amiga, dudo de que pudiera sacar de manera precisa adónde la llevaron. La parte mental creada por el collar seguramente ha sido dañada tras quitarlo. Además, esos… Ojos Blancos, como algunos los llaman, organizan su mente de manera distinta. .Edia .P Algo que se volvía difícil de analizar incluso para un brejista hábil, entendí. Me encogí de hombros. Sólo tenía que decirles a los Ragasakis que mi plan no había surtido efecto y que seguiríamos buscando. Ya teníamos de todas formas una idea vaga de la localización de los dokohis: el este de Lédek. .D .Bdia Entonces, ¿ya hemos acabado con el espectro? .Edia preguntó Yodah. .Bdia ¿Pasamos al Pixie? .Edia .D .Bdia Aún nos queda quitarle el collar, .Edia dijo Liyen sin embargo. .Bdia Drey, sé que tu padre es capaz de romper hierro negro. ¿Sabes hacerlo tú? .Edia .D .Bdia Sé, .Edia aseguré. .Bdia El problema es que, si me lo quito, puede que caiga inconsciente durante varios días… .Edia .D .Bdia Ese no es un problema, .Edia me desengañó Liyen. .Bdia He bloqueado todos los hilos bréjicos hacia tu mente. Si rompes el collar, seguirás probablemente consciente. .Edia .P Enarqué una ceja. Su conocimiento sobre los dokohis me sorprendía. Sin embargo, ya tendría tiempo luego de preguntarle de dónde lo sacaba: ahora tocaba quitarme aquel maldito espectro. Bajo la mirada atenta de los cuatro brejistas, alcé la mano hacia mi cuello. Yodah me observaba con interés, tal vez ansioso por ver si de verdad era capaz de destruir hierro negro. La tía Sasali estaba impasible. Varivak tomaba un sorbo de su moigat rojo con exquisita calma. Al menos, ahora, no se ponían a charlar de equilibrios y principios. Me concentré. Y con precisión, apliqué la fuerza en un lado del collar y lo quebré. Hice lo mismo del otro lado y finalmente me liberé, agarrando ambos trozos. Se oyeron los aplausos educados de Yodah. .D .Bdia Impresionante, .Edia apreció, teatral. .P Puse los ojos en blanco y pregunté: .D .Bdia El espectro… ¿no podría salir del collar ahora que está roto? .Edia .D .Bdia Podría, .Edia meditó Liyen. .Bdia Pero ya no es una amenaza. Además, sin collar, no puede poseer a nadie ni temporalmente en esta isla. El Datsu nos protege. .Edia .P .Bpenso Dánnelah… ¿Se ha olvidado completamente de Yánika? .Epenso resoplé. Liyen sonrió. .D .Bdia Tu hermana incluida, .Edia agregó, como leyendo mis pensamientos. .Bdia Su Datsu, aunque diferente, también la protege. Pero de todas formas poco importa: que un espectro en su estado original vaya a poseer a alguien es tan probable como que un conejo corra hacia la boca de un escama-nefando. .Edia .P Eso me reconfortó. Aun así… ese espectro había estado tirando a saijits por el Pozo de la Nada. Fruncí el ceño. .D .Bdia Lo destrozaré de todas formas, .Edia dije. .D .Bdia Ciertamente, si lo haces rápido, morirá, .Edia aprobó Liyen con calma. .Bdia Aunque tendrás que llevar sobre tu consciencia la muerte de un espectro inocente. Piensa que estaba bajo el control del programa del collar y que el odio y la lealtad que sentía eran efectos de este. Lo encerraron ahí sin pedirle seguramente su opinión al respecto. Piénsalo. .Edia .P Lo miré, atónito, preguntándome si bromeaba. Lo vi alzar una comisura de sus labios. Attah… Repliqué: .D .Bdia Ya tenemos al Espectro Blanco en la isla. Dos sobran. .Edia .P Liyen asintió, como convencido. Después de todo, parecía que la suerte del espectro le traía sin cuidado. Un espectro inocente, me repetí, turbado. ¿En serio me estaba pintando al espectro como víctima de las circunstancias? Y bueno… conociendo al Espectro Blanco de la isla, ¿cómo había podido imaginarme que un espectro era siquiera capaz de pactar algo con un saijit para ser encerrado en un collar y poseer un cuerpo? Si lo que Liyen decía era verdad… entonces los espectros eran tan víctimas como los saijits que poseían, forzados por el programa del collar. Y yo que había destruido el collar de Tchag… Chasqueé mentalmente. Entonces, la tía Sasali soltó: .D .Bdia Ya se está yendo, Drey. Olvídate. .Edia .P Me fijé entonces en que, de hecho, se había materializado una forma grisácea y humeante a mi derecha. La vi arañar en vano la alfombra del suelo como para acelerar su extracción del collar. Unos instantes después, el espectro estaba libre. Se alzó a un metro escaso de mí, emitió un chillido bréjico y se alejó con lentitud hacia la salida, como una densa nube desorientada. Y tan lento iba y tan zigzagueante que finalmente le solté un sortilegio órico y el espectro salió disparado afuera con la ventolera. .P Yodah se carcajeó. .D .Bdia ¡A eso se le llama salir como una ráfaga! Estoy seguro de que hará buenas migas con el Espectro Blanco. Una vez que se le olvide el malhumor. ¿Un poco de moigat? .Edia propuso. .P Esta vez, acepté la taza de moigat rojo y tras pegarle un trago, comencé a destrozar una de las mitades del collar por puro entretenimiento mientras soltaba: .D .Bdia Bueno. Supongo que querréis saber primero lo que aprendí sobre Kala. .Edia .D .Bdia Si tienes novedades, .Edia asintió Liyen. .Bdia Lústogan ya nos explicó el resto. .Edia .P No me sorprendí. Seguramente mi hermano no había sacado el tema por sí solo pero, una vez que salían detalles sospechosos a la luz, salía todo. Me encogí de hombros. .D .Bdia Entonces, me ha ahorrado saliva. Lo único nuevo que he aprendido estos últimos días es que los Ocho Pixies emigraron a la Superficie en un momento, cuando Kala tenía unos dieciséis años. .Edia .P Liyen meneó afirmativamente la cabeza, pensativo. .D .Bdia Según nos dijo tu hermano, sobre todo recuerdas mientras sueñas, ¿verdad? Y, aquel día, en Donaportela, recuerdas que tu piel tomó un color gris y que se dibujó en tu mano el símbolo de Sheyra, ¿verdad? .Edia Asentí. .Bdia ¿Qué mano? .Edia .D .Bdia La derecha. .Edia .P Liyen tendió su mano hacia la susodicha y dejé de destrozar el hierro negro para permitir que la inspeccionara. Tras un silencio, murmuró: .D .Bdia Un curioso fenómeno. Mira, Sasali. .Edia .P Sentí mi mano acarreada como un objeto entre las manos de los cuatro brejistas. Yodah fue el último en inspeccionarla y confesó, franco: .D .Bdia No noto nada raro. .Edia .D .Bdia Y precisamente por eso es curioso, .Edia dijo su padre. .Bdia Nuestros Datsus van cargados de energía bréjica. La Selladora cubre con él nuestro cuerpo, exceptuando las manos y los pies. Si tocas su antebrazo, sientes los hilos bréjicos del Datsu no activado. Y, sin embargo, en la mano no se nota nada, a pesar de que es ahí donde aparece el tatuaje del Pixie. .Edia .D .Bdia Tal vez no sea un tatuaje bréjico, .Edia sugirió Varivak. .D .Bdia Pero, de alguna manera, tiene que venir de la bréjica, .Edia razonó Liyen. .Bdia Kala era un amasijo de bréjica cuando se asentó en la mente de Drey. Era una mente metida en una lágrima dracónida. Entonces, ¿cómo es que siendo sólo bréjica es capaz de alterar todo el cuerpo cambiando el color de piel y de los ojos y haciendo aparecer tatuajes donde no hay ni un hilo bréjico? Es curioso, .Edia repitió. .P Tan curioso a mí no me parecía. Más curioso me parecía el nombre que le había dado a la lágrima de cristal. .D .Bdia ¿Lágrima dracónida? .Edia repetí. .Bdia ¿Así se llama lo que me dio esa niña en Dágovil? ¿Qué es? .Edia .D .Bdia No. Es una escama de dragón de hielo, .Edia explicó la tía Sasali. .Bdia La lágrima dracónida acepta muy bien los sortilegios bréjicos. Es, de hecho, uno de los pocos materiales que los aceptan tan bien. Por eso se usó mucho para llevar a cabo experimentos sobre la mente. .Edia .P Entendí por ahí que mi propia familia había hecho uso de esas escamas. Fruncí el entrecejo. .D .Bdia Si no me equivoco, .Edia dije, .Bdia los Pixies salieron del laboratorio hace unos cincuenta y cinco años. Y Lotus encerró las mentes de los Pixies en lágrimas dracónidas hace cincuenta, o al menos ya entonces hablaban de ello. La Guerra de la Contra-Balanza es de hace treinta años. Kala salió de su lágrima hace dieciocho… Eso significaría que no participó en la guerra ni causó ningún daño durante tres décadas, ¿no? .Edia Los miré a los cuatro confesando: .Bdia No consigo entender cómo es que se creó toda una leyenda alrededor de los Ocho Pixies del Desastre cuando estaban en pésimo estado y no eran más que unos adolescentes. .Edia .P La reacción o más bien falta de reacción de Liyen no me indicó gran cosa, pero sospeché de todas formas que él sabía más que yo sobre el tema. No sería sorprendente teniendo en cuenta que yo hasta ahora jamás me había interesado por las leyendas y el pasado. Tras un silencio, agregué: .D .Bdia También me pregunto de dónde sacó Lotus esas lágrimas dracónidas. Dudo que se las sacara a un dragón de hielo. Liireth no era un guerrero. .Edia .P El líder Arunaeh sacudió lentamente la cabeza y tuve la impresión de que transmitió algo con bréjica a los demás antes de decir: .D .Bdia Hay sin duda unos cuantos misterios en este asunto. Yo mismo nunca había tenido claro si los Pixies eran reales o no. Supongo que la Selladora anterior tenía que saber bastante más. Sobre los Pixies y sobre Lotus. Yo sólo sé que un día, cinco años antes de la guerra, apareció para hablarle a Nakerya y huyó otra vez. Sólo nos enteramos mucho más tarde de que el Gran Mago Negro y él eran la misma persona. Por eso… no niego que me gustaría entender la razón por la cual ese Kala eligió transvasarse en un miembro de nuestra familia. También me gustaría saber cómo alteró nuestro Sello y si lo hizo adrede o no. Y para ello, lo mejor será comenzar, .Edia afirmó. Sus ojos dorados se clavaron en los míos. .Bdia Esta operación puede durar varios días y te resultará probablemente desagradable. Bloquearemos tu Datsu a su nivel más bajo, para evitar dañarlo y para evitar que nos ponga trabas. Tendrás, por consiguiente, que aguantar el miasma del Sello durante unos instantes antes de que le bloqueemos la entrada con nuestra bréjica. Por supuesto, haremos pausas. Átate esta mágara alrededor de la frente, por favor. Si sientes que pierdes el control, avísanos. .Edia .P Asentí, aceptando la venda con bordes metálicos que me tendía. Estaban atados a esta cuatro hilos finos hechos con un material que no logré identificar. No sin sentir una ligera inquietud pese al Datsu, me puse la mágara bréjica alrededor de la cabeza y los cuatro brejistas agarraron cada uno un hilo de la venda. Tragué saliva. .D .Bdia ¿Y si pierdo el control y no puedo avisar? .Edia pregunté. .Bdia Kala podría reaccionar mal y seguramente sepa usar mi conocimiento de destructor… .Edia .D .Bdia ¡No te preocupes! .Edia me cortó Yodah con ligereza. .Bdia Un destructor destruye rocas, pero no puede nada contra cuatro brejistas Arunaeh. Y no fanfarroneo. .Edia .P La tía Sasali asintió con calma. No me quedaba otra que confiar en ellos, me dije. .D .Bdia No iréis a dañar los recuerdos de Kala, ¿verdad? .Edia pregunté sin embargo. .D .Bdia No es esa mi intención, .Edia aseguró Liyen. .Bdia Ata el Datsu, por favor. .Edia .P Me miraron los cuatro, expectantes. Ellos estaban listos y parecía que el único en poner trabas era yo… Recordé entonces las palabras de mi abuelo materno. .Bparoles En la reunión, se decidió que deberías probar de nuevo tu pertenencia al clan. .Eparoles ¿A qué se referiría? De momento, Liyen no había mencionado nada al respecto. Ante sus miradas pacientes, inspiré levemente y até el Datsu todo lo que pude. Cuando el miasma del Sello me golpeó de pleno, sentí cómo el Datsu se preparaba a desatarse de nuevo solo, pero un sortilegio bréjico lo bloqueó a tiempo. .P .Bdm Bloqueado, .Edm anunció la tía Sasali por vía mental. .P El miasma era tan denso que, de no ser porque Liyen intervino enseguida impidiéndole la entrada, ignoraba qué me hubiera pasado… ¿Cómo hacía Yánika para aguantarlo? .D .Bdia Yodah, .Edia dijo Liyen. .Bdia Si algo va mal, cuento contigo. .Edia .P Yodah asintió con inhabitual seriedad. .D .Bdia ¿Listo? .Edia preguntó. .D .Bdia Adelante por favor, .Edia mascullé con voz tensa. .P Hubo un silencio. Entonces, percibí cómo la bréjica se infiltraba con seguridad en mi mente a través de la venda, no como una grosera oleada, sino como avezadas serpientes. En verdad, apenas las sentía. .P .Bdm ¿Puedes oírme? .Edm Ese era Liyen. Asentí mentalmente y él preguntó: .Bdm Di. ¿Estudiaste tu mente? ¿Descubriste algo sobre la localización de los recuerdos sellados? .Edm .P ¿Debería? Eso sin duda lo debía de saber Madre mejor que yo… .P .Bdm Si llega a saber lo que estamos haciendo contigo, Drey, .Edm me replicó la tía Sasali descifrando mis pensamientos, .Bdm su mente se desequilibrará de nuevo. No debes hablarle de esto. .Edm .P Volví a asentir en la mente y el tío Varivak añadió: .P .Bdm Intenta recordar lo que viste en los recuerdos de Kala. Nos guiará. .Edm .P ¿En serio? ¿Serían capaces de seguir mis pensamientos hasta los recuerdos de Kala? Mar-háï… Si tan sólo hubiese aprendido bréjica yo también… Acallé mis pensamientos, consciente de que estos no eran del todo privados ahora que los brejistas estaban en mi mente, y me esforcé por recordar con precisión un recuerdo de Kala. La caverna de las conchas. ¿Sería suficiente? .P .Bdm ¿No puedes darnos más detalles? .Edm preguntó Liyen. .P Lo intenté, pero no recordaba ya bien la conversación entera entre Lotus y Kala. Elegí otro recuerdo. El de Kala explicándoles a sus dos amigos que las Máscaras Blancas eran criaturas vacías… .P .Bdm Intenta recordar algo con sentimientos fuertes, .Edm me aconsejó Liyen. .P Sentimientos fuertes, me repetí. Cerré los ojos y me concentré. El dolor que había sentido Kala al sufrir los últimos experimentos en el laboratorio sin duda era fuerte. Traté de recordarlo y de sentirlo de nuevo… y, teniendo el Datsu completamente atado y bloqueado, sentí algo que me pareció fuerte. .P .Bdm Eso no es nada, Drey, .Edm me desengañó Yodah, .Bdm mis criminales sufren más. ¿No tienes nada mejor? .Edm .P ¿Se me daba tan mal recuperar los sentimientos de Kala? Attah… Tal vez si recordara… .P .Bdm Ese, .Edm dijo Liyen de pronto. .Bdm Ese recuerdo que acabas de sentir al instante. .Edm .P Sentí mis manos empaparse de sudor. El miasma del Sello no me afectaba, pero no estaba acostumbrado a tener el Datsu tan inactivo. Era angustioso. .D .Bdia No sé… .Edia murmuré en voz alta, .Bdia en qué estaba pensando. .Edia .P .Bdm Una joven cubierta de pelos y escamas con orejas grandes, .Edm dijo la tía Sasali mentalmente. .Bdm Ella estaba sentada sobre ti… .Edm .P .Bdm Y tú la besabas, .Edm agregó Yodah, socarrón. .P Me puse rojo como un zorfo. Curiosamente mi reacción me ayudó a olvidar mi Datsu inactivo y pude al fin concentrarme para recordar a Rao, sentada sobre mí, mientras yo la escuchaba, mudo, y ella me acariciaba a ciegas… La había amado, me dije. Kala la amaba con fuerza. No sabía cuánto pero… en su momento, me había parecido un amor irracional. Sin previo aviso, la emoción me embargó y creció y creció de tal forma que no parecía tener fin… Alguien me apartó de ella con firmeza y seguridad y el recuerdo se deshilachó dejándome sin aliento. Dánnelah… ¿Era ese el verdadero amor del que hablaban los libros? .P .Bdm Perfecto, .Edm dijo Liyen. .Bdm He encontrado el sello. .Edm .P Entonces, alguien bloqueó algo más en mi mente y sentí que esta se embotaba. El tiempo se hizo impreciso, los pensamientos borrosos. Cada vez más. En un momento, minutos u horas después, no tenía ni idea, una vocecita me preguntó: ¿confío en ellos? ¿En Liyen? ¿En Yodah? ¿En los Arunaeh? .Bm Sí, .Em pensé. .Bm Confío en ellos porque son mi familia. Y son expertos brejistas. Sacarán información de Kala y, tal vez, lograrán hasta transvasarlo a otro cuerpo… a otra lágrima dracónida… ¿Tengo miedo de Kala? ¿Lo tengo? Es… posible. No quiero que controle mis poderes y haga daño a mi familia. ¿Quiero que Kala muera? No, no lo quiero. Sería injusto que muriera después de todo lo que ha sufrido, después de haber deseado tanto reencarnarse y vivir con Rao, Lotus y el resto de su sufrida familia… ¿Es una cuestión de equilibrio? Sí, sí… se lo puede llamar así. ¿No es compasión? Lo es, .Em confesé. .Bm ¿Y si tú fueras Kala? .Em seguí preguntándome. .Bm ¿Si Drey Arunaeh fuera también Kala y tan sólo le faltaran los recuerdos…? No, .Em me corté. Mi mente embotada se había alterado. .Bm Yo no soy Kala. No tiene sentido. Mi mente… me la dio mi madre al nacer. ¿Y si se hubiera fusionado con la mente de Kala? .Em insistí. .Bm ¿Si no fuera posible dividirnos porque somos uno mismo? ¿Qué pensarías de ti? .Em .P A través de un denso velo, sentí un miedo creciente. No estaba acostumbrado a desviar los ojos de la realidad, no sabía huir de ella, y en ese momento no se me ocurrió no pensar en una respuesta. Así que cavilé y, mientras cavilaba, el malestar iba creciendo. .P ¿Y si yo de veras siempre había sido Kala, el Gran Chamán? Mi corazón latía cada vez más rápido. No sabía cómo aplacar mi creciente temor. Yánika hubiera sabido luchar contra este… Yo, sin Datsu, me sentía perdido y cuanto más me espantaba la posibilidad de ser Kala más pensaba en ella y más terrible se volvía mi emoción, hasta que temí perder la cabeza. Un temor que se añadió al resto… .P Creí entonces oír la voz seca de Lústogan decir: recuerda, Drey, que la fuerza mental premia sobre todas. No importaba el miedo que sintiese, no importaba cómo había nacido mi mente, no importaba que contuviese recuerdos de hacía cincuenta años mientras yo fuera lo suficientemente fuerte para no perder el control sobre ella. Yo no era Kala. .D .Bdia Yo… .Edia jadeé abriendo la boca. .Bdia Soy… Drey Arunaeh. Soy Drey Arunaeh. .Edia Sentí de pronto una llama extraña avivar mi mente y solté con fuerza: .Bdia ¡No soy Kala! .Edia .P Mis ojos parpadearon. Mis oídos dejaron de zumbar. Mi mente, aclarándose, percibió la tormenta órica que se había alzado a mi alrededor y agrandé los ojos, anonadado, al ver a los cuatro brejistas agachados en el suelo, agarrados aún cada uno a un hilo bréjico. Sentí enseguida una intensa depresión invadirme por el miasma… y de pronto mi Datsu se desató. Attah… Me apresuré a deshacer el viento mientras el terror se desvanecía, ya borroso, y caí al fin en la cuenta: esas preguntas… no me las había hecho yo. Me las habían hecho los brejistas. Vi a Liyen levantarse para ir a recuperar su cojín que había salido volando por media sala… ¿Había sido acaso esa la prueba de la que me había hablado mi abuelo materno? .P Bajo la mirada meditativa de la tía Sasali, me ruboricé y carraspeé. .D .Bdia Perdón por… hacer corrientes. .Edia .P La carcajada de Yodah rompió el silencio de la Casa Arunaeh. .D .Bdia ¡Hacer corrientes, dice! Creí que nos ibas a hacer volar a todos. Y todo por un problema de identidad… No me burlo, .Edia aseguró y sus ojos destellaron sinceridad cuando dijo: .Bdia Fuera como fuera Kala antes, está claro que ahora tiene un espíritu cien por cien Arunaeh. Milagro que se debe a los recuerdos sellados por tu madre, pero también a los esfuerzos de la mente con la que se fusionó, diría… .Edia .D .Bdia Basta de divagaciones, Yodah, .Edia lo cortó Liyen, sentándose de nuevo. .Bdia Seguiremos con esto mañana. Drey… Te hablaré de mis conclusiones más tarde, cuando las tenga bien claras, no ahora. No creo que estés en condiciones para escucharlas de todas formas. Vuelve mañana. ¿De acuerdo? .Edia .P Me levanté y el Datsu se desató aún más para contener un brusco mareo. Me sentía exhausto y no había hecho más que ser el paciente. Prefería no imaginar cómo acababan los criminales torturados por bréjica… Aspiré una bocanada de aire. .D .Bdia De acuerdo, .Edia murmuré. .P Iba a voltear hacia la salida cuando recordé mis modales y me incliné hacia Liyen. Mi vista se nubló de puntos negros. Me sentía tan mal que no acerté a decir palabra y pensé que cuanto antes fuera a descansar, mejor. Ante las siluetas borrosas de los brejistas, les di la espalda maquinalmente, di un paso vacilante y… de pronto, mi vista se nubló del todo y me agaché, tembloroso. Sentí los brazos de Yodah agarrarme, previsores, antes de que me desplomara del todo y que mi consciencia cayera en un pozo de recuerdos olvidados. .Ch "Colisiones" .