.\" ------------------------------------------------ .\" Los Pixies del Caos: El Sueño de los Pixies | Tomo 3 .\" ------------------------------------------------ .Ch "Voluntad" .Sm Laboratorio, Dágovil, año 5572. .P No nos curan. Nos matan. .P La realidad era demasiado atroz. Pero era Lotus el que nos había hablado de ello y lo creía. El laboratorio, los experimentos, el mundo saijit libre que había ahí afuera… Mis ojos me quemaban, mis párpados roñados apenas conseguían abrirse. El pecho me dolía tanto que, por un momento, intenté olvidar, pero no podía. No podía porque… .P .Bparoles Si seguís así, moriréis, .Eparoles había dicho Lotus. .Bparoles Moriréis todos, y muy pronto. .Eparoles .P Acurrucado en mi esquina, ignorando a las Máscaras Blancas que pasaban, trataba de llorar silenciosamente. .D .Bdia ¿Qué es esto, Kala? .Edia dijo de pronto una voz ligera bien conocida. .P Levanté mis párpados metálicos y miré. Rao. Me escudriñaba con los brazos cruzados. .D .Bdia ¿Otra vez enfurruñado, tontorrón? .Edia me sermoneó. Y, bajando la voz, agregó: .Bdia No llores. Creerán que te duele demasiado y te meterán en la sala de recuperación. .Edia .P Agrandé los ojos ante la amenaza pero me di un golpe en el pecho con el puño y murmuré: .D .Bdia Me duele. Me duele, Rao. Yo ya no quiero curarme… .Edia .D .Bdia ¡Chss! .Edia me recriminó Rao, agachándose. .Bdia No digas eso. Ni se te ocurra alertarlos. La huida está prevista para dentro de cuatro días. Aguántate. .Edia .D .Bdia Lo sé. Pero me duele igual, .Edia sollocé. .Bdia Tengo miedo, Rao. Y rabia aquí dentro. Quiero curarlos a todos. A todos. .Edia .P Quería matarlos. A todas esas máscaras sin rostro. Quería hacerles pagar por lo que nos hacían… Pero el horror me dolía demasiado por dentro para siquiera poder moverme. Sentí la mano peluda de Rao posarse sobre mi frente y deslizarse hasta mis lágrimas para secarlas mientras ella murmuraba con una inhabitual suavidad: .D .Bdia Seremos libres. Te lo prometo, Kala. Yo soy la mayor y me ocuparé de todos vosotros. Para siempre. .Edia .P Sus ojos grandes y gatunos se habían hecho brillantes. .D .Bdia No llorarás más, Kala. Lotus nos ayudará. Yo te ayudaré. Yo también tengo miedo, pero no me rindo. Porque esto acaba de empezar. Somos los Ocho Pixies del Caos, Kala. Tenemos tantas cosas que hacer todavía. Tenemos un mundo que descubrir. El mundo que no nos dejaron ver en esta vida. Y yo quiero que estés conmigo para verlo. Quiero que lo exploremos todos juntos. Por eso, por favor… no te quiebres. .Edia .P La miré con desconcierto y creciente asombro. En su mirada, leí audacia y decisión, pero no sólo eso. No, no sólo eso: Rao tenía esperanza. Aquello que a mí me faltaba, porque el miedo la había encadenado y aplastado hasta no dejar nada… Rao seguía teniéndola. Su esperanza brillaba como los relámpagos de energía de la sala de curación, resplandecía como diez linternas, mil linternas… Su luz me traspasó, me envolvió, me encadenó, y me liberó. .P Inspiré hondo como saliendo de mi cristal esférico. Mi pecho dejó de dolerme tanto. .D .Bdia Yo también quiero ver el mundo, .Edia murmuré. .Bdia Contigo. Con todos. .Edia .P Rao sonrió enseñando sus dos colmillos y se levantó. .D .Bdia Lo veremos. Juntos. Pase lo que pase. .Edia .P Admiré su confianza. Admiré su determinación. Y la creí de todo corazón. .Ch "El don del agua" No me sonaba haber visto nunca esa aldea. Debía de tener varios cientos de habitantes, incluso tal vez mil. Blagra era la única ciudad entre Dágovil y Doz en ser tan poblada y, sin embargo, aquella villa no era Blagra: recordaba bien cómo Blagra tenía construido un barrio entero contra las paredes de la caverna y ahí las paredes estaban mayormente a oscuras, con alguna escasa piedra de luna que iluminaba tenuemente el lugar. Además, la caverna era diferente. ¿Cuál era ese sitio? .P Agachados, detrás de una gruesa estalagmita, Reik y yo observábamos las idas y venidas de los viajeros del Gran Túnel de Dágovil desde hacía un par de horas. .P .Bdm ¿Qué? .Edm lanzó Kala. .Bdm ¿No nos vamos a mover nunca? .Edm .P Incluso después de varias horas se le notaba que todavía mi compañero de cuerpo no andaba fino. Habían pasado dos días desde que habíamos salido del Bosque de Liireth. Dos días en los que no habíamos hecho más que evitar patrullas, dormir mal y pasar por túneles tan estrechos que hasta había tenido que destruir alguna roca para que Neybi no se quedara atascada entre las paredes. Ahora, la anoba cavaba en la tierra con su pata de piel gruesa, silenciosa pero por lo visto tan impaciente como Kala. .P Suspiré mentalmente. .P .Bdm Si no te hubieses tragado la cantimplora entera, a lo mejor podríamos haber pasado. Pero de momento es imposible. .Edm .P .Bdm Aaah… ¿Me estás echando la culpa? .Edm .P No quise insistir pero, sí, sin duda se la echaba. De las tres cantimploras que nos habíamos llevado, dos contenían el agua buena y saludable de la isla de Taey. La tercera… Dist la había rellenado con vino. Me preguntaba si los Estabilizadores bebían tanto vino porque no tenían fuente cercana o porque eran alérgicos al agua… Attah. El caso era que, tras acabarse las dos cantimploras de agua, incapaz de resistir su sed, Kala había agarrado la de vino traicioneramente rápido. .P .Bdm No me la bebí entera, .Edm añadió tras un silencio. .P No, de hecho yo había conseguido desestabilizarlo lo suficiente para atragantarnos y hacer que el maldito tirase la cantimplora. Reik la había recuperado antes de que se vaciara del todo… y el desperdicio lo había puesto de malhumor. Y ahora ahí estábamos, sedientos y reventados, sin atrevernos a cruzar el Gran Túnel porque Kala estaba borracho. .P Y porque en la aldea pululaban dagovileses en uniforme. .P Mi mente, ella, estaba clara, con un Datsu bastante más desatado de lo normal por culpa del alcohol, por lo que la impaciencia de Kala me afectaba más bien poco y mi atención estaba mayormente centrada en las luces que iluminaban la aldea. Algo en ella me resultaba familiar. Seguramente debía de haber pasado por ahí años atrás cuando estuve ensanchando el túnel con mi hermano. Pero no recordaba haber visto un pueblo tan grande. Sin duda Dágovil había cambiado desde que me había marchado. .P Le eché una ojeada a Reik. Gracias al Zorkia habíamos evitado todos los túneles susceptibles de ser guardados por patrullas. Y es que, según él, siendo Zorkia, había operado precisamente mucho más por el este de Dágovil, conocía bien la zona entre Doz y la Ciudad Perdida por haber vivido un sinfín de escaramuzas en su juventud durante la Guerra de la Contra-Balanza. Sin embargo, como yo, había mirado la gran aldea con sorpresa. .D .Bdia ¿No sería mejor intentar pasar por otro sitio? .Edia pregunté tras un larguísimo silencio. .P Reik hizo una mueca poco agraciada. .D .Bdia ¿Y retroceder por el túnel del que venimos? .Edia .P Le respondí con otra mueca. .D .Bdia Ya… .Edia .P Sería tentarle al diablo, coincidí. No dije más y volví a escudriñar las casas. Estábamos relativamente cerca de estas, a unos cien metros, al pie de un pedregal. Subir por esa cuesta hubiera sido como gritar a todo el mundo que estábamos ahí. Si tan sólo estuvieran Sanaytay y Sirih con nosotros habríamos pasado tan desapercibidos como sombras… Pero los Ragasakis estaban lejos. Sólo estábamos Reik, Neybi y yo… y el borracho de Kala. Alcé de nuevo la mirada hacia la villa convencido de haber oído el arrullo de agua de algún río. ¿Sería mi imaginación? .D .Bdia Di, .Edia dijo de pronto Reik. .P Desvié la mirada de la villa. El Zorkia llevaba un rato tratando de atrapar la última gota de vino de la cantimplora. .D .Bdia ¿Qué? .Edia .P Reik tenía cara pensativa. .D .Bdia ¿No dijiste que un Arunaeh no podía estar borracho? .Edia .P De pronto Kala se rió por lo bajo y lo corté en seco con una mueca molesta. Sin duda Reik debía de pensar que mi comportamiento era extraño. A veces mis expresiones cambiaban repentinamente y dudo de que Kala se diera cuenta de ello por su estado. Pero yo me daba cuenta. Pese a que mi vista se nublaba y veía todo brillante, mi sangre fría era impecable y sabía que algo en mí turbaba al Zorkia. .D .Bdia Sí, .Edia dije con voz pastosa. .Bdia Eso dije. Yo no estoy borracho. Pero mi Datsu no funciona como debería. Por eso mi familia intentó averiguar por qué y mi hermano me sacó de la isla. .Edia .D .Bdia ¿Tu hermano? .Edia repitió Reik. .D .Bdia Me dejó plantado. .Edia Sonreí con ironía y tosí antes de añadir: .Bdia Pero me salvó. .Edia .D .Bdia Ya veo. .Edia Jugueteó con la cantimplora y, tras echar otra ojeada hacia la villa, dijo: .Bdia Esos otros hermanos que debes encontrar… ¿son de verdad hermanos tuyos? .Edia .P ¿Lo eran biológicamente hablando? Lo dudaba. Fue Kala quien contestó con fuerza: .D .Bdia Lo son. .Edia .D .Bdia Baja la voz, maldito, .Edia masculló el Zorkia con cansancio. .P Hubo un silencio. No sabía qué era lo que más quería hacer, si dormir o beber. Sin embargo, en ese momento pensé que aún no le había explicado nada al Zorkia y decidí quitarle alguna duda diciendo: .D .Bdia Son seis y Jiyari es uno de ellos. Los demás… no tengo ni idea de dónde están, pero si buscamos a ese Zarafax, podríamos averiguar algo, y tal vez también si nos dirigimos a Lédek… saquemos información. .Edia .D .Bdia Lédek, .Edia repitió Reik, y me echó una mirada escudriñadora. .Bdia Ahí es donde se encuentran los Ojos Blancos según tú. .Edia .D .Bdia Su líder, Zyro, estuvo en la guerra, .Edia expliqué. .D .Bdia Zyro, .Edia murmuró Reik, y alzó la vista hacia las estalactitas de la caverna absorto. .Bdia Me suena el nombre. .Edia .P Agrandé de pronto los ojos. Acababa de ocurrírseme una idea. .D .Bdia Ahora que lo pienso, ¡tú estuviste en la guerra de la Contra-Balanza! Tuviste que pelear contra los dokohis. Y, sin embargo, en el Aristas parecía como si te sorprendiera haberte encontrado con unos hace poco. .Edia .D .Bdia ¿Y cómo no iba a sorprenderme? .Edia resopló Reik. .Bdia Se supone que los Ojos Blancos fueron derrotados hace treinta años. El Gremio de las Sombras impuso el secreto sobre esos collares… Yo siempre había creído que habían sido destruidos. .Edia .P Fruncí el ceño. .D .Bdia ¿Quieres decir que fueron confiscados por el Gremio? .Edia .P Reik sacudió la cabeza. .D .Bdia Ni idea. Algunos de ellos seguro. Pero como no sabemos cuántos fueron fabricados por esos magos negros… En serio, en aquella época, era poco mayor que tú, peleaba con mis compañeros y no me hacía más preguntas. .Sm Ashgavar , .Edia imprecó. .Bdia Si seguimos aquí, moriremos de sed. .Edia .P Suspiré, eché un vistazo a Neybi, quien seguía rasgando el suelo, y aparté la cabeza de la estalagmita diciendo: .D .Bdia Yo puedo entrar en la villa sin problemas. .Edia .P No tenía razón de temer a los dagovileses: tenía mi licencia de destructor en regla y podía pasearme con el viejo uniforme de destructor de Lústogan, con los guantes y la máscara puestos para ocultar mi piel gris y mis ojos rojos sobre fondo negro. En cuanto a Reik, había desgarrado su camisa ya harapienta para ponerse una venda en la frente y esconder así el Ojo de Norobi; sin embargo, si resultaba que los dagovileses veían la marca, lo reenviarían directamente a la prisión de Makabath. Asentí para mí y tomé mi decisión. .D .Bdia ¿En qué estás pensando? .Edia preguntó Reik, enderezándose. .D .Bdia Voy a por agua. .Edia .D .Bdia ¡Un momento! .Edia Me agarró de la manga para impedir que me levantara. .Bdia Si vas a por agua y te ven regresar aquí, sospecharán algo. .Edia .D .Bdia Tú vienes conmigo, .Edia repliqué. Le tendí mi ropa de firasano diciendo: .Bdia Toma esto. Piénsalo. ¿Quién va a imaginarse a un fugitivo de Dágovil en compañía de un destructor Arunaeh? .Edia .P Reik agrandó los ojos… y una sonrisa sardónica se dibujó en sus labios de mercenario. Rematé: .D .Bdia Eres kadaelfo como nosotros: si te haces pasar por Lúst, no abres la boca y te pones una máscara, hasta alguien que haya visto una vez a mi hermano mayor se lo creerá. Daremos un rodeo y nos meteremos directos en la villa. Por ahí parece que… .Edia .P Señalaba la parte norte de la caverna cuando de pronto, un detalle, esa colina azul por donde se abría el Gran Túnel, me resultó más que familiar. .D .Bdia Dánnelah, .Edia murmuré. .D .Bdia ¿Qué? .Edia replicó Reik mientras se vestía. .P Pese a la oscuridad de aquel rincón, divisé claramente las numerosas cicatrices que surcaban el cuerpo del mercenario y sentí un impulso de compasión. Tener que haber sufrido tanto golpe sin Datsu debía de haber sido duro. .P El mercenario terminó de atarse el cinturón y alzó una mirada vivaz hacia mí. .D .Bdia ¿Qué? .Edia repitió. .P Meneé la cabeza y sonreí. .D .Bdia Nada. Que acabo de darme cuenta de que reconozco esta caverna. Esta villa… hace unos años era un pueblo llamado Yadella. Pasé por aquí con mi hermano construyendo el túnel y tan acelerado iba que cavé donde no debía y además provoqué la caída de una roca que destrozó la estatua de Antaka del pueblo. .Edia .P Reik permaneció callado un instante. .D .Bdia Yadella, ¿eh? .Edia dijo al cabo. .Bdia Tuve que pasar por aquí hace tres años en una misión de la compañía… Desde luego ha cambiado. Parece como si hubiesen descubierto alguna mina de oro. .Edia .P No era tan imposible, pensé. Kala resopló mentalmente desde su medio letargo. .P .Bdm Demonios, cuánto habláis, me empieza a doler la cabeza… .Edm .P Y me dolía a mí, pensé. .D .Bdia Dime, .Edia retomó el Zorkia, .Bdia ¿tienes mala relación con los de este pueblo? .Edia .D .Bdia Qué va, .Edia aseguré. .Bdia Ni buena ni mala. Mi hermano les hizo otra estatua y creo que le quedó bastante mejor que la original. En cualquier caso, esa es una buena noticia, porque los túneles al norte de aquí me los conozco bastante bien. .Edia .D .Bdia Pues vaya una buena noticia: creía que íbamos hacia el sur. .Edia .P Attah… .D .Bdia Cierto, .Edia reconocí. .Bdia Pero para cruzar el Gran Túnel… .Edia .D .Bdia Lo mejor es no cruzarlo, .Edia me interrumpió Reik. .Bdia Todas las entradas están tapadas salvo las principales y hay tanto tráfico que estallarlas con tu órica sin ser visto ni oído es imposible. Prefiero disfrazarme y tomar la vía principal, directamente hacia el sur. .Edia .P La idea era valiente… muy valiente. Pero Reik tenía razón: seguir adoptando un comportamiento de huida con tanto guardia y testigo alrededor era correr hacia el fracaso. Suspiré y rebusqué en mi mochila. Por suerte, Lústogan no me había quitado mi máscara de destructor de antes. Se la pasé. .D .Bdia Ponte esto. Descuida, los destructores son muy suyos: los hay que no se quitan la máscara casi ni para dormir, como mi abuelo. .Edia .P Reik iba a ponérsela cuando se detuvo en seco. .D .Bdia Lleva el tatuaje de los Arunaeh. .Edia .P Le eché una mirada de reojo. .D .Bdia ¿Y? .Edia .P Reik marcó una pausa y me pregunté en qué estaría pensando hasta que rompió otra vez el silencio. .D .Bdia Cuando tu hermano te sacó de la isla… ¿fue porque te estaban torturando? .Edia .P Su tono no llevaba una pizca de compasión, era meramente interrogante. Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Es más complicado que eso. Acepté que se metieran en mi mente. .Edia .P Reik se levantó bruscamente. .D .Bdia ¿Qué diablos? ¿Cómo que aceptaste? No, .Edia añadió con un resoplido de autoburla, .Bdia me estás vacilando. Primero, no estarías así de tranquilo si de verdad lo hubieran hecho. Y segundo, los Arunaeh no son tan monstruosos como para hacer eso a uno de sus miembros. .Edia .P Suspiré. .D .Bdia Te digo que yo acepté. Mira, no sé si es el mejor momento para explicártelo pero… resulta que tengo metidas dentro de mi mente a dos personas. Una soy yo, Drey, y la que despertó hace poco es Kala, el verdadero hermano de esos otros seis que ando buscando. De ahí lo de Kaladrey. En cuanto a mi familia, intentó ayudarme un poco demasiado metiéndose en mi mente, eso es todo. .Edia .P El Zorkia me miraba fijamente. .D .Bdia Ya, .Edia dijo al cabo. .Bdia Lo que veo, muchacho, es que es cierto que no aguantas bien el vino. .Edia .P Dejé escapar un largo suspiro y lamenté haberle hablado de ello. .D .Bdia Al menos eres sincero, .Edia repuse. .Bdia Y yo también lo he sido. Baj, ¿por qué estamos hablando de esto? Ponte esa máscara y salgamos de aquí… .Edia .P De pronto, oí un ruido de salpicadura y me giré hacia Neybi con los ojos desorbitados. De tanto estar ahí esperando, la anoba había creado un profundo agujero en la tierra con sus pezuñas, había descubierto una capa freática y ahora estaba relamiéndose, bebiendo toda el agua que su gran lengua rasposa conseguía absorber. .D .Bdia A… agua, .Edia murmuramos Reik y yo al mismo tiempo. .D .Bdia ¡Agua! .Edia exclamó Kala, saliendo de su modorra. .P Se precipitó robándome el cuerpo y siseé: .P .Bdm Kala, ¡esa agua está mala! Ni se te ocurra beberla, nos pondremos enfermos. .Edm .P Kala se detuvo al oír la última palabra y alzó la cabeza mientras Neybi nos echaba una mirada curiosa con sus enormes ojos dorados y reptilianos. .D .Bdia ¿Enfermos? .Edia repitió. .Bdia Diablos, ¿también te pones enfermo con el agua? .Edia .D .Bdia Con el agua embarrada sí, .Edia gruñí en voz alta. .D .Bdia Qué cuerpo tan debilucho. .Edia .D .Bdia No te lo niego. Sólo mira en mis recuerdos y entenderás. Attah… Ya me has pringado todo el pantalón de barro. .Edia .P De pronto, Neybi soltó algo parecido a un gruñido de deleite y plegó las patas, revolcándose en el lodo. Me levanté con prisas apartándome del charco que había surgido entre las salpicaduras y mientras intentaba calmar a Neybi en su regocijo traté de ignorar la mirada prudente y cerrada de Reik. Debía de pensar en serio que le había tocado como aliado un espécimen con personalidad múltiple. Pero… él había empezado con las preguntas, ¿no? .P Neybi se levantó por fin y me dio un húmedo lametazo en la mano que, pese a la saliva, me arrancó una leve sonrisa. Me puse la mochila a cuestas, estiré las riendas y la anoba se puso a andar dócilmente. .D .Bdia Reik, .Edia lancé entonces, deteniéndome en la otra esquina de la gruesa estalagmita. Atravesé con la mirada al Zorkia suspenso a través de mi máscara de destructor. .Bdia Te prometí que te ayudaría a sacar a tus compañeros de Makabath a cambio de tu ayuda. No te prometí que mi compañía sería fácil. Hago lo que puedo. ¿Vamos? .Edia .P Reik se pasó una mano por su pelo negro enmarañado y lo oí suspirar antes de ponerse la máscara de destructor. Le di la espalda y miré hacia las luces de Yadella con una mueca decidida. Mi andar aún no era del todo recto pero pronto se me pasaría, me dije. Los saijits no se veían normalmente tan afectados por la bebida, pero Kala parecía aguantarla tan mal como Jiyari. ¿Sería alguna particularidad de los Pixies? .P .Bdm Di, Kala, .Edm dije de pronto mentalmente, inquieto. .Bdm Sé que tú no te desmayas como Jiyari ante la sangre… pero en plan totalmente hipotético, si te desmayaras… ¿crees que me desmayaría yo también? .Edm .P Me respondió un resoplido desganado. Kala no estaba en condiciones de reflexionar mucho, entendí. Bah. Prefería no llegar a enterarme nunca de la respuesta. .Ch "El profesor de caéldrico" .\" 01/08/2019 Conseguimos meternos en la villa rodeando el pedregal y pasando por la colina azul. Era una de las pocas zonas constructibles que quedaban libres: Yadella había crecido tanto en tan poco tiempo que más que viviendas algunas casas de las periferias parecían barracas. Mientras pasábamos por una calleja, vi en una de estas a un joven profesor impartir lecciones a una numerosa panda de chiquillos. Hijos de mineros, entendí. Si los padres habían decidido llevarse a la familia hasta ahí, es que tenían pensado quedarse años. No era común. Si lo que habían encontrado ahí eran yacimientos de oro… la mina debía de ser grande. .P Nadie se paró a mirarnos. Algún transeúnte tal vez se fijó en nuestras máscaras, pero los destructores no eran los únicos en llevarlas y para unos mineros ni era fácil distinguirlas ni lo era reconocer el tatuaje de los Arunaeh. .P Neybi avanzaba detrás de mí y Reik cerraba la marcha. Cuando llegamos a una plaza más espaciosa, localicé enseguida un establo. Hablé con el encargado, hice beber a Neybi y, tras convencerle a Kala de que no se tirase al abrevadero, le dije a Reik: .D .Bdia Vayamos a comer. .Edia .P Salimos del establo y Reik murmuró: .D .Bdia Di… Si comemos en una taberna, nos obligará a quitarnos las máscaras. ¿No será mejor seguir comiendo tus Ojos de Sheyra…? .Edia .D .Bdia Y un infierno voy a seguir comiendo de eso teniendo tabernas con comida de verdad, .Edia resoplé. .Bdia Mira. La máscara tiene una abertura en la boca, no tienes por qué quitártela. .Edia .D .Bdia Oh, .Edia se sorprendió el mercenario, comprobando que lo que decía era verdad. .P Sonreí detrás de mi máscara. .D .Bdia Vamos, hermano. Iremos a esa taberna. .Edia .P Cuando Reik vio el edificio que señalaba, noté su vacilación. Era una bonita casa de piedra con una pancarta que rezaba .Sm -t nomlieu El Hawi Negro . Reik masculló: .D .Bdia Esa… no es una taberna para pobres, Drey. .Edia .P Sin duda, no lo era, pero Lústogan me había dejado una bolsa repleta de kétalos, que los Estabilizadores del Bosque de Liireth habían sido tan amables de respetar. Y, según mi opinión, era mejor ir a una taberna cara que a una barata: tendríamos menos posibilidades de encontrarnos con guardias y patrullas. Al ver a Reik girar los ojos hacia una taberna del otro lado de la plaza con pinta más asequible, puse los ojos en blanco. .D .Bdia ¿ .Sm -ns -t nomlieu El Masticario ? .Edia leí en la pancarta. .Bdia Vamos, Lúst. No pienses en los kétalos, si te invito yo… Oh, una cosa, .Edia añadí por lo bajo. .Bdia Ni se te ocurra beber alcohol. Los Arunaeh… .Edia .D .Bdia Ya lo sé, .Edia me cortó Reik. .P Su tono seco me recordó tan bien a Lústogan que no pude evitar sonreír de nuevo detrás de mi máscara. .P En cuanto entramos en .Sm -t nomlieu El Hawi Negro , sentí la tensión crecer pese a mi Datsu. Había ahí dentro demasiada gente con uniforme alrededor de las mesas: en total, una buena decena de funcionarios, secretarios del Gremio, oficiales, y hasta vi a un juez con su gran sombrero blanco de ala ancha. Sin duda la taberna no tenía pinta barata —sus paredes estaban bien labradas, había hasta tiestos con plantas exóticas en los rincones y un estilizado jarrón en la barra— pero… diablos, ¿hasta el punto de parecer aquello una reunión del Gremio de las Sombras? Sentí con mi órica cómo Reik se ponía tenso. Mientras caminábamos hasta el mostrador, noté más de una mirada posarse sobre nosotros. El Pixie masculló: .P .Bdm Tanto saijit me da mareos… .Edm .P .Bdm Pues aguántate un tiempo, .Edm le dije apoyándome en la barra. .P A través de la máscara, posé mis ojos sobre el tabernero. Bien vestido, con varios anillos en cada dedo y un pelo exuberante, el alto drow sonrió a un cliente sirviéndole un vaso de vino de zorfo diciendo: .D .Bdia ¡Sin duda, sin duda, mahí! En dos años apenas, esto se ha convertido en un enjambre de vida. Pero no me lo tengáis en cuenta: yo no me quejo. El negocio es el negocio. .Edia .P Su cliente asintió simplemente con la cabeza y el tabernero se giró hacia Reik y yo. Agrandó los ojos reconociendo la máscara y se allegó enseguida diciendo respetuosamente: .D .Bdia ¡Mahis! Bien hallados. ¿Qué deseáis? .Edia .D .Bdia Dos zumos de zorfo, por favor, .Edia dije. .D .Bdia Er… ¿Vino, querrás decir? .Edia .D .Bdia No. .Edia Lo fulminé pese a saber que, a través de mi máscara, el tabernero no podría verme ni los ojos. Repetí: .Bdia Zumo. Y el menú, por favor. .Edia .D .Bdia Bien, ¡enseguida os lo traigo! .Edia .P Escogí una mesa tan apartada como pude de los diversos grupos de funcionarios dagovileses. ¿Por qué diablos había tantos de ellos en Yadella? Me senté haciéndoles frente, de modo que Reik, él, les diera la espalda. El tabernero no tardó en traernos una botella de zumo y cuando llegó un camarero con el menú ya nos la habíamos bebido entera. .D .Bdia Otra, si es posible, .Edia confirmé para el camarero. .P En cuanto llegó la comida y aspiré los vapores de esta, se me hizo la boca agua y me di cuenta de hasta qué punto estaba harto de comer Ojos de Sheyra. Estaba ya agarrando mi tenedor cuando me fijé en un cliente que nos miraba descaradamente y, por un instante, me quedé con el tenedor en suspenso. Ese joven humano de pelo castaño rizado y cara de adolescente… Por poco me mordí la lengua. ¿Bluz? El joven Monje del Viento estaba sentado a la mesa con el juez, un secretario del Gremio y otro tipo en silla de ruedas que me daba la espalda. Inspiré. Dánnelah, ¿sería…? .D .Bdia ¿Drey…? .Edia murmuró Reik, inquieto. .P Me fijé entonces en mi tenedor aún suspendido y decidí centrarme en la comida. Estaba deliciosa. Rebané el plato hasta la última gota de salsa. Reik seguía comiendo como si cada bocado le costase bajar por la garganta. Estaba más tenso que una cuerda de arco tensada, pensé. En ese momento, bendije mi Datsu por haberme ayudado a olvidar nuestra compañía. Había evitado que la vista de dos Monjes del Viento me cortase el apetito. .P Sin embargo, en cuanto sacié mi hambre, la presencia de esos dos volvió al primer plano en mi mente y me puse a pensar. Bluz no había visto nunca a Lústogan: mi hermano había robado el Orbe antes de que este llegara como aprendiz al templo. Pero el de la silla de ruedas, ese… era otro cantar. .P Entonces, oí el ruido de las ruedas contra el parqué y sentí el aire moverse. El destructor nos tanteaba con su órica como para avisar de que nos había visto y, por un instante, aumentó su presión antes de dejar que el discreto sortilegio se deshilachase. Sin embargo, no se paró en nuestra mesa y siguió hasta la salida, con Bluz detrás echándonos aún ojeadas descaradas. No giré la cabeza ni una vez. ¿Se habrían ido? No, pensé. Imposible. No si sospechaban que uno de los dos destructores Arunaeh era Lústogan. Ese hombre… ¿nos prepararía alguna emboscada? Pero entonces… ¿por qué me había avisado con esa amenaza órica sutil? Entorné los ojos. A menos que él supiera que quien estaba sentado ante mí no era Lústogan. En tal caso, nos tenía entre sus manos. .P Attah… ¿Por qué diablos no habría entrado en .Sm -t nomlieu El Masticario ? Pensar que era por cuestiones de calidad de menú me avergonzaba. .P .Bdm ¿Qué te pasa ahora? .Edm preguntó Kala. .Bdm Estamos sin hambre y sin sed, y Reik ya ha acabado de comer. ¿Me dejas un rato? Ya estoy del todo repuesto. .Edm .P Estaba positivo. Cerré la abertura en la boca de la máscara y esperé a que Reik hiciera otro tanto para levantarme y acercarme al mostrador. .D .Bdia La cuenta, por favor. .Edia .P El drow me la dio. Treinta y cinco kétalos. Mar-háï, no era poco. Pagué de todos modos y salimos, no sin sentir más de una mirada posada sobre nosotros. Entonces, le dije a Kala: .P .Bdm Ya puedes. .Edm .P Kala sonrió detrás de la máscara y caminó con decisión hacia el establo. En cuanto vi a los dos Monjes del Viento esperándonos en medio de la plaza, mascullé: .P .Bdm No, no puedes. .Edm .P Kala me ignoró. .P .Bdm ¿Qué pasa con esos tipos? Son Monjes del Viento, ¿y qué? Nosotros somos Arunaeh. .Edm .P .Bdm ¿Ahora lo reconoces? .Edm lo pinché. .Bdm Pues a buenas horas: esos monjes están cabreados con los Arunaeh. .Edm .P .Bdm ¿Oh? .Edm .D .Bdia Drey, .Edia intervino Reik en un murmullo detrás de su máscara. .Bdia Tengo un mal presentimiento. .Edia .D .Bdia ¡Pues claro! .Edia dijo Kala con naturalidad. .Bdia Esos tipos están cabreados con nosotros. .Edia .D .Bdia ¿Deberíamos estarlo? .Edia soltó una voz. .P Kala había hablado tan alto que los monjes nos habían oído y ahora Bluz empujaba la silla de ruedas. Carraspeé al ver el rostro del drow sentado ahí. De ojos rojos y rostro duro y seco, era poco mayor que mi padre. .D .Bdia ¿No saludas a tu antiguo maestro de caéldrico, Drey? .Edia .P Kala enarcó las cejas y luché para retomar control de mi cuerpo. Que me saludara antes a mí que a Reik evidenciaba que a este no lo había confundido ni con mi hermano, ni con mi padre, ni con mi abuelo… de modo que sabía que no era un destructor Arunaeh. Ignorando mis esfuerzos, Kala dijo con tono afable: .D .Bdia Claro que saludo. No recuerdo muy bien pero… sí, creo que me acuerdo de ti. Draken, ¿verdad? .Edia .P Por Sheyra… Draken de la Casa Isylavi era uno de los destructores más famosos de Dágovil. Un héroe que había perdido trágicamente las piernas cavando el Gran Túnel. Yo lo respetaba. Y ahora Kala me acababa de hacer pasar por un desconsiderado. .P Draken frunció el entrecejo. .D .Bdia Oí decir que estuviste en la isla de tu familia. ¿Acaso te han lavado el cerebro, hijo? .Edia .P Kala chasqueó la lengua. .D .Bdia No. Mi cerebro está perfecto. Y no soy tu hijo. ¿Qué quieres de mí, saijit? .Edia .P Había abandonado su tono afable. Mascullé mentalmente protestando. El destructor marcó una pausa mientras escudriñaba mi máscara. .D .Bdia ¿Lo que quiero? Primero, saber quién te acompaña. .Edia .P Kala asintió señalando a Reik del pulgar. .D .Bdia Fácil. Él es mi herm… .Edia .P De tanto luchar por el control, conseguí que nos mordiéramos la lengua y emití un gruñido de dolor. .P .Bdm ¡Te maldigo! .Edm exclamó Kala. .Bdm ¡Estoy haciendo un esfuerzo para Reik y tú me muerdes la lengua! .Edm .P También era la mía. Ignorando tanto a Kala como el dolor, alcé una mano. .D .Bdia Perdón, maestro. Olvida a mi compañero. ¿Qué es lo que quieres? .Edia .P Los ojos rojos de Draken chispearon, alternando entre Reik y yo. .D .Bdia Algo extraño ocurre aquí, hijo. Espero que no andes con prisas. ¿Qué tal si nos acompañas a Bluz y a mí hasta el templo? Está tan cerca y hace mucho tiempo que no te pasas por ahí: estoy seguro de que el Gran Monje se alegrará de verte. ¿Sabes? .Edia añadió mientras yo guardaba silencio, .Bdia te echó de menos cuando te fuiste. Estoy seguro de que tiene muchas preguntas que hacerte. .Edia .P Reprimí un suspiro. .P .Bdm Maldita sea, .Edm murmuré mentalmente. .Bdm ¿Sabes, Kala? Este hombre no es tonto. Me atrae al templo a cambio de guardar silencio sobre Reik. .Edm .P .Bdm Me da igual, .Edm replicó Kala. De verdad lo había enfadado, me sorprendí. .P Draken agregó: .D .Bdia Saldremos enseguida por la salida norte. Yadella está tan a rebosar de guardias que es casi agobiante, ¿verdad? ¿Tenéis anobos? .Edia .P Suspiré largamente. .D .Bdia Tenemos uno para dos. Draken, .Edia añadí mientras este asentía, satisfecho, y le hacía un gesto a Bluz. .Bdia Aviso. No conozco el paradero del Orbe. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia Draken me mostró una sonrisa torva. .Bdia Es una suerte entonces que el Gran Monje lo conozca. .Edia .P Fruncí el ceño sin saber muy bien a qué se refería. Fuera como fuera, no era una buena idea llevarle la contraria a Draken. No tenía mal carácter, pero era un Monje del Viento, trabajaba para el Templo del Viento y no iba a dejarme escapar tan fácilmente. .P Me encogí de hombros y, cuando lo vi alejarse, empujado por Bluz, supe que Draken no temía que me escabullera. No teniendo a un fugitivo en mi compañía. Draken me habría mandado a toda la guardia dagovilesa y nos habrían pillado enseguida. Mientras yo caminaba hacia los establos a por Neybi, Kala no dejó de mascullar que estaba harto de mí. Reik lanzó al fin: .D .Bdia Drey. ¿Qué significa esto? ¿Adónde vamos? .Edia .P Su voz estaba falsamente serena. Acepté las riendas de un mozo de cuadra y estiré a la anoba. Tan bien la tenían cuidada que esta no quería moverse de su sitio, pero iba a tener que hacerlo. Finalmente, se movió y salimos. Comenté: .D .Bdia No sé si habrás oído hablar del Templo del Viento. .Edia .D .Bdia ¿Bromeas? Es el templo de los destructores, claro que he oído hablar de él, .Edia resopló Reik. .Bdia De modo que ese tipo es un destructor como tú. .Edia .D .Bdia El joven también lo es. En fin, verás, .Edia aclaré, .Bdia me crié en el Templo del Viento pero fui expulsado hace tres años porque mi hermano robó la reliquia más valiosa del templo. Draken es un Monje del Viento y un antiguo maestro mío. Quieren respuestas… y de momento no podemos hacer otra cosa que escucharlo. .Edia .P No fui más explícito, pero Reik no hizo más preguntas. Era un mercenario y le gustaban las explicaciones cortas, me alegré. Bien. Me quedaba por calmar a Kala… .P .Bdm Kala. Hey. .Edm .P No me contestó. ¿En serio se había enfurruñado tan fácil? Resoplé de lado. .P .Bdm Contesta al menos. Pareces un crío. .Edm .P Sin contestar, Kala controló de nuevo mi cuerpo y por poco perdimos el equilibrio, pero le dejé a tiempo el control entero. Tras un silencio en que el Pixie caminaba hacia la entrada norte de la villa con andar firme, comprobé que su enfado se había diluido, reemplazado por el gozo de moverse, y confirmé: era un crío. .P Draken me había dicho que esperara junto al Gran Túnel y ahí nos instalamos, a unos metros apenas de los guardias. No dijimos nada. Kala y yo nos apoyamos contra un árbol tawmán con las manos en los bolsillos, Neybi se tumbó perezosamente a mis pies estirando su cuerpo musculoso y el Zorkia se sentó sobre una roca mirando pasar las carretas y viajeros a pie. Draken y Bluz tardaron una buena hora en llegar, y lo hicieron apareciendo por la puerta de un albergue próximo. De modo que sabían que estábamos ahí esperando desde hacía un buen rato, entendí con paciencia. Los vi desaparecer en un establo junto al albergue y resurgir de este montados cada uno sobre un anobo. Draken iba sobre uno particularmente grueso, con una silla especial que convenía a su estado. .P Mientras se acercaban, Kala se apartó del árbol, se agachó junto a Neybi y le palmeó el morro. .D .Bdia Despierta, Neybi, .Edia le dijo. .Bdia ¿No estás demasiado cansada, verdad? .Edia .P Mar-háï, se mostraba más considerado con los anobos que con los saijits… Neybi abrió unos ojos tan tiernos que Kala vaciló. .D .Bdia Está cansada. .Edia .D .Bdia Está perezosa, .Edia replicó Reik, levantándose. .Bdia Los anobos tienen un aguante de mil demonios. ¿Nunca has oído el dicho? Antes cae muerto de cansancio el anobero que el anobo. .Edia .P Kala siguió dudando pero entonces Neybi se levantó por sí sola moviendo su fuerte cola. Ya no parecía tan perezosa. El tiempo que nos alcanzasen los dos Monjes del Viento, ya estábamos montados. El drow realizó un simple gesto de cabeza antes de abrir la marcha. Pasamos ante los guardias sin que estos se atreviesen siquiera a dirigirnos la palabra. .P El Templo del Viento no se encontraba lejos de donde estábamos: viajaríamos probablemente hasta Blagra, a unos cinco kilómetros al norte, y luego tomaríamos la ruta oeste hacia la caverna del Templo del Viento, pasando por la Arboleda de Kofayura. No tardaríamos más de dos horas en llegar. .P O eso pensé, pero había tanto tráfico y el anobo de Draken era tan gordo que nos quedamos atascados detrás de las carretas y los carromatos nada más salir de Yadella. .D .Bdia Nunca había visto el Gran Túnel tan movido, .Edia solté. .Bdia ¿Pasa algo? .Edia .P Bluz me echó una mirada extrañada y, como a regañadientes, explicó: .D .Bdia Es la Feria de Dágovil. Empieza ya a finales de Musarro. ¿Nunca estuviste? .Edia .P Negué lentamente con la cabeza. La Feria de Dágovil. Claro. Nunca la había visto, porque siempre pasaba esos meses en la isla de Taey. Con que así se ponía todo el país por una simple feria… .P Desvié la vista de la agitación hacia las paredes del túnel. Aquel lugar era el que yo había cavado como un loco a los doce años. Lústogan y yo habíamos ensanchado y asegurado ese trozo durante los días siguientes. Y esa grieta… Fruncí el ceño. Sí, ahí era donde todo se había venido abajo. Ahí donde había visto desaparecer a mi hermano… y donde Draken había sido aplastado por una roca. .P Capté la mirada del viejo destructor girándose hacia mí como preguntándose si también lo recordaba. Realicé un seco movimiento de cabeza. Claro que lo recordaba. .P .Bdm No puedes estarte quieto, .Edm suspiró Kala. .Bdm Cuando yo te dejo, no me muevo. .Edm .P .Bdm Si te crees que es fácil recordar en cada momento que no estoy solo en este cuerpo, .Edm le repliqué. .P .Bdm Ahora eres tú el que me ningunea, .Edm me acusó. .P Me contuve de poner los ojos en blanco y, mientras la cola avanzaba al fin, me fijé en que no solamente Kala ya estaba con la mente más clara sino que mi Datsu estaba ya recuperando su nivel normal. .P .Bdm Di, Kala. .Edm .P .Bdm ¿Mm? .Edm .P .Bdm ¿Has recordado algo sobre Lotus y tus hermanos? .Edm .P Hubo un silencio. Neybi avanzaba ahora siguiendo el imponente anobo de Draken, el cual aprovechaba que el túnel, ahí, se ensanchaba para poder adelantar carromatos. Percibí el suspiro de Kala. .P .Bdm Ya te diré si recuerdo algo útil, .Edm dijo al fin. .P El día anterior me había explicado que así como algunos recuerdos de antes de ser transvasado a la lágrima dracónida seguían siendo vívidos, los que tenía de las décadas pasadas en la lágrima eran escasos. Primero, porque, al contrario que Myriah, no tenía casi conocimiento sobre artes celmistas y, privado de sus cinco sentidos, no se enteraba de lo que lo rodeaba. Segundo, porque, sabiendo que perfeccionar el proceso de transvase a un cuerpo hasta minimizar los errores sería largo, Lotus había preferido inducir a los Pixies en un sueño profundo. Así, los había tenido ahí metidos durante treinta años sin que los Pixies vieran casi pasar el tiempo. Con excepción de Rao. Kala sólo recordaba vagamente alguna conversación con esta y su propia decisión de reencarnarse en un Arunaeh. .P .Bdm ¿Ni siquiera recuerdas quién estaba en la lágrima que fue robada? .Edm pregunté. .P Kala frunció el ceño y noté su sufrimiento incrementar. No quería recordar, entendí. Tras un largo silencio, dijo con brusquedad: .P .Bdm Fui el tercero en salir de la lágrima. .Edm .P El tercero, me repetí. Rao y Jiyari se habían transvasado después que Kala, uno de los Ocho Pixies había sido robado y otro era Lotus, con lo que dos de los tres Pixies restantes debían de haberse transvasado antes. .P Kala tenía los puños aferrados a las riendas de Neybi con tal fuerza que decidí no insistir. Poco después, llegamos a Blagra. La caverna estaba en pendiente, las paredes cubiertas de cuevas con viviendas, linternas y escaleras. No entramos en la villa, sin embargo: en cuanto pudo, Draken viró hacia la izquierda y atajamos hacia la ruta del oeste. Al contrario que la principal, aquella estaba desierta. Pronto dejamos atrás la caverna y Draken y Bluz encendieron linternas. Aquella ruta pasaba por cavernas más amplias que las del Gran Túnel, por lo que también era más fácil encontrarse con malas sorpresas. La prueba: poco antes de llegar a la Arboleda de Kofayura, Draken masculló con tono irritado: .D .Bdia Doagals. .Edia .P Alcé enseguida la vista hacia el techo del túnel y sentí a Kala ponerse lívido. Las linternas iluminaban tenuemente unas formas negras y gelatinosas pegadas a la bóveda. Esos doagals eran más grandes que el que había atacado a Livon en Firasa. De pronto, vi a uno descolgarse… Al unísono, los tres destructores lanzamos un sortilegio órico. Evitamos la caída del doagal sobre nosotros pero despegamos a otros en el proceso. Observé cómo Reik agarraba instintivamente el pomo de una espada que no tenía. De nada hubiera servido que la tuviera, de todas formas. Reforcé la barrera órica. Los doagals, ligeros, caían y volvían a empotrarse contra el techo. A veces me había preguntado si esas criaturas eran capaces de sentir algo. Si lo eran, en esos momentos debían de sentirse como piedras en una maraca en pleno festival. .D .Bdia Qué asco, .Edia dejó escapar Bluz detrás de mí. .D .Bdia Es extraño, .Edia comenté. .Bdia Nunca había visto tanto doagal en esta ruta. .Edia .D .Bdia Últimamente, la zona anda revuelta, .Edia dijo Draken sin girarse. .P Enarqué una ceja, pero el destructor no añadió explicaciones. Por fortuna, al de un rato dejamos de ver doagals en el techo y, poco después, desembocamos en la caverna del templo. La luz blanca y tenue de los árboles-perla de la Arboleda me rodeó, asaltándome con recuerdos. Esos troncos espaciados, vellosos y ligeramente azulados, esas ramas finas y numerosas que se terminaban en una lluvia de perlas, y la hierba azul y suave que amenazaba siempre con invadir el camino… Avisté la enorme estalagmita en la que había estado entrenando de joven, cavando hoyos y esculpiendo figuras a mi antojo. Y reconocí el lugar en que había traído una vez a Yánika para enseñarle el nido de unos paiskos. De pronto, me fijé en que Neybi había acelerado y abría la boca para agarrar el rabo del anobo de Draken. Era un comportamiento común entre los anobos cuando querían conocerse. Le palmeé la testa a Neybi carraspeando por lo bajo y recibí su mirada juguetona. .D .Bdia Neybi, suelta, .Edia murmuré. .P La condenada tan sólo soltó cuando el anobo de Draken emitió un gruñido exasperado. .P Finalmente, atravesamos el bosque y avisté el templo dominando la colina cubierta de taikas azules. El lago estaba a nuestra izquierda, al pie de la cascada; rodeando la colina, el río fluía hacia el norte antes de desaparecer por una gran grieta en el suelo que llevaba los dioses sabían adónde. .P Cruzamos el pequeño puente de madera y dejamos los anobos en los establos, al pie de la colina, y, con apetito, Neybi se acercó a un montículo de forraje. Reconociendo el tatuaje de los Arunaeh en nuestras máscaras, uno de los mozos de cuadra algo crecido nos miró con una mezcla de hostilidad y desafío. ¿Tan mala reputación teníamos que hasta los mozos de cuadra nos acusaban tan descaradamente? ¿Qué le podía importar a él el Orbe del Viento? Reik me agarró de la manga y cuchicheó: .D .Bdia Hey… ¿estás seguro de lo que haces? .Edia .P Mm… Lo miré, pensativo. ¿Se preocupaba de que los del templo nos tendiesen alguna trampa? Sonreí detrás de mi máscara. .D .Bdia Tranquilo. El Gran Monje es como de la familia. Sólo hablaré con él un rato. .Edia .P Kala replicó: .D .Bdia Hablaré yo. .Edia .P .Bdm Ni lo sueñes, .Edm repliqué. .P Hubo un silencio. .P .Bdm Entonces, cuando nos encontremos con Rao, me dejarás hablar todo lo que quiera con ella durante tres días sin intervenir, .Edm lanzó de pronto Kala. .Bdm ¿De acuerdo? .Edm .P Su chantaje me arrancó una mueca exasperada. .P .Bdm De acuerdo, Kala. Pero entonces me dejas tres días enteros también. .Edm .P Aquello no le gustó. .P .Bdm Dos días y medio, .Edm regateó. .P .Bdm ¡Nuestro cuerpo no es una mercancía! .Edm le espeté. Y resoplé, concediendo: .Bdm Dos días para cada uno. .Edm .P Antes Kala quiso palmearle la cabeza a Neybi y decirle que se portara bien en su ausencia. Al fin, salimos de los establos. Oí a Draken hablar con un monje más joven y decirle algo sobre los doagals del túnel. .D .Bdia Me encargo, .Edia aseguró el monje de cara familiar. Traté de recordar su nombre. ¿Lufin? No, Lufin era un humano bajito, y ese era alto. ¿Garvel, entonces? .D .Bdia Acompáñalo, Bluz, .Edia dijo Draken. .Bdia Necesitaréis ser al menos tres para acabar con ellos. Los he contado: eran más de cincuenta. .Edia .D .Bdia ¿Más de cincuenta? .Edia jadeó Garvel. .D .Bdia Pero, maestro, .Edia protestó Bluz, molesto, .Bdia para subir hasta el templo… .Edia .P Miraba elocuentemente la silla de ruedas en la que estaba sentado Draken. Enarqué una ceja. ¿Maestro? ¿A él también le había enseñado caéldrico? O bien… Recordé que, al marcharme del templo, Bluz se había quejado de que su maestro bebía continuamente. Esa descripción sin duda podía coincidir con Draken. Era un buen drow, pero desde el accidente le daba al frasco con demasiada regularidad. Enseñó una sonrisa torva. .D .Bdia Tranquilo, Bluz. Drey me ayudará a subir. .Edia .P Garvel abrió entonces los ojos como platos fijándose en los dos «Arunaeh». .D .Bdia ¿Drey? .Edia repitió. .Bdia ¿El hermano de Lúst? .Edia .P Alcé una mano. .D .Bdia El mismo, .Edia confirmé. .Bdia Y sí, sin problemas, Draken, te subo enseguida. ¿No has aprendido todavía a levitar con tu silla? .Edia .P Bluz y Garvel me echaron una mirada irritada. Draken tosió sofocando una risa. .D .Bdia Sé hacerlo, pero durante poco tiempo y me cansa. La levitación no es lo mío. Subamos, .Edia dijo. .P Agarré la silla y, dejando a los otros dos monjes, nos alejamos hacia el Camino Azul que ascendía hacia el templo. Los taikas seguían coloreando la tierra de azul, ahuyentando todo insecto que se acercara. Las ruedas crujían contra los guijarros. El drow miraba hacia el frente. .D .Bdia ¿Dónde estuviste? .Edia preguntó. .D .Bdia ¿Yo? .Edia .D .Bdia Sí, estos tres años. Oí decir que no volviste a tu isla. .Edia .P Sonreí. De modo que se había preocupado un poco por mí. .D .Bdia Viajando por el mundo, como me aconsejaste un día, maestro. .Edia .P Vi al drow girar levemente la cabeza, sorprendido. .D .Bdia ¿Te lo aconsejé? .Edia .D .Bdia ¿No lo recuerdas? Un día me hablaste de los viajes iniciáticos que escribió no sé qué autor caéldrico. ¿Ramelan Dokir, puede ser? .Edia .D .Bdia Querrás decir Keyda Kabanoska, supongo, .Edia dijo Draken, divertido. .Bdia ¿Y te iniciaste? .Edia .P Me tomé la pregunta en serio y medité sobre la respuesta. ¿Había acaso entendido algo sobre la vida en esos dos años y medio de vagabundeos? .D .Bdia Creo que no, .Edia confesé. .Bdia Al menos no hasta hace poco. ¿Sabes? Salí a la Superficie y me metí en una cofradía de cazarrecompensas. .Edia .P Draken carraspeó. .D .Bdia Eso oí. ¿Eso es iniciarse? .Edia .P No contesté de inmediato. Avisté unos monjes sentados en los bancos de piedra, junto a las puertas del templo. La última vez que había pasado por esas puertas, todos me habían mirado con la habitual distancia y una innegable animosidad. Mis labios se torcieron en una leve sonrisa. .D .Bdia Bueno, .Edia dije al fin, .Bdia ellos se convirtieron en mis primeros amigos. .Edia .P Al contrario que los Monjes del Viento, completé para mis adentros. Draken giró la cabeza para mirarme con incredulidad, intentando tal vez adivinar mi expresión detrás de mi máscara. ¿Tan raro le resultaba que hubiese trabado amistad? Resoplé. .D .Bdia Deja de girarte o acabarás con tortícolis, maestro. Ya llegamos. .Edia .P Pasé por delante de los monjes sin mirarlos y entré sin tener que detenerme pues los batientes estaban abiertos. Tres monjes salieron corriendo detrás de nosotros. .D .Bdia ¡Draken! Mahí, .Edia dijo uno, inquieto. .Bdia ¿Va todo bien? Ellos… .Edia .D .Bdia Todo bien, Lufin, .Edia replicó mi antiguo profesor de caéldrico. .Bdia Le llevo al Gran Monje una oveja extraviada, eso es todo. .Edia .P Seguí empujando la silla de ruedas por el corredor con un resoplido lleno de sorna. .D .Bdia ¿Oveja extraviada? .Edia repetí. .Bdia Más bien oveja expulsada. .Edia .D .Bdia ¿Te resentiste de que lo hiciera? .Edia preguntó Draken. .P ¿Me había ofendido porque el Gran Monje me había expulsado? Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Qué va, me hizo un favor. De haberme quedado, tendría que haberme sometido a la ley del templo. Expulsándome, me libró de ella. ¿O no? .Edia .P Draken me miró con un tic nervioso poco común en él. .D .Bdia Arunaeh, .Edia masculló. .Bdia Tenías quince años entonces ¿y ya pensabas de esa manera? Di… ¿No te sentiste apenado por tener que marcharte de tu hogar? .Edia .P Lo miré con sorpresa. ¿Acaso él había creído todo ese tiempo que me había marchado con las orejas gachas, renegado por el Gran Monje? Confesé: .D .Bdia La verdad es que no lo pensé. .Edia .P Mi antiguo profesor suspiró en silencio pero no comentó nada. Finalmente alcanzamos la puerta del Gran Monje y vi a ambos lados de esta a dos hombres imponentes que parecían más guardias que destructores. ¿Desde cuándo se guardaba la puerta de la Gran Sala?, me sorprendí. Draken alzó una mano. .D .Bdia Entraré yo primero. No vaya a ser que lo mates de un ataque al corazón por la sorpresa. .Edia .D .Bdia ¿Tan aviejado está? .Edia me inquieté. .P Draken me lanzó una mirada penetrante, pasó sus ojos sobre Reik y, sin una palabra, llamó a la puerta del Gran Monje del Viento. .Ch "Vuelta al nido" .\" 07/08/2019 La sala no había cambiado. Cuando Draken me llamó y entré, me encontré con las familiares columnas ricamente adornadas; al fondo, estaba el asiento del Gran Monje y, detrás de este, una gran estatua de Tokura alzaba la Cruz de Destrucción hasta casi tocar el techo de la inmensa sala. .D .Bdia Ese compañero, .Edia lanzó Draken girando las ruedas de su silla para salir, .Bdia si entiendo bien, ¿es mejor que no se quite la máscara, no? .Edia .P Carraspeé y asentí. El drow escudriñó a Reik. .D .Bdia Bien. El Gran Monje está en su capilla: puedes ir a verlo, Drey. Tú, .Edia le dijo a Reik, .Bdia ven conmigo, no voy a comerte. .Edia .P Adiviné la irritación del comandante Zorkia al ser tratado como un muchacho pero no dijo palabra y siguió afuera al destructor. Hice una mueca compasiva. Suponía que Reik debía de estar pasando un mal rato, preguntándose si no había confiado demasiado en mí… Pero no le quedaba otra que hacerlo. .P Cerré la puerta y crucé la sala en silencio. En cierto modo, la arquitectura recordaba a la Casa Arunaeh, pero el techo era bastante más alto y, al contrario que en la isla, la roca aquí estaba labrada como si cada trozo fuera una obra de arte. Era un verdadero libro de imágenes que resumía la vida de Tokura, de Kofayura y de los Grandes Monjes más famosos del Templo del Viento. .P Pasé por entre dos columnas hacia el corredor trasero: la puerta de la capilla estaba abierta. Circular, la habitación tenía una de las pocas paredes del templo en ser totalmente lisa; el suelo estaba cubierto de una arena cenicienta. Ante la figura arrodillada del Gran Monje, se alzaba el Juramento del Viento, grabado en un pedestal. Y, sobre ese pedestal, vibraba una pequeña esfera ora azulada, ora negra como un doagal… Agrandé los ojos ahogando un jadeo de asombro. .P El Orbe del Viento. Eso era sin lugar a dudas el Orbe del Viento. ¿O era una réplica? ¿Una imitación? No, entendí, bajando la mirada hacia el Gran Monje. Este no se había girado, pero sin duda me había sentido llegar. Di unos pasos silenciosos sobre la arena y me arrodillé junto a él. Su figura de kadaelfo no había cambiado mucho desde la última vez que lo había visto: enjuta, calva y nervuda. Pese a que tenía los ojos cerrados y el rostro sereno y absorto, sentí su órica arremolinarse a mi alrededor para darme la bienvenida. Sonreí frente a su abrazo órico y le correspondí diciendo: .D .Bdia Hola, abuelo, cuánto tiempo. .Edia .P Vi sus labios encurvarse y, en el silencio, pasé la vista por las letras que formaban el Juramento del Viento. Decía así: .Blecture No olvido que el aprendizaje nunca termina. Destruyo para construir. Respeto el mundo que me vio nacer. Confío por siempre mi voluntad y mi lealtad a la Orden del Viento y a mis hermanos, para gloria de Tokura, nuestra patrona. .Electure .P Esas eran las palabras que debería haber recitado una vez pasadas todas las pruebas de aprendiz. Pero nunca las había llegado a pronunciar en ninguna ceremonia. Mis ojos se alzaron entonces hacia el orbe y volví a romper el silencio, intrigado. .D .Bdia ¿Lo devolvió mi padre? .Edia .P Los ojos dorados del Gran Monje se abrieron. .D .Bdia Tu abuelo. Hace una semana, mi hermanastro vino con el orbe y se fue anteayer. Arreglamos las cosas. .Edia .P Arqueé las cejas. Por su tono, adiviné que no estaba tan seguro de ello. .D .Bdia Me alegro, .Edia dije sin embargo. De modo que los Arunaeh habían decidido no usar el Orbe para reparar el Sello. ¿Sería porque, con la ayuda de Yánika, Madre había conseguido algún resultado tan pronto? .P Alcé una mano cubierta de arena y vi esta correr entre mis dedos hasta que no quedaran más que unos granos en el hueco de mi palma enguantada. .D .Bdia Por cierto, .Edia retomé, .Bdia ¿dónde está Durki? Recuerdo que normalmente siempre se quedaba en la entrada de la capilla cuando ibas a rezar. .Edia .P El Gran Monje hizo una leve mueca. .D .Bdia Murió. Era una perra muy vieja. .Edia .P La noticia me impactó. Dánnelah. Esa perra grande y dócil me había acompañado más de una vez de pequeño. Era el único ser quitando a Madre al que me había atrevido a abrazar en mi tierna niñez. .D .Bdia Tuvo una buena vida, .Edia añadió el Gran Monje. Y posó las manos juntas sobre su regazo girando la cabeza hacia mí. .Bdia Di, hijo. ¿No sabes que es de mala educación guardar la máscara en la capilla? .Edia .P Hice una mueca. .D .Bdia Oh, lo siento. .Edia .P Hubo un silencio. Y entonces me dije que probablemente el Gran Monje no se contentaría con una disculpa así. Era demasiado curioso para eso. Así que, alzando ambas manos, agarré mi máscara. Vacilé. Y la retiré. .P La reacción no se hizo esperar. El Gran Monje se irguió, alarmado. .D .Bdia ¡Por Tokura! ¿Quién…? .Edia .D .Bdia Soy yo, .Edia lo interrumpí. .Bdia Drey Arunaeh. ¿No me reconoces? Han pasado tres años, es cierto, pero tampoco he cambiado tanto, ¿no? .Edia .P Traté de tomar un tono ligero. El Gran Monje tragó saliva. .D .Bdia ¿En serio eres…? Un momento. ¿Cómo es posible? ¿Es algún tipo de mutación? .Edia .D .Bdia ¿La piel gris? Tiene toda la pinta. .Edia .D .Bdia ¿Y los ojos? .Edia .D .Bdia Mutación también, .Edia afirmé. .Bdia Ni siquiera sé muy bien por qué. Ni Liyen lo entendió. Pero es así. Desperté una mañana, me miré en un espejo y, zas… Bueno, lo cierto es que todavía no me he mirado en ningún espejo. Pero es lo que me han dicho: tengo cara de demonio, ¿eh? .Edia .P El Gran Monje meneó la cabeza con aire preocupado. Tras una vacilación, se levantó, se inclinó con reverencia hacia el orbe y dijo: .D .Bdia Salgamos. .Edia .P Me puse de nuevo la máscara y lo seguí sin una palabra. Mientras él cerraba la capilla con dos grandes llaves, lo miré con cierta sorpresa. .D .Bdia ¿Y la sala en que estaba antes el Orbe? .Edia pregunté. .Bdia ¿No es más segura? .Edia .P El anciano emitió un gruñido guardando las llaves. .D .Bdia Tan segura que tu hermano fue capaz de robar el Orbe sin ayuda. Encontraré un lugar más apropiado, .Edia aseguró. .P Con andar siempre tranquilo, fue a sentarse en el trono y me hizo un leve gesto para invitarme a instalarme en el cojín. Me incliné, me senté cruzando las piernas y contemplé al Gran Monje con curiosidad. Pese a no tener Datsu, siempre me había parecido un saijit muy comedido en sus reacciones. Sin embargo, tenía una tendencia a ser autoritario y querer saberlo todo… .D .Bdia Así que finalmente se resolvió todo sin derramar sangre, .Edia dije. .Bdia Por un momento, pensé que los Monjes del Viento no sabrían olvidar su rencor. Me alegro. .Edia .P El Gran Monje frunció el ceño. .D .Bdia Se trata más de orgullo que de rencor, Drey. No hables de ese tema a la ligera. Los Arunaeh nos devolvieron el Orbe, pero la carta diplomática de Liyen Arunaeh no limpia el honor mancillado. Dime, el líder de tu clan… según tú, ¿qué tipo de hombre es? .Edia .P Enarqué una ceja y medité. .D .Bdia Un Arunaeh, .Edia dije al fin. .P Era lo que mejor lo definía, a mi parecer. Liyen siempre había seguido las pautas de Sheyra, del Datsu y el clan. Sonreí. .D .Bdia Que sepas que, si un Arunaeh causa un desequilibrio, hará todo lo posible por restaurar otro equilibrio. En tal caso, confío en que los Arunaeh serán capaces de limpiar tu honor mancillado, abuelo. .Edia .P El Gran Monje descubrió levemente sus dientes apretados. .D .Bdia ¿No te incluyes? .Edia .P Enarqué una ceja. .D .Bdia ¿Puedo acaso hacer algo yo para restaurar el equilibrio sin traicionar a mi familia? .Edia .D .Bdia Puedes. .Edia .P Su respuesta vivaz me dejó perplejo. ¿Podía? ¿En serio? ¿Qué era lo que esperaba de mí? El Gran Monje me atravesó con la mirada y chasqueó la lengua. .D .Bdia Quítate esa máscara. ¿Es que ahora tienes un complejo estético? Bien mirado, casi pareces un drow, nada tan extraño. .Edia .P Hice una mueca. Sabía que no estábamos solos. Su leal consejero y guardaespaldas, Dalfa, pocas veces se alejaba del Gran Monje y en ese momento notaba su presencia con mi órica… pero tampoco quería exasperar demasiado al Gran Monje: la vida de Reik dependía de ello. .P Retiré la máscara y clavé mis ojos en los del Gran Monje. .D .Bdia Tengo más complejos de los que crees. ¿Qué quieres decir con que puedo? ¿Qué es lo que puedo hacer? .Edia .D .Bdia Restaurar el equilibrio, .Edia replicó el anciano, observándome. .Bdia Al menos en lo que te concierne. Puedes volver a formar parte de este templo. .Edia .P Agrandé los ojos. .D .Bdia ¿Qué? .Edia jadeé. .D .Bdia Ordenarte como Monje del Viento, .Edia prosiguió. Juntó ambas manos con calma ladeando levemente la cabeza sin desviar los ojos de mí. .Bdia Draken me ha dicho que estás encubriendo a un fugitivo y que para esconderlo hasta le prestaste una máscara de destructor con el tatuaje de los Arunaeh. ¿De quién se trata? .Edia .P Dánnelah… ¿Por qué me pedía que volviese a formar parte del templo? ¿Es que acaso seguía soñando con hacerme Gran Monje? Pero yo no sentía ninguna necesidad de serlo… Suspiré. .D .Bdia ¿Y si te dijera que es un hombre que me ha salvado dos veces la vida? Yo se la he salvado una y ahora hemos establecido un pacto. Ciertamente, es un fugitivo al que anda buscando el Gremio. Saber su nombre sólo podría comprometer al templo. .Edia .D .Bdia A no ser que avisemos de ello a los Zombras que se han instalado en la aldea, .Edia repuso el anciano con tranquilidad. .P Me quedé suspenso. ¿Zombras de Dágovil, en la aldea vecina? .D .Bdia ¿Qué hacen aquí? .Edia me sorprendí. .D .Bdia Protegen el lugar. .Edia El Gran Monje se recostó en su silla suspirando: .Bdia ¿No te has enterado? Últimamente, se han multiplicado los ataques a las aldeas del oeste. Desapareció toda la población de un pueblo a unos kilómetros de aquí. Y hace una semana, masacraron a una familia entera de granjeros. Los Zombras están investigando pero todo parece indicar que los Ojos Blancos tan temidos de la anterior guerra han vuelto. .Edia .P Yo lo miraba con los ojos agrandados. Attah… Sin duda estaba hablando de los dokohis. Lústogan me había dicho ya en Firasa que habían raptado a los habitantes de todo un pueblo pero… si empezaban a masacrar, ¿eso significaba acaso que habían agotado su reserva de collares? ¿Qué es lo que pretendían? .D .Bdia Esos Ojos Blancos, .Edia dije, .Bdia ¿sabes quién y desde dónde los dirige? .Edia .P El Gran Monje arqueó las cejas. .D .Bdia ¿Acaso te interesa? .Edia .D .Bdia Una amiga mía fue raptada por ellos, .Edia expliqué. .Bdia Una Ragasaki. .Edia .D .Bdia Ragasaki, .Edia repitió el anciano, pensativo. .Bdia Es verdad. Te metiste en una cofradía de cazarrecompensas de la Superficie. ¿Sabes? En la vida lo hubiera imaginado. Sea como sea, creo que es hora ya de que la dejes, hijo. No te conviene en absoluto. Después de todos los años que dedicaste a aprender el arte destructivo, y vas y echas tu futuro por la borda. Es como si un ingeniero decidiera de pronto hacerse vagabundo. ¿Acaso no te da vergüenza? .Edia .D .Bdia Ninguna, .Edia aseguré con calma. .P El Gran Monje resopló. .D .Bdia Veo que el Datsu te protege del sentido del ridículo. En fin. Lo hecho hecho está. Más me preocupa que te pasees con fugitivos. Ese hombre te habrá salvado la vida, pero dudo de que te convenga seguir junto a él. Con lo fácil que sería entregarlo a los Zombras… .Edia .P ¿Estaba haciéndome chantaje? Lo detallé con la mirada. .D .Bdia Di, abuelo. .Edia .D .Bdia Dime, Drey. .Edia .P Inspiré en el silencio de la Gran Sala y espiré. .D .Bdia Si te dijera que esos cazarrecompensas se han convertido para mí casi como en una familia, ¿seguirías empujándome a dejarlos? .Edia .P El Gran Monje se ensombreció. .D .Bdia ¿Una familia? .Edia murmuró. .Bdia ¿Y qué es lo que te hemos dado aquí, Drey? Te dimos cobijo, conocimiento, un dios, y un futuro. No voy a despreciar lo que tú has llegado por lo visto a respetar, pero la vida es como un libro, hijo: hay que saber girar las páginas. Y, ya lo sabes, pero, ya tienes una familia. Para un seguidor de Sheyra, ¿no es acaso un exceso tener dos? .Edia .P Alcé los ojos al techo con una sonrisa torva. .D .Bdia Todo eso para decir que quieres que me una de nuevo al templo para convertirme en un famoso destructor que reviva la reputación de la Orden y, quién sabe, tal vez también para ser nombrado Gran Monje un día, ¿eh? Lo siento, abuelo. No sé si te dije un día que no tengo grandes ambiciones. .Edia .P El Gran Monje, para mi sorpresa, sonrió levemente. .D .Bdia El viento tampoco las tiene, .Edia dijo. .Bdia Sólo has de dejarte llevar por las fuerzas, como él, y llegarás a la cima de una montaña. .Edia .P Para volver a bajar por el otro lado, enfriado, pensé. Y puse los ojos en blanco ante la analogía. .D .Bdia El aire sube porque se calienta y baja porque se enfría, .Edia medité. .Bdia Pero yo no me caliento ni me enfrío nunca demasiado. El Datsu me protege de esos recorridos, ¿recuerdas? .Edia .P El Gran Monje se levantó de su trono y descendió los peldaños. Lo miré acercarse con curiosidad. Se detuvo ante mí, bajando unos ojos vivaces. .D .Bdia Me repugna tener que recurrir al chantaje. Por eso… .Edia .P Se quitó un collar escondido bajo su sotana, no la gran cadena con la cruz que lo designaba como Gran Monje, sino una pequeña cadena dorada con una placa de hierro negro y una piedra blanca con manchas negras engarzada en esta. Agrandé los ojos. .D .Bdia Una piedra de juramento, .Edia confirmó. .Bdia La piedra que recibe un aprendiz cuando se ordena monje. Si la aceptas, te convertirás en un hermano para todos los Monjes del Viento, recibirás trabajos de calidad, descuentos por el material de trabajo y, en fin, ayuda por parte de una Orden respetada en todos los Pueblos del Agua e incluso más allá. .Edia Apartó ligeramente la piedra mientras agregaba: .Bdia Si la rechazas, en cambio… mancillarás de nuevo mi honor, saldrás de este templo siendo mi enemigo y, en cuanto hayas huido, avisaré a los Zombras de que un Arunaeh está viajando con un fugitivo. No lo haré con gusto: es mi deber proteger el templo y sólo podré darte un día de ventaja. La pena es que los intentos de Liyen por mejorar nuestras relaciones se irían al agua otra vez. .Edia .P Marcó una pausa ante mi mirada confusa. Mis ojos contemplaban la piedra de juramento, aturdidos. .D .Bdia ¿Por qué? .Edia murmuré tras un silencio. .Bdia ¿Por qué quieres que vuelva con tanto empeño, abuelo? .Edia .P El Gran Monje suspiró. .D .Bdia Pienso que eres un gran destructor, pero no lo hago sólo por eso. Yo también tengo un sentido del equilibrio, ¿sabes? Cuando tu hermano robó el Orbe, perdí a cuatro miembros de mi familia. Aún ignoro por qué Lústogan hizo eso, pero Nalem me dio a entender que su acción había sido todo menos egoísta para con su clan. Sospecho que algo tiene que ver con los extraños rumores que corren sobre una presencia horrible en la isla. Algo con el Sello. .Edia No me inmuté y él prosiguió: .Bdia Sé que es inútil sonsacaros información sobre el tema… así que no insistiré. Sea como sea, la actuación de tu hermano no deja de ser imperdonable desde el punto de vista de nuestra Orden. Para restablecer el equilibrio, tu abuelo y tu padre aceptaron trabajar de nuevo para la Orden. En cuanto a tu hermano… Se decidió que, tras un mes de ‘meditación’ en vuestra isla, regresaría a la Orden con la obligación de aceptar cualquier trabajo que se le proponga y de tributar el setenta porciento de sus ganancias al templo hasta pagar los dos millones de kétalos que se le imponen por daños y perjuicios. .Edia .P Emití un gruñido incrédulo. ¿Dos millones? La cantidad era titánica. Y el porcentaje tiránico. .D .Bdia Sé cómo sois los Arunaeh, .Edia retomó el Gran Monje. .Bdia Cada uno sigue su senda, cada uno repara sus errores. Sé que Lústogan hará lo posible por reparar los suyos. Hace un par de semanas, dio su palabra de Arunaeh por escrito. .Edia .P Agrandé los ojos. Su palabra… De modo que, cuando me había sacado de la isla a hurtadillas, Lústogan ya sabía que estaba más endeudado que el rey de Lédek. .D .Bdia Va a tardar un rato en pagar esos dos millones, .Edia hice notar. .D .Bdia No lo creo. Lústogan es empecinado, .Edia dijo el Gran Monje, balanceando la cadena de juramento entre sus manos. .Bdia En diez años lo paga. .Edia .P Resoplé. Lo decía como si diez años no fueran nada, ese viejo… Mi mirada volvió a posarse sobre la piedra de juramento. Hice una mueca. No podía negar que trabajar para la Orden tenía sus ventajas. Me ahorraría los engaños y la pena de buscar trabajo y yo no tendría que pagar al templo más que el quince porciento tradicional… .D .Bdia Estoy seguro de que mi hermano pagará esos dos millones en menos de diez años, .Edia dije entonces. Retomé: .Bdia Estoy dispuesto a trabajar de nuevo para la Orden, pero no puedo quedarme en el templo. No voy a dejar a los Ragasakis y tengo asuntos varios que solucionar. Si bien recuerdo, .Edia añadí, .Bdia el juramento que hicieron mi abuelo, Padre y Lúst estaba sujeto a las condiciones impuestas por el clan Arunaeh. En tal caso, juran lealtad a la Orden por detrás de su clan. Si me permites jurar lealtad a la Orden por detrás de mi clan y de los Ragasakis, juraré. .\" por detrás de - anteponer .Edia .P Estaba bastante satisfecho con mi propuesta y hasta sentí la diversión de Kala en algún lugar de mi cabeza. Sin embargo, el Gran Monje tardó un buen rato en reaccionar. Supuse que se sentiría satisfecho de conseguir lo que quería, pero en sus ojos creí percibir un leve brillo de frustración. Tras unos instantes de silencio, entendí que verme hacer pasar antes a unos cazarrecompensas que a la Orden del Viento le resultaba irritante. Así que usé de esos modales tan bien grabados en mí y me moví para inclinarme asegurando: .D .Bdia Será un honor ser ordenado por ti, Gran Monje. .Edia .P Si tanto quería que me ordenara… No es que yo no quisiese, tampoco. Mientras me dejase la libertad de hacer lo que me diese la gana… .P Percibí su suspiro. .D .Bdia Espero, .Edia carraspeó, .Bdia que no lo haces por el chantaje, sino porque realmente quieres unirte a nosotros. .Edia .P Alcé la cabeza, interrogante y levemente burlón. .D .Bdia ¿Acaso el chantaje eran patrañas? Recuerda, Gran Monje: tú me expulsaste y ahora deseas que regrese. Mientras no haya incompatibilidades entre mis distintas lealtades, no me molesta servirte también. Como no me molesta servir a Sheyra, a Tokura, a Antaka y a Kofayura al mismo tiempo. ¿Te parece acaso inmoral? .Edia .P Hubo un silencio. La piedra de juramento seguía balanceándose en su cadena. El Gran Monje reflexionaba. .D .Bdia Si Sheyra es tu primera divinidad y Tokura tu segunda, ¿dónde se posicionan los Ragasakis en todo eso? .Edia .P Su pregunta me arrancó una mueca pensativa. De hecho, ¿dónde? Pensé en Livon, Orih, Zélif, Sirih, Sanaytay, Tchag, Yeren, Loy, Staykel, Praxan, la pequeña Shaïki… Y sonreí al imaginar que me golpeaba el pecho diciendo: aquí. Pero hubiera sido simplificarlo mucho. .D .Bdia No lo sé, .Edia confesé. .Bdia Ellos me han dado algo que ni Sheyra ni Tokura pudieron darme. Yánika quiso quedarse con ellos y yo la seguí, como el viento movido por una fuerza, .Edia sonreí. Fijé mis ojos en los suyos. .Bdia Y, cuanto más los conozco, más me doy cuenta de que hasta entonces tan sólo había pasado junto a los saijits sin intentar entenderlos. A veces, sigo pensando que la amistad es malditamente cansina, atrae problemas, te quita tiempo, te molesta… pero en realidad todo eso tampoco es malo. He aprendido a apreciar a la gente. Y me he dado cuenta de todas las ocasiones en las que hubiera podido ser más sociable, y no lo fui. No es que me sienta culpable ni me arrepienta de ello. Pero tampoco me arrepiento de haber conocido a los Ragasakis. Ni aun hoy me doy plenamente cuenta de lo mucho que me han enseñado… .Edia .D .Bdia Hijo, .Edia me cortó el Gran Monje con voz suavizada. .P Para asombro mío se inclinó para pasarme la cadena de juramento por la cabeza. Sentí su aliento viejo y sereno. Su ropa olía a simella y a hierbabuena. Él asintió para sí, como convencido de que su gesto había sido el correcto. .D .Bdia ¿Sabes? .Edia dijo. .Bdia Por eso mismo pensé que tú eras un buen candidato. Porque te interesa la gente. No sólo la mente, como a los brejistas de tu famila, no sólo la roca, como a tu hermano, tu padre o tu abuelo. Tú te interesas por entender el comportamiento de tus nuevos compañeros porque deseas ser aceptado por ellos. Y ese es un requisito para ser Gran Monje. .Edia .P Ser aceptado, me repetí. ¿En serio? Y bueno, ¿quién no quería ser aceptado? Sentí la piedra de juramento pesar con ligereza contra mi cuello. El Gran Monje sonrió. .D .Bdia Pero también por eso mismo creo que no te conviene ser Gran Monje, finalmente. .Edia .P No pude evitar devolverle una media sonrisa aliviada al ver que lo había entendido y me incliné recitando: .D .Bdia No olvido que el aprendizaje nunca termina. Destruyo para construir. Respeto el mundo que me vio nacer. Confío por siempre mi voluntad y mi lealtad a la Orden del Viento y a mis hermanos, para gloria de Tokura, mi segunda patrona. .Edia .P El Gran Monje se había erguido y asintió con satisfacción. .D .Bdia Pospondremos la ceremonia hasta que el malhumor contra los Arunaeh se diluya entre los monjes, pero mandaré que te inscriban en la lista de miembros. Ah, no sé qué es lo que pretendes hacer con ese fugitivo… pero te daré un consejo, muchacho: no le tientes demasiado al Gremio de las Sombras. Y menos ahora que los Zombras están por toda la zona. Sea como sea, bienvenido a la Orden, Drey Arunaeh. Me alegro de que hayas vuelto. .Edia .P Me enderecé y me levanté con ligereza. .D .Bdia Y yo me alegro de haber hablado contigo, abuelo. .Edia .D .Bdia Pero no puedes quedarte aquí más tiempo, .Edia adivinó el Gran Monje. Alzó una mano. .Bdia Dalfa. .Edia .P Su consejero, que hasta ahora había permanecido detrás de las columnas, apareció prestamente e inclinó la cabeza. .D .Bdia ¿Sí, Merol? .Edia .P Muy pocos eran los monjes que llamaban al Gran Monje por su nombre. Sin embargo, Dalfa había sido compañero suyo desde hacía tantos años que eran casi como uña y carne. Lo detallé con la mirada. Era un ternian que abultaba todavía menos que el Gran Monje, más bajito, con unas ojeras impresionantes que, según su viejo amigo, no se quitaban ni durmiendo. Pese a todo, yo sabía que era el más diestro en barreras óricas de todo el templo y que una vez había echado a un asesino de la Gran Sala en volandas, empotrándolo contra una pared del corredor hasta dejarlo medio muerto. .P Me crucé con sus ojos violetas cuando el Gran Monje me preguntó: .D .Bdia Drey. ¿Adónde os dirigíais cuando Draken se encontró con vosotros? .Edia .D .Bdia A Kozera, .Edia contesté. .Bdia Tengo que ir a por un compañero. Y ayudar a los Ragasakis a rescatar a la que fue raptada por los Ojos Blancos. .Edia .P Además de buscar a otros cinco Pixies y resucitar a Liireth, añadí para mis adentros. Pero no se lo dije, no fuese que el abuelo me expulsase por lunático justo después de haberme ordenado monje. O peor, que nos mandase a Reik y a mí directos a la prisión de Makabath. .D .Bdia Estupendo, .Edia dijo el Gran Monje. .Bdia Iba a mandarle otra carta a Liyen: si vas a Kozera, te ocuparás de entregársela. Por si acaso, te daré una orden para que puedas pasar los controles sin problemas. .Edia .P Estupendo, decía… Yo no sabía qué opinar. Sin duda, al saber que Yánika estaba en la isla, la idea de regresar para ver cómo estaba me tentaba, pero no me tentaba el volver a caer en manos de los brejistas de mi familia. Ya sabía que habían intentado ayudarme a entender el misterio de Kala, pero habían puesto demasiado empeño. Pese a todo, asentí: .D .Bdia La entregaré. .Edia .D .Bdia Bien. Dalfa, llévalo a los archivos e inscríbelo en la lista. .Edia .P El consejero asintió, vacilante. .D .Bdia ¿Lo aceptas sin siquiera hacerle pasar las pruebas? .Edia .P No le reprochaba el aceptarme, sino el aceptarme saltándose las reglas, entendí. El viejo kadaelfo se encogió de hombros. .D .Bdia Sacó sobresalientes en las pruebas previas con catorce años. ¿De veras crees que es necesario? .Edia Dalfa hizo una mueca y el Gran Monje sonrió. .Bdia Siempre tan puntilloso, amigo mío. Está bien, pasará las pruebas hasta el o-rianshu. Te pediré que te quedes hasta mañana, Drey. ¿No hay inconveniente? .Edia .P Estaba cansado después de dos días de casi no pegar ojo y la idea de partir ahora mismo no me encantaba, pero tampoco la de tener que pasar unas pruebas. .D .Bdia ¿Hay que pensar mucho en esas pruebas? .Edia pregunté. .P Dalfa me echó una mirada burlona. .D .Bdia Un mínimo, me temo. Veo que estás cansado. ¿Quieres dejarlo para mañana? .Edia .P Hice una mueca y negué con la cabeza. .D .Bdia No. Las pasaré ahora, .Edia afirmé con energía. .P Hasta logré sentir una pizca de expectación. Según Lústogan, así como las pruebas escritas para ser Monje del Viento eran ‘fáciles’, las pruebas prácticas eran interesantes. Para que mi hermano hubiese reconocido la valía de esas pruebas, realmente tenían que ser entretenidas. .P Sintiendo tal vez mi curiosidad, Dalfa esbozó una sonrisa y me señaló la puerta de salida. .D .Bdia Por aquí, muchacho. .Edia .P Me incliné hacia el Gran Monje y me apresuré a seguir al consejero. Casi olvidé volver a ponerme la máscara. .Ch "El espíritu de Tokura" .