\" 11/07/2019 Me sentía dominado por un viento potente, arrastrado a través de un terreno llano y de un blanco apagado por la oscuridad circundante. Las ráfagas silbaban con violencia a mis oídos. Y yo, medio flotando en los aires, medio tropezando, giraba sobre mí mismo, buscando un camino en aquel desierto. Aunque, de todas formas, no podía decidir nada: el viento me llevaba adonde quería. .P En un momento, vi, en esa oscuridad lóbrega, una rocacentella que emitía una luz turquesa y radiante. Quise acercarme a ella, tendí los brazos… y el viento me apartó lejos. Cuando volví a mirar hacia atrás, no había nada. En un mundo sin rocas, pensé, ¿cuál era la razón de ser de un destructor? .P .Bdm Saijits… .Edm siseó entonces una voz. .Bdm ¿Qué han hecho? ¿Dónde estoy? ¿Por qué…? ¿Por qué…? ¡¿Por qué nos hacen esto…?! .Edm .P .Bdm Dánnelah… ¿quién eres? .Edm lancé, inquieto. .P Hubo un silencio en medio de la borrasca insistente… .P .Bdm Yo… ¿quién soy?, .Edm murmuró la voz, desorientada. .Bdm ¿Me he hablado a mí mismo? Me siento… extraño. Es como si despertara de un largo sueño. De uno muy largo. No entiendo nada… Será porque no estoy con mi familia. Si estuviera con ella… tal vez ella me explicaría por qué no actúo como debería. Lotus… Padre… Padre me explicaría. .Edm .P Un temor sordo me invadió. ¿De quién era esa voz? .P .Bdm Lotus no es tu padre, .Edm repliqué. .P .Bdm No… Esa voz… ¡Si tan sólo pudiera dejar de oír esa voz! .Edm .P Su exclamación perdió intensidad y creí que mi interlocutor había sido arrastrado por el viento hacia otra dirección. Entonces, oí un fuerte y suave: .P .Bdm Kala… .Edm .P De pronto, el viento cayó y se hizo un profundo silencio. .P .Bdm Rao, .Edm murmuró la voz sorprendida y retomó con desesperación: .Bdm ¡Rao! .Edm .P Al fin tuve una iluminación y entendí que estaba hablando con Kala. ¿Sería el Kala real? ¿O sería mi imaginación? ¿Un sueño? De pie, en el llano interminable, concluí que lo era. Aquel lugar era demasiado irreal para ser verdad. Entre la densa bruma que se iba esparciendo en el desierto, vi aparecer una silueta imprecisa. .D .Bdia Rao, .Edia dijo Kala. .Bdia Estoy aquí… metido en una cárcel y no pude… no pude despertar como dije que lo haría. Algo en mí no quiere que lo haga. Creo que es… porque tengo miedo de mí mismo. .Edia .P Ajeno a mi presencia, cayó de rodillas cubriéndose el rostro con las manos. .D .Bdia Mi cuerpo ya no sufre, .Edia murmuró. .Bdia Pero yo sigo sufriendo. Lotus… ¿Por qué sigo sufriendo? ¿Acaso fue siempre así? ¿Acaso… es normal? .Edia .P Por un momento, no me atreví a decirle nada. No quería que me viera. Si llegara a saber quién era, si supiese que yo era el que le impedía controlar el cuerpo que había robado… ¿qué pensaría? Teniendo en cuenta que el Datsu no parecía afectarlo, probablemente algo como: ven aquí, saijit inmundo, que te haga pedazos. .P Sin embargo… no podía dejarlo desesperarse solo. Di unos pasos acercándome. .D .Bdia Di, Kala, .Edia dije con calma. .Bdia ¿Por qué desprecias tanto a los saijits? No todos son como las Máscaras Blancas. No todos son tan horribles. .Edia .P Entre sus dedos, vi aparecer sus ojos, rojos como la sangre. Brillaban, anegados de lágrimas. .D .Bdia Lo son, .Edia susurró. .Bdia Ellos nos hicieron mucho daño… Son monstruos. .Edia .P Sin dejar de mirarlo a los ojos, recordé lo que un día había contado Loy, el secretario de los Ragasakis. Era una historia que había leído sobre un niño nacido con más pintas de monstruo que de saijit. Había pasado toda su infancia metido en su casa, protegido por su hermana mayor y desdeñado por los vecinos, hasta que un día estos, convencidos de que ese monstruo maldito era la causa de su mala suerte, lo intentaron matar. La hermana moría protegiéndolo y el niño conseguía huir, tan sólo para volver meses después e incendiar todas las casas del pueblo por venganza. .Bparoles Y no sólo se quedó ahí, .Eparoles había contado Loy recolocándose las gafas. .Bparoles Se dice que el Niño Monstruo siguió merodeando por toda Rosehack incendiando pueblos y que las llamas que de ellos surgían soltaban gritos de rabia. Como dice el dicho: no enfurezcas al dragón o te quemará la casa. .Eparoles .P ¿Era acaso eso lo que sentía Kala? ¿Rabia y furia? ¿Acaso había algo que yo podía decirle para que se parara a razonar? .D .Bdia No todos los saijits te hicieron daño, .Edia dije al cabo. .Bdia Sólo unos pocos. Y esos probablemente ya sean centenarios y estén con un pie en la tumba. .Edia .P Kala dejó caer las manos y una sonrisa torva apareció en su rostro oscuro. .D .Bdia ¿Los del laboratorio? Murieron. Todos. .Edia .P Sentí un escalofrío al mirar sus ojos negros y rojos y de pronto lo vi todo en sus recuerdos: los pasillos regados de sangre, los gritos desarticulados por el miedo, las máscaras blancas rotas, en pedazos, las garras de Roï ensangrentadas, el grito helador de Tafaria, y a Lotus… a Lotus temblando ante mí mientras desactivaba torpemente la mágara que me mantenía clavado a la estrella metálica. .Bparoles Kala, .Eparoles había murmurado Lotus, .Bparoles tú que sabes hablarles… ¡diles que paren…! Matar no os quitará el sufrimiento. .Eparoles Yo había mirado su máscara blanca, me había enderezado y había tendido una mano. Quería verle la cara. Quería… Pero al final no lo hice y sólo le repetí con dificultad: .Bparoles Sálva… nos. Sálvanos. Sálvanos… .Eparoles Lotus lloraba detrás de su máscara. Asintió y me ayudó a levantarme en medio de la sangría. .Bparoles Os lo he prometido… .Eparoles balbuceó. .Bparoles No os abandonaré jamás, hagáis lo que hagáis. Fuisteis nuestras criaturas… ahora yo seré vuestro esclavo y haré cuanto pueda para ayudaros aunque me cueste la vida. Os lo juro. Sólo es justicia… ¿verdad? .Eparoles Sonreí suavemente pese al inmenso dolor. Vi con el rabillo del ojo a una Máscara Blanca herida tratar de alcanzar una de sus armas electrocutantes… Le propiné un puñetazo de acero que lo dejó muerto en el acto. Como a un mero insecto. No sentí placer por ello. Sólo sentía dolor. Y un poco menos de miedo. Miré mi mano metálica enrojecida. .Bparoles Duele, .Eparoles murmuré. Y levantando los ojos hacia mis compañeros, Jiyari, Tafaria, Roï y Melzar, compartí con ellos la rabia, el miedo y el dolor que nos oprimían y cerré de nuevo mi puño rugiendo: .Bparoles ¡Duele! .Eparoles .P Lo que Kala hizo después de eso… apenas tuve tiempo de divisarlo antes de que alguien me sacara de aquel pozo de atrocidades, pero no me quedó duda de por qué unos adolescentes habían llegado a ser leyenda en tan poco tiempo. ¿Los saijits, unos monstruos? Seguramente algunos lo eran… Pero los Pixies, en su furia loca, no lo habían sido menos. Y sin embargo, en ese momento, al sentir su rabia descontrolada y su dolor, creí entender a Kala… al menos un poco. .salto Tuve la impresión de que una mano fuerte me arrancaba de mi desierto llano, algo que por un lado me alegró y por otro me fastidió, porque deseaba hablar más con Kala… y porque aquel desierto monótono con viento, finalmente, no estaba tan mal. .D .Bdia Al fin despierta, .Edia dijo una voz. .P Parpadeé. Ante mis ojos, se fue dibujando el interior de una habitación. Su suelo estaba cubierto por una alfombra y una linterna iluminaba cálidamente las paredes de mármol. Por sus decoraciones, la reconocí: era la habitación de Yodah. Fijándome apenas en la silueta del hijo-heredero agachada junto a mí, clavé mis ojos en la pared vecina. Algo la había resquebrajado violentamente. Se veían las marcas hasta de la mano que la había hecho estallar. Había un buen agujero. Miré el suelo junto a mi cómodo jergón. No había escombro alguno, pero las grietas habían llegado hasta ahí, reventando la alfombra. Reparé entonces en mi mano derecha, vendada y dolorida, y me giré hacia Yodah, avergonzado. Percibiéndolo, Yodah puso los ojos en blanco. .D .Bdia Tranquilo. Fui yo quien te pedí que me enseñaras tus dotes artísticas, ¿recuerdas? Veo que efectivamente no han mejorado. .Edia .P Aquello me arrancó una sonrisa, pero pronto me ensombrecí. Attah… Me enderecé mirando mi mano vendada. Era la primera vez que iba hasta destruir roca estando inconsciente. .D .Bdia Cuando te desmayaste, .Edia agregó Yodah, .Bdia empezaste a usar tu órica de manera descontrolada. Te pusimos un parche transdérmico para consumir y paralizar tu tallo energético. Y bloqueamos parte de las defensas de tu Datsu para que no contrarrestase el efecto. Por todo eso, tal vez te sientas algo raro. .Edia .P Comprobé que, efectivamente, tenía un gran parche pegado al pecho debajo de mi túnica firasana. ¿No hubiera sido mejor usarlo desde el principio? .D .Bdia Esos parches tienen un inconveniente, .Edia dijo Yodah. ¿Acaso estaba leyendo mis pensamientos? Sonrió: .Bdia No, no estoy leyendo tus pensamientos: estoy leyendo tus expresiones. No puedo meterme fácilmente en tu mente ahora. .Edia Agrandé los ojos mientras él proseguía: .Bdia Como decía, los parches celmistinos, anti-tallos, o anti-magia como los llaman en la cárcel de Donaportela, son bastante efectivos, pero tienen lo malo que paralizan ciertos lugares de la mente. Por eso, has tardado tanto en despertarte de verdad y no hemos podido sacar gran cosa sobre Kala estos días. Aunque de todas formas mi padre ha tenido asuntos que atender. .Edia .P ¿Días?, me repetí. Yodah, esta vez, no pareció entenderme. Y yo me quedé de pronto como un tonto dándome cuenta de que no sabía… cómo expresarme. Abrí la boca y emití un ruido atragantado. ¿Cómo había podido olvidar? No sabía… cómo se hablaba. Me quedé mirando al hijo-heredero con fijeza. .D .Bdia Volverás a pensar correctamente cuando te quitemos el parche, .Edia aseguró Yodah. .Bdia Es decir, tardarás unas horas en recobrarlo todo. Pero esos parches no dañan nada. Sólo paralizan temporalmente. ¿Nunca oíste hablar de los parches anti-tallos, eh? El producto, la celmistina, lo fabricó una famosa alquimista de Kozera hace ya diez años… A esa elfa sólo le falta imaginación para dar nombre a sus inventos. El caso es que hace unos años un curandero inventó un parche transdérmico y ahora el parche celmistino está de moda en el mundo carcelario. En la cárcel de Donaportela, lo usan hasta con los criminales que no son celmistas, y luego nos piden a los inquisidores que los hagamos hablar ¡cuando los pobres no pueden ni pronunciar una palabra! ¿Absurdo, eh? Pero cuanto más conozco a los saijits, más absurdos me parecen. .Edia .P Hablaba distanciándose de los saijits como lo hacía Kala, pensé. De un tirón, me quité el parche y avisté la marca negra que la celmistina había dejado en toda la zona. Yodah se encogió de hombros. .D .Bdia Avisaré a los demás de que has despertado. .Edia .P Lo agarré de la manga para impedir que se fuera. .Bpenso Yánika, .Epenso quise decirle. .Bpenso ¿Está bien? .Epenso Intenté decírselo por bréjica, pero, como bien me había avisado, no lograba llegar a mi tallo. La sensación era… perturbante. Yodah, aun así, tenía una capacidad asombrosa para adivinar mis pensamientos y, por un momento, creí que me había entendido. Sin embargo, lo vi hacer una mueca y decir: .D .Bdia Enseguida vuelvo. .Edia .P ¿Habría pensado que no quería quedarme solo? Me ruboricé levemente mientras Yodah salía de la habitación. Diablos… ¿En serio había estado varios días inconsciente? El hambre que sentía era un buen indicador. No tenía tanta sed, por lo que deduje que alguien había debido de ocuparse de que bebiera de alguna forma. .P Me sentía muy extraño. Tardé un rato en entender que era porque no percibía el aire a mi alrededor. Estaba ciego a sus corrientes. Estaba solo, separado de la fuerza órica que, aunque fuera mínima, siempre me acompañaba, rodeándome como un ala protectora. .P Y no sólo era eso, entendí. Me agarré la cabeza con ambas manos y me masajeé la frente. Algo en mi mente había cambiado. Lo notaba. Aunque no sabía si era debido al producto del parche… o a Kala. .P Oí unos pasos en el pasillo pero, al no advertir movimiento de aire, pensé que nadie había entrado en la habitación… Me equivoqué. Obviamente, mi oído me decía lo contrario. Alcé la cabeza… y palidecí. Verlo ahí, a unos pasos escasos, después de casi tres años, me causó sensación. En aspecto, Padre no había cambiado. Su pelo, negro como el de casi todos los Arunaeh, no llegaba a los hombros. Sus ojos, dorados como los míos, se habían fijado en el destrozo de la pared. Su expresión estaba cerrada, como solía. .P .Bpenso Padre, .Epenso articulé con los labios, mudo y sorprendido. .P Claro. Habían pasado días. Era del todo posible que mi padre hubiera acabado con su trabajo en Doz y hubiera regresado. .P Fui a levantarme pero mi padre hizo un ademán seco para invitarme a quedarme sentado donde estaba. Hubo un silencio. Entonces, él dijo: .D .Bdia Ya has tardado en volver. .Edia .P Lo decía con un leve suspiro. Sus ojos seguían inspeccionando su alrededor como buscando otros signos de destrucción. No me miraba. Hice una mueca y asentí. Un poco. .D .Bdia Tres años. .Edia .P Casi, rectifiqué mentalmente. Y bueno… él también había desaparecido. Padre se giró hacia mí y meneó la cabeza. .D .Bdia Tu hermano y yo nos fuimos antes que tú, ¿verdad? Quedarse en el Templo del Viento, de hecho, no hubiera sido una buena idea. Aunque, francamente, no pensé que a los quince años se te ocurriría marcharte por el mundo e ignorarnos a todos. .Edia Su tono, lejos de ser severo, era ligero. Añadió: .Bdia ¿Has presentado tus disculpas a Yodah por esto? .Edia .P Se refería al mármol agujereado… Me sonrojé y asentí agitando la mano para un ‘más o menos’. Padre suspiró. .D .Bdia Esos parches modernos… Espero que recuperes pronto el habla. El otro día, .Edia añadió, .Bdia cuando me dijeron que habías vuelto a la isla, se me ocurrió que jamás habíamos hablado realmente tú y yo. Ya sabes que a mí no me gusta hablar con los niños… Pero ya eres un hombre. Aunque sigas siendo un inconsciente, .Edia comentó. .Bdia Tu tía me contó lo del collar y el espectro. Anteayer recibimos una carta de la parte de unos gremios de Firasa que nos pedían compensación por haber robado un objeto importante y cavado un túnel en la cárcel de una tal Orden de… Bueno, no me acuerdo del nombre, pero veo que sabes de qué hablo, .Edia observó ante mi tic nervioso. .Bdia Esa gente está convencida de que les hemos robado una importantísima información sobre los espectros. .Edia .P Attah… ¿La Orden de Ishap había ido hasta mandar una carta a los Arunaeh? ¿En serio? ¿Por un simple agujero y un collar de espectro? Carraspeé y me levanté. Ya no me sentía mareado. Estaba sin habla y sin tallo energético y tal vez me faltara alguna capacidad más, pero por lo visto seguía pudiendo razonar. Había papel y tinta en el escritorio de Yodah. Me senté y escribí con la mano izquierda: .Blecture Tengo en mi mochila una gema que vale unos seis mil kétalos. Se la enviaré. .Electure .P Leyéndome, Padre resopló. .D .Bdia ¿No es eso demasiado, hijo? Seguramente con menos se contentarían. .Edia .P Me encogí de hombros y añadí: .P .Blecture Les explicaré en una carta que no es posible aprender gran cosa sobre los dokohis a través de los collares… .Electure .D .Bdia No hace falta, .Edia aseguró mi padre antes de que terminara de escribir. .Bdia Eso ya lo dice Liyen en su carta. Un mensajero saldrá esta misma tarde a entregarla. Le daré la gema para que se la lleve también. Lo que sí que puedes hacer es añadir una carta de disculpas. No es que Firasa ofrezca mucho trabajo para un destructor, pero alguna vez ya han contratado a algún inquisidor Arunaeh… No querrás que esos saijits nos guarden rencor. .Edia .P Asentí con calma. Escribiría la carta de disculpas y problema resuelto. En una nueva línea, añadí: .P .Blecture Tal vez no sea conveniente hablarlo de esta manera, pero ¿desde cuándo sabes que llevo a un Pixie metido en…? .Electure .D .Bdia Desde que me lo dijo Lústogan, .Edia me cortó mi Padre, haciéndome levantar la pluma. .Bdia Aunque para él era sólo una teoría, pero Mériza, tu madre, acabó por confirmarlo. La lágrima que te dio esa Rao era nada menos que una lágrima dracónida. Las lágrimas dracónicas son raras… y fueron principalmente usadas por nosotros, los Arunaeh, y por varios laboratorios secretos del Gremio de las Sombras. .Edia .P Agrandé los ojos. ¿Laboratorios secretos? Apenas me giré hacia la hoja para preguntar, mi padre confirmó: .D .Bdia Uno de ellos al menos usaba a niños saijits como cobayas. Es difícil saber exactamente lo que pasó, puesto que esa es información confidencial del Gremio de Dágovil, pero en ese caso particular el gremio nos debía explicaciones, ya que un miembro de nuestra familia, un hermano del antiguo líder de nuestro clan, trabajaba en el laboratorio y no regresó. El Gremio de las Sombras tardó años en reconocer que todos los trabajadores de aquel laboratorio habían sido asesinados. .Edia .P Marcó una pausa. Yo sentía mi Datsu desatarse a trompicones… De modo que los Pixies habían sido cobayas del Gremio de las Sombras de Dágovil. Por eso… ¿Por eso Liireth le había declarado la guerra? ¿Por venganza? Bajé los ojos hacia mis manos. Conque un hermano del padre de Liyen había trabajado en ese laboratorio maldito… ¿Con qué fin? Fuera como fuera, si no había vuelto, dudaba de que los Pixies lo hubiesen matado. Más probablemente, se había fugado con ellos y, años después, había acabado convirtiéndose en el Gran Mago Negro. Aunque sólo era una teoría… Tras un silencio, retomé mi pluma. .P .Blecture Seguramente Lústogan te lo habrá contado. En la Superficie, conocí al Príncipe Anciano. Él me explicó… .Electure .D .Bdia Sin duda, .Edia masculló Padre. .Bdia Él, por alguna razón, había relacionado ya a los Pixies con esos niños cobayas que asesinaron a los científicos de dicho laboratorio. Aunque no me sorprende tanto dado cómo ese vampiro siempre intenta sonsacar toda la información posible a sus clientes… .Edia .P Lo vi chasquear levemente la lengua y sonreí, de acuerdo con él: no era fácil comunicar con ese Príncipe Anciano. .P .Blecture Me dijo que un Arunaeh fue a preguntarle cosas sobre sellos, .Electure añadí en el papel. .Blecture ¿Tú? .Electure .P Mi padre asintió y se cruzó de brazos, apoyado en el marco de la puerta. .D .Bdia El Príncipe Anciano es famoso por su enorme conocimiento. En realidad, cuando fui a verlo, no buscaba sólo información sobre sellos múltiples: sobre todo fui para averiguar de dónde sacaba su conocimiento bréjico. La respuesta le interesaba a Liyen. Aproveché simplemente la visita para hacerle otras preguntas. Y, mar-háï, la visita salió cara, .Edia resopló. .P Marqué una pausa y escribí: .P .Blecture Adivinó el poder de Yánika. .Electure .P Le enseñé la frase y mi padre se ensombreció. .D .Bdia Lo sé. Tu hermano me lo dijo. Poco le va a preocupar al clan que haya un miembro con un Datsu errado teniendo en cuenta que ya están corriendo rumores bastante peores. .Edia Enarqué las cejas, interrogante. ¿Rumores? .Bdia Hablo del Sello, .Edia aclaró Padre. .Bdia La familia Bókmanon ya ha puesto una denuncia en el tribunal de Kozera diciendo que los