\" 09/08/2019 .Bcita El Alma es una camisa que pones toda la vida. .Ecita .autor-cita Sisela Dradzahín, El gorrión de la luna .salto Las pruebas escritas se hicieron al oral para acelerar las cosas: durante tres horas estuve respondiendo a preguntas variadas sobre física, matemáticas, geografía, geología, mineralogía, gemología y demás; entonces, Dalfa me hizo pasar por una prueba más práctica consistente en reconocer una serie de rocas que me enseñaba e iba guardando a medida en un gran cofre cerrado con llave: había ahí rocas banales mezcladas con gemas muy valiosas. Di un nombre a todas. Cuando me enseñó una aleación rara, la reconocí enseguida: .D .Bdia Corvrio. .Edia .P Cité su composición y sus usos en las fábricas. Dalfa la recogió, inmutable, y me enseñó otra. Y esta vez hice una mueca. Sorprendentemente, era del mismo material que el cofre que habían robado los Zorkias y que yo había abierto en el Aristas. No recordaba el nombre. .D .Bdia Esto… Sé destruirla, .Edia dije, .Bdia pero no recuerdo el nombre. Es durable, de textura granular, resistente a las rayaduras, al agua, al calor y a la presión, no resiste a los ácidos, su color siempre es de un verde grisáceo… .Edia .P Me perdí en explicaciones sin dar pese a mis esfuerzos con el nombre y callé cuando Dalfa recogió la piedra y me dio otra. .P Estábamos sentados a una mesa, en la biblioteca, en la misma sala donde Draken se había instalado para charlar con Reik, sólo que ahora los dos habían dejado de hablar para ir pasándose la botella de camún como dos viejos compañeros. Y esa era la segunda que descorchaban. Cuando había entrado ahí, había visto al Zorkia sin la máscara y, aunque llevaba aún la venda sobre la frente para ocultar el Ojo de Norobi, estaba casi seguro de que Draken y Dalfa ya sabían perfectamente quién era. Al fin y al cabo, la noticia de la captura de los Zorkias fugitivos había debido de propagarse por toda Dágovil, y la evasión de uno de ellos no debía de ser secreta tampoco. .P Eché un vistazo a la piedra. .D .Bdia Rocaleón. .Edia .P La respuesta me parecía suficiente pero, bajo la mirada de Dalfa, entendí que exigía más y puse los ojos en blancos. .D .Bdia La rocaleón. Una roca de lo más común en los Subterráneos, formada de dos ciclos, uno en que libera oxígeno, otro en que lo atrapa. Es de colores oscuros, su contenido mineral es de cuarzo, sulfuros… .Edia .P Reprimí un suspiro. ¿Qué destructor no conocía perfectamente la composición de la rocaleón? Pero seguí hasta que Dalfa se mostrase satisfecho y pasase a otra muestra. Esta vez fruncí el ceño y tendí la mano para tocarla. Me detuve a un centímetro al notar la presión que se operaba hacia dentro de esa roca y agrandé de pronto los ojos. .D .Bdia ¿Roca vampírica? ¿En serio? .Edia .P Dalfa sonrió por primera vez en toda la prueba, pero no dijo nada. Cerré un ojo, tratando de recordar. Diablos. La roca vampírica era tan poco corriente que muchos destructores seguramente nunca habían visto ninguna. Yo la había visto una vez, en la cárcel de Kozera… .P Lo recordaba bien. Tenía diez años y una curiosidad natural me había empujado a preguntarle a la tía Sasali qué era lo que significaba ser inquisidor. Ella, que operaba en Kozera, me había propuesto ir a verificarlo con mis propios ojos. La cárcel de Kozera, el Volcán, como la llamaban, estaba situada sobre una parte magmática, en una pequeña isla alejada de la ciudad. En las escasas horas que había pasado ahí, había visto de todo: cuerpos esmirriados y musculosos, miradas enfermizas y fieras, muecas de asco, sonrisas tímidas, rostros indiferentes, y ojos llenos de odio que se posaban sobre mi tatuaje de Arunaeh. Y, entre todo eso, recordaba bien al criminal acurrucado en su celda apartada, tratando en vano de escapar de la roca vampírica del suelo que le succionaba poco a poco la sangre, arrancándole gemidos de dolor. Era a ese que la tía Sasali había venido a interrogar y lo había visto salir de la celda teniéndose apenas en pie. Me había preguntado si ese castigo no era excesivo, hasta que me había enterado de que ese hombre había aniquilado a una familia para robarla y que si no lo habían ahorcado aún era porque tenía cómplices que no habían sido atrapados. En dos horas, la tía Sasali le había hecho soltar toda la verdad, con nombres y todo, y el asesino había vuelto a su celda vampírica con unas palabras de consuelo de mi tía: .Bparoles Tranquilo, pronto terminará tu dolor. .Eparoles .P No había vuelto a asistir a ningún interrogatorio de esos, por fortuna, pero había llegado a entender claramente la vida de los inquisidores de mi familia. Curiosamente, trataban a los criminales con extraño cariño tras torturarlos mentalmente y arrancarles respuestas. Los veían como a niños enfermos pese a los odiosos crímenes que sin duda habían cometido todos los que acababan en la celda vampírica del Volcán. .D .Bdia ¿Puedo saber en qué estás pensando? .Edia se impacientó Dalfa. .P Me sobresalté. .D .Bdia Perdón. .Edia .P Miré de nuevo la piedra. Ahora me acordaba: había leído un buen artículo sobre la roca vampírica en Donaportela, apenas un año atrás. Le solté de un trecho la composición y las propiedades y Dalfa la recogió, la metió en la caja y cerró esta con llave. .D .Bdia Bien. Noventa y nueve respuestas correctas sobre cien. La aleación de cuyo nombre no te acordabas era el yarlion. .Edia .P Diablos, es verdad, el yarlion, pensé. Quise convencerme de que me acordaba, pero en realidad tenía que reconocerlo: se me había olvidado completamente. Oí más que escuché unas palabras patosas de Draken, seguidas de la risa estentórea de Reik, y me giré hacia ellos, incrédulo. Los dos estaban borrachos perdidos. .D .Bdia ¡Hey! .Edia lanzó Draken, captando mi mirada y alzando la botella. .Bdia ¿Aprobaste ya? ¡Uníos a nosotros! ¡Hip! ¡venga, Dalfa!, .Edia lo animó y, tras unos segundos en que pareció perder el equilibrio pese a estar sentado en su silla de ruedas, clamó: .Bdia ¡Drey, muchacho! Tu compañero me gusta. ¿Sabes por qué? ¡Porque bebe tan bien como yo! ¡Y camún del bueno! .Edia .P Se carcajeó. Dalfa y yo intercambiamos una mirada elocuente y el consejero se levantó. .D .Bdia Draken. Tenía pensado recurrir a ti para que Drey pasara la prueba de la batalla rocal, pero me da a mí que mejor la hace solo. .Edia .D .Bdia ¿Eeeh? ¿La batalla campal? .Edia repitió Reik, hipando, mientras Dalfa rebuscaba en el armario metálico. .Bdia ¿Vosotros también hacéis batallas campales? .Edia .D .Bdia ¡Rocales, buen hombre! .Edia lo corrigió Draken inclinándose en su silla y posando una mano sobre el hombro de este. .Bdia Dime. ¿Cuántos años tienes? .Edia .D .Bdia ¿Eh? Cincuenta. No, cincuenta y dos. .Edia .D .Bdia ¡Caray! ¡Cincuenta y dos! ¡Pasaste la edad de los sabios! Yo tengo sesenta y dos. Eso significa que estuviste en la guerra, ¿no? Como eres Zorkia, debiste de verla de cerca… .Edia .P Reik se ensombreció y rechazó la botella que le tendía Draken. .D .Bdia Estuve, .Edia murmuró. .D .Bdia ¿Ah? .Edia dijo Draken, mirándolo con una sonrisa sorprendida. .Bdia ¿No te alegras de haber estado? .Edia .D .Bdia Qué voy a alegrarme, .Edia replicó Reik con una pizca de lucidez. .Bdia Perdí a unos cuantos compañeros. Que sepas, .Edia agregó, aceptando al fin la botella, .Bdia que los Ojos Blancos no tenían un ápice de piedad. No eran capaces de sentirla. Peores que este, .Edia dijo, señalándome con el dedo. .P Le devolví una mueca paciente. No es que me preocupara ya que hablase demasiado, pero me preocupaba su dignidad. Sin embargo, él prosiguió con voz lenta: .D .Bdia Estaba entre los novatos todavía. Recuerdo que Danz me dijo: chaval, te has metido en la compañía en el peor momento. Pero yo qué iba a saberlo. .Edia .D .Bdia ¡Bah, quién sabe cuándo vienen las guerras! .Edia apoyó Draken. .D .Bdia Sí… Pues eso. Me fugué del templo en mal momento, eso es todo. Tenía doce años y nada en la cabeza. Pero si algo hice bien fue marcharme de ese infierno. A veces me digo que debería haberme quedado con la tropa de artistas que me encontré en el camino, pero… claro, .Edia dijo frotándose la frente, .Bdia lo olvidaba, murieron todos. Qué perra la vida, ¿eh? Dicen que los dioses no perdonan los pecados, y nosotros los Zorkias cometimos tantos… hip… Ohawura me perdonará, creo. Si no me perdona Ella, ¿quién lo hará…? .Edia .P Calló cuando le puse una mano en el hombro. Me había levantado sin pensarlo y había recorrido la distancia que nos separaba con una creciente inquietud. .D .Bdia Reik, por favor, .Edia carraspeé. Con la otra mano, volví a colocarle la venda que había desajustado al frotarse la frente. .Bdia ¿Qué tal si dejas esa botella? Y Draken, tú… .Edia .D .Bdia La prueba aún no ha terminado, .Edia me cortó Dalfa, sentándose de nuevo con otra caja entre las manos. .Bdia Siéntate. Esos dos se serenarán con el tiempo. Tú concéntrate. .Edia .P Le eché una mirada perpleja. ¿Es que no le importaba tener a dos borrachos al lado delirando? Le quité la botella a Reik y la vacié en un tiesto donde crecía una planta. Draken se carcajeó. Reik ni se enteró: estaba ensimismado, recordando oscuros pasados, y sus ojos brillantes se habían llenado de lágrimas. Lo que faltaba, que el comandante Zorkia se echase a llorar. .D .Bdia Dioses de los demonios, .Edia mascullé. .P Tras devolverle la botella vacía a Draken, retomé mi asiento. Dalfa me dio un juego de rocas en un saquito en el que ponía el número cinco. Indicaba el nivel. Y ese era el más alto, y el requerido para los Monjes del Viento iniciados. Eché las piedras sobre la mesa y las conté. Eran veintidós. Acepté el plato hondo de madera que me acercaba el consejero y, bajo su mirada atenta, me dispuse a reducir en polvo todo eso, mientras Draken caía dormido, risueño, agarrando su botella y Reik se sostenía la cabeza con ambas manos, dejando correr una tristeza que había mantenido adentro desde hacía demasiado tiempo. .salto Cuando llegó el o-rianshu, Dalfa ya me había apuntado en la lista de destructores del templo y me había dado hasta la sólida túnica de monje que solían poner los miembros por encima de su uniforme cuando trabajaban. Le ayudé a tender a Draken en su habitación y él me ayudó a llevar al Zorkia borracho y deprimido a un cuarto vacío. Dejé ahí mi mochila y mi nueva túnica y seguí al consejero hasta el refectorio. Al parecer, el Gran Monje me invitaba a compartir la cena. Yo me había imaginado que no estaría solo, pero no esperaba ver a la treintena de monjes que había ahí. Cuando entré en la sala, fui acogido por miradas escudriñadoras. El Gran Monje, de pie, en cabeza de mesa, alzó una mano para imponer silencio. .D .Bdia Dalfa, ¿qué tal las pruebas? .Edia .D .Bdia Casi perfectas, .Edia contestó el consejero. .P El Gran Monje se mostró obviamente complacido y se giró hacia mí. .D .Bdia Drey, por favor. Estamos en familia: quítate esa máscara y ven a sentarte junto a mí. .Edia .P Me había preparado para que me invitara a sentarme junto a él, pero no para que me hiciera desvelar el rostro a todos los monjes. Tragué saliva y me incliné. .D .Bdia Gran Monje, no creo que… .Edia .D .Bdia ¿Acaso vas a comer ocultando el rostro a tus hermanos? .Edia me interrumpió el Gran Monje. .Bdia Dime, ¿es reversible esa mutación? .Edia .P Diablos… Los demás monjes ya debían de imaginarse que mi cara se había llenado de pústulas o qué sé yo. .D .Bdia No lo sé, Gran Monje, .Edia contesté. .D .Bdia Bueno. Que sepáis, todos, que Drey sufrió hace poco una mutación que le ha oscurecido la piel. La causa… .Edia Se giró hacia mí con una ceja enarcada. Apreté los dientes. Ni loco le iba a revelar todo sobre los Pixies en un lugar como aquel. .Bdia Desconocida, por lo visto, .Edia concluyó el Gran Monje. .P Todos me miraban. Suspiré. Mar-háï. Si hubiese sabido, no me habría puesto la máscara. Me la quité y me incliné secamente. .D .Bdia Perdón por las molestias. .Edia .P Me adelanté ignorando las miradas curiosas de los monjes y me detuve junto a la silla asignada. Había sido aceptado de nuevo en el templo, había pasado las pruebas y sólo me faltaba la ceremonia y, sin embargo… no me sentía a gusto. .P .Bpenso Pero Padre y el abuelo forman parte de la Orden, .Epenso me dije. Y entrar en ella era una manera de restablecer el equilibrio. .P El Gran Monje comunicó una plegaria a Tokura con voz sonora y se sentó. Siguió un ruido de sillas contra la piedra lisa del suelo. Sentado ya, contemplé la mesa. Pan de baparya, cereales solos y sopa de tugrines. Igual que siempre. Los Monjes del Viento nunca habían destacado por sus artes culinarias y pensé, divertido, que a Yánika se le habría ensombrecido la cara con sólo ver todo aquello. .P La cena comenzó banalmente. Un monje dijo que se moría de hambre después de haber entrenado; Bluz se llevó comentarios burlones cuando lo vieron ponerse un platazo de cereales y argumentó que él y Garvel habían trabajado muy duro para sacar esos doagals del túnel y quemarlos. .D .Bdia Y, fijaos, nos ayudaron los Zombras, .Edia apuntó Garvel. .Bdia Uno nos dijo que estaba tan aburrido que no le importaba echarnos una mano. .Edia .P A partir de ahí, se habló de los Zombras y de los Ojos Blancos. Aprendí que el Gremio había enviado a varios equipos de Zombras a investigar la zona del suroeste y a reforzar las fronteras. Por lo que entendí, el Gremio de las Sombras de Dágovil echaba en cara al rey de Lédek no saber imponer seguridad en sus túneles. Sólo que, en la práctica, la zona noreste de Lédek nunca había sido de nadie: estaba demasiado plagada de bicharracos para que nadie quisiera vivir ahí. Lo malo era que, por lo visto, algunas de esas criaturas huían de la zona… y lo hacían por una razón. .P Las conversaciones se dividieron por la mesa. Tras los cereales, me serví la sopa, la templé con un leve soplido de órica y tomé una cucharada. Sentí cómo Kala controlaba inconscientemente los músculos de mi boca para torcerla en una mueca. No le dije nada, pero él gruñó: .P .Bdm Esto es insípido. ¿En serio te la vas a comer así? .Edm .P .Bdm ¿Antes bebías aceite y ahora te has vuelto picajoso? .Edm .P .Bdm Pásame la sal, .Edm me replicó Kala. .P El bote estaba fuera de mi alcance y no quería romper mi silencio pidiéndolo: los monjes parecían haberse olvidado de mi presencia y me convenía perfectamente. .P .Bdm Pásatela tú, .Edm mascullé al fin. .P Kala frunció el ceño. .P .Bdm Drey. Te prometí que no usaría el cuerpo durante dos días, pero si empiezas a envenenarnos con cosas insaboras… .Edm .P .Bdm Será insaboro, pero no es veneno, .Edm lo tranquilicé. .P .Bdm Con un poco de sal, seguro que pasa mejor, .Edm insistió Kala. .P Hice una mueca discreta y miré de nuevo el bote de sal. Pero ya no estaba en su sitio. Bluz, sentado enfrente, a mi izquierda, lo había cogido y me lo tendía. .D .Bdia No es por nada, pero está mejor con un poco de sal, .Edia me dijo. .P ¿El joven monje había acaso captado mi mirada y entendido que no me atrevía a pedirlo? Bluz añadió: .D .Bdia Oí lo de esta tarde… Espero que mi maestro no te haya distraído demasiado. .Edia .P Lo decía como disculpándose de que su maestro fuera un borracho. Tomé el bote carraspeando: .D .Bdia Tranquilo, es difícil distraerme. Gracias. .Edia .P Eché un poco de sal e iba a posarlo cuando Kala lanzó: .P .Bdm Rácano. .Edm .P Eché un poco más y, cuando probé la sopa, reprimí un suspiro. Estaba demasiado salada. Pero Kala estaba satisfecho. No se podía tener todo a la vez. A mi lado, el Gran Monje hablaba de los últimos trabajos que habían llevado a cabo los destructores del templo y yo asentía mientras comía. Ya estábamos en el postre y yo había rellenado un cuenco de zorfos cuando Bluz se me puso a hablar de la Feria de Dágovil. .D .Bdia ¿De modo que nunca estuviste? Pues algún día deberías ir. Es increíble. La mejor feria de todos los Pueblos del Agua. Y las mejores carreras de anobos, ¿nunca estuviste en una? Mis padres se ocupan de eso, así que, ya te puedes imaginar, de niño iba a la Feria todos los años. Hasta que decidí hacerme destructor. .Edia .P Ahogué un bostezo y luché para que mis párpados no se cerraran. En ese momento, envidié a Reik, tranquilamente acostado desde hacía tiempo. .D .Bdia ¿Por qué decidiste hacerte destructor? .Edia pregunté, por decir algo. .P No me había imaginado que esa pregunta le pudiera hacer brillar los ojos a Bluz como dos estrellas. .D .Bdia ¿En verdad quieres saberlo? Bueno, me resulta incómodo decírtelo pero yo… bueno, yo… .Edia Parpadeé, curioso, al verlo ruborizarse. Bluz confesó: .Bdia Fue hace seis años. Estaba viajando con mi familia cuando se derrumbó una roca en un túnel y sepultó a gente. Tuvimos mucha suerte saliendo vivos de esa. Ese día, llegaron tres destructores que estaban en la zona y, entre ellos, había un niño poco mayor que yo. Localizó los cuerpos vivos sepultados y ayudó a los otros dos a destruir roca para salvarlos. Me sentí tan inútil y lo que hicieron me pareció tan increíble que decidí hacerme destructor para ayudar a la gente. .Edia .P Me miró con cara tímida, sonrojado. Sabía que ese niño al que había visto era yo. Y sabía que él sabía. Pero ninguno de los dos lo dijo en voz alta. El Gran Monje había dejado de conversar con Dalfa y nos escuchaba con interés. No pudo elegir peor momento Bluz para preguntar: .D .Bdia Bueno… ¿Y tú? ¿Por qué decidiste hacerte destructor? .Edia .P Oí más de una conversación apagarse a mi alrededor. Me comí el último zorfo y, tras poner cara de estar reflexionando, confesé parcamente: .D .Bdia No lo decidí. De hecho, nunca se me había ocurrido que pudiera decidirse. .Edia .P Mi respuesta llenó a Bluz de confusión. .D .Bdia No es nada extraño, .Edia intervino un tal Sargolio a mi izquierda. .Bdia Aunque sea duro confesarlo, aquí hay muchos que han acabado Monjes del Viento por decisión paterna y no por vocación. .Edia .D .Bdia Aun así, .Edia terció Lufin alzando un zorfo entre sus dedos, .Bdia ¿cómo explicas que Drey Arunaeh haya sacado resultados casi perfectos? Sin duda debe de tener vocación. .Edia .D .Bdia Su condenado hermano no le dejaba respirar, ¿recuerdas? .Edia lanzó un belarco llamado Alrodyn. .Bdia Y de un día para el otro lo dejó plantado. Yo os digo: los Arunaeh siempre han sido honorables. El único que desentonaba ahí era ese hombre. .Edia .P Por un momento, se me ocurrió dejarlo pasar pero… la irritación de Kala me decidió a levantarme bruscamente. Me sorprendí igual que los demás monjes, pero volver a sentarme sin decir una palabra habría quedado más raro aún, así que repliqué: .D .Bdia Mi hermano no actuó por egoísmo. Es tan Arunaeh como yo. Si llegó al extremo de cometer un robo, lo hizo para mantener una promesa que él consideraba más importante que su propia imagen. No deseaba herir a nadie. Por eso, sé que cumplirá ahora con su palabra y pagará esos dos millones a la Orden. .Edia .P En el silencio del refectorio, me incliné. .D .Bdia Gracias por la cena, Gran Monje. Será mejor que vaya a dormir. .Edia .P El Gran Monje tenía, en los ojos, un brillo cansado. Asintió pero dijo: .D .Bdia Una pregunta, Drey Arunaeh. .Edia .P Esperé pacientemente a que la formulara. .D .Bdia Antes me has dicho que deseabas entender a la gente. .Edia Su tono era tranquilo, pero entendí que estaba preparándose para una de sus puñaladas retóricas y me tensé. Sus ojos dorados se clavaron en los míos. .Bdia Aun así, ¿no te has dado cuenta de que Sargolio, Lufin, Alrodyn y Bluz estaban intentando conocerte y aceptarte? .Edia .P Agrandé los ojos. ¿A… ceptarme? Paseé una mirada por los monjes. Bluz se retorcía las manos. Lufin se rascaba el mentón. Alrodyn se había centrado en sus zorfos. A algunos tan sólo los conocía de vista, con los demás había intercambiado los buenos días cada día de mi infancia sin por lo tanto nunca hablar realmente con ellos. Carraspeé y meneé la cabeza. .D .Bdia No me he dado cuenta, .Edia confesé. .D .Bdia Y ahí van tus intentos por ser sociable, .Edia sonrió el Gran Monje. .Bdia Si no aceptas a los demás, ellos difícilmente van a aceptarte. .Edia .P Y, sin embargo, es lo que habían hecho los Ragasakis al principio, pensé. Pero me tragué esas palabras y volví a mirar a mis cofrades. Mi Datsu se desató levemente, contrarrestando mi turbación. .D .Bdia Entiendo, .Edia dije al fin. .Bdia Buen o-rianshu. .Edia .D .Bdia Buen o-rianshu, muchacho, .Edia contestó el Gran Monje. .P Salí de la sala preguntándome por qué diablos me sentía incómodo. Yo que no había querido llamar la atención… y hasta me había levantado y todo para decir algo totalmente innecesario. Era casi como si me hubiese sentido ofendido porque despreciaban a Lústogan… .P Mientras caminaba por el corredor a oscuras guiándome por la órica, inspiré y solté: .D .Bdia Kala, dime que no has sido tú. .Edia .P .Bdm ¿Yo qué? .Edm se sorprendió. .P Pasé ante el cuarto donde había dejado a Reik y me detuve ante la habitación vecina, que estaba vacía. .P .Bdm Tú que me has influenciado, .Edm aclaré. .Bdm Parecía como si me hubiese ofendido por algo. .Edm .P .Bdm ¿Tú crees? .Edm meditó el Pixie. .P .Bdm Pero fuiste tú, .Edm acabé por decir, girando la manilla de la puerta. .Bdm Tú te ofendiste. .Edm .P Hubo un silencio. .P .Bdm ¿Yo? ¿Quieres decir que me ofendí porque el otro dijo que Lústogan no era honorable? ¿Y cómo no me voy a ofender? ¡Es mi hermano! .Edm .P Y lo decía tan tranquilo, el maldito. Cerré la puerta y me apoyé contra esta suspirando. .D .Bdia ¿Es el tuyo? .Edia repetí en un murmullo. Exhausto, me dejé caer hasta el suelo en la oscuridad total. .Bdia Si Lústogan es tu hermano, entonces los Pixies también son mis hermanos, Rao también es mi amada, Lotus también es mi padre. ¿Te das cuenta, Kala? .Edia susurré sintiendo cómo el Datsu se desataba para ahogar mi turbación. .Bdia Si me robas lo que es mío, ¿qué derecho tendrías a decirme que no robe lo que es tuyo? .Edia .P Atravesé las tinieblas con la mirada. .P .Bdm ¿Estás dispuesto a compartir de esa forma? .Edm .P Kala se había quedado sobrecogido, por lo visto, porque no contestó de inmediato. .P .Bdm Yo… .Edm dijo al cabo. Estaba particularmente turbado. .Bdm No lo sé, .Edm confesó. .Bdm No lo sé. Todos estos años… es cierto que no los he vivido realmente. Apenas estaba consciente. Sólo cuando desperté conocí a esta nueva familia, pero eso no significa que no sea mía, .Edm afirmó. .Bdm Además, hay cosas que no podemos compartir, de todas formas. Que sepas… que yo puedo sentir por Lústogan algo que tú nunca sentirás. Yo puedo sentir por Yánika algo que tú nunca sentirás. Y por Rao… lo que yo siento por ella, tú nunca lo comprenderás. ¿Me equivoco? .Edm .P Me paralicé unos instantes, respirando con creciente calma. .P .Bdm Tienes razón, .Edm dije entonces. .Bdm Pero eso podría arreglarse si consigo que el Datsu te proteja a ti. .Edm .P Oí un sonido atragantado. .P .Bdm ¿Es que no lo entiendes? .Edm exclamó Kala, incrédulo. .Bdm No quiero tu Datsu. Lo quise antaño, pero ya no lo quiero. No ahora que he entendido lo que es. Quiero sentir, Drey. Quiero amar a Rao. Y amo a tu familia, aunque sean saijits, porque ellos me criaron, y porque ellos criaron a Lotus. Entiendo, .Edm dijo ante mi asombro creciente, .Bdm entiendo que tú ni siquiera te das cuenta de que el Datsu te protege de la vida misma. Es una técnica de cobardes. Hasta el dolor más grande no excusa el renunciar al amor más sincero. Si he de acabar con el dolor de los Pixies, lo haré sin sacrificios tan grandes. Diablos. Ahora entiendo por qué Lotus se quitó el Datsu. Porque, con él, nunca habría podido amarnos lo suficiente para hacer lo que hizo por nosotros. .Edm .P Pestañeé. ¿Lotus se había quitado el Datsu? ¿Era eso posible? En cuanto a lo demás… Meneé la cabeza. .P .Bdm No eres el primero en criticar el concepto del Datsu. Hay gente que piensa que somos unos insensibles, herramientas programadas, monstruos, engendros de la ciencia… .Edm Me levanté y me adelanté hasta la cama desvistiéndome. .Bdm Tú que me conoces de cerca… ¿es lo que piensas? .Edm .P No recibí respuesta. Dejé el anillo de Nashtag sobre la mesilla, toqué la piedra de juramento colgada a mi cuello… y, sin quitármela, me recosté. Escuché el movimiento del aire tratando de tranquilizarme para que el Datsu pudiera atarse de nuevo… Kala seguía sin contestar. .P De pronto, unas lágrimas cálidas brotaron de mis ojos. Me extrañé. ¿Era Kala, que estaba controlando mi cuerpo? ¿Estaba acaso triste? .P .Bdm Estás llorando, .Edm nos sorprendimos al mismo tiempo. .P Marcamos una pausa. .P .Bdm ¿No eres tú? .Edm preguntamos. .P Hubo otro silencio de desconcierto y por un momento pensé que había alguna tercera alma en mi mente gastándonos una broma. Entonces, Kala sonrió mentalmente como aliviado. .P .Bdm Creo que ya lo sabes. Al fin y al cabo… tampoco eres una roca. .Edm .P Ni un monstruo, ni un engendro de la ciencia, entendí. Sentí una pizca de alivio a mi vez y me pasé una mano por los ojos húmedos. Mis labios se curvaron en una sonrisa temblorosa, cayendo en la cuenta del por qué me sentía así de afectado. .P .Bdm Es cierto, .Edm confesé, .Bdm que no puedo sentir tan intensamente mi amor hacia mis seres queridos. .Edm Me serené. .Bdm Pero no soy insensible ni mucho menos. Mis sentimientos, aunque moderados, son constantes. Mis actos son mesurados y no impulsivos. Sigues sin convencerme. El Datsu… lo necesito. .Edm .P .Bdm ¿Es acaso una droga? .Edm masculló Kala. .Bdm De esas, las probé a montones para calmar el dolor. Son asquerosas. .Edm .P Sonreí y coloqué las manos detrás de la cabeza, más tranquilo. .P .Bdm La droga del equilibrio, .Edm dije fulminando la oscuridad, .Bdm es más sutil. .Edm .P Y en voz alta, admití con ligereza: .D .Bdia Los Arunaeh seremos raros, pero me gusta que lo seamos. Puede que sea por el Datsu, porque soy incapaz de no estar satisfecho con lo que tengo… pero al fin y al cabo ¿qué importa? Recuerda bien cómo me sentí cuando me bloquearon el Datsu, Kala… Si Lotus fue capaz de controlar sus sentimientos, será porque era brejista. Pero yo no lo soy. Aun así… me gustaría saber por qué lo hizo, .Edia murmuré, .Bdia por qué renunció al Datsu. .Edia .P Kala suspiró mentalmente. .P .Bdm No sé mucho. Sé que al principio lo bloqueó y, cuando renunció del todo… No conozco los detalles porque lo hizo después de habernos metido en las lágrimas, pero Rao me dijo que su familia lo ayudó. .Edm .P Jadeé y permanecí en silencio un momento. Su familia… Recordaba haber leído que, cinco años antes de la guerra, un hombre con máscara había sido visto zarpar hacia la isla de Taey. ¿Podía ser que mi abuela Selladora le hubiera quitado el Datsu a Lotus? Pero eso… iba en contra del equilibrio de Sheyra. Tenía que haber otra explicación. .P .Bdm Estoy cansado, .Edm añadió Kala. .Bdm ¿No vas a dormirte nunca? .Edm .P Puse los ojos en blanco y asentí. .P .Bdm Me haces pensar más de la cuenta, Kala. Dulces sueños. .Edm .P Me respondió un gruñido soñoliento. En el silencio de mi habitación, agarré la piedra de juramento y cerré los ojos tratando de no pensar en Datsus y Pixies. Y, tal vez gracias al Datsu, lo conseguí muy rápido, serenándome tan fácilmente como una gota que cae en un lago. Así, por primera vez en mucho tiempo, dormí en el Templo del Viento que me había visto crecer. .Ch "La prueba del basalto" .\" 10/08/2019 .Sm Templo del Viento, año 5622: Drey, 10 años; Yánika, 5 años. .P Como todos los ciclos, desperté con la mente vivaz, me puse la túnica de aprendiz, até mi cabello negro, recoloqué las mantas, bebí un vaso de agua y salí al corredor. Aquel día tenía que entrenar la destrucción de basalto. Llegué al refectorio y agarré un pan de pasas de zorfo para el desayuno. .D .Bdia Buen rigú, muchacho, .Edia me dijo un monje, sirviéndose él también. .D .Bdia Buen rigú, Lufin, .Edia dije. .D .Bdia Desayuno y luego a entrenar, ¿eh? ¿Qué toca hoy? .Edia .D .Bdia Basalto, .Edia dije. .P Le arranqué un bocado a mi pan. Estaba delicioso. El desayuno era la mejor comida del día. .D .Bdia ¿Y tu hermano? .Edia preguntó Lufin, sentándose a la mesa. .P Me soprendió que me hiciera la pregunta. Normalmente, no me hacía nunca más de una pregunta al día. Me encogí de hombros. .D .Bdia Se fue. .Edia .P No pude evitar hacer una mueca decepcionada. Lufin sonrió ampliamente, divertido. .D .Bdia Sí. Ahora recuerdo. Oí decir que fue a ayudar a retirar escombros en una aldea cercana. Tranquilo, volverá pronto. .Edia .P Lo miré con curiosidad. ¿Me estaba consolando? Asentí, sin saber muy bien cómo reaccionar, y me fui. En cuanto salí del templo, olvidé la conversación y me dirigí a buen paso hacia el lago, ahí donde se encontraba la piedra de basalto que, a instancias de mi hermano, debía romper en láminas finas con cortes limpios. .P Caminé sobre los guijarros de la orilla, escuché el estruendo de la cascada, sentí el aire agitado por el agua e inspiré con una leve sonrisa. Finalmente, me acerqué al gran bloque de basalto. Era más alto que yo, pero esos detalles ya no me desmoralizaban. Inspeccioné la roca. Y, tras un buen rato, comencé a operar presión con mi órica. Mi primera lámina de basalto no fue la mejor. La segunda quedó más recta. Cuando iba ya por la mitad y me decía que aquel entrenamiento era fácil, oí una voz: .D .Bdia ¡Hey! Ahí está el loco entrenando. .Edia .P Alcé la vista, sabiendo que hablaban de mí. Eran los demás aprendices del templo, recién llegados hacía un par de meses, y tenían mi edad. Pargwal, Yemon y Naenarax. El que había hablado era Pargwal. Pargwal de Isylavi. Lo vi pasar junto a la orilla con sus dos compañeros e incliné la cabeza secamente. .D .Bdia Buen rigú. .Edia .P Los tres intercambiaron miradas. Y, para sorpresa mía, se acercaron. .D .Bdia Di, .Edia me dijo Pargwal. .Bdia ¿Dónde está tu hermano? .Edia .D .Bdia Se fue a trabajar. .Edia .P Yo también tenía trabajo pero mi curiosidad me hizo apartarme de la roca y preguntar: .D .Bdia ¿Qué hacéis? .Edia .P Los tres aprendices se encogieron de hombros y Naenarax contestó: .D .Bdia Nada. Hoy estamos a Muérdago. ¿Por qué trabajas si tu maestro no está? .Edia .P Parpadeé. .D .Bdia Me dijo que debía cortar esta roca de basalto en láminas finas. .Edia .P Pargwal se rió. .D .Bdia ¡Y tú lo haces! ¿Pero eres tonto? Si él no está, puedes relajarte. Vente con nosotros a jugar. Vamos a nadar. ¿Vienes? .Edia .P Por alguna razón, fui. Me desvestí como ellos y me zambullí. Sólo que, comprobé, ellos no nadaban como yo lo hacía normalmente: se tiraban agua, reían, se lanzaban desafíos y se insultaban antes de carcajearse otra vez. Los tres eran niños venidos de la alta sociedad de Dágovil, dos de ellos pertenecían a familias del Gremio de las Sombras y su vocabulario era todo menos popular. Traté de imitarlos. Entonces, salimos del agua y Pargwal nos retó a hacer rebotes. Cuando me tocó, los sobrepasé tanto que los tres se quedaron por un momento asombrados. .D .Bdia ¿Pero tú eres saijit? .Edia me lanzó Pargwal. .P Lo miré, sonriente y a la vez extrañado. .D .Bdia Es una pregunta retórica, ¿no? .Edia .P Pargwal se carcajeó. Los tres me miraban con viva curiosidad y quisieron saber cómo lo había hecho. Intenté explicarles, decirles que contaba mucho qué piedra se elegía, con qué ángulo se tiraba, y qué fuerza órica se le podía añadir. .D .Bdia Es una cuestión de equilibrio, .Edia afirmé. .P Estaban impresionados. Pargwal me retó entonces a una batalla rocal con guijarros. Le di una paliza. Sólo que ahí, cuando me preguntaron cómo lo hacía, yo fui incapaz de explicarlo. .D .Bdia Entreno, .Edia dije. .D .Bdia ¡Nosotros también entrenamos! .Edia replicó Pargwal. .Bdia ¿Es que dices que tu maestro es mejor que los nuestros? .Edia .P Sonreí. .D .Bdia No lo sé. Pero está claro que yo soy mejor que vosotros. .Edia .P Para sorpresa mía, Pargwal se levantó con brusquedad, señalándome, con una mueca torcida en el rostro. .D .Bdia Repite eso, retrasado. ¿Crees que eres mejor que nosotros? ¿Mejor que un Isylavi? .Edia .P Meneé la cabeza, confuso. .D .Bdia No lo creo. Es la verdad. .Edia .P Se lo estaban tomando mal, entendí. Se habían enfadado. Y me sentía perdido porque no sabía por qué. .D .Bdia Lo siento, .Edia me apresuré a decir. .Bdia ¿He dicho algo malo? .Edia .P Pargwal me fulminaba con la mirada. Escupió en el suelo, delante de mí. .D .Bdia No sabes lo idiota que eres, .Edia me dijo. .Bdia Ahora entiendo por qué dice mi padre que vosotros, los Arunaeh, sois insufribles. Piérdete. .Edia .P Me dio la espalda y sus dos compañeros me miraron con muecas nerviosas antes de seguir a su pequeño líder. Me quedé ahí, sobre los guijarros de la orilla del lago, mientras ellos se alejaban de vuelta al templo. Traté de entenderlo. ¿Idiota, yo? ¿Acaso se habían enfadado porque yo era un idiota? ¿Porque les había dicho que era mejor que ellos? ¿Acaso hubieran preferido que les mintiera? ¿Que me callara? En todo caso… había disfrutado jugando con ellos. Casi tanto como cuando pasaba tiempo con Yánika. La echaba de menos. Hacía dos días que se había marchado a Kozera con su abuela. Hasta el año pasado, siempre habíamos viajado juntos, pero la última vez Yánika había causado un escándalo. Se había aferrado a mí rehusando soltarme: .Bparoles ¡No quiero ir con la abuela! .Eparoles había dicho, .Bparoles ¡quiero quedarme con Drey! .Eparoles Así que este año habían decidido separarnos desde el templo, para no causar tumultos. Al día siguiente, partiría yo. Por eso… .P Giré la cabeza hacia la roca de basalto y me levanté. Por eso tenía que acabar con mi entrenamiento. Cuando llegué hasta la roca, me fijé en que las láminas finas habían estallado en añicos. No era tonto. No tanto como para no entender que los tres noblecillos habían causado eso. En especial Pargwal. Me agaché ante el estropicio y recogí un trozo, mirándolo, cada vez más turbado. .D .Bdia Finalmente, .Edia suspiré, .Bdia tal vez no sea del todo saijit. .Edia .P Los saijits eran tan extraños… .Ch "Duelo" .\" 11/08/2019 .Bcita Draken me pidió un día que le escribiera una historia en caéldrico. Le dije: pero si casi nadie sabe leer la lengua antigua, ¿para qué usarla? Me contestó: vete a destruir roca. .Ecita .autor-cita Drey Arunaeh .salto A la mañana, cuando desperté en mi habitación del templo, volví a pensar en esa época en la que entendía poco de la vida y me pregunté si mis crisis de infancia con el Datsu completamente desatado no habían afectado un poco mi comprensión del mundo. .P Bostecé, me estiré, le di los buenos días a Kala y me vestí. Salí del cuarto para comprobar que Reik seguía roncando en la habitación vecina. Habíamos dormido como osos lebrines, constaté, consultando mi anillo de Nashtag. Fui al refectorio y me lo encontré vacío. En la mesa, había una cesta de panes de zorfo cubierta por un lienzo. Agarré dos para mí y otros dos para Reik y tomé el camino de regreso a la habitación de este con intenciones de sacudirlo para despertarlo si hacía falta. Estaba recorriendo el corredor cuando un monje drow de pelo rojizo se me encaró, cortándome el paso. Enarqué las cejas alzando los ojos. Era alto, de ojos rojos como la sangre y labios finos y violáceos. Se parecía mucho a Draken en más joven. Entonces, caí en la cuenta. .D .Bdia ¿Pargwal de Isylavi? .Edia solté con sorpresa. .P Un brillo irónico pasó por los ojos del joven drow. .D .Bdia El mismo. Veo que los dos hemos cambiado. Y tú más que yo. Quién diría que me ordenaría antes que tú. Qué irónica es la vida, ¿no? .Edia .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Enhorabuena. ¿Y Yemon y Naenarax? ¿También se ordenaron? .Edia .P Pargwal se ensombreció. .D .Bdia No. Yemon tuvo que renunciar: su hermano mayor murió y tuvo que heredar el título de su padre. Nae… falló las pruebas y se marchó de viaje a entrenar. .Edia Asentí. No era nada raro que un aprendiz de dieciocho años no hubiese conseguido ordenarse todavía. Si Pargwal lo había conseguido, debía de haber mejorado considerablemente estos años. Añadió con tono casual: .Bdia Estaba en la cena, anoche. Supongo que no te fijaste. .Edia .P No, no me había fijado. Me incliné. .D .Bdia Lo siento. Ayer estaba cansado. .Edia .D .Bdia No importa. Sabes, ya se me han bajado los humos desde entonces. .Edia .P Enarqué las cejas. ¿Se refería a nuestros años de aprendizaje? .D .Bdia Pues me alegro, .Edia dije. .Bdia Ciertamente, esos años no nos hablamos mucho. .Edia .P Mi formulación pareció hacerle gracia a Pargwal y este afirmó: .D .Bdia De hecho, muy poco. Me sacabas de mis casillas. Pero, ¿sabes? Así como tú parecías olvidarme del todo, yo no podía olvidarte. Sólo pensaba en sobrepasarte, .Edia sonrió. Su confesión me arrancó una expresión sobrecogida. El drow torció los labios, pensativo. .Bdia Si echáramos una batalla rocal ahora, me pregunto quién ganaría. En cualquier caso, .Edia declaró, .Bdia el Gran Monje quiere verte. .Edia .P Afirmé con la cabeza. .D .Bdia Enseguida voy. .Edia .P Fui a dejar dos panes en la habitación de Reik y volví a salir arrancándole dos bocados seguidos a los míos. Para sorpresa mía, Pargwal seguía en el corredor. Comentó: .D .Bdia ¿No andarás con tantas prisas como para rechazar un reto de batalla rocal? .Edia .P No pude evitar sonreír. .D .Bdia ¿Quieres la revancha, eh? .Edia .D .Bdia Bueno… quiero comprobar con mis propios ojos que realmente eres un genio. .Edia .P Resoplé. .D .Bdia De genio, nada. Ya lo dije ayer: no elegí ser destructor. Me gusta lo que hago, es cierto, pero supongo que si me hubiesen enseñado a serrar tablas o fabricar zapatos, también me habría gustado. Es cuestión de acostumbrarse. .Edia .P Pargwal negó con la cabeza. .D .Bdia No lo creo. Te vi más de una vez entrenando… Sé que disfrutabas. Y eso es vocación. Lo sé porque yo también la tengo. Al igual que mi tío Draken. No soy destructor para salvar a gente como ese ingenuo de Bluz… soy destructor porque me gusta destruir. .Edia .P Enarqué una ceja ante su afirmación. Sus ojos rojos me miraron de soslayo. .D .Bdia Y tú eres igual. .Edia .P ¿Lo era? No tenía ni idea. Me encogí de hombros. .D .Bdia De todas formas, habrá que dejar la batalla rocal para otro día. Salgo hoy para Kozera. .Edia .P Pargwal asintió. .D .Bdia Lo sé: el Gran Monje me pidió que os acompañara. .Edia .P Di un respingo. .D .Bdia ¿Qué? ¿Tú? .Edia .D .Bdia Voy a Doz. Así que viajaremos durante un trecho juntos. .Edia .P Asimilé la noticia. Diablos. Pargwal era de la misma familia que Draken, un Isylavi, pero era de la línea directa heredera, un integrante del Gremio de las Sombras… Le eché una mirada inquisidora. ¿Estaría al corriente de lo de Reik? Como adivinando mi inquietud, Pargwal mostró una expresión pícara. .D .Bdia Cuidado: si te niegas a la batalla rocal, puede que hable más de la cuenta. Y cuento con que pongas toda tu voluntad. Estoy harto de tener contrincantes más atentos a mi apellido que al juego. ¿De acuerdo? .Edia .P Desde luego, no lo conocía bien… Pero algo, en él, su carácter directo y franco, me recordaba a Draken. De niño, se había mosqueado por mi obvia superioridad en destrucción; ahora, seguro de haber mejorado, me retaba de igual a igual. Acepté, divertido: .D .Bdia Mientras no seas mal perdedor… .Edia .P Pargwal soltó un resoplido arrogante y se detuvo ante la puerta de la gran sala. .D .Bdia Iré a prepararme. .Edia .P Mientras el ruido de sus pasos se alejaba, miré a los dos guardias silenciosos a ambos lados de la puerta, me adelanté y llamé. .salto Salimos del Templo del Viento poco después, con una carta para el líder de los Arunaeh, una túnica y una nueva máscara sin tatuaje para Reik, así como un nuevo acompañante ansioso por demostrarme lo bien que había entrenado en mi ausencia. .P Aún resonaba en mí la última pregunta que me había hecho el Gran Monje tras desearme buen viaje. .Bparoles Esa mutación, .Eparoles había preguntado, .Bparoles ¿te la provocaron los Arunaeh? .Eparoles Me había quedado tan sorprendido, a la vez pensando en que, de hecho, sin la intervención de mi familia el sello de Kala no se habría desestabilizado, que había permanecido en silencio largos segundos y el Gran Monje había suspirado y me había hecho un gesto para despedirme. .P En fin. Me molestaba que hubiese sacado falsas conclusiones, pero tampoco sentía que el explicarle lo de los Pixies era una buena idea. Sólo lo habría complicado. .P Reik estaba de un humor negro. Se había zampado los dos panes que le había traído y dos más antes de que le consiguiese sonsacar una explicación: le dolía la cabeza. Y no sólo eso, adiviné. Debía de recordar algo de lo sucedido en su borrachera porque, al montarnos sobre Neybi, me había mascullado: .D .Bdia De lo que pasó… ni una palabra a mis compañeros, ¿me entiendes? .Edia .D .Bdia ¿Porque te echaste a llorar o porque pediste perdón a Ohawura? .Edia .D .Bdia ¿Quieres que te estrangule? .Edia .P No habíamos vuelto a intercambiar una palabra. Recorrimos el túnel por donde se había hecho la limpieza de doagals, llegamos a Blagra y tomamos el Gran Túnel sin problema alguno. Los guardias se contentaban con mirar el identificante de Pargwal y se apartaban enseguida. Avanzábamos rápido: así como la vía hacia Dágovil era un infierno, la que iba hacia el sur estaba casi desierta. .D .Bdia Drey, .Edia soltó Pargwal de Isylavi, girándose en un momento. .Bdia Atrapa. .Edia .P Me lanzó un objeto con órica y, soltando las riendas, lo recuperé. Era una pequeña caja con ocho piedras. .D .Bdia Las preparé para un adversario digno de ese nombre, .Edia explicó Pargwal. .Bdia Te las muestro para no tener ventaja en Doz. Ahí, te invito a un trago y a una batalla. .Edia .P Estaba emocionado por la perspectiva, constaté. Dejando que Neybi siguiera al anobo de Pargwal, me centré en las piedras. Las reconocí, pero cuatro de ellas no formaban parte del examen que había pasado la víspera. Pargwal realmente se lo había trabajado, me impresioné. .P Tardamos unas cuatro horas en llegar a Doz, ciudad portuaria que indicaba el límite meridional de Dágovil y la frontera con el país de Kozera. A partir de ahí, en una hora como mucho estaríamos en la Villa del Mar y sacaría a Jiyari de su Escuela Sabia, me prometí. Pero antes, tenía que ofrecerle a Pargwal un bonito desafío. .P Mientras entrábamos por las puertas de Doz y cabalgábamos hasta unos establos, me pregunté hasta qué punto Pargwal sería capaz de aguantar un fracaso. Fuera como fuera, tampoco iba a subestimarlo. Es más, hasta me sentía algo impaciente por comenzar. .P Entramos en una taberna llamada .Sm -t nomlieu La Medusa Gigante . Sin sorpresas, comimos medusa, bien frita y rebozada, con segundo plato y un postre bien caro. Pargwal insistió en que nos invitaba, así que me contenté con inclinarme a su deseo y disfrutar de la comida. El Zorkia, en cambio, no parecía gozar de buen apetito. .D .Bdia ¿Algún problema? .Edia le pregunté, mientras me limpiaba los morros. Me había quitado la máscara. Según Pargwal, tampoco tenía aires tan terribles: ojos reptilianos, ya los tenían los caitos y algunos ternians, muchos drows tenían los ojos rojos y mi piel gris algo parda podía parecer la de un belarco… En fin, que en todo caso podían creer que era uno de esos esnamros que, de tanta mezcla, heredaban variados rasgos de las distintas razas de sus ancestros. .P Reik no se había quitado la máscara pese a que Pargwal había pagado por una pequeña habitación privada y pedido que nadie nos molestara —destructor o no, seguía siendo un Isylavi del Gremio y el lujo, para él, era un requisito. .D .Bdia ¿Te encuentras bien? .Edia insistí. .P El Zorkia chasqueó la lengua. .D .Bdia Estoy bien. No tengo hambre, eso es todo. .Edia .P Estaba tenso. Tras sorber el helado con vainilla azul, Pargwal comentó: .D .Bdia ¿Quieres que pida algo más fácil de digerir? .Edia .P Hubo un breve silencio y un: .D .Bdia No. .Edia .P Era seco. Pargwal cayó en la cuenta antes que yo y sonrió levemente antes de decir con calma: .D .Bdia Entiendo. Me tienes rencor por lo que hizo el Gremio a los tuyos. No te mentiré: mi padre votó a favor de que los Zorkias fueran jubilados. .Edia .P Sentí cómo el ambiente se tensaba. Reik apretó los puños. .D .Bdia ¿Jubilados? Fuimos masacrados. .Edia .P Pargwal se encogió de hombros. .D .Bdia Lo siento: no conozco bien los detalles. .Edia .P Reik se quitó la máscara de un gesto brusco y, al ver sus ojos llameantes, me alarmé. .D .Bdia Oye, no te pongas nervioso… .Edia .D .Bdia ¿Cómo no me voy a poner nervioso? .Edia replicó el comandante Zorkia. .Bdia Lo he perdido todo por culpa de esa gentuza a la que servimos durante casi cuarenta años, ¿y no voy a poder ponerme un poco nervioso? .Edia Escupió groseramente en su plato bajo nuestras miradas sobrecogidas y repitió: .Bdia Detalles. ¿Las vidas de mis compañeros eran detalles? .Edia .P Ciertamente, Pargwal no había elegido las buenas palabras y este pareció comprenderlo. .D .Bdia Lo siento, .Edia dijo. .Bdia Si lo perdiste todo, ¿por qué no te resignaste y no te uniste a los Zombras? .Edia .P No, no lo había entendido, suspiré. .D .Bdia Pargwal, .Edia intervine. .P Pero Reik no me dejó meter baza. .D .Bdia ¿Así sois vosotros? Os roban a vuestra familia y, en vez de intentar recuperarla, ¿os unís a los ladrones? ¿Esa es vuestra moralidad? Os desprecio… No sabes cuánto os desprecio. .Edia .D .Bdia Odiarnos sería más justo creo, .Edia apuntó Pargwal. .Bdia Pero te recuerdo que yo no hice nada y no tenía ni dieciséis años cuando pasó. Podría salir, gritar ‘guardias, guardias’ y mandarte directamente a Makabath, pero, ¿ves? No lo he hecho. .Edia .D .Bdia Y me pregunto por qué, .Edia resopló el Zorkia, cruzándose de brazos de nuevo. .Bdia Tal vez porque sientes lástima. ¿Es eso? ¿Te compadeces por un mercenario? .Edia .P Aquello le arrancó una sonrisilla a Pargwal, quién sabe por qué. .D .Bdia La verdad es que no, .Edia admitió. .Bdia Si no te vendo a las autoridades, es porque, primero, el Gran Monje me lo ha prohibido mientras no te muestres violento; segundo, porque mi tío Draken me dijo que le caías bien; y tercero, .Edia su sonrisa se ensanchó, .Bdia porque Drey parece tener proyectos para ti y no quiero que rechace mi desafío. .Edia .P Puse los ojos en blanco y, queriendo cambiar de tema, dije: .D .Bdia Entonces, que empiece la batalla. .Edia .P Ambos sacamos nuestras cajas mientras él explicaba: .D .Bdia Las reglas son estas: hay que cortar las seis primeras piedras en dos, por la mitad, las dos últimas en cuatro, también por la mitad. Los cortes deben ser limpios. No tenemos árbitro, pero la buena fe bastará. Este es el reloj de arena: si nos pasamos los dos de tiempo, pasamos a la siguiente. ¿Estamos de acuerdo? .Edia .P Era una de las maneras más frecuentes de jugar a la batalla rocal. .D .Bdia De acuerdo. .Edia .P Cogimos cada uno la primera piedra y Pargwal dijo con una gran sonrisa: .D .Bdia ¡Empieza! .Edia .P Le dio la vuelta al reloj de arena. Me concentré. Aunque se suponía que la primera piedra era la más fácil de las ocho, no dejaba de ser todo un desafío cortarla por la mitad con un corte liso. No había pasado ni un minuto cuando Pargwal posó los dos trozos diciendo: .D .Bdia ¡Listo! .Edia .P El corte era perfecto y no emití objeción. Las dos piedras siguientes las gané yo. Estábamos en la cuarta cuando Reik cogió su plato y empezó a comer. Aliviado, me distraje y Pargwal se burló, posando la piedra cortada: .D .Bdia En una carrera, el que se queda mirando las mariposas, pierde. Ahora viene lo duro. .Edia .P Y tanto: en aquel momento se abrió la puerta en volandas y desembarcaron unos saijits con los rostros tapados, tan veloces que nos encontramos Pargwal y yo frente a varias dagas centelleantes sin que pudiéramos reaccionar. Una voz femenina dijo con frialdad: .D .Bdia Ni un grito, u os desangramos. .Edia .P Se cerró la puerta tras ella. Eran cuatro. No, cinco, rectifiqué. Más el vigilante que se había quedado fuera. Pargwal tenía los ojos desorbitados; Reik se había levantado de un bote y alzaba los puños; yo tenía el Datsu desatado y analizaba la situación. Esos tipos no eran guardias. .D .Bdia ¿S-se puede saber quiénes sois? .Edia interrogó Pargwal, en voz más baja que alta. .P La mujer sacó una daga a su vez y apuntó a Reik con ella diciendo: .D .Bdia Tú, no te muevas tampoco o matamos a tus compañeros. .Edia .D .Bdia Si te crees que me importa, .Edia replicó Reik. Entonces, me fijé en que el Zorkia no tenía los puños vacíos: llevaba un cuchillo largo en uno de ellos. ¿De dónde diablos lo había sacado? ¿Lo habría robado en el templo? .P La mujer se encogió de hombros. .D .Bdia Tranquilo. Venimos a por un solo destructor. ¿Quién de los tres aceptó el trabajo de destruir las Gemas de Yarae? .Edia .P Pargwal tragó saliva. ¿Las Gemas de Yarae?, me repetí. No sabía de qué iba toda esa historia, pero estaba claro que esa mujer no quería que se destruyeran. .D .Bdia Está bien, .Edia dijo entonces la mujer. .Bdia Por eliminación, debe de ser el mayor. Esos muchachos seguro que no sabrían ni por dónde empezar. Tú, .Edia añadió, acercándose a Reik sin temor alguno. .Bdia Si te vemos tomar el camino del Templo de Yarae, morirás antes de alcanzarlo. ¿Entendido? .Edia .P Reik hizo desaparecer el cuchillo debajo de su manga, encogiéndose de hombros. .D .Bdia Mira tú, ni se me había ocurrido ir a visitar ese templo. .Edia .P La mujer debió de tomar eso por una réplica irónica. .D .Bdia No salgáis de aquí hasta pasada una hora, o nos enfadaremos igual. .Edia .P Dio media vuelta y se marchó con sus compañeros. En el brusco silencio, me quedé absorto resoplando: .D .Bdia Caray, Parg, ¿qué clase de trabajo aceptaste? .Edia .P Pargwal de Isylavi meneó la cabeza retomando sus colores y, alzando un puño, dejó caer los dos trozos de la quinta piedra, perfectamente cortada. .D .Bdia Como decía, el que se queda mirando las mariposas, pierde. .Edia .P Jadeé. .D .Bdia ¿En serio? .Edia .P El drow sonrió. .D .Bdia En una batalla, las pequeñas interrupciones no deben distraerte. .Edia .P Su sonrisa se ensanchó ante mi expresión anonadada. Por algo decían en mi clan que los saijits sin Datsu eran tan imprevisibles: ese Isylavi tenía un orden de prioridades incomprensible. Bajé mi mirada hacia mi piedra y protesté: .D .Bdia Oye, realmente parece que estás en un aprieto, ¿sabes? ¿Es que no los has escuchado? .Edia .P Pargwal resopló de lado. .D .Bdia Odio cuando la gente interrumpe mis duelos y suelta amenazas. Mi tío Labri vive en Doz. Iré a verlo, arreglaré el asunto, aseguraré mi protección y destruiré lo que tengo que destruir. .Edia .P Sonaba tan seguro de sí mismo… .D .Bdia Las Gemas de Yarae, .Edia murmuré. .Bdia ¿Qué es eso? .Edia .P Pargwal se encogió de hombros con aire misterioso. .D .Bdia Quién sabe. .Edia .P Lo miré, aburrido, y me giré hacia Reik. Este se había pegado contra el muro junto a la ventana, sondeando la calle. .D .Bdia ¿Han salido? .Edia .P El Zorkia asintió. .D .Bdia Al menos la mujer. Ya no llevaba la capa, pero he reconocido sus botas. .Edia .P Lo miré, impresionado, y me apresuré a acercarme a la ventana. Reik me lo impidió con un brazo firme. .D .Bdia Ya ha desaparecido. Si mal no recuerdo, .Edia dijo, girándose hacia nosotros con expresión cerrada. .Bdia Las Gemas de Yarae son una reliquia. Están incrustadas en un templo abandonado al norte de Doz. Las vi una vez. Se cuenta que los de la Contra-Balanza usaron su poder para crear mágaras. Y tú… .Edia Escudriñó al Isylavi. .Bdia ¿Vas a destruirlas? .Edia .P Pargwal hizo una mueca. Fruncí el ceño, aún más escéptico que Reik. .D .Bdia Si es una reliquia potente, estará hecha en un material muy resistente, .Edia dije. .Bdia Esto no es un trabajo para un solo destructor. A menos… que no pretendas destruirlas, sino desincrustarlas. .Edia .P Un brillo de frustración pasó por los ojos de Pargwal. .D .Bdia Maldita sea. ¿Qué importa eso ahora? Está bien, .Edia lanzó, .Bdia te lo explicaré: el Gremio me ha pedido que ayude a arrancar las gemas de la roca para facilitar el transporte. El Templo del Viento está al corriente. Y por lo visto se ha corrido la voz y hay unos tipos problemáticos intentando proteger las gemas. El templo no está, por desgracia, abandonado, .Edia le desengañó a Reik, .Bdia está ocupado por una cofradía de fanáticos llamados los Yaraga que piensan que esas gemas son un regalo de su Dios Único. ¿Podemos seguir con la batalla? .Edia .P Hubo un silencio. Entonces, regresé hasta mi cojín, me senté y cogí la sexta piedra. .D .Bdia ¿Un Dios Único? .Edia dije entonces. .D .Bdia Concéntrate, .Edia me recriminó Pargwal. .P Estaba concentrado: al de un rato, dejé la piedra cortada en dos sobre la mesa. Pargwal emitió un gruñido divertido al inspeccionar el resultado. .D .Bdia Maldito, está pulido como una hoja de acero. Sí, un Dios Único, .Edia dijo. .Bdia No sé muy bien de qué va la historia. Algo sobre un dios con máscara negra y sus siete apóstoles. Mi tío me contaba en su carta que durante sus orgías, se drogan con sangre de alieve, fornican durante todo el o-rianshu y cantan como salvajes antes de sacrificar algo a su dios. Y lo peor, .Edia agregó con tranquilidad, .Bdia al parecer, ese dios está vivo y le dan el nombre de Lotus. ¡Como el loto de la paz! .Edia .P Se rió de lo absurdo que le resultaba. Se rió solo. Yo me tragué mi sorpresa pensando que de ningún modo Lotus aguantaría a unos fieles así. Además, Lotus estaba muerto y los Pixies deseaban resucitarlo, ¿verdad? Sin embargo, resucitar era imposible. De modo que, si estaba vivo, en algún sitio debía de estar, ¿no? .P Recogí la séptima piedra y dije: .D .Bdia ¿Seguimos? .Edia .D .Bdia Con placer, .Edia se animó Pargwal. .Bdia Las dos últimas cuentan doble y hay cortarlas en cuatro. .Edia .P Por alguna razón, me ganó. ¿Es que no estaba lo suficientemente concentrado? No, yo lo estaba. Era Kala el que estaba alterado por la conversación. Furioso, incluso. Indignado. .P .Bdm Tranquilo, Kala. Por lo visto es sólo un aquelarre de brujos locos que se han inventado un dios. Lotus no tiene nada que ver en esto. .Edm .P El Pixie no contestó, pero se calmó un poco. Lo suficiente para que rompiera la octava y última piedra en cuatro con dos cortes limpios y perpendiculares. Sólo que perdí un instante puliendo el resultado y Pargwal exclamó: .D .Bdia Siete puntos contra tres, ¡gano! .Edia .P En esas ocasiones, era el deber del perdedor inclinarse ante el ganador. Me incliné y dije: .D .Bdia Gracias por este gran duelo. .Edia .D .Bdia ¡Gracias a ti por ser mi adversario! .Edia replicó Pargwal. Tal vez no era buen perdedor, pero era buen ganador: se inclinó a su vez y sonrió. .Bdia El entrenamiento paga, ¿a que sí? .Edia .P Le devolví una sonrisa y asentí. .D .Bdia Sin duda, me has impresionado. .Edia .D .Bdia ¿Y si dejamos vuestro blablá y nos ponemos en camino ya? .Edia nos interrumpió Reik. .P El Zorkia se moría de aburrimiento, sin entender lo sutiles y precisos que habían sido nuestros sortilegios óricos. Intercambié una sonrisa con Pargwal y me levanté. .D .Bdia Trata de rodearte bien. Por lo visto, esos fanáticos se pasean libremente por la ciudad. .Edia .D .Bdia Y pronto dejarán de hacerlo, .Edia aseguró Pargwal. .Bdia Bueno. Os digo buen viaje y… .Edia Alzó un índice. .Bdia Sólo una cosa, Drey Arunaeh. Ya que he ganado… ¿podría pedirte un favor? .Edia .P Arqueé las cejas, intrigado. Era cierto que no habíamos apostado nada antes de la batalla rocal. Asentí. .D .Bdia Naturalmente. ¿De qué se trata? .Edia .P Pargwal enseñó todos sus dientes. .D .Bdia Dime: eres mejor que yo. .Edia .P Parpadeé. Y resoplé, ahogando una risa. Tomando un tono solemne, me incliné y dije: .D .Bdia Eres mejor que yo, Pargwal de Isylavi. .Edia .P Se quedó satisfecho. ¿Acaso tanto lo había traumado aquel día, en la orilla del lago? Divertido, seguí a Reik afuera pero me detuve en el marco diciendo: .D .Bdia ¿Sabes? En la práctica, un destructor no sólo lucha contra una roca cuando destruye: lucha contra todas. .Edia .P Y lo dejé ahí esperando que ese asunto de Gemas de Yarae no le resultara fatal. Minutos más tarde, el Zorkia, Kala y yo estábamos de camino hacia Kozera. Hacia Jiyari… y la isla de Taey. .Ch "Un arma espía" .\" 11/08/2019 Pasamos el control de Kozera con las máscaras puestas sin que nos dijeran ni una palabra. Una vez dentro de la ciudad, dejamos a Neybi en un establo y le dije a Reik: .D .Bdia Iré a dejar la carta del Gran Monje a Rafda antes de ir a por Jiyari. No tienes por qué acompañarme si no quieres. .Edia .P Reik asintió. .D .Bdia ¿No te raptará tu familia, eh? .Edia .D .Bdia Mmpf. Mi familia no es así, .Edia aseguré. .Bdia No creo que tarde mucho. Nos encontramos en la Gran Plaza, ¿de acuerdo? Te dejo mi mochila. Ah, y toma, .Edia añadí, tendiéndole unas monedas. .Bdia Por si quieres comer algo. No beber, .Edia apunté. .P Reik rechinó los dientes pero aceptó las monedas mascullando por lo bajo: .D .Bdia Que las arpías me devoren. .Edia .P Sonreí, alcé una mano y me fundí en la muchedumbre. Me encontraba en la parte norte de la ciudad y tuve que bajar varias calles largas y pasar debajo de incontables puentes de piedra antes de alcanzar el puerto. Lo bordeé frunciendo levemente la nariz por el olor como solía hacer siempre, evité un anobero que iba demasiado rápido y llegué a una zona de la orilla más tranquila. Finalmente, avisté la casa y el muelle medio escondido por los árboles. Pasé la valla… e hice una mueca al constatar que no había nadie en el muelle. Consulté de nuevo mi piedra de Nashtag. Diablos. A esas horas, siempre solía estar uno de los barqueros. .P Me armé de paciencia, entré en la casa y saludé a la vieja Kabu, que se ocupaba de mantenerla. La pequeña kadaelfa contestó con un simple gesto de cabeza. No era muda, era peor que eso: todo lo que no fuera limpiar la casa le traía sin cuidado. El interior no había cambiado. Estaba bastante vacío, quitando un bufete con vasos, una mesa y unas sillas. Sobre la mesa, había un pequeño libro verde. Le eché un vistazo. Ponía: .Sm -t lecture "Poemas de la vida, de Yodah Arunaeh" Parpadeé, asombrado. ¿Yodah? ¿El hijo-heredero había escrito un libro de poesía? Ignorando a la vieja Kabu que pasaba con su escoba, me senté, abrí la tapa y leí el primer poema. .Bl -t verse .It A mí me llaman torturador .It pero yo soy inquisidor, .It abro la mente como un doctor, .It saco verdades para la ley .It surco neuronas como un buey .It para los reos soy como un rey. .El .P No pude evitarlo: me eché a reír a mandíbula batiente. Los versos eran malos. La vieja Kabu se detuvo un instante para mirarme antes de reanudar sus labores sin comentar nada. Seguí leyendo. .P .Bl -t verse .It Mi criminal no sabe de justicia: .It su mundo fue miseria y no delicia. .It Si cuanto conoció fue alevosía .It ¿quién no comprenderá su fechoría? .It Mas yo he de sonsacarle muchos nombres: .It no ha de turbar mi obra el mal de un hombre. .El .P No dejé de observar, leyendo algunos poemas más, que Yodah parecía haber dedicado numerosas reflexiones sobre su trabajo, sobre lo que sentían los criminales y sobre la ley. .P .Bl -t verse .It ¿Y si todos, como yo, .It fuéramos hombres sencillos, .It sin inquietudes ni vicios, .It no sería acaso mejor? .El .P Esos eran los últimos versos del poemario. Y me dejaron pensativo. Con eso… ¿acaso se refería a usar el sello del Datsu sobre otros saijits que los Arunaeh? Ciertamente, si todo el mundo lo tuviera, no habría ya más criminales, ni más odios, ni más ansias exageradas de poder. .D .Bdia ¿Admirando mi obra? .Edia dijo de pronto una voz. .P Me sobresalté y sentí una súbita corriente de aire muy cercana. ¿Cómo es que no lo había sentido antes? Giré la cabeza hacia Yodah. Parecía estar esperando una respuesta. Sonreí ampliamente y me quité la máscara. .D .Bdia Bueno… No sé mucho de poesía pero creo que los versos van mejorando a medida que avanza… ¿No lo habrás publicado, verdad? .Edia .P Los ojos negros de Yodah me observaron un instante… y sonrieron. .D .Bdia ¿Son horribles, eh? .Edia Se acercó y me cogió el libro de las manos. .Bdia Ya publiqué el año pasado un libro sobre la psicología del criminal medio, ¿no lo sabías? Tiene bastante éxito entre los carceleros. Pero, tranquilo, este no voy a publicarlo. Soy demasiado tímido para escribir poesía. .Edia .P Puse los ojos en blanco. ¿Tímido, él? Yodah miró, absorto, la tapa verde de su libro. En el silencio de la sala, tan sólo se oían los golpes de escoba que daba la vieja Kabu en el pasillo. Había salido de la sala sin ni siquiera sorprenderse por mi piel gris y mis ojos, por lo que deduje que o bien estaba medio ciega o bien no le importaba nada mi apariencia mientras fuese un Arunaeh. .P Desvié los ojos de Yodah, molesto. Sabía que Lústogan me había avisado de que no volviera a caer entre las manos de mi familia. Sabía que ese mismo pésimo poeta que estaba de pie, a mi lado, había rebuscado en mi mente durante días, bloqueándome el Datsu, haciéndome sufrir hasta tal punto que incluso ahora, después de varios días, seguía notando una amarga y desagradable sensación al pensar en ello. Sin embargo… .P Inspiré. Sin embargo, era mi familia. Y no iba a huir de ella a no ser que realmente intentase de nuevo sacarle a Kala todos sus recuerdos. Alcé una mirada evaluadora hacia el hijo-heredero de mi clan. Él la captó y una sombra inhabitual pasó por sus ojos. Los dos empezamos a decir al mismo tiempo: .D .Bdia Di… .Edia .D .Bdia Oye… .Edia .P Cayó de nuevo el silencio. Entonces, Yodah arqueó una ceja. .D .Bdia Dime. .Edia .P Saqué la carta y se la tendí. .D .Bdia Es del Gran Monje. No sé qué dice en ella, pero supongo que algo tendrá que ver con los dos millones y el Orbe. .Edia .P Los ojos de Yodah chispearon. .D .Bdia ¿De modo que fuiste al Templo del Viento? .Edia .D .Bdia No estaba en los planes, .Edia confesé. .Bdia Pero de paso me ordené. .Edia .P Le enseñé mi piedra de juramento. Yodah se encogió de hombros y aceptó la carta. .D .Bdia Ya veo. Le echaré un vistazo. .Edia .P Le quitó el sello a la carta sin escrúpulo alguno. Le iba dirigida a Liyen y no a él, pero bueno… El hijo-heredero leyó rápidamente y asintió varias veces. .D .Bdia Buenas noticias. Todo en orden. Oh, .Edia dijo con sorpresa, llegando al final. .Bdia ¿Un Zorkia? ¿En serio? ¿Otra vez? .Edia .P De modo que el Gran Monje se había chivado, quizá esperando que los Arunaeh se encargaran de hacerme entrar en razón y renunciar a una alianza tan peligrosa. Suspiré. .D .Bdia Me salvó la vida. Le prometí que le ayudaría si me ayudaba a buscar a… los hermanos de Kala. .Edia .P Yodah se quedó un momento mirándome sin pestañear. .D .Bdia Ya veo. Si él sabe, de hecho, es mejor que no caiga en manos de los dagovileses. .Edia .P No, Reik no sabía nada de los Pixies, pero no pensaba encubrírselo durante mucho tiempo de todas formas. .D .Bdia No te falta razón. ¿Y Yánika? .Edia pregunté. .Bdia ¿Qué tal está? .Edia .P Yodah sonrió. .D .Bdia Trabajando como una campeona. Le pone una pasión de la que sin duda ningún otro Arunaeh sería capaz. .Edia .P De modo que él la aceptaba como Arunaeh, constaté, aliviado. Eso significaba mucho: significaba que mi clan la protegía tanto como yo. Sin embargo… .D .Bdia ¿No es demasiado peligroso? .Edia me inquieté. .Bdia Estar tan cerca del Sello… .Edia .D .Bdia Lo aguanta bien, .Edia aseguró Yodah. .Bdia Además, le añadimos una barrera de protección, por si acaso. Sin ningún riesgo, .Edia apuntó ante mi mirada fruncida. .Bdia Está contenta de poder conocer al fin a su familia. La Selladora la mima que es una vergüenza, está tranquila y en todo este tiempo no ha sufrido ninguna crisis de ansiedad… desde el día en que Kala atacó el Sello. .Edia Agrandé los ojos. ¿Aquel día le había dado un ataque a Madre? No lo recordaba. Yodah retomó: .Bdia Por lo demás, todos bien. Lústogan se ha aficionado a recolectar almejas con ese viejo Rayp. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia resoplé. Mi hermano pasando el tiempo con mi abuelo materno recogiendo almejas… era inaudito. .D .Bdia En serio, .Edia confirmó el hijo-heredero, burlón. .P Su sonrisa se hizo pronto pensativa y desapareció en un suspiro mientras él dejaba que su libro de poemas se deslizase dentro de uno de sus bolsillos. Le eché una mirada curiosa y me levanté. .D .Bdia Bueno, si todos van bien, entonces supongo que no tengo por qué preocup… .Edia .D .Bdia No he acabado, .Edia me interrumpió. .Bdia He tomado una decisión acerca de Kala. .Edia .P Me inmovilicé, intrigado y tenso a la vez. Yodah me miraba con fijeza. De hecho, sí que parecía decidido, me dije. Pero ¿decidido a qué? ¿No intentaría atraerme de nuevo a la isla para rebuscar en mi mente, verdad?, me inquieté. Ahora que conocía a Kala, no quería que nos tocasen a ninguno de los dos. Solté: .D .Bdia Lo siento, Yodah. Pero he cambiado de opi… .Edia .P Callé, atónito, al ver a Yodah inclinarse profundamente ante mí. .D .Bdia Me excedí y pido perdón, .Edia dijo con voz firme y sincera. .Bdia Antepuse mi curiosidad científica a un miembro de mi familia, y esa es una falta grave. .Edia .P Lo miré con asombro. Caray. ¿Se habría sentido culpable? Carraspeé. .D .Bdia Yo di el visto bueno, ¿sabes? Así que… .Edia .D .Bdia Por eso, .Edia continuó Yodah, incorporándose. Le brillaban los ojos de excitación. .Bdia Por eso voy a redimirme y voy a renunciar a mi trabajo durante un tiempo. .Edia .P Parpadeé. ¿Renunciar a su trabajo? .D .Bdia ¿Te refieres a ser inquisidor? .Edia .P Sabía lo mucho que le gustaba su trabajo pero… su expresión alegre me llevaba a pensar lo contrario. .D .Bdia Así es, .Edia confirmó el hijo-heredero: .Bdia he decidido acompañarte y ayudarle a Kala. .Edia .P Lo miré con los ojos abiertos como platos. ¿Ayudarle a Kala? Gruñí. .D .Bdia Tú lo que quieres es tomarte unas vacaciones. .Edia .D .Bdia Bueno, .Edia dijo él sin negarlo, .Bdia pero lo hago por ti, por Kala… y por el clan. Soy el hijo-heredero, Drey, futuro líder de los Arunaeh: no puedo dejar que un desequilibrio como el que creé dure más tiempo. Corregiré mi error. Y te acompañaré, en nombre de Sheyra. .Edia .P No me inmuté ante su solemne afirmación. Añadió: .D .Bdia ¿O debería decir ‘os acompañaré’? .Edia .P Lo miré. Iba en serio, entendí. Mar-háï… Meneé la cabeza dirigiéndome hacia el pasillo diciendo: .D .Bdia Déjalo ya, Yodah. Es ridículo. .Edia .D .Bdia No tengo sentido del ridículo, .Edia replicó Yodah, siguiéndome. .P Pasé junto a la vieja Kabu y me detuve en la entrada, exasperado. .D .Bdia Ya-náï. Te perdono, ¿me oyes? Ya está: equilibrio restaurado. Ahora… .Edia .D .Bdia No insultes mi balanza, .Edia me previno Yodah. .P Lo miré con cara aburrida. .D .Bdia ¿Y la mía? Te digo que está perfecta. .Edia .D .Bdia ¿Incluso con Kala? El sello mantuvo la mente de Kala dormida durante diecisiete años. Su ruptura puede tener consecuencias imprevisibles. No pretendo meterme en tu mente a menos que me lo pidas, pero… .Edia .D .Bdia Yodah, .Edia lo corté. .Bdia Eres el hijo-heredero: si te pasa algo… .Edia .P .Bdm Precisamente, .Edm me interrumpió Yodah por vía bréjica. Me tensé y él apuntó: .Bdm Soy el hijo-heredero y deseo saber por qué mi padre tardó tanto en revelarme los detalles de un evento importante que pasó hace setenta años. Algo que tiene que ver con Lotus. ¿Te interesa… Kala? .Edm .P Clavé mi mirada en la suya, sobrecogido. Kala estaba agitado. .P .Bdm ¿Me está hablando a mí? .Edm murmuró el Pixie. .P .Bdm A ti te hablo, .Edm confirmó Yodah con inhabitual seriedad. .Bdm ¿No te interesa saber más sobre el por qué tu salvador fue expulsado de nuestro clan? .Edm .P De modo que Lotus había sido expulsado. No recordaba haber oído que nadie, en el clan Arunaeh, hubiera sido expulsado. Ciertamente, no se me había ocurrido que fuera posible. .P Kala gruñó de manera ambigua. .P .Bdm ¿Sabías que las siete lágrimas dracónidas en las que os metió pertenecían a nuestro clan? .Edm añadió Yodah. .P Inspiré de golpe. Sintiendo el nerviosismo de Kala, mascullé: .P .Bdm ¿Déjalo tranquilo, quieres? Le estás despertando malos recuerdos. .Edm .P Yodah sonrió y retomó en voz alta: .D .Bdia Perdón. Veo que lo has empezado a aceptar, ¿eh? .Edia .P Suspiré por toda respuesta y él agregó: .D .Bdia Entonces, ¿puedo? .Edia .P Mar-háï, ¿me pedía permiso para acompañarme? Bah, Yodah iba a hacer lo que quisiera aunque le dijese que no: sólo Liyen podía detenerlo. Deslicé la puerta de salida, abriéndola, mientras decía: .D .Bdia Haz lo que quieras, pero entrega esa carta. No saldré de Kozera hasta mañana de todas formas. .Edia .D .Bdia Cierto, .Edia apuntó Yodah, con tono divertido. .Bdia Tienes que recuperar a un Pixie, ¿eh? Está bien, .Edia retomó, alzando la carta del Gran Monje. .Bdia Se la daré a mi padre. Nos encontraremos mañana por la mañana, ¿te parece? Y te contaré algunos detalles interesantes sobre Lotus. Oh, por cierto, casi lo olvidaba: acabo de hablar con unos amigos tuyos que contactaron al clan preguntando qué te pasaba. Se hospedan en .Sm -t nomlieu La Ola de Oro . Nos veremos ahí, ¿de acuerdo? .Edia .P Ya en el umbral, me detuve, suspenso por sus palabras. .D .Bdia ¿Has dicho amigos míos? ¿Ragasakis? ¿En la ciudad? .Edia .P ¿Serían Livon y los demás? ¿Habrían encontrado a Orih? Yodah se encogió de hombros dándome la espalda. .D .Bdia ¿Sabes? .Edia Inclinó la cabeza hacia mí con una sonrisa desenfadada. .Bdia Ni siquiera se han asustado al verme. ¿Estaré perdiendo presencia? .Edia .P Mmpf. Me puse de nuevo la máscara. .D .Bdia Son gente de la Superficie, eso es todo. Kabu, un placer como siempre. .Edia Me incliné y la vieja gruñó. Bueno, ese era todo un avance con respecto a mis demás visitas… .Bdia Yodah, .Edia añadí. .Bdia Por favor, transmite mis respetos a mi madre y a mi padre, si está. Y si puedes decirle a Yánika que… bueno, que me alegro de que todo le vaya bien… .Edia .D .Bdia Lo haré, .Edia aseguró Yodah desde el fondo del pasillo. .P Me incliné. .D .Bdia Gracias. .Edia .P Los dejé ahí y salí pronto del jardín. .P Me inquietaba la decisión del hijo-heredero de acompañarme. ¿Sería un capricho? ¿Una propuesta para ver mi reacción? ¿Ganas de aventura? Quién sabe. En cualquier caso, no iba a preocuparme por ello. Estaba seguro de que su padre lo haría entrar en razón. .P .Sm -t nomlieu La Ola de Oro se encontraba en el puerto, en mi camino. Aparté la cortina insonora que hacía oficio de puerta y eché un vistazo. .P El interior de aquel albergue era espacioso y alto, con rincones elevados, tiestos con plantas, azulejos y columnas adornadas. Junto al mostrador, una barandilla curva y cubierta de oro diseñada por un famoso artista le daba nombre al lugar. Pese a todo, no era el albergue más caro de Kozera ni mucho menos. .P Entré y me dirigí hacia el mostrador, donde el encargado se inclinó. .D .Bdia Bienvenido a nuestro albergue de .Sm -t nomlieu La Ola de Oro , mahí. ¿Qué deseas? .Edia .D .Bdia ¿Recuerdas haber visto a otro Arunaeh por aquí hace poco? .Edia pregunté. .D .Bdia Sí, mahí. Salió hace un rato. .Edia .D .Bdia ¿Y las personas con las que habló? ¿Siguen aquí? .Edia .P El encargado parpadeó. .D .Bdia Las personas con las que habló, .Edia repitió, intentando recordar. .Bdia Oh… ¿una pequeña rubia con un drow albino? .Edia Esos debían de ser Zélif y Yeren, jadeé mentalmente, asintiendo. La líder y el curandero. ¿Qué hacían en los Subterráneos? El hombre meneó la cabeza. .Bdia Ah… Lamento decirte que los vi salir poco después. .Edia .D .Bdia Dánnelah, .Edia solté. .D .Bdia Pero los oí decir que iban hacia el bazar, .Edia se apresuró a añadir el encargado. .Bdia ¿No serán criminales, mahí? Puedo avisar al patrón… .Edia .D .Bdia Olvídalo, son buena gente, .Edia lo corté. Y agregué ya dirigiéndome hacia la salida: .Bdia ¡Gracias! .Edia .P Fui directo al bazar. Hubiera sido ridículo perder el rastro de Zélif y Yeren estando tan cerca. El bazar se encontraba cerca de la Gran Plaza y pasé por esta sondeando el lugar, buscando a Reik. Lo vi sentado en un banco, raspando un trozo de rama con su cuchillo, aburrido. Había temido que el mercenario, cansado de esperar, se hubiera ido a alguna taberna y que los guardias lo hubieran reconocido y encarcelado… pero, por lo visto, me preocupaba por nada. Me detuve ante él y el Zorkia se levantó con un ruido de bostezo. .D .Bdia Ya te ha costado entregar la carta, .Edia masculló. .Bdia ¿Vamos a por tu hermano? .Edia .P Me puse la mochila a cuestas. .D .Bdia Sí, pero antes vayamos a echar un vistazo al bazar. Al parecer, hay dos Ragasakis en Kozera. .Edia .D .Bdia ¿La cofradía esa de cazarrecompensas? .Edia .D .Bdia Ajá. .Edia .P Nos pusimos en marcha mientras se los describía: .D .Bdia Yeren es un drow albino, bajito, pelo blanco, piel blanca algo verdosa, tiene sangre verde, ojos verdes, una especie de escama negra debajo del ojo derecho y suele llevar una gorra negra sobre la cabeza. .Edia Aparte de la sangre verde, que sobraba, el resto era una descripción bastante acertada. Agregué: .Bdia Zélif es una faingal, pequeña, pelo rubio muy largo, parece una niña pero tiene más de treinta años y es una gran perceptista, er… suele llevar una bufanda gris. Si los ves, me dices. .Edia .P Dicho esto, llegamos a los primeros tenderetes. Reinaba en toda la zona un caos abrumador. Los olores fuertes se entremezclaban, las voces, aunque bajas, retumbaban y fluían por toda la callejuela y por los pasajes superiores paralelos. Encontrar algo específico en ese bazar era tarea laboriosa. Era un verdadero embrollo de corrientes de aire, pensé. .P Tal vez porque me estaba fijando en especial en el aire, reparé de inmediato en la mano que se acercaba a mi bolsillo y mi diamante de Kron. Aparté la mano ladrona con una corriente órica sin girar la cabeza. Si le veía la cara al ladrón, me vería obligado a interrumpir mi búsqueda para llevarlo a un guardia. Y no me apetecía. Mar-háï, ¿desde cuándo un ladrón se atrevía a meterse con los destructores? Debía de ser algún novato. Mascullé para mis adentros y hundí mis manos en los bolsillos mientras seguía avanzando por el mercado. .P No paraban de asaltarme vendedores que me murmuraban: .D .Bdia Poderoso mahí, ¿una túnica para lucir los Muérdagos? .Edia .D .Bdia ¿Una tajada fina de rowbi asado? .Edia .D .Bdia ¡Mahí, por aquí! Tenemos una oferta de flores recién traídas de la Superficie, rosas maravillosas y camelias frescas… .Edia .D .Bdia Di, mahí, ¿te gustan las piedras preciosas? .Edia .D .Bdia Mucho, .Edia repliqué al joyero, .Bdia pero se me indigestan. .Edia .P Reik soltó una carcajada ahogada. Seguimos andando hasta llegar al final de la calle. Ni rastro de Zélif ni de Yeren. Suspiré e iba a renunciar pensando que ya pasaría por .Sm -t nomlieu La Ola de Oro al final del día cuando vi una escena singular: saliendo de un bodegón, una faingal y un pequeño drow blanco sacaban casi a rastras a un humano rubio que no se tenía en pie. .D .Bdia ¡Ese es Jiyari! .Edia lo reconoció Reik, sorprendido. .Bdia Está borracho perdido. .Edia .P Suspiré. .D .Bdia Tener que tratar con cuatro borrachos en el espacio de dos días es demasiado. Vamos. .Edia .P Los alcanzamos cuando, sin aguantar ya el peso, Yeren y Zélif dejaron a Jiyari sentarse en el borde de una ventana. El rubio deliraba riendo por lo bajo: .D .Bdia Sois tan majos… Gracias… gracias… ya podéis olvidarme, niños, yo sólo… hip… causo desgracias. .Edia .D .Bdia ¡Que no somos niños! .Edia protestó Zélif. Por su tono, adiviné que no era la primera vez que se lo decía. .D .Bdia ¿Es que no me reconoces? .Edia añadió el pequeño drow albino. .Bdia Soy Yeren, de los Ragasakis. El curandero, ¿no recuerdas? .Edia .D .Bdia Nunca tuve buena memoria, .Edia murmuró Jiyari. .D .Bdia Pero de mí te acordarás, ¿no? .Edia intervine, sobresaltándolos. .Bdia Prometí que volvería… Perdón por la tardanza. .Edia .P Curiosos, Yeren y Zélif escudriñaron mi máscara, tratando de adivinar quién era… Jiyari, él, se levantó deslumbrado por el alivio y exclamó con voz temblorosa: .D .Bdia ¡Gran Chamán! .Edia .P Se me tiró encima y me abrazó. Luché por no perder el equilibrio. Una mezcla de culpabilidad y exasperación me invadió mientras sentía, a través de un velo, cómo Kala se dejaba embargar por la emoción. El Pixie correspondió a su abrazo sin que yo hiciera nada. Aposté a que ni siquiera se había dado cuenta de que me estaba robando el cuerpo. .D .Bdia Eres real, .Edia tartamudeaba Jiyari. .Bdia Eres real. .Edia .D .Bdia ¿Y cómo no voy a ser real? .Edia mascullé. .Bdia Hola, Zélif. Hola, Yeren. .Edia .D .Bdia ¿Drey? .Edia dijo al fin Yeren, asombrado. .Bdia ¿Eres tú? .Edia .D .Bdia El mismo. No esperaba veros por aquí. ¿Están también Livon y los demás en Kozera? .Edia .P Zélif se ensombreció sin dejar de escudriñar mi máscara. .D .Bdia No. Aún no han vuelto, aunque no es de extrañar: sólo ha pasado una semana desde que salieron de aquí. Aun así… tengo un mal presentimiento. .Edia .P Jiyari babeaba sobre mi traje de destructor, riéndose por lo bajo de los dioses sabían qué. Resoplando, lo aparté y lo agarré de nuevo al verlo tambalearse. .D .Bdia Diablos. No creo que les haya pasado nada, .Edia dije. .D .Bdia ¿Por qué lo dices? .Edia preguntó Yeren. .D .Bdia Er… bueno, en el peor de los casos, si los pillan los dokohis, siempre se puede esperar que les pongan collares. Si es que todavía les quedan sin usar. .Edia .P Mi razonamiento les arrancó una mueca inquieta a los dos Ragasakis y entendí que no los había tranquilizado para nada. Balanceándose, Jiyari me murmuró sin fuerzas: .D .Bdia Gran Chamán, te prometí que no bebería, pero como no volvías… .Edia .D .Bdia Lo sé, Jiyari. Tardé un poco más de lo previsto. .Edia .D .Bdia S-siií, por eso… .Edia Se agarró a mi manga. .Bdia Soy un Campeón deplorable. Pero no volverá a ocurrir… hip… lo prometo. .Edia .P Enarqué una ceja. .D .Bdia Prométemelo cuando estés sobrio, ¿quieres? .Edia .P .Bdm Mar-háï, apuesto diez kétalos a que no se acuerda, .Edm le solté a Kala. .P Kala resopló. .P .Bdm ¿Qué importa, si los kétalos están en el mismo bolsillo? .Edm .P No le faltaba razón. .D .Bdia ¿Dónde está tu hermana? .Edia preguntó Zélif. .P Ignorando los delirios de Jiyari pero sin soltarlo, contesté: .D .Bdia Yánika está con mi familia y… .Edia Advirtiendo la mirada curiosa que Zélif le echaba a la máscara de Reik, lo presenté: .Bdia Él es un amigo. Yodah me dijo que os hospedabais en .Sm -t nomlieu La Ola de Oro y que hablasteis con él… ¿Estáis aquí desde hace mucho? .Edia .D .Bdia Desde hace dos días, .Edia contestó el curandero. .Bdia Volvamos al albergue, ¿os parece? ¡Había olvidado lo ajetreado que está siempre el bazar de Kozera! .Edia .P Asentí y, entre Reik y yo, agarramos a Jiyari y nos pusimos en marcha, de vuelta hacia el puerto. Mientras caminábamos, Zélif me echaba frecuentes ojeadas poco discretas. .D .Bdia Di, Drey, .Edia dijo al cabo. .Bdia Ese pariente tuyo, Yodah Arunaeh, nos dijo que no estabas en condiciones de viajar y de cruzar el Mar de Afáh pero… te noto en plena forma. .Edia .P Hice una mueca detrás de mi máscara y aseguré: .D .Bdia Estoy mejor. .Edia .P Yeren y Zélif intercambiaron una mirada, pero no insistieron. En plena calle, nos topamos con un pequeño humano que nos contemplaba a Reik y a mí con cuatro dedos en la boca y ojos curiosos. Súbitamente nerviosa, su madre lo estiró con premura fuera de nuestro camino hacia el escaparate de una tienda y se inclinó humildemente hacia nosotros para disculparse de la molestia. .P Aunque la disculpa no le iba dirigida, Yeren se puso rojo como un zorfo. Yo la ignoré. La deferencia de la gente hacia los destructores me confundía más que otra cosa. .P Finalmente, entramos en .Sm -t nomlieu La Ola de Oro . Tras tumbar a Jiyari en la habitación de Yeren, fuimos a instalarnos en el suelo del cuarto de Zélif, cubierto por una cómoda alfombra coloreada. .D .Bdia Drey, ¿es costumbre llevar la máscara incluso dentro de las habitaciones? .Edia preguntó Yeren con curiosidad. .P Carraspeé y me quité la máscara. .D .Bdia No, pero como veis, se me han quedado pintas raras. .Edia .P Los dos me miraron, anonadados. Saqué la insignia azul de los Ragasakis de mi bolsillo asegurando: .D .Bdia Sigo siendo yo, que no os quepa duda. .Edia .P Los ojos de Zélif brillaban, mirándome como si tratara de entender el misterio. Yeren se inclinó para verme más de cerca con interés profesional. .D .Bdia Por mi vida, sí que es curioso. Una mutación, ¿verdad? Tranquilo, ciertamente son pintas raras… ¡pero diría que menos que las mías! .Edia rió. .Bdia Tu sangre sigue siendo roja, ¿verdad? Saca la lengua, a ver… .Edia .P Resoplé pero saqué la lengua, arrancándole una ancha sonrisa al curandero. .D .Bdia Bien roja, .Edia confirmó. .D .Bdia ¿Pasó de repente? .Edia preguntó Zélif. .D .Bdia Er… Sí, bueno… en cierto modo. .Edia Cerré la boca. Los ojos azules penetrantes de la faingal me pusieron incómodo. Me quité los guantes de destructor y eché un vistazo a los tres círculos de mi mano derecha agregando: .Bdia En realidad, de alguna forma… er… soy así. .Edia .P Me acobardé de pronto de contarles la verdad. Ya teníamos problemas con los dokohis y con el rapto de Orih como para que empezara a contarles los míos. .D .Bdia Tres círculos y tres líneas, .Edia dejó escapar Zélif, sobrecogida. La miré, extrañado, mientras ella cerraba los ojos durante unos instantes y los volvía a abrir. .Bdia ¿Será posible que…? .Edia .P Agrandé los ojos, desconcertado. ¿Habría adivinado algo con sólo mirar ese símbolo? ¿O sólo me lo imaginaba? ¿Yodah le habría dicho que…? Imposible. Entonces, ¿cómo? Zélif no acabó la frase, sin embargo. ¿Estaría sacando demasiadas conclusiones? .D .Bdia ¿Zélif? .Edia se preocupó Yeren. .P La faingal meneó la cabeza, ensimismada, y murmuró: .D .Bdia No es nada. .Edia .P Así, cambió de tema con brusquedad y, en pocas frases, la líder de los Ragasakis me puso al corriente de lo que sabía sobre Livon y los demás: las dos armónicas, Naylah, Livon y Tchag habían salido de Kozera el tercer Ventisca de Musarro, hacía una semana. Según Yeren, Tchag se había repuesto rápido de su inconsciencia por la pérdida del collar pero la experiencia lo había traumado. .D .Bdia Se quedó mudo, .Edia dijo Yeren. .Bdia Por lo demás, está bien y sus cuerdas vocales están en perfecto estado. La causa debe de ser psicológica. Debo decir que cuando lo examiné… lamenté no haberlo hecho antes. Tchag no es una criatura normal. De hecho, sospecho… .Edia .P Echó una mirada prudente hacia Reik, quien se había quitado la máscara y escuchaba, recostado contra el muro, sin mostrar gran interés. .D .Bdia Puedes hablar sin miedo, .Edia afirmé. .Bdia En realidad, Reik no es destructor: es un mercenario fugitivo, de lo más inofensivo. .Edia .D .Bdia Gracias por la presentación, .Edia masculló Reik, fulminándome con los ojos. .Bdia Ya que estás, diles que soy un Zorkia buscado por las autoridades de Dágovil. .Edia .D .Bdia Eso lo has dicho tú, .Edia apunté con una media sonrisa. Los dos Ragasakis lo miraban, sorprendidos. .D .Bdia Un Zorkia, .Edia murmuró Zélif. .Bdia Ya veo. .Edia .P Parecía que esa faingal lo entendía todo con una facilidad exasperante. Me giré hacia el curandero. .D .Bdia ¿Por qué dices que Tchag no es una criatura normal? .Edia inquirí. .D .Bdia Bueno… .Edia Yeren se mordisqueó el labio y suspiró. .Bdia He estado examinando su cuerpo en profundidad, y no se parece a nada de lo que conozco. Su cerebro es perfectamente esférico, pero eso no es lo más extraño: sin duda alguna le faltan órganos que para nosotros son vitales. .Edia .D .Bdia El aparato reproductor, .Edia adiviné. .P Yeren meneó la cabeza con una leve sonrisa. .D .Bdia Bueno, ese es importante pero no lo llamaría vital, no, es más grave que eso… .Edia Se ensombreció. .Bdia Sus pulmones inspiran y espiran, pero el oxígeno que aspira no va a la sangre. Porque no tiene. .Edia .P Agrandé los ojos. ¿Que Tchag no tenía sangre? .D .Bdia Imposible. Entonces, ¿para qué respira? .Edia .P Yeren explicó: .D .Bdia Para alimentar su cuerpo, que no está hecho de ningún material que conozca. Es morjás, energía viva… y a la vez no lo es. Y, obviamente, en esas circunstancias, como el oxígeno se reparte por su cuerpo sin necesidad de sangre ni venas… Tchag tampoco tiene corazón. .Edia .P Me quedé atónito y Yeren lo remató cuando concluyó: .D .Bdia Está claro que Tchag es una criatura única. Dado que es capaz de hacerse invisible cuando no respira y no se mueve, sería un excelente espía. Con una mente que parece igual de complicada que la nuestra pese a ser contenida por una esfera… con el tiempo, sería capaz de razonar como nosotros. Todo eso me lleva a sospechar que Tchag… .Edia .P Marcó una pausa en el silencio de la habitación y terminó con expresión turbada: .D .Bdia Es un arma viva fabricada por saijits. .Edia .Ch "Recuerdos de una cartógrafa" .\" 13/08/2019 Sin corazón, sin sangre… ¿cómo podía vivir una criatura así? Tchag no era un espectro. Tenía un cuerpo bien tangible que hasta necesitaba comer. ¿Y Yeren decía que había sido fabricado por saijits? ¿Que era como una mágara con consciencia? ¿Pero de dónde había salido esa consciencia? .P Tumbado en una habitación de .Sm -t nomlieu La Ola de Oro , trataba de dormir intentando ignorar la agitación de Kala. Era necesario que estuviese reposado para viajar mañana, me repetí, pues Yeren y Zélif tenían pensado salir para el oeste en una caravana que viajaba hasta las aldeas más recónditas del país de Kozera, hasta lo alto de la Cascada de la Muerte. Zélif decía haber aprendido en la Academia de Trasta detalles útiles que la habían ayudado a determinar exactamente qué lugares podían estar siendo usados por los dokohis, pero no se había explayado, diciendo que ya tendríamos tiempo de hablar en el camino. .P .Bdm Una consciencia en un cuerpo creado, .Edm dijo Kala de pronto. .Bdm ¡Es demasiada coincidencia! .Edm .P Fruncí el ceño, tragándome las ganas de replicarle que dejara de darle vueltas al asunto. .P .Bdm No sólo los laboratorios del Gremio de Dágovil hacen experimentos de esos, Kala. Además, tú dices que tu cuerpo, un día, fue saijit antes de ser transformado. Tchag no es lo mismo: según Yeren, su cuerpo no ha podido pertenecer a ningún animal de Háreka. .Edm .P .Bdm Sigue siendo un experimento, .Edm replicó Kala, temblando. .Bdm Fundieron una mente en ese cuerpo. .Edm .P Abrí bruscamente los ojos en la oscuridad. .P .Bdm ¿Y ahora me vas a decir que esa mente es la de un Pixie? .Edm .P Percibí su negación. .P .Bdm No. Lo habría notado. .Edm .P .Bdm ¿Lo habrías notado? .Edm me extrañé. .P .Bdm Sí… .Edm El Pixie vaciló. .Bdm Lo habría reconocido enseguida de ser un hermano mío, como reconocí a Jiyari enseguida y por eso casi conseguí despertar, en el barco, cuando íbamos a Donaportela, ¿recuerdas? .Edm .P Agrandé los ojos, recordando. Por primera vez, creo, había tomado el control de mi cuerpo por unos instantes, ayudándose de la pesadilla de Yánika que había forzado mi Datsu a desatarse. .P .Bdm Tchag no es uno de los Ocho Pixies del Caos, .Edm concluyó. .P .Bdm ¿Del Caos? .Edm repetí entonces, sorprendido. .Bdm Creía que era ‘del Desastre’. .Edm .P .Bdm Pues no. La vieja leyenda hablaba de los Ocho Pixies del Caos. Nosotros somos los Pixies del Caos. Si la gente cambió el nombre, es su problema. .Edm .P .Bdm Me pregunto por qué lo hicieron, .Edm medité. .Bdm ¿Tantos desastres causasteis después de huir del laboratorio? .Edm .P Kala no contestó de inmediato y, cuando lo hizo, fue por imágenes. Me hizo ver una gran torre echando humo por las ventanas. ¿Podría ser el incendio de la Torre Maga de Dágovil? Había ocurrido hacía unos cincuenta y cinco años, y se contaba que se habían perdido miles de libros y de estudios. La siguiente imagen era la de un grupo de criaturas extrañas que apenas se veían en la oscuridad y se revolcaban en un túnel, gritando de dolor. Boki sollozaba, Rao bufaba, Jiyari pedía ayuda y, sobre los demás gritos, Tafaria emitía un sonido tan fuerte que la roca que los rodeaba empezó a resquebrajarse. Kala dio el golpe final, empotrándose en la pared rocosa con todo su cuerpo metálico. Oí un estruendo como si una caverna entera estuviese viniéndose abajo. Los siete Pixies habían salido de ahí con vida de milagro. .P Cuando las imágenes se apagaron, traté de atar mi Datsu, impactado. Tras un largo silencio siniestro, murmuré: .P .Bdm ¿Y Lotus? ¿Dónde estaba cuando vosotros sufríais así y lo destruíais todo a vuestro paso? .Edm .P .Bdm Él fue a por las lágrimas, .Edm contestó Kala, vacilante. .Bdm Nosotros huíamos del Gremio y le seguíamos a Rao. Ella siempre era la más razonable. Nos dijo que no debíamos matar a nadie más. Yo tampoco quería pero, hasta que no empecé a roñarme y romperme, no podía quedarme quieto y si me asustaban… usaba mis puños. Los odiaba a todos tanto… .Edm .P Sentí un escalofrío. Kala hablaba a veces con tanta razón e inteligencia que me olvidaba de que había sido un cobaya de laboratorio torturado física y mentalmente desde su más tierna infancia… Decía él que no era saijit pese a haberlo sido, y yo me pregunté en ese momento qué era lo que deseaba realmente ahora que había ‘despertado’. .P .Bdm Dime, Kala. Cuando te transvasaste al Sello y luego a mí… ¿qué era lo que buscabas? Rehuir el dolor, eso ya lo sé, pero ¿por qué haber elegido a un saijit? ¿Por qué Rao eligió transvasarse a ella misma y a Jiyari en saijits si tanto los odiáis? .Edm .P Kala gruñó por lo bajo. .P .Bdm Cualquier brejista te lo diría: es más fácil transvasarse en una mente con una estructura semejante. .Edm .P .Bdm De modo que reconoces que eres saijit. .Edm .P .Bdm ¡No lo soy! .Edm negó Kala. .Bdm Saijit, no. Nunca. .Edm .P Suspiré y me enderecé en la cama. .P .Bdm ¿Qué haces? .Edm se sorprendió Kala. .Bdm ¿No íbamos a dormir? .Edm .P .Bdm ¿Contigo rumiando recuerdos al lado? Imposible. Voy a dar un paseo. .Edm .P Me ponía las botas cuando Kala masculló: .P .Bdm Mañana estaremos cansados. No es razonable. .Edm .P Sonreí levemente. .P .Bdm Me gusta pasear cuando hay poca gente en la calle. Vamos, te dejo el cuerpo un rato, ¿qué me dices? .Edm .P Kala enseguida se apuntó a la idea y me burlé de lo fácil que se dejaba comprar. Cerramos el cuarto con llave, bajamos las escaleras hasta la taberna y salimos haciendo un gesto seco de cabeza hacia la dependienta del mostrador. .P Caminamos por el puerto, escuchando el lento oleaje del Mar de Afáh, siguiendo el aire que danzaba arremolinándose con suavidad. El lugar estaba tranquilo aunque seguía habiendo más gente que en Firasa de noche. A lo lejos, se veían luces de barcos de pesca en las aguas negras. Pasamos junto a un hombre cargado con una red recién reparada, seguimos el movimiento brusco de un gato que pegó un salto sobre un montón de gravilla y salió disparado hacia la pequeña playa y anduvimos por la arena con placer, sentándonos finalmente a contemplar la lejanía, perdida entre las tinieblas y las columnas de la enorme caverna. .P No llevábamos ahí mucho rato cuando sentí que alguien se acercaba con pasos ligeros. .D .Bdia Drey… .Edia .P Kala se sobresaltó y se giró para ver avanzarse a la pequeña faingal por la arena. Iba descalza. Kala frunció el ceño. .D .Bdia Zélif… .Edia .D .Bdia ¿Puedo? .Edia .P Kala vaciló y asintió, agregando mientras ella se sentaba a nuestro lado: .D .Bdia No deberías ir descalza. Esta playa no se limpia como la de Firasa: podría tener cristales o cualquier otra cosa peligrosa. .Edia .P Mar-háï… ¿Le daba sermones a la líder de los Ragasakis? Y robando informaciones de mis recuerdos, encima. Zélif sonrió. .D .Bdia Tienes razón. A tu izquierda, ahí, hay unos cuantos cristales enterrados. Y ahí, una barra de hierro roñada y puntiaguda. Tranquilo, sé evitar peligros de esos. .Edia Giró una expresión serena y risueña hacia mí. .Bdia Por algo soy perceptista. .Edia .P Cierto, y por eso había sentido que salía de mi cuarto y me había seguido, entendí. Probablemente para hablarme del símbolo de mi mano. Siguiendo tal vez mi razonamiento, Kala tragó saliva y desvió los ojos de los suyos. .D .Bdia ¿Dónde aprendiste esas artes? .Edia preguntó. .P Me sorprendí. Nunca se lo había preguntado, aunque era cierto que era la primera vez que hablaba a solas con Zélif. Esta se abrazó las rodillas y miró el vaivén de las aguas sobre la arena. .D .Bdia Mis padres, .Edia dijo Zélif, .Bdia eran cartógrafos y perceptistas. Viajaba con ellos y trabajábamos mano a mano. .Edia .D .Bdia ¿Murieron? .Edia .P Zélif enarcó las cejas y asintió lentamente con la cabeza. .D .Bdia Sí. .Edia .D .Bdia ¿Cómo? .Edia .P Tenía la impresión de ser demasiado indiscreto y demasiado curioso, pero Kala por lo visto no tenía esos reparos. .D .Bdia Bueno… .Edia Zélif cambió de postura extendiendo las piernas sobre la arena antes de contestar: .Bdia Hace dieciocho años, nos contrató una mujer para buscar una reliquia en las profundidades. Estuvimos meses buscándola. La recompensa era buena, pero el trabajo era demasiado arriesgado. Creo que fue después de encontrar la reliquia cuando nos atacaron unos monstruos. No recuerdo cuáles. Lo único que sé es que yo perdí el conocimiento y, cuando desperté de veras, estaba de vuelta en Donaportela, sin mis padres, y sin nadie, con una bolsa repleta de kétalos. Tenía entonces catorce años. .Edia .P Kala no contestó. Parecía haberse dado cuenta al fin de que era demasiado curioso. Sin embargo, Zélif continuó: .D .Bdia Tuve la suerte de ser recogida por Duï, un erudito amigo de mis padres. Cuando le conté lo ocurrido, me dijo que tantos agujeros de memoria se debían a una amnesia. Él quiso tranquilizarme pero, con los años, me pregunté: ¿y si esa amnesia ha sido provocada? Recordaba vagamente los rostros de los dos guardias, pero la mujer… al principio ni siquiera me acordaba de ella. Hasta que, un día, en Donaportela, me crucé con un adorador de Sheyra, vi los tres círculos tatuados en su torso y recordé un detalle. Esa mujer… llevaba esos tres círculos en su frente. .Edia Alzó unos ojos intensos hacia los míos. .Bdia Tres círculos con tres líneas entrecruzadas. .Edia .P Kala y yo nos estremecimos al mismo tiempo. De modo que, como era lógico, Yodah no le había dicho nada sobre los Pixies. Era el símbolo el que había perturbado a Zélif y la había hecho recordar… Attah, tres círculos en su frente, me repetí con el corazón sobrecogido. Rao… ¿Podía ser Rao? .P La pequeña faingal hizo una mueca molesta y carraspeó. .D .Bdia Después de eso, me puse a dudar de todo lo que recordaba diciéndome que esa mujer era una inquisidora Arunaeh que me había cambiado la mente. Estuve revisando tu clan durante mucho tiempo, buscando a la que encargó el trabajo a mis padres. Pensaba: ¿y si el cuento de los monstruos es inventado? ¿Y si ella fue en realidad la que los mató? .Edia Meneó la cabeza mientras Kala y yo tragábamos saliva. .Bdia Fui por eliminación hasta que tuve que aceptar la evidencia: ningún Arunaeh había llevado ni llevaba ese símbolo en la frente. Y bueno, traté de olvidar toda esa historia. Una buena líder no se obsesiona por su pasado, .Edia sonrió redondeando las mejillas. Frunció el ceño, ensimismada. .Bdia Un día, le hablé de ello a Néfikel. Ya sabes, el que se fue de la Orden de Ishap y fundó conmigo y Shimaba la cofradía de los Ragasakis. Dijo que estaba seguro de haber visto en algún sitio a alguien que correspondía a la descripción. Le dije que lo olvidase pero se fue a investigar de todos modos… Y no regresó. .Edia Zélif tamborileó nerviosamente sobre sus rodillas. .Bdia Por los Ojos de Zarbandil, estoy segura de que entiendes por qué te cuento esto, ¿verdad? No creía que algún día llegara a esclarecer todo el misterio. Hasta hoy. .Edia Clavó su mirada en la mía. .Bdia Hoy tal vez puedas explicármelo tú. Dime, Drey. ¿Has visto ya a otras personas con tu misma mutación? ¿Con ese mismo símbolo? .Edia .P Guardé silencio durante largo tiempo. Dioses. Todo concordaba. Hacía dieciocho años, Rao había ayudado a Kala a fusionarse en el Sello de los Arunaeh. Para ello, había tenido que buscar la raíz de este. Considerando que Lústogan había tardado más de un año en encontrarla, no era de extrañar que Rao hubiese pedido ayuda a unos cartógrafos expertos perceptistas. Y tras encontrar el Sello… ¿los habría matado? ¿Le habría alterado la memoria a Zélif? .P .Bdm ¿Sería capaz de eso, Kala? Rao… ¿sería capaz de matar para guardar un secreto? .Edm .P .Bdm ¡No! .Edm gruñó Kala. .P Su reacción fue tal que tuve que tensar todos los músculos de mi garganta para ahogar su exclamación indignada. Sin embargo, su furia se transformó muy rápido en confusión. Zélif seguía mirándonos y Kala balbuceó: .D .Bdia L-Lo siento. Seguro que hay una explicación… Ella no puede ser. .Edia .D .Bdia ¿Ella? .Edia repitió Zélif. .P El oleaje susurraba rozando la arena. La faingal tendió una mano hacia mí me cogió la mía para observarla. La dejamos. Cuando vi algo brillar en sus ojos, apreté los dientes y traté de atar mi Datsu. No era un buen momento para rehuir de mis sentimientos. .D .Bdia Era igual que este, .Edia aseguró Zélif, liberándome la mano. .Bdia ¿Qué significa este símbolo? Lo siento, Drey, pero tengo que saberlo. .Edia .P Kala permaneció en silencio. Mascullé: .P .Bdm Kala, déjame ya: me toca hasta mañana a las tres de la tarde según el acuerdo, ¿recuerdas? .Edm .P .Bdm No le hables de mis hermanos, .Edm dijo Kala. .Bdm Ella… no lo entenderá. No es como los Arunaeh. Nos odiará, y el Gremio nos perseguirá otra vez. .Edm .D .Bdia No sé lo que significa, .Edia dije en voz alta, ignorando a Kala, .Bdia pero sé quién lo lleva. .Edia .P Zélif no me quitaba el ojo de encima. La líder de los Ragasakis no tenía miedo de descubrir la verdad. Tampoco perdía el control sobre sus nervios. Esperaba pacientemente, exigiendo respuestas. .D .Bdia Intentaré explicarte lo que sé, .Edia prometí al fin. .Bdia Esto es muy nuevo para mí también. Sólo sé que, los que tienen esa mutación, comparten un mismo origen. .Edia .P Desvié la mirada hacia las sombras del mar. El tranquilo oleaje ya no me serenaba para nada y era el Datsu el que se ocupaba de calmar mis nervios. La alteración de Kala no lo arreglaba. .D .Bdia El caso es que llevo en mi mente… .Edia .P Recibí un golpe mental y jadeé. Kala protestó: .P .Bdm Otra vez estamos con las mismas. Esta es mi mente, Drey. ¡La mía! No divulgues secretos que podrían ponernos en peligro a todos. Los Arunaeh son diferentes. Pero ella… .Edm .P .Bdm Puede que de verdad Rao le haya trastornado recuerdos, .Edm siseé. .Bdm Ella fue la que contrató a sus padres y estos murieron. ¿Y me dices que Zélif no tiene derecho a saber? No interfieras en esto. .Edm .P Kala se quedó sorprendido, sin saber qué contestar. Antes de que reaccionase, declaré: .D .Bdia Los Ocho Pixies del Caos. ¿Has oído hablar de ellos? .Edia .P Zélif me miraba, confundida por mi comportamiento. .D .Bdia Sí… Son una leyenda tradicional vieja de varios siglos. ¿Qué tiene que ver? .Edia .D .Bdia Ya lo vas a entender. Hace unos cincuenta y pico años, salieron siete niños de un laboratorio del Gremio de Dágovil después de haber padecido experimentos de todo tipo sobre su cuerpo… y tal vez sobre su mente. Uno tenía un cuerpo metálico, otro elástico, otro estaba cubierto de plumas… pero no podía volar y le dolía todo el cuerpo. Durante años creyeron que los científicos los curaban. Cuando comprendieron que no era así, huyeron masacrándolos a todos y se hicieron llamar los Ocho Pixies del Caos, incluyendo al brejista que los ayudó. .Edia Alcé la mirada hacia las lejanas estalactitas. .Bdia Ese brejista comprendió que poco a poco sus cuerpos inestables se descomponían y los transvasó a una lágrima dracónida a cada uno. Los dejó así, en reposo, durante décadas, salvo a una. Esa… la transvasó a un recién nacido. Y sin duda es la persona a la que tú viste. La persona que vio pasar la guerra de la Contra-Balanza y la que se encargó de transvasar la mente de cada uno de sus compañeros a un nuevo cuerpo. Ahora, créeme o no, el transvase no funcionó conmigo, sigo teniendo la misma consciencia que cuando nací y… .Edia .P Callé cuando bruscamente Zélif se levantó. La miré, sorprendido. Cuando habló, sus ojos brillaban, su voz temblaba. .D .Bdia ¿Me estás diciendo que tienes en tu cabeza una mente que conoció a esa mujer? ¿De verdad tengo que creerme eso? .Edia Sentí cómo su respiración se precipitaba. Ella normalmente tan tranquila… Me dio de pronto la espalda como para esconder su expresión turbada y agregó con voz ahogada: .Bdia D-Dime, Drey. ¿Acaso confié demasiado en ti? .Edia .P Algo encorvada, claramente confusa, se alejó con pasos silenciosos y vacilantes. Caray. ¿No me había creído? .P .Bdm Te lo dije, .Edm lanzó Kala, malhumorado. .P Fruncí el ceño y, mientras se alejaba, solté con franqueza: .D .Bdia Aprendí lo que es la verdadera confianza con vosotros, Ragasakis. .Edia La líder se detuvo, suspensa, sin girarse, y aproveché para confesarle: .Bdia Vosotros me enseñasteis a dejar de huir, vosotros me disteis un hogar al que quiero tanto como al de mi verdadera familia. Por eso, .Edia dije; empuñé la arena con ambas manos y alcé la voz, .Bdia por eso quiero devolveros el favor sea como sea. Lo que te he dicho sobre los Pixies es todo cierto. Lo juro por Sheyra. .Edia .P De espaldas a mí, Zélif se abrazaba a sí misma guardando silencio. La pequeña faingal me parecía tan frágil en ese instante… Entonces, empezó a darse la vuelta y… de pronto pegó un grito de dolor. Di un bote de sorpresa y estuve junto a la faingal en un abrir y cerrar de ojos. .D .Bdia ¿Zélif? ¿Estás bien? .Edia .D .Bdia He pisado un cristal, .Edia gruñó. .Bdia Me sangra. .Edia .P Era cierto. Y la visión de la sangre me empezaba extrañamente a marear. No, entendí con sorpresa. Era Kala el que se mareaba, asustado. ¿Es que Jiyari no era el único Pixie al que le pasaba? Al menos no se desmayaba… Desaté el Datsu y me agaché junto a la faingal. .D .Bdia Súbete, anda. Te llevaré de vuelta al albergue. .Edia .P Con ojos aún brillantes de lágrimas, Zélif parpadeó. .D .Bdia ¿Qué? .Edia .D .Bdia Que te subas. Podría haberse quedado algún trozo de cristal dentro: es mejor que no apoyes el pie. .Edia .P La vi vacilar. Diablos, ¿a qué esperaba? Finalmente, la pequeña faingal se subió, la agarré, me levanté y tomé la dirección de .Sm -t nomlieu La Ola de Oro . .D .Bdia Pesas todavía menos que mi hermana, .Edia comenté. .P No contestó. Cuando pasamos por la recepción, aseguré que no necesitábamos médico, que ya teníamos uno, y fuimos directos a la habitación de Yeren. Este abrió la puerta con cara medio dormida. .D .Bdia ¿Qué paaasa? ¿Ya es la mañana? .Edia .D .Bdia Zélif se ha metido un cristal en el pie, .Edia expliqué. .P El curandero enseguida se despabiló y, mientras limpiaba la herida, sermoneó a la pequeña faingal mascullando: .D .Bdia Por el amor del cielo, Zélif, no seas tan imprudente. Quién sabe lo que podrían tener esos cristales. Siendo tú perceptista, me extraña que no lo evitaras. .Edia .P Sentada sobre su cama deshecha, Zélif estaba sonrojada. Suspiró y alzó la vista hacia mí. .D .Bdia Drey. Lo siento. Me precipité. .Edia .P Sabía que no se refería al cristal sino a mi historia de Pixies. Incliné levemente la cabeza. .D .Bdia Es culpa mía. Fui demasiado directo. .Edia .P Yeren nos miró alternadamente, confundido. .D .Bdia ¿Cómo que directo? ¿De qué estáis hablando? ¿Qué hacíais fuera a esas horas de todas formas? .Edia .P Consulté mi anillo de Nashtag. .D .Bdia Ciertamente es muy tarde. Será mejor que vuelva a mi cuarto o no habrá quien me levante a la mañana. Con permiso. .Edia .P Me incliné y me alejé por el pasillo hasta mi habitación. Cuál no fue mi sorpresa cuando oí un sollozo proveniente de un cuarto vecino. El de Jiyari… Mi cuerpo se movió solo, abrió la puerta y la cerró murmurando: .D .Bdia ¿Jiyari? ¿Estás bien? .Edia .P .Bdm Kala… .Edm mascullé. .P Pero la inquietud de Kala me pudo y me acerqué hacia los sollozos en plena oscuridad. .D .Bdia ¿D-Drey? .Edia preguntó el joven con la voz ahogada. .Bdia ¿Eres tú? .Edia .D .Bdia Soy yo. Drey. Kala. Y el Gran Chamán. .Edia .P Los sollozos se detuvieron. Me paré ante la cama y sentí una mano buscarme a tientas, moviendo el aire. Antes de que pudiera agarrársela, me aferró por el chaleco. .D .Bdia Gran Chamán… .Edia .P Estiró con fuerza. No me lo esperaba y caí sobre él emitiendo un gruñido. .D .Bdia Attah… ¿Qué diablos haces? .Edia mascullé, tratando de levantarme. .P Pero Jiyari no me soltaba. .D .Bdia Por favor. Sólo esta noche. Esta noche, tengo tanto dolor. Tengo miedo… Por favor… .Edia .P Me quedé inmóvil por unos instantes mientras él me agarraba sin querer dejarme ir. Kala temblaba por dentro. .P .Bdm No lo sueltes, .Edm me dijo. .P .Bdm Pero… .Edm protesté. .Bdm No es natural. ¿Qué diablos le pasa? .Edm .P .Bdm Abrázalo, Drey, .Edm me replicó Kala sin contestar. .P ¿Qué? Kala se sentía tan impactado, que no hallé razón por la que no hacerle caso. Aun así, me sentí ridículo cuando respondí al abrazo de Jiyari. .P .Bdm Él… .Edm murmuró Kala en mi mente. .Bdm Jiyari es el más sensible de todos nosotros. Él sufre el que más. Siempre lo ha hecho. Pocas veces recuerda pero… cuando lo hace, le viene todo igual, como si lo reviviese. Está muerto de miedo. Consuélalo o deja que lo haga yo. Oírle llorar así… me destroza el corazón. .Edm .P Cerré los ojos en la oscuridad con el cuerpo de Jiyari aferrado al mío como si me hubiese confundido con un salvavidas. Su respiración precipitada moría contra mi pecho, sus brazos temblaban, su corazón latía tan fuerte que lo oía retumbar contra el mío. El más sensible, decía, y el que más sufría… Recordé vagamente el inmenso dolor de Kala y, escuchando la aspiración entrecortada de Jiyari, me pregunté: ¿cómo lo aguanta? .P La respuesta era sencilla: no lo aguantaba. .Ch "El maestro Jok" .\" 15/08/2019 .Bcita Imponer o dejar hacer… tal es el juego de los saijits. Por más que queramos quedarnos en las sombras, los inquisidores somos peones de la sociedad. .Ecita .autor-cita Yodah Arunaeh .salto Cuando desperté, a la mañana siguiente, me encontré sobre la alfombra del cuarto de Jiyari mientras este dormía a pata suelta en la cama. Reprimí un gruñido. Me pasaba toda la noche consolándolo y así me lo pagaba: tirándome de la cama. Al menos, le había robado la manta. .P Me enderecé, recoloqué la manta sobre el Pixie y me quedé observándolo mientras dormía. Sus mechones rubios caían desordenadamente sobre su rostro de tez bronceada. Tenía una expresión sosegada. .P .Bdm Parece que ya no está histérico, .Edm dije mentalmente. .P .Bdm Vuelve a llamarlo histérico y te hago la vida imposible, .Edm replicó Kala. .Bdm Jiyari es sensible, eso es todo. .Edm .P Lo defendía con uñas y dientes, sonreí. No repliqué porque en ese momento me encontré con los ojos negros de Jiyari. .D .Bdia Estás… cambiado, .Edia murmuró. .D .Bdia Al contrario que tú, .Edia lancé con ligereza. .Bdia Ahora que lo pienso, ¿tu piel no debería ser gris todo el tiempo? .Edia .P Se enderezó, estirándose mientras confesaba: .D .Bdia No lo sé. Di… ¿Qué haces en mi cuarto? .Edia .P Lo contemplé con los ojos gran abiertos. .D .Bdia ¿No lo recuerdas? .Edia .D .Bdia Pues no. .Edia Jiyari pestañeó, confuso. .Bdia Recuerdo que estaba bebiendo un vaso de licor en casa de Kormer cuando me sacaron dos niños de ahí y… te encontré. Es verdad, .Edia añadió, sonriente. .Bdia Recuerdo haber reído un rato porque llevabas una máscara ridícula. Y luego… diablos, te prometí que no bebería nunca más, ¿verdad? .Edia .P .Bdm Diez kétalos para mí, .Edm se burló Kala. .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Cierto. .Edia Supuse que, si no recordaba nada de su crisis de aquella noche, era mejor así. Me dirigí hacia la puerta soltando: .Bdia Prepárate. Nos vamos de viaje. .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia se emocionó Jiyari. .Bdia ¿Voy contigo? Espera… Hay un problema, .Edia se ensombreció. .D .Bdia ¿Cuál? .Edia me sorprendí. .D .Bdia El maestro Jok, .Edia explicó el rubio. .Bdia Le tenía que llevar una carta de otro escribano de Kozera con la copia de un manuscrito… .Edia Rebuscó en los bolsillos de su túnica gris y sacó los papeles. .Bdia Aquí están. .Edia .D .Bdia Nos pasaremos por tu Escuela Sabia, .Edia lo tranquilicé. .Bdia Ven. Vayamos a desayunar. .Edia .P Cuando salimos, todos estaban ya despiertos y desayunando en una de las pequeñas terrazas elevadas dentro de la taberna. Zélif estaba tumbada en un sillón balanceando su pie vendado mientras sorbía un zumo de zorfos, Yeren hablaba del desayuno idealmente equilibrado aunque apenas comía y Reik mascaba a dos carrillos. Los saludé con ánimo: .D .Bdia ¡Buen rigú a todos! .Edia .P Me senté en los cojines, cómodamente recostado, y me puse a rellenar mi plato mientras preguntaba: .D .Bdia ¿Habéis dormido bien? .Edia .P Los tres intercambiaron miradas. .D .Bdia Yo como un oso lebrín, .Edia dijo el Zorkia con voz profunda. .Bdia Aunque oí jadeos en el cuarto vecino a las tantas. .Edia .P Había oído a Jiyari llorar, entendí. Yeren se había sonrojado levemente y se aclaró la garganta mientras señalaba los tugrines a la plancha. .D .Bdia Están especialmente buenos. .Edia .P Sonreí. .D .Bdia Sí, ¡mi desayuno favorito! .Edia Agarré con las pinzas unos cuantos tugrines y, de paso, le serví a Jiyari también antes de agregar: .Bdia ¿Todavía tenemos tiempo antes de que salga la caravana, no? Sale a las nueve, si no me equivoco, ¿verdad? Jiyari tiene que entregar algo a su maestro y supongo que recoger alguna pertenencia… .Edia .D .Bdia Claro, tenéis tiempo de sobra, .Edia aseguró Zélif. .P La pequeña faingal alzó entonces la cabeza y la giró hacia las escaleras que subían hasta la pequeña terraza. Vi a Yodah, pero fue el percibir un aura muy familiar lo que me hizo levantarme con el corazón acelerado. ¿Podía ser…? .D .Bdia ¡Hermano! .Edia .P .Bdm ¡Hermana! .Edm murmuró Kala mentalmente, incrédulo. .Bdm Es nuestra hermana, ¿verdad? .Edm .P ¿Acaso no la reconocía? .D .Bdia Yánika, .Edia resollé. .P En un remolino de trenzas rosas, mi hermana adelantó al hijo-heredero y se detuvo ante mí, contemplándome con intensidad. Posé una mano enguantada sobre su cabeza, desconcertado. .D .Bdia Vaya, Yani… ¿Te has hecho todo el viaje sólo para verme? .Edia .D .Bdia Insistió, .Edia dijo Yodah, alcanzándonos. .Bdia De hecho, insistió en pasarse toda la noche en vela para terminar con su trabajo y poder acompañarte. .Edia .P Parpadeé. ¿Acompañarme? El aura de Yánika estaba cansada y a la vez hervía de alegría. .D .Bdia ¡Les puse los Datsus! .Edia dijo. .Bdia Me ayudó Madre… pero se los puse yo. .Edia .P Dejando que el Datsu se tragara mi sorpresa, entendí que el Sello había sido reparado lo suficiente como para aplicar el Datsu de nuevo. Sin embargo, Yani había hablado en plural. ¿Quién…? Agrandé los ojos. Claro. Mi prima Alissa no era la única en carecer de Datsu: la pequeña Suri también lo necesitaba. Teniendo en cuenta que ambas eran hijas de Rafda, el buen barquero debía de estar feliz. Todos debían de estarlo. .P Miré a mi hermana con una mezcla de incredulidad y admiración. .D .Bdia Eres la salvadora del clan, Yani, .Edia sonreí. .Bdia ¿En serio repa…? .Edia .D .Bdia Drey, .Edia me cortó Yodah a tiempo. Había estado a punto de hablar del Sello ante gente extranjera al clan. Hice una mueca y murmuré una disculpa. Ignorándola, el hijo-heredero mostró una sonrisilla gratamente sorprendida. .Bdia Por Sheyra, ¡pero si tengo aquí a dos antiguos pacientes! .Edia .P Miró a Jiyari y me fijé en que el Pixie fruncía el ceño, tratando de recordar… Miró a Reik. Este no se había puesto aún la máscara y pude ver el brillo asesino en sus ojos clavados sobre el hijo-heredero. .D .Bdia Sucia sanguijuela mental, .Edia tonó el Zorkia por lo bajo. .Bdia Lo pagarás algún día. .Edia .P Yodah suspiró. De modo que no sólo había interrogado a Jiyari… Yo que había participado en el interrogatorio de un Arunaeh me hice una idea clara de qué era lo que Yodah les había hecho a Reik y a sus compañeros apenas unos días atrás, cuando habían caído entre las manos de los guardias kozereños. .D .Bdia ¿No te gustó? .Edia se extrañó Yodah. .Bdia Fui particularmente suave, ¿sabes? Cuanto más dolorosa y violenta ha sido la vida de mi paciente, más suave soy y más estimulo el placer, la impotencia y el amor. Quisiste confesarme todos tus crímenes, ¿o no? Tranquilo, .Edia añadió alzando las manos al ver que Reik se levantaba bufando. .Bdia No suelo hablar de mis sesiones con los pacientes. Siento curiosidad por saber cuál fue tu impresión, eso es todo. Me sorprendería que la calificaras de desagradable. .Edia .D .Bdia Yodah, .Edia intervine. .Bdia Creo que no es el momento. .Edia .P Con el rostro frío como el hielo, Reik se giró bruscamente hacia mí. .D .Bdia ¿Qué significa esto, Kaladrey? ¿Por qué está aquí ese demonio…? .Edia .P Yodah se carcajeó. .D .Bdia ¿Kaladrey? .Edia repitió. .D .Bdia ¿No te gusta? .Edia sonreí y traté de borrar mi sonrisa porque Reik podía malinterpretarla. Le dije: .Bdia Disculpa. Olvidé que Yodah y tú ya os conocíais. Por eso pienso, Yodah, que si sigues con tu idea de acompañarnos… .Edia .D .Bdia Ciertamente, me asusta un poco ese hombre, .Edia me cortó Yodah, burlón, .Bdia pero no me acobardaré. Piénsalo, mercenario, .Edia agregó con súbita gravedad, .Bdia tú hiciste tu trabajo en tu compañía, y yo hago el mío en las cárceles. No hay nada personal. .Edia El comandante Zorkia seguía rezumando veneno por doquier, pero se quedó inhabitualmente mudo. ¿Bréjica?, me dije. ¿Le habría dicho algo por bréjica? El hijo-heredero asentía, satisfecho. .Bdia Bueno, creo que ya conozco a todo el mundo. Un placer volver a encontrarnos tan pronto, Zélif de Eryoran. He decidido acompañar a mis jóvenes parientes aquí presentes para vigilarlos. ¿Vais para el oeste, no? Espero que no os moleste que os acompañe. .Edia .P .Bpenso Como si te importase, .Epenso resoplé para mis adentros. No podía creer que Liyen le hubiese dado el visto bueno. Si quería vigilarme, podría haber mandado a cualquier otro Arunaeh, que no al mismísimo hijo-heredero. Pero… tampoco me imaginaba a Liyen prohibiéndole nada rotundamente a su hijo. Al fin y al cabo, cada Arunaeh elegía su senda… .P Mis ojos se movieron solos hacia Jiyari. Attah… Kala se preocupaba por él, vale, ¡pero no era una razón para romper el acuerdo a cada instante! Sin embargo, olvidé el detalle cuando vi que el humano rubio había palidecido. .D .Bdia ¿Estás bien, Jiyari? .Edia le murmuré mientras Zélif y Yodah hablaban de la ruta que recorreríamos. .P Yánika también se interesó por el curioso comportamiento de Jiyari. Entonces, este retrocedió un paso, nervioso. .D .Bdia Lo he recordado. .Edia .D .Bdia ¿Tu interrogatorio con Yodah? .Edia me inquieté. .P El Pixie rubio meneó la cabeza. .D .Bdia No… El por qué has pasado la noche conmigo. .Edia .P Me tragué un bloque de aire súbito. Yánika ladeó la cabeza, intrigada. .D .Bdia ¿Habéis pasado la noche juntos? .Edia .P Hice una mueca. .D .Bdia Ar… ¡No! Bueno, sí, pero es que él estaba… .Edia .D .Bdia No sabía que os quisierais así, .Edia comentó Yánika. .P Sonreía ampliamente, con su aura llena de diversión. Agrandé los ojos. .D .Bdia ¿Qué? .Edia me atraganté. .Bdia ¡No! Yo sólo entré porque… .Edia .D .Bdia Lo noto, .Edia aseguró Yánika. .Bdia Te lo dije. Sé que él y tú os queréis mucho. .Edia .D .Bdia Con locura, .Edia mascullé, burlón. .Bdia Pero no malinterpretes las cosas, Yani. Y tú, Campeón, ¿de qué te ríes? .Edia .P Jiyari reía con su habitual despreocupación y me pasó un brazo por los hombros diciendo: .D .Bdia Venga, Gran Chamán, no seas tímido. Quién sabe lo que es nuestro amor, en realidad. ¿Un amor entre hermanos? ¿Un amor entre amantes? .Edia .D .Bdia Algo más fuerte, .Edia dijo de pronto Kala. .P El que faltaba… Rechiné los dientes mentalmente. .P .Bdm Kala, los dos días y medio, ¿los recuerdas? Para qué haré acuerdos contigo… .Edm .P Jiyari enarcó una ceja y sonrió anchamente. .D .Bdia ¿Un amor que ningún saijit puede entender, entonces? .Edia propuso. Y me soltó al fin diciendo con serena franqueza: .Bdia Gracias, Drey. Te debo una por lo de esta noche. .Edia .P Su sinceridad era tal que me calmé de golpe y dije con parquedad: .D .Bdia De nada. Es lo que hacen los amigos. .Edia .P Insistí bien en la palabra y, consciente de que ahora todos me miraban, me froté vigorosamente la cara, me senté ante mi desayuno y mascullé: .D .Bdia ¡Attah…! No puede uno desayunar tranquilo. .Edia .P Y me puse a engullir los tugrines a la plancha con hambre. .salto Tras llevar a Neybi del establo a la plaza de caravanas y dejar que los demás colocasen sus trastos sobre ella, Yánika y yo acompañamos a Jiyari hasta la Escuela Sabia para que este entregase el encargo y se despidiera de su maestro. De camino, mi hermana se puso a contarme su estancia en la isla. .D .Bdia No tuve tiempo de visitar mucho el lugar, .Edia confesó, .Bdia pero el abuelo Rayp insistió para que subiéramos hasta la cima de la colina. Me dijo que antes solía subir contigo. .Edia .D .Bdia Mm… Las vistas son hermosas, ¿eh? .Edia sonreí. .D .Bdia ¡Maravillosas! Bueno, no se ve mucho aparte de las luces pero… me gusta el Mar de Afáh. .Edia Sus ojos centellearon al decirlo. Me agarró del brazo mientras añadía con ánimo: .Bdia ¡También me hice amiga de Alissa! No sabía que tuviera una prima de mi edad, ¿por qué no me lo dijiste? ¡Es tan dulce! La persona más dulce que conozco. Apenas se atrevía a hablar, y tan tranquila… La tía Sasali dice que siempre ha sido así y que al menos no parecía necesitar el Datsu tanto como otros. No era del todo cierto pero… ¿Sabes? Le he prometido que le llevaré una flor de soredrip de Firasa cuando vuelva. A ella también le gusta el blanco. .Edia .P Siguió hablando de su prima hasta que notó mi turbación y preguntó: .D .Bdia ¿Qué pasa? .Edia .P Meneé la cabeza. .D .Bdia Nada. Me alegro de que te haya gustado la isla. ¿Estás segura de que no quieres volver? .Edia .P Yánika hizo un mohín absorto. .D .Bdia Volveré, pero más tarde. Mi trabajo ya estaba casi terminado y Madre me dijo que ya no estaba obligada a quedarme. Ella… me ha ayudado mucho, ¿sabes? En unas semanas, he entendido muchísimas cosas sobre el Datsu. Pero… también quiero ayudar a los Ragasakis. Y ayudarte a ti. .Edia .P Suspiré. Yánika quería ayudarme. Yodah también. ¿Acaso les había pedido auxilio? No. Sin embargo… Ahora que estaba a su lado, me daba cuenta de lo mucho que la había echado de menos y de lo mucho que su aura me influenciaba. Con ella, tenía la impresión de ser más saijit. Y de estar más vivo también. Pasé una mano fraternal por sus hombros. .D .Bdia Gracias, Yani. Por venir. .Edia .P Yánika me devolvió una sonrisa con los labios apretados. Murmuró: .D .Bdia Los Arunaeh son buena gente, pese a todo… pero tú eres mi mejor familia. .Edia .P Ante sus palabras, sentí un impulso de cariño. .D .Bdia Lo mismo digo, .Edia dije con suavidad. Caminamos un instante en silencio. Entonces, solté: .Bdia Una pregunta. Madre no intentó cambiarte el Datsu, ¿verdad? .Edia .P Para alivio mío, Yánika negó con la cabeza. .D .Bdia Ella no es así, Drey. Pero, de todas formas, no podría. No es mi Datsu el que provoca el aura: soy yo. El Datsu sólo provocó la mutación. Aunque… como no era tan eficaz contra las intrusiones bréjicas como los demás, Madre y yo intentamos cambiarlo un poco para hacerlo más resistente al miasma, .Edia confesó. .P Una mutación. No lo sabía. Sin duda, revertirla quedaba fuera de las capacidades de un brejista. La miré. No parecía entristecerse por ello: había asumido su poder desde hacía tiempo y su estancia en la isla no iba a cambiarlo. Sonreí interiormente y meneé la cabeza. .D .Bdia Creía que el concepto del Datsu no te convencía. ¿Por qué les has puesto uno a Alissa y a Suri entonces? .Edia .P El aura de Yánika vaciló. .D .Bdia Bueno. Es cierto que no sé muy bien qué pensar del Datsu. Pero Alissa se sentía muy triste porque no lo tenía. No lo decía, porque no quería molestar a los demás, pero se sentía tremendamente triste incluso con la protección que le pusieron contra el miasma… Cuando desapareció el miasma, lo noté claramente. Madre dijo que los Arunaeh necesitaban el Datsu. Incluso yo tengo uno, aunque no funcione igual. Creo… que hice bien poniéndoselos. .Edia .P Una ligera duda flotaba en su aura decidida. Sonreí y asentí. .D .Bdia Ya sabemos quién será la próxima Selladora del clan. .Edia .P El aura cambió de pronto, resplandeciente de orgullo, y la vi sonreír con todos sus dientes, riéndose por lo bajo. .D .Bdia ¡Eso mismo me dijo Lústogan! .Edia .P Ralenticé de golpe. ¿Lústogan? Mmpf. Me burlé: .D .Bdia Supongo que después de verlo coger almejas con el abuelo no te dará tanto miedo. .Edia .P Yánika resopló, divertida. .D .Bdia Mm… Es igual de seco que siempre. Pero hemos cenado todos juntos casi todos los días y creo que empiezo a entenderlo mejor. En realidad, piensa mucho en su familia. .Edia .D .Bdia Sin duda, mucho. Y ahora, por lo visto, tú has entrado en ella. .Edia Intercambiamos una mirada pensativa y apunté, bromista: .Bdia Ya le ha costado. .Edia .P Resoplamos de risa. Jiyari, que iba caminando delante, se detuvo en ese momento señalando un gran portal que conducía a un ancho edificio en madera de tawmán. .D .Bdia Aquí es, .Edia dijo. .Bdia Seré rápido. .Edia .P Asentí y, tras verlo empujar el portal y entrar, me recosté contra el muro de piedra que rodeaba la Escuela Sabia de los Escribanos de Kozera. .D .Bdia ¿De modo que el miasma desapareció por completo? .Edia pregunté tras un silencio. .P Yánika asintió. .D .Bdia Sí. Según Madre, el Sello todavía no está como antes, pero ahora es posible crear Datsus por lo menos. .Edia .D .Bdia Bueno, es la razón de ser del Sello, ¿no? .Edia .P Yánika hizo una mueca y sentí su aura reservada. .D .Bdia ¿Hay otra razón? .Edia me extrañé. .P Nunca se me había ocurrido que el Sello pudiera servir para otra cosa que para poner Datsus. Yánika se mordió un labio y se cruzó de brazos pensativa. .D .Bdia La hay. Pero… no puedo decírtela. .Edia .P Su aura sólo podía impulsar mi curiosidad. Adivinándola, Yánika se incomodó… Desaté conscientemente mi Datsu para aplacar mi indiscreción. .D .Bdia Entonces no me digas nada, .Edia la tranquilicé. .Bdia Para ser Selladora, saber guardar secretos es un deber. .Edia .P Yánika sonrió, aliviada al ver que la entendía. Nos sentamos contra el muro, viendo la gente pasar. Un drow forzudo transportaba varias sillas; un niño humano que iba con un anobo cargado de cántaros hacía sonar una campanita para que todos supieran que el lechero estaba pasando por la calle; poco después, cinco aprendices escribanos entraron por el portal sin reparar en nosotros, murmurando entre sí. De pronto, mi hermana sonrió y preguntó: .D .Bdia ¿No te recuerda algo? Aquel día, en Dágovil, cuando jugamos al cuenta-humanos y que yo no sabía reconocer a los caitos. .Edia .P Me reí. .D .Bdia Sí. ¿Te acuerdas? En aquella época, medías poco más que esto, .Edia dije, apartando la mano del suelo de unos centímetros. .P Yánika me dio un codazo. .D .Bdia ¡Eso no es posible! .Edia .D .Bdia Poco más, .Edia aseguré. .Bdia Eras un renacuajo. .Edia .P Yánika se carcajeó, protestando, y me burlé de ella hasta que nos sumimos en otro silencio sereno. Entonces, murmuró: .D .Bdia Aquel día, también vimos a la niña gris que te dio la lágrima dracónida. .Edia .P Inspiré y asentí. .D .Bdia Cierto. Y ahora yo tengo las mismas pintas que ella, ¿verdad? .Edia .P Yánika me miró de reojo. .D .Bdia ¿Qué tal lo llevas? Ya sabes, .Edia añadió, .Bdia Yodah me dijo que probablemente Kala y tú… .Edia .P Asentí. .D .Bdia Habla como un cotorro, no nos ponemos de acuerdo y tenemos intereses distintos… pero vamos tirando. ¿A que sí, Kala? .Edia añadí, burlón. .P Kala resopló. .D .Bdia Tan mal acompasados no estamos, .Edia matizó en voz alta. .D .Bdia No, pero me prometiste que me dejarías el cuerpo hasta las tres de la tarde, te recuerdo, .Edia mascullé entre dientes. .P Para sorpresa mía, Yánika ahogó una risa detrás de su mano. .D .Bdia No… ¿En serio es así? .Edia preguntó. .P ¿Le hacía gracia? Suspiré con una leve sonrisa. .D .Bdia Como lo ves. Lo peor es que Kala es más ingenuo que un niño. En realidad, cuando se metió en la lágrima, tenía mi edad y el cuento de los setenta años es falso como que dos más dos son cinco. Y considerando que él ha vivido tantos años encerrado, huyendo y sufriendo, no sabe leer y no sabe nada del mundo. Odia a los saijits salvo a los Arunaeh, e ignora que él es un saijit… .Edia .D .Bdia Y me llamas cotorro a mí, .Edia replicó Kala. .P Yánika volvió a resoplar de risa. Kala y yo suspiramos al mismo tiempo. Entonces, alcé la cabeza. .D .Bdia ¿No está tardando demasiado? .Edia .P Llevábamos ya un buen rato ahí sentados. Me levanté y me acerqué al portal. Vacilé. Y le dije a Yani: .D .Bdia Voy a entrar. Espera aquí, ¿quieres? .Edia .P Yánika asintió agarrando los barrotes del portal. .D .Bdia ¿Crees que le ha pasado algo? .Edia se inquietó. .P Me encogí de hombros en signo de ignorancia y pasé el portal. Anduve por el camino terroso. Al ver que ahí no había ni jardines ni flores, recordé cómo Jiyari se había emocionado ante la perspectiva de vivir en una casa florida. ¿Por qué no habría sembrado ahí algunas semillas? El trozo de tierra era estrecho, pero probablemente hubieran crecido bien. ¿Se lo habría prohibido ese tal maestro Jok? .P Subí hasta la veranda del edificio, donde me interceptó un humano escribano con sotana blanca. .D .Bdia ¡Hey! Lo siento pero no se puede entrar ahí sin permiso. ¿A qué vienes? .Edia .D .Bdia A por Jiyari, .Edia repliqué. .Bdia ¿Lo conoces? .Edia .P El escribano arqueó las cejas, detallando mi rostro con prudencia. .D .Bdia ¿Jiyari? No, nunca he oído ese nombre. Por favor… .Edia .P Me señalaba la salida justo cuando oí una exclamación: .D .Bdia ¡Mensig! ¿Adónde te crees que vas? .Edia .P Me erguí. Mensig, me repetí. Es verdad. Ese era el nombre que llevaba oficialmente Jiyari desde que se había transvasado a ese cuerpo. Ignorando las protestas del escribano, rodeé el edificio y vi a Jiyari en la veranda, despatarrado en el suelo con numerosos cuadernos desparramados a su alrededor. Ante él, se erguía un kadaelfo furibundo con la mano alzada. .D .Bdia ¡Estoy harto de tu comportamiento! .Edia tonó controlando mal su cólera. .Bdia ¿Quieres irte otra vez a codearte con criminales? ¡Ya te trajo hace unos días la guardia de Kozera y cubriste a toda la Escuela de vergüenza! He sido siempre demasiado clemente contigo. Te veía como a un niño trastornado, pero ahora me doy cuenta de que eres un maldito pícaro que se aprovecha de la generosidad de los demás. .Edia .D .Bdia Maestro Jok, .Edia balbuceó Jiyari, alzando las manos. .Bdia ¡Lo siento un montón, pero tengo que ir! .Edia .P El maestro Jok lo asesinó con la mirada y se adelantó para agacharse y agarrarlo del cuello de su camisa siseando: .D .Bdia ¿Cuántas veces te has disculpado, niño borracho? Ya ni las cuento. Pero se acabó. Esta vez de verdad. Si quieres marcharte, vete, pero no vuelvas nunca. Nunca perteneciste a esta escuela, nunca te recogimos. Fue el mayor error de mi vida. .Edia .P Lo soltó. Kala temblaba de rabia. Pese a mí y pese a las súplicas del humano escribano que me había seguido, se adelantó hacia ellos rugiendo con voz envenenada: .D .Bdia Eso es: no lo mires, no le hables. Olvídalo, sucio saijit. .Edia .P El maestro Jok se quedó helado, mirándome, mientras Kala ardía por dentro y por fuera de una ira apenas contenida. Por más que yo le gruñía, Kala me ignoró. Su rabia era más fuerte que mi razón y mi cuerpo ya no me obedecía. Se agachó para ayudar a Jiyari a recuperar los cuadernos de dibujos que había ido acumulando durante años y, bajo la mirada suspensa del rubio, Kala graznó: .D .Bdia Vamos. .Edia .P Ya nos alejábamos cuando el maestro Jok lanzó, inquieto: .D .Bdia ¿Quién demonios es ese hombre, Mensig? .Edia .P Jiyari se detuvo un instante en la esquina del edificio y le dedicó una sonrisa extrañamente tímida. .D .Bdia Es mi hermano. Gracias, maestro. Por todo lo que me has enseñado. Tienes razón, nunca fui un buen aprendiz, pero ya no te preocupes por mí: no volveré a causarte problemas. .Edia .P Se inclinó ante el escribano anonadado y se apresuró a seguirnos afuera a Kala y a mí. .D .Bdia Al fin libre, .Edia lo oí murmurar. .P Kala sonrió. Yánika nos vio llegar, aliviada. .D .Bdia ¡Vamos! .Edia dijo. .Bdia La caravana estará a punto de salir. .Edia .P Habíamos tardado más de lo previsto, reconocí. Retomando mi cuerpo, asentí y los tres nos pusimos a andar con rapidez. .D .Bdia ¿Era necesario llevarte tantos cuadernos? .Edia pregunté. .P Jiyari hizo una mueca que se transformó en una sonrisa divertida. .D .Bdia Lo siento. Son recuerdos. .Edia .P Y no había nada tan importante para una mente que lo olvidaba todo como los recuerdos bien materiales, entendí. Puse los ojos en blanco sin contestar. .P Cuando llegamos a la plaza de las caravanas, la nuestra ya estaba saliendo y Zélif, Yeren, Reik y Yodah nos esperaban con impaciencia. Nos disculpamos por la tardanza y nos apresuramos a ponernos en marcha. Zélif y Yánika lograron una plaza en un carromato, la una porque Yeren le prohibía andar con la herida en el pie, la otra porque, tras pasarse toda la noche lanzando sortilegios bréjicos, se caía ya de cansancio y amenazaba con hacernos caer a nosotros. Enseguida me enteré cuando se sumió en un sueño profundo. .P La caravana salió rápidamente de Kozera y tomó una ruta por la que yo sólo había ido una vez, para construir un canal con mi hermano. Mientras avanzaba junto a Neybi, pude ver que la caravana iba mejor escoltada que entonces: no había menos de una quincena de guardias vigilando la procesión desde distintos puntos. .D .Bdia El jefe de la caravana me ha dicho que el viaje costaba sesenta kétalos por persona, .Edia me informó Yodah desde atrás. .Bdia Ha subido desde la última vez. .Edia .P Me dejé alcanzar y pregunté: .D .Bdia ¿Pagaste tú por nosotros? .Edia .D .Bdia Por Yánika y por ti. No por el dandi, ni por el destructor. .Edia .P Destructor, me repetí, echando una mirada burlona a Reik, quien guiaba a Neybi por las riendas. El Zorkia llevaba la máscara. Yo había decidido que era mejor no llevarla. Al fin y al cabo, mi mutación no parecía ser pasajera, así que de nada servía ocultarla. .D .Bdia Pues qué lástima, .Edia dije entonces, .Bdia porque no tengo bastantes kétalos. ¿Te importaría? .Edia .P Hubo un silencio. El hijo-heredero se encogió de hombros, descolgó su bolsa de kétalos y me la dio. .D .Bdia Quédatela. Pero, a cambio, tú te encargas del dinero. .Edia .P Su confianza no me sorprendió. Y, aunque su encargo no me agradó, llevaba demasiado tiempo ocupándome yo de las transacciones para protestar. Acepté la bolsa y me la até al cinturón diciendo: .D .Bdia Hablaré con el jefe de la caravana durante la pausa. .Edia .D .Bdia Mm, .Edia aprobó Yodah, sonriente. .Bdia Por cierto, ahora que lo pienso, Lústogan me pidió que te dijera algo. .Edia .D .Bdia ¿Lúst? ¿El qué? .Edia me intrigué. .P El joven inquisidor citó: .D .Bdia Como no la hayas roto en dos meses, lamentaré no haberla usado para los dos millones. .Edia .P Agrandé los ojos. El diamante de Kron… Casi lo había olvidado. Es decir, sabía que estaba ahí y lo guardaba con empeño pero llevaba semanas sin intentar buscar sus puntos flojos. Conociéndome bien, Lústogan había decidido recordarme el desafío y me daba un plazo para meterme presión. Sonreí y hundí mis manos en los bolsillos agarrando con una el diamante. .D .Bdia No lo lamentarás, .Edia murmuré. .Ch "La resolución de un inquisidor" .\" 15/08/2019 .Bcita La primera vez que la vi, sentí su sinceridad a espuertas… Temí volver a mirarla. .Ecita .autor-cita Yodah Arunaeh .salto Durante el principio del viaje, atravesamos campos agrícolas, rodeamos enormes estalagmitas y columnas y pasamos ante granjas y pequeñas aldeas sin detenernos. No logré hablar con el jefe de la caravana durante la pausa y tuve que esperar al o-rianshu para verlo. Los carromatos formaron un círculo y, a medida que la luz de las piedras de luna de la gran caverna se volvía más apagada, se fue iluminando el campamento de más linternas. El ambiente estaba tranquilo y, en los pequeños corros de viajeros que se fueron creando para la cena, se charlaba amenamente o se guardaba silencio. Viejos, niños, enfermos y peregrinos de todas las razas estaban ahí, casi todos con destino al Sanatorio de la Doncella de la Vida. Pasé por en medio del círculo hasta donde se encontraba el carromato de cabeza de fila. Los caravaneros ya estaban sentados alrededor de una placa metálica con un puchero humeante. Alcé una mano. .D .Bdia Disculpad. ¿Alguno de vosotros es el jefe? Es que tengo a dos compañeros a los que todavía no he pagado la travesía. .Edia .P Las miradas convergieron hacia un nurón vestido de manera colorida y excéntrica. Parecía un vidente. Recogió su ancha cola a su lado y se pasó una mano por su barbilla observándome con evidente interés. .D .Bdia ¿Dos viajeros? ¿Y se me han colado sin que me dé cuenta, eh? .Edia Fulminó a sus compañeros y suspiró. .Bdia Me estoy haciendo viejo. Gracias por tu honestidad, .Edia añadió, aceptando los ciento veinte kétalos. .P Dejó que un colega suyo los contara y me dijo: .D .Bdia Espera. ¿Eres del grupo del Arunaeh, verdad? Deja que te invite a un trago de algayaga. .Edia .P No podía rechazar tal invitación. Me incliné. .D .Bdia Siempre y cuando no le echéis alcohol, acepto con placer. .Edia .P El nurón se levantó tendiendo su larga mano empalmada. .D .Bdia Soy Mag'yohi Robelawt. .Edia .D .Bdia Drey Arunaeh, .Edia contesté, estrechándole la mano. .P Era la primera vez en mi vida que se la estrechaba a un nurón. Sentí que esta se tensaba y él me miraba con más detenimiento. .D .Bdia ¿Arunaeh? Pero el aspecto… .Edia .P Los demás caravaneros me contemplaban igual de enfriados… Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Soy destructor de roca, no brejista, .Edia dije, como si eso lo explicase todo. .Bdia Mi pariente de ahí, en cambio, es un experto cocinador de mentes: las manipula, las tritura, las cocina a fuego lento… Pero sólo se ocupa de los criminales. Podéis estar tranquilos. .Edia .P Hubo un silencio en el que tan sólo se oyeron los resoplidos suaves de los anobos y las voces de los demás corros. Entonces, Mag'yohi Robelawt sonrió con una de esas sonrisas nuronas que enseñaban todos los dientes hasta las muelas. .D .Bdia Reitero mi invitación. Perdón por mi reacción. Fue la sorpresa. Ponte cómodo. .Edia .P Me puse cómodo en el círculo y acepté la algayaga metida en un recipiente óseo que debía de haber pertenecido al caparazón de un corriacero. Ya había bebido algayaga con mi hermano, pero se decía que la verdadera, la que tomaban los nurones, era más amarga y viscosa. Bajo la mirada curiosa de los caravaneros, tomé un trago… Y el sabor me llenó toda la boca como si se me hubiera metido ahí alguna criatura viscosa y desagradable. Kala enseguida protestó. El acuerdo había acabado, pero esa no era una razón para hacerme escupirlo todo. Hubiera sido descortés. Tragué. Lo tragué todo sin poder contener una mueca de asco. Tras elegir las palabras alcancé a decir: .D .Bdia Qué brevaje. .Edia .P No se me pasaron las sonrisas reprimidas de los caravaneros. Mag'yohi Robelawt, él, sonreía ampliamente. Se tragó todo su cuenco óseo antes de decir: .D .Bdia ¡Ah! No sé si sabrás, joven mahí, que quien comparte algayaga con un nurón sin vomitarla no ha de despreciar tampoco la cena. Ya debe de estar lista. .Edia .P Apartó la tapa del puchero, removió y me sirvió el primero. Un plato de cereales con pimientos y trozos de rowbi. Eso sí que fue un manjar y, mientras cenábamos, Mag'yohi Robelawt se puso a hablar con orgullo de las tradiciones culinarias nuronas. Uno de sus hombres lo cortó: .D .Bdia ¡Pero vamos! Si este es un plato de lo más terrestre. .Edia .D .Bdia Los nurones no somos sólo acuáticos, Belo. La prueba: casi toda mi familia vive en el sanatorio de la Cascada de la Muerte. Yo soy la oveja negra que no quería hacerse enfermero. .Edia .D .Bdia Pero les llevas clientes, .Edia apuntó un humano de tez oscura. .D .Bdia Es verdad… .Edia .D .Bdia ¡Y noticias! .Edia intervino una elfa con una pose de lo más masculina. .Bdia Esta misma mañana, me he enterado de algo en el bazar de Kozera que te sacará ríos de lágrimas y te secará los ojos, jefe. .Edia .P La sequedad y la deshidratación eran problemas mayores para los nurones y esa parecía ser una expresión habitual que le arrancó a Mag'yohi Robelawt un ruido cómico de protesta. La elfa agitó la mano e informó haciéndose más seria: .D .Bdia Al parecer, unos ladrones entraron en la biblioteca de Donaportela y robaron el Cristal del Saber. .Edia .D .Bdia ¿El Cristal de qué? .Edia lanzó un vecino suyo. .P Por lo visto, era saber popular porque la elfa le propinó un golpe gruñendo: .D .Bdia ¡Ignorante! Se dice que el Cristal del Saber contiene un saber enorme, con grandes secretos y un arma que podría acabar con el mundo de usarse mal. .Edia .D .Bdia Bobadas, .Edia dijo el tal Belo. .Bdia ¿Y cómo es que dejaron que les robaran algo así? .Edia .D .Bdia ¿Se sabe quién lo hizo? .Edia preguntó Mag'yohi Robelawt. El pronóstico de la elfa no estaba tan alejado de la realidad: los ojos del nurón brillaban de lágrimas, impactados. Empezaba a entender que esos caravaneros tenían una ligera vena teatral. .P La elfa sacudió la cabeza. .D .Bdia No se sabe nada. Pero se sabe que eran dos los intrusos. ¿Os imagináis? ¡El fin del mundo! .Edia Rió, sin duda lejos de créerselo, y agregó: .Bdia Otra cosa. .Edia .D .Bdia ¿Otro fin del mundo? .Edia se burló Belo. .D .Bdia No, no. Esto no tiene nada que ver. .Edia .D .Bdia Deberías haber sido pregonera, Sayla, .Edia se burló el caito, el más forzudo de todos ellos. .D .Bdia Bah, bah. ¿Habéis oído lo que ha pasado en Doz con los Yaraga? .Edia .P Me erguí. .D .Bdia ¿Qué ha pasado en Doz? .Edia pregunté. .P Estaba seguro de que, si le hubiese pasado algo a Pargwal de Isylavi, la noticia habría volado. Los ojos de la elfa chispearon de placer al convertirse en el centro de atención. Belo se le adelantó: .D .Bdia Eso lo sé. Al parecer, los Yaraga, esos chiflados, se han… .Edia .D .Bdia ¡Atrincherado en su templo y los dagovileses no se atreven a lanzar una ofensiva directa! .Edia terminó Sayla. .Bdia Se dice que hay niños entre ellos, por eso quedaría mal acribillarlos con flechas. Además, al parecer, ningún Yaraga lleva armas, porque se lo tiene prohibido su Dios Único. ¿A que eso no lo sabías, Belo? .Edia .P Fruncí el ceño. Eso no concordaba con los enmascarados que habían entrado en tromba en .Sm -t nomlieu La Medusa Gigante para amenazar a quien se atreviese a acercarse a sus Gemas de Yarae. Ellos llevaban dagas. Así que o bien el rumor era falso o bien esos tipos no eran Yaraga. .D .Bdia Doz es Dágovil, .Edia gruñó el caito. .Bdia Que los problemas de Dágovil los resuelvan los de Dágovil. Si los Yaraga se nos meten en casa, los mandaremos de vuelta al norte. Lo mismo que esos Ojos Blancos de los que se habla últimamente. .Edia .D .Bdia Esos son cuentos, Mulgar, .Edia masculló Sayla con tono de advertencia. .D .Bdia ¿Cuentos? Por algo contratamos a más guardias últimamente… .Edia .D .Bdia Por favor, no preocupemos a los clientes, .Edia los interrumpió Mag'yohi Robelawt alzando su cabeza azul y haciendo vibrar las branquias. .P Cuando capté alguna mirada, entendí que hablaban de mí y los tranquilicé: .D .Bdia No estoy preocupado. En realidad, mis compañeros y yo andamos tras los Ojos Blancos. Capturaron a una amiga mía y puede que a alguno más que fue a buscarla. .Edia .P Mis palabras les arrancaron a todos muecas y comentarios incrédulos. .D .Bdia Ese es un destino arriesgado, .Edia comentó Mag'yohi Robelawt, .Bdia pero un propósito noble. .Edia Se cruzó de brazos asintiendo varias veces con su morro. .Bdia Nuestra caravana llegará al sanatorio mañana, pero luego seguiré subiendo hacia las aldeas que están más allá de la cascada. Cuenta unos cuatro días antes de que alcancemos nuestro destino, en los lindes del Bosque Ribol… He oído decir que esa zona es peligrosa últimamente y que no hay ninguna caravana que ha pasado por ahí en dos meses. Pero yo siempre he ayudado a los curanderos a alcanzar las aldeas más recónditas y no soy hombre que cambie fácilmente… .Edia Me dedicó una pequeña sonrisa con la lengua medio sacada. .Bdia Prometo que al menos estaréis seguros hasta ahí. Más allá… no puedo prometeros nada. .Edia .P Me incliné con respeto, dejé el plato y me levanté diciendo: .D .Bdia Gracias por la protección, por la deliciosa cena… y por la algayaga. .Edia .P Les arranqué una sonrisa. Agregué: .D .Bdia Estad seguros de que, si alguna roca nos bloquea el camino, me encargaré de ella. .Edia .D .Bdia Ese sin duda es un gran alivio, .Edia reconoció el jefe de caravana con sinceridad. .P Me incliné y finalmente me alejé para volver con los demás. Aún estaban cenando y me acogieron con miradas curiosas. .D .Bdia ¿Qué tanto te han dicho los caravaneros? .Edia preguntó Yánika, curiosa. .P Les resumí la conversación y Yodah apartó su plato con una mueca pensativa y hasta inhabitualmente preocupada. ¿Estaría pensando en los Yaraga y su conexión con un pretendido Lotus? ¿En el Cristal del Saber? ¿O en los Ojos Blancos? .D .Bdia Arpías andantes, .Edia dejó entonces escapar. .Bdia Si yo hubiese ido con los ciento veinte kétalos, ese nurón se habría inclinado muy bajo pero no me habría invitado a beber nada. ¿Cómo lo haces? .Edia .P Entorné un ojo. ¿Eso era lo que lo inquietaba? Le dediqué una sonrisa traviesa. .D .Bdia Es una cuestión de estilo, Yodah. Yánika me ha enseñado mucho. .Edia .P El aura de esta se sobrecogió. .D .Bdia ¿Yo? .Edia se sorprendió Yánika. .D .Bdia Tú, hermana, .Edia afirmé, levantándome. .Bdia En fin, creo que voy a irme a dormir. Con tanta caminata, estoy molido. Pásame la mochila, ¿quieres? .Edia .P Nos acomodamos lo mejor que pudimos para pasar el o-rianshu mientras los demás corros hacían lo mismo. Zélif se encontró un pequeño rincón cubierto de musgo, Yeren, siempre previsor, desplegó nada menos que una colchoneta, Jiyari se tendió en la hierba azul y se quedó dormido en unos segundos y Reik se recostó contra Neybi, como si no le molestase dormirse medio sentado y se sintiese más seguro con un anobo al lado. Yodah había traído unas grandes mantas mullidas de la isla y me tumbé encima bostezando: .D .Bdia Como dirían en la Superficie, buenas noches. .Edia .P Yánika sonrió y cerró los ojos acurrucándose. .D .Bdia Buenas noches, hermano. Buenas noches, Yodah. .Edia .P El hijo-heredero bajó unos ojos sonrientes, igual de negros que los de ella. .D .Bdia Dulces sueños, familia. .Edia .P No me dormí enseguida. Durante el día, me había pasado horas examinando de nuevo el diamante de Kron sin conseguir nada pero ahora tenía la impresión de que, si buscaba un poco más, encontraría un punto flojo. Sólo un poco más y… .P .Bdm Tu hermano, .Edm murmuró Yodah por bréjica tras un largo silencio, .Bdm me pidió que os protegiera a los dos. .Edm .P Olvidé mi diamante de Kron y giré la cabeza hacia él. Yánika estaba tumbada entre nosotros y comprobé que ya se había quedado dormida. No contesté. Yodah agregó en un susurro mental: .P .Bdm Yánika… fue por mucho tiempo un desequilibrio en la balanza. Nadie sabía qué opinar sobre ella. Pero tú nunca la abandonaste. Y tenías razón. .Edm .P Fruncí el ceño. ¿Qué quería decirme con eso? ¿Que Yánika había sido al fin aceptada por su clan porque había sido capaz de ayudar a la Selladora? .P .Bdm Ahora que os resulta útil, la aceptáis, .Edm dije. .Bdm ¿No es así? Incluso tú la ignoraste al principio. .Edm .P Yodah no contestó de inmediato. Entonces, reconoció: .P .Bdm Me equivoqué. Ella no es ningún desequilibrio. Es el caos en el Equilibrio. Si fuera sacerdote, diría que fue un regalo de Sheyra. Yánika es… un alma maravillosa. .Edm .P Me quedé suspenso. ¿Un alma maravillosa? Sin duda… debía de serlo. Para mí, Yánika era una luz brillante y constante que me alegraba los días. Sin embargo, hubiera creído que Yodah hablaría de sus capacidades de Selladora, de lo útil que podía resultar para el clan… pero no. Yodah no era así. A él lo que le interesaban eran las mentes. Y la mente de Yánika le había parecido maravillosa. .P .Bdm Si algún día… No, .Edm se corrigió Yodah de súbito. En la conexión bréjica noté un suave impulso de alegría cuando declaró: .Bdm Sin duda alguna, desearía que algún día ella fuera la madre del próximo hijo-heredero. .Edm .P Creí haberme tragado otro vaso de algayaga. Tumbado boca arriba en el silencio interrumpido por carraspeos y toses, pensé en las uniones que llevaban a cabo los Arunaeh. Diferían de las uniones típicas de los Pueblos del Agua en que un hombre y una mujer fundaban una familia. En el clan, el caso de mis padres era poco común: muchos hermanos eran en realidad hermanastros, con el fin de evitar consaguinidades demasiado próximas y porque, no habiendo celos ni pasiones, un sistema así no suponía ningún problema. Sin embargo, ahora Yodah estaba proponiendo algo que no había pasado en generaciones: que un hijo-heredero se uniera a la heredera de la Selladora. Aun así, no lo hacía por eso, ni por cuestiones prácticas sino porque… pensaba que Yánika era maravillosa. .P Resoplé y me retuve de hablar en voz alta. .P .Bdm Yodah. Ella no tiene edad para decidir aún si… .Edm .P .Bdm Lo sé, .Edm me interrumpió él con calma. .Bdm Esperaré a que cumpla los dieciocho. Incluso puedo esperar más. Sé que no será fácil porque ella no piensa como un Arunaeh normal. Se asustará tal vez, pensará que no la amo lo suficiente, tendrá dudas… Pero haré que me ame. Sin trampas. Sin mentiras. Sé lo importante que es para ella la honestidad. .Edm .P Attah, inspiré. Su idea me sorprendía. Nunca se me había ocurrido que un día alguien de mi clan, el hijo-heredero en persona, fuera a ponerse un desafío de ese calibre. Y no me quedaba duda de que, en este caso, Yodah no estaba jugando: iba completamente en serio. .P .Bdm Bueno… .Edm murmuré al fin. .Bdm Si, en ese momento, ella acepta, habrás ganado. Pero te advierto, Yodah. .Edm Me apoyé sobre un codo para mirarlo a los ojos. No supe entonces si fue Kala o fui yo el que habló y dijo: .Bdm No sólo debes amarla. También tendrás que protegerla y hacerla feliz. Si no lo aguantas, ríndete. .Edm .P Yodah sonrió con decisión. .P .Bdm Se dice que los Arunaeh del linaje principal somos más tozudos que el resto. .Edm .P Cerró los ojos con desenfado y murmuró: .P .Bdm Simplemente, no olvides que aquí hay otro Arunaeh que desea protegerla como sea y aceptarla tal y como es. Que duermas bien, Kaladrey, .Edm bromeó. .P Rompió la conexión bréjica y suspiré, volviendo a tumbarme. Dioses. Prefería no pensar demasiado en las palabras de Yodah. Aunque, en el fondo, me sentía aliviado. Yánika ya no era una paria de su familia. ¿Cuántas veces, de pequeña, me había preguntado por qué no podía ir a la isla? ¿Que por qué no podía ver a Madre? Que por qué Padre y Lústogan la despreciaban… Que por qué su poder asustaba tanto a la gente. .P Pero ahora era diferente. Yánika había seducido a su insensible familia. Había aprendido a ser respetada. E incluso admirada. .P Cerré los ojos escuchando el aura apacible de mi hermana. Y una sonrisa burlona estiró lentamente mis labios. .P .Bpenso Yodah… .Epenso pensé. .Bpenso No sabes en qué lío te has metido. .Epenso .Ch "La Melodía de la Vida" .\" 16/08/2019 Rodeamos un gran lago y subimos por escarpados caminos antes de dar de nuevo con el Río Negro y remontarlo por una orilla cubierta de arena. Menos para los trechos difíciles, el día pasó con tranquilidad. Durante horas, estuve en cola de caravana hablando por bréjica con Yodah y contestando a sus preguntas sobre mis impresiones con respecto a Kala. Mezclaba todo tipo de preguntas: que si compartíamos gustos en tal cosa, que si éramos capaces de controlar a la vez el cuerpo, que si cuáles eran nuestros puntos comunes y divergentes… Cuando Yodah se interesó por el punto de vista del Pixie, dejé de buen grado a este contestar y controlar el cuerpo mientras yo me centraba en mi órica y mi diamante de Kron. .P No fue hasta después de la pausa que logré quitármelo de encima, cuando Yánika le pidió precisiones sobre no sé qué sortilegio bréjico y los dos se pusieron a hablar entre ellos por vía mental como dos profesionales, ajenos a su alrededor. No los oía pero, dado el aura de Yánika, esta disfrutaba de la conversación. Era extraño verlos reír y resoplar sin que se les oyera una sola palabra, pero poco parecía importarles. En un momento, sentí que el aura se incomodaba y se alegraba al mismo tiempo y me giré para ver a Yánika ruborizada. Entorné los ojos y fulminé a Yodah. ¿No había dicho que no le importaba esperar? .P Suspiré y alcancé de nuevo a Jiyari, Yeren y Reik. Andábamos al lado de un carromato lleno de peregrinos y, en un momento, vi a Zélif asomar la cabeza por este con una mueca aburrida. .D .Bdia ¡Si tan sólo no hubiese pisado ese cristal! .Edia se quejó. .D .Bdia Alégrate, .Edia le dijo Yeren, .Bdia tú no tienes que andar. Yo empiezo a estar harto de poner un pie delante del otro. .Edia .D .Bdia Andar es bueno para la salud, .Edia le citó Zélif con un brillo de burla en sus ojos azules. .Bdia ¿No es lo que sueles decir? .Edia .P El curandero suspiró. .D .Bdia Sí. Pero esto… no es andar en llano como en la playa de Firasa. A saber cuántos cientos de metros hemos subido ya desde que hemos salido de Kozera. .Edia .D .Bdia Y los que faltan, .Edia dije. .Bdia Este techo va subiendo, ¿os habéis fijado? Acaba de aparecer la luz roja de la Cascada de la Muerte. ¿La veis? .Edia .D .Bdia ¡Yo no! .Edia se quejó Zélif, retorciéndose para ver hacia delante. Estaba en la parte trasera del carromato. .P Yeren resopló. .D .Bdia ¿Esa luz? ¿La de arriba? .Edia .D .Bdia Ajá. Está situada por la mitad de la cascada. Es una rocallama. Apenas emite luz, pero se la ve de lejos. .Edia .D .Bdia ¿La mitad de la cascada? ¿Quieres decir que esa no es la cima? .Edia balbuceó el curandero, boquiabierto. .P Sonreí. .D .Bdia Pues no. .Edia .D .Bdia Por la salud del cielo, .Edia murmuró Yeren. .D .Bdia ¿Aún falta mucho para llegar al sanatorio? .Edia preguntó Zélif. .P Me encogí de hombros. .D .Bdia No lo sé. En realidad… nunca había visto la Cascada de la Muerte, .Edia confesé. .P Pero ahora la empezaba a ver. Y, a medida que avanzábamos por la orilla del Río Negro, el estruendo se hizo cada vez mayor hasta que se estabilizó. .D .Bdia ¿Por qué construirían un sanatorio en un lugar como ese? .Edia gruñó Reik a nadie en particular. .D .Bdia Eso es porque… .Edia empezó a decir Jiyari. .P Pero Yeren y Zélif también habían empezado la explicación y finalmente Jiyari y Zélif le dejaron la palabra al curandero. Este sonrió, rascándose el cuello. .D .Bdia Bueno… En realidad, lo construyeron aquí por varias razones. Se encuentra a medio camino entre Kozera y el Bosque de Ribol, un lugar donde, se dice, crecen todas las plantas curativas del mundo. Además, los warís cuentan que ahí es donde el gran Dogoyaba, dios del Agua y de la Fortuna, fue recogido por Neeka mortalmente herido y que una lágrima de esta le devolvió la vida. Por eso, se dice que la vida nace en el bosque, baja por el Río Negro, cae por la Cascada de la Muerte y revive. .Edia .P Mientras Yeren seguía hablando del sanatorio hacia el que nos encaminábamos, advertí la mirada impresionada de Jiyari. .D .Bdia ¡Por Tatako! .Edia dijo cuando el curandero calló. .Bdia ¿Cómo aprendiste tanto? .Edia .D .Bdia Oh… Me leí un libro muy bueno sobre la vida de Dogoyaba, .Edia explicó Yeren. .P Enseguida, Jiyari se desmoralizó. .D .Bdia Oh… Así que leyendo. .Edia .P Me carcajeé. .D .Bdia Jiyari es alérgico a la lectura, .Edia aclaré. .D .Bdia Pero contado así, .Edia dijo Jiyari con ánimo, .Bdia ¡contado así, el conocimiento es impresionante! .Edia .P El curandero rió, divertido. El rubio meneó la cabeza. .D .Bdia Aun así… no puedo dejar de pensar que yo no estoy hecho para aprender. .Edia Ladeó la cabeza, risueño. .Bdia Mi memoria no está hecha para eso. Y los libros siempre me han dado… algo de miedo. .Edia .D .Bdia ¿Miedo? .Edia se sorprendió Yeren. .D .Bdia Todo se explica, .Edia intervine. .Bdia De pequeño le golpeó su maestro con las Santas Escrituras y desde entonces se traumó. .Edia .D .Bdia ¡No te inventes historias! .Edia protestó Jiyari. .D .Bdia ¿Cómo sabes que me las invento si no te acuerdas? .Edia lo pinché. .P El Pixie resopló y se vengó atrapándome del brazo y diciendo con tono dulzón: .D .Bdia Te perdono si me dedicas más tiempo este o-rianshu, Gran Chamán. .Edia .P Decidí seguirle la corriente y le dediqué una sonrisa acaramelada. .D .Bdia Cuando quieras, Campeón. .Edia .P Jiyari abrió los ojos como platos… y nos carcajeamos. Kala gruñó por lo bajo. .P .Bdm No flirtees con mi hermano, tú. Déjame, que me toca, .Edm añadió. .P Le dejé el control del cuerpo. Poco después, dejamos la orilla del Río Negro y empezamos a avanzar por un camino más cuidado, entre árboles de hojas rojas. No tardamos en ver aparecer el más alto edificio del sanatorio, al pie de la Cascada de la Muerte. Era de mármol blanco, con numerosas ventanas, para que los peregrinos y enfermos en tratamiento pudiesen contemplar las vistas de la caverna y la cascada. Cuando salimos del bosquecillo rojo, avisté la empalizada con las diversas terrazas de las casas al pie del edificio principal. El camino se estrechó hasta tal punto que todos los que andábamos tuvimos que colocarnos en la cola de la procesión para que cupiesen los carromatos. Íbamos detrás y, cuando llegamos a la empalizada, la plaza ya se estaba llenando de los viajeros que se apeaban de los carros. .P Mientras Kala seguía a los demás por un camino que subía, me fijé en que muchas de esas pequeñas casas eran en realidad dormitorios para los pacientes del sanatorio. Nos cruzamos con un buen número de enfermeros con túnica malva. Pese a que el sanatorio era originalmente de la Doncella, muchos enfermeros llevaban el tatuaje de Mahúra en el rostro, la diosa del Aire y del Universo, otros llevaban el de la Anciana Mosoldabir, otros el de Sayiro de la Naturaleza. En definitiva, aquel lugar no era un lugar de una sola divinidad sino un real paraíso de curación donde se reunían curanderos de toda creencia, raza y cultura. Empecé a entender más la creciente excitación de Yeren. El drow albino sonreía solo, abrumado. .P .Bdm ¿Vamos a algún sitio particular? .Edm pregunté, sorprendido, al ver que seguíamos subiendo. .P .Bdm ¿No te has enterado? .Edm se impacientó Kala. .Bdm Yeren ha dicho que quería ir a ver la Fuente de la Juventud. .Edm .P Enarqué una ceja mentalmente. ¿La Fuente de la Juventud? En ese momento, vi pasar a un viejo que había pasado de mucho los cien años y comenté: .P .Bdm Pues no debe de ser muy efectiva. .Edm .P Kala soltó una risotada y, al recibir varias miradas extrañadas por la calle, suspiré. .P .Bdm Kala… Oí que el sanatorio tenía una sección especial para dementes. Por favor, no tientes al personal. .Edm .P Kala apretó los labios, luchando contra su sonrisa, y replicó: .P .Bdm Por una vez que soy yo el que hace cosas raras… .Edm .P Puse los ojos en blanco y, tratando de ignorar el estrépito del agua de la cascada, centré de nuevo mi atención en el diamante de Kron. Sin embargo, mi concentración no duró mucho pues en ese momento recordé una de las preguntas banales de Yodah de aquella mañana y mis pensamientos derivaron. .Bparoles ¿Cuál es vuestro color favorito? .Eparoles había preguntado. Y yo había contestado: .Bparoles Pues… no tengo. .Eparoles Pero Kala, él, había contestado: .Bparoles El gris. .Eparoles Mientras caminaba calle arriba con los demás, medité sobre ello. A Yánika le gustaba el blanco porque, según ella, era el color de la vida y de las emociones. .P .Bdm ¿Kala? .Edm lo llamé. .Bdm ¿Puedo hacerte una pregunta? ¿Por qué dijiste que tu color favorito es el gris? .Edm .P Kala arqueó las cejas. .P .Bdm Bueno… Porque es el color de las nubes cuando llueve. .Edm .P Mar-háï, la razón era todavía más simple que la de Yánika. Tras un silencio, Kala preguntó: .P .Bdm ¿Por qué tú no tienes un color favorito? .Edm .P La respuesta me parecía evidente y ya se lo había explicado a Yánika. .P .Bdm Porque puedes relacionar un color con algo positivo o algo negativo, puedes pensar una cosa en un momento y otra muy distinta en otro… Por eso no tiene sentido para mí tener un color favorito, .Edm reflexioné. .Bdm Y por eso también me resulta… incomprensible que se pueda justificar que el color favorito de uno sea el gris sólo porque las nubes cargadas de agua son grises. .Edm .P .Bdm ¿Quieres decir que mi razón no es buena? .Edm se ofendió Kala. .P Resoplé mentalmente. .P .Bdm ¿Qué es bueno y qué es malo? Es una razón, eso es todo. Simplemente yo soy incapaz de tomar una decisión para detalles de esos, porque que sea uno u otro me da totalmente igual. Está claro que Yodah ha querido hacerme pensar en nuestras diferencias, pero… ¿qué es lo que pretende con eso? ¿Que consiga compartir el Datsu contigo? ¿O que aprenda a conocerte más a fondo? .Edm .P Kala hizo un mohín aburrido. .P .Bdm Me estás mareando con tanto parloteo tonto. ¿Que no sabes tomar decisiones para los detalles? Bobadas. ¿No prefieres los zorfos a los Ojos de Sheyra? ¿No prefieres el calor al frío? .Edm .P .Bdm Esos no son precisamente detalles, .Edm resoplé. .P Kala emitió una risita burlona. .P .Bdm ¿Que no? Recuerdo una vez que Yánika dijo que los cordones rojos en mi pelo nos daban buen talle… Por eso los siguientes que nos compraste eran rojos. ¿O no? A lo que iba: cada uno decide si algo es un detalle o no lo es. ¿O no? .Edm .P Vaya… Iba a resultar que Kala tenía razón. De pronto, Kala tropezó con uno de los adoquines y cayó de bruces emitiendo un gruñido de sorpresa. Conseguí amortiguar un poco la caída con órica, pero sentí igual el dolor en uno de los codos cuando este golpeó el suelo. Attah… .P .Bdm Por ejemplo, para ti, .Edm mascullé, .Bdm hacer el ridículo es un detalle, ¿verdad? .Edm .P Nos levantamos en medio de las preguntas inquietas de mis compañeros y las miradas de algunos peregrinos. Para colmo, dos enfermeras nos asaltaron preocupadas preguntando: .D .Bdia ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? .Edia .P Kala se puso nervioso. Una de ellas, fijándose en que se agarraba el codo, tendió una mano diciendo: .D .Bdia Por favor, déjame ver. .Edia .P Lo dijo con tal suavidad que Kala se relajó y se quedó detallando su rostro de sibilia, igual de grisáceo que el nuestro, mientras dejaba que le remangara la camisa holgada. Kala farfulló: .D .Bdia Estoy bien. No duele. Soy duro como el metal. .Edia .P ¿Todavía se lo creía? La enfermera clavó unos ojos azules sonrientes en los míos. .D .Bdia Seguro. Es un pequeño rasguño. Lo desinfectaré y le pondré un algodón en un minuto, ¿de acuerdo? .Edia .P Era tan dulce que Kala, subyugado, asintió como un niño obediente. La enfermera sonreía sacando un bote desinfectante del bolsillo. .D .Bdia Va a picar, .Edia avisó, mientras me agarraba el codo, .Bdia pero, como dicen, lo que pica cura, ¿verdad? .Edia .P No habíamos recibido ni tres gotas cuando, para asombro mío, Kala se echó para atrás y retrocedió resollando: .D .Bdia ¡No! No quiero ser curado nunca más… Nunca… .Edia .P Entendí lo que pasaba al instante. Siseé y luché para retomar el cuerpo pero Kala no quería: estaba demasiado asustado. .P .Bdm ¡Oye, Kala! Que no es una Máscara Blanca. ¿Estás ciego? .Edm .P Kala respiraba precipitadamente. Attah, Jiyari estaba más traumado que Kala pero este tampoco le andaba a la zaga… .P Entonces, sentí una mano posarse sobre mi hombro derecho, y otra agarrarme el brazo izquierdo. Jiyari. Y Yánika. El aura de esta estaba inquieta pero, sobre esa inquietud, reinaba contradictoriamente una suave serenidad que calmó a Kala en unos segundos. .P .Bdm Menudo espectáculo nos has dado, .Edm mascullé. .P Sin embargo, las enfermeras ya no me miraban a mí, sino a Jiyari. Por alguna razón, la piel de este se había vuelto gris y sus ojos estaban rojos sobre fondo negro como los míos. Él no parecía haberse dado cuenta aún, pero mis compañeros sí. Yeren parpadeaba murmurando: .D .Bdia ¿Una mutación contagiosa? .Edia .P Zélif miraba al Pixie rubio con fijeza como pensando: ¿él también? Reik tenía el ceño fruncido cuando preguntó: .D .Bdia ¿Qué demonios pasa ahora? ¿Por qué ponéis esas caras? .Edia .P ¿Es que el Zorkia no se había dado cuenta? Yodah se pasó una mano por la boca, bostezando con expresión del todo relajada, y contestó: .D .Bdia Nada muy raro. Gracias por vuestra ayuda, .Edia añadió para las enfermeras. .Bdia ¿Seguimos subiendo? .Edia .P Habiendo conseguido recuperar el cuerpo, asentí, agradecí rápidamente a las enfermeras con educación esperando que se quedaran con la última impresión y no la primera y seguimos subiendo hasta la Fuente de la Juventud. La plaza era ancha, la fuente hermosa. Desde ahí se podían ver las aguas negras del río caer en un estruendo de espuma. Estaba apoyándome contra la balaustrada, contemplando las luces de las linternas del sanatorio y de nuestra caravana recién llegada cuando oí unos murmullos detrás de mí y me giré. Zélif, Yodah y Yeren parlamentaban. En un momento, Zélif asintió y se acercó con ellos hasta plantarse ante mí, ante Jiyari, Reik y Yánika. .D .Bdia No subiremos la Cascada de la Muerte hasta mañana, .Edia declaró. Sus ojos centellearon cuando añadió: .Bdia Tenemos tiempo de charlar y de poner las cosas claras. ¿No os parece? .Edia .P Me miraba a mí, pero luego se giró también hacia Jiyari. Este había recuperado su color de piel bronceada hacía apenas unos minutos. La pequeña líder de los Ragasakis se avanzó hacia la balaustrada. Su mirada se perdió en la lejanía de la caverna y murmuró: .D .Bdia Creo que es necesario para todos. .Edia .salto Pese a las reservas de Kala, seguí el consejo de Zélif y, en la pequeña casa que alquilamos para el o-rianshu, sentado a una mesa redonda con los demás, Yodah, Yánika y yo les explicamos más o menos todo lo que sabíamos sobre los Pixies. Jiyari participó sólo para decir que él no recordaba bien nada de todo eso, pero que su corazón le decía que era un Pixie y que yo era su hermano. Por fortuna, los demás fuimos más explícitos. .D .Bdia De modo que ese Lotus y Liireth serían la misma persona, .Edia murmuró Zélif, aún impactada. .P Yeren jugueteaba con su gorro, ensimismado y silencioso desde hacía un buen rato. En ese momento, rompió el silencio. .D .Bdia Hay algo que sigo sin entender. Entiendo que, si esa tal Rao se ha especializado en esa rama de la bréjica, haya transvasado la mente de Jiyari a un recién nacido y lo haya confiado a un templo de Tatako. Pero… ¿cómo consiguió llegar hasta un recién nacido Arunaeh? Leí hace poco que hasta que no recibíais el Datsu no podíais ser sacados de la isla. Sin querer ser indiscreto… ¿cómo lo consiguió? .Edia .P Hubo un breve silencio y entonces Yodah se recostó cruzando los pies sobre la mesa. Pillé su indirecta sin necesidad de bréjica. .D .Bdia Lo siento, Yeren. Esos son secretos de familia, .Edia dije. .D .Bdia Oh… Debí imaginármelo. Disculpa, .Edia dijo Yeren con una mueca sincera. .Bdia Siendo de una familia de tahúres, entiendo bien el valor de los secretos. .Edia .D .Bdia Pues me alegro, .Edia dijo Yodah con tranquilidad. .Bdia Pero tendréis que guardar silencio para lo demás de todas formas. Si se descubriera que Drey tiene un Pixie dentro, podría ser problemático. En el Gremio de las Sombras todavía quedan viejos carcamales de la época en que pasó todo aquello. Los peores ya murieron… pero las malas mañas, cuando no se reprimen, se heredan y quién sabe si los famosos laboratorios del Gremio no siguen ‘curando’ saijits. .Edia .P Me echó una mirada de biés. Hice una mueca y me serví otro vaso de agua con miel de kérejat. Mientras tomaba un sorbo, Zélif se apoyó sobre la mesa diciendo: .D .Bdia Me toca a mí deciros algo que, por lo visto, no sabéis. En Trasta, investigué también sobre Liireth y acabé por fijarme en que las circunstancias de su muerte… fueron muy extrañas. .Edia .P Sus palabras atrajeron toda nuestra atención. Con el ceño fruncido, Zélif explicó: .D .Bdia Al parecer, antes de ser acorralado, el Gran Mago Negro fue visto en un poblado. Pasó en plena calle sin miedo, y alguien declaró en un informe que sus ojos centelleantes no parecían de este mundo. .Edia Marcó una pausa. .Bdia Unas horas más tarde, en una caverna al este de Blagra, Liireth fue acorralado y abatido por celmistas. Lo lógico hubiera sido capturarlo para interrogarlo y sacarle todo lo que sabía sobre los últimos enclaves rebeldes de la Contra-Balanza. Pero en ningún sitio pone que se tomaran el tiempo para eso. Lo mataron y trasladaron su cuerpo a la capital de Dágovil, donde fue quemado muerto en una hoguera ante los ciudadanos. ¿No os parece extraño? .Edia .P Hubo un silencio. La ira de Kala me quitó de en medio en un relámpago y golpeamos la mesa con un puño enguantado. .D .Bdia ¿Extraño? .Edia graznó Kala. .Bdia ¡Los saijits son unos monstruos! ¿Qué tiene eso de extraño? No habléis así de Lotus como si fuera historia. Jiyari y yo somos sus hijos. Sabemos que no puede estar muerto. .Edia .P Se quedaron mirándome todos durante unos segundos. Suspiré. Entonces, Yodah se sentó de manera más conforme con su título de hijo-heredero y se aclaró la garganta. .D .Bdia Es interesante lo que cuentas, Zélif. De hecho, tras una investigación, llegué a la misma conclusión. .Edia .P La líder de los Ragasakis pareció casi decepcionada. .D .Bdia ¿En serio? Bueno, .Edia se animó. .Bdia Eso significa que quizá no sean delirios míos. .Edia .D .Bdia Lo siento pero… ¿de qué estáis hablando? .Edia preguntó Yeren, perdido. .P Zélif se cruzó de brazos y aclaró: .D .Bdia Creo que ese hombre que murió no era Liireth. Si eso es cierto, entonces, su muerte fue fingida. Y los altos cargos dagovileses lo saben. .Edia .P Kala y yo nos quedamos igual de atónitos. Por una vez que alguien no enterraba a Lotus… La faingal agregó: .D .Bdia Lo que me hace preguntarme: ¿lo secuestraron? ¿llegaron a un acuerdo con él? ¿o simplemente ignoran dónde está y decidieron publicar una muerte falsa? .Edia .D .Bdia Pero… .Edia intervino Jiyari tímidamente, .Bdia ¿cómo podrían esconder a Padre? Es el Gran Mago Negro… .Edia .D .Bdia El Gremio de las Sombras da sombra hasta a las verdades más claras, .Edia afirmó Yodah con ligereza. .P Zélif hizo una mueca. .D .Bdia No sé qué fue de Liireth, pero teniendo en cuenta de que se lo considera como uno de los más grandes celmistas del siglo pasado… debe de tener conocimientos que sólo él posee. Aunque ahora debe de ser muy viejo… .Edia .D .Bdia A menos que se haya metido en una lágrima dracónida o en otro cuerpo, .Edia intervino Yodah. .Bdia Sea como sea, si está vivo, o está con el Gremio o no lo está. Es decir: no tenemos ni idea. .Edia .P Durante un rato, el ambiente se llenó de cavilaciones silenciosas. Si Liireth había perdido su cuerpo y se había transvasado a una lágrima dracónida… ¿dónde había ido a parar esa lágrima? ¿Se habría quedado abandonada en alguna caverna? ¿Estaría en manos de los dagovileses? .P Kala gruñó. .D .Bdia Si perdió su cuerpo, se habrá reencarnado en otro como nosotros, .Edia dijo. .Bdia Y mis hermanos y yo lo encontraremos. No vosotros. .Edia .P Noté varias muecas entre mis compañeros. Yeren carraspeó y dijo con tono molesto: .D .Bdia Drey… O Kala… Sé que ese hombre os salvó, pero jugó con vuestros cuerpos como los demás científicos durante años, no lo olvides. Y, en la guerra, cometió el crimen de crear los collares de los dokohis. Cientos de personas inocentes se vieron forzadas a luchar a muerte contra las fuerzas del Gremio… .Edia .P Calló de sorpresa cuando Kala se levantó de un bote, temblando, y rugió: .D .Bdia ¡Os odio a todos! .Edia .P Attah… Habíamos hablado demasiado del pasado. Y por lo visto, cuando se hablaba de Lotus, Kala resultaba ser mucho más sensible que Jiyari. Adiviné sus sentimientos: se sentía atacado, asustado, preguntándose si finalmente esos saijits no eran igual de horribles que las Máscaras Blancas a las que había conocido en su anterior cuerpo. El ambiente se cargó de un aura de miedo y alarma. .D .Bdia Hermano, .Edia murmuró Yánika con voz aguda. .P La estaba asustando. Me sentí tan mal por ello que mi Datsu se desató. Y con la rabia ciega de Kala… se me desató del todo. Vaya, entendí. Me había quedado otra vez sin sentimientos. .P Kala se había alejado bruscamente de la mesa y acababa de golpearse contra un muro con fuerza, emitiendo gritos ahogados. ¿Estaba tratando de controlarse? ¿O bien de desfogarse? Sabiendo que tanto golpe sólo lograría estropear nuestro cuerpo, traté de amortiguar la fuerza con órica. .D .Bdia ¡Hermano! .Edia gritó Yánika. .P Los seis se habían levantado de la mesa. Analicé la situación: si alguno se acercaba demasiado, acabaría herido. Y eso era malo. Tenía que impedir que Kala utilizara la órica: él no sabía controlarla y, además de usar todo el tallo energético, destrozaría la casa… .P Kala inspiró de sorpresa cuando dos manos agarraron mis brazos por detrás, doblándomelos casi. Tropezó por un rodillazo y caímos al suelo inmovilizados por un peso. ¿Reik? Sí, era el Zorkia. El Pixie enseguida dejó de luchar. Sentía calor en la cabeza, el corazón latía como un tambor, los ojos quemaban por las lágrimas. Kala sufría, entendí. Logré atar el Datsu un poco y sentí su dolor asfixiante. No dijo nada. Su rabia había muerto, reemplazada por ese dolor tan familiar que arrasaba con su mente y lo dejaba exhausto. El incidente había sido corto, pero intenso. En el silencio impactado de la habitación, murmuré: .D .Bdia Lo siento. No he podido calmarlo. .Edia .P De hecho, al perder mis sentimientos durante un rato, la posibilidad de calmarlo con palabras ni me había rozado la mente. Dudaba de que hubieran surtido efecto de todas formas. Reik resopló. .D .Bdia Dos personas en una, .Edia dijo. .Bdia Es una locura. .Edia .P Al menos ahora me creía, me alegré. Cuando me fijé en que el aura de Yánika se había vuelto serena y hasta algo alegre, alcé los ojos hacia ella, incrédulo. Era imposible que se sintiera así de verdad. ¿Podía ser que estuviese empezando a controlar su poder? .P En cualquier caso, funcionó: Kala se tranquilizó un poco, recuperé el control total del cuerpo y dije: .D .Bdia Puedes soltarme, Reik. Soy yo, Drey. .Edia .P El Zorkia vaciló un instante antes de soltarme. Me levanté bajo la mirada meditativa de Yodah, los ojos impactados de Zélif y Yeren, la mueca temblorosa de Jiyari. Y les dediqué una sonrisilla incómoda. .D .Bdia Perdón por la interrupción. Tal vez la próxima vez que habléis de Liireth tengáis que excluirme de la conversación… .Edia .D .Bdia No, .Edia me cortó de pronto Jiyari, avanzándose. Su tono de voz era inhabitualmente serio. .Bdia Tenemos que oír la verdad, Gran Chamán. Créeme: si queremos encontrar a nuestro padre y a nuestros hermanos, necesitamos ayuda. Ellos no son nuestros enemigos. Todos los saijits no son monstruos, Kala. No todos son como los que nos curaban. Tenemos que abrir los ojos a la realidad. Es lo que Padre hubiera querido. Tenemos que superarlo. .Edia .P Me quedé mirándolo, absorto. Superarlo. Eso es lo que Kala había querido desde el principio. .Bdm Superarlo… .Edm murmuró Kala débilmente. .Bdm ¿Cómo? .Edm Era evidente que ni él ni Jiyari tenían la respuesta a eso. .D .Bdia Esto… .Edia intervino Zélif avanzando unos pasos con las manos juntas en la espalda y una expresión inquieta. .Bdia Siento lo que ha pasado. Sólo quería exponer mi visión sobre el asunto, pero aún nos faltan demasiados indicios para saber la verdad. .Edia .D .Bdia Pareces una detective, .Edia se burló Yeren con tono bromista algo forzado. .Bdia ¿Sabes? No sé si no deberíamos dejar de hablar de esto por ahora… .Edia .D .Bdia Mataron al real, .Edia dijo de pronto Reik. .P Todas nuestras miradas convergieron hacia el Zorkia y, fijándose, este hizo un mohín y explicó parcamente: .D .Bdia Estaba en una de las patrullas que lo acorraló. Y vi cómo lo mataron. Lo atravesaron con varias picas. Luego lo cubrieron con una mortaja y los escoltamos hasta Dágovil. La chiquilla rubia tiene razón: no le dejaron hablar antes de morir. ¿Por qué le habrían dejado? Él provocó la muerte de compañeros míos… Es todo lo que sé. .Edia .P Sus ojos me observaron con calma. Parecían decirme: sí, tomé parte en la muerte de Liireth, ¿sigue nuestra alianza en pie o tendré que salir de aquí corriendo perseguido por los guardias? Suspiré. .P .Bdm Deja de atormentarte, Kala. No sirve de nada. Reik no conocía a Liireth: puede estar equivocado. .Edm .P Y dije en voz alta: .D .Bdia Gracias, Reik, por las precisiones. Yo mismo ignoro qué es lo que pretendía hacer Liireth, ni lo que pretenden realmente los Pixies. Pero confío en que nos ayudaremos mutuamente y arreglaremos nuestros problemas. .Edia .P Reik frunció la frente y la cicatriz que surcaba su rostro se arrugó junto con el Ojo de Norobi. Se reajustó la venda y, para alivio mío, asintió con una leve sonrisa torva. .D .Bdia Yo también confío en ello. Los dos tenemos un enemigo común: el Gremio. Pero si quieres que de verdad te ayude, muchacho… voy a necesitar una espada, una daga, un casco y una armadura ligera. De lo contrario, me temo que no llegaremos muy lejos. .Edia .P Parpadeé. .D .Bdia Esto… Veré lo que puedo hacer. Ciertamente, no es mala idea. .Edia .P Reik pareció satisfecho. Yo lo maldije mentalmente por no haberlo pensado en Kozera. Dudaba de que en un sanatorio se pudieran comprar armas. .P En ese momento, Zélif alzó la cabeza. .D .Bdia Vaya… El jefe de la caravana se dirige hacia aquí. .Edia .P Apenas acabó de hablar, oí voces y alguien que llamaba a la puerta. Yodah fue a abrir. La alta figura excéntrica e imponente de Mag'yohi Robelawt apareció en el marco de la puerta, acompañada por otros tres saijits. .D .Bdia Oh… Mahí, .Edia dijo, inclinándose con respeto. Estaba claro que hubiera preferido encontrarse con otro de nosotros. .D .Bdia ¿Qué ocurre? .Edia preguntó Yodah. .D .Bdia Ah… Bueno, verás. Veníamos a avisaros de un evento extraordinario. Al parecer, este o-rianshu, una paciente del sanatorio va a realizar una orquesta utilizando el ruido de la cascada. Ya lo hizo ayer y, según parece, fue una obra de arte que hechizó a todos. Algunos hasta la llaman la Reencarnación de la Doncella. Si os interesa, va a empezar ahora. Nosotros vamos para el río: mi hermana dice que se oye mejor desde ahí. ¡Por cierto! Ellos son los tres enfermeros que nos acompañarán hasta el Bosque de Ribol. .Edia .P Eran dos humanos y un nurón. Los tres inclinaron levemente la cabeza presentándose: .D .Bdia Yango Bertol. .Edia .D .Bdia Pinaklo Dorwa. .Edia .D .Bdia Saboth Robelawt, .Edia dijo el último, el nurón. .Bdia Un placer. .Edia .P Yo los miraba con la cabeza ladeada. Esos rostros con tatuajes de la diosa Mahúra me sonaban de algo… .D .Bdia ¡Pero si sois los del Lago Blanco! .Edia exclamó Yánika, cruzando el umbral. .P Caí al fin en la cuenta. .D .Bdia Diablos, es verdad, .Edia me sorprendí, adelantándome también. .Bdia Los de las sankras. ¿No dijisteis que trabajabais en un hospital? .Edia .P El encuentro nos arrancó sonrisas y recuerdos. Contestando, Yango aseguró: .D .Bdia El hospital va bien. Finalmente regalamos las sankras al sanatorio, porque tienen más medios para que no se les mueran. A cambio, prometieron proveer el hospital en el que trabajábamos con medicinas y un mecenas nos dio fondos. Por eso… .Edia .P Se giró hacia sus compañeros con una sonrisa y Saboth Robelawt terminó: .D .Bdia Decidimos rendir gracias a la gran Mahúra y hacernos voluntarios para llevar medicinas y cuidados a las aldeas más perdidas de Kozera. .Edia .D .Bdia ¿A que mi primo es maravilloso? .Edia rió el jefe de la caravana. Le dio un coletazo amistoso a este exclamando: .Bdia ¡Un verdadero altruista! .Edia .P Saboth frunció el morro, divertido, y preguntó: .D .Bdia ¿Qué tal le va a Livon, el permutador? Nunca olvidaré que ese muchacho me salvó la vida. .Edia .D .Bdia Er… .Edia carraspeé. .Bdia Bueno, es uno de los que se fueron a por una Ragasaki raptada por los Ojos Blancos… ¿No os los cruzasteis aquí? Tranquilos, conociéndolo, seguramente estará bien. .Edia .P Mis palabras optimistas no debieron de sonar convincentes porque los tres enfermeros habían agrandado los ojos, impactados. Pin estaba pálido. .D .Bdia ¿Los Ojos Blancos…? .Edia .D .Bdia Oh, vamos, no nos quedemos aquí, .Edia se impacientó Mag'yohi. .Bdia Siento las prisas pero no quiero perderme el espectáculo después de lo bien que me lo has vendido, primo. Los demás ya deben de estar abajo. .Edia .P El caravanero se alejó calle abajo agitando su potente cola y, tras intercambiar miradas interrogantes, salimos todos de la casa, cerramos la puerta y nos apresuramos detrás de los enfermeros hacia la parte baja del sanatorio, curiosos por oír esa orquesta extraordinaria. .P Empezó antes de que llegáramos abajo. Primero, el estruendo de la cascada se alteró. Luego, se hizo más suave hasta que empezaron a oírse tintineos acompasados. Cruzamos la plaza llena de carromatos y nos fundimos en la muchedumbre que se había instalado ahí a escuchar. Me adelanté con Yánika, Yodah y Jiyari hasta las rocas junto al río y me senté, entornando los ojos hacia la cascada negra. De ahí venían los sonidos, cada vez más nítidos, justos y frescos, enredándose en una melodía armoniosa. El ruido del agua se mezclaba a algo parecido a un arpa y una flauta. Las notas fluían ahora libremente a través de las cuerdas de agua como sobre las cuerdas de un laúd. .D .Bdia Es hermoso, .Edia murmuró Yánika, maravillada. .P Nunca había sido muy versado en música pero… sí, aquello era hermoso sin lugar a dudas. La melodía era clara y suave como un cálido rayo de sol. Me sorprendí por mi comparación y sonreí cuando comprobé que Kala ya no sentía dolor alguno ni miedo ni odio: estaba cautivado. .P Entonces, una voz se alzó, alta, clara y hechicera, cantando en una lengua suave y cantarina. Traté de entenderla. No era abrianés. ¿Caéldrico? Tampoco… .D .Bdia Daercio, .Edia murmuró Yodah. .Bdia Eso es daercio. .Edia .P El aura maravillada de Yánika debía de afectarlo algo porque el hijo-heredero no desviaba la mirada de la cascada. ¿Daercio? ¿La lengua del país al sur de Rosehack? Entonces, agrandé los ojos con una súbita idea y me levanté. Dánnelah. ¿Podía ser? Sin duda, esa melodía estaba algo cambiada, pero no era la primera vez que la oía. .D .Bdia Armonioso y armónico, .Edia murmuré. .P Sonreí anchamente. ¿Qué demonios hacía Sanaytay en el sanatorio? .Ch "Momentos de gloria" .