Arunaeh estábamos ‘otra vez’ usando artes prohibidas en la isla. Algunos de los nuestros están fabricando un segundo sarcófago para ver si consigue aplacar todavía más el miasma… Pero por lo visto ya es noticia general que los Arunaeh estamos ‘tramando’ algo. Di que mejor que piensen eso. Otros más fastidiosos van diciendo por ahí que nuestro clan ha recibido la maldición de los dioses. .Edia .P Medité con el ceño fruncido. ¿De modo que ya habían puesto un sarcófago al Sello? Mar-háï… ¿Cómo sería el miasma sin protección? Cualquiera hubiera dicho que los dioses realmente nos habían maldecido, pensé. Tener un Sello así en la isla era como tener a una horda de locos aporreando tu puerta constantemente para intentar entrar. Y decir que Yánika llevaba varios días soportando el miasma… .P Escribí: .P .Blecture Iré a ver a Yánika. .Electure .P Mi padre frunció el entrecejo y meneó la cabeza. .D .Bdia No es una buena idea. .Edia .P Lo miré a los ojos, sorprendido. ¿Que no era una buena idea? ¿Por qué? Tras un silencio molesto, se oyeron unos pasos en el pasillo y vi a Yodah entrar con una bandeja llena de comida. .D .Bdia ¡Sopa de tugrín, carpa negra a la plancha y tarta de zorfo como postre! .Edia anunció alegremente. .Bdia Zorfos recolectados por el mismísimo hijo-heredero. Si dejas una sola miga, haré que te emparchen entero con celmistina. .Edia .P La boca se me hizo agua al ver la tarta de zorfo. De no estar mi padre ahí, puede que me hubiera olvidado de mis modales. Pero su presencia siempre me recordaba dónde estaba y cómo debía actuar. Me levanté de la silla y me incliné para dar las gracias… sólo para darme cuenta con el rabillo del ojo de que mi padre había aprovechado la intervención de Yodah para esfumarse. Mar-háï… .D .Bdia Vamos, no seas tan ceremonioso y come, .Edia protestó Yodah. .P No me hice de rogar. Me senté a una mesilla sobre la alfombra y comencé a comer con hambre. Yodah estuvo leyendo mis preguntas escritas en voz alta y teatral antes de sentarse ante mí y preguntar: .D .Bdia ¿Qué tal la tarta? .Edia .P Estaba en plena degustación y le dediqué una amplia sonrisa. .D .Bdia Deliciosa, .Edia solté. .P Un destello divertido pasó por los ojos de Yodah. .D .Bdia Tan deliciosa que te ha devuelto el habla, .Edia observó. .P Agrandé los ojos, cayendo en la cuenta. Con una sonrisilla, afirmé: .D .Bdia Ya sabía que los zorfos eran buenos para la salud. .Edia .D .Bdia ¿Verdad? .Edia se burló Yodah. .P No dejé una miga del trozo de tarta y, aún saboreándola, dije: .D .Bdia Gracias, Yodah. Y… realmente lo siento por tu cuarto. Si pudiera arreglarlo de alguna forma… .Edia .D .Bdia ¿Puedes arreglarlo? .Edia se impresionó Yodah. .P Hice una mueca. Lo había tomado literalmente. Confesé: .D .Bdia Soy destructor, no constructor… No sé fusionar rocas. Me refería a si… .Edia .D .Bdia Olvídalo, .Edia me cortó Yodah. .Bdia Como diría mi padre, hasta le da un poco de gracia. No todo el mundo tiene un agujero en un muro de su cuarto. .Edia .P ¿Y ese era un motivo de alegría? Puse los ojos en blanco. Me acabé el vaso de agua y rompí el silencio: .D .Bdia Di, Yodah… .Edia .D .Bdia ¿Mm? .Edia .P El hijo-heredero había sacado un libro de su estantería y lo hojeaba tranquilamente. .D .Bdia ¿Cuántos días han pasado desde…? .Edia .D .Bdia Cinco. .Edia .P Suspiré. Al menos no habían pasado tantos como para no poder volver a Kozera a tiempo. No se me olvidaba que Jiyari seguía de rehén. El día catorce tenía que reunirme con los Zorkias, y al día siguiente con los Ragasakis… .D .Bdia ¿Vais a seguir examinando mi mente? .Edia pregunté. .P Yodah giró una página y alzó los ojos. .D .Bdia ¿Por? ¿Ya no quieres? .Edia .P Hice una mueca. .D .Bdia Si volvéis a hacerlo, podría desmayarme como esta vez, ¿verdad? .Edia .D .Bdia Es posible. Esas cosas son poco previsibles. Los hay que aguantan bien los sortilegios bréjicos, otros no tanto. Mm… Pero teniendo en cuenta que nuestros Datsus no admiten bien la bréjica ajena, probablemente vuelvas a desmayarte, .Edia caviló. .P Si me desmayaba durante cinco días más, me despertaría el día trece… Era un poco justo. Además, hubiera querido pasar el tiempo en la isla de otra forma. Madre debía de estar preocupada. Y Yánika… .D .Bdia No quieres, .Edia entendió Yodah. .Bdia Qué lástima. Con lo divertido que es estar cinco en una misma mente. ¿O quizá debería decir seis? Al fin y al cabo, tú mismo no lo sabes. ¿Eres Kala o no eres Kala? .Edia .D .Bdia No lo soy, .Edia mascullé. .D .Bdia Mm. .Edia Volvió a mirar su libro. .Bdia Piénsalo. ¿Quieres resolver tu problema de identidad o no? Si no llegas a resolverlo, seguirás teniendo dudas. Si eres un Arunaeh, no debería asustarte la respuesta. .Edia Sonrió ante mi mohín y añadió: .Bdia Será mejor que descanses. La celmistina parece eliminarse bastante más rápido en ti que en los demás pacientes. Debe de ser cosa del Datsu. Sin embargo, creo… .Edia .P Calló de pronto, como percibiendo algo. ¿Bréjica? Lo vi agrandar levemente los ojos y levantarse con una pizca de precipitación. .D .Bdia Attah… .Edia graznó. .D .Bdia ¿Qué ocurre? .Edia pregunté. .P Para sorpresa mía, el hijo-heredero salió del cuarto sin contestar. Cuando asomé la cabeza por el pasillo, Yodah ya estaba al otro extremo. Jamás lo había visto así de acelerado. ¿Qué diablos había pasado? .P Intrigado, lo seguí, lo perdí de vista y salí a la sala principal con los pilares donde me había desmayado. Habían llegado más Arunaeh a la isla, noté. Estaban ahí el sobrino mayor de Liyen, Roak-Shan, dos primas hermanas de Yodah, Raïra y Feylin, así como Yafin, primo mío e hijo de la tía Sasali. Este último tenía dos años más que yo, y había crecido como una katipalka desde la última vez que lo había visto. .D .Bdia Fue imprudente, tío Liyen, .Edia decía Roak-Shan. .Bdia Hubiera sido mejor esperar a que trajéramos el sarcófago. .Edia .D .Bdia ¿Qué habría cambiado? .Edia masculló Raïra con las manos indiferentemente hundidas en los bolsillos de su túnica. .D .Bdia Por Sheyra, .Edia murmuró Feylin acariciando a Tamber, su ardilla familiar. .Bdia Si le llega a pasar algo, Liyen… .Edia .D .Bdia Era su deseo, .Edia replicó Liyen con calma. .Bdia De momento, no les ha pasado nada grave. .Edia .D .Bdia ¿He oído bien? .Edia lanzó Yodah, allegándose. .Bdia ¿Habéis notado un cambio en el Sello? No puedo creerlo… ¿Lo están consiguiendo? .Edia .D .Bdia Lo están alterando, .Edia matizó Liyen. .Bdia Otra cosa es que logren estabilizarlo. .Edia .P Mi corazón se había puesto a latir más rápido. .D .Bdia ¿Alguien está alterando el Sello? .Edia pregunté en voz alta, acercándome. .Bdia ¿Mi madre…? .Edia .P Cinco pares de ojos se giraron hacia mí y callé, interrogante y confuso. Mi primo Yafin fue el que aclaró con voz neutra: .D .Bdia Tu madre y tu hermana están intentando reparar lo que tú estropeaste. .Edia .P Mi madre… y mi hermana. Mi madre y mi hermana, me repetí. La realidad me cayó como un yunque en la cabeza. Madre y Yánika estaban en la sala del Sello y trabajaban para restaurarlo… Las dos estaban en peligro. Miré a los Arunaeh con los ojos abiertos como platos. ¿Cómo habían podido? ¿Cómo… cómo…? ¿Cómo podían dejar a mi hermana, sin protección del Datsu, al lado de un cristal maldito? La iba a volver loca… la… .D .Bdia ¡Drey! .Edia exclamó Yodah, agarrándome de los hombros. .Bdia Cálmate. Yánika estuvo de acuerdo. .Edia .P ¿De acuerdo para acercarse al centro mismo del miasma? Liyen dijo con calma: .D .Bdia Tu madre nos reveló ayer a tu padre y a mí que, al ponerle el Datsu a Yánika, intentó replicar sus conocimientos de Selladora para que no tuviera que pasar tanto tiempo en su infancia aprendiéndolos… Le salió mal el Datsu, porque el Sello ya estaba estropeado, pero el conocimiento parece que lo tiene bien metido. Las dos sabrán protegerse con bréjica y, con un poco de suerte, acabarán reparando el Sello. Tu madre ha estado despertando los conocimientos de Yánika estos días y se pusieron de acuerdo para empezar el experimento… Por supuesto, quise detenerlas, pero sus argumentos me convencieron. Probablemente necesiten bastante tiempo, pero las dos dicen que lo conseguirán. Tu padre fue esta mañana a verlas… Estaban bien. .Edia .P Aún agarrándome de los hombros, Yodah asintió. Sus ojos, negros, parecidos a los de Yánika, brillaban de seguridad… No, me dije. Había en ellos una frialdad que Yánika jamás tenía. Estaba intentando soltarme un sortilegio bréjico para calmarme. Pero yo no me calmaba. No quería calmarme. Quería sacar a Yánika de ese infierno. .P .Bpenso Me voy, .Epenso pensé. .Bpenso Tengo que sacar a Yánika de la isla ahora mismo. .Epenso .D .Bdia Dánnelah, .Edia murmuró Yodah. .D .Bdia ¿Qué le pasa? .Edia se sorprendió Raïra. .D .Bdia Su Datsu, .Edia explicó Yodah sin desviar su mirada de la mía, .Bdia bloquea la bréjica de entrada, pero no la interna. Para ponerle el parche anti-tallo, paralicé yo la parte de su Datsu que se ocupa de… .Edia .P Dejé de escuchar sus explicaciones cuando una súbita imagen invadió mi mente. La de unas manos ensangrentadas. Se le añadió un terrible dolor. Y un grito helador. ¿El de Yánika? .P De pronto, me moví y me aparté de las manos de Yodah con brusquedad. Me tambaleé hacia la salida. Yánika, pensé. Tenía que sacarlas de ahí a Madre y a ella. Destruiría el Sello, razoné. Destruiría toda la montaña para que el miasma se apagara de una vez por todas… .D .Bdia ¡Detente, Drey! .Edia exclamó de pronto la voz de Yodah detrás de mí. .P Recibí un fuerte ataque bréjico pero lo repelí. Mi Datsu ahora estaba tan desatado que, por un instante, me pregunté cómo es que podía seguir sintiendo algo… ¿Pero acaso sentía algo? ¿O me lo estaba inventando? .P Aún estaba buscando una respuesta a esa pregunta cuando llegué a la conclusión de que, de no sentir nada, no podría estar moviéndome con tal determinación. Ahora, volaba hacia el acantilado de la montaña con una tropa de brejistas detrás… Me tiré. Y oí un: .P .Bdm ¡Usa tu maldita órica! ¡O morimos los dos! .Edm .P Sin duda, tenía que usarla para no morir, pensé. Y la usé, deteniendo la caída mortal a trompicones mientras preguntaba con calma: .P .Bdm Kala, ¿eres tú el que te has tirado por el acantilado? .Edm .P .Bdm No me hables. .Edm .P .Bdm Tú eres el primero en haberme hablado, .Edm le repliqué. .Bdm Aunque me reconforta saber lo diferentes que somos. Yo jamás me habría tirado por un acantilado sin saber usar órica. .Edm .P Entonces me repetí: ¿me reconforta? ¿Eso significaba acaso que seguía teniendo sentimientos? Fruncí el ceño al percatarme de que mi piel se había vuelto gris ceniza. Los círculos de Sheyra habían aparecido con claridad en el dorso de mi mano derecha y… .P .Bdm ¡Vas a matarnos! .Edm exclamó Kala. .P Me fijé en que la órica había dejado de funcionar y que caíamos con rapidez. .P .Bdm Vaya. Cierto. Idiota. Olvidaste que acaban de darme un parche anti-tallo, .Edm dije. .Bdm No estoy en condiciones de… .Edm .P .Bdm ¡Haz algo! .Edm .P .Bdm ¿Qué quieres que haga? .Edm .P El suelo se aproximaba con cada vez mayor rapidez… De pronto, mi tallo se desbloqueó de nuevo y estaba preparando un sortilegio que parase del todo la caída cuando sentí una sacudida hacia arriba. Aterrizamos con menos elegancia de la acostumbrada y caí bruscamente en la arena de la playa que rodeaba esa parte de la isla. .P .Bdm ¡Puedo usarla! .Edm se maravilló Kala. .P Puse los ojos en blanco. .P .Bdm Eso sólo significa que me estás robando mi habilidad. Y has usado demasiado el tallo… .Edm .P .Bdm No estaba hablando contigo, .Edm me cortó Kala. .P .Bpenso ¿Entonces hablabas solo? .Epenso pensé. Suspiré. El embarcadero y la casa de la Selladora no andaban lejos. Quise asegurarme de que no me había roto nada, pero Kala se levantó sin dejarme respirar. Yánika, recordé entonces. No podía dejar que el Sello le hiciera daño… Kala se puso a correr y no intenté detenerlo. Estábamos llegando a la playa del embarcadero cuando, de pronto, Kala vaciló y… se fue hacia la derecha, hacia el muelle. Por un instante, estuve tan sorprendido que no pude reaccionar. .P .Bdm ¡Kala! .Edm le dije, deteniéndome. .Bdm ¿Qué estás haciendo? .Edm .P .Bdm ¿Tú qué crees? .Edm siseó el Pixie. .Bdm Voy a salvar a mi hermano. .Edm .P ¿Su hermano? Agrandé los ojos. ¿Jiyari? Luché contra su impulso y logré voltear gruñendo: .P .Bdm Yo voy a salvar a mi hermana. .Edm .P Noté una vacilación. Y la aproveché para salir corriendo hacia las escaleras bordeadas de flores amarillas que guiaban a la Casa del Sello. Las alcancé, subí a la carrera… y de pronto perdí el equilibrio y caí de bruces apoyándome de milagro sobre las manos. .P .Bdm ¡Kala! .Edm protesté. .P .Bdm Jiyari… .Edm masculló Kala. .Bdm Jiyari me necesita. Y tú lo dejaste solo con esos horribles saijits… .Edm .P .Bdm Lo sacaremos de ahí, .Edm lo interrumpí. .Bdm Pero antes sacaré a Yánika y la llevaré conmigo lejos de esta isla… ¿O es que a ti no te importa lo que le pase a mi hermana? .Edm .P Kala no dijo nada, por lo que entendí que estaba de acuerdo. Me volví a levantar sintiendo dolor en mis rodillas y mi mano derecha vendada. Attah… ¿Por qué de repente Kala se había vuelto capaz de hablarme y de controlar mi cuerpo con tal facilidad? ¿Qué habían hecho Liyen, Yodah y mis tíos con mi mente? .P ¿Y qué demonios estaba haciendo yo? .P Me detuve ante la casa de granito. Oí la voz sorprendida de la tía Sasali desde la casa de la Selladora, pero no me volví. Empujé la puerta y entré. Había estado vacilando, pensé. Y, sin embargo, mi cuerpo se había movido solo… ¿Acaso eso significaba que Kala también quería salvar a Yánika? Medité sobre ello mientras andaba con grandes zancadas por el austero túnel del Sello. Sentía una creciente tensión invadirme, aunque no sabía si era por el miasma o por mi propio Datsu desequilibrado. Por un lado, me sentía tranquilo; por otro lado, estaba desesperado. .P Me puse a correr. Mis movimientos estaban algo desacompasados, pero llegué a la sala del Sello sin tropezarme casi. Mi Datsu estaba casi completamente desatado, pero yo seguía dominado por un sentimiento de urgencia. Tenía un objetivo. .P Analicé rápidamente la situación. Junto al gran cristal, no ya rosa sino negro como un gigante diamante de Kron, se encontraban arrodilladas las figuras de mi hermana y mi madre. Ambas tenían las manos posadas contra el cristal en una parte que el sarcófago transparente no cubría y parecían estar completamente absortas en su trabajo. ¿Estaban bien? No podía saberlo… Pero en el momento me parecieron estar demasiado lívidas. .P .Bdm ¡No lo perdonaré! .Edm gritó de pronto Kala. .P Me atravesaron la mente varias imágenes fugaces: la estrella metálica que tanto dolor me había causado, los saijits mirándome a través de sus Máscaras Blancas, el cristal que tanto tiempo me había encerrado y el dolor… el dolor… Detuve los recuerdos. ¿Por qué Kala pensaba en eso ahora? .P Demasiado tarde, entendí, de pronto, cuando vi mi mano posarse en el sarcófago que cubría el Sello negro. Rugí. O más bien Kala rugió y aplicó toda su fuerza órica contra el cristal, reventando el sarcófago. El horror me invadió. .P .Bdm ¡Kala, no! .Edm .D .Bdia ¡Sois todos iguales! .Edia gruñó Kala en voz alta mientras seguía tratando de estallar el Sello. .Bdia ¡Nada me quitará el dolor! .Edia .P Golpeó el puño contra el cristal. Yo hice todo lo que pude para detenerlo. .D .Bdia ¡Drey! .Edia exclamó Yánika. .P Su aura de asombro y horror se unió a la del miasma… Quise decirle: no soy yo. Quise decirle: tranquila, he venido a sacarte de aquí. Pero Kala estaba desatado. Creía entender el razonamiento del Pixie: había pensado que, reencarnándose en un Arunaeh, el Datsu le haría olvidar el dolor. Pero no había sido así. Por lo que los Datsus y el Sello se habían vuelto para él un engaño, un experimento más de los odiosos saijits… .P Y me hacía así el comprensivo en medio del caos cuando recibí de pronto un violento golpe de órica que me hizo chocarme la frente contra el Sello. .P Nos dimos la vuelta respirando sin aliento y pude ver a Padre con una mano alzada hacia mí y una expresión cerrada. Su Datsu estaba también casi completamente desatado por el miasma. Su frente estaba cubierta de sudor. .D .Bdia ¡Drey! .Edia repitió Yánika. No había apartado las manos del Sello. ¿Acaso se había quedado atrapada?, me espanté. El pensamiento era ridículo, pero… .D .Bdia ¡Hijo! .Edia exclamó mi madre, estupefacta. .P Un nuevo golpe de órica me rodeó y me tiró hacia delante, hacia Padre. Caí y reaccioné envolviéndome con órica. ¿O bien era Kala el que lo hacía? No me quedaron dudas cuando mi órica contraatacó e hizo tambalearse a mi padre. No podía creerlo. ¿Estaba atacando a mi padre? .P .Bdm Kala, maldito… .Edm siseé mentalmente. .Bdm ¡Es mi familia! No les hagas daño o yo… .Edm .P ¿O yo qué?, me autoburlé. ¿Qué diablos podía hacer? Kala trató de levantarse. Se lo impedí. Funcionó a medias, nos tropezamos, cerré los puños y traté de recobrar el control completo. Al fin, deshice toda mi órica y la ráfaga de Padre me envió de nuevo violentamente contra el Sello. Mi madre gritaba mi nombre abalanzándose hacia mí. .D .Bdia ¡No te acerques a él, Mériza! .Edia tonó mi padre. .Bdia Es peligroso. .Edia .P Pero Madre no le hizo caso. Sus ojos desorbitados brillaban de locura cuando me agarró. Yo la agarré a mi vez con ternura aunque no supe muy bien si era yo o Kala. Enseguida, las ráfagas de mi padre se apagaron. .D .Bdia Todo va bien, hijo, .Edia murmuró Madre abrazándome fuerte. .Bdia Todo va bien. .Edia .P Por un momento, casi me lo creí. .D .Bdia ¡Suéltala, Drey! .Edia soltó Padre con voz tensa. .P Lo ignoré, me giré hacia Yánika y lancé: .D .Bdia Madre, Yani, corred. Por Sheyra, salid de aquí. Ellos no tienen derecho a obligaros a nada… ¡Corre! .Edia siseó Kala, y empujó a Madre diciendo: .Bdia Tengo que destruir el Sello. ¡Corred! ¡Tengo que ayudar a mi familia! .Edia .P .Bpenso Attah… ¿Se ha vuelto loco en serio? .Epenso pensé. .Bpenso ¿A quién pretende ayudar? .Epenso Y maldije otra vez. .Bpenso He cometido un error. He cometido un tremendo error metiéndome en la sala del Sello… .Epenso .P El odio de Kala fue más fuerte que mi temor. Nos envolvió de nuevo con órica y volvió a dar un puñetazo al Sello. Tuve la impresión de que esta vez el miasma reaccionó violentamente a mi ataque. Otro golpe… Y ese fue el último que le di. Por fin, alguien me alcanzó y me tiró al suelo. ¿Padre? No. Cuando me crucé con los ojos azules y fríos de Lústogan, el temor no hizo más que aumentar. .P .Bdm Lúst, .Edm murmuré. .Bdm No le hagas daño a Lúst… .Edm .P Mi cuerpo reaccionaba agitándose endemoniadamente. Mi rostro se contorsionaba. Mi boca escupía con odio: .D .Bdia Dejasteis que muriera. Lo dejasteis. Era vuestro. Y no le ayudasteis. ¡Lotus era vuestro! Os odio a todos. A todos los saijits. ¡Y odio ese Sello maldito! Nada quitará el dolor… ¿Por qué sufro? .Edia balbuceó con menos fuerza. .Bdia ¿Por qué no puedo olvidar? .Edia .P Miré el rostro de Lústogan al tiempo que intentaba luchar contra las oleadas de emociones de Kala. Todo en este era un fuego monstruoso. Tan monstruoso que temía acercarme… temía salir de mi rincón para apagarlo. .P Por suerte, la órica de mi Padre y la de mi hermano combinadas anularon la mía eficazmente. El aura de Yánika se parecía tanto a la del miasma que apenas lograba distinguirla. Madre, en algún lugar de la sala, gritaba. Había perdido los nervios, entendí con el corazón helado. Yo había causado esto. Yo… .P De pronto, cuatro brejistas aparecieron en mi campo de visión ya restringido por las lágrimas de Kala. Yodah era uno de ellos. Posó una mano sobre