\" 18/08/2019 .Bcita Dicen que los saijits, al envejecer, dejan de temer la muerte. ¿No es eso un poco como un Datsu natural que equilibra el bienestar? .Ecita .autor-cita Yodah Arunaeh .salto Resultó que Sanaytay había caído enferma poco después de salir de Kozera e, hirviente de fiebre, les había convencido a los demás para que siguiesen buscando a Orih mientras ella se quedaba en el sanatorio. Según dijo, habían pasado ahí hacía seis días y la flautista ya estaba del todo repuesta. Ansiosa por agradecer los cuidados, había querido pagarles con música, que era lo que mejor sabía hacer. Además de las galletas negras de tugrines, recordé. .P Seducido por las habilidades de Sanaytay, el Maestro del sanatorio nos había invitado a todos al desayuno del día siguiente antes de que partiéramos y entramos en el refectorio principal, extrañados de que nos recibiera en un lugar tan común. El viejo belarco, sentado sobre una basta alfombra de junco, recibió a la flautista, pletórico, ignorando al resto. .D .Bdia Ay, bella juglar, .Edia le dijo, .Bdia sé que deseas reunirte con tu hermana y tu gente, pero este lugar echará de menos tu música divina y mis escritos se verán entristecidos por tu partida. .Edia .P Sanaytay se sonrojó como un zorfo. Alguien, una paciente con la que había trabado amistad, le había regalado unos lazos rojos para el pelo y se había recogido este, largo y negro, dejando libres dos trenzas. Con su vestido igual de rojo, se parecía un poco a la figura de la Doncella Neeka que representaban los libros. O al menos eso es lo que había oído decir a la gente nada más verla surgir de entre la Cascada de la Muerte el día anterior. .P La flautista no contestó. Hablar no era lo suyo. Se sentó aceptando la taza de cereales que le tendía un asistente del Maestro Bwan y este se esforzó por dejar de mirar a su musa para dirigirse al resto. Hablaron del peligro de los Ojos Blancos, del sanatorio y de la dirección que habían tomado Livon, Naylah y Sirih. Yo me concentraba en mi desayuno hasta que capté la mirada de Reik, recordé su petición e intervine: .D .Bdia Maestro Bwan. ¿No sabrías decirme dónde podría encontrar una espada, una daga, un casco y una armadura ligera? .Edia .P Este enarcó las cejas y asintió. .D .Bdia Nosotros también tenemos que defendernos, o nuestras curas sólo servirían para dar más pasto a los monstruos. Pero no vendemos armas. .Edia .P Hice una mueca. Lo sabía… .D .Bdia A no ser, .Edia añadió, .Bdia que nuestra artista favorita se comprometa a volver después de su aventura sana y salva y nos dedique otra de sus maravillosas canciones en la Cascada de la Muerte. .Edia .P Dánnelah, ¿quería darme todo ese material por una sola canción? Tragué saliva y carraspeé: .D .Bdia Lo siento, pero… .Edia .D .Bdia Acepto, .Edia dijo Sanaytay con suavidad. La miré, anonadado. ¿Aceptaba? Se sonrojó un poco cuando confesó: .Bdia Este lugar… es bueno para la música. Cuando regrese, quiero despedirme de la cascada. .Edia .P Huh… Despedirse de la cascada, ¿eh? Mar-háï, yo tal vez tenía una mente en más en mi cuerpo pero Sanaytay también tenía sus rarezas. .P Entonces, me fijé en que el Maestro del sanatorio sonreía tanto que sus ojos se cerraban casi por completo de alegría. .D .Bdia ¡Que la Doncella te bendiga y os proteja a todos! .Edia exclamó. .salto Salimos del sanatorio un par de horas después de lo previsto, pero Mag'yohi Robelawt no parecía molesto por el retraso. Después de todo, en parte lo había causado él al tardar tanto en despedirse de su familia. .P Cuando nos pusimos en marcha, constaté que la quincena de guardias se había reducido a diez, los carromatos habían desaparecido y ahora tan sólo cuatro caravaneros nos seguían además del jefe, tirando de las riendas de cuatro anobos cargados de medicinas y comida. Por lo demás, estábamos nosotros y los tres enfermeros. En total, éramos veinticinco. .P Al principio, tuvimos que retroceder por el mismo camino que llevaba al sanatorio, pero luego viramos tomando una ruta que no había sido recorrida por un carruaje en meses. La prueba: ya desde los primeros kilómetros vi varias estalactitas caídas y una estalagmita que se había derrumbado. Aunque no necesitamos destruirlas, cuando alcanzamos el camino que subía y que nos llevaría arriba de la Cascada de la Muerte, ya había pasado medio rigú. .P Mag'yohi alzó una mano indicando una pausa y palmeé los morros de Neybi para detenerla. Zélif se deslizó abajo, movió su pie y se quitó la venda. .D .Bdia Ya está más que curado, .Edia consideró en voz alta. .P Yeren quiso comprobarlo de todas formas justificándose con tono tremendista: .D .Bdia Hasta las heridas más inocentes pueden causar terribles enfermedades. .Edia .P Después de haberse pasado varias horas hablando con los tres enfermeros de su oficio, el drow albino seguía en su vena de curandero. Cogí una cantimplora y tomé un largo trago echando un vistazo a mi alrededor. La caverna era tan oscura que la mayor fuente de luz eran las linternas que llevábamos. Sin sorpresas, comprobé que Yánika y Yodah continuaban enfrascados en una conversación por bréjica; según ella, estaba entrenándose a establecer conexiones. Sentado sobre una roca, Reik había sacado su nueva espada y, con movimientos regulares y precisos, empezó a afilarla para dejarla perfecta. El Zorkia ya no llevaba la máscara: había pensado que nadie en el resto del grupo podría identificarlo mientras guardase la venda alrededor de la frente. Todos estaban atareados, constaté mientras tapaba la cantimplora. Entonces, me fijé en Jiyari y Sanaytay y advertí que ambos miraban, inquietos, hacia la oscuridad de la caverna. Me acerqué a ellos, interrogante. .D .Bdia ¿Qué ocurre? .Edia pregunté. .D .Bdia Sanay dice que en esta caverna se oyen ruidos de insectos, como si hubiera un enjambre, .Edia explicó Jiyari. .P La flautista se mordió el labio, nerviosa. .D .Bdia El sonido en los Subterráneos es muy raro, .Edia dijo. .Bdia Por eso no sé hasta qué punto está lejos o cerca pero… ¿no lo oís? .Edia .P Agucé el oído. .D .Bdia Mm… Ahora que lo dices, se oye como un zumbido lejano, .Edia admití. .Bdia Podría ser cualquier cosa. Saraviesas, hercatas, langostas rojas… también podrían ser okamias, aunque esas normalmente prefieren las minas de sal. Será mejor no acercarse, de todas formas. Oí decir una vez que las langostas rojas devoran toda la piel en cuestión de minutos… .Edia .D .Bdia ¡Drey! .Edia protestó Jiyari, alarmado. .Bdia No tiene gracia. .Edia .P Enarqué una ceja. .D .Bdia No lo decía como gracia. Es lo que oí decir. .Edia .P .Bdm ¿Y tú me decías que no tenía tacto? .Edm se burló Kala mentalmente. .Bdm Mira. La flautista está pálida como una nube blanca. .Edm .P De hecho, la armónica había perdido los colores, me sorprendí. .P .Bdm ¡Bah! Siempre tan corto de entendederas, .Edm suspiró Kala. .P Y, sin previo aviso, me robó el cuerpo para acercar un brazo fuerte a Sanaytay y pasarlo por sus hombros con gesto amigable diciendo: .D .Bdia ¡Tranquila, Sanay! Es imposible que tu hermana haya podido ser devorada por las langostas rojas. .Edia .P Apretujada por mi brazo, la humana se puso roja como un zorfo. Y yo grazné mentalmente: .P .Bdm Tacto y un infierno. ¿Qué clase de consuelo es ese, Kala? ¿Es que los Pixies sois todos así de pegajosos? No hace falta tocar para consolar… .Edm .P .Bdm Ahora no está pálida, .Edm argumentó Kala. .P .Bdm ¡Está roja! ¡Si te crees que es mejor! .Edm resoplé. .P .Bdm Lo creo. .Edm .P Sin embargo, haciéndome caso, Kala soltó a la flautista azorada carraspeando: .D .Bdia Olvida las langostas. .Edia .P Attah… ¿Es que no podía decir algo normal? Por fortuna, en ese momento, Sayla, la caravanera pregonera, pasó distribuyendo a cada uno su porción de comida. Nos reunimos con los demás a comer y, con una de sus enormes sonrisas, Mag'yohi invitó a todo el mundo a beber algayaga. Todos los guardias salvo uno se abstuvieron por ‘razones profesionales’. El que bebió, la escupió asqueado como casi todos. Cuando Yánika probó, temí que su aura se llenara de repugnancia y nos contagiara pero, para sorpresa mía, ella fue la única en decir: .D .Bdia ¡Mm! ¡Está riquísimo! ¿Puedo tener otro vaso? .Edia .P Nos giramos todos hacia ella, anonadados, incluido Yodah. Mi hermana puso cara intimidada. .D .Bdia ¿Qué pasa? .Edia .D .Bdia ¿En serio te gusta, Yani? .Edia pregunté en voz baja. .Bdia No hace falta que digas que te encanta ni que pidas otro vaso, ¿sabes? Con que digas gracias por la experiencia, basta. .Edia .P El aura de Yánika se llenó de burla paciente. .D .Bdia Hermano. Ya me conoces: yo nunca miento. En serio me gusta. ¿No quieres volver a probarlo? .Edia .D .Bdia N-no, ya he probado, gracias… .Edia murmuré. .P Tragué saliva mientras Mag'yohi le servía de nuevo a mi hermana y decía con ánimo: .D .Bdia ¡Me honras, pequeña! Los Arunaeh tenéis sin duda más paladar que la media. .Edia .D .Bdia O menos, dependiendo del punto de vista… .Edia masculló Reik por lo bajo. .P Poco después, retomamos la marcha por el túnel que ascendía. Por las grietas de la roca, corrían pequeños regueros de agua y, al contrario que hasta entonces, el suelo se llenó de musgo, de setas y arbustos. Los guardias que iban delante manejaban sus hachas para abrir el camino, pero incluso así, la ruta era ardua, empinada, enlodada y peligrosa. En un momento, cayó un doagal sobre la espalda de Neybi. Zélif se enteró antes que la anoba y gritó: .D .Bdia ¡Un doagal! .Edia .P Enseguida, todos se alarmaron, alzando los ojos hacia el techo buscando más, pero parecía que ese doagal estaba solo. .D .Bdia ¡Que nadie lo toque! .Edia tonó Mag'yohi tomando su tono responsable de jefe. .D .Bdia Lo siento, pero voy a tocarlo, .Edia repliqué. .P Agarré al doagal y, este, viéndose despegado del anobo, quiso pegarse a mí. Le dejé, caminé hacia la retaguardia con el bicho cada vez más enrollado alrededor de mi brazo. Y, cuando alcancé el último guardia quien se apartó bruscamente preguntando: .Bdia ¿Qué diablos haces con eso? .Edia expliqué: .D .Bdia Esto. .Edia .P Solté un fuerte sortilegio órico. El doagal tardó un rato en despegarse, primero el antebrazo, luego la muñeca, la palma de la mano… Cuando perdió su última agarradera, salió disparado túnel abajo. Y desapareció en la oscuridad total en un traqueteo de guijarros y arbustos agitados por mi viento. Entonces me di cuenta de un detalle. .D .Bdia Attah… .Edia mascullé mirando mi mano. .Bdia Me ha robado el guante. .Edia .P Por un momento, pensé pedir una pausa para ir a buscarlo. Entonces, el guardia más cercano me lanzó: .D .Bdia Toma el mío, mahí. .Edia .P Miré al humano con sorpresa y bajé la mirada hacia el guante que me tendía. No era de destructor pero… servía igual para ocultar los tres círculos de Sheyra que aparecían en el dorso de mi mano. Considerando que mi guante podía haber caído en cualquier sitio en aquella jungla de plantas… acepté. .D .Bdia Gracias. Te lo devolveré si no lo rompo antes. .Edia .P Me puse el guante y me adelanté en la fila diciendo: .D .Bdia ¡Todo en orden! .Edia .P Proseguimos, pero ya la gente empezaba a fatigarse y el silencio tan sólo era interrumpido por resuellos, ruidos de pasos y algún comentario gruñón. En un momento, vi una serpiente contra el tronco de un gran arbusto, pero no parecía ser de las letales y me cuidé mucho de avisar a nadie, no fuera que Yánika causara una conmoción. .P Zélif llevaba un buen rato subida a Neybi consultando unos mapas cuando preguntó: .D .Bdia ¿No deberíamos encontrar una encrucijada en algún momento? .Edia .D .Bdia Sí, está justo un poco más adelante, .Edia afirmó Sayla, oyéndola y ralentizando. .Bdia De hecho, tendremos que desviarnos y tomar la otra ruta: el túnel de la ruta original se derrumbó el año pasado. Dicen que fue una manada de nadros rojos que se enfrentó a una pareja de mantícoras, murieron todos y explotaron, y toda la boca del túnel se vino abajo. Sólo espero que las mantícoras también acabaran aplastadas. .Edia .D .Bdia ¿La ruta original? .Edia repitió Zélif, desviando los ojos de sus mapas. .Bdia ¿Quieres decir que lo que tomaremos luego es una ruta secundaria? .Edia .P No pude más que entender su tono ensombrecido. Si el camino era ya tan malo ahí, ¿cómo sería el otro? Intervine: .D .Bdia ¿Pero eso no nos hace tomar un rodeo? .Edia .D .Bdia Y un señor rodeo, .Edia admitió Sayla. .Bdia Pero las cosas como son. Es raro que un aldeano de arriba decida bajar a Kozera y por aquí no pasan ni mineros ni destructores. .Edia .P Enarqué una ceja. .D .Bdia Tal vez pueda abrir el camino. Pero dependiendo del tipo de roca, podría no adelantarnos. .Edia .D .Bdia Mm, .Edia meditó Sayla con ojos chispeantes. .Bdia ¿En serio? Si quieres hacerlo gratis, no me importa. .Edia .P Zélif meneó la cabeza inspeccionando un mapa. .D .Bdia Podría ser una buena idea. Si es este el túnel que seguimos, entonces de hecho sólo es un rodeo. Pasando por el otro túnel nos ahorraríamos tal vez cuatro horas de marcha. .Edia .P Cuatro horas que Livon, Naylah y Sirih no habían podido saltarse, completé. Tras un breve conciliábulo con Mag'yohi Robelawt, este decidió dejarme inspeccionar el túnel derrumbado. La perspectiva de reabrir el túnel principal lo había seducido. Por lo que deduje que el otro túnel era especialmente malo. Lo pude ver con mis propios ojos cuando lo alcanzamos: era un túnel tan estrecho que el anobo gordo de Draken no hubiera podido pasar. Proseguimos un poco por el gran camino hasta el lugar del derrumbamiento. Mientras los otros aprovechaban la pausa para descansar un poco, me giré hacia el túnel obstruido y mandé mi órica entre las rocas. Había agujeros, por los que mi órica se arremolinó suavemente, buscando el final del obstáculo. .D .Bdia Catorce metros, .Edia murmuró Zélif a mi lado. .P Me sobresalté. Caray, ¿la faingal ya lo había medido? Sus ojos azules se alzaron hacia los míos. .D .Bdia El resto parece estar libre y sin peligros. ¿Crees que podrás? .Edia .P Era granito y rocaleón. Asentí sin vacilar. .D .Bdia Sin problemas. .Edia .P Tras obtener el visto bueno de Mag'yohi, me puse manos a la obra. Primero inspeccioné la estabilidad de las rocas aún fijadas, luego comencé a agrietar las que estaban caídas. Mientras yo seguía, los más forzudos se ocuparon de sacar los trozos que podían cargar. En poco tiempo, avanzamos varios metros. Los caravaneros habían recuperado el ánimo y Sayla me trajo una cantimplora de agua emocionada: .D .Bdia ¡No había visto nunca a un destructor manos a la obra! ¡Es increíble! ¿Sabes? ¡Me gustan los hombres como tú! .Edia .P Me dio una palmada en la espalda que me dejó sin aliento y se fue riendo con una risa grave. La miré, algo intimidado. Mar-háï. Esa mujer daba miedo. .P Quedaba poco más de un metro para liberar el túnel cuando la roca cambió de pronto y me encontré con un bloque de darganita. No me supuso muchos más problemas pero aquello me hizo pensar en el guante derecho, que estaba ya algo deteriorado por los golpes, y en lo bien que me vendría la darganita para fabricar un guante de destructor. Por eso, cuando acabé con todo y dos guardias pasaban con linternas a inspeccionar la zona, decidí cargar a Neybi con dos buenos trozos de darganita. Al verme, Yodah se burló: .D .Bdia Cada vez te pareces más a tu hermano. .Edia .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Son costumbres de destructor. Lústogan no tiene nada que ver en esto. .Edia .P Pese a todo, la burla en los ojos de Yodah no desapareció. Cuando nos pusimos de nuevo en marcha, yo estaba reventado ya de tanta caminata, y no era el único, pero Mag'yohi Robelawt insistió en que la salida no estaba lejos. Así que continuamos. .P Por fortuna el nurón no se equivocó y, al de una hora, desembocamos en la parte alta de la Cascada de la Muerte. Sanaytay fue la primera en oír su rumor de agua y nos subió a todos la moral. Llegar a un terreno llano y bien iluminado fue una bendición. Mientras los caravaneros buscaban el mejor lugar para acampar junto al Río Negro, yo me dejé caer en la hierba azul soltando un largo suspiro. Hasta me temblaban las piernas del cansancio. .P .Bdm Este cuerpo es tan débil… .Edm masculló Kala. .Bdm Con el de antes, no me cansaba y podía correr durante todo el día. .Edm .P .Bdm Pues vuélvete al que tenías antes, .Edm repliqué. .P .Bdm Sólo estaba comparando, .Edm se irritó Kala. .Bdm El de antes tenía el inconveniente de descomponerse. .Edm .P .Bdm Este también, .Edm aseguré. .Bdm Cuando muramos, nos comerán los insectos. Es el principio de la balanza. .Edm .P Kala inspiró, suspenso. .P .Bdm Yo no moriré. La muerte es la nada. ¿No te da miedo a ti? .Edm .P Fruncí el ceño y me levanté al oír a Sayla gritar que ya habían encontrado el sitio ideal. .P .Bdm Algo, supongo. ¿Qué quieres decir con que no morirás, Kala? ¿Es que piensas reencarnarte todas las veces que quieres? ¿No te parece un exceso? Robarle el cuerpo a un recién nacido… es robar una vida. .Edm .P ¿Acaso no se daba cuenta de ello? Hubo un silencio y sentí cómo Kala meditaba seriamente sobre mis palabras. .P .Bdm Solo, no, .Edm contestó al fin. .Bdm Si me reencarno un día, me reencarnaré con mis hermanos. .Edm .P Cerré los ojos y me dejé caer junto a una placa metálica donde Yeren ya estaba disponiendo un puchero lleno de agua del Río Negro. No lo había entendido. .P .Bdm Kala. Piénsalo, .Edm insistí. .Bdm Aunque no lo recuerdes bien, te criaste conmigo, conoces los preceptos de Sheyra, conoces el valor de una vida y sabes que no se debe jugar con ella. Querer reencarnarse porque temes la muerte… no tiene sentido. .Edm .P Kala frunció el ceño. Se masajeó las sienes. Y gruñó tendiéndose en la hierba. .D .Bdia La vida no tiene sentido, .Edia replicó en voz alta. .Bdia El sentido se inventa. .Edia .P Recibí más de una mirada sorprendida y Jiyari rió: .D .Bdia ¡Estás profundo, Gran Chamán! .Edia .P Tan profundo que el razonamiento de Kala me inquietaba… .D .Bdia Las grandes acciones llevan a frases memorables, .Edia afirmó entonces Mag'yohi Robelawt acercándose con una gran sonrisa. .Bdia Se cuenta que el anterior Rey Nurón de Afáh dijo después de ahogar a sus enemigos: idiotas, cuantos más soldados y barcos nos mandéis, más subirá el nivel del mar, y más grande será mi reino. .Edia .P Sonreímos todos y Yánika se carcajeó: .D .Bdia ¡No tenía mucha idea de física, ese rey! .Edia .P Mag'yohi admitió: .D .Bdia Era un guerrero. Pero, si es cierto que su reino no se hace más grande, el de los terrestres puede hacerse más pequeño, ¿verdad? .Edia .P Se giró hacia mí y la sonrisa de Kala se transformó enseguida en una mueca cuando el nurón le tendió un recipiente óseo lleno de algayaga. .D .Bdia Drey Arunaeh, nos has ahorrado horas de viaje y abierto un túnel que creía ya para siempre condenado. Por favor, acepta este tazón como señal de agradecimiento mío y de toda la tripulación. .Edia .P ¿Tripulación? Ni que estuviéramos en un barco… Por un momento, pensé que Kala iba a rechazar. Pero, entonces, suspiró, aceptó y bebió la algayaga. Seguía siendo amarga pero… Sonrió. .D .Bdia Empiezo a acostumbrarme a tu infame brevaje, saijit. .Edia .Ch "La lancera de Padha" .\"19/08/2019 .Bcita La guerra es un dragón enfermo que se devora a sí mismo. .Ecita .autor-cita Yodah Arunaeh .salto Al día siguiente, no me fui de ahí sin haber visto la Cascada de la Muerte desde arriba. La contemplé con Yánika, Yodah y Jiyari y escuchamos juntos el estruendo del agua que se tiraba en caída libre, borbollante y fiera. Las vistas eran espectaculares. Con curiosidad, el hijo-heredero preguntó alzando la voz para que lo oyeran: .D .Bdia Di, Drey. Si cayeras por ahí, ¿sobrevivirías? .Edia .P La pregunta inquietó a Yánika. Me encogí de hombros, pensativo. .D .Bdia Mm… No tiene tanto que ver con la altura sino con el aguante y las interferencias de fuerzas. La Cascada de la Muerte es tan vertical y tan profunda que impone, pero por lo demás… .Edia Estiré el cuello hacia la caída, tan honda que las luces del sanatorio parecían estrellas en el firmamento. Asentí para mí con ánimo: .Bdia Lo probaré a la vuelta. .Edia .P El aura de Yánika se llenó de incredulidad y Jiyari se sobresaltó. .D .Bdia ¡¿Bromeas?! .Edia exclamó el Pixie rubio. .Bdia ¿Saltar de aquí hasta abajo? ¿Te has vuelto loco? .Edia .P Yodah se carcajeó ruidosamente. .D .Bdia ¡Ya te digo! Eres igual que tu hermano, en menos seco. .Edia Lo miré, suspenso, y él se perdió en la contemplación de las lejanas y apenas visibles estalactitas mientras decía con una sonrisilla: .Bdia Una vez cuando yo no era más que un niño y Lústogan ya casi un adulto, volvió a la isla cojeando y yo le pregunté: primo, ¿qué te ha pasado? Me contestó con ese tono seco suyo: nada, he saltado de la Cascada de la Muerte. Desde aquel día, lo admiré. .Edia .P Resoplé. ¿Mi hermano ya lo había hecho? Bajé la mirada otra vez hacia la estrepitosa cascada y mis labios se estiraron en una sonrisa de lobo. .D .Bdia ¿Lo admiraste, dices? ¿Y si salto y acabo ileso, me admirarás también? .Edia .P Yodah enarcó las cejas girándose hacia mí. .D .Bdia ¿Quieres que te admire tu futuro líder? .Edia .P La pregunta me dejó sobrecogido. Yodah añadió: .D .Bdia ¿No querrás más bien que sea Lústogan quien te admire? .Edia .P Hice una mueca, desvié los ojos hacia los demás que ya habían acabado de guardarlo todo y meneé la cabeza, divertido. .D .Bdia Estás hablándole a un Arunaeh destructor, Yodah. ¿Qué significa admirar a alguien? Si es considerar con estima a una persona… creo que Lústogan ya debe de admirarme. .Edia .P Yánika rió por lo bajo y Yodah resopló, entretenido. Los cuatro nos pusimos a andar alejándonos de la cascada mientras el hijo-heredero meditaba: .D .Bdia Ciertamente, para un Arunaeh destructor, es todavía más difícil entender a los saijits que para un Arunaeh brejista, ¿verdad? Yo he llegado a admirar hasta a criminales por su pertinacia. ¿Acaso no hay nadie al que hayas conocido últimamente y hayas admirado por alguna acción? .Edia .P Fruncí el ceño. ¿Una persona a la que hubiese admirado por alguna acción recientemente? Había unas cuantas, entre ellas unos cuantos Ragasakis pero… una, en particular, me vino a la mente en ese momento. .D .Bdia Mm… Tal vez la persona que más me haya sorprendido por su pertinacia… .Edia .D .Bdia Y a la que admiras, .Edia apuntó Yodah. .P Tras una reflexión, confirmé: .D .Bdia Y a la que admiro. .Edia .P Yánika me miró con curiosidad. .D .Bdia ¿Quién? No has dicho el nombre. .Edia .P Sentí los ojos curiosos de Jiyari y mi hermana posados sobre mí y sonreí con la mirada fija en el camino que remontaba el Río Negro. .D .Bdia Livon, .Edia dije al fin. .Bdia Ese curioso pastor de cabras. .Edia .P Sayla nos llamó entonces con su voz de pregonera: .D .Bdia ¡Hey, seréis mahis, pero no podemos esperaros eternamente! ¡En marcha, tropa! .Edia .P Apreté el paso y los puños al mismo tiempo. .P .Bpenso Más os vale seguir con vida, Ragasakis. .Epenso .salto El primer pueblo que los enfermeros tenían que visitar se llamaba Padha. Para alcanzarlo, tuvimos que alejarnos del Río Negro: las orillas de este, de todos modos, desaparecían al de un rato, transformándose en barrancos infranqueables. Las cavernas colindantes al río estaban infestadas de criaturas de toda índole: hawis que gruñían en la oscuridad, azaritas que siseaban, y hasta vimos en un momento, levemente iluminados por una piedra de luna, a varios hawis y dos lobos furientos compartir los restos de lo que, según Sayla, era un oso y, según Reik, era un borwerg. Por suerte, estaban muy entretenidos comiendo como para atreverse a meterse con una tropa de saijits con diez guardias bien armados y un comandante Zorkia. De todas formas, al mínimo intento de acercarse, Sanaytay y Zélif se hubieran dado cuenta enseguida. .P Padha se encontraba en una caverna pedregosa junto a un pequeño estanque de agua rosácea. No había, en esa aldea, más que viviendas en cuevas con una empalizada alrededor y puertas bien cerradas que se abrieron enseguida cuando nos vieron llegar. Reconociendo de lejos a Mag'yohi Robelawt, uno gritó su nombre, este alzó la mano y enseguida nos acogieron a todos con alegría. Sin dilaciones, los enfermeros se ocuparon de repartir medicinas y examinar a todos los que lo deseaban mientras los demás aceptábamos la invitación de la jefa del pueblo. Era una caita forzuda que llevaba en un brazo la cicatriz tal vez más impresionante que había visto en mi vida. Lo recorría todo en un surco profundo. Advirtiendo quizá mi mirada, o la de Yánika, sonrió y explicó sin reserva alguna si acaso orgullo: .D .Bdia Esto, viajeros míos, me lo hizo una mantícora el año pasado antes de que la atravesase con mi lanza. .Edia .P Y dicho esto, nos guió hasta su cueva. Antes de entrar, Kala y yo echamos un vistazo hacia la cola que se estaba formando ante los enfermeros y no pude dejar de constatar lo vapuleadas que parecían aquellas gentes. Todos tenían profundas ojeras y no era por trabajar demasiado. Siguiendo mis pensamientos, Mag'yohi observó: .D .Bdia Oí decir que había más criaturas por la zona, pero no esperaba esto. El camino estaba literalmente plagado. .Edia .P La jefa suspiró sentándose en un tarugo de madera que le servía de trono. .D .Bdia Las cosas han cambiado mucho por aquí. El olor a samia del lago aleja muchos bichos y hasta ahora no se acercan demasiado, pero ¿hasta cuándo? Ir a cazar es a la vez cada vez más fácil y cada vez más peligroso. Tienes agallas, Mag'yohi, de acudir cada medio año a este lugar. Y tienes mi más sincera gratitud. .Edia .P El nurón enrojeció de placer e inclinó su gran cuerpo hacia delante para aceptar los agradecimientos diciendo: .D .Bdia No podría hacer de otro modo, hermosa Skarena: asegurar el viaje y la comunicación es el deber de cualquier caravanero que se precie. .Edia .D .Bdia Siempre y cuando no pierda a los viajeros en camino, .Edia aprobó la tal Skarena y sus ojos vivaces se posaron en nosotros. .Bdia Sentaos. ¿Sois peregrinos de Sayiro? .Edia .P Mientras Kala se sentaba en el suelo de la rústica vivienda, entendí su error: no era tan raro que algún sirviente del dios warí de la Naturaleza viajase hasta los lindes del Bosque de Ribol a recitar sus plegarias. .D .Bdia No, .Edia la desengañó Mag'yohi, .Bdia esta buena gente anda buscando a un grupo de tres personas que pasó por aquí. .Edia .P Apenas Zélif comenzó a describírselos la caita lanzó un ruidoso resoplido exclamando: .D .Bdia ¡Esos locos! Pasaron por aquí hace cinco días. Bien me acuerdo, tres muchachos eran. Una tenía una lanza y decía saber manejarla… Pobres insensatos. Intentamos convencerlos de que dirigirse hacia Loeria era una locura, pero no me escucharon. .Edia .P El aura de Yánika se tensó. Todos estábamos muy atentos. .D .Bdia ¿Loeria? .Edia repitió Mag'yohi Robelawt, alzando el morro, inquieto. .Bdia Ese es el siguiente pueblo al que iremos después de este. ¿Ha sucedido algo ahí? .Edia .P Skarena cruzó sus forzudos brazos replicando: .D .Bdia ¡Ni se os ocurra acercaros! Ahí… algo oscuro está pasando desde hace unas semanas. Algo demoníaco. Ni las criaturas se acercan ya. Esos tres me explicaron que andaban buscando a una compañera suya raptada por los Ojos Blancos… Pero no son los Ojos Blancos los que habitan Loeria. Los Ojos Blancos no huelen tan mal. Vampiros, .Edia escupió. .Bdia Eso es lo que pasa en Loeria. .Edia .D .Bdia Attah, ¿vampiros? .Edia juró Mag'yohi. .Bdia ¿Y los habitantes? ¿Los mataron a todos? .Edia .D .Bdia No se sabe. Pero, a juzgar por el territorio que han ocupado, son un clan entero y, a menos que hayan dejado a los aldeanos en la reserva de comida… Diablos, lo que está claro es que, si alguien intentó huir, ni uno llegó hasta Padha. .Edia Skarena frunció el ceño, observándonos. .Bdia Sois compañeros de esos tres jóvenes aventureros, supongo. Seré franca. Después de cinco días… es poco probable que vuelvan. .Edia .D .Bdia Si no los han chupado los vampiros, se los habrán comido los hawis o los Ojos Blancos, .Edia aprobó con naturalidad un niño con huso y rueca en las manos. .D .Bdia Cierra la boca, hijo, .Edia le ordenó Skarena. .P La tensión de Yánika iba en aumento y fui a tender una mano hacia ella para avisarla cuando me di cuenta de que Yodah acababa de hacer lo mismo, hablándole por bréjica seguramente también. Yánika se relajó. Sin duda, se controlaba mejor que antes. ¿Sería por el saber sellado que Madre había despertado en su mente o sería por las enseñanzas de Yodah? .D .Bdia Vampiros, .Edia murmuró Zélif. .Bdia ¿Y dices que nuestros compañeros fueron para allá? .Edia .D .Bdia Es la única ruta hacia el norte que vaya hacia Lédek, .Edia explicó Skarena. .Bdia Dijeron que iban a tratar de rodear la aldea, que sabían esconderse… Sin embargo, no te escondes del olfato de un vampiro. Basta que uno se haga un pequeño corte para que cincuenta vampiros se les planten ante sus mismas narices. Los conozco bien: de niña, vi a dos. Se movían como murciélagos y los golpes de mis padres casi no les acertaban. Cuando empezaron a beberles la sangre, ni siquiera los habían matado todavía. Mis padres murieron desangrados y, si no me mataron, fue porque uno de ellos, que usaba nuestro abrianés con acento kozereño y todo, me dijo: crece y procrea y, entonces, vendremos a por ti. .Edia Chasqueó la lengua. .Bdia No sé si los rumores de que son inmortales son ciertos o no: lo que sé es que no voy a dejar que mi gente vea lo que vi yo ese día. Estamos pensando en dejar el pueblo. .Edia .D .Bdia ¿Dejar Padha? .Edia se asombró Mag'yohi Robelawt. .Bdia ¿Estás hablando en serio, Skarena? Tú… ¿dejar tu pueblo? .Edia .P La caita sonrió con sorna. .D .Bdia No dejaría mi pueblo. Lo trasladaría a un lugar más vivible. Si es que podemos viajar contigo hasta entonces. .Edia .P Mag'yohi exclamó: .D .Bdia ¡Que los dioses me cieguen si no os protejo con mi vida! Pues claro que podéis. Ya que Loeria queda descartado, tenemos tiempo de sobra para ir a Beyg… .Edia .D .Bdia Partiremos mañana, .Edia lo cortó la jefa. .Bdia ¿Está bien? .Edia .P El nurón asintió vivamente, obviamente alegre de poder escoltar a los habitantes de Padha. Zélif preguntó: .D .Bdia Pero, si Loeria está infestada de vampiros, ¿qué hay de Beyg? .Edia .D .Bdia Beyg está en los lindes del Bosque de Ribol, .Edia contestó de inmediato Mag'yohi Robelawt. Al girarse hacia la faingal, hizo tintinear sus pendientes. .Bdia Los Koobeldas no permitirán que se instalen tan cerca de su casa. .Edia .D .Bdia Beyg es seguro, .Edia aprobó Skarena, .Bdia pero no nos quedaremos ahí. Mi intención es salir de Kozera y viajar hacia el sur hasta Raizoria. Esas son tierras libres. No tendremos problemas para encontrar un lugar apartado y refundar Padha. .Edia .P Su tono rezumaba espíritu aventurero. La admiración que brillaba en los ojos de Mag'yohi Robelawt fue secundada por la de Yánika. Zélif se levantó. Incluso de pie, su cabeza era apenas más alta que la del nurón. Con decisión, declaró: .D .Bdia Gracias por la información y los avisos, Skarena. Sin embargo, nosotros iremos hacia el norte. No me creeré que mis compañeros han muerto antes de ver sus cuerpos. .Edia .P Skarena la miró con evidente desaprobación. .D .Bdia Por mi vida, jovencita, ¿es que no has escuchado lo que he dicho? Sois siete, y sólo uno de vosotros tiene pinta de saber manejar un arma. En fin, yo no me meto, haced lo que queráis, yo os habré avisado. Sólo recordad: cuando uno se tira a un barranco sin cuerda, que no se sorprenda luego si cae hasta el fondo. .Edia .P Se levantó diciendo esto y añadió: .D .Bdia Dicen que compartir comida con gente que va a morir es de mal augurio, pero beberé con gusto la buena algayaga tuya, Mag'yohi. .Edia .P Este se puso radiante. .P .Bdm Otra loca a la que le gusta ese veneno, .Edm resopló Kala. .P Padha estuvo agitada durante las horas siguientes. Los aldeanos se ajetreaban, empaquetando sus bienes, arreando los pocos anobos que tenían, arrejuntando sus ovejas y recolectando todo lo que podían de sus huertos. Los tres enfermeros estaban también muy ocupados: arrancaban dientes dolorosos, aplicaban pomadas, aliviaban las pequeñas dolencias de la gente con infusiones con efecto placebo más que otra cosa. Sólo a uno, un niño postrado en cama con alta fiebre, tuvieron que dar medicina de verdad y hasta le pidieron muy educadamente a Yeren si no sería tan amable como para echarle un vistazo al muchacho. El curandero, por supuesto, aceptó de inmediato. .P Mientras comía un bol de cereales calientes, medité: .D .Bdia De verdad deben de estar al borde de la desesperación si han decidido abandonar todo esto. .Edia .P Lo decía observando por la puerta abierta de la empalizada el lago rosáceo, la bella piedra de luna que alumbraba el lugar casi tan bien como en Kozera y los bolones de granito que decoraban la caverna. .P Percibí el suspiro de Zélif. .D .Bdia ¿En eso estás pensando? Yo estaba pensando más bien en qué lío estamos. .Edia Se mordisqueaba el labio. .Bdia Esa caita tiene razón. Nos estamos metiendo en la boca del lobo sin haberlo planeado lo suficiente. No puedo creer que Naylah haya seguido a pesar de todo… .Edia .P Meneó la cabeza, ensimismada. Estábamos sentados entre los anobos y los guardias de la caravana, y estábamos acabando de comer. Aparté los ojos de una bella piedra romboidal y asentí. Ciertamente, teníamos un serio problema. Pero no podíamos resolverlo ahí sentados. Tal vez llegando a la misma conclusión que yo, Reik intervino: .D .Bdia ¿Qué tal si dejamos los planes atrás y nos ponemos en marcha? Si en Loeria de verdad hay un clan de vampiros, nuestro grupo no está tan mal: tenemos a una armónica que puede apagar el sonido de nuestros pasos y oír a larga distancia, algo realmente útil en esta zona de túneles. Una perceptista que puede percibirlos también de lejos y que se ha estudiado los mapas. Un destructor y… .Edia .P Pasó la mirada por Jiyari, Yodah y Yánika… y añadió: .D .Bdia Un buen guerrero. No hace falta más. .Edia .D .Bdia ¿Tan baja opinión tienes de mí? .Edia se quejó Yodah, divertido. Bajo la mirada fulminante del Zorkia, alzó las manos, inocente: .Bdia Está bien. Reconozco que mi papel aquí no tiene nada que ver con el de rescatar a unos Ragasakis. .Edia .D .Bdia Tú estás aquí de mirón, .Edia aprobé. .D .Bdia Exacto. Y de profesor. Y de vigilante. Si te parece poco, .Edia sonrió el hijo-heredero. .P Recordé entonces que, en Kozera, había prometido hablarme de algo relativo a Lotus que el líder de los Arunaeh le había revelado y me pregunté de qué se trataba. En el sanatorio, al hablar de los Pixies, no lo había mencionado, por lo que entendí que era información confidencial del clan. .P En ese momento, llegó Yeren y se unió a nosotros sirviéndose un bol aún caliente. .D .Bdia ¿Qué tal el muchacho? .Edia pregunté. .D .Bdia Temí que fuera gripe, pero parece ser una intoxicación, .Edia contestó el curandero. .Bdia Está grave y me temo que viajar no mejorará su estado pero su familia no quiere quedarse atrás, como es comprensible. Les he dicho que fabriquen una camilla. Pasaré mañana a la mañana a verlo antes de retomar el viaje. .Edia .P Zélif se mordió el labio y adiviné que ella había pensado ponerse en marcha antes. Pero si Yeren podía hacer algo para salvar a ese muchacho… .D .Bdia Deberíais salir hoy, .Edia dijo Yeren para sorpresa nuestra. .Bdia Estoy seguro de que Livon, Naylah y Sirih siguen vivos. .Edia .D .Bdia ¿Y tú? .Edia preguntó Jiyari. .P El drow albino hizo una mueca culpable. .D .Bdia Según se dice por el pueblo, Beyg está sufriendo una epidemia y los Koobeldas, como siempre, no se entrometen ni ayudan. De atacar unos vampiros, los expulsarían, pero una epidemia… Ni se acercan. Así son los Druidas de Ribol, por lo visto. Debo decir que estoy algo decepcionado… .Edia .D .Bdia Ve, .Edia dijo Zélif con una leve sonrisa convencida. .Bdia Salvarás más vidas ahí que con nosotros. .Edia .P El curandero la miró… y vaciló. .D .Bdia Gracias, Zélif, por entenderme. .Edia .D .Bdia Seremos prudentes, .Edia aseguró la faingal, leyendo en su expresión. .P El drow asintió, absorto. .D .Bdia Claro. Como siempre. Tú, además, siendo cartógrafa, no te perderás, ¿eh? .Edia .P Zélif sonrió. .D .Bdia Procuraré. .Edia Dejó el bol vacío y se levantó. .Bdia Escuchad. Vamos a entrar sin guardias en una zona llena de vampiros. Que cada uno se lo piense bien antes de venir. .Edia .P Hubo un silencio. Los guardias de la caravana, a unos metros, nos escuchaban, curiosos. Yo miraba a Yodah. ¿Por qué no decía nada? Hubiera podido decir: renuncio, no puedo morir, soy el heredero de los Arunaeh… Pero no dijo nada. Zélif inspiró. .D .Bdia Bueno. Reik tiene razón. Tenemos un buen grupo. Sacaremos partido de nuestras habilidades. Iré a hablar con Mag'yohi y Skarena. Dentro de una hora, salimos de aquí. .Edia .P Se alejó con paso ligero, rodeando los anobos, y Yodah comentó tras un silencio: .D .Bdia No se diría, siendo tan pequeña, pero tu segunda líder tiene agallas, Drey. .Edia .D .Bdia Esto… ¿Segunda? .Edia repitió Sanaytay, desconcertada. .Bdia ¿Quién es el primero? .Edia .P Yodah sonrió y contestó antes que yo: .D .Bdia Mi padre. .Edia Y, señalándome con el pulgar, añadió: .Bdia Algún día me convertiré en su primer líder y lo acribillaré a órdenes. Eso suelen hacer los déspotas, ¿verdad? .Edia .D .Bdia Lo pregunta porque, siendo Arunaeh, no sabe abusar de su poder, .Edia aclaré, burlón. .D .Bdia ¿Y quién te dice que no sé? .Edia replicó Yodah con ligereza. .Bdia Los del linaje principal no somos iguales: tenemos obligación de establecer el orden en la balanza de nuestros miembros. A su vez, cada miembro debe asumir y reparar los desequilibrios que causa. En nombre de Sheyra, .Edia sonrió. .Bdia ¿No es así, Drey? .Edia .P Lo miré con fijeza. Asumir los desequilibrios… Los demás nos miraban con muecas perplejas. Lo que había empezado con una broma se había convertido en una lección que ellos no podían entender: Yodah me recordaba la importancia que habían tenido los actos de Kala sobre el clan y la necesidad de que asumiese la destrucción del Sello para tratar de reparar el desequilibrio. Si aceptaba la presencia de Kala en mi interior, no tenía otra que aceptar mi responsabilidad conjunta en el asunto. El hijo-heredero acababa de recordarme perfectamente nuestros roles. .D .Bdia Yodah, .Edia intervino Yánika, molesta, rompiendo el súbito silencio. .Bdia Drey no causó ningún desequilibrio. Él… .Edia .D .Bdia Yani. .Edia .P La paré antes de que se le escapara alguna palabra de más e incliné la cabeza hacia Yodah. .D .Bdia Mis disculpas. Tienes razón. .Edia .P Yodah se encogió de hombros con una sonrisa indulgente. .D .Bdia Sólo recordaba. .Edia Se levantó. .Bdia ¿Seguimos con nuestra lección, Yánika? Hoy quería enseñarte algo que necesita concentración y que no se puede enseñar andando. Tenemos una hora, si quieres… .Edia .P La miró, interrogante. Yánika me observó, como inquieta, y le sonreí: .D .Bdia Ve. Limpiaré los boles. Pero no le enseñes a descuartizar mentes, ¿eh, Yodah? .Edia .D .Bdia Todavía está muy lejos de aprender eso, .Edia aseguró Yodah con seriedad. .Bdia Hoy pensaba enseñarle a poner la mente en blanco, no por voluntad solo, sino por bréjica. .Edia .P Yánika se levantó de un bote con interés. .D .Bdia ¡Eso yo quiero saber! .Edia .D .Bdia ¿Poner la mente en blanco? .Edia repetí. Suspiré, teatral. .Bdia Así te has quedado, Yodah. .Edia .P El hijo-heredero respondió a mi burla empujándome la cabeza al pasar antes de alejarse con Yánika hacia un lugar apartado dentro de la aldea. Sanaytay se sentó un poco más lejos y se puso a tocar la flauta, pero no se oía ni un ruido: su inquietud por Sirih debía de carcomerla. Reik tenía el ceño fruncido. .D .Bdia Puede que me meta donde no me llaman pero yo que tú, Drey, no lo dejaría solo con tu herm… .Edia .D .Bdia Efectivamente te metes donde no te llaman, Reik, .Edia lo corté con tono amable. .Bdia Yodah te habrá interrogado en Kozera y sé que no te cae bien y hasta te da miedo, ¿verdad? .Edia Rezongó y me encogí de hombros. .Bdia Es de lo más normal. Yo vi una vez un interrogatorio… Me imagino bien la cosa. Sin embargo, con los miembros de su familia, Yodah es alguien fiable. Del todo fiable. .Edia .P Casi, rectifiqué para mis adentros recordando el error que había cometido en la isla conmigo. Tal vez notando mi vacilación, el Zorkia, Yeren y Jiyari me echaron una mirada escéptica. .D .Bdia Justo antes cuando te hablaba, .Edia intervino Jiyari, .Bdia no parecía bromear del todo, ¿sabes? .Edia .P Meneé la cabeza y me levanté con los boles sucios en las manos. .D .Bdia No son asuntos vuestros. Ni tuyos, Jiyari. .Edia .P Y me alejé a lavar los boles. Un momento después, Jiyari me alcanzaba y me los quitaba de las manos diciendo: .D .Bdia No sé hacer gran cosa, pero sé limpiar boles. Déjamelo a mí. .Edia .P Lo observé con curiosidad. Y sentí de pronto una oleada de ese amor característico que a veces sentía Kala hacia el Pixie rubio. Mi Datsu se desató. Según decía Kala, era un amor que ningún saijit podía entender… No pudiendo conocer la pasión saijit, yo estaba aún más lejos de abarcar aquello pero, al menos, lo llegaba a sentir durante unos efímeros segundos antes de que mi Datsu lo sumiera en un sereno mar. .Ch "Sangre y rabia" .\" 23/08/2019 .Bcita Algunos no ven la necesidad de sonreír al mundo. Los de mi clan, los primeros. .Ecita .autor-cita Yodah Arunaeh .salto Al dejar a Yeren con los de la caravana, nos encontramos sólo seis recorriendo los túneles. He de decir que, al principio, había estado luchando conmigo mismo porque mi prudencia me decía que estábamos caminando hacia nuestra muerte y que conmigo iban el hijo-heredero y mi hermana… Era sin duda un exceso, algo insensato, algo que insultaba la lógica. Por eso, en un momento, cuando estábamos avanzando un túnel particularmente estrecho, dejé escapar por lo bajo: .D .Bdia Esto… Yodah… Di, ¿crees que esto es razonable? .Edia .P Yodah alzó la linterna y sin girar la cabeza replicó mentalmente: .P .Bdm ¿No me digas que te estás desinflando? .Edm .P Me sonrojé. ¿Me estaba llamando cobarde? .P .Bdm ¿Es que no quieres ir a salvar a esa persona a la que admiras? .Edm añadió Yodah. .P Y lo decía con tono tan tranquilo… Kala replicó: .D .Bdia Yo lo que quiero es encontrar a Lotus y mis hermanos. .Edia .P Juré mentalmente mientras Yodah me echaba una ojeada pensativa. ¿Desde cuándo Kala me había robado el cuerpo? Bah… Le dejé. Total, mi conversación con Yodah no iba a ninguna parte. Ahora que llevábamos dos horas andando, dar media vuelta no era objeto de debate y, de todas formas, Yodah tenía razón: estábamos ahí para encontrar a Orih y a los demás. Preguntar había sido estúpido. .P Zélif iba escogiendo siempre los caminos más estrechos y menos susceptibles de ser peligrosos. Eso significaba, en la práctica, que tomábamos túneles cavados por rowbis salvajes por los que no cabíamos dos hombro con hombro. Había hecho bien en dejar a Neybi al cuidado de Yeren, me felicité. En un momento, llegamos a un corredor tan estrecho que me dejaron pasar delante por si nos quedábamos atascados y fue una buena idea porque, de hecho, al de un rato el camino se bloqueó y, tras convencerle a Kala de que él no sabía usar bien la órica, retomé el cuerpo y estallé las rocas mientras Sanaytay, justo detrás de mí, ahogaba el sonido lo más posible. Cuando desembocamos en una caverna alta, Zélif volvió a sacar uno de sus mapas. .P En la burbuja de silencio con la que nos envolvía Sanaytay, la faingal dijo: .D .Bdia Debemos de estar a unos dos kilómetros al este de Loeria. Al otro lado de esta caverna, hay un pasaje y luego, si lo seguimos… El mapa se acaba ahí y el otro no es tan reciente, así que no puedo afirmar nada con certeza, pero es posible que sea el pasadizo que rodea Loeria por el sur y se aleja hacia el noroeste. Si todo va bien, nos encontraremos cerca de las fronteras de Kozera con Lédek y Dágovil en unas horas. Una de las extremidades de ese pasadizo aparece en este otro mapa que es más fiable… Eso es lo que propongo, .Edia concluyó. .P Asentimos. Quedaba esperar que Livon, Naylah y Sirih no hubiesen caído en las garras de los vampiros y hubiesen conseguido rodearlos… .P En ese momento, Sanaytay se tensó y Yánika preguntó, alarmada: .D .Bdia ¿Sanay? ¿Qué ocurre? .Edia .D .Bdia Oigo algo, .Edia murmuró la flautista. .Bdia Viene corriendo hacia aquí. Algo grande. .Edia .P Por un instante, no nos movimos. Entonces, Zélif decidió: .D .Bdia Rápido. Crucemos la caverna. Una vez que estemos en el pasadizo, estaremos más seguros. Vamos. .Edia .P Nos apresuramos por la caverna. Esta estaba poblada de barrancos y el suelo bayo, cubierto de agua y musgo rojizo, estaba resbaladizo. Ir demasiado aprisa hubiera podido ser contraproducente y ralentizamos pese a nosotros. Cuando yo mismo oí un rugido lejano, palidecí. Diablos, sí que se acercaba. ¿Sería un escama-nefando? ¿O algo peor? .P De pronto, en el aura de Yánika estalló la sorpresa y me giré a tiempo para tender una mano y agarrarla de un brazo antes de que patinara hasta abajo de un hoyo. .D .Bdia ¿Estás bien? .Edia le pregunté, al mismo tiempo que Yodah: con igual rapidez este le había agarrado el otro brazo. .P El aura de Yánika se llenó de alivio. Cargados con nuestras linternas, Yodah y yo nos miramos y carraspeamos antes de ayudar a Yánika a retomar el equilibrio sobre un suelo seguro. .D .Bdia Ten cuidado donde andas, Yani, .Edia le murmuré. .P Olvidé sin embargo el incidente en cuanto oí otro rugido interminable acompañado por un estallido de roca. ¿La criatura se habría golpeado contra el muro? ¿Estaría siendo perseguida por algo? No tardamos en descubrirlo. .P La parte de la caverna hacia la que nos dirigíamos estaba bien iluminada por rocámbares de luz dorada, de poco alcance, pero las rocas eran tantas que no había posible equivocación: cuando la criatura apareció por la gran boca negra de un túnel, enseguida vi de qué se trataba. Nunca había visto una: poca gente había visto una aórgona y sobrevivido al encuentro. .D .Bdia Que alguien me diga qué es eso, .Edia balbuceó Jiyari delante de mí. .D .Bdia Una aórgona, .Edia contesté. .Bdia ¡No te quedes ahí parado! .Edia .P Se decía que las aórgonas eran cuadrúpedos feroces y rabiosos que lo embestían todo… Y esa parecía particularmente alocada. Era como un toro con escamas, tan inmenso que sus cuernos hasta quedaron atascados por un momento contra una estalactita. Se agitó y mandó volar en trozos la punta de la roca. .P Tratamos de acelerar y estábamos llegando a la zona iluminada cuando desembocaron del mismo túnel que la aórgona un mar de personas. O esa fue mi primera impresión. Luego los conté. Eran una veintena. Traían enormes lanzas y redes. Siseaban entre ellos sin gritar, obviamente intercambiando consignas para acorralar mejor a la aórgona. En la vida había oído que las aórgonas se cazaran por la carne. Esos debían de ser cazadores de pieles o… .D .Bdia ¡Vampiros! .Edia dijo Sanaytay. .P El aura de Yánika se alteró. Habíamos llegado a un lugar algo menos resbaladizo y me giré para comprobar que Yodah ya estaba tratando de tranquilizar a mi hermana. A unos cincuenta metros apenas, la aórgona dio una coz, proyectando en el aire a dos vampiros. Estos se levantaron a duras penas mientras sus compañeros corrían y saltaban de roca en roca con la agilidad de unos depredadores. .P Zélif señaló algo entre las sombras de un rincón de la caverna: .D .Bdia ¡El pasadizo! ¡Ahí está! .Edia .P Estaba más o menos a la misma distancia que la aórgona y los vampiros. Una columna estalló bajo la loca embestida de la bestia y nos llegaron fragmentos, y no sólo eso: una estalactita ya en mal estado se desprendió y chocó al caer contra la enorme estalagmita que se alzaba junto al pasadizo. Esta se resquebrajó. Sólo faltaba que se nos bloqueara la escapatoria. .D .Bdia ¡Nos han visto! .Edia masculló Reik. .P De hecho, unos vampiros se habían girado hacia nosotros. Nada de extrañar: estábamos a plena vista, corriendo tan rápido como podíamos. Y con los bramidos de la aórgona que llenaban toda la caverna, que Sanaytay cubriese el ruido de nuestros pasos era completamente inútil. Faltaban unos veinte metros para alcanzar el pasadizo cuando la bestia cayó, arrastrando con ella estalagmitas enteras y levantando una densa humareda. Era el mejor momento para escapar. Sólo que, cuando llegamos ante el pasadizo, la estalagmita resquebrajada se partió. Nos hubiera aplastado a todos si no hubiera tenido buenos reflejos y no hubiera lanzado mi órica a tiempo. Me encontré en un equilibrio frágil, muy frágil, con una estalagmita en las manos que pesaba, según el dicho, como una aórgona. Mi órica la tenía a raya de milagro… pero no sabía ni cuánto podría aguantar ni cómo podía hacer para apartarla de encima de mi cabeza. .D .Bdia Co-rred, .Edia jadeé. .P Zélif, Jiyari y Sanaytay ya estaban metidos en el pasadizo. .D .Bdia ¡Hermano! .Edia berreó Yánika. .P Reik tendió las manos, sin saber qué demonios hacer aparte de echarme una mano. Chasqueé la lengua: .D .Bdia No te me acerques o se nos cae esto encima. Rápido. Meteros en el túnel de una maldita vez. .Edia .P Apenas lograba hablar al mismo tiempo: mantener una fuerza igual al peso de aquella enorme estalagmita requería toda mi atención. Ni me atrevía a intentar romperla: me habría aplastado encima antes. .P .Bdm Estamos bien entrados en el túnel, .Edm me informó Yodah por bréjica entonces. .Bdm ¿Qué piensas hacer ahora? .Edm .P ¿Ahora?, me repetí. Oí el siseo de un vampiro acercarse. Y el sudor comenzó a perlar en mi frente por el esfuerzo. No tenía otra opción. En el momento en que vi aparecer, con el rabillo del ojo, la cara pálida de un vampiro, desvié mi órica, no hacia el vampiro sino hacia el pasadizo. Podía salir mal. Podía ser que no consiguiese bloquear del todo el pasadizo con la estalagmita pero… tenía que intentarlo fuese como fuese. .P No acabé aplastado de milagro. Tirado al suelo, me atraganté con la humareda, tosí, mandé de inmediato mi órica hacia el pasadizo y un gran alivio me invadió al comprobar que las entradas eran tan finas que ni un gálpata hubiera podido pasar por ahí. El pasadizo estaba bloqueado, mis compañeros estaban a salvo, los vampiros no los desangrarían y… sólo esperaba que Zélif tuviera razón y ese pasadizo no se terminase en un callejón sin salida porque yo… no iba a ser capaz de salvarlos otra vez, entendí, al ver aparecer unas botas negras en mi campo de visión. .P .Bdm Drey, .Edm me dijo de pronto Yodah por vía mental. .Bdm ¿Estás vivo, verdad? No voy a preguntarte por qué lo has hecho. Sólo te diré dos cosas. Primero, dije que protegería a tu hermana con mi vida y esa es una promesa de Arunaeh. Segundo… no mueras, por favor. Sería de mal gusto. .Edm .P Sentí un peso ligero sobre mí que me agarró con fuerza, inmovilizándome. Y sentí un dolor al nivel de mi cuello seguido del contacto de una lengua rasposa. Oí un siseo de placer acompañado de un aliento nauseabundo. .P .Bdm Lo… intentaré, .Edm murmuré mentalmente. .Bdm Corred. Y encontrad a Orih. Cuento con vosotros. .Edm .P Yodah cortó la conversación, seguramente para tranquilizar a Yánika, cuya aura percibía ligeramente hasta con una estalagmita enorme entre nosotros. Kala temblaba. Aunque mi Datsu estuviese bien desatado, Kala temblaba como una hoja bajo las caricias sedientas de un vampiro. .salto Me sentía débil. Al contrarrestar la estalagmita, mi tallo energético había acabado consumido hasta tal punto que no tenía ni fuerzas para mantener la órica que guardaba siempre instintivamente a mi alrededor. Por otra parte, mi jaipú interno estaba tan agotado que un celmista otro que yo, sin Datsu, habría corrido un alto riesgo de sufrir un ataque de apatismo energético y mental. .P En cualquier caso, por fortuna, los vampiros todavía no me habían desangrado. Uno de ellos había detenido a mi atacante para enviarlo a que se llenase con la sangre de la aórgona. Mientras unos vampiros chupaban ávidamente por las heridas de la aórgona moribunda, otros, más serios, se ajetreaban rellenando vasijas que cargaban dentro de grandes cestas. Era, en definitiva, la vida común del vampiro cazador que almacenaba comida para su pueblo. .P Yo observaba todo esto maniatado y descamisado, metido ya dentro de una de las cestas. Había conseguido tirar mi diamante de Kron mientras me debatía, pero dudaba mucho de que fuera a volver a verlo algún día. Mi vigilante, aunque no se atrevía a tocarme el cuello, me miraba con innegable apetito. .P .Bdm Me siento como un tugrín a la plancha esperando ser servido, .Edm carraspeé. .P Kala no contestó. Suspiré. .P .Bdm Deja de temblar, Kala. No estamos muertos. .Edm .P .Bdm Si lo estuviéramos, estaría bien quieto, .Edm replicó Kala con mordacidad. .Bdm Y tú, no sé a qué esperas para sacarnos de esta con alguna de tus explosiones. .Edm .P .Bdm Ya te lo he dicho: estoy seco. Mi órica no da para tanto. .Edm .P .Bdm Pues qué basura de órica. .Edm .P Me quejé: .P .Bdm Evité que una estalagmita nos aplastara a todos y conseguí salir vivo de esa. ¿Te parece poco? .Edm .P .Bdm No es suficiente, .Edm afirmó Kala. .P Suspiré mentalmente. De hecho, no era suficiente. Porque a este paso íbamos directos a la mesa de un banquete de vampiros. .P Estuvimos ahí varias horas. Le quitaron la piel a la aórgona y la despedazaron, por lo que supuse que tenían algún tipo de criaturas domesticadas que alimentar. Hasta recuperaron los huesos y, al final, sólo dejaron un amplio charco de sangre y la cabeza de la enorme bestia. Cuando los vampiros se pusieron en marcha, además de una de las patas, habían puesto en mi cesta los grandes ojos de la aórgona, en un frasco transparente, y Kala los miraba con horror. Le hubiera quitado el cuerpo para mirar por dónde íbamos, pero era vano: la cesta tenía bordes altos y, al empujarme para colocar todo el resto, había quedado relegado al fondo. Así, tan sólo alcanzaba a ver el techo, poblado de sombras, y los ojos azules y alegres del vampiro que transportaba la parte trasera de la cesta. Mientras caminaban por los túneles, los chupasangres se mandaban gruñidos entre ellos en su lengua vampírica. Parecían contentos con la caza. .P No tardamos en llegar a una caverna mal iluminada. Mi tallo se había repuesto un poco y pude sentir el cambio en el movimiento del aire. Sin embargo, no lograba romper la cuerda que me ataba: estaba hecha con tendones de algún animal, sorprendentemente resistentes, y destruir tejidos vivos con órica, como se lo expliqué a Kala, no sabía hacer. .P La cesta se balanceó, caímos contra un lado, luego contra el otro y finalmente nos quedamos quietos. El vampiro de ojos azules asomó la cabeza y me sonrió con sus dos colmillos emitiendo unos gruñidos casi amigables. Oí una risa estridente en la fila. Y luego más voces, más agitación y más transporte. Pasamos por los enormes batientes de una puerta, ¿los de Loeria, tal vez?, traté de alzarme pero el vampiro de ojos azules gruñó, me escupió a la cara y el olor fétido fue tan fuerte, tan repentino, que me dejé arrastrar por el horror de Kala y gritamos de desesperación. Sin dilaciones, me posaron y me pusieron una mordaza antes de continuar. .P Dejaron todas las cestas en un almacén, pero a mí me trasladaron, no andando sino en volandas, escaleras arriba y por un corredor hasta una habitación ricamente adornada. Me posaron con suavidad sobre una alfombra pringada de sangre seca. Kala alzó la cabeza para ver al vampiro sentado en un sillón. Se estaba pintando las uñas de negro mientras gruñía y fruncía el ceño sacudiendo la cabeza. Al cabo, uno de los vampiros que me habían traído me agarró, neutralizando los vanos intentos de Kala por alejarse de ahí, y preguntó en un abrianés horrible: .D .Bdia ¿Eres demonio? .Edia .P Parpadeé. Y Kala se puso a temblar violentamente. Estaba muerto de miedo. Alcancé sin embargo a tartamudear: .D .Bdia Por favor, no me matéis, soy destructor, puedo seros útil, de alguna forma… .Edia .P Mi voz sonaba más interrogante y patética de lo que había temido posible. Kala me estaba sacando de quicio. Advertí la mirada intercambiada de los vampiros y comprendí que, con toda probabilidad, no habían entendido ni papa de mis tartamudeos. .P El vampiro del sillón se levantó, se agachó y tendió una mano hacia mi herida aún abierta en el cuello. Recogió una gota de sangre y la saboreó. Sonrió con todos sus dientes y dijo algo apreciativo. .P .Bdm Por Sheyra, ¡¿si será que además le sabemos bien?! .Edm jadeé. .P Ese chupasangre parecía ser una especie de líder. Si tan sólo consiguiera amenazarlo… .P Se levantó diciendo algo, me levantaron de nuevo y me cambiaron de sitio. ¿Una cocina? ¿Me irían a sacar la sangre ahí? No: me dieron un vaso de agua y me hicieron comer algo tan picante que me dejó la boca en fuego. Luego me llevaron a una mesa, donde me tumbaron sin prestar demasiada atención a mis intentos por deshacerme de ellos. Los vampiros, como hubiera dicho Skarena, eran criaturas fuertes para lo que aparentaban y me tenían ahí como a un conejo atrapado. .P .Bdm Nos van a beber enteros, .Edm siseó Kala con el corazón alocado. .Bdm ¡Haz algo, Drey! .Edm .P .Bdm ¿Y qué hago? Haz algo tú, .Edm repliqué. .P Al final, ninguno de los dos hizo nada, porque no podíamos hacer nada. Para asombro nuestro, no nos habían acostado en una mesa para descuartizarnos ni quitarnos la sangre: uno de ellos se puso a darme masajes. Y Kala enseguida se relajó. Las manos frías del masajista nos amasaban como el pan. .P .Bdm Es… agradable, .Edm confesó el Pixie. .P .Bdm Están haciendo esto para hacer correr la sangre, .Edm le expliqué con paciencia. .Bdm Nos están preparando, eso es todo. .Edm .P Enseguida, Kala volvió a desesperarse y lamenté haberle estropeado el masaje. Mientras el cocinero nos daba golpes bien medidos, sentí tristeza. Mi Datsu ya no estaba tan atado, porque empezaba a asumir mi destino. No es que fuera a rendirme si veía la mínima escapatoria, pero bueno… no la había. Y yo hubiera preferido que todo aquello no acabara de esa forma. Aún tenía que romper el diamante de Kron, y ver a Yánika crecer, y ver a Rao, a Lotus, a Madre, a los Ragasakis, ver a Livon conseguir meter a Myriah de nuevo en su cuerpo, ver a Yodah ganar o perder el amor de mi hermana, destruir túneles, destruir roca, y ver de nuevo las nubes… .P Las nubes, me repetí. .P Me sorbí la nariz, los ojos anegados por las lágrimas. No estaba preparado para esto. .P .Bdm Kala, .Edm murmuré mentalmente. .Bdm Me alegra… tenerte a mi lado. Me siento menos solo. .Edm .P .Bdm Si tan sólo no le hubieses dejado mi lágrima a Livon habría podido regresar a ella, .Edm masculló él. .P Suspiramos. Y nos dejamos llevar por los masajes del vampiro. .P .Bdm No es posible, .Edm dije al fin. .Bdm Myriah está dentro ya, así que no habrías podido entrar, ¿verdad? .Edm .P Kala gruñó. .P .Bdm No sé cómo demonios consiguió entrar. Según Rao, las lágrimas estaban programadas por Lotus para cada uno de nosotros. Era mi sitio. No el de esa saijit de Arlamkas. ¡Era mío! .Edm .P Su rabia crecía en su interior ahogando su miedo. Y deliraba. .P .Bdm Tengo que volver a ver a Rao. Quiero volver a verla. Quiero ver a Padre. ¡No quiero morir! .Edm .P Me fijé en que las rayas de mi Datsu, rojas y negras, se extendían aún más por mi cuerpo. La ira de Kala me envolvía, aprisionándome en mi burbuja defensiva mientras seguía hablando de lo que quería hacer. .P .Bdm Aún tenemos un sueño y tengo que cumplirlo. El sueño de los Pixies. El sueño de Rao, mi sueño… .Edm .P .Bdm ¿Qué sueño? .Edm pregunté, intrigado. No era la primera vez que lo oía hablar del sueño de los Pixies. .P Kala siseó y gritó en nuestra boca amordazada mientras aullaba mentalmente: .P .Bdm ¡Mi sueño! Salvar este mundo de la locura de los saijits, ese es el sueño de todos nosotros. Lo recuerdo bien. Se lo prometí a Rao. Todos se lo prometimos. Que viviríamos nuestro destino. Que salvaríamos el mundo… .Edm .P Salvar el mundo, me repetí. Definitivamente, Kala desvariaba. Suspiré para mis adentros. .P .Bdm Sálvanos y después salva al mundo, Kala. En ese orden. .Edm .P .Bdm ¡No te burles de mí! .Edm tonó Kala. .P Me sentí claramente rechazado en mi tranquila burbuja. Kala hervía, ardía, y sus ojos, nuestros ojos, quemaban como dos tizones. Y me dio la impresión de que los manotazos que nos daba el vampiro en la espalda se hacían más potentes. Empecé: .P .Bdm Lo siento… .Edm .P .Bdm ¡No lo sientes! .Edm me cortó Kala. .Bdm No sientes nada. Eres un muerto. Una roca. No eres nada. Yo soy el verdadero. Yo el que volví a la vida después de tanto tiempo. Los vampiros no pueden matarme. Soy de acero. Mi sangre los matará. Mis puños los destruirán. ¡Tengo que salir de aquí! .Edm .P De nada servía gritarlo a los cuatro vientos. Intenté tranquilizarlo, pero ya no me hacía caso, me ignoraba, me olvidaba. En un momento, se me ocurrió la terrible posibilidad de que no solamente me olvidara sino que yo no pudiera ya nunca retomar control de mi cuerpo… Mi Datsu se desató aún más y advertí cómo, poco a poco, una mancha negra serpenteaba por mi muñeca derecha hacia los círculos de Sheyra con las tres líneas negras. .P .Bdm Kala, .Edm dije en un momento. .P El Pixie se había callado. El vampiro había dejado de darme masajes. Murmuré: .P .Bdm Dime, ese símbolo en la mano, ¿te lo puso Lotus? .Edm .P Kala tardó tanto en contestar que creí que no iba a hacerlo. Entonces, cuando dos vampiros me levantaron con el cuerpo molido, contestó: .P .Bdm Es el símbolo del Equilibrio. Lotus nos lo marcó en nuestras mentes para que no olvidásemos. Le pedimos que nos lo hiciera. Él… siempre hace lo que le pedimos. Es nuestro padre. Y quiero pedirle algo ahora si es que me puede escuchar. Si pudiera… entonces le pediría que me salve otra vez. Me lo debe. Siempre me lo deberá. Porque yo le estoy eternamente agradecido. .Edm .P Me pregunté, por un momento, si Kala no se estaba volviendo loco. Pero claro, pudiendo sentir tanto y tan fuerte, no era extraño. Si tan sólo pudiese cubrirlo con mi Datsu para que, al menos, muriera en paz… .P .Bparoles No sientes nada. Eres un muerto. Una roca. No eres nada. Yo soy el verdadero. .Eparoles .P Las palabras de Kala sonaron de nuevo en mi mente, bruscas, dañinas y despiadadas. Si yo no era el verdadero, ¿entonces qué era? ¿Una ilusión? .P Attah… No era el mejor momento para ponerse a pensar en ello, me recriminé. Habían debido de pasar ya unas cuantas horas desde que me habían atrapado los vampiros porque mi tallo energético estaba bastante recuperado. Dos vampiros me llevaban, uno por los pies atados, el otro por las muñecas. Como una gacela a punto de ser cocinada. .P Sólo que todavía la preparación no había acabado. En una habitación algo más iluminada que la otra, un vampiro de pelo verde me miró los ojos, probó de nuevo mi sangre, apuntó algo en un cuaderno y aprobó con la cabeza. Entonces, me dieron otra vez un vaso de agua y me ataron a un poste en ese mismo cuarto. Y cometieron el error de quitarme la cuerda de tendones de los pies. Enseguida, le robé el cuerpo a un Kala cegado por el malhumor, estallé con dos dedos un pequeño trozo de piedra del poste, lo afilé y empecé a rascar los tendones que me maniataban. En unos minutos, estaba libre. Sólo que tenía a tres vampiros en la sala. Me levanté de un bote y los mandé al suelo con una ráfaga órica. Salí corriendo hacia la puerta. No había tomado en cuenta la rapidez de los vampiros: estos se volvieron a poner de pie en un abrir y cerrar de ojos y apenas alcancé la puerta sentí cómo el aire se apartaba de mis tres perseguidores mientras estos se abalanzaban. Giré el pomo de la puerta, abrí, volteé y solté otra ráfaga. .P .Bdm ¡Así se hace! .Edm exultó Kala. .P .Bdm No he acabado, .Edm sonreí. .P Cerré la puerta y destrocé la cerradura de modo que el pestillo se quedase atascado. Oí un golpe, dos, tres contra la puerta. Pero esta no se movió. Antes de que me hubiese dado tiempo a mirar a mi alrededor, Kala ya se había puesto a correr por el corredor. Estaba muy oscuro, tan sólo iluminado por una antorcha al fondo, pero Kala no tropezó. Iba casi volando. Y tanto que, al llegar al fondo, no se paró y siguió corriendo sin mirar siquiera dónde se metía. Yo sí que miré. Y me puse lívido. Acabábamos de llegar a una gran plaza círcular, tal vez la plaza de Loeria, sólo que ahí no había saijits, sino varias decenas de vampiros ajetreados, colocando vasos sobre unas mesas en círculo mientras unos niños —vampiros también— correteaban persiguiendo un bebé anobo que acababa de pasar por debajo de uno de los bancos. Hubiera parecido una escena de cuento de hadas de no ser porque varios vampiros se habían girado hacia mí, sorprendidos. .P .Bdm ¡Drey! .Edm .P Kala acaba de retroceder de vuelta hacia el corredor y protesté: .P .Bdm Kala. Aprovecha que están sorprendidos y corre hacia la izquierda. Esa calle… debe de ser la principal del pueblo. Y estamos metidos en una gran cueva por lo que la única salida debe de estar por ahí. ¿Me oyes? Es nuestra última esperanza. .Edm .P A Kala le flojeaban las piernas, pero me hizo caso. Salió corriendo escaleras abajo, hacia la plaza, pasó frente a dos vampiros atónitos, evitó a una vampira con su recién nacido, recibió un golpe en la espalda y cayó de bruces. Contrarresté la caída, sin embargo, con un sortilegio órico que nos proyectó para arriba, mi cabeza golpeó con otra, vi las estrellas y caí de rodillas con la vista nublada. Los vampiros gruñían, más divertidos que asustados. Una mano fría me cogió del pescuezo. Y Kala gritó de rabia. Todavía no nos habíamos quitado la mordaza, así que su grito quedó ahogado en un simple gemido. Pero no su puño: sin avisar, golpeó el suelo con todas sus fuerzas, la física y la órica. Acabó con mi tallo energético. Y acabó con el más mínimo resquicio de esperanza para que pudiéramos salir de ahí con vida. .P Lo único que consiguió fue crear una enorme polvareda. Todos tosían. Pero la mano en mi pescuezo no soltó y otras me agarraron de los brazos, me volvieron a atar y, cuando el polvo cayó de nuevo y la cueva se aclaró, me ataron al poste de la plaza, vigilado por dos vampiros con lanzas. Kala no se resignaba. Se agitaba y nos pusieron cojines para que no pudiéramos hacernos daño. No fuera que perdiéramos sangre o la infectásemos, pensé, irónico. .P Sin embargo, al cabo, Kala dejó de removerse, exhausto. Habíamos andando durante todo el día y llevábamos probablemente más de veinte horas despiertos. El cansancio acabó por rendirnos a los dos y ahí nos dormimos, cómodamente recostados contra unos cojines, en medio de la preparación de un banquete en el que, sin duda, habría sangre mía de postre. .Ch "Estallidos" .\" 24/08/2019 Desperté al son de las flautas, las palmas y gritos agudos. Por un momento, al abrir los ojos, pensé haberme transportado a un bosque de elfos silvestres, de esos que bailaban todo el día de alegría, sonreían y cantaban en sus elegantes y ligeros ropajes. No estaba tan lejos de la realidad: los cantos, la alegría y la ropa refinada estaban ahí. Sólo que los elfos silvestres eran unos vampiros chupasangres. Además, más de uno parecía estar borracho. Se pringaban los morros de sangre cada vez que bebían de sus grandes vasos, se carcajeaban, voceaban, cantaban y charlaban animadamente. .P Que Sheyra me perdonase, estaba presenciando una orgía vampírica. .P Era tétrico, aunque sabía que probablemente la sangre que estaban bebiendo era la de la aórgona y no la de unos saijits pero… Si esos vampiros estaban en Loeria y no había visto un alma saijit significaba entonces que las orgías de las semanas pasadas habían debido de ser aún más siniestras. .P En ese momento, precisamente, a través de mis ojos semi-abiertos, mareados por la sangre, avisté a una niña humana encorvada que servía un vaso a un vampiro. Este lo aceptó revolviéndole el cabello y retomó su conversación mientras la niña seguía paseándose con un pequeño barril demasiado pesado para ella. Estaba tan lívida que casi parecía un vampiro. Vi a otros tres niños de su misma edad sirviendo en otros puntos del círculo y otros tres más jóvenes. Y eso era todo. Probablemente, eran los únicos supervivientes de la masacre de Loeria. .P Bruscamente, las conversaciones se silenciaron: el que estaba sentado unos metros ante mí en el círculo se había levantado alzando su vaso. Anunció algo en su lengua, alto y decidido. Era el mismo vampiro al que había visto en la habitación, sentado en su sillón. Alto, de ojos claros, pelo negro y piel tan pálida que parecía transparente… Se giró en ese momento hacia su vecino de mesa con una sonrisa que hubiera podido parecer caballerosa de no haber estado pringada de sangre. Posó su copa y dos vampiros fueron a recoger esta y la de su vecino antes de acercarse a mí. Así que yo iba a ser el postre de los líderes, entendí. En fin, del líder y de su invitado. Miré a este. Y pestañeé sintiendo que el corazón me daba un bote de seis metros. Attah. Él… .P Hasta ahora, Kala había estado encolerizado y airado por estar encerrado y por el miedo a morir. Pero ahora sintió algo totalmente distinto. Su ira no infló como una burbuja: estalló. Su odio rabió, tan horrible que hasta me dio más miedo él que los vampiros. .P Emitió un grito ahogado por la mordaza. Un grito de demencia y odio. Y sus ojos no se despegaban del viejo vampiro sentado al lado del líder del clan. Porque, por alguna razón, pensaba que ese viejo era el asesino de Lotus. Porque ese viejo era el Príncipe Anciano que tan pacífico se había vendido en la Superficie y que ahora asistía nada menos que a un banquete de vampiros. .P Pese a su rabia ciega, los dos que se acercaron inmovilizaron a Kala sin dificultad, hicieron un pequeño corte en cada brazo y apretaron las venas, rellenando cada uno un vaso. Las gotas caían. Y los comensales cantaban una canción por lo visto acorde con las circunstancias. En cuanto a Kala, empezaba a marearse tanto que temí que fuera a desmayarse. Los dos vampiros recogedores de sangre llenaron los vasos hasta arriba; una vez llenos, los alejaron prudentemente de mí, posándolos ante el líder y el Príncipe Anciano, y regresaron sólo para lamerme las heridas y cauterizarlas. Ambos se gruñeron algo por lo bajo, bromistas, y creí adivinar que decían: está deliciosa. .P El líder entonces alzó un vaso bien lleno y se lo tendió al Príncipe Anciano diciendo: .D .Bdia ¡ .Sm -ns Ur-hait ! .Edia .P Y el Guardián Blanco de la Sabiduría, el vampiro cuyo ideal era la convivencia entre su especie y los saijits, inclinó la cabeza en señal de gratitud, se llevó el vaso a los labios y bebió mi sangre sin ascos, saboreándola como un catador de vinos. Hasta se le cerraron los ojos de placer. Sonrió anchamente y gruñó algo con tono innegablemente apreciativo. El líder se carcajeó y, tras probar también, ambos se sentaron y la fiesta se reanudó igual que antes, ruidosa y alegre. .P Kala y yo no despegábamos los ojos del Príncipe Anciano. No nos había reconocido. Estaba claro como el agua. Pero, si lo hubiera hecho, ¿acaso habría cambiado algo? .P A pesar de que había unos cuantos borrachos de sangre, otros vampiros montaban la guardia y no sería fácil salir de ahí. Además, no debían de haber pasado ni tres horas desde que me había quedado dormido y mi tallo no estaba repuesto. Pero… tenía que intentarlo. .P Como el poste era de madera, no pude utilizar la misma técnica que antes para liberarme, pero esta vez la cuerda, aunque más gruesa, era leñosa: pude usar mi órica para romperla poco a poco. Cuando ya estaba a punto de ceder, dije mentalmente: .P .Bdm Kala. Estate atento. Tú ve hacia la izquierda, salta por encima de la mesa y corre. Yo me ocuparé de cegarlos con la órica. Si puedo dedicar toda mi atención en ello, les haré una bonita polvareda. Nos hará ganar tiempo. .Edm .P Marqué una pausa. Kala rugía por dentro. .P .Bdm Kala, .Edm añadí. .Bdm Tranquilízate o no saldremos de aquí con vida, ¿me entiendes? .Edm .P Sentí su irritación además de su odio. Mis palabras no lo estaban arreglando. Suspiré. .P .Bdm Confío en ti, Kala. No me defraudes. .Edm .P Me concentré. Sentí el aire moverse, sentí la arenilla que poblaba la plaza y asentí para mí antes de extender mi sortilegio. Iba a ser efectivo, cuanto más amplio mejor: no les iba a permitir que nos matasen. Al fin, solté el sortilegio y, de pronto, todo el banquete se convirtió en una tormenta de arena. Corté el resto de la cuerda. .P .Bdm ¡Ya! .Edm .P Sin ver nada, Kala sacudió sus brazos, se liberó, se levantó y se abalanzó, evitando de poco un golpe a ciegas de la lanza de uno de los vampiros que me vigilaban. Yo me centraba en mantener el viento alzado. Por eso tardé en darme cuenta de que Kala no estaba corriendo en la buena dirección. Cuando me di cuenta, era demasiado tarde: Kala saltaba sobre la mesa y se tiraba directamente hacia el Príncipe Anciano. Le dio un señor puñetazo. Se quitó la mordaza de un tirón y gritó: .D .Bdia ¡Muere, asesino! .Edia Lo agarró por la garganta fulminándolo con ojos desorbitados. .Bdia ¡Mataste a mi padre, vampiro! ¡Muere! .Edia .P Lo tiró al suelo y se arrojó tras él como una fiera. Yo protestaba, le gritaba mentalmente que corriese, trataba de robarle el cuerpo, pero cuando Kala se ponía en esos estados tenía la sensación de estar luchando contra un maremoto. .P Mi viento aflojó y la arena cayó más rápido de lo esperado. Vi los ojos del viejo vampiro agrandados como platos, vi la estrella de tres puntas tatuada en su frente que recordaba a Kala tanta tristeza, y el puño de Kala, que antaño había sido metálico y mortal, tan sólo logró dejarle al Príncipe Anciano la cara ennegrecida antes de que todo un clan de vampiros se me echara encima. Otra vez, Kala había dejado pasar la oportunidad de salvarse. Sólo por una cuestión de venganza. No lo entendía. Realmente no lo entendía, pensé, mientras los vampiros me inmovilizaban. Vi una hoja brillante aparecer por la polvareda ya casi inexistente y colocarse junto a mi mejilla. A lo cual siguió una breve conversación en el que el Príncipe Anciano pareció razonar a los guardias. No me mataron. El Príncipe Anciano se agachó ante mí y me miró a los ojos con expresión incrédula. .D .Bdia Tú eres… ¿Drey Arunaeh? .Edia preguntó. .P Kala lo asesinó con la mirada. Logré retomar el cuerpo y contesté con rapidez: .D .Bdia El mismo. Perdón por el ataque. No era mi intención. Por favor, no sé qué haces aquí bebiendo sangre de saijit pero… por favor, recuerda lo que dijiste sobre tus ideales… Haz que no me maten, diablos… .Edia .P Perdí el control otra vez y Kala suplicó: .D .Bdia Quiero matarte. Deja que te mate. Tengo que hacerlo. Por mi padre. Déjame. .Edia .P Su tono suplicante iba tan mal acorde con sus palabras que, por un momento, hasta me pareció cómico. Extrañamente, al Príncipe Anciano también porque sonrió y dijo: .D .Bdia Ya veo. .Edia .P Posó una arrugada mano sobre mi frente y sentí cómo me tanteaba con su bréjica, buscando una entrada hacia mi mente. Pero el Datsu no le dejó. ¿Qué había intentado hacer, el muy ruin? .D .Bdia Ya veo, .Edia repitió entonces. Y cruzamos de nuevo las miradas. .Bdia Tranquilo. Pediré que nadie te mate. Pero, a cambio, no intentes huir ni atacar a la gente. Después de esta cena, hablaré contigo largo y tendido y te diré quién era Liireth en realidad. ¿De acuerdo? .Edia .P Ocupado como estaba en luchar contra Kala y evitar que este empeorara el asunto, no contesté. Pero el Príncipe Anciano tomó mi silencio por un consentimiento. Se levantó y lanzó unas consignas en la lengua de los vampiros. Al cabo, me alejaron del banquete y me llevaron a un lugar frío, un almacén lleno de carne e intestinos. Mascullando entre ellos, pero sin acritud hacia mí, me metieron dentro de un gran saco elástico y me dejaron colgando del techo con una abertura arriba sólo lo suficientemente grande para que no me asfixiara. Pronto entendí que ese saco no era otra cosa que el estómago de la aórgona bien lavado y seco. No se lo dije a Kala, no fuera que le diera algún mareo. El caso era que el Príncipe Anciano conocía bien los límites de la órica, sabía que los tejidos vivos no se rompían tan fácilmente. Y sabía que yo era un destructor. .P Me tumbé, balanceándome en el estómago de la aórgona, y cerré los ojos, desilusionado. .D .Bdia Kala, .Edia murmuré en voz alta, .Bdia esta vez, si nos pasa algo, asume tu responsabilidad. Porque el que atacaras al Príncipe Anciano es solamente y únicamente culpa tuya. .Edia .P .Bdm Déjame en paz, .Edm gruñó Kala. .P .Bdm No quiero, .Edm repliqué. .Bdm Tienes que aprender a tranquilizarte. Yo seré una roca muerta para ti, pero tú eres un fuego que se quema a sí mismo. El Príncipe Anciano ha dicho que no iba a matarnos. Por favor, recuerda a Rao, recuerda ese sueño estúpido tuyo de salvar el mundo de los saijits, y olvídate del Príncipe Anciano porque si no lo haces… moriremos sí o sí. .Edm .P Hubo un largo silencio. La luz se había ido y el ruido con ella. Todo estaba a oscuras. No sé cuánto tiempo pasó antes de que Kala rompiera el silencio murmurando: .D .Bdia No es un sueño estúpido. .Edia .P No repliqué. Tras una pausa añadió: .D .Bdia Y el Príncipe Anciano le hizo daño a Lotus. .Edia .P .Bdm Pero no lo mató, .Edm dije. .Bdm Porque, de ser así, ¿por qué dices que Lotus está vivo? Te contradices todo el tiempo, Kala. .Edm .D .Bdia No me contradigo, .Edia negó el Pixie. Alzó una mano en la oscuridad total, la mano derecha. Los tres círculos de Sheyra brillaban muy levemente en ella. .Bdia El Príncipe Anciano lo mató por dentro. ¿Entiendes? .Edia .P .Bdm No. .Edm .P Cerró el puño con irritación. .D .Bdia ¿Es que te lo tengo que explicar todo? .Edia .P .Bdm Contrariamente a ti, no tengo tanta facilidad para acceder a tus recuerdos como tú a los míos por la simple razón que no los viví, .Edm le recordé. .D .Bdia Yo tampoco lo viví, .Edia replicó él en voz alta. .Bdia No aquel día. Ya conocía al Príncipe Anciano. Pero lo que pasó aquel día, fue Rao quien me lo contó. .Edia .P Esperé con curiosidad. No sabía cuánto tiempo solían durar las cenas de vampiros pero me temía que teníamos para un buen rato de espera y no me importaba entender al fin el odio de Kala hacia el Príncipe Anciano. El Pixie tendió la mano hacia el tejido que nos envolvía y explicó con tono más sosegado: .P .Bdm El Príncipe Anciano no era más que un vampiro entre tantos cuando lo vi por primera vez. Apenas lo recuerdo. Tenía ocho años y él casi cuarenta. Los científicos del laboratorio lo estuvieron estudiando para reusar su modo vampírico en Rao. .Edm .P Agrandé los ojos. .P .Bdm ¿Rao…? .Edm .P .Bdm ¿Conoces la fábula de los Siete Infernales? .Edm me replicó Kala, cortándome. .Bdm No. Claro que no. Es una fábula muerta desde hace mucho tiempo, que nosotros escogimos por lo cercana que estaba a nosotros. Un oso bípedo, una sirena que grita, un gran cuervo, un gato vampiro, un golem de acero, un puercoespín y una rosa. Los Siete Infernales más el Padre del Infierno, la máscara blanca, que nos observa… Rao era el gato vampiro, por supuesto. .Edm .P Attah… ¿Eso significaba acaso que las Máscaras Blancas del laboratorio habían utilizado células del Príncipe Anciano para mutar el cuerpo de Rao? Tales experimentos sobrepasaban mi imaginación. En cuanto al resto… coincidía tan bien con el dibujo de aquel libro de Pixies que Jiyari había encontrado en la biblioteca de Donaportela que, por un momento, me estremecí. ¿Por qué los Pixies se habrían identificado con los Infernales de esa fábula? Kala murmuró: .D .Bdia Las llaves se reunirán para que el infierno venga trayendo calamidad. Son unos versos de la fábula, .Edia aclaró. .Bdia Cuenta que el Padre del Infierno da a sus siete hijos una llave a cada uno para abrir la puerta del Infierno a este mundo. Hijos, les dijo, caminad por este mundo de horrores, robad el conocimiento, acumuladlo, arrebatadlo, hasta que no dejéis ni rastro de él; entonces, regresad a la puerta, abridla y arrojadlo todo al infierno para que muera eternamente en un mar de ácido. .Edia .P Inspiró y espiró. ¿Robar el conocimiento? Aquello era sin duda una fábula para niños. Una fábula donde los malos eran los protagonistas. Ensimismado, Kala retomó: .D .Bdia Nos dimos el nombre de Infernales y de Pixies del Caos casi al mismo tiempo. Nos convertimos en criaturas legendarias. Y lo hicimos de verdad. Los gritos de Tafaria ensordecían y volvían locos a todos como una sirena. Yo, con mi cuerpo, ignoraba los golpes como un golem. Rao se movía con la agilidad de un felino y se alimentaba de sangre. Roï, el puercoespín, tenía el cuerpo tan cubierto de espinas que sólo dormía boca abajo y nadie podía acercársele… .Edia .P Su voz tembló y continuó por vía mental: .P .Bdm Boki era el oso, y también el más ingenuo de la fábula. Creía que podía convencer a los saijits de que debían olvidar sus conocimientos por el bien del mundo. Melzar, el cuervo, al que las Máscaras Blancas añadieron una trompa de roefante en vez de un pico de pájaro… él es el más inteligente de la fábula y el más sensato: nunca habla con la gente y casi nunca se muestra, roba saber con engaños y lo recuerda todo como si fuera presente. Y por último, Jiyari… .Edm Perdido en el pasado, juntó ambas rodillas y se las abrazó murmurando: .Bdm Jiyari, la rosa, es el que lleva el corazón de todos y el que mejor entiende a todos: cuando llegan a la puerta, se da cuenta de que sus hermanos han cambiado, influenciados por el mundo, y teme que el conocimiento no vaya a ser destruido sino usado por los Infernales. Entonces, la rosa se abre y los embarga con su amor. Tanto que sus seis hermanos dejan caer todos los conocimientos. Jiyari los recoge y se tira al mar de ácido gritando: nada ha de recordar ese mundo. Olvidaré por vosotros y renaceré en el olvido. .Edm Cerró los ojos y concluyó: .Bdm De ahí que Jiyari siente por nosotros y olvida por nosotros. .Edm .P Yo escuchaba sin saber muy bien adónde quería llegar. ¿Qué tenía que ver esa estrambótica fábula con el Príncipe Anciano? Lo que estaba claro era que Kala no pensaba que era una fábula sin sentido: se identificaba con ella con toda la seriedad del mundo. ¿Y si realmente se la creía? Había visto saijits capaces de creer cualquier cosa y Kala, dada la vida que había llevado, lejos de toda educación, lejos de todo contacto normal con adultos… a saber cómo pensaba exactamente. .P .Bdm ¿Quién os contó esa fábula? ¿Lotus? .Edm pregunté. .P Kala puso los ojos en blanco con una pizca de amargura. .P .Bdm No. Fue el Príncipe Anciano. Le gustaba contarnos cuentos. Él decía que estaba mal identificarse con los hijos del Infierno… pero a mí no me importaba. Según él, esa fábula pertenece a la creencia de no sé qué sacerdotes de Dezeseth que pensaban que una vez muerto el Conocimiento se refundaría el mundo gracias a la contradicción de su dios… Rao decía entenderlo todo. Yo no le entendí ni papas pero… bueno, el vampiro intentó convencernos de que el Conocimiento no eran sólo dolor y sufrimiento, que había algo más en el mundo. Él… pensaba que Lotus debía poner fin a los experimentos del laboratorio. Cuando lo dijo alto y claro un día, me cabreé con él, porque todavía creía que las Máscaras Blancas nos estaban curando. .Edm .P .Bdm Huh, .Edm carraspeé. .Bdm Como lo vas pintando, el Príncipe Anciano era un buen vampiro que os contaba historias intentando salvaros de vuestra ignorancia. .Edm .P .Bdm ¡No lo es! .Edm gruñó Kala. Tras un silencio, se calmó un poco y retomó con más lentitud: .Bdm Lotus fue el que lo sacó del laboratorio sin que nadie descubriera cómo. Eran… amigos, decía Lotus. Sólo que el Caos y el Conocimiento nunca pueden ser amigos verdaderos: el primero siempre es traicionado por el segundo. Y así es como, mucho más tarde, unos años antes de que acabara la Guerra de la Contra-Balanza, volvieron a encontrarse. Y ese vampiro… .Edm Cerró los puños con fuerza. .Bdm Ese vampiro aprovechó que estaba sensible sin el Datsu para cambiarlo. No sé qué se dijeron, Rao tampoco lo sabe, pero ella dice que cuando entró en la tienda encontró a Lotus inconsciente en el suelo, con un frasco vacío en las manos. El Príncipe Anciano ya se había ido. Lo envenenó. Ese maldito vampiro lo envenenó con una de sus pociones. Padre estuvo a punto de morir y su piel se volvió color de plata. Antes ya sufría, pero ahí fue mucho peor. Padre sufría como nosotros… Durante meses. .Edm Sus ojos se llenaron de lágrimas. .Bdm Recuerdo la voz de Rao. Ella no quería preocuparme… pero la notaba colérica cuando me contaba lo que ocurría. Está muy débil, me dijo. No se mejora. Está muriendo… Se nos muere. .Edm Apretó tanto los dientes que me hizo daño. .Bdm Durante meses Rao lo vio decaer sin poder hacer nada más que mantenerlo lejos de las reyertas de la guerra. Padre le pidió perdón porque ya no se sentía con fuerzas para seguir avanzando, se sentía avergonzado, decía que ya no merecía ser llamado saijit… ni ser llamado Pixie. Eso volvía loca a Rao… y me volvía loco a mí. Lotus es nuestro salvador, el único ser en toda nuestra primera vida que nos demostró que éramos más que cobayas enfermos condenados a sufrir y a morir… .Edm Tragó una saliva que sabía a sal. .Bdm Un día en que se sentía algo mejor, le dijo a Rao: ‘vete. Vete con tus hermanos sellados lejos de aquí, vive y no me busques más. Yo sólo quería haceros felices. Pero Namun tiene razón… Fui demasiado lejos.’ .Edm Inspiró. .Bdm Rao se negó. Y Lotus le suplicó y le dijo… le dijo: ‘Juré que haría cuanto quisierais y un Arunaeh cumple con su palabra. Pero la poción neutralizó mi Datsu y mi tallo energético al mismo tiempo. No puedo soltar sortilegios. No puedo ayudaros más. Y no debo. Sólo os pido permiso para morir en paz’. .Edm Agrandé los ojos. ¿Lotus había deseado morir? ¿Un Arunaeh había deseado morir? .Bdm Por supuesto, .Edm continuó Kala, .Bdm Rao no se lo permitió. Le dijo que no podía morir en paz sin habernos visto felices antes. Ocho Pixies libres de sufrimiento. Ocho Pixies que vivan libres. ¿Acaso no nos quería ver así? Pero Padre… insistió en que se marchara. Prometió que viviría para ver ese día… pero también prometió que, ese día, dejaría de ser nuestro Padre. .Edm .P Sus labios temblaban, su respiración era ronca y mis ojos lloraban como lloraban los infelices en los libros de romance. El Pixie gruñó, enderezándose en el estómago de la aórgona. .D .Bdia Ahora entiendes. Ese vampiro, Namun, su amigo, su deudor… lo envenenó y lo mató por dentro. Ese asesino… mató a Lotus por dentro. .Edia .P Permanecimos en silencio largo rato, él ahogado en sus recuerdos viejos de muchos años, yo tratando de asimilar todo eso. Era turbador tratar de entender las actuaciones de Lotus pero, en cierto modo, se entendían. Espantado por sus propios actos y los de sus colegas de laboratorio, había salvado a los niños cobayas: los había sacado de ahí sin poder evitar una masacre y había decidido dedicar su vida a ellos aunque estos causaran desastre tras desastre, aunque eso significara traicionar definitivamente al clan de los Arunaeh. Sin embargo, los Pixies estaban condenados a una muerte prematura por culpa de los experimentos y Lotus había propuesto reusar sus artes para encerrarlos a todos en unas lágrimas dracónidas. Había llegado incluso a aceptar el hecho de que arrebatarían cuerpos de recién nacidos y, cuando le habían robado una lágrima, se había unido a la Contra-Balanza, y quién sabe cuántos horrores había perpetrado en nombre de su lealtad hacia los Pixies. .P Entonces, después de todo eso, después de haber bañado las manos en un mar de sangre, le venía un antiguo amigo, un vampiro, a darle una lección de ética y un aviso… y Lotus se paraba a pensar en lo que había hecho. Habiendo tenido un Datsu durante casi toda su vida, ¿cómo había logrado soportar todo eso sin protección? Debía de haberse vuelto loco. Sin duda. Debía de haberse ahogado hasta el fondo. Y había aceptado renunciar a sus artes bréjicas y… a su vida. .D .Bdia Él nos matará pese a lo que ha dicho, .Edia dijo entonces Kala, rompiendo al fin el silencio del almacén. .P Fruncí el ceño. .P .Bdm ¿El Príncipe Anciano? ¿Por qué lo dices? .Edm .P Kala se había puesto a dar capirotazos con los dedos contra la membrana que nos tenía encerrados, fingiendo tranquilidad. .P .Bdm Está claro. El Príncipe Anciano adivinó algo en cuanto examinó mi lágrima la última vez que lo vimos. Ahora sabe que soy un Pixie. Porque hablé de más, dirás, y tienes razón. Si el Príncipe Anciano opina que Lotus fue demasiado lejos ayudándonos… es que no quiere dejarnos vivos. Me matará. Me desangrará. Y tú morirás conmigo. .Edm .P No sabía qué me inquietaba más: su explosión de odio de antes o su derrotismo de ahora. Que yo recordase, esa era la primera vez que me daba la razón. Y ni siquiera hablaba ya de intentar huir. .D .Bdia Hablaré con él, .Edia dije en voz alta. .Bdia El Príncipe Anciano, ante todo, es un acaparador de información: querrá conocer tu historia, querrá sonsacarte todo lo que sabes. Solo nos hará falta negociar… .Edia .P Kala siseó, cortándome. .D .Bdia No se negocia cuando uno está atrapado. Eso lo sé muy bien. Con los del laboratorio, no se pudo negociar. .Edia .P Suspiré. .D .Bdia Ellos no eran iguales: eran científicos desalmados que os veían como experimentos y nada más. Según tú, el propio Príncipe Anciano fue víctima de ellos. Fue amigo vuestro, os contaba historias y fue salvado por Lotus. El Príncipe Anciano será un vampiro astuto y viejo, pero dudo de que sea capaz de agradecerle a Lotus con una traición. Habrá tenido sus razones… .Edia .D .Bdia ¿Razones para envenenarlo y dejarlo medio muerto, no? .Edia se burló Kala con sarcasmo. .Bdia No, Drey. Eres demasiado joven para comprenderlo. Las cosas son así: él nos quiere muertos porque somos el Caos; nosotros lo queremos muerto porque es la Sabiduría y el Conocimiento. Es tan sencillo como eso. .Edia .P Y me llamaba joven a mí… Su manera de pensar era como la de un niño que leía demasiados cuentos maravillosos. Caos y Sabiduría, attah… .P .Bdm Simplificas, .Edm le dije. .Bdm ¿Y qué tienes contra la sabiduría? .Edm .P .Bdm La odio. .Edm .P Su respuesta, clara y brusca, me tomó por sorpresa. La odiaba, me repetí, confuso. Suspiré largamente. Su manera de pensar estaba demasiado lejos de mi comprensión. Ya era difícil entender a los saijits, como para entender a unos Pixies que decían no ser saijits… Era mejor no intentarlo. .P Kala seguía nervioso y a la vez deseoso de parecer tranquilo. Pero no se le engañaba a alguien que estaba en su misma cabeza. Aun así, no sabía qué decirle. Si el Príncipe Anciano no nos perdonaba la vida, yo iba a intentar volver a huir, sin lugar a dudas, pero ¿qué haría Kala? Imaginándomelo, hice una mueca. .P .Bdm Kala. Me prometí que no volvería a hacer acuerdos contigo, pero este sigue siendo el mismo de antes. Te saltaste repetidas veces tu palabra tomando mi cuerpo esos dos días acordados. Si quieres arreglarlo, no te tires sobre el Príncipe Anciano cuando aparezca. Déjame hablar a mí. Y te prometo que yo no interferiré ni lo más mínimo cuando Rao y tú os encontréis, durante cinco días. .Edm .P Hubo un silencio. Kala resopló. .P .Bdm Me pides lo imposible. Sabes cuánto dolor le hizo pasar a Lotus ¿y me pides que no le haga daño? .Edm .P Guardé silencio. Lo dejé pensar. Y, al cabo, suspiró. .P .Bdm Está bien. Pero si nos manda matar… dejarás que me tire sobre él. .Edm .P Sentí mis labios estirarse en una sonrisa. .P .Bdm Palabra de Arunaeh, .Edm dije. .P Y, mientras Kala seguía raspando distraídamente el estómago de aórgona sin probablemente haber adivinado lo que era, yo dirigí mis pensamientos hacia Yánika, Yodah y los demás. Esperaba que no hubiesen huido de los vampiros para caer en las manos de los dokohis. Pero no, me dije. Seguro que estaban bien. Yánika debía de estar maldiciendo mi egoísmo. Yo mismo, a posteriori, me preguntaba si no hubiese sido mejor tirar la estalagmita hacia los vampiros y dejar a Reik en retaguardia para repelerlos. Hubiera podido funcionar. Pero también hubiera podido ser una masacre. De modo que mi elección había sido correcta. Además, mi situación hubiera podido ser peor. Ahora… sólo me faltaba lidiar con el Príncipe Anciano. Y con el odio de Kala. .P Sólo eso. .P Mucho más tarde, cuando Kala y yo dormitábamos cómodamente, la puerta del almacén se abrió emitiendo un crujido y la luz, la luz de la sabiduría, invadió el lugar. .Ch "El retratista" .\" 25/08/2019 .Sm Templo del Viento, año 5624: Drey, 12 años; Yánika, 7 años. .D .Blecture ¡Triste de mí! —decía Felisa, desolada—. Por salvar el honor de mi padre, acepté ser princesa y renuncié a mi amor por Varandil. ¿Qué he de hacer? ¡Por los dioses que he de vivir desgraciada toda la vida, pues mi destino fue el deber y no el amor! .Electure .P Tumbado en uno de los bancos mullidos de la diligencia vacía, tragué saliva con la mirada fija en la última frase y cerré el libro sintiendo cómo mi Datsu se desataba ligeramente. Renunciar al amor por el deber… Cerré el puño contra mi pecho. ¡Era un final tan triste! .P Percibí un cambio de luz afuera y me enderecé para echar un vistazo por la ventanilla. Ya habíamos llegado a la caverna del templo y la diligencia cruzaba el Bosque de Kofayura. .P Guardé el libro y me dediqué a mirar las hojas en forma de campanillas iluminadas que colgaban de los árboles. Pese a haberlas visto durante toda mi infancia, en ese momento las miré con renovada emoción, porque era precisamente caminando entre árboles-perla que Felisa había lanzado su última réplica. .P Entonces, vi una silueta entre los troncos luminosos e inspiré de golpe de impresión. Abrí la ventanilla y lancé: .D .Bdia ¡Cochero! ¡Me bajo! ¿Me has oído? ¡Detén los anobos! .Edia .P El cochero lo hizo de mala gana mascullando: .D .Bdia ¿Qué pasa ahora? Mis disculpas, mahí, pero me dijeron que te llevara hasta el templo… ¡Hey! ¿Adónde vas? .Edia .P Había bajado de la diligencia de un salto y me dirigí fuera del camino, hacia los árboles, diciéndole: .D .Bdia ¡Sigue hacia el templo y deja ahí mi mochila, por favor! .Edia .P Me adentré a la carrera entre los troncos oyendo el gruñido resignado del cochero. Apenas unos metros más lejos, sentí el aura feliz y sonreí al ver a mi hermana, tan pequeña como siempre, con su pelo rosa revuelto. Corría hacia mí. .D .Bdia ¡Hermano! ¡Has vuelto! ¡Has vuelto! .Edia .P La acogí entre mis brazos con una amplia sonrisa. .D .Bdia Pues claro que he vuelto. No me quedo en Dágovil ni loco: esa ciudad está demasiado poblada. ¿Qué haces aquí, pequeña vagabunda? .Edia .D .Bdia Vagabundeando, .Edia sonrió Yánika. Y se encogió de hombros confesando: .Bdia Me aburría. ¿Me has traído algo? .Edia .D .Bdia No, .Edia dije. Y me carcajeé ante su aura decepcionada antes de sacar de mi bolsillo cuatro anillos y tendérselos. .P La curiosidad brilló en los ojos de Yánika. .D .Bdia ¿Qué es? .Edia .D .Bdia Anillos de oro puro. Para las trenzas. ¿Te gustan? .Edia .P El aura alegre me bastó como respuesta y, momentos después, estábamos instalados sobre un murillo de roca, no muy lejos del camino, ni muy lejos del lago. Mientras le ayudaba a trenzarse el pelo correctamente para colocar los anillos, le dije: .D .Bdia Si algún día te encuentras sola en algún sitio, sólo tendrás que venderlos para sacar un buen dinero y volver aquí. .Edia .P Yánika me echó una curiosa mirada. .D .Bdia ¿Y adónde voy a ir? .Edia .D .Bdia Nunca se sabe. .Edia .P Yánika hizo un mohín y resopló: .D .Bdia Yo no los vendo. No los venderé porque me los has regalado tú. .Edia Intercambiamos una sonrisa y entonces ella se balanceó sobre el murillo diciendo: .Bdia Di, di. ¿Y el examen? ¿Quedaste primero? .Edia .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia No me dejas ni alardear de ello, .Edia me quejé, burlón. .D .Bdia ¿Primero? .Edia exclamó Yánika. .D .Bdia Primero, .Edia confirmé, colocándole el último anillo. E hice un gesto vago, girándome hacia la colina del Templo del Viento. .Bdia No eran exámenes finales. Los exámenes para ser destructor oficial los pasaré dentro de dos años. Pero… .Edia Saqué una cadena de plata con un pequeño medallón al final que representaba un lotus negro, símbolo de Dágovil. .Bdia Un tipo que se decía ministro del Gremio de las Sombras me dio esto como medalla. .Edia .P La alegría y curiosidad de Yánika me arrancaron una sonrisa y la dejé inspeccionar el premio que me había llevado por acabar primero en los exámenes de aprendices destructores. .D .Bdia ¡Es bonito! .Edia .D .Bdia ¿En serio? Te lo regalo, .Edia dije. .P Yánika sonrió con todos sus dientes y se lo puse alrededor del cuello burlándome: .D .Bdia ¡Mirad a la primera destructora de Dágovil, Yánika Arunaeh! .Edia .P Se rió y me reí yo diciéndole: .D .Bdia Te ríes como una loca, Yani. .Edia .D .Bdia ¡Y tú como un caballo! .Edia .P Nos carcajeamos. Hacía menos de dos semanas que no la veía y, sin embargo, me daba cuenta ahora de cuánto la había echado de menos. Siempre era tan alegre… .P Un silbido sereno nos hizo alzar la cabeza hacia el camino y vimos pasar por este a un belarco con su burro. Yánika alzó la mano diciendo: .D .Bdia ¡Hola! .Edia .P El belarco giró la cabeza hacia nosotros y detuvo su tranquila marcha y su melodía silbada. .D .Bdia Chicos, .Edia lanzó. .Bdia Hola a vosotros. Decid, ¿tenéis hora? .Edia .D .Bdia Tengo, .Edia confirmé. Y consulté mi piedra de Nashtag, la misma que me había regalado Lústogan hacía dos años. .Bdia Las diecisiete. Aquí el o-rianshu es a las veinte. .Edia .P Se lo dije, porque no me parecía que ese hombre fuera del lugar. Este posó un puño contra su cadera diciendo: .D .Bdia ¿A las veinte, dices? Vaya. Y yo que pensaba que llegaba justo para el o-rianshu. .Edia Explicó con tono algo orgulloso: .Bdia El Gran Monje del Viento me hizo venir aquí por un retrato y me invitó a cenar. .Edia .D .Bdia ¿Un retrato? .Edia repetí, curioso, acercándome. .Bdia ¿Eres pintor? .Edia .P El viajero era de edad madura, con su piel verdácea y parda característica de los belarcos y ojos rasgados. Confirmó con un gesto presentándose: .D .Bdia Temb Ayobardo, pintor retratista y artista, de bastante renombre por Dágovil, pero dudo de que unos jovenzuelos como vosotros hayáis oído hablar de… .Edia .P Calló de pronto, parpadeó alternando su mirada entre Yánika y yo y jadeó, inclinándose. .D .Bdia ¡Por Tatako, mis más sinceras disculpas, mahis! .Edia .P Me encogí de hombros y me incliné yo también diciendo: .D .Bdia Drey Arunaeh. Ella es Yánika, mi hermana. ¿De renombre, dices? ¿Qué pintaste? .Edia .D .Bdia No me digas que el joven mahí sabe de pintura, .Edia se impresionó Temb Ayobardo. .D .Bdia Ni la más mínima idea, .Edia me sinceré sin reservas. .Bdia Pero vi retratos en el Palacio de Ámbar, en Dágovil. .Edia .D .Bdia ¡Entonces seguramente habrás visto el de nuestro buen dirigente Varandil! .Edia se emocionó Temb. .Bdia ¡Ese lo hice yo! .Edia .P Parecía muy satisfecho por ello. Traté de recordar el retrato del dirigente del Gremio de las Sombras, pero en ese momento tan sólo pude recordar al descorazonado Varandil de mi libro, rechazado por la triste Felisa. .D .Bdia Sí, era muy bonito, .Edia dije sin embargo. .P Yánika frunció el ceño. .D .Bdia ¿Por qué mientes, hermano? .Edia .P Me puse rojo como un zorfo. .D .Bdia ¡Que no miento, hermana! Estoy seguro de que era bonito. Lo siento, pero no me acuerdo bien porque tenía unos exámenes, .Edia me excusé. .D .Bdia ¡De ningún modo has de excusarte! .Edia protestó el artista. .P Sonreí, mirándolo. Su manera de hablar me recordaba también a la de mi libro. .D .Bdia Temb. ¿También eres poeta? .Edia pregunté. .P Temb agrandó mucho los ojos y se quitó el sombrero estrafalario diciendo: .D .Bdia ¡Los dioses sean testigos de tu perspicacia, joven mahí! Fui versificador y trovador en la corte de Lédek, desterrado por rimas atrevidas. Desde entonces decidí dedicarme a la pintura. Los retratos… .Edia Acercó su rostro a los nuestros afirmando con tono cómplice: .Bdia Ya sé que últimamente se han puesto de moda las imágenes fijas que usan armonías y mágaras de alta tecnología… pero, si me preguntáis, no hay nada mejor que una pincelada verdadera y un ojo de artista para pintar las caras según un ángulo favorable. .Edia .P Se decía que Varandil, el del Gremio, era un drow feo con una gran mancha de nacimiento en medio de la frente. Me pregunté desde qué ángulo lo habría pintado. Temb Ayobardo se había girado hacia el lago y exclamó: .D .Bdia ¡No sabía que el Templo del Viento tuviera tan bonitas vistas! Había oído hablar de la Arboleda, pero no del lago. Los dioses me perdonen si tomo un poco de tiempo para pintar esto. Todavía queda tiempo, .Edia afirmó para sí. .P Con curiosidad, Yánika y yo lo vimos estirar al burro reacio fuera del camino, sacar material, caballete, paleta, pintura y pinceles. Nos vio mirándolo con interés y volvió a disculparse precipitadamente: .D .Bdia Mis más sinceras disculpas por no reconoceros, mahis. ¿No os importaría sentaros ahí, en el murillo? Entonces, podría haceros un pintura a vosotros también, ¿qué me decís? .Edia .P Los dos parpadeamos, sorprendidos. .D .Bdia ¿Cuánto pides? .Edia pregunté. .D .Bdia ¿Eh? Oh… No pensaba cobraros. Esto lo hago por mera inspiración. No os asustéis, pero nada más veros me inspiró vuestra manera de ser, vuestros rostros, vuestro porte… No me habléis de dinero ahora. .Edia .P Intercambié una mirada divertida con Yánika y nos sentamos en el murillo mientras el pintor se preparaba. Con ojos de experto, miró el paisaje, nos miró a nosotros y, poco después, ya empezaba a dar pinceladas. Mientras trataba de permanecer inmóvil, me puse a pensar en el oficio del pintor. Era muy distinto al de destructor. Se fijaba en los detalles, cierto, pero ahí se acababa la semejanza. El resto, era reproducción, colores… Pero emoción también había, pensé, mientras veía cómo Temb murmuraba para sí, viéndonos sin mirarnos de verdad, ensimismado, perdido en su fiebre creativa. .P Había pasado ya un buen rato cuando noté que el aura de Yánika cambiaba y giré los ojos para ver a dos figuras en sotana dejar el camino y acercarse a la orilla. Una era Sharozza, una humana Monja del Viento de unos veinte y pocos años, pelo rizado y cara de excéntrica a la que apodaban la Exterminadora por su manía de destruir más de lo debido. La otra figura… Me levanté inspirando bruscamente. .D .Bdia Lúst. .Edia .D .Bdia ¡Hola, pequeño! .Edia exclamó Sharozza. .Bdia Temb Ayobardo, el Gran Monje me manda a por ti… ¡Gárgolas sagradas! .Edia rió de pronto señalando el cuadro: .Bdia ¿Sois vosotros? ¡Oh, oh! ¡Pero qué formales estáis! Parecéis dos nigromantes… ¿Y quién es el que está detrás? ¿El reflejo del pintor, eh? ¡Parece un asesino de Makshun con ese sombrero! .Edia .P Mientras Sharozza parloteaba con sus agradables propósitos, mi hermano echó un vistazo al cuadro que aún yo no había visto, se desinteresó y me atravesó a mí con sus ojos azules. Desde el incidente del Gran Túnel, unos meses atrás, se había vuelto especialmente distante y sentí un escalofrío. .D .Bdia ¿Bien, el viaje? .Edia .P Esperaba los resultados… pero no preguntó por ellos. Sonreí y asentí. .D .Bdia Sí. Quedé primero en los exámenes, hermano. Hasta me dieron una medalla. .Edia .D .Bdia ¿Una medalla? .Edia exclamó Sharozza. .Bdia ¿He oído bien? ¿Puedo verla? ¡Estarás orgulloso de tu hermanito, Lústogan! .Edia .P Mientras Yánika se la enseñaba, Lúst enarcó una ceja. .D .Bdia Primero, ¿eh? No hubiera podido ser de otro modo. Ven. El Gran Monje te invita a la cena y espera que le hables de ello. .Edia .P Yánika, en cambio, no estaba invitada, entendí. Me tragué la exasperación y señalé a Temb. .D .Bdia Este belarco es un pintor conocido. Temb, te presento a mi hermano, Lu… .Edia .D .Bdia Nos conocemos, .Edia cortó Lústogan. .P El pintor, que había enrojecido ante las palabras de Sharozza, se inclinó profundamente hacia mi hermano, palideciendo. Farfulló: .D .Bdia Un placer verte de nuevo, mahí. .Edia .P Yánika había fruncido el ceño, señal de que el pintor tal vez no estaba tan complacido como decía. Me giré hacia Lústogan, extrañado. .D .Bdia ¿A ti también te hizo un retrato, hermano? .Edia .P A Sharozza se le encendieron los iris, imaginándose ya el cuadro… Yánika me había preguntado una vez si Sharozza estaba enamorada de Lúst. Y yo ya me había imaginado toda una escena libresca pero… bien mirado, la Exterminadora tenía más de acosadora pícara y lunática que de princesa Felisa. Lústogan puso los ojos en blanco. .D .Bdia Ya-náï. Ese belarco participó en la elaboración de un catálogo de rocas adjuntando dibujos. Eso es todo. Vamos, Drey. .Edia .D .Bdia Sí. Espera. Quiero mirar el resultado. .Edia .P Pese al suspiro de Lúst, Yánika y yo nos acercamos al caballete y miramos la pintura. Estaba casi acabada. Faltaban detalles en el fondo, pero nosotros ahí estábamos, con expresiones algo más serias de lo que esperaba. En cuanto a la figura que se alzaba detrás, con capa oscura y sombrero, sí que parecía un asesino de Makshun… Sin embargo, ante la cara llena de expectación del pintor, dije: .D .Bdia Bonito. Gracias. .Edia .D .Bdia En cuanto lo acabe, lo mandaré al Templo, .Edia prometió el pintor. .P Lústogan frunció el ceño. .D .Bdia Ni se te ocurra. En cuanto lo termines, destrúyelo, .Edia replicó. .P Y se marchó ante la cara ofendida del pintor y la risa baja de Sharozza. Hice una mueca y, carraspeando, realicé un gesto de saludo hacia el pintor y me alejé con Yánika tomándola de la mano para que no se quedara atrás. Generalmente, no cuestionaba las reacciones de mi hermano, me parecían del todo normales, pero últimamente… me llenaban de dudas. .D .Bdia Hermano, .Edia dije, alcanzándolo con Yánika detrás. .Bdia Lo has ofendido, ¿sabes? .Edia .D .Bdia ¿En serio? .Edia .P Parpadeé. ¿Es que no se había dado cuenta? Intercambié una mirada confusa con Yánika, esta asintió con energía y afirmé de nuevo: .D .Bdia Lo has ofendido y mucho. .Edia .P Lústogan no rebatió. Subía por el Camino Azul a buen ritmo y a mi hermana le costaba seguir el paso. Al de un rato, vi a Yánika girar la cabeza hacia el retratista, que había recogido sus bártulos con la ayuda —y los parloteos— de Sharozza y nos seguía a distancia con su burro. Me detuve en seco. .D .Bdia Hermano. .Edia .P Lústogan se paró y volvió sus ojos hacia mí, interrogantes. .D .Bdia Dijiste que la diplomacia era una parte importante del oficio de destructor y también de nuestra familia, .Edia solté. .Bdia Pedirle a Temb que destruya un retrato en el que ha puesto su pasión, su tiempo y su arte es como pedirle a nuestro abuelo que destruya la estatua del dragón negro de Dágovil. .Edia .D .Bdia La destruiría si el Gremio le pagase para ello, .Edia repuso Lústogan con calma. .P Ciertamente, lo haría. No había encontrado un buen ejemplo. Lancé: .D .Bdia Entonces, como decirle a una amante que destruya su amor verdadero. .Edia .P En los ojos claros y fríos de Lústogan, vi un destello de diversión. .D .Bdia Eres cada vez más teatral, Drey. Y lees demasiados libros. .Edia Me sonrojé levemente pensando: ahí me has pillado. Las comisuras de sus labios se curvaron. .Bdia Me da igual lo que haga ese pintor con su pintura. Es posible que no fuera diplomático con él y repararé mi error. Pero no es necesario que los Arunaeh sean inmortalizados en pinturas. Es vanidoso. Y la vanidad no cabe en nuestra mente. Eso es todo. .Edia .P Nos dio la espalda para seguir subiendo. Tras un instante de sorpresa, sonreí. Me gustaba cuando Lústogan me explicaba sus razones. Por un momento, me había parecido que había vuelto a ser el mismo de antes. Eché una mirada hacia atrás, hacia el pintor que subía también la colina con su burro, y estiré a Yánika de la mano. .D .Bdia Vamos, Yani. Te guardaré el postre. .Edia .P El aura confusa de Yánika enseguida se alegró. .Ch "Fuego y roca" .\" 25/08/2019 Cuando unas manos me agarraron para sacarme del estómago de la aórgona me di cuenta de que el frío de aquel almacén había amodorrado mis sentidos. ¿Cuánto tiempo había pasado? No tenía ni idea. Sólo recordaba haber estado pensando en el pasado, en Yánika, Lúst… y la diplomacia. Diplomacia, me repetí. Eso era lo que necesitaba ahora. .P Salí en volandas, aterricé en la piedra fría del almacén y pestañeé ante la luz, tiritando. La silueta que se alzaba ante mí con una linterna era alta, morena y llevaba gafas. No era el Príncipe Anciano, pero lo reconocí. .D .Bdia ¿Waïspo? .Edia solté. .P Era el fan de la contadora de historias Sirigasa Moa, uno de los seguidores del Príncipe Anciano. Waïspo sonrió enseñando sus colmillos. .D .Bdia Te acuerdas de mí. Es cierto que en unos meses no he cambiado tanto como tú. .Edia .P Sus ojos miraban de manera elocuente mi cuerpo cubierto de líneas negras y rojas. Ignorando a los demás vampiros, me levanté y dije: .D .Bdia El Príncipe Anciano quiere hablarme, ¿no? .Edia .P Waïspo confirmó con un gesto de cabeza. .D .Bdia Sígueme, por favor. .Edia .P Obedecí sin aspavientos, dejando que me maniataran de nuevo. En verdad, sentía curiosidad por saber qué era lo que el Príncipe Anciano quería decirme. Sobre todo tras enterarme de que su relación con Lotus y los Pixies distaba de ser superficial. .P Seguí a Waïspo y los demás vampiros fuera del almacén y pasamos por la plaza de la caverna de Loeria donde había transcurrido la fiesta. Ahora, el lugar estaba tranquilo, limpio y sin mesas. Pero seguían viéndose en la arenilla del suelo regueros de sangre vertida. .P Echando un vistazo a las casas cavadas en la misma roca de color arena, estimé que el pueblo de Loeria debía de haber sido habitado por unas doscientas almas. Mientras seguía a Waïspo por la calle principal, vi a vampiros entrar y salir de las casas como si fueran las suyas propias y me ensombrecí. .D .Bdia Los habitantes… ¿Los matasteis vosotros, eh? .Edia pregunté. .P Waïspo giró levemente la cabeza pero no contestó y no hice más preguntas. Sabía que los vampiros vivían de beber sangre y que los saijits, para ellos, eran una comida exquisita pero… .D .Bdia Es una lástima, .Edia dejé escapar. .P Waïspo se había detenido ante un edificio de dos pisos y de muros gruesos, que descollaba entre los demás. El vampiro se giró hacia mí con una mueca molesta. .D .Bdia Puede, .Edia reconoció. .P Por su respuesta, adiviné que, al menos, él no aprobaba la matanza de saijits. .P Entré en la casa preguntándome si, finalmente, Kala no tendría razón diciendo que el Príncipe Anciano no tenía intenciones de dejarme con vida. Después de todo, ¿por qué lo haría? Yo era un Arunaeh, es cierto, pero eso a un vampiro ¿qué le importaba? Era un kadaelfo con varios litros de sangre, como cualquier kadaelfo. Los vampiros no tenían por qué temer las represalias saijits: ninguna autoridad kozereña con suficiente fuerza iba a querer proteger un territorio tan perdido como aquél. Así que a Loeria no iba a venir nadie. Nadie que pudiera salvarme ni retomar Loeria. .P La sala en la que entramos, vacía de muebles, estaba por el contrario bien guarnecida de vampiros armados. Entre ellos, reconocí a los compañeros del Príncipe Anciano que habían estado en el cráter, en la región de Skabra, pero había una buena mitad cuyos rostros no reconocí en absoluto, exceptuando a uno de los cazadores del día anterior, el del pelo azul, que me sonrió… aunque no supe si era una sonrisa de bienvenida o una sonrisa dedicada a un plato especial. .P De pie, junto a unos sillones, charlaban el Príncipe Anciano y el vampiro al que yo había identificado como el líder del clan que ocupaba Loeria. Ambos giraron sus ojos hacia mí cuando me acerqué, empujado suavemente por la mano de Waïspo. El líder alzó un índice y dijo algo. Probablemente pedía que no me acercase demasiado. Me detuve. El Príncipe Anciano no me quitaba el ojo de encima. .D .Bdia Buen rigú, Drey Arunaeh. .Edia .P Si me daba el buen rigú, ¿significaba que ya había pasado todo el o-rianshu? Diplomacia, me dije. Kala estaba muy agitado, pero esta vez se atuvo a su promesa. Incliné la cabeza. .D .Bdia Buen rigú. .Edia .P Satisfecho al ver mi tono civilizado, el Príncipe Anciano se giró hacia el líder. .D .Bdia Te presento a mi nieto, Dakoz. Llámalo .Sm -t erare ajrob si te diriges a él. En nuestra cultura, así llamamos al líder de un clan: faltar a la etiqueta puede considerarse una grave ofensa. Si no te importa, me sentaré. A mis años ya, las piernas se resienten. .Edia .P Sonrió y tomó asiento al tiempo que Dakoz, el ajrob, esperaba unos instantes por educación antes de sentarse a su vez. Los ojos del ajrob eran de lejos más hostiles que los del Príncipe Anciano, pero los de este, que rezumaban como siempre una honda sabiduría, tampoco me daban buena espina. .P En la sala, detrás de los sillones, reconocí a Limbel, el vampiro que había liderado a sus hombres para salvar a su Príncipe Anciano herido. Estaba serio. Al contrario que otros, que me miraban con sorna y diversión, él se atenía a su papel: proteger al Príncipe Anciano. Sin embargo, tal vez después de haberme visto saltar a la garganta de su príncipe, estaba más tenso de lo normal. No había atisbo de amistad en sus ojos. .P Entonces, el Príncipe Anciano retomó la palabra. .D .Bdia ¿Quién hubiera dicho que nos volveríamos a ver tan pronto, Drey Arunaeh? Espero que no te hayas sentido molesto por lo de ayer. Créeme o no, bebí tu sangre creyendo que era sangre de demonio. .Edia .P ¿Me estaba dando excusas? No parecía: hasta se rió de la gracia. Suspiré de escepticismo. .D .Bdia ¿Un demonio? ¿En serio me parezco tanto a uno? .Edia .D .Bdia No, .Edia reconoció. .Bdia Un experto cazador de demonios no se equivocaría y yo, de haberte visto más de cerca, tampoco. .Edia Una manera de decir que estaba un poco cegato, suspiré. .Bdia Sin embargo, .Edia sonrió, .Bdia no me arrepiento de haber bebido tu sangre. Algunos dicen que la sangre de demonio es más sabrosa que la de un saijit, pero se equivocan: los demonios son saijits. Lo que hace la diferencia, como suelo decir, es el plasma sanguíneo. Y ese se cambia con el régimen alimenticio. Proteínas, glúcidos, lípidos, hormonas… Densidad y nivel de coagulación para la textura. Si la sangre posee un equilibrio perfecto, entonces el sabor será perfecto. Y el tuyo era una verdadera delicia, asombroso, mejor que el de tu amigo de sangre verde, Yeren, si mal no recuerdo. Tan exquisita que hasta a mi edad me emborraché un poco, .Edia confesó. Sus ojos chispearon. .Bdia Como dicen, cuando bebas sangre, recuerda la fuente. Por eso, te doy mis más sinceras gracias. .Edia .P El viejo experto catador de sangre parecía realmente agradecido por el festín. Sonreí con mordacidad. .D .Bdia De nada. Si por otro vaso me dejas libre, te lo doy encantado. .Edia .P El Príncipe Anciano rió quedamente. .D .Bdia Gracias por la oferta, pero no creo que necesite hacer promesas de esas para sacarte otro vaso, joven saijit. .Edia .P Fruncí el ceño. .D .Bdia ¿Y tus ideales, anciano? La convivencia entre saijits y vampiros, ¿se te ha olvidado? .Edia .P El anciano sonreía. .D .Bdia Mira, hijo. Mis ideales siguen en pie. Pero mi nieto, aquí presente, me invitó a una fiesta para festejar mi centésimo cumpleaños. Era una ocasión especial. Además, como digo, creí que eras un demonio. Los demonios y los vampiros mantienen un odio visceral que nada tiene que ver con las relaciones entre los vampiros y los saijits normales. Ellos alaban la Vida y nos odian porque, para ellos, representamos la muerte. .Edia .D .Bdia Entiendo, .Edia repliqué con igual calma. .Bdia De modo que hicisteis de mí un plato de lujo para el cumpleañero. .Edia .D .Bdia Así es, .Edia me felicitó el Príncipe Anciano, recostándose en su sillón. .Bdia Pero tranquilo: demonio o no, sigues siendo un plato de lujo. .Edia .D .Bdia Me preocupaba haber bajado de categoría, .Edia repliqué. .Bdia ¿Y qué hay de los habitantes del pueblo? ¿Esos también os los bebisteis para festejar el centésimo cumpleaños? .Edia .P El Príncipe Anciano frunció el entrecejo. .D .Bdia Esos… ya estaban muertos cuando yo llegué. No nos juzgues, saijit: todo el mundo tiene derecho a vivir, ¿no? Desde que los saijits de Lédek nos atacaron por culpa de los Shigan, la noticia se propagó entre los clanes y el malhumor también. No puedes culparlos sin culpar a los saijits que los obligaron a romper sus promesas. .Edia .P ¿Sus promesas?, me repetí. Haciendo un ademán hacia el líder del clan, el Príncipe Anciano aclaró: .D .Bdia Mi nieto fue educado para respetar la vida de los seres bípedos como los saijits. Durante toda su vida ha sido estricto consigo mismo, no probó la sangre saijit, bebía sangre sin matar, compartía mi punto de vista sobre el mundo… Pero desde que sus padres, igual de idealistas, fueron asesinados por saijits, cambió de opinión, y no se lo echo en cara. Cada uno ha de decidir si los saijits merecen ser mejor tratados que los conejos. .Edia .P Miré al tal Dakoz, que escuchaba en silencio con expresión cerrada, y sentí un escalofrío pese a mi Datsu desatado. Inspiré. .D .Bdia ¿Y tú, Príncipe Anciano? ¿Crees acaso que los saijits merecen más que los conejos? .Edia .P Los ojos del viejo vampiro chispearon. .D .Bdia No, no lo creo. Pienso que los saijits son capaces de compartir conocimiento con nosotros, pienso que nos podemos ayudar mutuamente, pero también pienso que la mejor de las convivencias sería una en que los saijits nos vendieran su sangre y, a cambio, los alimentaríamos y protegeríamos. Tal y como hice en el pueblo de Lédek. Sin embargo, no funcionó. .Edia .P Sentía que Kala se rebullía en mi interior sin poder evitarlo. Sabía que estaba tratando de no romper el acuerdo pero otra cosa es que lo lograra. Fuese como fuese, era por su culpa que mi corazón latía más rápido y por su culpa que mi respiración se hacía jadeante. Advirtiéndolo, el Príncipe Anciano soltó: .D .Bdia Parece ser que el Datsu no te protege tanto como quisieras, Arunaeh. Ni parece haber funcionado la fusión de la que hablaba Lotus. .Edia Enarcó las cejas. .Bdia Has reconocido el nombre, ¿eh? Dime, ¿me equivocaría si afirmase que sabes de primera mano que los Pixies no son una leyenda? .Edia .D .Bdia Tengo a uno dentro y lo sabes, .Edia dije. .P El Príncipe Anciano asintió, reflexionando. Había llegado al tema clave. .D .Bdia ¿Dónde está la lágrima dracónida que me enseñaste la última vez? .Edia .D .Bdia Se la presté a un amigo. .Edia Carraspeé bajo su mirada insistente. .Bdia En aquel momento, ignoraba lo de Kala. .Edia .D .Bdia Kala, .Edia repitió el Príncipe Anciano irguiéndose en su sillón. .Bdia Así que es él. El golem de acero. .Edia Bajó la mirada hacia mi mano derecha. .Bdia Veo que elegiste colocar ahí la marca de Sheyra. La última vez que lo vi, Liireth llevaba ese mismo símbolo en la palma de la mano. En cambio, Rao lo llevaba en la frente. .Edia Sentí el estremecimiento mental de Kala y me tensé. .Bdia ¿Puedo saber qué significa? .Edia .P Mascullé por lo bajo. .D .Bdia Algún capricho por hacerse especial, qué sé yo. No sé por qué añadieron las tres líneas, pero bien sabes que este es el símbolo de Sheyra, la divinidad a la que nosotros, los Arunaeh, nos dedicamos. Y Lotus era Arunaeh. Lo tienes que saber si lo conociste en el laboratorio. Kala me contó la fábula que les enseñaste en ese sitio. No sé qué lío os traéis con la Sabiduría y el Caos y esas historias, pero él cree que no nos dejarás con vida. Y yo digo que no te conviene matarme. .Edia .P El Príncipe Anciano unió las manos con una tranquilidad que a mí me costaba cada vez más imitar. .D .Bdia No me conviene, es cierto, .Edia admitió. .Bdia Quiero que me hables de lo que sabes. Puedes hablar ante todos: los vampiros conocemos la historia de los Pixies. No es un secreto de dónde vienen ni su vida llena de sufrimiento. Fuera del laboratorio, actuaron como presas perseguidas asaltadas por el miedo, el sufrimiento, la desesperación… Sabemos a ciencia cierta que fueron los Pixies los que destrozaron la Torre Maga de Dágovil y los cantos populares les atribuyen mil otros desastres, pero ¿qué hicieron en realidad? Las leyendas esconden fácilmente la verdad. Como la leyenda del Gran Mago Negro. Aquí, todos los vampiros saben que Lotus, el que se convertiría en el Gran Mago Negro, fue en su tiempo mi benefactor. No es ningún secreto. .Edia Sus ojos se clavaron en los míos. .Bdia No maté a Lotus. Insinuarlo es un insulto a mi nombre, Kala. Lotus era un amigo mío, que me salvó la vida ayudándome a escapar de un laboratorio de saijits. Parece ser que no conoces toda la historia. .Edia .D .Bdia Él dice que lo envenenaste, .Edia apunté con voz tensa. .Bdia Rao vio el frasco que le diste. .Edia .D .Bdia Sí… .Edia El viejo vampiro asintió lentamente. .Bdia Cuando Lotus intentó evadirse con vosotros y fallasteis, los científicos experimentaron con él y su mente sufrió grandes daños. Eso lo sabías, ¿verdad, Kala? Tú estabas con él. Viste con tus ojos sus ataques nerviosos. Nunca se perdonó a sí mismo por lo que os hizo padecer con sus colegas de oficio. Por eso, se obsesionó con vosotros. Cuando salisteis al fin del laboratorio, se prometió que os salvaría aunque eso significase utilizar métodos infames de reencarnación. No conocía ya ningún límite, pero a veces recordaba cómo había sido antaño. Y me pidió que lo ayudara. Ese frasco, .Edia continuó, .Bdia contenía una solución especial que pretendía arreglarle la mente y neutralizar completamente el Datsu. .Edia .P Fruncí un ceño trémulo. .D .Bdia Entonces, ¿mi familia no pudo reparar su Datsu? .Edia .D .Bdia No. Antes de la guerra, Lotus le pidió ayuda, pero vuestra familia al parecer… no pudo hacer nada por él. Cuando lo vi aquella vez, su Datsu seguía ahí, deforme y alocado. .Edia Levantó de nuevo sus ojos sabios hacia los míos. .Bdia Estuvo de acuerdo para beberse la poción. Pero, por lo que oí luego, esta no tuvo un efecto tan benéfico como esperaba… Créeme, Kala, sólo quería salvarlo, de su Datsu desbaratado y de sus actos. Se lo debía. Y fallé. Ni pude curarlo, ni pude impedir que desapareciera. Pero tal vez me quede una oportunidad para ayudarlo. Según me contaron, al final de la guerra, unos Zorkias lo acorralaron y abatieron cerca de Dágovil capital. Sin embargo, me cuesta creer que el Gremio ordenara que lo mataran sin siquiera interrogarlo. Ojalá… los Pixies puedan confirmar un día que está vida. .Edia .P Sonrió. Kala jadeó y me atraganté con la saliva. Cuando recuperé el aliento, murmuré: .D .Bdia Creo que Kala también duda de su muerte. Y, sin embargo, te acusa de haberlo matado. Tengo la impresión de haber heredado el Pixie más listo de los ocho… En fin, le hice prometer que no intervendría, .Edia apunté. .Bdia Por eso no habla. .Edia .P El anciano emitió un gruñido divertido. .D .Bdia ¿Y te hace caso? ¿A ti, un saijit? Creía que Kala los odiaba. .Edia .P Retomé cierta compostura afirmando: .D .Bdia Les tiene manía. Al fin y al cabo, la mayoría de los saijits a los que conoció lo maltrataron y mutaron sin compasión alguna. Puedo entender que esté algo traumado. .Edia .D .Bdia ¿Oh? Eres comprensivo. Como Lotus lo fue. Lo que no me explico es por qué Kala lo perdonó por haberlo tratado como cobaya durante toda su infancia, y por qué eligió reencarnarse en un Arunaeh. ¿Acaso ignora que su tan querido salvador actuaba en ese laboratorio con el acuerdo de su clan y que filtraba informes sobre los experimentos? Tu familia tal vez no lideraba el laboratorio, pero lo infiltró y se aprovechó de los descubrimientos como todos esos saijits, a costa de la vida de unos niños. .Edia .P Sus palabras me estremecieron. ¿De modo que Lotus había actuado como espía dentro del Gremio? ¿Sería eso lo que Yodah pretendía decirme? Tenía que haber algo más. .D .Bdia Por esas fechas, .Edia retomó el Príncipe Anciano con voz serena y pausada, .Bdia fue cuando el Gremio de las Sombras se hizo con el poder de Dágovil oficialmente. Y los Arunaeh les prestaron sus servicios. Sin embargo, un día, unos dagovileses acusaron al Gremio de usar ‘magia negra’. Y, entre varios chivos expiatorios, fueron encarcelados tres Arunaeh. ¿Te suena la historia, verdad? Esos tres, ni eran inocentes, ni eran los únicos culpables de llevar a cabo experimentos sobre mentes, pero los del Gremio aprovecharon para intentar sacarles información. En una década apenas, los Arunaeh habían logrado grandes avances en sus artes bréjicas por diversos métodos y ese conocimiento valía oro. Al final, no creo que el Gremio sacara gran cosa… ¿No se dice que los Arunaeh no ceden ante la tortura? Pero la reputación de celmistas descarriados se la llevó tu familia y no ellos. Soltaron a los Arunaeh, hicieron las paces y, entre otras cosas, tu clan mandó una orden de regreso a Lotus para que dejara los laboratorios y regresase a la isla. Pero Lotus se negó. Ya para entonces, había hablado conmigo largo y tendido y se había convencido de que tenía que actuar por el bien de Sheyra. Me había salvado a mí y se metió entre ceja y ceja salvar también a los niños supervivientes, a los que sus compañeros no daban ya más que unos años de vida. Y ese loco los salvó. Y durante largos años se desvivió por ellos y fue perseguido por el Gremio. .Edia .P Aguardó unos segundos, parpadeó lentamente y echó una ojeada a su nieto impasible antes de añadir: .D .Bdia Se diría que ya sabías todo eso. .Edia .P De pie, rodeado de vampiros, tragué saliva. No, no lo sabía. No tenía ni idea. Pero estaba seguro de que los Arunaeh habían actuado así por una razón. Sus actos siempre iban acorde con Sheyra. Siempre. .P Meneé la cabeza. .D .Bdia Soy destructor, no brejista, ni pertenezco al linaje heredero. No sabía nada de esto. Pero les doy tanta credibilidad a tus palabras como a cualquiera que pronuncie un ser vivo extraño a mi familia. Es decir, la justa. .Edia .P El Príncipe Anciano suspiró. .D .Bdia Entonces, veamos qué credibilidad les doy a las tuyas. Te toca a ti contarme lo que sabes, Arunaeh. .Edia .D .Bdia Si deseas conocer el paradero de Lotus, lo ignoro, .Edia repliqué. .Bdia No sé dónde están los demás Pixies. .Edia .P De ninguna manera iba a traicionar a Jiyari no conociendo las verdaderas intenciones de aquel viejo vampiro. Este posó su barbilla sobre sus manos unidas y ordenó: .D .Bdia Háblame de la vida de Kala. Cuéntame la evasión del laboratorio: por extraño que parezca, Lotus dijo no recordar cómo os evadisteis y yo no recuerdo cómo me sacó de ahí… Es como si mis recuerdos hubieran sido borrados. ¿Tal vez Kala recuerde algo? Y, también, si lo sabes, dime dónde y a quién Rao ha reencarnado ya. .Edia .P Nada menos que eso… Espiré lentamente bajo la mirada de todos esos chupasangres. Había acertado al menos en una cosa: el Príncipe Anciano era un ávido acaparador de información. .D .Bdia Si te contesto, ¿me dejarás con vida? .Edia pregunté. .D .Bdia Con vida, .Edia repitió el Príncipe Anciano. .Bdia Mm. De acuerdo. .Edia .P Fruncí el ceño. .D .Bdia ¿Me dejarás libre? .Edia .P El viejo vampiro sonrió levemente. .D .Bdia Te dejaré con vida si me cuentas el pasado de Kala y te dejaré libre si me cuentas el tuyo. .Edia .P ¿El mío? ¿En serio le interesaba la vida de un destructor? No dejé correr la oportunidad y asentí diciendo: .D .Bdia Mientras no se hable de mi familia, no tengo ningún problema. .Edia .P Kala, en cambio, sí que parecía tenerlo y, adiviné, estaba a punto de estallar. Le mascullé: .P .Bdm Tranquilízate, ¿quieres? ¿Prefieres morir aquí y no volver a ver a Rao? .Edm .P Mis palabras lo tranquilizaron sorprendentemente bien. El Príncipe Anciano consultó a su nieto con la mirada e intercambió con él algún gruñido que le arrancó un encogimiento de hombros al impasible .Sm -t erare ajrob . .D .Bdia Está decidido, .Edia dijo el Príncipe Anciano. .Bdia Habla. .Edia .P Inspiré. Espiré. Y, bajo la mirada de tanto vampiro alrededor, conté lo poco que sabía sobre la masacre del laboratorio, la huida, las persecuciones y los dos años tranquilos pasados en la Superficie. .D .Bdia ¿Y la evasión? .Edia insistió el Príncipe Anciano. .Bdia Quiero más detalles. .Edia .D .Bdia No los tengo. .Edia .D .Bdia Pregúntale a Kala por ellos, .Edia insistió el Príncipe Anciano, algo impaciente. .P Hice una mueca. Attah… ¿Es que creía que era tan fácil hacerle preguntas a un Pixie que se retenía por los pelos de controlarme el cuerpo para saltarle al cuello? .P .Bdm Kala, no sé por qué le interesa tanto la evasión, pero si recuerdas algo… .Edm .P Esperé. Por supuesto, Kala no dijo nada. Ante los ojos interrogantes del viejo vampiro, meneé la cabeza. .D .Bdia Está de malhumor. .Edia .P El Príncipe Anciano esbozó una sonrisa algo molesta. Sin duda, él debía de percibir su estado de ánimo con su bréjica. Ahora que lo pensaba, Kala no estaba protegido por el Datsu, de modo que… ¿por qué no intentaba leer su mente? ¿Tal vez su saber bréjico no era suficiente para eso? ¿O bien mi Datsu también protegía a Kala de las intrusiones? .D .Bdia ¿Dónde os reencarnó Rao? .Edia preguntó entonces el vampiro. .D .Bdia Bueno… Sabes que Lotus metió a los siete Pixies en unas lágrimas dracónidas, .Edia dije. .Bdia Tal vez hasta te las enseñó. Al fin y al cabo, en el cráter, reconociste la mía sin dudarlo, ¿verdad? .Edia Marqué una pausa. .Bdia Rao fue reencarnada por Lotus unos años más tarde… .Edia .D .Bdia Eso lo sé, .Edia me interrumpió el Príncipe Anciano con calma. .Bdia Lotus la reencarnó en una niña que resultó estar gravemente enferma. Considerando la ruidosa leyenda que creasteis en los Subterráneos hace cincuenta años, pensé que vuestro despertar no pasaría desapercibido tampoco, y acabé creyendo que Rao había muerto sin lograr llevar a cabo ninguna reencarnación. Pero me equivoqué. Puede que hasta lograse reencarnarse a sí misma… .Edia .P Me escudriñó, interrogante, siempre buscando respuestas… Esbocé una sonrisa, que el estado de ánimo de Kala convirtió en mohín. .D .Bdia Quién sabe. Los otros Pixies estuvieron dormidos en las lágrimas durante décadas: tal vez Rao los haya reencarnado a todos incluida a sí misma, tal vez sigan durmiendo. No puedo saberlo, puesto que Kala también dormía. .Edia La cara de Jiyari me vino en mente en ese momento y la rechacé sin perder la compostura. .Bdia Sólo sé lo que le ocurrió a Kala. Seguramente porque Lotus era un Arunaeh, decidió reencarnarse en un recién nacido Arunaeh. E, incluso después de ello, siguió dormido: permaneció sellado por mi madre durante diecisiete años en mi mente y despertó hace tan sólo una veintena de días. .Edia .D .Bdia ¿Cómo despertó? .Edia .P Hice una mueca. Aunque, a decir verdad, me alegré de que el viejo vampiro no preguntara “¿cómo se fundió en el recién nacido?”. De ningún modo podía hablarle del Sello. .D .Bdia Decidí hacerme examinar por mi familia, .Edia confesé. .Bdia Y, en el intento, su sello se rompió. .Edia .P El Príncipe Anciano meneó suavemente la cabeza, pensativo. .D .Bdia Lo llevas sorprendentemente bien. Supongo que porque eres un Arunaeh. Cualquier otro saijit se habría vuelto loco. .Edia .P Me encogí de hombros y hubo un silencio. Esperé que no hubiera más preguntas… El viejo vampiro se aclaró la garganta. .D .Bdia Me siento decepcionado, .Edia admitió. .Bdia Hubiera imaginado que Rao os habría dejado una pista para volver a reuniros a todos. .Edia Marcó una pausa. .Bdia ¿No la dejó? .Edia .D .Bdia No que yo sepa, .Edia dije. .Bdia De haber sabido dónde estaba Rao, puedo asegurarte que Kala habría salido corriendo hacia allá. .Edia .D .Bdia ¿Y lo habría conseguido? .Edia .P Entorné los ojos ante su mirada penetrante. ¿Quería saber quién era más fuerte, si yo o Kala, para controlar el cuerpo? Resoplé y fui sincero: .D .Bdia No se lo habría impedido. .Edia .P Sus pupilas se encogieron y centellearon. .D .Bdia De modo que estás de su lado, Drey Arunaeh. .Edia .P Me carcajeé secamente. .D .Bdia ¿De su lado? Estamos en el mismo cuerpo, abuelo. Si él muere yo muero, si yo muero, él muere. Lo compartimos todo. En cuanto lo entendí, tuve que asumirlo. No se gana nada luchando contra la verdad. Ahora bien, .Edia añadí tras un corto silencio cruzándome de brazos, .Bdia me gustaría saber cuáles son tus intenciones preguntándome todo esto. ¿Mera curiosidad sobre los Pixies porque los conociste? ¿O es que tienes algún asunto pendiente con ellos? .Edia .P El ajrob soltó unos gruñidos bajos y el Príncipe Anciano asintió con la cabeza con lentitud, su nieto añadió algo y su abuelo sonrió. Al igual que varios vampiros. ¿Qué diablos estarían diciéndose?, me exasperé. Entonces, el viejo tendió una mano hacia Limbel diciendo: .D .Bdia Bien. Me preguntas cuáles son mis intenciones para con los Pixies, Drey. Si quieres que sea sincero contigo, ¿no deberías antes ser sincero conmigo? .Edia .P Agrandé los ojos. ¿Qué…? Aceptó de las manos de Limbel un cuaderno usado y lo hojeó con paciencia. Fruncí el ceño. ¿Y ahora qué hacía? .D .Bdia Hoy, primero de Ciervo, .Edia leyó de pronto, .Bdia he dedicado por primera vez una plegaria a Mahúra, diosa del universo, para enseñarle a Orih cómo rezamos los waríes. Ella dice que nunca creyó en dioses: su pueblo de las montañas cree en las Llamas del Mundo, algo que, en mi opinión, se asemeja a la creencia yurí de la Madre Tierra o a la Esencia de los járdicos. .Edia Los ojos del vampiro saltaron un párrafo y continuó mientras yo me ponía lívido: .Bdia Nos hemos encontrado otra vez con Jiyari, el humano rubio, en la Plaza del Tagón. Mi hermano y él no se conocían hasta hace unos días, pero siento que los une un vínculo muy fuerte. Es posible que mi hermano tampoco sea consciente de ello, como no era consciente del odio que sentía para con el Príncipe Anciano. Ambos son muy distintos. Mi hermano es más confiado y desenvuelto, Jiyari es más sensible y encantador y, sin embargo, pese a sus diferencias, algo cuando los miro me dice: son como hermanos. ¡Es tan difícil poner en palabras algunos sentimientos! Pero por eso mismo decidí escribir un diario… .Edia .P El Príncipe Anciano calló. Yo reflexionaba con rapidez. Mi mochila. Recordé que, en algún momento del viaje, había metido el pequeño saco de mi hermana en el mío para aligerarla. Me había quedado con sus cosas. Y los vampiros lo habían mirado todo. Pese a mi Datsu desatado, sentí una pizca de irritación, seguida de una inquietud bien razonada: ¿hasta qué punto Yánika había escrito su vida en ese diario? .P Como adivinando mi preocupación, el Príncipe Anciano soltó: .D .Bdia Dos días después, parece que tu hermana se aburrió de escribir un diario y pasó a escribir cuentos y poemas sin sentido alguno. Está claro que ella no sabe quién era ese Jiyari. Pero tú… Me has dicho hace un rato que no sabías dónde estaban los demás Pixies. Si oigo otra mentira salir de tu boca, saijit, disfrutaré de tu sangre hasta la última gota. .Edia .P Kala temblaba y rugió mentalmente: .P .Bdm ¡Que no le toque un pelo a Jiyari! ¡No le digas dónde está! .Edm .P .Bdm No se lo diré, .Edm lo tranquilicé. .P Traté de reponerme, pero Kala no me lo permitía. Gotas de sudor recorrían mi cuerpo tatuado, mi pecho subía y bajaba frenéticamente hasta hacerme daño, mis piernas flaqueaban, mi visión se enturbiaba de lágrimas de rabia y terror… Kala no aguantaba más. Decía que iba a morir. Que ese vampiro era un asesino. Yo intenté recordarle que, según el vampiro, este sólo había querido ayudar a Lotus y no matarlo, pero Kala no me escuchaba. Ardía. Chillaba mentalmente de odio. Cerré los puños con la respiración entrecortada. Tras observarme durante un buen rato, el Príncipe Anciano retomó: .D .Bdia Cuando salí de ese laboratorio, desprecié profundamente el Gremio de las Sombras y sus experimentos. Pero los Pixies, ellos, despreciaron el mundo entero. Tanto sus cuerpos como sus mentes eran el fruto de décadas de experimentos… Y su manera de pensar y de sentir era anormal y antinatural. Tú debes saberlo si sientes el odio que Kala tiene hacia mí. Creo entender ese odio. Él ha estado convencido durante muchos años que envenené a Lotus y traicioné su confianza… .Edia Asintió para sí al ver mi temblor nervioso. .Bdia Supongo que no es fácil para él cambiar de opinión. Siempre ha sido un poco cazurro, incluso de niño, .Edia sonrió. .Bdia Pero te aseguro, Kala, que fue Lotus quien me habló de su problema con el Datsu. Él ya sufría, y mucho. Su Datsu estaba estropeado y nadie pudo reparárselo, ni siquiera tu familia. Estuve buscando una solución y, cuando creí encontrarla, pedí ayuda a un alquimista, trabajé junto a él añadiendo mi bréjica y le di a Lotus el remedio con intenciones de devolverle el favor por haberme salvado de esas ratas de laboratorio. Que no te quepa duda, Kala, .Edia clavó su mirada en la mía, .Bdia lo hice por Lotus. Él me lo pidió. Tenía momentos de lucidez y sufría también por ello, cuando pensaba en sus actos, disproporcionados e indignos de un sirviente de Sheyra, cuando pensaba que estaba causando más muertes en esa guerra que en todos sus años de experimentos… y cuando se daba cuenta de que los collares de dokohis que había creado eran una de las mágaras más poderosas y terribles que haya creado nunca un brejista. Intenté devolverle la cordura. Además, él estaba atado a vosotros por una promesa, y traté de quebrarla para devolverle su libertad. Su obsesión por salvaros lo hizo llegar a esos extremos. No tienes la culpa de ello, Kala, pero… como amigo suyo, era mi deber ayudarlo, ¿no crees? Hice lo que pude. Lotus dejó la guerra. No lo vi personalmente después de eso, pero oí decir que después de un año mejoró un poco. Me pregunto si, una vez recuperado el juicio, ha sido capaz de aguantar un pasado como el suyo. .Edia .P Le devolví una mirada borrosa por la rabia ciega de Kala. .P .Bdm ¡Amigos! ¡Los amigos no hacen eso! .Edm exclamó en un rugido mental. .Bdm ¡Él acabó queriendo morir! ¡Lo mataste, monstruo blanco! ¡E hiciste que Rao se pusiera triste! Todos estábamos tristes… .Edm .P Se ahogó de dolor y traté de recobrar la respiración a duras penas. El Príncipe Anciano meneó la cabeza. .D .Bdia Supongo que un odio tan enraizado es difícil de troncar. Siento ese odio con mi bréjica, Drey Arunaeh, lo siento y sé que ese sentimiento es absurdamente intenso. De no ser por tu Datsu, te asfixiaría, te volvería loco… Entiendes que el ser al que proteges no es saijit, ¿verdad? ¿Acaso no te interesa averiguar si es posible quitártelo de la mente? .Edia .P Su pregunta me arrancó una mueca de incredulidad. Me ensombrecí enseguida. .D .Bdia Olvídalo, anciano. Si me lo quitase, otro saijit tendría el mismo problema. Y si te refieres a matarlo entonces, no, no me interesa. Kala también tiene derecho a vivir. Por otro lado, .Edia agregué, tratando de ignorar mi tono brusco, .Bdia de ningún modo vas a saber tú hacer algo así cuando mi familia no ha sido capaz. .Edia .D .Bdia ¿En serio lo intentó? .Edia retrucó el Príncipe Anciano con leve burla. .Bdia ¿No has pensado que tu familia podría estar esperando a que Kala encuentre al Lotus verdadero para sonsacarle técnicas bréjicas que sólo él conoce? ¿Tan imposible te parecería? .Edia .P Mientras Kala temblaba como una hoja, fulminé al vampiro con la mirada. .D .Bdia Desvarías. Si mi familia quiso sonsacárselas, pudo hacerlo antes. .Edia .P Por ejemplo cuando había vuelto a la isla, cinco años antes de la guerra, completé para mí. Ese viejo sólo me estaba tanteando a ciegas, a falta de información, entendí. El Príncipe Anciano enarcó las cejas y devolvió el cuaderno de Yánika a Limbel. .D .Bdia Supongo que intentar cambiar tu opinión acerca de tu familia es inútil. Los Arunaeh no cambian. Incluido Lotus. Guardáis los secretos de vuestra familia como si fueran lo más importante del mundo. .Edia Sonrió levemente. .Bdia ¿Pero tan importantes son? .Edia Se levantó sin desviar los ojos de los míos. .Bdia Por lo visto, desconoces muchas cosas, joven Arunaeh. Sobre lo que pasó en la guerra. Sobre tu familia. Y sobre el Gremio. No conozco yo tampoco los detalles pero… si quieres ayudarle a Kala a buscar a Lotus, yo que tú preguntaría a tu clan. Seguro que saben algo. .Edia .P ¿Pretendía acaso ayudarme a encontrar a Lotus? ¿Insinuaba que los Arunaeh sabían dónde se encontraba? La órica empezaba inconscientemente a agitar el aire a mi alrededor y la detuve mientras el Príncipe Anciano mascullaba algo en la lengua de los vampiros. Sentí unas manos agarrarme ambos brazos y protesté: .D .Bdia Un momento. ¿Adónde me llevas? Todavía no he hablado de mi pasado como acordamos para que me liberaras. ¿Es que me vas a liberar a pesar de eso? .Edia .D .Bdia Ni se me ocurriría, .Edia sonrió el Príncipe Anciano. .Bdia Haremos una pausa, eso es todo. Podrás contarme todo lo que quieras, Drey Arunaeh. No tengo prisas. Mañana hablaremos más. .Edia .P ¿Mañana?, exclamé mentalmente. .P Mi cuerpo estaba tan entumecido por las emociones de Kala que, cuando me arrastraron para atrás, tropecé y caí sintiendo una buena decena de alientos malolientes a mi alrededor. Una mano me agarró el pescuezo, otras las axilas para levantarme. El Príncipe Anciano se había ido. El ajrob también, constaté. Tal vez por eso Kala, que se había retenido hasta entonces, dejó escapar un sollozo y bramó: .D .Bdia ¡Odio a los saijits! .Edia .P Me retuve de decirle que estábamos rodeados de vampiros y no de saijits. El Pixie abrió la boca para gritar pero no le salió sonido alguno. Estaba enmudecido, más de miedo e impotencia que de cólera. Hubiera caído de nuevo si los vampiros no nos hubieran sujetado. .P Attah… ¿Y decía que Jiyari era más sensible y sentía más? Las emociones de Kala eran tan fuertes que consiguieron acabar de desatar mi Datsu y me quedé observando sin emoción alguna los rostros pálidos a mi alrededor mientras resonaban las lamentaciones ahogadas de Kala en la sala. Los vampiros murmuraban entre sí. ¿El cambio de personalidad los habría impresionado? Poco me importaba. A decir verdad, en ese momento, tan sólo me fijé en algo que sí importaba para mi supervivencia inmediata: tenía sed. .P Sólo que Kala seguía atragantándose con el aire y con sus sollozos, su vista se ensombrecía y nuestro cuerpo se hacía cada vez más débil hasta que, de pronto, dejé de pensar y de ver nada. .Ch "El sello Arunaeh" .\" 27/08/2019 .Bcita El Datsu es como una madre: te ama sin condición. .Ecita .autor-cita Yodah Arunaeh .salto Estaba cayendo en un agujero sin fondo e iba soltando mi órica para ralentizar mi caída mientras veía aparecer figuras fantasmagóricas que flotaban en el aire. .P Una era la de Draken. Mi profesor de caéldrico me soltaba una frase en la vieja lengua con un acento perfecto. Pero yo no le entendía. Seguía bajando. Me encontré con mi prima Alissa que me miraba, como muchos, sin decir nada. Estaba hasta el gato Ciclón de la isla de Taey observándome con sus ojos violetas. La caída era interminable. En un momento, Lústogan apareció y me tendió el diamante de Kron. ¿Todavía no lo has destruido?, me preguntaba. Y yo le decía: pues claro que sí, ¿no lo ves? El diamante se volvía polvo y, para horror mío, mi hermano se esfumaba con él. .D .Bdia ¡Lúst! .Edia grité. .P Me contestó su voz regañándome: no te desconcentres. De nada servía tratar de buscar algo en esa oscuridad. Seguí el consejo y ralenticé de nuevo mi caída, aunque ya no sabía muy bien por qué pues, si la caída era interminable, no habría nunca ningún impacto. Por lo tanto la velocidad no importaba, ¿no? .P Cuando me encontré con Yánika, frené todo lo que pude con mi órica. No iba sola. Yodah la tenía abrazada por detrás y decía: la protejo con mi vida, palabra de Arunaeh. Y ella decía: ¡estoy bien, hermano, pero no te alejes! Yo intentaba no alejarme. Trataba de usar mi órica para volver a ella. Tendía mi mano y veía la suya, también tendida hacia mí, que se iba alejando a medida que yo caía, lejos, muy lejos de ella. Pese a mis esfuerzos, caía. Pese a mi voluntad, caía. Porque mi voluntad era también la justa, como todo. Mi Datsu me invitaba a no temer y a detener la caída ante todo. Pero yo no era lo bastante poderoso. .P Al cabo, el aire se hizo cálido, me rodeó una luz cegadora y creí haber caído en un lago de lava candente. Oí gritos. Y la voz de Kala que rugía de terror: .P .Bdm ¡Despierta, Drey, estamos en el infierno! .Edm .P Abrí los ojos y estos me picaron enseguida. Mis pulmones me ardían y mi cuerpo se movió solo, rodó sobre sí mismo, cayó del jergón donde me habían puesto y se convulsionó en un ataque de tos. Pero el aire estaba cargado de humo. En el cuarto, no se veía nada. Espabilando del todo, me tiré completamente al suelo y me dediqué a retener el aire limpio contra mi rostro lo mejor posible. Diablos, ¿un incendio? Tenía toda la pinta, aunque de momento en el cuarto donde me habían dejado los vampiros sólo había entrado el humo ardiente. Pero si no salía de ahí rápido, Kala y yo moriríamos asfixiados. .P Oí el ruido de una llave girando en una cerradura y sentí de pronto una corriente de aire quemante. La puerta estaba a mi izquierda. Unos pasos precipitados se acercaron y, cuando vi aparecer la silueta junto a mí, la reconocí. Llevaba un pañuelo que cubría la mitad del rostro y una capucha mojada para protegerse del fuego, pero advertí la cicatriz característica entre las cejas inhabitualmente pobladas para un vampiro. Era Limbel. .P Me agarró y me puso una máscara. ¿Una máscara de destructor?, me sorprendí. Era la mía. Me levanté como pude sin pronunciar palabra y los dos nos apresuramos hacia la salida. Ahí, era aún peor. De verdad parecía que estábamos en el infierno. Pero esta vez Kala estaba decidido a salir de él sin flaquear y nuestros movimientos se acompasaban. Estábamos pasando ante una puerta en llamas, cuando Limbel se puso a toser agarrándose el pecho con una mano como si se lo hubiese abrasado. Lo habíamos dejado atrás unos metros y lo miré con lástima… pero no podía hacer nada. El fuego podía invadir el corredor en cualquier momento y… .P Mi cuerpo se movió solo, mis brazos agarraron a Limbel y yo parpadeé incrédulo mientras Kala arrastraba al vampiro por el pasillo. No era razonable, estaba salvando a un vampiro al que apenas conocía arriesgando mi vida… Pero a Kala, por lo visto, poco le importaba. Estaba decidido, y no lo distraje. .P El suelo de aquella casa estaba cubierto de madera y las llamas lamían las tablas ganando terreno con rapidez. Mandé una alfombra volar sobre una puerta incendiada para tratar de quitarle oxígeno al fuego y conseguimos franquearla. Aun así, no tenía claro que fuéramos a salir con vida. Estábamos perdiendo fuerzas. Mis ojos apenas lograban quedarse abiertos. Y mi órica no podía más que empeorar el fuego apartando temporalmente las llamas para que volvieran con más fuerza… .P Pese a que los vampiros no eran nunca gordos ni muy pesados, Limbel me parecía pesar cada vez más y, tras una vacilación, solté: .P .Bdm Kala. Agárralo y súbetelo. Te ayudaré a llevarlo. .Edm .P El Pixie me hizo caso sin protestar y traté de aligerar nuestro paso reduciendo el peso de nuestra carga con órica. No tenía ni idea de hacia dónde tenía que dirigirme para salir de ahí y Limbel estaba, por lo visto, inconsciente o demasiado asfixiado para hablar. ¿En serio se había metido en ese lugar para sacarme vivo de ahí? Pensándolo mejor, me alegraba de que Kala hubiese retrocedido para salvarlo. Si es que lográbamos salvarnos… .P Reconocí la puerta de entrada gracias al movimiento del aire y gracias a los gritos de los vampiros. .P .Bdm ¡La salida! .Edm gritó Kala. .P Esperé que no se emocionase demasiado y perdiera el equilibrio en el último momento. Salimos por la puerta de entrada apartando las llamas y tan rápido como pudimos. La calle estaba llena de vampiros, algunos intentando apagar el fuego, otros ocupándose de los que sufrían de asfixia o quemaduras, y… hasta había saijits, me percaté. Dos vampiros me ayudaron a bajar a Limbel y se lo llevaron donde los demás heridos mientras mis ojos observaban el pequeño círculo de saijits que tosían o miraban con horror sus propias quemaduras. Ese edificio… Me giré hacia la casa en llamas. Humaredas de humo negro salían por las puertas y ventanas. .P Mar-háï. Ahora lo entendía. .P El clan de vampiros había ocupado Loeria desde hacía apenas unas semanas. Tomando en cuenta que este no parecía llegar a cien miembros y que un vampiro no necesitaba beber ni mucho menos todos los días, beber la sangre de doscientos saijits en unas semanas hubiera sido simplemente un derroche. Tal vez incluso les hubiera dado un atracón. Así que los habían encerrado en ese lugar con intenciones de beberlos poco a poco. Pero la sangre carbonizada de poco les valía. .P No todos los saijits estaban en tan mal estado como para no tratar de salir corriendo, me fijé. Algunos vampiros habían atrapado algunos pero otros seguían corriendo por la calle. Tocaba escabullirse con ellos, decidí. Me moví entre los vampiros y, en cuanto salí de entre la agitación, eché a correr por la calle principal, tosiendo como un condenado. .P .Bdm ¿Crees que no nos van a ver? .Edm dudó Kala. .P .Bdm ¿Prefieres quedarte quieto? .Edm repliqué. .P No tenía una mejor idea que seguir a los loerianos. Ellos sabían mejor que nadie dónde estaba la salida de su pueblo. Estaba por buen camino y acababa de avistar la gran puerta de dos batientes incrustada entre la roca cuando uno de los vampiros que perseguían a los loerianos en fuga se giró de pronto, me vio a un escaso metro, y me hizo una zancadilla… que evité con una ráfaga de viento. Lo hice rotar. Y me di cuenta con asombro de que mi tallo energético estaba muy consumido. ¿Tan malos habían sido mis sortilegios para repeler las llamas? No. Estaba seguro de haber usado mi órica sin malgastarla. Entonces, ¿cómo…? .P .Bdm Tu sueño, .Edm explicó Kala. .Bdm Estabas usando órica cuando he despertado. Parecías llevar horas así soñando bobadas. .Edm .P Diablos, ¿ahora sabía leer mis pensamientos o qué? Tosí pero traté de acelerar el ritmo mientras maldecía mi órica traicionera. ¿Desde cuándo un destructor usaba su órica dormido? Que me pasara cada vez más a menudo era una manía bastante problemática. .P Empujé al vampiro que me perseguía con otra ráfaga órica y avisé, sin aliento: .P .Bdm Otra ráfaga y me quedo sin tallo. .Edm .P De pronto, caí. No fue por el vampiro, sino por una piedra mal colocada en el camino. Tosí estruendosamente. Miré hacia atrás y… vi al vampiro armado con un bastón metálico listo para propinarme un golpe en la cabeza. Un golpe que iba a ser indudablemente mortal incluso a través de mi máscara. .D .Bdia ¡Espera! .Edia exclamé cubriéndome instintivamente con los brazos. .Bdia ¡Soy…! .Edia .P El bastón se movió e iba a soltar mi último sortilegio cuando Kala, aterrado, se precipitó y lo soltó antes con toda la fuerza que pudo. El sortilegio se deshilachó en una brisa ligera, tan patética que hubiera sido cómica si mi vida no hubiera dependido de ella. .P .Bdm Por piedad, Kala… .Edm suspiré, esperando mi muerte. .P Oí un sonido sordo y otro metálico. Abrí un ojo para constatar con sorpresa que el vampiro había caído en plena calle, golpeado por detrás por un loeriano forzudo que se agachó enseguida para recoger el bastón. .D .Bdia No sé quién eres, pero corre si quieres vivir, .Edia me dijo. .P Asentí y me levanté siguiendo a mi salvador. En la puerta, varias decenas de loerianos habían sido detenidos por las lanzas de unos vampiros y se agitaban con pánico. Mi salvador se adelantó con el bastón rugiendo: .D .Bdia ¡A por ellos! .Edia .P Extrañamente, el miedo paralizante desapareció en los rostros, reemplazado por un miedo rabioso, ese miedo innato más instintivo que permite enfrentarse a cualquier cosa en busca de un pequeño rayo de esperanza. Ante la turba, los vampiros retrocedieron y fueron barridos. Las puertas estaban cerradas con cadenas y el loeriano forzudo que me había salvado antes se puso a darles golpes fuertes. Me adelanté alzando una mano. .D .Bdia Un momento, .Edia dije con voz ronca. .P Lo sorprendí lo suficiente como para detenerlo, agarré las cadenas con una mano y, antes de que a nadie se le ocurriese preguntarme qué demonios estaba haciendo, las estallé. La moral subió como una flecha, cosa mala para mí pues los loerianos, frenéticos, me aplastaron casi para retirar las cadenas y empujar un batiente. Al de unos instantes, me quedé solo, con tres vampiros en el suelo y dos que trataban de sacar unas lanzas que atravesaban los cuerpos de dos saijits. Pese a tener armas, no eran precisamente grandes guerreros, entendí mientras recuperaba difícilmente el aliento. .P Entonces, vi a dos buenas decenas de vampiros que se acercaban corriendo hacia la puerta, armados no solamente con lanzas y arcos, sino también con espadas. Advertí los ojos de un vampiro posados sobre mí y Kala se impulsó hacia el batiente abierto. Pero no íbamos a poder ir muy lejos en ese estado. .P .Bdm Detente, Kala, .Edm lancé. .P Me detuve yo y me giré posando una mano en la roca en la que se enmarcaba la puerta del pueblo. Grité: .D .Bdia ¡Deteneos si no queréis que mande abajo toda la cueva! ¡Soy destructor! .Edia .P Vi al vampiro más cercano vacilar, pero otros siguieron corriendo. Siseé e hice estallar un pedazo de roca elocuentemente. .D .Bdia ¡La haré estallar entera! .Edia avisé. .P El grupo, que ya había alcanzado casi la puerta, me oyó bien y ralentizó hasta que un vampiro entre ellos alzó la mano para detenerlos. Era Dakoz, el ajrob del clan, y el nieto del Príncipe Anciano. Sus ojos claros, uno azul y otro violeta, me atravesaron. .D .Bdia ¿Estallar la cueva? .Edia dijo. .P Alzando aún la mano, avanzó unos pasos, descollándose de los demás. Su abrianés era claro, con un ligero acento de Dágovil. Gruñó algo y unos vampiros se acercaron a los tres que seguían en el suelo. Dos se habían enderezado, apenas heridos, pero otro estaba inmóvil. Ladró una pregunta. Diablos… .P .Bdm Nos está ignorando, .Edm se irritó Kala. .Bdm ¿No sería mejor correr? .Edm .P .Bdm Sé realista, Kala: apenas logramos respirar. Nos atraparían en nada de tiempo. Además, .Edm añadí con tono dramático, .Bdm alguien tiene que ganar tiempo para los loerianos que se han fugado. .Edm .P .Bdm ¿Te haces el héroe ahora? .Edm me increpó el Pixie. .Bdm ¡Antes ibas a dejar a Limbel atrás! .Edm .P No repliqué. Por lo visto, para él, no había mucha diferencia entre salvar la vida de un vampiro o la de un saijit. Tal vez no la había. Cuando vi al vampiro que examinaba al que estaba inmóvil asentir con la cabeza con expresión aliviada, entendí que este seguía vivo. Dakoz se giró otra vez hacia mí, observó con calma mi mano posada sobre la roca y lo oí suspirar. .D .Bdia Puedes dejar de fingir, saijit. No eres capaz de hacer estallar toda la cueva en un instante. Sé de lo que son capaces los destructores. Este arquero, .Edia lo señaló, .Bdia te mataría antes de que hicieras realmente nada. .Edia .P Attah. Tras un silencio, me dio un ataque de tos y me doblegué, apoyándome pesadamente contra la roca. Una huida fallida más, pensé. Iba a caer otra vez en manos de los vampiros y… Espera, me dije. Si sabían que fingía, ¿por qué no habían salido enseguida a por la sangre saijit descarriada? .D .Bdia ¿Por qué? .Edia pregunté con un hilo de voz. .Bdia No los perseguís. ¿Por qué? .Edia .P Tosí con la respiración ronca. Dakoz no se dignó a contestarme. O pensé que no lo haría pero, cuando me agarraron y me hicieron pasar el umbral de vuelta a Loeria, aclaró: .D .Bdia Allá afuera se está volviendo particularmente peligroso. Una persecución podría ser contraproducente. Tus congéneres… .Edia Lanzó una mirada a mis tatuajes y mi piel gris y rectificó: .Bdia Esos saijits se toparán con los Shigan. Últimamente han dejado de capturar y matan, se diría, por placer. No les doy más que unas horas de vida. .Edia .P No dijo más, pero ya era mucho para alguien que no había pronunciado una sola palabra en abrianés el día anterior. Algo en su manera de ser me inspiraba más confianza que el Príncipe Anciano. Los Shigan, me repetí. Así llamaban los vampiros a los Ojos Blancos, los dokohis. Ciertamente, no sabía qué futuro era mejor, si morir desangrado o morir a manos de unos espectros-saijits obnubilados por un odio programado. Mientras me guiaban por la calle principal, protesté: .D .Bdia ¿Por qué no los avisáis? Necesitáis sangre, ¿no? ¿Por qué no negociáis y…? .Edia .D .Bdia Los atacamos, .Edia me cortó Dakoz, deteniéndose y girándose hacia mí. .Bdia Matamos a gente de su pueblo. ¿Crees que serán capaces de perdonar? .Edia .P Lo preguntaba sin una pizca de burla, sin una pizca de ironía. Su pregunta era grave y llena de experiencia personal. Fui incapaz de contestarle. .P Me llevaron a la casa de muros gruesos y pude constatar que el fuego de la casa incendiada, no muy lejana, había sido apagado. Pero el humo seguía flotando en el aire viciado de la cueva y todos los vampiros se habían colocado un pañuelo mojado en el rostro. Dakoz se detuvo ante la puerta de la casa preguntando: .D .Bdia Di, Arunaeh. ¿No serías capaz de echar todo este humo fuera? .Edia .P Enarqué una ceja y lo miré con curiosidad. .D .Bdia ¿Por qué lo haría? .Edia No contestó e hice una mueca confesando: .Bdia Consumí mi tallo energético. No puedo mover tanto aire ahora. .Edia .P Dakoz asintió para sí con lentitud. .D .Bdia Lástima. .Edia .P Hizo un ademán y gruñó unas órdenes. .salto Momentos después, estaba sentado a una mesilla baja con un plato lleno de cereales y un vaso de agua. Me habían dejado dos vampiros de vigilantes, a los cuales se acababa de unir Waïspo, el que llevaba gafas y leía a Moa. Mientras dejaba a Kala masticar y beber con ansia, observé a Waïspo sentado enfrente con un libro en la mano. Este se titulaba .Sm -t titulo Memorias y consejos de una agente entre saijits . Advirtiendo mi mirada, Waïspo sonrió. .D .Bdia Radjini, .Edia dijo, .Bdia fue una agente secreto vampira que vivió más de la mitad de su vida entre saijits. .Edia .P Kala hizo una mueca de desinterés y tragó su última cucharada, levantó el plato y atrapó con la lengua los últimos granos de cereales. Me reí mentalmente: .P .Bdm Eso no se hace en Dágovil, Kala. Pareces un hawi. .Edm .P .Bdm Tú ríete, .Edm replicó Kala. .Bdm Estoy cuidando el cuerpo y la más mínima gota de aceite cuenta. .Edm .P .Bdm ¿Aceite? Esos son cereales. .Edm .P .Bdm Lo mismo. .Edm .P Puse los ojos en blanco y, cuando Kala terminó de tragar, dije: .D .Bdia Perdón, pero cuando Kala está comiendo no hay quien lo interrumpa. ¿Así que tenéis agentes vampiros en ciudades saijits? .Edia .P Waïspo me tendió el libro. .D .Bdia Mira por ti mismo. La inscripción de la primera página. .Edia .P Curioso, miré y observé la firma, elegante, metida en un rombo rojo. Fruncí el ceño… y de pronto jadeé. .D .Bdia ¿Qué hace aquí el sello de Sirigasa Moa? .Edia .P Waïspo enseñó sus dos colmillos, divertido, y retomó el libro diciendo: .D .Bdia Me halaga que seas capaz de reconocer el sello de mi abuela. Sirigasa Moa y Radjini fueron una misma persona, .Edia confirmó ante mis ojos atónitos. .P Sirigasa Moa, la autora de libros de aventuras de humor y romance, ¿era una agente vampira? Y más que eso… ¿era la abuela de Waïspo? Recordé cómo, en el valle de Skabra, le había recomendado los libros y cómo Waïspo había sonreído. Era un gran fan de Moa, había dicho. ¡Un gran fan de su abuela! .D .Bdia Attah, .Edia dejé escapar. .Bdia ¿En serio? .Edia .P Waïspo se echó a reír. .D .Bdia ¡Perdón por no habértelo dicho antes! Ahora mi abuela ha dejado su trabajo de agente secreto pero… pensé que esto podría cambiar tu opinión sobre nosotros. Aunque, .Edia agregó ante mi mueca sorprendida, .Bdia tal vez ya haya cambiado. Al fin y al cabo… le has salvado la vida a Limbel. .Edia .P Sus gafas destellaron, rojizas, a la luz de la linterna. Murmuró: .D .Bdia Limbel es como un hermano para mí. Es un gran líder y un vampiro al que admiro. Se metió en esa casa en llamas conociendo los riesgos, sólo porque sabía que el Príncipe Anciano no quería verte muerto. Sin embargo, al final, fuiste tú quien lo salvaste. Darte las gracias a la manera de los vampiros tal vez te asustaría, así que lo haré a vuestra manera. .Edia .P Los dos vampiros vigilantes vieron con sorpresa a Waïspo inclinarse hacia mí. .D .Bdia Gracias por salvar a Limbel. .Edia .P Parpadeé. Y Kala sonrió anchamente diciendo: .D .Bdia De nada, fue un impulso. Me intriga… ¿cómo se dan las gracias los vampiros? .Edia .P Waïspo se enderezó con un rostro pálido risueño. .D .Bdia Hay diversas maneras. Si quieres dar las gracias por un pequeño favor, puedes regalar cualquier objeto que te sea algo preciado. Si es por un gran favor, puedes prometer alguna presa con sangre de buena calidad o dedicarle tiempo de lealtad a través de un juramento. Si es por algo tan importante como que te han salvado la vida o se la han salvado a un ser querido… siempre se jura eterna amistad a través de un pacto de sangre. .Edia .P Kala tragó saliva. .D .Bdia ¿Un pacto de sangre? .Edia .P No sé en qué estaría pensando, pero sin duda alguna no era lo que Waïspo explicó: .D .Bdia Un pacto boca a boca. El salvador acepta la sangre cazada que el salvado ha ingurgitado y viceversa. Así alimentan los padres a sus recién nacidos y así se crean los lazos familiares. El salvador recibe apoyo y lealtad a cambio de tratar a su seguidor con amistad. De esta forma se crearon los clanes de vampiros, y así se siguen creando. Yo juré lealtad a Limbel, y él la juró antes al Príncipe Anciano. .Edia .P Kala parecía aliviado y para nada asqueado. En cuanto a mí… no sabía qué pensar. Solamente imaginarme a dos vampiros compartiendo sangre a través de un beso de eterna amistad me recordaba cuán diferentes eran esas criaturas de los saijits y a la vez cuán semejantes. Tenían la misma ansia de crear vínculos, juramentos y familias. Y podían llegar a tener una misma forma de pensar. Sirigasa Moa me lo había demostrado en sus libros. .P Tras estar unos instantes observándonos, esbocé una sonrisa. .D .Bdia De modo que Sirigasa Moa es abuela tuya. ¿Se encuentra bien? .Edia .D .Bdia Estupendamente, .Edia afirmó Waïspo con ligereza. .Bdia Te pediré que no vayas diciendo por ahí que es una vampira o quemarán sus libros. .Edia .D .Bdia Ni una palabra, promesa de Arunaeh, .Edia aseguré alzando el puño. .D .Bdia Si quieres te la presentaré en cuanto se calme la situación, .Edia dijo Waïspo. .P Agrandé los ojos. Así que Sirigasa Moa estaba en Loeria. Fruncí el ceño. .D .Bdia Ese fuego… ¿Fue un accidente? .Edia .D .Bdia No, .Edia admitió Waïspo ensombreciéndose mientras hojeaba el libro. .Bdia Al parecer uno de los saijits encerrados perdió la cabeza e intentó quemar a todo su pueblo vivo para que no los desangrásemos. Mi abuela me contó muchas creencias saijits acerca de los vampiros. ¿Sabías que algunos creen que nuestras mordeduras envenenan no solo la sangre de la víctima sino también la de toda la familia? Envenenamos sus almas. .Edia Meneó la cabeza. .Bdia No logro reírme de ello porque nosotros también tenemos creencias absurdas sobre los saijits. Como, por ejemplo, que beber la sangre de una joven humana rubia y virgen permite alcanzar la sabiduría y respuestas a incógnitas como la vida y la muerte. .Edia Alzó unos ojos burlones hacia mí. .Bdia Mi abuela escribió un libro sobre las creencias de ambas especies, con la esperanza de que los saijits y los vampiros aprendiesen a conocerse. Pero al final no lo publicó. Cuando le pregunté por la razón, me dijo: si los saijits no se llevan bien entre ellos, ¿cómo van a llevarse bien con nosotros? .Edia .P Alzaba un índice mientras citaba las palabras de su abuela. Orih había dicho que tenía pintas de bibliotecario… A mí me recordaba a un sacerdote warí. Le devolví una mirada escéptica. .D .Bdia ¿Los vampiros os lleváis siempre bien entre vosotros? .Edia .P Waïspo sonrió. .D .Bdia No, .Edia admitió. .Bdia Pero nos matamos menos. .Edia .P Se entendía: su población era mucho menor que la de los saijits. Alguien llamó a la puerta y Waïspo se levantó añadiendo con sinceridad: .D .Bdia Eso sí, si fuéramos tan numerosos como vosotros, quién sabe lo que pasaría. .Edia .P Fue a abrir la puerta y vi aparecer a Limbel. Su piel estaba menos pálida de lo acostumbrado y, por un momento, pensé que se había quemado. Cuando se aproximó, entendí que no era el caso: debía de haber bebido mucha sangre para reponerse, eso era todo. Bajo su mirada grave, Kala se levantó, sobrecogido. Nos observamos unos instantes que me parecieron interminables, sobre todo cuando Kala murmuró: .P .Bdm ¿Crees que nos va a hacer un pacto de sangre? .Edm .P Resoplé, incrédulo, sintiendo su corazón latir más rápido. ¿Estaba acaso emocionado por la perspectiva? Limbel soltó entonces sin desviar los ojos de los míos: .D .Bdia Drey Arunaeh. Me has salvado la vida. Y yo te la he salvado a ti. Pero no podemos estar en paz. No mientras siga un alma en tu cuerpo queriendo matar al Príncipe Anciano. .Edia .P Hubo un silencio. Junto a la puerta, Waïspo puso cara molesta. Me mofé para mis adentros: .P .Bdm ¿Decepcionado de que no te bese el vampiro? .Edm .P Kala masculló con exasperación: .P .Bdm No te burles. El primer ser vivo en besarme en este cuerpo será Rao. Así lo he decidido. .Edm .P Sonreí ante su tono ferviente y dije en voz alta: .D .Bdia Gracias, Limbel. Kala sigue creyendo que el Príncipe Anciano mató espiritualmente a su padre y me temo que la paz entre nosotros va a tener que esperar pero… que sepas que quien decidió salvarte fue Kala. Yo sólo ayudé. No estoy acostumbrado a tomar tan rápido una decisión que reduzca tan drásticamente mi probabilidad de supervivencia. .Edia .D .Bdia Hablas tan raro a veces que me das mareos, .Edia graznó Kala, robándome el cuerpo. E hinchó el pecho añadiendo para Limbel: .Bdia Te salvé porque me apetecía. Ni se te ocurra darme sangre ingurgitada, sucio saijit. Los Pixies se agradecen de otra manera. Te lo mostraré, .Edia dijo. .P Se adelantó y, sin miedo alguno, envolvió al serio vampiro con nuestros brazos y lo apretujó. Me dejó atónito. Pero, a Limbel, lo dejó todavía más anonadado. Waïspo reprimió mal una carcajada. En cambio, los dos vigilantes se rieron bien alto hablando en su idioma. Murmuré: .D .Bdia Ese es… Kala, no yo. .Edia .P Me parecía importante apuntarlo. Cuando Kala soltó a Limbel, este tenía la cara todavía más rosácea que antes. Ladró algo a los vigilantes para acallarlos y se giró hacia la puerta diciendo dignamente: .D .Bdia Esta tarde, el Príncipe Anciano te hará llamar. Hasta entonces, descansad y no arméis jaleos. .Edia .P Era la primera vez que alguien nos hablaba en plural tan naturalmente. Justo antes de cerrar la puerta, creí ver una leve sonrisa en sus labios. Suspiré. Kala era un maestro haciendo el ridículo. Pero a veces surtía un buen efecto. .P En las horas siguientes, me dediqué a leer el libro de Radjini, alias Sirigasa Moa. Se lo pedí prestado a Waïspo y él me lo dejó encantado. Comenzaba hablando de los gestos y conductas que delataban a los vampiros y que había que evitar para ser un buen agente secreto. Me enteré de que Radjini había sido capaz de infiltrar hasta el círculo de artistas más importante de Dágovil, que había conversado con gente perteneciente al Gremio y que había recibido varios premios, todo para sacar la máxima información posible de las actuaciones de los dagovileses. He de confesar que me decepcionó un poco saber que había desarrollado tantas técnicas para engañar a los saijits. Sin embargo, al mismo tiempo, Radjini se decía seducida por ellos hasta tal punto que había llegado a dudar de que fuera necesario seguir engañando a sus seres saijits más queridos… La vida de agente secreto era dura, me percaté. Mentalmente bastante más dura que la de destructor. Pero tal vez no tanto como la de inquisidor. .P Debía de llevar unas cuatro horas leyendo cuando regresó Waïspo con un cuenco lleno de bayas y un plato con un líquido rojo. .D .Bdia Sopa de sangre. De aórgona, .Edia especificó. .Bdia Es una especialidad de este clan. En mi opinión, sabe mejor con sangre de corriacero, pero mi abuela dice que es tóxica para los saijits. Prueba, .Edia me animó. .P El vampiro estaba ansioso por ver qué tal me parecía y acepté la cuchara desatando mi Datsu para evitar poner caras raras. Kala no se mareó, probablemente porque no era sangre saijit. Probé, y tragué. .D .Bdia Attah, .Edia me sorprendí. .Bdia Está rico. ¿La ha hecho tu abuela? .Edia .P Los ojos oscuros de Waïspo sonrieron, complacidos. .D .Bdia No. La he hecho yo. .Edia .Ch "La esperanza" .