mi frente y oí por bréjica un .Bdm ¿Listo? .Edm Entonces, todo estalló en mi mente y las tinieblas me tragaron. .salto Cuando recobré consciencia, lo hice a bandazos. Mis pensamientos se ponían a divagar y, en cuanto me daba cuenta de que estaba consciente, volvía a caer en la nada. Tuve la impresión, en un momento, que una presencia me ayudaba a comer. Ocurrió varias veces. También, varias veces, unos extraños invadieron mi mente. En esas ocasiones, yo huía sin saber adónde ir… y siempre me pillaban. .P Cuando desperté por fin del todo, me encontré sobre una colchoneta, en un cuarto iluminado tenuemente por una pequeña linterna. No era el cuarto de Yodah. No conocía aquel lugar. El suelo y las paredes estaban cubiertos con metal de igriave, un material que repelía las energías moduladas. Por eso, tal vez, apenas sentía el miasma del Sello a pesar de que mi Datsu estaba atado. ¿Atado?, me repetí. Constaté que efectivamente estaba completamente atado. Y… no podía desatarlo. .P Poco a poco, empecé a recordar. Mi temor por Yánika y Madre. La caída por el acantilado. Mi cuerpo dominado por Kala. La colisión con Padre. La intervención de Lústogan y los brejistas… Y mi impotencia. Había atacado el Sello. El Sello de la familia. La reliquia más valiosa de los Arunaeh, había intentado destruirla. Kala, no yo, rectifiqué. Pero el resultado era el mismo. Yo no había sido lo suficientemente fuerte para evitarlo. .P Cada emoción que recordaba se quedaba agarrada a mí y crecía hasta hacerse inaguantable. La vergüenza por lo que había hecho, mi temor a Kala, el dolor de este, la confusión de no saber si realmente había causado daño a mi familia… Todo se amontonaba en mí, y mi Datsu se quedaba quieto, como muerto, sin ayudarme como siempre lo hacía. Sin él, era incapaz de luchar contra mis emociones y estas me martirizaban cada vez más profundo, cada vez más fuerte… No sé cuánto tiempo estuve así, agotando las lágrimas cálidas de mis ojos, temblando sin control alguno. Horas. Días. No lo sé. Caí dos veces exhausto, y dos veces soñé con que las Máscaras Blancas me fijaban a la estrella metálica en el suelo para experimentar conmigo. Despertaba con un terror sin nombre, golpeado por mi órica alocada que rebotaba en las paredes; entonces, volvía a pensar en mi crimen y volvía a caer despierto en una pesadilla igual de terrible. .P La primera vez que desperté, logré beber de la jarra de agua que me habían dejado junto a la puerta. La segunda vez, dejé la comida y el agua donde estaban sin pensar siquiera en ellas. .P En un momento, creí oír la voz de Kala en mi mente y grité de horror. Mi cabeza se llenó de alucinaciones de su voz diciendo: odio a los saijits. Odio a los Arunaeh. Y, para luchar contra él, yo invocaba el amor que tenía por mi familia. Por Yánika, mis padres, Lústogan, Yodah, Liyen, los tíos… No a todos los quería igual, pero los quería de todas formas. No sería capaz de odiarlos jamás. Kala era un monstruo. Yo no era Kala. .D .Bdia Yo no soy Kala, .Edia mascullé en el silencio de mi cuarto. .Bdia Soy Drey Arunaeh. Lo mataré. Mataré a Kala, lo mataré… .Edia .P ¿Pero cómo? ¿Matándome a mí mismo? Esa era una idea de locos. Y no había locos entre los Arunaeh. Yo no sería la excepción. Yo era Drey Arunaeh… Me comportaría como un Arunaeh, analizaría la situación, intentaría resolver el problema sin cometer excesos y, si mi familia intentaba ayudarme, les ayudaría a lo que fuera. Porque yo no era un monstruo como Kala. Era un Arunaeh… .P Mis pensamientos dejaron de ser coherentes a medida que volvía a ser aplastado por mis emociones. Yánika sabía luchar contra ellas. Los demás saijits sabían dominarlas un mínimo. Entonces… ¿por qué yo no lo conseguía? .P .Bpenso Es Kala, .Epenso me dije. .Bpenso Kala quiere que me vuelva loco… .Epenso .P ¿Pero por qué mi familia me había dejado con el Datsu atado? ¿Tal vez porque así pensaban evitar que Kala volviera a controlarme? .P Hundí la cabeza entre mis brazos y, finalmente, volví a caer dormido, extenuado, sólo para encontrarme de nuevo de cobaya en manos de los científicos del Gremio de las Sombras… Cuando desperté, lo hice igual de aterrado que las últimas veces; sin embargo, esta vez había una mano posada sobre mi hombro. Con los ojos desorbitados, miré a Lústogan. Mi hermano me contemplaba con frialdad. Jamás había visto su Datsu tan desatado. Mis ojos se llenaron de lágrimas. .D .Bdia Ayúdame, hermano, .Edia balbuceé, enderezándome con dificultad. .Bdia Ayú… .Edia .P Caí como una roca de vuelta contra el suelo. Lústogan consiguió reducir el golpe con su órica y me dio la vuelta. .D .Bdia ¿Qué crees que estoy haciendo? .Edia replicó. .Bdia He venido a sacarte de aquí. No metas ruido. .Edia .P Agrandé los ojos. ¿Que no metiera ruido? ¿Íbamos a salir de la isla a escondidas? ¿Qué estaba pasando? .D .Bdia No puedo, .Edia murmuré. .Bdia El Datsu… .Edia .D .Bdia Se desbloqueará al de unos días si nadie lo vuelve a bloquear, .Edia me aseguró Lúst. .Bdia Venga, levántate. .Edia .P Lo miré, temblando, y sacudí la cabeza. .D .Bdia Ellos… son los únicos que pueden ayudarme. Mi mente… .Edia .D .Bdia Está perfectamente, .Edia me cortó Lústogan. .Bdia Tienes dos personalidades, ¿y qué? Sigues siendo mi hermano. Fueron ellos quienes lo despertaron, Drey. Ellos quienes sacaron a Kala de donde lo había sellado Madre. Que asuman sus responsabilidades. No tienes por qué seguir sufriendo. Es un despropósito. Tú eres un Arunaeh, no un cobaya. .Edia .P Lo miré, anonadado. Mi hermano… mi maestro… quería salvarme. Sus palabras fueron, en ese instante, como una luz intensa y las lágrimas volvieron a caer de mis ojos. .D .Bdia Hermano… Nunca te lo he dicho pero siempre te he tenido miedo. Pero ahora yo… me doy cuenta de que… .Edia .D .Bdia Deja de hablar y muévete, .Edia resopló Lústogan. .P Me enderezó y me agarró, tratando de levantarme. Yo intenté ayudarlo, pero me sentía muy débil. .D .Bdia ¿Y el Sello? .Edia pregunté. .Bdia ¿Y Yánika? .Edia .D .Bdia Deja de hacer preguntas, .Edia siseó Lústogan. .P Dejé de hacer preguntas y lo seguí afuera del cuarto. Al final del pasillo, Raïra, la prima de Yodah, se detuvo al vernos. Agrandé los ojos, la vergüenza me invadió… Lústogan me arrastró y pasamos junto a Raïra. .D .Bdia Er… Lústogan. ¿Estás seguro de lo que haces? .Edia preguntó con un suspiro. .Bdia Sacarlo en ese estado… .Edia .P Mi hermano no le contestó. Siguió sin soltarme y me centré en echarle una mano para no ralentizarlo. Mi hermano quería ayudarme: no podía seguir cometiendo errores. Tenía que ser determinado. Eso es, pensé. Podía luchar contra mis emociones pensando en otra cosa. Así, me centré en mis pasos. Durante tanto tiempo que ni siquiera me fijé bien hacia dónde íbamos hasta que me percaté de que estábamos fuera y que caminábamos por la arena. Pero no era la playa del embarcadero. Era la playa junto al Cuerno del Dragón, en la otra punta de la isla. ¿Tanto habíamos andado? Había una barca varada ahí. Mi abuelo materno, junto a esta, nos saludó y dejó caer entre los bancos un saco de los que usaba para recoger almejas. De modo que él también pensaba que tenía que irme de ahí… .D .Bdia Hermano, ¿cómo es que estás en la isla? .Edia pregunté. .P Lústogan no se inmutó mientras me ayudaba a subirme a la barca. .D .Bdia Padre me avisó de que habías viajado a Taey. Llegué justo a tiempo a la sala del Sello para ayudarle a Padre a inmovilizarte. .Edia .P No dijo más, dedicó un gesto seco de cabeza a nuestro abuelo y este le ayudó a empujar la barca para ponerla a flote. .D .Bdia Mira que…, .Edia nos dijo con un suspiro. .Bdia Lástima que no podáis quedaros más tiempo en la isla. Pero os entiendo, muchachos. Id con cuidado. .Edia .P Lústogan se subió de un salto y dijo simplemente: .D .Bdia Gracias, Rayp. .Edia .P Me apresuré a decir: .D .Bdia Gracias, abuelo. Y… lo siento mucho. .Edia .P Mi abuelo materno meneó la cabeza con una leve sonrisa. .D .Bdia Lo hecho hecho está. Procura no perder la cabeza, chaval… Y no te preocupes demasiado. .Edia .P Aquello me hizo pensar de nuevo en lo que tenía que preocuparme. Yánika. Mi madre. El Sello. Seguía notando el miasma de este… pero teniendo en cuenta que el Datsu estaba atado totalmente, ¿no debería haberlo notado mucho más? .P La barca se alejó y me instalé entre los bancos, mareado. ¿Cuántos días había pasado encerrado en ese cuarto? No tenía ni idea… pero mi debilidad era evidente. No había comido nada desde hacía demasiado tiempo. .D .Bdia Hermano… .Edia dije al de un rato. Aquella barca no tenía propulsor pero Lústogan había izado una vela para soplar en ella con su órica y avanzaba con rapidez por las aguas negras del mar de Afáh. .Bdia ¿Estás seguro de que no estamos haciendo algo incorrecto? .Edia .P Hubo un silencio en el que tan sólo oí el silbido del viento, el claqueteo de la vela y el chapoteo del agua. Entonces, Lústogan me echó una mirada de soslayo y se encogió de hombros. .D .Bdia ¿Quieres volver y esperar a que Yodah vuelva a bloquearte el Datsu? .Edia .D .Bdia No, .Edia murmuré. .P Obviamente, no quería sufrir más. Quería que mi Datsu volviera a ser como antes. .D .Bdia Pero, .Edia añadí, .Bdia si me alejo de ellos y Kala vuelve, nadie podrá hacer que vuelva a ser yo mismo. Y lo que hizo… lo que hice… .Edia El bochorno me invadía ahora como una oleada y sentí que todas las fuerzas me abandonaban cuando susurré: .Bdia Me siento tan avergonzado. .Edia .P Me respondió tan sólo el silencio. Lústogan no era de los que se repetían. Había dicho que yo seguía siendo su hermano y que me iba a ayudar, pero no estaba listo para consolar a nadie, y menos a un Arunaeh sin Datsu. Traté de pensar en otra cosa, en las olas, en el viento… pero ese truco ya no parecía tener ningún efecto contra mis emociones. Por un momento, hasta pensé que hubiera sido una bendición quedarme de nuevo sin sentimientos. Era, sin duda, menos doloroso. Pero era un camino de cobarde, me dije. El Datsu se había creado para permitirnos analizar las situaciones lo más óptimamente posible y para no cometer excesos, no estaba para enajenarse del mundo como una ostra en su concha. Además, cuando mi Datsu se desataba, Kala salía con más facilidad… .D .Bdia Toma, .Edia me dijo entonces Lústogan. .P Me tendía un Ojo de Sheyra. Lo tomé y me lo comí, acogiendo casi con alivio el mal sabor que me distrajo durante un rato. Bebí un largo trago de una cantimplora, me atraganté y maldije mi torpeza por lo bajo. Temblaba como si estuviera enfermo. .D .Bdia Lúst, el Sello… ¿lo rompí? .Edia .P Lústogan se giró levemente en la barca cuando resopló: .D .Bdia ¿Tan poderoso te crees? Apenas le hiciste un rasguño, tranquilo. Ese Kala… no es más que la sombra de un destructor. Estaba dominado por la rabia y el odio. No se puede lanzar un sortilegio adecuado en ese estado. .Edia .P Suspiré de alivio, pero otro pensamiento vino a turbarme. .D .Bdia Entonces… ¿por qué el Sello estaba tan raro? .Edia .P Lústogan frunció levemente el ceño. .D .Bdia Mmpf. Eso fue porque los sortilegios de Yánika y Madre… .Edia .P Calló sin terminar la frase. Palidecí. Todo había salido mal porque yo las había interrumpido. .D .Bdia Madre… Yánika… ¿cómo están? .Edia murmuré. .D .Bdia Bien. .Edia .P Su respuesta seca me hizo entender que no quería hablar más del tema. Guardé silencio. Cuando Lústogan no quería, no había forma de hacerlo hablar. Y yo de todas formas me sentía demasiado exhausto. Poco después, caí dormido. Y soñé de nuevo con las Máscaras Blancas, sólo que esta vez no estaba ya aprisionado en la estrella metálica. Corre, me decía una voz. ¡Huye! Pero las Máscaras se interponían en mi camino y yo tenía que matarlas para sobrevivir, tenía que matarlas para defender a Jiyari y a Tafaria, para poder volver a ver a Rao y a Boki… .Bparoles ¡Roï! .Eparoles gritaba. Mi compañero, de la misma edad que yo, había recibido un ataque electrocutante por parte de una Máscara Blanca y había caído al suelo arañando este con las garras frenéticamente. Levanté el puño contra la máscara. Me daría con su descarga, pero no se libraría de mi puñetazo mortal. Sentí los violentos calambres al mismo tiempo que me saltaban a la cara los trozos de máscara acompañados con sangre. Jiyari se desmayó por tercera vez desde que intentábamos salir del complejo de túneles y Melzar lo sacudió para que despertara. Tafaria, viendo que se acercaban dos guardias más con máscaras, inspiró y grité: .Bparoles ¡Tapaos los oídos! .Eparoles El grito de la pequeña Tafaria llenó todo el túnel y creí que mi cabeza iba a estallar. Desperté de golpe aullando. Lústogan me agarraba de ambas muñecas hasta hacerme daño. .D .Bdia Ya basta, .Edia me soltó con tono severo. .Bdia Despierta ya de una vez. .Edia .P Mi hermano mantenía mi órica a raya con la suya y la deshicimos al mismo tiempo. Al fin, él me soltó. Permanecí tumbado un instante, callado, recuperando el aliento, antes de enderezarme. Estábamos en una playa salvaje anegada en la oscuridad. A una centena de metros, se alzaba una columna que alcanzaba el techo de la caverna, iluminada tenuemente por algunas piedras de luna. El mar de Afáh estaba más oscuro que nunca. Del otro lado de la playa, se adivinaban las formas retorcidas de unos árboles. .D .Bdia ¿Dónde estamos? .Edia pregunté. .P Lústogan sacó de la barca el saco que nos había dado nuestro abuelo materno y lo posó en la arena contestando: .D .Bdia No muy lejos de la Ciudad Perdida. .Edia .P Agrandé los ojos. .D .Bdia ¿La Ciudad Perdida? Entonces, esto… ¿es el Bosque de Liireth? .Edia .P Eso quedaba en la frontera este de Dágovil, a varios días de viaje de Kozera… ¿Pero por qué mi hermano me había llevado hasta ahí? Lústogan mantuvo su inmovilidad unos instantes y, pese a la oscuridad, entendí que me estaba observando. .D .Bdia Estás recuperando el Datsu, .Edia dijo. .P Constaté que era cierto. Partes de mi Datsu ya estaban desatadas al nivel normal. El alivio que sentí me hizo olvidarlo todo por un instante. .D .Bdia ¿Puedes andar? .Edia .P Parpadeé y me levanté, asintiendo. .D .Bdia Estoy mejor, .Edia aseguré e imprequé: .Bdia Attah, maldito sea Kala. Si tanto odia a los saijits, ¿por qué se habrá reencarnado en uno? ¿Será masoquista? .Edia .P Sin contestar, Lústogan extrajo del saco mi mochila bien llena diciendo: .D .Bdia Tienes agua para unos cuantos días, así como un saco entero de Ojos de Sheyra, tu piedra de luna, el diamante de Kron y tu navaja. Añadí una vieja muda de protección que tenía: la tuya era irrecuperable. Oh, te quité el lingote de hierro negro, ya vendrás a recogerlo algún día: viajar con eso a cuestas era ridículo… sólo otro destructor como yo puede entenderte. En fin, creo que tienes todo lo que necesitas. Buena suerte. .Edia .P Empezó a empujar la barca de nuevo hacia el mar. Yo lo miré, anonadado. .D .Bdia ¿Te vas? .Edia .D .Bdia Es necesario. Le debo explicaciones al líder. .Edia .P Aún no podía creerlo. Mar-háï… ¿Me estaba dejando solo? .D .Bdia ¿Por qué el Bosque de Liireth? .Edia protesté. .Bdia ¿No podrías haberme dejado en Kozera? .Edia .D .Bdia ¿Para que nuestra familia te encontrara en un abrir y cerrar de ojos? .Edia se burló Lústogan, deteniéndose. .Bdia Drey. Piensa un poco. El Bosque de Liireth fue la base de operaciones del Gremio de la Contra-Balanza y por algún motivo lleva el nombre del Gran Mago Negro. Es muy posible que encuentres alguna información de provecho. .Edia .P Siseé. .D .Bdia También es la base de operaciones de los hawis, las arpías, los escama-nefandos y… .Edia .D .Bdia No hay tantas criaturas como crees, .Edia aseguró Lústogan. .Bdia Oí decir que el desequilibrio energético que se creó durante la guerra era tal que ni las criaturas se atreven a entrar. Si crees que es demasiado peligroso, sólo tienes que seguir esta playa y llegarás a la Ciudad Perdida, y de ahí hasta Doz. Pero te recomiendo no salir a descubierto. Tal vez no te hayas dado cuenta, pero por más que tu Datsu se esté equilibrando, tu piel sigue igual de gris y tus ojos igual de rojos y negros… Por eso no puedes ir a Kozera… Lo sé: tenías cita con los Zorkias. Los brejistas analizaron toda la información reciente en tu mente. Sólo que no pudimos hacer nada al respecto de todas formas: alguien los denunció antes y fueron apresados por los kozeranos. Serán próximamente transferidos a Dágovil con toda probabilidad. En cuanto al Pixie, Jiyari, lo interrogó Yodah y lo devolvió a su Escuela Sabia. Y ya sabes todo. .Edia .P Hubo un largo silencio en el que sólo se oyó el oleaje del mar. Que los Zorkias hubieran caído de nuevo entre las manos del Gremio de las Sombras me apesadumbraba, pero no tanto como saber que Jiyari había sido interrogado por un Arunaeh. Rendí gracias a mi Datsu que aguantaba mis emociones como un campeón. Cerré los ojos y los volví a abrir. .D .Bdia ¿A qué día estamos? .Edia .D .Bdia Diecinueve. .Edia .P Reprimí un jadeo de sorpresa. Diecinueve. ¿Habían pasado tantos días? Suspiré. .D .Bdia ¿Qué le vas a decir a Liyen? .Edia .D .Bdia Esos son asuntos míos. Tú conténtate con no hacer nada imprudente. .Edia .P .Bpenso ¿Y cómo, si me acabas de dejar en un antro de celmistas desterrados?, .Epenso voceé mentalmente. .D .Bdia Tómatelo como un entrenamiento, .Edia lanzó Lústogan con calma. .Bdia Y aprende a no perder contra Kala. Yodah me dijo que, con un poco de voluntad, serías capaz de extender tu Datsu a los recuerdos de Kala. .Edia .P Enarqué las cejas. ¿Con un poco de voluntad? ¿Y qué sabía Yodah sobre mi voluntad? Siseé por lo bajo. Lústogan acabó de poner a flote la barca y se subió. .D .Bdia Oh, se me olvidaba, .Edia dijo. .P Tiró un pequeño objeto que llegó a mí con órica y lo atrapé. Era una carta. .D .Bdia Es de nuestra hermana, .Edia explicó Lúst. .Bdia No olvides destruirla después de leerla. .Edia Y alzó una mano. .Bdia Cuídate, hermanito. .Edia .P Con un mohín, lo vi alejarse y, cuando desapareció en las tinieblas del mar de Afáh, chasqueé la lengua y me dejé caer en la arena. ¿ .Sm -ns Nuestra hermana?, me repetí. .D .Bdia Mar-háï, Lúst… .Edia murmuré en medio de la oscuridad. .Bdia Nunca llegaré a entenderte. .Edia .Ch "Carta" .\" 15/07/2019 .Bm «Querido hermano. .P No sé cómo te sentirás ahora, pero que sepas que ni Madre ni yo te culpamos por lo que hiciste. No te preocupes. Como no estabas en condiciones de viajar a Kozera, Yodah se propuso para avisar a Jiyari y a Livon de que estabas enfermo. Al regresar, me dijo que los Ragasakis ya tienen una idea de dónde se encuentra Orih. Al parecer, hace unos días hubo una gran explosión en Lédek y piensan que pudo haber sido ella. Sería una gran noticia. Yo, sin embargo, he decidido quedarme en la isla. Puede parecer extraño, pero sé que, sin ti, tendría demasiado miedo de perjudicar a los Ragasakis y, además, Madre y yo tenemos un trabajo importante que cumplir. No sé si lo conseguiremos, pero por favor no te preocupes por mí, porque estoy bien. De hecho, estoy muy contenta de poder trabajar con Madre. Sé que no es fácil, que ella también tiene problemas, pero estamos juntas ayudando a nuestra familia y eso me hace feliz. Es cierto que me gustaría también estar contigo, pero el hijo-heredero me dijo que necesitabas estar solo para aprender a ser tú mismo. No sé qué querrá decir con eso, pero yo sé que, al final, todo se resolverá como en los buenos cuentos, ¿verdad? Confía en ti como yo confío en ti y seguro que todo se arregla. .P PD: No sé lo que trama Lústogan, pero te lleve adonde te lleve, no olvides que yo te quiero mucho. .P Tu hermana Yánika» .Em .Ch "La tumba" .\" 14/07\2019 En serio, ¿qué clase de hermano sacaría a su hermano menor de un apuro para meterlo en otro? .P Tras reflexionar un rato, había llegado a la conclusión de que lo mejor que podía hacer era resolver el problema con Kala antes de regresar a Kozera a por Jiyari. Por eso, tras concentrarme tumbado en la oscura playa, había intentado comunicar con Kala durante un tiempo interminable sin recibir respuesta, hasta que le había dicho: .P .Bdm Pues muy bien. Si no quieres contestarme, no iré a por Jiyari. .Edm .P Me había contestado enseguida un: .P .Bdm Maldito, es mi hermano, ¿cómo te atreves a dejarlo solo sabiendo que está aún más aterrado por sus recuerdos que yo? .Edm .P Su respuesta me había preocupado y aliviado a partes iguales. Sin contestarle, me había puesto en marcha por la playa sólo para constatar que, una milla más lejos apenas, me cortaba el paso una enorme y ancha columna tan oscura como la obsidiana. Y, de hecho, estaba hecha de obsidiana, comprobé. Se me había ocurrido pasar nadando para rodearla, pero tras analizar un poco la situación me había parecido arriesgado. Había percibido un grito característico de leawargo no muy lejos, proveniente del mar. Por lo que había decidido finalmente meterme en el bosque. .P ¿Acaso era eso lo que deseaba mi hermano?, me pregunté. ¿Qué era lo que esperaba que encontrase en esa madeja inextricable de ramas muertas cubierta de bruma? .P No se oía un ruido, exceptuando mis pasos. Una energía perturbante flotaba en el aire y parecía agarrarse a la bruma, a cada árbol y a cada piedra del bosque. No era una energía bréjica como el miasma del Sello. Era simple energía inestable. .P Tras estar andando un buen rato, por poco tropecé con una raíz y decidí detenerme. Estaba harto de andar, debilitado por el estrés y la falta de sueño acumulados en la isla. Me quité la mochila, me recosté contra un árbol y suspiré. .P .Bdm Kala. Dime. ¿Conoces esta región? .Edm .P Ese maldito Pixie no contestó. Inspiré y escuché el aire. En esa tierra tan silenciosa y envuelta por la bruma, cualquier movimiento de aire era fácil de percibir. Eso al menos era una ventaja. .P .Bdm Dijiste en la sala del Sello, .Edm medité tras un largo silencio, .Bdm que Lotus era un Arunaeh. Pensaste que, porque Lotus era un gran brejista, tú, al reencarnarte en un miembro Arunaeh, también lo serías. ¿Me equivoco? .Edm .P Kala no contestó, pero sentí su irritación alcanzarme. Mi Datsu, sin embargo, la contuvo razonablemente. Tras otro silencio, me coloqué las manos detrás de la cabeza asintiendo para mí. .P .Bdm No quieres hablar de tu pasado. Lo entiendo. Di. Sólo una pregunta más. Parece ser que algunos Arunaeh piensan que tú y yo tenemos una única y misma mente. ¿Qué piensas de ello? .Edm .P .Bdm No soy un maldito saijit como tú, .Edm me siseó. .P Hice una mueca y sonreí. .P .Bdm Entonces está decidido. Tú eres Kala. Yo soy Drey. Hagamos un trato. Yo te prometo que trataré a Jiyari como a un hermano. Y tú me prometes a cambio que no volverás a controlar mi cuerpo. .Edm .P .Bdm Este es .Sm mi cuerpo, no el tuyo, .Edm replicó Kala con viveza. .Bdm Lo has estado controlando durante dieciocho años, pero siempre ha sido mío desde que salí del Sello. .Edm .P .Bdm Ya, lo que tú digas, .Edm repuse con paciencia. .Bdm Di, Kala, ¿no te sientes culpable? ¿Culpable de haberle robado el cuerpo a un recién nacido? Por tu culpa, Madre estuvo sufriendo. Por tu culpa, mi hermana está como está. Por tu culpa, mi prima Alissa no pudo tener un Datsu. Por tu culpa, Lústogan robó el Orbe del Viento a la Orden y estuvo tanto tiempo ausente. Y también por tu culpa, los Arunaeh están pasando un mal rato en la isla intentando reparar el Sello. ¿No te parece normal que estén mínimamente hartos? Cualquier saijit sin Datsu nos habría mandado a la hoguera hace tiempo, .Edm lancé. Y bostecé, prestando atención a la reacción de Kala. Estaba de malhumor. ¿Habría tocado una cuerda sensible? .P .Bdm ¿Tú también me odias? .Edm preguntó. .P Me erguí ligeramente, sorprendido. ¿Lo odiaba? Meneé la cabeza, divertido. .D .Bdia Mar-háï… .Edia murmuré en voz alta. Y retomé mentalmente: .Bdm ¿Cómo voy a odiarte? Estás en mi mente, te recuerdo. No puedo odiarte. .Edm .P .Bdm Hace nada, dijiste: lo mataré, mataré a Kala, .Edm replicó él. .Bdm ¿Por qué me mientes? .Edm .P Fruncí el ceño y me enderecé, meditativo. De modo que recordaba bien todo lo ocurrido recientemente. ¿Cómo se sentía Kala en ese momento? No lograba saberlo con precisión. .P .Bdm Mira, .Edm dije. .Bdm No te estoy mintiendo. No te odio. Cuando dije que te mataría, lo hice porque estaba muerto de miedo, porque mi Datsu no funcionaba. No era yo mismo. No deja de ser cierto que te tengo miedo. .Edm .P Hubo un silencio. .P .Bdm ¿Tú también? .Edm murmuró. Enarqué una ceja pero él retomó enseguida: .Bdm ¿Quién eres realmente? ¿Por qué existes? .Edm .P .Bdm Menuda pregunta… ¿En serio tengo que contestar? .Edm suspiré. No dijo nada así que me encogí de hombros y aclaré: .Bdm Cuando Madre me puso el Datsu, te selló, aunque sólo en parte. El resto fusionó conmigo. En consecuencia, no somos ni realmente el Drey que nació ni realmente el Kala que se fusionó en el Sello. Eso es lo que he entendido. Lo que no entiendo es por qué, al despertarte, no has podido fusionarte conmigo. Parece que realmente somos dos mentes bien distintas en un cuerpo. ¿O tal vez simplemente me esté volviendo loco y no existes? .Edm Mis labios se torcieron en una sonrisa sarcástica. .Bdm Prefiero no pensar en ello. Lo único que me preocupa en este asunto de momento es que seas capaz de controlar mi cuerpo otra vez y causar un desastre. .Edm .P Me respondió un largo silencio. ¿Estaba turbado? ¿Meditabundo? ¿Enojado? No lograba saberlo. .P Acababa de decidir que sería mejor seguir andando y encontrar algún lugar apropiado para dormir cuando Kala soltó: .P .Bdm Puedo tomar el control de mi cuerpo cuando quiero. Ahora sé hacerlo. No lo he hecho hasta ahora porque estaba pensando. .Edm .P .Bdm Enhorabuena, ¿sabes pensar? .Edm me burlé. .Bdm En la isla, no me dio esa sensación. ¿Qué quieres decir con que puedes tomar el control de mi cuerpo cuando quieres? ¿Hablas en serio? .Edm .P Sonreí de soslayo y dije en voz alta: .D .Bdia Hablo en serio. .Edia .P Sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo y mi Datsu se desató un poco más. Agarré mi mochila con movimientos nerviosos. .D .Bdia No me pegues esos sustos, .Edia le solté. .D .Bdia ¿Te has asustado? .Edia me reí. .P Agrandé los ojos, jadeando, interrumpiendo la carcajada. .D .Bdia Maldita sea, ¿puedes parar de…? .Edia .D .Bdia Lo siento, pero no, .Edia me replicó Kala con tono frío, apropiándose de nuevo mis movimientos. .Bdia Ahora que puedo pensar correctamente, quiero poner las cosas claras entre nosotros dos. .Edia .P Apreté los dientes y retomé el control diciendo: .D .Bdia Adelante, pongámoslas claras. .Edia .P Como dos cachorros riñendo por una pelota, luchamos ambos por el control de nuestro cuerpo hasta que lancé mentalmente: .P .Bdm Ya está bien. Esto es ridículo, hablemos claro. .Edm .D .Bdia Me parece bien, .Edia sonrió Kala, triunfal, en voz alta. .Bdia Sólo quiero advertirte de dos cosas: primero, no voy a dejar que te muevas libremente, lo haré yo. Segundo, iré a por Jiyari y mis demás hermanos y cumpliré el sueño de los Pixies y, si interfieres, le pediré… le pediré a Lotus cuando resucite que te destruya. .Edia .P Realmente era un maldito monstruo, pensé. Pero no me dejé impresionar y repliqué: .P .Bdm Reflexiona. Como podrás ver, luchar el uno contra el otro es una pérdida de tiempo. ¿A quién le intentas avasallar? ¿A mí? ¿Porque me pasé dieciocho años controlando este cuerpo ahora te lo tengo que dejar otros dieciocho años? No me gusta el trato. En cuanto a lo de destruirme, está claro que no has entendido la situación. Nuestras mentes están unidas. Ni mi familia, ni Madre, han sido capaces de separarnos, ¿y crees que Lotus será capaz de hacerlo? Yo te propongo un compromiso, .Edm añadí sin dejarle contestar. .Bdm Iremos a por Jiyari y tus demás hermanos, pero también ayudaremos a los Ragasakis a resolver el problema de los dokohis. Ellos fueron creados por Lotus, ¿no es así? Pues destruiremos todos sus collares y liberaremos a los Espectros de la Angustia y a los saijits por igual… .Edm .P .Bdm No fue Lotus quien creó los collares, .Edm replicó entonces Kala por vía mental. .P Enarqué una ceja. Eso era nuevo. .P .Bdm Si no los creó él… ¿entonces quién? .Edm pregunté. .P Hubo un silencio. Entonces Kala gruñó: .P .Bdm No lo sé. No recuerdo. Estaba metido en la lágrima dracónida y los recuerdos de entonces son muy difusos. Sólo es que… sé que Lotus no hubiera hecho algo así. Él no podría… .Edm .P Calló. Y se hizo reservado. Tras un silencio interrogante, lo dejé pasar y retomé: .P .Bdm Sea como sea, destruiremos los collares. Y ofreceremos toda nuestra ayuda a nuestra familia… a los Arunaeh, .Edm especifiqué, .Bdm para reparar el Sello, puesto que fuiste tú quien lo rompiste. No me importa compartir responsabilidades, ¿lo ves? En cuanto al cuerpo y quién lo mueve… supongo que no estarías de acuerdo si te dijera que lo quiero para mí. .Edm .P .Bdm Obviamente. Es mío, .Edm afirmó Kala. .P .Bdm Y mío, .Edm repliqué, exasperado. .Bdm Creo que ya es hora de que te vayas dando cuenta de ello… .Edm .P Me erguí. De pronto, había notado aire moverse a mi alrededor. .D .Bdia Quieto, .Edia lanzó Kala, indignado. .Bdia ¿Me estabas distrayendo para intentar robarme el control otra vez? .Edia .P .Bdm ¿Puedes callarte? .Edm siseé mentalmente. .Bdm Hay algo vivo que se acerca. Por la derecha. Algo gordo. Movámonos. Seguro que te han oído. .Edm Kala se levantó y mascullé: .Bdm La mochila, maldito, no te olvides de la mochila. .Edm .P .Bdm No me des órdenes, saijit. .Edm .P Pero cogió de todas formas la mochila. Suspiré. Al menos no era del todo inútil. Sabía hacer caso cuando interesaba. Y diablos, Jiyari decía que a veces actuaba como el Kala que recordaba, pero yo no era ni tan egoísta ni tan corto de miras como ese sujeto… .P De pronto, Kala soltó una ráfaga de viento hacia la dirección donde se encontraba el animal y disipó la bruma. Me quedé atónito. .P .Bdm ¿Qué crees que estás haciendo? .Edm exclamé. .Bdm ¡La bruma nos escondía! .Edm .P Kala chasqueó la lengua, ruborizándose un poco. .D .Bdia Sólo quería hacer como tú y ver si el animal estaba cerca… .Edia .P Calló cuando divisamos una forma negra e imprecisa entre dos árboles retorcidos. El bosque estaba oscuro, pero como eran pocos los árboles con hojas en esa región muerta, las luces lejanas lograban alumbrar muy tenuemente el lugar a través de la bruma. Lo suficiente para que unos ojos de kadaelfo alcanzaran a ver que la forma, alta e imponente, se movía y se acercaba. El Datsu se me desató y me puse a correr en dirección opuesta. También algo asustado, Kala quiso hacer como yo, nuestros movimientos se desacompasaron, tropecé contra una raíz y me desplomé exclamando: .D .Bdia ¡Te maldigo! .Edia .P Y me maldije a mí mismo por haber gritado en voz alta. Si esa cosa era un escama-nefando, estábamos realmente en un aprieto. Me levanté y seguí corriendo. .P .Bdm Déjame correr a mí, .Edm protestó Kala. .P Inspiré, pensé en las consecuencias… y me detuve. .P .Bdm Si te tropiezas, te relevo. .Edm .P Kala sonrió y asintió. .P .Bdm Voy. .Edm .P Mar-háï, era como un niño… Aunque se le podía entender, teniendo en cuenta que no se había movido así desde hacía décadas. Mientras Kala corría con prudencia de raíz en raíz hacia una bruma cada vez más densa, me dediqué a seguir los movimientos del aire. Nuestro perseguidor seguía ahí detrás, pero no nos alcanzaba. Bien. Me descentré un instante de mi órica al pensar en lo extraño que resultaba estar corriendo sin tener cuidado en dónde tenía que poner los pies… Entonces, percibí un movimiento cercano. .P .Bdm Attah, ¡hay otro hacia la izquierda! .Edm exclamé. .P Kala giró hacia la derecha y protestó: .P .Bdm ¿Por qué diablos me habrá dejado Lústogan aquí? .Edm .P .Bdm A saber, .Edm murmuré, tenso. .P No se me pasó desapercibida la manera en que tenía de asociarse con Lústogan. Attah… Era un poco como si estuviera negando mi existencia. Me preguntaba si él mismo, en el fondo, no consideraba a los Arunaeh como su propia familia. Al fin y al cabo, sellado o no, había sido criado por ellos. .P .Bdm Estate atento, ¿quieres? .Edm me refunfuñó. .P Sentí una pizca de diversión. .P .Bdm Perdón. .Edm .P Me ensombrecí sin embargo muy rápido cuando noté, al de apenas cien metros recorridos, que había otras dos criaturas persiguiéndonos por la derecha. Eran tan silenciosas… No podían ser nadros: los nadros rugían en sus cacerías para acorralar mejor a su presa. Y los escama-nefandos, que yo supiese, no cazaban en manada. .P .Bdm Diablos. Nos han acorralado, .Edm dije. .Bdm Sólo nos queda seguir hacia delante… .Edm Kala se abalanzó hacia delante y terminé mi frase diciendo: .Bdm Lo que significa que ese es el lugar donde pretenden cocinarnos. .Edm .P Kala se detuvo en seco. .P .Bdm ¿Co…? ¿Cómo dices? ¿Cocinarnos? ¿No querrás decir…? .Edm .P .Bdm Exactamente lo que digo, .Edm afirmé. .Bdm O bien… .Edm .P No acabé esta vez mi frase porque empecé a oír los pasos sigilosos de las criaturas detrás y a ambos lados. Mascullé: .P .Bdm Deja de agitarte, Kala, reaccionar violentamente no nos ayudará. .Edm .D .Bdia No estoy reaccionando violentamente, .Edia protestó Kala en voz alta. .Bdia Estoy perfectamente tranquilo. ¿Qué te crees? No estoy asustado. Yo soy de acero, no me pueden comer. .Edia .P Dejé escapar un ruidoso suspiro. .P .Bdm Kala… Despierta y abre los ojos. Ya no eres de acero, eres de carne y hueso. .Edm .P La revelación pareció dejarlo sumido en un estado de confusión tal que de pronto perdió el equilibrio y cayó. .P .Bdm Tomo eso por un tropiezo, .Edm decidí. Y retomé el control del cuerpo. Me levanté y escudriñé la niebla silenciosa, en vano. .D .Bdia ¿Quién anda ahí? .Edia pregunté. .P Nadie me contestó. Las criaturas se habían detenido en la bruma y sentía sus respiraciones. Eran cinco, y las cinco tenían a otra criatura encima que respiraba a su vez. Saijits sobre anobos. Era la única explicación. Sólo faltaba saber… cómo acogían esos saijits a los extranjeros. .D .Bdia Siento la intrusión, .Edia solté a ciegas. .Bdia Pero me he perdido. .Edia .P Era cierto. De tanto correr y girar para evitar a nuestros perseguidores, me había perdido del todo. .D .Bdia Me sentiría… esto… agradecido si me indicarais el camino para salir de este bosque. .Edia .P .Bdm Estás hablando con unos monstruos, te recuerdo, .Edm carraspeó Kala, incrédulo. .Bdm ¿En serio crees que te van a entender? .Edm .P .Bdm Son saijits. .Edm .P .Bdm Mmpf. Lo mismo, .Edm gruñó el Pixie. .P Inspiré el aire húmedo y frío. Mi Datsu estaba afortunadamente ya bien recuperado y desatado como tenía que estar. Pensé: si no han atacado aún, ¿es por la bruma? ¿porque no pretenden atacarme? ¿porque tal vez me estén llevando a un lugar preciso? ¿los lindes del bosque, quizá? Esa última posibilidad era muy optimista. No había oído muchas historias sobre el Bosque de Liireth, pero sabía que eran tierras malditas, pobladas por parias y traidores al Gremio de las Sombras. Eran gente todavía menos aconsejable que los mercenarios como los Zorkias. De encontrarse con un intruso en su territorio, dudaba de que se lo pensasen ni un segundo antes de eliminarlo. Y, sin embargo, ahí seguía con vida. .P Estaba aún preguntándome qué podía hacer contra esos cinco anoberos escondidos en la bruma cuando oí los pasos de unas personas acercarse desde la dirección hacia donde Kala había estado corriendo. Oí un ruido de espada desenvainarse y me tensé, vacilando. ¿Sería mejor despejar la bruma? ¿O eso sólo los provocaría? Sentí el aire moverse mientras una de las personas se aproximaba cada vez más. Pero no veía nada. Sólo un amasijo de bruma… Tardé un instante antes de entender que esa persona estaba usando armonías para ocultarse. Y lo pensé demasiado tarde. El filo de la espada pasó con la rapidez de un relámpago y cortó las correas de mi mochila. Esta cayó al suelo. Al segundo siguiente, tenía la espada reposando sobre un hombro, contra mi cuello. .D .Bdia Manos arriba. .Edia .P Las alcé lentamente en el momento en que surgía una luz y aparecía ante mí un saijit con una máscara blanca. Kala enseguida siseó de rabia y luché por mantener el control. .P .Bdm ¡Kala! No son las Máscaras Blancas. Las matasteis a todas, ¿recuerdas? .Edm .P Aun así, los recuerdos lo habían invadido y el Pixie estaba dominado por el miedo y la rabia. Y debía de verse en mi expresión, pues el saijit presionó levemente el filo contra mi piel. .P Acero, pensé. Acero bien hecho pero sencillo. No me costaría destruirlo. Sin embargo, ese saijit era rápido y no sabía si sería capaz de agarrarlo con la mano antes de que reaccionara. Probablemente no. .P El que acompañaba al de la espada, ayudándose con la luz de una pequeña piedra de luna, se ocupó de agarrar mi mochila y echarle un vistazo adentro. Tenía garras de ternian, me fijé. Carraspeé. .D .Bdia Silencio, .Edia me lanzó el que me amenazaba. .P Guardé silencio un instante… y protesté: .D .Bdia No deberíais matarme. .Edia .D .Bdia Si hablas cuando te lo prohíbo, acabarás muerto sin lugar a dudas… .Edia .P La espada se movió levemente, amenazante. Callé. Mientras que el saijit que inspeccionaba mis haberes llevaba una máscara bien limpia y pulida, el de la espada la tenía parcheada en varios sitios y se le adivinaba el mentón de piel negra. Ambos vestían ropa de colores grisáceos, seguramente para esconderse mejor en la bruma. Finalmente, el ternian dejó mi mochila revelando una voz de mujer cuando dijo: .D .Bdia No lleva gran cosa. Parece como si hubiese salido corriendo de algún sitio. En cualquier caso, no parece ser un espía. .Edia .D .Bdia Nunca te fíes de las apariencias, .Edia dijo el de la espada. .D .Bdia Mmpf. ¿Has visto su cara? Antes deberíamos preguntarle si es saijit. No creo que el Gremio de las Sombras contrate a gente con esos ojos… .Edia .D .Bdia No te fíes de las apariencias, digo, .Edia insistió el de la espada. .Bdia Podrían ser lentillas, o una máscara muy bien hecha, ¿qué sabes tú? .Edia .P La mujer ternian emitió una risita divertida. .D .Bdia Eres tremendo, Dist. Una cosa es ser desconfiado y otra empeñarse en serlo. ¡Está bien! Se lo preguntaré. .Edia .P Se posicionó justo detrás del espadachín y pude distinguir el brillo de sus ojos cuando me miró. .D .Bdia ¿Cuál es tu nombre? .Edia .P Hice una mueca. Diablos… ¿Y ahora qué les decía? Revelar que era un Arunaeh no era una buena idea. Los Arunaeh eran conocidos por ser los peores inquisidores de todos los Pueblos del Agua y los forajidos, además de temerlos como a los diablos, los detestaban. Por suerte no habían reconocido mi tatuaje; su forma debía de haberse alterado demasiado, por las mismas razones que tenía la piel gris y los ojos tan raros. .P Así pensaba, tratando de sacar un nombre y una historia convincentes cuando Kala se me adelantó siseando: .D .Bdia Sucios saijits. .Edia .P Mi Datsu se desató aún más y soltando imprecaciones en mi cabeza luché por retomar el control. Kala no quería. .P .Bdm ¡Tropezaste, me toca a mí! .Edm argumenté. .Bdm ¿Quieres que nos atraviesen con esa espada? ¿Para eso te has molestado tanto en reencarnarte? .Edm .P Kala se tranquilizó al fin. Pero la reacción de los dos enmascarados no se hizo esperar más. El de la espada repitió con tono neutro: .D .Bdia ¿Sucios saijits? Sobreentiendo que tú no eres saijit, entonces. .Edia .D .Bdia Por supuesto que no soy s… .Edia Callé y maldije a Kala de