\" 30/08/2019 .Bcita Los saijits dejan de vivir cuando se dan cuenta de que ya han vivido. .Ecita .autor-cita Sirigasa Moa, El dragón equivocó su presa .salto No pude ver a la abuela de Waïspo porque los vigilantes tenían orden de no dejarme salir y la abuela no quería moverse de su casa. Así que pasé las horas siguientes charlando con su nieto de sus libros, de los saijits y vampiros, de todo y de nada; Kala se animó al principio hasta que protestó diciendo que él no entendía de qué estábamos hablando. .D .Bdia Hablemos de otros libros, entonces, .Edia propuso Waïspo. .Bdia ¿Qué libros has leído, Kala? .Edia .P El Pixie se quedó un instante pensativo. Ninguno, pensé. No había leído ninguno. Y, sin embargo, Kala seguía cavilando hasta que declaró: .D .Bdia Una vez, en la Superficie, Lotus nos propuso enseñarnos a leer. Rao aprendió. Pero yo no pude. .Edia .P Waïspo parpadeó. .D .Bdia ¿No pudiste? .Edia .P Kala se encogió de hombros. .D .Bdia Lo intenté, pero no pude. Jiyari tenía problemas también, pero era diferente. Él se quedaba dormido y lo olvidaba todo. Yo… veo las letras, las conozco, veo lo mismo que Drey, pero no entiendo las palabras. ¿Por qué me miras así? .Edia gruñó. .Bdia Lotus dijo que no era nada grave. .Edia .P El vampiro alzó las manos con cara de disculpa. .D .Bdia Claro. No es nada grave. ¿Supongo… que algo tendrá que ver con los experimentos? .Edia .P Me miraba a mí. Nos miraba a ambos, porque teníamos el mismo cuerpo, pero por alguna razón supe que me miraba a mí. Asentí. .D .Bdia Probablemente. .Edia .P De nuevo, alguien llamó a la puerta, pero esta vez no sólo estaba Limbel. Entró el Príncipe Anciano con su séquito. Había notado más movimiento en los pasillos desde hacía un rato. ¿Estarían preparando algo? Sólo esperaba que no fuera un festín de sangre saijit… .P Traté de no mirar al Príncipe Anciano para tranquilizar a Kala. Limbel se adelantó y dejó caer un saco a mis pies. Era mi mochila. Alcé la mirada, esperanzado. .D .Bdia ¿Me liberáis? .Edia .P El Príncipe Anciano asintió con las manos detrás de la espalda: .D .Bdia Pensaba compartir más charlas contigo, pero no me habías dicho que tus compañeros andarían buscándote con tanto ahínco. .Edia .P Agrandé los ojos como platos. ¿Mis compañeros? .D .Bdia Están fuera de las puertas de Loeria, .Edia explicó el Príncipe Anciano. .Bdia Y son una treintena, todos bien armados, pidiendo que te liberemos. He cruzado unas palabras con el hijo-heredero de tu clan. Parece ser un tipo razonable. .Edia .P Como todos los Arunaeh, quise decirle. Resoplé interiormente. Una treintena de gente armada… Pues sí que habían pasado cosas mientras yo discutía sobre literatura. .P Me agaché y revisé mis pertenencias. No estaba mi camisa ni mi chaleco. Esos los habían abandonado los cazadores en la caverna de la aórgona tras registrarme. Donde yo mismo había dejado mi diamante de Kron. El resto, sin embargo, estaba ahí, incluido el cuaderno de Yánika. Me puse el colgante del Templo del Viento alrededor del cuello así como el anillo de Nashtag en mi mano derecha. Metía la máscara en la mochila cuando el Príncipe Anciano interrogó con calma: .D .Bdia ¿No te preocupas por los loerianos que siguen en el pueblo? .Edia .P Suspendí mi movimiento y alcé la vista con cara fruncida. .D .Bdia ¿Vais a matarlos? .Edia .P El Príncipe Anciano se encogió de hombros. .D .Bdia Eso lo decide mi nieto. El ajrob decidió mantenerlos con vida hasta que cambiemos de lugar. Entonces, los loerianos recuperarán su pueblo. .Edia .P Y poco a poco recuperarían la sangre perdida, completé. Pero no recuperarían a los loerianos muertos. No comenté nada y me levanté poniéndome la mochila a cuestas. Salimos todos de la casa y caminamos por la calle principal. Vi los ojos de los vampiros del clan seguir la pequeña procesión. Tres niños que jugaban a un lado se levantaron y uno clamó en abrianés: .D .Bdia ¡Es el Pixie de acero! .Edia .P Los otros dos se emocionaron enseñando sus colmillos y repitieron en coro siguiendo la procesión: .D .Bdia ¡Es el Pixie de acero! ¡El Pixie de acero! .Edia .P El primero quiso aproximarse y, pese a que Waïspo lo detuvo con una mano paciente, llegó a tocarme con un dedo el brazo gris cubierto de tatuajes. Exclamó algo sorprendido en su lengua. Sin dejar de avanzar, Waïspo resopló: .D .Bdia Pues claro que está caliente: resucitó y ahora tiene sangre. .Edia .D .Bdia ¡Tiene sangre! .Edia repitió el niño vampiro. .P Parecía que le extrañaba más que tuviera sangre que que hubiese resucitado. Alcanzamos las puertas y me detuve mientras los vampiros abrían un batiente. Eché un vistazo al Príncipe Anciano, fielmente rodeado, y a Dakoz, que escuchaba el informe de uno de sus hombres, algo más lejos. .D .Bdia Me pediste que te contara mi pasado, abuelo, .Edia dije sin mirarlo. .Bdia Lo resumiré en una frase: soy un Arunaeh destructor que sigue el camino de Sheyra. .Edia Marqué una pausa. .Bdia ¿Puedo hacerte una pregunta? .Edia .D .Bdia A cambio, te haré otra yo, .Edia me previno, burlón, el Príncipe Anciano. .P Me giré hacia él sin mirarlo a los ojos. Había entendido que el contacto visual con el viejo vampiro empeoraba el estado de ánimo de Kala. .D .Bdia Los collares de los dokohis… ¿estás seguro de que los hizo Lotus? .Edia .P De reojo vi al Príncipe Anciano enarcar unas cejas blancas. La estrella negra de tres puntas en su frente se arrugó. .D .Bdia ¿Kala no está seguro? Mm… El propio Lotus me confesó que él había inventado el mecanismo. No sé si fue él el que fabricó todos los collares, pero trabajaba para los celmistas de la Contra-Balanza sabiendo para qué usaban sus técnicas… La realidad, Kala, hay que mirarla con los ojos abiertos. .Edia .P Noté la turbación de Kala. Hice una mueca y añadí: .D .Bdia ¿Sabes, anciano? Me molesta no conocer tus intenciones acerca de los Pixies. .Edia .P El Príncipe Anciano sonrió con esa sonrisa misteriosa que parecía saberlo todo. .D .Bdia He decidido que no iba a entrometerme contigo. Mientras Zyro y sus Shigan no se conviertan en tus aliados… podremos seguir hablando amigablemente, espero. .Edia .P Echó un vistazo más allá de la puerta y dio media vuelta añadiendo: .D .Bdia Y aquí va mi pregunta. ¿Hasta qué punto, Drey Arunaeh, estás dispuesto a compartir el destino de Kala? .Edia .P Se alejó con su séquito sin esperar mi respuesta. Porque esa respuesta sólo me incumbía a mí. .D .Bdia La puerta está abierta. .Edia .P Me sobresalté y me giré hacia Dakoz. El ajrob se había acercado a mí y me miraba, expectante. No supe muy bien si agradecerle la hospitalidad, dado que me había atrapado creyendo que era un demonio y habían usado mi sangre como regalo de cumpleaños pero… me incliné. .D .Bdia Hasta la vista, ajrob. .Edia .D .Bdia Mm… Espera. Antes, por favor, extiende el brazo. .Edia Lo miré y él explicó: .Bdia Sólo un vaso, y te dejaré tranquilo. Mi hijo tiene apenas dos meses de edad, tiene una sed insaciable y una sangre como la tuya lo volverá fuerte. Piensa que podrías haber salido peor parado, Pixie. Tu regalo me honrará. .Edia .P Mar-háï… Alcé los ojos hacia el techo y tendí la mano. El ajrob sonrió. Era la primera vez que lo veía sonreír así. Cuando se llenó el pequeño vaso, lancé: .D .Bdia Que le aproveche a tu hijo. .Edia .P Y me alejé, acercándome a la puerta. Eché un último vistazo a los vampiros y crucé el umbral. La caverna estaba apenas iluminada por alguna piedra luminosa incrustada en el suelo y al principio no vi a nadie. ¿Nos habrían engañado? No tendría sentido mandarnos fuera a morir a mano de los dokohis: eso hubiera sido echar a perder mi sangre. .P Entonces, avisté un movimiento entre las rocas. Un vampiro. Un centinela, entendí. Agazapado en su escondite, me miró pasar sin pestañear. Vi el brillo de sus ojos que me seguían hasta que lo perdí de vista. Saqué la piedra de luna. Antes siquiera de acostumbrarme a la luz tenue y azulada, oí un grito. .D .Bdia ¡Hermano! .Edia .P Mi corazón dio un bote y miré hacia mi izquierda. Ahí, entre varias estalagmitas alumbradas por pequeños guijarros luminosos, había un grupo de no menos de treinta personas, como bien me había informado el Príncipe Anciano. Vi a Yodah levantarse y tender una mano hacia Yánika para impedir que corriera hacia mí. Fruncí el ceño y me acerqué, analizando la situación. .P .Bdm ¿Quiénes son esos? .Edm preguntó Kala. .P .Bdm ¿Y cómo voy a saberlo? .Edm repliqué. .P No los conocía. Aun así, debían de ser aliados porque estaban Reik, Yánika, Yodah, y… Cuando vi a una mirol de pelo verde con mechas rojas y a un kadaelfo de pelo azul, jadeé. .D .Bdia ¡Orih! ¿Livon? .Edia .D .Bdia ¡Drey! .Edia exclamó el permutador, sonriente. .Bdia ¡Por mis cabras, estás vivo! .Edia .P Sonreí a mi vez con todos mis dientes. Entonces Livon permutó conmigo y me encontré de súbito en medio de todo el grupo. ¿Qué…? .D .Bdia ¡Hermano! .Edia .P Yánika me abrazó con un aura tan aliviada que me abrumó. La mirol miraba mi torso desnudo con fijeza. .D .Bdia Oye… ¿no estás más decorado que normalmente? .Edia preguntó Orih entornando los ojos. .Bdia Estás raro. .Edia .P Eché un vistazo a mis tatuajes y mi piel gris y confesé: .D .Bdia Un poco. Es una mutación. Attah, es verdad… perdí mi chaleco de destructor cuando los vampiros me registraron, y también tiré mi diamante de Kron. Tendré que ir a recuperarlos. Pero antes… decidme cómo demonios ha pasado todo esto. ¿Quiénes son esos? ¿Y cómo te encontraron? .Edia le pregunté a Orih. .P Livon llegaba corriendo desde el lugar donde me había permutado y aseguró: .D .Bdia Todos estamos bien. Bueno, Naylah ha sido arrestada por los Zombras en la frontera, pero Zélif, Sanay y Sirih están con ella, así que supongo que entre las cuatro arreglarán el problema… ¡No sabes qué lío! .Edia dijo, frenando ante mí. .P Naylah, ¿arrestada por los Zombras? Livon frunció de pronto la nariz y se la tapó. .D .Bdia Diablos, Drey. Hueles que apesta a vampiro. .Edia .P Era cierto. Hasta yo lo olía pese a empezar a acostumbrarme. Pero era difícil acostumbrarse a un olor tan nauseabundo como aquel. Sonreí con ironía. .D .Bdia Pues los vampiros, ellos, no me hacían ascos, .Edia repliqué. .P Yodah se giró hacia mí con una expresión burlona. .D .Bdia Así que chismeando con un viejo vampiro mientras nosotros nos preocupábamos por ti, ¿eh, joven primo? Hasta hemos traído refuerzos para rescatarte. .Edia Ante mi mirada cargada de preguntas, sonrió. .Bdia Será mejor que nos alejemos de aquí antes de dar explicaciones. Gente. Andando. .Edia .P Los saijits desconocidos se levantaron obedientemente. Llevaban armas, pero iban harapientos como mendigos. Permanecieron muy juntos incluso cuando nos metimos en el túnel más próximo, guiados por Yodah. .D .Bdia ¿Estás bien, Drey? .Edia preguntó Yánika. .Bdia ¿Los vampiros…? .Edia .D .Bdia No me hicieron nada, .Edia aseguré. .Bdia Por los dioses, me alegro de que estéis todos vivos. Pero… ¿quiénes son estos? ¿Mercenarios? .Edia pregunté en voz baja. .P Yánika hizo una mueca y, mientras seguíamos andando, murmuró: .D .Bdia Dokohis. .Edia .P Tanto Kala como yo nos quedamos sin habla. Posé una mirada incrédula en los cuellos de los saijits. .P .Sm ¿Dokohis? .salto Llegamos a lo que parecía haber servido de puesto de caza para los loerianos y nos instalamos sobre las tablas de una plataforma mientras Orih y Livon comenzaban a explicarme lo sucedido. .P Lo primero que recordaba Orih después de haber sido envenenada por los dokohis que la tiraron por el Pozo de la Nada era una gran sala llena de saijits encadenados. Había esperado durante largos días su turno para que le colocaran un collar de espectro. .D .Bdia No podía explotar nada habiendo tanto saijit y no pudiendo moverme, .Edia explicó Orih, sentada con las piernas cruzadas. Sus ojos de fuego chispearon. .Bdia Pero, cuando me pusieron el collar, me dejaron libre y olvidaron comprobar que el collar funcionara. De alguna forma… .Edia Desabrochó su chaqueta de lana, desvelando el collar de dokohi que llevaba, pero no fue eso lo que tocó con sus manos: agarró el colgante de plata que le había regalado el abuelo Dalorio de su pueblo de montaraces hacía unos meses. .Bdia Esta reliquia me protegió, .Edia aseguró. .Bdia Tu primo dice que tiene sortilegios bréjicos dentro. .Edia .P Me giré hacia Yodah, sorprendido, y este asintió, como distraído. Livon apoyó alegremente: .D .Bdia Yodah dice que Dalorio no exageró cuando lo llamó reliquia. Al parecer, el espectro del collar no ha logrado ni crear vínculos bréjicos con su mente. Así que, si se lo quitas, no debería ni desmayarse. .Edia .D .Bdia Mis ancestros me protegieron, .Edia concluyó Orih, sin soltar su amuleto. .Bdia Así que yo tomé mi revancha. Robé un anobo y salí cabalgando hacia… Bueno, no sé hacia dónde, al parecer fui hacia el norte. Me perseguían, así que les corté el paso haciendo explotar una caverna entera… Casi me muero, .Edia admitió, alzando su brazo vendado. Prosiguió: .Bdia Me metí en un bosque. Tu primo dice que en el Bosque de Ribol probablemente, puede ser, era un bosque como nunca había visto: denso, oscuro, húmedo, con vida por todas partes. No me faltaba agua, pero tampoco bichos. Habré vivido toda mi infancia en los bosques pero… esto fue diferente. Fue una pesadilla. Mi anobo se quedó atascado por una especie de lodo vivo que lo atrapó y lo mató. .Edia .D .Bdia ¿Lodo vivo? .Edia repetí. Nunca había oído hablar de eso. .D .Bdia Serpientes de lodo, .Edia dejó escapar Yodah. .Bdia Con toda probabilidad. Se enrollan alrededor de las patas, desequilibran su víctima, la tiran al suelo y la matan por asfixia. .Edia .P Kala tragó saliva y yo comenté: .D .Bdia No sabía que fueras un gran conocedor de la fauna de Ribol. .Edia .P El hijo-heredero perdió su expresión absorta y sus ojos negros sonrieron. .D .Bdia No lo soy, pero sé de un criminal que domaba serpientes de lodo para estrangular a sus víctimas dormidas. ¡Hasta les enseñaba a robar las llaves! Era un profesional. Lo llamaban la Serpiente Asesina. Fue famoso. Pocos son los pacientes que me han resistido tanto como esa serpiente. .Edia .P Me giré hacia Yánika. Había temido que al pronunciar la simple palabra «serpiente» se pusiese nerviosa, pero su aura apenas se alteró. ¿Tan buenas eran las lecciones bréjicas que le dispensaba Yodah? ¿O es que había superado su trauma? En cuanto a los demás… Percibí las muecas algo incómodas de Orih y Livon y la expresión mortífera de Reik. Carraspeé. Las fuentes de conocimiento de Yodah eran sin duda especiales. Los Ragasakis iban poco a poco entendiendo a qué clase de familia pertenecían dos de sus miembros… .D .Bdia Ya veo. ¿Cómo saliste de Ribol? .Edia le pregunté a Orih. .P Esta suspiró. .D .Bdia No salí de ahí como esperaba. Me atraparon unos tipos que llevaban tatuajes verdosos por todo el cuerpo… .Edia .D .Bdia Koobeldas, .Edia dijo Yánika. .P Por su tono sabio, adiviné que conocía esos detalles por los libros. La mirol se encogió de hombros. .D .Bdia Serían, pero no se presentaron: me preguntaron si quería vivir o morir, y yo les dije que vivir, por supuesto. Me curaron el brazo y unas cuantas picaduras de insectos, y luego me echaron de su bosque… .Edia Echó un vistazo a su mano izquierda, aún hinchada por picaduras. .Bdia Así que seguí andando. Y en un momento… .Edia .P Volvió a ensombrecerse y fue Livon quien completó la frase: .D .Bdia Tuvo que acercarse a la frontera de Dágovil porque se topó con unos guardias vestidos de negro que intentaron matarla. Yodah dice que serían Zombras. La tomarían por un dokohi. Nosotros entonces ya estábamos en el país de Lédek y fue una suerte que diéramos media vuelta hacia Kozera porque, si no, no nos habríamos encontrado ayer con Zélif y los demás, ni luego hoy con Orih… Bueno, suerte no tanta. Dimos media vuelta porque nos topamos con un grupo de dokohis. Estos dokohis, .Edia precisó señalando a los saijits que, instalados también en la plataforma, seguían la conversación con cierto nerviosismo. .P Al ver tanto dokohi, Naylah, Sirih y Livon habían dado media vuelta para huir de ellos, entendí. Adiviné: .D .Bdia Y huyendo, os encontrasteis con nuestro grupo y Yánika calmó a los dokohis, ¿verdad? .Edia .D .Bdia Ajá, aunque ella no estaba particularmente calmada, .Edia masculló Reik. .P Mi hermana estaba sonrojada. Me turbé, entendiendo. Tras verme sacrificarme para salvarlos bloqueando el pasadizo, había debido de causar una conmoción en todo el grupo. Me giré hacia Yodah. ¿Acaso no había podido ayudarla con sus artes bréjicas? Adivinando mi pregunta, este asintió. .D .Bdia Hice lo que pude. Aunque era la primera vez que veía algo así… .Edia .P .Bdm Y la primera vez que se me desataba tanto el Datsu, .Edm agregó por vía mental. .P Su voz ligera distaba tanto de la gravedad con que me habló mentalmente que lo observé con detenimiento. ¿El poder de Yánika lo habría asustado? ¿Habría cambiado de opinión sobre…? Yodah sonrió. .D .Bdia Pero al final todo salió bien. Cuando salimos del pasadizo, nos encontramos con los demás Ragasakis perseguidos por los dokohis. De no ser por Yánika, nos habrían hecho picadillo. Por supuesto, ellos no recuerdan nada, .Edia añadió, girándose hacia los saijits con collares. .P Los ojos de estos no eran blancos. El aura de Yánika mantenía a raya a los espectros. Eran veintiocho, los conté. Mi hermana estaba calmando a veintiocho espectros. Era… impresionante. .P Entonces, mi mirada se topó con un humano forzudo al que reconocí y rectifiqué: veintisiete dokohis. .D .Bdia Tú, .Edia dije, sorprendido. .Bdia ¿No eres uno de los que ha salido huyendo de Loeria esta mañana? .Edia .P Sin duda, era el que me había salvado la vida, había recogido el bastón metálico y había devuelto la moral a los fugitivos. El humano se encogió de hombros con una extraña timidez. .D .Bdia Gracias… por haber abierto la puerta, .Edia dijo. Se aclaró la garganta. .Bdia Estos hombres a los que llamáis dokohis… la mayoría son cazadores de nuestro pueblo que cayeron en manos de los Ojos Blancos. Tus compañeros me han dicho que tú… que tú serías capaz de salvarlos. .Edia .P Enarqué una ceja, entendiendo al fin por qué esa gente me miraba con un brillo de esperanza en los ojos. Un hombre de edad madura que llevaba un hacha a la espalda se inclinó uniendo las manos y suplicando en voz baja: .D .Bdia Por piedad, quitadnos la maldición para que podamos salvar a nuestras familias. Mis hijos estaban en Loeria… Os lo suplico, mahis. .Edia .P El humano forzudo lo imitó apretando su bastón metálico con fuerza. .D .Bdia ¡Por favor, ayúdalos, mahí! .Edia .P Los miré, suspenso. Ahora, había más desesperación y angustia que esperanza en los ojos de los dokohis. Según Yodah no recordaban sus acciones de cuando habían sido controlados por los espectros… pero la imaginación saijit a veces era una hoja de doble filo. ¿Qué habrán hecho mis manos durante tanto tiempo?, debían de preguntarse. ¿Cuántos horrores habré perpetrado? ¿Habremos matado a gente de nuestro pueblo…? .P El malestar de todos era latente. Livon intervino, explicando: .D .Bdia De camino, nos hemos topado con unos cuantos loerianos evadidos y, gracias a ellos, nos hemos enterado de lo ocurrido: los vampiros, el incendio y el misterioso desconocido que ha roto las cadenas de las puertas para facilitarles la fuga… .Edia El permutador sonrió. .Bdia ¡Ya sabía yo que nuestro Drey estaría sano y salvo! .Edia ¿“ .Sm -ns Nuestro ” Drey?, me repetí, parpadeando. .Bdia Así que… .Edia prosiguió señalando al humano forzudo con un ademán, .Bdia lo que hemos hecho ha sido pedirle a Ordabat que nos guiara hasta Loeria para ir a rescatarte y, de paso, rescatar también a la centena de personas que sigue con los vampiros. Ordabat es herrero y dice que los vampiros están usando sus armas. Por fortuna, parece que no vamos a tener que luchar para salvar a los loerianos. Yodah ha conseguido hablar con el Príncipe Anciano. Jamás habría imaginado que un vampiro honesto y pacífico como él sería capaz de juntarse con unos asaltadores de pueblos pero… bueno, es un vampiro, al fin y al cabo, .Edia murmuró, rascándose la cabeza. .Bdia En fin, esto puede sonar un poco confuso para ti, Drey. Han pasado tantas cosas… ¿Me olvido de algo? .Edia .D .Bdia ¡No has contado cómo nos hemos reencontrado! .Edia refunfuñó Orih con los brazos cruzados. .D .Bdia ¡Es verdad! Nos encontramos con Orih poco después de separarnos de Zélif, Nayou, Sanay y Sirih. Las cuatro se han ido con los loerianos evadidos hasta el puesto fronterizo dagovilés que hay al norte. La Pinta, lo llaman. .Edia .D .Bdia La Punta, .Edia lo corregí. .D .Bdia Eso. A nosotros, nos ha tocado la tarea de quedarnos con los dokohis y negociar con los vampiros, .Edia concluyó Livon. .Bdia Y estábamos de camino a Loeria cuando Reik ha oído un ruido en una encrucijada de túneles y… .Edia .D .Bdia ¡Zas! .Edia sonrió Orih. .Bdia Era yo. .Edia .D .Bdia Se cayó corriendo, .Edia explicó Livon. .D .Bdia ¡Pero no me he hecho daño! .Edia ¿Se jactaba de ello? .Bdia Y a los Zombras, les he dado el esquinazo como una profesional. .Edia .D .Bdia Como son mercenarios del Gremio, no tienen derecho a traspasar las fronteras con Lédek y Kozera, .Edia apuntó Yodah con tono amable. .Bdia Por eso dejaron de perseguirte. .Edia .D .Bdia Mmpf. Sea como sea, ¡al fin os encuentro! .Edia .P La mirol sonrió con todos sus dientes recordando tal vez el tremendo alivio que había sentido al encontrarse con sus compañeros. Sus grandes orejas se agitaban de contento. Suspiré yo mismo de alivio pensando: .Sm -t penso así que todos siguen vivos… .P .Bdm ¿Y Jiyari? .Edm preguntó Kala, turbado. .Bdm Mi hermano, ¿por qué nadie habla de él? ¿Eh? .Edm .P Fruncí el ceño, inquieto. .D .Bdia Entonces, Zélif, Naylah, Sanay y Sirih… .Edia dije. .Bdia Antes habéis dicho que Naylah ha sido arrestada… .Edia .D .Bdia Por los Zombras, .Edia carraspeó Orih. .P Livon aclaró: .D .Bdia Como he dicho, Zélif y las demás han escoltado a los loerianos supervivientes hasta la frontera. Parece ser que los Zombras, al principio, se han negado a dejarlos pasar y Naylah se ha enfadado. La han neutralizado y la han metido en el calabozo. Pero nada muy grave. Eso sí, si Zélif pensaba recibir ayuda de los Zombras para desocupar Loeria, dadas las circunstancias, me temo… .Edia .P Dejó el final de la frase en vilo. Entorné los ojos y le eché una mirada a Yánika antes de preguntar con un mal presentimiento: .D .Bdia ¿Y quién diablos os ha contado eso si estabais ya separados? ¿Dónde está Jiyari? .Edia encadené. .P El silencio me respondió. Sentí mi corazón helarse. .D .Bdia ¿Dónde está Jiyari? .Edia repetí. .P Yodah se levantó. .D .Bdia ¿Puedo hablar contigo un momento, Drey? .Edia .P Nos alejamos de la plataforma y fulminé al hijo-heredero con el cuerpo tembloroso. Kala se rehusaba a perder los nervios del todo hasta que no le hubiesen explicado la situación. .D .Bdia Mi hermano, .Edia gruñó el Pixie. .Bdia ¿Dónde está? .Edia .D .Bdia Corrió hasta la puerta de Loeria sin consultarnos pidiendo que te soltasen, .Edia declaró Yodah. .P Jadeé de sorpresa. Jiyari… ¿se había entregado a los vampiros? .D .Bdia ¡No! .Edia graznó Kala. .Bdia El Príncipe Anciano, ese sucio saijit, ¿qué va a hacerle a mi hermano? .Edia .P Yodah posó una mano apaciguadora sobre mi hombro. .D .Bdia Nada. Le hará unas preguntas y nada más. Hablé con el Príncipe Anciano, Kala. Ha prometido liberarte a cambio de poder hablar con Jiyari. .Edia .P Entendí que sólo el imaginarse a Jiyari en manos del Príncipe Anciano pusiese a Kala rabioso. Bufó y, para asombro mío, agarró a Yodah y lo sacudió como un racimo de zorfos. .D .Bdia ¡Aceptaste! ¿Por qué aceptaste? Jiyari… estará muerto de miedo. Él no tiene a otra persona en la mente para tranquilizarlo, no tiene a nadie, sólo me tiene a mí… .Edia .P Yodah gritó: .D .Bdia ¡No te acerques, Yánika! .Edia Kala paró de zarandearlo, sorprendido. El hijo-heredero tenía la cabeza girada hacia Yánika. Articuló: .Bdia No te alejes de los dokohis. .Edia .P Ciertamente, si se alejaba mi hermana de los veintisiete dokohis, los espectros retomarían el control. Y quién sabe lo que harían entonces con sus armas… Yánika se alejó precipitadamente del borde de la plataforma hasta los demás. Reik tenía la mano sobre la empuñadura. Livon se acercó, extrañado. .D .Bdia Drey… ¿qué ocurre? Nunca te había visto en ese estado. .Edia .P Kala entornó los ojos… Y yo resoplé interiormente. ¿No les habían dicho nada a Livon y a Orih sobre los Pixies todavía? Retomé el control del cuerpo mascullando: .D .Bdia Di, Livon. Te habrás fijado en que no tengo las mismas pintas de antes, ¿no? .Edia .P El permutador ladeó la cabeza, me miró… y se quedó boquiabierto. .D .Bdia ¡Es verdad! Tienes rayas rojas en tu Datsu. .Edia .P Me carcajeé de incredulidad. .D .Bdia ¿Sólo eso? .Edia Me adelanté enseñándole bien mi brazo con la piedra de luna. .Bdia Mírame bien, Livon. Estoy cubierto de tatuajes. Y dime, somos los dos kadaelfos, ¿no? Pues compara. .Edia .P Mientras él comparaba y se daba cuenta de la diferencia, yo resoplé, riendo: .D .Bdia Tú sí que sabes mirar más allá de las apariencias, Livon. Ni siquiera las ves. .Edia .P .Bdm Siempre ha sido así, .Edm intervino mentalmente Myriah desde la lágrima dracónida. .Bdm Reconocía a sus cabras más por su olor, sus gestos y sus balidos que por su aspecto. .Edm .D .Bdia No os ríais, .Edia protestó Livon llevándose una mano al pendiente. .Bdia Hey, tampoco ha cambiado tanto. .Edia .P Pero del olor a vampiros sí que se había fijado, sonreí. Meneé la cabeza y, sintiendo la urgencia de Kala, recobré mi seriedad y dije: .D .Bdia Lo siento, Yodah, pero iré a por Jiyari. .Edia .P Ya me alejaba hacia el túnel. Yodah resopló. .P .Bdm Drey. El Príncipe Anciano prometió que lo liberaría en unas horas. Es un vampiro pacifista, ¿recuerdas? .Edm .P .Bdm Pero lo deleita la sangre de Pixie, .Edm repliqué sin detenerme. .Bdm Y habla con engaños. No dejaré a Jiyari en sus manos ni una hora más. .Edm .P Recibí un suspiro paciente como respuesta y me giré a medias fulminando a Yodah con la mirada. .P .Bdm ¿No irás a ordenarme que me pare? .Edm .P Yodah hizo una mueca. .P .Bdm Se diría que lees mis pensamientos, Drey. En serio. No pienso que Jiyari esté sufriendo. Si quieres, puedes ir a esperarlo junto a la puerta. Pero no entres. .Edm .P Le di la espalda apretando los labios en una sonrisa sarcástica. .P .Bdm ¿Y esos dokohis y el herrero? .Edm repliqué. .Bdm Han pedido ayuda para liberar a sus familias… .Edm .P .Bdm Y llegué a un acuerdo con el Príncipe Anciano y su nieto para que no los mataran. .Edm .P Las palabras de Yodah me arrancaron un escalofrío. .P .Bdm ¿Un acuerdo? .Edm repetí. .Bdm ¿Qué tipo de acuerdo? .Edm .P .Bdm Nada que te moleste. Acordé que el hijo-heredero de los Arunaeh se ocuparía de los Pixies y que detendría a Zyro. .Edm .P Me detuve en seco y me giré, jadeante. .D .Bdia ¡¿Qué?! .Edia .P ¿Yodah iba a detener a Zyro, el dirigente de los dokohis? ¿Y cómo pretendía conseguirlo? Los demás nos observaban, murmurando entre sí. Livon tenía el ceño fruncido. Nadie había oído nuestra conversación bréjica, pero mi interjección los había inquietado. .D .Bdia Hermano, .Edia intervino entonces Yánika desde la plataforma. .Bdia Jiyari… estaba decidido a hablar con el Príncipe Anciano. Él lo decidió. Saldrá vivo. Al fin y al cabo, el Príncipe Anciano no es un monstruo. .Edia .P Kala no opinaba lo mismo, pero mi lógica me decía que, efectivamente, el Príncipe Anciano no era de los que actuaban de manera precipitada ni insensata. Chasqueé la lengua. .D .Bdia Iré a vigilar la puerta de todos modos. Perdón, Yani, .Edia murmuré echando un vistazo a los saijits con collar. .Bdia Los liberaré en cuanto pueda. .Edia .D .Bdia De todas formas hacerlo ahora nos dejaría con un montón de gente desmayada para varios días, .Edia razonó Livon, adelantándose. .Bdia Tchag se quedó a vigilar la puerta, pero si de verdad vas a ir… te acompaño. .Edia .P Enarqué una ceja. Tchag. Me había olvidado completamente del imp. Cuando nos alejamos por el túnel, le pregunté: .D .Bdia ¿Sigue sin poder hablar? .Edia .P Livon meneó la cabeza. .D .Bdia Mm… Sigue confuso. Myriah logró hablar con él por vía bréjica. Pensé que no debería haberle hablado de lo de su cuerpo… pero Myriah dice que no es sólo eso. En mi opinión, está recordando algo de su pasado pero… no es muy explícito. A Myriah sólo le dijo: pero la bruja Lul me quiere. .Edia .P .Bdm Me lo repitió varias veces, .Edm suspiró la jugadora arlamkesa. .P La bruja Lul… Era la única persona a la que Tchag siempre recordaba haber conocido. ¿Quién diablos sería esa bruja? Guardé silencio sin embargo. Kala estaba demasiado preocupado por Jiyari para dejar que me preocupase por nadie más. .P Pronto desembocamos en el ancho túnel, no muy lejos de las puertas de Loeria. Desde ahí, se veía una débil luz y entendí que, si las puertas se abrían, nos enteraríamos enseguida. Pese a todo, Kala siguió andando. .P .Bdm Kala, no es razonable. ¿Qué vas a hacer? El Príncipe Anciano hablará con Jiyari todo lo que quiera y lo dejará ir. Pronto se dará cuenta de que Jiyari lo olvida todo fácilmente y renunciará… .Edm .D .Bdia Cállate, .Edia gruñó Kala. .P Livon se giró hacia mí, sorprendido. .D .Bdia Esto… No he dicho nada. .Edia .P Suspiré. .D .Bdia No te lo decía a ti. .Edia .P Trepé por una roca elevada y me senté sobre esta para tener una buena vista sobre las puertas. Kala las fulminaba con la mirada cuando Livon, sentado a mi lado, rompió el silencio diciendo: .D .Bdia Drey. Hay algo que tengo que decirte. .Edia .D .Bdia ¿En serio? Yo también, .Edia admití pensando en los Pixies. Lo miré con curiosidad a la luz de la piedra de luna. .Bdia ¿De qué se trata? .Edia .P Livon hizo una mueca y se quitó el pendiente para observar la lágrima dracónida. Esta centelleó. Adivinando lo que me iba a decir, resoplé: .D .Bdia En serio, te dije que podías quedártela mientras Myriah estuviera ahí dentro. No te repitas. .Edia .P Livon sonrió alzando la vista hacia las estalagmitas ambarinas que brillaban suavemente en la oscuridad. .D .Bdia Lo sé. No era eso lo que quería decirte. .Edia .D .Bdia Pues dispara, .Edia le dijo Kala. .P Inspiré con paciencia. .P .Bdm Kala, sé más educado: es mi amigo. .Edm .P .Bdm También es el mío, .Edm replicó Kala. .P Chasqueé la lengua y lo ignoré. Casi era mejor que se concentrase en la conversación y no en las puertas. Livon se rascó el cuello. .D .Bdia Verás… Se trata de Jiyari. Sucede que, al despertarme hoy, lo vi tan deprimido y preocupado por ti que fui a levantarle los ánimos y él… dijo cosas muy raras. .Edia .D .Bdia ¿Algo sobre los Pixies? .Edia pregunté con calma. .P Livon me miró con expresión concentrada. .D .Bdia Sí. No les he dicho nada a los demás porque me ha parecido que era muy personal. .Edia .P Sonreí. .D .Bdia Gracias, Livon. Pero ya se lo dije todo a Zélif y a Yeren. Ellos se lo tomaron… más o menos bien. Déjame que te lo cuente mientras esperamos. .Edia .P Con voz ligera, le conté todo: el laboratorio, los Pixies, Liireth, las lágrimas y mis encontronazos con Kala. Empezaba a tener práctica y soltura para hablar de ello. Aunque me prometí que no volvería a sacar el tema con más gente a la ligera. Los Ragasakis eran compañeros, pero sabía que no aceptarían cualquier cosa. Por ejemplo, no aceptarían que Kala perdiera de nuevo el control como antaño y fuera destruyendo cavernas a su paso. Desde el momento en que me volviese un peligro para los saijits, tratarían de neutralizarme, como era normal. Yo lo entendía. Pero Kala… ¿acaso era capaz de entenderlo? .D .Bdia No sé si acabo de pillarlo, .Edia carraspeó Livon tras un silencio ensimismado. .P .Bdm Y tanto, .Edm intervino Myriah. .Bdm Dos mentes en un cuerpo… ¿Cómo es posible? Quiero decir, entiendo que si una mente se ha fundido con otra recién nacida el cambio sea mínimo, como para Jiyari, pero… ¿Y tú? Dices que los recuerdos de Kala fueron sellados pero, ¿y su mente? ¿Parte de él se fusionó con la mente original? .Edm .P Mientras la arlamkesa hablaba por vía mental, tratando de entender, el permutador se sostuvo la cabeza resoplando como si todo aquello lo superase. Sonreí, burlón. .D .Bdia Qué lío, ¿eh? Pues sí, parte de él se fusionó, con lo que ahora, ni soy realmente el Drey que nació ni tampoco el Kala de antes, si ves lo que quiero decir. .Edia Ante la mirada perdida de Livon, simplifiqué: .Bdia Yo soy mucho más normal que Kala. .Edia .P Kala se mofó: .D .Bdia Tss. Habló el que a la mínima se queda sin sentimientos y se basa en los libros para entender a los saijits. .Edia .D .Bdia ¿Y? Tú pierdes los papeles a la mínima… .Edia .D .Bdia ¿A la mínima? Eres tan insensible que ni te das cuenta… .Edia .D .Bdia No lo soy, .Edia lo corté. .D .Bdia ¿Te molesta que te trate de insensible? .Edia rió Kala. .P Harto de tanto intercambio, no contesté. Livon parpadeaba admirando los cambios de expresión en mi rostro. Se impresionó. .D .Bdia ¡Caray! Estaba intentando comparar lo tuyo a como cuando Myriah y yo estamos hablando pero… ¡esto es todavía más caótico! .Edia Rió posando una mano sobre mi hombro diciendo: .Bdia Me alegra ver que os lleváis bien. .Edia .P Me quedé mirándolo fijamente. ¿Cómo había podido deducir de nuestro intercambio que nos llevábamos bien? Kala, sin embargo, estaba contento. Y yo me preguntaba cómo Livon había podido tragarse toda esa historia tan fácilmente sin dudar un segundo de que no me había vuelto loco. Recordando mi conversación con Yodah sobre la admiración, pensé: .P .Bpenso No son la pertinacia ni las acciones imprudentes lo que admiro en ti, Livon. .Epenso Sonreí. .Bpenso Es tu confianza. .Epenso .P De pronto, oí un crujido y una luz invadió parte de la caverna. Kala se levantó bruscamente para ver una figura salir de Loeria. .P .Bdm ¿Es él? .Edm preguntó Kala, ansioso. .P .Bdm ¿Y cómo quieres que te conteste si vemos exactamente lo mismo? .Edm repliqué. .P Pero, sin duda, tenía que ser él porque, instantes después, nos llegó Tchag de entre las rocas y se subió a Livon asintiendo con la cabeza en silencio. Sus grandes ojos me miraban y me sonrió… con una sonrisa menos inocente e ingenua que antaño. O eso me pareció, pero cuando lo vi señalarme con el dedo y agitar la mano ante su narizota fruncida con aire burlón, puse los ojos en blanco. No había cambiado tanto. .D .Bdia Ahora que lo pienso, .Edia dijo Livon, .Bdia no te di las gracias por habernos liberado de los collares, en Firasa. Estoy seguro de que Tchag también quiere agradecértelo. .Edia .P Tchag me observó y asintió otra vez con la cabeza. Me encogí de hombros. .D .Bdia Es natural. Vosotros también habéis venido a rescatarme. Somos Ragasakis, ¿no? Nos ayudamos entre amigos. .Edia .P Livon se giró hacia mí con expresión suspensa y una sonrisa franca estiró lentamente sus labios. .D .Bdia Claro. Es lo natural. .Edia .P Cuando Jiyari se acercó lo suficiente adonde estábamos, pude reconocer su mata de pelos rubia. Impetuoso, Kala se abalanzó hacia él llamando: .D .Bdia ¡Jiyari! .Edia .P Con el corazón acelerado, aterrizó abajo de la roca y siguió corriendo hasta que se encontró ante un Jiyari con los ojos anegados de lágrimas. Kala se inquietó. .D .Bdia ¿Jiyari? ¿Te hicieron daño? ¡Ese maldito príncipe! ¿Bebió tu sangre? .Edia .D .Bdia N-no, .Edia balbuceó el rubio. Se sorbió la nariz y, para sorpresa mía, rió mientras sollozaba. .Bdia No, .Edia repitió. .Bdia Es sólo que temí tanto que te hubieran matado, Gran Chamán… Estoy bien, .Edia aseguró alzando las manos. .Bdia Estoy bien. El Príncipe Anciano sólo me hizo unas preguntas… algunas a las que no pude contestar. Es un buen vampiro. .Edia .P ¡Un buen vampiro, decía! Su rostro era un mar de agua salada pero lo que retuvo mi atención en ese momento fue el color de sus ojos. Eran rojos. Y su piel era gris, más oscura que la mía. Tendí una mano. .D .Bdia ¿Puedo comprobar algo? .Edia .P Le levanté la camisa. Ante la mirada sobrecogida de Jiyari, alumbré con mi piedra de luna y vi los círculos de Sheyra con las tres líneas, brillantes en su pecho izquierdo. Tal vez porque Jiyari era el que sentía más, Lotus se los había puesto en el lugar del corazón. Mmpf. Simbólico y previsible. .D .Bdia ¿Drey? .Edia preguntó Jiyari con un tono desconcertado. .P No sé por qué en ese momento recordé que Jiyari había sido una niña en su anterior cuerpo, me sonrojé y carraspeé, soltando la camisa. .D .Bdia Sólo comprobaba. .Edia .P .Bdm ¿Temías que Lotus se fuera a equivocar poniendo los círculos? .Edm se extrañó Kala. .P Tosí quedamente y, sin contestar, alcé la vista hacia el rostro brillante de lágrimas de Jiyari y le lancé una pequeña ráfaga de aire para secárselo. Él dio un respingo con el pelo rubio alborotado. Sonreí. .D .Bdia En marcha, Campeón. Tengo un diamante que recoger. .Edia .P Nos pusimos en marcha hacia el túnel y alcanzamos a Livon, Myriah y Tchag. Al bajarse de la roca, el permutador miró a Jiyari y se detuvo, anonadado. .D .Bdia ¡Jiyari! ¡Pero si tienes los iris rojos como Saoko! ¡y el ojo negro como la noche! ¿Qué significa eso? .Edia .P Dánnelah, murmuré para mí. Me giré hacia el permutador y clavé una mirada incrédula en la suya. .D .Bdia ¿En serio no te has dado cuenta de que los tengo igual que él? .Edia .P Livon pestañeó, atónito. Dedicándole una mueca socarrona, volteé y me puse a andar hacia el túnel a buen ritmo. .P .Bdm Por Sheyra, Kala, .Edm me burlé mentalmente, .Bdm si nos salen cuernos multicolores, a lo mejor ni se entera. .Edm .Ch "Crisis" .\" 31/08/2019 Cuando regresamos a la plataforma con los demás, observé cómo Ordabat y sus compañeros trataban de sonsacarle a Yodah lo que planeaba hacer para retomar Loeria. El hijo-heredero no se había atrevido a decirles la verdad: que había acordado con el Príncipe Anciano que no intervendríamos y que los vampiros se irían de Loeria en cuanto les apeteciera, dejando atrás a los aldeanos vivos. Mantenía su posición: antes tenían que quitarse los collares, o serían capaces de matar a sus seres queridos. Tal posibilidad los asustaba tanto que al final, pese a sus rostros sombríos, no pusieron objeciones cuando Yodah propuso que, al rigú siguiente, nos fuéramos para el norte. .D .Bdia Ahí, los Zombras nos ayudarán, mi pariente destruirá vuestros collares y despertaréis al de unos días. No os preocupéis. Los vampiros prometieron no matar más a ningún loeriano. Soy inquisidor bréjico: las mentiras no se me escapan. Puedo aseguraros que esos vampiros no mentían. .Edia .P Su razonamiento funcionó curiosamente bien. Tal era la reputación de los Arunaeh: sus artes eran tan terribles que hasta eran capaces de asustar a unos vampiros. Algo así debían de pensar esos rostros lúgubres y a la vez esperanzados. Me crucé con la mirada de Yodah, pensativo, y él estableció la conexión bréjica para preguntar: .P .Bdm ¿Podrás romperlos todos en una sola vez? .Edm .P .Bdm ¿Los collares? .Edm Puse los ojos en blanco. .Bdm Por supuesto. Oye, Yodah… Perdón por haberte sacudido antes. .Edm .P Él me miró con sorna. .P .Bdm ¿No debería disculparse Kala y no tú? .Edm .P Sentí una barrera de orgullo alzarse en la mente de Kala y esbocé una sonrisa burlona. .P .Bdm Mar-háï, tienes razón. Quizá algún día Kala aprenda a disculparse… .Edm .P Sonreí más anchamente al notar la frustración enfurruñada de Kala. No se disculpó. Yodah se encogió de hombros y yo pregunté: .P .Bdm Di, Yodah. A propósito de los collares… ¿Por qué no usas esa técnica que usó Liyen conmigo? Cortar los hilos bréjicos para evitar que se desmayen, .Edm precisé. .P .Bdm ¿Y por qué crees que no lo hago? .Edm replicó Yodah. .P Seguí su mirada elocuente hacia los veintisiete dokohis armados y apesadumbrados e hice una mueca, entendiendo. Si les quitábamos los collares ahí, irían directos a Loeria a atacar a los vampiros. Era mejor intentar alejarlos lo máximo posible antes de liberarlos de los espectros… y cuánto más tiempo se quedasen desmayados, mejor. .P Aun así, tener a veintisiete dokohis tan cerca de mi hermana me tenía algo preocupado. Si perdían el control ante los espectros, estábamos todos muertos. .D .Bdia Iré a recuperar mi diamante de Kron, .Edia declaré tras un silencio. .P Quedaban diez horas para el siguiente rigú, según Yodah. Convencí a Livon y Jiyari para que se quedaran a descansar —todos habían pasado un día más movido que yo—, pero Reik insistió en acompañarme. .D .Bdia Si te mueres ahora por una manada de hawis, nos quedaremos con cara de tontos, .Edia dijo. .D .Bdia Tranquilo, hermano, los dokohis no saldrán, .Edia aseguró Yánika al verme vacilar. .P Dando el problema por zanjado, Yodah me tendió un papel plegado diciendo: .D .Bdia Zélif nos dejó un mapa de la zona. Tal vez lo necesitéis. .Edia Lo acepté y Yodah añadió con una pizca de burla: .Bdia Realmente te tomas en serio tu entrenamiento. Lústogan estaría orgulloso de ti. .Edia .P Solté un resoplido. Instantes después, el Zorkia, Tchag y yo estábamos de vuelta en el túnel de los vampiros y tomamos la dirección hacia donde, según me parecía, estaba el túnel que llevaba a la caverna donde había sido cazada la aórgona. Para regresar al pueblo, los vampiros habían hecho el camino en menos de dos horas a mi parecer, cargados con cestas bien llenas. Si no equivocábamos nuestro camino, llegaríamos en poco más de media hora, estimé. .P A la altura de Loeria, noté la presencia de dos vampiros centinelas con mi órica, pero no salieron de sus escondites. Cuando hallamos un túnel más estrecho, consulté el mapa y asentí. .D .Bdia Es por aquí. .Edia .P El Zorkia no decía nada. Íbamos a buen ritmo y desembocamos en la caverna más pronto de lo que pensaba. Apenas nos habíamos alejado de la entrada cuando un gruñido nos alarmó y Reik desenvainó la espada. A la luz anaranjada de las rocámbares, avisté un roedor que desapareció entre las rocas como una flecha. ¿Huiría por nosotros o por otra cosa? .P Permanecimos atentos mientras avanzábamos por la caverna. Avisté la gran estalagmita que bloqueaba el pasadizo. Sin alcanzarla, me detuve inspeccionando el suelo aún enrojecido por la sangre seca de la aórgona. ¿Dónde habrían arrojado la ropa? El perceptismo de Zélif, en aquel momento, nos habría venido de perlas. Tchag, sin embargo, ponía buena voluntad. Reik se contentaba con seguirme mientras sondeaba la oscuridad. .P Lo primero que encontré fue el guante que me había dado uno de los guardias de la caravana. Mi guante de destructor, lo encontró Tchag: apareció usándolo de sombrero y sonreí anchamente. Estaba gelatinoso, pero en buen estado. .D .Bdia Gracias, Tchag. Nos falta el diamante. .Edia .P Me paseé por la zona donde lo había dejado caer, sondeando el suelo e inclinándome. ¿Dónde demonios estaba? Me ensombrecí. ¿Lo habría cogido algún vampiro? De pronto el imp surgió de entre unas rocas y tendió una mano enseñándome el diamante, negro como la tinta. Volví a alegrarme. .D .Bdia Mar-haï, gracias, T… .Edia .P Callé cuando vi a Tchag girarse y empezar a golpear el diamante contra una columna. .D .Bdia ¿Tchag? .Edia me sorprendí. .P El imp se giró hacia mí, asintió, y volvió a golpear repetidamente con el diamante. Intercambié una mirada extrañada con Reik y me agaché tendiendo la mano. .D .Bdia Hey. Esa piedra no es para jugar. ¿Me oyes? .Edia .P Tchag siguió golpeando hasta que, inquieto, le quité el diamante a la fuerza y lo levanté. .D .Bdia Vamos, Tchag, tranquilízate. ¿Te pasa algo? .Edia Me mostró un visaje torciendo su boca y suspiré. .Bdia Yeren dijo que deberías poder hablar. ¿Por qué no hablas y te ahorras las muecas? .Edia .P Esperé unos instantes en un silencio tan sólo interrumpido por nuestras respiraciones y el sonido de unas gotas de agua cayendo. Entonces, Reik soltó: .D .Bdia Ese debe de ser tu chaleco de destructor. .Edia .P Señalaba algo en la media oscuridad. Entorné los ojos, posé a Tchag y metí el diamante en mi bolsillo. Fui a recuperar el chaleco y, de paso, vi también la camisa, pero la abandoné al ver que estaba hundida y llena de agujeros: sin duda el charco en el que había caído debía de estar lleno de ácido y me cuidé mucho de no pisarlo. Vestido al fin, con mi diamante de Kron bien al resguardo en mi bolsillo, lancé: .D .Bdia Todo en orden. .Edia .P Tomamos el camino de regreso. Reik estaba muy silencioso y le eché una mirada interrogante mientras caminábamos. .D .Bdia ¿Todo bien, Reik? .Edia .P El comandante Zorkia me echó una mirada sombría. .D .Bdia ¿Bien? .Edia repitió. .Bdia ¿Cómo voy a estar bien teniendo a mis compañeros en Makabath? .Edia .P Su respuesta mordaz me dejó callado. Caminábamos por el túnel, tan sólo iluminados por la luz tenue de mi piedra de luna. Attah, no me parecía el mejor momento para hablar de los Zorkias teniendo otros problemas más urgentes pero… El rostro de Reik se ensombreció todavía más cuando este agregó: .D .Bdia Que no se te olvide por qué estoy aquí, Arunaeh. Acordamos que nos ayudaríamos mutuamente pero, en su momento, no me dijiste que los hermanos a los que tenías que encontrar eran unos Pixies de leyenda. .Edia Se detuvo en pleno túnel y lo imité, sobrecogido, mientras él imprecaba: .Bdia .Sm Ashgavar … Me revienta todo esto, chaval. Me dijiste que tenías problemas con tu familia, ¡y un cuerno! Ahora andamos con un inquisidor que dice ser tu futuro líder. Y me revienta. Yo sólo quiero sacar a mis compañeros de prisión y resulta que ahora estoy con un grupo de locos que viaja por unos túneles plagados de bichos en busca de los Ojos Blancos. Unos locos pirados que negocian con vampiros y pretenden salvar a varias decenas de Ojos Blancos controlados por una niña brejista con un poder absurdo. Y para colmo, .Edia agregó con un gruñido bajo mientras Kala y yo parpadeábamos, asombrados, .Bdia ahora decidís viajar hacia el norte, hacia Dágovil, y pasar una frontera llena de Zombras. ¿Sabes? No sé por qué diablos te habré hecho caso. Seré Zorkia, habré vivido miserias que no te puedes imaginar, muchacho, pero esto… Tener un acuerdo con un loco de atar con dos personalidades es más de lo que un tipo cuerdo como yo puede soportar. ¿Me oyes? Estoy harto. .Edia .P Inesperadamente, Kala estaba intimidado y hasta se le subieron las lágrimas a los ojos. Yo carraspeé y entendí de pronto cómo Reik debía de sentirse. Impotente y desarmado frente a un Gremio que le había robado a sus compañeros de armas, a su única familia. Burlado y hartado por unos Arunaeh que sólo le habían aportado problemas. Sabía que, dependiendo de lo que le respondiera en ese momento, Reik se marcharía e iría a buscar otros métodos más plausibles para llevar a cabo su rescate. Por eso, pedir perdón no era lo correcto. .P Inspiré y rompí al fin el silencio: .D .Bdia En el Sanatorio de la Doncella de la Vida, dijiste que ambos teníamos a un mismo enemigo. El Gremio fue el que experimentó con Kala. Y es el que mató a tu comandante… .Edia .D .Bdia Y me vas a decir que, puesto que compartimos enemigo, yo tengo que resolver tus problemas, .Edia me cortó el Zorkia con un suspiro ruidoso. .Bdia Por Ohawura, no eres más que un muchacho. Y esa panda de Ragasakis, más de lo mismo. Me recordáis a esos grupos de aventureros que van muy alegres por la vida, se fijan un objetivo grandioso y acaban despedazados en algún rincón perdido de los Subterráneos. De esos he visto a muchos, no sabes a cuántos. Y también a jóvenes intrépidos que sacrifican su vida por los demás. .Edia .P Me erguí, suspenso, y Reik se burló con tono cáustico: .D .Bdia ¿Te creíste inteligente cuando bloqueaste el pasadizo con esa roca? ¿De verdad crees que no hubiera podido luchar contra esos vampiros? Idiota. Maté vampiros en Dágovil. Sé que hubiera podido con ellos. Estaba preparado para ello. Pero ¿cómo iba a imaginarme que un pequeño héroe como tú iba a sacrificar su vida tan alegremente? Despreciaste tu vida de una manera estúpida. Y eso también me revienta. .Edia .P Le devolví una mirada enmudecida. Mar-háï, qué bronca nos estaba echando… Kala ahora se estaba ofendiendo. Carraspeé. .D .Bdia Tienes razón, .Edia reconocí. .Bdia No confié bastante en ti. Nunca he visto a un Zorkia pelear. Mi decisión fue a lo esencial: salvar la vida del hijo-heredero y de mi hermana. Seguramente tú podrías habernos salvado a todos, Sanaytay podría haber usado algún rugido aterrador, Yánika los habría espantado… Es posible que nadie hubiese muerto. Sin embargo, .Edia agregué, alzando la cabeza, .Bdia piensa que, de no haber sido por esto, los loerianos no habrían tenido a nadie para abrirles la puerta, no se habrían podido fugar, habrían resistido y habrían muerto. .Edia Me respondió con un resoplido e insistí con calma: .Bdia No desprecié mi vida. Soy Arunaeh. Un Arunaeh no desprecia jamás su vida. .Edia .P El comandante Zorkia me echó una mirada escéptica y se encogió de hombros. .D .Bdia .Sm Kasrada… Qué más da. Si no quieres reconocerlo, es tu problema. .Edia .P Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Dije que tenías razón, que fui imprudente, pero no por ello desprecié mi vida. Fui imprudente por falta de análisis, nada más. Te lo explicaría más detalladamente, pero Kala va a decirme que soy un plasta, así que dejemos el pasado donde se quedó y contéstame a una pregunta, por favor. ¿Vas a pasar la frontera de Dágovil con los demás? Si no quieres, yo tampoco la pasaré. Al fin y al cabo… .Edia .D .Bdia La pasaré, .Edia me cortó Reik. Su respuesta me sorprendió. .Bdia La pasaré e iré a liberar a mis compañeros a mi manera. Si quieres ayudarme, Arunaeh, ayúdame a pasar esa frontera sin que me manden a Makabath. De conseguir mi objetivo, te pagaré mi deuda por tu silencio y tu ayuda. Si no te valen estas condiciones… lo tienes fácil. Sólo tienes que decir unas palabras a los Zombras y ellos se encargarán de este viejo Zorkia que te da sermones. ¿Qué opinas? .Edia .P Lo miré a los ojos. Se estaba saltando el acuerdo inicial, pero no podía echárselo en cara. Al fin y al cabo, no le había explicado entonces nada sobre los Pixies, nada sobre Liireth ni sobre mi falta de información acerca del paradero de los hermanos de Kala. Impaciente, con su propio objetivo, Reik había rebajado el acuerdo a un pacto de no traición. .P En cierta forma, era más práctico para mí: no tendría que estar paseándome con un fugitivo en la lista negra del Gremio. Tras un largo silencio, suspiré. .D .Bdia Te ayudaré a pasar la frontera. Una vez ahí… si necesitas a un destructor, ya sabes a quién llamar. .Edia .P Reik sonrió levemente y entonces frunció el ceño. .D .Bdia ¿Y el bicho gris? ¿Dónde está? .Edia .P Miré a mi alrededor y no vi a Tchag por ningún sitio. Me alarmé. .D .Bdia No lo veo. ¡Tchag! .Edia llamé. .P Si lo perdíamos… Attah, sólo faltaba eso. Estuvimos llamándolo un rato en el túnel hasta que de pronto Tchag apareció justo ante mí y dejó de ser invisible. Ese bicho… ¿a qué jugaba? Escondiéndose de nosotros. Sonreía anchamente. Puse los ojos en blanco y me agaché para revolver su mata de pelos blanca. .D .Bdia No nos pegues esos sustos, Tchag. Arriba. .Edia .P Se subió a mi hombro sin vacilar y nos pusimos en marcha de vuelta a nuestro campamento. Las afueras de Loeria estaban igual de tranquilas que a la ida. Cuando llegamos a la caverna con la plataforma, los encontré a todos dormidos, exceptuando a Yodah y a Livon. El uno tenía una expresión fatalista, el otro fruncía el ceño, concentrado, mirando los dokohis. .D .Bdia Hola, Drey, .Edia dijo Yodah en voz baja. .Bdia ¿Todo bien? .Edia Asentí y él agregó: .Bdia Pues por aquí tenemos un problema. .Edia .P Enarqué las cejas subiéndome a la plataforma. .D .Bdia ¿Un problema? .Edia .P Livon afirmó con la cabeza sin desviar la mirada de los dokohis. .D .Bdia Tengo buen ojo para esto. Fui pastor. Estoy seguro de que los dokohis eran veintisiete. Pero ahora… .Edia Alzó una mirada turbada hacia mí. .Bdia Son veintiséis. .Edia .salto Cuando nos pusimos en marcha hacia el norte al rigú siguiente, el dokohi seguía sin aparecer. Yodah y yo habíamos opinado que, al retomar el espectro el control, probablemente habría salido corriendo lejos de ahí y vuelto a Lédek. Yo no me preocupaba: quitando mi turno de guardia, había dormido como un oso lebrín. .P Caminaba entre Yánika y Jiyari. Yodah, Orih y Livon abrían la marcha junto con Ordabat, el loeriano herrero. Reik y Tchag la cerraban. El imp parecía haberle tomado cierto cariño al Zorkia y este lo aceptaba como compañero con más curiosidad que molestia. Entre esos dos grupos, los veintiséis dokohis nos rodeaban como un enjambre, cuidadosos de no alejarse de la pequeña Arunaeh que les ayudaba a conservar su entereza. .P Evitábamos los túneles demasiado estrechos, tomando los más anchos, más peligrosos, pero que nos permitían permanecer más juntos. Pronto los túneles se convirtieron en una gran caverna exenta casi de luz, repleta de columnas con un terreno irregular cubierto de hierba azul. Asustamos a una manada de hawis que huyó prudentemente de nosotros. Eché un vistazo al mapa con mi piedra de luna. A un kilómetro más al norte, encontraríamos otro túnel que se dirigía directo hacia el puesto fronterizo. Estábamos muy cerca de Dágovil. Pero aún más cerca de la frontera con Lédek, pensé. De hecho, no supe determinar si en esos momentos estábamos caminando en Lédek o en Kozera. .P De pronto, Yodah alzó la mano para detener la marcha y lancé, sorprendido: .D .Bdia ¿Qué ocurre? .Edia .D .Bdia Es la expedición de bloqueadores, .Edia explicó Yodah. .P Agrandé los ojos. ¿Bloqueadores? Esos eran destructores que se especializaban en destruir túneles en vez de crearlos. Me puse de puntillas para intentar ver y me acerqué al hijo-heredero, curioso, al avistar el movimiento de unas linternas en la oscuridad. Las linternas emitían una luz morada característica, señal de que no se allegaban con malas intenciones. Yodah especificó: .D .Bdia En realidad solo hay una bloqueadora. Ella fue la que nos contó que esa tal Naylah había sido arrestada. Nos alcanzó cerca de la frontera con unos mercenarios. Zombras no son: como sabrás, esos están sujetos al Gremio y no pueden invadir Kozera y Lédek así como así. Aquellos, .Edia dijo, haciendo un ademán hacia las luces que se acercaban, .Bdia son mercenarios Kartanes. .Edia .P Nada de extrañar entonces que no respetasen fronteras. Los Kartanes eran una antigua tribu de caitos dedicados a las artes guerreras. Y eran impresionantes. Lo sabía bien porque el Templo del Viento solía requerir sus servicios para escoltar a sus destructores. .P Entonces, volví a pensar en esa bloqueadora y entorné los ojos. .D .Bdia Di. Esa destructora… ¿viene del Templo del Viento? .Edia .P Yodah asintió pero fue Yánika quien contestó diciendo: .D .Bdia Es Sharozza de Veyli. ¿Te acuerdas? .Edia .D .Bdia Caray. ¿La Exterminadora? .Edia .D .Bdia ¿Exterminadora? .Edia repitió Orih, mirándome, curiosa. .Bdia ¿Es su apodo? .Edia .D .Bdia Y lo tiene bien puesto, .Edia aseguré. .Bdia Aunque supongo que si tú te pusieses a explotar cavernas, la superarías con creces. .Edia .P La mirol puso los ojos en blanco. Yodah posó un índice sobre su barbilla, pensativo. .D .Bdia De Veyli, .Edia repitió. .Bdia Ese es un nombre de linaje nuevo, ¿no? .Edia .P Me encogí de hombros observando las linternas que se acercaban. Reconocí finalmente la figura de la Exterminadora, de rostro redondo, ojos grandes y pelo rizado alocado. Colocándose a mi lado, Yánika confirmó mi primera impresión con diversión: .D .Bdia No ha cambiado nada. .Edia .P Tras bajar de un salto un pequeño desnivel en el terreno herboso, la Exterminadora alzó una mano y se adelantó con andar desenfadado en medio de siete caitos corpulentos diciendo: .D .Bdia ¡Buen rigú! ¿Ya volvéis? ¡Qué buena coordinación! Nosotros también. .Edia .P Yodah se inclinó como un elegante caballero respondiendo: .D .Bdia Me alegra la coincidencia. ¿Todo fue bien? .Edia .D .Bdia ¡Por supuesto! Dos túneles a borrar de los mapas, .Edia declaró la Monja del Viento con alegría. .Bdia Ahora los Ojos Blancos lo tendrán más difícil para llegar a Dágovil. .Edia .P De ahí que se hubiesen tomado la libertad de bloquear túneles en la frontera entre Kozera y Lédek… Aunque, de todas formas, los kozereños no podían quejarse de ello precisamente: sus tierres abandonadas del noroeste sólo podían ser más seguras… Tan sólo les quedaba liberar Loeria de los vampiros. Sharozza sonrió con sus ojos violetas bien abiertos. .D .Bdia ¿Y bien? ¿Recuperaste al joven Drey? .Edia .P Pasó una mirada atenta por los dokohis, por Livon, Orih, Jiyari, mi hermana y Reik. Tan sólo cuando me incliné para saludar, sus ojos se detuvieron en mí, sorprendidos. .D .Bdia Cuánto tiempo, Sharozza. .Edia .D .Bdia ¿Drey? .Edia Sus ojos se fijaron en mi piedra de juramento del Viento, colgando de la cadena de plata. .Bdia Así que es cierto. Me dijeron que habías cambiado por una mutación. ¡Pero lo que más me llama la atención es cómo has crecido! .Edia se emocionó. .Bdia Diría que incluso eres un poco más alto que tu hermano. ¿O tal vez son esos pelos de cerbero que llevas? Gárgolas sagradas, qué pinta, .Edia soltó, colocando una mano en la cadera mientras me miraba de arriba abajo. .Bdia Ojos de demonio, cara de demonio y un olor a demonios… hasta la sonrisa se te ha puesto demoníaca. .Edia .D .Bdia Cuentan que cuando te muerden los vampiros tu sangre también se llena de malos espíritus, .Edia dije con burla. .Bdia Supongo que ahora también estará endemoniada. .Edia .D .Bdia ¡Y bien lo dices! .Edia exclamó Sharozza bromeando. Sus ojos centellearon. .Bdia ¿Así que te mordieron? .Edia .D .Bdia Participé en una orgía, .Edia detallé. .Bdia Y deleité a los líderes. Un festín, me dijeron. Hasta me dieron las gracias. .Edia .D .Bdia Pff… ¿En serio? ¿Qué eran, vampiros civilizados? .Edia .D .Bdia Sin duda alguna, .Edia intervino Yodah. .Bdia Llegué hasta a negociar con ellos. ¿Nos ponemos en marcha? .Edia .P Mientras seguíamos, Sharozza se me acercó y observé cómo los Kartanes me miraban con desconfianza. .D .Bdia Di, di, .Edia soltó la Exterminadora, agarrándome por un brazo sin miedo alguno por mis atributos demoníacos, .Bdia ¿tienes noticias de tu hermano? Me dijeron que el Orbe fue devuelto… ¿Qué hace ahora? .Edia .P Hice una mueca al advertir la mirada curiosa de Livon y Orih. Ellos no sabían nada de las historias familiares de los Arunaeh. .D .Bdia Por lo que sé, le dieron un mes de vacaciones antes de ponerse a trabajar en serio, .Edia contesté. .Bdia No tardará ya en pasarse por el templo. .Edia .D .Bdia ¡Ese hombre! Tan serio y recto y tan puro… ¡Por Tokura! Lo veía inocente como un niño ¡y qué sorpresa me llevé cuando me enteré del robo! .Edia Por su cara radiante, parecía casi que, para ella, había sido una buena sorpresa. Me acribilló: .Bdia ¡Dos millones! ¿No te parece exagerado? .Edia .P Le centelleaban los ojos. .D .Bdia Esto… .Edia carraspeé. .Bdia Es un asunto entre el Gran Monje y Lústogan. Ellos sabrán. .Edia .P Sharozza me liberó el brazo resoplando. .D .Bdia ¡Pero bueno! ¿Es que no le vas a ayudar? ¿Qué clase de hermano eres, Drey? Deberías al menos darle tu apoyo. Yo se lo daría, pero no puedo ir a vuestra isla. Mar-háï… ¿Tan mal te llevas con tu hermano? ¡Recuerda todos los años que te dedicó! Horas y horas interminables, todo por ti, siempre por ti… Eras la única persona a la que le hacía caso, .Edia añadió con un suspiro refunfuñón. .P Yo la miraba, extrañado, y por poco no me tropecé con una roca. Retomé el equilibrio saltando y pregunté: .D .Bdia ¿No le tienes rencor por lo que hizo? .Edia .P Sharozza se detuvo con los brazos cruzados, súbitamente ofendida. .D .Bdia ¡Repite eso, geniecillo! ¿Rencor, yo? Lústogan es un destructor ejemplar. Aprendimos y trabajamos juntos durante casi veinte años. Un pequeño robo temporal no lo hace menos perfecto. ¡Tener hermanos para que te den la espalda de ese modo! Me decepcionas, Drey Arunaeh. .Edia .P Pestañeé. Yánika se tapó la sonrisa, pero su aura dibujaba en el aire su diversión. Puse los ojos en blanco. .D .Bdia Perdón. Te juzgué mal, Sharozza. Leí una vez en un libro que hay personas que no cambian con el tiempo. Tú debes de ser una de ellas y me alegro. .Edia .P Sharozza torció sus labios en una mueca evaluadora. Y de pronto sonrió, se adelantó y me dio una palmada en la espalda. .D .Bdia Tú tampoco has cambiado tanto por dentro. Sigues tan impertinente, tonto y entrañable como siempre. Pero desengáñate: los años siempre cambian a las personas, .Edia añadió mientras seguíamos andando. .Bdia Ahora yo me he vuelto más sabia, más poderosa, y más comedida. .Edia .P No se me escapó la fugitiva sonrisa burlona que apareció en el rostro de uno de los caitos Kartanes. Adiviné su pensamiento: poderosa tal vez pero, ¿sabia y comedida? .P De pronto, me fijé en que el aura de Yánika se llenaba de desconcierto y me giré. Los dokohis estaban nerviosos. Se miraban entre sí como si algo los hubiera picado al mismo tiempo… .D .Bdia ¿Qué ocurre? .Edia preguntó Livon. .P Los dokohis se rebulleron, intercambiaron más miradas y se pararon, forzándonos a detenernos también. Una mujer entre ellos murmuró: .D .Bdia Es… como si… .Edia .D .Bdia Nos estuviera llamando alguien, .Edia completó otro, igual de confuso. .P Entonces, uno se llevó las manos a la cabeza, otros dos se agarraron el collar, presas de pánico. Varios cayeron de rodillas. .D .Bdia ¡Ayuda! .Edia balbuceó un dokohi, aferrándose al collar. .D .Bdia ¡Ayuda! .Edia .P El grito unido de los dokohis fue seguido de un silbido que atravesó el aire. Entendí en el último momento y mandé una ráfaga… Demasiado tarde. La piedra lanzada le golpeó a Yánika en la cabeza. Me precipité hacia mi hermana y conseguí amortiguar su caída pero… Yánika no respondía. Estaba inmóvil. .P Su aura había desaparecido. .P Mi Datsu estalló. Mientras Orih gritaba señalando algo con el dedo, detrás de una estalagmita, yo tenía a Yánika entre los brazos y miraba la hilera de sangre que salía de la herida. No sabía qué hacer. No era curandero. No sabía curar… Le di unas palmadas en la mejilla. .D .Bdia ¡Yánika! ¡Yánika despierta! .Edia .P Fue Kala quien gritó. Gritaba con un sentimiento que yo acababa de dejar atrás. Tal vez por eso fue el primero en alzar la vista y en darse cuenta de que teníamos un problema: sin el aura de Yánika, los veintiséis espectros habían retomado el control de los cuerpos saijits. Sus ojos blancos brillaban como lunas. .P El responsable tenía que haber sido el vigésimo séptimo dokohi que se había escapado, entendí. Kala gritaba, agarraba a Yánika y no quería soltarla pese a que los dokohis desenvainaban sus espadas, agarraban sus hachas y bajaban sus lanzas. Se oyeron los primeros entrechoques con los Kartanes. .D .Bdia ¡Yánika, no te mueras! .Edia berreó Kala. .P Quiso soltar su órica pero paró todo cuando Yodah se tiró de pronto sobre nosotros y posó una mano sobre la cabeza de Yánika. El Datsu rojo del hijo-heredero estaba oscurecido y ocupaba casi todo su rostro. Nunca lo había visto así. .P Supe que estaba intentando despertar a Yánika por la fuerza. Posó su frente contra la suya, tan concentrado que parecía que el furor a nuestro alrededor no le incumbía. Sólo que no era cierto: los dokohis dirigieron sus armas hacia nosotros. Su meta era Yánika. .P Por cómo temblaba nuestro cuerpo, entendí que Kala estaba hirviendo de rabia. Quiso levantarse, pero no había tiempo. No tenía tiempo ni de lanzar cuatro ráfagas de viento para quitarme de encima a los cuatro dokohis que se nos abalanzaban. Tiré al suelo a uno con mi órica. El segundo fue arrastrado por el peso de otro dokohi atravesado por la lanza de uno de los Kartanes. Al tercero lo arrojé con otra ráfaga… y el cuarto fue a propinar un golpe mortal. La espada iba directa hacia Yodah, quien protegía a Yánika con su propio cuerpo mientras trataba de despertarla. Kala aulló: .D .Bdia ¡YODAH! .Edia .Ch "Los ojos del Gremio" .