nuevo. Este me ignoró. Me apresuré a soltar: .Bdia Me refería a los sucios saijits que me obligaron a huir de mi pueblo. Os juro que no soy ningún espía. Sólo estaba buscando mi camino para salir del bosque. .Edia .D .Bdia ¿Oh-oh? .Edia replicó la mujer. .Bdia ¿Te dirigías hacia Dágovil? .Edia .P Fruncí el ceño. Y volví a pensar en las palabras de Lúst. .Bparoles El Bosque de Liireth fue la base de operaciones del Gremio de la Contra-Balanza y por algún motivo lleva el nombre del Gran Mago Negro. Es muy posible que encuentres alguna información de provecho. .Eparoles Miré las máscaras con intensidad. ¿Serían esos unos antiguos rebeldes de la guerra de Liireth? ¿Habrían conocido a Lotus? ¿O bien eran algún destacamento del Gremio de Dágovil? Pero, de ser el caso, me habrían tomado enseguida por un desertor, ¿verdad? Sus ropas eran usadas, pero estaban limpias. ¿Eso tal vez indicaba que su base estaba cerca? Decidí correr el riesgo de meter la pata y solté: .D .Bdia En realidad, ando buscando al Gremio de la Contra-Balanza. .Edia .P Mi afirmación fue seguida de un profundo silencio. Hasta la bruma pareció inmovilizarse. Entonces, el de la espada murmuró: .D .Bdia Mel. ¿Lo mato? .Edia .P Attah… Debería haber supuesto que no sería tan fácil. Kala masculló sin tapujos: .P .Bdm No lo has arreglado. .Edm .P Apreté los dientes. Y me preparé. Si ese tal Dist realizaba cualquier movimiento sospechoso, descargaría mi órica para alejar el filo… La teoría era hermosa, pero salir con vida de esa era otro cantar. La tal Mel dijo entonces: .D .Bdia Dinos tu nombre. .Edia .P Inspiré. Y solté: .D .Bdia Kala. .Edia .P .Bdm ¡Ese soy yo! .Edm protestó el aludido. .Bdm Cobarde, ¿por qué no les das tu nombre? .Edm .P .Bdm Porque estamos intentando sacar información sobre Lotus, .Edm repliqué. .Bdm El que busca a Lotus eres tú, no yo. .Edm .P Kala no rebatió. Los dos enmascarados intercambiaron una mirada. Y Mel soltó una risita. .D .Bdia ¿Kala como el Pixie del Desastre, eh? .Edia Y añadió por lo bajo: .Bdia Dist, ven un momento… Tengo que decirte algo. Por favor, ‘Kala’, no intentes escapar o morirás. No estamos solos. .Edia .P Eso ya lo sabía desde hacía rato. Los cinco anoberos escondidos en la bruma no se habían movido. Una vez Dist me dejó el cuello libre de amenaza, respiré mucho mejor. Los vi alejarse, percibí unos murmullos, un ‘¿eh?’ incrédulo y un resoplido escéptico. No tardaron en regresar. .D .Bdia Vamos a guiarte, .Edia dijo Mel. .Bdia Por favor, síguenos y olvídate de la mochila. Uno de nuestros hombres se encargará de llevarla. .Edia .P Ignoraba de qué demonios habían estado hablando, pero me alegré de que no pretendieran matarme de inmediato. Dist tenía aún la espada desenvainada y me indicó amablemente el camino con ella. Seguí a Mel a través de la bruma y percibí cómo los anobos se ponían en movimiento también. Unos puntos negros aparecieron en mi campo de visión. .P .Bdm ¿Qué es eso? .Edm se alarmó Kala. .Bdm ¿Veneno? ¿Un sortilegio? .Edm .P .Bdm Cansancio, .Edm suspiré mientras avanzaba evitando las raíces. .Bdm ¿En verdad nunca has estado cansado? .Edm .P Hubo un silencio. Entonces Kala murmuró: .P .Bdm Supongo que lo olvidé. Con mi cuerpo de acero… el dolor era mucho más grande que el cansancio. .Edm .P Lo dejé que se absorbiera en sus pensamientos y seguí andando. Sentía los anobos seguirnos en silencio por ese país de brumas. Tuve la sensación de que, cuanto más avanzábamos, más se multiplicaban las raíces en el suelo, y más energía inestable poblaba el aire. En un momento, mi pie chocó contra una raíz que no había visto y me desplomé, amortiguando la caída con órica. Kala soltó una risita. .P .Bdm ¡Te has caído! Me toca a mí. .Edm .P ¿Desde cuándo un tropiezo se había convertido en la regla para hacer turnos? Por no decir que él se había saltado la regla unas cuantas veces… Pero no protesté y, cuando Dist me dio una leve patada ladrando que me levantara, Kala gruñó: .D .Bdia Estoy en ello. .Edia .P Y se levantó con una sonrisilla en el rostro. Se puso a andar y tuve todo el tiempo de examinar los alrededores con órica. El paisaje no cambiaba. Hasta los árboles parecían iguales, de tronco oscuro, retorcido y muerto. Sólo en un momento vimos una hoja que había crecido inesperadamente en la rama de un árbol. Kala se desvió para tocarla con la yema de un dedo y Dist masculló: .D .Bdia Si te vuelves a alejar, te corto los pies. .Edia .P La mirada que le echó Kala al espadachín fue todo menos amistosa. .D .Bdia Voy adonde quiero, sucio saijit, .Edia le replicó. Dánnelah… A ese Pixie le faltaba el juicio. Le mandé una advertencia. Y Kala resopló de lado antes de retomar la marcha siguiendo a Mel. .P Finalmente llegamos ante una gran carpa blanca. Por la bruma, no pude evaluar bien sus dimensiones, pero me pareció enorme. Entramos y, al tocar un trozo de la tela de la tienda, fui incapaz de reconocer el material… .P .Bdm Me has movido, .Edm protestó Kala. .P Cierto. Sin darme cuenta, había movido un poco la mano para tocar la carpa. Hice una mueca mental. .P .Bdm Perdón. .Edm .P .Bdm Mmpf. .Edm .P El interior era como una gran casa. Había una sala principal con mesas y sillas así como varios pasillos con cuartos a ambos lados separados por paneles de madera, de pieles o de tela. .D .Bdia ¿Un nuevo recluta? .Edia interrogó uno de los rebeldes sentados alrededor de una gran mesa. .Bdia ¿Quién ese ese, Mel? .Edia .P Mel realizó un ademán vago a modo de respuesta y lanzó: .D .Bdia Vigiladlo. Voy a hablar con mi madre. .Edia .P Enseguida todos dejaron sus cartas sobre la mesa y se interesaron por mí. Eran ocho, y cuando me rodearon sentí que mi cuerpo se tensaba. .P .Bdm Tranquilo, Kala, .Edm dije. .Bdm No nos han hecho entrar aquí para regar de sangre su casa, lo habrían hecho fuera. .Edm .P Mi razonamiento no pareció tranquilizarlo, pero ese condenado Pixie tampoco temblaba. Estaba furioso. Miró a los desterrados con cara de pocos amigos. .D .Bdia Dánnelah, .Edia soltó un humano de barba larga. .Bdia ¿Si será un demonio? He oído que los demonios tienen marcas negras en la cara… .Edia .D .Bdia Entonces todos los fieles de Netel también somos demonios, .Edia bromeó otro, un drow calvo cubierto de tatuajes negros. .Bdia Este debe de ser un Sectario Negro. ¿No se les murió el líder hace poco por culpa de los Cazadores? Hé, tú, habla un poco. Baaj… ¿ya le cortaste la lengua, Dist? .Edia .P Kala no dijo palabra y se contentó con mirarlos a los ojos. Dist se quitó la máscara, desvelando los rasgos de un humano negro de mediana edad cubierto de cicatrices. .D .Bdia Su lengua está todavía en su sitio, .Edia aseguró. .Bdia Dice llamarse Kala y se metió en el bosque buscando al Gremio de la Contra-Balanza. .Edia .P La pequeña comitiva se llenó de muecas sorprendidas y burlonas. .D .Bdia ¿Y todavía sigue vivo? .Edia preguntó el drow calvo. .Bdia Dist, te estás volviendo compasivo con la edad… .Edia .D .Bdia No es eso, .Edia replicó Dist. .Bdia Mel dice que podría ser un Hijo de Liireth. .Edia .P Aquello sumió a todos en un silencio, pronto interrumpido por carcajadas. .D .Bdia ¿Un Hijo de Liireth? .Edia repitió una pequeña elfa de pelo ya canoso. .Bdia ¿Aún cree Mel en esas leyendas? Pero claro, teniendo en cuenta que Melfisaroda Madre le contaba historias descabelladas de niña, así se quedó… .Edia .D .Bdia Cierra la boca, vieja Yaga, .Edia le siseó Dist. .D .Bdia La tan esperada profecía, .Edia continuó sin embargo la vieja elfa con sarcasmo. .Bdia Liireth resucitado regresará con sus siete hijos, abrirán la puerta del infierno cada uno con su llave y provocarán la hecatombe del mundo tal y como lo conocemos. Y sus seguidores vivieron felices y comieron perdices. .Edia .D .Bdia Pero, vieja Yaga, .Edia intervino una muchacha, .Bdia ¿cómo explicas que corresponda tan bien a la descripción, entonces? .Edia .D .Bdia ¡No soy vieja, Karin! Y saijits grises y con ojos raros, esos yo los he visto a montones. Este es un drow de Ayrabek. Viví ahí muchos años y sé de qué hablo. .Edia .D .Bdia La vieja sabe de qué habla, .Edia la defendió el drow calvo, burlón. .P Se llevó un puñetazo de la vieja Yaga en el costado arrancándole una queja. .D .Bdia ¡Recordad quién os enseñó a mover esas espadas, panda de desagradecidos! .Edia exclamó. .D .Bdia ¿Ahora te adjudicas méritos ajenos? .Edia lanzó Dist con una sonrisa torva. .D .Bdia ¡Desagradecidos! .Edia insistió la vieja Yaga sin rebatir. .Bdia ¿Quién os enseñó a navegar? ¡Pues no fui capitana de barco por nada! .Edia .D .Bdia Para lo que nos sirve aquí… .Edia murmuró el humano barbudo. Y alzó las manos: .Bdia ¡Perdón, vieja Yaga! .Edia .D .Bdia ¡Que no soy vieja! .Edia refunfuñó la elfa. .D .Bdia ¿Ya estáis otra vez? .Edia intervino la voz alegre de Mel. Apareció la ternian por el pasillo. Se había desenmascarado y desencapuchado, por lo que pude ver su rostro joven, su pelo negro y corto y sus ojos de un verde intenso rodeados de pequeñas escamas. .Bdia ¡Kala! Por aquí. Mi madre quiere verte. Es la jefa de la carpa, así que tendrás que mostrarle respeto. Espera… Dist, ¿lo registraste? .Edia .P El humano negro cayó en la cuenta de que no lo había hecho y se acercó a mí con intenciones de sondearme los bolsillos. Kala lo asesinó con la mirada, pero no se inmutó cuando el humano me quitó del bolsillo derecho mi diamante de Kron. .P .Bdm ¡Eso es mío! .Edm protesté mentalmente. .P No pude evitar tender una mano para intentar regresarlo a mi bolsillo… Kala me cortó el movimiento a medio camino. .D .Bdia Es mi cuerpo, .Edia gruñó en voz alta. .P Dist enarcó una ceja. La vieja Yaga se burló: .D .Bdia ¿Tu cuerpo? ¿En serio? ¿Y no se puede tocar? .Edia .P Acercándose, me palmeó el pecho y lo acarició con expresión socarrona. Exclamé mentalmente: .P .Bdm ¡Vieja pervertida! .Edm .D .Bdia ¡Este haría un buen espadachín! .Edia se alegró la vieja elfa. .P .Bdm ¡Kala! ¿Por qué no protestas? .Edm me indigné. .P El Pixie meneó la cabeza, sobrecogido. .D .Bdia Hacía mucho tiempo… que alguien no me tocaba. .Edia .P .Bpenso ¡Y lo dice en voz alta, el idiota! .Epenso Me avergoncé tanto que hasta Kala se puso rojo. El drow calvo soltó entonces un resoplido de asombro. .D .Bdia ¡Dist! Oye, camarada, esa piedra… es bonita. Te la compro por veinte kétalos, ¿te va? .Edia .P El humano negro le echó una mirada de biés. .D .Bdia ¿Es valiosa, eh? Dime antes por cuánto crees que podrás venderla en el mercado negro. .Edia .P El drow calvo hizo una mueca pensativa, haciendo el que no sabía. .D .Bdia Qué mal pensado. Me gusta el color, eso es todo. Vamos, si realmente tuviera que venderla, sacaría… ¿unos cien kétalos? .Edia .P Cien kétalos. Un diamante de Kron por cien kétalos… Intenté reconfortarme pensando que el drow había reconocido la piedra y que sólo estaba tratando de engañar a Dist. Mel me agarró del brazo con extraña suavidad. .D .Bdia Kala. Por aquí. .Edia .P Me quedé sin saber el resultado de sus negociaciones. A Kala, por lo visto, no le interesaban. Pero yo no iba a dejar que me quitaran el diamante de Kron tan fácilmente. Lo recuperaría sin falta, me prometí. .P Mel me guió por el pasillo, apartó unas pieles que se usaban de puerta y me invitó a entrar. .D .Bdia Arrodíllate, .Edia me aconsejó. .P Kala frunció el ceño pero, cuando entró y vimos a los dos guardias enmascarados arrodillados a ambas partes de una anciana sentada sobre un cojín, se arrodilló él también, aunque no supe si por prudencia o por imitación. La anciana llevaba un estrafalario turbante rojo alrededor de su abundante cabello blanco así como numerosos collares con dientes y conchas alrededor del cuello. Por lo demás, vestía una túnica clara y sencilla. .D .Bdia Melfisaroda, .Edia dijo Mel, presentándomela mientras se sentaba sobre un cofre de madera, a un lado. .Bdia Mi madre suele contar que conoció a los hijos de Liireth, ¿verdad, Madre? Prevengo: si no te reconoce, morirás por haber mentido. .Edia .P Kala y yo agrandamos los ojos al mismo tiempo. ¿Qué diablos? ¿Cómo iba a reconocerme esa vieja si había cambiado de cuerpo? Además, yo no había mentido, ¡eran ellos los que habían sacado conclusiones! Los ojos de la anciana ni siquiera parecían ver muy bien, me fijé. Parecía un vejestorio. ¿Realmente era la madre de Mel? Y aún más extraño… ¿realmente era la jefa de esos desterrados? De pronto, inopinadamente, Kala se carcajeó. Se carcajeó de veras. Parecía un verdadero loco, pensé. Sus ganas de reír, sin embargo, eran pegadizas y acabé riendo yo también, nos atragantamos, tosimos y pregunté: .P .Bdm ¿Se puede saber por qué te ha dado ese ataque? .Edm .P Los dos guardaespaldas tenían agarrado el pomo de su espada con firmeza, listos para desenvainar. La anciana y su hija nos miraban con fijeza. .P .Bdm Realmente te están tomando por un loco, .Edm le solté. .P .Bdm Si no te hubieras reído tú también, no me habría atragantado, .Edm se quejó Kala. .P Resoplé. .P .Bdm ¡No lo digo por eso! ¿Por qué diablos te has reído? .Edm .D .Bdia ¿Y no puedo? .Edia refunfuñó Kala. .Bdia Esa anciana… Melfisaroda, la conocí hace mucho tiempo. Me acuerdo de ella. Cuando la conocí, tenía diez años y yo catorce. Era la hija de una bruja nómada que vendía remedios. Lotus fue a verla con nosotros para intentar solucionar el dolor y pasamos dos meses juntos. Mel se le parece mucho. .Edia .P Marqué una pausa. Esa era una buena noticia: significaba que, efectivamente, Kala había conocido a esa Melfisaroda. Sin embargo… .D .Bdia ¿Qué tiene eso de gracioso? .Edia .D .Bdia Obviamente, .Edia chasqueó Kala, impaciente, .Bdia fue por la sorpresa. Hasta heredó el turbante de su madre, .Edia se rió por lo bajo. .P La razón me pareció un poco ligera pero lo olvidé en cuanto me di cuenta de que habíamos estado hablando en voz alta. Attah, ¿nos habrían creído? ¿O estarían pensando que nos reíamos de ellos? A saber… Aproveché para decirle mentalmente: .P .Bdm ¿Ves que no todos los saijits son terribles? .Edm .P Kala enseguida se ensombreció. .D .Bdia Incluso un cachorro de mantícora puede parecer simpático. La bruja, en cambio, nos daba brevajes del demonio para que vomitásemos pulmones, corazón y todo… .Edia .D .Bdia Entonces te acuerdas, .Edia murmuró la anciana de pronto con voz temblorosa. .Bdia Yo también lo recuerdo. .Edia .P .Bdm Menudos recuerdos más agradables, .Edm masculló Kala, aunque tuvo la sensatez de decirlo sólo mentalmente. Y cuando la vieja tendió una mano hacia él, vaciló pero se la cogió. Estaba fría, pálida y arrugada. Sus garras de ternian, levemente sacadas, tenían la punta roma y desgastada. Si tenía diez años cuando Kala la había conocido, significaba que ahora no tenía aún ni setenta años; y, sin embargo, parecía tener más de cien. .D .Bdia Has cambiado, .Edia dijo la anciana, observándonos con detenimiento. .P Kala sonrió con sinceridad. .D .Bdia Tú también. .Edia .P Esta vez, fui yo quien me carcajeé, aunque conseguí no alterar demasiado mi expresión. Kala rechinó los dientes y lanzó a bocajarro: .D .Bdia Di, abuela. ¿Sabes qué fue de mis hermanos? ¿Los has visto? .Edia .P .Bpenso El tacto, Kala…, .Epenso murmuré para mis adentros. La hija ternian había fruncido el ceño y se había levantado del cofre descruzando los brazos. .D .Bdia ¿En serio lo reconoces, Madre? .Edia .D .Bdia Ya lo has oído, .Edia replicó la anciana, sonriéndome. .Bdia Ha hablado de un encuentro del que no te hablé más que a ti. Y ha hablado de Lotus y no de Liireth. ¿Cuánta gente conoce ese nombre? .Edia Me apretó la mano con dulzura y sus ojos que me habían parecido antes medio ciegos destellaron de vida. .Bdia Tú eres Kala, ¿verdad? Has elegido un buen cuerpo. Aunque… por desgracia no tengo noticias de ningún miembro de tu familia desde hace mucho tiempo. Rao vino aquí hace veinte años. .Edia .P Kala inspiró de golpe. .D .Bdia ¿Rao? Veinte años… Eso significa… .Edia .D .Bdia Que aún estabas con ella, .Edia afirmó la vieja Melfisaroda. .Bdia Pero no creo que lo recuerdes, ya que estabas en esa lágrima. .Edia .P Kala meneó la cabeza. .D .Bdia Rao se reencarnó por segunda vez después que yo, .Edia murmuró. .Bdia Entonces… la que viste… .Edia .D .Bdia Estaba todavía en su segundo cuerpo, .Edia aseguró la anciana. .Bdia No sé si lo recordarás. Ella decidió que Lotus probase antes con ella el transvase y vivió con él durante muchos años aprendiendo sus artes bréjicas… Y luego, incluso después de que Lotus muriese, siguió aprendiendo y ocupándose de todos vosotros. Sí… En aquel entonces, se hacía llamar Aema. Era hermosa… pero tuvo mala suerte con el cuerpo de su primera reencarnación, .Edia dijo con aire apenado, .Bdia Una enfermedad la tenía muy desmejorada. Y, para colmo, los Cazadores la buscaban… .Edia .D .Bdia ¿Los cazadores? .Edia repitió Kala. .P La anciana tensó la mandíbula. .D .Bdia Los esbirros del Gremio de las Sombras. Los Cazadores Negros. Así los llamamos nosotros. Desde hace décadas, persiguen a la gente, los desertores de las guerras, los desterrados, los fugitivos, y también os perseguían a vosotros. ¿No lo recuerdas? .Edia .P Kala tragó saliva y vi imágenes fugaces de guerreros acorralándome y cayendo uno tras otro bajo mis puños de acero… .D .Bdia Recuerdo, .Edia dijo el Pixie. .Bdia Pero no me hables del pasado. No quiero pensar en él. Háblame de Lotus. ¿Él te dijo algo? ¿Estuvisteis trabajando juntos en la guerra, no? Eso me dijo Rao… Quiero saber dónde están mis hermanos. .Edia .P Melfisaroda meneó suavemente la cabeza con tristeza. .D .Bdia Lo siento, Kala. No sé gran cosa. Sé que una de las lágrimas fue robada. Y Lotus… murió. Eso lo sabías, ¿no? .Edia .P Kala le soltó la mano y se cruzó de brazos. .D .Bdia Lotus no ha muerto. Eso sí que lo sé. .Edia Marcó una pausa. .Bdia ¿Una de las lágrimas fue robada? ¿Por quién…? .Edia .D .Bdia Por el Gremio. .Edia .P Agrandé los ojos. ¿El Gremio de las Sombras de Dágovil? Entonces… Kala empezó a temblar. .D .Bdia No… ¿Quién…? .Edia .D .Bdia No lo sé. Lotus no me dijo quién fue robado. Sólo sé que no sois ni Rao, ni Tafaria, ni tú. .Edia .P Eso dejaba a Roï, Melzar, Boki y… Bueno, Jiyari se había reencarnado y había vivido en Kozera ninguneado por todos, por lo que no podía ser él. Roï, Melzar, Boki. ¿Cuál de ellos? ¿Cuál de ellos había caído de nuevo entre las manos de ese maldito gremio? Kala tragó saliva y Melfisaroda añadió con suavidad: .D .Bdia Os quería mucho. Tanto que, cuando perdió una lágrima, se empeñó en recuperarla a toda costa. .Edia .P Y por eso se unió a la Contra-Balanza, entendí. .D .Bdia Tienes razón, .Edia añadió. .Bdia No debes pensar en el pasado. Ahora que tienes un futuro… puedes dejar atrás el pasado. Aunque no entiendo cómo es que, después de tanto tiempo, no te has reunido con los demás. ¿Ocurrió algo? .Edia se inquietó. .P Fruncimos el ceño y el silencio se alargó. ¿En qué estaría pensando Kala? No lo sabía con precisión, pero percibía su agitación. .D .Bdia Si no sabes nada, .Edia dijo al fin, .Bdia entonces, ¿quién sabe algo? Este bosque estuvo plagado de celmistas de la Contra-Balanza, gente que trabajaba con Lotus. .Edia .D .Bdia Tal vez… .Edia meditó la anciana. .P Sacudió la cabeza y, quizá para relajar el ambiente, su hija Mel propuso: .D .Bdia ¿Un poco de vino? .Edia .P Kala la fulminó con la mirada y retrucó con sequedad: .D .Bdia ¿Quieres que me roñe? .Edia .P Superé mi asombro antes que todos y me carcajeé esta vez de verdad. .D .Bdia Soy de carne y hueso, .Edia dije. .Bdia Kala es idiota. .Edia .D .Bdia ¿A quién le estás llamando idiota? .Edia bufó Kala y, ante los dos guardaespaldas y las dos ternians atónitas, aceptó: .Bdia Prefiero el aceite, pero dadme ese vino, lo probaré. .Edia .D .Bdia Ni se te ocurra, .Edia protesté en voz alta. .Bdia No quiero el vino. .Edia .P .Bdm ¿Quieres dejar de fastidiarme? .Edm me reprochó. Intenté explicarle mentalmente la incompatibilidad del alcohol con el Datsu, pero a Kala pareció simplemente hacerle gracia y afirmó: .D .Bdia Trae el vino. .Edia .P .Bdm ¡Kala, no! .Edm me quejé. .P Mel intercambió una mirada alucinada con su madre, pero finalmente sacó una botella de un basto bufete y rellenó unas copas. .D .Bdia Para mí y para el invitado, .Edia dijo, ignorando la mueca tristona de la anciana. Posó la copa para Kala con rapidez, como para evitar entrar en contacto conmigo. Chasqueé mentalmente. .P .Bdm Si me haces esta jugarreta, te haré una peor, .Edm le previne. .Bdm Como dicen los Escritos de Sheyra, los excesos se pagan con excesos. .Edm .P Kala se detuvo justo antes de llevar la copa a sus labios… y suspiró. .Bdm Tirano, .Edm me soltó. Y dijo en voz alta posando la copa: .D .Bdia Vaya, cambié de opinión. No puedo. Me lo dice… una vocecita. .Edia .P ¿Una vocecita?, me exclamé. ¿Conque había sido relegado al rango de ‘una vocecita’? Fuera como fuera, no me quejé, porque finalmente Kala había respetado mi deseo. No hacía falta que tirase la copa de vino como había previsto hacer de acercarse demasiado la copa a la boca. .D .Bdia No importa, a mí tampoco me deja beber mi hija, .Edia aseguró la anciana y alzó un índice diciendo: .Bdia Alégrate, también tenemos aceite. .Edia .P .Bdm No lo quiero, .Edm refunfuñé mentalmente. .D .Bdia Recuerdo cómo de muchacho te encantaba el aceite de tawmán, .Edia rió la vieja. .P Mel carraspeó. .D .Bdia Madre, no creo que le venga bien beberse un vaso de aceite con el cuerpo que tiene ahora, .Edia razonó la hija sensatamente. .P La anciana se encogió de hombros, alargó un brazo rápido y bebió la copa de Kala hasta el fondo. Sonrió con una boca sin dientes y exclamó: .D .Bdia ¡No sabes lo que te pierdes! .Edia .P Su hija imprecó y se precipitó. .D .Bdia ¡Madre! .Edia .D .Bdia Estoy bien, .Edia ronroneó la vieja Melfisaroda con los labios arrugados curvados de puro placer. .Bdia Esta sensación… ¡Ah! ¡Cuánto tiempo hacía que no me sentía tan bien! El vino de zorfo es un gran regalo de los dioses, y no hay que menospreciarlo, nieta mía… digo, hija mía… Vamos, no me mires así, .Edia rió. .Bdia A los viejos, hay que dejarles algunos caprichos inocentes… Piensa que pronto estarás a cargo de toda esta gente y yo me iré a reunirme con tu abuelo… qué digo, padre y… .Edia .D .Bdia Madre, .Edia resopló la hija Mel con cierta tensión. .Bdia No te entierres tan pronto. Estás en perfecta salud. Te bebes los vasos más rápido que una incursión de Zorkias… ¡Madre! .Edia .P Masculló cuando la anciana se dejó caer sobre los cojines. Esta hizo un ademán vago, arrastrando las sílabas. .D .Bdia Hija… Enséñale a Kala la lápida, ¿quieres? Yo… no estaría bien que fuera ahí borracha, .Edia se rió. .P Melfisaroda aguantaba el vino todavía peor que Jiyari, pensé, impresionado. La hija suspiró ruidosamente y les lanzó a los dos guardaespaldas: .D .Bdia Procurad que no salga de este cuarto hasta que se le pase. Mar-háï… .Edia Hizo un gesto seco y me dijo: .Bdia Ven, Kala. Te guiaré hasta la lápida. .Edia .P Estábamos ya saliendo de la carpa y Mel se había agenciado a varios acompañantes, entre los cuales Dist, cuando Kala soltó: .D .Bdia ¿Qué lápida? Yo no he venido a ver tumbas. .Edia .P Mel enarcó una ceja, se encogió de hombros y se puso la máscara blanca replicando: .D .Bdia Poco importa. Mi madre quiere que la veas y la verás. .Edia .D .Bdia ¿Entonces es él? .Edia preguntó detrás una voz en un murmullo. .D .Bdia Tiene que serlo… .Edia .D .Bdia Pues claro que es un Hijo de Liireth, .Edia lanzó Mel con sequedad a sus compañeros. .Bdia Si no ya estaríais enterrando su cadáver. En marcha. .Edia .P Salimos de la carpa y volvimos a la bruma. Yo empezaba a estar realmente cansado y Kala, por extensión, también; sin embargo, el Pixie hizo un esfuerzo para mantenerse atento y no tropezar, consciente de que si lo hacía yo lo relevaría. .P No anduvimos más de un cuarto de hora antes de llegar a un pequeño montículo. La bruma, lejos de ser menos densa, flotaba ahí como un manto espeso y Mel tuvo que sacar su piedra de luna para iluminar el camino. Vi cómo algunas raíces habían sido cortadas y puestas a medida para facilitar la pequeña ascensión. Enseguida, estuvimos en la cima. Tan sólo Dist y Mel nos acompañaban ahora. Los otros tres se habían quedado al pie de la pequeña colina. Mel se me encaró. .D .Bdia No te creas que te has ganado nuestra confianza por ser quien eres, Kala. Si es verdad que conociste a mi madre, debes haberte dado cuenta de quién es en realidad. .Edia .P Para sorpresa mía, Kala asintió. .D .Bdia Sin duda. Es Lenerayama, la madre de Melfisaroda. La bruja de los potingues. Y tú eres su nieta. ¿Es importante? .Edia .P Mientras yo digería la novedad, Mel me observó detrás de su máscara impasible. .D .Bdia Lo es, .Edia dijo con más calma. .Bdia Ocurrió en la guerra de la Contra-Balanza… Yo acababa de nacer cuando Melfisaroda, mi madre de verdad, murió en un campo de batalla. Unos años después, apareció mi abuela y todos la tomaron por Melfisaroda. En aquella época, no estaba tan decaída… Algunos que conocían la verdad quisieron usarla para animar a las tropas y la convencieron para que reviviera la gloria de su hija. Algunos no estarán de acuerdo pero pienso que lo hizo aún mejor que ella. No sé si mi madre era de las personas capaces de aguantar en este infierno durante treinta años. Lo que sí sé es que mi abuela no dejó que decayeran los espíritus. Melfisaroda es un símbolo de nuestra lucha que perdura a través del tiempo. No dejaré que lo destruyas. .Edia .P Kala estaba perplejo. Yo me contuve de intervenir para decir que todas sus historias de robos de identidad me interesaban bien poco. .D .Bdia Así que es importante, .Edia dijo al fin el Pixie, parco. .P Ni siquiera comentó nada acerca de la muerte de Melfisaroda. El tacto y los modales no eran, por lo visto, una cualidad de Kala. Se giró hacia la bruma, donde había aparecido, por un instante, la forma de una estela. Nos acercamos con igual interés. Sólo había una lápida y, en ella, unas inscripciones que me aclararon la razón por la cual me habían guiado hasta ahí. Kala frunció el ceño. .P .Bdm Hay algo escrito en la lápida. .Edm .P Hubo un silencio. .P .Bdm ¿Qué es? .Edm insistió. .P .Bdm ¿No sabes leerlo? .Edm me sorprendí. Y leí: .Bdm A nuestro Gran Maestro de las Artes Superiores, Liireth, que sus ideas y sus hazañas perduren en nuestras memorias y nuestras acciones y que los dioses lo protejan en la eternidad. .Edm .P Kala cayó de rodillas, impactado. .D .Bdia Padre… .Edia murmuró. .P Con las manos, tocó la superficie seca y rugosa de la lápida. Mi corazón latía con fuerza. Detrás de nosotros, Mel soltó con más suavidad: .D .Bdia Te dejaremos solo. No olvides que estás vigilado. .Edia .P Dist y ella desaparecieron en la bruma. Volví a mirar la lápida con los ojos hinchados de lágrimas. Antaño dolían y roñaban mi piel, pero ahora podía llorar libremente. Podía dejarme llevar por mis sentimientos. Posé la frente contra mis manos y dije con voz ahogada: .D .Bdia Volverás. No has muerto. Rao me lo dijo. Volverás para… .Edia .P Me sorbí la nariz y jadeé: .D .Bdia Para que te demos las gracias. .Edia .P Las lágrimas eran cálidas y quemaban. Pero consolaban extrañamente. Oculto en la bruma, en el silencio del bosque que llevaba el nombre de mi padre, lloré sin saber muy bien por qué, durante un rato interminable, hasta que el cansancio acabó por vencer y Kala y yo caímos dormidos ahí, sobre la tumba del Gran Mago Negro de Dágovil, sobre la tumba de nuestro padre. .Ch "El Sueño de los Pixies" .\" 17/07/2019 Ruidos lejanos. Un suspiro. Un movimiento discreto. Ganas de bostezar. Abrí los ojos con el ceño fruncido. .P .Bdm ¿Kala? .Edm .P Enseguida mi cuerpo se sobresaltó y se enderezó. .P .Bdm ¡Ya era hora! Dormías como un oso lebrín, .Edm me lanzó. .Bdm Me preguntaba cuándo te decidirías a despertarte. .Edm .P Enarqué una ceja. ¿De modo que él se había despertado antes? ¿Y había estado esperando a que me despertara solo? No pude evitar sonreír y Kala refunfuñó: .P .Bdm ¿Qué pasa? .Edm .P .Bdm Nada, .Edm aseguré. .P Eché una mirada a mi alrededor. De alguna forma, habíamos acabado en un pequeño cuarto de la carpa y habíamos dormido sobre un cómodo jergón de pieles. Una luz anaranjada se filtraba a través de uno de los muros de tela, iluminando suavemente la habitación. .P .Bdm ¿Sabes cómo hemos acabado aquí? .Edm pregunté. .P Kala se encogió de hombros. .P .Bdm Me suena que en un momento alguien nos montó en un anobo y nos llevó de vuelta a la carpa, pero no recuerdo bien. ¿Tú tampoco? .Edm .P Negué con la cabeza y sonreí de nuevo. Esa vez, porque no se me había pasado por alto el «nosotros». Kala empezaba a acordarse de mí. .P .Bdm ¿Qué te pasa esta mañana? .Edm masculló Kala. .P Mi sonrisa se ensanchó. .P .Bdm Nada, en serio, sólo estoy de buen humor. Quizá porque esta noche no he tenido ninguna pesadilla. Afortunadamente, porque, si no, habría hecho volar la carpa de esta gente con mi órica… Pasando a lo importante: deberíamos averiguar si esa Mel nos considera como un peligro o no. Todavía nos están vigilando. .Edm .P Kala giró la cabeza hacia las formas imprecisas que se adivinaban en la sala principal a través de la tela. .P .Bdm Si no saben nada acerca de Lotus, .Edm dijo, .Bdm deberíamos marcharnos ya. .Edm .P .Bdm Mm, .Edm vacilé. .Bdm ¿Recuerdas la cara de la bruja? Parecía que conocía a alguien capaz de responder a nuestras preguntas. ¿No te fijaste? Fue justo cuando Mel te propuso el vino. Me pregunto si lo hizo aposta. .Edm .P Kala torció mi mueca pensativa en un mohín impaciente y se levantó. .P .Bdm Yo me muevo. Tú sigue pensando. .Edm .P .Bdm ¿Y por qué tú no puedes pensar también? .Edm me irrité. .P .Bdm Porque se me da mal. .Edm .P .Bdm Menuda excusa, .Edm me burlé, contrariado. .P Dejamos la conversación cuando oímos un súbito alboroto en la sala principal. Movidos por la curiosidad, salimos a ver. Acababan de entrar varios saijits quitándose las máscaras y hablando al mismo tiempo. Una figura, que el drow calvo mantenía arrodillada con un puño firme, se quejaba: .D .Bdia ¡No soy ningún espía! .Edia .D .Bdia Eres un Zorkia, .Edia ladró el drow calvo. .Bdia Un sucio Zorkia. Llevas la marca de Makabath. ¿Te crees que porque vivimos en el bosque no nos enteramos de lo que ocurre afuera? Eres uno de los que se fugaron de la cárcel. .Edia .P ¿Zorkia?, me alarmé. Kala estiró el cuello para intentar ver el rostro del hombre. El drow calvo empujó la cabeza del presunto Zorkia hasta el suelo sin miramiento alguno. En ese momento me alegré del trato más bien amistoso que me profesaban esos desterrados. Rodeando el grupo de rebeldes, pude al fin ver unas orejas ligeramente puntiagudas y un rostro azulado de kadaelfo… Jadeé de sorpresa. .D .Bdia ¿Reik? .Edia .P El Zorkia estaba maniatado y tenía la cara cubierta de moratones. No eran heridas demasiado recientes, entendí con un escalofrío. ¿Lo habrían interrogado ya en Kozera? ¿Pero cómo había logrado huir? Kala siseó en un súbito silencio. .P .Bdm ¿Por qué has hablado? Ahora me miran todos. .Edm .P De hecho, me miraban. Y podía haber metido la pata y bien, admití para mis adentros. Que los desterrados del Bosque de Liireth se llevaran mal con los Zorkias era natural. Si estos habían sido mercenarios al servicio del Gremio de las Sombras de Dágovil desde hacía cuarenta años… sin duda habían participado en la guerra contra los simpatizantes de la Contra-Balanza. .D .Bdia ¡Tú…! .Edia exclamó entonces Reik, estupefacto. .Bdia ¿Eres…? .Edia .P Kala lo fulminó con la mirada, contrariado. Y, tras observarme más detenidamente, Reik dejó escapar un vulgar: .D .Bdia .Sm Ashgavar… Te voy a arrancar las entrañas, maldito. .Edia .P Los demás nos miraban alternadamente. .D .Bdia ¿Lo conoces, Kala? .Edia .P Me sobresalté al ver a la vieja Yaga detenerse a mi lado. Sus ojos astutos y penetrantes me incomodaron, pero Kala, él, se encogió de hombros. .D .Bdia Consiguió que un escama-nefando no me devorase. .Edia .P Inmovilizado en el suelo, Reik escupió de rabia. .D .Bdia ¡Y así me lo pagas! ¡Vendiéndome! Debí haberte rebanado la cabeza en el Aristas, sucio Arunaeh… .Edia .P Eso sí que era malo, palidecí mentalmente. Kala replicó con calma: .D .Bdia Sucio saijit. .Edia .P El que faltaba… Inspiré para serenarme y pregunté: .P .Bdm Kala. Déjame un rato, ¿quieres? .Edm .P .Bdm No quiero. .Edm .P .Bdm Maldito. Reik está en apuros… .Edm .P .Bdm ¿Y a mí qué me importa? .Edm .P .Bdm Nos salvó la vida. Quiero devolverle el favor. Déjame, .Edm insistí. .P Luché y Kala chasqueó la lengua, malhumorado, pero me dejó. Mientras tanto, el drow calvo le hacía comerse la tierra del suelo a Reik diciendo con terrible suavidad: .D .Bdia No me importan tus asuntos con el Hijo de Liireth, vete más bien preocupándote tú por lo que te vamos a hacer, Zorkia. No sé por qué locura se te ocurrió venir a refugiarte en nuestro bosque, pero seguramente te traerá recuerdos de la guerra, ¿eh? ¿La viviste, verdad? ¿Cuántos compañeros nuestros mataste, Zorkia? ¿Cuántos dagovileses torturaste? Hacíais lo que queríais, hasta con las mujeres. Vía libre. Todo era vuestro, ¿eh? .Edia Lo golpeó de nuevo contra el suelo. .Bdia Y entonces el Gremio os traicionó ¿y esperáis que nosotros vayamos a olvidar vuestras travesuras? Eran sólo unos muertos, vamos, es pasado, bebamos un poco de vino para limpiar todo eso y pasemos a otra cosa, ¿verdad? .Edia Acercó sus labios a su oído advirtiendo: .Bdia Tu muerte será lenta. .Edia .D .Bdia Un momento, un momento, .Edia intervino Mel, abriéndose paso. .P La nieta de la bruja había trocado su ropa usada y grisácea por una túnica negra adornada con el símbolo de un ocho. No sabía qué representaba, pero había visto más de una máscara con ese símbolo entre los demás. ¿El de la Contra-Balanza, tal vez? .P Mel se detuvo con las manos en jarras y echó una mirada venenosa a Reik antes de afirmar: .D .Bdia Antes de enterrarlo, seguro que tiene cosas interesantes que decirnos. Llevadlo a la sala subterránea. .Edia .P Eso no me sonó bien. Ni tampoco a Kala. Mientras los forajidos obedecían a Mel y arrastraban al Zorkia por la sala, no pude evitar soltar: .D .Bdia Reik. No fui yo. No te vendí. .Edia .P Los ojos que giró hacia mí me hicieron sentirme muy mal. Todo su rostro estaba ensangrentado. Con un nudo en la garganta, murmuré: .D .Bdia En serio. .Edia .P No replicó y desapareció por una trampilla que había abierto Dist en el suelo. La mirada interesada que me lanzó la vieja Yaga me arrancó una mueca. .D .Bdia ¿Fuisteis amigos? .Edia me pinchó. .Bdia Hasta te llamó Arunaeh. Caray. ¿Si será que no eres de verdad uno de los Siete Hijos de Liireth? .Edia .D .Bdia No lo molestes, Yaga, .Edia intervino una voz temblorosa. La vieja bruja, con su cachava, acababa de detenerse ante mí. Sus ojos rezumaban seriedad. .Bdia Vamos, muchacho. Dime lo que sabes de ese Zorkia. ¿Qué tipo de persona es? .Edia .P La pregunta me dejó absorto y noté que más de un desterrado se había parado a escuchar mi respuesta. .D .Bdia Bueno… .Edia dije al fin, .Bdia diría que es un mercenario con principios. Lo conocí hace apenas unas semanas. Su grupo me contrató para hacer estallar una estalagmita, pero en realidad lo que querían era que les abriera una caja fuerte robada al Gremio de las Sombras. Me dejaron ir con vida después de eso, y luego me salvaron la vida cuando me atacó un escama-nefando… y cuando nos atacaron orquillos, Reik también me defendió. Me pidieron que, a cambio, sacara información sobre el paradero de sus compañeros en Makabath y, para asegurarse de que no los traicionaría, se quedaron con un amigo mío. Sólo que yo… caí enfermo y no regresé el día acordado. Y en fin… ellos no le hicieron nada a Jiyari, que yo sepa. .Edia .P La bruja agrandó levemente los ojos al final. .D .Bdia ¿Jiyari? .Edia repitió. .Bdia ¿Es…? .Edia .D .Bdia Un Hijo de Liireth, un Pixie, .Edia asentí. .Bdia Me lo encontré hace más de un mes. ¿Lo recuerdas? .Edia .P La vieja bruja me miraba con ojos cada vez más emocionados. .D .Bdia Sí, claro que lo recuerdo. Por todos los dioses, cada vez que empiezo a dudar de que seas el verdadero Kala, vuelves a convencerme de que lo eres. Jiyari, .Edia murmuró, .Bdia era una niña adorable, y tan frágil… .Edia .D .Bdia ¿Niña? .Edia repetí, sobrecogido. .Bdia Era un niño. .Edia .P La bruja ladeó la cabeza. .D .Bdia No, no, era una niña. Lo recuerdo bien, porque Mel… Quiero decir, yo jugué sobre todo con ella esos meses. .Edia .P Aquello me tenía anonadado. Jiyari, ¿una niña? ¿El rubio seductor que le guiñaba el ojo a todas las chicas? Tal vez no lo recordase ni él, pero… Diablos, ¿una niña? .P .Bdm Kala, .Edm lo invoqué. .Bdm ¿En serio Jiyari era una niña antes de reencarnarse? .Edm .P .Bdm ¿Y qué sé yo? .Edm suspiró el Pixie. .Bdm Nunca me fijé. ¿Es importante? .Edm .P Ahogué un resoplido incrédulo. .P .Bdm ¿Cómo que nunca te fijaste? Eso se ve… .Edm O no se ve, me dije. Tal vez no podía verse tan fácilmente en los Pixies dadas las experiencias de las que habían sido sujetos. Suspiré. .Bdm Demonios, importante, lo que se dice importante, no es, pero tú mismo te diste cuenta de que Rao, ella, es mujer. .Edm .P .Bdm ¿Ah? .Edm dijo Kala. .Bdm ¿Lo es? .Edm .P Le respondió mi oleada de incredulidad. No me esperaba eso. .P .Bdm Piensa, .Edm insistí. .Bdm Si Rao hubiese sido un hombre, no se te habría ocurrido besarla aquella vez. .Edm .P .Bdm ¿Ah? .Edm repitió Kala con impaciencia. .Bdm Ahora piensa tú. No somos saijits, somos Pixies. Besé a un Pixie, no a un sucio saijit. Si eres un golem de acero y besas a un gato-vampiro, ¿te importa que sea gata o gato? En fin, .Edm añadió como yo me quedaba a cuadros por su razonamiento. .Bdm Te hago notar que las dos viejas te están mirando raro. Si sigues así, déjame que… .Edm .P .Bdm Está bien, .Edm lo corté. .Bdm No importa. Yo sólo me sorprendía de que Jiyari hubiera sido niña y que en tus recuerdos ni siquiera te paraste a pensarlo una vez, eso es todo. .Edm .P Y añadí en voz alta para las dos ancianas: .D .Bdia Perdón. Estaba… .Edia .P Se oyó de pronto un grito desgarrador y me ensombrecí enseguida girándome hacia la trampilla abierta. Mar-háï… ¿qué le estaban haciendo a Reik? .D .Bdia ¿Realmente es necesario? .Edia pregunté, tragando la saliva. .Bdia Él… me salvó la vida. .Edia .D .Bdia Entiendo, .Edia dijo lentamente la vieja bruja entornando unos ojos de acero. .Bdia Sin embargo, me pregunto a cuántos saijits habrá visto ese hombre gritar de esa misma manera sin mover un solo dedo. .Edia .P No podía contestarle a eso. Pero repliqué: .D .Bdia Esto sólo os convierte en lo mismo. Tú tampoco estás moviendo un solo dedo, bruja. .Edia .P En unas zancadas, uno de los saijits que escuchaban en la sala estuvo ante mí y me agarró de la túnica firasana siseando: .D .Bdia Cuida tus modales, bicho gris. A la dama se la llama jefa. .Edia .D .Bdia Forgak, .Edia intervino la bruja con voz autoritaria. .Bdia No hay por qué sulfurarse. Suéltalo. .Edia Como a regañadientes, el tal Forgak me soltó. La anciana agregó: .Bdia Escuchad. Este hombre es Kala, hijo tercero de Liireth. No lo parece, pero tiene casi setenta años. Su padre nos salvó de más de una hecatombe durante la guerra, murió por nosotros y era su deseo que ayudáramos a sus hijos. Os pediré a todos que lo tratéis con respeto. .Edia .P No se me pasó por alto la mirada escéptica y casi maternal que