\" 04/09/2019 Tras propulsarme con órica, oí el choque metálico de la espada. Había calculado bien: mi diamante de Kron había parado el filo del arma sin que esta resbalara y mi órica había aguantado el golpe. Agarré el filo lo más cerca posible del pomo y, comprobando que era de acero simple, lo estallé con mi mano enguantada. .P Apenas cayó la hoja, recibí la patada del dokohi en pleno pecho. El dolor me abrumó y caí sobre Yodah y Yánika. Kala tomó el relevo y, al caer, le agarró la pierna al espectro. Estiró. Pero el dokohi no se derrumbó hacia atrás: se tiró de bruces hacia mí y me asestó un puñetazo en el hombro. Sin embargo, no era yo su objetivo: era Yánika. Sin soltar su espada estallada, fue a hincársela por el costado… .P Y, de pronto, sus ojos blancos se oscurecieron. El aura de Yánika se llenó de confusión. Y la espada rota cayó de las manos de un aldeano con los ojos exorbitados. Balbuceó algo inintelegible y miró a su alrededor, hacia los cuerpos ensangrentados y hacia sus compañeros que de pronto se habían quedado confusos como él. Ante tal espantoso espectáculo, soltó un grito de desolación que no tenía nada de saijit. Intentó absurdamente alejarse arrastrándose, falto de fuerzas, y me moví para detenerlo. Pero no quería. Su mente estaba más allá del miedo y del horror. Era incapaz de razonar. Tan sólo le entendí un murmullo que decía: morir. Así que hice lo único que se me ocurrió para solucionar el problema rápido: me senté sobre él para inmovilizarlo y, como no opuso resistencia, agarré fácilmente su collar con ambas manos. Al de unos instantes, el collar estalló y el saijit dejó de moverse, desmayado. .P Enseguida lo dejé y regresé donde Yánika. Yodah le hablaba en voz baja impidiéndole que mirase a los lados para que su aura no se llenara de horror ante los muertos. Si Yodah se ocupaba antes de su aura que de su herida, es que esta no debía de ser tan grave. No los molesté y miré a mi alrededor. Sharozza, Livon y Orih estaban bien protegidos por los Kartanes. Ni Livon ni Orih eran guerreros y, así como la segunda no podía usar su sortilegio explosivo sin llevarse a todos por delante, Livon no podía arriesgarse a permutar con dokohis y quedarse otra vez con un collar. El kadaelfo estaba agachado junto a Jiyari. Sin sorpresas, impresionado por la sangre, el Pixie rubio se había desmayado. .D .Bdia ¡Drey! ¿Estáis bien? .Edia lanzó Sharozza, acercándose. .D .Bdia Todos vivos, .Edia aseguré. .P Me giré hacia atrás. Reik, que había estado caminando en retaguardia, tenía la espada ensangrentada, pero él mismo no parecía estar herido. Tchag estaba subido a su cabeza, aún bajo la impresión. En cuanto a los dokohis… de los veintiséis, seis estaban muertos, cuatro gravemente heridos, ocho estaban arrodillados bajo las lanzas de los Kartanes y los ocho restantes habían debido de huir. Faltaba el dokohi fugitivo que había lanzado la piedra a Yánika… .P Di un paso hacia la estalagmita y, con los ojos llorosos, Orih lanzó: .D .Bdia Drey… Está muerto. Cayó muerto poco después de que tirase la piedra. .Edia .P Vi el cuerpo, me acerqué y, a la luz de mi piedra de luna, me fijé en su piel amoratada. No, no estaba amoratada. Estaba totalmente morada… .D .Bdia Eso ya sé lo que es, .Edia lanzó gravemente uno de los Kartanes. .Bdia Parece ser que se intoxicó con laibria asesina. Vi arbustos de esos en esta caverna. Un par de esas bayas te paralizan la mente, te ponen morado y te matan casi enseguida. .Edia .P Era extraño que hubiese comido eso siendo de Loeria y conociendo bien la zona, pensé. Fruncí el ceño. .D .Bdia ¿Te paraliza la mente, eh? .Edia .P ¿Podía ser que ese dokohi hubiese usado laibria asesina para acercarse lo suficiente sin que Yánika pudiese afectarlo con su aura? Si era así, había contado con que su mente ya estaría deteriorándose y… había sacrificado su vida por sus compañeros dokohis. Meneé la cabeza. .D .Bdia ¿Por qué les dejaste las armas, Yodah? .Edia .D .Bdia ¿Que por qué? No querían dejarlas, .Edia masculló este, enderezándose. Yánika había cerrado los ojos. .Bdia Podría haberles chantajeado, pero ellos también podrían habernos chantajeado a nosotros. Y no lo hicieron. Attah. De no ser porque se nos escapó ese dokohi, no habría pasado nada. .Edia .P Miré al hijo-heredero que se levantaba pensando que su tono estaba inhabitualmente seco. ¿Estaría frustrado? .D .Bdia Quítales los collares, Drey. .Edia .P Asentí pero dije: .D .Bdia ¿A todos? ¿Y cómo nos los llevamos? .Edia .D .Bdia El túnel que va hasta aquí es ancho. Te mandaré una carreta o un grupo de anobos en cuanto estemos en el puesto fronterizo. Quítaselos ya, .Edia ordenó. .Bdia Yánika necesita a un curandero. .Edia .P Me giré hacia mi hermana. La sangre seguía goteando de su frente y ella seguía sin abrir los ojos, como huyendo de la realidad para no perder los nervios. Sentí que Kala se agitaba. Asentí de nuevo. .D .Bdia De acuerdo. .Edia .D .Bdia Ah, .Edia añadió Yodah. .Bdia En cuanto termines, no olvides atar tu Datsu. Pareces un autómata. .Edia .P Asentí. .D .Bdia De acuerdo. .Edia .P Sin más dilaciones, me giré hacia los dokohis controlados por el aura de Yánika y empecé a quitarles los collares de hierro negro. Sharozza se emocionó un poco al verme. Ella nunca había destruido hierro negro. Cada saijit me miraba con una expresión singular cuando me arrodillaba junto a ellos para liberarlos. ¿Esperanza? ¿Miedo? Con el Datsu tan desatado, poco me importaban sus sentimientos. .P Dos Kartanes se ocuparon de alinear a los muertos. En cuanto todos los dokohis vivos estuvieron inconscientes y liberados de sus collares, Yodah se marchó hacia el túnel del norte con Yánika. Solté: .D .Bdia Livon, Orih, ¿podéis adelantaros con ellos? Llevaros a Jiyari, si sois tan amables. Sharozza… .Edia .D .Bdia Yo te espero, .Edia aseguró la Monja del Viento. .Bdia Me gusta ver al geniecillo de Lústogan trabajando. .Edia .P Livon, Tchag y Orih acompañaron a Yodah y se llevaron a un Jiyari mareado entre ellos. Reik observaba con fijeza las formas espectrales que se habían deslizado fuera de los collares rotos. Solté una brisa para alejarlas y me centré en los collares de los muertos. Pensé que hubiéramos hecho mejor quitándoles los collares frente a Loeria y dejando los ex-dokohis a los vampiros. Les habrían bebido la sangre, pero probablemente no los habrían matado. .P Estaba estallando el último collar cuando Sharozza, apoyada contra una estalagmita cercana, preguntó: .D .Bdia Di, Drey, esos dokohis, ¿los controlaba tu hermana, no? Di, .Edia añadió como yo no decía nada. .Bdia ¿Por qué el hijo-heredero de tu clan se interesa de pronto por esa niña? Creía que, aparte de ti, la tenían todos marginada… .Edia .P El collar estalló y tiré los dos trozos al montón antes de levantarme atando suavemente el Datsu. .D .Bdia Yánika es una Arunaeh. .Edia La miré a los ojos. .Bdia Al final, incluso Lústogan lo reconoció. .Edia .P Sharozza de Veyli arqueó las cejas. Y se encogió de hombros apartándose de la estalagmita. .D .Bdia Buen trabajo. Los metales puros nunca han sido mi especialidad. Ni tampoco estas cosas, .Edia añadió. .P Me tendió algo. El diamante de Kron. Diablos, es verdad, se me había caído durante el forcejeo. Acepté el diamante y Sharozza sonrió con sus ojos bien abiertos posados sobre mí. .D .Bdia Sigue entrenándote tu hermano, ¿verdad? .Edia .P Hice una mueca divertida. .D .Bdia En cierto modo. Sólo que antaño siempre me daba las respuestas a mis preguntas, me daba indicios y me hacía demostraciones… .Edia Arrojé el diamante al aire y lo recuperé pensativo. .Bdia Me dijo que, el día en que lo rompiese, dejaría de ser mi maestro. .Edia .P Sharozza inspiró. .D .Bdia ¡Entonces hay una historia sentimental detrás de este diamante! .Edia .D .Bdia ¿Sentimental? .Edia repetí. .D .Bdia ¿No está claro como el agua? Lústogan quiere seguir siendo tu maestro. ¿A que no sabes romper ese diamante? Pues claro que no: sólo los más habilidosos y minuciosos son capaces de romper un diamante de Kron. Se necesita seguir un camino preciso. Algo que Lústogan seguramente no descubrió por sí solo. Eso significa… que quiere que le preguntes otra vez: ¿cómo se hace, hermano? .Edia Imitó la voz de un niño y se rió ante mi mueca sorprendida, ajena a los muertos tendidos a nuestros pies. .Bdia ¡De verdad no conoces a tu hermano! Él es un maestro en el alma, pero como toda roca tiene su punto débil. Y ése eres tú. Quiere seguir enseñándote y, al mismo tiempo, se da cuenta de que cuanto más te enseña, menos tiempo le queda ya como maestro, el dragonzuelo sale de su nido y… .Edia .D .Bdia Por todos los dioses, Sharozza, .Edia la corté con sequedad en medio de su diatriba. .Bdia Hablas demasiado. .Edia .P Me dirigí hacia donde estaba el dokohi intoxicado por la laibria asesina y me agaché. .D .Bdia Vaya, .Edia se sorprendió Sharozza. .Bdia Se me olvidaba ese. ¡No se te escapa nada! .Edia .P Puse los ojos en blanco mientras agarraba el collar del saijit morado. .D .Bdia Antes de destruir cosas de este estilo, evalúo siempre la cantidad de tallo a consumir según el objetivo. Así no se me puede olvidar nunca nada. .Edia Estallé el collar y alcé la mirada. .Bdia Es lo que suelen hacer los destructores. .Edia .P Y lo que la Exterminadora no sabía hacer, porque su objetivo nunca tenía límites: destruía, no por los saijits, sino únicamente por la grandeza de Tokura. El Templo del Viento le había llamado la atención más de una vez por ello y me preguntaba hasta qué punto Lústogan no había sido algo influenciado por la manera de pensar de Sharozza. ¿O sería lo contrario? .P Me levanté y, girándome hacia los siete Kartanes, incliné la cabeza. .D .Bdia Gracias por ayudarnos. Sin vosotros, este incidente… .Edia .P Vacilé. .D .Bdia Se habría convertido en una masacre, .Edia completó el Kartán que había hablado de la laibria asesina. .P Observé su expresión levemente burlona pero tolerante. Su rostro me resultaba familiar. Asentí. .D .Bdia Sin duda alguna. .Edia .P Sharozza se sentó sobre una roca y me invitó a hacer lo mismo mientras Reik y tres de los Kartanes trataban de parar la hemorragia de dos de los ex-dokohis heridos. Por la cara cenicienta de estos, me pregunté si no se habían muerto ya. .D .Bdia Veintisiete Ojos Blancos, .Edia meditó Sharozza. .Bdia ¿En serio Yodah Arunaeh estaba tratando de salvarlos? Fue lo que me dijo. En el momento, pensé que iba a usarlos para sacarte de Loeria… Jamás pensé que realmente tratase de salvarlos. .Edia .P Apoyé los codos en mis rodillas y la barbilla en las manos, alzando la mirada hacia el techo cubierto de estalactitas y de sombras. .D .Bdia ¿Crees que los Arunaeh son tan despiadados y fríos? Conociendo a Lúst tan bien, deberías saber que no somos así. .Edia .P Sharozza enseñó una sonrisa llena de sorna. .D .Bdia ¿Bromeas? Ser despiadado y frío es una cualidad. Mi madre dice que si uno no aprende a tener un corazón frío como el hielo para con el mundo, no sale nunca adelante y no será capaz de proteger a los que realmente le importan ni de ascender en la jerarquía. A los Arunaeh sólo les importan los suyos, .Edia afirmó, adelantándose a mi réplica. .Bdia Y Lústogan es un gran ejemplo de ello, no digas que no. Por eso me extraña que Yodah, el mismísimo hijo-heredero, pareciese tan contrariado de que esta pobre gente haya muerto. .Edia .P Suspiré interiormente. Hablar con Sharozza no llevaba a ningún sitio. Sin embargo, Kala siseó. .D .Bdia ¿A ti no te contraría? ¿No te entristece? ¿Tan fría eres, Sharozza? .Edia .P La Exterminador me miró, sorprendida. .D .Bdia Fría no soy: soy realista. No te hagas el hipócrita. Hace un rato mirabas a los muertos como si fueran simples marionetas. ¿O no? No estoy ciega, .Edia murmuró. .Bdia Sé lo que te pasa: te conozco desde que eres un niño. Y sé que tu Datsu no funciona igual que el de tu hermano. Que funcione bien o no, es la realidad: aquí el más frío de los dos, eres tú. ¡No me lo negarás! .Edia .P Attah… Tranquilicé a Kala: .P .Bdm No merece la pena, Kala: Sharozza habla siempre de más y sin pensar. .Edm .P .Bdm Yo también, .Edm replicó Kala, ultrajado. .P Abrió la boca… y se la cerré. Sharozza sonrió. .D .Bdia ¡Pero para qué hablar de eso! .Edia dijo entonces. .Bdia Dime, me dijeron que una vez que encontrarías a la Ragasaki perdida volverías al Templo. Si algún día quieres trabajo, puedo compartir contigo algunas ofertas que me llegan. Sé que eres igualito a Lúst: te gusta más destruir libremente que hacer escultura y alisar calles, ¿a que sí? Y trabajo no me falta. Mira, .Edia añadió. Me enseñó un colgante en forma de lotus negro. .Bdia Hasta recibí el título de Gran Bloqueadora de Dágovil. .Edia .P Fruncí el ceño examinándolo con curiosidad. Un título de esos no solía darse a destructores tan jóvenes. La pieza era fina pero… estaba hecha nada menos que con diamante de Kron. .D .Bdia Enhorabuena. ¿Te uniste al Gremio, entonces? .Edia .P Sharozza hizo una mueca. .D .Bdia Desde hace dos años. Los Veyli no somos tan prestigiosos para ocupar asientos pero… mi familia apunta alto. .Edia .D .Bdia ¿Alto, eh? Que se vaya a la Superficie si quiere ir tan alto, es más seguro, .Edia bromeé. .P Lejos de ofenderse, Sharozza dejó escapar una risotada. .D .Bdia ¡Descuida! Una vez que mis hermanos se hagan con el poder en Dágovil, conquistarán Lédek, Raizoria, Temedia, ¡y el próximo será Rosehack! .Edia .P Sin duda, bromeaba. Sharozza de Veyli, suspiré. No era ni de lejos la persona más arrogante ni ambiciosa que había conocido: en el templo, los había bastante peores. A la Exterminadora no le preocupaba tanto la ascensión social como a su familia. Era demasiado franca e insolente para preocuparse por esos asuntos y no se los tomaba en serio. Por eso no me caía mal pese a ser una bocazas. .P Charlamos mientras esperábamos la carreta prometida y, al de menos de una hora, nos llegó un grupo de Zombras con diez anobos. Oficialmente no estábamos en Dágovil, pero no había nadie ahí que fuera a culparlos de una invasión. .P Se habló poco, los Zombras cargaron con los ex-dokohis inconscientes, un curandero atendió a los heridos y otro soldado se ocupó de recoger los trozos de los collares: supuse que refundirían el metal para su propio uso. En cuanto a los muertos, el que llevaba faja y venda de sargento dijo: .D .Bdia A estos los enterraremos aquí, no sea que despierten el apetito de criaturas de la zona. .Edia .P Lo decía con fastidio: se veía que el sargento deseaba regresar al puesto cuanto antes. Intervine: .D .Bdia Si no os molesta, puedo ayudar: soy destructor. .Edia .P El sargento se giró hacia mí y me miró con detenimiento. .D .Bdia ¿Y tú quién eres? .Edia .P Por Sheyra, a veces olvidaba que mi Datsu ya no era tan fácilmente reconocible… .D .Bdia Drey Arunaeh, .Edia contesté. .P Por su cara de comprensión, supe que el sargento debía de haber oído por Yodah que había un pariente suyo esperando en la caverna. Aun así… Frunció la nariz. .D .Bdia Abre la boca, por favor. .Edia .P ¿La boca…? Le dediqué una muy ancha sonrisa incrédula. .D .Bdia ¿Me has visto cara de vampiro? .Edia .P Sharozza, al oírnos, se carcajeó. El sargento miró bien mis dientes y mi cuello —tal vez en busca de un collar de dokohi— antes de suspirar y lanzar: .D .Bdia Mis disculpas. Si no te importa ayudar gratis… .Edia .D .Bdia Será un placer, .Edia lo corté. .D .Bdia ¡Trabaja bien, yo me adelanto! .Edia anunció Sharozza. .P Mientras, escoltados por varios Zombras, ella y los Kartanes se marchaban hacia el túnel del puesto fronterizo dagovilés con los ex-dokohis inconscientes y los anobos, me alejé hacia los soldados con palas. Les sonreí. .D .Bdia A trabajar. .Edia .P Era ya la segunda vez en mi vida que enterraba a unos dokohis. Ignorando las miradas extrañadas de los Zombras, me agaché, posé las manos en la tierra y la hice estallar. Menos de media hora después, habíamos metido a los siete muertos en un foso bien profundo, donde ningún hawi iría a desenterrarlos. Tan sólo quedábamos Reik, yo y media docena de Zombras. El sargento ordenó a sus hombres: .D .Bdia ¡En marcha, muchachos! .Edia .P Reik y yo caminábamos detrás de ellos por el túnel, en silencio. El comandante Zorkia estaba pálido y lúgubre. Quizá se preguntaba si alguno de esos Zombras que nos acompañaban había participado en la masacre de sus compañeros dos años atrás. Me imaginé que bullía por dentro, como hubiera bullido Kala en esa situación. Sólo esperaba que nadie lo reconociese… .P No tardamos en alcanzar las puertas que cerraban el túnel. Estaban abiertas y una luz tenue de piedra de luna las iluminaba. Las atravesamos sin problemas y desembocamos en una caverna alta, más profunda que ancha. Después de tanta caverna oscura y plagada de bichos, ver aquel lugar luminoso y lleno de gente me alegró. Reik no se alegró tanto. Aun así, mientras cruzábamos la calle principal y subíamos la rampa hacia el centro de dirección, los soldados, mozos de cuadra, comerciantes y transportistas resultaron estar demasiado ocupados en sus asuntos como para dedicarnos algo más que una mirada de refilón. .P Había más agitación de la que hubiera esperado en un puesto fronterizo en una zona de nula actividad comercial. Las vistas eran las típicas de un campamento de mercenarios: pequeños grupos que hablaban y reían fuerte, otros que trabajaban, cargaban con agua, provisiones, o corrían hasta su superior para dar su informe. Mercenarios, me repetí. Pero no formaban parte de cualquier compañía mercenaria: los Zombras eran la espada del Gremio. Y habían venido a zanjar el problema de los Ojos Blancos. .P Al pasar ante un establo, vi a unos hombres cargar con el último ex-dokohi desmayado y llevarlo adentro de un edificio contiguo al de la dirección. Fijándome en las pesadas llaves que llevaba el portero, entendí que el hecho de que esos kozereños hubiesen perdido el collar no significaba que los dagovileses iban a exculpar sus actos fácilmente. .D .Bdia Es él. Hey. Mahí. .Edia .P Desvié la mirada del calabozo al oír la voz reacia del sargento. Un joven en uniforme de paje, salido de la dirección, se inclinó diciendo: .D .Bdia Mahí. Me han encargado de decirte que la niña Arunaeh está siendo atendida por el curandero personal del nahó. Yodah Arunaeh quiere que te quedes con ella en su ausencia. .Edia .P Fruncí el ceño. ¿El curandero personal del nahó? Ese era un título que sólo se usaba para ministros y grandes jefes de Dágovil. Dánnelah, ¿podía ser…? .D .Bdia ¿Quién dirige ahora este puesto fronterizo? .Edia pregunté. .P El paje volvió a inclinarse como si estuviéramos en algún palacio. .D .Bdia El delegado Zenfroz Norgalah-Odali llegó aquí hace unos días, mahí. Tu pariente está hablando con él en estos momentos. Si me haces el favor de seguirme… .Edia .P Lo seguí adentro junto con Reik. Este me pisaba los talones tan diligentemente que parecía mi guardaespaldas y nadie se atrevió a desarmarlo. Algo que seguramente iba contra las reglas, pero los Arunaeh éramos para muchos unos de los más fieles siervos de la Justicia. Los criminales eran nuestras víctimas, no nuestros aliados. .P Pese a mi ala protectora, Reik tenía una cara particularmente siniestra. Norgalah-Odali, me repetí mientras caminaba por un pasillo bastamente labrado. Mm, sí, Norgalah-Odali… Si no me confundía, ese era el apellido de algún ministro del gabinete del Gremio pero no recordaba cuál. Tampoco me importaba en ese momento. .P Subimos unas escaleras y el paje se detuvo ante una puerta semi-abierta. Asomé la cabeza. .D .Bdia Con permiso, soy… .Edia .P El curandero de Zenfroz, un drow enjuto y más negro que azul, se giró imponiendo silencio con un gesto imperativo. Yánika estaba tendida en una cama, bien arropada, con la frente vendada y el rostro limpio y apacible. Estaba durmiendo. En cuanto la vi, mi Datsu volvió al fin a su estado normal y mi preocupación se diluyó en un mar sereno. Me adelanté en la habitación y murmuré: .D .Bdia Drey Arunaeh. .Edia .P Me senté en la silla que había junto a la cama ignorando totalmente al curandero. Este carraspeó suavemente. .D .Bdia ¿Drey Arunaeh? Así que eres su hermano. Verás… Estudio a las grandes familias como pasatiempo, por eso sé que tú eres el más joven destructor Arunaeh del Templo del Viento… .Edia .P Su tono delataba una pasión refrenada. Mar-háï, ¿no era él el que me había acallado un momento antes? Suspiré. .D .Bdia ¿Se repondrá rápido? .Edia pregunté. .P El curandero asintió. .D .Bdia Algunos días de reposo y estará como nueva. El impacto causó una pérdida de consciencia y ha perdido bastante sangre. Tuve que suturar la herida y hasta que no le quite los puntos será mejor que no viaje. Le he dado un sedante a base de evandrelina y dormirá durante un buen rato… .Edia .P Dejé que siguiese hablando en murmullos sin escucharlo realmente. El aura de Yánika, tranquila y plácida, me decía todo lo que necesitaba. Kala estaba también aliviado y nuestro cuerpo dejó de estar tan tenso por todo lo sucedido. Finalmente, no había pasado nada realmente grave… .P Sólo habían muerto siete saijits inocentes que habían dejado de ser ellos mismos por culpa de unos collares programados. Collares que, según confirmación del Príncipe Anciano, había fabricado Lotus. .P Vacilé en hablar con Kala de ello y decidí finalmente que no era el mejor momento. No ahora que el Pixie se sentía tan bien y a punto de dejarse llevar por el sopor. Alcé la mirada hacia el curandero, que estaba guardando sus instrumentos en su maletín. .D .Bdia Perdona, .Edia dije. .Bdia Sirves a Zenfroz Norgalah-Odali, ¿verdad? .Edia .P El curandero sonrió. .D .Bdia Así es. El nahó es un gran hombre, que apenas cae enfermo, ¡así que apenas me da trabajo! .Edia .D .Bdia Es ministro, ¿no? .Edia .P El enjuto drow se quedó un momento sin habla. Entonces, resopló. .D .Bdia Por Tatako, Zenfroz no es ministro, ¡es el comandante de los Zombras! Lo nombraron hace ya dos años. .Edia .P Parpadeé sin inmutarme. .D .Bdia ¿En serio? No sé por qué estaba convencido de que el apellido de Norgalah-Odali era el de un ministro. .Edia .P El curandero estaba atónito. .D .Bdia ¿Te refieres a Varandil Noa Norgalah-Odali? .Edia .P Inspiré, cayendo al fin en la cuenta. Varandil Noa Norgalah-Odali. Era el máximo dirigente del gabinete del Gremio, el que había tomado el control de este durante la guerra de la Contra-Balanza para posteriormente asentar una autoridad implacable durante treinta años… Sin embargo, el nombre de Zenfroz no me sonaba. .D .Bdia Mm… Claro, .Edia medité. .Bdia Zenfroz es un pariente de Varandil, entonces. .Edia .P El curandero meneaba la cabeza, incrédulo. .D .Bdia ¡Por favor! No se bromea con esas cosas, joven mahí. Todo el mundo sabe que Zenfroz es el segundo hijo de Varandil. .Edia .D .Bdia Ahora lo sé, .Edia sonreí. .Bdia Gracias por cuidar a mi hermana. .Edia .P Era una forma de decir que podía retirarse. El curandero no abandonó su expresión desaprobadora cuando se inclinó y salió de la habitación. Reik cerró la gruesa puerta y masculló por lo bajo: .D .Bdia ¿En serio no sabías quién era Zenfroz, muchacho? .Edia .P Lo miré con curiosidad. .D .Bdia En serio. La política no me interesa. .Edia .P Me levanté, rebusqué en mi mochila y saqué un Ojo de Sheyra. No me apetecía salir de ese cuarto y pedir comida. Cuando masqué, sin embargo, y el sabor agrio me llenó la boca, lamenté un poco mi decisión. Le propuse uno a Reik pero este lo rechazó con un gesto de cabeza. Me encogí de hombros, bostecé y, tras tumbarme sobre un pequeño jergón que había en el cuarto, saqué mi diamante de Kron. ¿Sharozza estaría en lo cierto?, me pregunté, observándolo. ¿Acaso no podía lograr romperlo solo? ¿Acaso Lústogan esperaba que fuera a pedirle consejo? Hubiera sido lógico. Si mi hermano no me había ayudado, tal vez era porque efectivamente quería hacerme entender que todavía necesitaba sus enseñanzas. Había pasado los exámenes del Viento, había aprendido a romper hierro negro, y aun así era consciente de que ignoraba aún demasiadas cosas sobre las rocas. .D .Bdia Comandante de los Zombras, .Edia dejó escapar de pronto Reik, sentándose en el suelo y recostándose contra el muro. .Bdia Me pregunto qué tipo de hombre será ese Zenfroz. .Edia .P Le eché un vistazo… y esbocé una sonrisa. .D .Bdia Creo que no tardaremos en saberlo. .Edia .Ch "Compañeros" .\" 06/09/2019 .Bcita De todas las artes celmistas, dicen que el arte bréjico es el más peliagudo y, sin embargo, hasta un ratón emite bréjica cuando tiene miedo. Si entendiéramos del todo el funcionamiento de la mente… ¿sería provechoso o nefasto? .Ecita .autor-cita Yodah Arunaeh .salto Con las manos tocando un muro de granito, trataba de estallarlo, de demolerlo, de reducirlo a polvo. .P .Bdm No funciona, .Edm dije. .Bdm Lúst… no funciona. .Edm .P Pero Lústogan no estaba ahí. Me sentía desconcertado. El granito era fácil de romper. Estaba lleno de puntos flojos. Entonces… .P .Bdm ¿Por qué no funciona? .Edm .P Intentaba entender la razón. Siempre había una razón. Siempre había un método para solventar un problema de esos, siempre… .P .Bdm ¿Eres tonto? .Edm me lanzó de pronto Kala. .Bdm ¿Te pasas no sé cuántas horas seguidas obsesionado con el diamante y ahora sueñas con granito? ¿Pero es que no tienes otra cosa que piedras en la cabeza? .Edm .P Abrí los ojos, emergiendo de aquel sueño desagradable. Me enderecé en el jergón y bostecé mientras Kala se frotaba los ojos. Miramos a nuestro alrededor. Reik estaba recostado contra el muro opuesto, perdido en sus pensamientos. Si en ese momento le hubiese preguntado por qué no se relajaba un poco, seguro que me habría contestado: ¿cómo voy a relajarme teniendo a mis compañeros en Makabath? .P Suspiré. .P .Bdm ¿Desde cuándo te metes en mis sueños, Kala? .Edm .P .Bdm Desde que me despiertas hablándome por bréjica y diciéndome: no funciona, Lúst, no funciona, .Edm replicó Kala con impaciencia. .P Se levantó y se acercó a la cama. Yánika seguía durmiendo. Eché un vistazo a mi anillo de Nashtag. .P .Bdm ¿Cuántas horas? .Edm preguntó Kala. .P .Bdm Cinco desde que se fue el curandero, .Edm contesté. .P Recogí mi diamante caído en el jergón y lo guardé hundiendo las manos en los bolsillos. Solté por lo bajo: .D .Bdia Voy a dar una vuelta. .Edia .P Vi al Zorkia fruncir el ceño pero no dijo nada. Salí al pasillo. Estaba desierto. Eché un vistazo a mi alrededor. El edificio estaba cavado en la roca y las paredes, lejos de ser regulares, habían sido dejadas tal cual sin alisar. Supuse que a los guardias fronterizos les traían sin cuidado esos detalles. .P Iba a bajar las escaleras hacia la planta baja cuando oí voces abajo y vi sombras proyectarse en los escalones. Me detuve y me arrimé tranquilamente al muro, escuchando. .D .Bdia Descuida, nahó. .Edia Ese era Yodah. .Bdia Me ocuparé de interrogarlos cuando despierten pero también me gustaría verlos antes de la cena. .Edia .D .Bdia ¿Lo dices por las huellas que han podido dejar los espectros? Entiendo, .Edia contestó una voz grave. Zenfroz, probablemente. .Bdia Halug te guiará adonde necesites. Por favor, siéntete como en casa. .Edia .D .Bdia Esa es mi intención, .Edia replicó Yodah con tono ligero. .Bdia Reitero mi más sincera gratitud por tu rápida ayuda y hospitalidad. .Edia .D .Bdia Es natural, siendo los Arunaeh tan buenos amigos del Gremio. .Edia .P La voz del comandante de los Zombras era menos frívola que la de Yodah, más seria y seca. Yodah contestó muy cortésmente: .D .Bdia Tus palabras honran mi familia. .Edia .P Por las sombras proyectadas, adiviné las inclinaciones mutuas. Entonces, oí sonidos de botas alejarse. Yodah comenzó a subir por las escaleras. Cuando lo vi aparecer, constaté que había revestido su uniforme de inquisidor, negro con borlas rojas. Parecía un funcionario público de Dágovil. Iba seguido del paje de antes, un drow adolescente algo esmirriado. Halug, supuse. Al verme ahí parado, Yodah enarcó una ceja. .D .Bdia Drey. ¿Qué haces aquí? .Edia .P Me aparté del muro. .D .Bdia Nada. Yánika está durmiendo. ¿Cómo están los demás? .Edia .P Yodah se encogió de hombros al llegar arriba. .D .Bdia Olvidaste quitarle el collar a la mirol, ¿sabes? A tus Ragasakis los han metido a todos en el calabozo porque intentaron impedir que los Zombras se la llevaran. .Edia .P Oh, no… Orih. Imprequé: .D .Bdia Ashgavar. .Edia .P Yodah puso los ojos en blanco. .D .Bdia Por favor, no jures como un mercenario. Las malas manías son duras de quitar. .Edia .D .Bdia Por Sheyra… Se me olvidó por completo, .Edia suspiré. .Bdia Pero ¿cómo se le ha podido olvidar a Orih? .Edia .D .Bdia ¿Un problema de memoria? .Edia sugirió el inquisidor. .Bdia A Jiyari en cambio lo dejaron por víctima inocente: se desmayó en cuanto le empezó a sangrar la nariz a Livon. Está esperándote afuera. Deja que vea cómo está Yánika e iremos los dos al calabozo a tranquilizar los ánimos, ¿de acuerdo? .Edia .P Abrió la puerta y entró con paso silencioso. Yo me quedé fuera con el paje. Miré a este a los ojos sin realmente verlo. Attah… Habían metido a todos los Ragasakis en el calabozo. Todo por un despiste. .P La puerta se abrió de nuevo y oí a Yodah decirle a Reik: .D .Bdia Tú. Vigílala, ¿quieres? .Edia .P Hubo un silencio y entonces un ronco: .D .Bdia Sí, mahí. .Edia .P ¿Mahí?, me repetí, sorprendido. Mal lo tenía Reik para negarse pues su vida dependía de nuestro silencio pero… no esperaba que fuera a tratar de mahí a su torturador. Yodah sonrió al salir al pasillo y me lanzó mentalmente: .P .Bdm Si quiere salir vivo de aquí, será mejor que haga de guardaespaldas y no salga de este cuarto. .Edm .P Se giró hacia el joven paje de Zenfroz Norgalah-Odali. .D .Bdia Halug, ¿verdad? Por favor, guíanos hasta el calabozo. .Edia .P Halug se inclinó y nos guió afuera. Ahí, vi a Jiyari sentado formalmente en una gran piedra. A veces, parecía un hombre maduro y otras veces, como esa, me dio la impresión de no ser más que un adolescente. Se levantó de un bote al vernos. .D .Bdia ¡Gran Chamán! .Edia .P Kala enseguida me quitó el cuerpo para preguntar: .D .Bdia ¿Estás bien? .Edia .P El Pixie rubio asintió y lo observé con un creciente desconcierto. Su piel estaba de nuevo bronceada y sus ojos de un negro profundo. ¿Qué lógica tenía que yo siempre estuviera gris y él no? .P Viendo que Yodah nos había distanciado con el paje, Jiyari y Kala se apresuraron a alcanzarlo. .P El calabozo, contiguo al edificio central, no era muy grande. Eso sí, parecía una pocilga y hasta yo, pese a la peste de vampiro que llevaba encima, fruncí levemente la nariz. Había dos grandes celdas. Una la compartían los Ragasakis con un Zombra metido ahí seguramente por una falta disciplinaria; otra encerraba a ocho ex-dokohis inconscientes tumbados en la misma roca. Afortunadamente, a los cuatro heridos no los habían metido ahí. Caí de pronto en la cuenta. .D .Bdia Ordabat, el herrero, .Edia murmuré en la puerta. .Bdia Ese no era dokohi, ¿dónde está? .Edia .P Jiyari meneó la cabeza, ensombrecido. .D .Bdia Está herido. Está tan mal que el curandero no sabe si se salvará. .Edia .P Asentí, pensativo, mientras me adelantaba hacia la celda con los Ragasakis. Eran cinco: Naylah, Zélif, Sirih, Sanaytay y Livon. Orih no estaba con ellos. Todos alzaron la vista. .D .Bdia ¡Drey! .Edia exclamó Livon, acercándose a los barrotes. .Bdia Por lo menos a ti no te han encerrado. ¿Has visto a Orih? .Edia .P Me sinceré: .D .Bdia No. .Edia .P Me giré hacia Yodah, pero este estaba esperando a que un guardia abriese la puerta de los ex-dokohis inconscientes. .D .Bdia Yodah, .Edia lancé. .P El inquisidor se giró a medias, observó a los Ragasakis ansiosos, se encogió de hombros y nos dio la espalda otra vez replicando mentalmente: .P .Bdm ¿Qué? .Edm .P .Bdm Dime dónde está Orih y le quitaré el collar. .Edm .P El hijo-heredero me echó una mirada paciente y silenciosa y entró en la otra celda diciendo también por bréjica: .P .Bdm Zenfroz no parece querer que se lo quite nadie. .Edm .P Parpadeé. .P .Bdm ¿Qué quieres decir? .Edm .P Bajo la mirada suspensa e interrogante de los Ragasakis, lo vi agacharse junto al primer ex-dokohi suspirando: .P .Bdm La muy lista dijo que era explosionista. La han drogado y transferido casi de inmediato hacia Dágovil. .Edm .P Enarqué las cejas. Diablos. ¿A la capital? Me giré hacia la celda de los Ragasakis, confundido. .P .Bdm Pero… si querían asegurarse de que no explotara nada, ¿no hubiera sido mejor quitarle el collar? .Edm .P .Bdm Mm… .Edm Yodah aplicó sus dos manos en las sienes de su primer paciente y pareció concentrarse pero contestó: .Bdm No conoces el Gremio de las Sombras, Drey. Si Zenfroz la ha mandado a Dágovil con el collar, ¿no será porque recibió la orden de recuperar collares intactos? Si no han matado a tu amiga para ello, significa que ella también les interesa. La ven más como a una herramienta que como un peligro. Y tampoco se les ha pasado por alto el amuleto que la protege del collar… Ahora bien, .Edm murmuró por bréjica, .Bdm ¿qué es lo que pretenden hacer con esos collares? Después de treinta años de estudio, ¿habrán llegado a algo? En verdad, este asunto me gusta tan poco como a ti, pero no debemos olvidar… que el problema lo creó un miembro de nuestra familia. .Edm .P Eché una ojeada hacia atrás, sin mirarlo. Yodah añadió: .P .Bdm Por supuesto, no hables de esto con los Ragasakis. Sólo los pondrá nerviosos. .Edm .P Solté un largo suspiro. Tenía razón. Entonces, Livon preguntó en un cuchicheo: .D .Bdia ¿Drey? ¿Te ha dicho algo tu primo? .Edia .P Bajo los ojos azules atentos de Zélif, la mirada dorada y fuerte de Naylah, los párpados medio cerrados de Sanaytay y los ojos suspicaces de Sirih… meneé la cabeza. .D .Bdia Conjeturas, nada más. .Edia Les dediqué una sonrisilla despreocupada. .Bdia Orih está viva. Tranquilos. Os sacaré de aquí. No habéis hecho nada aparte de resistir un poco, ¿verdad? No habéis herido a nadie. .Edia .P Livon se ensombreció. .D .Bdia Sólo un poco, .Edia admitió. .P Hice una mueca. .D .Bdia ¿Sólo un poco? .Edia .D .Bdia Livon permutó con uno de esos mercenarios que le iba a dar un puñetazo, .Edia explicó Sirih. .Bdia No pudo parar el golpe. .Edia .D .Bdia Así que luego me lo dieron a mí, .Edia carraspeó Livon masajeándose la nariz. .P Suspiré. .D .Bdia Bah… Un puñetazo a un Zombra no es tan terrible. Mientras no fuera un oficial… .Edia .D .Bdia ¿Intentas tranquilizarnos? .Edia Naylah se levantó del suelo con los brazos cruzados. .Bdia Lo siento, Drey, pero por lo visto, nos tienen como sospechosos ya sólo porque tratamos de averiguar cosas acerca de los dokohis. .Edia .D .Bdia Hasta por usar la palabra misma ‘dokohi’ me miraron raro, .Edia murmuró Sanaytay. .P Naylah agarró los barrotes como si pudiera quebrarlos con su sola voluntad. .D .Bdia ¡Por mi honor! Nos tienen aquí encerrados como si fuéramos criminales. Es imperdonable. .Edia .P Esbocé una sonrisa. La lancera no había cambiado nada. .D .Bdia ¿Por qué sonríes? .Edia se sorprendió Livon. .P Intenté ponerme serio pero, inopinadamente, mi sonrisa se ensanchó. .D .Bdia Perdonad. Es sólo que me hacéis gracia. .Edia .D .Bdia ¿Te hacemos gracia? .Edia repitió Sirih, incrédula. .P Ahora los cinco estaban agarrados a los barrotes, en línea. Incliné la cabeza, borrando mi sonrisa, consciente de que reírme de ellos en ese momento era de mal gusto. .D .Bdia No os preocupéis. Estoy seguro de que os soltarán pronto. .Edia .P Zélif suspiró, ensimismada. .D .Bdia ¿Tú crees? Un Zombra vino aquí hace un par de horas a decirnos que estaban estudiando nuestro caso… No parece que anden con ganas de soltarnos. Cuando llegaron Livon y Orih, intenté conversar con los guardias y pedí que te esperaran para liberar a Orih de su collar… pero no me hicieron caso. Nos encarcelaron y se la llevaron. .Edia .P No mencionó a Tchag, por lo que supuse que el imp se había escaqueado a tiempo… Y no se había ido solo, sospeché: Livon no llevaba la lágrima como pendiente. ¿Se la habría dado a Tchag por si se la confiscaban? Como adivinando mis pensamientos, Zélif asintió. Sus ojos se posaron sobre el guardia apostado junto a la puerta. Fruncí el ceño y alcé la voz preguntándole a este: .D .Bdia Soldado. ¿Sabes de qué les acusan a los Ragasakis? .Edia .D .Bdia ¿A mí me dices, mahí? .Edia El guardia colocó el peso en la otra pierna, rascándose la cabeza. .Bdia Esto… veamos. Al parecer, armaron jaleo e infiltraron a un Ojo Blanco desde Kozera. .Edia .D .Bdia ¿Qué? .Edia exclamó Sirih. Golpeó un barrote como protesta. .Bdia ¡Infiltrar y un cuerno! Orih es nuestra amiga. Sólo hace falta que Drey le quite el collar ¡y será inofensiva! Drey, tú no estás encarcelado: ¿por qué no vas y se lo quitas? .Edia .D .Bdia No es tan sencillo, .Edia dije. .P Sobre todo que ya estaba de viaje hacia la capital… .D .Bdia ¿Y por qué no es tan sencillo? .Edia replicó ella. .Bdia Vienes de una familia de alta cuna, ¿no? Seguro que te hacen caso… .Edia .D .Bdia Sirih, .Edia protestó Livon. .P La armónica lo atravesó con la mirada y chasqueó la lengua. .D .Bdia Tâ… ¡Pero, si se quita el collar, todo se soluciona! ¿O es que Dágovil ahora se dedica a secuestrar a gente como los caciques de Daercia? .Edia .P Por su expresión, entendí que Livon estaba de acuerdo. Sus ojos grises se posaron sobre mí, vacilantes y esperanzados. .D .Bdia Drey… ¿No puedes hacer algo? .Edia .P ¿Podía? No lo sabía. Si los Arunaeh pedían formalmente que el Gremio liberase a Orih, tal vez… Pero, diablos, armar tanto aspaviento para hacerse el altruista y salvar a una persona ajena al clan no iba con las costumbres de mi familia. Ciertamente, Yodah sospechaba que el Gremio de Dágovil estaba experimentando con los collares que había creado Lotus Arunaeh, con lo que el asunto no podía ser ignorado por el clan pero… rescatar a una aventurera de la Superficie era definitivamente otra cosa. .P El silencio se alargó. La esperanza en sus miradas se iba tornando poco a poco en decepción. ¿Dónde estaba Orih?, me preguntaban. Desvié la vista hacia el suelo, incapaz de sostenerlas… Y me calmé bruscamente. .D .Bdia Ragasakis, .Edia intervino Zélif con tono pausado. .Bdia No perdamos los nervios. Si Drey dice que Orih está bien, al menos ya es algo. Drey, .Edia añadió, acercando el rostro a los barrotes. Sus ojos se alzaron y se clavaron en los míos. Sonrió. .Bdia Me alegra saber que los vampiros no te han matado. ¿Cómo está Yánika? .Edia .D .Bdia Bien, .Edia dije. .Bdia Está durmiendo. El médico dice que le quitará los puntos en unos días. .Edia .D .Bdia Me alegro. .Edia Sin embargo, la frente de Zélif se arrugó levemente. ¿Estaría inquieta? Seguía mirándome. .Bdia Dime, Drey, estábamos preguntándonos… Eres monje del Templo del Viento, ¿verdad? .Edia .P Pestañeé y asentí. .D .Bdia Lo soy. .Edia .D .Bdia Prestaste juramento, entonces. .Edia .D .Bdia Lo presté. .Edia .P Hubo un silencio. Zélif se aclaró la garganta. .D .Bdia El Templo del Viento no es una pequeña cofradía como la nuestra… es una Orden prestigiosa y poderosa, según he oído. Si no me equivoco, ellos no suelen admitir que sus miembros pertenezcan a otras congregaciones. ¿Verdad? .Edia .P Había en sus ojos… algo que no acababa de entender. ¿Preocupación? ¿Molestia? ¿O enfado? Zélif no solía nunca enfadarse pero… ¿Y si había entendido que no les había dicho la verdad sobre Orih? ¿Por qué les había mentido? Recordaba haber pensado que no quería preocuparlos más. Pero ¿era acaso esa una razón para mentirles? Ya imaginaba a Yánika mirándome con cara de pocos amigos y diciéndome: ¿por qué mientes, Drey? Incliné la cabeza, fijando el suelo, y murmuré: .D .Bdia Perdón. .Edia Carraspeé y contesté más alto: .Bdia Esto… Sí. El Templo del Viento es una Orden estricta en ese aspecto. .Edia .P Hubo otro silencio. Y entonces Sirih resopló: .D .Bdia ¡No me lo puedo creer! ¿Serás tan miserable que ni siquiera nos explicas por qué? .Edia .P Me paralicé. ¿Miserable? ¿Lo decía por Orih o por los Monjes del Viento? Entorné los ojos, confuso. Sirih no era la única que me miraba con turbación. ¿Me había perdido algo? .D .Bdia Drey, .Edia lanzó de pronto Yodah desde la otra celda. .Bdia ¿Puedes venir un segundo? .Edia .P Sin dilaciones, me alejé de los Ragasakis y entré en la celda de los ex-dokohis en el momento en que Yodah se levantaba de su segundo paciente. Se me encaró, me examinó como para confirmar algo y puso los ojos en blanco. .D .Bdia Sal con Jiyari y espérame afuera, ¿quieres? Hablaremos después. .Edia .P Me encogí de hombros, curioso. .D .Bdia Está bien. Si me disculpan, .Edia añadí educadamente para los Ragasakis. .P Sólo al salir me sorprendió mi educación. Jamás había sido así de formal con los Ragasakis. Una vez fuera, Kala se desató: .P .Bdm ¡No lo entiendo! ¿Tanto decir que quieres pasar tiempo con los Ragasakis y luego les dices que te vas con una sonrisa? ¡No lo entiendo! .Edm .P Se sentó bruscamente en un murillo de piedra. Desde ahí, se veía todo el campamento animado de Zombras. Olía a comida… ¿Sería rowbi frito? .P .Bdm ¿De qué estás hablando? .Edm repliqué. .Bdm ¿Por qué no iba a irme con una sonrisa? Es más, no estaba sonriendo: he sido más educado de lo acostumbrado, es cierto pero… .Edm .P .Bdm ¿Pero qué me estás contando? ¿No te has fijado? Esos saijits te miraban como si pensasen que has dejado de ser Ragasaki y que ya no los vas a ayudar. .Edm Agrandé los ojos y él se golpeó la frente con la mano. .Bdm Los has dejado plantados y con la boca abierta y ni te has enterado. No tendré muchas luces yo mismo, pero tú… .Edm .P Callamos durante largo rato escuchando las voces lejanas del campamento. Attah… De hecho, no me había dado cuenta, pero si Kala estaba tan seguro… es que de veras había metido la pata. Ahora que lo pensaba, no les había hablado claramente. Me había contentado con asentir a las preguntas de Zélif sin añadir lo importante: que yo seguía siendo Ragasaki a pesar de ser Monje del Viento. Había sido un malentendido. Y no me había dado cuenta ni de sus reacciones… .P .Bdm Lo entiendo, .Edm medité entonces, algo turbado. .Bdm Es el Datsu. Está demasiado desatado y no me había dado cuenta hasta ahora. .Edm .P Pero Yodah sí. Inspiré y até el Datsu. O al menos lo intenté. Fruncí el ceño con cierto malestar. .P .Bdm Es extraño. No puedo atarlo. .Edm .P Me sentía un poco como si, de pronto, hubiese olvidado cómo se parpadeaba. Era problemático… pero eso no me impedía pensar ni sentir lo suficiente. Había interpretado mal la conversación y había olvidado analizar las expresiones de mis compañeros, pero por lo demás tenía bien claro que no quería abandonar a los Ragasakis, que dejarlos plantados estaba mal, que Yánika no me lo perdonaría y que no sería otra cosa que una roca fría si no hacía nada por Orih. .Bparoles ¿No puedes hacer algo?, .Eparoles me había preguntado Livon… Pues claro que podía hacer algo. .P Podía intentar convencer a Yodah de que este convenciera a Zenfroz para que hiciera regresar a Orih y la liberase. Podía intentar prometer dinero a cambio… Eso me hizo recordar que el Príncipe Anciano se había «olvidado» de devolverme la bolsa de dinero de Yodah. Attah, fuera como fuera… También podía robar un anobo, salir con Reik para el norte, salvar a Orih y convertirme en fugitivo… .D .Bdia Gran Chamán, .Edia dijo de pronto Jiyari, interrumpiendo mis cavilaciones cada vez más estrafalarias. .Bdia Tengo… que decirte algo. .Edia .P El Pixie rubio se había sentado en el murillo junto a mí haciendo girar en sus dedos una gran flor blanca. Una bella simella que había recogido entre las matas justo detrás de nosotros. La hacía girar y los grandes pétalos se convertían en una hélice en movimiento que le fascinó a Kala. Jiyari rompió el silencio con voz ensimismada confesando: .D .Bdia Cuando creí que los vampiros te habían matado, sentí que el mundo ya no tenía sentido. ¿Para qué reencarnarse si morimos tan rápido?, me pregunté. ¿Para qué seguir viviendo sin el Gran Chamán? .Edia Meneó la cabeza con una sonrisa que se burlaba de sí mismo. .Bdia Resultó que estabas vivo. Y esta mañana, me he preguntado: ¿por qué no nos vamos tú y yo de aquí, dejamos a los saijits arreglárselas y nos dedicamos de verdad a buscar a nuestros hermanos? .Edia .P Me dedicó una sonrisa encantadoramente culpable. .D .Bdia Y luego me he preguntado lo contrario: ¿por qué no esperamos antes de buscar a nuestros hermanos y seguimos ayudando a estos saijits que tan bien le caen al Gran Chamán? .Edia Se rió quedamente. .Bdia Me dirás que tengo un jaleo mental. Que mejor me cojo un libro y me quedo dormido. Pero ¿sabes? .Edia agregó con una ligereza fingida bajo mi mirada suspensa. .Bdia A veces me digo que si Rao nos ha reencarnado en cuerpos con orígenes tan distintos… quizá esperara que creciéramos solos para que aprendiésemos a ver cómo es el mundo saijit en realidad. Para que aprendiésemos a no odiarlo como sé que tú… que parte de ti lo odia. .Edia Se encogió de hombros, burlándose: .Bdia Resulta que ahora yo recuerdo más de esta vida que de la otra y sigo teniendo una mala opinión sobre los saijits… pero también una buena. Y… .Edia alzó la flor blanca y murmuró: .Bdia si algo recuerdo, es cómo erais todos. Conozco el corazón de todos mejor que nadie. Y sé que el Gran Chamán nunca abandonaría a sus compañeros en situaciones como esta. .Edia .P Lo miré con fijeza. Y sentí la aprobación de Kala. Compañeros, me repetí. Claro. Sonreí. Incluso con el Datsu desatado, seguía siendo el Drey de siempre. Me había prometido que sería digno de los Ragasakis… y un Arunaeh siempre cumplía sus promesas. .D .Bdia Gracias, Jiyari. .Edia .P Me levanté. .D .Bdia Ahora sé lo que tengo que hacer. .Edia .P Notando la curiosidad de Kala, me dirigí hacia el edificio central a buen paso. Fue un golpe de suerte que el comandante de los Zombras se encontrara en el salón de entrada con varios soldados hablando con un hobbit de mediana edad y cara de comerciante poco fiable. Reconocí al comandante enseguida por la mancha de nacimiento que llevaba en la frente: ese drow era sin duda el hijo de Varandil Noa Norgalah-Odali. .P Me acerqué unos pasos por la piedra de granito hasta que él reparase en mí. Entonces, me incliné y Zenfroz alzó una mano hacia el hobbit para imponer silencio. .D .Bdia Drey Arunaeh, supongo, .Edia dijo. .P Me enderecé y me crucé con sus ojos, seguramente tan rojos como los míos. Sus labios formaban una fina línea; su rostro, tallado como una escultura de madera, era relativamente joven. Pero no daba para nada la impresión de carecer de experiencia en su oficio. Al contrario: llevaba el uniforme negro de comandante con indudable comodidad. Sentí el escalofrío de Kala. .D .Bdia Nahó, .Edia dije. .Bdia Me gustaría hablar un momento, si no es mucha molestia. Se trata de la mirol que pasó la frontera con un collar de Ojo Blanco. .Edia .P Zenfroz permaneció inmutable. .D .Bdia Habla, por favor. .Edia .D .Bdia Gracias, .Edia dije con voz tan desapasionada como la suya. .Bdia El hijo-heredero de mi clan me ha dicho que Orih Hissa, la mirol, ya no está en este puesto fronterizo. .Edia .D .Bdia De hecho, fue trasladada a Dágovil, para seguridad de todos, .Edia afirmó el hobbit. .P Lo miré. Nadie más que un consejero o un amigo próximo se habría atrevido a intervenir en esa conversación. .D .Bdia Disculpa mi descortesía. Tarmyn Lexer, .Edia se presentó. .D .Bdia Mi consejero, .Edia dijo Zenfroz, impasible. .Bdia Si me disculpas, tengo que atender a otras prioridades antes de la cena. Tarmyn se ocupó personalmente de interrogar a la joven. Esclarecerá tus dudas mejor que yo. Espero que te unas a la cena de este o-rianshu junto con Yodah y Sharozza de Veyli. .Edia .P Se inclinó levemente. Me tragué mi contrariedad y realicé una profunda reverencia. .D .Bdia Será un placer, nahó. .Edia .D .Bdia Desafortunadamente no hay baños termales en este sitio, .Edia añadió Zenfroz, .Bdia pero puedes preguntar a cualquier criado para que te prepare un baño si así lo deseas. .Edia .P En otras palabras: apestas. Reprimí una mueca y me incliné otra vez. .D .Bdia Gracias. .Edia .P El drow sonrió levemente. .D .Bdia Ser agradecido es de bien nacido, .Edia citó. .P El comandante se alejó con sus oficiales y me quedé a solas con el hobbit Tarmyn Lexer con cara de comerciante estafador. No me servía de nada hablar con él. Suspiré y, sintiendo mi desánimo, Kala lanzó con tono súbitamente descomedido: .D .Bdia ¡Gracias por tu tiempo, saijit! pero a mí también me han surgido otras prioridades. Hasta luego. .Edia .P Le dio la espalda y se marchó por la puerta. Y yo me reí por dentro. Quién sabe por qué, la diversión y el buen humor no me los aplacaba el Datsu tanto como el resto. Dejé que Kala se moviera como quería. Bajó por la rampa y miró con curiosidad el campamento, los hombres de toda raza compartir cena, los anobos de guerra resoplar en sus establos improvisados. El ambiente era más alegre de lo que esperaba. Finalmente, Kala dio media vuelta y dijo: .P .Bdm Pídele a uno de los criados el baño caliente. .Edm .P .Bdm Tú también puedes hacerlo. .Edm .P Kala gruñó. .P .Bdm No quiero hablar con saijits extraños. Hazlo tú. .Edm .P Sonreí anchamente mientras entrábamos de vuelta al edificio central. .P .Bdm Si serás tímido. .Edm .Ch "La musa" .\" 08/09/2019 Kala dejó dos simellas cortadas en un vaso de agua junto a la mesilla de Yánika. A mi hermana le gustaban mucho, porque eran blancas y bonitas. Y los pequeños placeres, como me había recordado un día, también eran importantes. .P Sonreí e inspiré, hinchando el torso. Estaba limpio. Por toda la suciedad que había dejado atrás en el baño, parecía que me había rebozado en un lago de lodo. Incluso había podido verme en un espejo. Por primera vez había examinado con precisión mi piel gris cubierta de tatuajes negros y rojos. No tenía aspecto de Arunaeh. Más bien de demonio. .P La ropa que me habían facilitado para la cena era cómoda y blanca como las simellas que acababa de traerle a Yánika. Al igual que mi chaleco, el jubón, a la moda dagovilesa, no ocultaba los tatuajes de los brazos, pero ¿para qué ocultarlos? Era mi Datsu. Un Datsu no se ocultaba. .P Me giré hacia Jiyari, tumbado en el jergón con su cuaderno de dibujo en mano. Los guardias lo habían dejado entrar conmigo después de que yo declarase que respondía de él. En cuanto a Reik… Lo miré, sentado contra el muro. No había cambiado su posición desde que lo había dejado, horas atrás. Igual de taciturno, igual de tenebroso. Le sonreí, burlón. .D .Bdia Vamos, comandante, ¡no te desanimes! Unos días más y podremos salir de aquí. .Edia .D .Bdia ¿Y tus compañeros? ¿También podrán? .Edia replicó. .D .Bdia Me las arreglaré para que puedan, .Edia aseguré. .P El Zorkia me miró, pensativo. De pronto, sentí que el aura de Yánika cambiaba y me giré. La vi parpadear. Me senté en el borde de la cama. .D .Bdia Yani. ¿Estás despierta? .Edia .P Mi hermana abrió al fin los ojos en grande. .D .Bdia ¿Hermano? ¿Dónde estamos? .Edia .D .Bdia En el puesto fronterizo de la Punta de Dágovil, .Edia contesté. .Bdia Te ha atendido el curandero del gran comandante Zombra, Zenfroz Norgalah-Odali, cuya existencia acabo de descubrir hoy. .Edia Sonreí. .Bdia ¿Qué tal te encuentras? .Edia .P Yánika se enderezó lentamente bostezando. .D .Bdia Con sueño. .Edia Se llevó una mano hacia la frente y, cuando tocó el vendaje, frunció el ceño. .Bdia ¿Qué me ha pasado? ¿Me he caído? .Edia .P Tardé unos pestañeos en entender. Parecía que Yánika no recordaba nada de lo sucedido en la caverna. Aparté un mechón rosa de su rostro diciendo: .D .Bdia Esto… Bueno. Sí, te caíste, pero… .Edia .P Mi hermana frunció aún más el ceño. .D .Bdia Lo último que recuerdo es… cuando saliste de Loeria y… No, espera, todo está muy confuso. Nos encontramos con Sharozza, ¿no? ¿Ahí me caí? ¿Cómo me caí? ¿Desde cuándo estoy aquí? ¿Hermano? .Edia .P Su aura se cargaba de confusión. Le tomé la mano y sonreí. .D .Bdia Tranquila. No ha pasado nada grave: todos estamos bien. Estás aquí desde hace unas ocho horas nada más. En unos días, tu herida se cerrará, se quitarán los puntos y no se hablará más de ello. .Edia .P De ser una Arunaeh normal, le habría dicho la verdad. De ser una Arunaeh normal con un Datsu que la protegiera, no habría temido su reacción al saber que, porque se había desmayado, habíamos estado todos en peligro y habían muerto siete saijits. Pero a Yánika nada la protegía. Por más que ella me repitiera que con voluntad uno podía volverse fuerte… no la creía. .P Sin embargo, la mirada que me echó Yánika en ese momento me arrancó una mueca culpable. Desvié la mirada… y la conversación. .D .Bdia ¡Ah, Yani! ¿Has visto? Te he traído simellas. .Edia Se las enseñé, rebosantes de frescura. .Bdia ¡En esta caverna crecen como setas! ¿Te gustan? .Edia .P Yánika entornó los ojos. .D .Bdia Hermano, conmigo no funcionan esos trucos: estás nervioso como una trucha. .Edia .D .Bdia ¿Como una trucha? .Edia me carcajeé con franqueza. .Bdia Es la primera vez que lo oigo. ¿No querrás decir como una anguila? .Edia .D .Bdia El caso es que no me estás escuchando. .Edia .D .Bdia Yo siempre te escucho, hermana. .Edia .D .Bdia Pero me estás dando largas. .Edia .P Callamos cuando la puerta se abrió y Yodah asomó la cabeza. El inquisidor sonrió de oreja a oreja. .D .Bdia ¡Estás despierta! Me alegro. .Edia Cerró detrás de sí. .Bdia ¿Cómo te sientes? .Edia .P Yánika olvidó un momento su exasperación, halagada de ser el centro de atención. .D .Bdia Estoy bien. .Edia .P Calló inspirando de sorpresa cuando Yodah se acercó y le colocó una flor, una simella cortada, entre el cabello. El inquisidor sonreía. .D .Bdia Le pedí a esta flor que curase tu herida y que cuidara de ti y por eso creció alta, hermosa y fuerte, a imagen de su paciente. .Edia .P ¿Ahora se volvía poeta? Yánika se sonrojó de placer. Yo resoplé. .D .Bdia Mar-háï. Yánika, si vieses los poemas que escribe normalmente este hombre… Una verdadera tortura… .Edia .D .Bdia Ya se los enseñé, .Edia me cortó Yodah con paciencia. .Bdia Dijo que no estaban tan mal. Al contrario que tú, ella también es poeta. .Edia .P Eso me hizo recordar el cuaderno de Yánika que había acabado en manos del Príncipe Anciano y que había recuperado. No pude evitar lanzar una mirada curiosa a mi hermana. .D .Bdia Es verdad. Y bien que lo escondes, Yani. ¿Tan mal escribes que no te atreves a leerme un poema tuyo? .Edia .P Su aura súbitamente ofendida y tímida me arrancó una amplia sonrisa. Yánika me dedicó un mohín cómicamente refunfuñón y se encogió de hombros. .D .Bdia Si tanto quieres que te lea algo, entonces sé sincero y dime lo que pasó. Tú también Yodah, por favor. No recuerdo nada. .Edia .P Hubo un silencio. Entonces, Yodah declaró con suavidad: .D .Bdia Es normal, Yani. Bloqueé tus recuerdos recientes. .Edia .P Kala y yo nos quedamos atónitos. .D .Bdia ¿Los bloqueaste? .Edia repitió Yánika, sobrecogida. .P Yodah asintió con calma. .D .Bdia Sí. Tal y como acordamos. .Edia .D .Bdia Tal y como acordamos, .Edia repitió Yánika, ensimismada. .P Yo pensaba que se iba a enfadar, que le iba a obligar a Yodah a desatar todo su Datsu… pero no. Alzó la cabeza e inspiró. .D .Bdia De acuerdo. Entonces, de momento, es mejor así, ¿verdad? .Edia .P Yodah se encogió de hombros. .D .Bdia Tú decides. .Edia .P Yánika se mordió un labio y murmuró: .D .Bdia Lo sé. .Edia .P De algún modo los dos se habían puesto de acuerdo. No veía cómo Yánika podía aceptar tan fácilmente que alguien se metiera en su mente y le bloqueara recuerdos… pero era por su bien y por el bien de todos, así que yo tampoco emití queja alguna. Kala no fue tan comprensivo. .D .Bdia Yodah, un momento. ¿Te has metido en la mente de mi hermana? ¿En serio lo has hecho? .Edia .D .Bdia En serio. .Edia .D .Bdia Hermano, .Edia intervino Yánika mientras Kala se levantaba con los puños cerrados. .Bdia Por favor… no te metas en esto. .Edia .P La miramos los dos con sorpresa, Kala y yo. Su tono desvelaba una fuerte resolución. Sentía cómo el Datsu se ataba a marchas forzadas y me dejé caer en la silla. .D .Bdia Por Sheyra. Yodah… .Edia .D .Bdia Hablemos fuera, .Edia dijo este. Se inclinó hacia Yánika. .Bdia Por favor, descansa. He sido invitado a cenar con Zenfroz Norgalah-Odali, pero si necesitas algo no dudes en pedírmelo. Haré que te suban la cena. .Edia .P Yánika asintió en silencio. Salimos al pasillo. Un paje pasaba por este y aceleró el ritmo, algo tenso, al vernos mirarlo con descaro. Cuando se alejó, lancé: .D .Bdia No sé qué acuerdo tenéis entre vosotros, sé que no me concierne y que lo hacéis por una buena razón: no voy a meterme en esto. .Edia .D .Bdia Me alegro, .Edia replicó Yodah. .Bdia El zapatero a sus zapatos y el pescador a su pescado, como dicen. .Edia .P Agregó mentalmente: .P .Bdm Has ido a hablarle a Zenfroz, ¿verdad? .Edm .P ¿Es que ese brejista me espiaba? .P .Bdm Quería pedirle que liberase a Orih y a los demás Ragasakis, .Edm confesé. .Bdm Pero se disculpó antes de que pudiera hablarle de ello. .Edm .P .Bdm Ya veo. ¿De qué manera pensabas pedírselo? .Edm .P Estaba curioso. Carraspeé. .P .Bdm Algunos del Gremio tienen buenos tratos comerciales con Rosehack, ¿no? Pensaba decirle que Firasa no perdonaba a los que perjudicaban a su gente y… pensaba decirle que los Ragasakis tenían el… apoyo… de los Arunaeh. .Edm .P Tragué saliva bajo la mirada enfriada del hijo-heredero. Sabía que inventarme un apoyo inexistente estaba mal pero… .P .Bdm Piénsalo, .Edm insistí. .Bdm Ellos saben todo acerca de los Pixies… .Edm .P .Bdm Porque tú se lo dijiste, .Edm afirmó Yodah. Se apoyó contra la pared irregular con los brazos cruzados. .Bdm Tú decidiste decirles la verdad y ahora estás a punto de recoger la tempestad: si no logramos sacar a los Ragasakis del calabozo, si creen que los has abandonado, hablarán de tus secretos, el Gremio amenazará con condenar de nuevo a los Arunaeh al odio público y eso es algo que nuestro clan no permitirá. A partir de ahora sabrás que no hay que hablar más de la cuenta ni con tus ‘amigos’. Espero que lo recuerdes. .Edm .P Guardé silencio. Sin duda lo recordaría pero… si Yodah estaba dispuesto a sacar a los Ragasakis del calabozo, ¿cómo podría negar que los Arunaeh no los apoyaban? Él era el hijo-heredero… .P .Bdm Quitarles los recuerdos es una opción, .Edm retomó Yodah. .Bdm Pero no es tan fácil como eliminar unos recuerdos recientes como he hecho con los ex-dokohis. .Edm .P Agrandé los ojos. De modo que esa tarde no sólo había ido a por informaciones acerca de los dokohis… había ido a borrarlas. .P .Bdm Pero ellos no sabían nada de los Pixies, .Edm murmuré mentalmente. .P .Bdm Sabían. Livon y Jiyari hablaron del tema anteayer y por lo visto fueron varios los que los oyeron y los tomaron en serio. No he indagado mucho, sin embargo, .Edm confesó. .Bdm Para la mayoría, me he contentado con borrar la memoria más reciente sin examinarla con precisión. No creo que la vayan a echar en falta. .Edm .P .Bdm No lo creo, .Edm concedí. .Bdm ¿No has aprendido nada sobre Zyro? .Edm .P Yodah se encogió de hombros. .P .Bdm Lo de siempre. Tienen metido en la cabeza recuerdos confusos. Estos en especial, fueron capturados mientras cazaban, entrenaron con armas durante un tiempo, secuestraron y mataron cazadores de su propio pueblo, robaron un convoy al norte de aquí, saquearon dos aldeas en la zona neutra norteña de los Nomes y, últimamente, habían recibido la orden de no dejar a nadie vivo. .Edm .P Fruncí el ceño, sombrío. .P .Bdm De modo que es cierto: han agotado sus collares. .Edm .P .Bdm Eso parece. Pero Zyro sigue buscando a Liireth para resucitarlo. En uno de los loerianos, encontré una imagen relativamente precisa de ese hombre. Mira. .Edm .P Me envió la imagen por bréjica. Era difusa. El lugar parecía ser el de un gran templo con columnas, la piedra… ¿sería de basalto? No podía adivinarlo. En primer plano, se erguía un hombre enorme, de rostro oscurecido por las sombras, fuerte como un troll. Tenía barba. .P .Bdm ¿Un humano? .Edm .P .Bdm Eso parece, .Edm afirmó Yodah. .Bdm La imagen está obviamente alterada por la impresión que le dio al loeriano que lo vio. No creo que sea tan grande en la realidad. Lo que está claro es que le inspiró terror. Por eso… me pregunto si el vínculo de lealtad que existe en el collar realmente funciona. De funcionar, Zyro no tendría que recurrir al terror para organizar a sus súbditos. .Edm .P Lo cual le complicaría la tarea, deduje. Meneé la cabeza. .P .Bdm Eso no tiene importancia ahora. Ni se te ocurra meterte en la mente de los Ragasakis, Yodah: ellos no me traicionarán. Sé que… .Edm .P .Bdm No tienen Datsu, .Edm me cortó Yodah. .Bdm Y nosotros no somos los únicos brejistas de los que dispone el Gremio. Somos los mejores, pero no los únicos. No lo olvides, Drey: cualquier información que les des puede ser arrancada a la fuerza. .Edm .D .Bdia No lo olvido, .Edia mascullé por lo bajo en el pasillo silencioso. .P El hijo-heredero puso los ojos en blanco. .P .Bdm No te preocupes. Zenfroz los sacará del calabozo, .Edm aseguró. .Bdm No tiene ningún sentido tenerlos encerrados más tiempo y no voy a meterme en sus mentes de no ser necesario. En cuanto a la mirol… tengo un favor que pedirte. .Edm .P Alcé la cabeza, sorprendido. .P .Bdm ¿Un favor? .Edm .P .Bdm Sí. .Edm Yodah se despegó del muro y me miró a los ojos. .Bdm Tchag está en mi habitación. Sal de aquí con él mañana a la mañana y ve a Dágovil. Averigua dónde están los collares del Gremio y, si puedes, destrúyelos. .Edm .P Me quedé un momento suspenso. Destruir los collares del Gremio… .P .Bdm Es un trabajo de destructor, .Edm retomó Yodah. .Bdm Sólo que este lo harás por el bien de tu familia. Cuando estés ahí… ponte en contacto con Varivak y cuéntale todo. Él sabrá qué hacer. .Edm .P Asentí, pensativo. Mi tío Varivak sin duda podría ayudarme. .P .Bdm ¿Has averiguado para qué usan esos collares? .Edm .P Yodah se encogió de hombros. .P .Bdm ¿No es evidente? Son collares que fuerzan un programa en una mente ayudándose de un espectro. No sé yo mismo muy bien cómo funcionan… pero si el Gremio busca usarlos, es que han conseguido cambiar el programa según su voluntad. .Edm .P Lo que significaba que, con la tecnología que Lotus Arunaeh había inventado, el Gremio de las Sombras de Dágovil estaba creando sus propios dokohis, sus propios esclavos. .P .Bdm ¿Y Orih? .Edm pregunté. .Bdm Si la encuentro, la salvaré. ¿Supone algún problema? .Edm .P Yodah sonrió. .P .Bdm Ninguno, al contrario. Siempre y cuando destruyas todos los collares. Bueno, si crees que no puedes hacerlo… no lo hagas. Pero supongo que decirle a un Arunaeh como yo que sea prudente es inútil. .Edm .P .Bdm Lo es. .Edm .P Yodah sonrió y dijo en voz alta: .D .Bdia Bueno. Creo que ya es hora de que vaya a cenar o llegaré tarde. Transmitiré tus disculpas al nahó. .Edia .P Yodah no quería que fuera a la cena, probablemente porque deseaba negociar personalmente sin intervenciones mías. Tenía razón: si a Kala le daba de pronto por decir algo, podíamos liarla. .D .Bdia Yodah. .Edia .P El inquisidor se detuvo junto a las escaleras sin girarse. .P .Bdm ¿Qué, Drey? .Edm .P .Bdm Dijiste… que el clan sabía algo importante sobre Lotus. El Príncipe Anciano me dijo que espió el laboratorio sacando información, que el Gremio usó a tres Arunaeh como chivos expiatorios hace sesenta años y que Lotus… desobedeció a su clan. ¿Es cierto? .Edm .P Yodah tampoco se giró en ese momento. .P .Bdm Es cierto. .Edm .P Hubo un silencio. .P .Bdm Y hay más, .Edm reconoció. .Bdm En vuestra primera tentativa de fuga del laboratorio, sólo Rao y Boki pudieron evadirse antes de que los científicos se dieran cuenta de que algo andaba mal, la evasión de los demás falló y, al interrogaros, descubrieron que el traidor no era otro que Lotus. Entonces fue cuando sus experimentos se les fueron de las manos, ¿verdad, Kala? Alteraron las mentes de los Pixies, los hundieron en el dolor… Incluida la de Lotus. De no ser porque esos estudiosos trataron de sacarle información sobre nuestra familia, de no ser porque intentaron entender el funcionamiento del Datsu, este no se habría quebrado, Lotus no se habría obsesionado con vosotros y no habría engañado a su clan robándole las lágrimas dracónidas. .Edm .P Tragué saliva. Lo del Datsu estropeado coincidía con la historia del Príncipe Anciano pero… ¿que Lotus había robado las lágrimas a su propia familia? ¿En serio era eso posible? .P .Bdm Años más tarde, regresó a la isla pidiendo ayuda, .Edm retomó el hijo-heredero girándose con un mohín. .Bdm Por desgracia, su Datsu estaba tan alterado que reparar el estropicio que hicieron esos carniceros fue imposible. Lotus se volvió loco sin que la Selladora, tu abuela, pudiera hacer nada. Lo siento, Kala: es la verdad. Huyó de la isla y se unió a la Guerra de la Contra-Balanza a pesar de las órdenes de nuestro clan, por venganza, por odio, para protegeros a vosotros, los Pixies. Y hay más, .Edm repitió. .Bdm El Gremio sabía que Liireth y Lotus Arunaeh eran la misma persona, por supuesto. Cuando la balanza de la guerra le fue favorable al Gremio, nuestro clan negoció y pidió que Lotus fuera devuelto a la isla en silencio a cambio de una colaboración duradera de los Arunaeh. .Edm .P Kala agrandó mucho los ojos. Dánnelah, ¿eso quería decir que Lotus se encontraba en…? .P .Bdm El Gremio se negó. Accedió a esconder la verdadera identidad de Liireth y nos mandó una nota de condolencias cuando lo quemaron. Y nada más. .Edm .P Me dio de nuevo la espalda añadiendo: .P .Bdm El Gremio creó un desequilibrio en sus laboratorios. Lotus creó un desequilibrio con los collares. Ha llegado la hora de equilibrar la balanza, ¿no crees? .Edm .P Sentí su sonrisa mental. .P .Bdm Esta no es una venganza: es la voluntad de Sheyra. .Edm .P Puse los ojos en blanco. Por supuesto. Los Arunaeh nunca se vengaban: equilibraban. .P .Bdm Sin duda Sheyra está atareada últimamente, .Edm me burlé. Hundí las manos en los bolsillos, fijé mi mirada en la espalda del inquisidor, y solté: .Bdm Está bien. No sé lo que pretendes pero haré lo que pueda. .Edm .P .Bdm Cuento contigo. .Edm .P Ya estaba bajando los peldaños. Recordé algo y, antes de que cortase la conexión bréjica, me apresuré a preguntar: .P .Bdm Por cierto, ¿no sabrás lo que me ha pasado en el calabozo? Se me ha desatado el Datsu y no consigo atarlo. ¿Crees… que el despertar de Kala podría estar rompiendo el sello de mi Datsu o algo? .Edm .P Intenté no mostrar mi inquietud. Para sorpresa mía, Yodah se rió por lo bajo con diversión. .P .Bdm ¿Conque eso crees? Ya me parecía a mí que no lo habías entendido. Tu Datsu está perfectamente, Drey. Te pusiste nervioso en el calabozo, eso es todo. Si tu Datsu estaba tan desatado… .Edm Apuntó con una pizca de burla: .Bdm ¿Será porque te sientes culpable? .Edm .P Lo vi desaparecer por las escaleras con una ceja enarcada. ¿Qué diablos quería decir con eso? ¿Culpable? ¿De qué? .Bpenso Culpable de haber olvidado quitarle el collar a Orih… .Epenso Tragué saliva sintiendo que el Datsu se me desataba otra vez. Mar-háï. No tenía sentido sentirse culpable por un error que no había dependido realmente de mí. ¿Pero acaso me sentía culpable sólo por eso? No. También era porque les había mentido, entendí. Había mentido a los Ragasakis diciéndoles que Orih estaba bien… cuando no tenía ni idea de si era cierto. .P Meneé la cabeza y aparté de mi mente esos pensamientos. Gracias a Yodah, sabía que mi Datsu actuaba normalmente. No tenía por qué preocuparme. El Datsu se ocuparía de mis sentimientos. Estaba para eso: para moderarlos cuando hacía falta. Ahora sólo tenía que ocuparme de lo que realmente podía hacer: salvar a Orih y destruir los collares. Acabaría de una maldita vez con esos collares. Con los del Gremio y con los de Zyro. .D .Bdia Por los Arunaeh, lo juro, .Edia murmuré. .P Y regresé al cuarto de Yánika. La encontré sentada junto con Jiyari, mirando los dibujos de este con interés. Rebusqué en mi mochila y saqué de esta el pequeño saco de Yánika. Si me marchaba mañana, no podía llevármelo. El saco estaba abierto y mi mirada se posó enseguida en el cuaderno. Lo recogí. .D .Bdia Hey, Yani. ¿Puedo abrirlo? .Edia .D .Bdia ¡No! .Edia .P Sonreí mientras Yánika me lo arrebataba de las manos. .D .Bdia En serio, seguro que a Yodah le has recitado algún poema, .Edia protesté. .Bdia ¿O es que están reservados sólo para él? Cuidado, Yani, tu hermano se morirá de celos desconsolado si sigues tratándolo así… .Edia .P Me dio un golpe en la cabeza con el cuaderno, riendo. .D .Bdia ¡Si me has dicho más de una vez que no sabrías cómo estar celoso! Y luego le dices a Orih que no lees libros románticos… ¡Mentiroso! .Edia .D .Bdia Está bien, está bien, hagamos un trato, .Edia le dije. .Bdia Te recito un poema mío y tú me recitas uno tuyo. .Edia .P Los ojos de Yánika se abrieron de par en par. .D .Bdia ¡¿Escribes poemas, hermano?! .Edia exclamó. .P Sonreí. .D .Bdia Escribí uno una vez de niño en honor al Gran Monje. ¿No te lo dije? Lo grabé en piedra y todo. Fue divertido. A ver, cómo era… Sí. Escucha esto, hermana. .Edia .P Me aclaré la garganta y dije: .Bl -t verse .It El abuelo destructor .It calvo como el mármol es .It y su cabeza tan dura es .It que diamante parece que es. .El .P Yánika, Jiyari y hasta Reik me miraron, boquiabiertos. Y se carcajearon. Yánika reía la más fuerte. Su aura vibraba al ritmo de sus carcajadas. Attah… Tampoco era para tanto. Esbocé una sonrisa. .D .Bdia El Gran Monje me dijo que, la próxima vez, variara la rima pero… no hubo próxima vez. Me contenté con alisar el suelo donde lo grabé, porque estaba en la entrada del templo. .Edia Rieron más fuerte. Puse los ojos en blanco, divertido. .Bdia Creo que el Gran Monje fue uno de los pocos en entender que mis versos no tenían mala intención. En fin, ahora ya no te entrará vergüenza, espero. .Edia .P Le dediqué una mirada alentadora hacia el cuaderno. El aura de Yánika se hizo algo más reservada pero mi hermana no abandonó su sonrisa cuando abrió su cuaderno y buscó algo que leernos. Lo encontró. Y carraspeó. .D .Bdia Esto es profundo así que no os riáis, ¿eh? .Edia .D .Bdia ¿Y lo dices después de haberte reído de mí con tantas ganas? .Edia me burlé. Puse los ojos en blanco ante su mueca inflexible y prometí alzando el puño: .Bdia De acuerdo, no me reiré. Palabra de Arunaeh. .Edia .P Yánika aspiró aire para prepararse a la gran tarea de leerle un poema a su hermano. Y se lanzó: .D .Bdia Se titula: la deconstrucción. Fue inspirado por ti, hermano. .Edia .P .Bpenso Promete, .Epenso le dije a Kala. .P Me puse cómodo, nos pusimos todos cómodos, y Yánika comenzó. .Bl -t verse .It Invisibles seres son, .It que tienen dobles imágenes, .It aspectos de orcos gigantes, .It ninfas con luces de albor. .P .It Los siento vivir muriendo. .It Y yo no sé quiénes son. .It Son humo en nuestra existencia. .It Mundo marino sin agua .It donde nadie, si hubo nadie, .It sabe si lo respiró. .P .It No son de este tiempo y eran .It del mañana que hay en hoy. .It Entienden lo que no entienden, .It y lo que nadie entendió. .P .It No se sabe si ya vienen, .It o si su ruta cruzó .It esos largos hilos rotos .It de ese día que pasó. .P .It Se oye latir al unísono .It el enorme corazón .It que los une en un gran río .It que la corriente subió. .P .It Tienen el rostro escondido, .It pero los siento en mi voz, .It los siento en cada palabra, .It pero no sé quiénes son. .El .P Alzó sus ojos negros, aspirando porque se había quedado sin aire. Lo había dicho casi todo de un trecho. Me miró. Y entonces oímos el sollozo de Jiyari y nos giramos con súbita inquietud. El Pixie rubio tenía las mejillas empapadas. ¿Qué diablos…? Tragó saliva. .D .Bdia Es… hermoso, .Edia hipó, sorbiéndose la nariz. .P Entorné un ojo. ¿Por eso lloraba? Kala se rascó una sien, sin entender, pero sonrió enseguida afirmando: .D .Bdia Claro que es hermoso: es mi hermana la que lo ha compuesto. .Edia .P Su orgullo era evidente. Puse los ojos en blanco retomando el control del cuerpo y saqué un pañuelo de mi bolsillo para tendérselo a Jiyari. .D .Bdia Vamos, Campeón, no nos pegues esos sustos. Que yo sepa, el poema de Yani no era ninguna tragedia. .Edia .D .Bdia Lo sé… .Edia .P Meneé la cabeza al ver a Jiyari tan emocionado. El aura de Yánika se fue cargando de un sentimiento de profunda gratitud y amor propio. .D .Bdia ¡Gracias, Jiyari! Y Kala. A Yodah también le encantó, .Edia dijo mi hermana con una gran sonrisa. .Bdia ¿Y a ti, Drey? Ya ha hablado Kala, pero tú no has dicho nada. Sé sincero. ¿Te gustó? .Edia .D .Bdia Cómo no me va a gustar, .Edia repliqué. .Bdia Tu poema es mejor que el mío y el mío ya me gustaba. Bromeo, .Edia sonreí anchamente alzando las manos. .Bdia A mí también me ha encantado, Yani. Pero no he entendido en qué el poema estaba inspirado de mí… Tal vez puedas releérnoslo a ver si me entero más esta vez. Jiyari se ha emocionado tanto… ¿Te importa? .Edia .P Los ojos negros de Yánika se iluminaron y sacudió la cabeza. .D .Bdia Mm-mm. ¡Os lo leo otra vez! .Edia .P Jiyari fue a devolverme el pañuelo. Resoplé. .D .Bdia Quédatelo. Vas a necesitarlo más que yo. .Edia .Ch "Hacia el norte" .\" 09/09/2019 .Bcita No fue Irshae la verdadera fundadora de nuestro clan, sino su esposo Aydal: tras más de doscientos años, los Selladores siguen siendo nuestros verdaderos líderes. .Ecita .autor-cita Yodah Arunaeh .salto Llevaba varias horas durmiendo como un oso lebrín en mi cuarto, cuando un movimiento en el aire me hizo abrir los ojos. Kala protestó, despertándose: .P .Bdm ¿Qué pasa ahora? Estaba soñando con que Rao aparecía y ella y yo nos tumbábamos en la hierba mirando las nubes… .Edm .P .Bdm Alguien ha entrado, .Edm lo interrumpí. Paseé mi órica en la habitación, alerta. .P .Bdm ¿Rao? .Edm jadeó Kala muerto de sorpresa. El Pixie se enderezó de golpe. .Bdm ¿Puede ser…? .Edm .P Lo desengañé con brusquedad: .P .Bdm No puede ser, Kala. Son tres personas. .Edm .P .Bdm ¿Estás seguro? No oigo nada, .Edm repuso Kala. .P De hecho, yo tampoco, pero percibía la respiración de tres seres vivos a una altura que dejaba entender que eran saijits. Todo estaba a oscuras. No podían ser criados. Y Jiyari, Yodah y Yánika no habrían sido tan discretos. En cuanto a Reik, estaba tumbado en el jergón del cuarto y su respiración era regular, señal de que seguía durmiendo… .P Kala y yo nos quedamos inmóviles cuando divisé una luz muy tenue, casi como un suspiro luminoso, que se encendió y apagó. Fruncí el ceño. Entonces la luz regresó, sentí una ligera brisa energética y oí: .D .Bdia Es él. .Edia .P Mi corazón dio un bote. Era la voz de Sanaytay. .D .Bdia ¿Sanay? .Edia murmuré, sentándome en el borde de la cama y tratando de acostumbrarme a la débil luz. .P Vi dibujarse la silueta de la joven flautista. A su lado, se encontraba Sirih sosteniendo la esfera de luz armónica. La tercera figura se adelantó. .D .Bdia Livon, .Edia dije, levantándome. .Bdia ¿Qué demonios hacéis aquí? .Edia .P No me preocupé por hablar bajo: sabía que la burbuja de silencio de Sanaytay ahogaría cualquier ruido. Tal vez pensando lo mismo, Sirih dio un paso hacia adelante a su vez y se preparó para darme un puñetazo diciendo: .D .Bdia Esta te la mereces. .Edia .P Livon la agarró de la muñeca. .D .Bdia Sirih, en serio, déjame hablar antes. Lo conozco bien. .Edia Se giró de nuevo hacia mí hundiendo sus ojos grises en los míos con decisión. .Bdia Sé que nos explicará por qué. .Edia .D .Bdia Un momento, .Edia protesté. .Bdia ¿No me digáis que os habéis fugado del calabozo? Si os iban a sacar de ahí… .Edia .D .Bdia Y nos han sacado, .Edia me interrumpió Sirih con voz cáustica. .Bdia Nos han sacado hace unas horas y nos han dicho: largo. No nos dejan pasar la frontera con Lédek para investigar más a los dokohis porque dicen que acabaremos muertos, así que empezamos a andar hacia Arhum… pero Livon y yo no podíamos dejarte así como así, Drey. ¿Lo entiendes, verdad? .Edia .P Suspiré. .D .Bdia Estáis locos. ¿Os habéis metido en este edificio arriesgando vuestras vidas sólo para regañarme? Anda, Sirih. ¿Te pones así sólo porque crees que he dejado de ser Ragasaki? ¿Y si te dijera que sí, he dejado de ser Ragasaki, soy un genio destructor, no un aventurero de pacotilla, me molerías a palos? .Edia .P Le dediqué una sonrisa burlona. .D .Bdia Vamos, Sirih. ¿No crees que estás haciendo demasia…? .Edia .P Recibí el puñetazo en plena cara. .P .Bdm Esa te la merecías, .Edm aprobó Kala. .P Me carcajeé pese al dolor. Y bajo la mirada suspensa de Livon, los ojos coléricos de Sirih y los labios temblorosos de Sanaytay, mascullé: .D .Bdia Estáis locos. .Edia .P Mi nariz sangraba, pero no se había descolocado. Me senté en la cama agregando: .D .Bdia Ahora que te has quedado tranquila, Sirih, déjame deciros esto: soy un Arunaeh y no soy brejista, no siempre me resulta fácil entender los sentimientos de los demás y a veces me pierdo lo principal en una conversación. Al veros en el calabozo, me… puse nervioso, se me desató el Datsu y con estas pintas que llevo… no lo notasteis. Por eso os entendí mal y me entendisteis mal. Debí haberos dicho claramente que, si juré lealtad al Templo del Viento, lo hice con la condición de que mi lealtad a mi familia y a los Ragasakis pasaría antes. No acerté a comunicar correctamente mi pensamiento, eso es todo. Aun así, .Edia agregué antes de que nadie pudiera reaccionar, .Bdia sigo pensando que no deberíais haber venido aquí. .Edia .P Hubo un profundo silencio. Entonces, Livon sonrió de oreja a oreja. .D .Bdia Lo sabía. Sabía que te habíamos entendido mal. ¡No podías haber cambiado tanto! Hicimos bien en volver. .Edia .P Sanaytay curvó sus labios en una sonrisa y tosió suavemente: .D .Bdia Ejem… Perdona la precipitación de mi hermana. .Edia .D .Bdia Perdonada, .Edia sonreí. .Bdia Necesitaba desfogarse un poco, eso es todo. .Edia .P Enseñé una sonrisa ladeada. Lejos de disculparse, Sirih gruñó con el ceño fruncido: .D .Bdia ¿Ese Templo del Viento aceptó esas condiciones? .Edia .P Me encogí de hombros y, al constatar que el dolor amainaba, fui a limpiarme la sangre de la nariz usando la jarra de agua mientras contestaba: .D .Bdia Supongo que el Gran Monje no le dio mucha importancia. Si hubieseis sido una gran cofradía de los Pueblos del Agua, habría sido diferente pero… .Edia .D .Bdia Una banda de aventureros de pacotilla le trae sin cuidado, .Edia completó Sirih con mordacidad. .D .Bdia Veo que te he herido el orgullo, .Edia me burlé. .P Sirih chasqueó la lengua. .D .Bdia Porque hablas como si tú fueras mejor. Dudo de que un Monje del Viento sea capaz de meterse en este edificio sin que nadie lo note. .Edia .D .Bdia No, ciertamente, .Edia concedí. .Bdia Perdona mis palabras bruscas: repetí tan sólo el pensamiento del Gran Monje. Él opina que me uní a vosotros por un capricho de juventud. .Edia .D .Bdia ¿Y lo es? .Edia preguntó Sirih. .P Su pregunta me dejó silencioso un momento. Paseé mi mirada por los tres Ragasakis. Livon meneaba la cabeza y casi podía oír su pensamiento: por supuesto que no, Sirih, ¡Drey no es así! Sonreí, volví a sentarme y confesé: .D .Bdia Al principio, me quedé por Yánika. Ella estaba harta de viajar y de huir de la gente. Pero luego… sí, fue simple y llanamente un capricho. Quería saber qué era tener una relación durable con otros saijits. No pensaba quedarme más que unos meses, incluso cuando acepté ser Ragasaki, .Edia reconocí. Se ensombrecieron los tres y agregué: .Bdia Pero luego, pasaron muchas cosas, empecé a entender lo que realmente quería y… Mar-háï, creo que fue en el cráter de los Atarah, cuando Yánika os mató de miedo con su crisis y no nos rechazasteis pese a todo… Sí, creo que fue entonces cuando entendí y decidí… .Edia .P Me sonrojé sin que las palabras me salieran. No quería sonar a libro y hacerles creer que estaba soltando frases hechas… .D .Bdia Cuando decidiste que hacíamos un buen equipo, .Edia me ayudó Livon. .P Su rostro destilaba confianza y alegría. Asentí con lentitud y me levanté. .D .Bdia Ragasakis. Lo siento. Mi hermana siempre fue sincera y abierta con vosotros, al contrario que yo. No soy el mejor compañero que se puede tener ni de lejos. Hago esfuerzos por entenderos… pero en cuanto siento demasiado, dejo de sentir nada, .Edia confesé agachando la cabeza. .Bdia En otras palabras, si morís, lo más probable es que mi tristeza sea… muy moderada. O que no sienta nada mientras el Datsu esté desatado. Que lo sepáis. Si os ofendo, decídmelo a la cara. .Edia .P Callé cuando Livon me posó una mano en el hombro, inhabitualmente sombrío. .D .Bdia Estás exagerando, .Edia me reprochó. .P Enarqué las cejas. Él, que me había dicho junto al Pozo de la Nada que no entendía la vida real y que mi manera de pensar le daba arcadas… ¿Pero acaso valía la pena recordarlo? .D .Bdia Y aunque no exageraras, .Edia agregó Livon. .Bdia Si tu Datsu se desata, significa que has sentido algo fuerte. ¿O no? No me engañas, Drey. Si nos dices esto, es porque quieres ser sincero con nosotros como nosotros lo hemos sido contigo, es porque te importamos, y porque quieres que nosotros te aceptemos. .Edia .P Agrandé los ojos, impactado por sus palabras. Que me aceptasen… Era como me había dicho el Gran Monje. ¿Tanto se notaba? ¿Tanto ahínco ponía en querer ser aceptado? ¿O es que Livon me estaba malinterpretando y yo…? .D .Bdia ¿Es que aún no lo has entendido? .Edia La mano del permutador apretó mi hombro con firmeza. .Bdia Hace tiempo que yo te he aceptado. Desde el día en que te conocí y te vi meterte en el Lago Blanco a por sankras para ayudar a unos desconocidos. Tan pronto como eso. Y luego jamás me has decepcionado. Jamás. Todos tenemos nuestros problemas. Yo tengo mi Pulga de la Malasuerte que me persigue a todas partes, tú tienes tus líos con tu Datsu y los Pixies… Pero mientras te sientas Ragasaki aquí dentro, .Edia de un ademán me golpeó el pecho con el revés de su puño y afirmó: .Bdia entonces seguirás siendo para mí como un hermano. .Edia .P Me quedé silencioso durante un buen rato, emocionado. Y cuanto más pensaba en las palabras de Livon, más se me desataba el Datsu. Sabía que debería haberle contestado algo. Darle las gracias por esas palabras tan cálidas que eran, para mí, como una pequeña salvación. ¿Cuántas veces Livon me había dado a entender que me consideraba como a un verdadero amigo? ¿Cuántas veces los Ragasakis me habían visto distanciarme, lleno de dudas, y me habían vuelto a meter en su círculo tendiendo la mano? Más veces de lo que ellos pensaban… pero esta vez fue la que me afectó más. Aunque nadie lo hubiera dicho cuando me rasqué el cuello carraspeando y diciendo: .D .Bdia Ya veo. Esto… En cualquier caso, hablando de otra cosa, supongo que si habéis empezado a ir hacia Arhum es porque vais a por Orih. .Edia .P Los tres se quedaron suspensos por el cambio de tema e intercambiaron miradas. .D .Bdia ¿Sabes dónde está? .Edia preguntó Livon, ansioso. .P Me encogí de hombros. .D .Bdia En Dágovil. No sé exactamente dónde, pero creo que podré averiguarlo. Saldré mañana a la mañana con Tchag y… .Edia .D .Bdia ¡Tchag! .Edia dijo Livon, inspirando. .Bdia ¿Sabes dónde está? .Edia .P Sonreí. .D .Bdia Creo que se ha hecho buen amigo con Yodah… ¿A no ser que sea con Myriah? Tal vez le hayan sonsacado alguna palabra más por bréjica, .Edia medité. .Bdia Sea como sea, nos encontraremos en Arhum mañana. Pasé por esa villa más de una vez… Recuerdo que hay una buena taberna en la plaza central. .Sm -t nomlieu La Piedra de Luna , se llama. Y ahora… será mejor que os marchéis sin que os pillen los Zombras. No sé cómo demonios habéis entrado, pero si os pillan… .Edia .D .Bdia Nos queman vivos, morimos y tú echarás unas lagrimitas antes de olvidarnos, .Edia replicó Sirih, irónica. .Bdia Lo sabemos. Hermana: dejemos dormir a este subterraniense que se las da de insensible y pongámonos en marcha. .Edia .D .Bdia Gracias por la visita y el puñetazo, .Edia lancé. .P Sirih me dedicó una sonrisilla maliciosa. .D .Bdia Te lo merecías de todas formas. Oh, y ya que estamos: si nos vuelves a dejar plantados como hiciste en Kozera en .Sm -t nomlieu La Ola de Oro , votaré para que te echen de la cofradía. .Edia .D .Bdia Entonces ya seremos dos, .Edia repliqué. .P Le apreté la muñeca a Livon a modo de breve despedida y, cuando la luz desapareció y la puerta volvió a cerrarse en un silencio completo, me senté en la cama masajeándome la nariz. Diablos, sí que había dolido. Suspiré tumbándome de nuevo. Oí un carraspeo. .D .Bdia ¿Kaladrey? .Edia gruñó Reik en un murmullo soñoliento. .Bdia ¿Por qué diablos no te duermes? .Edia .P ¿Estaba despierto o dormido? Increíblemente, por su respiración, parecía lo último. Cerré los ojos, burlón, murmurando: .D .Bdia Cualquiera duerme cuando te despierta una daerciana enfadada… .Edia .salto Yánika dormía profundamente cuando entré en su cuarto. No quise despertarla. Le escribí una nota: .Blecture Querida hermana. Siento no poder esperar a que te recuperes. Descansa bien y sigue aprendiendo con Yodah. Gracias por haberme leído el poema. Te quiero. Drey. .Electure .P .Bdm ¿Qué has escrito? .Edm quiso saber Kala. .P Se lo leí y el Pixie protestó: .P .Bdm ¿Y yo? También firma con mi nombre, egoísta, yo también la quiero: es mi hermana. .Edm .P Siempre todo era suyo, suspiré. Pero añadí su nombre, con elegancia para que no se sintiera denigrado, dejé la nota, hice un gesto a Jiyari y salimos los dos cerrando la puerta con suavidad. Reik nos esperaba al final del pasillo. Lo alcancé y dije: .D .Bdia Vamos. .Edia .P Invisible sobre mi hombro, sentí que Tchag asentía con firmeza y se volvía visible para esconderse dentro de mi mochila: le había dicho que, para evitar incentivar malas curiosidades, era mejor que se escondiera hasta Arhum. Bajamos las escaleras, donde nos encontramos con Tarmyn Lexer, el hobbit consejero de Zenfroz Norgalah-Odali. Se inclinó muy bajo. .D .Bdia Buen rigú. Yodah Arunaeh nos avisó de que tú también partías de viaje hacia el norte. Será un honor viajar contigo. .Edia .P Me tragué la sorpresa. Yodah no me había avisado. Pero claro: él seguía durmiendo después de una larga cena. Suspiré y, con una afirmación seca de cabeza, contesté: .D .Bdia El honor es mío. .Edia .P .Bdm Honor y un cuerno. ¿Por qué mientes? .Edm me reprochó Kala. .P .Bdm Es cuestión de etiqueta, .Edm le expliqué. .P .Bdm ¿Cuestión de qué? .Edm .P .Bdm Olvídalo, .Edm suspiré. .P Cuando salimos y advertí que nos habían reservado dos anobos, mi humor mejoró un tanto. Yo me subí en uno, Reik y Jiyari en el más grande. Tarmyn Lexer no tardó en reunirse con nosotros y nos pusimos en marcha. Nos escoltaban cinco Zombras encargados de proteger al consejero. .P Atravesamos un campamento de mercenarios animado con las tareas matutinas. Unos guardias fronterizos jugaban a los dados sobre una piedra lisa. Pensé que la llegada de los Zombras debía de haberles quitado todo el trabajo… hasta que vi a un Zombra gritarles “¡Ohey, moved esas patas, anobos gandules!” y entendí que no: simplemente se habían quedado con el trabajo sucio y, por sus caras, entendí que deseaban que los Ojos Blancos fueran exterminados de una vez para que las fuerzas especiales del Gremio los dejaran de nuevo tranquilos. .P Cuando llegamos a la ruta del norte, los Zombras que la guardaban se apartaron para dejarnos pasar, reconociendo de inmediato al consejero. .P Mientras avanzábamos, eché un vistazo curioso al hobbit. Estaba casi calvo, pero no aparentaba tener más de sesenta años. Vestía menos sobriamente que el comandante al que servía: pese a ir todo de negro, llevaba un jubón con florituras, pantalones de terciopelo y un collar de fina plata. De ahí las pintas de rico comerciante. Además de que sus ojos claros te evaluaban como si no se le escapara nada. .P Dejando que mi anobo siguiera a los demás, me absorbí en mi diamante de Kron. No duró mucho mi concentración: al doblar la esquina de la caverna, nos encontramos con el grupo de Sharozza, con sus siete Kartanes. Me saludó. .D .Bdia ¡Oí que tú también viajabas para el norte, así que pensé: mejor viajamos juntos! .Edia se entusiasmó. .Bdia ¿Qué tal el dolor de cabeza? .Edia .P Entorné un ojo. ¿Esa era la excusa que había inventado Yodah para librarme de la cena? Carraspeé. .D .Bdia Estoy como nuevo. .Edia .D .Bdia ¡Me alegro! .Edia lanzó Sharozza. .P Entendí que, con dolor de cabeza o no, me habría seguido hablando igual. Durante las dos horas siguientes, no me dejó concentrarme en mi diamante de Kron. Me hablaba de rocas y de destrucciones de túneles que ella había realizado. Traté de ser educado. A veces, un estrechamiento en el túnel me daba unos instantes de tranquilidad pero, en cuanto el túnel se ensanchaba, la Exterminadora volvía a mi lado y me hablaba. Al de dos horas, mi hartazgo había llegado a tal punto que mi Datsu lo aplacaba. .P .Bdm Me está poniendo nervioso con tanto ruido, .Edm gruñó Kala. .P .Bdm Pues díselo. .Edm .P Kala se sorprendió. .P .Bdm ¿En serio? ¿Puedo? ¿Y la etiqueta? .Edm .P Sonreí. .P .Bdm Sharozza tiene una susceptibilidad cero. Como si tuviera un Datsu, en serio. Mi hermano ya lo intentó todo, y nada: es impermeable como un diamante de Kron. Que yo recuerde, sólo consiguió hacerla llorar una vez. .Edm .P Kala se lo tomó en serio y girándose hacia ella sobre el anobo, lanzó: .D .Bdia Sharozza. ¿Puedes callarte? .Edia .P Advertí la expresión impactada de Tarmyn Lexer que cabalgaba justo detrás. La Monja del Viento sonrió anchamente y se carcajeó. .D .Bdia ¡Eres igualito a tu hermano! ¡Cuántas veces me habrá repetido lo mismo! .Edia se emocionó. .P Y siguió hablando como si de nada. Suspiré. .P .Bdm ¿Lo ves? .Edm solté. .Bdm Es inútil. .Edm .P Sin embargo, cuando desembocamos en una caverna amplia iluminada por piedras de luna, Sharozza calló. La caverna se hundía en una pendiente constante cubierta de rocas abultadas que hubieran imposibilitado el viaje a cualquier caballo. Los anobos emprendieron la bajada sin bajar el ritmo, posando hábilmente sus grandes patas reptilianas. Bajé la mirada hacia la cabeza verdosa y oscura de mi montura. Avanzaba en la bajada con la confianza de una bestia que ha recorrido Dágovil de norte a sur y de oeste a este durante toda su vida. Era un anobo de guerra. Un anobo de mercenario. Y me sentía seguro sobre él. Aun así, hubiera preferido tener a la Neybi juguetona y dócil y no a ese. Pero se la había dejado a Yeren… .P Me volví hacia Sharozza, inquieto. No había pronunciado una palabra desde que habíamos entrado en esa caverna. La vi, con el rostro absorto y la mirada posada en las piedras abultadas. Entonces, sus ojos violetas se alzaron hacia mí. Desvelaban… ¿nostalgia? ¿tristeza? No supe muy bien qué. El caso es que, con un gesto inhabitualmente discreto, me invitó a ralentizar un poco para separarnos de la fila. Fruncí el ceño pero le seguí la corriente. No ocurría a menudo que una parraplas como ella deseara hablar a solas con alguien. El problema era que no estaba solo: estaba con Kala, Tchag y Myriah. Esperaba que no fuera a hablar otra vez del Orbe… .D .Bdia ¿Algún problema? .Edia pregunté. .P Sharozza meneó la cabeza. .D .Bdia Mm. Esta caverna me trae muchos recuerdos. El Ojo de Eol. ¿Recuerdas? .Edia .P Agrandé los ojos y volví a echar un vistazo a mi alrededor. Un Ojo de Eol era una criatura rara que nacía en la roca, migraba en ella y, cuando encontraba la roca apropiada, fundaba su hogar. Mientras no se lo molestase, era inofensivo, ayudaba a crear rocas metamórficas y se contaba que, sin los Ojos de Eol, no habría habido rocaleón, los Subterráneos no habrían podido ser habitados por saijits y la roca-eterna que nos protegía del agua de los océanos de la Superficie no habría existido. De ahí que los destructores y los subterranienses en general les tuvieran un gran respeto aunque pocos hubieran visto uno. .P Recibí otra ojeada de Sharozza de Veyli y asentí, ensimismado. .D .Bdia Lo recuerdo. El Ojo de Eol que se fundió en la rocarreina junto a la aldea de Marovil. Los habitantes no podían dormir a causa del ruido que metía golpeando la rocarreina. Lo llamaban el Demonio Solista y pidieron ayuda al Templo del Viento para que echáramos al bicho fuera. Pero esta caverna no… .Edia .D .Bdia Es donde estaba la aldea, .Edia me aseguró Sharozza con voz extrañamente pausada. .Bdia El techo se derrumbó poco después de que nos marchásemos. ¿No te dijo nada Lúst? .Edia .P Fruncí el ceño y asentí. .D .Bdia Sí. Lústogan recomendó que los aldeanos se marcharan, .Edia recordé. .D .Bdia Y, que yo sepa, todos se marcharon, .Edia dijo Sharozza. .Bdia Y no volvieron. Desde entonces, a esta caverna la llaman la Casa del Demonio Solista. .Edia .P Enarqué una ceja. .D .Bdia ¿Sigue ahí? .Edia .D .Bdia ¿No lo oyes? .Edia .P Seguí la dirección de su mirada, hacia el suelo rocoso. Esa no era rocarreina, pero lo que había enterrado metros más abajo… Agucé el oído y percibí un ruido inconstante, como si un músico tocase al tuntún cuerdas de laúd desafinadas. El Demonio Solista era persistente. Esbocé una sonrisa burlona. Ahora entendía por qué Sharozza se había puesto así de nostálgica. .D .Bdia Lústogan perdió su apuesta, ¿eh? .Edia .P La Monja del Viento agrandó los ojos como sorprendida antes de dedicarme una sonrisa de lado con una pizca de burla en su rostro. .D .Bdia Y, entre nosotros, creo que perdió aposta… .Edia .Ch "El Demonio Solista" .\" 13/09/2019 .Sm Suroeste de Dágovil, año 5626: Drey, 14 años; Lústogan, 26 años. .P Detuvimos nuestros anobos y desmontamos los tres de un salto. Marovil era un pueblo de menos de cien habitantes y su taberna, como comprobamos al entrar en ella, era todo menos lujosa. Habíamos entrado ya en alguna posada de mala muerte en nuestros viajes… pero aquella no solamente denotaba pobreza sino que además nadie se ocupaba de limpiarla. Las sillas estaban rotas, las mesas cubiertas de polvo. Lo único relativamente limpio ahí era la barra. El caito que había detrás de esta, jorobado y viejo, graznó al vernos: .D .Bdia Antes de entrar se llama a la puerta, malnacidos. .Edia .P Lústogan y yo nos detuvimos a mitad de camino. Entonces, retrocedí un paso y di unos golpes fuertes a la puerta. .D .Bdia ¿Así? .Edia .P Sharozza se carcajeó. Lústogan se adelantó hacia la barra acortando: .D .Bdia Venimos por el Ojo de Eol. ¿Tiene alcalde esta aldea? .Edia .P El posadero pestañeó, obvia señal de que nos veía borroso. .D .Bdia ¿El Ojo de Eol? .Edia repitió. .Bdia Bah, desde que se instaló en la caverna, no paran de venir extranjeros a curiosear. Aunque con él por lo menos también se nos han ido todas las sucias ratas. Marovil, la aldea de las Ratas nos llamaban por ahí de tanta rata que teníamos… ¿Eh, Bakwug? .Edia .P Le hablaba al único parroquiano que había en la taberna: una figura con un viejo sombrero, sentada a una mesa, dándonos la espalda. Este no contestó. Con gestos torpes, el tabernero tendió una mano hacia una botella. No calculó bien y no la alcanzó. Se la acercó amablemente Lúst. El posadero fue a servir un vaso y tan mal apuntó que, apoyándome en la barra, solté juguetonamente un sortilegio para desviar el chorro oscuro hacia el vaso. Al alzar este, el hombre pareció extrañado al constatar que estaba bien lleno. Se lo tragó de un sorbo. .D .Bdia Mar-háï. Eso es tener espíritu de comerciante, .Edia silbé. .P Lústogan emitió un ruido parecido a una risa ahogada y lo miré asombrado. ¿Habría conseguido hacerlo reír al fin? ¿Después de dos años de intentos frustrados? Me aplastó la bota, dejándome con la duda. Intercambié con Sharozza una sonrisa disimulada. .D .Bdia Disculpa, .Edia dijo mi hermano con voz seca. .Bdia No nos hemos presentado. Somos destructores del Templo del Viento. Ella es Sharozza de Veyli, él mi hermano, Drey Arunaeh, y yo soy Lústogan Arunaeh. Nos han dicho que ese Ojo de Eol está metido dentro de la rocarreina de vuestra caverna y que no os deja dormir. .Edia .P El viejo tabernero emitió una exclamación. .D .Bdia ¡Ah! ¡Vais a por el Demonio Solista! ¿Así que vosotros sois los rompedores? ¿Lo oyes, Bakwug? Tú que decías que no vendrían… ¡Que te estoy hablando, Bakwug! .Edia tonó. .P Este, al fin, se giró. Llevaba una barba larga y blanca de humano y unas vendas mugrientas en las manos, entre las cuales sujetaba su colgante, tres círculos negros en una línea vertical, símbolo de Antaka, Dios del Tiempo, los Ciclos y la Roca. Parecía despertar de un largo sueño. .D .Bdia ¿Lo oís? .Edia soltó de pronto. .P Me quedé suspenso. ¿Se refería al bumbúm constante que resonaba en la caverna? ¿Quién no lo oiría? .P La Exterminadora había agarrado un vaso sobre una pila y lo inspeccionaba con aire crítico. Lo volvió a posar, juzgando quizá que estaba demasiado sucio para beber en él, y aseguró: .D .Bdia Y desde lejos. Suena como una horda de trasgos taconeando sobre un inmenso tambor metálico. Bakwug… ¿Eres el que firmó el encargo, no? Prometiste una recompensa de doscientos kétalos… .Edia Lústogan y yo no pudimos más que poner los ojos en blanco ante la paupérrima recompensa y Sharozza continuó: .Bdia Pero el regidor de Arhum decidió subvencionar el trabajo por ser un lugar de paso hacia zonas fronterizas, así que vosotros, los de Marovil, no tendréis más que ofrecernos gratis la comida y el lecho… .Edia .P Vaciló de pronto echando un vistazo poco convencido a la sucia taberna. Bakwug se levantó con pesadez gruñendo alto: .D .Bdia ¿Qué dices, niña? Que no te oigo, ¡por Antaka, habla más alto! .Edia .D .Bdia Bakwug, que son buenas noticias, buenas noticias, .Edia insistió el tabernero alzando la voz. .Bdia ¡Que no tenemos que pagar, dice! .Edia .D .Bdia ¿Que no tenemos que pagar? ¿Ah no? .Edia .P Mientras los dos se gritaban pacíficamente, Sharozza nos consultó, asintió y berreó: .D .Bdia ¡Nada! ¡Olvídate de la comida y el lecho, abuelo, nos ocuparemos nosotros mismos de ello, ocupaos sólo de los anobos! ¡Os avisaremos en cuanto hayamos echado al Demonio Solista ese! .Edia .D .Bdia ¡Que no estoy tan sordo! .Edia protestó Bakwug. .P Salí de ahí carcajeándome por lo bajo, con mi hermano y la Exterminadora detrás. Lústogan estaba menos sombrío… pero seguía sin reír. .P Nos instalamos en una cueva cercana a la aldea y nadie vino a ofrecernos mejor hospedaje. Éramos «rompedores», y los rompedores para la gente normal no eran fáciles de abordar, y menos si sabían que dos de nosotros éramos Arunaeh. Tras aligerar nuestras mochilas con lo estricto necesario, nos colocamos un aislante armónico en las orejas para amainar el ruido, nos pusimos las máscaras y emprendimos la marcha hacia la zona de rocarreina. No teníamos que temer ser atacados por criaturas: estas debían de haber huido en desbandada por el escándalo, como las sucias ratas de las que había hablado el tabernero. .P Cuando llegamos a la zona, Lústogan alzó una mano y nos separamos. Incluso nuestras mágaras protectoras no llegaban a aplacar del todo el estrépito. Jamás hubiera imaginado que un Ojo de Eol pudiera ser así de persistente. Si había elegido la rocarreina como casa… había que echarlo de ahí. Con un poco de suerte, con romper tan solo algún trozo de rocarreina lo asustaríamos y se iría. .P El primer día, estuvimos tanteando la zona. Me pateé toda la parte sur, buscando la fuente, tratando de localizar al Demonio Solista. Cuando nos reunimos, los tres negamos con la cabeza. Nada. El sonido se repartía por toda la zona de manera tan igualada que aquel método no funcionaría. Cuando regresamos a la cueva, Lústogan tragó un Ojo de Sheyra y dijo: .D .Bdia Mañana intentaremos sondear con sortilegios, sin acorralarlo o se asustará y se pondrá a pegar más fuerte. .Edia .P Hablaba con tono más frío aún de lo acostumbrado. Sharozza le echó una ojeada curiosa. .D .Bdia Te revienta tener que ocuparte de esto, ¿eh? Que sepas, Drey, que tu hermano es un gran fan de los Ojos de Eol, .Edia se chivó ladeando la cabeza hacia mí. .Bdia De pequeño me dijo que eran como los guardianes de Sheyra… ¿y qué me dijiste? ¡Ah! El que bebe agua tiene el deber de proteger la fuente. Lo que quería decir que, si destruyes la roca, también debes proteger a los que ayudan a crearla. Era todo un poetastro en aquel entonces. Hablo de cuando era más joven que tú incluso. Antes era más divertido. Ahora se ha vuelto un muro de mármol, .Edia rió. .P Lústogan suspiró, agarró las cantimploras y me las lanzó. Las atrapé al vuelo. .D .Bdia Ve a rellenarlas. .Edia .P Mascullé: .D .Bdia Y tanto que es un muro de mármol, que ni se mueve… .Edia .P Sharozza se carcajeó y Lústogan me recordó: .D .Bdia Estuviste insistiendo para venir. Dijiste que harías todo lo que te pidiese. Ahora a tragar. .Edia .P Sharozza agregó con una ancha sonrisa: .D .Bdia Pasa por el establo a comprobar que nuestros anobos están bien cuidados. Oh, y ya que estás, pregunta por el pueblo a ver si alguno sabe más acerca del Ojo. Puede que alguno te diga algo de provecho. .Edia .P Suspiré al salir de ahí con las cantimploras. Recordaba haber visto un manantial en el centro de la aldea. Me dirigí hacia esta, pasé ante la mirada curiosa de varios aldeanos que se ocupaban de moler algo en sus morteros. Había un gran roble blanco que se alzaba junto al manantial. Sus hojas, rojas, se agitaban suavemente bajo la brisa de la caverna. Me agaché y comencé a rellenar las cantimploras mientras echaba una ojeada a mi alrededor. De no ser por el interminable estrépito del Ojo de Eol, adiviné que esa aldea, aunque pobre, debía de ser tranquila. Al fin, me levanté, me eché las cantimploras al hombro atadas por una correa y me giré… Me crucé con la mirada de una muchacha que esperaba con su cántaro vacío a unos metros prudentes. Por un momento, nos quedamos inmóviles los dos. Era una kadaelfa de mi edad, con un vestido usado pero limpio. Finalmente, me di cuenta de que estaba perdiendo el tiempo. Avancé hacia ella y la vi agrandar los ojos. Pasé junto a ella sin una palabra y tomé el camino de vuelta hacia la cueva. .P Estaba llegando cuando oí las voces de Lústogan y Sharozza y me detuve, sorprendido, al oír a Lústogan jadear: .D .Bdia Lo siento. No puedo. .Edia .P Se oyó un gruñido de frustración. .D .Bdia ¿Por qué no puedes? .Edia .D .Bdia Porque no puedo. Los Arunaeh… .Edia .D .Bdia ¿Sólo aman a las Arunaeh? .Edia siseó Sharozza. .Bdia Nos conocemos de toda la vida, Lúst, pero me sorprende tu tontería. ¿Sólo por un beso se te desata el Datsu así? Qué será para el resto. ¿Es que planeas aceptar cualquier mujer que te designe tu familia? ¿No has pensado que la intolerancia de tu familia a las personas sin Datsu es un fallo en su ideal de equilibrio? .Edia .P Me volví rojo como un zorfo y mi Datsu se desató. ¿Un… beso? Sabía que Sharozza y Lústogan se conocían de toda la vida pero… aun así… aun así creía que ella ya no… De pronto, recordé que no había pasado a ver a los anobos ni preguntado a nadie en el pueblo sobre el Ojo de Eol y mi tensión subió, desatándome todavía más el Datsu. Pero ya no me atrevía a moverme por no agitar el aire y traicionar mi presencia. .P Sharozza agregó en un murmullo ahogado: .D .Bdia ¿Es que tan patética me ves? ¿Acaso no soy tu amiga? ¿Acaso todo este tiempo que hemos trabajado juntos… no sentiste nunca nada? ¿Acaso…? .Edia .P Calló. Pero sus sollozos estaban ahí. Era la primera vez que oía a Sharozza llorar. .D .Bdia Lo siento, Sharozza, .Edia dijo Lústogan, tan bajo que casi no lo oí. .D .Bdia Sé que lo sientes, .Edia replicó Sharozza. .Bdia Hagamos una apuesta, Lúst. Si consigues echar al Ojo de Eol, no te molestaré más. Pero promete que, si no lo consigues, olvidarás excepcionalmente las costumbres de tu familia y me enseñarás lo que realmente sientes. ¿De acuerdo? .Edia .P Hubo un largo silencio. Entonces, Lústogan replicó: .D .Bdia Nunca he fallado un trabajo, ¿sabes? .Edia .D .Bdia Este es distinto. .Edia .P Hubo otro silencio. Entonces: .D .Bdia Está bien. Acepto la apuesta. Palabra de Arunaeh. .Edia .P Al fin, acabé de envolverme de un sortilegio para no turbar el aire. Me alejé tan silenciosamente como pude hacia la aldea. .D .Bdia Attah, .Edia dejé escapar al llegar al establo. Posé una mano sobre los morros de un anobo. .Bdia Casi me gustaría que el Ojo de Eol se quedara, ¿sabes? .Edia .salto Al día siguiente, nos pusimos enseguida a trabajar. Mis interrogatorios habían surtido algo de efecto. La madre de la kadaelfa del manantial me había dicho que, cuando todo había empezado, dos meses atrás, el ruido se oía por la zona noreste de rocarreina. Teníamos por donde comenzar. .P Lústogan trabajaba con un ahínco inhabitual. Sondeaba la roca a cuatro patas sobre el suelo mientras Sharozza y yo hacíamos lo mismo unos metros más lejos. Cada movimiento que rozaba la rocarreina emitía un fuerte sonido metálico de ultratumba que venía a complementarse con los golpes dados por el Ojo de Eol. ¿Se habría vuelto loco ese Demonio Solista? ¿O es que simplemente le gustaba hacer ruido? .P Durante una pausa, de vuelta a la cueva, pregunté: .D .Bdia ¿Los Ojos de Eol tienen oído? .Edia .P Sharozza se había ido a la taberna a dar cuenta de los avances y ver si no encontraba más información útil. Lústogan bajó la cantimplora de la que bebía y replicó: .D .Bdia ¿Y tú, Drey, tienes oído? .Edia .P Parpadeé, perdido, hasta que entendí la alusión y desaté conscientemente mi Datsu. Resoplé de lado. .D .Bdia ¿Con este ruido que mete el Solista? Estoy sordo como una piedra. .Edia .P Attah… Él sabía que yo sabía. Desvié la mirada sintiéndome de pronto como un mirón. Lústogan suspiró. .D .Bdia Pues me alegro. .Edia .P Enarqué una ceja. Y entonces sonreí. .D .Bdia Como dice Padre, cada Arunaeh tiene que descubrir su propia Senda, ¿no? .Edia .P La burla surgió en los ojos de Lústogan. .D .Bdia Por una vez, tienes razón. .Edia .salto Fue al día siguiente cuando la situación del Demonio Solista se nos escapó de las manos. Habíamos empezado a resquebrajar la rocarreina, emitiendo un estrépito aún más infernal que el del Ojo de Eol, cuando, de pronto, oí un grito ahogado de sorpresa. Alzando la cabeza, vi a Lústogan despegar del suelo y ser proyectado unos cuantos metros hacia arriba. .P Por un instante muy breve, el horror se apoderó de mí… y luego mi Datsu se desató. Recordé a tiempo las palabras de Lústogan: .Bparoles Si se te vuelve a desatar el Datsu por completo, Drey, será la última vez que te lleve a trabajar conmigo .Eparoles . .P Conseguí tranquilizarme sin que el Datsu se excediera. Al instante siguiente, Lústogan aterrizaba fuera de la rocarreina amortiguando la caída con órica y hacía un gesto urgente para invitarnos a salir de ahí. Creí oír su grito de aviso, medio ahogado por nuestras mágaras protectoras… .P Demasiado tarde. Con nuestros sortilegios de destrucción, el Demonio Solista nos había localizado a nosotros y deseaba echarnos. Una fuerza violenta me proyectó directo hacia una estalagmita que bordeaba el lugar. En pleno vuelo, desvié la trayectoria con órica y aterricé con más o menos elegancia a unos metros de Lúst. Sharozza se unió a nosotros justo después, gritando: .D .Bdia ¿De dónde saca ese poder? .Edia .P Lústogan sacudió la cabeza sin saber qué contestar. Había tanta cosa que ignorábamos sobre los Ojos de Eol… Aquel Ojo de Eol parecía ser un maestro órico. .P De pronto salió disparado un trozo no pequeño de rocarreina, con tal fuerza que se levantó unos seis metros antes de empezar a caer. .D .Bdia Dánnelah, .Edia murmuré. .P Para asombro mío, Lústogan se abalanzó hacia la rocarreina y Sharozza lo siguió gritando algo que no conseguí distinguir. .P En el momento en que entendí que la caída de una piedra de rocarreina de ese tamaño sobre un terreno de rocarreina podía dejarnos sordos incluso con nuestras mágaras de protección y que el choque podía causar una resonancia magistral capaz de resquebrajar, si no desequilibrar, toda la caverna… cuando entendí eso, Lústogan ya estaba parándose debajo de la piedra y alzaba las manos para ralentizar la caída de esta. Sharozza se le unió al instante y observé con admiración a ambos Monjes del Viento aunar sus esfuerzos. .P Sin embargo, el Demonio Solista era un verdadero demonio. Apenas los dos detuvieron la piedra, aguantándola, salieron del terreno otras piedras, no tan grandes, pero… Lústogan y Sharozza no podrían pararlas con las manos ocupadas. Me adelanté preparando un sortilegio órico. Las piedras habían sido lanzadas más alto todavía y no todas habían sido arrojadas con la misma fuerza, pero todas estaban en la parte donde estábamos: el Ojo de Eol estaba desprendiendo la rocarreina que nosotros habíamos resquebrajado ya. ¿Lo haría contra nosotros o estaría simplemente alisando su casa? A saber. .P Cuando las piedras comenzaron a bajar, solté una ventolera, confiando en que Lústogan y Sharozza se protegerían con su propia órica. Eché afuera de la rocarreina una lluvia de piedras. Pero no las eché todas, y el estrépito de las que salieron fuera fue ahogado por el estruendo provocado por las otras. .P Mi concentración se partió en dos y me doblegué apoyando mis manos contra mi máscara, ahí donde estaban mis oídos. Oí otro estruendo, y otros golpes que resonaron a mis oídos como martillazos enormes. ¿Se me habrían descolocado las mágaras de protección? No. Ahí seguían puestas, y aun así… Attah. Estaba seguro de que, incluso en la aldea, a más de uno le habían estallado los tímpanos con ese concierto de rocarreina. .P Cuando me enderecé, Lústogan y Sharozza corrían hacia mí. El gesto que me hicieron era inequívoco: tocaba retirada. Sólo que, incluso en la cueva, se volvió imposible quitarse los protectores: el Demonio Solista se había desatado. ¿Estaría de malhumor? Recogimos nuestros haberes sin una palabra y sólo cuando salimos Lústogan me lanzó quitándose un protector con prudencia: .D .Bdia Lleva a los anobos al túnel. .Edia .D .Bdia ¿Nos vamos? .Edia me sorprendí. .Bdia ¿Y el Demonio Solista? .Edia .D .Bdia Me ocuparé de él. Tú espéranos en el túnel. Tengo que avisar a los aldeanos de Marovil de que su caverna no es segura. ¿No has notado los tremores? .Edia .P Que me echase de esa forma me decepcionó, pero había prometido que haría lo que él me pidiera… Suspiré y asentí. .D .Bdia ¿La caverna está tan mal? .Edia .D .Bdia ¡Desequilibritis aguda! .Edia confirmó animadamente Sharozza, saliendo a su vez de la cueva. Hablaba como si se tratara de una enfermedad real. .Bdia El Ojo no lo ha arreglado. Vamos. .Edia .P Fui a recuperar a los anobos y ayudé a mi hermano y Sharozza a avisar a los aldeanos con los que me cruzaba. En el establo, mientras trataba de calmar a nuestros anobos, agitados por el estrépito, me encontré con la muchacha kadaelfa del manantial. Estaba sentada sobre un cubo a modo de taburete y se tapaba los oídos con expresión desasosegada. Una hilera de sangre partía de su oreja izquierda. Me inquieté. .D .Bdia ¿Puedes oírme? Hey. La caverna está en peligro y tienes que salir de aquí cuanto antes. ¿Puedes oírme? .Edia .P La muchacha alzó la vista, pero más porque le toqué el brazo que porque me hubiera oído. Sus ojos se agrandaron aún más. Entonces, su madre apareció en la entrada y, sin echarme más que un vistazo, apremió con gestos a su hija. Cuando salí con los anobos, no esperé a encontrarme de nuevo con Lústogan y Sharozza. No sabía dónde se habían metido de todas formas. Estiré a las monturas hasta alcanzar el túnel del norte y seguí un poco adentro hasta que el ruido se hiciera soportable. Entonces, me quité los protectores y me di la vuelta. .P Mi Datsu tardó en atarse de nuevo a un nivel más normal. Por eso, al principio, esperé sin impaciencia alguna, diciéndome que Lústogan y Sharozza eran mejores óricos que yo, que sabían hacer su trabajo y que no me necesitaban. Pero, a medida que pasaba el tiempo, mi inquietud fue creciendo. Pasaron varios aldeanos de Marovil llevando lo estrictamente necesario. No me dijeron nada… pero noté miradas de reproche que no entendí. ¿Acaso no les acabábamos de avisar por su propia seguridad? .P Esperé durante un tiempo interminable a que mi hermano y la Exterminadora volvieran. Estaba ya pensando que a lo mejor debería ir a Arhum a pedir ayuda o regresar al menos a la entrada del túnel a ver si los veía cuando aparecieron al final del túnel, agotados, con los uniformes cubiertos de polvo. Inspiré y espiré de alivio. .D .Bdia ¡Hermano! ¡Sharozza! .Edia .P Lústogan cojeaba. Acababa de oír un estruendo en la caverna. ¿Se le habría caído alguna roca? Me precipité. .D .Bdia Estoy bien, .Edia dijo Lústogan, anticipándose a mi pregunta. Se quitó la máscara, me miró, le miró a Sharozza y masculló: .Bdia ¿Cuántos aldeanos han pasado por aquí? .Edia .P Fruncí el ceño. ¿Debería haberlos contado? Me encogí de hombros. .D .Bdia ¿Yo qué sé? Unos cuantos. Todos no. .Edia .P No recordaba haber visto la muchacha kadaelfa. Lústogan hizo una mueca sin mirar atrás y agarró las riendas de un anobo. .D .Bdia Ya saldrán. Volvamos a Arhum. .Edia .P Montó y Sharozza lo imitó. Me subí sobre mi propio anobo preguntando: .D .Bdia ¿El Ojo de Eol se ha ido? .Edia .D .Bdia ¿No has oído el estruendo? .Edia dijo Sharozza. .Bdia Cayeron unas cuantas estalagmitas encima de la rocarreina y el Solista dejó de golpear. .Edia .P Su tono era sombrío. Muy sombrío. Lústogan la miró otra vez. Y replicó: .D .Bdia Esperaremos unos días en Arhum y volveremos para comprobarlo. .Edia .salto Sentado en los cojines, junto a la linterna blanca, leía las aventuras del pícaro Danfán, de Sirigasa Moa, desde hacía unas cuantas horas. Me quedaban unas pocas páginas cuando la puerta de la taberna se abrió y alcé la cabeza, expectante, para mirar entre los balaústres hacia la parte de abajo. Era un parroquiano habitual, que se inclinó y saludó con una sonrisa grácil al alto tabernero. Suspiré. Nada. Lúst y Sharozza seguían sin volver. Y yo ahí estaba, en .Sm -t nomlieu La Piedra de Luna , leyendo desde hacía un buen rato la misma página… .P .Sm -t nomlieu La Piedra de Luna era una taberna regida por elfocanos del pueblo yorusha, conocido por sus artes culinarias tradicionales, sus músicos espirituales y sus bailes lentos. De cuando en cuando, me dejaba adormilar por la suave música que flotaba en la gran taberna. Llevaba tres días en ese lugar, dos desde que Sharozza y Lúst se habían ido a verificar la huida efectiva del Ojo de Eol. Llegar a la caverna, desde Arhum, en anobo, tomaba apenas una hora y media. ¿Qué diablos estarían haciendo? Hubiera querido saberlo, sobre todo si el Demonio Solista no se había ido aún. Hubiera querido estar ahí para verlos trabajar. Pero… .P .Bparoles Un pupilo obedece a su maestro, ¿no? No te muevas de aquí, Drey. .Eparoles .P Las palabras de Lústogan, secas y estrictas, resonaban aún en mi mente. Suspiré y seguí leyendo hasta la última página. Al final, el pícaro Danfán tomaba la decisión de ser honrado y exclamaba: .Blecture ¡Si la felicidad no viene a mí, entonces iré yo hacia ella! .Electure Me repetí la frase. Inspiré y cerré el libro con una resolución. .D .Bdia Un pupilo también debe preocuparse de no quedarse sin maestro, .Edia murmuré. .P Me levanté, fui a guardar el libro en el cuarto, salí de ahí hasta el establo y desaté a mi anobo. En marcha, me dije. En ese momento, vi aparecer al tabernero, un elfocano alto, rubio y habitualmente sereno y risueño. Se inclinó diciendo: .D .Bdia ¿Mahí? ¿De veras crees que es necesario? Tu hermano… .Edia .D .Bdia Hace lo que le apetece, .Edia lo corté. .Bdia Y yo también. Gracias de todos modos, yorusha. .Edia .D .Bdia Mi nombre es Kaxen, .Edia suspiró el elfocano, porque no era la primera vez que me lo decía. .P No repliqué, me subí al anobo y salí de ahí. Enseguida estuve fuera de Arhum, recorrí unas cavernas con aldeas, pastores de anobos y ovejas antes de llegar al Túnel de la Punta, como lo llamaban. La entrada estaba vigilado por unos guardias. Cerca del camino, avisté un campamento de aldeanos. Al pasar ante él, reconocí a la muchacha kadaelfa, con una gran venda que le cubría ambos oídos. ¿Se habría vuelto sorda de veras? En cualquier caso, adiviné que los aldeanos de Marovil estaban esperando con impaciencia poder volver a su pueblo. Hice una mueca. Desgraciadamente, por cómo me lo habían descrito Lúst y Sharozza, la caverna no parecía ya un lugar seguro al que regresar. .D .Bdia ¡Chico! .Edia me dijo de pronto una voz mientras me acercaba a la boca del túnel. Me giré y reconocí al tabernero miope. .Bdia ¿Tú eres el que iba con los rompedores, no? Malditos seáis… No sé qué diablos habéis hecho, pero malditos seáis… .Edia .P No dijo más. Los guardias me echaron una mirada como preguntándose si el muchacho Arunaeh dejaría pasar la maldición o si ellos mismos debían decir algo… Al final, solté: .D .Bdia Guardias. .Edia .D .Bdia ¿Sí, mahí? .Edia contestó uno con voz reacia. .D .Bdia ¿Los destructores siguen en la caverna? .Edia .D .Bdia Eso parece, mahí. .Edia .D .Bdia Ellos, .Edia intervino otra aldeana, .Bdia se fueron a por el Demonio. Sabemos que la culpa la tiene el Demonio, mahí. Bendigo a los destructores, los bendigo y… espero que nos dejen volver pronto. .Edia .P Su voz se había ido haciendo cada vez más baja a medida que hablaba. No contesté, pero en el fondo me pregunté si no sería mejor para ellos dejar definitivamente esa caverna que los había hundido en tanta pobreza. Haciendo un gesto de cabeza, animé a mi anobo y desaparecí túnel adentro alzando mi piedra de luna. No había recorrido ni la mitad del largo túnel cuando percibí luz y detuve mi anobo. Cuando avisté a mi hermano y a Sharozza sobre sus monturas, hice una mueca. Vaya… .P Esperé hasta que estuvieran cerca para mascullarles: .D .Bdia Justo llego cuando os marcháis. ¿Por qué habéis tardado tanto? .Edia .D .Bdia ¿Y por qué tú desobedeces a tu maestro? .Edia replicó Lústogan. .D .Bdia Porque decidí seguir mi propia Senda, .Edia repuse con una sonrisilla desafiante. .P Mi hermano se me quedó mirando con burla. Me sorprendí. Su expresión estaba extrañamente tranquila y satisfecha. .D .Bdia ¿Entonces? ¿El Demonio Solista? .Edia inquirí. .P Lústogan puso a su anobo en marcha y me apresuré a darle la vuelta al mío para seguirlos. .D .Bdia Todo se acabó, .Edia dijo. .P ¿Y qué se suponía que debía entender con eso? Le miré a Sharozza. La Monja del Viento tenía en su rostro unos sentimientos opuestos: diversión, comprensión… y a la vez contrariedad. Huh. Los miré alternadamente. ¿Qué habría pasado entre esos dos? .D .Bdia ¿El Demonio Solista se fue? .Edia insistí. .P Los dos me atravesaron con la mirada. Ninguno me contestó. Pero creí entender y refunfuñé: .D .Bdia Maestro: ¿qué vas a hacer ahora? .Edia .P Lústogan puso los ojos en blanco y sonrió. .D .Bdia ¿No es obvio? Seguir mi propia Senda. .Edia .P En ese momento, no entendí por qué Sharozza se ensombreció. ¿Me habría perdido algo? ¿Habría malinterpretado la satisfacción de Lúst? .P Dos meses después, Lústogan desapareció del Templo del Viento con el Orbe. Tardé en relacionar lo uno con lo otro pero, cuando lo hice, entendí que, en su Senda, pasaba antes su familia. Antes que cualquier otra cosa. .P Y ahora, mientras cabalgaba hacia Arhum junto a Sharozza, siguiendo de lejos la tropa de Zombras y Kartanes… entendí hasta qué punto Sharozza amaba a Lústogan. Hasta el punto en que había dejado pasar el Templo después que él: no le importaba que hubiese robado el Orbe porque ella… .D .Bdia Lo sabías, ¿verdad? .Edia pregunté. Sharozza enarcó una ceja, interrogante, y murmuré: .Bdia El Orbe. .Edia .P Una sonrisa estiró los labios de la Exterminadora. .D .Bdia ¿De qué me estás hablando? .Edia .P Suspiré y sacudí la cabeza sin insistir, pues empezaba a sospechar que no solamente lo sabía… sino que había participado en el robo junto con Lúst. .P A saber cuánto Sharozza había tenido que insistir para que mi hermano la dejara ayudarlo… Puse los ojos en blanco. Si Lústogan tenía un punto débil además del de su querido pupilo, ese era ella. .Ch "Zigzagueos" .\" 14/09/2019 Las calles de Arhum siempre me habían parecido más movidas que las de Dágovil y, aquel día, cuando entramos en la villa, no fue una excepción. Al contrario que en Dágovil, donde la población de drows era mucho mayor que el resto, en Arhum había una variedad más igualada. Había tantos drows como humanos, muchos elfos y elfocanos, belarcos y hasta toda una comunidad de tiyanos que vivía en la calle contigua a la del albergue .Sm -t nomlieu La Piedra de Luna . .P Pasábamos por ahí cuando el consejero de Zenfroz Norgalah-Odali, advirtiendo mi mirada, dijo: .D .Bdia .Sm -t nomlieu La Piedra de Luna . Un buen lugar para pasar las veladas. Tradicional y con una comida exquisita que no iguala el precio, ¿eh? Yo me hospedaré en casa del ministro Azergaich. Es un buen amigo mío… Sé que a vosotros, los destructores, os tiene en un pedestal, .Edia sonrió. .Bdia Estoy seguro de que le honraríais si pasarais a saludar. .Edia .D .Bdia ¿Ministro Azergaich? .Edia repitió Sharozza. .Bdia ¡Ja! Por supuesto. Drey y yo nos pasaremos a la tarde. .Edia .P Agrandé los ojos, mirándola. ¿Por qué me incluía a mí? En el momento, no se me ocurrió ninguna excusa para librarme y suspiré mientras nos saludábamos y el consejero seguía por la calle con sus Zombras hacia la casa del ministro. .D .Bdia En serio, Sharozza: ¿me has visto a mí cara de querer hablar con ministros? .Edia .D .Bdia Precisamente por eso lo he dicho. .Edia Sharozza se carcajeó. .Bdia ¡Tranquilo! no es por eso, .Edia reconoció. .Bdia Es porque… .Edia .D .Bdia Porque tu familia te ha pedido que seas educada con los nahós, .Edia completé con burla. .P La Exterminadora se mordió la mejilla y afirmó: .D .Bdia Exacto. .Edia .D .Bdia Y no quieres estar sola haciendo reverencias. .Edia .P Sharozza sonrió con todos sus dientes y me dio una palmada en el hombro. .D .Bdia ¡Exacto! Si serás listo. .Edia .D .Bdia No. Soy tonto. De haberlo previsto, me habría quejado de mi dolor de cabeza en el camino. .Edia .P Sharozza se echó a reír escandalosamente. Dejó las riendas a un Kartán y empujó la puerta de .Sm -t nomlieu La Piedra de Luna . Reik tendió una mano y me quitó las riendas de mi anobo. .D .Bdia Me ocupo yo. Los dejaré en el mismo establo que los Zombras. .Edia .P Lo miré con sorpresa. El Zorkia… ¿iba a meterse en un establo con Zombras? ¿Solo? .D .Bdia ¿Estás seguro? .Edia .P El comandante Zorkia rebufó por lo bajo y se marchó sin una palabra con los dos anobos, tomando la misma dirección que el consejero y su escolta. Miré a Jiyari, interrogante, y este meneó la cabeza. Sólo esperaba que el extraño comportamiento de Reik no significase que algún Zombra lo había reconocido. Pues aunque no quería que Reik acabase en la horca, tampoco quería que este matara a un Zombra para callarle la boca… .D .Bdia ¿Quieres que lo acompañe? .Edia sugirió de pronto Jiyari. .P Enarqué una ceja, advertí la mirada curiosa de los Kartanes y me encogí de hombros. .D .Bdia No. Déjalo. No son asuntos nuestros. .Edia .P Entramos en la taberna. Estaba igual de acogedora y tranquila que siempre. El elfocano que llevaba el local, Kaxen si bien recordaba, tampoco había cambiado. Hablaba con Sharozza, alegrándose de verla, tan risueño y sereno como lo recordaba. .D .Bdia ¡Y este es el pequeño Drey! .Edia me presentó Sharozza, agarrándome por el brazo mientras yo me adelantaba, sondeando el lugar. .P Los ojos del elfocano se agrandaron mucho. .D .Bdia ¿Drey Arunaeh? .Edia .P Tan ocupado estaba en observarme que tardó unos cuantos segundos más de lo acostumbrado antes de inclinarse profundamente. .D .Bdia Un honor volver a verlo en esta casa, mahí. .Edia .D .Bdia Han pasado cuatro años desde la última vez, .Edia apunté, alzando la mirada hacia la hilera de linternas colgadas de las altas vigas. .Bdia Di, yorusha. ¿Han venido unos aventureros esta mañana? ¿Un grupo variado con una chica con lanza, otra con una flauta…? .Edia .D .Bdia La flautista, .Edia afirmó entonces Kaxen para alegría mía. .Bdia Vinieron aquí y me pidieron que te dijera que se hospedan en la pensión .Sm -t nomlieu Maravilla en la zona baja. Ejem. Entre nosotros, me temo que no tienen muchos medios, mahí. .Edia .P Y yo menos… Sonreí y golpeé suavemente la barra. .D .Bdia Gracias, Kaxen. .Edia .P El elfocano pareció sorprendido de que, por una vez, lo llamase por su nombre. Sharozza protestó al verme salir. .D .Bdia ¿Ya te marchas? ¿Y el saludo al ministro? ¡No me dejarás sola, Drey! .Edia .D .Bdia Págame el cuarto y cómprame unos guantes nuevos de destructor e iré, .Edia repliqué alzando un puño de promesa sin girarme. .P Oí su carcajada indignada antes de cerrar la puerta y dirigirme con Jiyari hacia la pensión Maravilla. No conocía la pensión, ni la zona baja de Arhum, en realidad, y empezamos a dar vueltas por los sucios callejones, algo perdidos. ¿En qué cuchitril se habrían metido los Ragasakis? La gente con la que nos cruzábamos parecía más delincuente que pobre. Era una suerte que mi tatuaje de Arunaeh no se reconociera fácil: en ambientes como esos, los Arunaeh éramos odiados como las alimañas. .D .Bdia ¿Buscáis algo, muchachos? .Edia .P La voz cascada provenía de una vieja que se detuvo al vernos pasar. Como yo me había quedado mirando la enorme verruga que tenía en la nariz, fue Jiyari quien contestó: .D .Bdia La pensión Maravilla. ¿No sabrás dónde está, anciana? .Edia .D .Bdia ¿La pensión Maravilla? Claro, muchachos. Ahí está. Seguid y, cuando veáis un cartelito donde hay dibujado un triángulo rojo, a la derecha, luego… .Edia .P Se perdió en direcciones y yo me perdí con ella. Jiyari, en cambio, escuchaba con atención y sonrió al fin: .D .Bdia Muchas gracias, anciana. .Edia .D .Bdia ¡Un placer! .Edia .P Cuando retomamos la marcha y llegamos al cartel con el triángulo, giramos a la derecha. Seguimos andando por un embroglio de callejones oscuros, apenas iluminados, pues el techo de la caverna de Arhum caía ahí de tal suerte que la luz de las piedras de luna, en las paredes altas, apenas alcanzaba las casas. Alzando mi pequeña piedra de luna, le seguía a Jiyari, cada vez más impresionado. Al de un rato, pregunté: .D .Bdia ¿Cómo haces para acordarte de todo lo que te ha dicho esa bruja? .Edia .P El Pixie rubio dio un paso, dos… y se detuvo con una sonrisa divertida. .D .Bdia ¿Casi parecía que me acordaba, eh? Pero ya lo he olvidado todo. Yo te estoy siguiendo a ti. .Edia .D .Bdia ¡¿Qué?! .Edia exclamé. .Bdia ¡Yo te estaba siguiendo a ti! .Edia .P Nos miramos, entendimos nuestro error, y suspiramos, desanimados. Me recosté contra el muro de una casa, graznando, sentí la protesta agitada más que hablada de Tchag desde mi mochila y me volví a poner recto enseguida. .D .Bdia Perdón, Tchag. Te había olvidado. .Edia .P .Bdm ¿En serio os habéis perdido? .Edm lanzó Myriah con tono de reproche desde mi mochila. .D .Bdia Eso parece, .Edia confesó Jiyari. .P Atrapada en su lágrima, la permutadora arlamkesa nos era de poca ayuda… Suspiré alzando la mirada hacia un caracol que subía por una pared de piedra. En ese momento, me sentía tan lento como él. .D .Bdia Mar-háï… Esto es Arhum, diablos, no es Dágovil. No debería ser tan difícil encontrar esa Maravilla. Por Sheyra, la pensión debe de ser tan maravillosa que sólo los más valientes pueden encontrarla. Y yo ya empiezo a tener hambre y no me apetece comer otro Ojo de Sheyra… .Edia .D .Bdia No desesperes, .Edia rió Jiyari. .Bdia Hemos pasado por cosas peores. .Edia .P En ese momento, vi a dos hombres acercarse a nuestra derecha y otros dos a nuestra izquierda. Me tensé. Tanta gente en un callejón… no podía ser una coincidencia. Me aparté del muro siseando: .D .Bdia Esa bruja… .Edia Le agarré a Jiyari y le dije: .Bdia Corre. .Edia .P Corrimos hacia la derecha, tomándolos a los cuatro por sorpresa. Mi instinto no me había engañado: esos dos hacia los que nos abalanzábamos llevaban las armas preparadas debajo de la manga, listos para amenazarnos y quitarnos nuestras pertenencias. .D .Bdia ¡Lo siento pero estamos sin blanca! .Edia les solté mientras me abalanzaba hacia ellos. .P Levanté el polvo de la calle y se lo mandé directo. Los cegué, tendí una mano, toqué a uno, tal vez en el hombro, y lo proyecté contra su vecino añadiendo fuerza órica a mi impulso. Jiyari pasó y yo detrás de él. No nos demoramos y desaparecimos en medio de la polvareda. .P Unos cuantos callejones más lejos, nos paramos. Jiyari respiraba aceleradamente. Dejé que se sentara sobre una caja rota y comenté, burlón: .D .Bdia Hemos pasado por cosas peores pero, ¿sabes?, no me gustan estos barrios. .Edia .P Tras una pequeña pausa, retomamos nuestra búsqueda. Tardamos un rato en darnos cuenta de que estábamos dando vueltas. Las callejuelas, ahora todas desiertas, lejos de ser rectas, se curvaban de manera que era imposible saber hacia dónde uno se dirigía. Cuando encontramos de nuevo el cartel con el triángulo rojo, mascullé: .D .Bdia Y vuelta a las andadas. ¿Sabes qué te digo, Jiyari? Volvamos a tierras más conocidas y que los Ragasakis vengan a buscarnos a nosotros cuando quieran. .Edia .P El Datsu se me había desatado aplacando mi hartazgo. Me giré, contemplé las calles desiertas… y suspiré. ¿Era posible que no supiéramos ni por dónde habíamos llegado al barrio bajo? .D .Bdia Kala, ayúdanos un poco, .Edia le gruñí en voz alta. .Bdia Llevas todo este tiempo callado como un doagal. .Edia .P El Pixie resopló. .D .Bdia ¿Y qué quieres que te diga? Si te has perdido, te has perdido. Asume tu derrota. .Edia .D .Bdia La asumiré si me dices que sabes por dónde se vuelve, .Edia le repliqué. .P Kala sonrió, vencedor, y señaló una calle. .D .Bdia Por ahí. .Edia .P Un cuarto de hora más tarde, estábamos de vuelta junto al cartel rojo. Jiyari estaba cansado, y mi Datsu cada vez más desatado. Kala estaba de malhumor. Lo pinché: .D .Bdia Asume tu derrota, Kala. Si te has perdido, te has perdid… .Edia .P Me cerró la boca a la fuerza y me carcajeé. .D .Bdia Estás susceptible. Ashgavar. Casi me gustaría que saliera otra vez la bruja. .Edia .D .Bdia ¿Te refieres a la anciana? .Edia dijo Jiyari, sentado en un bordecillo. .Bdia ¿Y si llamamos a una puerta y preguntamos? .Edia .P Tanto interactuar con desconocidos para encontrar una maldita pensión me parecía un exceso, pero… Jiyari tenía razón. Llegando a la misma conclusión que yo, Kala se adelantó hacia la primera puerta y llamó. Esperamos. Nadie abrió. .P Iba a llamar a otra puerta cuando noté aire moverse por uno de los callejones. Al fin un transeúnte. Alcé la piedra de luna… y oí de pronto un arco tensarse a mis espaldas. .D .Bdia Rendíos y no os haremos nada, .Edia soltó una voz femenina y clara. .Bdia Mis flechas no fallan nunca. .Edia .P Advertí cómo una sombra encapuchada se había deslizado detrás de Jiyari y lo amenazaba con una daga. Kala perdió los papeles. Volteó y se abalanzó como un idiota hacia la arquera. Entendí que se había olvidado completamente de que su cuerpo ya no era de metal. De saber que sólo había una arquera, tal vez hubiera podido desviar la flecha… Pero algo en el aire me decía que eran más de diez. Por fortuna, conseguí hacer tropezar a Kala, caímos de bruces y siseé mientras la arquera me apuntaba de cerca: .P .Bdm Asume tu derrota, Kala: dicen que no nos van a matar. .Edm .P .Bdm Mentiras: los saijits sólo saben decir mentiras… .Edm .P Sentí una hoja fría contra mi cuello. Una voz cascada soltó: .D .Bdia Perdón por las medidas drásticas pero nos han dicho que eras una persona importante. .Edia .P Mi corazón se heló. ¿Habrían averiguado mi identidad? Diablos… Si no la habían averiguado ahora, lo harían en cuanto encontrasen en mi mochila mi diploma de destructor de Dágovil. .D .Bdia Importante, .Edia repetí. .Bdia ¿En qué sentido, bruja? .Edia .P Dejaron que me sentase y, entre dos encapuchados, vi a la bruja acercar una linterna a mi rostro. Los dos nos observamos unos instantes. La anciana entornó sus ojos, sonriente. .D .Bdia Eso te lo explicará la persona que ha pedido que te atrapemos. Un placer, .Edia agregó, tendiendo la mano. .Bdia Soy la líder de los Cuchillos Rojos de Arhum. .Edia .P Fruncí el ceño, desconcertado por sus maneras: no conocía a los Cuchillos Rojos, pero supuse que sería una cofradía ilegal. Fui a cogerle la mano pese a todo. Sin embargo, antes de poder hacerlo, ella atrapó una extremidad del guante y me lo arrebató. .D .Bdia ¿Está ahí, Chihima? .Edia .P La arquera asintió detrás de su velo. .D .Bdia Ahí está, abuela. .Edia .D .Bdia Caray. .Edia La bruja sonrió, enseñando sus dientes amarillos o ausentes. .Bdia Entonces, en marcha. Alguien quiere hablarte, muchacho. .Edia .D .Bdia Jiyari viene conmigo. .Edia .P La bruja enarcó las cejas. .D .Bdia ¿Jiyari? ¿Te refieres al rubio? .Edia Lo miró con más detenimiento. .Bdia Por supuesto. En marcha. .Edia .P Caminamos por las calles oscuras, rodeados por los Cuchillos Rojos. Pasamos por una puerta, salimos a otra calle, y llegamos a una casa inesperadamente bien iluminada, limpia y con una mesa redonda en el centro de la estancia. Kala refunfuñaba por lo bajo y al entrar lanzó: .P .Bdm Si intentan matarnos, ¿qué harás? .Edm .P .Bdm Algo se me ocurrirá, .Edm aseguré. .Bdm Mientras tú no toques mi órica… Mi tallo está casi sin usar. .Edm .P Nos invitaron a sentarnos a la mesa. Jiyari estaba muy nervioso. ¿Sería por eso que su piel bronceada se había puesto gris? Sus ojos negros enrojecían por momentos. .D .Bdia Los Cuchillos Rojos, .Edia solté en el silencio que había caído. .Bdia ¿Sois criminales? .Edia .P La arquera giró unos ojos burlones hacia mí. .D .Bdia Supervivientes, .Edia rectificó. .P Parpadeé ante la extraña respuesta. Entonces, oí un ruido de pasos en peldaños de madera, los mismos por los que había subido la bruja hacía un momento. Me giré hacia las escaleras preguntándome quién diablos había podido encargar a esos tipos que me atrapasen. Una posibilidad me tenía particularmente inquieto: ¿y si Zenfroz Norgalah-Odali había espiado, de algún modo, mi conversación bréjica con Yodah, se había enterado de mis intenciones de destruir los collares y me había tendido una trampa? .P Oí una inspiración y alcé la cabeza hacia la figura que acababa de aparecer en el recuadro. Llevaba un vestido azul claro con un jubón negro, tenía el cabello largo y malva con mechas negras, una piel tan gris como la mía… y los tres círculos de Sheyra en su frente. .P Antes de que pudiera reaccionar, antes siquiera que Kala pudiera reaccionar, Rao se adelantó con unos ojos azules radiantes. .D .Bdia ¿Kala? .Edia .P Este se levantó tembloroso, vibrando de emoción, obligando a mi Datsu a desatarse. Tiró la silla sin querer, rodeó la mesa y tomó a Rao entre sus brazos mirándola a los ojos, anonadado. .D .Bdia Rao… .Edia murmuró con voz ahogada. .Bdia ¿Eres tú? ¿Eres tú? .Edia .P Mientras los ojos de ambos se llenaban de lágrimas, la Pixie sonrió con toda la alegría del mundo y se giró también hacia un Jiyari atónito antes de confirmar: .D .Bdia Soy yo. .Edia .Ch "La diosa" .\" 14/09/2019 .Bpenso Cinco días, .Epenso pensé. .P Según el acuerdo, le había prometido a Kala cinco días sin intervenciones una vez encontrásemos a Rao… No caía en el mejor momento, pero yo mismo tenía curiosidad por conocerla. .P Cuando Kala recogió su mochila y fue a subir las escaleras detrás de Rao, me fijé en que esta estaba curiosamente ligera y entendí que Tchag se había marchado. ¿Desde cuándo? No lo sabía. Si andaba en la casa… más le valía ser prudente con los Cuchillos Rojos. .P Llegamos a una habitación con una gran alfombra, una cama y un escritorio. De refilón, vi un cuadro que representaba a un gato de pelaje gris estirándose con todo su cuerpo. Se parecía un poco al Ciclón que habíamos rescatado Yánika y yo en la isla, pensé. Sobre la alfombra, bien reales, dormían nada menos que tres gatos, uno pelirrojo, otro negro como la tinta, el tercero de color bayo. Apenas se movieron cuando entramos pero, al igual que Kala, sus ojos estaban puestos únicamente en Rao. .P Esta se detuvo con ligereza señalando: .D .Bdia Os presento a Brasa, Samba y Rô. ¡Son mis compañeros de cuarto desde hace varios años! Samba, el negro, es el más viejo. ¡Pero sentaos, sentaos! .Edia .P Nos tomó las manos a Jiyari y a mí para invitarnos a sentarnos sobre la alfombra diciendo alegremente: .D .Bdia ¡Tenemos tanto que contarnos! .Edia .P Kala no acertaba a decir nada. Jiyari sonreía con las mejillas aún empapadas. Farfulló: .D .Bdia Esto es… un sueño que se hace realidad. Somos reales de veras. .Edia .D .Bdia ¡Pues claro que somos reales! .Edia .P Rao se sentó de cuclillas ante nosotros. Kala la devoraba con los ojos. Aproveché para detallarla con curiosidad: nariz pequeña, labios negros, tez gris, su frente medio oculta por unos mechones malvas, sus manos finas y de apariencia tan suave… Er, ¿suave? ¿En qué estaba pensando pues? El corazón del Golem de Acero latía tan fuerte que alcanzaba mis oídos, tanto que me atreví a murmurar, burlón: .P .Bdm Nos vas a matar de un ataque al corazón, Kala… .Edm .P Me ignoró tan bien que me sentí ninguneado, pero no protesté. Él, al fin y al cabo, había estado mucho tiempo sin intervenir en anteriores acontecimientos —quitando los ataques de rabia interiores— y no se había tirado sobre el Príncipe Anciano —salvo la primera vez… En definitiva, se había portado mejor de lo esperado. Le debía esto. Además, un Arunaeh nunca rompía sus promesas y daba el ejemplo. .P Bruscamente, Kala se inclinó, espantando a los tres gatos, y tendió una mano hacia la mejilla de Rao. Todo su cuerpo, mi cuerpo, temblaba de emociones encontradas: placer, miedo, alegría y expectación… La Pixie se tragó la sorpresa y sonrió con dulzura. .D .Bdia A través de tu piel metálica nunca me sentías como yo te sentía a ti, ¿verdad, Kala? Ahora, después de tantos años… tienes de nuevo tu voz, yo tengo de nuevo mis ojos. Somos al fin saijits. .Edia .P Kala se tensó y la miró con fijeza. .D .Bdia ¿Saijits? .Edia repitió. Retiró la mano. .Bdia ¿Qué quieres decir con que somos saijits? .Edia .P Rao parpadeó y Jiyari emitió un carraspeo confesando: .D .Bdia Kala sigue obsesionado contra los saijits y no quiere aceptar que lo seamos. .Edia .D .Bdia ¿Eeh? ¿En serio? ¿Después de todo el tiempo que ha pasado? .Edia silbó Rao, impresionada. .P Kala los fulminó con la mirada y, cruzando piernas y brazos, refunfuñó: .D .Bdia ¿Qué queréis? ¿Que les perdone? .Edia .P Rao inspiró una bocanada de aire y su expresión divertida se cerró. .D .Bdia ¿A los del laboratorio? Nunca, .Edia afirmó. .Bdia Pero esos eran monstruos saijits. Hay una diferencia. .Edia .D .Bdia ¿Y cómo se ve esa diferencia? .Edia gruñó Kala. .P Rao sonrió y, para sorpresa de Kala, le empujó la cabeza como en su infancia diciendo: .D .Bdia Tontorrón. La reencarnación no te ha hecho más listo, ¿eh? Verás: la diferencia está en que hay saijits que merecen vivir y otros que merecen morir. .Edia .P Sus palabras me dieron un escalofrío mental… ¿Qué clase de explicación era esa? Kala, sin embargo, se ensimismó y, sin replicar, preguntó: .D .Bdia ¿Por qué no viniste antes? Sabías que vivía en el Templo del Viento… ¿Por qué…? .Edia .D .Bdia No recordabas quién eras, Kala. Estabas dormido, pensando que eras Drey y únicamente Drey. .Edia .D .Bdia Nunca he sido Drey. Y él sigue ahí, .Edia refunfuñó Kala. .P Rao agrandó los ojos. .D .Bdia ¿Qué quieres decir? ¿No os fusionasteis? .Edia .P Sentí la ligera satisfacción de Kala y entendí que le hacía gracia que, por una vez, fuera él el que explicara y yo el que callara. Contó: .D .Bdia Cuando llegué a la cima del Sello de los Arunaeh, Madre… la Selladora me selló con los recuerdos… y no desperté del todo hasta que Drey volviera a la isla hace unas semanas y los brejistas se nos metiesen en la cabeza. Desde entonces, somos dos en este cuerpo. .Edia .P Rao me miraba, anonadada. .D .Bdia ¿Dos? ¿Drey no desapareció? ¿Te habla? .Edia .D .Bdia Y me roba el cuerpo, .Edia masculló Kala. .Bdia Pero prometió que el día en que me encontraría contigo me dejaría cinco días en paz. .Edia .P Rao estaba cada vez más impactada. Tendió una mano hacia mi rostro, lo tocó para gran placer de Kala y sentí energía bréjica pasearse por la barrera del Datsu antes de oír: .P .Bdm ¿Me oyes? .Edm .P .Bdm Te oigo, .Edm confirmé. .Bdm Ya que me hablas así, me tomaré la libertad para añadir una pequeña corrección a lo que ha dicho mi compañero de cuerpo: nuestra madre no lo selló entero. .Edm .P Rao parpadeó, meditó mis palabras y murmuró: .P .Bdm ¿Entonces quién eres? .Edm .P .Bdm Drey Arunaeh. .Edm .P Rao asintió para sí y nos miró a los ojos. .D .Bdia Supongo que no debería sorprenderme de que una Selladora Arunaeh fuera capaz de sellar una mente. Kala. Dime. ¿Te molesta ese Drey? .Edia .D .Bdia Mucho. .Edia .P ¡¿Queeé?! Entonces, Kala sonrió: .D .Bdia Pero él también tiene derecho a vivir. .Edia .P Resoplé para mis adentros. Era exactamente lo que yo le había dicho al Príncipe Anciano cuando este me había hablado de la posibilidad de «quitar» a Kala de mi mente. Ese Pixie me estaba vacilando. .D .Bdia Entonces, lo dejaremos como está de momento, .Edia sonrió Rao. Alternó su mirada entre Jiyari y Kala y agregó: .Bdia Ha sido una suerte encontraros tan rápido. .Edia .D .Bdia ¿Cómo lo hiciste? .Edia preguntó Jiyari. .D .Bdia Gracias a Lústogan Arunaeh. Mandó un mercenario en mi busca. Me encontró y él me contó que ambos estabais juntos y que os habíais metido en una cofradía de la Superficie. Los Ragasakis. .Edia .P Sus ojos azules centellearon. Yo hacía esfuerzos por no intervenir. Ese mercenario… ¿no sería Saoko? ¿Pero por qué se había empeñado Lúst en buscar a Rao? La Pixie retomó: .D .Bdia El mercenario regresó días después informándome de que te habías marchado de la capital de Kozera hacia el noreste con unos Ragasakis, en busca de una cofrade capturada por los dokohis. Estaba esperando el regreso de Melzar cuando un Cuchillo Rojo dijo haber visto a un Arunaeh con piel gris en la frontera dagovilesa de la Punta, ¡tan cerca de Arhum! .Edia sonrió. .Bdia Luego me enteré de que habían llegado Ragasakis a Arhum, pero que tú no estabas con ellos. Entonces, mandé a alguien a invitarlos a una pensión que no existe, los atrapamos y los interrogamos. .Edia .P Agrandé los ojos. ¿In-terrogar? Kala me espetó: .P .Bdm ¿Cálmate, quieres? Prometiste. .Edm .P Me entró complejo de Kala, pero no duró: mi Datsu se desató y me atrincheré en mi rincón. Kala masculló: .D .Bdia Rao… Esos Ragasakis son mis amigos. .Edia .P Ella se encogió de hombros acariciando la cabeza del gato pelirrojo. .D .Bdia No les he hecho daño. Les hemos tomado prestada la ropa a dos de ellos para disfrazar a dos Cuchillos. Entraron en .Sm -t nomlieu La Piedra de Luna a avisar de que los Ragasakis se hospedaban en el barrio bajo en la pensión Maravilla. .Edia Me dedicó una sonrisa burlona. .Bdia Y ahora que lo pienso, has dicho que son tus amigos, Kala: amigos saijits. No me irás a decir que los Ragasakis no son saijits. .Edia .P Kala resopló de lado. .D .Bdia ¿Dónde están ahora? .Edia .D .Bdia ¿Los Ragasakis? .Edia Señaló el suelo. .Bdia Ahí abajo, en el sótano, con Saoko. .Edia .P De modo que el ‘mercenario’ realmente era Saoko. Pero ¿por qué mi hermano deseaba que me encontrara con Rao? Kala tenía el ceño fruncido. .D .Bdia No quiero que los trates mal. Sácalos de ahí… .Edia .P Rao posó una mano sobre la mía con suavidad. .D .Bdia Lo haré, .Edia prometió. .Bdia De verdad que no los he tratado mal. No me compares con los carceleros del laboratorio, Kala… .Edia .D .Bdia ¡No lo hago! .Edia se alteró Kala. .D .Bdia Lo sé. Verás… Lo que pasa es que una de las Ragasakis, la líder, parece ser que era la hija de unos cartógrafos que murieron un poco por mi culpa y… no sé qué decirle. .Edia .P Attah… Palidecí, recordando. Dieciocho años atrás, Zélif de Eryoran había perdido a sus padres mientras estos ayudaban a Rao a buscar la raíz del Sello de los Arunaeh. ¿Cómo habría reaccionado Zélif encontrándose a la mujer que le había alterado los recuerdos? Aunque con apariencia distinta, seguía siendo Rao. Sintiendo mi inquietud, Kala preguntó: .D .Bdia ¿Qué le hiciste, Rao? .Edia .P La Pixie meneó la cabeza. .D .Bdia Hace ya mucho tiempo… Contraté a unos cartógrafos para buscar la raíz del Sello para fusionarte, Kala. Estábamos ya de regreso, no muy lejos de la ciudad de Djaborka, cuando nos atacaron unas mílfidas aladas. Los padres de Zélif estaban recorriendo un pequeño túnel que no venía en sus mapas… Apenas se alejaron pero los dos Estabilizadores que nos habían acompañado no llegaron a tiempo. Cuando espantaron a las mílfidas… los padres de la muchacha ya estaban agonizando. Lo único que pudieron hacer fue ahorrarles el sufrimiento. .Edia .P Hubo un silencio pesado. Retomó: .D .Bdia Zélif sufrió un profundo trauma al ver a sus padres en ese estado. Temí que no lo aguantase. Así que le borré algunos recuerdos para que no sufriera tanto y… le borré todo lo relativo al Sello y a mí, por supuesto. .Edia .D .Bdia Y la dejaste en Donaportela con la recompensa, sola y confusa, .Edia murmuró Kala. .P Rao hizo una mueca. .D .Bdia ¿Qué querías que hiciera? ¿Que la adoptara? Mi cuerpo estaba tan enfermo que apenas podía cuidarme yo sola. Esa maldita raíz del Sello estaba más lejos que la Luna y no sabes cuánto me costó llegar hasta ahí, Kala. De no haber ido ahí, los cartógrafos no se hubieran muerto, es cierto, pero… ¿qué querías que hiciera? .Edia repitió. .P Su mano, sobre la de Kala, temblaba un poco. Parecía sincera y profundamente turbada. Kala le apartó entonces un mechón malva de su rostro y sonrió. .D .Bdia No tienes la culpa. Lo hiciste por nosotros. Háblale a Zélif y díselo. Dile la verdad y estoy seguro de que lo entenderá. Porque lo hiciste por nosotros. .Edia .P Los labios negros de Rao se curvaron, vacilantes. .D .Bdia Quisiera poder ver las cosas de manera tan simple como tú, Kala. .Edia .P Apretó nuestra mano con calidez y el corazón de Kala volvió a acelerarse. Nos acercamos mientras él murmuraba: .D .Bdia Rao. Cuánto deseaba verte. Tocarte. Sentirte. Quería verte desde hace tanto tiempo… .Edia .D .Bdia Yo también… .Edia .P Sus —o nuestros— labios se encontraron y pareció de pronto como si Kala me barriese con sus emociones. Mi Datsu se desató aún más. Jiyari ahogó a medias un carraspeo al ver cómo sus mayores se abrazaban y se desataban delante de sus ojos y se levantó para salir de la habitación. Yo, en mi rincón, estaba emocionado pese al Datsu, no tanto por las oleadas de placer, alegría y sorpresa de Kala, como por haber descubierto que finalmente ese amor pasional del que hablaban los libros existía realmente. Kala me lo acababa de demostrar: su amor era tan profundo que mareaba. .P Cuando Kala empezó a desabrocharle la ropa con frenesí, sin embargo, Rao se hizo más reservada y finalmente puso una mano entre nosotros. ¿Su tez gris no se había sonrojado un poco? Meneó la cabeza. .D .Bdia Lo siento pero no sé si… .Edia .D .Bdia ¿No sabes qué? .Edia se sorprendió Kala. .P Rao se turbó, sin apartarse, ensimismada. .D .Bdia Di… ¿Realmente soy como la Rao que recuerdas, Kala? .Edia .P Kala se quedó mirándola, confuso. .D .Bdia ¿Eh? Eres Rao. Claro que eres como te recuerdo… .Edia .D .Bdia He cambiado de rostro. .Edia .D .Bdia ¿Y eso qué importa? No te quería por tus bigotes de gato ni por tus bellos ojos de vampiro, ¿sabes? .Edia .P Rao se echó a reír. .D .Bdia Ah, ¡olvídalo! .Edia dijo agitando una mano. .Bdia Es sólo que… a veces me pregunto si sigo siendo realmente la misma después de tanto tiempo. La gente cambia. Y yo me he reencarnado ya dos veces, dos veces me he fusionado con otra mente. Por eso, ya que tú me conociste en mi primera vida, quería saber… si te parece que he cambiado. .Edia .P Kala frunció el ceño y posó ambas manos sobre nuestras rodillas, inusualmente serio. .D .Bdia Rao. ¿No recuerdas la promesa? En la Superficie, a la luz de las estrellas, tú y yo tumbados… Yo te describía las estrellas en silencio dibujándolas con el dedo sobre tu frente porque no podías verlas. Aquella noche, me dijiste: cuando nos meta Padre en las lágrimas, tal vez pase mucho tiempo antes de que podamos reencarnarnos, pero te prometo que, pase lo que pase, estaremos juntos de nuevo, un día, y entonces estaremos juntos para siempre. Ese día ha llegado, Rao. Como decía Lotus, una promesa de verdad siempre se cumple. .Edia Nuestra voz tembló de emoción. Contuve mal las ganas de resoplar de incredulidad. ¿Una promesa de verdad, decía? Así que él se saltaba alegremente nuestros acuerdos: debía de pensar que eran promesas de mentira o algo así… El Pixie afirmó con solemnidad: .Bdia El tiempo no cambia una promesa. A la que quiero es a la valiente Rao que nos dio coraje a todos, la que me guió por la vida y me ayudó a reencarnarme, la que me empuja la cabeza y se burla de mí, la que siempre entiende las cosas antes y mejor que yo. Y esa… sigues siendo tú. .Edia .P Rao permaneció en silencio unos instantes, enmudecida. Entonces, sonrió con cariño. .D .Bdia Tú sí que no has cambiado. .Edia Ladeó la cabeza y su sonrisa se ensanchó. .Bdia ¿Sabes? Estos días, estuve imaginándome cómo sería nuestro encuentro. Me imaginaba cómo nos abrazábamos el uno al otro y nos murmurábamos promesas, como cuando éramos niños. Pero… .Edia bajó la vista hacia sus manos, aún sonriente, .Bdia supongo que soy demasiado vieja ya para ser tan impulsiva. Lo siento, .Edia rió, tumbándose en la alfombra con las manos detrás de la cabeza. .P Kala se relajó y sonrió a su vez, tumbándose junto a ella. .D .Bdia No importa. Ahora que estamos juntos, podremos aprender otra vez a hablarnos, abrazarnos y amarnos todo lo que queramos. Para eso los Pixies seguimos viviendo: para cumplir nuestros sueños. Y uno de los míos era amarte para siempre. También era el tuyo, ¿verdad? .Edia .P Los ojos azules de Rao nos observaron, emocionados. .D .Bdia Verdad. .Edia .P Tras contemplar unos instantes el techo de la habitación, se apoyó en la alfombra sobre un codo y pasó suavemente una mano por nuestra camisa desabrochada. Tocó el colgante con la piedra de juramento del Viento. .D .Bdia Al final… ¿aprendiste bréjica? .Edia preguntó. .P La sonrisa de Kala desapareció. .D .Bdia No. Apenas. Y la órica no la controlo bien… Es Drey el que se ocupa de eso. .Edia .P Rao rió por lo bajo. .D .Bdia Los planes así no siempre salen bien. Te lo dije. .Edia Me acarició el pecho cubierto de tatuajes murmurando: .Bdia No hace falta que aprendas, Kala. Yo seré brejista por ti. .Edia .D .Bdia Y yo convenceré a Drey para que sea destructor por ti. .Edia .P La besó y Rao rió. .D .Bdia Estoy segura de que lo conseguirás. Si tiene una parte de Kala en su mente, se enamorará de mí igual que tú. .Edia .P Kala enarcó las cejas y, por un momento, sentí su conflicto interior. Aún no había aceptado completamente la idea de que él no fuera del todo Kala y que yo también formaba parte de este. Tuvo que llegar a algún consenso consigo mismo porque se relajó y asintió. .D .Bdia Sin duda. Si realmente tiene parte mía en él… se enamorará perdidamente de ti, Rao. .Edia .P Ella rió otra vez y me cogió la mano para inspeccionar mi anillo de Nashtag. .D .Bdia No es de casamiento, ¿eh? .Edia .D .Bdia ¿Qué dices? Lo usa Drey de reloj. .Edia .D .Bdia ¿De verdad? ¿Con Nashtag? ¿Y eso es preciso? Los destructores son increíbles. ¿Qué hora es? .Edia .P Kala esperó y yo suspiré diciendo: .P .Bdm La una. .Edm .D .Bdia La una, .Edia transmitió Kala. .D .Bdia ¿La una? ¿Tan tarde? .Edia se alborotó Rao. .Bdia Les dije a mis compañeros que no se preocuparan pero… .Edia .P Quiso enderezarse y Kala se lo impidió. .D .Bdia ¿Tus compañeros son los Cuchillos Rojos? .Edia .P Rao asintió. .D .Bdia Los mismos. Son una cofradía pequeña… pero conocida. ¿Nunca has oído hablar de ellos? Yo me reencarné en la nieta de la líder y me crié con ellos. .Edia .D .Bdia ¿Esa bruja? .Edia exclamó Kala. .P Rao se carcajeó ruidosamente y echó un vistazo a los tres gatos que dormitaban en el otro lado de la alfombra explicando: .D .Bdia Se llama Nema, y es mi abuela. Melzar es mi hermano pequeño y también pertenece a los Cuchillos Rojos. Nos tienen mucho respeto por ser quienes somos. Y me ayudaron a fundar el grupo de los Yaraga… .Edia .D .Bdia ¿Los fanáticos de Doz? .Edia se sorprendió Kala conmigo. .Bdia ¿Los de las Gemas de Yarae? Entonces, el dios Lotus… .Edia .D .Bdia Soy yo, .Edia dijo Rao. .Bdia Y ellos no son fanáticos, Kala. Aunque hay gente entre ellos a la que le falta un poco de raciocinio. A decir verdad, no pretendía crear un grupo de ese tipo. Se me fue un poco de las manos y… En realidad, se me fue totalmente de las manos, .Edia rectificó. Sonrió como si aquello ya no importase y reconoció: .Bdia Me reencarné en el cuerpo de una niña que tenía ya cuatro años pero… quería tener más o menos la misma edad que tú. .Edia .P Kala puso los ojos en blanco. .D .Bdia Lo planeaste todo. .Edia .P Suspiré mentalmente. A Kala no se le ocurrió preguntarle a Rao por qué diablos se hacía pasar por un dios, por qué diablos había creado esa secta, por qué diablos se había reencarnado en la nieta de la líder de un grupo de criminales «supervivientes». ¿Es que no le molestaba en absoluto que su amada se hubiera reencarnado en una niña de cuatro años? Rao ladeó la cabeza. .D .Bdia ¿Drey tiene algún problema? .Edia .D .Bdia Siempre tiene algún problema, .Edia gruñó Kala. .P Rao sonrió. .P .Bdm ¿Y cuál es? .Edm .P Pensé en varias réplicas. ¿Mi problema? Que tenía a mis amigos encerrados en el sótano de esa casa, que Orih estaba en manos del Gremio los dioses sabían dónde y… Con el Datsu desatado, ordené mis pensamientos y me centré en lo que podía hacer de momento. Sólo me quedaba una promesa que podía cumplir ahora mismo. Lancé: .P .Bdm Prometí a una amiga que iría a ver con ella esta tarde a un ministro en la parte alta de Arhum… Y los Arunaeh siempre cumplimos con nuestras promesas. .Edm .P Kala resopló. Rao enarcó las cejas. .P .Bdm ¿En serio? .Edm .D .Bdia Dice bobadas, .Edia graznó Kala en alto. .Bdia ¿A quién le importan los ministros? .Edia .P Rao rió y dijo: .D .Bdia Te acompaño. .Edia .P Me quedé paralizado en mi rincón. .Sm ¿Qué? Kala agrandó mucho los ojos. Y se le olvidó toda protesta. Adiviné su pensamiento: si significaba ir con Rao, iría a cualquier parte, hasta a hablar con ministros. .salto Andábamos por los callejones de la parte baja de Arhum en silencio. Rao había revestido un elegante vestido como los que llevaban las doncellas de buena cuna en Dágovil. .Bparoles Con esa gente, cuanto más a la moda vas, menos destacas, .Eparoles había afirmado con tono de profesional. Empezaba a entender que las artes de camuflaje no era cosa baladí entre los Cuchillos Rojos. .P Kala bajó la vista hacia nuestra propia ropa. Rao le había pedido que trocase el uniforme de destructor, .Sm -t paroles sucio, desgarrado y apestoso , por un traje más acorde con el que llevarían los dagovileses de la corte del Gremio. El Pixie, aunque algo reacio a los grandes cambios, le había hecho caso. Cuando pasamos por una plaza con una pequeña fuente y vi nuestro reflejo en el agua, resoplé mentalmente. Lústogan se habría reído de mí. Parecíamos un demonio disfrazado de cortesano. No me burlé de Kala porque adiviné que él mismo se burlaba de sí mismo… y de todas formas burlarse de su apariencia significaba burlarse de la mía. .P Aun así, empezaba a darme cuenta de hasta qué punto Kala pensaba de manera distinta a mí. En cuanto Rao le había asegurado que los Ragasakis estaban bien, dejó de preocuparse por ellos. .P .Bdm ¿Y si están asustados? .Edm lo pinché mientras avanzábamos. .Bdm ¿Y si tienen hambre o pasan frío? .Edm .P Se inquietó. Me alegró comprobar que no estaba tan tranquilo como había dejado suponer. Pero enseguida rezongó: .P .Bdm Eres tú el que quiere ver al ministro para cumplir tu promesa. En cuanto volvamos, le pediré a Rao que los saque. Si tan irrompibles son tus promesas, deja de hacerlas tan a menudo. .Edm Ahí marcaba un punto. Sus labios se torcieron en una sonrisa. .Bdm Y ahora no seas pesado y deja de hablarme. .Edm .P No me echó en cara que no estaba respetando el trato, porque él no lo había respetado, adiviné, burlón. Suspiré y me contuve de preguntarle lo que pensaría el ministro Azergaich al encontrarse con un destructor Arunaeh en compañía de una mujer desconocida… Los rumores volarían. Aunque, al menos, resultaba que Rao conseguía controlar la mutación de piel gris a voluntad así como los círculos de Sheyra, y no llamaría la atención por ello. Decía que era brúlica implantada con bréjica y que, con un poco de tiempo, podría enseñarme a hacer lo mismo. Pero Kala le había dicho que no le interesaba: estaba orgulloso de llevar la marca de los Pixies del Caos. Que se lo llevase el viento… Por lo visto a Kala nuestra apariencia de demonio gris le importaba una drimi. Es más, se diría que le gustaba. .P Una vez fuera del barrio, sentí que nuestra discreta escolta se dispersaba. Esos Cuchillos Rojos… de verdad parecían querer proteger a Rao costase lo que costase. .P Jiyari caminaba junto a nosotros en silencio. Su traje rojo y blanco casi lo hacía parecer adulto, me fijé. Tenía cara ausente y, dándose cuenta de ello, Rao se preocupó: .D .Bdia ¿Jiyari? ¿Estás bien? .Edia .P El Pixie rubio alzó la cabeza, sobresaltado. .D .Bdia ¿Yo? Sí. Estoy bien… Estoy… .Edia .P De pronto se detuvo temblando y con los ojos brillantes y Kala y Rao lo cercaron, inquietos. .D .Bdia ¿Jiyari? ¿Qué te pasa? .Edia lanzó Kala. .P .Bdm ¿Crees que lo hemos ignorado demasiado? .Edm se preocupó Rao por vía bréjica. .P Kala se sintió mal… Y Jiyari se sorbió la nariz. .D .Bdia N-nada, Gran Chamán. Es sólo que… estoy tan feliz. .Edia .P Nos miró y su voz se quebró cuando pasó un brazo sobre los hombros de ambos exclamando: .D .Bdia ¡Estoy tan feliz! .Edia .P La emoción los embargó a todos… Y yo reprimí un suspiro. Diablos. Un Pixie emotivo ya era difícil de controlar, pero ya iban tres, y pronto cuatro según Rao, pues Melzar, su hermano pequeño, no tardaría en regresar a Arhum… .P Entonces, tal vez percibiendo mi impaciencia, Kala carraspeó. .D .Bdia Bueno, todos estamos felices… Será mejor que sigamos. .Edia .P Jiyari asintió enérgicamente y rió empujándonos hacia delante y diciendo: .D .Bdia ¡Lo siento! Soy un sentimental, no me hagáis caso. Pero, ¿sabéis? .Edia añadió mientras seguíamos andando, .Bdia me alegro mucho… Sólo vernos así juntos me llena el corazón. .Edia .P Rao lo miró y, con mi órica, percibí un extraño suspiro que se mezcló a una sonrisa cariñosa. .D .Bdia Jiyari. Has estado hablando con mi abuela, ¿verdad? Me ha dicho que eres un muchacho encantador. .Edia .P Jiyari enarcó una ceja y le dedicó una sonrisa burlona. .D .Bdia ¿En serio? Tu abuela también es… encantadora. .Edia .D .Bdia Será por dentro, .Edia resopló Kala. .P Se carcajearon y siguieron andando. Me sentía un poco ninguneado… y ligero al mismo tiempo. .P Cuando alcanzamos .Sm -t nomlieu La Piedra de Luna , busqué de refilón a Reik con la mirada pensando que estaría aguardándonos. Nada. No había vuelto. ¿Adónde se habría ido ese Zorkia? Sharozza nos esperaba sentada a una mesa de la taberna. Sonrió anchamente al verme. .D .Bdia ¡Si será que te has puesto elegante y todo! .Edia Dejó los guantes de destructor en la mesa diciendo: .Bdia Cuarto número veinticinco. .Edia .P Kala miró los guantes con fijeza. .P .Bdm Drey. ¿Cómo sabías que iba a pagarnos el cuarto y comprarnos guantes? .Edm .P Sonreí mentalmente. .P .Bdm Porque Sharozza es así. .Edm .P La Exterminadora se había quedado observando a mi bella compañera. Ladeó la cabeza. .D .Bdia ¿Una Ragasaki? .Edia .P Kala sonrió anchamente. .D .Bdia No. Es mi diosa. .Edia .P Sharozza pestañeó, tardó en entender… y entonces se quedó boquiabierta. .Ch "Ojos de venganza" .\" 15/09/2019 .Bcita Al nacer, vio la luz del mundo y rió. .Ecita .autor-cita Sisela Dradzahín, El gorrión de la luna .salto La casa del ministro era una gran mansión de piedra color arena. Resultó que Azergaich estaba con catarro y nos invitó a su cuarto para que le presentáramos nuestros respetos. Al entrar en la imponente estancia, Sharozza se inclinó muy bajo ateniéndose a la fórmula: .D .Bdia Que el Lotus Negro vele sobre ti y tu familia y te aporte salud, nahó. .Edia .P Kala se inclinó hacia la cama con baldaquines diciendo: .D .Bdia Igualmente. .Edia .P Me esforcé por no reírme. Dioses… ¿Igualmente? Sharozza, ella, no pudo evitarlo y se carcajeó. Por algo decía que no se le daban bien esas cosas… Azergaich estornudó. .D .Bdia Un placer, un placer, .Edia dijo. .Bdia Me dijo Tarmyn Lexer que vendrían unos destructores del Viento a visitar… Y he aquí a la Gran Bloqueadora de Dágovil, ni más ni menos. Es un honor. Y… .Edia .P Miró en mi dirección y Kala abrió la boca para presentarse: .D .Bdia Ka… .Edia .P Lo atraganté a propósito. .P .Bdm Lo siento, pero piénsatelo dos veces antes de decir una tontería. .Edm .P Kala carraspeó, de malhumor, pero dijo: .D .Bdia Soy Drey Arunaeh, mahó. .Edia .P .Bdm Nahó, .Edm lo corregí con burla. .Bdm Es mahí para nosotros, nahó para los ministros… .Edm .P .Bdm Piérdete. .Edm .P Sonreí para mis adentros pero callé. Me llamó la atención el rostro kadaelfo del ministro Azergaich. Estaba convencido de que lo había visto en algún sitio y él me aclaró la duda enderezándose en sus cojines y diciendo: .D .Bdia ¡Drey Arunaeh! ¿El mismísimo Drey Arunaeh? Recuerdo que sacaste sobresalientes en los exámenes de destructor. Te apodaban el Pequeño Genio del Viento. .Edia .P Caí al fin en la cuenta. Esos bigotes grises, esos ojos de un rojo pálido… era el ministro que me había entregado el premio con el colgante en forma de lotus negro cuando tenía doce años. Kala no contestó pero el ministro no se extrañó. Al fin y al cabo, era un Arunaeh y los Arunaeh tenían fama de muermos. Cuanto menos abriese la boca, mejor. .D .Bdia Ahora eres todo un hombre, .Edia sonrió el ministro. Y estornudó varias veces. .P Sharozza aprovechó el momento para decir: .D .Bdia No vamos a abusar de tu tiempo, nahó. Los catarros se curan mejor descansando que hablando. .Edia .P Azergaich hizo una mueca reacia. .D .Bdia Ah… Tienes toda la razón, Sharozza de Veyli. Tengo más trabajo que un jornalero… pero será mejor que descanse. ¿Quiénes son los otros dos muchachos que os acompañan? .Edia .P Kala se giró. Los Pixies se inclinaron y Rao dijo: .D .Bdia Somos amigos de Drey Arunaeh. .Edia .P El ministro la escudriñó sobre todo a ella pero no comentó nada: hizo un gesto de cabeza, estornudó otra vez y tomamos esa señal como permiso para retirarnos. Nos dirigíamos fuera de la mansión a buen paso cuando sentí que Rao establecía una conexión bréjica y observé: .P .Bdm Has sido rápida. .Edm .P Kala frunció el ceño pero no pudo evitar preguntar: .P .Bdm ¿De qué hablas? .Edm .P .Bdm De Rao. ¿No te has fijado? Ha tomado el molde de la cerradura de varias puertas, incluida la principal, y se las ha ingeniado para que nadie la vea. No me dijiste que Rao era una ladrona. .Edm .P Kala se ofendió. .P .Bdm ¿Cómo te atreves? .Edm .P Sentí la diversión de Rao. .P .Bdm Déjalo, Kala. Tiene razón. No soy una ladrona pero… a veces esos métodos funcionan mejor que los ataques directos. Tú no lo entenderías. .Edm .P Pasamos el umbral. Kala fruncía el ceño mientras Sharozza, fingiendo hablar con Jiyari, nos echaba repetidas miradas curiosas por encima del hombro. Desde que Kala había evidenciado su relación con Rao, estaba inaguantable. .P .Bdm ¿A qué te refieres con ataques directos? .Edm pregunté. .Bdm Lo siento, Kala, pero es que no preguntas nada. ¿No estarás planeando atacar al ministro, Rao? .Edm .P Rao se detuvo en plena calle y me sonrió diciendo: .P .Bdm ¿Al ministro? No. Planeo destruir el Gremio de las Sombras. .Edm .P Me quedé asombrado. ¿Iba en serio? Kala, ajeno a las consecuencias, sin pensárselo dos veces tal vez porque, como decía Rao, era un poco tonto, le dedicó una sonrisa torcida. .D .Bdia Entonces hagámoslo, .Edia murmuró. .P Y la besó en la calle, a plena vista de todos. Sharozza de Veyli volvió a quedarse con la boca abierta. Se leía un ligero brillo de envidia en sus ojos. Adiviné su pensamiento: ojalá su relación con Lústogan hubiera sido tan sencilla… y tan ardiente. .P Attah, me dije. Una cosa era infiltrarse en el Gremio y destruir los collares de dokohis y otra muy distinta echar abajo el Gremio. ¿Qué era lo que Rao pretendía? ¿Acaso intentaba completar la venganza de Lotus? ¿O bien llevar a cabo la suya propia? .P .Bdm ¿Qué hay de Lotus? .Edm pregunté mientras reanudábamos la marcha. .P Rao sonreía. .P .Bdm ¿No es obvio? Lo rescataremos. .Edm .P Mi corazón dio un bote… y gracias a mi reacción Kala cayó en la cuenta casi tan rápido como yo. .D .Bdia ¿Quieres decir que él…? .Edia jadeó. .P Rao asintió suavemente sin ensombrecerse. .P .Bdm Lo pillaron esos monstruos. No lo mataron, estoy segura de ello. Por eso… .Edm Se detuvo otra vez y me atravesó con una mirada que ardía de un fuego muy distinto al de antes. .Bdm Volveremos a ser los Ocho Pixies del Caos… hasta que se acabe todo esto. .Edm .P Kala estaba ahogado por la furia. Imaginarse a Lotus en manos de los monstruos del Gremio lo hacía rabiar… rabiar como un alma poseída. Se estaba descontrolando, entendí, asustado. Mi Datsu se desató, pero no lograba ayudarlo a él, y su furia crecía, crecía tanto que temí que fuera a explotar. .P Unos dedos suaves se posaron sobre mis labios y los ojos azules de Rao encadenaron a Kala por un instante. Su cólera se apagó y su dolor con ella. Como la llama de una vela. .D .Bdia Confiad en mí, .Edia nos murmuró. .P Nos había hablado a los dos, me sorprendí. Esperaba que yo también confiara en ella. Esperaba que yo también… la entendiera. ¿Acaso esperaba que yo también la amara? .P Kala inspiró y reanudó la marcha diciendo: .D .Bdia Yo siempre he confiado en ti. Y confío en las personas en quienes Drey confía. Él hará lo mismo por mí. .Edia .P Y lo decía con una seguridad… Arpías andantes, había que reconocer algo: en un par de semanas desde que Kala había despertado, nuestra relación había evolucionado como un relámpago. Si él hacía tonterías, yo lo hacía entrar en razón y viceversa. Él quemaba y yo lo enfriaba… Éramos un buen equipo. La convivencia, en definitiva, no se hacía tan terrible como me había imaginado al principio. Era cierto que yo había puesto buena disposición antes que él pero… Kala también había hecho esfuerzos. .P Sonreí mentalmente al verme tan positivo. .P .Bdm Tú eres el primero que quería compartirlo todo, .Edm dije. .Bdm No voy a quedarme atrás. Si confías en ella… yo también confiaré. Al menos mientras no me dé motivos para no hacerlo. .Edm .P Tomando en cuenta que éramos dos espíritus en un mismo cuerpo… era la mejor manera de resolver el problema. .P Cuando nos despedimos de Sharozza en .Sm -t nomlieu La Piedra de Luna , Kala le dijo a esta: .D .Bdia En cuanto tenga kétalos, te pagaré el cuarto que me has reservado inútilmente. .Edia .P La Monja del Viento resopló y se rió. .D .Bdia ¡No te preocupes! Ya le has oído al ministro: soy la Gran Bloqueadora de Dágovil. Anularé la reserva y ya está. .Edia Mientras Rao y Jiyari se alejaban un poco por la calle, Sharozza bajó la voz. .Bdia Oye, Drey. ¿Puedo hablarle a Lústogan sobre ella? .Edia .P Kala notó mi diversión y sonrió ampliamente. .D .Bdia Puedes. La volví a encontrar gracias a él. .Edia Se inclinó teatralmente ante los ojos redondos de Sharozza y añadió: .Bdia Cuídate. .Edia .D .Bdia Lo mismo digo, Drey. Sólo déjame decirte una cosa: esa ropa no te va para nada. Pareces un espantavampiros con traje. .Edia .P Kala se sonrojó y estuve a punto de recordarle que Sharozza era así de directa con todo el mundo cuando, tranquilizándose, replicó, bromista: .D .Bdia Pues qué mal entonces que no fuera vestido así en Kozera. Los vampiros me habrían dejado tranquilo. .Edia .P Sharozza rió con ganas y alzó la mano diciendo: .D .Bdia ¡No tardes mucho en volver al Templo del Viento o el Gran Monje se preocupará! .Edia .P Cuando desapareció adentro de la taberna, Rao preguntó: .D .Bdia ¿Vampiros? .Edia .P Kala asintió, reanudando la marcha hacia la parte baja de Arhum. .D .Bdia Me atraparon en Loeria… y me encontré con el Príncipe Anciano. .Edia .P Rao agrandó mucho los ojos. .D .Bdia Ese vampiro, .Edia gruñó. .P Kala estaba extrañamente tranquilo. Volvió a asentir. .D .Bdia Me contó lo que pasó. Sigo odiándolo pero… Rao, creo que de verdad intentó ayudarlo. A su manera… pero Lotus no dejó nunca de ser su amigo. .Edia .P Al parecer, eso era lo más importante para él. Rao no estaba tan convencida. Ella, al fin y al cabo, había vivido esos tiempos. Su rencor, aunque más controlado, estaba mejor anclado. Inspiró con decisión. .D .Bdia Bien. Tenéis muchas cosas que contarme. Y yo a vosotros. Volvamos a casa. .Edia .P Quién sabe por qué esas últimas palabras le impactaron a Kala. El Pixie murmuró: .D .Bdia A casa. .Edia .D .Bdia A casa de los Cuchillos Rojos, .Edia apuntó Rao con ligereza. .Bdia Ahora también es vuestra casa. ¿O no? .Edia .P Jiyari y Kala intercambiaron una mirada. Y sonrieron. .D .Bdia Nuestra casa… .Edia comenzó Jiyari. .D .Bdia Eres tú, .Edia completó Kala. .P Los ojos de Rao brillaron. Hasta yo me emocioné. Porque esa réplica parecía sacada de la boca del mismísimo Varandil enamorado de la triste Felisa. Medio alegrándose, medio burlándose, Rao agarró a ambos Pixies de un brazo y los arrastró animadamente hacia la oscuridad del barrio bajo, hacia su casa. .P Eran tres Pixies legendarios, torturados más allá de la razón, fugitivos y solitarios, que, tras despedirse cincuenta años atrás y ser encerrados en unas lágrimas, volvían a encontrarse. La alegría los envolvía como un manto, tan fuerte como el aura de Yánika, tan contagiosa que hasta yo, en mi rincón, me sentí parte de ello. Me sentí Pixie. .Ch "Epílogo" .\" 15/09/2019 .Bdm Y entonces, .Edm contaba Myriah, .Bdm se tiró sobre ella. .Edm .D .Bdia ¿Drey se tiró sobre ella? .Edia exclamó Livon, agarrando la lágrima con expresión incrédula. .P Sirih dejó de sondear los barrotes y se giró con su luz armónica. Esta era tenue como la luz de una vela. .D .Bdia ¿La atacó? .Edia preguntó Zélif. .D .Bdia ¡Bien hecho! .Edia aprobó Naylah. .Bdia ¡Ya está bien que me roben a Astera continuamente! .Edia .P Sanaytay escuchaba, acurrucada, echando de menos su flauta roja. Tchag se rascó las dos orejas. Myriah resopló. .P .Bdm Tuve que decirle a Tchag que no mirase por la rendija y se marchase. .Edm .P Livon agrandó los ojos. .D .Bdia ¿Tan terrible fue? No puede ser. Si ella también es un Pixie, me extrañaría que Kala le haya dejado a Drey… .Edia .P .Bdm ¿Es que no lo entiendes, muchacho? .Edm lo cortó Myriah con indignación. .Bdm Ese amigo tuyo que me metió en esta lágrima… Ese hombre… no oyó lo que es la etiqueta arlamkesa. ¡Y pensar que dormí con él en casa de los Zandra! El muchacho la devoró… .Edm .D .Bdia ¿La devoró? .Edia exclamó Livon cada vez más patidifuso. .P .Bdm Y ella a él. .Edm .P Hubo un silencio. Sanaytay se puso roja como un zorfo. Entonces, Saoko, recostado en el muro, dentro de la celda, masculló: .D .Bdia Qué fastidio. Sois idiotas, ¿o qué? .Edia Sus ojos rojos de drow estaban medio abiertos por su sempiterno hastío. .Bdia Los muchachos se quieren, y punto. .Edia .P La sangre subió a la cara de Sirih, Livon y Naylah. Zélif arrugó la frente y se sentó con lentitud sobre la piedra fría de la celda, agarrándose un mechón rubio, perdida en sus pensamientos. .D .Bdia ¿Se… quieren? .Edia repitió Livon. .P .Bdm ¡No es una razón para comportarse de esa forma! .Edm protestó Myriah. .Bdm En mis tiempos, se requería una distancia de dos metros lo menos durante el primer año de cortejo, y aun luego… .Edm .P Sanaytay dejó de escuchar. Ignoró las palabras de Myriah, se abrazó las rodillas y se envolvió en una burbuja de silencio. Hubiera querido estar sola por un momento… .P Se cruzó con la mirada de Sirih y desvió la suya, nerviosa. Recordó una conversación que había tenido con ella hacía no tanto tiempo, en Firasa. .Bparoles ¿Por qué te gusta ese subterraniense? .Eparoles le había preguntado Sirih, siempre directa. Ni siquiera le había preguntado si le gustaba. ¿Tan obvio era? Sanaytay se había azorado y no había sabido responder entonces. Y ahora, incluso después de haberlo oído hablar en el puesto fronterizo de la Punta y haber sido conmovida por su confesión y sus palabras, seguía sin saber por qué. .P De pronto, la luz armónica se apagó y surgieron protestas, pero Sirih no volvió a encender. Sanaytay la sintió entrar en su burbuja de silencio y agacharse junto a ella. En la oscuridad total, la ilusionista posó los codos sobre las rodillas de su hermana. .D .Bdia Cuando tu burbuja de silencio es tan pequeña, es que estás particularmente nerviosa, Sanay. ¿Crees que no me he dado cuenta? Estás celosa. .Edia .D .Bdia No lo estoy, .Edia protestó Sanaytay. .D .Bdia ¿Entonces por qué estabas roja como el moigat? .Edia .D .Bdia Yo… .Edia farfulló la flautista. Agachó la cabeza en la oscuridad completa. .Bdia Drey no haría algo así. Fue Kala. .Edia .D .Bdia ¿Kala? .Edia Dejando escapar un suspiro paciente, Sirih se sentó con la espalda contra el muro como ella. .Bdia Asumiendo la historia esa de los Pixies, que sea Kala o Drey, están en un mismo cuerpo. .Edia .P Sanaytay se puso roja otra vez. Sirih tenía razón… Esta agregó: .D .Bdia Aunque, ya sabes, Myriah es de la vieja escuela: exagera probablemente. Sólo los ha visto abrazarse. No significa nada. Sólo que Drey tiene poca vergüenza. Seguramente habrá hecho alguna promesa y como los Arunaeh siempre cumplen sus promesas y tal… Tah, que trague ahora con sus principios. .Edia .P Sanaytay hizo una mueca. Si Kala y Rao mantenían de verdad ese tipo de relación, prefería no imaginarse qué pensaría Drey de ello… De pronto, rompió el silencio: .D .Bdia Drey… Su voz… es sincera y sensible como pocas. .Edia .D .Bdia Ya. Livon también es sincero y sensible, .Edia se burló Sirih. .Bdia Oye, ¿tienes bien puesta la burbuja, eh? No quiero que me oiga decir bobadas… .Edia .P Sanaytay esbozó una débil sonrisa. .D .Bdia Está puesta, .Edia aseguró. .D .Bdia Tâ. Siempre estás analizando las voces, .Edia agregó Sirih. .Bdia Pero una voz no lo dice todo, Sanay. Los actos hablan mejor por sí solos. .Edia .P Sanaytay asintió con la cabeza inútilmente en esa oscuridad. Y sonrió. .D .Bdia Sirih. De veras que estoy bien. No te preocupes por mí. .Edia .D .Bdia ¿Preocuparme, yo, por ti? .Edia resopló su hermana. .Bdia Si eres la más inflexible de las dos. Sé que, si Drey nos deja aquí metidos, irás a cantarle la bolenata hasta dejarlo sordo… .Edia .D .Bdia Sirih… .Edia protestó Sanaytay, riendo ya. Y meneó la cabeza antes de murmurar: .Bdia Sé que Drey nos sacará de aquí. .Edia .D .Bdia Más le vale. .Edia .P Sanaytay pinchó la burbuja de silencio. Los demás habían dejado de hablar de Drey, y Naylah mascullaba: .D .Bdia Sirih, al menos podrías contestar… .Edia .P Livon reía: .D .Bdia ¡Tranquila, Nayu! He sacado mi cubo de números. ¿Qué te apuestas a que consigo resolverlo en la oscuridad? .Edia .D .Bdia ¿A eso juegas ahora? .Edia se impresionó Naylah. .Bdia ¿No te lo quitaron? .Edia .D .Bdia ¿No oíste? Le pedí a la arquera que me lo dejase y me lo dejó. No son tan mala gente, os digo… .Edia .D .Bdia Qué fastidio, .Edia lanzó Saoko sin razón aparente. .D .Bdia Venga, Sirih, ¡la luz! .Edia refunfuñó Naylah. .P Sirih emitió una risita y masculló: .D .Bdia ¡Ya va, ya va! .Edia .P Creó de nuevo luz armónica, para gran alivio de Naylah. Zélif había estado meditando golpeteando su dedo contra sus labios sin inmutarse. Livon dejó escapar una protesta con el cubo entre las manos, en medio de una rotación, miró el resultado y sonrió. .D .Bdia ¿No os lo dije? .Edia Alzó el cubo y señaló dos casillas. .Bdia ¡He conseguido poner dos números bien! .Edia .D .Bdia Vaya logro, .Edia se burló Sirih. .Bdia A este paso lo conseguirás antes de quedarte calvo. .Edia .P Livon se quejó, Saoko, al otro lado de la celda, suspiró mirándose las uñas, y Zélif alzó la cabeza mordisqueándose el labio. .D .Bdia Tan mala gente no son, dices, Livon. Espero que tengas razón. Aunque, si es que son los mismos… los Cuchillos Rojos son una banda de asesinos de élite que trabajaban para el anterior gobierno de Dágovil, hace más de treinta años. .Edia .P Los Ragasakis se helaron y Sanaytay sintió un escalofrío. ¿Asesinos? Le vino en mente la imagen de un encapuchado corriendo por una callejuela de Daer, agarrando una daga ensangrentada… Zélif agregó: .D .Bdia Rao es brejista. No sabemos de qué es capaz. Y si Drey no viene a sacarnos de aquí… es que el Drey que conocemos ha dejado de existir. .Edia .P Su voz, observó Sanaytay, vibraba de una emoción inhabitual en la líder de los Ragasakis. En cuanto a sus ojos, ardían de determinación.