le echó la vieja Yaga a la bruja. Estaba claro que ese cuento de los Hijos de Liireth resucitados no les convencía a todos. .P De la trampilla, subían gruñidos, voces y gritos ahogados. Kala se estaba poniendo nervioso, seguramente atacado por terribles recuerdos. No lo aguanté más y me giré hacia la bruja. .D .Bdia Si tanto queréis ayudarme, perdonad a Reik y dejad que se vaya. No quiero que nadie sufra a mi alrededor. .Edia .D .Bdia Qué amable, .Edia apuntó la vieja Yaga, burlona. .Bdia ¿Has olvidado ya que ese tipo habló de arrancarte las entrañas? Oh, y no me digas que no sabes que los Zorkias ayudaron a perseguir a Liireth. Lo acorralaron para que los celmistas del Gremio lo mataran como a un perro. ¿Y aun así quieres…? .Edia .D .Bdia Yaga, .Edia la cortó la bruja ternian con tono de reproche. .P Los sentimientos de Kala amenazaban con invadirme y relegarme de nuevo a un rincón. .P .Bdm Los odio, .Edm gruñó mentalmente con fuerza. .Bdm ¡Los odio a todos! .Edm .P La órica se desató a mi alrededor. Traté de retenerla. Pero no podía. La órica se iba haciendo cada vez más fuerte. Y la rabia de Kala se acrecentaba. Siseando de furia, caminé hacia la salida. No hacia la trampilla, hacia la salida. Algunos intentaron acercarse, pero fueron brutalmente proyectados al suelo. Salí… grité… y le di un puñetazo al primer árbol que se me cruzó concentrando toda la órica. Bajo el impacto, el pobre árbol, seco y muerto, se desenraizó a medias y se quebró emitiendo un potente crujido. Se oyeron exclamaciones de asombro detrás de mí. Attah… Tan torpe había sido el sortilegio de Kala que había malgastado mi tallo energético casi por completo hasta que mi Datsu lo había detenido en seco. No me pasaba eso desde hacía muchos años, y en unos días ya llevaba dos, entre el ataque al Sello y el árbol. .P .Bdm Cálmate, Kala, .Edm le recomendé mientras jadeábamos ante el tronco destrozado. La bruma se había dispersado, dejándome ver una extensión de árboles muertos. .P .Bdm No es culpa mía, .Edm dijo Kala en un murmullo súbitamente muy triste. .Bdm Cuando me viene… no puedo controlarme. También me pasaba antes. Y no me he curado, todo porque al final no quise olvidar. .Edm .P Fruncí el ceño, suspenso. ¿Qué quería decir con que no podía controlarse? .P .Bdm ¿No quisiste olvidar? .Edm pregunté. .P .Bdm Sí… No quise. En el Sello, durante un año, estuve ascendiendo, y ascendiendo. Dejaba atrás algunas cosas en el camino. Recuerdos que me hacían daño. Pero no tuvo tanto efecto, porque, al final, quise guardarlo todo. Aunque tampoco lo conseguí del todo. A veces tengo la impresión de que soy sólo una mitad. No soy el Kala de antes. ¿Es extraño, verdad? Sólo soy… una parte. .Edm .P Su confusa confesión me dejó perplejo. Me giré hacia las expresiones tensas y atónitas de los rebeldes de la carpa. Una parte, decía… Una sonrisilla se dibujó en mis labios y dije mentalmente: .P .Bdm Normal. La otra parte soy yo. .Edm .P Ante su sorpresa añadí: .P .Bdm ¿Qué importa que no seas realmente el de antes? Eres una mitad. Y yo la otra. Eso lo tengo bien claro, Kala. No podremos ser separados sin morir. Así que será mejor que nos llevemos bien y dejemos de discutir tontamente. Tras razonarlo un poco, es la mejor solución, ¿no te parece? .Edm .P Sentí claramente el asombro de Kala. .P .Bdm Si no puedes controlarte, intentaré hacerlo yo, .Edm añadí. .Bdm Tal vez incluso pueda hacer que mi Datsu te alcance. Se trata de trabajar de manera colaborativa. .Edm .P .Bdm De manera… colaborativa, .Edm repitió Kala. .P .Bdm Trabajar juntos. .Edm .P .Bdm ¡Sé lo que es! .Edm se exasperó Kala. Y suspiró, cruzándose de brazos. .Bdm Está bien. Por ahora… aceptaré que existes. .Edm .P Puse los ojos en blanco. Menudo avance… Sin esperar a que le contestase, Kala alzó bien alto la cabeza ante la comitiva y lanzó con voz gruñona: .D .Bdia Sacad al Zorkia de ese agujero. Yo me encargaré de él. .Edia .P Por un momento, pensé que, en vez de hacerle caso, los saijits iban a encargarse de nosotros, pero entonces la vieja bruja asintió y dijo unas palabras a Dist en voz baja. El humano negro afirmó con la cabeza y volvió adentro de la carpa con presteza. La bruja dio unos pasos hacia mí, haciendo que todos se tensaran, listos para reaccionar a cualquier agresión. La vieja ternian, la Melfisaroda impostora, estaba totalmente tranquila. Alzó una cabeza sonriente hacia mí. .D .Bdia Menuda fuerza, muchacho. Casi parece que tu puño sigue siendo de acero. .Edia Sus ojos se hicieron más serios. .Bdia Di, hijo. Puedes quedarte aquí el tiempo que quieras pero… sé que estarás con ganas de encontrarte de nuevo con tu familia. Ahora debes de sentirte como un kérejat solitario. Si sabes dónde está Jiyari… deberías ir a buscarla. ¿Qué vas a hacer con el Zorkia? .Edia .P Kala vaciló. .P .Bdm ¿Qué quieres hacer con él, Drey? .Edm .P Que me lo preguntase ya me sorprendió pero… Sonreí ampliamente y dije en voz alta: .D .Bdia Nos lo llevamos. .Edia .P .Bdm ¿Tú y quién más? .Edm graznó Kala. .Bdm Me estás haciendo pasar por un lunático… .Edm .P .Bdm Ops, perdón, .Edm reí mentalmente. .P Kala enarcó una ceja y guardó silencio un instante. .P .Bdm Veo que te ha regresado el buen humor. ¿A qué se debe? .Edm .P ¿Tanto se notaba? Me ruboricé un poco. .P .Bdm Er… Bueno, entre otras cosas, porque por primera vez me has llamado por mi nombre. .Edm .P Kala resopló. Marcó una pausa. Y volvió a resoplar. .P .Bdm Eres simple. .Edm .P Me sonrojé más. .P .Bdm Entiéndelo. Ayer… me sentí bastante ninguneado. Imagínate, llevas pensando dieciocho años que tu cuerpo te pertenece sólo a ti y de repente llega un desconocido, te llena la cabeza de recuerdos prehistóricos y te trata como si no fueras más que un incordio, una ‘vocecita’… .Edm .P Kala estaba atónito. .P .Bdm ¿Tan mal lo has pasado? .Edm .P Me puse rojo y… .P .Bdm Aj, olvídalo, .Edm solté. .P Los saijits, a nuestro alrededor, debían de pensar que era uno de esos sacerdotes de Antaka que sólo hablaban soltando una frase cada tanto tiempo. Por un súbito impulso, me incliné hacia la vieja bruja diciendo: .D .Bdia Perdón por los disturbios y gracias por la ayuda. Iré enseguida a por Jiyari. .Edia .D .Bdia Aún tengo algo que decirte, .Edia protestó la ternian. .Bdia Se trata de Zarafax. .Edia .P La miré, expectante. No me sonaba haber oído a nadie con ese nombre y a Kala, por lo visto, tampoco. .D .Bdia Zarafax fue un famoso celmista de la Contra-Balanza, .Edia explicó la ternian. .Bdia Un día, en plena guerra, partió en busca de una valiosa reliquia, el Espejo del Paraíso, y no regresó. Algunos aquí piensan que huyó por cobardía, pero lo dudo. Él fue uno de los pocos magos que conocieron realmente a Liireth. Fueron amigos. Los demás compañeros que tuvo murieron todos hace tiempo, pero Zarafax puede que siga vivo, en algún lugar. Seguramente sepa más que yo sobre los planes de Liireth y sobre… ese sueño del que una vez me habló. .Edia .P Clavó sus ojos viejos y velados en los míos. .D .Bdia Buena suerte, Kala. .Edia .P Me pregunté de qué sueño estaría hablando. Kala había mencionado el día anterior algo sobre el sueño de los Pixies… ¿En qué consistía ese sueño? Iba a preguntárselo pero en ese momento la entrada de la carpa se abrió, dejando pasar a un Reik con la cara más o menos limpia y las manos chapuceramente vendadas. Lo empujaron afuera y el Zorkia perdió el equilibrio. Tendí una mano y conseguí amortiguar su caída con la poca órica que me quedaba. Me agaché junto a él. .D .Bdia ¿Puedes caminar? .Edia .P Reik temblaba pero asintió y se levantó, rechazando mi ayuda. Ignoré su mirada envenenada y dije: .D .Bdia Necesitaré mi mochila. .Edia .P Dist me la trajo y me fijé en que había hecho un nudo en cada correa para reparar su estropicio. .D .Bdia He rellenado tu cantimplora vacía, .Edia añadió. .D .Bdia Gracias. .Edia Eché una mirada circular hacia los rostros de los rebeldes. Algunos, más tímidos, se habían enmascarado. Pero los demás me miraban todos con expresión sobrecogida. No era hostil… pero tampoco era amistosa. Más bien los tenía asustados, entendí. Al fin y al cabo, era un hijo del Gran Mago Negro. Me giré hacia la vieja bruja y dije: .Bdia Gracias, abuela. Puedes estar segura de mi silencio. Y yo confío en el vuestro. .Edia .P La anciana sonrió. .D .Bdia Naturalmente. Ve con cuidado, muchacho. Dist y Mel te acompañarán hasta los lindes. Y ese Zorkia… .Edia .D .Bdia No hablará, .Edia aseguró Mel acercándose con andar felino. Le echó una mirada tan fría a Reik que este se estremeció. Un mercenario que había visto mil miserias y matado a gente… ¿Qué diablos le habría hecho esa diablesa? .P Nos montamos sobre unos anobos que nos allegó un enmascarado, Reik y yo en uno, Mel en el suyo y Dist en otro. Y nos alejamos así de la carpa, de los rebeldes, de la lápida de Liireth y de los recuerdos de la guerra que parecían pesar sobre todo el bosque como una araña de plomo. .P Los anobos eran potentes criaturas cuadrúpedas con patas ágiles y avanzaban por el terreno irregular cubierto de raíces con sigilo y ligereza. Debajo de esa piel dura, rugosa y verde, sus músculos trabajaban sin descanso. El que montaba era particularmente dócil y entendía el movimiento de mis rodillas con facilidad pese a que yo jamás había sido buen jinete. .D .Bdia Di, .Edia murmulló de pronto Reik rompiendo un largo silencio. Mel y Dist cabalgaban algo delante, sin preocuparse de que nos perdiéramos: los anobos sabían seguir el olor a través de la niebla. Sin alzar la voz, el Zorkia soltó: .Bdia ¿Por qué se te ha quedado esa cara gris? .Edia .D .Bdia Francamente, no lo sé, .Edia admití. .Bdia Cosas que pasan. .Edia .D .Bdia Mmpf. Te burlas de mí. Dijiste que no nos vendiste. ¿Es cierto? .Edia .D .Bdia Cierto como un puño, .Edia aseguré. .D .Bdia Entonces fue el agente, .Edia masculló Reik. .Bdia Ese maldito… Di. ¿Cómo es que conoces a los Estabilizadores? .Edia .D .Bdia ¿Los Estaqué? .Edia .P Oí un resoplido incrédulo detrás de mí. Noté cómo sus brazos, antes reacios a agarrarme, se aferraban a mí con más seguridad. .D .Bdia ¿No sabes qué son los Estabilizadores? Son una cofradía. O eran. Esos que viste son supervivientes. ¿No te fijaste en los ochos? Es su símbolo. Caí mal, en verdad. Entré en este bosque perseguido por los guardias y con la intención de caer con algún grupo de mercenarios desterrado para contratarlos, pero… caí realmente mal. .Edia .D .Bdia ¿Qué son los Estabilizadores? .Edia pregunté. .D .Bdia Realmente no eres más que un muchacho, .Edia suspiró Reik. .Bdia Los Estabilizadores lucharon en la guerra. Antaño, eran una cofradía de mercenarios lunáticos. Aceptaban contratos para participar en una batalla, pero ponían siempre una condición: si la balanza cambiaba y se veía que el enemigo iba a perder, cambiaban de bando, y así hasta que salieran todos corriendo. Aterraban a todos con sus gritos… Unos lunáticos, ya te digo. Todo por el bien del Equilibrio, deberías saber de eso, tú que eres un Arunaeh. Pero durante la Guerra de la Contra-Balanza, cambiaron de líder y de actitud. Decidieron ampliar el alcance de sus acciones y se aliaron a los rebeldes para enfrentarse contra el Gremio de las Sombras. Pero acabaron muy mal. Y esos… Esa vieja a la que has llamado abuela, es la temible Melfisaroda, la líder de los Estabilizadores. En serio, ¿cómo puedes ignorarlo? Debes de estar burlándote de mí… .Edia .D .Bdia En serio no me burlo de ti, .Edia dije. .Bdia No lo sabía. Esa abuela… la conocí por pura casualidad hace tiempo. .Edia .P Hubo otro largo silencio. Entonces, llegamos a los lindes. La bruma ya no era tan espesa y pude ver una ancha llanura sin árboles con alguna gruesa columna rocosa. Desmontamos. Mel alzó una mano hacia mí diciendo alegremente: .D .Bdia Una visita corta, pero llena de recuerdos. Buena búsqueda. Oh, .Edia añadió como recordando. .Bdia A propósito de ese Zarafax… Mi madre olvidó mencionártelo. Se cuenta que el Gremio se apoderó de una de las lágrimas, pero algunos dicen que en realidad fue Zarafax el que la robó. .Edia .P La noticia impactó a Kala. ¿Por qué un amigo de Lotus lo traicionaría y robaría a uno de sus hijos? .D .Bdia ¡ .Sm -ns -t erare Shiabá ! .Edia soltó Mel a modo de saludo y taloneó su anobo para volver a la bruma en silencio. .D .Bdia ¡Espera! .Edia exclamé. .Bdia ¡Gracias! .Edia .P La nieta de la bruja no contestó. Y al ver a Dist voltear su montura, apunté: .D .Bdia Olvidas el anobo… .Edia .D .Bdia Es un regalo, .Edia me cortó Dist. .Bdia Te acortará el viaje. Cuídala bien. Se llama Neybi. .Edia .P Agrandé los ojos. ¿En serio me estaba regalando el anobo? .D .Bdia E… Espera, .Edia protesté. .Bdia Hay algo que no me has devuelto. La piedra esa, ya sabes… .Edia .P Dist tenía puesta la máscara, pero adiviné su mueca por el mentón que descollaba. Tras una vacilación, sacó mi diamante de Kron y lo lanzó al aire, recogiéndolo. .D .Bdia ¿Es verdad que con esto me podría comprar un pueblo entero? .Edia .P Sonreí. .D .Bdia Supongo. Es una piedra preciosa sumamente rara. .Edia .P Tendí la mano. Y Dist suspiró. .D .Bdia Me siento estúpido, .Edia admitió. .Bdia Pero es el deseo de la jefa y lo respetaré. .Edia .P Aunque visiblemente a regañadientes, me devolvió al fin el diamante. Confesé: .D .Bdia No esperaba que me lo devolvieses tan fácil. .Edia .D .Bdia Bah… .Edia Dist chasqueó la lengua y se quitó la máscara, alzando una mirada hacia los árboles del bosque sumidos en la bruma. .Bdia No es dinero lo que nos falta. Echo de menos otras cosas que no hay aquí. Hay tantas cosas que han quedado atrás hace ya mucho tiempo… Pero, mientras mis hermanos sigan aquí, .Edia me dedicó una ancha sonrisa blanca, .Bdia no me muevo ni por un diamante. .Edia .P Se volvió a poner la máscara y alzó una mano. .D .Bdia .Sm -ns -t erare Shiabá . .Edia Incliné la cabeza e iba él a talonear su anobo cuando vaciló y preguntó: .Bdia Por curiosidad, ¿qué vas a hacer con ese diamante? .Edia .P Enarqué las cejas y noté la diversión de Kala también cuando sonreí y contesté: .D .Bdia Destruirlo. .Edia .P Dist se quedó un instante sin reaccionar. Entonces, resopló, taloneó su anobo y desapareció en la bruma. Tras un silencio, Reik dejó escapar un gruñido incrédulo. .D .Bdia ¡Eso es un diamante de Kron, muchacho! ¿Qué quieres decir con que vas a destruirlo? .Edia .D .Bdia Lo literal, .Edia aseguré, cogiendo las riendas del anobo y volviendo a montar. .Bdia Por algo soy un buen destructor. Tengo que entrenar. Me retó mi hermano. .Edia Sonreí, mirando el diamante de Kron, negro e intacto. .Bdia Y acabaré destruyéndolo sea como sea. .Edia .P Reik meneó la cabeza. .D .Bdia Mar-háï… Creo que estos Estabilizadores me han aturrullado la cabeza. En serio, chaval. ¿Ya tenías ese diamante cuando nos encontramos en el Aristas? .Edia .P Asentí. Y Reik cerró los párpados un instante suspirando. .D .Bdia Y eso es lo que pasa cuando no registramos a la gente. En cualquier caso, .Edia añadió, agarrándose a la silla y montando él también, .Bdia me has salvado la vida. Eso me lo ha dejado bien claro esa ternian del diablo. .Edia .D .Bdia Un favor por otro, .Edia afirmé, invitando a Neybi a que avanzara. .D .Bdia Mm… Sin duda, .Edia meditó Reik sentado detrás de mí. .Bdia De modo que te libras de la información sobre Makabath, ¿verdad? .Edia .P Hice una mueca. .D .Bdia Si la consigo, te la daré. Pero no prometo nada. Ahora… no me conviene buscar a mi familia, si ves lo que quiero decir. .Edia .P Reik no contestó más que con un gruñido levemente frustrado. Al de un rato de estar atravesando la llanura de hierba azul, me fijé en que ya la energía inestable del Bosque de Liireth apenas se notaba. Rompí el silencio. .D .Bdia Danz y tus demás compañeros… .Edia .D .Bdia Me ayudaron a huir, .Edia gruñó Reik con amargura. .Bdia Los kozereños nos interrogaron, y luego llegaron los dagovileses. Entre ellos había Zombras. No tuvieron piedad, como era de esperar. En el camino, justo después de Doz, hubo un incidente y… salí disparado hacia los túneles. .Edia Tras un silencio, añadió: .Bdia De eso hace dos días. Les prometí que los salvaría, y se me ocurrió pedir ayuda a los únicos capaces de ayudarme. .Edia .D .Bdia Desterrados del Bosque de Liireth, .Edia entendí. .D .Bdia Así es. A estas alturas, mis compañeros deben de estar ya en Makabath. Y sacarlos de ahí… es tarea imposible estando solo. Pretendía… La verdad, no sé qué pretendía. Huí como un cobarde. Debí haberme negado. Debería haber sido Zehen… Él es el más joven. Perra vida, .Edia graznó. .Bdia Ya no me queda nadie. Maldita perra vida. .Edia .P Sentí compasión pese a todo. Habían sido mercenarios, pero también eran saijits. Entonces, tomé una decisión. .D .Bdia Te ayudaré, .Edia solté de pronto. .Bdia Te ayudaré si me ayudas. .Edia .D .Bdia ¿Qué…? .Edia .D .Bdia Sabes manejar la espada. Y sabes muchas cosas que yo ignoro por haberme pasado la vida entrenando con las rocas. Tú me ayudas a buscar a mis hermanos, y yo te ayudo a rescatar a los tuyos. ¿Qué te parece? .Edia .P Hubo un silencio. Entonces, Reik jadeó: .D .Bdia Tú estás loco. .Edia .P No lo negué. Otro silencio. Y: .D .Bdia Qué remedio. Supongo que en situaciones tan malditamente malas, lo mejor es estar loco. Está bien. Te ayudaré. No tengo ni espada ni un kétalo… pero te ayudaré. .Edia .P Sonreí con la mirada posada en el bosque de columnas rocosas que se alzaba un poco más lejos, más allá de la llanura. .D .Bdia Estupendo. Entonces, encantado de trabajar contigo, Reik. Empezaremos por ir a Kozera a por mi hermano. .Edia .D .Bdia ¿A Kozera? ¡Tú estás chiflado, hijo! .Edia exclamó Reik. .Bdia Si me pillan… .Edia .D .Bdia No te pillarán. Ah, por cierto, mira a ver en mi mochila si sigo teniendo esas gafas de sol que compré… .Edia .D .Bdia ¿Gafas de sol? .Edia se extrañó aún más el Zorkia. Se liberó de una mano y rebuscó. .Bdia ¿Las gafas negras? ¿Para qué son? .Edia .P Las agarré y me las puse diciendo: .D .Bdia Para que la gente no me mire tan raro. .Edia .P Oí claramente el suspiro de Reik. Una nube de kérejats se arremolinó cerca y nos siguió unos instantes rozando la hierba azul en silencio antes de virar hacia una columna. Me resultaba muy extraño mirar a través de esas gafas y me las quité, pensando que ya que me las pondría en el momento adecuado. .D .Bdia Por cierto, .Edia añadí, sondeando la oscuridad, .Bdia llámame Kaladrey. .Edia .D .Bdia ¿Kaladrey? .Edia se sorprendió el Zorkia. .D .Bdia Kaladrey, .Edia afirmé. .P No sonaba nada mal. La diversión de Kala no se me pasó por alto. .P .Bdm Tú también estás de buen humor, .Edm le hice notar. .P .Bdm Huh, .Edm carraspeó Kala. .Bdm Sólo estaba pensando… que empiezas a caerme bien. .Edm .P Sonreí anchamente y taloneé a Neybi replicando: .P .Bdm Eso roza con el narcisismo. .Edm .P Me respondió un gruñido exasperado. Sereno, inspiré el aire salado y me dije que el mar de Afáh no debía de estar lejos. No habíamos acabado de cruzar la llanura cuando lo avisté y a la luz de las piedras de luna pude ver surgir entre las sombras de la orilla las ruinas lejanas de la Ciudad Perdida. Nada menos que cinco líneas de luces en movimiento salían de esta con rapidez. Percibí el siseo bajo de Reik: .D .Bdia Fijo que son los Zombras. .Edia .P Y no me cupo duda de que esas patrullas dagovilesas buscaban al comandante fugado de los Zorkias. Por Sheyra… Menudo aliado me había encontrado. Palmeé el lomo de Neybi y, enseguida, la anoba cambió de dirección. El regalo de los Estabilizadores era nuestra mejor ventaja. .P .Bpenso No te muevas, Jiyari, .Epenso pensé. .Bpenso Vamos a por ti. .Epenso .\" igual añadir una mención más al Espectro Blanco en la isla?